Imperialismo y cultura


Imperialismo y cultura

NO hace mucho, el 3 de junio de 1966, para ser más exactos, Ángel Rama escribía en la revista uruguaya Marcha; "Sustituyendo a Cuadernos nace Mundo Nuevo, que responde a un organismo recién creado por el Congreso por la Libertad de la Cultura que es el Instituto de Asuntos Sociales para América Latina, y por intermedio del cual se ha tratado de capitalizar para el Congreso, y en forma solapada, a la nueva intelectualidad del continente".

Tenemos a la vista el primer número de Mundo Nuevo; no cabe duda que cumple a cabalidad lo que el mismo Rama anticipaba como una "tarea de división y adoctrinamiento". El ejemplar incluye nombres más o menos progresistas y más o menos populares: Carlos Fuentes, Augusto Roa Bastos, César Fernández Moreno, Emir Rodríguez Monegal (que es el director de la publicación) y otros de menor cuantía. Al lado de textos puramente literarios se incluyen plúmbeas teorizaciones de algunos anticomunistas profesionales, como lo es el señor Francois Fejto, quien —para no perder la costumbre— nos entrega un "testimonio" sobre Cuba, en que la mentira aparece hábilmente mezclada con la desinformación.

Todos saben ya que la nueva política de Estados Unidos hacia América Latina, en el campo de la cultura, es la "neutralización" de sus intelectuales. Neutralización y balcanización.

Dentro de este panorama, bastante sintomático, aparece "el caso Carlos Fuentes". Muchos se sorprendieron hace unos tres meses cuando vieron en la portada de Visión una coloreada fotografía del escritor mexicano, que se había caracterizado —hasta no hacía mucho— por sus ácidas críticas a Estados Unidos. Después, y con motivo del Congreso del Pen Club en Nueva York, Fuentes escribió un largo artículo en Life, en el que planteaba una total coexistencia en el campo de la cultura. A través de Mundo Nuevo es posible enterarse ahora que Fuentes acaba de terminar una nueva novela que, paradigmáticamente, se titula Cambio de piel y que será publicada primero en idioma inglés por una editorial norteamericana antes que se conozca su versión castellana.

Edmundo Desnoes, secretario de redacción de la revista Casa de las Américas, señaló con entera justicia que "cuando Carlos Fuentes acepta colaborar en Life, acepta de entrada las limitaciones de la revista, el enfoque político de la revista. Acepta que Life haya atacado sistemáticamente a la Revolución cubana, haya defendido la intervención norteamericana en Santo Domingo, haya respaldado los peores gorilazos en América Latina. Y aunque Carlos Fuentes siempre ha mantenido una posición progresista, siempre ha repudiado los golpes militares en el continente, sabe que muchas de esas cosas no se pueden decir en Life. Y calla y cobra y se hace cómplice de la política de la revista".

Todo lo anterior parece completar un cuadro; un cuadro más o menos siniestro de lo que está sucediendo en el campo de la cultura en América Latina. El imperialismo ha cambiado de rostro; ya no quiere seguir una política agresiva, porque se dio cuenta de que los mejores intelectuales del continente repudian abiertamente sus tenebrosos manejos. Nada mejor, entonces, que un cambio de táctica, que cristalizar una nueva estrategia; para eso hay dólares y buena voluntad; también hay hombres influyentes que pueden manejar la situación. Becas, ediciones, viajes, conferencias son elementos demasiado atractivos para muchos intelectuales. Además, dentro de la nueva estrategia es posible encontrar cierto sentido paternalista y los norteamericanos están dispuestos hasta a perdonar "algunos pecados de juventud" de muchos escritores y artistas. Lo que antes se manifestaba con una porfiada cerrazón, ahora encuentra sonrisas melifluas y complacientes.

Tiene razón Henri Edme cuando escribe en Le Temps Modernes, la revista de Jean Paul Sartre, que a partir de la Revolución cubana el imperialismo se vio obligado a cambiar de táctica y no sólo quiere socios en el plano económico, sino que también en el terreno cultural. Es el nuevo fenómeno que se advierte en estos días. No es casual, por ejemplo, que escritores como Claudio Giaconni, Enrique Lafourcade, José Donoso, entre otros, sean profesores en universidades norteamericanas. Han pasado a ser escritores bloqueados, que es muy difícil que puedan escribir con una noción que vaya más allá de un planteo meramente estetizante.

No es novedad comprobar que un nuevo peligro está en marcha para la intelectualidad latinoamericana y mientras no se esclarezcan de manera cierta y profunda las nuevas contingencias imperialistas, habrá muchos que se dejarán tentar por los cantos de sirena. La penetración intelectual del imperialismo en América debe encararse con firmeza y decisión, desechando toda complacencia y medias tintas. No hay otro camino.

CARLOS OSSA


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02