El paralelismo sindical


El paralelismo sindical

Punto Final Nº 16
2ª quincena Noviembre de 1966

LA huelga de los campesinos de Colchagua ha dejado al movimiento sindical valiosas experiencias que deben ser analizadas y estudiadas por dirigentes y bases de las organizaciones de trabajadores. En el futuro hay que evitar incurrir en errores de cierta magnitud que comprometen el éxito de la jornada y aprovechar las enseñanzas positivas que se derivan de este heroico movimiento.

La conclusión de mayor importancia es la que confirma la tesis fundamental planteada por todas las organizaciones sindicales y gremiales que han existido en el país, desde las Mancomúnales hasta la CUT, de que la UNIDAD de la clase trabajadora, en un régimen capitalista, es la única herramienta eficaz para alcanzar el triunfo en la lucha por sus reivindicaciones. Y decimos que en estos momentos es la conclusión de mayor importancia, por cuanto esta UNIDAD se encuentra gravemente amenazada al pretender el Gobierno legalizar la quiebra de toda unidad dentro del campo laboral, enviando al Congreso Nacional un proyecto de ley basado en una extraña "filosofía", que más que filosofía, es un vulgar "sofisma". Es así como en el artículo 1º de dicho proyecto de ley, se establece que "los trabajadores y empleadores podrán ejercer libremente el derecho a ingresar o retirarse de un sindicato." Esta frase aparentemente inofensiva y hasta grata para los oídos de muchos que aún creen en la libertad y la democracia, basada en la "miseria" material y cultural del pueblo, es una bomba de tiempo, pero, infalible, que destruirá toda posibilidad de organización sindical y gremial verídica y auténtica. Quedarán a corto plazo sólo "fachadas sindicales" aptas para afianzar el régimen de explotación de obreros, empleados y campesinos.

La facultad de organizarse para la clase trabajadora, en países como el nuestro, basado en la explotación del hombre por el hombre, no sólo debe ser un "derecho" sino también un "deber" y obligación que le impone "su clase". No sólo puede, sino que DEBE organizarse. No puede esto quedar al criterio individual sino al mandato colectivo de su propia clase. Lo contrario es sólo un maquiavélico sofisma basado en la vieja fórmula de "dividir para reinar".

El profesor universitario, señor William Thayer, en un ciclo de conferencias que diera en la Universidad de Chile el año 1950, publicadas por ese organismo en un folleto intitulado "Análisis Crítico del Derecho Colectivo del Trabajo", en su capítulo VI, establece los siguientes juicios:

"Los trabajadores se asocian en sindicatos —primero y ante todo— para equilibrar por la fuerza de la asociación, la fuerza superior que el capital o sus representantes tienen en la sociedad, que por eso mismo se denomina capitalista."

"Comprendemos que hay diferencias ideológicas que muchas veces harán difícil o imposible la convivencia útil en una misma organización sindical. En nuestro concepto, el esfuerzo de los trabajadores debe estar puesto en NO HERIR LA UNIDAD SINDICAL, trayendo al seno de la vida sindical cuestiones que puedan romper dicha unidad. En la medida en que algún grupo se empeñe en hacerlo, estará forzando a otros grupos a separarse del sindicato y se estará quebrando así la unidad de representación del grupo económico, que en nuestro concepto, CONSTITUYE EL IDEAL QUE DEBE BUSCARSE."

Estos juicios emitidos desde la cátedra universitaria por el Profesor William Thayer, se contradicen abiertamente con su actitud y conducta como Ministro de Trabajo y Previsión Social.

¿Cree posible el señor Thayer que los trabajadores, divididos y disgregados en diversas organizaciones dentro de una misma industria, empresa, oficina o faena de trabajo, como lo propicia y establece su proyecto de ley sobre reforma del Libro III del Código del Trabajo, puedan enfrentarse con la más mínima probabilidad de éxito "a la fuerza superior que el capital o sus representantes tienen en la sociedad, que por eso mismo se denomina capitalista"?

El Profesor y el Ministro aparecen en franca contradicción.

¿Cree posible el Sr. Thayer que no se "hiere la unidad sindical" y no se destruye en sus raíces mismas "el ideal que en su concepto debe buscarse", cual es la unidad de la clase trabajadora, al establecer en su proyecto de ley una libertad metafísica y teórica que sólo daña a los explotados y sólo beneficia a los explotadores?

Una vez más el Profesor y el Ministro aparecen en franca contradicción.

Nos da la impresión de que al Sr. William Thayer lo ha envejecido espiritualmente el cargo que ocupa y que no logra ponerse a tono con la época contemporánea. Esto es grave para un Ministro de Estado.

La clase trabajadora chilena tiene plena conciencia de su responsabilidad y del papel que le corresponde desempeñar en la dirección y administración del país, como sector mayoritario, y es así como unánimemente ha repudiado el proyecto de ley enviado al Congreso Nacional por el Gobierno sobre esta materia y está dispuesta, según las declaraciones y acuerdos de sus organismos sindicales y gremiales, a no aceptar por ningún motivo se pretenda destruir lo que ha significado a través de su historia muchas vidas, mucho esfuerzo e inenarrables sacrificios.

Para bien del país esperamos que el Ministro del Trabajo y Previsión Social, señor William Thayer, se someta a las sabias enseñanzas que otrora nos diera el Profesor universitario, señor William Thayer.

CLOTARIO BLEST.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02