Thayer: Ministro de dos caras


Thayer
Ministro de dos caras

Punto Final Nº 16
2ª quincena Noviembre de 1966

EN 1956 cuando el Gobierno de Ibáñez desató violenta ofensiva para destruir la organización sindical de los empleados bancarios, el descabezamiento del sindicato del Banco Chile indignó al abogado de esos trabajadores, William Thayer Arteaga, que estampó en testimonio público su condenación. El 9 de septiembre de 1956, en "Carta abierta a S. E., el Presidente de la República", que publicó el vespertino "Ultima Hora", lanzó expresiones como éstas: "Durante una semana el Supremo Gobierno y algunas empresas bancarias han saboreado la satisfacción de un triunfo y con frases despectivas han hablado de la rendición incondicional del gremio. La Asociación de Banqueros creyó llegado el momento que deseaba y mostró sus verdaderas intenciones, iniciando una absurda, inusitada, violenta y despiadada represión. Los bancarios hoy pueden exhibir ante el país y ante sí mismos, el testimonio irredargüible de la persecución odiosa antisindical. Excelentísimo señor, ESTAN COMETIENDO UN ERROR Y UN CRIMEN CONTRA EL PAÍS".

Diez años después, en 1966, William Thayer, convertido en Ministro del Trabajo, se 'enfrentó a una huelga del Banco Chile con disposición similar a la que en 1956 alentara el Gobierno ibañista.

Luego de calificar el conflicto como político, Thayer movilizó todos los elementos para presionar a los huelguistas, con el propósito de obtener una rendición incondicional y destruir la organización sindical.

Sólo una década había bastado para transformar al abogado defensor de los empleados bancarios en un enemigo de ellos.

Meses antes, los trabajadores del cobre, de los cuáles también fue abogado, habían advertido las alteraciones de su conducta con motivo del prolongado conflicto de los obreros de El Teniente.

El conflicto cuprero encontró en la masacre del El Salvador un desenlace dramático: ocho muertos y una treintena de heridos, entre obreros y sus familiares. El final de la huelga del Banco Chile tuvo y tendrá consecuencias ingratas para los trabajadores y su organización sindical.

El Ministro del Trabajo ha ido recuperando la simpatía de los empresarios, especialmente los más poderosos y conservadores, en una medida casi igual a la pérdida de afecto y confianza de los trabajadores. En La Moneda se dice que ha cometido algunas fallas, pero que Thayer es un Ministro eficaz. Eso indicaría que es el personero adecuado para una política planeada en lo más alto del Gobierno, y posiblemente ello lo libere de los malos recuerdos que a veces alienta el pasado.

No sólo los empleados bancarios y los trabajadores del cobre se confiesan sorprendidos del brusco viraje de la personalidad de Thayer, también millares de democristianos, envueltos todavía en las nubosidades frondosas de un trasnochado populismo, creen que "algo raro" le ha pasado a su Ministro del Trabajo.

Quizás el psicoanálisis sea útil para explicar el desdoblamiento de este abogado de 48 años, aun cuando muchos de sus antiguos compañeros de Partido, creen encontrar la clave en su formación personal. Para veteranos militantes, el "Willy" Thayer de 1966 no constituye sorpresa. Puede decirse que intuían la modificación de su conducta.

William Thayer Arteaga, nació en Santiago en 1918, en una familia acomodada que pudo costear sus estudios en el tradicional Colegio católico de los Sagrados Corazones, de Valparaíso.

En 1945 se tituló abogado, luego de cursar estudios en la Universidad Católica. Desde su infancia estuvo ligado a medios confesionales y en ellos describió rápida trayectoria como líder de organizaciones para-religiosas: dirigente de la Asociación Nacional de Estudiantes Católicos, de la Juventud Católica Chilena, de la Acción Católica Continental. Íntimamente vinculado a la jerarquía de la Iglesia fue elegido Director de Radio Chilena, que el Arzobispado capitalino compró en seis millones de pesos al millonario católico norteamericano Peter J. Grace, asesor financiero de los jesuítas.

No obstante pertenecer a una generación más joven que la del Presidente Frei, pronto se ligó a ella como universitario. Desde entonces data esa estrecha amistad, amasada en tareas políticas, en los contactos clericales, o en los hechos domésticos, como el desayuno diario en una mesa común del Café Santos.

Podría decirse que Thayer es el producto característico de un grupo de jóvenes católicos conservadores que, impulsados por un resorte generacional y por su rebeldía ante prácticas excesivamente feudales, se decidieron a formar tienda propia, pero sin que ello significara una fractura total en las amarras sociales y económicas que les unían al viejo tronco pelucón. Eran los falangistas.

William Thayer estaba empapado de las características del grupo, el cual se escindió sutilmente del resto para permitir que marcharan hacia una misma meta por rutas apartadas. Los falangistas que evolucionaban hacia una tendencia "frente-populista", en la cual ni siquiera se desconocía la posible aproximación temporal con los marxistas, y los más exquisitos, unidos por un resabio aristocratizante. Así surgió el "grupo de los primeros miércoles", que aunaba a los que se juntaban para discutir, analizar, esbozar una táctica, planear el futuro de cada uno y de todos. En ese equipo figuraban los retoños de familias pudientes y tradicionales: Gabriel Valdés Subercaseaux, hoy Ministro de Relaciones Exteriores; Sergio Ossa Pretot, actualmente Consejero Nacional de Promoción Popular; Javier Lagarrigue Arlegui, actual Vice-Presidente de la Corporación del Cobre; William Thayer Arteaga, que ocupa el Ministerio del Trabajo; el abogado Eduardo Frei Montalva, hoy Presidente de la República, y otros escogidos.

Ellos y los otros, los "frente-populistas", como el actual Ministro del Interior, Bernardo Leighton, los senadores Rafael Agustín Gumucio e Ignacio Palma Vicuña, y los que integraban otros grupos, estaban unidos férreamente bajo la "flecha atravesada por las dos barras" que distinguía a la Falange Nacional y se les podía identificar en pequeños núcleos. El "grupo de los primeros miércoles" se caracterizó por su proximidad con sectores confesionales, por su moderación, incluso por el origen linajudo de sus integrantes. En medio de ellos estaba el abogado William Thayer, a quien se asignó la tarea de aproximarse a los sectores gremiales, entonces empapados por las tradiciones combativas surgidas en la pampa nortina, y en los frigoríficos del sur, que alentara la cautivante figura del líder comunista Luis Emilio Recabarren.

Thayer se ligó a otro abogado, militante del Partido Socialista, Eduardo Long Alessandri, sobrino del ex Presidente Arturo Alessandri Palma, y junto a él trabajó un largo período en defensa de los derechos sindicales y gremiales.

El católico abogado no intentó integrarse al movimiento de los trabajadores, pero admitió ser consejero de la organización gremial que montaron algunos jesuítas, conocida como Acción Sindical Chilena (ASICH). No obstante, hasta sus contradictores ideológicos admitían que Thayer era "unitario" frente a los que pugnaban para dividir el movimiento de los trabajadores.

Su oposición a esa tendencia divisionista le hizo disputarse transitoriamente con algunos personeros del clero, y dispuesto a combatirla, llevó el conflicto al seno de la Falange Nacional, que le dio la razón, proclamando su oposición al "paralelismo sindical", denominado a la sazón por los grupos confesionales "sindicalismo ideológico" para señalar que diferenciaba a las organizaciones cristianas de las no cristianas. Hasta el primer Congreso Nacional del Partido Democristiano (fundado en 1957), realizado en julio de 1959, Thayer fue enemigo del "paralelismo sindical".

Pero comenzaba su transformación. Abandonó la defensa legal de los gremios y se aproximó a un mundo nuevo que le cautivó, el de los empresarios. En 1957 fue alumno en los cursos de la organización empresarial ICARE, llamados "Operación Jefe", y luego se convirtió en abogado y gerente de la Caja de Compensación de los industriales metalúrgicos (ASIMET). Thayer se convierte en tecnócrata.

Fue designado directivo del Instituto Americano para el Desarrollo del Sindicalismo Libre, que se alimenta con recursos económicos norteamericanos y que preside Peter J. Grace.

El Partido Democristiano observó con inquietud las actividades que desarrollaban las organizaciones seudo-gremiales que operan con dinero extranjero, y pugnó por desligar de ellas a sus militantes. Solo en 1966, durante el Segundo Congreso Nacional, se logró declarar la incompatibilidad entre la militancia demo-cristiana y la afiliación a organizaciones como ORIT, lo que motivó la renuncia al Partido del dirigente de los trabajadores marítimos, Wenceslao Moreno. El Ministro Thayer hizo esfuerzos internos para impedir esa ruptura.

La estrecha ligazón de Thayer con el IADSL le llevó a obtener para su dirigente internacional, el argentino Serafino Romualdi, un privilegio señalado. Horas después de ser elegido Presidente, Eduardo Frei lo recibió en su hogar como visitante ilustre.

Se pensó que ésto y sus relaciones con círculos norteamericanos le impedirían a Thayer ocupar algún cargo ligado a los trabajadores, pero fue designado por su antiguo amigo, Eduardo Frei, Ministro del Trabajo.

Con la cartera bajo el brazo se produciría el desdoblamiento definitivo de William Thayer. Como Ministro pasó a ser el más firme defensor del "paralelismo sindical". En el Segundo Congreso Nacional del P.D.C., octubre de 1966, se anotó nueva victoria en su trayectoria recargada de éxitos, al imponer el "paralelismo sindical" sin inquietarle que esa posición prácticamente ponía en peligro el torneo con el retiro de la candidatura a Presidente de la colectividad del senador Gumucio y de su, entonces, mayoritario sector.

Un mes más tarde, en noviembre, Thayer golpeó despiadadamente a la organización sindical del Banco Chile, empeñada en una huelga reivindicativa, sin permitir que algunos parlamentarios de su Partido alternaran como mediadores. Como confesaría más tarde el funcionario del Banco Central, Enrique Soto Bascuñán, el Gobierno se había propuesto descabezar el movimiento sindical en el más representativo centro de la oligarquía financiera. A los que responsabilizan a Thayer de actitud implacable frente a los sindicatos (casos: campesinos de Colchagua, trabajadores del cobre, empleados y obreros del Banco Chile) se les suele contestar en círculos oficiales: "Willy es un eficaz instrumento de la política planeada en La Moneda". Para reafirmar esa tesis se dice que el Ministro del Trabajo no es fuerte, por el contrario es débil, y que su fortaleza exterior es consecuencia de la línea que aplica intransigentemente. Esa es tarea para un examen psiquiátrico. Lo efectivo, en un enfoque político, es la conversión de la trayectoria pública del abogado Thayer. Un parlamentario del P.D.C. le dijo en una reunión: "Usted es ahora prisionero de su inconsecuencia".

Thayer no se altera fácilmente. Es posible que, en mucho tiempo, sólo los empleados del Banco Chile hayan logrado exasperarlo al recordar las cartas que escribía como abogado de los gremios, en el pasado.

Cuando los soviéticos le reprocharon que luego de su viaje a la URSS, había modificado los juicios que emitió en Moscú sobre los sindicatos de esa nación, el Ministro apenas se encogió de hombros. El de Moscú era su otro yo.

AUGUSTO OLIVARES.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02