Un pueblo armado de paciencia

PUNTO FINAL
Año IV. Nº 91
Martes 11 de noviembre de 1969

Editorial

EL SISTEMA LO NECESITA

JORGE Alessandri Rodríguez es ahora oficialmente el nuevo cóctel presidencial en la borrachera electoral que vive Chile. Provisto de la eficaz originalidad del silencio como táctica, Se presenta ya por este capítulo como un hombre distinto en la variada gama de los candidatos parlanchines. Alessandri es un hábil político burgués que extrae de la verdad, mentira. De ahí que enrrostrarle su edad física —y no lo añoso de sus ideas— constituye una majadería, como también el atacarle solamente con remoquetes pretendidamente ingeniosos, sólo logra el efecto de ocultar el verdadero carácter de su candidatura.

Si mucha gente respeta a Jorge Alessandri se debe al hecho de que no es un negociante y un traidor al estilo del radical González Videla, sino que al revés, es un hombre absolutamente fiel a su clase, a la clase gobernante de este país.

El Expresidente proclama hoy, con razón, el anacronismo de la Constitución Política, pero cuando habla de modificarla lo que desea es ponerla a tono con las tendencias modernas del sistema hacia el capitalismo de Estado y la concentración monopólica. Y más que eso, en su antipartidismo y en su supuesto apoliticismo, se perciben con claridad las tesis del capitalismo agresivo que fueron el fascismo y el nacismo.

La apelación de Alessandri a una "participación" de los trabajadores no puede ser vista más que como un recurso electorero, puesto que para él los intereses nacionales se confunden con los de los capitalistas, y la buena marcha de los "negocios públicos" significa en su pensamiento, un desarrollo sin obstáculos del sistema capitalista. Y son los trabajadores los que en su miseria cotidiana saben que es precisamente este régimen económico-social la causa de su explotación y de sus desgracias.

Alessandri es, por antonomasia, el candidato de los capitalistas criollos y en ese sentido, la suya es una candidatura que marcha en contra del desarrollo histórico de la Humanidad en la que está inserto nuestro país.

Pero, desde otro ángulo, no hay por qué asombrarse de sus aspiraciones presidenciales. Las elecciones, en su estructura actual, fueron creadas por la burguesía para mantener el Poder en los marcos de la pretendida democracia burguesa y la designación de Eduardo Frei es un ejemplo reciente de este aserto.

Hoy, como ayer, se puede afirmar que en el juego electoral, sometidos a las reglas de sus enemigos, los partidos de izquierda vivirán siempre en el espejismo del Poder, aunque éste será irremediablemente conquistado por el pueblo, pero con otros métodos.

PF


Política nacional

UN PUEBLO ARMADO DE PACIENCIA

MINUTOS después de ser informado que el General Roberto Viaux Marambio había entregado el cuartel de artillaría del regimiento Tacna a la autoridad militar legítima, el Presidente Eduardo Frei reunió en un salón de la Moneda a sus más resistentes colaboradores para agradecerles "todo lo que han hecho por el país". El gobernante dijo estar emocionado de la lealtad de los democratacristianos "los que por encima de las rencillas, son capaces de estar junto a su Presidente y correligionario en los momentos difíciles". En su arenga el gobernante recalcó que el desenlace de los acontecimientos del día 21 de octubre "la ha brindado una nueva oportunidad de sentir la satisfacción de ser chileno, porque este país es capaz de superar una compleja crisis militar sin que se dañe la autoridad civil, la cual sale incólume de esta prueba".

Según el Jefe del Estado la legalidad no se ha roto en Chile, conclusión que le satisface. La subsistencia del régimen legal le permite a Eduardo Frei conservar su investidura presidencial hasta noviembre de 1970, fecha en que deberá entregar el mando a su sucesor, que será elegido en septiembre del mismo año.

El Presidente de la Central Unica de Trabajadores, diputado comunista Luis Figueroa, declaró que hubo un "intento de golpe" de Estado (revista Plan, número 42) el que "fue conjurado por la acción organizada, decidida y combativa de los trabajadores agrupados bajo las banderas de la CUT y por la decisión de las fuerzas populares y democráticas".

La legalidad burguesa permanece en Chile, según los militares, porque jamás ellos atentaron en su contra. Los miembros de las Fuerzas Armadas dicen estar "heridos por la acción emprendida por el Gobierno y por algunos partidos políticos que lanzaron al pueblo contra nosotros".

Mencionan una y otra vez la proclama del General Viaux, emitida en la mañana del martes 21 de octubre: "La acción emprendida en la mañana de hoy por las diferentes Unidades de la Guarnición de Santiago, se refiere a un aspecto militar-profesional. Dejamos expresa constancia de nuestra absoluta lealtad a S. E. el Presidente de la República. Dejamos constancia que no tenemos concomitancia con partido político alguno ni tratamos de cambiar ni atentar contra las Instituciones Fundamentales de la República y sus poderes constituidos. Jamás hemos pensado ir en contra de los Gremios, Sindicatos o cualquiera organización de nuestro Pueblo, porque el Ejército es el Pueblo mismo".

El Presidente de la República sostiene que la legalidad está incólume, la Central Unica de Trabajadores asegura que ella impidió que la legalidad fuera quebrada y los uniformados expresan que jamás atentaron en su contra. Conclusión: la legalidad permanece.

Producida la crisis militar, tanto la burguesía como las fuerzas que se pronuncian contra el capitalismo se vieron obligadas a analizar el régimen legal existente en Chile para resolver si salían en su defensa, contribuían a derribarlo o bien se marginaban de los acontecimientos para dejarlo a merced de la acción de sus enemigos.

La Confederación de la Producción y el Comercio, entidad madre de la oligarquía y la burguesía criollas resolvió defender la legalidad existente "consciente de que el régimen democrático es el único que garantiza el normal desenvolvimiento de las actividades nacionales".

El Presidente de la Central Unica de Trabajadores dijo que los integrantes de la organización "salimos a la calle a defender los derechos de la clase obrera y, entre ellos, también el derecho de nuestro pueblo a darse mañana un Gobierno Popular", y con su acción contribuyeron a mantener la legalidad.

Desde barricadas encontradas las dos clases en pugna coincidieron en conservar la legalidad burguesa, pero el Presidente de la CUT recalcó que "los trabajadores no salimos a la calle a defender el Gobierno del señor Frei", no obstante en la práctica su acción le permitió al líder democratacristiano conservar su calidad de Presidente de la República.

La clase explotadora hizo un análisis de las conveniencias y desventajas que le aporta el régimen legal y resolvió colaborar en su conservación. Jorge Alessandri, genuino representante de la oligarquía chilena, llegó a la conclusión que no tiene influencias en las Fuerzas Armadas en servicio activo por lo que resolvió adelantar el lanzamiento de su candidatura presidencial para evitar que un sector de la derecha levantara a otro candidato. La decisión de Alessandri revela que los derechistas confían en triunfar en la elección presidencial de 1970, lo que les aseguraría la conservación del Poder Ejecutivo en sus manos.

La clase trabajadora orientada por los partidos marxistas se movilizó en defensa de sus derechos y aseguró la estabilidad legal. El Partido Comunista dijo: "Llamamos a la movilización de la clase obrera, de los campesinos, de los pobladores, de los estudiantes y de todos los chilenos dispuestos a defender sus derechos". La última parte del llamado sugiere su grado de amplitud ya que está dirigido a "todos los chilenos dispuestos a defender sus derechos", sin especificar su tipo. El Partido Socialista llamó a "los trabajadores no a defender la institucionalidad burguesa sino a movilizarse para imponer sus reivindicaciones sociales y políticas..." y sus militantes y los ciudadanos sobre los cuales ejerce influencia respondieron al llamado colaborando con los militantes comunistas.

Aún cuando los partidos representativos de la clase trabajadora afirmaron que no defendían la institucionalidad burguesa en la práctica lo hicieron.

La clase trabajadora, producida la crisis militar, tuvo al frente tres alternativas: a) desentenderse de la defensa de la legalidad; b) luchar en defensa de la legalidad, consciente que tiene conquistas que conservar; c) lanzarse a la lucha revolucionaria, aprovechando la coyuntura creada por los que amagaban la legalidad, para buscar un cambio da régimen, por considerar que el existente poco o nada ofrece de ventajoso al pueblo.

Por encima de las diferencias que surgieron entre ellos, comunistas y socialistas realizaron acciones conjuntas el día 21 de octubre, las que alcanzaron sus puntos más altos en las "tomas" de fábricas y servicios y en las concentraciones públicas que se efectuaron en diversos lugares del país. El Presidente de la CUT manifestó en un análisis de la acción desarrollada por los trabajadores, que estos paralizaron el país, con lo que coincidió la posición de la clase trabajadora con el llamado que hizo el burgués Presidente del Partido Demócrata Cristiano:

"Chilenos, paralicemos el país, paralicemos las fábricas, paralicemos las industrias, paralicemos los transportes, salgamos a protestar, salgamos a defender la libertad".

La clase trabajadora, dirigida por los Partidos Socialista, Comunista, MAPU y Radical descartó las alternativas expuestas más arriba con las letras a) y c) y se pronunció resueltamente en favor de la alternativa b).

La alternativa c) habría demandado una capacidad revolucionaria del pueblo, que de acuerdo con la realidad, no está madura. La alternativa a) habría retirado al pueblo del carácter de protagonista de la historia. La alternativa b) colocó al pueblo en la línea de la defensa de la legalidad burguesa.

Diez días después de haberse jugado el pueblo en defensa de la legalidad burguesa los parlamentarios de los Partidos Demócrata Cristiano y del Partido Nacional aprobaron en la Cámara de Diputados reformas profundas a la Constitución Política del Estado, que comprometen muchas de las conquistas que los trabajadores salieron a defender el día 21 de octubre.

En la Cámara de Diputados, el parlamentario y Presidente de la CUT dijo que "los trabajadores sabrán abrirse camino siguiendo cualquier vía para defender sus derechos y conquistas amagadas por la reacción en el proyecto de Reformas Constitucionales que propicia el Gobierno y apoyan el PDC y el PN".

El diputado comunista Luis Tejeda denunció en la Cámara que "el Congreso queda reducido a una mera entidad decorativa" y enumeró las 46 facultades que el Gobierno demócrata cristiano, con apoyo del Partido Nacional, le quitó al Parlamento.

El Gobierno queda como única autoridad para fijar las remuneraciones de los trabajadores de los sectores público y privado.

Sin que mediara ningún pronunciamiento violento el Gobierno del Presidente Eduardo Frei en pie, según las declaraciones de los dirigentes de los partidos populares por la acción de los trabajadores, atentó contra las conquistas de los trabajadores. El día jueves 30 de octubre la Comisión Política del Partido Comunista expresó: "En el día de ayer se consumó en la Cámara de Diputados un odioso atentado antidemocrático. El contubernio constituido por los Partidos Nacional y Demócrata Cristiano aprobó modificaciones regresivas y antipopulares de la Constitución sin considerar las protestas de las organizaciones sindicales, la exigencia de la CUT, de que se tuviese respeto por el pensamiento de la clase obrera y el paro realizado por la Federación Bancaria".

De acuerdo con la propia denuncia del Partido Comunista muchas de las conquistas más sagradas de la clase trabajadora fueron cercenadas por la combinación derechista. ¿Qué pensarán los trabajadores sobre la legalidad burguesa, después de ese atentado?

El pueblo chileno tiene una imagen de la legalidad burguesa distinta a la que se dibuja en los discursos en los cuales se elogia como un modelo para una América latina convulsionada por dictaduras.

Miles de trabajadores han pasado por los Tribunales de Justicia durante años y es difícil encontrar casos que demuestren que salieron de ellos con su dignidad intacta.

Trece obreros que trabajaron en la fábrica SABA, de propiedad de la firma comercial Wagner, Stein y Cía., S. A. C. fueron condenados por la Justicia a penas elevadísimas, acusados de haber provocado un incendio en la industria, durante los días en que se encontraban en huelga legal. Veintiocho obreros fueron procesados, de los ciento sesenta que trabajaban en la industria. Uno de los obreros fue condenado a diecisiete años de reclusión, otro a quince, un tercero a once y otros a penas menores.

La misma firma es investigada en estos momentos por fraude al Fisco y en ningún caso puede establecerse de parangón entre la reacción que tuvo el Estado frente a los obreros acusados de incendiarios, sin pruebas y la que ahora muestra respecto a los socios Wagner y Stein, aun cuando el daño económico que le causan estos últimos al país repercute sobre todos los chilenos.

La legalidad burguesa cuenta con una justicia de clase, como que ha sido copiada de sistemas jurídicos reaccionarios y se aplica por la clase que detenta el poder.

La sola observación del trato que da un policía a un obrero y el que da a un miembro de la burguesía o de la oligarquía son índices de las graves diferencias que impone el Estado entre los miembros de una y otra clase. Debe recordarse que un crimen que alcanzó ribetes espectaculares no pudo ser investigado a fondo por la policía porque en él aparecían mezclados, por variados motivos, personajes de la oligarquía de Viña del Mar. Cuando se investiga un delito en una población obrera la policía allana, sin órdenes precisas, decenas de casas y arrastra a muchos ciudadanos a los calabozos para poder realizar los interrogatorios con comodidad, privándolos ilegalmente de su libertad.

¿Y las torturas contra los revolucionarios en los recintos policiales?

Los jóvenes que han sido detenidos en los últimos meses, acusados de atentar contra la legalidad burguesa, recibieron castigos horribles que resulta repugnante relatar por la crueldad con que fueron aplicados.

Bajo el rostro amable de la legalidad burguesa se esconden las siniestras estadísticas que cuantifican las lacras sociales que castigan al pueblo. La desnutrición infantil, los millares de niños muertos a poco de nacer. Cada día que pasa las estadísticas recogen nuevas muestras del alto nivel de la mortalidad infantil, de la deserción escolar, de la cesantía.

Sobre la miseria del pueblo se edifican cada seis años las ilusiones que constituyen la médula de los programas electorales.

La legalidad burguesa permite que Jorge Alessandri, después de haberse inscrito en la lista de gobernantes que contabilizaron muertes obreras durante sus Gobiernos, de haber burlado varios años las necesidades económicas de los trabajadores, se presente como "hombre providencial" a postular por un nuevo periodo a la Presidencia de la República, y que pueda decir por cadena nacional de radioemisoras: "He percibido así, forzosamente, el rumor creciente de la marea del descontento, la desesperanza y la inquietud, productos inevitables de las justas aspiraciones, despertadas pero insatisfechas". Y con el poder económico que posee puede otra vez comprarse la Presidencia.

En marzo del año en curso algunos centenares de hombres, mujeres y niños, que carecían de vivienda y que viven en una de las provincias más castigadas por la cesantía, el hambre y las enfermedades, Llanquihue, intentaron instalar en unos terrenos baldíos sus miseras chozas.

Fueron reprimidos y de ellos varios resultaron muertos y otros heridos. Todo ocurrió dentro de la legalidad burguesa. Ningún responsable de las muertes ha sido sancionado a pesar que se demostró que el jefe policial que ordenó la masacre era un enfermo mental, dado de baja por tal condición y reincorporado de modo subrepticio por influencias políticas. En 1966 el mismo Gobierno habla masacrado a obreros en el mineral de El Salvador. Esa matanza también se registró bajo el manto del régimen legal, que según algunos tambaleó el día 21 de octubre del año en curso.

El pueblo organizado olvidó esas taras de la legalidad burguesa. El 21 de octubre respondió al llamado de sus dirigentes y salió a las calles, sin armas, a defenderla. Esa disciplina de los trabajadores aumenta la responsabilidad de los dirigentes.

Un pueblo, que de acuerdo con la vieja y profunda frase, tiene mucho que ganar y poco que perder, respondió al llamado de las organizaciones en las que milita y se puso del lado de la legalidad "para defender sus conquistas".

Sobre los dirigentes de las organizaciones que se autodefinen como revolucionarias recae la responsabilidad de conducir al pueblo. A esta altura de los acontecimientos bien vale la pena preguntarles ¿No había otra alternativa más que la de asumir la defensa de la legalidad burguesa?

Ellos responderán: Escogimos el camino justo. Y frente a los que intentan analizar o cuestionar el comportamiento de los dirigentes dirán con agresividad: los que critican nuestro comportamiento son los aventureros y pequeñoburgueses.

El estado en que se encontraba el pueblo el día 21 de octubre aconsejaba como única la receta que finalmente se aplicó. La reacción de los dirigentes fue realista, conforme a la situación existente, pero ¿quien tiene la responsabilidad del estado en que se encuentra el pueblo organizado? Si su preparación hubiese sido otra, también habría sido otra la respuesta y eso es lo que realmente importa a esta altura del debate político.

Es iluso pensar que un pueblo sin armas puede derrotar a un ejército armado.

Cada vez que se repita una situación como la que se planteó el 21 de octubre del año en curso, los dirigentes de las fuerzas políticas populares tendrán que aplicar la misma receta.

En los últimos días se ha visto cómo los trabajadores fiscales han mantenido un inútil diálogo con el Ministro de Hacienda. Sin olvidar los dirigentes políticos de la izquierda que deben evitar cualesquiera situación que comprometa la estabilidad legal, muy deteriorada por las reacciones castrenses, han enfrentado la política de remuneraciones del Gobierno con debilidad.

El Ministro de Hacienda ha traspasado en los diálogos a los trabajadores sus problemas como financista fracasado. Les ha hablado de los peligros que corre la legalidad con las presiones económicas de los personales de las Fuerzas Armadas y del Poder Judicial y los trabajadores fiscales han tenido que asumir una vez más el papel de personajes sensatos que tienen la importante misión de impedir que se venga abajo el orden burgués.

El gremio militar tuvo tanques para impulsar sus reivindicaciones económicas, los trabajadores deben buscar herramientas y armas más eficaces para conquistar una mejor situación económica y un nuevo régimen social que les libere de la enajenación en que viven envueltos en la actualidad.

PF


Informe especial

UN DILEMA PARA SOLDADOS: ¿JUNTO O CONTRA EL PUEBLO?

EL 21 de marzo de 1968, se graduaron 60 tractoristas en la Escuela de Caballería de Quillota. A la ceremonia asistieron el agregado militar de la embajada norteamericana, coronel Paul M. Wimert, y algunos importadores de maquinaria agrícola. El jefe del servicio de tractoristas del ejército, coronel Gabriel Molina García-Moreno, despidió a los graduados con lacónico mensaje: "Trabajando en el campo se hace patria; quien no colabora es antipatriota... Yo conozco este rubro porque además de militar soy agricultor".

El servicio de tractoristas del ejército chileno tiene más de 20 años. Pero la presencia en Quillota del agregado militar norteamericano subrayaba el interés del Pentágono por lo que se ha dado en llamar "acción cívica" de las Fuerzas Armadas.

La "acción cívica" de los ejércitos latinoamericanos —construcción de caminos, escuelas y hospitales rurales, traslado de enfermos y damnificados en inundaciones y terremotos, canales de regadío, servicios de comunicaciones, alfabetización, instrucción paramilitar de estudiantes, etc.—, comenzó a ser estimulada por Estados Unidos a partir de 1961, junto con la Alianza para el Progreso.

Esos programas tienen por objeto "promover la estabilidad" y se complementan con la ayuda en equipos militares y el entrenamiento antisubversivo en la Escuela de las Américas (Fort Gulick), en la Base Albrock de la Fuerza Aérea norteamericana (ambas en la Zona del Canal de Panamá), en el Instituto Interamericano de Defensa (Washington) y en la Escue la de Oficiales de Estado Mayor (Fort Leavenworth, Kansas).

MATERIAL OBSOLETO

En conjunto, la "ayuda" militar norteamericana alcanzó a 98 millones de dólares el año pasado. 52 millones y medio fueron ventas de armamento y el resto correspondió a los aportes o concesiones que se hacen en virtud de los pactos de ayuda militar (PAM).

El 76 por ciento de esos aportes consiste en equipos destinados a fortalecer la seguridad interna de las naciones latinoamericanas, mediante vehículos, helicópteros, equipos de comunicaciones, piezas de repuesto, carabinas, granadas, metralletas municiones, etc. No incluyen tanques, artillería, aviación ni barcos de combate. [1]

En equipos del ejército chileno, incluyendo uniformes, es fácil ver el emblema del PAM. Los asesores de la política militar norteamericana no ocultan que el rol asignado a los ejércitos latinoamericanos, es precisamente el de cuerpos represivos. El Pentágono se ocupa de darles entrenamiento en ese sentido a sus oficiales. Además provee a los ejércitos de equipo que robustezca esa misión, la que se puede situar al nivel de una gendarmería encargada de velar por el statu.

"El número de tropas y el equipo de los estados latinoamericanos —dice el citado Lieuwen— apenas cuentan prácticamente en el mundo contemporáneo. Su institución de defensa no es capaz de defenderse siquiera contra la invasión de una potencia militar media". Y agrega que el grueso del equipo pesado de la marina, ejército y fuerza aérea latinoamericana consiste en "una variedad de artefactos inútiles, de segunda mano, caducos".

El mismo autor añade que "el objetivo principal de los programas militares de los Estados Unidos en América latina es ayudar a las naciones a mantener el orden interno y la estabilidad política... Obviamente, los interese de seguridad de los Estados Unidos serían seriamente minados por la violencia política, ya sea por parte de los castrocomunistas como de la variedad nativa" (sic).

"Otro objetivo de los programas de ayuda militar de Estados Unidos no menos fundamental, aunque nunca expresado oficialmente, es obtener la colaboración política de las fuerzas armadas latinoamericanas. Dentro del contexto de la guerra fría se sostiene que los militares son la fuerza política anticomunista más fuerte y más digna de confianza".

LAS FF.AA. DE CHILE

Según Lieuwen "las FF.AA. de Chile, Panamá, Colombia y Uruguay no se han enfrentado aún al hecho que ha provocado la intervención militar en el resto de América latina, a saber, el gobierno populista. Esto se debe mayor mente a la desunión, la fragmentación y las dificultades organizativas de la izquierda obrera en esos cuatro países... Es incuestionable el hecho de si las FF.AA. chilenas habrían permitido la toma del poder por parte del FRAP, dirigido por Salvador Allende, si el mismo hubiera ganado las elecciones presidenciales de 1958 ó 1964, a menos que el FRAP hubiese estado de acuerdo en moderar su línea extremista" (sic).

Lieuwen, entre paréntesis, recomienda usar el no reconocimiento y la suspensión de la ayuda militar y económica para impedir futuras tomas del poder por parte de los militares. Piensa que los uniformados deben limitarse a preservar la "seguridad interna", pero que no deben desfigurar su imagen asumiendo directamente el control de los gobiernos. Pero el corolario más importante de sus recomendaciones al Senado norteamericano, y nótese que él es un asesor del gobierno en asuntos militares, latinoamericanos, es eliminar "los vestigios de los programas de defensa colectiva" que nacieron con el Pacto de Río de Janeiro de 1947, y que incluyen la Junta Interamericana de Defensa, los programas de guerra antisubmarina y los convenios del PAM. La tendencia ya se revela en la reducción del PAM para el año próximo.

La razón —como ya está dicho— es bien sencilla: los 750.000 latinoamericanos enrolados en el ejército, marina y aviación, con sus 1.516 millones de dólares anuales en gastos, sus 488 barcos de guerra —la mayoría prestados [2] — y sus 2.611 aviones (la mitad de entrenamiento), no significan nada en un hipotético enfrentamiento con una potencia militar moderna.

De acuerdo al pensamiento norteamericano, las FF.AA. de América latina sólo son eficaces en la medida que sirvan para la represión interna. Las 43 misiones militares repartidas en el continente permiten a Estados Unidos, combinándolas con programas de entrenamiento y concesiones de equipos, "mantener un virtual monopolio del entrenamiento y el asesoramiento exterior de las fuerzas armadas latinoamericanas".

UNA IDEOLOGÍA PARA EL EJERCITO

Como puede apreciarse, así como en otros rubros de su dominación, Estados Unidos no esconde su verdadero pensamiento respecto al papel que asigna a los ejércitos latinoamericanos.

El asesor norteamericano que hemos citado está consciente que los oficiales "provienen de la clase media baja" —tal ocurre hoy en Chile, por ejemplo— pero que "sus vínculos institucionales son tan fuertes que la identificación social con los grupos de intereses civiles no es el principal determinante de sus acciones. Más bien sus consideraciones institucionales, su insistencia en la estabilidad y su morboso temor a un cataclismo social se combinan para formar una filosofía que es básicamente cautelosa y conservadora".

Habría que agregar, sin duda, que la formación de una "mentalidad castrense" —en Chile hicieron escuela las misiones alemanas de adiestramiento militar—, no es un factor único. Esa mentalidad —que tiende a separar al militar de los problemas de la sociedad en que vive para ponerlo, en el mejor de los casos, al servicio del "régimen constitucional", está superpuesta aunque tiene a veces fuerte tradición. Más poderosa es, sin embargo, la ideología que ha estructurado el Pentágono norteamericano, en especial a partir de la Segunda Guerra Mundial. Esa ideología —desgraciadamente— ya no es algo superpuesto como un casco, un uniforme o un falso concepto de la disciplina.

El oficial de ejército que en las horas libres maneja un taxi para mejorar su sueldo, pierde como civil todo lo superfino en que se basa la disciplina impuesta en el cuartel. Junto con su uniforme deja su dignidad de oficial. Pero lo que no es tan seguro que pierda es la ideología que lo ha ido moldeando desde la escuela militar, pasando por Fort Gulick en Panamá, y rematando en el contacto con el equipo y el asesor yanqui.

Esa ideología —que corresponde a los intereses norteamericanos—, hace que muchos militares, en especial oficiales, se vean a sí mismos como cruzados modernos, defensores de la "democracia" y del "mundo libre", y que en consecuencia actúen como garantes del sistema, o sea del sistema capitalista.

En este orden de cosas, no solamente los militares latinoamericanos han sido víctimas de la enajenación que produce el imperialismo. También ha ocurrido lo mismo a otros sectores profesionales. Las universidades —como las FF.AA.— vienen siendo los puntos de mayor interés para las operaciones de saqueo ideológico que acomete el imperialismo. Y en un plano más general sería justo señalar que la penetración cultural masiva de Estados Unidos en América latina ha rendido, asimismo, buenos frutos, doblegando la tenaz resistencia que le oponen grupos esclarecidos de la población "nativa". De este modo Estados Unidos ha conseguido que el conjunto de las fuerzas organizadas de América latina, salvo honrosas excepciones, estén dominadas por "una filosofía que es básicamente cautelosa y conservadora".

Sin embargo, en el caso de los ejércitos la cuestión tiene singular importancia. Esas fuerzas se apellidan "armadas" y poseen los recursos imprescindibles para sostener o derribar un gobierno. En el estado burgués, las FF.AA. son —complementadas con los tribunales, la policía, la religión, los medios de comunicación de masas, etc.— el baluarte más fuerte que sostiene el sistema.

La tarea del imperialismo y de las burguesías locales ha sido —por lo tanto— robustecer ese baluarte y proporcionarle una ideología que identifica en la "subversión" de las mayorías empobrecidas una amenaza que debe ser aplastada.

Aunque en las academias de guerra se siguen elaborando planes destinados a rechazar agresiones externas, la función básica de los ejércitos latinoamericanos es custodiar la "seguridad interna", o sea, el enemigo real al que se preparan a combatir —para lo cual se les entregan equipos adecuados— está en casa, es el pueblo mismo.

Esa siniestra tarea deben casi siempre cumplirla, oficiales y soldados que pertenecen a las capas más pobres de las clases media y baja. Se les prepara —y muchas veces se les convierte— en verdugos de sus propios hermanos de clase. Pasan a ser agentes mercenarios del sistema, reclutados para una tarea sucia, cuyo destino "glorioso" es balear masas inermes.

Como respuesta a esta situación, las clases explotadas que aspiran con todo derecho a hacer la revolución, han tenido que formar sus propias vanguardias armadas, convencidas de que los ejércitos policíacos impedirán una evolución pacífica hacia el socialismo. En algunos países —como Brasil— hasta los atisbos de un curso populista auténtico han sido cortados de raíz por las FF.AA. Desde 1962 a 1966, nueve presidentes constitucionales fueron derrocados por golpes militares en América latina. Y en 1965, un coronel constitucionalista, el dominicano Francisco Caamaño, pudo comprobar que el imperialismo no soporta vacilaciones ni aun a pretexto de cambios dirigidos por militares.

O sea, lo que está prohibido es abrir cauces a una soberanía nacional efectiva y a cambios sociales en profundidad que afecten los intereses norteamericanos y de la gran burguesía asociada al imperialismo.

De este modo, contrariando la voluntad de los pueblos que marchan hacia el socialismo impelidos por la magnitud de su propia miseria y explotación, los ejércitos han devenido en fuerzas de ocupación de sus propios países. La admiración y el respeto —que proceden de las glorias militares ganadas en las luchas independentistas del pasado siglo—, son opacadas por el terror que produce la realidad actual de aparatos represivos antipopulares.

Esa situación es visible en Argentina, Brasil, Paraguay, Haití, Guatemala, Venezuela, etc.

Sin embargo, las FF.AA. de Chile también han sido utilizadas en el pasado reciente como instrumentos de represión. No hay para qué remontarse a la matanza de la Escuela Santa María de Iquique y a otras masacres que forman la "historia negra" del ejército. Baste recordar los baleos de la Población Caro —en el anterior gobierno—, El Salvador (11 de marzo de 1966) y Santiago (23 de noviembre de 1967), bajo el actual régimen, para ejemplarizar cómo las FF.AA. han sido utilizadas —ya no para defender un sistema que no estaba amenazado— sino, en el primer caso, para cautelar una propiedad norteamericana, y en el segundo para imponer una determinada política financiera gubernamental.

Es por eso que, en base a la experiencia latinoamericana y nacional, instintivamente la reacción de los sectores más decididos de la población chilena será siempre oponerse a una dictadura militar. Un golpe "gorila" —que como tal tenga por objetivo aherrojar aún más al pueblo— no hay duda que seré enfrentado, y derrotado, en la medida en que el pueblo pueda oponerle organización y vanguardias armadas. Lo que puede un pueblo que se decide a pelear lo están comprobando día a día los "gorilas" de Argentina y Brasil.

Ahora, en cambio, ha quedado al descubierto —después del movimiento militar del 21 de octubre— un factor no considerado. Es la identificación de sus problemas entre sectores del ejército y población civil. Es posible que el gesto de los militares de demandar reajuste de sueldos y remoción de mandos momificados, haya encontrado acogida —más que rechazo— en gran parte del pueblo que está sufriendo la misma situación que llevó a los soldados a un planteamiento extremo. En ese sentido pudiera haberse producido un acercamiento real, un entendimiento de hecho, entre soldado y civil. Ello plantea a los soldados un dilema que no sólo compromete la evolución futura de su institución, sino también su papel como individuos. Ese dilema —que al menos preocupará a los militares que se dan cuenta del destino que les reservan la burguesía y el imperialismo—, es optar entre seguir defendiendo la plaza fuerte de una minoría o tomar partido, francamente, junto a quienes luchan por construir una nueva sociedad.

No es del caso forjar ilusiones, ni en función de ellas suspender la lucha que se avecina. Pero los recientes acontecimientos —incluso los de paisas vecinos— están indicando a sectores lúcidos del ejército que ésta puede ser la última oportunidad de resolver el dilema que se les plantea, tomando un lugar, junto a los obreros, campesinos y estudiantes, y no emplazando ametralladoras que, en definitiva, sólo retardarán la marcha del pueblo que ahora en América latina ya sabe combatir.

MANUEL CABIESES DONOSO


Tribuna ideológica

EL IMPERIALISMO Y EL ESTADO

CUANDO analizábamos la naturaleza del Estado capitalista, suponíamos la existencia de un modelo capitalista cerrado (PF Nº 87). Marx en cierto modo tuvo en cuenta este modelo cuando en el Manifiesto escribió que el gobierno del Estado contemporáneo es un comité que regula los negocios comunes a toda la burguesía. Este plan teórico hace abstracción de los antagonismos internos que se desarrollan, fundamentalmente, a través de la competencia internacional de mercados y por eso mismo, no toma en cuenta la expansión "hacia afuera" de los capitalistas más poderosos. Esto no quiere decir que el análisis marxista con respecto al Estado, como Gran Empresario Capitalista, sea falso. Por el contrario, es el punto inicial que permite analizar al Estado capitalista cuando éste ya ha alcanzado las fases superiores de su desarrollo. Porque si bien la naturaleza del Estado capitalista es invariable como protector y defensor de un determinado orden de cosas, su funcionamiento varía atendiendo al diverso grado de desarrollo y distinta cualidad en las necesidades de los capitalistas. De esta manera, es muy distinto el funcionamiento que le cabe al Estado en el capitalismo desarrollado que el que le corresponde en las fases inferiores del sistema. Según Paul Baran, en estas últimas circunstancias

el Estado podía satisfacer su mandato común de fortalecer el propio orden capitalista en contra del ataque de las clases explotadas. En teoría, no le correspondía Inmiscuirse en las relaciones entre los grupos Individuales o las facciones de la burguesía, ni tampoco debería servir a uno de estos grupos en su lucha competitiva en contra del otro. La igualdad, o cuando menos la similitud del peso que cada componente de la burguesía podía aportar a las escalas políticas y sociales, tendían a crear un equilibrio de fuerzas dentro de la burguesía y hacer del Estado el instrumento de toda una clase. (Paul Baran, La Economía Política del Crecimiento, México, 1967, pág. 114).

Pero la libre competencia niega a la libre competencia. Con el triunfo de la gran empresa monopolista se rompe el equilibrio interno entre las diversas unidades empresariales. El Estado capitalista, manteniendo así su naturaleza defensora de los capitalistas, deja de ser el instrumento de todos los capitalistas y pasa a ser el instrumento de los capitalistas más poderosos.

Si Marx entregaba las herramientas conceptuales para estudiar —partiendo de la Economía Política del Capitalismo— la naturaleza del Estado capitalista premonopolista, Lenin tiene el mérito de entregar las herramientas para el análisis concreto del Estado en el imperialismo o fase superior del capitalismo.

Para su estudio, Lenin no se basa en un modelo teórico estático; su objetivo es estudiar al capitalismo desde el punto de vista de su desarrollo hasta alcanzar la fase monopolista y analizar sus repercusiones en el terreno de la expansión externa de capitales.

Al realizar su análisis del capitalismo imperialista, Lenin tomaba en cuenta los dos libros más importantes escritos durante su época sobre la misma materia: "El Capital Financiero" de R. Hilferding y "El Imperialismo" de Hobson, especialmente el de éste último autor el cual ya había esbozado la idea de que la transformación del capital comercial en capital financiero es la base que explica el desarrollo expansionista del capitalismo como asimismo la noción del "parasitismo económico" surgida por la aparición de los "Estados rentistas".

De acuerdo a los planteamientos de Lenin, las cinco características fundamentales de la fase monopolista del capitalismo son: 1) La concentración de la producción y de los capitales. 2) La fusión del capital bancario con el capital industrial, a base del capital financiero de una oligarquía financiera. 3) La exportación de capitales que adquiere mayor importancia que la exportación de productos. 4) La formación de monopolios capitalistas internacionales que se reparten el mundo entre ellos. 5) La división territorial del mundo entero entre los grandes capitalistas ha sido completada.

De este modo, Lenin pudo llegar a la siguiente fundamental definición del imperialismo:

"El Imperialismo es el capitalismo en la fase de desarrollo en la cual ha tomado cuerpo la dominación de los monopolios y del capital financiero, ha adquirido una importancia de primer orden la exportación de capitales, ha empezado el reparto del mundo por los trust Internacionales y ha terminado el reparto de todo el territorio del mismo entre los países capitalistas más importantes".

En virtud de los planteamientos de Lenin sobre el imperialismo, podemos deducir entonces el papel que le corresponde al Estado del capitalismo monopolista atendiendo a las modificaciones que en él se observan tanto.

a) En el interior del sistema, tomando en cuenta su papel de instrumento del sector monopolista en contra de los demás sectores de la sociedad y

b) Hacia el exterior, tomando en cuenta su papel de instrumento del sector monopolista como el organismo supremo que protege y preserva las exportaciones de capital y las anexiones territoriales.

Estas dos divisiones no corresponden desde luego a atributos separados del Estado del imperialismo, ya que por ser instrumento de los monopolios el Estado deviene en expansionista y por devenir en un Estado expansionista, aumenta y refuerza el poderío de los monopolios, aumentando por consiguiente el poderío del Estado en el interior del sistema.

Con el advenimiento de la gran empresa monopolista, el Estado pasa a convertirse en el instrumento del sector más poderoso de la burguesía —la burguesía monopolista—. El "laissez faire", la libre concurrencia, el orden de la economía semejante al orden de "la naturaleza misma", todo eso, deja de tener validez real. Los capitalistas ya no podrán seguir hablando del papel regulador que le corresponde al Estado, por cuanto el Estado, controlado por los monopolios, adquiere extraordinaria fuerza y no precisamente como regulador. Los teóricos de la burguesía, para disculpar las travesuras de la economía, comienzan entonces a hablarnos de un nuevo tipo de capitalismo: el capitalismo de Estado. De acuerdo con el economista marxista Maurice Dobb

"en el estadio de la Historia en que se alcanza un alto grado de concentración del poder económico, como sucede bajo el capitalismo monopolista, la maquinarla estatal se convierte en un instrumento de los grupos monopolísticos dominantes, y es por esta razón que los escritores marxistas en general hablan no sólo del capitalismo de Estado (que puede aparecer en otras situaciones históricas), sino del Estado de capitalismo de monopolio. (Maurice Dobb: Capitalismo, Crecimiento Económico y Subdesarrollo, Barcelona, España. 1967, pág. 69).

El capitalismo de monopolio expresa el dominio totalitario del Estado por sobre la sociedad, que es en otros términos la dictadura de los monopolios. A través del Estado, los monopolistas mantienen el control sobre los precios y salarios, sobre la fuerza de trabajo, sobre los medios de producción, sobre los empréstitos internos y externos, y a consecuencia de todo esto el absoluto control de la política nacional e internacional. No se trata entonces de que el Estado, como órgano independiente, se haya separado de la totalidad del sistema; significa ni más ni menos que los monopolistas han terminado monopolizando al propio Estado del capitalismo.

Pero como el Estado de los monopolios opera como causa y efecto en la expansión imperialista, ya sea a través del colonialismo tradicional o por intermedio de la penetración financiera, es posible entonces que en el interior del sistema, el excedente potencial que extraen los monopolistas del exterior a través de sus "empresas estatales" permita satisfacer —a veces con creces— las demandas primarias de los sectores sociales que el Estado monopolista controla en el interior del país. De tal manera, la potencialidad represiva y las formas más cruentas de la dictadura de los monopolios son ejercidas en el exterior, teniendo o conservando el Estado, en el interior del país expansionista, la antigua fachada benigna que adquirió durante el librecambismo. Como explica Maurice Dobb:

Decir que el Estado es un Instrumento de los monopolios y que tiende a hacer progresar sus intereses, incluso cuando éstos entran en conflicto con algunos capitalistas, no significa la exclusión de la posibilidad de que el Estado siga a veces políticas que funcionan en interés del sistema en conjunto, en el sentido de intentar mantener al capitalismo como un modo de producción que opera en forma equilibrada. (M. Dobb, op. cit., pág. 70).

Por paradoja entonces, la verdadera naturaleza del "capitalismo de Estado" sólo es posible conocerla a través de sus manifestaciones externas.

Ahora bien, los aparatos que fundamentan el poder de todo tipo de Estado, y con mayor razón el poder del Estado imperialista, tienen, como ya expresamos, funcionamientos variables en relación a las diversas necesidades de las clases dominantes. Los aparatos represivos y los burocrático-administrativos, en la fase imperialista del capitalismo, funcionan más o menos de la siguiente manera:

a) El aparato puramente represivo se torna en aparato expansivo-represivo. Es decir, el ejército permanente, destinado en un sistema no expansivo a proteger a la clase explotadora en contra de la explotada, conservando en un sistema expansivo estas atribuciones, se convierte, además, en el aparato destinado a anexar territorios extranjeros y a proteger la rapiña económica llevada a cabo por el sector expansivo en contra de las clases explotadas del país dominado.

b) El aparato burocrático administrativo por su parte, llegada la fase imperialista, tiende el manto jurídico-institucional que legaliza la invasión extranjera, operando a través del ejército de funcionarios diplomáticos quienes aparecen en público como funcionarios de un Estado poderoso, cuando en realidad no pasan de ser los agentes políticos de los monopolios extranjeros.

c) Tanto el aparato represivo como el burocrático-administrativo —y debido más que nada a la internacionalización del capital— ven incrementado su número con contingentes de los países dominados, funcionarios militares o burócratas que operando en sus propios países trabajan para el Estado extranjero, o lo que es lo mismo, para los monopolistas extranjeros.

Estas tres variaciones en el accionar del Estado en la fase imperialista del capitalismo, permiten analizar al Estado desde una relación inversa, es decir, desde el punto de vista de los países dominados, lo que a nuestro juicio abre importantes perspectivas en la teoría y por tanto en la práctica.

Ensayaremos esa tarea en un próximo artículo.

FERNANDO MIRES


Declaración

ESTUDIANTES Y ANTI GOLPISMO

EL golpe militar, como forma política a través de la cual la burguesía organiza su dominación de clase, es una tendencia siempre presente en las formaciones sociales capitalistas.

Estas tendencias golpistas, presentes en la sociedad chilena, han empezado a actualizarse en forma acelerada a partir de los últimos acontecimientos que han afectado la vida nacional.

La dinámica del golpe pretende presentarse en el nivel de la apariencia como un movimiento de carácter económico-corporativo, desarrollado por las fuerzas armadas. Sin embargo, su dinámica tiene raíces más profundas que hacen a las formas que asume la lucha de clases en la sociedad nacional, a los enfrentamientos interburgueses, al proceso de ascenso de las clases populares y a su decisión de avanzar hacia la conquista del poder político bajo la conducción de sus vanguardias.

Es evidente que en los últimos años el país ha vivido un proceso de agudización de la lucha de clases, de ascenso permanente de las clases populares que empieza a amenazar las bases de la dominación burguesa, que obliga a la burguesía a cambiar las formas de control sobre el movimiento obrero, campesino, estudiantil, incorporando la fuerza, la violencia, como sus instrumentos fundamentales. El funcionamiento del "orden democrático", que una fracción de la burguesía llama hoy a defender para mantener la dominación del capital sobre el trabajo asalariado, ha utilizado los instrumentos represivos del Estado: ejército, aviación, policía política, Grupo Móvil de Carabineros, etc., para masacrar obreros en El Salvador, en Santiago el 23 de noviembre, a pobladores en Puerto Montt, en San Miguel, en Copiapó, etc. Hoy, cuando esa fracción de la burguesía, que es gobierno, se ve amenazada por los aparatos represivos que se vuelven contra ella, apela al pueblo. Pero el pueblo no debe confundirse y dejarse instrumentalizar por sus explotadores.

Por ello, frente a la amenaza de golpe militar sólo cabe a obreros, campesinos y estudiantes insistir en su decisión revolucionaria, enfrentando al gobierno y al régimen y a la fracción burguesa.

La solución al "levantamiento militar" es una solución transitoria, puesto que las luchas interburguesas, el conflicto entre las fracciones de la burguesía permanece irresuelto. La tendencia golpista continuará desarrollándose hasta que la burguesía, como clase, no establezca condiciones permanentes y definitivas de su dominación en esta etapa histórica. El golpe como solución volverá a presentarse y ello ocurrirá más temprano que tarde.

La solución ha sido evidentemente de transacción entre las fracciones en disputa, cuyos chivos expiatorios serán algunos oficiales del Ejército. La solución significa un nuevo reparto del poder en el seno de la burguesía como clase, en que la fracción "derrotada" ganará algunas posiciones, así como también las FF.AA. como institución. Nuevos hombres que representarán otros intereses internos reconstruirán el cuadro de jerarquía interna de las FF.AA.

Contradictoriamente el golpe ha servido a la fracción freísta y democratacristiana para iniciar un proceso da recuperación del "consenso" perdido a nivel de sectores de las clases populares, de la pequeña burguesía y capas medias.

Pero el golpe ha mostrado inequívocamente la incapacidad de muchos sectores y aun de sectores de izquierda para enfrentar a través de una táctica adecuada las tendencias golpistas que empiezan a materializarse en la estructura social. Algunos sectores han confundido y han llegado a identificar la lucha del proletariado con la lucha de una fracción de la burguesía y han convocado a la defensa del "orden democrático", de la institucionalidad burguesa, de la constitucionalidad amenazada por los militares. Olvidan que esa forma de dominación, que es en realidad una dictadura encubierta, no la ha construido el pueblo, al contrario, a través de ella se realiza la muerte cotidiana, lenta, gris, del proletariado, de los campesinos pobres, de las masas populares, o el asesinato y la masacre a través de los aparatos represivos del Estado.

Los estudiantes y los revolucionarios, en esta coyuntura de la vida nacional, hemos reafirmado la independencia de la clase obrera, campesinos y estudiantes, y acentuado la lucha contra las distintas fracciones de la burguesía, contra el gobierno, contra el golpe militar, contra el régimen en su conjunto.

Sabemos que la única respuesta real al golpe militar es la acción directa de masas, con toma de fábricas, terrenos, fundos, poblaciones, escuelas, universidades, pueblos: el establecimiento del control obrero de la producción y el armamento general del pueblo. Sólo el pueblo en armas puede defender sus intereses u objetivos históricos, sólo la fuerza de las armas de la clase obrera y el campesinado puede oponerse victoriosamente a las armas de la burguesía y los militares. Ahora se trata de no olvidar que las tendencias golpistas estén siempre presentas en la sociedad nacional, como forma política externa, y que en cualquier momento pueden volver a actualizarse.

¡ESTUDIAR Y LUCHAR!

Federación de Estudiantes de Concepción
(Fragmentos de una declaración).


Entrevista

NOS FUIMOS PORQUE ESTABAN DE POR MEDIO LOS PRINCIPIOS

EL domingo 19 de octubre "El Siglo" publicó un breve párrafo en el cual la Comisión Ejecutiva de las Juventudes Comunistas daba cuenta de la expulsión del dirigente universitario Sergio Muñoz Martínez ("Cochín") y de la marginación indefinida del militante Róbinson Pérez. Se agregaba que ambos pertenecieron a la base de la Escuela de Ciencias Políticas y Administrativas de la Universidad de Chile (ECPA).

El mismo día la Base comunista de dicha Escuela resolvió no acató las expulsiones de esos militantes, culminando de este modo un proceso en el cual la base se había opuesto a las medidas que el CC de las JJ.CC. imponía a dos militantes. Acto seguido, dicha organización partidaria disidente se presentó a las elecciones de Congresales y Consejeros estudiantiles que se realizaron conjuntamente con las elecciones de Rector y Secretario General de la "U". La base comunista de la ECPA participó en esa elección aliada al MIR y la Brigada Universitaria Socialista en la lista del Frente Revolucionario.

El candidato comunista disidente, Fernando Quiroga, que obtuvo una alta votación en toda la Universidad de Chile, contó también con el apoyo del grupo político "Conciencia-Compromiso-Revolución", que también se ha integrado al Frente Revolucionario.

PUNTO FINAL visitó la ECPA y entrevistó a los militantes de la base comunista, quienes relataron la evolución de los acontecimientos que los llevaron a marginarse, entregando también su visión política de lo que pasa en la "U".

"Nuestra base —dice uno de ellos— se creó al calor de la elección presidencial del 64, en una escuela tradicionalmente reaccionaria. Aquí se estudiaba diplomacia y eso llevaba a que ingresaran alumnos de nuestra más rancia aristocracia, dispuestos a heredar las pegas de sus papitos en el Ministerio de Relaciones Exteriores. Al principio éramos cuatro que cumplíamos todas las tareas que se nos encomendaron, seguros de estar contribuyendo al triunfo de Allende. Hacíamos fiestas recolectando dinero para el partido y la campaña, pintábamos arbolitos en las plazas en actos de trabajo voluntario, etc.".

"Pero lo que mejor hicimos, dice otro, fue habernos plegado al trabajo campesino de la Jota [3] en las localidades agrarias de Isla de Maipo, experiencias que después de la derrota los partidos populares no pudieron mantener con la misma fuerza".

"En general se abandonó todo el trabajo de los Comités Allendistas", agrega otro.

"Nuestro nivel teórico era bastante bajo, pero comprendimos después de la derrota que debíamos volcarnos al trabajo de nuestro natural frente de masas: la escuela. El Centro de Alumnos estaba controlado por el fenecido Frente Democrático, dirigido por la Juventud Radical, la cual —agrega uno— con mucho pudor aún no se apellidaba "Revolucionaria".

"Discutíamos bastante entre nosotros, y en general estábamos de acuerdo en que a los radicales era muy difícil tenerlos como aliados en el futuro, ya que había que eliminar las alternativas centristas o "pendulares". Además recordábamos que los radicales y los "momios" al frente del Centro de Alumnos habían ofrecido la escuela a la Alianza para el Progreso. Buscaban cercenarla de la "U", para que bajo la tuición yanqui e "interamericana" se prepararan los cuadros administrativos que ejecutarían la política del fracasado proyecto. Le dimos duro a la derecha y aunque pretendieron retener el Centro mostrando los libros que les había donado la ALPRO, o perdieron a manos de la DC. La DC tomó el Centro después del triunfo de Frei y pronto muchos alumnos tuvieron que comprometer su voto con ellos, ya que la Escuela prepara cuadros de alto nivel para la Administración Pública, y ésta sigue siendo botín de los vencedores. Seguimos siendo oposición, teniendo muy claro que no podíamos desligarnos de las masas estudiantiles y sus inquietudes. Que la oposición a los DC no podía ser totalmente cerrada. Y cuando éstos quisieron tomar el control total de la escuela, echando a un director radical, nos plegamos a la lucha diciendo que no había que buscar sólo cambio de personas sino que de planes de estudio también, que había que tener más presupuesto, etc. En la lucha fuimos los más sacrificados, teniendo claro que los comunistas deben ser ejemplo. Ya antes, camaradas nuestros seguidos por su curso habían logrado echar a un mal profesor, favorito del director radical".

"En la lucha reformista y en la lucha política siempre hemos sido firmes aliados con los jóvenes socialistas. Como se sabe después del 64 se trizó en la FECH la unidad, pero en la escuela íbamos unidos. La relación con ellos igual que con cualquier aliado siempre ha sido de unidad y lucha, no conciliando con posiciones desviacionistas, sean de izquierda o derecha; y acogiendo las críticas a nuestro trabajo. Después de la derrota electoral de común acuerdo con los socialistas disolvimos el Movimiento Universitario de Izquierda, que era el equivalente del Comité Allendista en la "U", y creamos el FRAP. Así indicábamos una clara alternativa política de socialistas y comunistas que se opusiera al 'gremialismo político' de los PC".

Uno de los militantes interrumpe y dice: "Es claro que fuimos sectarios pero así logramos radicalizar al estudiantado y a la misma DC. No por casualidad pronto los rebeldes DC se hicieron fuertes y hoy como MAPU tienen aquí su principal plaza fuerte en la "U". Frente a los rebeldes hicimos un trabajo libre de sectarismo, denunciando sus conciliaciones, como sucedió para la invasión de Checoslovaquia cuando dijeron que USA y la URSS estaban a un mismo nivel, que ambas eran potencias imperialistas. O sea volver a la vieja tesis tercerista de la DC, que en el fondo no es tal. Es cosa de ver la política exterior del gobierno".

"Pero en resumen —dice otro— hoy como MAPU son una fuerza aliada de socialistas y comunistas.

El Grupo Universitario Radical no existe y la DC es un grupúsculo, palabra que algunos utilizan con mucha gracia", se acota. "Los momios no han desaparecido. Cuando la DC estaba en su apogeo no existían como grupo organizado en la escuela y desde el año pasado se han venido dando organización. Creemos que han aparecido en función del desaparecimiento de las alternativas centristas, radical y democristiana. Además han explotado el temor de muchos que no se quieren plegar a un movimiento estudiantil radicalizado, que echa profesores y responde con bombas molotov a los balazos de los carabineros. Esto ocurrió cuando nos cercaron los del Grupo Móvil después de una manifestación callejera por la libertad incondicional de los obreros de SABA. Aliados a la DC, en un plebiscito realizado hace tres semanas sacaron 80 votos, frente a 220 del Frente Revolucionario. El plebiscito era para determinar si se permitía o no el ingreso a la escuela del nuevo director impuesto por el Decano contrarreformista, Eugenio Velasco".

"Pero no se crea, dice uno, que fuimos nosotros los que radicalizamos a los estudiantes. Fueron las condiciones de crisis en que se ha desenvuelto la sociedad chilena en estos últimos cinco años. Nosotros sólo creemos haber interpretado bien lo que ha ocurrido fuera de la "U".

"Es significativo también que aquí nunca haya habido MIR, lo cual indica que cuando los comunistas tienen una línea correcta, es difícil que surjan alternativas fuera del partido de la clase obrera. Siempre hemos dicho en nuestro frente de masas que el MIR es un aliado, y fuera de la escuela le hemos tratado como tal. Como aliado, con el cual hay alianza y lucha".

"Sin embargo ésta no es la única condición respecto del resurgimiento de los MIR en Latinoamérica. Después de la Revolución Cubana ellos se han ganado un lugar en la gran lucha de nuestras patrias. Son hijos de una revolución que los comunistas nunca visualizamos, y representan la incorporación en esta década de una nueva corriente revolucionaria de la pequeña burguesía radicalizada".

"Pero volviendo a nuestras primeras luchas, recordamos que ya en 1966 ganamos el Centro de Alumnos, pero por un fraude no pudimos asumir. Ya éramos 16 militantes y nos estábamos homogenizando en nuestras opiniones. La polémica chino-soviética no nos había afectado mucho, ya que obedecíamos al partido en el sentido de no leer los materiales chinos ni discutirlos en las reuniones de base. Pero afuera lo hacíamos y aunque hoy reconocemos que los chinos tenían razón y la tienen en algunos aspectos, nos considerábamos, más bien, hijos de la Revolución Cubana. Si bien es cierto que se nos hizo aparecer como yendo a incorporarnos a una guerrilla de la patria latinoamericana, la intención existió. Se corrió la bola —para mucha alarma de los dirigentes de Avenida Matta (lugar en que estaba ese año el local de las JJ.CC). De los cubanos no nos motivaban posiciones políticas muy acabadas, llenas de citas de los clásicos, sino que una práctica insobornable y vertical. Creemos que los cubanos en el plano de la solidaridad han dado mucho, y por eso la suerte que corrían las guerrillas nos preocupaba. Por cierto que no todos éramos proguerrilleros. Los había que defen

[Nota ed. Digital: Falta la página 29 en el PDF usado como fuente]

mado por un tal Pino. Así se coloca al Che como un aventurero —que lo era pero de los que ponen el pellejo para probar sus verdades, como él dijera— y no se estimula el estudio sobre el Che y la Revolución Cubana. El militante de base no conoce sus escritos teóricos, y hace unos días hemos visto que El Siglo ha impedido una discusión sobre su pensamiento".

Un militante dice: "Nosotros ingresamos al partido de la ciencia, del marxismo-leninismo y no a una capilla. Bueno, usted comprenderá por qué nos fuimos; estaban de por medio los principios, que por cierto valen más que la unidad que a todos nos es muy cara y deseada".

"Antes que usted nos pase a hacer preguntas sólo nos queda recordar que este último año nos pasamos casi todo el tiempo discutiendo con la Comisión de Control y Cuadros. Y cuando tuvimos ocasión de hacerlo con el resto de la juventud, en su congreso universitario, presentamos una tesis que se nos dijo que no tenía nada que ver con la línea del partido, y se nos impidió que la entregáramos a otras bases para su discusión y estudio. Cuando formamos el Frente Universitario de Acción Revolucionaria con los socialistas de la Escuela se nos manifestó que no se nos consideraba comunistas. Creemos que se nos empujó a la ruptura".

En este punto de la conversación hacemos la primera pregunta: ¿La marginación de la base en su conjunto fue acordada como solidaridad con "Cochín" y Robín?

—"Sí, responde un militante. Pero no se trata de una solidaridad emocional. Todos los militantes nos habíamos formado en un conjunto de dudas y ahora teníamos una posición política unitaria que se había concretado en la ponencia que llevamos al Congreso de la Dirección de Estudiantes Comunistas y que era el resumen de nuestras tesis políticas. De manera que nuestra marginación es una solidaridad política".

¿Qué decían en lo fundamental vuestras tesis al Congreso?

—"Que a partir de la Revolución Cubana en nuestros países la cuestión de la toma del poder político por los trabajadores está a la orden del día. Que nuestro país está logrando un mediano crecimiento capitalista, ampliando estas relaciones de producción a todos los niveles de la vida nacional. Que es un capitalismo de Estado que para superar la crisis en que nos debatimos conlleva una tendencia totalitaria en la política, y que son los burgueses los que comienzan a cuestionar su propia democracia. Por ejemplo para imponer sus reajustes de hambre acordes con su política económica recurren a la violencia abierta. Que aumenta la conciencia del cambio y que se polarizan las fuerzas sociales, haciéndose fascista la derecha. (Ayer no más un momio de la Escuela nos amenazó en este recinto con una pistola. Por cierto que se la requisamos). Que el imperialismo acrecienta su constante de violencia, y que cuando cualquiera de nuestros países se desgaje de la dependencia imperial, inevitablemente nos veremos obligados a acometer la revolución socialista. Que la acción de un gobierno popular antimperialista llevará a corto plazo económica y políticamente a una acción anticapitalista. Y que un país que comience a liberarse primero encontrará la violencia de la reacción, después la de alguno de sus vecinos gorilas; y si los derrota, en lontananza vendrán los marines. Y que entonces estos pueblos vecinos también se levantarán, cuando sus ejércitos crucen a otros países. Entonces vendrán, dos, tres Vietnam. Que para preparar nuestro Vietnam, nuestro partido debía cambiar fundamentalmente. Derrotar el economismo y junto con luchar por la unidad popular y el gobierno popular elevar el nivel de conciencia y combatividad de las masas. Participar en elecciones preparándolas sicológicamente respecto de un desenlace de violencia. Que hay que educar a las masas en todas las formas de lucha subordinándolas éstas a una principal: la lucha armada de todo el pueblo contra sus enemigos internos y externos".

"Finalmente insistíamos en la necesidad de acerar la juventud, en la práctica y la teoría. Que nos dejáramos de los esquemas, buscando la originalidad creadora del marxismo".

"Algunos de estos puntos quisiéramos desarrollarlos más en el futuro y discutirlos con otras fuerzas revolucionarias. Otros los tenemos nosotros mismos en rediscusión constante".

¿Qué repercusión tuvieron en las bases universitarias estos planteamientos?

—"Fueron extraordinariamente bien recibidos y fue acuerdo del Congreso llevarlos a las bases para su estudio. Se nos escuchó con respeto dándonos todo el tiempo que quisimos para exponerlos pese a que algunos quisieron quitarnos la tribuna. Sin embargo, después se nos impidió que los repartiéramos a las bases, y no lo hicimos para no echar a perder más las cosas. Se nos respetaba porque lo que decíamos estaba avalado por una práctica. Para la masacre de Puerto Montt nos tomamos la Escuela y nos enfrentamos al Grupo Móvil mientras el Centro del Pedagógico guiado por comunistas pedía que se formara una comisión investigadora. Para la campaña por la libertad de los obreros de SABA enfrentamos nuevamente las balas de los carabineros y les burlamos en el cerco que nos tendieron arrancando por los tejados aledaños a la Escuela, dispuestos a no dejarnos caer presos. Por otra parte todo el año hemos venido luchando contra el Decano antirreformista Eugenio Velasco y actualmente junto con los profesores y personal administrativo reformista tenemos la escuela bajo nuestro funcionamiento para impedir que asuma el director impuesto por Velasco y para echar a la camarilla antirreformista que aún permanece en la Escuela".

¿Creen tener un futuro político dentro y fuera de la "U"?

—"Dentro de la "U" nuestro futuro es presente en nuestro centro de masas y ahora comenzamos a proyectarnos en la estructuración de un verdadero movimiento estudiantil en conjunto con otras fuerzas políticas (Frente Revolucionario). Creemos que el Frente Revolucionario es la culminación de un trabajo unitario que hemos venido desarrollando sin ningún sectarismo con el MIR, la Brigada Universitaria Socialista, el grupo Conciencia-Compromiso-Revolución dentro y fuera de la "U". También actuamos de conjunto con otras bases de la Jota, el MAPU y el PCR. Pero nuestra intención no es solamente trabajar en la "U", en la cual creemos tener asegurado ya un "futuro político" sino comenzar a fusionarnos con las masas obreras y campesinas que son las fuerzas motrices de la Revolución. En todo caso esta es la posibilidad en la cual trabajaremos con más ahínco".

¿Además de los 40 militantes de la base, cuentan ustedes con gente en otras bases universitarias u obreras?

—"Sí. Numerosas bases universitarias no solamente de los centros de Santiago adhieren a nuestras posiciones. También militantes de bases obreras adhieren a nuestras posiciones. Además en nuestra escuela hemos reclutado militantes en esta posición disidente".

¿Entonces ustedes eran una fracción revolucionaria en el seno del PC?

—"Más bien diríamos una tendencia, dado que nuestra influencia en el PC era y aún es muy difusa. Nuestra principal tarea ahora es, entonces, homogenizar políticamente esta tendencia. Respecto de fracciones creemos que hay una sola dentro del PC: la de la burocracia, que es la que decide las promociones de cuadros, las alianzas, controla los congresos, maneja los recursos financieros, etc.".

"Pensamos que actualmente es necesaria y estimulante la existencia de tendencias en el seno del partido dado que la burocracia se ha convertido en una abierta tendencia de derecha, que aplica la política de la "vía no capitalista de desarrollo", del "pluripartidismo", de la "vía pacífica", etc.".

"Bien decía hace poco Teodoro Petkoff, sobre su partido, el venezolano, que así como en la montaña se enfrentaban ellos a la desviación izquierdista, en el parlamento lo que surge es la desviación de derecha. Y aquí ha habido parlamento por mucho tiempo".

¿Se consideran anticomunistas por estos planteamientos?

—"En absoluto, lo decimos porque queremos el PC y no queremos que le pase lo que al Indonesio después del alzamiento del teniente coronel Untang en el 65. Se nos dirá que con esto le damos argumento a la reacción. Es cierto formalmente, pero también alertaremos a los cuadros más lúcidos, y los hay. Es más, creemos que sin el PC no habrá revolución en Chile. Y estos momentos amargos se olvidarán cuando nos encontremos en la hora final con los cuadros no corrompidos del partido. Somos procomunistas porque defendemos los principios que algunos han olvidado. Por lo demás lo dijimos dentro de él y si la palabra burocracia provoca urticaria, no olvidemos que Lenin la utilizó mucho".

¿Hacia dónde se orienta la línea política de ustedes?

—"Nuestra línea tiene dos aspectos: interno y externo. En el plano interno nuestra intención es rescatar cuadros del partido y la juventud, contribuyendo a auto-formarnos como cuadros revolucionarios, tanto en lo teórico como en lo práctico. Nuestra cara externa es, en primer lugar, la vinculación con nuestro frente de masas natural: el frente estudiantil, trabajando en conjunto con otros grupos revolucionarios para forjar, en un proceso un verdadero movimiento estudiantil. A esto agregamos la necesidad que vemos hoy día de vincularnos con mayor permanencia y constancia con obreros y campesinos. Todo esto unificado en una estructura orgánica que creemos debe tener todo grupo que intente ser revolucionario. No pretendemos ser "el partido de la Revolución" ni los "mesías" de la clase obrera. Nuestro aporte, modesto en principio, se orienta partiendo del movimiento estudiantil, a vincularnos sin sectarismos con los demás grupos revolucionarios que operan en nuestro país".

¿Qué importancia le ven al Frente Revolucionario en la "U"?

—"La mayor importancia se la asignamos a la posibilidad de crear mediante este instrumento un movimiento estudiantil que sea salvaguardado de la borrachera electoral que se avecina. Si lo conseguimos, creemos que será más fácil combatir la frustración que se producirá en vastos sectores populares en caso de una derrota en las urnas el 70. Por otra parte, el FR y las posiciones de poder que detente en la "U" nos servirán como bases de apoyo para establecer los canales hacia la clase obrera y el campesinado".

¿Qué harán ustedes para las elecciones del 70?

—"No nos oponemos a las elecciones porque sí. Creemos que las elecciones presidenciales pueden ser una buena coyuntura revolucionaria. Mientras no podamos ofrecer a las masas una alternativa concreta, participaremos en las elecciones del 70 buscando radicalizar su contenido. No cederemos a ninguna de las conciliaciones que se presenten. Que no se repita lo del 64 en que fuimos a remolque de la burguesía. Iremos a los Comités de base a impulsar las luchas de sus integrantes, haciendo una prédica revolucionaria acerca de que el último pie de la cueca de la revolución chilena será un fusil. El gobierno popular de resultar elegido tendrá dos alternativas: o concilia y le pasa lo de Ghana o Indonesia o bien enfrenta a los enemigos internos y externos. Y en ambos casos habrá violencia".

¿O sea, son partidarios de la unidad popular?

—"No nos oponemos a la llamada "unidad popular". A lo que nos oponemos firmemente es a la forma histórica en que se ha estructurado esta alianza, en la cual el PC, que debería tener la hegemonía, en su vida política no ha demostrado ser capaz de mantener la independencia de la organización y de la clase obrera. La política de desarmar ideológicamente a la militancia y a la masa que se controla, en la cual cada acto de violencia es estimado una provocación, o bien es utilizado electoreramente, nos lleva a afirmar que una alianza de este tipo, en un enfrentamiento con la burguesía, no sería capaz de conducir victoriosamente a la masa trabajadora al poder".

"Somos partidarios de una unidad popular sin exclusiones, siempre que el partido revolucionario dote a la clase obrera de una conciencia de combatividad y organización que asegure el triunfo. Nos referimos a una organización militar de clase; sobre todo ahora que se considera a todo uniformado como golpista, y no como un eventual aliado".

¿Qué opinan de los últimos acontecimientos militares?

—"No tenemos mucha información de lo que pasó alrededor de los incidentes del Tacna; pero creemos que eso si fue una "huelga económica", de los uniformados bien pudo terminar en "huelga política". Eso nos enseña la experiencia. Lo que sí nos parece peligroso para los revolucionarios es echar a todos los uniformados en un mismo saco golpista-CIA, porque nos enajenamos eventuales simpatías en el Ejército, muy necesarias si se piensa en una estrategia electoral. No hay que olvidar que los ejércitos latinoamericanos han producido oficiales y clases patriotas y revolucionarias. Desde los oficiales y soldados de Carúpano a Puerto Cabello y los sargentos brasileños, hasta Turcios Lima y Yon Sosa y los militares constitucionalistas de Caamaño".

Ustedes han tenido enfrentamientos con la parte de la Juventud que no simpatiza con Udes., ¿no afecta eso a vuestras proposiciones?

—"Hemos recibido provocaciones que preferimos no relatar. Por ahora queremos emular con ellos y ver en los hechos quiénes son los verdaderos comunistas. Por ejemplo le proponemos a la Jota que si quiere ser consecuente con sus panegíricos recientes al Che, envíe a uno de sus dirigentes de masas a Bolivia. Como se sabe en estos días ha comenzado el proceso a la c. Loyola Guzmán, que fuera miembro del CC de la Juventud Comunista Boliviana y estudiante de Filosofía que se plegara al Che no obedeciendo a Monje. Ha sido brutalmente torturada e incluso se la quiso "suicidar". A la vuelta entonces podrían organizarse actos en las Escuelas y sindicatos promoviendo la solidaridad con los combatientes del ELN. Nosotros por nuestra parte trataremos de hacerlo también".

¿Quieren agregar algo finalmente?

—"Que buscaremos en nuestra organización ir echando los gérmenes del hombre nuevo. Formando cuadros político-militares proletarizados y con un alto sentido del internacionalismo".

"Para nuestra organización reivindicamos el papel del conocimiento teórico de la realidad, reivindicamos la importancia de la filosofía marxista y del materialismo histórico como armas de la revolución. Trataremos de ser consecuentes con aquello que decía Lenin de que "sin teoría revolucionaria no hay acción revolucionaria... Y con lo que decía Marx, de transformar "el arma de la crítica en la crítica de las armas...".


Notas:

1. Estos y otros antecedentes están tomados de: Edwin Lieuwen, "Los militares latinoamericanos", estudio preparado para el Subcomité de Asuntos de las Repúblicas Americanas del Comité de Relaciones Exteriores del Senado de Estados Unidos, octubre de 1967. Publicado en "Pensamiento Critico", Nº 29, Junio de 1969, La Habana.

2. Los dos submarinos chilenos son préstamos del PAM, como asimismo dos de los 9 destro. yers y el buque oceanógrafico "Yelcho". La Fuerza Aérea duplicó sus cazas con la compra de 21 Hunter a Gran Bretaña, luego que Estados Unidos vendió 25 A-4B a la Argentina. El gobierno de Frei acaba de anunciar una nueva compra de equipo militar en Inglaterra. Perú ha comprado equipo aéreo a Francia y Argentina tanques pesados a Francia.

3. Juventudes Comunistas


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02