Los cristianos chilenos y la revolución

DOCUMENTOS
Suplemento a la edición Nº 75 de PUNTO FINAL
martes 25 de febrero de 1969
Santiago – Chile

Los cristianos chilenos y la revolución

"No hay mayor amor que dar la vida por los amigos". Evang. de San Juan,
cap. 15, vers. 13 "La revolución no solamente es permitida sino obligatoria
para los cristianos que ven en ella la única manera eficaz
y amplia de realizar el amor para todos".
CAMILO TORRES

POR asumir el cristianismo en su auténtica radicalidad, la oligarquía colombiana crucificó a Camilo Torres en las montañas de Colombia el 15 de febrero de 1966. La Iglesia jerárquica constituida en factor de poder en nuestros países ha silenciado el pensamiento y testimonio de Camilo; a pesar de ello, sacerdotes y laicos se comprometen activamente en las luchas de liberación, bajo el signo de Camilo Torres. Las encíclicas, pastorales y otros documentos, de dudosa claridad para el pueblo cristiano, no han sido eficaces para transformar la sociedad capitalista y para liberarnos del imperialismo; es necesario entonces buscar los medios que posibiliten la realización del amor para todos que reclama el Evangelio. En las circunstancias objetivas de América latina, la revolución es la única forma de "lograr un Gobierno que dé de comer al hambriento, que vista al desnudo, que enseñe al que no sabe, que cumpla con las obras de caridad, de amor al prójimo, no solamente en forma ocasional y transitoria, no solamente para unos pocos sino para la mayoría de nuestros prójimos". [1]

Nuestro propósito, a través de este trabajo, es contribuir al enjuiciamiento crítico del rol jugado por la Iglesia y los cristianos en el proceso histórico y, a la vez fundamentar teóricamente nuestra presencia en la Revolución socialista en marcha. Será el testimonio heroico de Camilo Torres, cuyo aniversario de muerte recordamos en estos días, y la lucidez de sus ideas, las que orientarán estas reflexiones que ojalá cumplan su propósito.

LA IGLESIA JERÁRQUICA Y LOS PODERES DOMINANTES

A través del desarrollo histórico la Iglesia se ha comprometido con los poderes dominantes. De minoría perseguida en el Imperio Romano, se transforma en mayoría perseguidora a partir del Edicto de Milán (313) promulgado por Constantino. En dicho documento se proclama la libertad de culto. Poco después el propio Emperador se convierte, oficializando de hecho al cristianismo como religión imperial. En el Concilio de Nicea (325), la Iglesia se estructura de acuerdo a los contenidos del Derecho Romano, se "constantiniza" como dicen algunos historiadores de la Iglesia. De este concilio emerge una organización compleja, extraña al espíritu que animó las primeras comunidades que pensaron que ''el reino no era de este Mundo". El emperador por su parte premió la fidelidad de la Iglesia permitiéndole adquirir bienes terrenales. De más está destacar el significado de estas medidas para la Iglesia; ellas pesarán como un lastre a través de toda la Historia. Desde el Concilio de Nicea, ella ligará su destino a las vicisitudes de los grupos dominantes.

La Iglesia jerárquica justificará teóricamente este casamiento con el poder. Se asimilará a las monarquías germano-romanas que emergen en occidente después de las invasiones del siglo V y siguientes. Olvidándose de que hay que "dar al César lo que es del César", formulará una teoría "cristiana" de la monarquía. Por su parte, los reyes o emperadores ungidos por la Iglesia "porque todo poder viene de Dios", concederán franquicias e "inmunidades" a la Iglesia, pero intervendrán decisivamente en la generación de sus autoridades, las que provendrán de la nobleza feudal. La participación del pueblo en la elección de la jerarquía ya no es más que una tradición. También había sido olvidado el comunitarismo de bienes y de espíritu que cuenta San Pablo: "Toda la multitud de los fieles tenía un corazón y una misma alma; no había entre ellos quién considerase como suyo lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común". [2]

La Iglesia sacralizará las relaciones económicas y sociales inherentes al feudalismo, legitimará la servidumbre. La estructura jerárquica de la sociedad será considerada orden "natural" y "divino", y por esto los que pretenden subvertirlo, contra Dios se rebelan.

Santa Hildegarda de Bingen describe claramente este orden y señala sus fundamentos: "Dios vela cerca de cada hombre porque las clases bajas no se eleven nunca sobre las altas como lo "hicieron el primer día Satanás y el primer hombre, que quisieron remontarse por encima de su estado. ¿Y quién es el que guarda en un solo establo todo su ganado, los bueyes, los asnos, las ovejas y los carneros? ¡Si se hiciera así qué revoltillo se armaría! Por eso debemos velar también porque el pueblo no aparezca todo revuelto en un rebaño... Dios divide a su pueblo sobre la Tierra en distintas clases como clasifica a los ángeles en el cielo en diversos grupos, en el de los simples ángeles y en el de los arcángeles, en el de los querubines y el de los serafines. Pero Dios los ama a todos por igual". [3]

Alrededor del siglo XI, un vigoroso movimiento comercial inaugura una nueva etapa en la historia de Europa. Las Cruzadas, empresas donde predominan las motivaciones económicas, abren las vías del comercio. En Génova, Venecia, Milán, Flandes y el norte de Europa constituidos en centros económicos, surge el capitalismo en su forma comercial y monetaria, con él, en los extramuros da la ciudad antigua surge la burguesía, cuyos comienzos son humildes, "marginales".

En una sociedad donde la tierra es la "medida de todas las cosas", no hay cabida para ella en la jerarquía medieval. La actividad comercial y la práctica de la usura por la burguesía están reñidos con la ética cristiana. La hostilidad de la Iglesia expresada a través de decretos conciliares y excomuniones no podía detener el proceso histórico, (progresivamente comenzó a aceptar "ideológicamente" "la posición conquistada por el mercader en la sociedad medieval en el plano económico y político" [4] . La Iglesia fue participando de las prácticas usurarias que teóricamente condenó, además muchos miembros de clase mercantil se incorporan a las órdenes religiosas. "En pleno siglo XIII, el Papa Inocencio IV pertenece a una gran familia de mercaderes genoveses, los Fieschi" [5] . El capitalismo naciente encontraba en la Iglesia institucional su gran aliado.

Si resulta evidente el compromiso de la Iglesia con las formas de producción y de propiedad generados por el capitalismo, no ocurría lo mismo con la teoría del Estado y la sociedad que iba acuñando la praxis burguesa.

La Revolución Francesa en el siglo XVIII que consagra el ascenso de la burguesía, divide a la Iglesia: el sector jerárquico se identifica con el Antiguo Régimen y promueve la contrarrevolución en La Vandée. El bajo clero, por su parte, liga su destino a la Revolución y a los "descamisados"; el padre Jacques Roux se situará a la extrema izquierda del proceso revolucionario. La Jerarquía eclesiástica combate la superestructura político-ideológica del régimen burgués.

En nuestro continente, la gesta emancipadora escinde a la Iglesia; un clero reaccionario defiende la condición colonial mientras que Camilo Henríquez, fray Antonio Orihuela, Morelos, Hidalgo y muchos otros inspirados en la ideología ilustrada se sitúan en las avanzadas de nuestra primera independencia.

El desarrollo del liberalismo, fruto del ascenso burgués e n Europa y en América, contó con el rechazo categórico de la Iglesia. Todas las libertades y derechos que presuponía el liberalismo fueron condenadas. En la encíclica "Libertas" se afirmaba que "son muchos ya los imitadores de Lucifer, que fue quién lanzó el Non Serviam —no obedeceré— los cuales entienden por libertad una desenfrenada licencia". [6]

En Europa surgen los partidos conservadores como defensores del "orden cristiano", tenaces opositores a las libertades del liberalismo. En América latina y especialmente en Chile se proyectan los conflictos doctrinales europeos. A mediados del siglo pasado se constituye en Chile el Partido Conservador, como la expresión política de la Iglesia Jerárquica. Lo curioso es que los programas de conservadores y liberales se identifican en la defensa de la estructura económica capitalista, sólo discrepan en "cuestiones doctrinales".

A los católicos como Lammenais que se pasan al liberalismo, León XIII les advirtió, "que en modo alguno es lícito pedir, propugnar o conceder la ilimitada libertad de pensamiento, de imprenta, de enseñanza o de religión, pues si la naturaleza hubiera otorgado semejantes derechos, sería lícito rehusar la sumisión a Dios". [7]

El desarrollo del capitalismo abatía las formas artesanales y la manufactura, en su lugar surgía la moderna industria. Una clase nueva, desposeída de los medios de producción se incorporaba al proceso histórico: el proletariado. En forma incoherente y romántica, el socialismo utópico criticaba el capitalismo. En 1848, el Manifiesto Comunista de Marx-Engels criticaba científicamente al régimen burgués, y proponía al proletariado un programa de luchas para alcanzar el poder. Este documento denunciaba el compromiso del Papa con los grupos dominantes de Europa al afirmar: "todas las fuerzas de la vieja Europa Se han unido en Santa Cruzada para acosar a ese fantasma; el Papa y el Zar, Metternich y Guizot, los radicales franceses y los polizontes alemanes". [8]

En 1878, el Papa León XIII advierte a los católicos de los errores de la "secta aquella de hombres que con la denominación casi bárbara de socialistas, comunistas o nihilistas, se han ido esparciendo por todo el mundo y, unidos entre sí por un pacto inocuo, procuran por todos los medios, no ya en las sombras de sus tenebrosos antros, sino a la luz del día, poner por obra su planes siniestros contra los fundamentos mismos de la vida social" [9] . Esos "fundamentos mismos de la vida social" que el Papa defiende son los fundamentos capitalistas: la propiedad privada y la lucha de clases que ella involucra. Agrega León XIII en el mismo documento: "La Iglesia admite y reconoce como más útil y provechosa la desigualdad entre los hombres... y extiende esta desigualdad, aplicándola también a la posesión de los bienes. Y en cuanto al derecho de propiedad que la ley natural sanciona, manda que se conserve inviolable e intacto en quienes lo poseen". [10]

Comparemos la tesis de León XIII con el pensamiento de San Agustín: "Lo que posee cada uno de los hombres es origen de litigios, enemistades, discordias, guerras, tumultos, discusiones, escándalo, pecado, injusticias, homicidios. ¿Y todo esto por qué? Precisamente por las cosas que uno posee. ¿Acaso litigamos por lo que poseemos en común? Todos respiramos un mismo aire, todos vemos un mismo sol. ¿Con qué derechos posees las granjas? ¿Esa posesión se funda en el derecho divino o en el humano? El derecho divino consta en las sagradas escrituras, el humano en los códigos de los reyes. ¿De dónde le viene a cada uno lo que posee, sino del derecho humano?". [11]

A través de las encíclicas, cuyo lenguaje ambiguo es fácil constatar, la Iglesia va elaborando una "doctrina social-cristiana", para inspirar a los laicos en el terreno temporal. Más tarde, en 1931, en la Encíclica "Quadragesimmo Anno", Pío XI propone un modelo concreto de régimen económico-social; el corporativismo, que esencialmente reorganiza la sociedad sobre la base de las agrupaciones profesionales, de obreros y de patrones, posibilitando como decía el Papa "la colaboración ¡pacífica de las clases". El fascismo de Mussolini acogió la teoría corporativa propuesta por la Iglesia; posteriormente ella ha sido reactualizada por otros dictadores de cuño fascista (Oliveira Salazar en Portugal).

La Iglesia después motivó la recreación de los viejos partidos conservadores, que se convirtieron en la "Democracia Cristiana". Esto significaba la reconciliación de la Iglesia con la Democracia, pero, enfatizando su carácter "cristiano". Estos esfuerzos tendrán una nueva justificación teórica en el "Humanismo Integral" de Jacques Maritain, quien propone la posibilidad histórica de una Nueva Cristiandad. El esquema social propuesto por Maritain tampoco supera la dicotomía entre opresores y oprimidos de la sociedad burguesa, no destruye el sistema capitalista, porque a juicio de Maritain "el problema no consiste en suprimir el interés privado sino en purificarlo y ennoblecerlo, aprehenderlo en sus estructuras sociales ordenadas al bien común, y también transformarlo interiormente por el sentido de la comunión y la amistad fraterna" [12]; Maritain replantea los viejos contenidos del tomismo y logra ser el teórico de la naciente Democracia Cristiana.

En América latina, cuyo desenvolvimiento ideológico ha dependido siempre de Europa y luego de EE.UU., surgen trasplantados los partidos democratacristianos bajo diversas denominaciones. En Chile, la Falange Nacional irrumpe del seno de la vieja oligarquía católica, como "hija descarriada", postula, no una Revolución, sino el "perfeccionamiento de nuestras instituciones democráticas" [13] . La Falange configura en la política nacional una tercera posición que aspira a superar el marxismo y el capitalismo, al construir una sociedad "comunitaria y pluralista" de acuerdo al planteo maritainiano. La tesis de una "Nueva Cristiandad" fue abandonada por Maritain hace algunos años, él les advirtió a los democratacristianos que ya "es demasiado tarde... lo que los cristianos deben hacer ahora no es soñar con una revolución social cristiana, sino esforzarse en hacer prevalecer el ideal cristiano en los ajustes graduales por los cuales un mundo no comunista (cuya estructura social y vital al menos en los EE.UU., está mas allá del capitalismo y más allá del socialismo) motivará los cambios requeridos por esta justicia social que está prohibida en la revolución comunista". [14]

EMMANUEL MOUNIER: PROFETA DEL CRISTIANISMO REVOLUCIONARIO

El nacimiento de la revista "L'Esprit", fundada por el pensador cristiano Emmanuel Mounier, se inserta en el período de la guerra mundial, de la amenaza nazi-fascista que hace tambalear las democracias liberales; el movimiento obrero y sus partidos enajenados por las direcciones stalinistas son incapaces de enfrentar el fascismo y pagan duramente sus errores táctico-estratégicos. En esa encrucijada de la civilización europea, forjando un pensamiento a través de la lucha, el equipo de "L'Esprit" propone a los cristianos que están agazapados en sus "ghettos", un encuentro con la realidad. El personalismo como tendencia filosófica no es un nuevo espiritualismo, Mounier dice que es "un realismo integral porque comprende todos los problemas humanos sobre toda la extensión de la humanidad concreta, de la más humilde condición material a la más alta posibilidad espiritual" [15] . Para Mounier el "angelismo" y el "espiritualismo" supuestamente cristianos han imposibilitado a mucha gente enfrentar la realidad y develarla, descubrir bajo las armonías aparentes, los antagonismos de clases, el envilecimiento del cristianismo en el "desorden establecido". El realismo personalista llevó a Mounier a adherir a la teoría marxista de la alienación, y tal vez sea el primer intelectual cristiano que comprendió el valor de la metodología marxista. Mientras la Iglesia oficial "ejecutaba" al pensamiento marxista, Mounier replicaba que "en lugar de ejecutar sumariamente al marxismo según fórmulas de manual era preferible estudiarlo de cerca". [16]

Mounier profetizó el fracaso de las experiencias democratacristianas europeas; desde las trincheras de "L'Esprit" denunció el confusionismo ideológico de estos partidos que ofrecen "un centrismo generoso y tímido a la vez, que no puede de manera alguna representar la esencia social del cristianismo" [17] . El desarrollo de estos partidos no era un signo de progreso, sino "un tumor en este cuerpo enfermo de la cristiandad" [18] . Mounier propuso a los cristianos como tarea principal "ayudar a encontrar la encarnación en un mundo socialista de valores comprometidos". [19]

EL CRISTIANISMO, ¿UNA DOCTRINA SOCIAL DETERMINADA?

En el Evangelio no se enuncia un programa de transformación social ni se recomienda una forma de gobierno. De ningún modo esto sugiere una despreocupación por el mundo "terrenal" en la prédica de Cristo. Por el contrario, allí se proclama una actitud de amor que ha de traducirse en una práctica. Examinemos los escritos de San Juan: "el que no ama no conoce a Dios" "porque Dios es amor" (Primera Epístola 4, 8), "el que no ama a su hermano, a quien ve, no es posible que ame a Dios, a quien no ve". El amor que reclama San Juan debe expresarse en obras: "El que tuviera bienes terrenales y viendo a su hermano pasar necesidad, le cierra sus entrañas ¿cómo habría de morar en él el amor a Dios?" (primera Epístola, cap. 3, vers. 17).

Este amor al prójimo no admite limitaciones; el que ama de verdad debe ser capaz de dar su vida por el prójimo, porque "nadie ama más que aquel que da la vida por sus amigos". Esta actitud radical de amor es vivenciada en nuestra América por Camilo Torres y el Che que llegan al sacrificio por amor a los explotados. El Che Guevara dijo una vez que "todo revolucionario verdadero debe estar guiado por grandes sentimientos de amor". [20]

EL CONCILIO VATICANO II Y EL "ESTADO DE CONCILIO"

El Concilio Vaticano II inaugura una nueva etapa en la historia de la Iglesia, un paso adelante, en replanteo de la relación Iglesia-Mundo y principalmente una autocrítica. Al discutir la situación histórica de la Iglesia, los padres conciliares enjuiciaron los compromisos de la jerarquía con las diferentes formas de opresión a través de la Historia. La Iglesia institucional está hoy día insertada en la sociedad capitalista, acomodada con estructuras que generan la explotación del hombre por el hombre. La Iglesia como en otras épocas históricas aparece sacramentando un orden injusto, pero el pueblo de Dios que no puede confundirse con la estructura eclesiástica, desaprueba la conducta antievangélica de muchos de sus pastores.

El pueblo cristiano reclama que la Iglesia asuma su papel de denuncia profética, de fermento de los tiempos nuevos. En el Concilio se aprobó el esquema de una Iglesia que retorne a sus fuentes primitivas; al Evangelio y a la pobreza. Se sustituye en dicho esquema una Iglesia de 'estructura romana, monárquica y rígida, donde el laico es e: "proletario", por una Iglesia de estructura evangélica: una comunidad del pueblo de Dios que participa desde la base en el rumbo y en la generación de las autoridades.

El Concilio incentivó un espíritu de búsqueda, de discusión y de apertura al diálogo. Esto supone que los cristianos debamos salir de nuestros "ghettos", no esperanzarnos más en "nuevas cristiandades" porque vivimos un mundo que cada día se pluraliza más. Actitud de diálogo para reencontrarnos con los demás hombres, con los no creyentes, para forjar juntos la Nueva Humanidad sin explotación.

Este estado de concilio que hemos descrito es vivido y autentificado en muchas partes por sectores del pueblo cristiano, a veces marginados de lo eclesiástico, comunidades que viven su cristianismo "en rebeldía". Las jerarquías han colocado entre paréntesis los decretos más importantes y decisivos del concilio. Algunas como la nuestra, considerada ''progresista" han realizado una cuidadosa renovación litúrgica y ligaros cambios de estilo.

En Brasil, donde reside hoy día el clero más avanzado, obispos como Helder Cámara y otros, encabezan la lucha frontal contra la dictadura. Sacerdotes y laicos sufren allí, al igual que los primeros cristianos, la persecución desatada de la dictadura. En Argentina el cardenal Caggiano sacraliza todos los gobiernos gorilas y reprueba la conducta del obispo Podestá, de Avellaneda, a quién obliga a renunciar por defender a los oprimidos. En Uruguay, el sacerdote Juan Carlos Zaffaroni pasa a la clandestinidad por sostener que "la lucha armada es un deber de la conciencia cristiana en América latina".

En Chile los sectores jerárquicos hostilizan a los sacerdotes que participaron en la "toma" de la Catedral. En nuestra patria se nos ha creado la imagen de una Iglesia "progresista y bonachona". No negamos la intensa renovación litúrgica y la eliminación progresiva de la sotana, pero estas son renovaciones puramente formales. Nos duele que nuestra Iglesia siga ligada al capitalismo directa o indirectamente en muchas formas: grandes accionistas de ZIG-ZAG, inmenso monopolio editorial cuyas publicaciones "alienan" más aun al pueblo y a la juventud; propietaria de Radio Chilena, a través de la Fundación José María Caro; propietaria de cuantiosos bienes rurales y urbanos (a pesar de la Reforma Agraria); sus colegios educan a la élite burguesa, en especial los de ciertas órdenes religiosas aparentemente progresistas. Políticamente esta Iglesia institucional se comprometió con la experiencia demócrata-cristiana.

La verdadera situación de la Iglesia chilena no era advertida conscientemente por el pueblo, hasta que el 11 de agosto del año pasado un grupo de sacerdotes, religiosas y laicos se "tomaron" la Catedral de Santiago. Fue un acto de denuncia profética que estremeció la comunidad nacional, que despertó escándalo en la burguesía "cristiana" muy bien interpretada por "El Mercurio", quien habló de "profanación". Estos grupos "escandalizados" no denuncian la profanación cotidiana de esos templos vivos que son los explotados de nuestra patria. Una vez más queda al descubierto su mala conciencia.

El "Movimiento Iglesia Joven" afirmó en su primer documento: "concretamente, la Iglesia de Chile tiene que renunciar a depender de las grandes finanzas internacionales. La Iglesia no debe servir a la escandalosa división de clases. Sus colegios que educan a la aristocracia chilena son una institución que contradice el Evangelio". [21]

Frente a una Iglesia oficial, el "Movimiento Iglesia Joven", viviendo el estado de concilio, reclama una "Iglesia pobre, libre, evangélica y servidora". Las comunidades cristianas rebeldes que han emergido en todo Chile después de la "toma" de la Catedral están reflexionando y actuando, inspiradas en un mismo gesto profético. Una radicalización creciente de su práctica, podrá llevarlos pronto al campo revolucionario.

ACTITUD ANTE EL LLAMADO DIÁLOGO CRISTIANO MARXISTA

Antes del concilio, en los años de la lucha contra el fascismo, marxistas y cristianos dialogaron en una misma trinchera enfrentando al fascismo. Ellos fueron, desde luego, grupos de intelectuales al margen de las jerarquías y las direcciones partidarias. Emmanuel Mounier en la revista "L'Esprit" escribió acerca de la urgencia de este confrontamiento.

Con la llegada al Pontificado de Juan XXIII se plantea oficialmente el diálogo. En la encíclica "Pacem in Terris", Juan XXIII expone los fundamentos de esta nueva actitud; "se ha de distinguir también cuidadosamente entre las teorías filosóficas sobre la naturaleza, el origen, el fin del mundo y del hombre, y las iniciativas de orden económico, social o político, por más que tales iniciativas hayan sido originadas o inspiradas en tales teorías filosóficas. Ademes, ¿quién puede negar que, en la medida en que estas iniciativas sean conformes a los dictados de la recta razón e intérpretes de las aspiraciones del hombre, puedan tener elementos buenos y merecedores de aprobación? Teniendo presente esto, puede a veces suceder que ciertos contactos de orden práctico, que hasta aquí se consideraban como inútiles en absoluto, hoy por hoy, al contrario sean provechosos o puedan llegar a serlo" [22] . En la cita transcrita se aprecia claramente que el Papa en forma implícita se refiere a la convergencia en la acción de cristianos y marxistas. No le corresponde al magisterio de la Iglesia de terminar las situaciones y los niveles de acción conjunta. Es el primer documento pontificio que reconoce además "elementos buenos y merecedores de aprobación" en el marxismo.

En el ámbito marxista se han desarrollado condiciones que posibilitan este diálogo, algunas, son las siguientes: el vigésimo congreso del PC soviético que denunció el stalinismo en todas sus implicaciones, políticas, ideológicas, culturales, etc. La desestalinización marca un hito en el camino de retorno a las fuentes, la apertura a la investigación teórico-práctica, especialmente entre los marxistas europeos.

En el ámbito del movimiento obrero internacional también han ocurrido hechos significativos: la polémica chino-soviética y la Revolución Cubana, ambos acontecimientos promueven una discusión, un replanteo en el seno del socialismo acerca de la táctica y estrategia del movimiento revolucionario.

A pesar de la buena voluntad, el diálogo cristiano-marxista en Europa no ha ido más allá de los sectores académicos. Ha sido una expresión puramente intelectual desencarnada de la praxis. Este estilo de dialogisidad lo rechazamos categóricamente.

Hacemos nuestra la declaración que en este sentido formulase el Encuentro Latinoamericano "Camilo Torres" reunido en Montevideo. Dice este documento: "este diálogo está promovido desde las "jerarquías eclesiásticas" y desde las "jerarquías partidarias": tanto los católicos como los comunistas que intentan trasplantar en nuestra América este típico producto europeo, participan en un aparente diálogo promovido de "secta a secta" y de "burocracia a burocracia", que no tiene ninguna recepción ni eco en las bases. Y lo que es más grave: es un "diálogo" para apaciguar, para contener, para frenar el verdadero diálogo revolucionario que se da entre todos los militantes —sin distinciones ideológicas o religiosas. A nivel de la acción común, de la lucha coordinada, del enfrentamiento del único enemigo común: el imperialismo norteamericano". [23]

Camilo Torres en Colombia, plantea el diálogo en su auténtico sentido, crea el "Frente Unido" como instrumento político para "unificar a la clase popular para la toma del poder". En él convergen marxistas, cristianos, nacionalistas revolucionarios y no-alienados, todos unidos en una plataforma programática. La plataforma logra unificar a los grupos a nivel de las bases populares superando los esquemas políticos y evitando las largas disquisiciones filosóficas, que a veces entorpecen la unidad y el proceso revolucionario.

La concepción de la unidad revolucionaria de Camilo Torres estaba muy lejos de ser un puro pragmatismo, él creía que todos los revolucionarios debían 'estar de acuerdo en que en el marxismo se encuentra el método de análisis y de transformación de la realidad. "Yo creo —dijo— que ellos tienen algunas soluciones y algunos puntos de vista que están exactamente en el dominio de la técnica económica, sociológica y política y entonces, si sus puntos de vista son científicos —como son los míos con respecto a la realidad colombiana— habrá coincidencia en estos dominios que aunque yo no sea marxista, pueda conciliar". [24]

La misma adhesión metodológica al marxismo la encontramos en un grupo de sacerdotes, delegados al Congreso Cultural de La Habana; ellos declararon: "Pese a las divergencias existentes entre el cristianismo y el marxismo sobre la interpretación del Hombre y el Mundo, es el marxismo el que proporciona el análisis científico más exacto de la realidad imperialista y los estímulos más eficaces para la acción revolucionaria de las masas". [25]

El imperativo de los cristianos revolucionarios en Chile y América latina es integrarse a las vanguardias revolucionarias existentes y luchar al mismo nivel de praxis con los marxistas como compañeros en la Revolución. Es la única forma de forjar el auténtico diálogo.

LOS CRISTIANOS Y LA LUCHA REVOLUCIONARIA

La violencia está inscrita en la historia de nuestro tiempo, está presente en el mundo, instalada e "institucionalizada" en América latina, porque "cada derecho usurpado es una forma de violencia" [26] , dicen los obispos chilenos.

Es la violencia visible y abierta de la oligarquía y del imperialismo que asesinó a Camilo y al Che por alzarse en defensa de los que tienen "hambre y sed de justicia". Es la violencia que una "minoría de privilegiados, desde la época de la colonia, practica contra la mayoría inmensa de un pueblo explotado. Es la violencia del hambre, del desamparo y del subdesarrollo. Es la violencia de la persecución, de la opresión y de la ignorancia. La violencia de la prostitución organizada, de la esclavitud ilegal, pero efectiva, de la discriminación social, intelectual y económica" [27] .

El párrafo transcrito corresponde a una apelación al papa Paulo VI de más de 700 sacerdotes latinoamericanos con ocasión de su visita a Colombia.

En este contexto de violencia, de agresión al bien común y a los derechos de la persona, los cristianos no podemos asumir una actitud "indefinida", la que en el fondo sería un compromiso con la violencia injusta. El pensamiento clásico de la Iglesia fundamenta la insurrección popular en "caso de tiranía evidente y prolongada", como dice Paulo VI. En América latina el concepto de tiranía excede lo político e incide en la opresión económica, social y cultural de las oligarquías nativas aliadas al imperialismo.

En el Evangelio encontramos gastos violentos y el uso de la fuerza cuando Cristo expulsa a latigazos a los mercaderes del templo. La Iglesia jerárquica ha legitimado empresas guerreras como las Cruzadas, a pesar que las motivaciones económicas predominaron sobre las religiosas. Nos sorprende que cierta declaración del Papa en su visita a Colombia condenase la violencia justa de los pobres. Los 700 sacerdotes, cuya carta aludimos, le respondieron al Papa en los términos siguientes: "No se puede condenar a un pueblo oprimido, cuando este se ve obligado a utilizar la fuerza para liberarse... Si esta condenación viniese de la Iglesia latinoamericana, esta aparecería una vez más como el "opio de los pueblos", al servicio de aquellos que durante siglos han practicado violencia de la explotación y la opresión". [28]

No es competencia de la Iglesia determinar el "momento" y los métodos para liberarnos. Su rol debe ser la denuncia profética de las situaciones de injusticia, y posibilitar la libre opción de los laicos en la búsqueda de las formas de lucha y en la elección de un régimen económico-social que haga estructuralmente imposible la explotación del hombre por el hombre. Siglos de compromiso de la estructura jerárquica de la Iglesia con la explotación, siglos de mistificación del Evangelio, han dejado su huella en la conciencia cristiana. A veces son falsos "espiritualismos" que impiden a los cristianos aceptar el uso de la fuerza. Detrás de esta actitud se encubre a veces una falsa conciencia, un compromiso con la violencia de los ricos. Señala el sacerdote Juan Carlos Zaffaroni, que detrás de la condenación de la violencia revolucionaria "se esconde un prejuicio social, un prejuicio de clases". [29]

En la actitud heroica de Camilo y el Che está presente la motivación del amor por la humanidad explotada. Ambos reeditan el drama de aquel Cristo que murió por la redención de los pobres.

Dice el padre Zaffaroni que "el amor violento de los guerrilleros es en el fondo una forma sublime de amor a la verdad. Esa verdad que nos hará libres". [30]

La opción de Camilo por la lucha armada se explica por la búsqueda de la edificación para realizar el amor para todos. El análisis científico de la realidad colombiana le señala a Camilo Torres, la imposibilidad práctica del cristianismo dentro de una sociedad estructurada para la opresión de las mayorías. Camilo descubre la violencia "institucionalizada" de los ricos desde la independencia de España.

La utilización de los llamados medios pacíficos, elecciones por ejemplo, son descartados por Camilo, desde el momento que "el que escruta, elige". Nunca a través de la historia las clases dominantes han entregado el poder pacíficamente.

Camilo Torres opta por la vía armada y declara en su última proclama al pueblo colombiano que "todo revolucionario sincero tiene que reconocer la vía armada como la única que queda" [31] . El testimonio de Camilo Torres, su incorporación al ELN (Ejército de Liberación Nacional), su muerte en acción guerrillera, despiertan y desalienan a grandes sectores de cristianos en América latina, aún ajenos al proceso de liberación continental.

Hoy muchos cristianos se incorporan a las luchas de liberación en todas sus modalidades, en Uruguay, Colombia, Venezuela, Guatemala, Argentina, Brasil y Chile. Asumiendo esa condición inexorable de la Revolución latinoamericana, "la lucha armada como lo único que queda".

LOS CRISTIANOS Y LA CONSTRUCCIÓN DEL SOCIALISMO

Nuestra decisión de luchar por la construcción de una sociedad socialista, no responde a la creencia en un fatalismo histórico, como algunas ingenuas versiones de un marxismo mecanicista pretenden hacernos creer.

Llegamos al socialismo por una opción libre. El examen del régimen capitalista logrado a través del método marxista y sobre todo nuestra propia vivencia nos enseña que en él es imposible la realización da los valores evangélicos.

Se nos dice que el capitalismo ha posibilitado en Europa y en los EE.UU. la construcción de "sociedades de la abundancia". A pasar de este desarrollo capitalista "que genera abundancia" quizás no soñada por los fundadores del marxismo, allí se aliena el nombra en los mecanismos del mercado y la publicidad. Se le impone "autoritariamente" una ideología y valores que nada tienen que ver con el Evangelio. A pesar de la opulencia allí subsisten los ghettos de segregación racial y de miseria, como signos que denuncian una sociedad intrínsecamente deshumanizada.

La conciencia cristiana, a menos de enajenarse, no puede solidarizar con la dominación que ejerce el imperialismo sobre los pueblos del Tercer Mundo, sobre nosotros mismos. Debe rebelarse contra este "imperialismo internacional del dinero" (Paulo VI, Populorum Progressio) que proyecta su violencia mediante las guerras, la explotación económica y la penetración cultural.

Creemos que el socialismo es la única posibilidad humanista para nuestros pueblos. Junto con los obispos del Tercer Mundo adherirnos al socialismo; "lejos de encontrarnos con él, sepamos adherirnos con alegría, como una forma de vida mejor adaptada a nuestro tiempo y más conforme con el espíritu del Evangelio". [32]

Ha sido la Revolución Cubana la que ha acrecentado en nosotros la esperanza en la instauración del socialismo en nuestra América. Si el socialismo es para nosotros una opción y no una imposición de la Historia, de nosotros depende junto a todos aquellos hombres que desde hace mucho tiempo luchan por él, la construcción de la sociedad socialista.

El capitalismo contemporáneo ha demostrado gran capacidad para crear mecanismos de autodefensa, ha logrado afrontar con éxito sus crisis periódicas. El capitalismo ha logrado "ganarse" a las direcciones obreras burocratizadas, ha permitido la institucionalizaron de los partidos obreros. Los partidos que ayer postularon el cambio revolucionario del capitalismo, hoy proclaman reformas estructurales y progresivamente se deslizan al charco de la social-democracia. Creemos que no podemos esperar hasta el año 2000, en una tensa espera mesiánica, el "inevitable" advenimiento del socialismo. El sistema no se derrumbará si no somos capaces de hacer sentir a las masas la necesidad del socialismo y la posibilidad de la Revolución.

Hemos hablado extensamente del socialismo, sin clarificar a cuál de ellos nos referimos. Advertimos que nuestra opción nada tiene que ver con el llamado "socialismo cristiano o comunitario", con el "socialismo democrático" de los reformistas. Rechazamos todas estas fórmulas que desnaturalizan al socialismo convirtiéndolo en un confuso sincretismo ideológico, en un tibio reformismo de pequeños burgueses.

Nosotros les decimos "a los que "habitan" el socialismo desde hace tiempo y tienen miedo de los "convertidos" tardíos que seríamos nosotros, y de los reformistas ambiguos da los que nos haríamos precursores, respondemos que el socialismo que nosotros consideramos no se sitúa del lado de las utopías que Engels ha ridiculizado, y con razón, a nuestro modo de ver; ni tampoco se encuentra en el imposible "comunismo cristiano" de los progresistas, si no más bien en el socialismo "científico" que la teoría y práctica del marxismo han contribuido de una manera sin igual a elaborar". [33]

No hay incompatibilidades entre la conciencia cristiana y la socialización de los medios de producción. No encontramos tampoco oposición entre el Evangelio y la instauración de un Estado obrero que destruyendo los fundamentos de la opresión capitalista, edifique la sociedad socialista.

Al optar por el socialismo no estamos postulando una “ubicación” o un acomodo de la Iglesia y los cristianos a la nueva sociedad. Creemos que la Iglesia a través de la Revolución deberá transformarse y evangelizarse. No es posible la sobrevivencia de la actual estructura eclesiástica en el socialismo.

La Iglesia deberá despenderse de todos sus bienes terrenales, volver a la pobreza y simplicidad primitiva y vivir la revolución permanente del amor.

En la construcción de la sociedad socialista los cristianos revolucionarios deben participar junto a todos los hombres, leal y generosamente, "el derecho a esta participación leal e integral, es la destrucción de todas las explotaciones y alienaciones del hombre y en la construcción del socialismo, los cristianos se lo han de ganar luchando y sacrificándose con un auténtico sentido de servicio y con una mística revolucionaria de amor que los coloque siempre en la avanzada de la lucha y en la integración de la vanguardia". [34]

Rechazamos una supuesta división del trabajo entre cristianos y marxistas, en que los primeros coloquen el amor y los segundos la técnica. Aspiramos a la integración de un frente único donde se compartan los sacrificios de la lucha insurreccional y la responsabilidad de construir el socialismo.

A nuestro juicio es tan sectario el cristiano que aspira a "cristianizar" la Revolución y a lograr un tratamiento especial, como algunos marxistas que piensan en "utilizar" a los cristianos para las primeras etapas y luego esperar su conversión casi religiosa al marxismo. Ambas posiciones son excluyentes y sectarias. El proceso revolucionario a través de su dinamismo enriquece a marxistas y cristianos, los recrea. La Revolución Cubana confirmo que el marxismo no era un dogma, ''sino un guía para la acción". El confrontamiento con la realidad hace posible un enriquecimiento dialéctico de la teoría, porque el marxismo no es una escolástica.

El deber de los cristianos es situarse, como dice el padre Zaffaroni, "en las vanguardias revolucionarias de la sociedad socialista, siempre alerta contra todo aburguesamiento. y burocratismo en las distintas etapas revolucionarias". [35]

Nuestra visión del socialismo está inserta en la perspectiva de la edificación del Hombre Nuevo. Compartimos la tesis del Che acerca de la imposibilidad de "realizar el socialismo con la ayuda de las armas melladas que nos legara el capitalismo (la mercancía como célula económica, la rentabilidad, el interés material, individual, como palanca, etc., etc.)". [36]

No hay socialismo cuando tan sólo se ha construido la infraestructura material y no se ha creado paralelamente el Hombre Nuevo, generoso y fraterno. No hay socialismo cuando los incentivos de movilización de las masas son materiales y no de índole moral. Con la utilización del primer instrumento se llega a un ''callejón sin salida", nunca al socialismo.

Aspiramos a un socialismo que no se aliene en las burocracias, las que transformándose en la "nueva clase" falsifican el socialismo. Nosotros vemos en Cuba la edificación del socialismo y del hombre nuevo. Una experiencia socialista abierta a la crítica dentro de la Revolución, una experiencia socialista, donde no hay ruptura entre los líderes y las masas, sino un constante diálogo que enriquece al pueblo y a su vanguardia.

El Hombre Nuevo debe ser un hombre desmistificado, crítico, y capaz de participar en todos los niveles de la edificación socialista. Un hombre desarrollado en todas las direcciones, es decir, el hombre integral.

Para alcanzar el socialismo y con ello el Hombre Nuevo es preciso pagar el precio de la lucha, "porque nuestra libertad y su sostén cotidiano tiene color de sangre y están henchidos de sacrificio" (Che).

Nuestro continente ha sido y es regado con la sangre generosa de innumerables combatientes. Los testimonios del Che Guevara y Camilo Torres deben ser los símbolos de nuestra lucha revolucionaria y los signos del Hombre Nuevo que ellos soñaron, porque ellos mismos fueron los primaros.

MOVIMIENTO "CAMILO TORRES"
Santiago, febrero de 1969.
(Especial para PF)


Notas:

1. Camilo Torres, "Mensaje s los Cristianos", agosto de 1965, Revista "Hora Cero", México, Número 1, Junio-Julio 1967, pág. 40.

2. Hechos de los Apóstoles, XV: 32-35, Nácar y Colunga, Madrid, 1962.

3. Buhler, "Vida y Cultura en la Edad Media". F.C. E., México, 1957, pág. 164.

4. Jacques le Goff, "Mercaderes y Banqueros en la Edad Media, Eudeba, Buenos Aires, 1962, pág. 85.

5. Jacques le Goff, "Mercaderes y Banqueros en la Edad Media", Eudeba, Buenos Aires, 1962, pág. 105.

6. León XIII, Encíclica "Libertas", 1888. Número 16, Encíclicas Políticas y Sociales de los Romanos Pontífices, Los Libros del Mirasol, Argentina, 1961.

7. Ibidem, Número 50.

8. Marx-Engels, "Manifiesto Comunista", Editorial Anteo, Buenos Aires, 1960, pág. 11.

9. León XIII, "Quod Apostolici Muneris", (Contra el Socialismo, el Comunismo y el Nihilismo). En obra citada.

10. Ibidem, Número 28.

11. San Agustín, citado por Julio Silva Solar en "A través del Marxismo", Editorial del Pacifico, Santiago, 1951, pág. 98-99.

12. Jacques Maritain, "Humanismo Integral", Ediciones Ercilla, Santiago de Chile. 1947. pág. 202.

13. Declaración de Principios de la Falange Nacional, en "Política y Espíritu", número 33, Junio 1948, pág. 142.

14. Jacques Maritain, "Filosofía de la Historia", Ediciones Troquel, Buenos Aires, 1960, pág. 69.

15. Mounier, "El personalismo", Eudeba, Buenos Aires, 1962, pág. 15.

16. "L'Esprit", Número 117. diciembre 1945, pág. 965.

17. "L'Esprit", Número 121, abril 1946, pág. 691.

18. Mounier, "Feu de la Chrétienté", mayo 1946,

19. Mounier, "L'Esprit", número 137, septiembre 1947.

20. Che Guevara, "El Socialismo y el Hombre en Cuba", en "Obra Revolucionarla", Ediciones Era, febrero 1968, México, pág. 627.

21. Iglesia Joven, "Por una Iglesia Servidora del Pueblo", Santiago, Chile, 11 de agosto 1968.

22. Juan XXIII, "Pacem in Terris", Edit. Universidad Católica de Chile, 1963.

23. Documento del Encuentro Latinoamericano "Camilo Torres", Revista "Cristianismo y Revolución", Número 8, Julio 1968, Buenos Aires, pág. 18.

24. Camilo Torres, entrevista concedida al periodista y documentalista francés Pierre Sergent, publicada en “Voz Proletaria”, órgano del PC colombiano, 17 de febrero 1967.

25. Declaración de los Sacerdotes; Monseñor Germán Guzmán (Colombia), Paul Blanquart O. P. (Francia), Pedro de Euz Carria (México), Juan Carlos Zaffaroni (Uruguay). Extraída de revista "Cristianismo y Revolución", número 8, Buenos Aires.

26. Pastoral "Chile, Voluntad de Ser", Santiago, 5 de abril 1968.

27. "A los Obispos de América Latina", II Conferencia del Episcopado Latinoamericano, Medellín, Colombia, Rev. "Cristianismo y Revolución", Buenos Aires, número 9, septiembre de 1968, pág. 16.

28. Ibidem, carta citada.

29. Pbro. Juan Carlos Zaffaroni, "Los Cristianos y la Violencia" en revista "Cristianismo y Revolución", septiembre 1968, pág. 31.

30. Ibidem.

31. Camilo Torres, "Proclama al Pueblo Colombiano". Desde las montañas, enero 1966, en la obra de Germán Guzmán, "Camilo Torres, el Cura Guerrillero", Bogotá, 1967, pág. 194.

32. "Manifiesto de los Obispos del Tercer Mundo", Doc. número 1, Encuentro Latinoamericano "Camilo Torres", Montevideo, 19 noviembre 1967.

33. Cordonnel, Domergue y otros autores, "Socialismo y Cristianismo", Editorial Nova Terra, Barcelona, 1966, pág. 13.

34. "Llamamiento para la Liberación", Documento del Encuentro Latinoamericano "Camilo Torres", 15 de febrero 1968, Montevideo, publicado en revista "Cristianismo y Revolución", Buenos Aires, número 8, Julio 1968, pág. 18.

35. Juan Carlos Zaffaroni, declaraciones a la revista "CUBA", La Habana, agosto 1967, pág. 50.

36. Che Guevara, "El Socialismo y el Hombre en Cuba" en "Obra Revolucionaria", Ediciones Era, México, 1968, pág. 627.


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