Lo que el viento se llevó


Política exterior

Lo que el viento se llevó

EL PRESIDENTE FREI marcó un franco retroceso en su política exterior al notificar personalmente al Consejo Ejecutivo Nacional del Partido Demócrata Cristiano que su representante en la ONU votaría en contra de la proposición albanesa que auspicia el ingreso de la República Popular China en la organización mundial.

Veinticuatro horas antes de recibir esa notificación, el Consejo del partido gobiernista había resuelto (por siete votos contra cuatro) solicitar a Frei que el delegado chileno se abstuviera, como lo hizo el año pasado, para "demostrar su independencia" respecto a los bloques.

En 1965, el delegado chileno, senador Renán Fuentealba, se abstuvo junto a representantes de veintidós naciones al ponerse en votación el proyecto albanés, que no prosperó porque se registró un empate entre opositores y partidarios.

La presencia de Fuentealba en la jefatura de la delegación chilena que participa en la Asamblea General de la ONU hizo pensar que el Gobierno de Frei conservaría la posición asumida en 1965, que singularizó a su Administración en el compacto bloque latinoamericano. El año pasado el delegado chileno fue el único latinoamericano que se abstuvo, y por lo tanto discrepó con la línea incondicional de apoyo a Estados Unidos (sólo Cuba votó favorablemente la proposición de Albania).

Entre sus íntimos, el senador Fuentealba expresó antes de partir a U.S.A. que abandonaría la jefatura de la delegación si se pretendía hacerle votar contra el ingreso de China. El viernes 22 de octubre, el parlamentario hizo declaraciones en Naciones Unidas (cable UPI) y manifestó que en 1965 "quedó en claro que no votaríamos en contra del ingreso de China comunista, porque ello seria sumarse a una posición cada vez más insostenible y totalmente contraria al espíritu de las Naciones Unidas".

En 1965, Fuentealba resistió el asedio tenaz de los representantes de Formosa, que intentaban presionarle para que aceptara la línea norteamericana, decididamente antagónica al ingreso de la República Popular China. El parlamentario los decepcionó con su abstención e incluso hay quienes dicen que con ella sorprendió a La Moneda.

El 21 de noviembre la agencia cablegráfica UPI trasmitió desde Naciones Unidas: "Chile, que el año pasado se abstuvo al votarse e proyecto de Albania sobre el ingreso de China comunista, anunció que este año votar; en contra de la misma iniciativa". Era el anuncio oficial del vuelco.

Los observadores diplomáticos advirtieren que en el discurso que pronunció el Ministro de Relaciones Exteriores, Gabriel Valdés, el 21 de octubre, por cadena nacional de emisoras y televisión, no obstante que contenía la cuenta de su misión en la ONU, no se aludió al caso chino, y agregaron que en él se señalaba un abandono del tono independentista que se usó con énfasis en los primero, meses del gobierno democristiano.

Valdés expresó: "No servimos intereses o ideologías ajenas sino sólo el interés permanente del pueblo chileno", y más adelante agregó: "Pero conviene precisar. Puedo decir que las relaciones con Estados Unidos son excelentes. Hemos recibido del Gobierno de ese país una cooperación substancial y continua que jamás ha condicionado determinaciones propias a nuestra soberanía en materias internas o externas. Ha sido y seguirá siendo una colaboración leal y digna dentro del espíritu de la Alianza para el Progreso. Más aún: Chile es el país de América Latina que está recibiendo una mayor contribución per cápita. Jamás habríamos concebido que ello implicara una enajenación política. En las oportunidades en que hemos estado en desacuerdo con actitudes, hechos o ideas del Gobierno norteamericano, no hemos vacilado en expresarlo".

El caso chino es justamente uno de los que pone a prueba las relaciones entre Estados Unidos y las naciones latinoamericanas. Norteamérica se opone decididamente al ingreso de China en la ONU, y sólo espera franco apoyo para esa posición. Incluso las abstenciones respecto al asunto le resultan ingratas.

La abstención de Chile en 1965 molestó a U.S.A., pero le pareció natural a los gobierno-europeos y a los de las naciones socialistas que se mostraban interesados por los asomo independentistas de Frei.

Varias de sus manifestaciones revelaban ese propósito. Los personeros que actuaban comí portavoces de la política exterior chilena hablaban de la necesidad de modificar las relaciones continentales, entre Estados Unidos, o país grande, y las pequeñas naciones latinoamericanas. En el mismo instante de asumí Frei la Presidencia de la República, se anunció la reanudación de relaciones con las naciones socialistas, especialmente con la Unión Soviética, y el deseo de reabrir el proceso di Cuba, para reincorporar a esa nación, con si tipo de gobierno, en el seno del "Sistema Interamericano". Esos anuncios fueron repudia dos, en insólitas declaraciones públicas al diario "El Mercurio", por el enviado especial de Johnson a la transmisión del mando, Adlai Stevenson.

Cada una de las manifestaciones de política exterior chilena fue seguida con interés. Sin ser estridente, tenía un cautivante tono "neutralista" que subió de color al invadir Estados Unidos la pequeña República Dominicana. Frente a ese suceso el Gobierno de Chile manifestó su franco repudio.

Precedido de una aureola independentista, Frei visitó cuatro países europeos que le recibieron con interés, impresionados por la posible aparición de una nueva manifestación soberana en un continente plagado de políticos miopes e incondicionales de la política norteamericana.

La insistencia del Gobierno democristiano en proclamar su actitud independiente, martillada especialmente por la locuacidad de su Ministro de Relaciones Exteriores, y remachada por el tono grandilocuente de la publicidad oficial tenía, forzosamente, que imponer una imagen en el exterior y dentro del país.

Esa característica permite medir, en la actualidad, con mayor fidelidad el cambio que se ha venido operando, paulatinamente en la política exterior del Gobierno del Presidente Frei.

En octubre, el embajador de Chile en Estados Unidos, el líder democristiano Radomiro Tomic, escribió una carta al senador norteamericano Ernest Gruening, como réplica al informe que éste preparó sobre el uso que hacen las autoridades chilenas de la asistencia, créditos y ayuda que otorga su país, en la cual fijó el grado de dependencia política de la América Latina de la Casa Blanca. En ese documento el ex-senador y potencial candidato a la Presidencia de la República escribió: "Estados Unidos es una potencia mundial y su interés nacional demanda obviamente una política exterior de proyecciones también mundiales. Para ello, necesita asegurar dentro de este hemisferio —"la zona más vital para los Estados Unidos en el mundo"—, determinados objetivos fundamentales. En substancia, tales objetivos tienen que ver con; seguridad estratégica; apoyo político y diplomático en asuntos delicados de significación mundial; intereses económicos de diversa naturaleza. Es para esto que los Estados Unidos necesitan del Sistema Interamericano y de sus 19 socios latinoamericanos".

Luego de su descarnada revelación el embajador precisó en su documento que a cambio de eso América Latina pide atención para sus "tres objetivos supremos: Desarrollo-Integración-Seguridad por medios pacíficos".

El mismo Tomic, que había clamado en un discurso en el Senado con motivo del viaje del ex-Presidente Jorge Alessandri a los Estados Unidos, que "por dignidad" no se mezclaran los asuntos económicos con los políticos, planteaba en 1966, convertido en personero de Gobierno la vieja tesis mercantilista del "toma y daca".

Posiblemente si el Presidente Frei hubiese tenido que explicar un cambio de su política exterior, ante el Consejo Ejecutivo Nacional del P.D.C. en 1965, habría tenido más dificultades, pero a esta altura todos están conscientes que los arrestos independentistas se los llevó el pasado.

El Presidente Frei dijo que la "situación es delicada", y que esa realidad aconseja votar en contra del proyecto albanés. El mismo señaló que recibió el país en 1964 en un estado calamitoso, y en 1966 exhibe cifras optimistas para demostrar que hay un avance. ¿Por qué, entonces, la situación es ahora más delicada que en 1964? Un punto que no aclaró el Jefe del Estado en su exposición ante los dirigentes del P.D.C. Puede que el Presidente no se inquiete por ampliar sus explicaciones ante una colectividad que está dispuesta, pese a sus corrientes inconformistas, a aceptar a la postre toda decisión oficial.

La Moneda intenta justificar el viraje con su apoyo a un proyecto preparado por los gobiernos democristianos de Bélgica e Italia, de marcada concepción conservadora, para postergar hasta 1967 el pronunciamiento sobre el caso chino, que es un asunto candente en la actualidad.

Si La Moneda asegura que es partidaria de la desproporcionada tesis de "las dos Chinas en la ONU", bien pudo abstenerse ante el proyecto albanés, conforme a su posición del año pasado, en lugar de variar con un voto en contra.

El Gobierno democristiano, enamorado de las indefiniciones, ha encontrado una fórmula adecuada para no despojarse violentamente de su tenida independentista. La preocupación por las reacciones suscitadas en el exterior por el cambio, quedó de manifiesto cuando el Ministro Gabriel Valdés rectificó en veinticuatro horas sus declaraciones anticubanas, las que, sumadas al voto contra el ingreso de China, consolidaban el brusco viraje. El 22 de noviembre Valdés dijo que a su Gobierno "no le interesa lo que pasa en Cuba"; al día siguiente expresó: "Por favor, no quiero aparecer como anticastrista. Al contrario, estaríamos deseosos de buscar un acercamiento con la Revolución Cubana". Al Ministro, como al Gobierno democristiano, le interesan más las apariencias que el fondo de una política exterior.

AUGUSTO OLIVARES


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02