La Tricontinental, revolución ideológica


Aniversario

La Tricontinental, revolución ideológica

POCOS acontecimientos internacionales han desatado polémicas más agudas y tensas que la Conferencia Tricontinental, que en este mes cumple su primer aniversario. Ello no sólo se debe a que representa el más audaz y determinado intento para unificar política y orgánicamente la lucha de los pueblos de Asia, África y América Latina contra las acciones agresivas del imperialismo y contra toda la secuela colonial. Se debe, también, a que fue un remezón en cuanto a las ideas y métodos revolucionarios y con ello se ha obligado a las organizaciones populares de todos los países a encarar la lucha contra las tendencias rutinarias, seguidistas y dogmáticas, como el único camino para detener la impunidad de la violencia, que en este instante es la ley suprema del capitalismo.

La idea central surgida de la Tricontinental es que los pueblos de las naciones grandes y pequeñas de Asia, África y América Latina, aprendan y se decidan a golpear al mismo tiempo, dentro de sus peculiaridades nacionales; pero, cada vez con mayor energía, al imperialismo y a todas las fuerzas que, de una manera u otra, representan un obstáculo para la liberación política y económica de los pueblos, que ponen trabas a la independencia, soberanía y autodeterminación de las naciones que todavía no son libres, que perpetúan el subdesarrollo, el atraso y la miseria, y que al apoyar la política agresiva del imperialismo norteamericano hacen peligrar la paz y acrecientan la amenaza de una nueva guerra mundial.

La Tricontinental proclamó "el derecho de los pueblos a obtener su liberación política, económica y social" y señaló que para ello debían utilizarse todas las vías necesarias, incluyendo la lucha armada, y dio a esta misión, el carácter de una "tarea primordial".

COMIENZA LA CAMPAÑA CALUMNIOSA

No puede producir extrañeza, por lo tanto, que un suceso de tal trascendencia y proyección histórica, haya provocado una gran inquietud entre los reaccionarios, y la oposición frenética del imperialismo norteamericano.

El 5 de Enero de 1966, "El Mercurio" de Santiago escribió: "Se trata de una reunión abiertamente subversiva.". El día 6 subtituló una nota cablegráfica calificando lo ocurrido como "propagación revolucionaria". El Departamento de Estado de Washington no demoró una declaración admonitoria y movilizó a sus embajadores en los tres continentes. El 24 de enero, un cable de la France Press, dijo: "Los representantes de los países miembros del Consejo de la OEA, con excepción de los de México y Chile, condenaron esta noche enérgicamente la decisión de desencadenar movimientos de subversión en América Latina, tomados en la Conferencia Tricontinental de La Habana." El mismo día, el gobierno del Perú pidió a la OEA elevar una acusación a las Naciones Unidas con el respaldo de los gobiernos de Venezuela y de Colombia. El 26 de enero la Associated Press reveló el verdadero origen de esta acción al informar que el Embajador colombiano ante la OEA, Alfredo Vásquez Carrizosa, "ha tomado un documento de trabajo preparado por Estados Unidos y ha estado buscando darle una redacción que pudiera movilizar también el respalde de Chile, México y Uruguay". El mismo cable reveló: "En cuanto a Chile, se dijo que está dispuesto a adherir a una resolución que condene toda intervención". Esto y las actitudes posteriores de la Cancillería chilena, a pesar de que al final del debate acompañó en su voto negativo a México, dejaron en claro que lo único que interesaba al Gobierno de la Democracia Cristiana era encontrar una mejor forma de procedimiento, posición que fue confesada sin reticencias por el Embajador Magnet.

El hecho concreto es que Estados Unidos logró su objetivo de llevar el escándalo a la NU, correspondiéndole sólo a México una actitud honrosa y de dignidad para no prestarse a tal maniobra. Fue el único país que no suscribió la acusación. El Gobierno de Chile, después de todo su "juego de piernas" en la OEA, terminó por someterse a la presión norteamericana.

DE LA CALUMNIA Y LAS INTRIGAS AL MURO REPRESIVO

Desde entonces hasta hoy, o sea en el lapso de un año, Washington se ha encargado de ejercer coerción para concertar reacciones del más diverso carácter, siendo una de las iniciativas que más le preocupa, la creación oficializada de un "Ejército Gendarme" bajo el superior comando del Pentágono. En muchos casos, algunos gobiernos latinoamericanos, han seguido al pie de la letra estas directivas. En otros casos han actuado unilateralmente, pero siempre en la misma línea. No obstante, advirtiendo Washington que esto no detiene la lucha de los pueblos y ésta, por el contrario, toma un camino ascendente, recurrió a la OEA para que procurara concitar una presión de mayor calado revestida bajo el disfraz de "recomendaciones". En el mes de noviembre del año pasado la OEA produjo un infundio de 99 páginas, que representan las conclusiones a que arribó una comisión especial encabezada por el embajador peruano Juan Bautista de Lavalle. El informe dice concretamente que la Tricontinental marcó una nueva etapa en la estrategia revolucionaria y acusa directamente a Cuba y a la OSPAAAL de prestar ayuda a los movimientos armados que luchan por alcanzar el poder. La Comisión presentó a la ONU 11 "recomendaciones" que pasarían a consideración de los gobiernos americanos, una de las cuales se refiere a mantener una vigilancia cuidadosa sobre los movimientos de liberación nacional. Otra proposición tiende a que se examinen las medidas relacionadas con el movimiento de pasajeros a Cuba y entre los países latinoamericanos; pero, la que ha suscitado mayores reservas es la recomendación para "fortalecer la capacidad interna de seguridad", que intenta que cada país de América Latina, extreme la organización de cuerpos represivos.

Cuando Cuba dio respuesta a la acusación presentada a las Naciones Unidas, advirtió en una carta abierta a U Thant, que de hecho, todos los gobiernos acusadores "son instrumentos de la ingerencia, dominio y explotación de sus propios países por el imperialismo norteamericano" y los acusó de ser los verdaderos intervencionistas en el continente.

Tan evidente es esta afirmación cubana, que desde comienzos del año pasado, el Gobierno demócratacristiano de Chile, la Derecha y todos los órganos reaccionarios cambiaron radicalmente de actitud frente a la lucha reivindicativa hasta el punto que "El Mercurio" denunció las huelgas como "acciones guerrilleras" y pasó a ser un lugar común hablar o escribir sobre "la guerrilla sindical" con el consiguiente recrudecimiento de la represión y la aparición pública de carabineros convertidos en "fuerza anti motín y anti subversiva" con uniformes, cascos de acero, armas e implementos hasta entonces desconocidos en nuestro país. Se adoptó la táctica de prolongar las huelgas hasta ilegalizarlas y se llegó hasta extremos tales como la masacre de El Salvador y la represión violenta de la lucha de los portuarios, maestros y trabajadores de la Salud.

EL IMPACTO IDEOLÓGICO

Al realizarse la Tricontinental en el curso de la agudización de la controversia ideológica chino-soviética y en el momento en que se estropeaban las relaciones chino-cubanas, pudo pensarse con toda razón que estas dificultades que corresponden al marco interno del mundo socialista, iban a ser determinantes en las resoluciones de la misma; sin embargo, en La Habana, las delegaciones de los pueblos demostraron una madurez política casi insospechada, porque allí no predominó la influencia de ninguna gran potencia, sino que, por el contrario, se impusieron el sentido común y los verdaderos grandes anhelos de los pueblos. Eso hizo posible, que por encima del mar de fondo que se agitó en la Conferencia, la voz que realmente se impuso fue aquella de los que sentían en carne propia la exacerbación de la violencia y de los métodos agresivos. Por eso, las resoluciones de La Habana tienen un valor y un contenido ideológico de singular importancia, por cuanto representan, con respecto a la América Latina, no una directiva o un intento de establecer sobre los movimientos populares una tuición o un centro ideológico exterior, sino un sacudón al seguidismo, al exceso de confianza en la pseudodemocracia y en el legalismo y en las proposiciones reformistas de la burguesía.

Es evidente que en América Latina las condiciones y características en que se desenvuelven los movimientos por la plena independencia política y la liberación nacional son distintas según lo.s diversas países. En algunos, todos los caminos democráticos y pacíficos están cerrados. En tales países, la lucha armada aparece como un camino irreversible aun cuando ésta se realice con altos y bajos. En otros, se aprovechan simultáneamente la lucha armada y todos los caminos disponibles. En otros, sin embargo, como es el caso de Chile, hay contradicciones profundas entre los acuerdos de la Tricontinental y el status político en que actúan los partidos populares fundamentales. Por eso es que en Chile, Argentina y otros países latinoamericanos, aquellos donde dominan lo que en La Habana se llamó "los partidos comunistas del patio", las resoluciones de la Tricontinental han generado contradicciones paralizantes o limitativas de la acción solidaria y de la lucha popular. Un caso concreto es la prolongada polémica entre el Partido Comunista y Socialista chilenos, que si bien se ha realizado en un terreno fraternal, todavía está lejos de superar las diferencias de fondo, aun cuando aparentemente ya se ha dado con una fórmula para constituir la OLAS en Chile. El encajonamiento de ambos partidos en la vía electoral y la falta de una más vigorosa campaña de esclarecimiento ideológico en el seno mismo de las masas, las exclusiones de personalidades y grupos que están activa y decididamente empeñados en la lucha antimperialista y solidaria con un sentido favorable a la acción común, impiden superar el monopolio bipartidista de la OLAS en Chile y amenazan con repetir el error cometido cuando se debió hacer la preparación de la Tricontinental en Chile. En aquella oportunidad, el pueblo chileno no fue preparado para comprender y apoyar ese magno acontecimiento con grandes movilizaciones masivas, y no hay que olvidar que la primera cuenta pública de un acontecimiento de tales dimensiones se dio en un acto público en Valparaíso, que estaba destinado fundamentalmente a impulsar una candidatura parlamentaria, y que hoy mismo, gran parte de la actividad de solidaridad con Vietnam está siendo utilizada como parte de la promoción de las candidaturas a regidores municipales. Por eso, lo que en este momento se precisa es impedir que se desdibujen la OSPAAAL y sus resoluciones y que se lleve a todo el pueblo a participar en la preparación de la Primera Conferencia de los Pueblos de América Latina, de donde ha de surgir la estructura definitiva de la OLAS, con la determinación clara de elevar la conciencia antimperialista.

FERNANDO MURILLO VIANA.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02