Los enemigos de la cultura


Los enemigos de la cultura

Punto Final Nº 16
2ª quincena Noviembre de 1966

ALGUNA vez un noble británico le dijo a otro: "Señor, su mujer con el pretexto de que trabaja en un prostíbulo se dedica al contrabando". La anécdota, en más de algún sentido, ilustra lo que pasa en China: con el pretexto de defender la cultura, las guardias rojas (o como se llamen) la están aniquilando. Eso es evidente.

Que se sepa, PUNTO FINAL nunca ha postulado la posición maoísta frente a la cultura. Sin embargo, a base de esa suposición se ha pretendido estigmatizar todo lo que no está encuadrado dentro de ciertas estructuras bastante discernibles. En su artículo La involución cultural china, Sergio Vuskovic (El Siglo, 30-X-66) se apresura a declarar que PUNTO FINAL celebra la política cultural de las guardias rojas y que, por lo mismo, contribuye a confundir el ambiente.

Afirmar lo anterior es ser un pésimo lector. Sabemos bien lo que pretende una definida cultura marxista, cuyos lineamientos generales reproduce y analiza con buen criterio el mismo Vuskovic en la primera parte de su trabajo. No hay duda de que la cultura no puede proyectarse contra el hombre. Ya Marx dijo que "el arte es el máximo gozo que se proporciona el hombre a sí mismo". Ninguna revolución puede —bajo ningún pretexto— extirpar, fracturar la tradición cultural de un pueblo.

Todos sabemos que solamente el socialismo puede liberar la potencialidad creadora del ser humano. Se trata, en último análisis, de desalienar al artista para que pueda entregar lo mejor de sí y desarrollarlo hacia las demás fuerzas creadoras de la humanidad; el arte, esencialmente, es comunicación. Inútil deformar sus principios, inútil cercenar sus posibilidades. Sólo a los palurdos y a los antisociales les puede molestar el arte y la cultura.

Hay que entender que el hombre, desde su más remoto pasado, recurre a la expresión artística como un medio de trascender su más premiosa realidad. El arte rupestre, pongamos por caso, es una prueba elocuente. Pretender la esterilización del arte es tan monstruoso como condenar al pauperismo a todo un pueblo; el hombre integral —el hombre socialista— no puede ser cercado ni por el estómago ni por el espíritu.

Hoy más que nunca se han hecho prístinos los enemigos de la cultura; no podemos, por lo tanto, felicitarnos por lo que está ocurriendo en China; tampoco podemos complacernos por las cartas que juega el imperialismo norteamericano en América Latina: ambos aspectos son ampliamente repudiables.

Todo sectarismo, toda exacerbación ideológica, conlleva en sí la disolución de los ideales más nobles de la humanidad. Por lo mismo, es tarea de todos los revolucionarios hacer claridad frente a esa situación. "Y bien —dice Sartre— basta defender la cultura para destruirla". Es lo que está sucediendo en China: se está defendiendo una revolución cultural, pero implícitamente se está destruyendo la cultura. No es asesinando al pintor abstracto que el arte realista encontrará su florecimiento.

Para el imperialismo, en cambio, la cultura es un plano accesorio de su dominación. Sabe que el artista puede —y debe— propender a una toma de conciencia de las masas frente a sus más urgentes problemas. Por eso, el imperialismo se ha tornado paternalista : quiere atraer para sí a los artistas e intelectuales para que efectúen una labor diversionista.

Estos dos aspectos son importantes de dilucidar. En un artículo anterior demostramos el trabajo de zapa que viene realizando el imperialismo en el campo de la cultura latinoamericana. Pero no debemos defender el arte del imperialismo: liquidando el imperialismo el arte quedará libre de acechanzas.

El problema chino nos interesa en cuanto a marxistas (la revolución de Mao se hizo bajo esa bandera), pero nuestra más urgente preocupación es el imperialismo. Para aclararlo de una vez: el antimperialismo es la única batalla valedera de este instante. Y es una batalla que hay que darla en todos los terrenos. Por eso resulta curioso que se quiera mezclar a nuestra revista en una situación en la que ha mantenido una actitud de esclarecimiento. PUNTO FINAL no es prochina y antisoviética; no es una publicación al servicio de una facción; su papel fundamental es contribuir al debate de los graves problemas nacionales desde una incuestionable posición antimperialista.

Vuskovic, evidentemente, no da en el blanco cuando pretende nacernos tomar una actitud que no nos corresponde, menos en el terreno de la cultura. Sabemos que la realidad china puede ser un accidente revolucionario; sin embargo, tenemos plena conciencia de que el imperialismo es la parte más sustantiva de la lucha por el cambio definitivo de estructuras en nuestro país y en América Latina. Lo demás entra en el terreno de acuosas rencillas que sólo tienden a debilitar a las fuerzas antimperialistas del país.

No es a través de la suposición ni de las interpretaciones torcidas como se deben dilucidar algunos problemas importantes del momento. En definitiva: es nuestra ' cultura, nuestra revolución (la que se hará con todas las fuerzas antimperialistas), nuestro futuro el que estamos proyectando.

CARLOS OSSA.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02