Los radicales y los "cambios"

Ediciones Punto Final. Nº 28
Santiago de Chile, Mayo de 1967.

Opiniones

Los radicales y los "cambios"

NUESTROS redactores han buscado opiniones de distintos sectores políticos para averiguar cuál es el concepto de los partidos sobre los "cambios" que el país reclama. PUNTO FINAL dio a conocer las respuestas del secretario general del partido Socialista, senador Aniceto Rodríguez; del diputado democristiano Bosco Parra, y del secretario general del Mir, doctor Enrique Sepúlveda. Ahora presentamos la opinión del Partido Radical, colectividad que obtuvo el 16,49% de los votos en la elección de regidores del 2 de abril. Fueron entrevistados por PF, el secretario general del PR, Anselmo Sule Candia, y el consejero nacional y secretario de relaciones internacionales, Alcides Leal Ossorio. Ambos contestaron separadamente la primera de las preguntas (¿cuál es la opinión del PR sobre los "cambios"? ¿Cuáles y cómo deben ser?), y en conjunto, las otras dos preguntas.

La siguiente es la respuesta de Anselmo Sule a la primera cuestión:

"Es indudable que los países no pueden realizar su industrialización sin que se renueven a la vez sus estructuras e instituciones, de modo que favorezcan y no entorpezcan el progreso. En 1938, Chile se transformó de país semifeudal en país industrial, y ello fue posible gracias a los profundos cambios que se introdujeron en nuestros marcos institucionales. Basta pensar en el alcance innovador que tuvo la CORFO, organismo al que se confió la planificación de nuestro desarrollo y que asumió a la vez funciones que hasta entonces eran de la competencia del empresario privado. Así fue como el Estado pudo echar las bases de todo lo que es el Chile de hoy: acero, electricidad y petróleo. Ahora la obligación es otra; Chile no puede seguir avanzando si no emprende y lleva a cabo una nueva etapa de industrialización produciendo los bienes capitales que necesita urgentemente para superar las limitaciones que impone su comercio externo. Esta nueva etapa no podrá cumplirse sin que las estructuras e instituciones del país se adecúen a las nuevas exigencias. Hay que acelerar el proceso de capitalización nacional e incorporar a los beneficios de la vida civilizada a todos aquellos sectores que, por sus ingresos insuficientes se encuentran al margen. Estos cambios, que deben ser profundos y abordarse con realismo se refieren, por ejemplo, a la modificación de los factores de poder que la oligarquía mantiene en sus manos a través de la organización bancaria y financiera; a la lucha frontal contra los monopolios; la eliminación de los vínculos que nos atan con el imperialismo; la creación de un amplio sector público que incluya centros de decisión; reivindicación para el Estado de la siderúrgica que, creada mediante el esfuerzo colectivo, se entregó posteriormente a consorcios nacionales y extranjeros, etcétera.

En mi concepto, el Partido Radical debe apoyar y prestar su concurso y promover todas las iniciativas legales que realmente tienden a llevar a cabo en Chile los cambios que demanda nuestro desarrollo, de la misma manera como debe oponerse a las que bajo el pretexto de cambio no constituyen en el fondo otra cosa que instrumentos de penetración política sin contenido ni fines nacionales."

Alcides Leal contestó:

"La economía de Chile no se desarrolla con un ritmo lo suficientemente rápido para satisfacer las aspiraciones de bienestar de las grandes masas y de una población que avanza con rapidez vertiginosa. La solución no está, como piensan en forma simple algunos y, sobre todo, los fabricantes de "píldoras", en reducir el ritmo de crecimiento demográfico, sino en introducir, con audacia y rapidez, todos aquellos cambios estructurales que se muestren necesarios para que el proceso de desarrollo económico marche a paso ligero. Hay que apresurar el desarrollo de la economía chilena y, para este efecto, tienen que crearse las condiciones estructurales e institucionales propicias para que el país pueda realizar la segunda etapa de su industrialización. En 1938, los gobiernos de mi partido lanzaron las bases del Chile industrial y moderno. Ahora hay que realizar otra etapa. Chile debe convertirse en país productor de máquinas y de bienes de consumo durable, como vehículos por ejemplo. Para este objeto, Chile tiene que acumular y movilizar grandes recursos. La tarea sería absolutamente imposible de enfrentar si no se ponen en vigencia cambios que se relacionen directamente con el desmantelamiento del mecanismo de explotación imperialista, que en Chile opera a través del cobre, del hierro y el salitre; sin extirpar de raíz la acción de los monopolios nacionales y extranjeros; sin nacionalizar las actividades básicas; sin una reforma agraria masiva y efectiva; sin reivindicar para Chile y los chilenos la siderurgia de Huachipato; sin democratizar de veras la educación; sin romper las telarañas del oscurantismo; sin operar una genuina redistribución del ingreso y sin privar a la oligarquía criolla de sus instrumentos financieros y políticos de poder.

Sólo así podrá imprimirse al desarrollo de nuestra economía un ritmo lo suficientemente rápido como para proporcionar un nivel de vida civilizado a todos quienes en Chile ganan su subsistencia mediante el esfuerzo de su trabajo.

Chile no puede progresar sin cambios.

El chileno no puede vivir mejor sin que nuestra sociedad sea llevada, por los sectores progresistas, a cambios verdaderos y permanentemente acelerados, conforme a los anhelos y necesidades de las. grandes masas de trabajadores de Chile."

Enseguida, Sule y Leal contestaron en conjunto:

P.: ¿Qué piensan de una posible alianza PR-FRAP para llegar al Poder? Ustedes que son voceros de la "línea de izquierda" dentro del PR, ¿qué piensan sobre un gobierno de la clase obrera?

R.: "Creemos que el mundo marcha a pasos firmes hacia el socialismo. De allí que el Partido Radical, en su última convención, haya definido su pensamiento económico sobre la base de la economía socialista y se haya planteado un pensamiento socialista, laico y democrático. Es por ello que creemos que para lograr la concreción de este pensamiento, hoy más que nunca se hace necesaria la acción común, frente a problemas determinados, de todos los partidos de la Izquierda chilena. El actual Gobierno de la DC, expresión del neo-capitalismo y de la clerecía, con una demagogia que no convence a nadie, pretende seguir desorientando y engañando a Chile con su política "revolucionaria". Sin embargo, para nadie es un misterio que los grandes consorcios financieros, nacionales y extranjeros no han sido tocados por el Gobierno de la DC. Es más, se apoya en ellos para su acción política.

Quienes estamos convencidos que Chile no es un país de reaccionarios ni de retrógrados, debemos hacer cualquier esfuerzo por dar cumplimiento a los anhelos de las grandes masas.

De aquí que creamos personalmente que, o la izquierda de Chile se une, o los intereses imperialistas internacionales y la oligarquía criolla detienen el progreso de Chile.

Estimamos que, si bien es cierto, las condiciones para un pacto permanente entre las fuerzas de izquierda no están dadas aún, sobre puntos concretos, y en democracia representativa, las fuerzas del FRAP y del Partido Radical pueden iniciar una acción común para realizar la transformación de Chile.

Si deseamos destruir a la "nueva derecha" chilena que está representada por la DC, las fuerzas de izquierda deben ponerse de acuerdo en los puntos sobre los cuales haya unidad de criterio y pensamiento, y postergar la discusión de los puntos que creen disparidad de opiniones.

De esta comunidad de propósitos, el futuro dejará ver claramente si todos estamos honestamente posibilitando el camino al poder de los trabajadores y de las fuerzas progresistas de la nación.

En cuanto a la posibilidad de un gobierno de la clase obrera, creemos que sería más interesante cambiar el término. El objetivo del socialismo es dar a los trabajadores en general, manuales e intelectuales, la oportunidad de dirigir, desde el Gobierno, la actividad de la nación, sólo el trabajo da respetabilidad a las clases sociales. Agrupando en una sola fuerza a todos los trabajadores, obreros, empleados, estudiantes, profesionales, etc., se logra la unidad del pueblo y de las más amplias mayorías que son, precisamente las que viven de un sueldo o de un salario. Si se unen los trabajadores, es indudable que el país tendrá un gobierno dirigido por ellos y, a través de la democracia representativa, pueden crear las condiciones necesarias para dar la pelea de este siglo: la lucha de los países subdesarrollados con los países imperialistas y económicamente poderosos.

Un gobierno formado por trabajadores manuales e intelectuales, y dirigido por los partidos que los representan, puede lograr la liberación de Chile de los enemigos internos: la oligarquía y la explotación, y lograr, además, la meta final: desprenderse del imperialismo extranjero, opresor y déspota.

Si la izquierda chilena está consciente de esta responsabilidad, el futuro de Chile sólo pertenece a los sectores progresistas y de avanzada. Esta es, pues, nuestra tarea inmediata: conseguir, ahora, para gobernar mañana, la unidad de todos los trabajadores de Chile."


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02