Partido Comunista: ¿Reforma o Revolución?

DOCUMENTOS
Suplemento de la edición Nº 91 de PUNTO FINAL
Martes 11 de noviembre de 1969
Santiago - Chile

Partido Comunista: ¿Reforma o Revolución?

Por GLAURIS FERNÁNDEZ

A propósito del próximo Congreso Nacional que celebrará el Partido Comunista de Chile, ha sido elaborado un análisis crítico del programa y convocatoria, que presentamos en esta separata. Los conceptos que expresa su autor no son compartidos en su totalidad por PF que, sin embargo, estima que se trata de un documento serio que intenta una crítica necesaria sobre la conducta y formulaciones programáticas de uno de los más importantes partidos políticos chilenos. PF considera que, sin duda, muchas de las apreciaciones que aquí se vierten son susceptibles de controversia para lo cual —como es norma invariable— quedan abiertas las páginas de la revista.

EN este artículo realizaremos un análisis del proyecto de nuevo programa y de la Convocatoria al XIV Congreso Nacional del Partido Comunista de Chile.

Nuestro objetivo es colaborar con la lucha ideológica que ya ha empezado en el seno mismo del partido y que se hace necesario profundizar, debido a que el agudizamiento de la crisis del sistema obligará a la izquierda chilena a replantear sus posiciones frente al nuevo carácter que asumirá la lucha de clases en el país.

Los documentos mencionados, presentados por la dirección del PC chileno a sus militantes, y frente a los cuales aún no se ha presentado públicamente ningún proyecto alternativo, están dirigidos únicamente a los puntos esenciales referentes al análisis de la realidad chilena.

Sería conveniente, para una mejor comprensión de la línea del PCCH empezar el análisis por la posición de éste frente al movimiento comunista mundial, pero las limitaciones de este artículo nos hacen postergar para más adelante esta tarea, así como un análisis más amplio de los fundamentos generales del reformismo.

La crítica que se hará a la línea que se desprende de los documentos ya citados puede sintetizarse en dos grandes rubros:

I. Críticas al método de análisis, a las deficiencias teóricas y a la estrategia y táctica;
II. Otras críticas y hacia dónde conduce su programa el PC.

I. Críticas al método de análisis, a las deficiencias teóricas y a la estrategia y táctica.

La primera crítica que, además, es la fundamental pues en gran medida las otras se deducen de ella, reside en la incapacidad para utilizar el método y las categorías analíticas del marxismo en el análisis de la realidad histórico-social latinoamericana y chilena en particular. Dicha incapacidad se revela a través de las confusiones y equívocos manifestados en dos niveles:

a) en el nivel del análisis teórico general en el cual el método utilizado es empirista, las categorías analíticas han sido tomadas en préstamo de la ideología burguesa, las definiciones son ambiguas, etc.
b) en el nivel del análisis específico del carácter que asumen las relaciones de dependencia en América latina y particularmente en Chile.

A nivel teórico general las deficiencias se revelan primeramente a través del empirismo que caracteriza la forma de raciocinio. Ello conduce a la imposibilidad de una interpretación totalizadora de la realidad, restringiendo por lo tanto la comprensión del proceso histórico, además de limitar la capacidad de previsión del mismo. Todo ello conduce por una parte al espontaneísmo y por otra al inmediatismo (en la medida que sólo se perciben las alternativas ya dadas del proceso), incapacitando al PC para ejercer una efectiva conducción revolucionaria del movimiento popular. Las limitaciones de esa forma de análisis, por ejemplo, se plantean cuando al hablar sobre la necesidad de la unidad popular no sólo en función de las elecciones, señalan:

"tenemos en cuenta los diversos frentes en que se da la batalla y las posibilidades de que los acontecimientos cambien la situación y lleven por otras vías el proceso de la revolución chilena".

Pero, ¿cuáles son esas otras vías? ¿De dónde proviene esa "posibilidad"? No hay contestación. Y lo más grave aún, reconociendo que hay "posibilidad" de otras vías, el partido no se prepara a sí mismo ni tampoco prepara a las masas, para la vía insurreccional, por ejemplo.

Estas deficiencias se manifiestan también en la utilización de categorías tales como "el patriotismo", el "desarrollo progresista de la economía nacional", etc., que revelan una concepción pequeño burguesa del proceso histórico social, que incapaz de forjar sus propios elementos de comprensión de la realidad pide prestados los elementos teóricos elaborados por el pensamiento y la ideología burguesa.

Sin embargo, el problema no reside únicamente en el hecho de utilizar categorías burguesas de análisis sino, y como producto de las limitaciones metodológicas señaladas previamente, sobre todo en la incapacidad de realizar un análisis del carácter clasista del sistema capitalista en Chile y de los instrumentos de poder de las clases dominantes.

Esto lo lleva a negar sin que exista ningún fundamento serio el análisis marxista sobre el papel de las fuerzas armadas como instrumento de dominación [1] . Niegan el análisis de Lenin en El Estado y la Revolución en el cual se plantea, como resultado de un análisis que hasta hoy la práctica histórica ni el reformismo han podido refutar, que el ejército es el principal instrumento a través del cual se puede ejercer la dominación burguesa y que su destrucción es condición para implantar el socialismo.

Cincuenta años después de las enseñanzas de la primera revolución socialista; después de la lección derivada del fracaso de los socialdemócratas en Europa, que ganaron la mayoría parlamentaria y gobernaron manteniendo el aparato burocrático y militar del Estado burgués, lo que los condujo al fracaso y creó las condiciones para el florecimiento del nazismo y del fascismo; después de la victoria de la revolución china que fue posible luego de una larga guerra popular en el transcurso de la cual el PC creó un ejército del pueblo opuesto al ejército nacional; después de la victoria de la guerra popular en Vietnam derrotando al imperialismo francés y posteriormente enfrentando a los norteamericanos; finalmente, después de la victoria de la Revolución Cubana que, aunque no siendo inicialmente socialista, mediante la destrucción del ejército de Batista permitió su ulterior avance hacia el socialismo ... Después de todo eso, los dirigentes del PCCH siguen diciendo que "los fundadores de la República crearon las Fuerzas Armadas para luchar por la independencia del país (sic) y por el derecho de los chilenos a darnos (sic) el régimen que más nos plazca defendiendo nuestra libertad y soberanía. (sic) El Partido Comunista valoriza el espíritu profesional de nuestras Fuerzas Armadas". (Subrayados nuestros).

Las citas sobre el papel de los aparatos represivos, a las que se podrían agregar muchas otras, ilustran bien la crítica que veníamos haciendo en orden a que el Partido Comunista no realiza un análisis de clase y desconoce o simplemente no utiliza el método de análisis marxista. Esto es reafirmado cuando se dice que "el PC no comparte el criterio de quienes piensan que las Fuerzas Armadas han de servir indefectiblemente de instrumento contra el pueblo", aunque expresen su "rechazo eminentemente patriótico a la frecuente utilización de sus efectivos en labores represivas de las luchas de los obreros y estudiantes ...".

Pero, señores dirigentes del Partido Comunista, al final ¿para qué fueron creadas las Fuerzas Armadas? ¿Sólo para proteger las fronteras nacionales? ¿O también para mantener el orden interno? ¡Claro, de eso se trata! ¡Mantener el orden contra el "desorden"! Pero ¿a quiénes se considera creadores del "desorden"? Los que no se benefician del orden, los que no tienen nada, los proletarios, los campesinos, los estudiantes, la plebe y todos los de esa especie. Entonces las Fuerzas Armadas existen para reprimirlos. Las Fuerzas Armadas no son "inocentes útiles", no son "utilizadas" también para reprimir, son creadas especialmente para eso; esa es la razón fundamental de su existencia.

La experiencia peruana ha generado una gran confusión entre los empiristas de izquierda, a los cuales los hechos inmediatos son los que importan independientemente de su significación en un contexto de análisis más amplio. De cualquier forma, la historia de los militares peruanos es muy nueva. Hasta el presente en ningún momento su actuación ha entrado en contradicción con los intereses del nuevo capital internacional vinculado al sector industrial, aun cuando no negamos que pueda existir cierta desconfianza de éstos en lo referente a los métodos e ideas de la Junta Militar. Pero acompañemos un poco más el raciocinio de los dirigentes del Partido Comunista, "... los intentos de colocar a las Fuerzas Armadas contra el pueblo constituyen un crimen de lesa patria, porque atentan contra los intereses supremos del país".

¿Cuáles son "los intereses supremos del país"? Desde la perspectiva marxista éstos no existen cuando se trata de un país en el cual la vida de su población se desarrolla bajo un régimen económico social que se caracteriza por el enfrentamiento de clases radicalmente antagónicas. Las clases dominantes, que controlan el Estado y a través de él extienden su control hacia todas las esferas de la vida del país, intentan siempre presentar sus intereses como los intereses supremos de la patria, sus Fuerzas Armadas como las defensoras de todo el pueblo, sus parlamentos como legítimos representantes de todo el pueblo, y así sucesivamente.

El partido de los obreros no puede estar de acuerdo con esa mistificación y con los intentos de borrar el carácter de clase que se manifiesta en todos los aspectos de la vida social. Pero eso es sólo un aspecto de la cuestión. Es necesario señalar también que los dirigentes del Partido Comunista demuestran desconocer, lo que es sumamente grave, la nueva estrategia del imperialismo en América latina, cuyas bases vienen de lejos pero que ha sido reformulada a partir de la Revolución Cubana; más específicamente en el gobierno de Kennedy y que consiste en capacitar a las Fuerzas Armadas latinoamericanas, intentando coordinarlas para la nueva tarea que es la contrainsurgencia, preparándolas para exterminar rápidamente cualquier intento de rebelión popular. Al revés de lo que un raciocinio ingenuo puede llevar a creer, las FF.AA. en Latinoamérica se muestran cada día que pasa como un instrumento más efectivo de la dominación y de la contrarrevolución burguesa-imperialista.

No obstante, es necesario separar el análisis de las FF.AA. en tanto institución, del rol de los militares en cuanto individuos que son parte del conjunto de la sociedad y que actúan dentro de las estructuras sociales. Respecto a lo segundo, la mayoría de los militares están sometidos a una misma estructura impositiva de autoridad, a una profunda estratificación de sueldos y status que reflejan la estructura de clases del conjunto de ia sociedad. También ellos son afectados por la situación de subdesarrollo que limita las posibilidades técnicas en que se desenvuelven y los frustra en tanto profesionales. Por último, en las FF.AA. se refleja la dependencia estructural de nuestros países, pues este es uno de los sectores más visualizados (en nuestros días el más visualizado) por la política imperialista que busca adecuarlo a sus intereses. Es por ello natural que la crisis general del capitalismo dependiente afecte también a los militares y que se desarrollen en su interior distintas posiciones políticas. Es innegable que a la clase obrera, a su ideología de clase, pueden llegar muchos militares dispuestos a actuar contra el sentido de clase de la Institución. Incluso es posible que la clase obrera encuentre ahí aliados o simpatías por parte de sectores que sufren las consecuencias del sistema y que se inquietan frente al rol que las fuerzas imperialistas u oligárquicas quieren dar a las FF.AA., convirtiéndolas en defensoras de la dependencia o del golpismo.

Es indudable que cuando las clases dominantes tienen que apelar a los militares y a las Fuerzas Armadas como institución para situarlas en un primer plano político y para defender el sistema, no como fuerza armada sino como fuerza de gobierno, es porque su crisis está muy agudizada y ellas necesitan una política de fuerza contra los sectores populares o contra los otros sectores de la clase dominante. En América latina y en el mundo de nuestros días en que toda lucha de clases es esencialmente entre socialismo e imperialismo, es principalmente contra el movimiento popular que son llamados al gobierno los militares. No para realizar una política de oligarquías agrarias decadentes sino para realizar una política del gran capital internacional interesado en la integración latinoamericana, en la instalación de industrias avanzadas, en un gobierno de fuerza pero "modernizante".

No se confundan pues los teóricos del nasserismo, de los "militares de izquierda", etc.

Tampoco se puede considerar una política táctica revolucionaria la de defender a los militares como profesionales en un momento de intensa politización de ellos. Sólo una política de clases en el seno de las fuerzas armadas puede garantizar el apoyo de una parte de ellos al movimiento popular. Todo lo demás son ilusiones.

La separación entre las tareas de las FF.AA. como institución y los militares como grupo social con diferencias internas permite comprender cómo los mismos individuos que masacraron a obreros en El Salvador se movilicen casi sindicalmente para obtener aumentos salariales, o cómo los mismos militares que aplastaron las guerrillas peruanas con napalm nacionalicen el petróleo de Talara y hagan la reforma agraria.

Examinemos ahora las deficiencias en el análisis específico de las relaciones de dependencia, que son una consecuencia de las deficiencias teóricas generales, y que se revelan en:

a. La caracterización de los enemigos, de donde se deduce el carácter de la revolución y,

b. En el análisis de cómo se realizará la transición del capitalismo al socialismo a través de un gobierno popular.

La revolución es, según el programa del PC, antimperialista y antioligárquica, por oligarquía se entienden los monopolios, ya sean éstos industriales, agrarios, mineros, etc. En ese sentido, en algunas situaciones se refieren a la pequeña y mediana burguesía, en otras a los sectores de la burguesía no monopolista como posibles aliados. Lo que no comprenden los redactores es que a partir de la postguerra se verifica un proceso de concentración, centralización y monopolización dentro del sistema capitalista bajo la hegemonía de Estados Unidos y que ese proceso se extiende hacia el interior de los países dependientes, profundizando aún más la dependencia en todos sus niveles y liquidando todas las posibilidades de un desarrollo capitalista autónomo. Esa tendencia hacia la monopolización es un hecho objetivo y su desarrollo en América latina durante los años 50 y 60 tuvo como consecuencia plantear un dilema a las burguesías nacionales: o integrarse a los grupos monopólicos o desaparecer. Ese fue el resultado de un complejo proceso de control desde el centro hegemónico del desarrollo tecnológico y consecuente del proceso productivo y de los mercados. No nos cabe ahora analizar este proceso, sino partir de este hecho histórico para sacar de él sus consecuencias políticas.

Frente a esa situación, en la América latina actual y especialmente en el Chile de los últimos cuatro años cuando ese proceso alcanzó niveles bastante expresivos, carece de sentido plantear una lucha antimperialista que no sea a la vez anticapitalista. Plantear la lucha anticapitalista significa que no se puede contar con la pequeña burguesía como un aliado de clase, sino que la estrategia marxista debe buscar su neutralización asegurando una transición favorable hacia el socialismo. En las actuales condiciones chilenas, introducir la pequeña burguesía sin distinciones como un aliado de clase y limitar la lucha a objetivos democrático-burgueses o aun a un régimen mixto de capitalismo de Estado con la mediana y pequeña burguesía (la vía no capitalista o algo similar, como lo que se presenta en el programa del PC), es cultivar una peligrosa ilusión que no corresponde a las reales condiciones de clase en el país y someter la política del proletariado a la perspectiva utópica pequeño burguesa.

Para enfrentar los problemas fundamentales planteados al pueblo chileno por el fracaso del desarrollo dependiente hay que desarrollar un programa de transformaciones audaces que reoriente todo el aparato productivo, utilice la capacidad ociosa instalada de las fábricas para atender a su población; abra el camino de la industria de bienes durables y el de la industria pesada; reoriente hacia el campo gran parte de la población ociosa o subempleada en las ciudades; elimine gran parte del aparato burocrático inútil que el Estado creó en base a los recursos retirados de la tributación del cobre; liquide los latifundios sustituyéndolos fundamentalmente por haciendas colectivas y secundariamente por cooperativas de producción y consumo (que reúnan a los pequeños y medianos agricultores), en fin se trata de levantar al pueblo trabajador de Chile no para una política de pellizcos al Estado ni para obtener algunas miserables tajadas sino para asumir la responsabilidad de construir un país moderno con plena utilización de los recursos existentes hacia una sociedad socialista de la abundancia. También se trata de abrir una política internacional revolucionaria, plantear la integración andina y latinoamericana en términos socialistas abriendo camino hacia una América latina socialista, al lado de Cuba socialista y de los movimientos revolucionarios que se agigantan en el continente.

No proceder así significa permitir que el Partido Comunista adopte la perspectiva de los sectores burgueses menos progresistas, que son justamente los compuestos por las llamadas burguesías no monopolistas, que además de inexpresivos no pueden tener más ningún proyecto de desarrollo que proponer a la sociedad y que en la práctica están siendo superadas históricamente por los sectores más dinámicos de su propia clase que son los que detentan efectivamente el control material del progreso científico y tecnológico.

Es por eso que son equívocas las etapas de la revolución, propuestas por el programa, en donde se plantea que "los comunistas luchamos por unir a la mayoría del país, víctima del régimen capitalista, a fin de avanzar en una primera etapa por la senda de la revolución antimperialista y antioligárquica". De esa manera, el Partido Comunista chileno crea ilusiones de la posibilidad de una evolución gradual y por etapas, no pone en jaque, en la lucha cotidiana, al régimen capitalista que es la condición de existencia de otras formas de explotación especialmente de la imperialista. Acentúan exageradamente las contradicciones entre la burguesía y el imperialismo, que aun existiendo son contradicciones no antagónicas y que desaparecen cuando tienen que enfrentar al movimiento popular. No desarrolla la combatividad de las masas (aunque hagan marchas de protesta en contra del capitalismo, las cuales usualmente adoptan un carácter de fiesta... ) haciéndolas creer que son sus aliados fuerzas vacilantes e inexpresivas históricamente, y no las prepara para plantear la cuestión del poder, para construir y vivir bajo el socialismo. De este modo, siempre que sea perfeccionado el capitalismo es encarado como una forma aún válida de existencia del pueblo. Y en la medida en que no se está cuestionando su estructura económico social básica aun cuando los dirigentes del Partido Comunista no lo acepten, lo que proponen realizar es un programa de reformas progresistas, que sólo se diferencian de las planteadas por la Democracia Cristiana porque son más avanzadas, pero que no salen de los marcos del régimen. De esta manera, la crítica que hacen al reformismo se transforma en una falacia. Esto se debe a que los dirigentes comunistas no han logrado tener una visión clara de cómo se da el paso, la transición del capitalismo al socialismo y la concepción que tienen sobre este aspecto revela una vez más el carácter gradualista de su método de análisis. Esto se comprueba mejor cuando plantean que "las transformaciones que ella introduzca (la revolución antimperialista y antioligárquica) abren paso al advenimiento de nuevas relaciones de producción, al socialismo", y más aun: "El cumplimiento de los objetivos revolucionarios señalados, al fundamentarse en forma básica sobre el desarrollo de los sectores estatal y cooperativo, hará posible que el tránsito de esta primera etapa a la fase socialista pueda ser relativamente breve, dentro de un proceso continuo y único". (Subrayados nuestros).

Ahora bien, "el desarrollo de los sectores estatal y cooperativo" representando formas de capitalismo de estado, no conduce por sí mismo a una transición hacia el socialismo.

Si pensamos que en nuestros días el capitalismo monopólico tiene en el capitalismo de Estado su principal aliado, sería ilusorio esperar que la creación de un sector de capitalismo de estado amplio garantice o abra paso mecánicamente al socialismo. El capitalismo de estado puede ser progresivo y conducir al socialismo sólo cuando esté enmarcado dentro de una política revolucionaria que destruya el aparato estatal burgués (civil y militar) y construya sobre bases completamente nuevas la sociedad socialista. Los partidos comunistas de nuestros días perdieron toda la claridad revolucionaria que orientó la constitución de la Tercera Internacional. En aquellos tiempos era la cuestión del Estado la que separó a los comunistas de los socialdemócratas. En tanto éstos pusieron de lado la dictadura del proletariado, la cuestión de la destrucción del Estado burgués los comunistas lo tenían como problema crucial para su estrategia, como principio básico de su constitución.

¿Qué hay pues de comunista en la tesis de que un gobierno de unidad popular Negará al poder por elecciones? ¿o que mantendrá un ejército regular "profesional", fortaleciendo la burocracia estatal anterior y asegurándole los mejores privilegios del mundo?, ¿o manteniendo un pluralismo partidario donde no se define claramente la exclusión de los partidos burgueses, y todo lo que sea mantención del poder burgués? ¿Cómo se pueden llamar comunistas los que afirman que tal gobierno puede pasar al socialismo "dentro de un proceso único y continuo"?

¿Para qué sirvió todo el esfuerzo teórico de Marx, Engels, Lenin, etc.? ¿Para qué sirvió toda la experiencia histórica de la social-democracia, de los gobiernos laboristas, etc.? ¿Para qué sirvió la experiencia histórica del fracaso de los gobiernos populistas nacionalistas en Centroamérica, los Perón, los Var gas, los MNR, los Cárdenas, los Arévalos, los Goulart, etc.?

Históricamente se ha verificado —considerando las diferencias— en el caso ruso en 1917, chino y cubano, la transición del capitalismo al socialismo, pero no dentro de un "proceso continuo y único", sino en el seno dé un proceso insurreccional en que el pueblo estaba armado, en que los aparatos represivos fueron desmantelados y en que la cuestión del poder era claramente planteada (en los casos ruso y chino bajo la dirección del partido revolucionario). Aun cuando se tomaron inicialmente una serie de medidas que por sí solas no eran socialistas, ellas se verificaron dentro de un contexto revolucionario general en que la institucionalidad burguesa (y feudal en los casos ruso y chino) iba siendo rota y al mismo tiempo se iba socavando la base misma del sistema de dominación de la clase capitalista. Los momentos revolucionarios que dieron origen a regímenes socialistas han implicado históricamente rupturas radicales y cambios cualitativos y hasta hoy no ha sido posible demostrar, ni teórica ni prácticamente, cómo alcanzar el socialismo sin que medie una vía insurreccional.

El PC chileno no toma en consideración que las circunstancias históricas actuales han variado desde la Revolución Cubana hasta el presente. Después que la revolución democrático burguesa evolucionó en Cuba hacia una revolución socialista, las burguesías locales y el imperialismo no están dispuestos a que este fenómeno ocurra nuevamente en algún país latinoamericano. El caso de República Dominicana ilustra bien la disposición que tienen de impedir que ocurra tal evento. Además, en Chile, país cuyo proceso de industrialización viene de antes de la segunda guerra y que ya tiene un proletariado antiguo y con una expresiva tradición de lucha, lo que se trata no es de hacer una revolución burguesa, porque esa es una cuestión que prácticamente no se plantea más para la burguesía chilena, pero sí instaurar el socialismo. Esa alternativa es planteada como consecuencia de la crisis del desarrollo del capitalismo en Chile y por el proceso de integración de éste con Estados Unidos, lo que termina con la posibilidad de que las clases dominantes, inclusive la burguesía no monopólica, tengan un programa progresista y antagónico al imperialismo.

II. Otras críticas y hacia dónde conduce el programa.

De lo anteriormente expuesto se desprende la segunda, parte de la crítica,, que consiste en definir realmente cuál es el verdadero carácter del programa propuesto por la dirección del Partido Comunista chileno. O sea, hacia dónde van, qué es lo que pretenden, o mejor dicho cuales son los resultados prácticos de una política fundada en un análisis no marxista de la realidad chilena.

a) El carácter del gobierno popular como es definido en el programa y en la convocatoria revela que, de hecho, las "miras", o sea los horizontes de los dirigentes comunistas se colocan, a mediano o largo plazo, no propiamente en un sistema socialista tipo URSS (hasta el período de Stalin), China o Cuba, sino en un tipo de democracia popular al estilo europeo. Es ahí donde adquiere su verdadero sentido el respeto por la propiedad privada que se infiere en el programa, el respeto por los partidos de la oposición, en suma la visualización de un sistema pluri-clasista negando la necesidad de la dictadura del proletariado. La siguiente cita ilustra bien estas consideraciones: "Los comunistas consideramos que en un régimen de gobierno popular, y más adelante, en las condiciones del socialismo, todas las corrientes populares mantendrán sus propios perfiles, todas las creencias religiosas serán respetadas, existirá por tanto pluralismo ideológico y político, sin perjuicio de la lucha de cada cual por sus propias ideas. El gobierno por el cual luchamos está llamado a ser el más democrático que haya habido en el país, puesto que deberá ser generado por el pueblo, constituido por los partidos populares...". Es cierto que históricamente hubo casos de sistemas socialistas en los cuales se han mantenido las condiciones preconizadas por el PCCH, pero también es cierto que de todos esos países, el único en donde la revolución pudo ser llevada adelante y que realmente logró superar al capitalismo, fue China. Eso debido a la Revolución Cultural que se hizo, justamente, buscando eliminar los resabios de la democracia burguesa. En este sentido se puede decir que no existe ningún esfuerzo crítico serio por parte de los dirigentes del PCCH frente a la*rica experiencia de] campo socialista, salvo en relación a China, pero en donde la crítica es hecha desde una posición de miembro del bloque liderado por la URSS.

b) Aunque tenga '"vistas al socialismo" la estrategia propuesta para conquistar un "gobierno popular" plantea todo un proceso de modernización que en el hipotético caso que fuera posible de realizar —y eso es sumamente discutible, toda vez que el crecimiento de la derecha es mucho más vigoroso de lo que evalúan los comunistas—, conduciría al desarrollo de un capitalismo de Estado que tendería a consolidar mucho más el régimen que a cuestionarlo, en caso de que la crisis del capitalismo dependiente, que se manifiesta en toda América latina y también en Chile, no planteara antes la necesidad, en lo político, de formas de gobierno mucho más represivas, y en lo económico, no condujera al país a un largo período de estancamiento.

c) Es necesario señalar lo ilusorio del democratismo de este programa. El confunde lo democrático con el liberalismo. La democracia no se asegura con la mantención de libertades formales, sino que con la posibilidad de participación real de las masas populares en el poder. Y esto sólo es posible, como lo señalaban Marx y Engels al analizar la experiencia de la Comuna de París, o Lenin en "El Estado y la Revolución", cuando las masas aseguren el control lo más directo posible del Estado con una mínima interferencia de un aparato burocrático que debe ser minimizado, restringido y limitado al máximo. La democracia se asegura con la auténtica participación popular en el gobierno de las empresas, de las comunas, del Estado nacional, de la planificación, etc. Esta es la democracia socialista donde el partido o los partidos revolucionarios (y sólo los partidos que admiten la dictadura del proletariado tienen derecho a voz y voto en la sociedad socialista), representa un sector político organizado del proletariado y de sus aliados de clase, cuyos derechos de movilización deben asegurarse para garantizar democráticamente su dictadura.

El que esto no haya sido asegurado en la URSS de la fase stalinista y poststalinista, es producto de condiciones históricas (cerco imperialista, guerra civil y guerras externas terribles, reacción del campesinado rico, atraso económico del campo ruso, etc.), que van desapareciendo con el surgimiento de nuevos países socialistas que deben aspirar a ir mucho más lejos de lo que fue posible alcanzar en la URSS, ayudando a su proletariado a alcanzar la democracia socialista.

No queda de ninguna manera claro lo que el gobierno popular representa como transición al socialismo. Vimos ya lo absurdo que es ver como pacífica su constitución y lo más absurdo es ver como pacífico y "continuo" su paso al socialismo. Ahora vemos cuan oscura es la definición de su contenido de clase, de los sectores sociales que convivirán en ella. De la extensión y el límite que tendrá, del carácter concreto de la transición al socialismo. El hecho de que estén tan oscuras todas esas cosas, no es sino reflejo del empirismo de quienes las formulan.

d) El resultado es que el programa del partido se confunde con el programa para las elecciones del 70, y aunque el partido insista que las elecciones son una de las múltiples formas que puede adoptar la actividad de las masas, no trata de explicitar otras formas y ésta se convierte en la forma principal de la actividad del partido. Su programa y la convocatoria se revisten de un carácter profundamente electorero, en un viejo estilo populista tomado prestado de los nacionalistas burgueses.

Es así como el PCCH recorre y levanta las rotas banderas del desarrollismo burgués en un momento en que la propia burguesía aliada a las oligarquías y al imperialismo se preparan e intentan llevar a cabo en América latina y en Chile un desarrollo dependiente que hasta el momento sólo ha producido estagnación y frustración; gobiernos fuertes y represión popular.

e) El programa propuesto por la dirección del PCCH pone énfasis en el distributivismo, o sea no es un programa cuyo cumplimiento provocaría un impetuoso desarrollo de las fuerzas productivas y que sería capaz de permitir al país superar su condición de subdesarrollado. En ese sentido, aun desde el punto de vista del desarrollismo, es limitado y esa limitación viene del hecho de que lo que se propone es un reformismo visto desde la perspectiva pequeño burguesa, que quiere conciliar las necesidades de la acumulación de capital con protección a la pequeña burguesía y concesiones a la clase media y sectores obreros.

Resumiendo, el carácter de los objetivos programáticos es tan amplio en relación a los aliados, tan restricto en relación a los enemigos y tan limitado en lo referente a las metas, que los intereses de las clases realmente revolucionarias son mezclados, confundidos y descaracterizados en nombre de vaguedades tales como "las conveniencias de Chile", de la "unidad y la acción conjunta de todas las fuerzas que están contra los enemigos fundamentales del país", etc. En nombre de "las conveniencias de Chile" se plantean, por ejemplo, como "partidarios de una concepción moderna, patriótica y popular de la defensa de la soberanía nacional, y que se asegure a todas las ramas de las Fuerzas Armadas los medios materiales y técnicos para el cumplimiento de su misión específica, lo que exige garantizar la seguridad económica, formación profesional y ascenso, tanto a oficiales, suboficiales como a clases, mediante remuneraciones compatibles con sus funciones y necesidades durante su permanencia en las filas y en las condiciones del retiro. Defendemos el carácter profesional de las Fuerzas Armadas...", etc. (Subrayados nuestros).

En cuanto al carácter "profesional" o de la "misión específica" de las Fuerzas Armadas, hicimos previamente la crítica, sólo queríamos señalar una vez más que únicamente un raciocinio típicamente pequeño burgués es incapaz de comprender que no existe el carácter "profesional" desvinculado de lo político, que no existe una misma patria de los burgueses y proletarios, y que por detrás de esas funciones aparentemente supra-clases se asienta y se garantiza la dominación burguesa.

f) Debido a que las metas de los dirigentes del PCCH son tan restrictas, sus éxitos parciales son tomados en forma exagerada, cuando por ejemplo plantean que "desde el punto de vista de la radicalización de la conciencia y de la ampliación del movimiento social los éxitos han sido muy significativos. Hoy la CUT alcanza su mayor amplitud y consistencia como organización clasista. Los trabajadores del campo entran con fuerza por el camino de la sindicalización y de la lucha por la tierra y por sus derechos económicos y sociales. Se abre paso, con el impulso de los estudiantes y los profesores y del personal administrativo, la Reforma Universitaria. Se multiplican las juntas de vecinos y los centros de madres, elevando sus luchas en demanda de viviendas, urbanización, atención a la salud, escuelas y jardines infantiles. La batalla por la nacionalización del cobre se ha convertido en una causa que comparte la gran mayoría del país. Se fortalecen y extienden las posiciones y la influencia del Partido Comunista y reafirman y mejoran las suyas otros sectores de la izquierda".

De hecho todo eso se hizo y se hace. Pero todo eso lejos de demostrar que las conquistas populares van en un movimiento ascendente, plantean la necesidad de cambiar hacia métodos más efectivos la lucha, principalmente debido a que:

—aunque la CUT haya crecido se ha mostrado incapaz de detener la creciente ola represiva, la masacre de trabajadores, estudiantes y campesinos;

—aunque el campesinado se esté sindicalizando, también se ha frustrado la débil reforma agraria propuesta por la democracia cristiana y los sectores latifundistas se levantan y se organizan con mayor vigor, como lo han venido demostrando los últimos acontecimientos;

—aunque la Universidad de Chile y la Universidad Técnica se hayan movilizado para la reforma y aún cuando los comunistas en un momento dado llegaron a ser la fuerza más expresiva de este proceso, la vieja Universidad se mantiene intocable, con toda su antigua casta de profesores e investigadores que mantienen la enseñanza dentro de los marcos permitidos y convenientes al desarrollo burgués. Los programas no han sufrido los cambios sustanciales que eran de esperar a consecuencia del proceso de reforma; el proceso de democratización no ha sido llevado hasta sus últimas consecuencias y básicamente el control sobre los mecanismos de poder permanece aún, en buena medida, en manos de los grupos de dominación tradicional, y de una burocracia ineficiente;

—aunque se haya logrado crear unas cuantas juntas de vecinos, centros de madres y se haya logrado una mayor movilización para reivindicar escuelas, jardines, hospitales todos estos problemas están lejos de ser resueltos y persisten Sos problemas estructurales del desempleo, carencia da alimentos, mala atención médica, pésimas condiciones de urbanización y se incorporan cada día más personas a la categoría de marginales;

—aunque la nacionalización se haya colocado a la orden del día durante un largo período, aunque se haya obtenido un apoyo bastante generalizado —incluso entre sectores conservadores— fue incapaz de generar un movimiento lo suficientemente fuerte para impedir la "nacionalización pactada" de Frei;

—finalmente, aunque haya aumentado un poco la votación de los partidos de izquierda, ha aumentado mucho más la fuerza de la derecha lo que se desprende no sólo del crecimiento muy expresivo da $u votación o mediante las encuestas que se han realizado, sino sobre todo por su capacidad de organización y especialmente por las demostraciones que empieza a dar en sus intentos de detener al movimiento popular.

Todas esas consideraciones, al revés de lo que plantean los comunistas, no indican que se pueden garantizar las conquistas populares y conducir el proceso revolucionario por vías reformistas, legalistas y pacifistas y detener el avance de la derecha y del fascismo. Pero sí ponen en el orden del día la necesidad de organizar y preparar al pueblo para enfrentamientos cada día más radicales y violentos. Pone en el orden del día no la necesidad de seguir reivindicando y protestando, sino la de prepararse para romper con la institucionalidad burguesa, dentro de la cual se puede lograr muy poco, y conquistar por la fuerza lo que es negado por las leyes. Pone en el orden del día la necesidad del camino insurreccional a través de la guerra popular.

g) Finalmente nos cabe criticar aun la posición del partido frente a la cuestión de la unidad popular. Si bien es cierto que es importante lograr unidad y que no se debe mantener una actitud sectaria frente a los aliados lo decisivo no es la unidad, sino la unidad en torno a algo. Si la unidad hace avanzar el proceso revolucionario, o sea, si no implica concesiones de principios, si no implica amortiguar las contradicciones con el sistema en vez de profundizarlas, en suma, si no significa hacer concesiones al reformismo, la unidad debe ser buscada, pero sólo cuando se forja dentro de esas condiciones. Plantear la unidad popular en principio, como lo decisivo, en la forma que lo hacen los dirigentes del PCCH es un error de serias consecuencias. Porque cuando se busca lo que une y se entusiasma con la política de la amplitud se olvida a menudo que frente a determinados tipos de "aliados" —como por ejemplo la llamada burguesía no monopolista, la burguesía mediana y sectores de la pequeña burguesía— justamente lo que no une son a menudo los aspectos fundamentales de una verdadera política obrera. Además, la concepción de que "lo decisivo es la unidad", conduce siempre a una actitud comprensiva y complaciente frente al reformismo burgués. Ello se traduce también en concesiones a la derecha y para la mantención de la unidad con esos sectores la actitud tiende a ser la exclusión de los que el partido llama "izquierdistas".

Pero como define el propio partido ¿esos sectores "izquierdistas" no forman también parte del pueblo? Entonces ¿por qué el partido no intenta ganarlos, convencerlos de la corrección de ciertas posiciones y atraerlos para una política de unidad? Eso, porque no se pueden juntar griegos y troyanos. No se puede unir a burgueses reformistas y revolucionarios. Por eso, ser muy amplio significa ser a la vez muy restricto, buscar la unidad significa delimitar precisamente la división. Entonces, lo decisivo no es la unidad, sino la unidad con quiénes, en torno a qué y para qué. Esa política de amplitud de frente popular preconizada por el partido, que de hecho cierra sus puertas a muchos sectores de la izquierda que —a pesar de sus errores, y ¿quién no los comete?— son efectivamente revolucionarios, lleva al partido a desarrollar una actitud típicamente stalinista al considerar a los grupos que están preconizando un camino insurreccional como "anticomunistas y agentes del imperialismo". Esa actitud de recusarse a discutir sus posiciones, revela más que nada el temor y también el miedo frente a los argumentos que se les oponen. Y de esta forma, los militantes del PCCH se dan cuenta de que no basta ser un partido de obreros para ser un partido de la clase obrera (como no lo fue la socialdemocracia europea, como no lo es el Partido Laborista inglés), y que ser comunista no significa sólo estar de acuerdo con un partido llamado comunista.

Sobre todo después de la Revolución Cubana se ha cuestionado definitivamente el monopolio de la izquierda por los partidos comunistas. Pero desde la época de Marx y Lenin ser comunista es actuar revolucionariamente. Pues bien, hoy día en Latinoamérica ser comunista es preparar y organizar al pueblo a través de su vanguardia, política y militarmente, para desencadenar la insurrección con miras a conquistar el poder para el pueblo a través de la instauración del socialismo. Eso es lo que define a los revolucionarios comunistas y no su carnet de afiliación.

Glauris Fernández


Notas:

1. El caso de las democracias europeas no sirve de ejemplo: 1) porque era una circunstancia especial motivada por la guerra, la mayoría de las veces el pueblo estaba armado, existía la dirección de los partidos comunistas y además contaron con la intervención de las tropas soviéticas; 2) porque en rigor no se puede hablar de dictadura del proletariado en esos países, y por lo tanto es discutible hablar de socialismo. Por último la conservación de extensas áreas de propiedad privada al lado de un estado burocrático que asimiló y mantuvo gran parte de su estructura anterior, creó un vas. to sector contrarrevolucionario que hoy día reivindica un régimen cada vez más "liberal" frente a un proletariado despolitizado, incapaz de oponer al liberalismo contrarrevolucionario la democracia socialista. La gravedad de la situación de estos países que ha sido demostrada por la revolución obrera en Alemania Democrática, rebelión húngara, los movimientos antirrusos en Polonia y la intervención en Checoslovaquia, no nos permiten ver en ellos ningún ejemplo a seguir.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02