La quiebra del PDC

DOCUMENTOS
Suplemento de la edición Nº 79 de PUNTO FINAL
Martes 20 de mayo de 1969.
Santiago - Chile.

Se pinchó el balón de oxígeno de la Derecha
(La quiebra del PDC)

PARA un importante sector del Partido Demócrata Cristiano la consecuencia más grave de la Junta Nacional realizada por los dirigentes de su colectividad en los primeros días de mayo, fue la aprobación de un voto político que proclamó el aislamiento en vísperas de la elección presidencial de 1970. Pero para el país lo más grave fue la revelación que hizo el senador democristiano Renán Fuentealba sobre la intromisión del embajador de Estados unidos en las cuestiones internas de su partido y de la política nacional.

El senador Renán Fuentealba hizo su declaración el viernes 2 de mayo, cuando aún era presidente del PDC, por lo que sus palabras alcanzaron mayor resonancia. Veinticuatro horas después, el conocido comentarista político Luis Hernández Parker lanzó la revelación en su programa radial y el lunes 5 de mayo el conservador matutino "El Mercurio" publicó las siguientes declaraciones de Fuentealba: "En conversación privada, manifesté que de muy buena fuente sabía que el embajador de EE.UU. era partidario de que el PDC le cediera el paso a la candidatura de Jorge Alessandri que, según mi informante, tendría un gobierno de muy corta duración, y según el embajador, al cabo del cual, la Democracia Cristiana podría ser restituida al poder. Parece que es una información muy veraz, y corresponde muy bien a la mentalidad de estos embajadores de países que pretenden gobernar también fuera de su casa. Bastante coincidente con esto fue el resultado de la Junta. Resulta difícil para el partido ganar la Presidencia de la República con esta fórmula".

Los que conocen el lenguaje sofisticado del senador Renán Fuentealba comprendieron que detrás de sus frases complejas y profundas estaba el secreto del embajador norteamericano, develado por el líder democristiano. El nuevo presidente del PDC, Jaime Castillo, quedó en inconfortable situación. Si no recogía la acusación de Fuentealba su directiva aparecía comprometida con una maniobra política diseñada en Washington. Por eso se vio obligado a anunciar que le pediría explicaciones y más tarde a anunciar que lo enviaría al Tribunal de Disciplina. Todas las acusaciones anteriores sobre la orientación derechista y pro norteamericana de La Moneda quedaron pequeñas ante la formulada por el líder de la corriente "tercerista", Fuentealba. Sin embargo no se le envió al Tribunal y el Ministro de Relaciones Exteriores, requerido por los dirigentes del Partido Socialista, se limitó a decir que La Moneda no cree que el embajador norteamericano intervenga en asuntos internos de la política chilena.

Los socialistas pidieron oficialmente la salida de Edward M. Korry, embajador de Estados Unidos. Este, a pesar de estar en Washington, (había partido a su país horas antes de comenzar la Junta del PDC), hizo una declaración en Santiago (gran sentido de la ubicuidad) en la cual expresó que no tuvo ninguna entrevista con dirigentes democristianos hasta un mes antes de la iniciación del polémico torneo del partido gobiernista.

¿Por qué Jaime Castillo no pasó al Tribunal de Disciplina a Renán Fuentealba, pese a la gravedad de su acusación? Porque en esos momentos el PDC era convulsionado por el estallido de una crisis que aún no se detiene y por el contrario tiende a agravarse.

En menos de una semana el PDC perdió a seis de sus cuadros más destacados en un desangramiento que marca la desintegración de la colectividad que surgió con características de una federación en 1957.

En 1935 un grupo de integrantes de la Juventud del Partido Conservador, la fuerza política más tradicional y reaccionaria de esa época, decidió abandonar esa colectividad.

El desangramiento de la Juventud Conservadora correspondió a un fenómeno generacional e ideológico. Los cristianos empezaban a desvincularse de las formas tradicionales de la propiedad, surgiendo una pugna entre los capitalistas de corte liberal, católicos, y los cristianos que eran penetrados por la corriente avanzada del socialismo.

Un grupo connotado de jóvenes que habían sido impregnados por el pensamiento de un sacerdote, Francisco Vives, resolvió abandonar el Partido Conservador: Bernardo Leighton, Rafael A. Gumucio, Ignacio Palma, Ricardo Boizard, Eduardo Frei, y otros.

El grupo formó la Falange Nacional, nombre derivado del movimiento de corte fascista que por entonces surgía potente en España, bajo el liderato de José Antonio Primo de Rivera. Justamente uno de los jóvenes conservadores, Manuel Garretón, estaba empapado en los planteamientos hispanistas del líder peninsular. La insignia de la nueva colectividad también guardó relación con el pensamiento del movimiento español: una flecha vertical atravesada por dos barras, la que popularmente fue bautizada como "cruz p'al cielo". Su significado: una flecha que atravesaba a la izquierda y a la derecha. Así la Falange nació marcada por un sello centrista. No obstante, a poco de andar, el joven movimiento se desvinculó de la influencia hispana amarrándose mejor a la realidad chilena. Sin embargo, a través de la historia la Falange se balanceó entre la izquierda y la derecha, observando por momentos una tendencia centrista. Fue por efecto de esos vaivenes que Bernardo Leighton aceptó ser Ministro del Trabajo del conservador gobierno de Arturo Alessandri Palma. Más adelante otros correligionarios suyos, entre ellos Eduardo Frei, serían Ministros de gobiernos centristas.

La Falange Nacional surgió como una respuesta crítica a las posiciones ultraconservadoras de la derecha criolla que se negaba a admitir el vuelco histórico impuesto por la Revolución Bolchevique y por el surgimiento de rebeliones socialistas en muchos lugares del mundo, especialmente en Europa.

Los falangistas se autodefinieron como cristianos y durante años quedaron sujetos a la orientación que proporcionaba a los católicos la jerarquía de la Iglesia chilena y el Vaticano, lo que no impidió que en varias ocasiones se .produjeran contradicciones entre el carácter reaccionario de los dirigentes clericales y las posiciones vanguardistas de un sector de la Falange Nacional. Pese a las contradicciones los falangistas permanecieron atados a la Iglesia Católica y hubo un instante en que debieron detener su marcha política ante la amenaza de una excomunión.

En 1957 los falangistas resolvieron transformar a su colectividad, y así nació el Partido Demócrata Cristiano, el que surgió con una fachada independiente de la Iglesia Católica, pero la jerarquía de esta última continuó manteniendo su influencia sobre el grupo de líderes falangistas. A esa altura el Partido Demócrata Cristiano era un conglomerado vastísimo en el cual coexistían los más variados grupos sociales. En un lado estaba, por ejemplo, el empresario de la construcción y multimillonario José Luis del Río y al otro un obrero de la construcción. Con satisfacción los líderes del PDC exhibían esa situación como una demostración del espíritu democrático de un partido pluriclasista.

Desaparecido Manuel Garretón, la Falange Nacional y luego el PDC contaron con dos líderes indiscutidos, Eduardo Frei y Radomiro Tomic, ambos ocuparon sillones en el Parlamento. En 1957 el PDC era controlado por Frei, quien preparaba su llegada a la Presidencia de la República. Tomic estuvo largo tiempo marginado de la política, luego de hacer una declaración que se hizo histórica: "Me alejo porque no tengo vocación política, porque deseo dedicarme a mis asuntos privados ya que tengo una familia numerosa que mantener y, además, porque mi salud está resentida". Tomic retornó a la vida política y en 1981 fue elegido senador por las provincias de Aconcagua y Valparaíso, con una votación excelente.

En 1958 el Partido Demócrata Cristiano postuló a Eduardo Frei como candidato a la Presidencia de la República y con ese acto impidió que el socialista Salvador Allende pudiera derrotar al conservador Jorge Alessandri. Este superó al izquierdista por menos de 40 mil votos y se dijo que esa diferencia la provocó la candidatura de un ex sacerdote, demagogo (Antonio Zamorano) quien se alzó en un pueblito, Catapilco, como líder lugareño para terminar en aspirante a la Presidencia de la República. Como Zamorano era "Cura de Catapilco" y con ese apodo ingresó a la política, ésta acogió la expresión "Catapilco" para definir a los candidatos que en una lucha no están llamados a vencer sino a hacer el juego a otro que tiene chance de victoria. Observada desde ahora, la elección presidencial de 1958 es justo preguntarse si sólo Zamorano fue un "Catapilco" o si igual función la cumplió Frei y la Democracia Cristiana.

Frei ganó el sillón presidencial con una votación record. Superó por medio millón de votos al socialista Salvador Allende, que representó a la izquierda. Frei fue el candidato del PDC y de los tradicionales partidos derechistas, Liberal y Conservador. Triunfó en una elección que estuvo marcada por el sello del antisocialismo. No obstante la Democracia Cristiana presentó su candidatura con el slogan de la "Revolución en Libertad". ¡Un partido de revolucionarios, apoyado por liberales y conservadores!

En el año 1964, Frei no necesitó de maniobras diversionistas para crear una alternativa de poder. Washington comprendió que para detener a Salvador Allende y al movimiento socialista era indispensable levantar un candidato que captara votos en los sectores populares.

Tanto la Derecha como el centrismo tenían candidato propio, el senador Julio Durán, quien, además, daba garantías al capitalismo norteamericano y europeo; pero se estimaba que su chance era dudosa en un enfrentamiento a tres candidatos (los otros eran el socialista Salvador Allende y el democristiano Eduardo Frei).

En marzo de 1964 se aprovechó una elección complementaria de diputado para definir la situación del centrismo y la derecha. Los derechistas desembarcaron al senador Julio Duran, en torno al cual se agrupaba un bloque llamado Frente Democrático, porque su misión "es vencer al comunismo", y volcaron su apoyo sobre la Democracia Cristiana que tenía un candidato populista, con un programa que fácilmente confundía al pueblo.

Eduardo Frei, como lo han señalado posteriormente publicaciones norteamericanas, recibió el apoyo económico cuantioso de Estados Unidos y de algunos gobiernos y grupos capitalistas de Europa Occidental. Para revestirse de un aspecto más amplio, Frei hizo un viaje a los países socialistas, profitando del deshielo que empezaba a producirse entre los gobiernos de Estados Unidos y la Unión Soviética.

¿Qué papel jugó el Partido Demócrata Cristiano en la campaña de 1964? ¿Todos sus militantes y dirigentes estuvieron conscientes que eran instrumentos o aliados del imperialismo norteamericano y de la derecha chilena?

Todo indica que millares de democristianos fueron engañados, pero que en cambio muchos dirigentes, complacidos por anticipado con un triunfo, no vacilaron en aceptar el timo. Lejos de buscar el desenmascaramiento de los verdaderos intereses que defendería un gobierno democristiano, los mimetizaron con el ruido de un bombo y con consignas populistas y acentuaron el carácter esperanzador de la campaña, atrayendo a una juventud burguesa desencantada que se fascinó en el movimiento de la "Patria Joven". La campaña presidencial democristiana de 1964 quedó en manos del PDC pero el supercomando estuvo confiado a un grupo privado, íntimamente ligado a Frei, en el cual destacaban el ingeniero Raúl Sáez y el sacerdote jesuíta belga Roger Veckemans.

Todo el aparato financiero de la Iglesia Católica se volcó sobre Chile para convertir la lucha electoral en un enfrentamiento entre socialismo y fuerzas del statu quo, representadas por Frei.

Radomiro Tomic, Eduardo Frei y Gabriel Valdés (este último fue nombrado Ministro de Relaciones Exteriores en 1964), realizaron varios viajes, públicos y privados, a Estados Unidos para dar examen ante las autoridades de ese país v demostrar que su movimiento constituía la alternativa segura para los inversionistas de ese país.

En 1964 Eduardo Frei dirigió una carta al diario "The New York Times" de Estados Unidos, para aclarar ante la opinión pública de ese país su posición. Fue insertada en la sección "cartas de los lectores" y en ella Frei aseguró que "no sería el nuevo Fidel Castro" en América latina.

El Partido Demócrata Cristiano fue calificado por la izquierda como el "balón de oxígeno de la Derecha" y la expresión fue rechazada una y otra vez por los dirigentes democristianos.

En 1969 son democristianos los que hacen esa imputación a los dirigentes elegidos en la Junta Nacional de los primeros días de mayo del año en curso.

El 6 de mayo renunció al Partido Demócrata Cristano el senador Rafael Agustín Gumucio, líder del sector "rebelde" e hijo de uno de los personajes que más influyó en la formación de la Falange, de la cual el propio Gumucio fue fundador.

En su carta-renuncia Gumucio acusó: "La última Junta reveló la resistencia invencible de las fuerzas que dominan al partido a buscar entendimiento con la izquierda para producir la unidad del pueblo. Pese a que el voto presentado por la Mesa del senador Fuentealba plantea esta unidad sobre la base de una candidatura de un hombre nuestro, ello se rechazó. Ni siquiera el hecho de que esta tesis fuera la de Tomic, a quien la Junta quería proclamar como candidato, hizo posible su aceptación. Sería difícil concebir que se produjera una circunstancia más favorable a ella, no obstante lo cual fue derrotada. Esto me ha llevado al convencimiento que en nuestro partido se han consolidado fuerzas que ya nada tienen en común con lo que yo pienso. El acuerdo de la Junta revela una indiferencia realmente alarmante ante la seria chance de la derecha de retornar al gobierno y junto a eso un rechazo muy profundo a buscar condiciones que pudieran aproximarnos a la izquierda".

En otra parte de su carta Gumucio dice: "Las corrientes más avanzadas del pensamiento cristiano ya no son recogidas por nosotros y de hecho más que un instrumento del cambio revolucionario de la sociedad, somos un instrumento del status social, una fuerza administradora del sistema, garantizadora del orden establecido".

Negar que el PDC ha contribuido en algunos pasajes de su vida a precipitar situaciones favorables para el movimiento popular sería suponer que todos los militantes y especialmente sus dirigentes han engañado deliberadamente al pueblo. Dentro del propio PDC hay engañados y han sido éstos los que durante años han dado golpes de timón para orientar a la colectividad hacia posiciones de avanzada. Pero los verdaderos estrategas del PDC son los que han hecho jugar al partido el papel de salvaguarda de la burguesía y de los intereses imperialistas. En 1958 el PDC impidió el triunfo de la Izquierda y en 1964 Frei, representando a la derecha tradicional, enfrentó deliberadamente a la izquierda tradicional.

La burguesía chilena es hábil y ha sabido encontrar en cada momento histórico un instrumento para contener el avance de los sectores revolucionarios.

En 1970 las fuerzas que forman la vida política tradicional deberán elegir a un sucesor para el democristiano Eduardo Frei. La chance del PDC ha sido descartada, eso lo ha entendido incluso el Departamento de Estado norteamericano y ello explica la intervención del embajador Edward M. Korry.

Las encuestas de opinión pública (especialmente la última que acaba de realizarse por cuenta del equipo que encabeza Eduardo Hamuy), indican un vuelco de vastos sectores hacia posiciones conservadoras que se identifican con la figura del septuagenario Jorge Alessandri, quien aparece como un "caballero de la esperanza".

Se dice que Jorge Alessandri no es la figura ideal para los norteamericanos, pero no es justo decir que él no les dé garantías. Bajo su gobierno el Fondo Monetario internacional manejó la economía chilena, como lo ha seguido haciendo bajo la administración de Frei.

En un momento Alessandri fijó una posición discrepante de las directivas norteamericanas, al postergar la ruptura de relaciones diplomáticas con la República de Cuba, dispuesta por el organismo que maneja el Departamento de Estado yanqui: la OEA. Pero en agosto de 1964 se apresuró a cumplir la orden y provocó el rompimiento.

Hay ciertos gestos de Jorge Alessandri que le muestran como un político independiente ante Estados Unidos; pero en la línea gruesa de su comportamiento hay siempre un sometimiento que no lo distingue de los políticos tradicionales de la burguesía chilena. Por lo demás lo que le da el sello a Alessandri es su defensa del capitalismo más tradicional y es un hecho que los capitalistas chilenos están de un modo u otro ligados a los intereses norteamericanos, lo que destruye la peregrina tesis de la existencia de una "burguesía nacional".

Jorge Alessandri es una buena alternativa para los intereses norteamericanos y para la burguesía chilena. Protegido por el régimen de ambigüedad, que ha sido alimentado por las indecisiones de las vanguardias de la izquierda chilena, Alessandri aparece como un político de corte populista que gana prestigio ante la masa por valores simples, surgidos de su estilo personal: enemigo de la pomposidad y partidario de un orden estricto (característica esencial en un conservador).

Dentro de la burguesía chilena y en Washington hay muchos que creen que seria mejor encontrar otra figura menos díscola que Alessandri. Pero eso no indica que estén en contra suya. Si hubiese un repuesto mejor lo usarían para seguir marchando en el carro del poder. Eduardo Frei está ligado a la burguesía; aún más, en la actualidad es uno de sus hombres más caracterizados y el Gabinete que mantenía en el instante de producirse la Junta Nacional que provocó la definición en el PDC representaba a la burguesía y a los intereses norteamericanos.

Es natural que Frei y su equipo no estén interesados en que triunfe en el PDC una corriente que se propone llevar a la colectividad hacia la denominada "vía no capitalista de desarrollo". En el análisis político no puede olvidarse la personalidad íntima de los personajes y por eso es conveniente recordar la admiración que Frei profesa ''por todo hombre que es capaz de construir una fortuna". Su brazo derecho, Edmundo Pérez Zujovic, no es un intelectual, no es un hombre formado en la doctrina, carece de posición ideológica, es un pragmático que ante los ojos de Frei tiene un mérito principal: ha sabido construir una fortuna que hoy lo convierte en uno de los hombres más ricos de Chile.

Eduardo Frei pudo orientar su gobierno hacia posiciones de avanzada. Le habría bastado aplicar una política de corte nacionalista para chocar con el imperialismo norteamericano y acelerar la reforma agraria para destruir el poder de un sector de la oligarquía chilena. Frei regaló a los norteamericanos los "convenios del cobre" y luego de lanzar la reforma agraria la frenó causando una confusión mayor en la destartalada agricultura criolla.

No puede decirse con certeza que la estrategia de Frei está encaminada exclusivamente a torpedear toda fórmula política que amague sus pretensiones de reelección en 1970, pero sí puede decirse con seguridad que su misión es impedir el triunfo de la Izquierda y por lo tanto asegurar el poder para la burguesía.

Frei buscó la definición del PDC en la última Junta Nacional. Puso al servicio del sector oficialista el poderoso aparato de La Moneda, y obtuvo una victoria.

La proposición de La Moneda es clara: el PDC debe designar candidato propio a la Presidencia de la República y mantenerlo hasta el final de la lucha de 1970. Eso significa congelar al PDC como fuerza de centro, constituyéndola en un nuevo "Catapilco" con lo que asegura el triunfo de otro candidato de la burguesía y de los intereses norteamericanos.

Frei pudo, si lo hubiese querido, evitar el enfrentamiento drástico y mantener unido el PDC. Para ello le habría bastado no derribar a la mesa que encabezaba Renán Fuentealba y aprobar el voto desteñido que presentaron "terceristas" y "rebeldes". Pero el Presidente de la República ya no está interesado en mantener la unidad del PDC. Sólo le interesa contar con un aparato de presión que pueda desempeñar un papel decisivo en la campaña presidencial para colaborar en la tarea de evitar el triunfo de un izquierdista.

El PDC, luego del éxodo de los "rebeldes" y de los "terceristas" del sector más izquierdista (Jacques Chonchol), gana su patente de auténtico partido de centro-derecha. Uno de los líderes del "tercerismo", Bosco Parra, diputado, que no quiso abandonar el PDC, acepta esa categoría cuando declara: "Nos quedamos porque el PDC sigue siendo el partido de importantes sectores conscientemente progresistas y abiertos a los cambios; porque al PDC se ligan grandes conglomerados sociales que regresarían a posiciones de derecha si nuestro movimiento se liquida...".

¿Qué clase de progresistas son éstos que vuelven a la Derecha si se disuelve el PDC?

La declaración de Parra constituye el mejor reconocimiento que el PDC no es una fuerza revolucionaria, ni siquiera izquierdista. Fue el "balón de oxígeno de la Derecha", la que ahora lo bota por inservible, porque ya tiene un repuesto. Es el papel que se le asignan en las sociedades tradicionales a los burgueses y pequeños burgueses, cuando se alza el peligro de una revolución.

Si se observa la declaración de Parra desde varios ángulos puede llegarse a la conclusión que el PDC es un caballo de Troya, pero su jinete está engañado. Él cree que lo domina quedándose sobre la grupa y lo cierto es que el caballo es el que lo maneja, restándolo al movimiento popular.

El diputado del Partido Nacional. Mario Arnello, de marcada posición profascista, contó que en una oportunidad cuando él y su grupo buscaban una ubicación en la política se encontró con Bernardo Leighton, el que le invitó a ingresar en el PDC. Arnello respondió: "No tenemos nada que hacer ahí". A eso repuso Leighton: "Te equivocas, en el PDC cabe todo el mundo, es un partido amplio".

El PDC es una fuerza heterogénea donde confluyen las ambiciones personalistas de políticos como Jorge Lavandero, que ha desfilado por varias tiendas políticas, la línea conservadora del senador Tomás Pablo, el romanticismo cristiano de Ignacio Palma, el centrismo de Renán Fuentealba, los intereses económicos del grupo Devés-Del Río y Torretti, los afanes nazista de Enrique Zorrilla, las ambiciones de Carlos Sívori, el liberalismo de José Claro, la ambigüedad de Jaime Castillo, etc.

Eduardo Frei estaba consciente en 1957, cuando se transformó en líder del nuevo Partido Demócrata Cristiano, que la línea de la Falange se desdibujaría con el ingreso a la colectividad de fuerzas heterogéneas, pero él estaba empeñado en dos tareas básicas: ganar para sí la Presidencia de la República y proteger los intereses de la burguesía y de los inversionistas extranjeros.

Hoy antiguos y serios falangistas, como Rafael Agustín Gumucio, descubren el engaño y abandonan su partido. También lo hacen los jóvenes y los campesinos que llegaron a encandilarse con la figura del falso mesías Frei, pero el PDC seguirá subsistiendo por algún tiempo como partido mientras sea útil a la burguesía y a los intereses norteamericanos, y por ese motivo no se proclama su liquidación total que ya está resuelta por la fuerza de las cosas.

En las siguientes páginas, PF presenta varias entrevistas que hicieron sus redactores a elementos destacados de los "rebeldes" democristianos, tanto en el plano parlamentario como juvenil y campesino. También es reseñada la posición de los "terceristas", a través de uno de los líderes representativos.


El PDC está agotado moralmente

JUAN Enrique Vega, presidente de la Juventud Demócrata Cristiana, también optó por renunciar al PDC después de lo que calificó de "derechización" de esa colectividad que "no tiene ahora ninguna diferencia de esencia con el Partido Nacional".

En conversación con Punto Final respondió así a las siguientes preguntas:

¿Cuáles son las razones que, a su juicio, influyeron en su alejamiento del Partido Demócrata Cristiano, así como en el de la mayoría de la juventud democristiana?

—Nosotros dijimos siempre que existían tres razones que justificaban nuestra presencia en el partido. La primera, era la validez del PDC como instrumento para destruir el régimen capitalista en Chile, esto es permitir que la sociedad chilena se desarrolle en una dirección no capitalista, sentando las bases de una sociedad de tipo socialista. La segunda razón era que el PDC conservaba su naturaleza de tal en la medida que era un instrumento real y válido para que los trabajadores llegaran al poder. La tercera razón de nuestra permanencia era la realización de la actividad política con un estilo distinto al tradicional. Esto es una valoración de la ética en la política, no de la ética formal sino de una ética práctica que no es precisamente la moral burguesa sino la moral revolucionaria.

¿Qué ha pasado con esas razones? En primer término nadie podría sostener que el PDC cumplió estos tres requisitos. Eso podría llevar a cualquiera persona a preguntarnos de que si bien ellos nunca se cumplieron ¿por qué ustedes permanecían allí? La respuesta a esta interrogante es en lo fundamental que nosotros siempre consideramos al PDC como un grupo humano ideológico y social en el cual existían potencialidades revolucionarias, potencialidades que al ser actualizadas permitirían un aporte importante en cuadros para la revolución chilena.

En segundo lugar, ese aporte de cuadros no es un aporte que se pueda valorar exclusivamente por medio de una mayoría sino que también debe valorarse a través de su capacidad en la práctica teórica. Con esto quiero decir que el PDC tenía un grupo de cuadros que además de aportar una lucha concreta hacía un aporte también a la teoría de la revolución.

¿Qué ha pasado ahora? ¿Cambiaron esas circunstancias?

—Ninguna de las condiciones de permanencia que motivaron nuestro ingreso al PDC ya es posible. La democracia cristiana se ha transformado definitivamente no en un movimiento destinado a destruir el sistema, sino en un movimiento dirigido a consolidarlo, modernizándolo, que es lo más atrayente. Ahora es una expresión de clase del sistema. Yo diría más bien que el PDC ya resolvió su lucha de clases interna y la resolvió aplastando su conciencia de clase trabajadora, constituida cor los sectores sindicales, campesinos y juveniles del partido. Esto ya es definitivo y no tiene vuelta. Creemos que es mejor que sea así porque muchas veces sostuvimos que era fundamental en Chile para el desarrollo del proceso revolucionario eliminar las zonas ambiguas. La DC ha desaparecido como zona ambigua ya que hoy día es derecha abierta, sin ninguna diferencia de esencia con el Partido Nacional.

Por otra parte la DC ya no es un instrumento válido para que los trabajadores asuman el poder del Estado. Han prevalecido en su dirección los sectores comprometidos con los intereses de la burguesía sin que escaseen tampoco los directamente ligados a intereses imperialistas. Los trabajadores son sólo para la vitrina del PDC. La práctica ha demostrado que existían dos partidos democristianos. Uno, el de la represión que levantaba su fuerza sobre la capacidad policial del estado burgués. Otro, el comprometido con la revolución, que levanta sus fuerzas sobre la capacidad y conciencia de la clase trabajadora. Cuando el PDC formal se identifica con el PDC de la represión sería un mal favor a la revolución chilena seguir permitiendo que nuestra presencia avale un cierto cariz popular para este partido. El partido comprometido con la revolución no tiene nada que hacer allí. Ese es el partido de los obreros no alienados, de los campesinos y de los jóvenes.

Finalmente, realizar una política revolucionaria supone la presencia viva de una actitud ética que no es la ética mojigata del que se confiesa todos los días sino que la ética del compromiso por lo que interesa a las clases trabajadoras y no a los intereses de los sectores dominantes. La llegada del PDC al poder ha finiquitado el que éste haya sido infiltrado por el espíritu de la burguesía.

Hoy día existe una costra de corrupción, presente en todas las actividades del partido. La actividad política está estrechamente ligada a la actividad comercial, a los negocios, a la sinecura del ejercicio del poder. Hoy día es normal la presencia de destacados militantes democristianos en los directorios de los bancos y las sociedades anónimas, el uso de la calidad democristiana para la obtención de las propuestas públicas, la vinculación de la calidad de democristiano para el favorecimiento de intereses imperialistas, y, aún más, la utilización del hecho de ser democristiano como un instrumento de gestión para el enriquecimiento personal. El PDC está agotado moralmente.

¿Cuál es la acción futura que se desprende de esta actitud de ustedes?

Nosotros representamos un grupo real de dirigentes campesinos, obreros y juveniles, un grupo que cree con humildad que tiene algo que aportar a la revolución chilena. Por eso nuestro futuro no es el de irnos para nuestra casa. Muy por el contrario, hoy día se abre la posibilidad de realizar una política plenamente nuestra que, utilizando creadoramente los aportes que nos entregan otras experiencias revolucionarias en el mundo y el análisis de la naturaleza de los conflictos de nuestra sociedad, pueda insertarse en las luchas sociales y avanzar en el intento de crear una sociedad socialista.

Creemos que nos constituiremos como un movimiento ya que existen elementos que nos diferencian dentro de la realidad política chilena, diferencias que no constituyen de manera alguna barrera con respecto a los demás movimientos revolucionarios nacionales. Esto es, llegamos sin complejos a trabajar en el campo de las demás fuerzas revolucionarias, pero tampoco sin deseos de hegemonía ni de papel protagonice Queremos hacer un aporte significativo en antisectarismo, capacidad creadora y elementos de elaboración para una política de izquierda no tradicional. Somos una expresión de una nueva izquierda, que hoy día nace en Chile al igual que en otros países del mundo.

Ser un movimiento de este tipo está muy lejos de la actividad parlamentaria como forma principal de expresión política; estamos muy lejos de querer convertirnos en uno más de esos grupos que, aunque verbalmente contra el sistema, pasan a ser elementos funcionales de él. La revolución chilena necesita abandonar la vieja creencia de que serán las vías tradicionales las que permitirán el asalto del poder por parte de la clase trabajadora. No tenemos dogma acerca de la vía para conquistar el poder, pero así como no tenemos dogma no somos ingenuos en creer que el poder pueda ser entregado como una donación de las clases explotadoras a los trabajadores.

Yo diría que podríamos ser caracterizados de la manera que sigue: primero, somos un movimiento socialista que concibe el socialismo como el modelo más viable de sociedad para el pleno desarrollo de las potencialidades de nuestro pueblo. No aceptamos las desviaciones burocráticas del socialismo; creemos en un socialismo que permita incorporar realmente a la dirección del Estado a las más vastas capas de trabajadores.

Segundo, ofrecemos un camino para llegar al socialismo. Ese camino es el que hemos llamado el de luchar por la constitución de un Frente Revolucionario, que es la concertación de una alianza de obreros, campesinos y estudiantes para conquistar el poder del Estado de modo de realizar desde allí una política de sustitución del régimen capitalista. El Frente Revolucionario se afianza sobre la unidad popular, pero no en una unidad popular democrática, levantada sobre las directivas de. los partidos sino que una unidad popular que está en la realidad de las mil luchas diarias de proletarios y campesinos. Una unidad popular que comprende que habrá un instante en que tendrá que enfrentar violentamente a la clase dominante para desalojarla del sitial en que se encuentra. Una unidad popular cuya base es la conciencia y organización de clase.

Tercero, el convencimiento de que no hay revolución sin vanguardia revolucionaria. Las vanguardias revolucionarias no son el producto de la autodeclaración de tales sino que son el resultado de una conducta clasista, ideológicamente clara (esto es, conocimiento exacto del enemigo y de las armas con las cuales uno lo puede enfrentar) y eficiente para la realización de esta política consciente de clase.

¿En el hecho esto representa una ruptura total con el partido?

Nosotros no seremos un sucedáneo de la vieja Democracia Cristiana. No nos avergüenza haber pertenecido a ella y no renegamos de nuestro pasado. Muy por el contrario, lo asumimos así como estamos dispuestos a asumir todos los errores del movimiento popular, pero hoy día fuera de la Democracia Cristiana no somos la proyección de izquierda de ella, ya que creemos que este movimiento debe representar más que la mera expresión de ex demócrata cristiano. Aquí deben llegar muchos sectores que provienen de hogares políticos distintos a la democracia cristiana. Nuestra esencia debe ser el producto de esta nueva ecuación, ya que hoy podemos empezar a realizar una política cara al pueblo, lejos de toda aquella experiencia importante pero esterilizadora de lo que constituye la lucha fraccional interna de un partido. Ya no tiene sentido la política de pasillos, de asambleas, ni de consejos. Hoy día sólo vale la presencia en los verdaderos frentes de lucha, los frentes de lucha de clases.

Esta ruptura total también es una independencia frente a los partidos de izquierda. Esperamos encontrarnos con ellos en la lucha. Toda acción común con sentido revolucionario será bienvenida. Sin embargo diremos terminantemente no a las acciones comunes que tengan como mero objetivo el montaje de shows propagandísticos.

Para nosotros estas acciones con objetivos revolucionarios son aquellas actividades que tiendan a elevar el nivel de conciencia y organización de las clases explotadas, a transformar y vincular las luchas reivindicativas a objetivos revolucionarios. Creemos necesario luchar contra el economicismo que pueden tender a adquirir las luchas del proletariado. El objetivo fundamental de hoy día es derribar el Estado burgués. No consolidarlo a través de la institucionalización de los conflictos sociales.

¿Pero qué pasaría si el PDC cambia su actual directiva y otros dirigentes reemplazan a la que encabeza Jaime Castillo?

Nosotros creemos que el paso que hemos dado es irreversible. En primer término porque consideramos prácticamente imposible un cambio de actitud del PDC cuando las fuerzas más vivas que existían en su interior lo han abandonado. Si llegara a suceder no sería más que el producto de una actitud oportunista que pretende esconder la cabeza y superar en lo formal la profunda crisis que hoy día aqueja al partido de gobierno. Esto no quiere decir de manera alguna que todos los que hoy día permanecen dentro del PDC sean reaccionarios. Muy por el contrario, allí queda todavía mucha gente cuyo desarrollo como grupo político a partir de las duras experiencias que significará su presencia en un partido definitivamente derechizado, llegará al convencimiento que poco o nada tiene que hacer allí. Estos compañeros de lucha serán recibidos con los brazos abiertos en los nuevos frentes de combate. No habrá una palabra de recriminación para ellos ni ninguna petición de cuentas, tan sólo la prueba que significará su presencia en un nuevo tipo de actuar político. Esta nueva práctica significa un reconcurso de todos nosotros como cuadros revolucionarios, reconcurso al que nadie llega con galones puestos.

¿Serán ustedes afuera un movimiento cristiano de izquierda?

Evidentemente nuestra proveniencia ideológica y doctrinaria es del cristianismo. Sin embargo, hoy día nadie pretendería adscribir el término cristiano a cualquier tipo de actividad revolucionaria. No somos revolucionarios porque seamos cristianos. Somos revolucionarios porque así lo exige la hora presente, porque así lo exige nuestro compromiso con la causa de los trabajadores. El ser cristiano constituye, pues, una calidad individual.. SI para la realización de esa calidad muchos creen que es fundamental la realización de una actividad revolucionaria será muy bienvenida en nuestras filas. Sin embargo no basta con ser un cristiano de izquierda para militar entre nosotros. Es necesario que estemos de acuerdo sobre los caminos para la realización de la revolución en Chile. Que nos alejemos de toda forma de clericalismo, que rompamos con todo tipo de dogmas impuestos en nombre de un derecho natural, en fin, que enfrentamos la acción revolucionaria como una acción creadora en la cual el ser cristiano es un elemento, pero no la esencia. Pretendemos ser un movimiento de revolucionarios antes que un movimiento de cristianos.


“Los trabajadores se fueron; en el PDC se quedan los patrones”

LOS dirigentes del Departamento Campesino del PDC abandonaron en masa ese partido, después de la Junta Nacional. Casi todos ellos son a la vez dirigentes de la Confederación "El Triunfo Campesino", el más importante organismo de masas que estaba bajo control del PDC. De ahí que la renuncia colectiva de los dirigentes campesinos, encabezados por José Calderón, Director Nacional del Departamento golpeó severamente la tambaleante estructura del partido oficialista.

PUNTO FINAL conversó con Andrés Tapia Reyes (27 años, casado, dos hijos) que al momento de la renuncia colectiva al PDC era primer Subdirector Nacional del Departamento Campesino.

Andrés Tapia (nacido en Nogales, provincia de Valparaíso) es dirigente nacional de . la Confederación "El Triunfo Campesino", de la cual fue presidente. Hijo de campesinos (sus padres son inquilinos del fundo "Chorombo" de Melipilla), y campesino él mismo, su primer contacto con la organización de los trabajadores en sindicatos surgió en una industria textil de Viña del Mar donde trabajó dos años.

"Allí entendí —dice— que los trabajadores son fuertes en la medida en que se unen y luchan organizadamente".

Cuando regresó al campo, organizó el comité sindical de la Viña Santa Rita de Buin, dirigió el sindicato campesino comunal y luego la federación provincial de la que saltó a la Confederación cuando ésta se fundó en abril del año pasado.

"El Triunfo Campesino" agrupa al 53 por ciento de los trabajadores agrícolas organizados del país, lo cual equivale a unos 50.000 obreros del campo.

Andrés Tapia Reyes adquirió experiencia sindical a través de la acción. No ha participado en cursos de formación de líderes campesinos de organismos como el Instituto de Educación Rural, controlado por el imperialismo. Solamente una vez —durante una semana— participó en un curso dictado en el instituto de Desarrollo Agropecuario (INDAP).

Su conversación con PF fue la siguiente:

¿Cuál es la razón por la que los dirigentes campesinos del PDC, entre ellos Ud., se han marginado de partido?

—No es muy difícil de explicar. Cuando se inició este Gobierno, nosotros los campesinos ciframos grandes esperanzas en la labor que el PDC iba a realizar desde el poder. Sin embargo, fuimos viendo que dentro del partido, así como había trabajadores, había también patrones, y que la influencia de éstos se imponía. Cuando nosotros quisimos luchar por nuestros derechos, con la ley de sindicalización campesina en la mano, nos topamos con una serie de contradicciones. Por ejemplo, cuando llegábamos ante las autoridades del Trabajo, exigiendo que se cumplieran las leyes, resultaba que esas autoridades nunca nos daban la razón, siempre sus decisiones nos eran desfavorables.

A medida que fueron pasando los años de este gobierno, esa situación se fue agudizan* do. A medida que nos dábamos cuenta de que no nos escuchaban, tuvimos que ir a conflictos colectivos. Pero ni siquiera eso logró remecer la insensibilidad de las autoridades de gobierno. Nuestros compañeros campesinos, provocados por esa situación, decidieron elevar el nivel de la lucha y así se empezaron a producir las tomas de fundos.

Me gustaría citar un ejemplo de toma de fundo, me refiero al fundo "Chorombo" de Melipilla. Los compañeros tenían 84 denuncias contra los patrones ante distintas reparticiones del gobierno. No quedaba otro camino que la toma del fundo para doblar la mano al latifundista.

¿Qué pasó? El Ministerio del Interior envió a más de 150 carabineros del Grupo Móvil a proteger los intereses del propietario. Los campesinos éramos 27, nuestra única defensa era un alambrado y nuestras manos. Casos como éste, que iban demostrando a los campesinos de qué lado está el gobierno, fueron despertando la conciencia nuestra y de los compañeros. En nuestro partido había gente que nos ayudaba, cooperaba en nuestros conflictos, pero también había gente que se ponía en contra y que inició la persecución contra los dirigentes campesinos democratacristianos. Hay muchos hechos conocidos; por ejemplo, Gonzalo Cáceres, director del Departamento Campesino, fue llevado al Tribunal de Disciplina y removido de su cargo; Jacques Chonchol fue obligado a salir de la vicepresidencia de INDAP porque nos ayudaba a nosotros, yo mismo fui pasado al Tribunal de Disciplina acusado de haber tomado parte en la redacción de la carta de la Confederación que respaldó a Chonchol, etc.

Todo esto lo iba observando el sector campesino del PDC. A nosotros, que nos debemos a ese sector, no nos quedaba sino interpretar el sentimiento de las bases, que quieren la unidad popular y la lucha conjunta de todos los explotados. Nosotros, como se sabe, comenzamos a buscar la unidad campesina, concretamente con la Confederación "Ranquil" (controlada por el FRAP). Esto fue mal visto por el gobierno. La Moneda buscó la manera de destruir esta unidad campesina y logró que esto no se concretara a pesar de nuestros esfuerzos. Ya se sabe que en la Junta Nacional del PDC ganó el oficialismo. Nosotros, que debemos ser leales a nuestra clase, no teníamos otra alternativa que retirarnos. Dentro del PDC era imposible, después de la Junta, buscar un Frente de Liberación Campesino, como lo demandan nuestras bases. Para nosotros, los trabajadores, resulta imposible coexistir dentro de un mismo partido con los patrones, ponerse de acuerdo con ellos. Necesitamos estar junto a nuestros compañeros de clase en organismos dispuestos a impulsar la solución de nuestros problemas.

¿Cree Ud. que la actitud adoptada por Ud. y demás dirigentes campesinos es respaldada por los trabajadores del campo que se agrupan en la Confederación "El Triunfo Campesino"?

—Sería mentir si yo dijera que los 50.000 afiliados a la Confederación son demócrata-cristianos. No es cierto. En su gran mayoría no pertenecen a ningún partido político. Sin embargo, en estos últimos años han adquirido un grado de conciencia tal que se dan cuenta de que a través de su organización se puede luchar por nuestros derechos, los de los trabajadores. Ellos mismos nos exigen a nosotros los dirigentes que luchemos por estos derechos. Hay, por supuesto dentro de la organización, un importante grupo que milita en el PDC. Tengo casi la completa seguridad que se van a ir todos del partido, igual que nosotros, y ello por las mismas razones que di antes. Por eso creo que tenemos el respaldo de nuestros compañeros. Ellos tienen confianza en nosotros por el espíritu combativo que le hemos dado a nuestra organización. Al ver que nos retiramos de una colectividad donde ya no se podía luchar por los intereses de los trabajadores, con mayor razón nos darán su respaldo.

¿Qué es lo que Uds. definen como "Frente de Liberación Campesino"? ¿Qué objetivos tiene?

—En este momento existen alrededor de 100 mil campesinos organizados, que se encuentran divididos en tres grandes confederaciones. Eso significa que cada una de esas organizaciones lucha por su lado. "Ranquil", por ejemplo, orientada por comunistas y socialistas; la confederación "Libertad", que salió del Instituto de Educación Rural y que ha recibido financiamiento norteamericano, y "El Triunfo Campesino" que nació un poco bajo el alero del gobierno. Esto significa una dispersión de esfuerzos en circunstancias que los trabajadores campesinos somos los mismos y tenemos los mismos problemas. Nuestra lucha es contra los patrones que están organizados en una sola institución, sólidamente agrupados. Nuestra división sólo consigue debilitar a los campesinos. En cambio si estuviéramos juntos todos, tendríamos una fuerza importante con la que podríamos hacer frente a cualquier gran problema. En alguna medida esta unidad empezó cuando se habló del pliego único nacional campesino, se iba consiguiendo. No se ha podido materializar por razones ajenas al interés del campesinado. Creemos que ahora hay mejores condiciones para materializar esa unidad a través de un "Frente de Liberación Campesino". Nosotros estamos empeñados en hacerlo realidad a corto plazo.

¿Cuáles son los objetivos de lucha de los campesinos chilenos?

—Queremos una reforma agraria que sea rápida, que no suceda como ahora donde hay provincias enteras en que no se ha tocado ningún fundo, porque el propietario es democratacristiano, dirigente, parlamentario o intendente. Queremos un solo frente común

de los campesinos donde el enemigo, o sea los capitalistas, puedan ser enfrentados en mejores condiciones. Queremos acelerar la organización del campesinado: hay miles de trabajadores de la tierra que están al margen de la sindicalización y los patrones deciden hasta lo que sus campesinos tienen que comer.

¿El campesino chileno quiere la propiedad individual de la tierra?

—La mayoría de los campesinos queremos lo que la DC definió hace mucho tiempo como "propiedad comunitaria", o sea que los bienes de producción estén en manos de los trabajadores organizados y no en poder de propietarios individuales. La tierra es un medio de producción y por lo tanto su propiedad debe estar en manos de los trabajadores organizados.

¿Los campesinos chilenos quieren el socialismo?

—Yo pienso que sí porque el hecho de organizamos, de juntarnos para luchar, significa en cierta medida que queremos marchar unidos, trabajar en comunidad, ayudarnos mutuamente, y eso considero es el sistema socialista. No hay que olvidar que durante muchos años sobre el trabajador agrícola ha actuado la propaganda reaccionaria, divulgando una imagen tenebrosa del socialismo. Pero la gran fuerza con que está surgiendo la organización campesina, demuestra que los trabajadores del campo de hecho están adquiriendo una conciencia revolucionaria, o sea se encaminan hacia el socialismo.

¿En qué forma la masacre de Puerto Montt golpeó la conciencia de los dirigentes campesinos del PDC? ¿Qué les hizo pensar?

—La masacre fue una razón más para pensar que este gobierno no era la clase de gobierno a que nosotros habíamos aspirado. El hecho de que se ordene disparar contra personas que solamente estaban pidiendo un sitio donde vivir, mañana puede ocurrirle a campesinos democratacristianos en la toma de un fundo, cuando ellos exigen tierra para trabajar. Cuando la masacre de Puerto Montt, nosotros nos encontrábamos en un congreso y sacamos una declaración unánime condenando lo ocurrido.

¿Cuál cree Ud. que será el destino político de los dirigentes que han renunciado al PDC?

—Yo creo que representamos una fuerza social importante. Nos hemos ido para luchar por nuestra clase, lo que ya dentro del PDC era imposible, aun más, dentro del partido se nos estaba frenando para que no lucháramos. Ahora podremos redoblar nuestra acción en conjunto con todas las fuerzas que en Chile están por cambios profundos y definitivos. Dentro del PDC se queda el sector derechista, el de los patrones, o sea, los que se oponen a la transformación del país, los que están contra un proceso revolucionario. Más adelante veremos si es necesario formar un movimiento o un nuevo partido político. Eso lo dirán las condiciones que vayamos encontrando. Lo cierto es que nosotros marchamos hacia el futuro. Los que se quedaron en el partido, son el pasado.


La única solución es una solución revolucionaria

JULIO Silva Solar, diputado reelecto del Partido Demócrata Cristiano por el Tercer Distrito de Santiago y uno de los más brillantes parlamentarios de esa colectividad política en el período que termina este mes, también renunció como militante.

Democristiano durante 25 años, su trayectoria política registra una insobornable línea ideológica expresada con claridad en la oposición que ha mantenido contra la línea "derechista" que ha impuesto el oficialismo al PDC.

A las preguntas de PF sobre la crisis actual y sobre las razones de su renuncia, Julio Silva respondió así:

¿Cuáles son las definiciones fundamentales del movimiento del izquierda demócrata cristiano?

—"Creo que ellas son las siguientes:

1.— Sostiene que la sociedad sin clases es la meta histórica que puede aunar para un largo período de luchas, la acción conjunta de marxistas, cristianos y revolucionarios en general. En efecto, la sociedad comunitaria, concebida por la DC como un objetivo supremo, es una sociedad de trabajadores, una sociedad sin clases. El objetivo del marxismo es también la sociedad sin clases.

2.— Sostiene que la vía de desarrollo no capitalista es el camino que puede unir a todo el pueblo, a vastos sectores excluidos del poder capitalista, en el proceso que conduce de la sociedad capitalista a la sociedad socialista o comunitaria. Sostiene que los problemas del subdesarrollo sólo podrán superarse por esa vía. Sostiene que esa vía constituye un período de transición necesaria para salir del capitalismo y entrar en el comunitarismo.

3.— Sostiene que en torno a un programa basado en la tesis del punto 2 es factible construir la unidad social y política del pueblo. Esta unidad sería doctrinariamente plural (cristianos, marxistas, laicos, independientes, etc.), socialmente homogénea (basada en las clases trabajadoras de la ciudad y el campo nucleando a todos los sectores que no forman parte del poder capitalista), y no hegemónica en lo partidista, con un programa concreto que todos aprueban y que es el elemento unificador del frente común.

Este proceso de unidad popular es mucho más que una alianza de directivas políticas, o una nueva alianza electoral. El motor de esta unidad del pueblo proviene de las fuerzas sociales y de la lucha de estas fuerzas. Es de ahí donde se gesta y adquiere su forma y contenido, en la movilización y en la lucha de los obreros, los campesinos, la clase media trabajadora, los estudiantes. En la lucha han de conectarse las reivindicaciones inmediatas con las globales generales relativas al cambio de la sociedad y a la construcción del poder popular. La garantía de la existencia de este poder y del carácter revolucionario de su política está en la movilización combatiente, masiva, arrolladora de las fuerzas sociales.

4.— Sostiene que sólo la unidad de todo el pueblo puede forjar el poder capaz da vencer las resistencias que se oponen a la revolución y movilizar las energías sociales necesarias para un desarrollo social y económico planificado, en un contexto de solidaridad y participación, que integre a los hombres a una sociedad más justa donde se resuelvan los conflictos de la sociedad capitalista y los problemas del subdesarrollo.

5.— Sostiene que el Estado en manos de las fuerzas populares unidas dejará) de ser el instrumento del poder burgués y pasará a ser instrumento del poder de los trabajadores, pero al mismo tiempo será un Estado democrático y pluralista (en lo ideológico, político, cultural y religioso), con autoridades emanadas del sufragio ciudadano libre y secreto, y sujeto a un régimen jurídico e institucional.

6.— Sostiene que el Partido ha de asumir su papel de fuerza revolucionaria. Su interés teórico principal ha de volcarse hacia la metodología que le permita comprender los mecanismos del cambio social en la historia y en la sociedad capitalista, las fuerzas sociales que actúan, las contradicciones que se generan y los dinamismos que la ponen en tensión y pueden producir la ruptura del sistema; el análisis del fenómeno revolucionario, sus formas, sus etapas, sus obstáculos. El Partido ha de poner su énfasis principal en las estrategia y tácticas que configuran la acción política revolucionaria y en los instrumentos y medios para llevarla a cabo.

7.— Sostiene que el cristianismo, en cuanto inspirador del movimiento, no es un sistema de ideas o valores establecidos, sino una conciencia crítica en el plano teórico y una energía revolucionaria en el plano de la acción. En efecto, el cristiano es el que cree realmente en la fraternidad humana y lucha por ella. De ahí nace el respeto por la persona, su dignidad, su libertad. No todos creen en que esta fraternidad puede realizarse. No todos los que dicen creer actúan como si creyeran. En la práctica siguen creyendo sólo en el viejo dios del hombre viejo (Mammon). Eso es lo que entienden por "realismo". Creen que la vida social e individual no puede organizarse, sino en base al incentivo egoísta, a los estímulos propios del individualismo.

El cristiano es el que cree que el hombre y el mundo pueden transformarse, el que cree en una nueva clase de hombre, en una nueva conciencia solidaria, en una vida donde el hombre sea compañero del hombre y cree que son los pobres de la tierra, los que tienen hambre, los oprimidos, los explotados, quienes están llamados a esta fe y a esta voluntad tenaz que de ella brota. Tener fe es creer en estas cosas y empeñarse, ahora y aquí, por hacerlas realidad.

Más que una filosofía el cristianismo es una fe que impulsa en esta dirección y cuyos contenidos concretos sólo pueden tomarse de las condiciones de cada época. La realización suprema de esta fe es lo que se llama Dios.

¿Cree válido todavía el reformismo para hacer un gobierno popular o estima que ha llegado la hora de hacer un gobierno revolucionario?

Creo que el reformismo ha fracasado por completo y que la única solución es una solución revolucionaria.

Desde luego, el capitalismo se ha demostrado absolutamente impotente para solucionar los problemas del subdesarrollo. Los intentos para hacer más equitativo el comercio internacional han fracasado una y otra vez.

La Alianza para el Progreso se estima un fracaso por sus propios partidarios como el diario "El Mercurio" que se muestra decepcionado por sus pobres resultados y porque ha contribuido a despertar expectativas que en la práctica no se pueden satisfacer.

Los propios norteamericanos han descubierto los peligros de este tipo de política para la estabilidad social y para la estabilidad del poder de las fuerzas más seguras para sus intereses.

El resultado concreto de estos años es que el subdesarrollo aumenta a grandes zancadas puesto que es cada vez mayor la distancia entre los países desarrollados y los subdesarrollados, No puede ser de otro modo si se tiene en cuenta que mientras en los primeros el ingreso por persona aumenta en cerca de 60 dólares anuales en promedio, en los segundos no pasa de 10.

Lo cierto es que el capitalismo, la burguesía, no sólo no tienen hoy día una respuesta efectiva para el problema del subdesarrollo, sino que ni siquiera tienen una receta ya que todas sus recetas (tipo Alianza para el Progreso) han fallado.

El propio Presidente Nixon acaba de reconocer este fracaso. Frente al crecimiento de las fuerzas de los pueblos y a la imposibilidad del capitalismo para resolver los problemas que este crecimiento plantea, sintiéndose amenazadas por la subversión y la propagación de ésta, no les queda otro recurso, en la práctica, a qué echar mano, que la represión armada en todas sus formas; policial en algunos casos; a través de golpes y regímenes militares en otros; mediante la intervención directa del imperialismo, en los casos más graves. El punto máximo de la represión contra un pueblo, que se ejerce por la violencia bélica más desenfrenada y criminal, al margen de todo derecho, es en la actualidad la que sufre el pueblo de Vietnam a manos del poder yanqui.

En suma, crecen las fuerzas de los pueblos, las fuerzas sociales, las fuerzas de los trabajadores, las fuerzas de la juventud.

Todas ellas se encuentran en una nueva e importante fase de su ascenso. Como es natural crecen y se extienden también sus valores e ideologías, que son los valores e ideologías de la nueva sociedad y de la lucha por construirla; valores e ideologías del cambio social. En 30 años más, en América latina, los 250 millones de habitantes se convertirán en 600 millones.

Las fuerzas sociales en ascenso llegan a un punto en que el conflicto con el sistema que las oprime brota por todas partes. La crisis tiende a precipitarse ante la impotencia de las fuerzas que manejan el poder para resolver los problemas más elementales: hambre, miseria, enfermedades, vivienda, desocupación, analfabetismo, etc., los cuales se vuelven más agudos y masivos. 

La voluntad de cambios se refuerza y generaliza haciéndose más y más perentoria. Surge de los continentes subdesarrollados la idea de una vía no capitalista que ponga fin al poder del capitalismo y del imperialismo en sus economías, forjando la unión y movilización de todos los trabajadores en la creación de un nuevo sistema.

Es inevitable que un gobierno cuya función principal llega ser la administración y no el reemplazo del sistema establecido, tienda a derechizarse.

Las masas presionan en favor de sus reivindicaciones estimuladas por sus necesidades reales, por los valores que difunde la "sociedad de consumo", y por el despertar social que las ideas y la acción de las propias fuerzas del Gobierno han provocado. El Gobierno debe someter estas presiones dentro de los limites de un orden económico que distribuye muy mal los pocos bienes que produce. Estos límites son tan miserables que obligan al gobierno a negar un sueldo vital de 500 escudos mensuales para los empleados y un salarlo mínimo de 10 escudos diarios a los obreros.

El hecho de contener, frenar y entrar en pugna continúa con el movimiento social, con gremios y sindicatos, con pobladores e incluso campesinos, la necesidad de mantener el orden público, y por otra parte, de dar garantías, incentivos, respaldos y franquicias a los sectores que dominan la economía, esto es a las fuerzas empresariales y a las compañías extranjeras que son las palancas en que se basa la producción económica, su desarrollo, la ocupación, el abastecimiento y las funciones normales de la sociedad, en las condiciones del capitalismo, todo ello conduce fatalmente a la derechización del poder.

Ya en agosto de 1966, ante el Congreso del PDC en un planteamiento político entregado a sus miembros, escribíamos: "son tan fuertes y profundas las presiones de las masas, que para los gobiernos latinoamericanos durante los próximos diez años no habrá más que una alternativa: revolución o represión".

Se oscila entre el debilitamiento del principio de autoridad y la "mano dura".

Debilitar el principio de autoridad significa vivir en el temor permanente de caer en la anarquía y el caos y por lo mismo en la sustitución militar del poder. Y la "mano dura" significa' vivir al borde de la masacre del obrero, del campesino, del poblador. Estos son los márgenes penosos dentro de los cuales está forzado a moverse hoy en nuestro país un gobierno que al no decidirse a romper con el capitalismo se convierte automáticamente en su administrador y su guardián, una de cuyas funciones principales es la represión del pueblo, el enfrentamiento político, sicológico y policial de las masas".


Los 'terceristas' y la unidad popular

EL diputado Luis Maira Aguirre representa a la corriente "tercerista" del PDC, que optó por quedarse dentro del partido al producirse el éxodo de los "rebeldes". PUNTO FINAL conversó con Maira para conocer los puntos de vista que sustenta la corriente "tercerista" democristiana. Esta fue la entrevista:

¿Cómo entienden ustedes la unidad popular?

—"La unidad popular constituye, a nuestro juicio, una exigencia nacida de la maduración de las principales fuerzas sociales existentes en nuestro país.

La organización y expresión del movimiento campesino, de los trabajadores industriales, del movimiento de pobladores y de la juventud, crea tensiones sociales que no pueden ser resueltas, en el cuadro tradicional de comportamiento de las diversas fuerzas políticas de avanzada.

Un esquema de tres fuerzas, como el que hasta hoy ha imperado, permite a la Derecha acrecentar sus posibilidades de retorno al poder e impide que su desalojo tenga un carácter permanente. Crea lo que más de una vez se ha denominado el "empate social y político", cuya consecuencia práctica es que muchos cambios lleguen a formularse, pero sea imposible concretarlos por carecer del respaldo suficiente para impulsarlos, pese a la resistencia de los afectados.

Superar la dispersión en que han actuado hasta hoy día las distintas fuerzas sociales, fortalecer la acción común de todos quienes tengan intereses comunes en un enfrentamiento con las estructuras capitalistas, construir una mayoría permanente en la base para el proceso de cambios, tal es la perspectiva que se abre con la unidad popular.

De ahí que no entendamos la unidad popular como una nueva táctica para alcanzar el poder, sino como un compromiso permanente que se inicia con el diseño de una estrategia de desarrollo que se prolonga hasta su completa consecución.

En términos prácticos, como tuvimos ocasión de plantearlo en la reciente Junta Nacional del PDC, ella supone los siguientes pasos:

1.— La formulación por los diversos partidos de un programa que recoja la primera etapa de dicha estrategia de desarrollo. En él debe enfrentarse el problema de la dependencia externa de Chile y la recuperación del cobre, hierro, salitre y demás riquezas básicas del país. Se debe definir la segunda expansión industrial con un criterio de selectividad en las líneas y proyectos que se abordarán y poner énfasis en las fuentes internas de financiamiento. Se deben plantear las bases de una tecnología del desarrollo nacional; la profundización del proceso de reforma agraria y liberación campesina, y garantizar no sólo la organización de los sectores sociales más dinámicos sino su participación efectiva en las decisiones del Estado.

Una vez formuladas las bases de este plan, deben ser sometidas a una activa discusión entre las comisiones técnicas de los partidos de avanzada y, por supuesto, en todos los sectores populares.

2.— Si se verifica un acuerdo en la manera de entender la tarea nacional en el período 1970-76, deberían darse los pasos encaminados a articular un acuerdo político entre las diversas directivas de los partidos. Sólo en ese momento debería afrontarse el problema de la designación del abanderado para 1970.

3.— La organización del trabajo político deberá efectuarse constituyendo frentes de unidad de los trabajadores en los diferentes sectores y áreas de la economía chilena, en términos de sumar de manera efectiva a un contingente que garantizase una mayoría social estable en su constitución, homogénea y dinámica en su conducta.

4.— Un gobierno popular con ese respaldo estaría en condiciones de desarticular definitivamente a los sectores de derecha y a los enclaves capitalistas de la economía nacional; representaría mucho más del 51% en todos los sindicatos industriales, mineros o campesinos, en el movimiento juvenil y universitario, entre los productores populares, en las juntas de vecinos, etc. Contaría con mayoría absoluta en ambas ramas del Congreso Nacional. Dispondría de los cuadros técnicos más solventes que existen en Chile. Lograría desolidarizar a muy amplios sectores de la clase media con respecto a las influencias de los grupos oligárquicos.

Desde el punto de vista del interés nacional un gobierno de unidad popular es el único capaz de implantar una política nacionalista de izquierda, sin subordinación a los factores del "cuadro internacional" y es el único que lograría la disciplina social de origen progresista capaz de obtener mayores sacrificios de los trabajadores, porque les garantiza una participación efectiva en la mayor riqueza que creen con su esfuerzo.

Todas estas razones y la convicción de que es viable este camino nos llevan a ser partidarios de la unidad de las fuerzas sociales y políticas de vanguardia.

¿En qué consisten las diferencias entre rebeldes y terceristas?

—Quizás lo primero que es necesario aclarar es que el nacimiento de ambos grupos en el interior de la DC se produjo con relación a los inicios del gobierno del Presidente Frei, a lo que de su tarea se esperaba y a las rectificaciones que era necesario proponer.

Rebeldes y terceristas eran, pues, dos variables tácticas de la izquierda democristiana y a medida que el problema central dejaba de ser "lo que se esperaba del gobierno Frei" para pasar a ser la definición del trabajo futuro su acción se fue haciendo cada vez más estrecha y unida. En relación a la definición de las bases programáticas y de la línea política más correcta para el PDC, se actuó de común acuerdo y con una estrecha integración.

No obstante es posible aún anotar algunas diferencias políticas y de organización entre nosotros:

El grupo rebelde organizó un trabajo mucho más sostenido en la base social, disputando con mayor agresividad la dirección de varios Departamentos de acción y de los organismos provinciales y comunales del partido. Los terceristas, en cambio, no han buscado un grado de organización interna tan alto y juegan más bien el papel de un equipo de elaboración ideológica y programática.

En el plano táctico los terceristas han rechazado las tesis del Frente Revolucionario, propuestas especialmente por los compañeros del sector rebelde de la JDC, por entender que en su formulación original dicho Frente suponía un debilitamiento de los partidos políticos, "decantación" que podría dejar en tela de juicio todo el éxito de la fórmula propuesta. En sustitución de la idea del Frente Revolucionario hemos definido nuestra imagen de la unidad popular en los términos expuestos en la respuesta anterior.

¿Como valoran los acuerdos de la última Junta del PDC?

—Creemos que el acuerdo adoptado por la Junta Nacional del 2 y 3 de mayo es incorrecto y carece de perspectivas. En relación a su cumplimiento creemos que es a las personas que lo impulsarán a las que corresponde complementarlo dentro del plazo que ellos mismos solicitaron: 60 días.

Nosotros acatamos la resolución de la Junta Nacional y en este plazo nada haremos que pueda ser tachado de boicot o distanciamiento de los acuerdos del voto Nº 2 .

En dos meses estaremos en condiciones de pedir que se nos diga qué candidato hay para el "camino propio".

Nuestra opinión es que se cumplirá lo que pronosticamos durante la Junta: que ninguna de las personas con nivel para llevar adelante una campaña presidencial estarán disponibles para servir la estrategia aprobada. De ocurrir eso y al fallar esa fórmula reiteramos la unidad popular.

Nadie puede impedir que nuestro trabajo político se oriente a crear las condiciones de una estrategia de reemplazo para el evento de que se verifiquen nuestras predicciones y nuestra convicción. A ello dedicaremos nuestras energías todo este tiempo.

¿De qué depende a juicio de Uds. la permanencia en el PDC?

—Estamos sustancialmente de acuerdo con lo que expresara nuestro amigo el senador Rafael Agustín Gumucio en su carta renuncia al PDC: ser militante de un partido político es un problema de conciencia.

Personalmente seré militante del PDC mientras esté convencido de que luchando en su interior existen posibilidades de rectificación de una línea política errónea.

Mientras crea que los trabajadores que militan en su seno llegarán a convencerse de la necesidad de servir sus propios intereses e imponer la línea del desarrollo no capitalista.

Hasta el día que me convenza, por último, que siendo militante del PDC favoreceré con mi conducta el retorno de la derecha y la consolidación de la dependencia chilena.

Por ahora creo que hay peleas que dar adentro".


El voto político que ganó

La Junta Nacional del Partido Demócrata Cristiano reunida extraordinariamente para considerar la situación política del país y la posición del Partido frente a la elección presidencial de 1970, declara:

1) La Democracia Cristiana, consciente de su responsabilidad de primera fuerza política nacional, se propone seguir dirigiendo el país para continuar, consolidar, profundizar y completar el proceso de la Revolución en Libertad, destinada a establecer en Chile una sociedad comunitaria.

2) Bajo la conducción Demócrata Cristiana, Chile ha cumplido una etapa histórica trascendental, caracterizada por el traspaso de poder de las minorías privilegiadas a las mayorías populares y por la generación de las bases económicas de una nueva sociedad.

A pesar de cualquiera deficiencia de nuestro Gobierno o de nuestro Partido, los chilenos comprueban cada día que la reforma educacional, la reforma agraria, la organización popular, los programas de vivienda, la chilenización del cobre y del acero, los planes de industrialización y la política internacional en marcha, están democratizando al país, impulsando el desarrollo nacional y produciendo un avance irreversible en la conquista por el pueblo del poder, la cultura y la riqueza.

3) El interés nacional y la voluntad mayoritaria del pueblo exigen proseguir con decisión estas tareas e iniciar otras nuevas que, partiendo de la obra realizada por el Gobierno del Presidente Frei, satisfagan los anhelos colectivos de progreso, justicia y libertad.

4) Para satisfacer esas aspiraciones populares, la experiencia demuestra que es indispensable avanzar resueltamente en la sustitución de las estructuras capitalistas por nuevas formas sociales al servicio de las mayorías.

Para estos efectos, se configurará un programa de Gobierno que alejado de cualquier

dogmatismo, concrete en una nueva etapa una vía de desarrollo no capitalista ni colectivista adecuada a la realidad chilena. La participación popular, en todos los aspectos de la vida política social y económica del país, será su fundamento esencial.

5) La nueva etapa, síntesis de planificación, participación y libertad, extenderá y consolidará la reforma agraria hasta llegar a construir un país abastecido por el esfuerzo de su propio pueblo, incrementará el desarrollo industrial especialmente en el área del mercado latinoamericano; estimulará la formación de empresas comunitarias y acelerará el proceso de reforma de las empresas tradicionales, a fin de asegurar la participación de los trabajadores en la propiedad, administración y frutos de ella; fomentará la recuperación de los recursos naturales mediante una política de chilenización o de nacionalización de acuerdo con el interés nacional; aumentará los niveles culturales del país hasta los más altos compatibles con una sociedad moderna; estimulará el financiamiento del desarrollo, fundamentalmente en base a recursos internos; saneará el uso de los mecanismos financieros mediante una reforma bancaria y por último adaptará las instituciones del país a las nuevas exigencias de una sociedad al servicio del pueblo.

6) El Consejo Nacional del Partido deberá designar una comisión que redacte dicho programa y citará a la Junta Nacional dentro de los próximos 60 días para que le preste su aprobación definitiva.

7) La Junta Nacional decide llevar candidato propio a la Presidencia de la República y proclamarlo en la oportunidad a que se refiere el número anterior. Rechaza por lo tanto toda estrategia que desconozca la trascendencia de la obra realizada por el Gobierno DC y que sirva al propósito de dividir nuestro Partido.

8) El Partido Demócrata Cristiano llama a todos los chilenos que están por los cambios, a las organizaciones populares de trabajadores, campesinos, pobladores, mujeres y juventud y a las fuerzas políticas que concuerden con el programa y su estrategia, a unirse en la lucha por el progreso, la democratización y la liberación de los intereses imperialistas.

9) La Junta Nacional del Partido Demócrata Cristiano rechaza toda posibilidad de entendimiento con el partido Nacional que realiza una sistemática y creciente oposición a los cambios sociales y económicos puestos en marcha por el actual gobierno. En el hecho sólo busca mantener las estructuras capitalistas y constituye un inútil intento de volver atrás el curso de la historia.

10) Del mismo modo, la Junta Nacional del PDC rechaza como incompatible con la existencia del Partido y con su posición política, la tesis del "Frente Revolucionario". Ella significa la negación del sistema democrático, del régimen de partidos políticos y de la propia Democracia Cristiana.

11) Para realizar esta política, son condiciones esenciales le eficiencia, disciplina y moral del Partido. El Partido debe ser forjado como instrumento de Gobierno, con capacidad para conocer, defender, rectificar y compartir la experiencia.

Debe asimismo mantener su disciplina en torno a las resoluciones tomadas y aceptar íntegramente las leyes que lo rigen como organización. Es necesario que desaparezca todo intento de fijar líneas políticas por grupos fracciónales. Ella es una, se establece por los organismos regulares y vale para todos.


El voto político que perdió

I.—La Junta Nacional de la Democracia Cristiana acuerda respaldar la cuenta política presentada por la Mesa que encabeza el sanador Renán Fuentealba.

II.— En particular, aprueba la estrategia política propuesta por ellos para enfrentar el proceso presidencial que culmina en septiembre de 1970 y que se apoya en los siguientes criterios básicos:

1.— El rechazo de cualquier entendimiento directo o indirecto con la derecha. Hoy más que nunca, el Partido de la derecha representa ante el país una alternativa de desarrollo económico neo-capitalista, que agudizará rápidamente la dependencia externa de Chile. Del mismo modo, resulta claro en el plano político que se han apoderado de su dirección elementos ligados a posiciones fascistas, los que constituyen una amenaza cierta para la tradición institucional y democrática de nuestro país.

2.—Rechazo de una posición de aislamiento de la Democracia Cristiana. Su existencia, cada vez más clara, de fuerzas sociales muy dinámicas, como el movimiento campesino, los trabajadores industriales, los pobladores y la juventud que avanzan en el proceso de organización y expresión en la vida nacional, obligan con más énfasis a evitar en la base social enfrentamientos inútiles de fracciones de estos sectores, para sumar en cambio sus fuerzas como un aporte a la tarea constructiva de edificación de la economía chilena y a la liberación efectiva de todos los sectores explotados. Este proceso exige como su necesario complemento la participación efectiva y preponderante de los trabajadores en el Poder.

3.—El Partido Demócrata Cristiano afirma el objetivo de la unidad Popular, entendiéndola como una concertación estrecha de voluntades que integre a todos los sectores del pueblo y la clase media progresista. Una tarea tal supone el consenso de las fuerzas sociales y de las fuerzas políticas de avanzada. Para posibilitar este camino la Democracia Cristiana está convencida de que la Unidad Popular se plantea para servir el bien de Chile y de su pueblo. Ella debe partir de un claro acuerdo programático que defina de manera homogénea la tarea nacional. Sólo posteriormente debe abordarse el problema de la designación del candidato presidencial.

Con entera lealtad declaramos que reclamaremos para un hombre de nuestras filas el honor de encabezar esta tarea.

III.— La Junta Nacional comisiona a la Mesa del Partido, a la que entrega amplias facultades de exploración para tomar los contactos y llevar adelante las gestiones que le permitan, antes del 31 de julio, pronunciarse acerca de la factibilidad de este importante esfuerzo creador.

En la misma fecha, la Junta Nacional resolverá la designación del candidato presidencial del Partido.

IV.— La Junta Nacional ha estudiado y debatido en sus reuniones las bases de un programa presidencial para 1970, que somete a la discusión del país y propone a los sectores de avanzada. Constituyen ellas, a nuestro juicio, las bases de una estrategia de desarrollo y cambio social en Chile y por su importancia y extensión a un Voto Complementario de este acuerdo político.

V.— Finalmente la Junta Nacional estima indispensable sobre diversos hechos que en este instante interesan a la opinión pública y a los sectores más conscientes del país:

1.—Manifestar su rechazo a las pretensiones del grupo minero Anaconda para constituir pertenencias mineras sobre la riqueza chilena de los salares de Tara y Atacama. Por tratarse de un hecho absolutamente contrario a la conveniencia nacional, instruye a todos los parlamentarios del Partido para acelerar al máximo el despacho de la ley interpretativa que impedirá la consumación de este verdadero atentado.

2.— Expresar igualmente su decisión de ahondar inmediatamente la discusión de un proyecto que reforme el Código de Minería cuyo anacronismo favorece los intereses y la actividad de las empresas extranjeras en el país.

3.— Afirmar su decisión de obtener al plazo más breve posible la expropiación de los minerales de Chuquicamata y El Salvador, de propiedad del consorcio norteamericano Anaconda, minas que se encuentran excluidas de los acuerdos contenidos en los convenios del cobre, y sometidos al derecho minero general.

4.— Hacer llegar su expresión de respaldo al gobierno y al pueblo de Perú en la lucha que llevan adelante para afirmar su soberanía ante los monopolios norteamericanos del petróleo. La aplicación de cualquier sanción en contra de quien cautela de manera tan legítima su interés nacional es considerada por la Democracia Cristiana chilena como una agresión a todos los pueblos latinoamericanos. De concretarse, dará ocasión a que manifestemos con el gobierno de la nación hermana la más efectiva solidaridad. En tal caso, Chile propiciará la constitución de un fondo internacional de indemnización en el que con el aporte voluntario de los países del mundo entero se compense la disminución de recursos que derivan de la aplicación de la enmienda Hickenlooper y la suspensión de las compras de azúcar en el mercado interno norteamericano.

5.— Acelerar el despacho del proyecto de ley de Reforma Bancaria y de Sociedades Anónimas. En tal sentido, la Junta Nacional solicita del Presidente de la República la petición de urgencia para la más rápida tramitación de esta iniciativa.

6.— Respaldar los trabajos y conversaciones iniciados por nuestra Cancillería destinados a obtener el reintegro de Cuba al bloque interamericano, a sus organismos y al pleno intercambio diplomático y comercial con nuestras naciones.

El Partido Demócrata Cristiano hace un llamado a todos los sectores y fuerzas populares a respaldar estos objetivos concretos y a iniciar las acciones que permitan una profundización del proceso de cambios más allá de 1970.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02