Chile al borde de un colapso


Chile al borde de un colapso

PUNTO FINAL entrevistó al senador socialista Carlos Altamirano sobre los abiertos síntomas de crisis que presenta el esquema político nacional.

La conversación con el senador Altamirano fue la siguiente:

El cuadro político nacional muestra características de crisis aguda. ¿Es que existe un trasfondo económico y social que justifique esa crisis en la superestructura política?

—Evidentemente. Desde hace mucho tiempo venimos advirtiendo que el sistema "capitalista dependiente", existente en Chile y en América latina, se ha revelado absolutamente incapaz de resolver los agudos y urgentes problemas de nuestro pueblo. No se trata de hombres. Es un régimen el que se encuentra en definitivo e irremediable fracaso. Con el señor Alessandri o con el señor Frei, Chile no progresa. Exhibimos las más bajas tasas de desarrollo de América latina. La inflación continúa galopante. La cesantía alcanza los más altos niveles. La agricultura, la industria y la minería se encuentran estagnadas. El cuadro anterior aparece distorsionado por los altísimos precios del cobre, situación que nos nace figurar con altos ingresos en moneda extranjera por concepto de exportaciones y a título de impuestos. El hecho concreto e irrebatible es que nuestro país está tocando fondo en materia de anarquía política, de caos económico, de crisis moral, de frustración colectiva.

—Debemos considerar muy especialmente el hecho de que aparentemente no existirían razones para un cuadro tan sombrío y deplorable. Como se encarga de demostrarlo el propio Ministro de Hacienda en su última exposición al país, Chile ha dispuesto de mayores ingresos por concepto de exportaciones de toda su historia del orden de los 400 millones de dólares anuales. Esto es, dos mil millones de dólares en los últimos cinco años. Lo anterior se debe esencialmente, como ya lo expresé, el aumento del precio del cobre. Si comparamos la situación de Chile con cualquier otro país latinoamericano en esta materia, resultamos muy favorecidos. Chile dispone de 115 dólares por persona si dividimos el valor total de sus exportaciones por la población, en circunstancias que países como Argentina sólo cuentan con 64 dólares por persona. México 48 y Brasil con 19. En otras palabras, no podemos alegar falta de recursos extranjeros. Aun más, durante los años 1968 y 1969, a titulo de créditos e inversiones extranjeros, recibimos según el Ministro de Hacienda, 536 y 540 millones de dólares, respectivamente. Más de mil millones de dólares en sólo dos años. También debemos recordar que Chile es el país más endeudado de la tierra, excepto Israel. La deuda por habitante es de 250 dólares, aproximadamente. El país que nos sigue en materia de endeudamiento es Brasil, 130 dólares por habitante. En estas condiciones, ¿porqué la gravísima crisis política, económica y social que afecta a nuestro país? ¿Acaso nos faltan los dólares? ¿No ha dispuesto el gobierno de facultades casi omnímodas para resolver los problemas nacionales? La respuesta a estas preguntas no puede sino llevarnos a la conclusión de que el problema de nuestro pueblo y de los pueblos de América latina, no se resuelve con dólares más o dólares menos, con gobiernos reformistas o con paliativos circunstanciales. Es necesaria una reforma profunda en nuestras estructuras económicas, en nuestros hábitos políticos, y en el sistema institucional vigente. Si no se emprende tal proceso radical y revolucionarlo de cambios, continuaremos vegetando. Siempre habrá disculpas: que un terremoto, que la sequía, que la obstrucción parlamentaria, que la rebelión militar, que la falta de cooperación de los partidos políticos, etc. Pero todas estas justificaciones no son sino pelos de la cola. El actual proceso sociopolítico y económico nos lleva irremediablemente a un colapso institucional. La última crisis militar no es sino una expresión de la crisis de la institucionalidad toda, expresada en los partidos políticos, en los Poderes Públicos, en la frustración de la juventud, en las tensiones sociales, en la gravísima corrupción gubernativa, en los serios trastornos surgidos en el seno de la Iglesia Católica. Esto no es obra, como parecieran creerlo algunos observadores simplistas o repetidores de consignas añejas, de "agitador irresponsables", de "aventureros infantilistas", de "extremistas violentistas", de "militares golpistas". Sería atribuirle demasiada importancia a tales "agitadores" o "verbalistas revolucionarios" si ila acción bastara para producir tan dramáticos trastornos en el seno de la sociedad. Quienes reciben tales calificativos no son sino la expresión más acusada de una realidad innegable, cual es que nuestra sociedad no puede continuar desarrollándose bajo ms y estructuras que la están aplastando y arrastrando a un e) de desesperación imposible de controlar.

La crisis de todo el sistema a llegado a un punto culminante y cualesquiera sean los canales a través de los cuales se expresa ésta, Chile deberá enfrentarse dy corto plazo a la alternativa de tener que escoger entre mai.r el actual sistema, utilizando procedimientos cada vez más ítos y represivos, incluido en ello el golpe militar reaccionario o romper estas estructuras a través de un proceso auténticamente revolucionario y liberador.

Ud. señala que existe una crisis económica en Chile, ¿cómo describiría Ud. la realidad del país en términos de esa crisis?

—Para contestar bastaría recordar lo que el gobierno prometió en noviembre de 1964, y los resultados que exhibe en noviembre de 1969:

Prometió terminar con la inflación en tres años. Fracaso absoluto. Este año la inflación excederá en cifras reales el 30 por ciento.

Prometió una tasa de desarrollo del 2,5 por ciento per capita anual. Fracaso absoluto. Escasamente llegará al 1,5 por ciento como promedio anual a pesar del extraordinario precio del cobre.

Prometió una reforma agraria "rápida, drástica y masiva" y cien mil nuevos propietarios en la agricultura. Fracaso absoluto. La reforma agraria se encuentra paralizada y no existe un solo nuevo propietario agrícola.

Prometió aumentar la tasa de ahorro, fundamental para un desarrollo acelerado y autónomo de la economía nacional. Fracaso absoluto. El Ministro de Hacienda reconoce que descendió de un 14.2 por ciento a un 13.9 por ciento en el lapso comprendido en los años 1964 y 1969.

Prometió construir 60 mil casas al año para reducir sólo en parte el déficit habitacional. Fracaso absoluto. Sólo se han construido en promedio 33 mil viviendas al año y la mayoría de ellas de pésima calidad. En el fondo, la pretendida solución habitacional no consiste sino en postergar el problema construyendo poblaciones callampas a plazos. En diez años más —si no antes— las actuales poblaciones, dada su calidad, serán simples vejestorios, derruidos e insalubres, y pagados con dividendos reajustables.

Prometió terminar con la cesantía. Fracaso absoluto. Esta sigue en los mismos altísimos niveles de las anteriores Administraciones reaccionarias. La desocupación fluctúa en torno al 5,5 por ciento, según las cifras oficiales de los estudios practicados por la Universidad de Chile.

Prometió mayor independencia económica. Fracaso absoluto. El endeudamiento del sector público ha sido igual o mayor que el del período alessandrista. Alcanza a los 2.800 millones de dólares. La remesa de capitales al exterior, por concepto de utilidades de las grandes empresas extranjeras, intereses de créditos, royalties, amortizaciones de la deuda externa, depreciaciones y repatriación de inversiones, llegó este año, 1969, a la increíble cifra de 500 millones de dólares, en circunstancias que el ingreso global del país en moneda extranjera alcanzó a 1.100 millones de dólares. En otras palabras, casi el 50 por ciento de nuestras disponibilidades en moneda extranjera retornan de inmediato al exterior por los conceptos enumerados anteriormente. El magro desarrollo industrial se debe básicamente a un gigantesco proceso de desnacionalización de nuestra precaria manufactura. Las nuevas empresas de celulosa, petroquímica, electrónica, automotriz, elaboradoras de cobre, son todas norteamericanas. El débil desarrollo industrial chileno es el desarrollo yanqui en Chile.

Prometió redistribuir con mayor justicia el ingreso nacional. Fracaso absoluto. Del cuadro elaborado por la Corporación de Fomento, el cual comprende el período que va de 1960 a 1968, se deduce cómo en el primero de estos años el sector asalariado de empleados y obreros participaba en un 44,4 por ciento del ingreso. En cambio en 1968 lo hace en un 43,4 por ciento. Estas cifras no pueden ser más elocuentes.

Excepto en materia educacional y en algún sector campesino, el régimen reformista del señor Frei no ha logrado ninguna transformación sustantiva, como no sea los pequeños progresos que todos los gobiernos efectúan en relación a sus anteriores, especialmente debido a los avances tecnológicos mundiales.

¿Cómo definiría usted la crisis política que es el resultado de la situación económica y social que ha descrito? ¿Qué síntomas de crisis política advierte usted?

—La crisis política la definiría como la progresiva pérdida de poder del gobierno, la anarquización de su partido único y las serias contradicciones surgidas en el seno de la burguesía chilena y de la propia izquierda.

El gobierno ya no manda. Este es un hecho. El 21 da octubre debió rendirse incondicionalmente a las exigencias de un sector de las Fuerzas Armadas, que impuso la totalidad de sus puntos de vista a través de la llamada "Acta del Tacna". El señor Frei había venido tramitando a las Fuerzas Armadas desde mayo del año pasado, fecha en que debió renunciar el ministro de Defensa en ese momento y el Comandante en Jefe del Ejército. Tanto el nuevo Ministro, como el nuevo comando de los Institutos armados prometieron resolver los problemas en un breve plazo. Sin embargo, debieron ocurrir los gravísimos hechos que culminaron en la toma del Regimiento "Tacna" el 21 de octubre y en sus consecuencias posteriores, para que el Gobierno cediera en todo lo que había venido negando a través de año y medio. Hay crisis en el partido de gobierno, porque el señor Frei no quiere la candidatura del señor Tomic y aspira abiertamente y desembozadamente a transar con un sector de la Derecha tradicional. Existe crisis en las viejas fuerzas de la burguesía chilena porque éstas también están divididas entre aquellos que piensan en que el señor Alessandri les abre una perspectiva de triunfo electoral en 1970 y los que creen garantizar mejor sus posiciones de privilegio recurriendo lisa y llanamente al golpe militar gorila apoyado por los norteamericanos.

Por último, también se evidencia la crisis en los partidos de la Izquierda chilena cuando se han revelado incapaces de crear una alternativa de poder distinta, nueva, revolucionaria y unitaria para la clase trabajadora.

Cuando usted habla de "crisis moral" ¿a qué factores concretos de ella se está refiriendo?

—Me estoy refiriendo al relajamiento general que existe, especialmente manifestado en los grandes escándalos administrativos. Existe conciencia cabal de que en estos instantes se está recurriendo a los procedimientos más sucios y torvos para obtener recursos destinados a financiar el gran circo electoral de 1970. El partido de gobierno confiesa, con el mayor desenfado, que es legítimo presionar a comerciantes e industriales poderosos para conseguir recursos económicos y se pretende convencer al país que ellos serían producto de "donaciones" generosas, espontáneas y voluntarias de estos empresarios.

Se procesa y se persigue implacablemente a los que arriesgando su vida y su libertad, buscan medios económicos en acciones expropiatorias realizadas en grandes empresas financieras.

Nos preguntamos, ¿qué diferencia existe entre "asaltar" un banco y exigir con revólver en mano la entrega de los fondos acumulados, o "asaltar" a un industrial o a un comerciante poderoso extorsionándolo con la amenaza, no de un revólver, pero sí de la suspensión de créditos, expropiaciones de predios agrícolas, investigaciones tributarias, supresión de cuotas de importación o denunciarlos por posibles delitos administrativos, aduaneros o tributarios? En último término, nos parece más honesta la presión ejercida colocando en juego la propia vida y la libertad personal, a la que se efectúa cobarde e hipócritamente amparándose en el inmenso poder del Estado y a través da presiones indirectas ejercidas con la impunidad que otorga el respeto de altas funciones públicas.

Frente a este cuadro de crisis económica, política y moral, ¿cuál cree usted que es la salida que debe buscar nuestro pueblo?

—¡Una y muy simple, pero al mismo tiempo muy difícil: definirse. Pero entiéndase bien: el proceso de definiciones no sólo involucra un pronunciamiento claro y categórico de las fuerzas políticas sino de todos los sectores sociales chilenos.

Un gran porcentaje de compatriotas piensa que es posible continuar "ordeñando" este sistema capitalista. Otros creen que Dios es chileno y al igual que en el pasado nos "farreamos" las inmensas riquezas derivadas del monopolio del salitre, en este siglo podemos continuar farreándonos los fantásticos recursos provenientes del cobre. Por último, también podemos farrearnos los dos mil millones de dólares de mayor endeudamiento extranjero y la entrega a destajo de la industria chilena a los grandes consorcios imperialistas.

Lo que en último término se quiere evitar es lo único que puede darnos un desarrollo autónomo, libre y soberano, cual es un cambio sustancial y revolucionario de todos los valores arcaicos que presiden nuestra vida nacional. Pero este cambio exige decisión y sacrificio. Es absolutamente imposible emprender tan grandiosa y trascendente tarea sin hacer conciencia en el pueblo chileno —por una parte— que este sistema ya no da para más, que ha tocado fondo, que vivimos de prestado, que estamos derrochando increíbles posibilidades futuras postergando un verdadero avance y progreso económico, cultural, científico, tecnológico y humano; y por otra, que la construcción de una nueva sociedad nos obliga a grandes esfuerzos.

Debemos convencernos de que es imposible conservar el actual sistema y al mismo tiempo mejorar el standard de vida del pueblo, aumentar sus remuneraciones, extender los beneficios previsionales, entregar a cada habitante televisores, radios, autos, etc. Progreso económico y régimen capitalista son dos términos absolutamente contradictorios. Pero también lo es cambio radical de la sociedad sin esfuerzo, sacrificio, trabajo, disciplina y organización. Las vanguardias políticas de la clase trabajadora deben llamar a ésta a iniciar esta gigantesca tarea. Pero sin mentiras ni demagogias.

Chile puede cambiar. Aun más, Chile debe cambiar si no quiere perecer. Pero este cambio exige unidad de las fuerzas revolucionarias, absoluta claridad en los objetivos programáticos, ninguna concesión a conductas conciliatorias con sectores sociales antagónicos o transacciones con posiciones reformistas con el discutible objetivo de ampliar la base social de las fuerzas revolucionarias, o, lo que sería peor, pretender en base a estos subterfugios crear un ilusionismo electoralista. Abrigamos la íntima y profunda convicción de que diciendo la verdad y nada más que la verdad, por dura y amarga que ella pueda parecer a veces, es como lograremos constituir un frente unido con metas claras y resuelto a conquistar el Poder y no ser meros grupos de presión dentro de las distintas estructuras de la sociedad burguesa. Incluso aquellos que colocan exageradas esperanzas en un triunfo electoral deberán entender que una conducta consecuente, honesta, valiente, clara y revolucionaria, rinde a la postre mucho más que la vieja y tradicional política de alianzas oportunistas y ocasionales, de transacciones politiqueras, de pactos efectuados con exclusivo afán electoralista.

Somos optimistas, estamos convencidos de que llegaremos a forjar este frente unitario de fuerzas revolucionarias, capaz de cambiar el estilo y contenido del viejo accionar político de la izquierda tradicional chilena y logrado ese alto y trascendente objetivo no nos cabe la menor duda que el futuro es nuestro, que la conquista del Poder por parte de la clase trabajadora será una realidad a breve plazo, dado el profundo e irremediable estado de descomposición del actual sistema y de sus valores de vida.

J. C. M.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02