Lenin revolucionario


Lenin revolucionario

CON el mayor respeto nos acercamos al pensamiento de Lenin. Se le encuentra vivo y siempre vigente. Su genio revolucionario intuyó la responsabilidad conductora que le reservaba el futuro. Al releerlo una y otra vez, buscando una guía segura para la acción, se llega al convencimiento de que Lenin habría rechazado se le convirtiera en esos "iconos inofensivos" que, según él, fabrican las clases opresoras y los oportunistas con la memoria de los grandes revolucionarios. ¿No es eso lo que se ha intentado hacer con el propio Lenin? ¿Y no ha ocurrido lo mismo con nuestro Recabarren elogiado en el aniversario de su muerte por "El Mercurio"? Lenin advertía contra esta maniobra, la denunciaba marcándola a fuego. Decía que los revolucionarios, combatidos en vida con saña feroz, son rodeados después de su muerte con "una cierta aureola de gloria para "consolar" y engañar a las clases oprimidas, castrando el contenido de su doctrina revolucionaria".

En Chile no sólo se aplica esa medicina a los muertos gloriosos del movimiento revolucionario. Hábiles taxidermistas los convierten en momias del museo de la burguesía. Pero también, de paso, se neutraliza a dirigentes de la clase revolucionaria. Se les mete en la vitrina del halago, se les incorpora a las ventajas del "orden establecido", se les dispensan honores por su "sensatez", por su respeto a la institucionalidad, etc., seguros que así no causarán ningún daño, que se les convertirá en insectos claveteados por un compromiso que les permite mover las alas, resoplar, abrir y cerrar los ojos, pero que no les deja volar.

Como es lógico, el pensamiento de Lenin, agitador y organizador revolucionario, puede dar lugar a controversias. Fue esencialmente un gran luchador político y muchos de sus trabajos están enfilados a hechos concretos con los cuales le tocó enfrentarse. Sus escritos los utilizan a veces los enemigos del marxismo-leninismo. Pero no hay contradicciones leninistas. El pensamiento de Lenin es una constante revolucionaria que se procura esconder. Se encuentra lo mismo en "El Estado y la Revolución" que en "La enfermedad infantil del "izquierdismo" en el comunismo".

La primera, escrita en agosto y septiembre de 1917, en vísperas de la Revolución de Octubre, quedó inconclusa. "Es más agradable —dijo Lenin— y más provechoso vivir la "experiencia de la revolución" que escribir acerca de ella".

Esa obra leninista se orienta a combatir las doctrinas sobre el Estado de algunos "marxistas" de la época. Lenin puso las cosas en claro. En un lugar revolucionario. Se lanzó a combatir —desde la clandestinidad precursora de Octubre— a "los elementos de oportunismo acumulados durante décadas de desarrollo relativamente pacífico" que habían creado la corriente de socialchovinismo "en los partidos socialistas oficiales del mundo entero". Para combatir el apaciguamiento de los que sostenían la necesidad de ganar posiciones dentro del Estado, y que olvidaban la tarea revolucionaria de destruirlo, Lenin escribió que "es evidente que la liberación de la clase oprimida es imposible, no sólo sin una revolución violenta, sino también sin la destrucción del aparato del Poder estatal que ha sido creado por la clase dominante". Y añadía que "la república democrática es la mejor envoltura política de que puede revestirse el capitalismo". Lenin recordaba que Engels, con la mayor precisión, llamó al sufragio universal "arma de dominación de la burguesía", y que éste no servía sino para medir la madurez de la clase obrera, y para nada más. Se burlaba Lenin de los "demócratas pequeñoburgueses" que inculcaban al pueblo "la falsa idea de que el sufragio universal es, "en el Estado actual", un medio capaz de expresar realmente la voluntad de la mayoría de los trabajadores y de garantizar su efectividad práctica". Admitía Lenin que la república burguesa era "la mejor forma de Estado para el proletariado bajo el capitalismo" pero llamaba a destruirlo y ponía de relieve el "verdadero panegírico de la revolución violenta" hecha por Engels en su análisis histórico del papel del Estado. "La necesidad de educar sistemáticamente a las masas en esta, precisamente en esta idea sobre la revolución violenta —escribía— es algo básico en toda la doctrina de Marx y Engels". Y subrayaba: "La sustitución del Estado burgués por el Estado proletario es imposible sin una revolución violenta". Refiriéndose a Alemania señalaba Lenin que el largo período de legalidad constitucional (1871-1914) no fue aprovechada por los marxistas para organizar en partido político a los obreros. La clase obrera alemana de esa época, la más consciente y activa políticamente de Europa, tenía un partido socialdemócrata de 1 millón de miembros. Pero en Alemania había 15 millones de obreros. Lenin lo explicaba: "en virtud de las condiciones de explotación capitalista, los esclavos asalariados modernos viven tan agobiados por la penuria y la miseria, que no "están para democracias", "no están para política", y en el curso corriente y pacífico de los acontecimientos, la mayoría de la población queda al margen de toda participación en la vida político-social". Podría escribirse lo mismo de Chile, más o menos, y Lenin seguiría teniendo razón.

MANUEL CABIESES D.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02