El imperialismo y el Estado dependiente


Tribuna teórica

El imperialismo y el Estado dependiente

COMO expresamos anteriormente (PF 91) al Estado del imperialismo es necesario estudiarlo desde el punto de vista de sus manifestaciones externas para así comprender mejor su fortalecimiento interno bajo la forma contemporánea de un "capitalismo de Estado". Cuando el Estado tiene todo su aparataje puesto al servicio de los monopolios, protege militar y policialmente la penetración financiera, como asimismo, sirve de avanzada política y militar en el reparto del mundo.

Desde este punto de vista, la acción del imperialismo se dirige hacia dos frentes:

1.— La adquisición de colonias;
2.— La penetración financiera en:
a) las regiones colonizadas, y
b) los países capitalistas más débiles.

En este sentido, estamos de acuerdo con el profesor marxista Harry Magdoff cuando afirma en su trabajo "La Era del Imperialismo" (Monthly Review enero-febrero-1969) que el imperialismo no se define simplemente por la adquisición de colonias e incluso de materias primas sino que por la pugna y además por la penetración en otras naciones capitalistas, rasgo éste que hiciera notar Lenin al rechazar las simplificaciones en que incurría Kautzky.

Pero en todo caso, la competencia internacional de los monopolios no opera aisladamente de la adquisición de colonias; es por el contrario en la adquisición de colonias y de sus materias primas donde los imperialistas pueden —en virtud del superávit que deja la explotación colonial— acumular una mayor reserva de capitales, competir internacionalmente entre ellos y posteriormente absorber, a través de una aparente pugna de Estados, a los monopolistas menos poderosos. Si bien el imperialismo no se define únicamente por la explotación colonial, es en este último aspecto donde encontramos su generación; la mantención de un vasto sector del mundo en condiciones de superexplotación es condición básica para la existencia del imperialismo, y la lucha y absorción de los monopolios, un derivado de la superexplotación.

Cuando Lenin afirmaba que el imperialismo era la última fase del capitalismo, no quería significar con ello que el imperialismo hubiese aparecido recién en la fusión de los monopolios con los bancos, vale decir en la fusión del capital industrial con el capital financiero. La última fase consiste más bien en que el sistema capitalista en su conjunto, debe depender, para subsistir como tal, de la penetración de los capitales en el exterior.

En la fase pre monopolista del capitalismo, en determinados países, la burguesía realizaba expansiones de carácter colonialista con el objetivo preciso de apoderarse de las materias primas de los países controlados. El Estado capitalista, en ese sentido, interpretaba las necesidades del conjunto de los capitalistas y así se embarcaba en guerras de sojuzgamiento territorial. Habiendo terminado la repartición del mundo entre las grandes potencias, estas últimas comienzan a arrebatarse a pedazos las presas del botín territorial.

Hasta el siglo pasado, pues, el capitalismo se movía fundamentalmente por la anexión de nuevos territorios teniendo el aparato represivo del Estado burgués un rol fundamentalmente expansivo. El imperialismo inglés operó de acuerdo a esta metodología tradicional de anexión. Pero a partir del presente siglo, más o menos, y como producto de la fusión del capital industrial con el capital financiero, la penetración imperialista comienza a canalizarse cada vez más y más en la exportación de capitales. La penetración financiera ha tenido y tiene su más nítido ejemplo en la metodología operativa del imperialismo norteamericano. Aquí, el aparato burocrático administrativo del Estado burgués pasa a un primer plano (especialmente en su forma "diplomática"). Pero tanto en el primero como en el segundo caso, el aparato represivo juega un papel fundamental ya que su función es ya sea anexarse territorios o defenderse de la natural resistencia nacional, ya sea proteger a las cuantiosas inversiones de capital realizadas en el extranjero. Además el anexionismo territorial y la penetración financiera no son factores que se excluyan el uno al otro; simplemente ocurre que, de acuerdo a las fases específicas por las que atraviesa el capitalismo, el uno llega a predominar sobre el otro. En los dos casos, la sujeción de las naciones dominadas impacta no sólo a la economía incorporándola de lleno a la función de apéndice del capitalismo internacional, sino que, además, a las instituciones "nacionales", incluyendo al Estado de la nación dominada. Sobre este último aspecto conviene detenerse.

La noción marxista tiende a explicar al Estado más que como un instrumento en manos de la clase dominante, como un derivado institucional (superestructural) de las relaciones de producción vigentes en una sociedad. Así, el Estado puede reflejar en algunos casos las necesidades de dos o más sectores sociales que ocupan un lugar hegemónico, sobre todo en los llamados períodos de transición histórica (por ejemplo, en la vasta era del precapitalismo europeo cuando los sectores de la gran burguesía comercial y los señores feudales llevaron a cabo una verdadera repartición del poder político) y del mismo modo, también el Estado en algunas ocasiones representa e interpreta a los diversos niveles de una misma clase social (como ocurrió en el período de la libre concurrencia capitalista donde el Estado era utilizado tanto por la burguesía comercial como por las nacientes burguesías industriales).

Sin embargo, todas estas consideraciones relativas al papel que corresponde al Estado en los diversos sistemas socioeconómicos, parten de una visión cerrada de las sociedades. De la misma manera no puede aplicarse (como generalmente ocurre) una idéntica noción del Estado a una nación dependiente que a una nación dominante. En este sentido creemos no equivocarnos al afirmar que muchos teóricos, inclusive los marxistas, han incurrido en formulaciones mecanicistas. Esto es, reconociéndose la dependencia de una nación en cuestión, se aplica un modelo de Estado donde este último aparece siendo el instrumento de la clase o de las clases dominantes en el interior de la nación dominada, lo que en buenas cuentas significa reconocer por un lado la dependencia económica y por otro lado una independencia institucional y política, lo que a su vez significa separar el análisis de las superestructuras con respecto al análisis de las infraestructuras, caracterizando a la infra y a la superestructura con diferentes categorías, como si fuesen cuerpos distintos y no los dos cuerpos integrados del conjunto social. Hay aquí, como puede notarse, una contradicción flagrante, contradicción que se ha visto incrementada a causa de los sutiles medios con que opera el imperialismo contemporáneo, sobre todo a través de la penetración financiera.

Paul M. Sweezy, en su "Teoría del Desarrollo Capitalista" reparaba en este problema:

Las poblaciones nativas tienen sus propios medios habituales de ganarse la vida y no están nada ansiosas de alistarse al capital extranjero por salarios insuficientes. En consecuencia estas regiones tienen que ser sometidas a la jurisdicción del Estado capitalista y las condiciones favorables al desarrollo de producción capitalista deben ser creadas por la fuerza, (Paul M. Sweezy, "Teoría del Desarrollo Capitalista", México, 1945, pág. 333. El subrayado es nuestro).

Es decir, no puede pretenderse estudiar a las instituciones superestructurales de un país subdesarrollado sin relacionarlas con la acción que sobre ellas han llevado a cabo los países imperialistas. Dicho de manera más simple: a una economía dependiente, debe corresponder un Estado dependiente. Muy explícito en este sentido es Paul Baran:

El desperdicio, la corrupción y el despilfarro de grandes sumas de dinero en el sostenimiento de aparatos militares y burocráticos cada vez más extensos y cuya única función es mantener en el poder a los regímenes mercenarios, son característicos de todos esos países. (Paul Baran, "La Economía Política del crecimiento", México, 1966, pág. 244).

La concepción teórica de que en los países dependientes el Estado es el instrumento exclusivo de una clase dirigente "nacional", trae consigo, y de hecho ha traído, una falsa concepción de la práctica revolucionaria. Considerando la importancia de este problema, es que intentaremos resolverlo en otro articulo.

FERNANDO MIRES
Punto Final Nš93


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02