Conciencia revolucionaria para la CUT


Conciencia revolucionaria para la CUT

Ediciones Punto Final. Nº 12
Santiago de Chile, Septiembre de 1966.

PUNTO FINAL entrevistó al Presidente de la CUT, Luis Figueroa Mazuela. Dirigente fogueado en una larga lucha, Figueroa es comunista. En el último congreso de la Central Única, quedaron dirigentes obreros socialistas y comunistas en la directiva nacional. Los democristianos se retiraron luego de participar en todo el desarrollo del congreso en el cual eran minoría. A partir de ese instante la CUT soporta la presión declarada del Gobierno que a través de organismos financiados por EE. UU. y Alemania Federal, particularmente, busca la creación de una central sindical adicta a La Moneda.

Las siguientes son las preguntas de PUNTO FINAL y las respuestas que dio el Presidente de la CUT:

PUNTO FINAL.— Los que no tienen la oportunidad de seguir de cerca las actividades de la Central Única de Trabajadores tienen la impresión de que ésta atraviesa por un proceso de estagnación.

LUIS FIGUEROA.— Es posible que esa impresión sea creada por la ausencia en los últimos meses de acciones colectivas encabezadas por la CUT. Pero ella se estrella con la realidad; aquí se trabaja intensamente. El último Congreso Nacional de nuestra organización nos fijó tareas específicas y la más importante es la reestructuración del movimiento de los trabajadores para adecuarlo a las nuevas condiciones que se crean en la lucha social. Las últimas experiencias nos enseñaron que la lucha fragmentaria de los gremios, la lucha aislada de los pequeños sindicatos se estrella con las potentes organizaciones de los patrones y con una política laboral de un Gobierno que tiende a dividir a la clase trabajadora. ¿Qué puede hacer un sindicato metalúrgico, solo frente a la poderosa Asociación de Industriales Metalúrgicos (ASIMET)? Frente a la centralización patronal hay que oponer un sistema moderno de lucha. Cada año se producen alrededor de tres mil conflictos sindicales; la mayoría de ellos no encuentran solución adecuada para los intereses de los trabajadores y hay sindicatos que ocupan todo el año en el movimiento de un pliego de peticiones y en la búsqueda de un convenio. Hay que pasar del sindicato de fábrica al gran sindicato provincial, nacional, por actividades. El ideal es el establecimiento de unos 40 sindicatos provinciales o nacionales. En esa tarea se trabaja y por eso puede llamarse a 1966 el "año de la reorganización".

PUNTO FINAL.— Además del proceso de reestructuración interna, ¿la CUT se propone dar algunas batallas de gran envergadura, como las que protagonizara en años anteriores?

LUIS FIGUEROA.— Las grandes batallas surgen frente a grandes conflictos y justamente en estos momentos el Gobierno está alentando la formación de varios de ellos. Nos aprestamos para luchar contra el paralelismo sindical, en la defensa de los derechos previsionales de los trabajadores amagados por el anteproyecto de reforma previsional preparado por el Gobierno, contra un reajuste de sueldos y salarios inferior al nivel que determine el alza del costo de la vida en el año en curso. También nos proponemos lanzar a fines de septiembre una gran cruzada nacional en defensa del petróleo chileno que la ENAP subrepticiamente ha ido desnacionalizando al conceder cada vez mayor ingerencia al capital privado, incluso extranjero. Extenderemos nuestra campaña, a la cual invitaremos a personalidades, instituciones y ciudadanos no sólo del movimiento de los trabajadores, hacia la reconquista de la comercialización por parte de la ENAP de los subproductos del petróleo. La ENAP se aproxima a una crisis por falta de producción, la que no aumenta por ausencia de nuevas explotaciones. Cuando ella estalle se dirá que por falta de financiamiento no quedará otro camino que entregar el petróleo chileno a las empresas extranjeras.

PUNTO FINAL.— Se sostiene que la CUT tiene una posición blanda frente al Gobierno de Frei, si se le compara con la planteada a los Gobiernos anteriores...

LUIS FIGUEROA.— La Central Única de Trabajadores está al servicio de éstos y no es un partido político de oposición. Tenemos una posición creadora y positiva. Hemos apoyado la reforma agraria propuesta por este Gobierno y la creación de los sindicatos campesinos. Estamos contra el paralelismo sindical propuesto por este Gobierno, contra los intentos de reducir aún más el poder adquisitivo de los trabajadores con reajustes inferiores al nivel que alcanza el costo de la vida, contra los propósitos de quitar derechos previsionales conquistados por los diversos gremios, contra todo asomo de política reaccionaria en general.

PUNTO FINAL.— ¿Considera usted que existe un descenso de la capacidad de lucha de los trabajadores chilenos?

LUIS FIGUEROA.— Ya lo dije anteriormente, la ausencia de campañas gremiales colectivas, le resta espectacularidad hacia el exterior al movimiento de los trabajadores, pero estos luchan cada día, y en todos los frentes. La Dirección General del Trabajo ha constatado la formación de por lo menos 500 sindicatos nuevos; eso prueba que los trabajadores adquieren cada vez más conciencia sobre la necesidad de crear sus mecanismos de defensa y de conquistar mejores condiciones de vida. Los gremios reconocen a la Central como su mejor herramienta. En el último congreso metalúrgico nacional se aprobó por unanimidad y por aclamación una lista única de dirigentes, con representantes de todos los sectores políticos, incluso demócrata-cristianos, y la afiliación a la CUT. En el Congreso de la Federación de Química y Farmacia, donde se pudo apreciar la presencia de una considerable cuota de delegados pro-freístas, se repudió el paralelismo sindical y se aprobó la afiliación a la CUT. Cabe señalar que en ese Congreso el Gobierno movilizó a doce asesores que ejercieron toda suerte de presiones, pero sin éxito. Se advierte en la actualidad el ascenso de un movimiento de protesta contra la reforma previsional tal cual la ha planteado el Gobierno.

PUNTO FINAL.— ¿Qué tendencia le atribuye usted al Gobierno del Presidente Frei?

LUIS FIGUEROA.— Se advierte un divorcio cada vez más marcado entre las promesas electorales del Partido Demócrata Cristiano y las realizaciones de su Gobierno. Eso es una consecuencia directa de las profundas contradicciones que convulsionan al freísmo. A las promesas electorales de corte izquierdizante se le cruzan en el camino los grupos monopolistas económicos que ganan terreno día a día en el Gobierno. Son éstos los que están decidiendo la política económica y por supuesto tienen que enfrentar sus intereses con los de los trabajadores. Han terminado por aceptar todo el recetario del Fondo Monetario Internacional, aun cuando el Ministro de Hacienda, como un hechicero, quiere convencernos que en su tongo se encontró con un conejo propio. Ha anunciado que el reajuste de sueldos y salarios para 1967 será "estimativo", lo que en la práctica es la revelación del escamoteo que se prepara a los ingresos de los trabajadores. El reajuste de sueldos y salarios que se hace al comienzo de cada año es para compensar la pérdida del poder adquisitivo sufrida por los asalariados por el alza del costo de la vida del año anterior. Ahora se pretende desconocer eso y se ofrece un reajuste "estimativo" para compensar anticipadamente la pérdida del poder adquisitivo como consecuencia de las alzas que se registren en 1967, y ¿las alzas de 1966? Es la política de los Klein-Saks con otro barniz. La Central Única de Trabajadores está vigilante y los trabajadores se aprestan a rechazar ese escamoteo. De eso están conscientes el Gobierno y el imperialismo norteamericano, de ahí el extremado interés del Ministro del Trabajo, William Thayer, por imponer el paralelismo sindical por encima de los deseos de la mayoría de su Partido, en el cual también hay un fuerte núcleo de trabajadores. Thayer soñó con un paralelismo amplio, sin límites, pero las contradicciones internas de su Partido le llevaron a hacer una pequeña concesión. En lugar de permitirse que se organicen sindicatos en las empresas con sólo 25 miembros, se exige ahora que cada sindicato represente por lo menos al 30 por ciento de los trabajadores. Eso permite establecer en cada industria hasta tres sindicatos. Está claro que no se persigue fortalecer a los trabajadores para que se defiendan de sus enemigos de clase. Se busca la división de ellos. Un sindicato será gobiernista, otro estará formado por lo más consciente de los trabajadores de la empresa y los patrones no resistirán la tentación de crear un sindicato amarillo, propio, para imponer la división total. Eso es el paralelismo y un Gobierno que es capaz de proponerlo y que lucha por imponerlo es forzosamente un Gobierno reaccionario. El Gobierno propondrá el ahorro obligatorio. Es otra exacción a los trabajadores. Lo ocurrido en El Salvador caracteriza una política, pero los zarpazos al movimiento de los trabajadores y a los bolsillos suyos la identifica definitivamente con la reacción. Es una política al servicio de ella.

PUNTO FINAL.—¿Piensa usted que la clase trabajadora chilena es alentada por un espíritu revolucionario o se conforma con alcanzar metas limitadas y temporales?

LUIS FIGUEROA.— El movimiento sindical atraviesa por un período crítico de crecimiento. La organización sindical ha crecido considerablemente, pero pienso que se ha pasado del proceso de la calidad al de la cantidad. Las estadísticas señalan que el promedio de los dirigentes sindicales se sitúa entre los 25 y 30 años. Son jóvenes, fogosos, pero que aún no alcanzan una adecuada conciencia de clase. Se nota que la toma de conciencia está en formación y que pasará algún tiempo antes que ello aflore con características nítidas en el movimiento. En reemplazo del alto nivel político ha surgido el desarrollo de la organización. Van desapareciendo los cuadros que conocieron los períodos de las represiones del General Ibáñez, en su primera Administración, y de Gabriel González Videla. La gente joven que dirige hoy los organismos sindicales, en plena formación política, no ha podido escapar a los efectos de las profundas ofensivas lanzadas por la reacción chilena y el imperialismo.

Para fortalecer a los nuevos cuadros sindicales nos hemos propuesto un plan de educación sindical. Contamos con la ayuda de la Universidad de Chile. Funcionan alrededor de 40 escuelas sindicales. Poco a poco esperamos dar educación clasista y revolucionaria a los cuadros. Al otro lado está el enemigo, con su dinero, su poder, el apoyo del Gobierno. Cerca de la CUT funciona el Instituto Americano para el Desarrollo del Sindicalismo Libre, más allá está el instituto alemán occidental de penetración sindical. Podría citarles muchas organizaciones más, con apoyo económico del Departamento de Estado norteamericano, del Banco Interamericano de Desarrollo, de la A.I.D. Corrompen a los trabajadores, les sobornan con viajes a los Estados Unidos, siembran la división. Ahí tienen como ejemplo el caso de la Confederación Marítima de Chile, su Presidente Wenceslao Moreno, prefirió renunciar al Partido Demócrata Cristiano antes que abandonar la ORIT, el alero norteamericano.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02