El MIR plantea la abstención electoral y la lucha armada como camino

DOCUMENTOS
Suplemento a la edición Nº 74 de PUNTO FINAL
martes 11 de febrero de 1969
Santiago – Chile

El MIR plantea la abstención electoral y la lucha armada como camino

PUNTO FINAL ha hecho una franca invitación a los sectores revolucionarios —donde quiera se encuentren militando— a examinar a fondo la necesidad en Chile de la vía armada para que las masas populares conquisten el poder. Asimismo, para someter a análisis las tácticas concretas que lleven en esa dirección. En el Nº 73, el director de PF puso sobre la mesa los puntos concretos en debate que en este nuevo período electoral se refieren, como es lógico, a la ocupación electoralista que, en constante ciclo, absorbe el cien por ciento de la capacidad de la izquierda chilena.

La invitación de PF a entrar a discutir la idoneidad de las vías para conquistar el poder, ha sido recogida por el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y por la Federación Juvenil Socialista. Nuestra tribuna continuará abierta para los sectores de izquierda revolucionaria que deseen intervenir.

A continuación publicamos el documento titulado "¡No a las elecciones! Único camino: lucha armada", elaborado por el secretariado nacional del MIR.

1. ¿QUE SON LAS ELECCIONES?

A) La sociedad en esencia está dividida entre los que trabajan y son muchos, y los que viven del trabajo ajeno y son pocos. Este desequilibrio social es regulado por el Estado por medio de la coerción de los primeros por los segundos. Las elecciones no son sino la renovación formal de las partes constitutivas de esta estructura, y no pasan de ser un mecanismo de autoconservación de la clase dominante en el poder por un método más refinado y sutil que la simple coerción.

Toda la superestructura legal y jurídica de la sociedad actual fue construida por la clase dominante según sus necesidades, y los límites de ella fueron establecidos para la conservación del poder en sus manos. Toda otra ilusión de pretender competir por la conquista del poder en ese terreno, no sólo es una soberana imbecilidad, sino también una búsqueda de la derrota por anticipado. Las clases dominantes decretaron la libertad de imprenta cuando ya poseían el control de ellas, permitieron la libertad de opinión cuando a través de la prensa y otros medios pudieron controlarla y aceptaron la libertad de reunión cuando les constó que se reunían para competir por el poder bajo sus condiciones.

En última instancia las clases usufructuarias de la riqueza y del poder, no lo cederán empujados por unos votos más o menos. Veinte siglos de historia de la Humanidad enseñan la decisión con que las clases dominantes han hecho uso de la violencia en todas sus formas. La historia reciente del mundo y América latina muestra con qué fuerza se defienden y contraatacan del asalto al poder por los pueblos: golpes militares, represiones sangrientas, guerras civiles, intervenciones directas, matanzas callejeras, etc. No es por coincidencia que las más grandes revoluciones de éste siglo no se han producido a través de circos electorales.

B) Sólo quienes se quieran limitar a combatir al imperialismo y a un feudalismo agrario inexistente en Chile, buscando un gobierno Popular, en alianza con sectores de la burguesía, pueden y deben respetar la legalidad y buscar las elecciones como camino para transformar a Chile.

Pero quienes se propongan combatir, no sólo al capital extranjero, sino también a sus más íntimos aliados y representantes nacionales: las burguesías industrial y agraria; quienes combatan contra el imperialismo y contra el capitalismo también; quienes quieran destruir a la burguesía como clase y no aliarse con ella; los que en definitiva estén por una revolución fundamentalmente socialista, deben rechazar las elecciones y desarrollarse al margen y en contra de ellas, como expresión de la legalidad que pretendemos destruir. Sólo así estarán preparando el inicio de la lucha armada.

C) Es a través del sufragio universal que las capas medias, vacilantes y numerosas en Chile, son empujadas por la clase dominante a expresarse políticamente, cuestión que no harían en forma espontánea. No es coincidencia que en todos los países es sancionada duramente la abstención electoral. Las revoluciones, las grandes transformaciones históricas son llevadas a cabo no por la sociedad en su conjunto, sino por las clases motrices de ese momento, hoy los obreros y campesinos. Es por ello que las revoluciones no se someten jamás a votaciones; es por eso también que los actos más democráticos como son las revoluciones, son realizados por los medios menos democráticos imaginables. La revolución de febrero de 1917 en Rusia se hizo por la iniciativa y el esfuerzo de una sola ciudad que representaba el 1/75 de la población del país. [1] Así es también como en las elecciones municipales de Moscú en junio del mismo año, tres meses antes de la toma del poder por los bolcheviques, los Socialistas Revolucionarios obtuvieron más del 60% de los votos, mientras los bolcheviques a los ojos de las cifras eran una ínfima minoría, t ocupando eso sí progresivamente las mayorías en los Soviets de soldados y obreros. [2]

D) La dictadura de la clase dominante en la forma de democracia representativa se puede reducir a una gran contradicción entre "la igualdad formal y las mil limitaciones y tretas reales que convierten a los proletarios en esclavos asalariados", lo que envuelve incluso al parlamento mismo. Mientras allí se discute y se habla es en los pasillos de los ministerios, subsecretarías, estados mayores, etc.. donde en realidad se está decidiendo todo lo realmente fundamental.

2. ¿QUE CONSTITUYEN LAS ELECCIONES EN AMÉRICA LATINA Y EN CHILE?

Lo anterior tiene validez sólo si se adecua a la situación de América latina y de Chile en especial, como realidad concreta.

A) Durante la administración de Johnson se produjo un endurecimiento en la política exterior norteamericana, especialmente hacia América latina. La Alianza para el Progreso, las reformas sociales, las reformas agrarias, etc., fueron reemplazadas por los golpes militares, las intervenciones directas, los gobiernos civiles fuertes, las brutales represiones internas, las bandas de terroristas de derecha, etc.: elegidas ahora como formas preferentes de dominio por las burguesías nativas y el imperialismo. Las perspectivas no son mejores: la agresividad de los cipayos del imperialismo en el Medio Oriente aumenta, la victoria del republicano Nixon en las elecciones de los EE.UU. no tranquiliza a nadie, la ausencia de una campaña siquiera medianamente de izquierda en la candidatura de Caldera en Venezuela deja en claro lo poco generoso que se mostrarán los EE.UU. en estos tópicos. Las descaradas presiones que el Departamento de Estado ha sometido al gobierno militar del Perú por la estatización de la I.P.C, el golpe militar de Panamá, el increíble estado de represión interna en Brasil, y, por último, la sospecha de que el imperialismo al ser derrotado en Vietnam, tendrá que embarcarse en una nueva aventura bélica, ya sea en Corea o en Cuba; todo ello augura un aumento en los niveles de agresividad del imperialismo en América latina.

Por otro lado las fuerzas revolucionarias avanzan también, si bien hoy con menos espectacularidad que antes. Con varios fracasos a su espalda, reabriendo procesos de discusión político-militares, analizando experiencias, etc., la guerra revolucionaria en América latina continúa. Combaten hoy en los campos y las ciudades de Guatemala, Colombia, Venezuela, Uruguay y Brasil; luchan en las calles los estudiantes de Méjico, Uruguay y Brasil, surgen movimientos obreros y campesinos fuertes en varios países de América Latina. El reformismo, con los P.C. haciendo crisis en Brasil, Venezuela, Guatemala, Perú, Bolivia, Argentina y Chile, sufre duros golpes. Movimientos revolucionarios se afirman y preparan en otros países.

En síntesis, la lucha de clases se agudiza en América latina. La violencia pasa a ser un sustrato permanente en la vida política de este continente, sea en la forma de golpes militares y represiones sangrientas, o de movimientos revolucionarios. Los campos se definen entre quienes están con la revolución o con la contrarrevolución, entre los que están con la reforma o con la revolución, y por último con la lucha armada o con la vía pacífica.

B) Siempre antes de un proceso electoral los partidos tradicionales de izquierda y derecha convencen a sus bases de la necesidad de "ir a las elecciones" pues Chile "es una democracia", porque el país "cree en las elecciones", etc.

En realidad olvidan que obreros y campesinos de tanto utilizar la "democracia", de tanto "participar" de ella, sin resultados que en alguna medida los saquen de su condición miserable, han caído en el escepticismo. Han elegido por años a presidentes, senadores, diputados, regidores, etc.; y siguen cada vez más pobres, más explotados, más miserables. Han votado por décadas, año tras año, y no por ello comen más, viven mejor, enferman menos, etc. En otros países de América latina, la burda coerción cierra los caminos legales y ofrece como salida la lucha armada; en cambio aquí en Chile de tanto manosear la lucha cívica sin resultados, esta se desprestigia. No desaparece como salida, sino que la inercia la entrega sólo como un camino que a lo más ofrece un continuismo levemente mejorado.

Es así como la causa última de la movilización de obreros y campesinos tras objetivos revolucionarios no se encuentra en la ausencia o presencia de la "democracia", sino en sus muy vividos problemas sociales que los abruman a diario. La conciencia revolucionaria no nace del cuestionamiento de una democracia, a la cual no conocen ni gozan de sus privilegios, sino de su experiencia vivencial con el hambre que sufren, con la miseria, la enfermedad, la cesantía, la falta de vivienda, de tierra, de vestuario; los bajos salarios, la desnutrición, etc. El obrero y el campesino no conocen las "bondades" de la democracia, no las "sienten" ni viven; sabe de ellas por lejanas referencias, y se vincula cíclicamente cuando lo llaman a elegir a "los de arriba". Lo que conocen de la legalidad es la cárcel por robo o sospecha, la represión por huelga, el apaleo por la marcha callejera, la cárcel por ocupación de tierras en el campo o de terrenos en la ciudad, etc.

Para nosotros participar en las elecciones, proceso ya desprestigiado en Chile, es darle "apoyo revolucionario", es revivir lo que ya nadie cree solución, es no entregar la alternativa distinta que obreros y campesinos esperan.

3. ¿EN QUE CONDICIONES POLÍTICAS SE DAN HOY LAS ELECCIONES?

Sostenemos que dos condiciones, resultado de la experiencia política de las masas en los últimos años, marcarán el proceso electoral que se avecina.

A) La primera la constituirá una notoria modificación en el contenido del pensamiento político de obreros y campesinos, consistente en un profundo proceso de izquierdización. Este se desarrolló a través de la campaña de Allende en 1958, al amparo de la Revolución Cubana, a través de la experiencia de los trabajadores durante el gobierno de Alessandri, la campaña de Allende de 1964, el gobierno de Frei y sus consecuencias, etc.

La gran mayoría de los trabajadores conoce hoy sus derechos, a sus enemigos, lucha por sus intereses; grandes masas se declaran antimperialistas, se proponen luchar por el socialismo, etc.

B) La segunda se refiere a los métodos; en los hechos se ha desarrollado una falta de fe en las vías legales. Por un lado, la frustración de casi un millón de personas al ser derrotado Allende y no ofrecérsele salida alguna; más su desencanto al fracasar el FRAP como alternativa al derrumbe democristiano. por otro lado, el sector que llevó a Frei al poder, que conoció la frustración de elegir un gobierno presuntamente "revolucionario" y tener que sufrir un gobierno más de derecha. De todo ello las masas sólo extrajeron falta de fe en la vía electoral.

En otro plano se suma la experiencia de los trabajadores en sus luchas reivindicativas. Las huelgas son cada día más largas, cada vez obtienen menos y les pegan más. Por este camino también la desesperanza en las vías legales aumenta. Sus armas fundamentales son inutilizadas: los paros nacionales son frenados por direcciones reformistas, se hacen rutinarios, uno o dos muertos en cada uno de ellos, y se impide toda movilización posterior. Así las masas de su experiencia electoral y reivindicativa comienzan a ver claro. La primera etapa del proceso es el escepticismo, falta de fe en las vías legales e institucionales, incluida en primer lugar la vía electoral.

C) Todo ello no quiere decir que la gran mayoría de los obreros y campesinos se planteen la lucha armada como único camino. No. Eso sólo puede ofrecerlo como camino una vanguardia. Más aún, todo lo anterior no los llevará a la abstención electoral espontánea y masivamente. No. Ellos votarán. Es un camino abierto, es una posibilidad no cerrada en los hechos. Pero no lo harán como en 1964, pensando que al votar estaban conquistando el poder, cambiando la sociedad. Hoy lo harán jugando una posibilidad en la que, a lo más, esperan escasos privilegios: apostando a subir una miseria más sus salarios, a ser de los pocos que recibirán tierra, etc.

4. ¿QUÉ PAPEL CUMPLEN HOY LAS ELECCIONES?

Hemos analizado ya teóricamente las elecciones, hemos visto a quiénes sirven, cuáles son sus limitaciones de clase y las hemos rechazado en general —como parte de una superestructura de coerción de clase—, como camino para la conquista del poder. Pero el participar o no en éste o aquél proceso electoral, no con la ilusión de conquistar el poder por esa vía. sino de realizar algún tipo de trabajo político, no se deriva mecánicamente a partir de principios abstractos, sino fundamentalmente del estudio de la realidad actual de esa sociedad concreta.

A) Sostenemos que Chile entró en 1967 en un período de profunda crisis económica, que se agravó durante 1968 y que en 1969 su profundización será la misma, a mayor velocidad de deterioro, y que no se aprecian síntomas de recuperación económica.

El crecimiento de todo lo que se produjo en Chile por habitante nunca fue más bajo que en 1967 en comparación con los crecimientos que se dieron los seis años anteriores [3] . En 1968 como en 1967, la crisis afectó fundamentalmente a la producción de la minería, la construcción y la industria, la que presentó porcentajes de crecimiento notoriamente más bajos entre 1966 y 1967 que los de 1960 a 1966 [4] , con enormes bajas en el aumento del consumo de energía eléctrica industrial comparado los mismos períodos [5] , y de las ventas industriales entre 1960 y 1967 [6] , siendo en general 1968 un año económicamente peor que 1967. La gravedad queda establecida si consideramos que Chile, en 1967, fue el país de América latina de menor crecimiento económico, junto con Haití y Argentina. [7]

La profundidad de la crisis aparece más clara si recordamos que en 1967 y 1968, Chile tuvo enormes aportes en créditos extranjeros de alrededor de 300 millones de dólares por año [8] , que cuenta una deuda externa de 2.600 millones de dólares [9] , que en 1969 tendrá que pagar 124 millones de dólares por concepto de amortización de ellas [10] , y que este año el déficit de la balanza de pagos alcanzará a 442 millones de dólares. [11]

Es a ésta crítica situación económica a la que se le agregó la peor sequía que conoce Chile en los últimos años, que según el gobierno le impedirá el aprovechamiento de la mitad de la superficie regada del país, que ya lleva 900.000 víctimas entre el ganado ovino y 100.000 en el vacuno, que ha reducido la producción eléctrica total en un 25% [12] y que acarreará una pérdida de 191 millones de dólares, además de 100.000 cesantes por lo menos entre los trabajadores agrícolas temporales en tiempos de cosecha. [13]

Todo lo anterior se ha reflejado en fuertes presiones inflacionarias y en gruesas alteraciones de los niveles ocupacionales. La inflación que venía desarrollándose durante 1966 y 1967, en 1968 llegó a un punto crítico cuando el alza real del costo de la vida sobrepasó el 30% [14] , a pesar de que el gobierno bajó éste artificialmente a un 27,9% [15] . Las perspectivas para 1969 tampoco son mejores desde el momento que en la primera semana de enero se desbordaron alzas superiores en general al 30% para varios artículos de primera necesidad [16] , las que fueron seguidas por alzas en la locomoción, combustible, etc. y se espera para febrero más aún. En otro plano, el dólar devaluado dos veces cada mes [17] , en 1968 alcanzó niveles de desvalorización superiores al 30% [18] , como respuesta a las exigencias del Fondo Monetario Internacional [19] . La envergadura del proceso inflacionario puede clasificarse considerando que Chile ocupó entre 67 países aquejados de inflación en 1967 el "honroso" cuarto lugar. [20]

La situación ocupacional no ha escapado tampoco a la crisis. Se han producido notorios aumentos en las tasas de cesantía, que han llegado a 13.000 cesantes en Santiago en seis meses de 1968 [21] , con tasas que bordean el 7% en Santiago y el 11% en Concepción y Talcahuano [22] . En 1965 la tasa en el país era de 3,1% [23] , y en 1960 en Concepción era de 3,5% [24] . La gravedad del problema es mayor pues las cifras esconden la reducción de horarios de trabajo y la consecuente disminución de salarios.

La profundidad de la crisis económica puede apreciarse si se considera que en los mismos años en que ella se desarrolló, el aporte externo en dólares para Chile fue enorme. Chile ha sido el país que más créditos externos recibió en América latina [25] . Mes aún, Chile ha sido también el país de América latina que más recibió en dólares por persona por concepto de donaciones externas en los últimos años [26] . Pero ello no es todo, Chile también es el país de América latina que más ingresos en dólares por habitante recibe por concepto de exportaciones, excepción hecha de Venezuela. [27]

Lo anterior demuestra la enorme debilidad de nuestra economía, y también explica por qué a pesar de la profundidad de la crisis ésta no se ha expresado con toda su fuerza negativa.

La tendencia es un constante y mayor deterioro, cada vez más veloz y profundo. Las posibles salidas para evitar una catástrofe económica (no cercana aún, pues se trata de disminuciones, por enormes que sean, en las tasas de variación del crecimiento, y no de disminuciones del crecimiento económico en términos absolutos) [28] , son por lo menos dos. Por un lado la contratación de nuevos créditos, y por el otro la mantención o alza del precio del cobre. Los primeros, según la política seguida, al menos por la administración Johnson, para equilibrar la balanza de pago norteamericana, tienden a ser cada vez más escasos. Para Chile, que entre 1964 y 1968 ha aumentado su deuda externa en 800 millones de dólares [29] , el mayor endeudamiento no es nada fácil.

La segunda salida, la mantención del precio del cobre, de hecho es lo que hasta aquí ha logrado paliar en alguna medida la crisis, pues ha permanecido alrededor de los 50 centavos de dólar la libra [30] . (Recuérdese que al asumir Frei en 1964, el precio de la libra era sólo de 31,676 centavos [31] . Aún no aparecen perspectivas inmediatas de una baja notoria en su valor, toda vez que no se concluye la guerra del Vietnam y se agrava mes la crisis del Medio Oriente. Ello nos muestra claramente lo fatal que sería para nuestra economía una baja en el precio del cobre).

B) La crisis económica ha traído como consecuencia un enorme ascenso del movimiento de masas. En los últimos tres años, obreros, campesinos y estudiantes se han movilizado con energía y combatividad cada vez mayor, de tal manera que han entrado a definirse en el plano político en forma mucho más real que todo el ir y venir del politiqueo de ministerios y parlamento.

Después de un relativo repliegue en los años 65 y 66, el movimiento obrero retomó conciencia, se reorganizó y comenzó a movilizarse, abriendo todo un período que estará marcado por un ascenso, tanto cuantitativo en lo referente a la masa integrada a los conflictos, como en lo cualitativo en relación a los métodos utilizados (en 1965 el número de huelgas fue de 725 y en 1967 alcanzó a 1.142) [32] . Esa primera etapa del proceso culminó en el paro general del 23 de noviembre de 1967; y sus consecuencias. En 1968, si bien la tendencia persistió, el P.C. al votar a favor del proyecto de reajustes de ese año en el parlamento, marcó también una nueva etapa en el proceso; comenzó a frenar por todos los medios incluso las huelgas reinvindicativas. Las huelgas comenzaron a darse como luchas aisladas, la mayor parte de las veces mantenidas sólo por gremios organizados nacionalmente.

A pesar de ello el ascenso continuó en 1968. En el sector privado se llevaron a cabo las movilizaciones de textiles, papelera, CAP, SABA y muchas otras donde no faltó la combatividad y donde abundaron las luchas callejeras, las tomas de lugares de trabajo, etc. El sector público también se movilizó con gran combatividad, las huelgas del Magisterio y de Correos y Telégrafos conmocionaron al país, y fueron la expresión combatiente de muchos sectores. Por último, a pesar de sus deficiencias se llegó a producir en enero de ese año el paro de 48 horas de todo este sector, sobrepasando los frenos consecutivos que el reformismo logró imponerle en sus inicios.

Indice del aumento en magnitud de la movilización de obreros y empleados durante el año pasado es la comparación del número de conflictos colectivos en 1967 que fue de 2.447 y en los 8 primeros meses de 1968 que ya era de 2.539 [33] . Más aún, el número de días-hombre en huelga en 1967 fue sólo de 2.100.000, mientras hasta noviembre de 1968 iban ya 4.470.000 [34] . Indice de la radicalización en los métodos del movimiento obrero es que mientras los días-hombre en huelgas legales en 1967 fueron 1.289.000, éstos fueron en 1968 sólo 931.000 pero mientras los días-hombre en huelgas ilegales en 1967 fueron sólo 700.000, en 1968 ascendieron vertiginosamente a tres millones 24 mil. [35]

En síntesis, afirmamos que en 1968 continuó un ascenso del movimiento obrero, enorme en su magnitud y radicalizado en los métodos, que colocaron su movilización, casi siempre puramente reivindicativa, al borde de la ruptura con la legalidad.

El movimiento campesino ha quemado etapas en este último período. De una relativa pasividad anterior, con algunas excepciones, desde 1967 su movilización y organización han aumentado notablemente. El ofrecimiento demagógico y limitado de una reforma agraria, bastó para despertar su conciencia a niveles incontrolables para quienes en verdad lo iniciaron.

La agitación prende en los campos entre obreros agrícolas, inquilinos, pequeños propietarios, mapuches, e incluso los recién asentados. Las huelgas campesinas y las marchas atraviesan el campo chileno, las tomas de tierra son frecuentes e incluso llegan a capturar como rehenes a sus patrones. De entre muchas, las más relevantes después de la huelga de Molina en 1967, el año pasado resaltan la de San Miguel, en Aconcagua y la huelga de 15.000 campesinos en agosto en la provincia de Ñuble. Actualmente abundan las movilizaciones por tierra, por salarios y, últimamente en el centro del país la de pequeños propietarios por problemas derivados. Decisión también muestran los terratenientes para defender su riqueza y privilegios, como apareció claramente con su reciente movilización en el centro del país por un mayor precio del trigo. La lucha de clases en el campo, como en las ciudades, también se agudiza.

El movimiento campesino chileno organizado se caracteriza por su juventud, y de allí la ausencia del proceso de relativa constitucionalización que se observa en algunos sectores obreros industriales. Su decisión de lucha no pasa por los caminos tradicionales, sino que cuando se moviliza busca el enfrentamiento.

Los pobladores, a pesar de ser el sector social mas miserable y marginal, por su inorganicidad habían pasado por un período de relativa pasividad, pero últimamente comienzan a movilizarse en Santiago y otros lugares. Ya en los primeros días de este año dieron prueba de ello entregando un mártir en Arica.

Los estudiantes, sector que desde 1965 venía radicalizándose veloz y masivamente; mostrando audacia y decisión a principios del año pasado, al entrar a los procesos de reforma casi todas las universidades del país tendió un tanto a adormecerse. Pero luego emergió más radicalizado, con una mayor magnitud de masa integrada y con mayor decisión combativa. Hoy, cada reyerta con la policía deriva en batalla campal de horas, donde los heridos a bala ya casi son de rutina, enfrentando decididamente al régimen y al sistema con mayor energía que antes, incluidos los secundarios.

C) Evidente signo de los niveles que alcanza la agudización de la lucha de clases en Chile son las crisis de los partidos tradicionales y el enorme crecimiento del MIR a escala nacional.

El reformismo una vez mes entró en crisis en Chile, esta vez más profunda, coincidiendo con una crisis general en América latina de la izquierda tradicional. El PC se encuentra hoy en Chile, especialmente en sus sectores intelectuales, estudiantiles y académicos corroído por múltiples fracciones alrededor de los problemas derivados de la muerte del Che y la responsabilidad del PC boliviano, del apoyo del PC chileno a la invasión de Checoslovaquia, de la actitud de éste frente a la Revolución Cubana, de la búsqueda de alianzas con sectores de la burguesía, del programa democrático-burgués levantado a través de la "vía de desarrollo no capitalista", de la vía pacífica, de la actitud ante la izquierda revolucionaria, etc.

El PS, siempre hervidero de fracciones, feudos y camarillas, hoy también pasa por un período de crisis interna, derivado de su ambigüedad política y estratégica, especialmente agudizado por la vecindad del problema electoral. La JDC, eternamente consumida sn su lucha contra el oficialismo, hoy está sufriendo un vivo proceso de fraccionamiento interno alrededor, fundamentalmente, de cuestiones estratégicas y orgánicas provocado por su fracaso en la Universidad Católica, su acercamiento a la izquierda tradicional, su debilidad orgánica, y la proximidad de un período de decisiones acerca de alianzas, programas, estrategia, etc.

Entre todos estos sectores han aparecido quienes de palabra y hecho se definen como rupturistas, miran con simpatía y como una alternativa al MIR. Frente a la crisis del reformismo, emerge atractiva la imagen del MIR, en pleno y caudaloso desarrollo, penetrando ya con relativa fuerza no sólo en los sectores estudiantiles y de pobladores, sino también en los obreros industriales y campesinos; encontrando acogida a su programa, estrategia y acción.

D) Es en este Chile corroído por una profunda crisis económica y convulsionado por un movimiento obrero, campesino, poblador y estudiantil en ascenso, donde las elecciones van a operar como proceso político.

Ellas serán una de las respuestas de las clases dominantes al ascenso del movimiento de masas. Otras son la violenta represión callejera, los procesos judiciales parciales a los sectores más "peligrosos" de da izquierda, etc. Otra que no pierde vigencia, será el golpe o autogolpe militar si tiemblan sus posibilidades de mantenerse en el poder por las vías legales, cuestión que al parecer no está planteada de inmediato como necesidad.

Dos procesos políticos distintos y contradictorios se cruzarán por todo un período. El legal, el institucional, el electoral, por un lado, y por el otro el no institucional, la movilización revolucionaria de las masas por cauces cada vez más combativos. Uno es contradictorio con el otro, uno tiende a negar e impedir el contrario. Las elecciones, y los reformistas lo saben, jugarán el papel de freno, buscarán encerrar las movilizaciones combativas detrás de la esperanza a futuro en un candidato, en una mayoría parlamentaria, en un cambio de gobierno, etc. El otro, el empuje, la combatividad de las masas sólo se podré desarrollar al margen del primero, libre de mitos, combatiendo directamente con métodos revolucionarios por sus intereses. No sólo al margen de las elecciones, sino en contra de ellas.

Al proceso institucional lo empujan la relativa tradición superestructura chilena, la fuerza de las clases medias urbanas, base social de apoyo de la democracia representativa, la fuerza del reformismo, la relativa debilidad orgánica-táctica de la izquierda revolucionaria, etc. A la movilización revolucionaria de las masas la ayudan la crisis económica, el ascenso del movimiento obrero, la crisis de la izquierda tradicional, el escepticismo generalizado frente a las elecciones y la fortaleza estratégica y potencial de la izquierda revolucionaria.

Desde el momento en que sabemos que ningún candidato puede llegar al poder por la vía electoral sin comprometerse con el sistema, y que en el caso de lograr el triunfo sería de inmediato derribado ante la sola proclamación de la intención de herir los intereses de las clases dominantes, afirmamos que si los obreros y campesinos se dejan arrastrar por las tentaciones electorales, esto no constituirá sino un desvío histórico que no debemos acompañar. Sostenemos que el papel de una vanguardia revolucionaria no consiste en encaramarse en la cresta de la ola del espontaneismo de las masas, sino en muchas oportunidades, justamente, combatirlo. Papel nuestro será el formular y practicar una política que nos permita, por un lado, contrarrestar las tendencias inmediatistas existentes en las masas y por el otro empujar y vertebrar las corrientes descontentas y escépticas frente a los caminos institucionales. El resultado de todo ello dependerá del nivel da agudización de la lucha de clase que se dé como también del pie orgánico y político con que contamos.

No actuar en este sentido constituye barato oportunismo y medir en forma inmediatista los posibles resultados de ambos procesos. Significa no entender que la movilización revolucionaria de obreros y campesinos, sin voladores de luces qua los desvíen de su destino histórico, es imprescindible para partir de allí y poder pasar a la otra etapa: la lucha armada, más aún cuando ninguno de los procesos es producto de la imaginación y ambos están hoy presentes, en pugna y desarrollo, en el proceso político chileno.

Participar en las elecciones hoy, es impedir de hecho el poder sentar las bases para ial inicio de la lucha armada en Chile, es seguir dándonos vuelta en el círculo vicioso que ha frustrado generaciones de revolucionarios.

5. ¿QUÉ FORMA ADOPTARÁN LAS ELECCIONES AHORA?

Durante todo 1967 y después, el PC ha venido sentando las basas para una reedición más sofisticada de un Frente Popular que consiste, en esencia, en la búsqueda de la colaboración de clases. Lo hace a través de la búsqueda y el entendimiento electoral con el PR y el PDC, o con sectores "progresistas" de ellos.

A) La posibilidad de la futura constitución de un frente de colaboración de clases en Chile no es indiferente a la izquierda revolucionaria. La constitución de semejante frente llevaría a un retroceso para la izquierda en general. La experiencia histórica del movimiento revolucionario por ese camino es una de las más negras y funestas. La misma que sufrió el PC indonesio después da apoyar y gobernar en una coalición con la burguesía nacional: en 1965 un golpe militar provocó cerca de 600.000 muertos y la destrucción del PCI [36] . En América latina el apoyo del PC brasileño a Goulart costó miles de presos políticos y el aplazamiento de posibilidades revolucionarias que sólo recién comienzan a manifestarse [37] . En Chile, en el último período el Frente Popular, alianza del PC con el Partido Radical, trajo consigo la Ley de Defensa de la Democracia con campos de concentración para militantes del PC a fines de la década del 40.

La conciliación de clases siempre acarrea un primer retroceso a nivel de la conciencia política de las masas, al confundírseles sus objetivos, las deja inermes, y luego trae una derrota en los hechos, que por un lado afirma a la burguesía en el poder, después de haber utilizado para sus fines al "movimiento popular", y por el otro va a la destrucción de todo foco de resistencia, entre éstos las organizaciones políticas de izquierda.

En Chile, desde el Frente Popular y su lógica consecuencia, la ley maldita, la conciliación de clases se había dejado de lado. Sólo se conocieron débiles y aisladas tentativas de incluir sectores de Ja burguesía en los comités independientes de Allende y los entendimientos de éste con la masonería, etc. El FRAP con todo su carácter institucional y su esencia reformista, constituyó de hecho un polo de agrupación de fuerzas obreras y campesinas, como instrumento útil en el juego político tradicional. Una alianza de esta fuerza con la burguesía, en la que obreros y campesinos tuvieran que votar por sus patrones y que el programa de semejante alianza considerara la defensa de los intereses de sectores "nacionales" de explotadores, significaría un enorme retroceso. Se perdería mucho de lo ganado en conciencia política. Los objetivos se oscurecerían, etc. Las masas confusas y desarmadas se arrojarían en los brazos de una burguesía que no trepidaría en destruirlas.

Es evidente que una tal alianza, sólo la conseguirá el PC detrás de la candidatura de un respetable "burgués progresista" y con un programa abiertamente democrático-burgués. Si bien, en lo primero, aun el PC es bastante tímido, en lo segundo (lo programático) ya ha dado muestras de haberlo encontrado en la "vía de desarrollo no capitalista". Al menos ya lo aplaudió su revista oficial y logró introducirlo en el temario del quinto congreso nacional de la CUT.

B) Esta "vía no capitalista de desarrollo" en boca de sus iniciales propugnadores en Chile, se reduce a toda una serie de preciosismos acerca de las relaciones de un "Estado Popular" y sus empresas, con un sector capitalista "no monopólico", que, convertido en manso cordero, permite su autoextinción progresiva a través de una "lucha" que para algunos se reduce a una "...competencia entre ambos sectores" en la que se "juegan los destinos del período de transición" [38] , y para otros a la "coexistencia y la lucha ideológica" entre ambos. Pero todos coinciden en que "se trata de una lucha política que por ser una controversia en el seno del pueblo, no es antagónica y por lo tanto se resuelve por medios pacíficos y democráticos" [39] .

Sin pretender cerrar el análisis de esta supuesta nueva formulación y reservándonos el derecho de profundizarlo en otra oportunidad, pasaremos a verla en forma general. En esencia no pasa de ser una forma más sofisticada de justificar la colaboración de clases, un programa puramente antimperialista y democrático. La vía pacífica es presentada bajo una atractiva fachada de "novedades" y "originalidades".

Si bien en el plano económico se han dado situaciones similares en pleno desarrollo de auténticas revoluciones socialistas, como es en la Rusia Socialista de los primeros tiempos, las diferencias fueron sustanciales. Durante la NEP en Rusia se estableció, después de la guerra civil, la competencia entre un muy determinado sector capitalista y otro socialista de la economía. Pero nació a raíz de la situación provocada por las consecuencias de la guerra civil y no como formulación programática ideal. En el primer Estado obrero el poder se había alcanzado por medio del más profundo proceso revolucionario que hasta entonces conocía la humanidad. La NEP se creó después de tres años de guerra civil en 14 frentes contra las potencias más fuertes de entonces. El proceso de conquista del poder desde sus inicios fue llevado con absoluta independencia de clase, y en contra de la burguesía. No sólo no respetó las leyes y la superestructura legal y jurídica anterior, sino que la hizo saltar hecha añicos. La Revolución de 1917 se hizo no con un programa democrático, sino con uno anticapitalista por esencia.

Sostenemos que en los hechos, más allá de las palabras y las buenas intenciones, la "vía de desarrollo no capitalista" no pasará de ser un capitalismo de estado, en que el sector estatal de la economía se colocará al servicio de un desarrollo mayor y más dinámico del capital privado.

C) Creemos también, en un plano más concreto, que las alianzas con el PR y el PDC, o con sectores de ellos, no son tampoco lícitas.

El PR de hoy es el mismo que dejó fuera de la ley a los comunistas hace veinte años, el mismo que gobernó con Alessandri y el mismo que votó por los vergonzosos convenios del cobre, hace muy poco. El PDC, incluso sus sectores "rebeldes", es el mismo que durante su gobierno cedió el cobre al capital extranjero, asesinó obreros en El Salvador y el 23 de noviembre de 1967, son sus diputados los que impiden un mayor reajuste a obreros y empleados, los que se niegan a aumentar el salario vital obrero, etc.

Que sus juventudes se estén radicalizando cada vez más, que cada vez más estén con los intereses de obreros y campesinos, con el socialismo, eso es positivo. Pero mientras no rompan con sus partidos y continúen formando parte de ellos no sólo estarán castrados políticamente, sino que tampoco podrán obreros y campesinos integrar alianza con ellos. El nudo de la alianza no puede ser la inmadurez y la indecisión. Más aún, creemos que en el seno de las juventudes demócratacristianas existen jóvenes revolucionarios. No hay razón para que en Chile no pueda surgir un Camilo Torres Restrepo, que dejó la sotana y su bienestar para ir a combatir arma en mano. Sin embargo la JDC chilena aún no rompe con los caminos legales e institucionales, ni tampoco con su partido. Al contrario, pretende incrustarse en si viejo juego político tradicional, alcanzar posiciones de poder, recibir beneficios de los procesos electorales, etc. Entre ellos y un revolucionario hay todavía un abismo.

Es tiempo ya que la JDC deje el juego político tradicional, abandone los pasillos de los locales "del partido", la antesala del Parlamento y los malabarismos verbales. Que no busque su camino al alero de una izquierda tradicional en derrumbe. Que se arroje a las calles, los campos y las fábricas, al combate social, rompiendo con su partido y preparándose para destruir el orden y la legalidad, camino que lleva a una verdadera revolución. Sostenemos que la tarea de las izquierdas no es afirmarlos en su indecisión, sino empujarlos a romper con sus partidos, buscando el entendimiento sólo con los sectores rupturistas, con aquéllos que abandonen los beneficios de ser partido de gobierno, y pasen definitivamente al campo de la revolución.

Sólo creemos en la conquista del poder por las fuerzas motrices de toda verdadera revolución, obreros y campesinos, por un proceso revolucionario armado, tras un programa antimperialista y anticapitalista, que busque la destrucción del estado burgués y toda superestructura legal y jurídica capitalista.

6. ¿PUEDE UN REVOLUCIONARIO IR A LAS ELECCIONES A HACER CONCIENCIA?

Afirmamos que quienes ofrecen ir a las elecciones a "hacer propaganda para la revolución", "pues allí irán las masas", son presa en los hechos del oportunismo. Esto es entrar a ratificar una superestructura legal que rechazamos. Es, en segundo lugar, domesticar a las masas enseñándolas a esperar todo del orden y la legalidad que aseguran su explotación. La tarea de una vanguardia revolucionaria es mostrar a las masas los verdaderos caminos, no los desvíos que sólo la alejan de sus tareas históricas fundamentales. Es, en tercer lugar, confundirse con el gastado juego político tradicional, que, a espaldas de las masas, viene realizándose por décadas. Si alguna posibilidad hay en Chile de iniciar la lucha armada, se daré al margen de la vieja politiquería electoral.

Introducirse en el circo electoral exige de la organización que honestamente se lo proponga, una tal madurez y conciencia de sus cuadros que impida que pasando por encima de principios se dejen tentar por un fácil "aspirantismo" político. Entrar a operar en territorio enemigo, como es el que revolucionarios participen en procesos electorales, exige también una gran eficiencia orgánica, y especialmente un enorme aparato de propaganda que impida que sus "revolucionarias" intenciones no sean distorsionadas por la propaganda contraria.

En los hechos, lo que termina por ocurrir es que esa tal organización se entrega por entero a la actividad electoral. La mayor parte de sus recursos orgánicos y políticos van allá, su actividad se centra allí, etc., es por lo menos la experiencia del Partido Socialista. Entra, además, en contradicciones insolubles: los trabajos políticos de sus juventudes, por revolucionarias que sean, terminan siendo utilizados electoralmente por la organización. Si se trata de influir en el proceso político desencadenado por una elección, no es necesario participar con actividad electoral. Puede y debe participarse en aspectos políticos desde fuera del círculo electoral.

7. ¿POR QUE EL MIR PARTICIPA EN LAS ELECCIONES DE FECH, FEC, CUT, ETC. Y LE NIEGA EL DERECHO A LA IZQUIERDA TRADICIONAL A PARTICIPAR EN LAS PARLAMENTARIAS Y PRESIDENCIALES?

A) El Estado burgués con su parlamento y gobierno como partes constitutivas, existe para mantener el dominio de las clases dominantes y se renueva por medio del sistema electoral. Es lógico entonces que rechacemos como vía para la conquista del poder el proceso que renueva y reafirma esta estructura de opresión de clases.

Más aún, está establecido en sus disposiciones y en el sistema en su conjunto que se haga muy difícil derribarlas del poder por este camino. Además se mantiene la vía abierta siempre que los que la manejan no vean posibilidades de ser derribados. A la vez, las elecciones se transforman en una forma de desviar a las masas de sus verdaderos métodos y objetivos. Estos procesos electorales son el núcleo vital, de todo un sistema histórico de manejos políticos sucios y desprestigiados que ya no ofrecen salidas y que hoy se convierten en frenos de las posibilidades de movilizar revolucionariamente a las masas.

B) Las elecciones en el seno de organizaciones estudiantiles, obreras o campesinas son exactamente lo contrario. Son parte de la lucha por sentar un pie orgánico mínimo entre las fuerzas matrices o aliadas de la revolución. Constituyen una forma de sentar las bases desde donde combatir por destruir las estructuras anteriormente analizadas. Son no sólo diferentes, sino antagónicas. Si además consideramos que la sociedad por la que combatimos será justamente regida a partir de este tipo de organizaciones, después de destruir las anteriores, entonces la legitimidad de nuestro proceder queda absolutamente claro.

Nuestra lucha es por destruir el estado burgués, y nuestras armas y plataforma, son justamente las organizaciones de masas como estructuras que agudizan la lucha de clases y pueden después apoyar un proceso de lucha armada. Es a partir de las organizaciones obreras, campesinas y estudiantiles, con su columna vertebral constituida por un ejército revolucionario, desde donde pensamos apoyarnos para hacer saltar hecha añicos la democracia representativa, mecanismo actual de opresión de clases. Esta última fue construida para defender la opresión y la explotación, y las organizaciones de masas para defenderse de la anterior, desde allí contraatacar. Es lícito luchar entre los trabajadores por destruir la policía, las leyes y el orden que los aplasta.

8. ¿QUE DEBE HACER UN REVOLUCIONARIO HOY EN CHILE FRENTE A LAS ELECCIONES?

A) Creemos que la respuesta en cuanto a dónde debe centrar su actividad política fundamental, no es en cualquier caso en el proceso electoral mismo. Sostenemos, en base a lo analizado, que la agudización de la lucha de clases continuará y tomará mayor ímpetu. Ambos procesos, el electoral y la movilización de las masas, se cruzarán durante el período próximo. Papel nuestro será impulsar y empujar el segundo por cauces revolucionarios. Habremos de impulsar y apoyar todo tipo de huelgas, legales e ilegales, luchas callejeras, ocupaciones de locales de trabajo, de tierras y terrenos, acciones directas, etc.

A partir de sus intereses debemos empujar a las masas a su radicalización en métodos y objetivos. Afirmamos que estaremos empujando una comenta real, de enorme fuerza y en continuo crecimiento; y que sólo a partir de aquí podrá iniciarse un proceso armado de lucha.

B) En cuanto al proceso político mismo que desencadenan las elecciones, no podremos marginarnos. Al contrario, con toda fuerza participaremos en él. Pero no es necesario, y al contrario, es nocivo desarrollar actividad electoral, de la que nos abstendremos absoluta y categóricamente. Llamaremos a no votar: a la abstención electoral. No lo haremos ni a voto blanco, nulo o "voto Che"; pues ellos se contabilizan como votos nulos o significan de hecho participar en el proceso. Nuestra actividad en este sentido será ilegal desde el momento en que está penado por la ley vigente no votar.

Durante todo el período cuestionaremos la vía electoral como camino. No lo haremos en abstracto, sino a partir de los intereses y relaciones vivenciales de obreros y campesinos. A ellos les diremos: "¿Cuántas veces has votado?, ¿eres más rico, vives mejor, comes más?. Has elegido presidentes, senadores y diputados año tras año: ¿Eres menos pobre, enfermas menos, tienes casa?, ¿cuánto te han prometido?, ¿cuántas veces lo mismo?, ¿has obtenido algo?".

Atacaremos y criticaremos duramente todo intento de constituir un frente de colaboración de clases, en el sentido de rechazar a "otro González Videla", de no aceptar "la alianza de obreros con patrones" y nuestra consigna será: "Obrero no votes por tu patrón". Atacaremos de palabra y de hecho las postulaciones electorales reaccionarias y proimperialistas. Intentaremos dar salida a todo el caudal de violencia contenida que siempre encierran los procesos electorales y que sólo quienes se interesan en sus resultados entran a frenar.

Haremos oposición activa a las elecciones y no pasiva. Nos movilizaremos tras la agitación y la propaganda revolucionaria. Ofreceremos como única verdadera salida la lucha armada y la revolución socialista y —en este período— dedicaremos todos los esfuerzos a las tareas de su preparación y organización, cuestión que evidentemente trataremos en un plano interno. Dependerá de nuestra capacidad orgánica el resultado que obtendremos. No esperaremos gran aumento de la abstención electoral, en las parlamentarias por lo menos. Probablemente la mayoría votará. Pero en su escepticismo y frustración las masas buscarán y encontrarán otra alternativa. Sus sectores más conscientes y de vanguardia exigen un camino.

SECRETARIADO NACIONAL MOVIMIENTO
DE IZQUIERDA REVOLUCIONARIA (MIR)


La Juventud Socialista ante las elecciones

PRIMERA PARTE

OBJETIVOS DEL P.S.

1) La meta que se ha dado el Partido, y que lo define es construir el socialismo.

2) En esa perspectiva el objetivo estratégico del P.S. definido con absoluta precisión en su último Congreso, "es la toma del poder a cumplir por esta generación, para instaurar un Estado Revolucionario que libere a Chile de la dependencia y del retraso económico y cultural e inicie la construcción del socialismo".

3) La transformación de las estructuras sociales de Chile requiere por tanto, como paso previo e ineludible, la destrucción del aparato burgués, la sustitución del estado capitalista por un estado de nuevo tipo, popular y democrático. La revolución antimperialista y anticapitalista será la tarea de los trabajadores en el poder.

4) El logro de tales objetivos —conquista del poder y construcción del socialismo— requiere el cumplimiento de una serie de tareas previas y el logro de ciertos objetivos intermedios, también ineludibles:

a) La unificación de las clases y capas populares (obreros, campesinos, pequeña burguesía empobrecida, estudiantado e intelectualidad progresista), que son explotados y se rebelan contra el actual estado de cosas.

b) La formación de un frente que interprete y represente a los intereses y anhelos de aquellos sectores sociales antes nombrados, tras un programa revolucionario antimperialista y anticapitalista.

c) Lograr que el Partido Socialista se muestre ante las masas como una vanguardia aguerrida e intransigente en la lucha contra el régimen.

d) Hacer avanzar la lucha de las masas contra el gobierno y los patrones profundizando y unificando su programa, y fortaleciendo y unificando sus organizaciones. Es decir, deteriorar cada vez más la institucionalidad vigente hasta que muestre descaradamente ante las masas y éstas lo aprecien, el carácter dictatorial de la democracia burguesa.

e) Formar cuadros y un aparato militar, clandestino, capaz de iniciar acciones contra las fuerzas represivas del régimen.

SEGUNDA PARTE

LOS SOCIALISTAS Y LAS FORMAS DE LUCHA

Como punto de partida diremos que la lucha electoral, como la acción parlamentaria o la huelga, o la manifestación, o la lucha armada, son todas formas de lucha que, promovidas y guiadas por determinados sectores sociales, partidos políticos, sindicatos, etc., conducen al logro de determinados objetivos.

Resumamos los puntos fundamentales de las ideas de Lenin sobre cómo analizar la lucha armada:

1) Los marxistas no se amarran a una única forma de lucha.

2) Las formas de lucha que surgen de las "clases revolucionarias", el marxismo las "generaliza", las "organiza" y les "infunde conciencia".

3) "El marxismo, en modo alguno, se limita a las formas de lucha posibles y existentes".

4) El marxismo no "enseña" a las masas, formas de luchas inventadas en el gabinete; y

5) La utilización de determinadas formas de lucha, depende de la situación histórica concreta, en la cual hay formas fundamentales de lucha, y formas secundarias, o accesorias.

Bien, la lucha electoral y el parlamento, no son buenos o malos, revolucionarios o contrarrevolucionarios, en si mismos, por definición. Las condiciones históricas determinan la conveniencia o inconveniencia del uso de determinadas formas de lucha.

Ché Guevara se refirió al mismo problema haciendo hincapié en el condicionamiento histórico y político de cada forma de lucha:

"Los revolucionarios —dice Che— no pueden preveer de antemano, todas las variantes tácticas que pueden presentarse en el curso de la lucha, por su programa liberador. La real capacidad de un revolucionario se mide por el saber encontrar tácticas revolucionarias adecuadas en cada cambio de situación, en tener presente todas las tácticas y explotarlas al máximo. Sería error imperdonable, desestimar el provecho que puede obtener el programa revolucionario de un proceso electoral dado, del mismo modo sería imperdonable limitarse tan sólo a lo electoral y no ver otros medios de lucha, incluso la lucha armada, para obtener el poder que es el instrumento indispensable para aplicar y desarrollar el programa revolucionario, pues si no se alcanza el poder, todas las demás conquistas son inestables, insuficientes, incapaces de dar las soluciones que se necesiten, por más avanzadas que puedan parecer".

El asunto, pues, para nosotros y para los revolucionarios del continente, ha sido, en los últimos tiempos, definir las condiciones históricas y políticas que atravesamos.

La Conferencia de OLAS, realizada en agosto-septiembre de 1967, en La Habana, hizo culminar un debate que se venía dando a nivel continental y mundial, desde tiempo atrás. En resumen, considerando la agresividad del imperialismo norteamericano, la pauperización de las masas del continente que se alzan desesperadas, y dado el ejemplo de la revolución cubana, que cunde cada vez más en amplios sectores populares, la resolución general de OLAS dice:

"5º) Que la lucha revolucionaria armada constituye la línea fundamental de la revolución en América latina;

"6º) Que todas las demás formas de lucha deban servir y no retrasar el desarrollo de la línea fundamental que es la lucha armada;

"7º) Que para la mayoría de los países del continente, el problema de organizar, iniciar, desarrollar y culminar la lucha armada constituye hoy la tarea inmediata y fundamental del movimiento revolucionario;

"8º) Que aquellos países en que esta tarea no esté planteada de modo inmediato de todas formas han de considerarla como una perspectiva inevitable en el desarrollo de la lucha revolucionaria en su país".

EL PARTIDO SOCIALISTA Y LA LUCHA ARMADA

El Partido Socialista, en su último congreso, caracterizó así la situación de nuestro país: "8º) La situación actual de Chile, se caracteriza por que el equilibrio inestable de muchos años, la "coexistencia pacífica" entre las clases, está llegando a su término, en coincidencia con el agudizamiento de la lucha contra el imperialismo en escala continental".

Por otra parte, definió expresamente la posición del Partido respecto a la lucha armada: "La violencia revolucionaria es inevitable y legítima", dice el punto dos; y en el tres aclara, siguiendo las pautas de las resoluciones de OLAS: "Las formas pacíficas o legales de lucha, (reivindicativas, ideológicas electorales, etc.), no conducen por si mismas al poder. El PS las considera como instrumentos limitados de acción, incorporados al proceso político que nos lleva a la lucha armada".

En Chile, como en el resto de América, la toma del poder se hará por medios violentos, sobre eso no quedan dudas. Además, la lucha antimperialista en el continente, va pasando de luchas aisladas, dentro de cada país, hasta la coordinación y unificación en una sola lucha internacional.

No todos los países están en un mismo nivel de desarrollo de sus luchas: en algunos la lucha armada es hoy día la fundamental (Guatemala, Venezuela, Colombia), en otros, como el nuestro, o Argentina, las formas principales son legales o más o menos pacíficas, pero no armada, y en otros, como Uruguay, se avanza por una etapa intermedia.

La conferencia de OLAS consideró esta desigualdad de situaciones, y observando a toda América latina como una unidad histórica, social y económica, previo su necesaria unidad política revolucionaria, en que algunas zonas irán a la vanguardia, y otras a la retaguardia, en las diferentes etapas de una guerra revolucionaria continental, antimperialista, anticapitalista y por el socialismo.

Hoy, desde el punto de vista de esa estrategia continental, Chile está entre los países que, sin dejar de hacer avanzar el proceso de la lucha de clases, internamente, les cabe brindar el máximo apoyo posible a aquellas luchas armadas que están en pleno desarrollo, y que constituyen los destacamentos de vanguardia de la guerra revolucionaria continental.

¿Cuáles son las condiciones mínimas para iniciar la lucha armada? Fundamentalmente tres a nuestro juicio: 1º) Una manifiesta incapacidad de las instituciones burguesas para solucionar en grado mínimo los problemas más acuciantes e inmediatos de las grandes masas. Dicho desde otro ángulo, un deterioro evidente de la capacidad de funcionamiento de los órganos que simbolizan la "democracia representativa" (ejecutivo, parlamento, tribunales, etc.), en razón de la crisis económica general y de la crisis internas de las clases dominantes, que no logran dar soluciones a las demandas de las masas; 2º) Capacidad orgánica y anímica de una vanguardia revolucionaria para conducir a las masas hacia formas de lucha superiores (en cualquiera de sus formas armadas: guerrilla, insurrección, etc., asunto que debe estar bien definido y prevista su iniciación, desarrollo y consecuencias a largo plazo); y 3º) alto nivel de la lucha de las masas que no retroceden ante las embestidas represivas del Gobierno y los patrones.

Seriamente, no podemos analizar la situación en que se encuentran ni el PC ni el MIR respecto a la preparación para la lucha armada. Tan sólo es claro que los comunistas no se cansan en poner en evidencia su deseo de desarrollar las cosas pacíficamente, conduciendo las luchas a través de caminos estrictamente legales, y haciendo hincapié en la posibilidad real de la vía pacífica "hacia el socialismo". Al MIR, por su parte, cabe aplicarle el dicho de "mucho ruido y pocas nueces". Hay hechos que evidencian una actitud "infantil" en la militancia mirista: se preparan para la clandestinidad y dicen a gritos que son clandestinos, usan nombres falsos y recuerdan a sus amigos que ese no es su verdadero nombre, y otras perlas más. Dicho infantilismo echa a perder las buenas intenciones, e incluso desacredita la importancia de la clandestinidad, tarea que suele ser tomada para la chacota en nuestro propio Partido.

Nuestro Partido también está en deuda con la necesidad de prepararse, y no hay evento interno en que no se insista en ello. No obstante, es la organización potencialmente con mejores condiciones para crear en su seno un aparato militar apropiado al previsible desarrollo de los acontecimientos: ideológicamente ha avanzado lo suficiente en sus últimos congresos, dentro de la militancia hay sectores con el ánimo y la decisión suficiente para comenzar la tarea de preparación. No olvidamos los inconvenientes que deben afrontar las fuerzas actuantes que existen en el PS que se niegan a actuar en el sentido de la preparación militar, y otros que se oponen a que ello se haga, solapadamente la mayor parte de las veces.

La preparación del aparato armado es una tarea ineludible e inmediata. Habiendo condiciones políticas mínimas, la acción de un grupo bien preparado, con claros objetivos políticos, puede desencadenar un avance vertiginoso en la lucha de clases, acercando g las masas a la colaboración con el "grupo de acción directa" (por darle un nombre), incentivando la preparación de nuevos grupos, apoyando material y moralmente a los activos.

En todo caso, creemos que poco ha hecho el Partido en este sentido. Es bueno reconocer que, como se están dando las cosas, pueden surgir grupos armados desde fuera del Partido, e incluso desde dentro, pero sin conocimiento ni control de la dirección.

EL PS, LAS ELECCIONES Y EL PARLAMENTO

El otro asunto que planteábamos, era sobre el papel de acelerador o freno del proceso social que juegan las elecciones y el Parlamento, usados por las fuerzas revolucionarias.

El Congreso de Chillán, tuvo en cuenta un hecho específico de nuestro Partido: a través de su historia, de hecho, el PS. ha reducido la perspectiva revolucionaria a la lucha electoral y a la acción parlamentaria. La posibilidad de tomar el poder por medio de una mayoría de votos ha sido una línea más o menos permanente en el PS. Dicha concepción del proceso revolucionario, a través de su cauce pacífico y legal, fue implícitamente reconocido dentro del Partido, y respetado como una ley inmutable del "particular" proceso chileno. Recién en el Congreso de Linares, de 1965, se comenzó a dar definitivamente por tierra con la ilusión reformista de la Vía Pacífica, y en Chillán se llegó a una formulación terminante y clara sobre la inevitabilidad de la lucha armada para alcanzar el poder. Esa ley general del proceso social, tiene la confirmación de la historia de nuestra patria: cada vez que el ascenso de las masas puso en peligro el dominio de las clases opresoras, surgió la represión violenta, se crearon cuerpos armados extralegales para custodiar el régimen de privilegios y el ejército y la policía fueron usados contra la protesta popular.

Sintetizando, el PS., al aceptar todas las formas de lucha para lograr sus objetivos, cosa que en general es correcta, ha hecho de las elecciones y el Parlamento, su principal y permanente preocupación, lo que es erróneo, y más aún, no se ha preparado ni ha tenido a la vista la inevitabilidad de la lucha armada, lo que es más incorrecto aún.

En rechazo a estas posturas tradicionales del PS., algunos sectores del mismo, y de la FJS., han adoptado una actitud de rechazo ABSOLUTO al parlamento y a las elecciones, con el argumento, infantil a nuestro juicio, de que no conducen a la toma del poder. Son comprensibles las raíces de este rechazo, pero igualmente inaceptable su posición. Es un argumento que no se ubica en el espacio ni en el tiempo, no es histórico, por lo tanto no es marxista. Podríamos decir, igualmente, que la huelga tampoco conduce por si misma al poder, y sin embargo niega su vigencia.

La acción parlamentaria y electoral tienden a reforzar la institucionalidad burguesa, se argumenta. Es un razonamiento simplista y dogmático. Esa afirmación, ese juicio tajante, es aplicable a cualquier período histórico y en general a cualquier lugar de la tierra (dentro del sistema capitalista se sobreentiende). Es decir, igual que en el punto anterior, no es un juicio emanado de un análisis concreto. De Lenin en adelante, parece necesario repetirlo, muchos revolucionarios, incluyendo a nuestro Recabarren, participaron en las luchas electorales y en el Parlamento burgués.

Al considerar que la asistencia a las elecciones y al Parlamento constituyen un reforzamiento del orden vigente, hay que oponer a ese tipo de acción otras alternativas de lucha, otros cauces más eficientes por donde se pueda traducir la opinión pública, a los que el pueblo los acepte y les dé su respaldo.

No es correcto dar por obsoleto un medio que se tiene a mano mientras no se pueda sustituirlo por otro más avanzado y eficaz.

No es imprescindible por supuesto, comenzar la lucha armada para abandonar inmediatamente el Parlamento; el ascenso de la lucha de masas, y su mantenimiento en un alto nivel de combatividad y organización, puede constituirse en un medio que opaque considerablemente la acción parlamentaria, transformándola en obsoleta. En tales condiciones el Parlamento puede ser abandonado a su "muerte por inanición".

El abandono de un medio de lucha se debe producir cuando es ineficiente, cuando no sirve a los objetivos revolucionarios, y traba o frena el desarrollo de otros de superior calidad.

El Parlamento y las elecciones en Chile, no han perdido vigencia absoluta para los revolucionarios: sigue centrando gran parte de la atención de las masas cuando se trata de buscar solución a los problemas generales que más las afectan y más las conmueven y las arrastran a la lucha (reajustes, jubilación, vivienda, seguridad social, etc.). Ante dichos problemas, el socialismo tiene que proponer soluciones concretas, caminos claros y reales a través de los cuales se logra su solución. Sobre la lucha armada, concreta, hay que pronunciarse cuando se la tiene enfrente. En cambio, las PROMESAS de lucha armada no "llenan" a las masas, no apuntan a la solución de aquellos problemas, son una alternativa ideológica, a la que adhieren los revolucionarios y también muchos oportunistas, sin necesidad de poner en juego su status político y social.

Hay otro matiz en este problema, al que no se debe eludir: nos referimos a la acción individualista de nuestros parlamentarios, la actitud caudillesca y electorera ("junta votos"), de la mayoría de los candidatos socialistas, el rechazo del Diputado o Senador del PS a trabajar donde se lo ordene el Partido, su negativa sistemática a transformarse en funcionarios rentados entregando todo su sueldo al Partido, etc.

Con la abstención electoral y el retiro del Parlamento se pretende eliminar aquellos males, no teniendo ni candidatos ni parlamentarios. Aparentemente resulta fácil, pero es una solución unilateral: con dicha medida terminamos con aquellos vicios y a la vez eliminamos el uso revolucionario que en alguna medida realiza el Partido por medio de sus parlamentarios y candidatos. No todo es negro en la acción de los candidatos y parlamentarios del Partido, ni son todos iguales. La imagen del parlamentario socialista aburguesado, que abandona a las masas que lo han llevado al Parlamento, que gusta más de las comodidades del legislador burgués que de la vida sencilla y austera del hombre del pueblo, no es real. Esas deformaciones existen: el Parlamento, los beneficios económicos, la convivencia con aristócratas son atractivos que logran "enchuecar", en su vida y en su pensamiento, a algunos revolucionarios, transformándolos en dóciles defensores del régimen, pero no es una regla general, aplicable a todos en todos los tiempos y lugares.

El Partido, además de prepararse para el proceso armado, debe hacer claridad en las masas sobre la inevitabilidad de la violencia y sobre la caducidad del Parlamento. No es misión de nuestros parlamentarios y candidatos reforzar la ilusión de la "vía pacífica" ni de que a través del Parlamento se puede lograr una profunda transformación de las estructuras sociales. Es necesario repetir que el parlamentario socialista no está para dar prestigio "popular" al Congreso y a su cargo, sino para luchar por la revolución, que se hará pasando por encima del parlamento burgués y de sus defensores.

La deformación parlamentaria del Partido, a pesar de las resoluciones de Chillán, sigue vigente. Los mayores esfuerzos económicos se hacen en torno a las elecciones, é incluso la mayor movilización de militantes se realiza tras los candidatos. Eso no es todo culpa de la actual Dirección del Partido, pero gran responsabilidad le cabe.

La participación del Partido en las elecciones no es en sí misma mala, pero resulta deformante de su línea política cumplir sólo con una parte de ella, poniendo tanto entusiasmo en la lucha electoral y tan poco en la educación y preparación para la lucha armada, e incluso en la desidia con que muchas veces se llevan adelante otras formas de lucha no armadas.

Un partido revolucionario no hace lo que puede sino lo que debe, de lo contrario es un partido liberal, por más revolucionarias que sean sus proclamas. La diferencia entre un partido revolucionario proletario y un partido revolucionario pequeño-burgués, radica en que el primero hace de su acción y su pensamiento una unidad, las ideas y las tareas realizadas van del brazo, en suma, las resoluciones que se toman se llevan adelante con plenitud. En cambio, el partido revolucionario pequeño-burgués anda al lote, sus resoluciones por un lado y su accionar por otro, se propone objetivos que no cumple, se boicotea a sí mismo no llevando adelante la línea proclamada y perdiendo de vista sus objetivos a largo plazo.

Nuestro partido es revolucionario, pero aún tiene mucho de pequeño-burgués. Esa hechura del Partido se refleja también en nuestra organización juvenil.

TERCERA PARTE

LA ETAPA ACTUAL Y LAS PERSPECTIVAS. LA ACCIÓN DEL GOBIERNO

El gobierno de Frei ha significado la realización en Chile del reformismo inspirado en la "Alianza para el Progreso". Ha sido la puesta en escena en nuestro país del plan que el imperialismo trazó para contener el ejemplo que la Revolución Cubana infundía en los pueblos latinoamericanos, como vía y como programa de liberación.

La "Alianza para el Progreso" y toda la política "kennedyana" en nuestro país ha recibido su parte de defunción con el fracaso del gobierno demócratacristiano. Frei y la DC no han podido cumplir con los puntos básicos de su demagógico programa de gobierno: a) la "chilenización del cobre", título confusionista usado en la campaña presidencial, resultó lisa y simplemente, la "norteamericanización" de nuestra principal fuente de divisas; b) la Reforma Agraria, de tinte individualista y propietarista, se ha congelado en la mitad de su menguada meta ("100 mil nuevos propietarios" prometieron, y han bajado las cifras a 50 mil); c) la inflación sigue a grandes zancadas succionando los presupuestos familiares, al mismo ritmo que cuando Frei asumió la presidencia (en su programa fijó como meta inflacionaria para 1968 un 5%, y se llegará al 30%); d) la redistribución de la riqueza se transformó, en los hechos, en la redistribución de la pobreza. (Se ha aumentado el ingreso de los sectores más pobres del campesinado y de algunos sectores de trabajadores eventuales de la ciudad, habitantes de los cinturones de miseria de las grandes urbes. Todo ello, que ha sido bien poco, en detrimento del poder adquisitivo de las capas medias y sin haber disminuido las entradas de la oligarquía terrateniente, industrial y financiera); e) el plan educacional ha sido un espectáculo con mucho bombo y poco contenido, traducido en un aumento de matrículas escolares, tan selectivo y clasista como el vigente en los gobiernos anteriores, y en la construcción de "callampas funcionales" que, desparramadas por todo Chile, se las llama sin asomo de vergüenza, "locales escolares"; f) el plan habitacional pretendía la construcción de 360.0000 viviendas definitivas en los 6 años de gobierno, y apenas alcanzará a los 2/3 de esa cifra, incluyendo las mediaguas de una o dos piezas, hechas de apuro luego de algún sismo o inundación, y de una calidad que resulta indignante llamarlas "viviendas", y menos aún "definitivas"; g) la política internacional independiente, otra de sus promesas presidenciales, ha respondido sin titubeos ni excepciones, a una línea proimperialista, anticubana, y de ayuda al fortalecimiento del poder oligárquico y de la penetración de los monopolios imperialistas en el continente, a través de la llamada "integración económica".

EL PANORAMA POLÍTICO

1) EL GOBIERNO ha terminado mostrando su profundo carácter reaccionario. Durante los dos primeros años de su gestión, Freí pudo camuflar un poco su fondo antipopular. Las matanzas de El Salvador y del paro CUT del 23 de noviembre de 1967, sus proyectos de "chiribonos", el de restricción del derecho de huelga, los reajustes inferiores al alza del índice de precios, como su decidida acción represiva a los trabajadores, por cuenta del Ministro del Interior, han esfumado la máscara populista que presentaron Frei y la D.C. durante la campaña presidencial de 1964, dejando a la vista su hechura reaccionaria.

2) El fracaso del gobierno, en los estrictos términos de no haber cumplido con el programa que prometió, y su política represiva, han dado empuje al tema de la elección de "otro presidente" porque "éste" fracasó.

Ha entrado a ser un factor determinante de las posiciones políticas de los diversos partidos, la perspectiva residencial de 1970. De una u otra manera, ese hecho futuro está tiñendo las actitudes de los partidos y dirigentes políticos. Hace varias meses que ciertos reacomodos de fuerzas giran en torno a posibles candidaturas presidenciales.

Siendo ésto así, LAS ELECCIONES PARLAMENTARIAS DE MARZO PRÓXIMO SON UNA ETAPA DE LA BATALLA PRESIDENCIAL EN PREPARACIÓN.

3) EL PARTIDO DEMOCRATACRISTIANO ha entrado en una etapa de difícil definición: o continúa identificándose con el gobierno, el que a través de una permanente y gigantesca propaganda aún logra engañar a ciertos sectores populares, o se desliga de él, para no cargar con su política reaccionaria. El "oficialismo" del PDC se amarra al gobierno por dos razones fundamentales: su identificación ideológica y política total con él mismo, y el deseo de continuar profítando de los beneficios políticos y financieros que el aparato del Estado brinda a sus gendarmes civiles. En el otro extremo del PDC juegan los "rebeldes", quienes prácticamente han desahuciado (por boca de la JDC), toda posibilidad de recuperación del gobierno, al que lo identifican con la reacción y que desean desligarse tajantemente del mismo, combatiendo incluso a quienes lo defienden dentro del Partido. Entre las dos puntas están los terceristas, que desean las dos cosas: ni quemarse con el gobierno ni desligarse mucho de él, para seguir "mamando" de su labor "progresista". Aplauden a Chonchol, pero sin decir nada de Pérez Z., mostrar lo bueno y tapar lo malo es su política; beneficiarse del aparato del Estado, sin figurar a la cabeza de ese aparato.

La renuncia de Chonchol a INDAP, tiene sus raíces, fundamentalmente en esta lucha interna del PDC. Ante la indiscutida y planificada postulación de Radomiro Tomic, candidato del gobierno, del oficialismo y del tercerismo del PDC la jugada de Chonchol ha buscado poner en aprietos al Partido, tratando de que algunos sectores se separen un poco de Tomic. Los rebeldes y algunos terceristas buscan en Chonchol un posible candidato presidencial. Por haber sido la cabeza de la Comisión político-técnica que planteó un programa para los últimos años del gobierno, desafiante a los planes conformistas de Frei, por haber logrado el apoyo de muchos sectores campesinos en su labor (bastante combatida por la oligarquía terrateniente), por el impacto que causó su renuncia y las razones que en ella dió, Chonchol es uno de los pocos personeros capaces de desafiar a Tomic como candidato del PDC a la presidencia. Es claro, incluso para Chonchol y para los rebeldes, que a lo mucho que se puede llegar, es al desafío y a quitarle un poco de gente, porque Tomic sigue firme como candidato. ¿Entonces, en el fondo, qué buscó Chonchol con su actitud?

El proceso político ha venido decantando posiciones en el seno del PDC, y han surgido sectores revolucionarios que ya están de vuelta del reformismo, y buscan una salida definitivamente antimperialista y anticapitalista para Chile. No guardan ninguna esperanza respecto del Gobierno ni del propio PDC, y están dispuestos a irse de él, tratando de llevarse consigo a lo mejor y más consecuente. Chonchol ha sido tercerista, no se ha jugado por las corrientes más radicales e izquierdistas dentro del PDC. Sin embargo, la presión de la derecha de su Partido y del Gobierno, en contra de su labor en el campo, y la actitud desafiante de los rebeldes (que siempre lo defendieron), lo llevaron a tomar la decisión de la renuncia, lo que ha provocado las reacciones conocidas.

La JDC ha dicho bastante en sus últimos eventos sobre su deseo de ir a la formación de un Frente Revolucionario. Hay que prestar atención a sus definiciones, junto a los hechos que las acompañen.

No dudamos que sobre estos problemas hay que andar con "pies de plomo": el PDC es una verdadera escuela de oportunismo "científico" (por oposición al oportunismo "pragmático" de los radicales).

4) LA DERECHA está jugando a dos posibilidades simultáneamente y según se vayan desarrollando los acontecimientos se irá definiendo por uno de ellos: o Alessandri o Felipe Herrera.

La promoción de Alessandri tiene ya mucho tiempo y la han llevado adelante con mucha habilidad, oponiendo la figura "austera" del ex Presidente, al derroche del Gobierno, el hombre sobrio dedicado a "su" tarea, contra la alharaca e ineficacia oficialista.

Felipe Herrera, de su parte, comenzó largándose solo, y encontró eco. Es la posibilidad del individuo que no se ha "quemado" ni con la derecha (PN) ni con el centro (PDC y PR), que guarda su pasado izquierdista, y que desde el BID ha "ayudado" a Chile, guardando buenas relaciones con personaros de todas las corrientes. Puede preverse que F. Herrera será la carta de la derecha en la búsqueda de una alianza con el PDC y el PR, en caso de que lograra armarse por la izquierda, una alianza tipo Frente Popular o similar para las elecciones del 70. En todo caso, la candidatura de F. Herrera le haría bastante daño a Tomic: ambos son personeros del desarrollismo proimperialista partidarios del capitalismo modernizado.

Alessandri, por su parte, difícilmente podrá unir políticamente a la derecha con el PDC, aunque es una carta de mucho arrastre entre las capas medias.

5) EN LA IZQUIERDA, los comunistas ya lanzaron hace tiempo su idea del Frente Popular. Sin embargo, últimamente, y en razón del debate interno del PDC, y de la frenada que puso el PR a su izquierdismo, ya no hablan de la unidad con el PDC y el PR, sino con los sectores "avanzados" de ambos partidos.

El PC es decisivo en el panorama presidencial de la izquierda, y no lo son el PSD ni la USP, ni Tarud, por más novedosas que sean las fórmulas que inventen.

El Partido Socialista, hasta ahora, ha llevado adelante la política del avestruz: esconder la cabeza: El Partido ha dicho rotundamente que no a un nuevo Frente Popular. Sin embargo, no se ha manifestado a favor de nada. Con esa actitud dice no preocuparse de la elección del 70. Ello no es cierto. Orgánicamente es verdad que el Partido no se ha dedicado a estudiar el problema, sin embargo a nadie le escapa que individualmente, desde la militancia de base a los más altos dirigentes, la mayoría le ha dedicado su tiempo al asunto, y algunos, algo más que su tiempo.

El Partido no puede continuar en esta actitud, que suena a hipocresía colectiva, no queriendo ver algo que tiene encima de sus ojos, que dice no preocuparle pero al que se le dedica largas cavilaciones y sesudos cálculos por cuenta de base y dirigentes.

El compañero Altamirano ya ha lanzado algunas ideas, poco precisas aún, que plantean la formación de un Frente Revolucionario. En conversación con el C.C. de la FJS y en declaraciones a "Ultima Hora", planteó esa idea.

No haremos aquí mayores comentarios de los rumores que en el Partido han corrido sobre posibles candidatos. Somos conscientes, sin embargo, que dichos rumores pueden tomar cuerpo e incluso fuerza orgánica si continuamos haciéndole el quite al problema presidencial.

Como punto clave que debemos definir desde ya, de acuerdo a nuestras perspectivas revolucionarias y a los objetivos del partido, es sobre cómo valoramos las elecciones presidenciales de 1970. Dada la redefinición de fuerzas que está ayudando a producir, debe considerárselo importante a nuestro juicio, y es necesario trazar líneas claras para enfrentar la contingencia. En su perspectiva podemos trabajar por un reagrupamiento de las fuerzas políticas en función de un programa revolucionario, antimperialista y anti-capitalista.

La lucha interna del P.D.C., el deterioro previsible del PR. si no logra lanzar un candidato presidencial de sus filas, lo que parece improbable a esta altura dada la lucha entre posibles precandidatos que se ha desatado en su seno, y la formación de pequeños grupos independientes radicalizados, fortalecen la idea de la formación de un Frente Revolucionario. Si nos dejamos estar, el P.C. puede imponer su línea a dicho agrupamiento, línea que de partida es burocrática y reformista: reformista en su contenido programático ("Vía no-Capitalista", como ha aceptado llamarla), y burocrática en su forma de gestación (a través de conversaciones y mangoneos por arriba, entregando todo cocinado a las masas, como es su estilo).

Decimos desde ya que sí, a la posibilidad de dicho Frente Revolucionario, expresión política de las fuerzas sociales que aspiran a una sociedad socialista. Luego deberemos analizar más profunda y detalladamente nuestro papel, el del Partido, y cómo operar en los diversos campos de nuestra acción.

Anteriormente se señalaron algunos factores sociales que gestaron la situación actual: frustración de grandes sectores populares por el no cumplimiento de las promesas que hiciera Frei en su campaña y, fundamentalmente deterioro económico de las capas medias de la población y de gran parte del proletariado.

La convulsiva situación que el año anterior surgió con motivo de los proyectos de reajustes, y en la que el PC jugó un papel de "bombero" que quedó a la vista de las masas, puede repetirse en los próximos meses; las huelgas de Correos y Telégrafos y del Magisterio, los cada vez más repetidos conflictos campesinos que culminaron en la acción de San Esteban, y que han arrastrado a algunos sindicatos agrícolas dominados por demócratacristianos; son todos factores sumamente promisorios respecto de las futuras etapas. Por otro lado, juega también favorablemente la tendencia irrefrenable del Gobierno hacia la represión con tintes fascistoides.

En 1969, además, hay algunos hechos de raíz económica que pueden influir políticamente en contra del Gobierno.

El cobre ha sido el gran salvavidas de Frei, debido al alza de su precio provocada en gran parte por la guerra del Vietnam. Las exportaciones de cobre en 1967, medidas en dólares, fueron el doble de las de 1964 (téngase en cuenta que el cobre significa más del 70% de nuestras exportaciones). Sin embargo, la producción de 1968 bajó respecto al 67, situación que puede mantenerse en 1969, sobre todo si decrece la actividad guerrerista en Vietnam, (lo que incluso puede hacer bajar los precios, aunque no baje la producción).

La ayuda financiera internacional, ha sido otro de los puntales que ha obtenido Frei del imperialismo. Los problemas internos de los EE.UU. (déficit crónico de la balanza de pagos en los últimos años), y la crisis financiera del sistema capitalista, que amenaza al dólar y que ya ha afectado a otras monedas "fuertes", se han traducido en una política de restricción del crédito exterior por parte de Estados Unidos, que está golpeando fuerte a los países de América latina.

La deuda externa de Chile ha llegado a limites tremendos: en 1966 era de aproximadamente, 1.500 millones de dólares y en 1967 de 1.900 millones de dólares, alrededor de 2.000 escudos por chileno. Cuando Frei asumió, logró aplazar el pago de la deuda externa por algunos años. En 1968, comenzaron a hacerse efectivos dichos pagos, que se suman a los préstamos contraídos a corto plazo por este Gobierno, y que, en 1969, tendrán cuotas superiores.

La inflación galopante, esta eterna insubordinada de los gobiernos capitalistas, ha quebrado todas las promesas de Frei de dar reajustes de un 100% del alza del costo de la vida.

La crisis agrícola, se multiplicará por causa de la sequía y afectará directamente a los sectores populares.

Hemos señalado algunos factores que consideramos importantes, y que justifican nuestras previsiones sobre el desencadenamiento de grandes batallas reivindicativas y políticas por parte de las masas trabajadoras, en los próximos meses.

Al calor de la lucha de masas podemos ayudar a gestar un Frente Revolucionario, que liquide el "centrismo" como alternativa política (esa es una diferencia importantísima que tenemos con el PC respecto a la unidad popular), dejando a un lado a todos los sectores objetivamente procapitalista y al otro, un gran movimiento, amplio y combativo, con un programa y una acción revolucionarios.

LAS ELECCIONES PARLAMENTARIAS

Las elecciones de marzo, prevén una baja en la votación del PDC. Si esa baja es importante, cierto ambiente de derrota envolverá a la DC y al gobierno. Ello se traducirá, además, en temores reales respecto a las posibilidades presidenciales de TOMIC. Una amplia movilización de masas puede acrecentar más aún ese proceso de inseguridad y pérdida de respaldo del Gobierno y su partido.

Es difícil preveer un resquebrajamiento muy importante de la institucionalidad burguesa. Sin embargo, como suele suceder en períodos de auge de la lucha de masas, las amenazas y rumores golpistas surgirán. Los sectores reformistas y el PC van a trabajar, una vez más, con el chantaje del golpe, tratando de aplacar la situación, y conduciendo el descontento hacia los canales electorales. En esta circunstancia cobra importancia ese Frente Revolucionario de que hemos hablado: si el Partido se coloca a su cabeza, impulsándolo con amplitud y decisión, sin sectarismo ni transigencias, puede hacer que el movimiento rompa y se lleve por delante los frenos electoralistas del reformismo y del PC. Cuando menos logrará demostrar la tendencia conciliadora de los comunistas, radicalizando a algunos sectores y acercándolos más a nuestras filas.

El trabajo del Partido y la Juventud, deben centrarse en la perspectiva de desatar una gran protesta, masiva y nacional, contra el gobierno y apuntando hacia la formación del Frente Revolucionario.

COMITÉ CENTRAL DE LA
FEDERACIÓN JUVENIL SOCIALISTA.


Notas:

1. "Historia de la Revolución Rusa", León Trotsky. Tomo II, pág. 172.

2. ídem. Tomo I, pág. 494.

3. "Cuentas Nacionales 1967". Oficina de Planificación Nacional, ODEPLAN.

4. ídem. (3)

5. ídem. (3)

6. "Informe Sociedad de Fomento Fabril", SOFOFA, "El Mercurio", 21/12/68.

7. Entrevista a Carlos Altamirano, "Las Noticias de Ultima Hora", 20/12/68.

8. "Las Noticias de Ultima Hora", 09/10/68.

9.  Idem. (8).

10. Idem. (8), 06/01/69.

11. Idem 10

12. Entrevista a Eduardo Frei, "La Nación", 05/11/68.

13. "The Economist" del 18/09/-0l/10/68.

14. Idem 8. 04/01/69

15. Idem 14

16. Exposición radial Ministro de Economía, 10/01/69.

17. Idem 8. 11/12/68

18. Idem 17.

19.  Informe del Comité Interamericano para la Alianza del Progreso (Ciap), "Las Noticias de Ultima Hora", 06/01/69.

20. Idem 7

21. "Investigación acerca de la situación ocupacional en Santiago, Concepción-Talcahuano y Lota Coronel", realizada por el Instituto de Economía de la Universidad de Chile, publicada en "El Mercurio", 30/11/68.

22. Idem. (21).

23. Texto refundido CORFO, apéndice, 1966.

24. "Estudio Económico de la región de Concepción", realizado por la Escuela de Economía y Administración de la Universidad de Concepción. Tomo I, pág. 51.

25. Idem 7.

26.  Idem 7.

27.  Idem 7.

28. Carta respuesta de Fernando Aguirre a "El Mercurio", 11/01/68.

29. Idem 8.

30. "El Mercurio", última semana de 1968. y primera semana de 1969.

31. Idem. (8)

32. "La clase obrera motor de la lucha por los cambios", Luis Figueroa, Revista "Principios", número 127, 1968.

33. Cuentas Nacionales ODEPLAN, publicado por "El Siglo", 4/01/69.

34. "El Siglo", 4 Ene 69, citando datos 1967 y comparándolos con los dados por la entrevista de Frei del 5 de Nov. de 1968, para 1968.

35. Comparación datos 1967, publicados en "Principios", número 127 y los dados por ODEPLAN para 1968, publicado por "El Siglo", el 4 de enero de 1969.

36. Ver "El Revés de Indonesia y su Enseñanza", de Jesús Aditorop, publicado por Monthly Review, Junio de 1968, número 51.

37. Ver declaraciones de Lionel Brizola, citadas en "Reformismo o Revolución", Jaime Barros, 1965.

38. "La vía de desarrollo no capitalista: estrategia revolucionaria para la transformación socialista de la economía", extracto publicado por "El Mercurio", 26/12/68.

39. "La vía no capitalista en Chile", José Cademártori. "Principios", número 124, 1968.


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