Vietnam: Capitulación o contraescalada


Capitulación o contraescalada

Punto Final Nº 16
2ª quincena Noviembre de 1966

A continuación publicamos la traducción de un editorial aparecido en "TEMPS MODERNES", la revista que dirige Jean Paul Sartre, que se ha convertido en el centro de un profundo debate en los círculos de izquierda de Europa Occidental

Después de haber bombardeado vana e impunemente "objetivos seleccionados" en Vietnam del Norte en 1965; después de haber aumentado a 300.000 hombres —que llegarán a 600.000 al término del presente año— sus fuerzas de represión terrestre en Vietnam del Sur; después de haber envenenado las cosechas, incendiado los bosques, destruido los pueblos, deportado a los habitantes de regiones enteras, torturado y ejecutado a los prisioneros y a los "sospechosos"; después de haber dejado caer en ese pequeño país en el curso de quince meses, una tercera parte del tonelaje de bombas (perfeccionadas entre tanto por el empleo del napalm, de gases anodinos, pero que matan, cuchillas lazy dogs) arrojado sobre toda Europa Occidental durante los cincuenta y seis meses que duró la Segunda Guerra Mundial; después de haber bombardeado sistemáticamente a partir del año pasado, los caminos, los puentes, las vías férreas, los edificios (incluidos los hospitales y las escuelas) de la República Democrática de Vietnam, y todo ello realizado en forma vana pero impune, EE. UU. ha comenzado a bombardear Hanoi y Haifon.

El gobierno de Estados Unidos sabe que, a pesar de todo, el pueblo vietnamita no capitulará; como tampoco lo harán los campesinos combatientes del Sur que han tomado las armas en 1959, por su propia iniciativa, para liberarse de un régimen impuesto desde el exterior; ni el gobierno de la República Democrática de Vietnam, que está defendiendo solo, y a un precio sin precedente en la historia, el derecho —y la obligación— que tiene un estado socialista de impedir el aplastamiento de una revolución surgida independientemente en la otra mitad de su mismo país.

Es por estas razones que la escalada estadounidense no parará en su etapa actual. Sus próximas etapas tendrán por objetivo la destrucción de toda la actividad social organizada en la República Democrática de Vietnam: la fuerza aérea de EE. UU. se prepara para hacer saltar los diques del Río Rojo a fin de hacer desaparecer los cultivos arroceros tonkineses y una buena parte de los diez millones de habitantes del Delta; por otra parte, la infantería estadounidense se prepara a desembarcar en las costas norvietnamitas.

Estas próximas etapas de la escalada son conocidas en la actualidad, como lo fueron las anteriores con mucho tiempo de anticipación. Estados Unidos corre deliberadamente el riesgo de una guerra mundial nuclear debido a que, dada la división interna del campo socialista, considera tal riesgo como ínfimo. Sus objetivos principales, que rebasan por mucho el contexto vietnamita, son:

(1) Que el imperialismo dispone de fuerzas suficientes para aplastar ahí o en cualquier otra parte un movimiento revolucionario victorioso, sea armado o no.

(2) Que todo estado socialista que intente impedir dicho aplastamiento será también implacablemente aniquilado, aun si la revolución que trata de apoyar ha estallado en la otra mitad de su misma nación.

(3) Que no obstante los solemnes tratadas de defensa mutua que unen a dicho estado con el resto del mundo socialista, éste será abandonado por ellos frente a la determinación bélica y la superioridad estratégica de Estados Unidos.

(4) Que en consecuencia, toda tentativa, armada o pacífica, tendiente a hacer cambiar las relaciones sociales e internacionales impuestas por el imperialismo estadounidense, es una empresa sin esperanza, en todas partes, por largo tiempo.

Dicha demostración aún no ha sido completada, pero va por buen camino, sin que aparezcan obstáculos que la impidan. En el curso de los últimos seis años el imperialismo ha pasado a la ofensiva en el mundo ente, ro, haciendo y deshaciendo regímenes en Santo Domingo, Brasil, África Occidental, Indonesia, Solivia, Argentina ... Tras la huella de la agresión estadounidense contra Vietnam, la reacción más ultramontana y obscurantista avanza en todos los frentes, sin que los Wilson, los Brandt, los Mitterrand, los Mollet, los Nenni, que protestan muy diplomáticamente —debido a que Johnson es irascible y es necesario contar con su atención para poder influenciar al poderoso país—, se percaten de que el imperialismo embarcado en este curso pronto podrá prescindir de sus leales servicios.

En estas condiciones, la fraseología humanitaria y pacifista es tan exasperante como las alabanzas a la estrategia degaullista son imbéciles. Efectivamente, De Gaulle no ayuda en nada a la lucha del pueblo vietnamita, al contrario, se sirve de ella y del acercamiento de EE. UU. a una guerra con China, para devolver al imperialismo europeo una parte de su independencia perdida. Que los pueblos oprimidos traten de aprovechar y presten armas al imperialismo más débil, y por tanto, momentáneamente, menos nefasto, contra el imperialismo más poderoso, es normal y cae dentro de las cuestiones de la táctica. Pero tomar esto como pretexto para identificar al imperialismo degaullista como algo progresivo, sólo revela la vacuidad a la que lleva la estrategia internacional del oportunismo.

La falta de claridad, la espera cobarde y el "realismo", constituyen la sepultura del movimiento socialista y revolucionario; preparan nuevas derrotas en forma tan segura como la no intervención en contra del fascismo español en 1936 preparó 1940 y todo lo que le siguió, Sin embargo, el paralelo que se impone no es sólo con la guerra de España, sino también con las capitulaciones que precedieron y siguieron a los acuerdos de Munich.

Estados Unidos está convencido de que la Unión Soviética retrocederá hasta el final antes de decidirse a cualquier prueba de fuerza. Cree que una provocación en contra de China no será suficiente para poner en movimiento al campo soviético. Piensa que puede obligar a que China se desprestigie permaneciendo pasiva frente a la aniquilación y ocupación de la República Democrática de Vietnam o a proporcionarle el pretexto para su reacción y así destruir sus centros nucleares y si esto no es suficiente, convertir a las ciudades chinas en inmensos campos de sepulturas. Calcula que la Unión Soviética permanecerá impasible ante la humillación o la masacre de los chinos. Por último, prevé que después de esto, la URSS gustosamente estrechará la mano sangrienta de EE. UU., con quien firmará un nuevo acuerdo de Munich a escala mundial.

¿Es éste un cálculo descabellado? De ser así ya es tiempo de decirlo. Cada semana que pase sin que el campo socialista fije los límites precisos cuyo franqueamiento desencadenaría represalias directas, hace más probable el plan norteamericano. Cada nueva agresión contra la República Democrática de Vietnam estrecha el margen de maniobra del campo socialista y aproxima el momento en que se encontrará acorralado entre el peor dilema: capitulación o guerra total.

La incapacidad para fijar límites precisos y de amenazar a Estados Unidos antes de cualquier nueva fase de la escalada, con "represalias graduales" de una contraescalada, es desesperante y trágica. Siendo tan fácil de controlar como la escalada estadounidense, la contraescalada de las potencias socialistas tendría la superioridad de ser legítima y eficaz. En Formosa, en Okinawa, en Tailandia, en Filipinas, en el Golfo de Tonkín, se encuentran las bases aeronavales y las instalaciones de la Séptima Flota estadounidense. Y ya hace siete años, la artillería soviética demostró su capacidad de acertar un objetivo situado a 10 mil kilómetros de distancia.

Proclamar que existe un límite pasado el cual se devolverá golpe por golpe; asegurarse, proporcionándolo, el apoyo de todos los pueblos desalentados por los asesinatos norteamericanos y por su propia impotencia para ayudar a Vietnam, que está luchando por todos ellos; asumir deliberadamente el riesgo de la guerra hoy, es la forma más segura de evitar mañana la elección entre la realidad de una guerra y la destrucción, uno tras otro, de los Estados y los movimientos revolucionarios de Asia y de todo el mundo.

El editorial de Sartre en "Temps Modernes" inició una controversia que aún se mantiene. En ella han participado "L'Humanité", el diario del PC francés, la revista "Nouvel Observateur", del Partido Socialista unificado de Francia, "L'Unitá", el órgano del PC italiano y otras publicaciones de prensa europeas. PUNTO FINAL (Nº 10) dio a conocer la respuesta del "Nouvel Observateur" a través de un artículo de Jean Daniel, titulado "¿Qué hacer con EE. UU.?". incluimos ahora las partes más interesantes de la respuesta de "L'Unitá".

Los comunistas italianos estiman que la "proposición de "Temps Modernes" está al nivel de tantas otras del género, también dictadas por el generoso e inquieto deseo de castigar al agresor, deseo que oímos expresar todos los días en las discusiones más animadas y simples" ... "Sin embargo, no creemos que las tareas de los intelectuales comprometidos, en Francia como en Italia, sean las de hacerse portavoces activos, y tal vez demagógicos, de los estados de ánimo exasperados que generan "proposiciones" similares; sino la de rebatirlas como es debido poniéndose a la vanguardia del

movimiento de rebelión y lucha contra el imperialismo...". "Reducir todo el problema de la lucha contra el "escalonamiento" norteamericano a la realización de un "contraescalonamiento" soviético, quiere decir, sobre todo, efectuar un acto grave de desconfianza en la capacidad de lucha antimperialista autónoma de las masas, de los sectores políticos, de la clase obrera, de los pueblos avanzados y de los que están en vías de desarrollo ..." "Es contradictorio que de sectores de la izquierda europea surja una desilusionadora invitación a delegar en los soldados y en la artillería atómica soviética la tarea estratégica de bloquear el "escalonamiento" norteamericano, precisamente en una fase de la lucha que ve, por un lado, el empeño socialista (acrecentado por la última resolución del Pacto de VARSOVIA) en la concreta política de ayuda a Vietnam y, por otro lado, una indiscutible acentuación del aislamiento de Johnson en escala nacional y mundial. Precisamente porque, como escribe "Temps Modernes" esa partida es más vasta que la militar que el imperialismo ha iniciado en Vietnam, precisamente porque lo que se pone en juego es enorme y el mundo está en presencia de un peligro real de guerra, las tareas irrenunciables de las masas no admiten delegaturas ni pases de mano. Por el contrario: todo sector del frente antimperialista debe proponerse, todos los días y de modo autónomo, la tarea de desarrollarse como un punto de fuerza y de lucha. Sin caer —como escribe "Nouvel Observateur", en respuesta a la pesimista "proposición" de "Temps Modernes"— en el hábito consolador y desmovilizante de hacer responsable a la URSS de todas nuestras debilidades".


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02