Señor Frei: usted es responsable

PUNTO FINAL
Año III. Nº 77
Martes 25 de marzo de 1969

SEÑOR FREI: USTED ES RESPONSABLE

LA estirpe fascista de la Democracia Cristiana ha salido a relucir otra vez con motivo de la masacre de Puerto Montt.

Ese terrible suceso, el tercero bajo la actual Administración, de cuya responsabilidad se ufanan impunemente los hombres de negocios y oscuros abogados que están en función de gobernantes, denuncia por sí solo las características brutales del régimen que sufre el país.

El gobierno que encabeza el presidente Eduardo Frei Montalva se juega sin vacilación en defensa de la propiedad privada y protege el fuero de que en Chile gozan la burguesía y su socio, el imperialismo norteamericano. Hace tres años en el mineral El Salvador —para proteger los intereses de las compañías yanquis del cobre—, se asesinó a ocho obreros. A fines de 1967, la masacre se repitió en las calles de Santiago para imponer un sistema de reajuste de sueldos y salarios a gusto de los dueños de los medios de producción. En Puerto Montt se ha masacrado a nueve personas para demostrar a los dueños de terrenos que sus propiedades están a salvo de la masa desesperada de chilenos que exigen viviendas.

Los que murieron en Puerto Montt son los mismos que en 1964 escucharon las promesas de una "revolución en libertad" que —entre otros anzuelos demagógicos— prometió que construiría 360.000 casas. Como otras promesas, esa era también una mentira, inventada para hacer triunfar al candidato presidencial de la burguesía y el imperialismo, que tomó con ellos el compromiso de evitar cualquier cambio verdadero.

El lenguaje que usó la Democracia Cristiana para engañar al pueblo era conocido en Chile, aunque estaba olvidado. Se habló en 1964 de un gobierno "nacional" y "popular", por ejemplo, lo mismo que el jefe del nacional-socialismo criollo, Jorge González Von Marees, señalaba hace 35 años en sus discursos y artículos. (Sobre ese movimiento "nacional" y "popular" que planteaban los nazis chilenos —muchos de los cuales están hoy en la Democracia Cristiana—, se pueden consultar el discurso de González Von Marees del 21 de junio de 1932 y la página nacionalsocialista del diario "El Imparcial" del 12 de julio del mismo año). Era la época en que se gestaba la Falange Nacional, precursora del PDC, que nació influenciada por los movimientos fascistas de España, Portugal e Italia. Los hombres que se formaron en esas ideas, como el propio Frei, que como director de "El Tarapacá" de Iquique defendió a Hitler y Mussolini en la segunda guerra mundial, son los que hoy gobiernan nuestro país.

Ellos han demostrado que no tienen ningún escrúpulo para actuar como sostén del sistema capitalista, al cual sólo tratan de modernizar a través de ligeras reformas. Tres masacres y 23 muertos marcan a fuego la catadura de un gobierno que pasará a la historia como uno de los más represivos que ha conocido Chile.

Sin embargo, el régimen de terror que se pretende imponer desde La Moneda no será tolerado por los trabajadores, estudiantes e intelectuales. El PDC está cavando su propia tumba con la represión policíaco-militar. Nuestro pueblo empieza a comprender —por el camino más duro y doloroso— que los artificios electoralistas esconden nuevas mentiras y peores sacrificios. Detrás del dolor de esta nueva masacre alumbra la conciencia de luchar con métodos eficaces contra la opresión burguesa por instaurar un gobierno de los propios trabajadores.

EL DIRECTOR


Acusación

SEÑOR FREI: UD. ES RESPONSABLE...

EL Ministro del interior y otras autoridades subalternas han culpado de los sangrientos sucesos ocurridos en Puerto Montt al Partido Socialista por sus alardes revolucionarios y la prédica constante de la violencia y, en especial, al militante y diputado electo de esa colectividad Luis Espinoza, por haber instigado todas las ocupaciones ilegales de sitios que se habrían producido en los últimos meses en esa ciudad.

A su vez, los partidos de Izquierda, la Juventud, el Departamento Sindical y Campesino y el sector rebelde de la Democracia Cristiana, así como las organizaciones estudiantiles y gremiales, responsabilizan al Grupo Móvil de Carabineros y al Ministro del Interior, Edmundo Pérez, exigiendo la disolución de aquél y la inmediata renuncia de éste.

Pero a quien cabe la máxima responsabilidad moral, política y constitucional por esos acontecimientos es a un personaje más encumbrado: al Presidente Eduardo Frei.

A pesar de la rígida censura de prensa y radio impuesta por el gobierno y de la versión deformada, falsa y tendenciosa proporcionada por éste, han quedado en pie los siguientes hechos irrefutables:

1) Las familias que ocuparon los terrenos de Pampa Irigoin no tenían dónde vivir. Eran cesantes o percibían ingresos miserables y estaban en calidad de allegados en las casas de otros pobladores.

2) La ocupación se realizó en forma paulatina y en el transcurso de varios días, durante los cuales no fueron molestados por Carabineros ni se les formuló ninguna advertencia de que debían abandonar esos sitios.

3) Al contrario, el día anterior a la masacre un alto jefe policial les aseguró que no serían desalojados.

4) Dieciséis horas más tarde, el mismo funcionario irrumpió violentamente en los terrenos al mando de 200 carabineros, y antes de que los ocupantes tuvieran tiempo de reaccionar, la tropa disparó contra ellos y los habitantes de una población contigua, asesinando a 9 personas y dejando varias decenas de heridos.

5) La fuerza policial estaba premunida de bombas lacrimógenas y armada de metralletas, carabinas y revólveres.

Los pobladores estaban desarmados y fueron sorprendidos cuando la mayoría estaba durmiendo.

6) Es falso que los carabineros dispararon cuando fueron rodeados y agredidos, incluso con armas, por una poblada superior a 1.500 personas, como afirma el Ministro del interior.

Fueron ellos los que iniciaron el ataque y la agresión sin siquiera parlamentar con los pobladores. Estos, indefensos y cogidos de improviso, no estaban en condiciones de organizar resistencia y menos armada. Si trataron de repeler a la fuerza pública lo hicieron en legítima defensa y con los implementos materiales que tenían a mano.

Todos los pobladores muertos fueron baleados por la espalda, algunos en el interior de sus casas y otros cuando salieron para enterarse del origen del tiroteo o averiguar el paradero de sus hijos o parientes.

Sólo resultaron heridos leves cuatro carabineros, ninguno de ellos a bala.

Estas dos circunstancias son más que suficientes para desmentir al Ministro. Si los pobladores hubieran atacado a los carabineros, aquéllos estarían heridos de frente. Si una poblada tan numerosa hubiese cercado y agredido con armas a la fuerza policial, los carabineros heridos serían muchos y las balas estarían incrustadas en el cuerpo de algún policía.

7) La orden de desalojo la dio el Intendente subrogante de Llanquihue, previa consulta y autorización del Ministerio del Interior.

8) En este caso, como en cualquier otro de usurpación de tierras, lo normal sería que los propietarios formalizaran su denuncia ante los Tribunales y éstos adoptaran las medidas pertinentes.

El senador Von Mühlenbrock, en el debate que hubo en el Senado para analizar la masacre de Puerto Montt, caracterizó la situación económico-social de esa zona en estos términos:

"... esos muertos son la resultante de un largo proceso que ha convertido al sur de Chile en un volcán que en cualquier momento puede hacer explosión... Puerto Montt, que tenía 35.000 habitantes cuando ocurrió el cataclismo (de 1960), ahora tiene 80.000... las autoridades de esa zona no han estado a la altura de los grandes problemas que allí han surgido... En este momento, el 65% de las industrias conserveras de Calbuco están paralizadas; se encuentran cesantes los buzos, los pescadores; 40.000 pobladores habitan en los barrios altos de Puerto Montt... No se consideró que allí esos terrenos estuvieron cubiertos de alerces, que constituyen la peor tierra que puede existir. No es plana, tiene verdaderas cavernas, barrancos, ripiales, con una capa de impermeabilidad total, de modo que el estrato superficial se transforma en fango con las lluvias. ¡Esos son los terrenos que ocupan los pobladores con sus míseras casas! Es tierra que mañana se va a inundar.

"... El pasado fue el famoso año de las "tomas de terrenos" en Puerto Montt. Sus ocupantes deseaban una casa propia o un sitio propio para resolver el problema fundamental del ser humano: un hogar. Ellos van a pagar las consecuencias cuando llegue el período de las lluvias... Estas personas carecen de agua potable, de veredas, de soleras, de pavimento, de luz, de alcantarillado, de escuelas... Tal situación ha provocado angustia, al igual que la cesantía, que impide a mucha gente ganarse el pan y que ha provocado desesperación.,. El cinturón de miseria es generado por la desocupación ... En Puerto Montt hay 25.000 cesantes ...".

El senador Von Mühlenbrock conoce esa región, porque la representa desda hace varios años en el Parlamento. Además, no es un político revolucionario ni subversivo. Ni siquiera ha sido opositor, sino que ha colaborado con el gobierno. Luego, su testimonio merece plena fe, porque está libre de toda sospecha.

Estos antecedentes demuestran que los pobladores se movilizan y luchan por satisfacer sus necesidades imprescindibles e impostergables, al margen de los acuerdos y planteamientos del Partido Socialista o de la acción que pueda realizar un dirigente de esa tienda política, como Luis Espinoza.

Ahora bien, si la ocupación de sitios en Puerto Montt obedece a causas sociales y económicas, ¿quién es responsable de que los pobladores tengan que actuar?

Es Ud., señor Frei, Ud. es responsable de la parálisis económica que afecta a todo el país, a la provincia de Llanquihue y a la ciudad de Puerto Montt. Ud. es responsable de que no haya trabajo en las industrias existentes y que no se hayan creado otras. Ud. es responsable de la cesantía que tiene en la miseria a miles de hogares de esa región. Ud. es responsable de que los pobladores no tengan recursos para comprar el derecho a tener un sitio y una casa. Ud. es responsable de la escasez de viviendas en Puerto Montt. Ud. es responsable de que la gente no soporte más seguir viviendo en condiciones tan precarias e inhumanas. Ud. es responsable de la desidia y negligencia de las autoridades habitacionales para encarar con premura la solución del dramático problema de la vivienda.

Ud. estuvo en esa zona, recientemente, en vísperas de las elecciones parlamentarias, en viaje a la Antártida, pero también en gira de proselitismo político. Pero no se interesó por la suerte de tantos compatriotas agobiados por la miseria, acicateados por la desesperación, abandonados de las autoridades administrativas que Ud. ha designado y que lo representan. Ud. es el responsable y no el Partido Socialista ni el diputado Luis Espinoza. Ellos están ayudando al pueblo, a la gente modesta, a la gente humilde, están a su lado, participan en sus luchas y comparten sus angustias. Combaten junto a ella, la dirigen, la orientan y la conducen para combatir la inoperancia y el fracaso de su gobierno y de este sistema que les niega los derechos elementales de todo ser humano y que no satisface sus necesidades más esenciales.

Además, ni el Partido Socialista ni el diputado Espinoza balearon a sus compañeros pobladores. Ni uno ni otro provocaron tampoco a la fuerza pública, ni la forzaron a disparar.

El Ministro del Interior sostiene que Carabineros actuó, porque es deber primordial del gobierno mantener el orden público. Este concepto tan ambiguo siempre se esgrime para justificar el abuso de la autoridad. ¿En qué forma se había alterado el orden público si hasta el momento del- desalojo no había sucedido ningún incidente, los pobladores estaban tranquilamente en sus sitios, incluso Con la aquiescencia de la jefatura policial? Se sostiene que reclamó el señor Irigoin, propietario de los terrenos ocupados. Ni siquiera esto está aclarado, pero si así fuera quedaría de manifiesto que para el gobierno el orden público es sinónimo de propiedad privada, es la cautela de este sistema económico que la Democracia Cristiana pretende que debe abolirse. Con razón, la Juventud del partido oficial le enrostra al gobierno su responsabilidad en la masacre por actuar como guardián del capitalismo.

Mas, aun cuando el gobierno hubiera estimado conveniente por cualquiera razón desalojar a los pobladores, pudo haberse discutido y parlamentado con ellos sobre el procedimiento más adecuado para una evacuación pacífica. Después de la masacre el Intendente subrogante, coronel de la FACH Antonio Espinace, llegó a un acuerdo con parlamentarios y dirigentes de los pobladores para erradicar y trasladar a los ocupantes a otros sitios. De esta manera el gobierno reconoció que había una solución factible e inmediata.

¿Por qué se prefirió entonces el otro camino, el del "crimen premeditado y colectivo", como lo llamó Salvador Allende?

¿Qué instrucciones recibió la fuerza pública? ¿Simplemente desalojar o desalojar por cualquier medio? ¿Por qué los carabineros iban tan armados? ¿Qué debía hacer la fuerza pública en caso de resistencia de los pobladores y cómo debía actuar si éstos aceptaban la desocupación? ¿Por qué no se le dio a los pobladores la oportunidad de discutir algún ofrecimiento o proposición, antes de embestir contra ellos y asesinarlos? ¿Actuó la fuerza pública por su cuenta o previamente aleccionada y con instrucciones superiores? ¿Es que el gobierno, y no el Partido Socialista, quiso provocar deliberadamente este incidente para justificar posteriormente otras medidas de fuerza? ¿Es que la fuerza pública tiene plena autonomía para actuar frente al pueblo? ¿El gobierno, no tiene ningún control sobre Carabineros? ¿Es la violencia indiscriminada y ejercida sin ningún respeto por la vida humana la forma habitual en que está autorizado para operar el Cuerpo de Carabineros? ¿O procede así sin autorización?

En suma, ¿Carabineros mató por cuenta propia o por encargo del gobierno?

Es indispensable dilucidar estas interrogantes. Y, sobre todo, saber qué está ocurriendo realmente con la fuerza pública. ¿Se ha convertido en un poder autónomo? ¿Ha perdido el gobierno todo control sobre ella?

Mientras el gobierno guarde silencio y la siga respaldando, habrá que concluir que sigue sometida a la autoridad civil. En tal caso, es el gobierno quien debe responder de todas sus depredaciones.

Del mismo modo, mientras no surjan nuevos antecedentes, se puede sostener que Carabineros recibió instrucciones de la autoridad civil de desalojar a los pobladores sin contemplaciones, ni conciliaciones, incluso apelando a las armas.

Por otra parte, dado el carácter insólito, dada la violencia desmesurada, innecesaria e incomprensible, es justo presumir que la agresión policial ordenada por el gobierno perseguía móviles más amplios, más sórdidos y tenebrosos que rescatar los terrenos de propiedad de un ciudadano particular de Puerto Montt. Todo parece indicar que está en gestación una maniobra de ciertos personeros o sectores de Gobierno, coludidos con la Derecha, para poner en vigor medidas o leyes represivas tendientes a descabezar o desarticular el movimiento popular y a proscribir a todos o a algunos de los partidos de Izquierda.

Los asesinos directos de los pobladores de Puerto Montt fueron, evidentemente, los oficiales y la tropa de Carabineros que gatillo sus armas y disparó.

Instigadores y cómplices del crimen fueron todas las autoridades civiles que dispusieron el uso de la fuerza pública contra los pobladores: el Intendente subrogante de la provincia de Llanquihue, el Subsecretario del Interior y, especialmente, el Ministro del Interior, sin cuyas órdenes, instrucciones o autorización no podían resolver ni sus subordinados inmediatos, ni los jefes policiales.

Pero la responsabilidad no se detiene ahí, sino que recae también sobre Ud., señor Frei, cumbre de la pirámide administrativa de este país.

Constitucionalmente, su autoridad se extiende a todo cuanto tiene por objeto la conservación del orden público en el interior. Puesto que la intervención policial fue invocada por razones de orden público, Ud., señor Frei, tuvo que ser informado de lo que se tramaba.

Por lo menos tuvo que saber que se iba a emplear la fuerza pública contra pobladores indefensos, aunque no le dieran más detalles.

¿Y qué dijo Ud., señor Frei?

¿Se le olvidó aquel discurso que pronunció Ud. en una sesión del Senado para rendir homenaje a los mártires de la Población José María Caro, en la administración del Presidente Alessandri?

Debería haber repetido ahora, por cadena nacional, en memoria de estas víctimas de su gobierno, esas mismas palabras que pronunció entonces: "Y encima de su sufrimiento, no comencemos a mirar los códigos y: sus incisos; no entremos a analizar si se lanzaron primero unas piedras o que los carabineros no iban a disparar porque sí. Yo voy más adentro... Esas personas viven como sabemos que están viviendo. Sufren como sabemos que están sufriendo. Con ellos —su pobreza lo exige— se debe tener exquisita prudencia. ¡El castigo para su protesta! Si nosotros estuviéramos en el caso de ellas, ¿seríamos tan moderados? ¿Cuál es el castigo? A la primera actuación, siempre hay balas para los pobres. Y yo pregunto: ¿estamos construyendo en este país algo positivo o acumulando en esta gente un sedimento de odio que mañana nadie podrá contener, ningún partido político ni ningún hombre?".

Pero hace tiempo que Ud. padece de amnesia y ya no recuerda a tanta gente del pueblo que confió en que por lo menos en su gobierno, si no había pan, tampoco habría balas.

Ud., señor Frei, es responsable de haber olvidado los dolores y sufrimientos de la gente humilde; Ud. señor Frei es responsable de no haber impedido la trágica represión de los pobladores de Puerto Montt, de no haberla impedido y sí haberla autorizado. Porque Ud. es la máxima autoridad de Chile y sin su consentimiento ni voluntad no puede intervenir la fuerza pública contra el pueblo.

¿Qué excusas puede dar?

¿Que no previo las consecuencias? Pero Ud. no puede ignorar cómo actúa diariamente el Cuerpo de Carabineros en todas las ciudades del país, incluso en la capital; con qué bestialidad reprime a los pobladores, a los huelguistas, a los manifestantes, a los profesores, a los estudiantes y a los propios parlamentarios. Ud. tiene que saber que el pueblo siempre está inerme y la fuerza pública armada hasta los dientes. Ud. tiene que recordar la cantidad de muertos y heridos que dejó la fuerza pública en las calles de Santiago, durante su gobierno, con motivo del paro nacional decretado por los trabajadores el 23 de noviembre de 1967.

Y seguramente tampoco se han borrado de su mente los heridos, los lisiados y los muertos que quedaron tendidos en el mineral El Salvador, un año antes, también bajo su administración.

Ud. personalmente, en esa oportunidad, acusó también al Partido Socialista de ser el instigador y el responsable de ese homicidio a sangre fría cometido por la fuerza pública. Dijo lo mismo que ahora alega su Ministro del Interior, que una turba de 300 trabajadores había rodeado y agredido a la fuerza pública y que ésta había respondido en defensa propia.

Pero ese argumento resultó tan falso como el que ahora emplea su Ministro de Estado.

Ud. es responsable, señor Frei, de todas esas masacres cometidas en su Administración, porque Ud. es el superior jerárquico de todo el aparato represivo que existe en el país, de Carabineros como de las Fuerzas Armadas, y porque de Ud. depende el uso y empleo de la fuerza pública y su comportamiento.

Y es responsable, aunque puede no estar de acuerdo con la actuación de los uniformados, porque nunca discrepó públicamente de ellos, ni separó de sus cargos a los responsables. Por el contrario, premio con el ascenso a General, al Coronel Manuel Pinochet, que estaba al mando de las fuerzas cuando se asesinó a los trabajadores del cobre.

Ud. también es responsable de todos los desmanes, abusos, atropellos, vejaciones, golpes, contusiones, agresiones provocadas por el Cuerpo de Carabineros, y en especial el Grupo Móvil, cada vez más perfeccionado para atacar al pueblo.

Mientras Ud. no diga lo contrario, se presume que Ud. respalda sus métodos para cometer sus fechorías en la impunidad.

O sea, Ud. también es responsable de este Estado policial que está pesando cada vez más sobre el pueblo, con el fin de amedrentarlo, de silenciarlo, de impedirle combatir por sus derechos. O sea, Ud. también es responsable de querer gobernar por el terror, contra la voluntad del pueblo.

Es posible que su Ministro del Interior no le haya informado previamente de lo que iba a ocurrir en Puerto Montt o del empleo de la fuerza pública en otras ocasiones y lugares. Sin embargo, es difícil, porque es un funcionario de su confianza exclusiva y tiene que aplicar la política que Ud. imparta. En caso contrario, estaría faltando a sus deberes constitucionales.

En tal evento, Ud. le tiene que dar una explicación al país. Si se la niega significa que supo todo y conoció con anticipación todo lo que iba a suceder en Puerto Montt, y entonces su responsabilidad se acrecienta.

Del mismo modo, Ud. sabe que su Ministro del Interior es repudiado por la inmensa mayoría del pueblo que ve en él al símbolo más próximo de la represión, de la arbitrariedad, de la prepotencia, del abuso.

Si Ud. lo tolera, si no le ha pedido todavía la renuncia significa que desgraciadamente comparte sus torvas actuaciones y es solidario, cómplice y responsable también de todos los delitos cometidos por él contra el pueblo, a través de la fuerza pública.

En definitiva, señor Frei, Ud. es responsable de haber sustituido el lema original de su gobierno, "Revolución en Libertad", por otro que es común a todos los gobernantes reaccionarios burgueses: "Gobernar es masacrar al pueblo".

JAIME FAIVOVICH


Biografía

PÉREZ ZETA: PRONTUARIO DE UN DICTADOR

EN los primeros días de agosto de 1968, Edmundo Pérez Zujovic Ministro del Interior del gobierno democratacristiano de Eduardo Frei, hizo el siguiente comentario ante un grupo de miembros del PDC:

—Muchos me critican diciendo que soy un hombre duro, pero no se acuerdan que antes de llegar aquí en el país se decía que los demócrata-cristianos no éramos capaces de poner dura la mano y que por lo tanto no quedaba más que instalar a los milicos en el gobierno. Ahora ya nadie habla de instalar a los milicos porque se han dado cuenta que tengo la mano dura.

No es la única vez que Edmundo Pérez Zujovic se ha vanagloriado de ser un hombre de mano dura, lo hace a menudo con una sonrisa en los labios mientras se empuja con el índice de la mano derecha el puente de sus gruesos anteojos de marco de carey.

Edmundo Pérez Zujovic es un hombre de regular estatura, fornido pero no grueso, que lleva el cabello cortado a la americana. Usa un lenguaje directo y no vacila en emplear palabrotas si es necesario dar énfasis a alguna expresión. El día en que el presidente Eduardo Frei ofreció una recepción al presidente de Israel en La Moneda, Pérez estaba en la puerta de uno de los salones del Palacio presidencial cuando se topó a boca de jarro con el senador Rafael Agustín Gumucio, correligionario suyo. De inmediato, sin importarle que en esos momentos se acercaban los dos presidentes, Pérez le lanzó varias palabrotas al parlamentario, una de ellas relacionada con el ancestro del senador.

Más tarde le contaron la anécdota a Frei y éste soltando el cigarro habano que fumaba soltó una carcajada para luego agregar:

—Eso es lo que me gusta de Pérez, su franqueza.

Pérez, que suele hablar de sus méritos personales, dice que entre ellos figura el de "ser el único al cual el flaco no le ha tomado el pelo". El "flaco" es el apodo que le dan a Frei algunos de sus Íntimos. La expresión "tomar el pelo" es la que más se aproxima dentro del argot chileno a la auténtica que usa Pérez para señalar que Frei no ha podido burlarse de él, como lo hace con la mayoría de los que le rodean.

Con tales condiciones está claro que Edmundo Pérez no se conmovió con el texto de la carta abierta que le dirigió la Comisión Política del Partido Socialista, cuyo encabezamiento decía así: "Ahora que usted también ha entrado en la historia por la puerta de los masacradores, queremos preguntarle, ¿hasta cuándo, señor Pérez Zujovic?".

Los que conocen de cerca a Pérez dicen que a él "no le entran balas" y que incluso no se inmutó al escuchar las críticas que se le hicieron por la deficiente presentación que hizo ante las cámaras de la televisión el viernes 14 de marzo, cinco días después de ordenar la represión policial que provocó nueve muertos y 57 heridos en Puerto Montt.

Edmundo Pérez se mostró ante las pantallas de TV como el funcionario que lee un texto que no conoce. Sus deficiencias en el lenguaje le tornaron un tanto indeciso, pero él dijo después que la frase clave "El gobierno a cuyo nombre hablo no se va a dejar amedrentar..." sonó lo suficientemente fuerte como para que alguien se fijara en su noble oratoria.

Edmundo Pérez no se echa jamás hacia atrás, siempre para adelante. Es posible que lo único que lo moleste es que le llamen Pérez a secas, le agrada que le digan Edmundo o Pérez Zujovic.

Es un complejo que le queda de su juventud modesta en Antofagasta donde nació el 11 de mayo de 1912. Ese pasado le sirve hoy para exhibirse como el auténtico empresario que ha montado una fortuna, desde abajo, fenómeno que impresiona mucho a Eduardo Frei, quien se deslumbra con los "hombres capaces de hacer dinero".

Edmundo Pérez cuenta siempre que su capacidad para hacer dinero está muy ligada a la fortuna política de su amigo y compadre, Eduardo Frei. Pérez contaba en los días de diciembre de 1964, que su amigo Frei, convertido en Presidente de la República, se había olvidado las veces en que tuvo que recurrir a él para cubrir un pago, incluso aquellos tan desesperados como los que demanda la mantención del hogar.

En 1957, Edmundo Pérez fue el hombre de confianza de Frei en la campaña por la Presidencia de la República, que terminó con una derrota al año siguiente. Pérez dice que esa campaña le costó mucho dinero. Pero en 1964 todo fue distinto, hubo mucho dinero y a Pérez no lo dejaron meter ni la nariz, lo cual lo resintió. Estaba furioso porque en puestos de confianza estaban Alvaro Marran, ingeniero comercial; Luis Pubill y su sobrino Salvador; el sacerdote jesuita Roger Veckemans, el ingeniero Raúl Saéz y el ingeniero comercial Jorge Ahumada. Edmundo seguía siendo el compadre querido pero sin acceso al aparato fabuloso que se le montó al Partido Demócrata Cristiano y a Eduardo Frei para que atajaran a la izquierda.

En septiembre de 1964, Frei triunfó en la elección presidencial y de inmediato empezó a preparar su equipo de gobierno. Al término de diciembre de 1964, Frei ya tenía listo el equipo y en él no figuraba Pérez. Este con acento resentido contó:

—Eduardo pasó por la casa el día de Pascua y me dejó una botella de whisky. Ya no soy el compadre de otros tiempos...

Edmundo, que conoce mucho al "flaco", preparó la revancha. Arrendó la revista humorística "Topaze" y desde allí inició una ofensiva para ridiculizar a los hombres más ligados al equipo de Frei. Su amigo y protegido, Ricardo Boizard, que también estaba resentido con el "flaco", había acuñado la expresión "los cabeza de huevo", que se emplea en Estados Unidos para designar despectivamente a los intelectuales que se meten en política.

Alvaro Marfán fue transformado en hazmerreír por Edmundo Pérez, quien además intervino en la compra de la agencia de propaganda Publicitas ("para evitar que Germán Becker se lleve el suculento monopolio de la propaganda del gobierno con su agencia Cóndor"). La agencia pertenecía a un catalán llamado José María Xicota, al cual se le dio un cargo representativo en España, para que montara en su patria algunos negocios con los Pubill, antes de que uno de ellos emprendiera la fuga, luego de dejar impagos importantes créditos cedidos por el Banco del Estado.

Pérez se hizo elegir consejero nacional del Partido Demócrata Cristiano y además abrió su faltriquera, como antes lo hiciera con las campañas parlamentarias de su compadre, para financiar a varios candidatos a diputados y senadores, a los cuales usaría más adelante para presionar al "flaco".

—Ahora verá el flaco quién es su compadre, dijo.

Al poco tiempo, Edmundo Pérez había conseguido su objetivo: el presidente estaba afectado por la ofensiva suya y pedia una tregua. En 1965, Edmundo Pérez consiguió que se le nombrara Ministro de Obras Públicas. De ahí todo fue fácil: su compadre ya se había ablandado.

El 6 de septiembre de 1967, Edmundo Pérez fue nombrado Ministro de Economía después que Frei sacó violentamente de ese cargo a su amigo Domingo Santa María, al que acusó de deslealtad por el apoyo que le brindó a rebeldes y terceristas de la Democracia Cristiana, para que eligieran un Consejo presidido por el senador Rafael Agustín Gumucio.

El 13 de septiembre de 1967, Frei convocó por primera vez bajo su administración y en medio de enorme expectación al Consejo Superior de la Seguridad Nacional, montado por el Decreto con Fuerza de Ley 181, al cual incorporó a los Directores Generales de Investigaciones y de Carabineros. Con su presencia el aparato adquirió un aspecto represivo. La entrada precipitada de Pérez a la cartera de Economía no había sido casual, Frei lo necesitaba en el CONSUPSENA, como su hombre fuerte. Ya en ese momento se empezaba a fraguar la eliminación de Bernardo Leighton del Ministerio del Interior.

Extraoficialmente La Moneda hizo trascender que el CONSUPSENA había sido convocado porque los jefes de las Fuerzas Armadas estaban preocupados por el dominio de los izquierdistas en el Partido Demócrata Cristiano.

El 23 de noviembre de 1967, fuerzas militares y policiales dispararon sobre ciudadanos que participaban en diversos actos ligados a un paro dispuesto por la Central Única de Trabajadores, dejando cinco muertos y medio centenar de heridos.

El ministerio de Frei ya tenía impreso el carácter de "mano dura" y con la represión se dejaba sin movimiento a la directiva del PDC. En enero de 1968, Frei en persona derribó en una reunión efectuada en la localidad de Peñaflor a la mesa directiva encabezada por Gumucio.

En el mes de abril de 1968, se produjo un movimiento de protesta en las Fuerzas Armadas y Edmundo Pérez Zujovic pasó a convertirse en hombre fuerte del gobierno, desplazando a Bernardo Leighton, a quien se le recomendó como a las niñas que deben olvidar un amor, que diera la vuelta al mundo.

El 31 de julio Edmundo Pérez ordenó desalojar a un centenar de pobres campesinos, que estaban en huelga, de la casa de un fundo en la comuna de San Esteban, en Los Andes, con todos los efectivos del Grupo Móvil de Carabineros. La represión fue violenta e hizo sonreír al Ministro, que fue llamado por el Consejo Nacional del PDC para que diera cuenta de su acción:

—Es cierto que es lamentable el espectáculo de los campesinos con los brazos en alto, encañonados por los carabineros, pero puedo decirles que gracias al sistema no corre sangre y se mantiene el orden.

Bajo el mandato de Pérez el Grupo Móvil adquirió reputación de fuerza de choque. En junio de 1968, los diputados radicales interpusieron una acusación constitucional contra el Ministro a raíz de la paliza que los carabineros dieron al diputado Samuel Fuentes. Pérez se rió: con la mayoría de parlamentarios del PDC la acusación no puede prosperar.

Un grupo de mujeres fue golpeada por carabineros en la puerta de La Moneda cuando intentaban conversar con el presidente Eduardo Frei. Eran funcionarlas de la Dirección General de Correos y Telégrafos, cuyo personal estaba en huelga casi simultánea con el Magisterio. Las mujeres, en protesta por el ultraje, declararon una huelga de hambre en los jardines del Congreso, acto que fue ridiculizado por Pérez.

A esa altura Edmundo Pérez tenía sobrados motivos para sentirse un héroe. Había cumplido el anhelo de su vida, según lo dijo a "El Mercurio", de pasear en carroza presidencial junto a su compadre por las calles de Santiago, con motivo de la ceremonia de la apertura del período ordinario de sesiones del Congreso y, además, los derechistas le aplaudían como el hombre duro, al cual incluso citaban como el personaje capaz de encabezar un gobierno fuerte.

En los sitios de reunión de los ultraconservadores se dice:

—No importa que Eduardo sea vacilante; ahí el que vale es Edmundo ... Por lo demás los ultraconservadores festejaban a Pérez por haber eliminado vejatoriamente a Leighton, quien había hecho detener a algunos de ellos con el cuento de un plan subversivo derechista.

En julio de 1968, Edmundo Pérez Zujovic demostró su utilidad para otros sectores. Ese mes huyó a Chile el Ministro del Interior de Bolivia, Antonio Arguedas. quien entregó el original del diario de operaciones que redactó en Bolivia el héroe guerrillero Ernesto Che Guevara. La Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA), a la cual había prestado servicios Arguedas, pugnó por impedir que su ex colaborador se quedara en Chile.

El Ministerio del Interior se negó a dar asilo a Arguedas y éste fue transportado por un detective de Chile a Inglaterra, en un avión donde el político boliviano fue controlado por un agente de la CIA.

Edmundo Pérez Zújovic es en la actualidad la imagen perfecta del dictador, que se apoya en una fuerza policial que tiene carácter militar.

Un grupo de niños y adolescentes del instituto Nacional de Santiago, considerado el colegio estatal de mayor prestigio, fue desalojado con palos y bombas lacrimógenas por el Grupo Móvil bajo el mando del Coronel , Jorge Urrutia Quintana quien ni siquiera explicó el motivo que tuvo para endurecer su comportamiento ante los muchachos.

El 16 de julio de 1968 Edmundo Pérez Zújovic ordenó a la policía política que rodeara y allanara el edificio que ocupa el Canal 9 de televisión de la Universidad de Chile. En su interior había estudiantes universitarios y personal del Canal que se encontraban en huelga en apoyo a la reforma que en esos momentos se había desatado en la Universidad de Chile.

El secretario general de la Universidad, Alvaro Bunster, y el presidente del Senado, Salvador Allende, intentaron impedir el allanamiento violento para evitar destrucción y víctimas. El jefe de la policía política dispuso la acción haciendo saltar las puertas del edificio e iniciando una violenta represión de los que estaban en el interior.

El Grupo Móvil de Carabineros sostuvo una ofensiva con todos sus elementos contra los estudiantes de la Universidad Técnica del Estado en Santiago y Valparaíso en 1968. Muchos estudiantes quedaron heridos y el Ministro del Interior se limitó a decir que había impuesto el "orden".

En enero de 1969, una masa de latifundistas realizó diversas manifestaciones de protesta contra el gobierno por el precio que éste fijó al trigo. Edmundo Pérez Zujovic, el mismo que hizo salir violentamente de Chile al político boliviano Antonio Arguedas, como lo pedía la CIA norteamericana; que ordenó la represión con violencia de los maestros, de los funcionarios de Correos y Telégrafos, de los estudiantes universitarios y secundarios: de los campesinos en Los Andes, de parlamentarios, como el radical Samuel Fuentes: del personal del Canal 9 de la Universidad de Chile (con lo que vulneró lo que hasta ese momento se llamaba autonomía universitaria), se mostró cauteloso ante los latifundistas. No hubo ni un contuso entre ellos, por el contrario, éstos golpearon e hirieron a un diputado democristiano, Guido Castilla, que quiso actuar en su contra. En una débil pero extensa declaración del 19 de enero, Pérez anunció que "el gobierno ha adoptado todas las medidas necesarias para reprimir estos hechos y ha reiterado las instrucciones impartidas a los Intendentes y al Cuerpo de Carabineros, a fin de que procedan con la mayor energía y severidad".

Lejos de perseguir a los latifundistas, Pérez les hizo un señalado favor: logró eliminar de la Vicepresidencia del Instituto de Desarrollo Agropecuario al ingeniero Jacques Chonchol.

Chonchol renunció abrumado por la campaña que montó en su contra su correligionario Pérez, el que instaló un aparato de espionaje dentro de INDAP. Pérez se transformó así en el verdadero hombre fuerte del gobierno: tenía en el suelo a la directiva de Rafael Agustín Gumucio, al ex ministro del Interior, Bernardo Leighton, al Vicepresidente de INDAP, Jacques Chonchol.

Pérez, el mismo que no había usado "la energía y la severidad" con los latifundistas, la descargó contra los pobladores en Puerto Montt, el domingo 9 de marzo.

De acuerdo con las conversaciones que se habían venido realizando entre el presidente del PDC, senador Renán Fuentealba y el presidente de la República, Edmundo Pérez tenía en peligro su cargo de Ministro el domingo 9 de marzo al amanecer, pero ese mismo día a las nueve lo mantenía firmemente en sus manos. El presidente Frei no podía acceder a las presiones de Fuentealba y eliminar a Pérez en los momentos en que la opinión pública le sindicaba como responsable de la masacre de Puerto Montt. Así Edmundo Pérez ganó otra batalla.

Pérez es elogiado por la ultraderecha y por los representantes de los intereses norteamericanos en Chile (no debe olvidarse que como contratista hizo trabajos para la empresa cuprera yanqui Anaconda) como queda demostrado por la revista PEC, que edita el ex sargento del ejército de Estados Unidos, Marcos Chamúdez, quien escribió el 14 de marzo en su pasquín: "No hay que escatimarle ahora, tampoco, ningún apoyo". La carta que Pérez envió a la asamblea de Providencia del PDC contenía por extraña casualidad los mismos datos que PEC incluyó para atacar al ala izquierdista demócrata-cristiana. Pérez y Chamúdez hablan por teléfono cada día y el vocero de los intereses norteamericanos es, en la actualidad, el asesor publicitario del Ministro del interior, a pesar que, como él mismo lo reconoce, "nunca fuimos partidarios de la Democracia Cristiana ni admiradores de la persona del señor Frei".

A Chamúdez le interesa Pérez, porque es el que manda.


Trabajadores

SOLIDARIDAD NECESITAN LOS OBREROS DE SABA

NUEVAS irregularidades siguen descubriéndose en el proceso contra más de veinte obreros de la industria de artículos eléctricos SABA.

El ministro sumariante de la Corte de Apelaciones, Guillermo Novoa Justrow, ha insistido en su actitud de defensa de los intereses de la firma Wagner Stein, en abierta contraposición con principios éticos y profesionales que le obligan, por lo menos, a ser imparcial. En su interés por probar de cualquier forma la culpa de los obreros, ha caído ahora en faltas graves ah desconocer normas que debería aplicar según el Código de Procedimiento Penal.

Por ejemplo, el artículo 155 de ese Código indica que en los casos de incendio de una industria —si no se descubre al autor desde el primer momento— el juez deberá tomar "los libros y papeles del comerciante, averiguar si el establecimiento incendiado estaba o no asegurado, el monto del seguro, el valor del edificio y de las mercaderías o muebles objeto del seguro existentes en el momento del incendio".

Hasta ahora, durante el desarrollo del proceso, no se ha logrado acreditar quién es el autor del incendio. No se ha presentado ninguna prueba de que algún obrero pudiera ser culpable. En cambio, hay bastantes indicios de que las llamas fueron provocadas por bombas lanzadas por el Grupo Móvil de Carabineros. También hay hechos que señalan que los dueños de la industria tenían interés en que se produjera el incendio, con el objeto de cobrar el seguro.

A pesar de estos antecedentes, el ministro sumariante no ha dado orden de incautar los libros de contabilidad de la firma Wagner Stein, como tampoco ha ordenado la detención del gerente, Guillermo Stein. En especial, el ministro Novoa ha caído en el desconocimiento del artículo 483, del mismo Código Penal, que dice:

"Se presume responsable de un incendio al comerciante en cuya casa o establecimiento tiene origen aquél, si no justificare con sus libros, documentos u otra clase de prueba, que no le reportaba provecho alguno el siniestro". Como PF ha informado en crónicas anteriores, la firma Wagner Stein estaba a punto de declararse en quiebra, debido a que sus libros de contabilidad mostraban un fuerte déficit.

Tan dudoso se ha tornado el origen del incendio, que las compañías aseguradoras —Germania y Araucanía— se han negado a cumplir su compromiso de pago. Por este motivo, Wagner Stein ha emprendido un juicio arbitral ante la Superintendencia de Sociedades Anónimas.

Como se puede apreciar, el caso de los obreros de SABA se destaca como ejemplo vivo de hasta qué punto la justicia chilena está supeditada a intereses poderosos. Ya han cumplido ocho meses en prisión los obreros José Echavarría Castillo, Mario Carrasco Briones, Raúl Cornejo Fariña, Juan Jaque Grandón, Luis Catalán Várela, Enrique González Mardones, Roberto Hernán Avalos Osorio, Sergio Cárter Báez, Antonio Alberto Mejias Fuentes, Pedro Canales Chaparro, Juan Tobar Rojas, Segundo Ortega Roser, Pedro Rosales González, Hernán Claudio Sandoval Araneda, Luis Guerra Olguín, Roberto Enrique Muñoz Martínez, José Cárter Báez, José Héctor Riquelme Vargas, José Pizarro Marín y Patricio Estanislao Cortés Díaz. Todos ellos están acusados de usurpación e incendio, con excepción de Pedro Rosales, Claudio Sandoval, Luis Guerra y Enrique Muñoz, dirigentes sindicales que, además, tienen el cargo de ser autores "intelectuales" del delito de incendio.

Otros obreros están excarcelados bajo fianza. Son Teresa Guerra Olguín, Germán Palavicchino Ramírez y Jaime Tórtoli Campos. Este último, pariente del cuidador de la industria, se ha convertido ahora en uno de los principales acusadores de sus compañeros. Solamente han sido sobreseídos los obreros Emilio González Blanco y Rene Contreras Candía.

Un caso insólito es el del obrero Elías Acuña Pihan, que está fugitivo, no sometido a proceso porque ha sido declarado en rebeldía. También se le acusa de usurpación y de ser uno de los autores del incendio. Lo absurdo es que, según el libro de guardia de la Segunda Compañía de Bomberos de Maipú, folios 314 y 315, este obrero dio la alarma de fuego el día del siniestro.

Estos y otros antecedentes dados a conocer anteriormente, indican que contra los obreros de SABA se ha descargado la mano de injusticia. Estos trabajadores, todos muchachos que con sus salarios ayudaban a sus familias, siguen en la cárcel y falta aún mucho tiempo para que salgan en libertad. Y esto, porque hay interés en dilatar lo más posible el pro ceso, aunque seguramente al final se pruebe su inocencia. Este hecho ha movido a los obre ros presos a pedir apoyo económico que les permita seguir manteniendo a sus familias, que en estos momentos viven una situación crítica. Las personas interesadas en solidarizar, pueden hacerlo directamente al Anexo Cárcel, entregando su colaboración a Pedro Rosales, presidente del Sindicato de Obreros de SABA.

C. C.


Choapa

TIERRA DESNUDA PARA CAMPESINOS POBRES

LA reforma agraria que el gobierno democratacristiano ha aplicado en el Valle del Choapa (Coquimbo), se ha guiado por tres líneas fundamentales: diseño de una estructura burocratizada de asistencia a los campesinos: CORA; aplicación de una nueva unidad empresarial y social de tenencia: el asentamiento; y completa subestimación de las organizaciones campesinas con más de 30 años de lucha: los sindicatos.

Los 11 asentamientos colindantes, serán entregados a los campesinos el 19 de mayo próximo, para ser trabajados en forma individual, comunitaria o mixta.

Durante muchos años los campesinos de ese Valle habían luchado por la reforma agraria, pues habían sido sometidos a la más dura explotación por los distintos burócratas del SNS o de la Beneficencia y antes por doña Matilde de Salamanca, que al morir donó la hacienda a la Beneficencia. Hoy día una hacienda que el Estado adquirió a título gratuito la está vendiendo cara a los campesinos (entre 50 a 60 mil escudos la unidad económica).

Desde que llegó CORA en 1965 e instaló 11 asentamientos en la hacienda, los campesinos vieron una inmensa movilización de vehículos, de funcionarios y de inversiones improductivas (por ejemplo, se construyeron en la mayoría de los asentamientos villorrios de casas con dos o tres pequeñas piezas y una cocina separada, por un valor que fluctúa entre 12 y 14 mil escudos. Se estima que el valor de los villorrios ha sido a lo menos de unos 5 millones de escudos.

Según cálculos que técnicamente padecen de los más serios errores, CORA estimó al final del período que cabían en esos asentamientos tan sólo 862 familias de 1.353, debiendo ser expulsados 491 asentados. Durante los 3 años de asentamiento los campesinos han estado con la terrible duda, ¿quiénes de nosotros se irán? ¿quiénes quedarán con tierra? Para ello CORA manipuló un sistema de puntajes y simuló que los mismos campesinos debieran fiscalizarse, cuando en realidad fue CORA quien hizo las listas de los aceptados y eliminados. Para que semejante medida no creara problemas fue asignando las tierras entre grupos de asentamientos separados estratégicamente, previa una fabulosa campaña de persuasión. Hay asentamientos como Tahuinco que de 213 asentados oficiales, sólo quedarán 91, eliminándose a 122 familias. Lo que hizo este sistema de las calificaciones fue romper la cohesión de las comunidades que allí vivían. Los vínculos de parentesco que ataban a los campesinos por muchísimos años, saltaron rotos en pocos meses, porque se puso al interior de la comunidad el control meramente comercial de unos para con los otros en interés de la propiedad privada de la tierra.

De otra parte, pese a que sólo faltan unos cuantos días para que se entreguen las tierras, los campesinos ni siquiera conocen la organización que va a reemplazar al asentamiento, si va a ser una cooperativa, qué estructuras tendrá a nivel de los campesinos y a nivel de la región, cómo se conectará con el Estado, cómo organizará la producción, etc. Y lo más grave es que los campesinos no saben —no porque CORA no se los haya enseñado— sino porque CORA no tiene idea, a estas alturas, de cómo organizar la producción y la población del valle.

Además, una vez que CORA entregue las tierras, ella se desliga del financiamiento de los asentamientos o de las cooperativas, y aparecerán los organismos tradicionales de financiamiento: Banco del Estado, CORFO y bancos privados. El interés que cobra el Banco del Estado es superior al 35% (incluyendo gastos de letras, estampillas, etc.). Es decir, los campesinos estarían trabajando exclusivamente para tratar de pagar los intereses del Banco. Contrastan con esta realidad las altas sumas que CORA ha gastado en el Valle. Resulta que en los 3 años y en moneda de fines de 1968, se habían gastado por asentado unos 10.000 dólares, esto es, unos 100 mil escudos por asentado. Con esta suma podría perfectamente cada campesino comprar varias unidades económicas y sin que hubiera necesidad de haber eliminado a ningún asentado del Valle.

Las promesas que los dirigentes de CORA han hecho a los campesinos: construcción de una industria conservera y otra de procesamiento de ají, las promesas de infraestructuras (tranques regionales y prediales, mejoramiento de cañales, etc.) han quedado en el aire sin llegar a materializarse.

Pero hay un factor que ha venido a agudizar mucho más la situación: la sequía. En Tahuinco, por ejemplo, cada campesino solo tenía media hectárea para sembrar, pero por efecto de la sequía la ha perdido. Los animales no sólo han bajado de precio, por efecto de la pérdida de peso, sino que se estima que cerca de las 2/5 partes han muerto. CORA ha estimado que la producción agrícola bajará en un 70% con motivo de la escasez de agua de riego.

Desde un punto de vista social, se reproduce la antigua estratificación social: en la parte superior están los asentados con derecho a tierras (862 familias), en el medio los socios de producción sin derecho a tierra (unas 300 personas) y en la parte inferior los asalariados de los asentamientos (unas 200 personas).

En estas condiciones, basta el más mínimo sentido común para no entregar tierras desnudas de riego, cultivos e infraestructuras a campesinos que tendrán que enfrentarse a una reforma agraria que no les ha dado una organización adecuada. Esta reforma agraria que les niega créditos baratos, ha gastado 100 mil escudos por asentado y para que estos sigan pasando hambre. Es una reforma agraria que en vez de hacer producir las tierras, de incorporar cultivos más rentables, de nacionalizar el monopolio del tabaco localizado en el corazón del Valle, en vez de

afectar la estructura privada del comercio local que se está quedando con los ingresos de los campesinos, en vez de instalar empresas regionales de procesamiento y comercialización a los centros poblados de manera de ampliar la fuente de ingreso de los campesinos, lo que Lace, paradojalmente, es despoblar las tierras, vender baratos los productos de los campesinos a los monopolios nacionales, retener los anticipos y jugar con el hambre de los campesinos. Esa reforma entrega tierras caras, casas caras, créditos caros a campesinos pobres, endeudados, sin agua, sin tranques, sin infraestructuras y sin las industrias prometidas.

No obstante estas tremendas injusticias, el "Valle Rojo" como se le llamó antaño, está dormido; la cercanía de la propiedad de la tierra ha dividido a los campesinos y todo se soporta con la esperanza de llegar a esa tierra que se les ofrece. Los que se van no encuentran apoyo en los demás para luchar y los que se quedan, enceguecidos por el resplandor de la propiedad, con casuchas caras e inadecuadas, sin saber qué irá a suceder este año agrícola, soportando los efectos de la exagerada improvisación de CORA, no están dispuestos a poner en peligro su aceptación como asignatarios de una parcela o unidad económica.

Y así se está cerrando uno de los hechos más negros de la actual reforma agraria democratacristiana.

VÍCTOR VEA


Tribuna

MARX Y EL SUFRAGIO

SIN lugar a dudas uno de los temas más polémicos para la izquierda chilena y latinoamericana en general es el que se deriva de la utilización estratégica y táctica del parlamento. De una manera u otra, toda la artillería está apuntando a ese blanco. Por lo demás, en un país como el nuestro donde las elecciones han constituido hasta ahora el foco de polarización política, resulta ineludible intentar un análisis desde el punto de vista de Marx y del marxismo.

Los primeros planteamientos de Marx relativos al sufragio universal los encontramos en el Manifiesto Comunista. Ahí aparecen consignados como una de las misiones del proletariado.

Pero las enseñanzas que se desprenden de la utilización del sufragio universal por parte del proletariado se encuentran en las tres obras que Marx dedicó al estudio y análisis de Francia: La Lucha de Clases en Francia de 1848 a 1850, el 18 de Brumario de Luis Bonaparte y la Guerra Civil en Francia. Es en estas tres obras donde Marx aplica por primera vez el materialismo histórico con una lucidez y penetración difíciles de superar. El motivo que indujo a Marx a fijar su atención en Francia deriva que en ese país como en ningún otro, las fuerzas sociales estaban calentadas al rojo vivo.

Carlos Marx retomó el hilo de la historia de Francia a partir de las jornadas de febrero de 1830, es decir, desde la caída de la dinastía de Orleans. Aún los principios republicanos de la Gran Revolución no habían podido casarse con la realidad francesa; aun permanecían en pie de lucha y como necesidades históricas; aun la principal tarea de los revolucionarios era liquidar las ya derruidas bases materiales del feudalismo, pero sobre todo, su superestructura institucional que permanecía intacta. De ahí que una de las misiones históricas para el naciente proletariado europeo haya sido para Marx la lucha por la democracia, esto es la lucha en contra de la institucionalidad feudataria en busca de una democracia burguesa que si bien no puede ser en sí un fin del proletariado, representa al menos una plataforma de lucha, la que bajo cualquier estado monárquico le estaba negada por completo. En este y no en otro sentido debe entenderse la lucha del proletariado por la democracia y dentro de ella, por una de sus manifestaciones más visibles: la lucha por el sufragio universal, por otra parte, Marx siempre tenía presente que si bien la función del proletariado es la de derrocar a la burguesía, el proletariado francés estaba limitado por el insuficiente desarrollo del proletariado industrial, el que por encontrarse en una relación directa con el productor capitalista posee una mayor aptitud revolucionaria. Por eso mismo, según Marx, la tarea del proletariado francés —fundamentalmente urbano— seria tanto o más heroica que la del proletariado del futuro por cuanto debería señalar el camino a través de sus experiencias y errores: el precio de esa tarea iba a ser costoso: se pagaría con la sangre derramada en junio de 1848 y sobre todo, con la represión de la Comuna de París en 1871.

Entendiendo la lucha por el sufragio universal como una reivindicación postergada de la burguesía, no podemos dejar de mencionar que utilizada en forma inteligente por el proletariado llegó, en ciertas ocasiones, a cernirse en contra de la misma burguesía, amenazando sus posiciones parlamentarias y haciendo dudar a sus representantes entre la ruptura de su propia legalidad o la pérdida de sus privilegios (invariablemente, por supuesto, la burguesía ha elegido romper con su idílica legalidad). Tomando en cuenta la utilización que del sufragio universal hizo el proletariado francés, Federico Engels, en la introducción a la Lucha de Clases en Francia, escribió las siguientes palabras:

"Para decirlo con las palabras del programa marxista francés (los obreros) han transformado el sufragio universal de medio de engaño que había sido hasta aquí, en un instrumento de emancipación" ... "convirtiéndose con ello en nuestro mejor medio de propaganda; la de informarnos con exactitud acerca de nuestra fuerza y la de todos los partidos adversarios, suministrándonos así el mejor instrumento de nuestra acción y precaviéndonos por igual contra la timidez a destiempo y contra la extemporánea temeridad" ... "Pero nos ha dado mucho más: con la agitación electoral nos ha suministrado un medio único para entrar en contacto con las masas del pueblo allí donde están todavía lejos de nosotros, para obligar a todos los partidos a defender ante el pueblo todos nuestros ataques, sus ideas y sus actos; y además abrió ante nuestros representantes en el Parlamento una tribuna desde la cual hablar a nuestros adversarios en la Cámara, y a las masas fuera de ella con una libertad y una autoridad muy distintas de las que se tienen en la prensa y en los mítines". (Marx y Engels, Obras Escogidas, Tomo I, pág. 125).

Aunque desde un punto de vista teórico-abstracto los juicios de Engels siguen teniendo plena validez, con respecto a una aplicación práctica particular, requieren de un análisis cuidadoso, incluso en lo que se refiere al caso específico de la Francia estudiada por Marx, y esto por dos razones.

La primera razón es que Engels al escribir esta introducción —1895— tiene sus ojos puestos en Alemania o más bien en el Partido Socialdemócrata Alemán a la sazón entregado por completo a una estrategia electoral que el tiempo iba a demostrar como errada, incluso en la edición soviética de las Obras Escogidas de Marx y Engels que publicó completa la introducción de Engels, se puede leer lo siguiente:

"Esta introducción de Engels fue en su tiempo burdamente desfigurada por la dirección oportunista de la Socialdemocracia Alemana". Y con ese motivo, Engels escribió a Kautsky el 19 de abril de 1895: "Hoy he visto en Vorwats (Órgano Central del Partido) un extracto de introducción publicado sin mi consentimiento y arreglado de tal modo que aparezco como un pacifico adorador de la legalidad a toda costa". (Marx y Engels, op. cit., pág. 119).

La segunda razón es que los trabajos de Marx comprueban de una manera fehaciente que si al proletariado francés le fue permitido participar en las elecciones, siempre pesaba sobre él una

condición irreductible: no triunfar. Cada vez que los obreros de París amenazaron electoralmente las posiciones burguesas, toda la represión cayó sobre ellos. Las matanzas de junio de 1848 que pusieron fin a las ilusiones revolucionarias despertadas por las jornadas de febrero, representan un ejemplo luminoso. Mientras el proletariado francés planeaba reformas electorales y "se deleitaba en la visión de la gran perspectiva que se ofrecía ante él", la burguesía y las otras clases reaccionarias se preparaban para la represión. La enseñanza de las jornadas de Junio se desprende de su propio fracaso, pues el movimiento revelaba que "aquí república burguesa equivalía a despotismo ilimitado de una clase sobre otras clases" y sobre todo que "la república no significa en general más que la forma de la subversión de la sociedad burguesa y no su forma conservadora de vida" (Marx y Engels, op. cit., pág. 258).

Más todavía.

Entre 1848 y 1852 aprendemos por Marx que la burguesía, antes de permitir un desplazamiento de su poder por el poder proletario, prefirió delegar sus funciones ejecutivas en la reacción armada. Así quedó abierta la puerta para que hiciese su aparición Luis Bonaparte, "el sobrino de su tío", ridícula figura cuyo único mérito era la fuerza militar reclutada entre los elementos más conspicuos del "lumpen" francés. El año 1850 y sin que los republicanos burgueses sintiesen muchos escrúpulos, era abolido el sufragio universal y el 2 de diciembre de 1851 Bonaparte decretaba la desaparición del Parlamento. En los albores de su historia, la burguesía francesa anunciaba a voz en cuello que de ahí en adelante no reconocería otro derecho que aquel que ella misma se concede para explotar al proletariado.

Si el Parlamento y el sufragio universal dejaban de serle útiles, entonces era preferible que no existieran. Nunca la burguesía se ha interesado por las cosas demasiado "universales". Todo eso lo aprendían los obreros franceses en sus primeras batallas en contra de la burguesía.

Pero donde podemos extraer las más ricas conclusiones frente al sufragio es en el estudio que hace Marx de la Comuna de 1871 en París. Al igual que en junio de 1848, las enseñanzas emergen de las derrotas. La principal de todas fue esta:

"...la clase obrera no puede limitarse simplemente a tomar posesión de la máquina del Estado tal y como está y servirse de ella para sus propios fines" (Marx y Engels, op. cit., pág. 539).

En concreto: tanto el Parlamento burgués como sus métodos de generación son Incompatibles con un estado de los obreros.

No obstante, Marx no descarta en general todas las formas de sufragio y de representación. Por el contrario, de sus conclusiones se desprende que el verdadero sufragio universal debe ser una de las conquistas del proletariado; pero éste sólo puede ser posible después (y no antes) de haber pulverizado la maquinaria estatal de la burguesía. Entonces ...

"En vez de decidir cada tres o seis años qué miembros de la clase dominante han de representar y aplastar al pueblo en el Parlamento, el sufragio universal habría de servir al pueblo organizado en comunas, como el sufragio individual sirve a los patrones que buscan obreros y administradores para sus negocios" (Marx y Engels, op. cit., pág. 544).

Véase ahora cómo la apología que hacía Engels de la utilización del sufragio universal, en un momento más radicalizado del proceso, deja de tener toda validez para Marx cuando afirma que uno de los errores del Comité Central de la Comuna de 1871 fue el de no marchar directamente en contra de la reacción burguesa y nobiliaria cobijada en Versalles. En lugar de eso ...

..."volvió a permitirse que el partido del orden probara sus fuerzas en las urnas del 26 de marzo, día en que se celebraron las elecciones de la Comuna". (Marx y Engels, op. cit., pág. 536).

Es decir, si Engels en un momento dado consideró que el sufragio universal era un medio para alcanzar el poder, Marx en otro momento, consideró que también era un medio para perderlo. [1]

De los trabajos de Marx sobre Francia, podemos extraer entonces tres conclusiones relativas al sufragio y a su aplicación. 1.—Que el sufragio universal constituía una conquista postergada de la burguesía en contra de las instituciones feudales y que en ese sentido era tarea del proletariado luchar por su implantación. 2.—Que la burguesía respetó el sufragio universal en cuanto favoreció a sus intereses, pero en cuanto favoreció a los intereses del proletariado, lo desconoció de inmediato. 3.—Que el verdadero sufragio universal sólo puede existir en la medida en que es destrozado todo el aparato estatal burgués incluyendo, por supuesto, sus medios de generación.

FERNANDO MIRES
Concepción


Análisis

EL GRUPO MÓVIL: UNA VIOLENCIA "ESPECIAL"

Los autores del trabajo que se inserta en estas páginas, preparado especialmente para PF, son egresados de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Chile. Analizan al Grupo Móvil de Carabineros, herramienta principal de la represión actual, desde el punto de vista de su inserción en el cuadro de las clases en la sociedad chilena.

LOS hombres del Grupo Móvil aparecen en todas partes como tromba, golpeando a lado y lado; en grupos compactos se mueven con agilidad, rodean a sus víctimas y, como dice tan precisamente el "U.S. News and World Report". "usan la energía justa para que los promotores de los desórdenes no se sientan excesivamente confiados, y para evitar que se conviertan en mártires". Sin embargo, son hombres; tienen todos esos rasgos físicos que tranquilizan: las piernas erectas, las manos libres, una cabeza que sirve al menos para llevar el casco protector. Además se nos dice que sufren igual que todos... y más aún. Son como todo el mundo: honrados, generosos, sólo obedecen órdenes, son insobornables y, sobre todo, tienen un gran "espíritu de cuerpo".

¿Por qué entonces esta tozudez de parte de estudiantes, obreros y campesinos? ¿Por qué esta incapacidad para reconocer la letra humana bajo la violencia?

Sucede que hay algunas confusiones en un sentido demasiado interesado. No se habla de la misma cosa: unos se refieren a Carabineros en general (los que tratan de confundir), y otros al Grupo Móvil (aquellos que sienten la distinción en sus propias carnes) y que se refieren a dotaciones de retenes, aduanas, resguardo de fronteras, etc. A consecuencia de la primera generalización, de este "tirar al bulto", se piensa que se trata de las mismas personas desempeñando alternativamente distintas funciones, lo que es falso.

Estas confusiones se mueven en la polémica sobre el Grupo Móvil. Ellas son interesadas y no albergan ninguna ingenuidad, como lo demuestra la respuesta del Ministro Pérez Zujovic a la petición de disolución del Grupo Móvil enviada por la FEDECH (julio de 1968). Confunde allí deliberadamente al Grupo Móvil con el Cuerpo de Carabineros en general y pretende defender al primero diciendo: "...diariamente llegan a este Ministerio muchas cartas, entre ellas de parlamentarios de oposición, en las cuales piden retenes de Carabineros para las poblaciones...".

El Ministro sabe que si las poblaciones piden protección no es la del Grupo Móvil, pues éste sólo va a esos lugares para reprimir las demandas de justicia que el gobierno no concede a los pobladores. Lo que al Ministro Pérez le interesa es, identificando al Grupo Móvil con Carabineros, confundir la lucha de clases con la delincuencia.

Pese a estos intentos, resulta imposible no distinguir al Grupo Móvil del Cuerpo de Carabineros. Los hechos hablan por sí mismos: todos sus actos lo sindican como fuerza represiva discriminadora, protectora de la burguesía, de su orden, represora de trabajadores y estudiantes. El asunto se desenmascara por sí mismo: no es necesario un análisis especial para "verlo"; la verdad se muestra en las calles, en los fundos, en las poblaciones.

Los carabineros del Grupo Móvil pertenecen a la clase trabajadora y son, sin embargo, fuerza represiva de ésta. ¿Qué funciones cumplen en verdad? ¿Cuál es el lugar que ocupan en la estructura clasista de la sociedad? En todo caso, una función que se presta a ambigüedades, una función que se presta a que se les encubra interesadamente. La confusión radica en que se ha manejado a la opinión pública, para justificarlos y protegerlos.

Dado que las frases que justifican al Grupo Móvil vienen de la burguesía (se habla de la "defensa del orden público", de la "defensa de la organización jurídica", de las "libertades individuales"), busquemos una perspectiva que no oculte nada: la perspectiva de los que no pueden expresarse, de los que ni siquiera tienen posibilidad de engañar. Una perspectiva que desenmarcare la violencia de la falsa democracia en que vivimos. En suma, la perspectiva del proletariado.

Nuestra convicción de vivir en una democracia realizada, donde aparentemente habría una saturación de libertades a disposición de los hombres, comienza a debilitarse.

Las contradicciones no han desaparecido; por el contrario, se han hecho más radicales, más universales. Si Hegel habla idealistamente de "lucha de conciencias por el reconocimiento", Marx y Engels hablarán de lucha de clases. Lo que está en juego en esta lucha no es el reconocimiento de las conciencias individuales unas por otras sino las necesidades materiales de los hombres. La necesidad del reconocimiento no será sino un vago reflejo de las necesidades vitales. Es en este plano material donde se juega la suerte de los hombres, donde se determina quiénes son los amos, los patrones, los dominadores, y quienes los que tendrán que transformarse en trabajadores, en dominados. Es la posesión de los medios de producción lo que hace de los burgueses una clase privilegiada, cuyo más alto privilegio es el poder reconocerse como hombres. Es la desposesión de esos medios, lo que hace de los trabajadores una clase sometida, del trabajo una mercancía en manos, justamente, de aquellos que se apropiaron de los medios de producción pertenecientes a toda la sociedad.

Es esta lucha por la vida, el hambre discriminada, la mortalidad discriminada, el temor discriminado, lo que introduce un tercer término en la relación entre burguesía y proletariado. Este es, precisamente, la fuerza represiva. Ella es necesaria para defender los privilegios de la burguesía dominante, un poder instalado entre las dos grandes fuerzas en pugna, y mediatiza la lucha violenta que necesariamente se da entre ellas, para defender estos privilegios es que son necesarios ejércitos permanentes. Para defender los frutos del robo ante los desposeídos del propio país es que se emplean las fuerzas "antisubversivas". El Grupo Móvil, los Cuerpos Especiales del Ejército, encuentran aquí su justificación.

Hegel dice en una parte de la Fenomenología del Espíritu: "El individuo que no ha puesto su vida en juego, bien puede ser reconocido como PERSONA; pero él no ha alcanzado la verdad de este reconocimiento como reconocimiento de una conciencia de si independiente". De modo que un hombre puede gozar de los derechos que le confiere su humanidad sin pasar por esa lucha que lo desarraiga de sus necesidades individuales. En una democracia institucionalizada como la nuestra se trata por todos los medios (radio prensa, televisión) de ocultar la lucha de clases que, por otra parte, constituye el. dinamismo de su movimiento y de su progreso.

Vemos todos los días cómo nuestras leyes confieren el derecho de personas a cuanto individuo ha nacido del lado de la derecha. Ellos no deben medirse con nadie para probar su valor humano (valor social), y se encuentran desde niños con la mesa dispuesta. Del lado opuesto, las cosas son más difíciles: los hombres deben mostrar sus méritos a costa de extraños sacrificios para lograr ventajas mínimas. Todo el mundo conoce de esta separación de los hombres, donde no hay ninguna igualdad como no sea las meramente anatómicas. Es necesario insistir en esta división de nuestra sociedad, porque sobre ella hay malabaristas del lenguaje que...(falta en el original)

Con el advenimiento y consolidación de las instituciones democráticas se fijan las tareas que los individuos deben desempeñar en una sociedad y la consiguiente tranquilidad social que es necesaria, según algunos, para el progreso del país. Quienes gozan de esa tranquilidad no se cansarán nunca de elogiarla, puesto que les permite una vida fácil. Si eso se logra por el sacrificio de la mayoría y, por ende, a costa de la limitación del desarrollo de las fuerzas productivas que pueden lograr un verdadero progreso, no importa. Con ingenuidad o cinismo, no importa cómo, se confundirá el progreso del país con el progreso personal, se dirá que son unos "resentidos sociales" quienes insisten en mostrar la lucha de clases, la relación necesaria entre la riqueza de unos pocos y la miseria de la mayoría.

¿Cómo se forman estos defensores de la democracia?

Hace varias generaciones que la mesa está dispuesta para los descendientes de los primeros amos. No tienen nada más que hacer un gesto, estirar la mano, dar una orden. Ellos confunden la igualdad psicológica con la igualdad social y piensan que "la vida es así", que hay hombres fuertes y hombres débiles, que no hay nada que hacer con esta "naturaleza humana". Deducen de esta certidumbre, que no tiene ni pizca de verdad, que la igualdad entre los hombres es un mito de unos afiebrados envidiosos que se dedican a pensar porque no saben vivir. Si se les habla de la sociedad como un todo, de la sociedad humana, responden que "a cada cual según su esfuerzo". Como no han trabajado nunca y han visto trabajar sólo desde lejos a toda una clase de individuos no saben reconocer que las necesidades de los trabajadores son necesidades humanas y, por lo tanto, iguales a las de ellos.

Como viven para el consumo, creen que "los marxistas" andan preocupados de robarles su derecho a consumir. Inútil tratar de hacerles entender. Para ellos sólo hay "rotos" que trabajan e intelectuales que molestan. ¿Se entiende por qué están obligados a responder con la violencia a los desafíos del marxismo? Hay que poner a los "rotos" en su lugar, hay que ser duro para poder vivir, el que quiere consumir debe esforzarse ¿acaso sus abuelos no se esforzaron? Si los "rotos alzados" no quieren oir consejos, hay que hacerles sentir miedo. Por eso existe el Grupo Móvil.

Las instituciones democráticas sirven para preservar los derechos de unos pocos a una vida privilegiada, que los forma como consumidores. Una de las últimas creaciones de esta democracia es el Grupo Móvil, grupo destinado a perpetuar los privilegios de la burguesía a través de la represión política de las clases explotadas. Una institución más para "el resguardo del orden", pero esta vez una institución que muestra al pueblo el carácter clasista de ese orden. La evidencia resulta de la unilateralidad de su acción: reprimen sólo a la clase trabajadora. La lucha de clases no se suprime con palabras, ni con la mediación del Grupo Móvil. Por el contrario, aquélla se agudiza con la represión, pues las clases dominantes, al reprimir en vez de revolucionar, se muestran incapaces de comprender las necesidades de la sociedad: se muestran inesenciales, como decía Hegel.

Para mantener los privilegios es que se usan las fuerzas represivas. Agudizada la miseria, se hacen más claras las contradicciones y los grupos represivos cobran su verdadera fisonomía. Antes han podido permanecer encubiertos en el tumulto de las mixtificaciones, apenas han sido necesarios. Ahora por desgracia para los explotadores ya son imprescindibles. El Grupo Móvil es una ventana por donde se puede mirar la verdad de la sociedad chilena. Esta fuerza hace presente la violencia clasista, la discriminación siempre realizada pero callada. Esta fuerza desenmascara la farsa "democrática". Se comprende que sea uno de los últimos recursos de que echa mano la burguesía. Ella sabe que al hacer uso de esta fuerza está mostrando su cara más real. La burguesía siempre se lamentará de que las cosas hayan llegado a "esos extremos", y llamará "exaltados", "extremistas", a aquellos que se le enfrenten. Por supuesto que estas lamentaciones no se deben a que quisiera cuidar del bienestar de los ciudadanos, de su seguridad. La clase explotadora se lamenta de la verdad, de que todo se ponga a la luz del día, de que los extremos, que siempre existieron, se muestren como tales; ella sabe de esos extremos, vive de ellos, pero por lo mismo quiere que permanezcan como tales, y sabe que la mejor manera de conservar la situación es que no hayan extremistas, que no existan esos "encargados" de mostrar la situación en su verdad.

Estos cuerpos "especiales" en verdad no servirían de mucho para un levantamiento popular, no servirían de nada para una revolución popular. Esos cuerpos están determinados en su configuración, en su estructura, en su número incluso, por el objeto mismo de la represión. Lo que se reprime no es al pueblo armado; lo que se hace es prevenirlo, frenarlo, adormecerlo. El pueblo ha levantado en su avanzada a ciertos dirigentes, ciertos cuadros más preparados, más conscientes. Los estudiantes cumplen con este rol de avanzada. Hasta el momento son nada más que eso, una avanzada, un "grupo especial" que actúa sobre el fondo del pueblo entero. Para acallar a éstos, para reprimir a estos pocos "exaltados" es que son necesarios entonces grupos de choque especiales. Son cortadores de cabezas, cercenadores de la avanzada revolucionaria; su función es acallar el descontento popular que se manifiesta en los grupos de protesta, en los cuadros que inician las luchas reivindicatorias de todo un pueblo. Los grupos especiales antisubversivos se nacen privilegiados ante las fuerzas defensivas generales. Necesitan mejor armamento, mejor entrenamiento, mejor preparación ideológica. No se puede preparar ni táctica ni ideológicamente a un ejército entero para la lucha antisubversiva. Sería demasiado peligroso. Pasado el nivel de la lucha "especial", se echará mano de otros expedientes para mover al ejército; se hablará de "la patria en peligro", de la "defensa de la democracia" y para esto no será necesario una preparación especial.

La lucha actual se da a un nivel de especialidad, son los cuadros de avanzada en la lucha popular los que habrá que reprimir, se hará de ellos un objeto de ejemplo para el pueblo entero. Se usarán entonces cuerpos especiales de represión; éstos se harán privilegiados dentro de las "fuerzas del orden".

¿Cuál es la estructura de estos grupos? Básicamente se dan en ellos los dos polos de la lucha de las conciencias de que habla Hegel: dominación y servidumbre. Estarán al servicio de la burguesía (los nuevos amos), dominados por ella, pero están también sirviendo a los intereses de la dominación; están también dominando a los trabajadores, a los nuevos esclavos. Y ellos tratan de no sentir la dominación, de no sentir su propia servidumbre, reprimiendo con más fuerza, con más saña a los verdaderos esclavos, a los trabajadores que ya no tienen a nadie por bajo ellos. Por esto es un privilegio el que asignen a un carabinero a estas fuerzas especiales de la represión; se les da oportunidad de olvidarse de su servidumbre, se les entrega a su propia custodia al pueblo, para que puedan en esta carne mostrarse a sí mismos que son ellos también siervos, para que puedan, al menos en algún sentido, sentir el placer del dominio, del sometimiento del otro. Por eso se les permite tomarse libertades con los "exaltados", el pequeño juego del insulto, del apaleo gratuito, de la humillación excesiva. Basta oír narrar las "sesiones" de violencia que deparan estos privilegiados en los carros celulares donde mantienen a los detenidos, en los carros patrulleros donde son trasladados los extremistas ...".

Estos privilegiados han sido reclutados sin embargo en las clases trabajadoras. Fueron campesinos, fueron proletarios, sintieron hambre, sintieron miedo a la muerte. Decidieron evitar esa muerte que amenazaba borrar el hambre permanente, evitar la miseria de su familia. Pero no pensaron en la posibilidad de la lucha del pueblo. Ellos prefirieron ubicarse estratégicamente. Tal vez sólo buscando un trabajo honrado, respetable; pero se hicieron poco a poco más culpables. El miedo fue cada vez más fuerte, se hicieron buenos servidores, leales a sus superiores. Acallaron en ellos mismos la protesta y se pusieron cada vez más al amparo de la ley, al amparo de sus amos. Eligieron estar junto a la burguesía y contra el pueblo, renegaron de su condición. Se les premió como a tránsfugas, se les concedió el privilegio del trato con los hombres. Tendrán por otra parte, y por lo mismo, el privilegio de maltratar impunemente, justificados, perdonados, absueltos de partida.

Pero sus amos, los burgueses, los engañan. La clase explotadora, que roba y mata, que hambrea, puede darse el lujo, una vez que ha explotado y robado bastante, de olvidarse de sus víctimas; paga para no sentir el terror de toda lucha, el temor de la venganza, el miedo de la muerte. Entonces emplea mercenarios, instala entre ellos y sus víctimas un intermediario, las fuerzas represivas, que se encargarán del trato directo con esa sucia materia de que ella extrajo sus prebendas. Expresa y oculta al mismo tiempo su propia culpa en el desprecio de los otros. Pero la burguesía teme siempre la violencia, la venganza, y se asegura creando fuerzas especiales de seguridad. Por otro lado, habiendo despreciado, humillado, rebajado a sus víctimas, rehúsa el trato directo con ellas; es algo sucio.

El soldado especializado, el carabinero especializado, llega a sentir el goce en el maltrato y la violencia. Mientras la burguesía piense en su seguridad, en su orden, estos "encargados" sienten el goce inmediato del delito permitido. Este poder prestado, esta autodefensa prestada, la sienten como propia, aceptan fingir, gozan fingiendo su poderío, pero los verdaderos señores saben muy bien que ese poder es momentáneo, condicionado y no aceptan que lo usen para otros fines que los de ellos, los burgueses. Los delitos comunes son sancionados en estos cuerpos especiales. Y el Ministro Pérez Zujovic exhibe estos castigos ante el país como si hubiera justicia también con ellos, como si no se les permitiera la delincuencia. Pero él sabe muy bien que hay dos campos de delincuencia, la que sirve a sus fines, la violencia represiva, y la que sirve a motivos individuales, personales. Aquéllos se permiten y se exaltan, éstos se condenan porque son peligrosos para el prestigio del cuerpo, como también para su fidelidad.

La verdad es que para los burgueses este privilegio del trato directo con el pueblo es un castigo. Se premia al Grupo Móvil, a los cuerpos especiales del ejército, a condición de que se ensucien las manos, a condición de que carguen ellos con el odio y el resentimiento, y también con la violencia, que debe recibir como respuesta la clase dominante de parte del pueblo.

Se dirá que la violencia existe en todas partes, que en los países socialistas también existen grupos como éste. Pero la cuestión no se aclara analizando la violencia en abstracto, haciéndola equivalente al no considerar las situaciones concretas en que surge. Pensamos como Merleau-Ponty, que se trata de averiguar el significado de la violencia en relación a los fines que persigue, de modo que cuando se compara un régimen que usa de la violencia con otro que también la usa, debemos tener presente "que el comunismo no inventa la violencia, la encuentra establecida, que la cuestión por el momento no es saber si se acepta o se rechaza la violencia sino si la violencia con la cual se pacta es "progresista" y tiende a suprimirse o si tiende a perpetuarse". ("Humanismo y Terror").

Pero algunos seguirán dudando, pensarán que el Grupo Móvil antes que una expresión de la violencia, que el marxismo ya encuentra establecida, es una respuesta a la violencia que los marxistas enfrentan al régimen bajo la forma de huelgas, tomas de fundos, de poblaciones, etc. Es que entonces no se ha mirado bien. La violencia no necesita ser "violenta" para ser lo que es: si los campesinos y los obreros padecen hambre, si no pueden alimentar a sus hijos, si no pueden elegir los trabajos que deben desempeñar durante toda una vida, si no pueden divertirse "sanamente" porque están enfermos de hastío y desesperación, es que la violencia se está ejerciendo sobre ellos y la libertad es una palabra hueca. Que así sucede con los campesinos y obreros lo prueba el Grupo Móvil, pues cuando aquéllos eligen libremente lo que quieren de "su" gobierno, dinero para sobrevivir, un sitio donde habitar, entonces el gobierno se expresa a través de esa violencia ostensiva que no es sino la parte más visible y singular de una violencia "invisible" que está por todas partes.

RODRIGO ALVAYAY y
JOSÉ MIGUEL ARTEAGA


Tribuna ideológica

EL CAMPESINADO Y LA REVOLUCIÓN

EN el artículo anterior (PF 76) precisamos el concepto de campesinado como clase social.

El campesinado como clase social puede existir en dos situaciones económicas determinadas: como siervo o semisiervo, es decir, como pequeño productor dependiente debido a que, a pesar de poseer un pedazo de tierra y los medios de trabajo para cultivarla, no es propietario de la misma, debiendo entregar al propietario un determinado tipo de renta (en trabajo, productos o dinero); y como pequeño productor independiente, propietario de su tierra y de sus medios de producción, liberado, por lo tanto, de toda obligación para el terrateniente. El campesinado en este sentido es una clase de transición, es decir, una clase que aparece al desintegrarse el modo de producción servil y que tiende a desaparecer como clase homogénea a medida que crece la penetración del capitalismo en el campo.

En este artículo nos detendremos a analizar el campesinado como clase de transición, es decir, el campesinado como pequeño productor agrícola independiente.

El aislamiento del campesinado debido a su forma independiente de producir, su carácter transitorio, su carácter intermedio entre el proletariado y la burguesía rural, determinan sus características en los distintos niveles de la formación social.

Desde el punto de vista económico, el campesinado es una clase explotada y subordinada al sistema capitalista dominante, pero, justamente, debido a su aislamiento provocado por las condiciones en que produce, apegado a un lugar y a una explotación determinada "no está en condiciones de comprender el carácter de clase de esta explotación y de esta opresión, de las que sufre, a veces, no menos que el proletariado, no está en condiciones de comprender que tampoco el Estado en la sociedad burguesa puede dejar de ser un Estado de clase". [2]

Desde el punto de vista ideológico, debido a su situación de transición, el campesinado, como pequeño productor está en una doble situación; es, a la vez, un elemento de progreso en cuanto representa una liberación del régimen anterior de dependencia, y un elemento reaccionario en cuanto lucha por mantener su situación de pequeño productor independiente, poniendo obstáculos al desarrollo económico. La situación intermedia que ocupa lo lleva a fluctuar entre los intereses de la burguesía y del proletariado. Además es la clase más permeable a la ideología dominante, con la que establece relaciones tales que le impiden percibir su situación de explotación y su futura destrucción.

Desde el punto de vista político, la situación del campesinado como clase de transición depende del grado en que ha logrado liberarse de las relaciones serviles.

No siempre una liberación formal de las relaciones de servidumbre implica una liberación real de ellas. Este fue, por ejemplo, el caso del campesinado ruso sujeto a relaciones de servidumbre. En 1861 es abolido el régimen de la servidumbre en Rusia, pero, en este país, la abolición de ese régimen no fue obra del pueblo —las insurrecciones campesinas de aquella época no pasaban de ser "motines" aislados, dispersos, espontáneos, que eran rápidamente aplastados—, fue obra de un gobierno que, después de la derrota sufrida en la guerra de Crimea, vio la absoluta imposibilidad de mantener el régimen de servidumbre. "Los campesinos fueron "emancipados" en Rusia por los propios terratenientes, por el gobierno terrateniente del zar autócrata y por sus funcionarios. Y estos "emancipadores" arreglaron las cosas de tal modo, que los campesinos se encontraron en "libertad" expoliados hasta la miseria, dejaron de ser esclavos de los terratenientes para verse avasallados por esos mismos terratenientes..." [3]

"Los nobles terratenientes "emanciparon" a los campesinos rusos de tal forma, que más de la quinta parte de las tierras campesinas fue enajenada en favor de los terratenientes. Los campesinos tuvieron que pagar un rescate por sus tierras, por las tierras que habían regado con su sudor y su sangre, es decir, tuvieron que pagar un tributo a los esclavistas de ayer. Los campesinos pagaron a los feudales un tributo de centenares de millones de rublos, lo que motivó su ruina progresiva. Los terratenientes no sólo robaron las tierras de los campesinos, no sólo destinaron a éstos las peores parcelas, que en ocasiones eran completamente inaptas para el cultivo, sino que, además, les tendieron un sinfín de trampas, deslindando las tierras en tal forma que los campesinos se quedaron sin pastizales, o sin praderas, o sin bosque, o sin abrevadero para el ganado" [4] . La situación en que quedaron era tal que se vieron obligados, no por una coacción extra-económica esta vez, sino por razones económicas, por la incapacidad de subsistir cultivando el pedazo de tierra que les fue entregado, a ir a cultivar con su propio material la tierra perteneciente a los grandes propietarios, y esto para obtener un salario que era pagado en parte en especies y otra parte en tierra, derecho a utilizar los pastizales, los bosques, etc. "En este sistema el terrateniente actúa, no como empresario capitalista que posee el dinero y la totalidad de los instrumentos de trabajo, sino como usuario que se aprovecha de la miseria de su vecino campesino para comprarle su trabajo a un precio irrisorio". [5]

Si a pesar de la abolición formal de la coerción extraeconómica propia al modo de producción servil, la situación en la que queda el campesinado le hace caer en una dependencia económica obligándolo a realizar prestaciones de trabajo o a dar al propietario una renta en productos para poder disponer de los medios necesarios para sobrevivir, se despertará en él una necesidad de liberarse de estas condiciones "semifeudales" de dependencia y podrá ser movilizado revolucionariamente para destruir todas estas sobrevivencias "semifeudales" encarnadas en los grandes terratenientes.

Pero si el campesino se encuentra completamente liberado de toda relación de servidumbre debido a una destrucción total del régimen anterior (y esto ocurre generalmente cuando son las masas campesinas las que con su lucha han logrado la caída del régimen), habiéndose constituido en un pequeño productor independiente, su actitud tenderá, por el contrario, a ser reaccionaria, a defender su pequeña propiedad ya conseguida y que siempre teme perder. Para que surja un nuevo potencial revolucionario dentro de este campesinado se tendrá que esperar la producción de una fuerte diferenciación interna en capitalistas agrarios y proletariado agrícola. Este último representaría el nuevo potencial revolucionario.

Es fundamental, por lo tanto, poder determinar en qué situación se encuentra el campesinado para poder precisar su potencial revolucionario.

Lenin, quien al iniciar su trabajo político realizó un estudio muy serio acerca de la situación del campesinado, señalando la creciente penetración del capitalismo en el campo [6] , reconoce haberse equivocado en la apreciación del grado de diferenciación que se había producido dentro del campesinado; el levantamiento campesino de 1905 le hace ver que todavía los restos del régimen de servidumbre pesan enormemente sobre el campesinado y que éste se moviliza entero contra ellos.

Es importante insistir en que el espíritu revolucionario del campesinado (en el sentido en que lo hemos definido), es esencialmente un espíritu revolucionario dentro de los límites de las reivindicaciones democrático-burguesas. Tierra y libertad es lo que persigue el campesinado. En ningún caso este campesinado tiende a luchar por medidas socialistas. Sólo una larga educación y el desarrollo de las fuerzas productivas en el campo irán logrando que este se integre al régimen de producción socialista.

Existen, por lo tanto, ciertos límites del espíritu revolucionario del campesinado.

1º— Su espíritu revolucionario pequeño-burgués, capaz de apoyar la revolución democrático burguesa, pero no la revolución socialista.

2º— La imposibilidad de constituir un nuevo régimen de producción basado en la pequeña propiedad agraria que no degenere rápidamente en una diferenciación del campesinado debido a la actuación de las leyes del sistema capitalista de producción.

3º— La imposibilidad de organizar una superestructura adecuada al sistema de producción que se defiende: la pequeña propiedad individual. El carácter individual y aislado del campesinado no lo prepara ni le hace ver la necesidad de un trabajo organizado. Salvo su reivindicación de la tierra, tiene poco que ofrecer al resto de la sociedad.

Desde el punto de vista revolucionario, por lo tanto, el campesinado sólo puede constituir una de las fuerzas motrices de la revolución, pero nunca puede constituir, por sí mismo, la vanguardia revolucionaria, y menos la vanguardia revolucionaria de una revolución socialista. Siempre tenderá a caer bajo la dirección de otras clases: la burguesía o el proletariado.

Pero negar que el campesinado pueda ser la vanguardia revolucionaria, no significa dejar de reconocer que en determinados casos históricos, en la revolución china, por ejemplo, constituyó la fuerza principal del movimiento revolucionario.

Es importante distinguir entre fuerza principal y fuerza dirigente de la revolución, o vanguardia revolucionaria. El campesinado puede representar, en una formación social en que existen todavía lazos de servidumbre importantes, la fuerza principal del movimiento revolucionario, pero no puede ser considerado como fuerza dirigente.

En otros casos, el campesinado puede desempeñar el papel de detonador del proceso revolucionario sin que represente la fuerza principal del movimiento.

NEVA


PUNTILLAZOS

LOS "TIGRES" DE HUERTA

EL Director General de Carabineros, Vicente Huerta Célis, se ha convertido en "Führer" de tropas de asalto similares a las SS hitlerianas que en un momento dado llegaron a suplantar en Alemania al propio ejército nacional. Su fuerza de choque se llama Grupo Móvil y las acciones vesánicas que ejecuta contra obreros, pobladores, campesinos, estudiantes, periodistas, etc., aterrorizan a la población.

Ya no se trata de la atención que el Grupo Móvil causa en sectores revolucionarios, que ven en él un instrumento feroz de represión al servicio de la sociedad burguesa. Ahora amplias capas de ciudadanos se dan cuenta que la orientación dada al Cuerpo de Carabineros, nada tiene que ver con la acción contra la delincuencia, el resguardo de fronteras y aduanas, la vigilancia de carreteras o el control del tránsito.

El Grupo Móvil tiene un jefe responsable, el general Huerta, que se permite a cada rato hacer declaraciones contra partidos políticos, tachar de "subversivas" las declaraciones de organismos responsables, amenazar y calificar a sectores ciudadanos. El y sus "tigres" del Grupo Móvil están al servicio incondicional del gobierno, listos para ejecutar cualquier trabajo sucio que les encomienden, a fin de amedrentar a la población.

No sorprende que el general Huerta Célis esté convertido en el Masferrer del régimen "demócrata" "cristiano". Ya en PF Nº 44 tuvimos ocasión de denunciar algunas de las arbitrariedades que el general Huerta comete en la institución que dirige, la que ha puesto a su servicio personal, como él está al servicio personal de Frei y Pérez Zujovic. Esa publicación nos significó una querella ante el 2º Juzgado Militar. PF fue absuelto, pero el Director de Carabineros ha apelado a la Corte Marcial. El quiere confundir deliberadamente los cargos que se le formulan con ataques a la Institución que dirige, la cual no tiene culpa que el gobierno designe a un jefe cuya actuación ha sumido a Carabineros en el mayor descrédito.

Quienes conocen al ex Prefecto de Antofagasta (donde se hizo íntimo del actual Ministro del Interior, Edmundo Pérez Zujovic, empresario de la zona norte), opinan que el general Huerta está caro como intérprete de inglés, título que sacó en 1954 en la Universidad de Georgetown, en Washington. Como es uno de los pocos jefes policiales latinoamericanos que habla ese idioma, se le tiene en gran estima en la Academia Internacional de Policía de Washington, donde lo graduaron de "experto" en seguridad pública y tiro. Su buena puntería la viene demostrando en forma por demás elocuente, aunque dolorosa para Chile.

Es visitante frecuente de Estados Unidos, donde fue por segunda vez en 1957 a adquirir aviones para el Cuerpo de Carabineros. Su presencia es de rigor en las conferencias policiales interamericanas en que Washington coordina la actividad represiva de las policías del continente.

Sus nexos con Estados Unidos y la amistad con los hombres que están en La Moneda, han permitido al general Huerta armar un verdadero ejército particular, el Grupo Móvil, cuyos excesos empiezan a preocupar a las propias FF.AA.

Apenas fue designado Director General de Carabineros por el actual gobierno, Huerta tuvo buen cuidado de hacer salir de las filas a todo alto oficial que pudiera hacerle sombra. Se ha rodeado de un grupo de oficiales mediocres, pero que le son obsecuentes. Eso le ha permitido desarticular la Institución para rehacer los mandos a su imagen y semejanza. El Cuerpo de Carabineros es para él —repetimos— un ejército privado. Dieciséis carabineros que cumplen turnos de 24 horas, están dedicados únicamente a manejar los cuatro automóviles de lujo que el general Huerta se ha reservado para él y su familia. Hace un tiempo, por ejemplo, el auto AT-91 con radiotransmisor y receptor, a cargo de los choferes cabo Gustavo Béjar Vega y carabinero Segundo Béjar Cea, estaba a disposición de la esposa del general; el auto AT-90, a la orden de sus hijas, y los vehículos AU-46 y HU-45 (station-wagon), a disposición del general Huerta, que utilizaba a los choferes suboficial mayor Mario Soto Hernández y Adrián Araya Moya, vice sargento primero Enrique Soto Villa y Samuel Bustos Núñez.

Para reparar una casa de su propiedad, en Magdalena Vicuña 1459 (comuna de San Miguel), el general Huerta utilizó personal de la Sección Arquitectura de la Dirección General de Carabineros y personal de Orden y Seguridad de la Escuela de Carabineros y de la 12ª Comisaría de San Miguel.

A comienzos de 1965, para hacer un regalo a un familiar, el general Huerta ordenó sacar dos cachorros finos de perros policiales, de la Escuela de Carabineros, que son propiedad fiscal.

A mediados de 1967, el general Huerta y el general Márquez, de administración, más un ayudante y sus respectivas esposas, viajaron a Europa. La invitación la giró un austríaco,. Honzing, vendedor de armas, que ha sido favorecido con importantes compras por el Cuerpo de Carabineros. Sin embargo, que se sepa, no hubo renuncia a los viáticos en dólares que ganan los funcionarios de gobierno cuando salen al exterior.

¿Hay que seguir? Señalar, por ejemplo, la semidestrucción del Departamento de Acción Social de Carabineros, donde las becas para los hijos del personal han sido reducidas a un tercio, haciéndolas inútiles, lo mismo que los préstamos y subsidios de la Mutualidad de Carabineros que solamente se otorgan a los adictos del Director... ¿O contar la historia del sable del ex capellán Valderrama, o del hermano proveedor y contratista cuyo recuerdo está fresco en el Matadero Portales de Valparaíso, o las arbitrariedades en el otorgamiento de medallas, nombramientos, distintivos de oro, etc.?

No vale la pena. Lo verdaderamente importante es que el general Vicente Huerta y sus "tigres" del Grupo Móvil se han constituido en la guardia pretoriana del régimen. A cambio de eso el gobierno hace la vista gorda con los abusos que comete el general Huerta en la Institución que dirige.

MACAUREL


Actualidad política

TOMIC SERÁ SACRIFICADO POR FREI

LOS intereses de clase predominan en la lucha política y están presentes en la composición de los conglomerados que postulan a sus candidatos en la elección de Presidente de la República. Pero suelen asomarse factores subjetivos que por momentos distorsionan la realidad y crean panoramas confusos.

En la actualidad el panorama preelectoral chileno es confuso porque junto a los intereses de clase del grupo dominante se conservan ciertas manifestaciones pasionales que dividen a la oligarquía y a la burguesía. Una de esas manifestaciones pasionales afecta a los sectores tradicionales del conservantismo chileno y se expresa en un repudio abierto hacia los democratacristianos. Si no persisten esas manifestaciones la oligarquía y la burguesía estarían más cerca de producir una definición electoral frente a la elección de Presidente de la República.

El sector conservador persigue una revancha política con la postulación de su antiguo líder, Jorge Alessandri Rodríguez, mientras que los democratacristianos intentan mantener la Presidencia en sus manos.

Las desavenencias suscitadas por las manifestaciones pasionales en la oligarquía y en la burguesía impiden la definición pronta de ellas en torno al nombre de un candidato presidencial, fenómeno que inquieta notablemente a los intereses económicos y políticos norteamericanos. Estos últimos tampoco parecen tener claro el panorama chileno. Se dice que prefieren otro candidato derechista a Jorge Alessandri Rodríguez, porque temen que éste, llevado por su natural soberbia, asuma posturas independentistas frente a Washington. No obstante, están conscientes que el apellido Alessandri tiene posibilidades de éxito, como quedó demostrado en la última elección general de parlamentarios donde dos sobrinos del ex presidente, por el sólo hecho de llevar su apellido, obtuvieron las más altas mayorías electorales.

Es un error pensar que los agentes norteamericanos caen en el inmovilismo como consecuencia de la confusión política existente frente a la elección de 1970. Por el contrario se mueven actualmente con tanto dinamismo como si lo estuvieran haciendo en favor de un candidato presidencial determinado. Cambian sus tareas, pero su actividad es intensa. Por el momento la principal tarea es debilitar toda posibilidad de aglutinamiento en el sector izquierdista e impedir que otras fuerzas se acerquen a él.

La ofensiva central está dirigida contra el Partido Socialista y sobre el Partido Demócrata Cristiano. Al primero se le trata de desprestigiar ante los ojos de los electores moderados y timoratos, presentándolo como un partido extremista que pone en peligro los valores del status; al segundo se le controla para impedir que se desmembre en favor de una potencial candidatura única de izquierda.

Por el momento el cuadro electoral chileno aparece dividido en tres compartimientos, de los cuales surgirían otros tantos candidatos a la Presidencia de la República.

Uno de ellos corresponde al sector conservador con su candidato Jorge Alessandri; otro, situado al centro, es el Partido Demócrata Cristiano, que tendría candidato propio sin apoyo de otras fuerzas, y el tercero es la izquierda tradicional con un candidato innominado que profitaría del apoyo oficial del Partido Radical, pero no de la totalidad de sus militantes ya que más de la mitad de ellos, conforme a lo expresado por una encuesta de opinión pública, se apresta a votar por Alessandri.

Si los intereses norteamericanos aceptan este cuadro y se deciden a vaciar su apoyo sobre la postulación de Jorge Alessandri, al Partido Demócrata Cristiano le está reservada en 1970 una tarea idéntica a la que se asignó en la elección de 1964 al Partido Radical y a su candidato presidencial Julio Duran: conservar hasta el último una candidatura en pie. En tal caso hay que evitar la quiebra del PDC y buscar un candidato capaz de alentar el chauvinismo partidario, para retener a los militantes que no están dispuestos, por motivos pasionales, a votar por Jorge Alessandri. En esa eventualidad es vital impedir que el sector llamado "rebelde" del PDC vote por un candidato de la Izquierda tradicional. Está claro y así lo entienden los norteamericanos, que una masa considerable de democristianos del ala derecha votará por Alessandri "para no perder el voto y atajar al comunismo".

Dentro del PDC hay personeros que han entendido esta táctica. Eso queda demostrado en la crónica redactada en la revista "Ercilla" por su director, el militante democristiano Emilio Filippi, quien reprodujo detalles de una reunión realizada en casa del actual Ministro de Relaciones Exteriores, Gabriel Valdés, a la que asistió Radomiro Tomic, potencial candidato presidencial.

De acuerdo con la nota de Filippi "uno de los asistentes expresó: "En este momento, la Derecha pretende reconquistar el poder. Nosotros debemos salirle ahora al paso y mostrar al país lo que significaría el retorno de Alessandri y de su política regresiva. La única forma de hacerlo coherente y unitariamente es con un candidato presidencial. Concretamente con Tomic a la cabeza". Filippi incluye la lista de asistentes a la reunión y en ella no figura ningún representante de posiciones izquierdistas, por lo que no deja de ser farisaica la expresión "la Derecha pretende reconquistar el poder"."

De más está decir que la Derecha no ha perdido el poder en Chile y para una mejor comprensión de las diferencias que se marcan en el seno de la oligarquía y de la burguesía es útil recordar que ellas son sólo reflejos de manifestaciones pasionales. Gabriel Valdés Subercaseaux, anfitrión de esa reunión, es un producto surgido en la oligarquía criolla con una trayectoria cumplida dentro del capitalismo monopolista ligado a los intereses económicos norteamericanos (fue hasta el momento en que se convirtió en Canciller, abogado de la Compañía de Acero del Pacífico).

Es cierto que dentro del grupo que ha gobernado a Chile a partir de 1964, existen manifestaciones de modernismo político y económico que se hacen más evidentes si se le compara con el comportamiento con el grupo tradicional que acompaña a Jorge Alessandri pero no puede olvidarse que el actual Ministro del Interior es un representante típico de los intereses económicos de la oligarquía, de la burguesía y de los norteamericanos. Cualquiera dictadura latinoamericana o gobierno legal chileno, de corte conservador, puede sentirse satisfecho de contar con los servicios de Edmundo Pérez Zujovic.

A espaldas de la lucha de clases puede decirse que el gobierno democristiano ha representado un avance respecto a su antecesor por su política agraria, pero esta es una consecuencia del afán del grupo dominante de no perderlo todo ante el crecimiento de la rebeldía en América latina. En un análisis consecuente con la existencia de la lucha de clase es fácil advertir que la burguesía y la oligarquía chilenas están resueltas a mimetizar en algunos aspectos sus intereses con el solo propósito de conservar el poder. La Democracia Cristiana fue la alternativa que alentaron los intereses norteamericanos, de la burguesía y de la oligarquía chilenas en un momento en que "habla que hablar de revolución". Los partidos Liberal y Conservador abandonaron a su candidato presidencial, el radical Julio Durán, en 1964, para apoyar a Eduardo Frei. No obstante su ropaje reformista, el gobierno democristiano está ligado a la historia sangrienta de las represiones políticas en Chile. El domingo 9 de marzo, el Ministerio del Interior descargó una represión que tuvo trágicas consecuencias sobre una masa de pobladores en Puerto Montt, que provocó nueve muertos y más de un centenar de heridos y contusos.

La represión contra los pobladores no constituye un hecho aislado. No sólo es una consecuencia de la política de "mano dura" mantenida por el gobierno de Frei desde marzo de 1965 (fecha de la masacre de mineros de El Salvador), sino que se engarza dentro de una táctica política íntimamente ligada a los movimientos preelectorales presidenciales.

La Moneda ha responsabilizado oficialmente al Partido Socialista de la acción emprendida por los pobladores, que reprimió con violencia el Cuerpo de Carabineros. Con posterioridad se ha filtrado de esferas oficiales que está en estudio una legislación represiva, similar a la que se conoció como Ley de Defensa de la Democracia, destinada especialmente a perseguir a los socialistas.

El gobierno busca dirimir a los democristianos que se inclinan por una alianza con los izquierdistas, presentando a los socialistas como elementos que actúan al margen de la ley.

Eduardo Frei ha sido el táctico pertinaz que sostiene que el Partido Comunista "no está interesado en crear problemas" a su gobierno y en más de una ocasión ha dicho ante correligionarios suyos que tiene "documentos soviéticos que acreditan una excelente disposición del gobierno de Moscú" para su administración.

Frei persigue crear recelos en la alianza socialista-comunista y darle un barniz progresista a su gobierno con la tesis que el Partido Comunista tiene una "posición constructiva" frente a su gestión.

A Eduardo Frei lo tiene sin cuidado la sucesión presidencial si ella no es comprometida por un triunfo de un candidato de la Izquierda tradicional. La elección de Jorge Alessandri pondría a cubierto de todo riesgo los intereses económicos de la clase burguesa, a la cual pertenece Frei.

Este último ha dicho que no es necesario buscar la alianza del PDC con la Izquierda y ante sus Ministros ha expresado que de llegarse a un entendimiento entre esas fuerzas "no será necesario pedir el apoyo del Partido Comunista, lo que producirla mala impresión en Estados Unidos, porque él será proporcionado espontáneamente y sin condiciones".

Podría pensarse que la oligarquía y la burguesía con sus devaneos comprometen la estabilidad del régimen en el cual dominan y profitan, pero a esa conclusión se llega si no se toman en cuenta las manifestaciones castrenses, las cuales subirían de tono si es indispensable asegurar el status.

Por el momento el control de la situación, pese al panorama confuso existente, sigue en manos de la oligarquía y de la burguesía y eso tranquiliza a los norteamericanos.


Notas:

1. Al parecer tiene razón Louis Althusser cuando afirma en uno de sus artículos que Engels (y también Lenin) se vio obligado en muchas ocasiones, según su propia confesión, a "seguir a sus adversarios" a "ver su propio terreno", el de la ideología; y batiéndose con las armas de que disponían, incluyendo las armas del adversario que les servían para atacar, libraron una lucha ideológica inspirada sin duda en los principios de la filosofía marxista. (Pensamiento Crítico, núm. 5; Louis Althusser, Materialismo Dialéctico e Histórico, La Habana, 1967, pág. 12).

2. Lenin. Quiénes son los amigos del pueblo, p. 140.

3. Lenin. El cincuentenario de la caída del régimen de servidumbre, O. C. T. 17, Ed. Cartago, p. 80.

4. Ob. cit., p. 80.

5. Lenin. La cuestión agraria en Rusia a fines del siglo XIX. Obras Completas, t. 15, p.84.

6. Lenin. El desarrollo del capitalismo en Rusia


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02