El Marxismo es un humanismo


El Marxismo es un humanismo

A propósito del tribunal internacional creado por iniciativa de Russell, "Punto Final" publica una entrevista a Sartre. Quisiera examinar la argumentación del filósofo francés sobre significado y límites de la tarea de dicho tribunal; porque resulta de ello una cantidad no despreciable de instrucción ideológica.

El argumento de Sartre dice así: "La política imperialista entra en la conformación misma de la historia; representa un ingrediente necesario y no tiene sentido condenarla jurídica o moralmente. Sólo cabe hablar de crimen cuando dicha política viola un código internacional establecido. El tribunal, entonces, sólo se propone juzgar si ocurre tal violación en Vietnam".

¿Y si no hubiera tales leyes? ¿Y si no pudiéramos probar su violación? ¿Y si no hubiera la violación de esas leyes, aunque sí avasallamiento y explotación? Sartre responde, por anticipado: "uno puede combatir el imperialismo, sea en el plano intelectual, en el político o en el de la lucha armada".

Simplificando todavía: "Los imperialistas existen; existen los revolucionarios, y existe la lucha entre ellos. Aquí no hay derecho ni moral que alegar. Pero hay reglas de la lucha. Infringirlas es un crimen".

Ahora, acaso las objeciones resulten más duras de roer. ¿Quién puso las reglas? ¿Qué significan las reglas si no hay arbitro? ¿Qué importa su infracción a quienes las violan? Pero esto va a cuenta del enfoque académico del problema. Veamos más: ¿Por qué estamos en pugna? Porque juzgamos, nosotros, que los imperialistas son unos criminales, y que su crimen tan sólo se intensifica y detalla cruelmente en la lucha armada.

Sartre, con su argumentación, contraponiendo entre historia y moralidad, minimiza el papel de esta última. Resulta también que la sanción jurídica o moral es mero accidente, y que empleando a fondo el principio implicado en el argumento de Sartre, en ningún punto de la historia tendría sentido juzgar y oponer un no moral a sus hechos.

Vale la pena darle vueltas a esta idea y hacernos así una representación clara de cómo están sustentadas nuestras actitudes. Citemos al filósofo francés: "Cada cual ve el conjunto de la lucha, y se adhiere a un lado o al otro, según las motivaciones que van desde su situación objetiva hasta la idea que se hace de la vida humana. A este nivel se puede odiar al enemigo de clase; pero no se le puede juzgar en el sentido jurídico del término". Ni en el sentido moral, por lo puesto más arriba. Corremos, incluso, el riesgo de no probar nada y tener que pedir excusas al señor Johnson.

Por lo que uno entiende, en estas "motivaciones", en esa "idea de la vida humana", Sartre no espera que encontremos nada sustancial al derecho ("cosa escrita"), nada en que arraigue la moralidad; odio, a lo sumo. Nuestro filósofo compartimenta el ánimo y cae en el eterno juego de la ideología occidental: "El odio no tiene que ver con la moral, ni las ideas en nosotros con "el derecho en su código". Juzgar, pues, ¿qué puede importarnos si depende de la escritura de normas y en el marco de límites relativos y hasta arbitrarios? Odiar, ¿cómo puede motivarnos con ningún sentido si no configura en nosotros una actitud moral? ¿Y qué valor puede tener una "idea de la vida humana" que inhibe como algo tonto, algo carente de sentido, el juicio moral sobre el significado histórico del imperialismo?

Creo que importa no ocultar en un objetivismo frío, solemne y "científico" el hecho incuestionable de conducirnos desde la moralidad. Necesaria e irremovible sea acaso la historia; eso no quita que desde nuestra realidad, también histórica y marxista, exista en la modalidad explícita de crimen. Incluso, el crimen encarnado por el imperialismo es la más alta potencia histórica del crimen; y los hechos de Vietnam, como en otros años los de Argelia y Alemania nazi, son la agudización del crimen imperialista.

Nosotros, marxistas, enjuiciamos desde un humanismo impedido todavía por la furia materialista de la sociedad de clases. Entendemos, es cierto, que no podemos meramente ceñirnos a un canon humano, sino entrar con todas las armas en territorio de bandoleros; pero, medimos nuestra acción y enderezamos nuestra actitud a partir de un concepto de lo humano. A partir de este concepto, los hechos de Vietnam son un crimen y nuestra pretensión es que lo son en alto grado y en razón de algo fijo y absoluto: el sentido y concepto de humanidad, no leyes establecidas por los mismos criminales.

Si la historia no tuviera en ningún modo que ver con la voluntad, no tendría sentido. Sartre dice: "Debo tomar partido en la lucha, pero no tengo por qué humanizarla". Por el contrario, pensamos que no por andar el hombre enajenado en la historia es ésta menos humana. Sartre tiene que explicar un lindo milagro: que una luoha, que se pretende inhumana por ambos lados, tenga como meta la realización del hombre. En la lucha hay un término moral, nosotros lo encarnamos. El marxista sostiene la idea del hombre en pugna por existir; él mide el crimen, no de la manera relativa, mística o arbitraria del no-marxista, sino en sentido último y absoluto.

Juan Rivano


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02