La Reforma Universitaria: ¿esperanza que se esfuma?

DOCUMENTOS
Suplemento de la edición Nº 80 de PUNTO FINAL
Martes 3 de junio de 1969
Santiago - Chile.

La Reforma Universitaria: ¿esperanza que se esfuma?

por Augusto Carmona

POR primera vez en su mandato, el Presidente Eduardo Frei tiene la posibilidad de tomar el control del proceso de reforma que vive la Universidad de Chile desde octubre de 1967. Al cierre de esta crónica, debía decidir si acepta o no el proyecto que legaliza las elecciones de nuevas autoridades en la universidad del Estado, para enviarlo al Congreso con trámite de extrema urgencia. Sin una ley nacional, las elecciones que promueve la reforma quedarán invalidadas, y el Gobierno podrá Jugar con esta posibilidad para ganar posiciones dentro de la política universitaria, que hasta el momento se le ha escapado de las manos. El Gobierno tendrá una segunda oportunidad en tal sentido cuando la Universidad deba pedir una ley para formalizar el estatuto universitario reformado.

Entonces el Ejecutivo podrá vetar el proceso de reforma sin necesidad de intervenir materialmente la Universidad. Esta posibilidad ha existido siempre, ya que está señalada por las condiciones jurídicas vigentes, pero una medida de este tipo necesita ser justificada desde muchos aspectos ante la opinión pública. La autonomía universitaria no está respaldada por la ley escrita, pero subsiste en la tradición del país, y hasta el momento ningún gobierno se atrevió a modificar este régimen, aunque la amenaza ha sido permanente y limitó hasta hoy la acción social de la Universidad. Cuando el movimiento reformista entró a redefinir los principios de la Universidad, e intentó convertirla en una Universidad crítica, democrática, nacional, con el deber de ayudar a las transformaciones sociales, el peligro se hizo más claro pues la oposición de la Universidad con el sistema apareció manifiestamente expresada.

La defensa que haga el sistema de la Universidad, no tiene por qué sorprender. El trata de rescatar la Universidad para los viejos principios de la academia neutra y estéril, entregada al estudio de las ciencias sin más compromiso con la realidad social que el de producir cada vez "mejores" profesionales.

Allí se encuentra la base del enfrentamiento con el Gobierno y el sentido mismo de la reforma universitaria como fenómeno social. Esta interpretación no es nueva y es válida para todo el movimiento estudiantil latinoamericano, desde que surgió el primer esfuerzo reformista en la Universidad de Córdoba, en 1918.

Paulino González Alberdi, dirigente estudiantil comunista de la época, dijo en la conmemoración del décimo aniversario del proceso: "Si la Reforma Universitaria fuese exclusivamente un movimiento pedagógico, su interés sería pequeño, por otra parte. Podríamos decir también que la Reforma no existe o existe apenas, ya que pedagógicamente estamos más o menos donde estábamos antes de 1918. Subsiste el dogma, hasta el punto de que profesores de Economía Política comienzan sus clases diciendo que no debe leerse a Marx; predomina en las facultades el tipo de profesor burócrata; los buenos docentes extranjeros sólo encuentran hostilidad y la enseñanza práctica se reduce con harta frecuencia a verdaderas caricaturas de seminarios. La defensa de los intereses de la sociedad capitalista continúa haciéndose con la ciencia oficial de nuestras universidades". González Alberdi es uno de los principales protagonistas de la reforma en Córdoba y analiza el fenómeno de la reforma universitaria desde el punto de vista marxista en una serie de conferencias y artículos publicados recientemente en el libro "Los Estudiantes en el Movimiento Revolucionario a 50 años de la Reforma Universitaria".

Es posible que en Chile no haya que esperar el "décimo aniversario" para aplicar las palabras del autor. Se puede desde ahora decir que la reforma nace muerta, pues como transformación revolucionaria de la Universidad estará siempre ante ese peligro mientras no cambie la estructura de la sociedad en su conjunto. Los dirigentes marxistas argentinos de 1918 estaban conscientes de esta contradicción; sin embargo, al igual que los estudiantes marxistas de la Universidad de Chile, impulsaron la reforma con sus banderas sociales al frente convencidos de su causa. Es que la reforma nace como un deseo de cambio de las estructuras académicas arcaicas, en una acción refleja del rechazo de la juventud a la estructura clasista del país, y termina, impulsada por sus propias acciones, en un esfuerzo por tratar de cambiar esas estructuras nacionales.

Cuando este sentido ideológico de la reforma es advertido, se presenta la contrarreforma, desde el exterior y el interior de la universidad. En esta brega, la reforma verá muy luego que no puede alcanzar sus objetivos finales y se transformará de un fin en un medio de la lucha social. En la Universidad de Chile, el futuro de la reforma no está definido, y puede ocurrir todo, incluso que se frustre como palanca del cambio social. Los objetivos últimos de la reforma universitaria son ideales. La democratización no se producirá mientras no logren matrícula los hijos de obreros y campesinos; no será nacional mientras no se libere de la ayuda económica extranjera. Estos dos puntos básicos para poder hablar de una Universidad nueva, no dependen de la Universidad. Pero quitar estas aspiraciones de la plataforma reformista significa reducirla a un "movimiento pedagógico" sin mayor importancia.

El objetivo estratégico de la reforma está planteado como la conquista de la Universidad para convertirla en una herramienta de crítica y de examen permanente de la sociedad y formar profesionales con un nuevo espíritu. Es decir, restarle a la sociedad capitalista el medio de formación ideológica de las nuevas generaciones que asumirán la conducción del país.

Por eso, necesariamente, se producirá el choque con el Gobierno conservador del Presidente Frei. Y en la medida que el movimiento reformista claudique ante las presiones del Ejecutivo, según las posibilidades de veto que éste tiene, se irá cavando su propia tumba.

Las relaciones que hemos señalado aquí están basadas en los antecedentes reales de la situación de la Universidad de Chile y provienen de las causas mismas que originan el movimiento reformista. Estas causas no pueden ser señaladas en este trabajo, sino como un intento de análisis, pues falta tiempo todavía para tener la visión histórica retrospectiva del fenómeno. Sin duda que la reforma es un proceso confuso y anárquico para el grueso público, que no logra entenderlo; otro tanto le ocurre a veces al público de mayor nivel. La opinión pública conoce de la reforma cuando los estudiantes salen a las calles a protestar o por las páginas editoriales de "El Mercurio" que está permanentemente anatematizándola. Esta falta de comunicación con el pueblo es una de las grandes debilidades del movimiento reformista.

La Universidad ha quedado anticuada ante el desarrollo del capitalismo y no responde, por tanto, a las exigencias del sistema. La burguesía chilena, como la del resto de Latinoamérica, se ha ido integrando al gran capital monopólico extranjero y ha abandonado sus propias perspectivas; en este paso la burguesía criolla necesita adaptarse a nuevos sistemas y entregar nuevas respuestas, tanto en el campo técnico como en el ideológico.

Por esta necesidad del desarrollo capitalista, en Chile la burguesía comenzó a introducir cambios en la Universidad desde mucho antes que estallara el movimiento reformista. El fenómeno se venía avistando por lo menos de diez años a esta parte, entre otros detalles, en el hecho de que las recientes campañas electorales en la FECH incluyen la reforma como plataforma de lucha. En los últimos 20 años se han introducido nuevas carreras en la Universidad de gran importancia para el desarrollo de la empresa, como la de ingenieros comerciales y contadores auditores, que a pesar de ser nuevas, han tenido, en proporción, un crecimiento mayor que el resto de las escuelas. La Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, que incluye a la poderosa Escuela de Ingeniería, se modernizó en sus estructuras académicas antes de 1967, creando los departamentos como unidades académicas, la base del nuevo método de enseñanza que trae la reforma. Otro tanto ocurre en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, donde el decano Eugenio Velasco, líder del viejo poder, se jacta de tener un criterio moderno (lo que no es incompatible) y de haberse adelantado a la reforma con la modificación que llevó a cabo en la Escuela de Leyes. En ambos casos, los cambios están destinados a servir mejor la economía y la jurisdicción capitalistas.

La ligazón de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas con la empresa es tan grande, que ha creado sus propias fuentes de financiamiento. El presupuesto de entradas y gastos alcanza a E̊ 44.800.000, sin incluir las utilidades provenientes del convenio con la NASA, que bordean los E̊ 3.450.OO0. Del total del presupuesto, E̊ 11.300.000 se generan en ingresos propios de organismos de la Facultad, a través de venta de servicios a empresas públicas y privadas, o provenientes de convenios con instituciones extranjeras. Esta suma significa un 25% del presupuesto general. De estos recursos propios, el 80% es aportado por las actividades del Centro de Computación (39%), Instituto de Investigaciones y Ensayes de Materiales. IDIEM (47%) y Centro de Geodesia (14%). El 20% restante se deduce de compromisos comerciales directos con empresas capitalistas privadas. Incluyendo las utilidades del convenio con la NASA, el aporte de los recursos propios al presupuesto de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas se eleva a un 45%. Las cifras corresponden al cálculo presupuestario para 1969.

El adelanto, sin embargo, no llega a las escuelas de profesiones pobres, y en la Facultad de Filosofía y Educación estalla con fuerza la reforma, exigiendo cambios no sólo académicos sino de estructuras de poder, (co-gobierno). Se cuestiona el sistema universitario y por tanto el sistema social vigente, entre los cuales hay hasta ese momento una total equivalencia. La reforma se arma de un contenido social y político que no tuvieron los cambios introducidos por la burguesía en las escuelas que necesita proteger por interés directo. Cuando el movimiento reformista sale de la Facultad de Filosofía y se generaliza en toda la Universidad, choca con los criterios "modernos", como el caso del decano Velasco, y con la más rancia reacción universitaria; y logra botar del poder a algunos de ellos, como el decano Neghme, de Medicina, y Haisse, en la propia Facultad de Filosofía y Educación.

La relación de las profesiones universitarias con el medio es otra causa que ayuda a conformar el proceso reformista y que prueba el carácter social del movimiento, son los estudiantes de aquellas profesiones de status económico bajo, los que marchan a la vanguardia de la reforma y los que demuestran una actitud más combatiente y política. Nos referimos a los estudiantes de Pedagogía, Sicología, Periodismo, Sociología, Bellas Artes, Música, Teatro. En general, el área humanista de la sociología, la pedagogía y el arte. Detrás de la protesta de estos estudiantes está presente la inconformidad por su futuro económico.

La concientización de los problemas sociales en el estudiantado y los profesores jóvenes de las áreas más pobres de la Universidad le va dando a la reforma un contenido político cada vez mayor, que despierta resistencia en la autoridad universitaria conservadora, y es mirado con indiferencia entre el alumnado de las facultades donde las cosas "no están tan mal". El grado de rebelión llegó a su punto máximo con las tomas de escuelas en mayo y junio de 1968, fecha en que en otras partes del mundo, Francia y Alemania Occidental principalmente, se desarrolla una violenta agitación estudiantil de protesta contra la sociedad capitalista, tecnocrática y deshumanizada. En ese entonces, los decanos de la Universidad de Chile se resistían franca y específicamente a un cambio en las estructuras de poder, por la sencilla razón que no estaban dispuestos a entregarlo "motu proprio" y hubo que quitárselo. Pero esta agitación, que pudo ser un camino para conducir la reforma a mejores aguas, amainó totalmente cuando intervino la FECH, controlada por el partido de Gobierno.

Un acuerdo entre la FECH y el Consejo Universitario institucionalizó el proceso de reforma y le dio patente legal en el interior de la Universidad. El acuerdo FECH-Consejo. conocido como acta de la FECH, se firmó prácticamente después de un año de haber estallado el movimiento de la Facultad de Filosofía. Principalmente, estableció las normas que ha de seguir en el futuro el proceso de reforma, creando para ello la Comisión Central de Reforma y el Plenario Nacional de Reforma.

Es a través de estos organismos donde continúa la discusión en torno a la reforma. Seis meses después los dirigentes del movimiento reconocen que han perdido contacto con la base universitaria, la que responde en general con apatía ante la imagen burocratizada que va tomando el proceso reformista. La reforma creó sus propias oficinas, y en ese momento puso una barrera entre ella y la masa universitaria de la cual nunca debió separarse. Esta desconexión con la base, es reconocida por el presidente de la mesa directiva del Plenario Nacional de Reforma, doctor Enrique Paris, en la declaración pública que hizo sobre el último acuerdo del Consejo Universitario en torno a las elecciones de nuevas autoridades transitorias. En ella dijo: "En la discusión de este acuerdo hubo varios hechos que debemos destacar: 1) Por la urgencia que existía en tomar los acuerdos, sólo fue posible consultar a las Comisiones de Reforma a través de la Comisión central de Reforma y contactos informales con otros organismos de la Reforma, lo que REVELA UNA MALA COMUNICACIÓN de los dirigentes con las bases". (Las mayúsculas son nuestras). Es necesario agregar que el Plenario Nacional de Reforma no funciona como una asamblea permanente y se ha reunido una sola vez.

El Acta de la FECH significó la integración de todos los grupos y sectores al proceso de reforma. Después de las acciones estudiantiles de mayo y junio, los decanos entraron a dialogar con las directivas de las fuerzas reformistas y pudieron comprobar que en ese terreno lograron mucho más. Fruto de este diálogo fue el acuerdo de la FECH con el Consejo Universitario, que tuvo efectos inmediatos y mediatos. Las dos terceras partes de las escuelas tomadas fueron devueltas a las autoridades universitarias, por acuerdo de la mayoría demócratacristiana del Consejo de Delegados de la FECH. Esta medida fue respaldada pasivamente por la mayoría del estudiantado, que no veía concretarse en nada la toma de los locales, fuera del Acta conseguida por la dirección de la FECH. Los reformistas debieron entregar también las escuelas ocupadas, ya que más de la mitad de la Universidad funcionaba al margen de ellos.

El movimiento reformista comenzó a perder terreno después de llegar a la cúspide de su efervescencia. Hoy está dividido, con los comunistas apoyando el Acta de la FECH y socialistas y miristas condenándola como una traición al ideario de la reforma.

Este fue un momento clave en el proceso, que marcó el tono del movimiento para el futuro. Las características fundamentales de esta etapa que se extiende hasta la fecha, son: surgimiento de una nueva contrarreforma que adopta el carácter de una posición académica, de modernización universitaria, apolítica, que oscila entre sectores abiertamente reaccionarios y grupos neutros y cientificistas, especialmente de los docentes; por efecto contrario, radicalización política de los sectores reformistas; estancamiento de la discusión y agitación en las bases en torno a la reforma y su futuro; institucionalización de la conducción del proceso a nivel de directivas y del Consejo Universitario; apatía general en la masa universitaria, que en los últimos días se transformó en una creciente disconformidad en los sectores que no han visto resueltos sus problemas (alumnos se toman la Escuela de Teatro, pidiendo que se hagan realidad en sus planes de estudio las consignas reformistas de "Universidad crítica" y mayor "integración a las luchas sociales"); la APEUCH, que agrupa al personal no docente, se declara en huelga indefinida ante el acuerdo del Consejo Universitario que rebajó su porcentaje en las votaciones de un 10 a un 8 por ciento.

En esta etapa, la reforma realiza los Plenarios, donde se inicia la discusión de la nueva estructura de la Universidad; pone en funcionamiento las comisiones de reforma en todas las facultades, donde se resolverán los problemas técnicos de cada centro de estudio; realiza un referéndum para resolver cuestiones generales de principios, y llama a elecciones de nuevas autoridades unipersonales y colegiadas transitorias.

Este panorama deja un resultado de debilidad general para el movimiento reformista, que se expresa en voces que surgen en toda la Universidad desconociendo los acuerdos de los Plenarios de Reforma, sin que tengan una respuesta adecuada. No cabe duda que la campaña antirreformista proviene del exterior, y es agitada principalmente por el diario "El Mercurio". En un editorial éste critica el anteproyecto de estatuto universitario presentado por la mesa directiva de los Plenarios de Reforma, en el punto que más le interesa a la derecha: "la inviolabilidad del territorio universitario". El anteproyecto señala: "los recintos universitarios son inviolables, y ninguna autoridad ajena a la corporación o sus agentes podrá penetrar a ellos a fin de ejercer sus atribuciones sin anuencia de la autoridad universitaria que corresponde". "El Mercurio" manifiesta que "la inviolabilidad territorial que se pretende no tiene apoyo legal alguno". El Gobierno no aceptará esta tesis, llegado el momento de pronunciarse sobre ella, cuando haya que legalizar el estatuto ante los poderes públicos, y sin lo cual la inviolabilidad territorial no pasará de ser una frase romántica. Esta situación refleja más claramente que otras la oposición entre la reforma universitaria y el Gobierno.

El verdadero enemigo de la reforma es el capitalismo nacional y extranjero que no está dispuesto a entregar la Universidad como centro de perfeccionamiento ideológico y técnico del sistema, a las fuerzas de izquierda. En la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, donde existe una relación directa entre la empresa y la Universidad, según vimos anteriormente, se desconoció abiertamente la Comisión de Reforma y fue reemplazada por el actual Consejo, el que será ampliado con 32 representantes más, que se estaban eligiendo al cierre de esta información. Se presentaron dos listas. Una bajo el título de Movimiento Universitario de Reforma Académica agrupa a los elementos de derecha y centro de la facultad que defienden su actual status de convivencia con la empresa, y sus planes de estudio, todos en función de la mayor utilidad para el desarrollo capitalista. La lista está encabezada por el profesor de mecánica racional Efraín Friedman M., gerente de la Empresa Nacional de Computación, creada por el Gobierno en 1968, con el fin de centralizar toda la información en el país. La empresa tiene importantes compromisos comerciales con la firma norteamericana de computación ISM. Entre sus compañeros de lista aparece Augusto Matte, ingeniero de ENDESA, que controla un bloque de 40 a 50 profesores que trabajan en ese organismo estatal.

La segunda lista es reformista y está encabezada por el profesor Ivo Babarovic. Su novedad radica en que agrupa a todos los sectores reformistas, desde miristas a comunistas. Esta unidad se produjo por efecto de tener encima al verdadero enemigo, dicen sus dirigentes.

El movimiento reformista está representado ante la autoridad universitaria por las directivas elegidas por el Plenario Nacional de Reforma y la Comisión Central de Reforma, ambas con derecho a voz y voto en el Consejo Universitario. La tendencia a discutir y resolver los problemas a nivel oficial ha perjudicado en más de una oportunidad los intereses de la reforma. Esta va perdiendo fuerza ante los embates de la derecha y debe llegar a negociar a las mesas de los organismos tradicionales del poder universitario.

La transacción más importante hecha por el movimiento reformista fue el aplazamiento de las elecciones del Senado Académico, bajo la consigna "todo el poder para el Senado". Ante la oposición de diversos sectores y sus amenazas de marginarse de la elección, la directiva de los Plenarios aceptó la postergación y la reducción del papel del Senado condicionándola a la redacción del nuevo estatuto universitario que elegirá conjuntamente Rector, Secretario General y Senado Académico, el próximo 26 de junio. El Rector subrogante Ruy Barbosa aportó el compromiso del Gobierno de colaborar con la rápida legalización de las estructuras provisorias que se elegirían. Estos puntos fueron incluidos en un acuerdo del consejo universitario, que sirvió de base para el proyecto de ley sobre las elecciones que presentó la Universidad al Presidente Frei, en espera de su patrocinio. El acuerdo rebaja de un 10 a un 8% la ponderación del voto del personal no académico, da representación con derecho a voz y voto al Ministro de Educación en el nuevo Consejo Ampliado, para el que se elegirán, también el 26 de junio, seis nuevos consejeros en representación de toda la comunidad universitaria.

La dirección de la reforma está consciente de que el acuerdo es mal recibido en la base universitaria, especialmente entre los estudiantes y los funcionarios administrativos. Ninguno de los organismos reformistas y gremiales votó en favor de la reducción del voto de la APEUCH, pero éste fue aprobado por escasa diferencia. La mesa directiva de los Plenarios quedó igualmente comprometida al Participar del acuerdo.

Después que la confusión de los primeros meses de 1969, donde no existía ningún proyecto concreto para continuar con el proceso adelante, y la separación de la izquierda inutilizaron el frente reformista, los dirigentes comunistas volvieron a tomar el asunto en sus manos, como en la época del Acta de la FECH, e impulsaron la salida política. Consideran necesario un acuerdo convencidos de que no hay otro camino y que la elección del Senado y del Rector permitirá reabrir la discusión en la base en torno a los programas concretos de acción de los candidatos. A la vez que definirá los sectores de la Universidad. Para esta posición es fundamental en estos momentos la toma del poder.

La elección más importante será la de Rector, pues éste conservará durante el período de transición el 90% de su poder actual. Los candidatos de la reforma oscilaban entre Pedro Vuscovic, Eduardo Novoa y Alfredo Jadresic. Por la derecha, con apoyo de otros grupos, postularían Eugenio Velasco o David Stichkin (Enrique D’Etigni anunció privadamente su retiro). Un tercer grupo del sector de profesores cientificistas proclamó formalmente a Fernando Vargas, presidente de la Comisión Central de Reforma, quien carece de posibilidades ciertas para ser elegido Rector.

Todos los sectores de izquierda y progresistas en general tendrán que definirse en torno al candidato de la reforma, mientras no surjan otros cauces de expresión, y si la disconformidad de las bases no lleva a repetir los sucesos de mayo y junio de 1968. Por el momento la tesis de los comunistas es la más válida, pues la abstención a secas en las elecciones no tendría acogida en ningún frente.

El primero en recoger el guante de los comunistas para reabrir el debate, fue un grupo de profesores independientes de izquierda encabezados por el decano de Bellas Artes, Pedro Mira, y por el Director del Departamento de Filosofía Juan Rivano. El grupo entregó una declaración firmada por 90 profesores y ayudantes, donde expresan sus críticas al acuerdo del Consejo Universitario. El acuerdo señala:

"El Movimiento Universitario Reformista se ve obligado a aparecer ante la comunidad Universitaria denunciando el carácter contrarreformista del reciente acuerdo del Consejo Universitario fraguado a espaldas de la comunidad por sectores que han logrado a este efecto la casi unanimidad de dicho Consejo, organismo repudiado en muchas oportunidades, incluso por la Convención Nacional.

Nuestro movimiento estima que el citado acuerdo tomado el viernes 9 de mayo representa un grave atentado contra la Reforma. Este acuerdo significa de hecho:

Reducir las funciones del Senado Académico, que se limitarían ahora al estudio de un Estatuto Orgánico Universitario que de hecho sancionaría el "Nuevo" Consejo Universitario para tratar de convertirlo en ley.

Crear sin tener atribuciones para ello, un Régimen de Votaciones para las resoluciones del Senado.

Desconocer lo acordado sobre la representación del personal no académico, reduciéndolo del 10 al 8 por ciento.

Crear 6 nuevos consejeros nacionales a quienes se les otorga también la calidad de Senadores.

Designar un representante de las Sedes de provincia.

Rebajar de 8 a 6 el número de delegados estudiantiles.

Los puntos de este acuerdo son suficientes para deducir:

A.— El arbitrario atropello de los acuerdos establecidos por los Plenarios de Reforma, tomados con participación democrática de toda la comunidad universitaria.

B.— La pérdida substancial del carácter democrático del Senado en favor del robustecimiento del poder centralizado del Consejo Universitario que consolida así su estructura feudal tradicional. Es el temor a la democratización representada por el Senado, lo que ha llevado a estas maniobras que levantan un muro protector en torno del Consejo Universitario, lugar "perfecto" para la transacción y el juego político extrauniversitario.

C.— Queda claro el intento de legitimizar el Consejo "democratizándolo" con el injerto de 6 consejeros nacionales que obviamente serán "elegidos" por arreglo partidista.

D.— La transacción de la Reforma a través de concesiones y arreglos que no logran siquiera equilibrar la relación de poder dentro del Consejo, pese a ser reformista la mayoría de la comunidad universitaria.

E.— La reducción inconsulta de la representación de los estamentos no académicos y estudiantiles, con la complicidad de los delegados que deberían defender los derechos conquistados por dichos estamentos".

El proceso de reforma elevó el nivel de la lucha estudiantil y amplió el frente de concientización social en el alumnado. Sin duda que los postulados de integrarse a la lucha de clases en la contienda callejera debe algo de su mayor acogida al proceso de discusión ideológica abierto por la reforma, especialmente en lo que se refiere al papel del estudiante en la sociedad, aun cuando esta acción sigue dependiendo de las actividades militantes de los partidos de vanguardia en la Universidad. Es probable que esta combatividad permita a los estudiantes tomar en sus manos nuevamente el proceso de reforma e impulsarlo hacia metas más ambiciosas y revolucionarias. Del otro lado, la reacción prepara medidas urgentes para el caso que se elija un Senado o un Rector reformista. Un consejero del Presidente Frei dijo a un alto dirigente de la reforma: "El Gobierno aceptó un Rector comunista en la Universidad Técnica, pero el Gobierno no aceptará un Rector comunista en la Universidad de Chile".

La lista de derecha ganará la elección de nuevos consejeros en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, y con el control de ese importante centro podrá manejar cualquier acción en contra del poder central reformista. Especialmente, intentará la independencia del área de ingeniería constituyéndola en sede, idea que tiene acogida mayoritaria entre estudiantes y profesores de esa facultad, pues les resulta fácil ceder al argumento que su facultad está reformada y modernizada y no puede dañar su eficiencia por esperar que el resto de la Universidad se ponga al día en cuanto a nivel docente. La preocupación por el futuro personal de la carrera es superior en el estudiante de ingeniería y su desinterés por los problemas político-sociales puede explicarse en el número de jóvenes de nivel económico alto, un 35%, en comparación de sólo un 10% de alumnos de nivel considerado bajo y un 30% de nivel medio.

AUGUSTO CARMONA A.


La Universidad al servicio de la revolución

El pensamiento de un dirigente estudiantil sobre el papel que debe cumplir la Universidad, queda reflejado en el discurso que el presidente de la Federación de Estudiantes de Concepción (FEC), Nelson Gutiérrez, pronunció en el acto aniversario de la Universidad penquista.

Nelson Gutiérrez, presidente de la FEC, es militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), sector político que junto con el Partido Socialista controla la organización estudiantil de la Universidad de Concepción.

El siguiente es el discurso del presidente de la FEC:

“AL cumplirse medio siglo de vida de nuestra Universidad, es necesario reflexionar sobre su historia, que ya es pasada, y sobre el momento presente, para extraer la experiencia que nos permita determinar la naturaleza del actual proceso de Reforma y señalar entonces los derroteros por los cuales deberá caminar la Universidad en el marco de las nuevas circunstancias histórico-sociales del país.

Digamos que ésto es imprescindible para nosotros los estudiantes, porque hemos decidido aquí y en el mundo entero que no seremos más el objeto de una historia que nos es ajena y se nos sobreimpone. Desde hoy con nuestra existencia estamos afirmando la negación de una historia deshumanizada y la inscripción de significados humanos en la praxis transformadora de la sociedad y del hombre.

A cincuenta años de 1919, con todo el peso de medio siglo de existencia social, estamos enfrentados a una realidad nueva y compleja, dinamizada por nuevas fuerzas, por nuevas y viejas contradicciones, por la aspiración de los hombres de realizar el. proyecto de una sociedad humana. Sin embargo, la conciencia de muchos se niega a comprender el momento en que vivimos, es el producto de una conciencia interesada, anclada en el presente que sostiene la estructura de sus privilegios. Son los no hombres los que objetivan la antihistoria de la sociedad contemporánea.

1969 con el proceso de reforma universitaria en camino de materializarse, recuerda a 1919, el momento en que la Universidad cobró existencia histórica. Hoy la Universidad nace una vez más en la historia, nace vivificada por nuevas fuerzas sociales, nace en circunstancias tan difíciles como hace cincuenta años.

Hoy estamos pisando sobre el umbral de una época nueva, nuevos sectores sociales irrumpen en el escenario de la historia y el grito universal de los estudiantes cansados de aceptar un mundo subhumano y opresivo, la sociedad de consumo del llamado mundo desarrollado y la sociedad del hambre y la miseria de los pueblos coloniales, conmueve los cimientos de la sociedad burguesa y anuncia el advenimiento de la sociedad nueva y del hombre nuevo.

En 1919, hace cincuenta años justamente, nuestra Universidad nacía a la vida cultural y política de la nación, el grito de Córdoba se extendía por todo el continente remeciendo la sociedad de la época, mientras miles y miles de oídos receptivos de estudiantes, de docentes, de hombres del pueblo, comprendían su significado y su mensaje humano, y se convertían en sus portadores más audaces.

Una ola de inquietud social agitaba las entrañas de América latina. En Chile, la economía nacional había entrado en una fase de estancamiento, determinada fundamentalmente por la crisis de la producción salitrera; era la etapa final del modelo colonial-exportador, que tuvo vigencia hasta 1930. Estos fenómenos se reflejaron en el plano de la estructura social, en un recrudecimiento de las crisis sociales, en grandes movilizaciones del proletariado que empezaba a exteriorizar los primeros destellos de una conciencia embrionaria. Los sectores medios emergentes van a percibir esta situación cada vez más patente de conflictividad e injusticia, traduciéndola en términos de la preocupación por la cuestión social. En Concepción, el proletariado minero continuaba su desarrollo padeciendo la situación general del sistema, se iniciaba en forma ineficiente el desarrollo industrial de la región, y la burguesía local tendía a afirmar su autonomía, su personalidad propia frente al centralismo metropolitano, constante de la historia nacional desde la Colonia. Es la época en que se inicia lentamente el ascenso de los sectores medios en la sociedad nacional.

La Universidad surge marcada profundamente por estos procesos. La burguesía agraria, comercial e industrial, los sectores medios especialmente los intelectuales, nucleados en la masonería local, grupo social que jugó un papel importante en la historia económica, cultural, social y política de la región, mientras fue un grupo autónomo.

Los fundadores de nuestra universidad recogieron las preocupaciones por el desarrollo económico regional, las preocupaciones por los problemas sociales y culturales de la zona, e influidos por el pensamiento iluminista, creyeron que a través del puro conocimiento y del poder de la razón, socializados, podrían transformarse la sociedad y el hombre. Aspiraron a llevar el conocimiento a todo el pueblo, sin percibir los obstáculos insalvables que la sociedad colocaba a esta intención. Los fundadores de la Universidad con Don Enrique Molina a la cabeza, materializaron la idea de una Universidad que aspiraba a ser universal, que se ha convertido en el hecho más significativo de la historia cultural de la región. La historia real de la universidad de Concepción y de las Universidades, se desenvuelve necesariamente dentro de los límites que permiten las condiciones histórico-estructurales de cada época; así la historia de la Universidad de Concepción está marcada por los procesos objetivos que vive la sociedad nacional. El tiempo histórico que corre desde el año veinte hasta el año cincuenta de nuestro siglo se caracteriza en la historia de las universidades porque en estos momentos se va produciendo la incorporación de los sectores medios en ascenso a todos los niveles de la sociedad, provocando una alteración en la estructura de poder y el surgimiento de nuevos fenómenos sociales y culturales.

A partir del año 30 en adelante el proceso de incorporación de los sectores medios se amplía e intensifica, como consecuencia del proceso de industrialización del país.

La burguesía industrial expande las universidades como consecuencia objetiva de su necesidad de formar los funcionarios de la burocracia estatal y la burocracia de las grandes empresas industriales. Es la época del populismo y del Frente Popular; la hegemonía de la burguesía industrial requiere de la organización y expansión del aparato burocrático del Estado, fenómeno que crea las condiciones materiales para seguir incorporando a los sectores medios. Es preciso señalar que los sectores medios siempre fueron instrumentalizados por la burguesía industrial, que desarrolló en las universidades sólo las profesiones liberales, pues su objetivo inmediato era la incorporación de estos profesionales a la producción material o como funcionarios de la superestructura, en ningún caso estos nuevos intelectuales orgánicos tuvieron la función de producir conocimiento, de construir conocimiento a través del desarrollo de la investigación científica y del pensamiento creador; fueron siempre grupos subalternos, que se vieron obligados a actualizar los intereses de la burguesía, que se vieron imposibilitados de contribuir al desarrollo de la cultura nacional. Desde el año cincuenta en adelante, la situación de las universidades y su función en la economía y en la sociedad nacional sufre ciertos cambios significativos. Cristaliza una nueva forma de dependencia en las relaciones de nuestra economía con el mercado mundial. El centro reorganizador de la economía capitalista mundial después de la guerra es Norteamérica, que asume la posición de potencia hegemónica. El nuevo sistema de interdependencia mundial que se establece acentúa la dependencia en todos sus niveles y la intensificación de la dependencia cultural, correlato de la forma de inserción de nuestra economía en el mercado mundial, se reflejará en la conciencia de los grupos medios en un proceso creciente de deslumbramiento por lo externo y de alienación cultural. A partir del año cincuenta en adelante, una creciente cuota de capitales norteamericanos empiezan a ser invertidos en las economías latinoamericanas; paralelamente comienza un proceso de modernización de las universidades, impulsado por el imperialismo norteamericano y las burguesías nacionales. Este proceso se realiza a través del patrocinio de las fundaciones norteamericanas como la Rockefeller, Ford, etc. y de organismos internacionales.

Es la era de la hegemonía del capital financiero a nivel nacional y mundial. El ritmo de expansión del capital financiero en el mundo dependiente le exige desplegar un tremendo esfuerzo para desarrollar las infraestructuras académicas, especialmente en el campo de la investigación, que le permitan cubrir a bajo costo las exigencias científicas y tecnológicas del desarrollo industrial. Este fenómeno descrito se da con particular intensidad en la Universidad de Concepción a partir del año 1958, a partir de la creación de los institutos de ciencias básicas, a partir del momento en que se empieza a impulsar la investigación científica.

Para los sectores que actualizan en el plano de la Universidad la defensa del sistema social existente, este proceso de modernización de la Universidad que intenta instrumentalizar al movimiento estudiantil y al cuerpo docente, es el proceso de Reforma que viven las universidades chilenas. Para nosotros, los estudiantes, que aspiramos a inaugurar junto a obreros y campesinos la historia humana del hombre, el proceso de reforma tiene contenido más fundamental y, por sobre todo, contradictorio con los objetivos democrático-burgueses del imperialismo y la burguesía. Examinemos el proceso real en que hoy estamos inmersos: la historia nos muestra que el sistema en todas las épocas no logró incorporar plenamente a los sectores medios a todos los planos de la estructura social. Un grueso sector quedó siempre marginado y hoy presiona fuertemente impulsando la reforma universitaria.

Pero el hecho más significativo, el hecho que cambia la naturaleza misma del proceso actual de reforma universitaria, es el fenómeno de la incorporación a escala mundial de las masas desposeídas a la construcción de la historia de la humanidad, a la destrucción del capitalismo. Hoy en el mundo entero los hombres que no poseen más que su fuerza de trabajo, que constituyen la clase mayoritaria de la sociedad contemporánea, reivindican su derecho legítimo a la educación superior, a todas las formas de la cultura que les son negadas por la sociedad actual. Las masas populares empiezan a comprender que la sociedad actual está imposibilitada estructuralmente para satisfacer sus necesidades y aspiraciones; simultáneamente los estudiantes empiezan a comprender la irracionalidad de nuestro mundo y empiezan a ser conscientes de que la universidad del pueblo sólo es posible en el marco de una sociedad del pueblo, que haya suprimido las clases, que haya negado el capitalismo como sistema. El proceso de reforma universitaria que hoy vivimos, cincuentayun años después del grito de Córdoba, cincuenta años después del nacimiento de nuestra Universidad, exterioriza y materializa el grito universal de los estudiantes contra un mundo deshumanizado y deshumanizante, que somete al hombre al dominio de potencias extrañas, convirtiéndolo en un objeto cuya función es la valorización del capital.

Esta reforma, producto de cien luchas y combates, expresa su contenido, las necesidades del capital financiero, los intereses corporativos de docentes y estudiantes, pero por sobre todo ella refleja activamente el proceso universal del ascenso de las masas oprimidas al poder. Esta es la reforma que trata de objetivar los intereses de los desposeídos, esta es la reforma que trata de incorporarse al movimiento de una sociedad que busca recuperar su humanidad perdida, esta es una reforma que busca la universalización de la Universidad y de la cultura, en el seno de la sociedad sin clases.

Hoy los estudiantes, desmitificada su conciencia, y conscientes de que deben realizar el humanismo socialista, actualizan en el plano universitario las urgencias de los desposeídos. Y esta urgencia de los que no tienen pan ni abrigo, tiene un ritmo histórico distinto a las urgencias de la burguesía que vive en el mundo de la opulencia, levantado sobre los hombros del trabajo asalariado. La urgencia de los oprimidos tiene un ritmo existencial que obliga a la violencia, es el ritmo de los hombres que no pueden esperar un mañana, porque no tienen un mañana, es el ritmo históricamente legítimo de los que aspiran a transformar el mundo.

Nosotros nos hemos incorporado al proceso de emancipación del pueblo, a la revolución descolonizadora y, en consecuencia, hemos incorporado esta tarea y este contenido al proceso de reforma. Pues las clases subalternas tienen derecho a expresar su política en el seno de la Universidad reformada, de la Universidad que hasta ahora sólo ha aceptado la política de las clases dominantes. De esas mismas clases que durante cincuenta años han esquilmado al pueblo, de esas que hoy reclaman contra un proceso de reforma que escapó al control de sus manos, avanzando más allá de sus intereses. Esas son las que hoy a través de sus medios de comunicación de masas difaman a la Universidad, intentan desprestigiar la reforma y llenan de injurias al pueblo. Son los mismos que nos acusan aquí y en todas partes de ser violentos. Somos violentos porque la urgencia de los oprimidos, la opresión de un mundo sin corazón, nos obliga a ello. Nosotros, depositarios del humanismo socialista, concebimos al hombre como motor y fin de la historia, y comprometidos a hacer entrar en existencia histórica el proyecto de nuestro humanismo, frente a una sociedad que lo niega violentamente, para transformarla, nosotros requerimos necesariamente, por una parte, el reconocimiento de su legalidad histórica y, por otra, su alteración y destrucción y su sometimiento a una legalidad humana. La violencia es la única arma real para realizar las urgencias de los oprimidos.

En esta reforma que ha levantado el odio de tantos, está también la presencia violenta del Estado que asume formas políticas cada vez más coactivas, empieza a cuestionar progresivamente la autonomía universitaria y coloca límites objetivos a la reforma a través de la restricción presupuestaria.

Está también la presencia de los que se niegan a aceptar la historia y quieren retrotraernos a épocas preteridas, a tiempos caducados, a formas obsoletas de convivencia universitaria: es el ejército mercenario de los antirreformistas.

Está también presente la prensa venal y el periodista que desconoce la moral.

Sin embargo, nada tememos, la historia está de nuestra parte, el pueblo trabajador está con la reforma; los obreros, los campesinos, los pobladores, los estudiantes secundarios han asumido su defensa.

En la Universidad de Concepción 7.200 estudiantes están dispuestos a materializar la reforma; están también la mayoría abrumadora del cuerpo docente y los no docentes; la reforma continuará su marcha pese a todo y pese a todos. Los espíritus mediocres recibirán el castigo de la historia.

Los estudiantes hemos decidido hacer la historia junto a obreros y campesinos. Nuestra vida la vivimos como una praxis colectiva humanizadora del proceso real, porque el hombre es siempre algo más que el sistema que lo determina, pues él tiene siempre la posibilidad histórica de superarlo a través de una praxis reflexiva, y en el mundo entero y en Concepción, las acciones del movimiento estudiantil se inscriben en el campo de las acciones que tienden a transformar el mundo.

Hoy la Universidad está naciendo otra vez a la historia. Recordemos en este momento el pasado para nunca más volver a él, construyamos la historia del mañana. Universitarios, arriba; ya estamos de pie en nuestro compromiso de acción, desde hoy y para siempre con nuestro emblema: estudiar y luchar. Incorporémonos a la construcción de la historia humana del hombre”.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02