Diez años de revolución

PUNTO FINAL
Año III. Nº 71
Martes 31 de diciembre de 1968

DIEZ AÑOS DE REVOLUCIÓN

HACE diez años triunfó el movimiento armado que bajo la dirección de Fidel Castro convirtió a Cuba en el primer Estado Socialista de América latina. Desde entonces no ha cesado de crecer el prestigio moral y político de la Revolución Cubana. Se ha convertido en la fuente de inspiración del moderno movimiento revolucionario en América latina y ha influido poderosamente en los sectores revolucionarios jóvenes de Europa, África y Asia.

Dos aportaciones significativas, entre otras, es posible atribuir a la influencia de la Revolución Cubana. En primer lugar, ha enseñado a los revolucionarios a elaborar con cabeza propia las tácticas de lucha destinadas a colocar en óptima tensión los factores subjetivos que laten en la realidad objetivamente revolucionaria del continente. La Revolución Cubana ha estimulado de manera importante decisión de conquistar el Poder de las masas latinoamericanas y de sus vanguardias revolucionarias.

A partir de la Revolución triunfante en Cuba hace diez años, se abrió en América latina una etapa de lucha activa y directa por el Poder. El imperialismo norteamericano y las oligarquías, se han coordinado para impedirlo y en su ayuda han acudido los reformistas que históricamente han servido de postillones de la Burguesía. Pero los revolucionarios latinoamericanos, a su vez, han creado sus propias formas de unidad y agrupación para librar esta batalla larga y cruenta que, debido a sus características, es necesariamente continental y armada.

Otra aportación revolucionaria de Cuba, de significativo valor, es la calidad moral de sus dirigentes que en la práctica han iniciado en ellos mismos la tarea de crear el hombre nuevo necesario a la nueva sociedad socialista. Hombres como Ernesto Che Guevara, por ejemplo, capaces de entregarlo todo en aras del interés superior de la revolución, constituyen el más poderoso ejemplo para la actual generación de revolucionarios de América latina. Che Guevara seguramente simboliza en si mismo todo lo más puro y firme de la Revolución Cubana, y su ejemplo no sólo brota de modo muy vivo en miles de jóvenes cubanos, sino también en la decisión de prepararse y sumarse a la lucha que prende hoy en el ánimo de extensas capas latinoamericanas. Cuba Revolucionaria, construyendo el socialismo a ciento cuarenta kilómetros del imperialismo, es un ejemplo a seguir. La ferocidad reaccionaria no hace sino acrecentar el ánimo combativo de las masas en Chile y en todas partes del continente, para seguir el camino de liberación abierto por Cuba.

PF


Análisis

NUEVA FÓRMULA PARA ENGAÑAR A LAS MASAS [1]

LA DEMOCRACIA CRISTIANA no sólo es un partido donde conviven diversas clases sociales que se repelen entre sí, sino que, también, y como consecuencia de lo anterior, es un receptáculo de las más variadas ideologías. No tiene una doctrina propia, sino que ha formado la suya robándole un poco a la Iglesia, otro tanto al socialismo y mucho al liberalismo.

Para cubrir su desnudez ideológica y uniformar su pensamiento, el II Congreso Demócratacristiano consagró como doctrina oficial la llamada "vía no capitalista de desarrollo". El acuerdo fue adoptado por la unanimidad de las corrientes del partido, porque muy pocos comprendieron en ese momento el verdadero alcance de la resolución y porque la mayoría pensó que podría seguir interpretándola a su amaño, sin sacrificar sus anquilosadas concepciones ni sus intereses. Para los terratenientes, los financistas, los empresarios democristianos, se podía continuar pregonando la "vía no capitalista", sin sacrificar la esencia del capitalismo, así como antes había predicado la "revolución" sin hacerla.

Sin embargo, la expresión vía no capitalista todavía era raga y había que concretarla. Se designó entonces una comisión para que elaborara un informe que, al mismo tiempo que definiera y precisara el significado de la vía no capitalista, propusiera medidas prácticas para su aplicación.

La comisión presidida por Jacques Chonchol, terminó su trabajo a mediados de 1967 e impusieron su criterio los representantes de los sectores más avanzados del PDC, que son los que tienen mayor claridad ideológica y están empeñados en dar nueva orientación al partido.

Con la divulgación del informe comenzaron los problemas, las pugnas y las divisiones internas en la Democracia Cristiana.

El documento define la vía no capitalista de desarrollo como un conjunto de tareas destinadas a la construcción de un sistema económico social comunitario, que sustituye el régimen capitalista.

¿QUÉ SE ENTIENDE POR SISTEMA COMUNITARIO?

Según la DC es una sociedad de trabajadores donde los medios de producción que requieren del trabajo colectivo, pertenecen a la comunidad nacional o a las comunidades de trabajadores.

El senador Gumucio considera "vía no capitalista" aquella que pretende sustituir el capitalismo por un sistema comunitario donde los bienes de producción son desarrolllados a través de la propiedad comunitaria, de la autogestión de los trabajadores y donde el Estado tiene un papel supletorio.

Pero —agrega— eso no significa de ninguna manera que "los que creemos en el comunitarismo estimemos que debe partirse por suprimir totalmente la industria privada. Esta, durante largo tiempo todavía, tiene una función que realizar, siempre que se sujete al control del Estado".

En relación con el sistema de propiedad que implica la vía no capitalista, el senador Fuentealba, presídante de la DC, afirma que las empresas deberán agruparse en tres grupos: las propiamente estatales, las comunitarias o de propiedad común de los trabajadores y aquéllas que deban estar en manos del capital privado.

Los dirigentes de la juventud y de los Departamentos Campesino y Sindical han redactado estos días otro documento en que radicalizan el. concepto de la vía no capitalista. Para ellos es una forma de desarrollo económico para el período de transición entre el capitalismo y el socialismo.

Para conocer de cerca cómo concibe la DC la vía no capitalista de desarrollo, sin embargo, hay que atenerse al programa ya confeccionado por la ya citada Comisión, para el trienio 1967-70.

Sus aspectos más destacados son los siguientes:

Democratización del Poder mediante el derecho a voto de los mayores de 18 años; impulso a la sindicalización; acceso de los representantes de los trabajadores a la información acerca de la marcha económica de la empresa; planificación del sector público y privado; nacionalización del salitre, carbón, acero, Chilectra y Teléfonos. El resto de la economía queda reservado al dominio privado Se respectan los convenios con las compañías da la gran minería del cobre. Se consulta la formación de sociedades mixtas entre el Estado y capitalistas extranjeros en la industria química, petroquímica, celulosa y automotriz, en las cuales el Estado tendrá control directo a través del veto a sus acuerdos. Respecto de otras actividades privadas importantes, como cemento, monopolios de la cerveza, tabacos, fósforos, y otros, compañías de seguros, hierro, etc., el Estado ejercerá un control indirecto mediante mecanismos de precios, franquicias, sistema tributario, asignación de créditos y control de la comercialización de sus productos. Sólo se acepta la participación de los trabajadores en la gestión de algunas empresas del Estado, pero no en las particulares. Se propicia la instalación de 100.000 campesinos en asentamientos, la redistribución del crédito agrícola, la sindicalización del campesinado. Control de la aplicación del crédito bancario y de las inversiones que realizan los bancos. Las inversiones extranjeras deberán unirse al capital nacional, público o privado; se traspasarán después de cierto plazo a la economía nacional; no tendrán trato preferente respecto a la inversión interna. Se propone, además, revisar el mecanismo de remesas de utilidades, dividendos y amortizaciones por los inversionistas extranjeros.

El informe plantea las condiciones políticas bajo las cuales deberá aplicarse este programa: enfrentamiento con la Derecha; diálogo con fuerzas políticas que pueden apoyarlo; creación de una alianza pueblo-clase media y transformación de la DC en vanguardia de la revolución chilena.

De más está decir que este programa tan prolija y seriamente confeccionado, pero tan suave, pues consiste principalmente en la ejecución de ciertos controles sobre la economía, que no modifican el régimen de propiedad ni alteran el estatuto de la empresa privada, no ha conseguido aún ser ratificado por el PDC, no ha sido reconocido ni menos aplicado por el gobierno, a pesar de que fue concebido para impulsarlo a partir de 1967. Por el contrario, ha desatado una furibunda resistencia de Frei, de su gobierno, de los dirigentes y grupos oligárquicos de la DC.

¿CUAL ES EL ORIGEN DE LA VÍA NO CAPITALISTA DE DESARROLLO?

Según Julio Silva (DC) y José Cademártori (PC) ella nació de la experiencia práctica de algunos paisas tales como la República Arabe Unida, Argelia, Siria, Birmania, Guinea y Malí, que desde hace tiempo están aplicando reformas tendientes a liquidar o reducir considerablemente las bases en que descansa el sistema capitalista.

En cambio, el diario "El Mercurio", que se ha lanzado en picada contra la vía no capitalista, afirma que es una "invención comunista" ideada en 1960, en la reunión verificada en Moscú por 81 partidos comunistas. Gracias a una "hábil política de infiltración" en la DC los comunistas habrían logrado imponerla en ese partido.

Al margen de las apreciaciones de "El Mercurio", el PC chileno le dio su espaldarazo a la vía no capitalista a través de un artículo publicado por el diputado José Cademártori en la revista "Principios" (Nº 124, marzo-abril 1968).

Esta es la síntesis de su artículo:

—La vía no capitalista no es un concepto utópico, irreal, caprichoso, sino que responde a fenómenos históricos, propios de la etapa que vivimos.

—Es una nueva forma de paso al socialismo, uno de esos caminos de acceso que se están dando en las actuales condiciones históricas en una serie de países que están liquidando el capitalismo o las posibilidades de su existencia.

—El PC chileno viene planteando desde 1962 la posibilidad de aplicar en Chile la vía no capitalista de desarrollo, concebida como un modo de acceso al socialismo que cierra el paso al desarrollo capitalista del país.

—El programa del PC aprobado en el XII Congreso celebrado en esa fecha afirma que propiciamos "un camino nuevo, mes democrático, no capitalista que, en vez de acentuar el poderío de los sectores capitalistas, extienda y multiplique los únicos esfuerzos cumplidos hasta ahora por el desarrollo independiente y promueva un gran auge de la vida económica y cultural del país, cuya base requiere la democratización más profunda y un gobierno de nuevo tipo dirigido por la clase obrera".

—Las reformas democráticas aprobadas por el Partido Radical en su XXIII Convención (1967) son un paso adelante en favor de la vía no capitalista.

—Los programas que ha levantado el FRAP en las campañas presidenciales de 1958 y 1964 han sido de desarrollo no capitalista.

—La concepción esencial de la vía no capitalista como rechazo, como negación de la vía capitalista, es una concepción correcta.

—Las tareas para la aplicación de la vía no capitalista que plantean los sectores izquierdistas de la DG conducirían a limitar la dominación imperialista y oligárquica.

—El contenido de la vía no capitalista reside en un proceso revolucionario de reformas antimperialistas y antioligárquicas, y su desarrollo consecuente en dirección a la supresión de la explotación capitalista.

—La vía no capitalista surge bajo el impulso de gobierno de nuevo tipo, democráticos, populares, con un nuevo y progresista contenido nacional. Estos regímenes son, generalmente, gobiernos de coalición en que participan diversas fuerzas sociales del pueblo, diversas clases populares, incluida, por cierto, la clase obrera que juega un papel destacado. La participación real en el poder político de las clases y capas populares es lo que, en definitiva, asegura el carácter democrático, popular y antimperialista de este tipo de gobiernos y lo que garantiza el cumplimiento de la vía no capitalista.

—No es una alternativa distinta al socialismo, no es un tercer camino, sino que una política que conduce al establecimiento de la sociedad socialista.

—La vía no capitalista procede en aquellos países en que no existen condiciones que permitirían pasar mediante una rápida y drástica revolución directamente a la construcción socialista.

—Las controversias que se produzcan en el gobierno entre las diversas fuerzas políticas comprometidas en la vía no capitalista se resuelven por medios pacíficos y democráticos.

—La unidad de acción de las clases populares; el entendimiento de las fuerzas políticas que estén por un gobierno antimperialista y antioligárquico, democrático y popular, dispuesto a imponer la vía no capitalista son requisitos esenciales para el éxito de esta tarea.

—En nuestro país se vienen creando condiciones favorables para estos objetivos.

Los antecedentes expuestos permiten concluir:

1) La vía no capitalista de desarrollo fue elaborada por sectores progresistas de la DC para forzar una definición ideológica al partido y deslindar posiciones. Hasta entonces todos hablaban vagamente en la DC de sustituir el capitalismo, pero sin precisar cómo ni cuándo.

Tan pronto como se diseñó la forma de apartarse del capitalismo aparecieron de manifiesto las diferencias irreconciliables que hay en el seno de la DC entre defensores y adversarios del capitalismo.

Las fuerzas capitalistas, oligárquicas y proimperialistas que integran la DC son poderosas . Controlan el gobierno y el aparato partidario. Mientras esos sectores sigan dominando en el partido, combatirán encarnizadamente la vía no capitalista de desarrollo y esta seguirá siendo como hasta ahora una simple formulación de buenos propósitos. Aun cuando fueran desplazadas de la dirección del partido, seguirían su labor para hacer fracasar o impedir que prospere la meta no capitalista, y sus esfuerzos serán secundados con el mayor entusiasmo por la Derecha y el imperialismo. La campaña de "El Mercurio" y las recientes palabras del presidente de la Sociedad de Fomento Fabril así lo demuestran. Inevitablemente, los sectores progresistas de la DC deberán desprenderse del potente conglomerado reaccionario que existe en ese partido, si quieren perseverar en una posición no capitalista.

2) Tampoco se ponen de acuerdo los partidarios de la vía no capitalista.

Para algunos, ella tiende a sustituir el capitalismo por una sociedad comunitaria, pero también hay divergencias sobre el carácter y la naturaleza de ésta.

En cambio, para otros es una transición entre capitalismo y socialismo, es una etapa intermedia de desarrollo que conduce al establecimiento de una sociedad socialista. Volodia Teitelboim, dirigente del PC, dice que ni siquiera entre los comunistas existe unanimidad de interpretación respecto de la vía no capitalista.

3) Aun cuando reconocemos que la concepción de la vía no capitalista representa un serio esfuerzo de los elementos más radicales de la DC por darle a su partido una fisonomía progresista, por luchar contra el sistema capitalista y sus injusticias y acercarse y unirse a las demás fuerzas populares y de Izquierda, la tesis misma no nos provoca entusiasmo .

No es precisamente una vía revolucionaria, sino reformista. Puede variar la intensidad y profundidad de las reformas, pero en esencia mantiene la estructura capitalista basada en la propiedad privada de los medios de producción, en el lucro y en la explotación del trabajo asalariado.

Tampoco liquida nuestra dependencia del imperialismo, concretamente, el programa de la DC para iniciar la aplicación de la vía no capitalista en Chile tiene todas las características de la política que ensayaron antes los gobiernos del PR, con las desastrosas consecuencias conocidas.

Ademéis, como lo reconoce Cademártori, siempre existirá el peligro de retornar a la vía capitalista.

Por otra parte, el ejemplo de los países afroasiáticos que han intentado seguir la vía no capitalista no es aleccionador. En la mayoría de ellos los regímenes populares han sido derribados y se han instaurado gobiernos de fuerza, reaccionarios y proimperialistas. En otros imperan caudillos autoritarios que administran a sus países con criterio paternalista, sin que las masas o la comunidad tenga una participación activa ni en el poder político ni en las decisiones económicas o sociales. En todos ellos o en la generalidad —porque hay excepciones— subsisten diferencias y desigualdades de clases, y la oligarquía conserva su potencial económica y hasta su fuerza política, esperando agazapada que se presente una coyuntura favorable para asaltar el poder.

4) No es extraño que el PC chileno comulgue con la vía no capitalista de desarrollo y se jacte de tenerla incorporada a su programa desde hace años, porque ella calza y se ajusta a su concepción estratégica y táctica.

El PC no es partidario de la lucha armada para la conquista del Poder y la instauración de una sociedad socialista, y la "vía no capitalista" podría ser una forma de transacción pacífica, sin revolución violenta, al socialismo.

El PC confía en la posibilidad de que el pueblo llegue al Poder por la vía electoral, democrática, uniendo a todas las fuerzas que están por los cambios, incluyendo a la DC y radicales. Esta unidad resulta justificada pues todos estos sectores coincidirían en una plataforma ideológica y programática común, que sería la "vía no capitalista de desarrollo".

La "vía no capitalista de desarrollo" ha pasado a ser el punto de unión de todos los reformistas, de los que aspiran a cambios sin trastornos, sin insurrecciones, sin lucha armada. Vía no capitalista es el sustituto de vía armada, es el reemplazo de la auténtica revolución por el reformismo, es la frustración y la contención del espíritu revolucionario de los pueblos subdesarrollados y es el aplazamiento indeterminado de la revolución.

5) Los propios partidarios de la vía no capitalista admiten que para marchar por ella es necesario que previamente se cumpla un requisito o condición política esencial: que se forme un gobierno popular, en que las masas participen realmente en el poder político y la clase trabajadora juegue un papel destacado. Esto significa que para la aplicación de la vía no capitalista es preciso, primero, que el pueblo tome el Poder. Pero es ilusorio y utópico concebir que el imperialismo y la burguesía nacional cederán tranquilamente y sin lucha el Poder a las capas populares, para que luego éstas désete el gobierno liquiden el capitalismo y se liberen de la dependencia extranjera.

Finalmente, en el caso de que una coalición de "fuerzas no capitalistas" triunfara en las urnas y se dispusiera a poner en práctica su programa anticapitalista y antimperialista, tendría que enfrentar la resistencia implacable de los sectores imperialistas y capitalistas, y seguramente la rebelión del aparato militar-represivo de la burguesía, que se apoyaría en él para desbaratar reformas demasiado audaces del gobierno popular.

En definitiva, siempre será difícil o imposible soslayar o evitar la lucha armada, aun cuando se escoja la vía no capitalista.

JAIME FAIVOVICH


QUE SE ABRA DEBATE

Señor Director:

Acabo de tener conocimiento de los puntos más importantes del documento: "La vía de desarrollo no capitalista: estrategia revolucionaria para la transformación socialista de la economía", (síntesis publicada en "El Mercurio", 26/07/68), entregado por los directores nacionales del departamento sindical y campesino y por el presidente de la Juventud del PDC.

El documento me parece un aporte teórico importante en lo que se refiere a la formulación de una estrategia de desarrollo económico para el periodo de transición del capitalismo al socialismo. Una estrategia que, por primera vez dentro de la DC, formula en forma clara el problema de la lucha de clases.

"2.— Un sistema social y económico es forzado a abandonar sus moldes capitalistas de funciona, miento y entrar en una vía de desarrollo no capitalista mediante un acto político único y global que llamamos revolución.

3.—La revolución consiste en la toma del poder por las clases trabajadoras de la ciudad y del campo y en la mutación del Estado burgués en un estado popular que en sus instituciones políticas, administración pública, órganos Judiciales y aparatos represivos pasa a ser el principal y más eficaz instrumento de las clases trabajadoras en su lucha contra las clases hasta entonces dominantes "...

El documento señala más adelante que:

"... el período de transición contiene en sí una pluralidad de formas económicas diversas"... (y que). "Esta pluralidad no es una especie de co. existencia pacífica" entre los diversos sectores. A cada uno de estos sectores fundamentales —socialistas, de propiedad individual y capitalista— corresponden intereses de clases distintos y contradictorios; los de la clase obrera, los de la pequeña burguesía y los de la burguesía. Estas clases continúan en lucha en el período de transición y la competencia entre los distintos sectores económicos no es más que una manifestación de esta lucha de clases".

Por otra parte, se trata de un documento que reconoce la necesidad de una estrategia política correlativa a la estrategia económica:

"A nadie puede escapar que una estrategia de desarrollo como la descrita supone una estrategia política correlativa, referente a los siguientes puntos principales:

—Conformación de una unidad exhaustiva y dinámica de toda la fuerza popular en torno al proletariado de la ciudad y del campo;

—Estrategia para la toma revolucionaria del poder;

—Construcción del Estado popular (punto 3).

—Dirección política del período de transición.

Creemos que estos aspectos, sin embargo, no son intrínsecos a una vía de desarrollo no capitalista que debe ser entendida en su estricto rigor como una estrategia de desarrollo".

Este me parece el punto más débil y peligroso del documento. Por una parte se afirma la necesidad de una estrategia política correlativa a la económica, y por otro lado se dice que los diferentes aspectos de la estrategia política "no son intrínsecos a una vía no capitalista de desarrollo". ¿Por qué no abrir en su revista un debate acerca de la estrategia política que requiere la realización de la vía no capitalista de desarrollo?

Pienso que separar la estrategia económica de la estrategia política que requiere la realización de sin lanzarla jamás". ¿Qué sacamos con una maravillosa flecha si no hay nadie que la lance?

Ojalá esta carta no vaya sólo a llenar los archivos de la revista.

I.R.A.


Reforma agraria

MADURACIÓN SINDICAL CAMPESINA

EL TRABAJADOR agrícola chileno tiene plena conciencia de su derecho a la tierra que trabaja. En este sentido es un hombre de actividad revolucionaria puesto que su anhelo de liberarse de la tutela del patrón constituye un gesto contrario al sagrado derecho de propiedad y de desafío ante las leyes inhibitorias.

Esta conciencia no es pareja en todo Chile, pero se expande rápidamente en medio de una unidad, invisible todavía, que enlaza férreamente los intereses del inquilino de Cautín con el de Colchagua o los valles del norte. El campesinado es por lo tanto, y el gobierno está perfectamente conciente de ello, un barril de pólvora o un Frankestein que empieza a hacer movimientos que están fuera de programa.

En un sentido estricto, la Corporación de la Reforma Agraria y su vicepresidente, Rafael Moreno, han sido los únicos consecuentes con la filosofía que con respecto al problema de la tierra tiene el gobierno. La Reforma Agraria de la democracia cristiana estaba destinada a frenar una eventual revolución agraria y para ello era preciso crear pequeños propietarios (al modelo francés). En la consecución de este camino se ha tenido poco éxito porque no hay nada semejante a 100 mil nuevos pequeños propietarios, pero la CORA se sigue esforzando por frustrar los intentos de explotación colectiva de la tierra.

INDAP escapó al esquema de fondo alentado por el gobierno. Esto se debió a la dirección de Jacques Chonchol y a que como organismo nuevo pudo reclutar a una juventud seriamente motivada por la perspectiva de provocar un vuelco en el campo y un ascenso de la producción agrícola compatible con las cifras de consumo nacional.

El epílogo de Chonchol fue un "round" de la CORA o lo que es lo mismo, de las corrientes más derechistas dentro del Partido de Gobierno.

Pero la antinomia CORA-INDAP es más interesante aun cuando se la arranca del clima meramente funcionario y se la ve actuante tanto entre los campesinos que viven en asentamientos como entre los asalariados agrícolas y aún los pequeños propietarios.

Los asentamientos de la CORA que a los tres años deben dar nacimientos a nuevos pequeños propietarios, no sólo son pocos sino que provocan hoy escozor entre los propios asentados. La situación alegra a la derecha que cuenta así con munición de grueso calibre para disparar contra la Reforma Agraria, descalificándola como medio para aumentar la productividad y producción de la tierra chilena. Pero los campesinos, que han tenido tiempo de madurar sus propias ideas en torno a la reforma, defienden el proceso y al mismo tiempo indican soluciones y fórmulas destinadas a acelerar las expropiaciones de latifundios, mejorar los sistemas de crédito para las cooperativas agrícolas y asentamientos y corregir la pertinaz tendencia a la dirección paternalista de la CORA, que prescinde enteramente de la opinión del campesino.

Cuando la Central Campesina de la provincia de Colchagua se reunió para evaluar la marcha de la Reforma Agraria, indicó los errores y propuso las soluciones.

La Central, que agrupa a los sindicatos, cooperativas y asentamientos de la provincia, produjo un documento crítico que contiene datos fundamentales:

"1) La superficie total de la provincia de Colchagua es de 681.067 hectáreas, y la población rural es de 83.698 habitantes.

"2) El 2,1% de la población rural (300 familias) son dueñas de 604.216 hectáreas, lo que representa el 88,7% de la tierra de Colchagua.

"3) El 97,9 de la población rural, que representa a 13.600 familias campesinas con 81.919 personas, vive del 11,3% de la tierra que corresponde a 76.851 hectáreas.

"4) Este 11,3% de la tierra está repartido en la siguiente proporción: el 8% de la tierra pertenece a pequeños propietarios y a regalías de asalariados agrícolas. El 0,6% corresponde a cooperativas campesinas, y el 2,7% pertenece a la superficie expropiada, de la cual viven en asentamientos 735 personas".

El documento agregó luego: las cifras anteriores revelan que "la Reforma Agraria en nuestra provincia hizo un avance en 3 años del 2,7% del total de la tierra en manos de los latifundistas, lo que representa un avance de 0,9% por año".

"Está claro —añadió el informe— que quienes se perjudican con esta marcha indecisa de la Reforma Agraria son los campesinos, mientras los momios se benefician, aprovechándose precisamente de esta debilidad para acentuar la presión contra los dirigentes y activistas campesinos, presión que se manifiesta en amenazas, persecuciones, provocaciones de todo tipo, inclusive armada, y despidos masivos".

Y luego de estas declaraciones de índole general, el documento precisó sus críticas a la CORA a la que se le imputa extraordinaria lentitud en las tramitaciones de expropiación de latifundios. Estas críticas, que se encuentran hoy en todo el campo chileno, son el sello que ha impreso a la situación una política que se resquebraja por todas partes y que da la apariencia de no estar ni con Dios ni con el Diablo.

El elemento que provoca mayor frustración en los campesinos es la dirección "paternalista" de los funcionarios de la Corporación de la Reforma Agraria. El paternalismo comienza desde el momento de la elección de un predio para someterlo a expropiación. La CORA no consulta con los campesinos cuando decide expropiar un latifundio. Por el contrario, un día cualquiera se avisa a los hombres del campo que su antiguo patrón no tiene nada que ver con el predio y comienza entonces el desfile de los funcionarios de CORA. Pero estos funcionarios prosiguen con su modalidad de valerse por si mismos y no se reúnen ni discuten con los campesinos acerca de las cuestiones relativas a técnica agrícola, a administración o siquiera en torno a los problemas sociales derivados de su nuevo status de asentados.

La CORA en esta etapa, actúa como nuevo patrón y el campesino no tiene por qué ver diferencia entre el funcionario que llega al campo en su camioneta relampagueante y el viejo patrón que lo hacía en su flamante Chevrolet.

Este procedimiento desnaturaliza la necesaria participación del campesinado en la Reforma Agraria y lastra desde el comienzo la posibilidad de que aumente la capacidad del campesino para administrar por si mismo la tierra. Y el campesino, suficientemente despierto políticamente, reclama mayores atribuciones y se siente, potencialmente, capaz de sacar adelante una empresa agrícola.

La CORA espera resolver esta frustración con los nuevos pequeños propietarios que creará. Pero esos nuevos pequeños propietarios, amén de pocos, envuelven simultáneamente el despido de los asentados (aproximadamente un tercio del total) que no son escogidos para hacerse propietarios y que en calidad de parias abandonan el fundo que los albergó a veces por decenas de años para buscar empleo como asalariados en otros predios o bien, como obreros agrícolas, se ponen al servicio de los que hasta ayer eran sus compañeros de faena.

Los partidos de izquierda que actúan en el campo, confían en la agitación campesina como elemento básico para la maduración del asalariado agrícola. En este sentido, los campesinos que recorren el camino del despertar político hasta la resolución de tomarse la tierra, están suficientemente pertrechados como para administrar colectivamente un campo.

Al campesino trabajado por la CORA se le podrá ver propenso al apetito por la tenencia individual de la tierra. La Corporación de la Reforma Agraria realiza toda su acción con ese contenido y su propio paternalismo en la etapa del asentamiento, ayuda a configurar una mentalidad en el asentado que buscará la resolución de su problema por las vías sólo familiares.

Entre los campesinos que luchan por la tierra, en cambio, germina de manera espontánea la tendencia a explotar los predios de manera colectiva. Por otra parte, los líderes del grupo no son aquellos que mayor ansiedad demuestren por adquirir ventajas de, único y exclusivo corte individual sino aquellos que se ponen al frente de sus hermanos asumiendo todos los riesgos consiguientes.

Y la explotación colectiva de las tierra ha dado buenos resultados cuando ella se aplica sin paternalismos y con una auténtica participación de los campesinos. Algunos asalariados agrícolas han comprado tierras a los latifundistas para trabajarlas comunitariamente en experiencias que se desarrollan con éxito en las provincias de Bío-Bío, Colchagua y Aconcagua.

Sin embargo los tropiezos y la creciente marea de descontento que se propaga en el campo tanto entre los asentados como entre los campesinos sin tierra que viven y sufren el latifundio, no hará cambiar el enfoque general de la CORA, cuya filosofía difirió notablemente del pensamiento de INDAP, cuando Chonchol era allí el jefe. Ahora INDAP está bajo el comando de Luis Marambio, un hombre de confianza del Ministro de Agricultura, Hugo Trivelli, quien al igual que Moreno es ejecutor de la política oficial hostil a la propiedad y trabajo colectivo de la tierra.

¿Por qué esta acerba oposición a la propiedad colectiva?

Fundamentalmente porque campesinos hechos a una forma colectiva de producción no serán en ningún caso lo que se quiere de ellos: que sean enemigos de la revolución y el socialismo.

El Presidente John F. Kennedy no ponía otro interés en esta empresa que evitar una revolución agraria.

El gobierno demócrata cristiano sigue esta línea general, obstaculizada sobremanera por la escasez de recursos financieros y el temor a encender la cólera abierta de la ultraderecha. En un panorama de esta especie era fatal que, tarde o temprano, Jacques Chonchol desapareciera del cuadro. Pero si toda esperanza de una real Reforma Agraria alentada por el gobierno se esfuma, constituye un hecho cierto que el campesinado despertó ya del todo v que camina con sus propios pies.

Por eso el documento de la Central "El Triunfo Campesino", de Colchagua, que agrupa a una mayoría de asalariados agrícolas demócratas cristianos, afirmó: "En nuestra provincia las cooperativas campesinas surgen respondiendo a una verdadera necesidad. Se puede asegurar que la cooperativa campesina es una creación de los campesinos para organizarse, lograr la tierra y desarrollarse.

"La Central Campesina propone que debe operar la expropiación por parte de la CORA con transferencia de la tierra a las cooperativas campesinas".

RAFAEL PINO


Tribuna teórica

LUCHA ELECTORAL: UNA FORMA DE LUCHA DE CLASES

EN el artículo anterior acerca de la lucha de clases (PF. 70) sosteníamos que no toda lucha entre los obreros y los patrones era una lucha de clases. La lucha de clase del proletariado es la lucha que pone en juego sus intereses de clase, es decir, la supresión del régimen de explotación en que vive. Para pasar a constituir una verdadera lucha de clases, la lucha entre obreros y patrones debe enfrentar la clase obrera a la clase capitalista, es decir, los sectores más significativos del proletariado de un país a los sectores mes significativos de la burguesía. Además, y esto es lo esencial, debe pasar de las simples reivindicaciones económicas a la puesta en cuestión de la estructura económica de explotación y de la superestructura política que permite la reproducción de este sistema de explotación. Sólo entonces se puede hablar de una verdadera lucha de clases. Este es el sentido de la afirmación de Marx: Toda lucha de clases es una lucha política.

FRENTES DE LUCHA Y FORMAS DE LUCHA

La lucha de clases o lucha política, en el sentido de puesta en cuestión del sistema global de explotación, puede darse a distintos niveles: económico, ideológico y político.

Aquí es necesario señalar que no se debe confundir el nivel de LO POLÍTICO (es decir, el nivel que se refiere a la superestructura política de toda sociedad) con LA POLÍTICA (es decir, el campo de la acción política, de la lucha de clases).

La acción política debe estar dirigida a cambiar la estructura global de la sociedad, pero, para hacerlo, debe luchar por la transformación de las distintas estructuras regionales (económica, ideológica, jurídico-política) que configuran esta estructura global.

Ahora bien, en cada uno de estos frentes la lucha de clases puede tomar distintas formas: legal o ilegal, pacífica o violenta.

Examinemos algunas de las formas de lucha del proletariado en los distintos frentes:

En el frente económico, por ejemplo, huelgas, marchas del hambre, disminución del ritmo de trabajo, tomas de fábricas, etc.

En el frente ideológico: publicaciones, emisiones de radio y televisión de orientación revolucionaria; utilización revolucionaria de las concentraciones políticas y campañas electorales, etc.

En el frente político: lucha electoral, insurrección armada, guerra popular (con sus distintas formas: guerra de guerrillas, guerra de posiciones y guerra de movimientos) etcétera.

EL MARXISMO Y LAS DISTINTAS FORMAS DE LUCHA

Veamos ahora cuáles son, según Lenin, las exigencias fundamentales que todo marxista debe presentar al examinar la cuestión de las formas de lucha.

"En primer lugar, el marxismo se distingue de todas las formas primitivas del socialismo en que no liga el movimiento a una sola forma determinada de lucha. El marxismo admite las formas de lucha más diversas; además, no las "inventa", sino que generaliza, organiza y da un carácter consciente a las formas de lucha de las clases revolucionarias que surgen por sí mismas en el curso del movimiento. Enemigo absoluto de toda fórmula abstracta, de toda receta doctrinaria, el marxismo exige que se preste mucha atención a la lucha de masas que se está desarrollando, la cual, a medida que el movimiento se extiende, a medida que crece la conciencia de las masas, a medida que las crisis económicas y políticas se acentúan, engendra procedimientos siempre nuevos y siempre más diversos de defensa y ataque. Por esto, el marxismo no rechaza de plano ninguna forma de lucha. El marxismo no se limita, en ningún caso, a las formas practicables y existentes sólo en un momento dado, sino que admite la aparición inevitable de formas de lucha nuevas, desconocidas de los militantes de un período dado, al cambiar la coyuntura social. El marxismo, en este sentido, aprende, por así decirlo, de la práctica de las masas, y no pretende enseñar a éstas las formas de lucha inventadas por "sistematizadores" de gabinete. Sabemos —decía, por ejemplo, Kautsky, al examinar las formas de la revolución social— que la próxima crisis nos aportará formas nuevas de lucha que no podemos prever ahora.

En segundo lugar, el marxismo exige que la cuestión de las formas de lucha sea considerada desde un punto de vista absolutamente histórico. Plantear esta cuestión fuera de la situación histórica concreta significa no comprender ni el abecé del materialismo dialéctico. En los diversos momentos de la evolución económica, según las diferentes condiciones políticas, la cultura nacional, las costumbres, etc., aparecen en primer plano distintas formas de lucha, que se hacen preponderantes, y en relación con esto se modifican, a su vez, las formas de lucha secundarias, accesorias. Querer responder sí o no a propósito de un determinado procedimiento de lucha, sin examinar en detalle la situación concreta del movimiento dado, en el estado dado de su desenvolvimiento, significa abandonar completamente el terreno del marxismo.

Estos son los dos principios teóricos fundamentales que deben guiarnos". [2]

Por lo tanto, el marxismo admite que la lucha de clases puede tomar distintas formas, sostiene que el papel que puede desempeñar una forma determinada de lucha sólo puede ser juzgado a partir de la coyuntura política de ese momento, y, por último, que es el partido marxista-leninista el que debe "generalizar, organizar y dar un carácter consciente a la lucha de las clases revolucionarias". El partido debe determinar en cada momento cuál es la forma de lucha que debe ocupar el papel principal, y cómo deben subordinarse las otras formas a la forma principal. Proclamar que todas las formas de lucha son aceptadas por el marxismo no exime al partido revolucionario de decidir cuál de estas formas debe ser utilizada de manera preponderante y cómo organizar las demás formas para apoyar a ésta.

EL PARTIDO MARXISTA-LENINISTA:
ESTRATEGIA Y TÁCTICA EN LA LUCHA DE CLASES

En varios artículos anteriores hemos insistido en un punto que es esencial a la teoría marxista: la conciencia de clase no es algo que se da espontáneamente en el proletariado. La clase obrera vive sometida a la ideología dominante y no puede, por sí sola, adquirir conciencia de clase y defender sus propios intereses de clase; necesita ser armada de la teoría marxista para poder liberarse de las deformaciones ideológicas producidas por la acción de la ideología dominante y descubrir su verdadera vocación revolucionaria. El papel fundamental del partido de la clase obrera en la concepción marxista es precisamente éste: permitir la fusión de la teoría marxista y del movimiento obrero, constituirse en su vanguardia, en su guía.

Un partido marxista-leninista no debe limitarse a seguir las formas de lucha que aparecen espontáneamente en las masas trabajadoras. Debe elevar estas formas de lucha hasta que se transformen en los medios más adecuados para la realización de sus intereses de clase.

Ahora bien, no siempre los intereses de clase pueden realizarse de manera inmediata. A veces es necesario pasar por una primera etapa en que sólo se prepara el terreno para realizar estos intereses de clase. En una primera etapa, por ejemplo, el proletariado podría unirse al campesinado y a ciertos sectores populares para realizar tareas democrático-burguesas. Luego, en una segunda etapa, después de haber demostrado su capacidad como fuerza dirigente en las tareas democrático-burguesas, el partido del proletariado apoyado en las masas populares puede realizar la tarea de la supresión definitiva de la explotación social. Este ha sido, por ejemplo, el caso de la revolución china y de la revolución cubana.

Por lo tanto, suponiendo la necesidad de una primera etapa de lucha, etapa que probablemente no sería necesaria en los países de desarrollo capitalista avanzado, todo partido revolucionario debería fijarse un programa mínimo, en el que figurarían las metas de la primera etapa y un programa máximo que realizaría finalmente la supresión de toda explotación.

Ahora bien, fijado el programa mínimo propio a la primera etapa de desarrollo de la lucha de clases, se hace necesario el establecimiento de una estrategia general de lucha para conseguir estos objetivos. Es aquí donde se produce la primera división importante de la izquierda latinoamericana. Los partidos comunistas de línea soviética, que estiman que la estrategia general para A.L. es la lucha por medios pacíficos, y los partidos que piensan que la única salida para Al. es la lucha armada (foco guerrillero o guerra popular prolongada según sea la orientación de estos partidos o grupos revolucionarios).

Pero no basta establecer una estrategia general para cumplir estos fines estratégicos es necesario poder movilizar a las masas, ya que sin participación de las masas no hay revolución. Y para movilizar a las masas es necesario partir de sus intereses espontáneos inmediatos. No se puede proponer a las masas fórmulas abstractas, es necesario proponerles fórmulas concretas de acción de acuerdo a la coyuntura política de cada momento.

Estas fórmulas concretas de acción constituyen las diferentes tácticas de un partido. Las consignas políticas no son sino frases cortas, que tienen la función de idea-fuerza, en que el partido sintetiza estas fórmulas concretas de acción.

Sólo un partido que tiene contacto con las masas, que conoce sus intereses inmediatos, que conoce su potencial revolucionario, puede establecer las consignas tácticas adecuadas a cada momento histórico. La justeza de las posiciones tácticas de un partido revolucionario hace que las masas lleguen a reconocerlo como su vanguardia. Es en la lucha y no en las declaraciones donde se reconoce la verdadera vanguardia revolucionaria.

Los partidos que no tienen contacto con las masas tienden a lanzar consignas abstractas que pueden ser correctas desde el punto de vista estratégico, pero que carecen de significación para las masas ya que no aparecen ligadas de ninguna manera con sus intereses espontáneos inmediatos.

LAS ELECCIONES: UNA FORMA DE LUCHA

El desarrollo anterior nos permite localizar en forma adecuada el problema de las elecciones .

La lucha electoral es una de las tantas formas de lucha que puede tomar la lucha de clases en una coyuntura política determinada.

La elección o rechazo de esta forma de lucha es un problema que debe ser resuelto a nivel de cada coyuntura política concreta. No sería marxista utilizar la consigna: "NO A LAS ELECCIONES" como una consigna independiente de la coyuntura política de un determinado país. Algunos grupos políticos piensan que la consigna "no a las elecciones" o "abajo las elecciones" es la única consigna consecuente con la estrategia general de la lucha armada. El error de estos grupos es no distinguir entre la estrategia general del movimiento revolucionario y las formas tácticas de ir avanzando para realizar esta estrategia.

No es a nivel de la estrategia general sino a nivel de la táctica concreta a adoptar en un momento determinado donde debe plantearse el problema de la participación o no participación electoral. Y para poder determinar cuál es la actitud que se debe adoptar es necesario conocer bien la coyuntura política, es decir, conocer bien el estado de las fuerzas sociales, el grado de madurez de las fuerzas revolucionarias, la forma en que las masas interpretan el proceso electoral, las posibilidades de propaganda que este proceso significa, etc.

Estudiando la forma en que actuó el partido bolchevique frente a las tres Dumas de Estado (primeros esfuerzos del régimen zarista por establecer una monarquía constitucional) podemos obtener ciertos criterios que pueden ser aplicados al estudio de diferentes coyunturas políticas.

Los bolcheviques deciden boicotear la primera y la segunda Duma y, sin embargo, deciden participar en la tercera Duma. ¿Indica este cambio de táctica una actitud inconsecuente por parte de los bolcheviques?

Veamos lo que dice Lenin respecto a las elecciones:

Las razones para boicotear las elecciones no pueden basarse en el carácter reaccionario del parlamento. Todo parlamento en una sociedad de clases tiene un carácter reaccionario.

"Un socialdemócrata de óptica marxista no deduce la necesidad del boicot de la intensidad del carácter reaccionario de una u otra institución, sino de la existencia de condiciones de lucha particulares en presencia de las cuales... es aplicable el medio original que se llama boicot". [3]

Ahora bien, si el carácter reaccionario de la institución no es una razón para boicotear la Duma de Estado, ¿qué otras razones pueden existir?

Veamos cuáles son las razones que Lenin considera para aprobar la táctica de boicot de la primera Duma (la Duma de Bouliguine). 1º El zar propone la convocación de la Duma, "institución representativa" con poder consultativo, en agosto de 1905, después de un período de revolución sangrienta iniciado el 9 de enero, cuando una manifestación popular pacífica encabezada por el pope Gapone llega a ser reprimida por las armas causando gran cantidad de victimas. A este hecho se sucede un período de huelgas generales y de motines de las tropas, como el del acorazado Potemkin. Existía, por lo tanto, un clima revolucionario muy amplio y generalizado. 2º La Duma de Bouliguine representaba el primer esfuerzo del régimen zarista por salir del absolutismo y plantear un primer esbozo de constitución, una constitución de tipo monárquico. Se trata, por lo tanto, de una lucha no dentro del cuadro de una institución ya establecida, sino de una lucha contra su introducción. Por estas razones el partido bolchevique decide lanzar la consigna de boicot activo a la Duma.

La campaña de boicot fue utilizada por los bolcheviques para la movilización de todas las fuerzas revolucionarias, la realización de huelgas políticas de masas y la preparación de la insurrección armada. El resultado fue que las elecciones no tuvieron lugar y el gobierno no pudo convocar a la asamblea.

Algunos meses después, en la primavera de 1906, se anuncia la convocación de la segunda Duma, ahora con poderes legislativos. Después de considerar la nueva situación política y por las mismas razones anteriores, salvo el reconocimiento de un cierto descenso en el impulso revolucionario de las masas, debido a la fuerte represión política, se decide nuevamente el boicot. Este fracasa, no se logra movilizar suficientemente a las masas como para impedir la creación de la Duma. Esta Duma fue disuelta algunos meses después, por desilusionar las esperanzas que había puesto en ella el gobierno.

En 1907, el gobierno llama a participar en una tercera Duma. Los bolcheviques cambian su posición táctica y deciden participar en esta Duma. ¿Cuáles son las razones que ahora los deciden a participar?

1º La institución ya había sido introducida con el triunfo de la segunda Duma; 2º La coyuntura política se caracterizaba por una pausa revolucionaria, una serie de llamados a la lucha habían quedado sin eco en las masas. Ni las manifestaciones más drásticas y directas del poder reaccionario contra el movimiento revolucionario provocaron la menor réplica por parte de las masas; 3º Los medios de propaganda están muy limitados y la Duma ofrecía una buena plataforma de propaganda para las ideas revolucionarias.

Frente a esta nueva coyuntura Lenin opina:

"¿No queda claro que en una tal situación objetiva una consigna así lanzada (boicot a la Duma) corre el riesgo de caer en el vacío? Cuando la lucha está en plena marcha, crece y se eleva en todas partes, entonces la "consigna" es justa y necesaria, entonces el llamado a la lucha es el deber del proletariado revolucionario. Pero no se puede inventar esta lucha ni provocarla por un solo llamado". [4]

Después de este análisis se decide la participación en la Duma.

De lo dicho anteriormente debemos concluir que la participación en las elecciones es una medida táctica que puede ser aceptada o rechazada, no en relación a una estrategia general de lucha, sino en relación a las condiciones objetivas presentes en una determinada coyuntura política.

CONDICIONES QUE DEBEN SER CONSIDERADAS PARA
LA ACEPTACIÓN O RECHAZO DE LA LUCHA ELECTORAL

Enumeraremos las condiciones que creemos que deben ser consideradas para decidir si se apoya o boicotea las elecciones:

1º) La existencia o no existencia de un espíritu revolucionario actual en las masas.

2º) La existencia o no existencia de un régimen parlamentario ya establecido.

3º) La existencia o no existencia de condiciones económicas que anuncien explosionas revolucionarias.

4º) El grado en que las masas creen todavía en la forma parlamentaria para conseguir la realización de sus intereses.

Sólo teniendo en cuenta estas condiciones la decisión a favor o en contra de las elecciones tendrá una basa objetiva.

Analicemos ahora el movimiento de mayo de 1968 en Francia y veamos si el Partido Comunista francés tuvo una correcta actitud táctica al llamar a participar en las elecciones de julio que tenían por finalidad constituir una nueva Asamblea después que De Gaulle había disuelto la anterior.

¿Cuál era la situación en Francia cuando se llama a elecciones? Existía una huelga general, los trabajadores de los más importantes sectores de la producción se habían tomado las fábricas y habían producido una parálisis general en todo el país. El gobierno se encontraba absolutamente debilitado.

Existían, por otra parte, condiciones económicas objetivas que explicaban el movimiento general de huelgas y toma de fábricas. Francia, en relación a los otros países de Europa occidental tenía una estructura económica capitalista menos desarrollada, su nivel tecnológico era más bajo, sus productos no podían, por lo tanto, competir en cuanto a precios y a calidad se refiere con los productos de los otros países. Para poder formar parte del Mercado Común, Francia debía, por lo tanto, buscar los mecanismos que le permitieren competir en el mercado europeo. Debía, a toda costa, aumentar su productividad para lograr bajar los precios. Pero, el aumento de la productividad del trabajo sólo puede hacerse por dos medios: el perfeccionamiento técnico de las industrias con su efecto correspondiente: el despido masivo de gran cantidad de trabajadores que ahora dejan de ser necesarios, o el aumento de las cadencias del sector trabajador para hacerlo rendir más en el mismo tiempo de trabajo. La cesantía cada vez mayor y la mayor explotación de los trabajadores que todavía permanecían en sus puestos era el precio que la clase obrera pagaba para que la clase capitalista francesa pudiera participar en el mercado común. Existían, por lo tanto, un descontento masivo en los sectores trabajadores que explica la extensión que tomó el movimiento de huelgas y toma de fábricas.

Por último, en la lucha los obreros habían logrado desenmascarar a la burocracia sindical reformista y no aceptaban las decisiones que tomaban sus representantes, exigían que las bases fueran consultadas. De hecho, habían rechazado las soluciones conciliatorias del gobierno.

Es en ESTA COYUNTURA POLÍTICA DETERMINADA donde el PC francés lanza el llamado a la participación electoral. ¿Acaso no es ésta una franca traición al movimiento revolucionario?

La participación o la no participación electoral es, por lo tanto, un problema complejo que debe ser resuelto mediante el estudio de la coyuntura política actual de cada país.

Ahora bien, en el caso de decidir que la táctica adecuada a la coyuntura política es la participación en las elecciones, esta participación debe seguir ciertos principios marxista-leninistas esenciales.

1º) Reconocimiento del carácter burgués del parlamento.

2º) Campañas utilizadas para aclarar ideológicamente al pueblo, para educarlo, para desenmascarar los intereses de clase que representan los otros partidos, para señalar la necesidad de preparar otro tipo de lucha que entregue verdaderamente el poder a los trabajadores, etc.

3º) En un parlamento burgués el partido del proletariado no puede ser sino un partido de extrema oposición.

"Los socialdemócratas deben mirar la Duma como uno de los instrumentos de la revolución y, resuelta, abierta y claramente deben introducir su consistente concepción revolucionaria en las masas. Deben comprometerse en la agitación, propaganda y organización para desarrollar la revolución y explicar a las masas que otra gran lucha fuera de la Duma se haré| inevitable". [5]

Si se abandonan estos principios, si las elecciones dejan de ser un medio de lucha revolucionaria para transformarse en un fin en sí, se traicionan los más elementales principios del marxismo y con ello se traiciona al proletariado.

En el caso de decidir la no participación en las elecciones, también se requiere cumplir con ciertos requisitos para que represente una posición táctica revolucionaria.

De ninguna manera puede aceptarse el boicot pasivo, es decir, la mera declaración de que no se debe participar en las elecciones. Esta actitud de boicot pasivo sólo sirve a las clases dominantes. El boicot como táctica revolucionaria no puede ser sino activo. Lenin lo describe de la siguiente manera: "En contra de la abstención pasiva, el boicot activo debe implicar la multiplicación de nuestra agitación, la organización de reuniones en todos los lugares en que sea posible, la utilización de las reuniones electorales aunque se deba penetrar en ella por la fuerza, la puesta en pie de manifestaciones, de huelgas políticas, etc., etc.". [6]

NEVA


Crítica

EN LA MUERTE DE THOMAS MERTON

SOLITARIO en el bosque, el poeta y monje trapense norteamericano, Thomas Merton, alcanzó a vivir 27 años dentro de la Trapa, en la Abadía de Gethsemani, de la Orden Cisterciana, al sur de Bardstown, en Kentucky. Hace algunos meses, Merton salió temporalmente del monasterio con destino al lejano oriente, a fin de asistir a varias conferencias sobre cuestiones religiosas. Pero el martes 10 de diciembre de 1968, según la información difundida por el cable, el filósofo, teólogo y poeta, encontró absurdamente la muerte en Bangkok, al mover un ventilador eléctrico y tocar su hilo, provocando de ese modo un cortocircuito fatal.

En una entrevista exclusiva que Merton concedió a PUNTO FINAL, en la primera quincena de septiembre del año pasado, el poeta trapense dijo: "...para mí, la vida del monasterio es de protesta e iconoclasia. Esto no es simple, pues el monasterio es una institución. Se me conoce como crítico de las instituciones, incluyendo las católicas. Ahora vivo solitario en el bosque, pero mantengo contacto con grupos de poetas izquierdistas, pacifistas, hippies, en todo el mundo... Mi posición es no dogmática, existencialista, cristiana en un sentido evangélico no conformista. Y se podría decir que mis ideas se aproximan al humanismo de alguien como Albert Camus...; en muchos aspectos estoy más cerca de él que de los cristianos rígidamente doctrinarios, cuyo cristianismo es principalmente una celebración de la cultura "cristiana" burguesa y del statu quo".

Thomas Merton dejó una serie de obras —más de 18—, en las cuales se refirió a la crisis del cristianismo, la bomba atómica, la necesidad de una resistencia no violenta activa, la sociedad norteamericana "peligrosamente enferma" y claustrada en la red de la tecnolatría y del dinero.

Este poeta, "horrorizado por la deshumanización de la vida moderna" (según visión del escritor nicaragüense Pablo Antonio Cuadra), en carta del 6 de octubre de 1965, describió de este modo a la civilización estadounidense: "No estoy orgulloso de la civilización norteamericana. Es algo monstruoso, un desastre. Hay mucha gente joven, inteligente, radical, que no quiere aceptar todo esto. Pero su protesta no vale nada. Estamos presos en una máquina gigantesca, inhumana, algo espantoso para el resto del mundo que lastimosamente quiere imitar el progreso técnico de este país. La técnica sí, pero, ¿cómo evitar esa misma barbaridad?".

Algunos meses más tarde, el 14 de marzo de 1966, Thomas Merton nos advertía: "Vivimos en un estado y en un tiempo de la peor barbaridad y estamos en el punto de ver cosas terribles". Por medio de una letra chica y pareja, y en un español con incorrecciones, que a veces le daban un aire de mayor libertad, el monje insistió: "Te doy la mano a ti y a todos los de allá, en solidaridad; pero no tengo esperanzas optimistas. Sin embargo, creo que el destino de la América del Sur estará por fin muy grande. Mas no creo que lo voy a ver yo. Ahora, bueno, me marcho al hospital para una operación en la Columna vertebral, lo que es un poco delicado".

Merton confidenciaba muchas veces a Ernesto Cardenal y le aseguraba que se sentía fuertemente ligado al destino de Latinoamérica. "No soy yo poeta norteamericano; más bien sudamericano. Me siento más cerca de ellos por la sensibilidad, la ironía, el punto de vista político".

Tom Merton combatió siempre la guerra de Vietnam —"una de las grandes tragedias y fracasos humanos del siglo XX"—, en la cual él vio siempre "un signo de la bancarrota intelectual, política y moral de los Estados Unidos, que es al mismo tiempo el más formidable poder tecnológico y militar en la historia del mundo".

Discutiendo sobre una serie de aspectos de la vida y la política de USA, nos llegó a decir, desde la abadía de Gethsemaní, donde a medianoche —luego de trabajar la tierra— los monjes "se levantan al Coro y cantan los salmos bíblicos entre las sombras": —No pienses que estoy de acuerdo con este animal de Johnson.

En su Diario de vida monástica, este poeta y autor de numerosos ensayos filosóficos, dejó registrado el paso de "dos monoplanos anticuados" sobre el monasterio, metiendo mucho ruido, "y detrás de ellos una gran garza"; habló de Alfonso Reyes y Neruda, y Cardenal, y los poetas brasileños: Manuel Bandeira, y Jorge de Lima ("cuyo amor es a los hombres"). Dijo que las cosas son a menudo como queremos que sean. Y también recordó a Karl Marx: "...era un gran diagnosticador. Conoció la enfermedad del hombre moderno que se ve gobernado por las cosas y el dinero y por las máquinas... Su análisis de la sociedad es un análisis agudamente intuitivo de la inconsistencia. Nadie más listo para descubrir las ocultas contradicciones de toda ideología, de toda estructura social".

Es ahora imposible adaptarse a la idea de la muerte de este hermano lejano, quien no logró contestar las cartas que de todo el mundo le enviaban; editores, estudiantes en desesperación, locos y mujeres tristes.

Me parece verlo a medianoche, como una sombra blanca y encapuchada, en dirección al Coro y abrir los salterios y los antifonarios y cantar sus salmos hasta el amanecer.

HERNÁN LAVEN CERDA


Tribuna

EL LÍDER EN LA REVOLUCIÓN

LA necesidad revolucionaría de contar con líderes se ve entorpecida a menudo por la lucha contra el "culto" a la personalidad que viene desarrollándose desde hace años por parte del movimiento comunista.

El problema del "culto", sin embargo, no ha sido tratado en su verdadera dimensión y significado. Se ha creado en cambio un complejo entre las fuerzas revolucionarias respecto al líder que es explotado hábilmente por la propaganda reaccionaria. La ninguna generosidad, además, que caracterizó las etapas más agudas de la polémica chino-soviética, ahondó los aspectos traumatizantes del problema del "culto". Ambos factores, de hecho, han adulterado su esencia real.

La lucha contra el "culto" se inició junto con el anunció de la "liquidación" del stalinismo. Pero la verdad es que el stalinismo en lo que significó en cuanto a perversión de los métodos del marxismo-leninismo, no ha sido jamás liquidado en todos sus aspectos. En cambio, se originó una corriente en el movimiento comunista de negativa Influencia para la revolución. Algunos síntomas rectificadores parecieran advertirse en la declinación (¿aparente o real?) del tono insultante en la polémica chino-soviética, y en el endurecimiento (¿real o aparente?) de la política de la URSS respecto del imperialismo y sus maniobras.

Al combatir el "culto", no tocaron los verdaderos problemas que éste había engendrado. El principal era la falta de una auténtica democracia interna partidaria, tal como la concibió y practicó el leninismo. Esa ausencia impedía enriquecer la vida del partido con el pleno florecimiento de las capacidades de sus militantes, y dio origen a otros problemas no menos graves. La audacia y la falta de escrúpulos reemplazaron a la moral revolucionaria. El círculo dirigente necesitó rodearse de cuadros obedientes. El adicto desplazó al militante. Un paso llevó a otro y así se crearon aparatos burocráticos privilegiados, muchas veces ineficaces. La burocracia partidista, a su vez, tenía que crear sus propias formas de defensa y surgió el sectarismo. Se anuló el desarrollo de la personalidad revolucionaria del militante. Nació el chovinismo del gran partido y como consecuencia lógica se atentó contra la independencia y el respeto mutuo, vulnerándose el internacionalismo proletario y la dignidad de quienes elaboraban líneas propias.

Estos auténticos problemas, superiores al "culto" que era sólo la cubierta de una caja de Pandora, sobrevivieron en no escasa medida a la presente "liquidación" del stalinismo.

La lucha contra el "culto" corre el peligro de convertirse en un culto en sí mismo, destructivo de formas políticas imperiosas en el socialismo. Recientes hechos parecen demostrar que detrás del combate al "culto" se escondían poderosas piezas de artillería que disparaban contra la dictadura del proletariado . En algún sentido —que resulta fácil apreciar en Europa oriental—, la dictadura del proletariado está cayendo en el desprestigio como la forma de poder insustituible en la edificación del socialismo. Reverdecen tendencias revisionistas que ponen en peligro el avance, la consolidación y victoria del socialismo .

EL ANTI-LIDER

Esta situación —posiblemente— ha sido fomentada por la estructura que los partidos responsables heredaron del stalinismo. Los viejos cuadros obsecuentes y sectarios tuvieron su oportunidad en la lucha contra el "culto". Destruyeron las estatuas, retratos y hasta la tumba del ídolo. Pero no podían ellos, a su vez, dotarse de una formación ideológica autónoma y creadora —imprescindible en los líderes— de la cual carecían. La elevación a primer plano del burócrata que había renunciado a pensar para asegurarse un lugar en el escalafón partidista, sacó a luz un dirigente por completo ajeno a las masas.

El anti-"culto" llevó a una standardización de los dirigentes. El automóvil negro con las cortinillas corridas ha pasado a ser un símbolo del dirigente comunista en muchos países. Las masas solamente lo ven —a centenares de metros— en los actos oficiales. El dirigente es desconocido y por lo tanto incapaz de motivar a su pueblo para grandes empresas. Los cambios, remociones y golpes de mano en el seno de los comités centraba no inquietan al pueblo que acepta con la misma indiferencia toda novedad de ese carácter. Pudiera alegarse que ello demuestra una fe ciega en el partido. Pero sería un argumento que no justifica en modo alguno la desconexión dirigente - masa y que deja en pie el problema sustantivo, o sea, la escasa identificación real del pueblo con quienes dirigen la construcción socialista.

Las formas exageradas del "culto", el super-"culto", parecieran llevar por distinto camino al mismo resultado. Surge, en cambio, como necesidad revolucionaria objetiva cierto grado de "culto", aplicable a la movilización de las masas.

El marxismo-leninismo, es cierto, nos enseñó a pensar en categorías de masas. Pero nunca se propuso desdeñar el papel del individuo ni la calidad determinante del líder. Por el contrario, la ideología revolucionaria hace hincapié constante en la formación del cuadro militante y radica su fuerza en la conciencia individual, en la entrega consciente, personal, a la causa revolucionaria.

La ideología trabaja sobre cada persona para aglutinarla a la masa. Incapaz el ser individual de cambiar la sociedad por sí solo, se vuelve poderoso cuando forma parte de una masa animada en su conjunto e individualmente por la ideología revolucionaria.

En este esquema el papel director del líder viene a resultar insustituible. El reúne en sí mismo toda la carga revolucionaria que alberga la masa, la representa individual y colectivamente, saca a flote la corriente inmersa de anhelos y voluntades, produce la motivación y echa a andar la decisión que la ideología y la organización por sí misma no podrían mover.

La actuación de Lenin en los días de octubre, imponiendo la acción que muchos juzgaban precipitada, tomando sobre sí la responsabilidad de poner en marcha a las masas revolucionarias que, a la vez, confiaban en él, es una excelente prueba del papel que juega el líder.

La ausencia del líder, en cambio, en su resultado paralizador del proceso revolucionario, podría apreciarse gráficamente, entre otros factores, en lo que está sucediendo en América latina y, desde luego, en nuestro propio país.

Che Guevara seguramente habría llenado ese vacío que padecen numerosos países latinoamericanos. Como cabeza dirigente de un movimiento continental, el Comandante Guevara habría podido capitanear nuestro vasto potencial revolucionario. Aunque su asesinato en Bolivia ha significado un durísimo golpe, pero de ningún modo el término de la lucha armada continental, ha replanteado sin embargo el problema de la carencia de líderes adecuados.

LO QUE NECESITA AMÉRICA LATINA

América latina necesita dirigentes revolucionarios que conquisten la adhesión y se hagan depositarios leales de la fe de sus pueblos.

Fidel Castro lo consiguió en Cuba luchando contra una y otra derrota. No sólo fue capaz de conducir a la victoria la rebelión armada sino que, además, sus condiciones de líder le permiten hoy movilizar a los cubanos en las enormes tareas de la construcción socialista. Lo sabe hacer sin utilizar las formas penosas del "culto". El pueblo cubano ve en él al mejor camarada, al más apto para dirigir, al líder que simboliza la unidad popular dispuesta a derrotar las agresiones externas y a consolidar el socialismo.

Algo similar ocurre con los dirigentes de Vietnam y Corea, Sus líderes marchan a la cabeza de una voluntad nacional antimperialista y con su ejemplo son capaces de incitar a sus pueblos a brindar sin debilidades cuotas admirables de sacrificio.

Entre esta clase de líderes y sus pueblos , existe una comunicación constante, directa, personal, que ha logrado formar una corriente mutua de confianza e influencia recíproca. El líder auténtico pasa a ser de hecho un ser despersonalizado en cuanto deviene multitudinario. Conserva y acentúa muchas veces sus características originales, pero su pensamiento y acción traducen los contornos multiformes de la masa. Cuando el pueblo siente que es así, el dirigente se convierte en líder rodeado de respeto y cariño. Está en condiciones de capitanear y de ser obedecido conscientemente. El movimiento revolucionario comandado por líderes auténticos adquiere proporciones que garantizan su victoria. El Estado socialista conducido por un auténtico líder puede afrontar con éxito toda la difícil etapa de la construcción socialista, aplastando a sus enemigos internos y externos.

Por lo tanto, hay que reivindicar el papel del individuo en el esquema de la ideología revolucionaría. No se trata aquí —por cierto— de la ambigüedad creada por algunos pensadores de corrientes conservadoras del marxismo. El "humanismo marxista" en cierto modo ha corroído con su dulzonería los auténticos soportes humanos que sostienen la ideología del proletariado. Se quiso pintar de rosado a la revolución; ocultar que ella se propone destruir el Estado de las clases opresoras; que para ello el proletariado está obligado a hacer uso de la violencia; que en la construcción del socialismo se hace necesario rodear al nuevo Estado de fosos y campos minados que lo protejan del revanchismo enemigo; que esa fortaleza es la dictadura del proletariado; que el proletariado pasa a ejercer el poder para no devolverlo jamás a la burguesía.

El "humanismo marxista" si bien ha permitido acciones tácticas como el diálogo con los católicos, por ejemplo, ha servido a su vez de puente para que por él transiten de regreso las influencias de la ideología burguesa. En ese sutil combate de posiciones para llegar a la conquista pacífica del rival, hay que reconocer que la burguesía va ganando la batalla. El revisionismo con su política reformista y claudicante es un trofeo que con toda razón pueden lucir como suyo la burguesía y el imperialismo. El dogmatismo —paradójicamente— es fruto del mismo problema. Las formas asumidas por el dogmatismo lo llevan a aislarse en definitiva de los movimientos revolucionarios y a sembrar la desconfianza en el campo socialista. O sea, en ambos casos, revisionismo y dogmatismo son fruto de la táctica inteligente de la reacción que consigue su objetivo: manos libres para golpear a los movimientos revolucionarios y a las naciones que luchan directamente contra el imperialismo.

MACAUREL


Debate

UNA DECLARACIÓN MUY NECESARIA

EN CUBA apareció recién el libro de poemas "Fuera del Juego" de Heberto Padilla, que ganó el premio 1968 de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). El libro de Padilla es precedido por una declara, clon del Comité Director de la UNEAC y por el acta del Jurado que otorgó el premio (José Lezama Lima, Manuel Díaz Martínez, José Z. Tallet, César Calvo y J. M. Cohen).

Heberto Padilla, actualmente miembro del consejo de dirección de la revista "Unión", trabaja en el Centro de Investigaciones Literarias de la Casa de las Américas. Nacido en 1932, es autor de "Las rosas audaces" (1948), "El justo tiempo humano" (1962) y "La hora" (1994). En colaboración con Luis Suardiaz hizo la "Antología de poesía cubana" (1967), y anteriormente habla publicado "Antología de la joven poesía cubana", en Moscú, 1963. Fue corresponsal de prensa en Londres y Moscú. Sus poemas se han traducido a catorce idiomas. Su nombre, sin embargo, ha alcanzado notoriedad internacional en el último tiempo debido al contenido critico de su poesía, enderezada a distorsionar la imagen de la revolución cubana. Las agencias noticiosas y diversas publicaciones extranjeras han utilizado el "affaire" Padilla en un nuevo intento de rebajar el prestigio e influencia de la revolución cubana. PF considera útil para sus lectores darles a conocer la declaración de la UNEAC que encabeza el libro de Padilla, como asimismo el libro "Los siete contra Tebas", de Antón Arrufat, premio de teatro en el mismo concurso, también publicado recién en La Habana.

La declaración de la UNEAC Informa que el 28 de octubre se reunieron los directivos de esa Institución y los jurados extranjeros y nacionales que otorgaron los premios de 1968. La reunión tenía por objeto examinar juntos los premios otorgados a las obras "Fuera del Juego" y "Los Siete contra Tebas" ya que "ambas ofrecían puntos conflictivos en un orden político, los cuales no habían sido tomados en consideración al dictarse el fallo, según el parecer del Comité Director de la Unión". Luego de un amplio debate se acordó: "1º) Publicar las obras premiadas de Heberto Padilla en poesía y Antón Arrufat en teatro; 2º) El Comité Director insertará una nota en ambos libros, expresando su desacuerdo con los mismos por entender que son ideológicamente contrarios a nuestra revolución; 3º) Se incluirán los votos de los jurados sobre las obras discutidas, así como la expresión de las discrepancias mantenidas por algunos de dichos jurados con el comité ejecutivo de la UNEAC”.

Añade la declaración:

"En cumplimiento, pues, de lo anterior, el Comité Director de la UNEAC hace constar por este medio su total desacuerdo con los premios concedidos a las obras de poesía y teatro que, con sus autores, han sido mencionados al comienzo de este escrito. La dirección de la UNEAC no renuncia al derecho ni al deber de velar por el mantenimiento de los principios que informan nuestra revolución, uno de los cuales es sin duda la defensa de ésta, así de los enemigos declarados y abiertos, como —y son los mas peligrosos— de aquellos otros que utilizan medios más arteros y sutiles para actuar.

El IV Concurso Literario de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, tuvo lugar en momentos en que alcanzaban en nuestro país singular intensidad ciertos fenómenos típicos de la lucha ideológica, presentes en toda revolución social profunda. Corrientes de ideas, posiciones y actitudes cuya raíz se nutre siempre de la sociedad abolida por la revolución, se desarrollaron y crecieron, plegándose sutilmente a los cambios y variaciones que imponía un proceso revolucionario sin acomodamientos ni transigencias.

El respeto de la revolución cubana por la libertad de expresión, demostrable en los hechos, no puede ser puesto en duda. Y la Unión de Escritores y Artistas, considerando que aquellos fenómenos desaparecerían progresivamente, barridos por un desarrollo económico y social que se reflejarla en la superestructura, autorizó la publicación en sus ediciones de textos literarios cuya ideología, en la superficie subyacente, andaba a veces muy lejos o se enfrentaba a los fines de nuestra revolución.

Esta tolerancia, que buscaba la unión de todos los creadores literarios y artísticos, fue al parecer interpretada como un signo de debilidad, favorable a la intensificación de una lucha cuyo objetivo último no podía ser otro que el intento de socavar la indestructible firmeza ideológica de los revolucionarios.

En los últimos meses hemos publicado varios libros, en los que en dimensión mayor o menor y por caminos diversos, se perseguía idéntico fin. Era evidente que la decisión de respetar la libertad de expresión hasta el mismo límite de que ésta comienza a ser libertad para la expresión contrarrevolucionaria, estaba siendo considerada como el surgimiento de un clima de liberalismo sin orillas, producto siempre del abandono de los principios. Y esta interpretación es inadmisible, ya que nadie ignora, en Cuba o fuera de ella, que la característica más profunda y más hermosa de la revolución cubana, es precisamente su respeto y su irrenunciable fidelidad a los principios que son la raíz profunda de su vida.

Como dijimos, en dos de los seis géneros literarios concursantes. Poesía y Teatro, la Dirección de la Unión encontró que los premios habían recaído en obras construidas sobre elementos ideológicos francamente opuestos al pensamiento de la revolución.

En el caso del libro de poesía, desde su título "Fuera del juego", juzgado dentro del contexto general de la obra, deja explícita la autoexclusión de su autor de la vida cubana.

Padilla mantiene en sus páginas una ambigüedad mediante la cual pretende situar, en ocasiones, su discurso en otra latitud. A veces es una dedicatoria a un poeta griego, a veces una alusión a otro país. Gracias a este expediente demasiado burdo cualquier descripción que siga no es aplicable a Cuba, y las comparaciones sólo podrán establecerse en la "conciencia sucia" del que haga paralelos. Es un recurso utilizado en la lucha revolucionaria que el autor quiere aplicar ahora precisamente contra las fuerzas revolucionarias. Exonerado de sospechas, Padilla puede lanzarse a atacar la revolución cubana amparado en una referencia geográfica.

Aparte de la ambigüedad ya mencionada, el autor mantiene dos actitudes básicas: una criticista y otra antihistórica. Su criticismo se ejerce desde un distanciamiento que no es el compromiso activo que caracteriza a los revolucionarios. Este criticismo se ejerce además prescindiendo de todo juicio de valor sobre los objetivos finales de la revolución y efectuando transposiciones de problemas que no encajan dentro de nuestra realidad. Su antihistoricismo se expresa por medio de la exaltación del individualismo frente a las demandas colectivas del pueblo en desarrollo histórico y manifestando su idea del tiempo como un círculo que se repite y no como una línea ascendente. Ambas actitudes han sido siempre típicas del pensamiento de derecha, y han servido tradicionalmente de instrumento de la contrarrevolución.

En estos textos se realiza una defensa del individualismo frente a las necesidades de una sociedad que construye el futuro y significan una resistencia del nombre a convertirse en combustible social. Cuando Padilla expresa que se le arrancan sus órganos vitales y se le demanda que eche a andar, es la revolución, exigente en los deberes colectivos, quien desmembra al individuo y le pide que funcione socialmente. En la realidad cubana de hoy, el despegue económico que nos extraerá del subdesarrollo exige sacrificios personales y una contribución cotidiana de tareas para la sociedad. Esta defensa del aislamiento equivale a una resistencia a entregarse en los objetivos comunes, además de ser una defensa de superadas concepciones de la ideología liberal burguesa.

Sin embargo, para el que permanece al margen de la sociedad, fuera del juego, Padilla reserva sus homenajes. Dentro de la concepción general de este libro el que acepta la sociedad revolucionaria es el conformista, el obediente. El desobediente, el que se abstiene, es el visionario que asume una actitud digna. En la conciencia de Padilla, el revolucionarlo baila como le piden que sea el baile y asiente incesantemente a todo lo que le ordenan, es el acomodado, el conformista que habla de los milagros que ocurren. Padilla, por otra parte, resucita el viejo temor orteguiano de las "minorías selectas" a ser sobrepasadas por una masividad en creciente desarrollo. Esto tiene, llevado a sus naturales consecuencias, un nombre en la nomenclatura política: fascismo.

El autor realiza un trasplante mecánico de la actitud tiplea del intelectual liberal dentro del capitalismo, sea ésta de escepticismo o de rechazo crítico. Pero si al efectuar la transposición, aquel intelectual honesto y rebelde que se opone a la inhumanidad de la llamada cultura de masas y a la cosificación de la sociedad de consumo, mantiene su misma actitud dentro de un impetuoso desarrollo revolucionario, se convierte objetivamente en un reaccionario. T esto es difícil de entender para el escritor contemporáneo que se abraza desesperadamente a su papel anticonformista y de conciencia colectiva, pues es ese el que le otorga su función social y cree — erróneamente—, que al desaparecer ese papel también será barrido como intelectual. No es el caso del autor que por haber vivido en ambas sociedades conoce el valor de una y otra actitud y selecciona deliberadamente.

La revolución cubana no propone eliminar la crítica ni exige que se le hagan loas ni cantos apologéticos. No pretende que los intelectuales sean corifeos sin criterio. La obra de la revolución es su mejor defensora ante la historia, pero el intelectual que se sitúa críticamente frente a la sociedad, debe saber que, moralmente, está obligado a contribuir también a la edificación revolucionaria.

Al enfocar analíticamente la sociedad contemporánea, hay que tener en cuenta que los problemas de nuestra época no son abstractos, tienen apellido y están localizados muy concretamente. Debe definirse contra qué se lucha y en nombre de qué se combate. No es lo mismo el colonialismo que las luchas de liberación nacional; no es lo mismo el imperialismo que los países subyugados económicamente; no es lo mismo Cuba que Estados Unidos; no es lo mismo el fascismo que el comunismo, ni la dictadura del proletariado es similar en lo absoluto a las dictaduras castrenses latinoamericanas.

Al hablar de la historia "como el golpe que debes aprender a resistir", al afirmar que "ya tengo horror / y hasta el remordimiento de pasado mañana" y en" otro texto: "sabemos que en el día de hoy está el error / que alguien habrá de condenar mañana" ve la historia como un enemigo, como un juez que va a castigar. Un revolucionario no teme a la historia, la ve, por el contrario, como la confirmación de su confianza en la transformación de la vida.

Pero Padilla apuesta sobre el error presente —sin contribuir a su enmienda—, y su escepticismo se abre paso ya sin límites, cerrando todos los caminos: el individuo se disuelve en un presente sin objetivos y no tiene absolución posible en la historia. Sólo queda para el que vive en la revolución abjurar de su personalidad y de sus opiniones para convertirse en una cifra dentro de la muchedumbre para disolverse en la masa despersonalizada. Es la vieja concepción burguesa de lo sociedad comunista.

En otros textos Padilla trata de justificar, en un ejercicio de ficción y de enmascaramiento, su notorio ausentismo de su patria en los momentos difíciles en que ésta se ha enfrentado al imperialismo; y su inexistente militancia personal; convierte la dialéctica de la lucha de clases en la lucha de sexos; sugiere persecuciones y climas represivos en una revolución como la nuestra que se ha caracterizado por su generosidad y su apertura; identifica lo revolucionario con la ineficiencia y la torpeza; se conmueve con los contrarrevolucionarios que se marchan del país y con los que son fusilados por sus crímenes contra el pueblo y sugiere complejas emboscadas contra si que no pueden ser indice más que de un arrogante delirio de grandeza o de un profundo resentimiento. Resulta igualmente hiriente para nuestra sensibilidad que la revolución de octubre sea encasillada en acusaciones como "el puñetazo en plena cara y el empujón a medianoche", el terror que no puede ocultarse en el viento de la torre Spaskaya, las fronteras llenas de cárceles, el poeta "culto en los más oscuros crímenes de Stalin", los cincuenta años que constituyen "un circulo vicioso de lucha y de terror", el millón de cabezas cada noche, el verdugo con tareas de poeta, los viejos maestros duchos en el terror de nuestra época, etcétera.

Sí en definitiva en el proceso de la revolución soviética se cometieron errores, no es menos cierto que los logros —no mencionados en "El abedul de hierro"— son más numerosos, y que resulta francamente chocante que a los revolucionarios bolcheviques, hombres de pureza intachable, verdaderos poetas de la transformación social, se les sitúe con falta de objetividad histórica, irrespetuosidad hacia sus actos y desconsideración de sus sacrificios.

Sobre los demás poemas y sobre estos mencionados, dejemos el juicio definitivo a la conciencia revolucionaria del lector que sabrá captar qué mensaje se oculta entre tantas sugerencias, alusiones, rodeos, ambigüedades e insinuaciones.

Igualmente entendemos nuestro deber señalar que estimamos una falta ética matizada de oportunismo que el autor en un texto publicado hace algunos meses, acusara a la UNEAC con calificativos denigrantes, y que en un breve lapso y sin que mediara una rectificación se sometiera al fallo de un concurso que esta institución convoca.

También entendemos como una adhesión al enemigo, la defensa pública que el autor hizo del tránsfuga Guillermo Cabrera Infante, quien se declaró públicamente traidor a la revolución.

En última instancia concurren en el autor de este libro todo un conjunto de actitudes, opiniones, comentarios y provocaciones que lo caracterizan y sitúan políticamente en términos acordes a los criterios aquí expresados por la UNEAC, hechos que no eran del conocimiento de todos los jurados y que alargarían innecesariamente este prólogo de ser expuestos aquí.

En cuanto a la obra de Antón Arrufat, "Los siete contra Tebas", no es preciso ser un lector extremadamente suspicaz para establecer aproximaciones más o menos sutiles entre la realidad fingida que plantea la obra, y la realidad no menos fingida que la propaganda imperialista difunde por el mundo, proclamando que se trata de la realidad de Cuba revolucionaria. Es por esos caminos como se identifica a la "ciudad sitiada" de esta versión de Esquilo con la "Isla cautiva" de que hablara John F. Kennedy. Todos los elementos que el Imperialismo yanqui quisiera que fuesen realidades cubanas, están en esta obra, desde el pueblo aterrado ante el invasor que se acerca (los mercenarios de Playa Girón estaban convencidos de que iban a encontrar ese terror popular abriéndoles todos los caminos), hasta la angustia por la guerra que los habitantes de la ciudad (el Coro), describen como la suma de horror posible, dándonos implícito "el pensamiento de que lo mejor sería evitar ese horror de una lucha fratricida, de una guerra entre hermanos. Aquí también hay una realidad fingida: los que abandonan su patria y van a guarecerse en la casa de los enemigos, a conspirar contra ella y prepararse para atacarla, dejan de ser hermanos para convertirse en traidores. Sobre el turbio fondo de un pueblo aterrado, Etéocles y Polinice dialogan a un mismo nivel de fraterna dignidad.

Ahora bien, ¿a quién o a quiénes sirven estos libros? ¿Sirven a nuestra revolución, calumniada en esa forma, herida a traición por tales medios?

Evidentemente, no. Nuestra convicción revolucionaria nos permite señalar que esa poesía y ese teatro sirven a nuestros enemigos, y sus autores son los artistas que ellos necesitan para alimentar su caballo de Troya a la hora en que el imperialismo se decida a poner en practica su política de agresión bélica frontal contra Cuba. Prueba de ello son los comentarios que esta situación está mereciendo en cierta prensa yanqui y europea occidental, y la defensa abierta unas veces y "entreabierta" otras, que en esa prensa va comenzado a suscitar. Está "en el juego", no fuera de él, ya lo sabemos, pero es útil repetirlo, es necesario no olvidarlo.

En definitiva se trata de una batalla ideológica, un enfrentamiento político en medio de una revolución en marcha, a la que nadie podrá detener. En ella tomarán parte no sólo los creadores ya conocidos por oficio, sino también los jóvenes talentos que surgen en nuestra isla, y sin duda los que trabajan en otros campos de la producción y cuyo juicio es imprescindible, en una sociedad integral.

En resumen: la dirección de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba rechaza el contenido ideológico del libro de poemas y de la obra teatral premiados.

Es posible que tal medida pueda señalarse por nuestros enemigos declarados o encubiertos y por nuestros amigos confundidos, como un signo de endurecimiento. Por el contrario, entendemos que ella será altamente saludable para la revolución, porque significa su profundización y su fortalecimiento al plantear abiertamente la lucha ideológica".


LOS INTELECTUALES Y LA REVOLUCIÓN

LA PRENSA REACCIONARIA en diversos países del mundo —la revista PEC en Chile, por ejemplo—, han montado un nuevo caballito de batalla contra la Revolución Cubana. Se trata esta vez de crear un artificial "problema de los intelectuales" en Cuba, con el propósito de enajenar la solidaridad y apoyo que la Revolución ha ganado en los intelectuales de todo el mundo.

En forma absolutamente injusta y deliberadamente errónea, se pretende asimilar determinados hechos de la vida intelectual cubana a lo que aconteció bajo el stalinismo en la URSS. Es una maniobra truculenta e innoble que tiene como objetivo tocar la sensibilidad de los intelectuales, que después de la traumatizante experiencia soviética quedaron alertas y solidarios ante cualquier forma de coacción sobre los métodos de creación literaria y artística.

Desde luego en Cuba el Estado revolucionario no pretende en modo alguno coartar la libertad de expresión. La publicación de los libros de Heberto Padilla y Antón Arrufat (premios da poesía y teatro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, respectivamente), a pesar de su contenido ideológico contrarrevolucionario, es prueba palpable. Tampoco el Estado pretende fijar determinadas líneas de creación o promulgar ésta u otra manifestación artística como "arte oficial" de la Revolución.

La Revolución Cubana es lo suficientemente sólida y fuerte como para permitir, incluso, que se publiquen obras literarias ideológicamente adversas. Mucho menos necesita panfletos elogiosos que no ayudarían de modo práctico a fortalecer un proceso que hunde sus raíces en una estimulante realidad: la construcción de la sociedad socialista. La Revolución, en cambio, puede ser eficazmente ayudada por intelectuales que no se sitúen en el cómodo emplazamiento de observadores y jueces, papel elegido por algunos intelectuales cubanos, sino que a partir de la rica experiencia que vive su país, pongan al servicio del pueblo sus dotes creadoras.

La Revolución Cubana es un proceso que ha ido a paso de carga sin parar un minuto. Su misma fuerza impetuosa le ha permitido seguir adelante a pesar de obstáculos graves —como la invasión de Bahía Cochinos, la crisis de los cohetes, el ciclón Flora, el bloqueo, etc.—, que se le han interpuestos en éstos diez años. Quienes critican que la Revolución no se ha detenido a elaborar una política cultural definida. Pero olvidan que por cultura debe entenderse no sólo las relaciones del Estado revolucionario con los intelectuales, sino también el formidable avance del pueblo en lo educacional que hoy permite a los cubanos leer y apreciar cualitativamente obras literarias y artísticas, la magnífica tarea acometida por el Estado en la edición masiva de textos de estudio y obras literarias, el estímulo otorgado al cine, ballet, teatro, pintura y escultura.

El papel del intelectual en una sociedad socialista toma características distintas al del intelectual alienado bajo el capitalismo. Pero hay quienes tratan de mantener vigentes las vallas que en el capitalismo separan al intelectual del pueblo. Se niegan a integrarse al proceso revolucionario, se resisten a reconocer que tienen deberes como los de cualquier otro trabajador, y reclaman derechos de crítica no avalados por una actitud revolucionaria consecuente. Ese tipo de intelectual no puede, desde luego, ser perseguido —y en Cuba no hay intelectuales perseguidos—. Pero la Revolución tiene perfecto derecho a denunciar a quienes intenten debilitarla y aclarar frente al pueblo su criterio sobre quiénes, a su vez, enjuician a la Revolución.

J. C.


Saqueo

OTRA FORMA DE PENETRACIÓN IMPERIALISTA

EN América latina las cooperativas de diversos tipos agrupan unos 7 millones de socios y mueven un capital superior a los US$ 700 millones. En Chile existen actualmente cerca de 600.000 socios organizados en cooperativas. Se estima que estos socios agrupan una población familiar total de unos tres millones de personas que están vinculadas a las cooperativas, esto es, un tercio de la población chilena. Se trata de aquel tipo de organización que tiene mayor número de personas afiliadas y mayor peso en la formación de ciertos tipos de aspiraciones.

En los primaros cincuenta años de este siglo se han incorporado a América latina una gran cantidad de cooperativas (consumo, ahorro y crédito, agrícola, etc.), que lograron cierto desarrollo en 1955, pues se habían formado uniones y federaciones de cooperativas en casi todos los países de América latina. En vista de ello, la Liga de Cooperativas Norteamericanas formó la Liga de las Cooperativas de Costa Rica y en 1957 formó la Confederación de las Cooperativas del Caribe y finalmente, en 1963, fundó la Organización de las Cooperativas de América (OCA) a la cual se afiliaron todos los países de América latina, con la excepción, desde luego, de Cuba. Se calcula que en estos momentos los Estados Unidos a través de OCA controlan al 80 por ciento del cooperativismo latinoamericano, es decir, 5.6 millones de socios.

Uno de los objetivos de OCA fue formar institutos de financiamiento en varios países, de los cuales uno se formó en Chile (IFICOOP o Instituto de Financiamiento Cooperativo) como asimismo formar institutos da capacitación cooperativa (en Chile se formó en 1964 el Instituto de Capacitación Cooperativa que difunde las ideas del llamado cooperativismo libre). Con la herramienta crediticia y educacional en manos de estos institutos formados al alero de las ideas que los Estados Unidos propagan a través de la OCA, lograron controlar en pocos años la casi totalidad del movimiento cooperativo chileno. Ya, en 1966 IFICOOP controlaba "el 80 por ciento de los capitales cooperativos y el 70 por ciento de la población del país vinculada a cooperativas" (1ª Memoria de IFICOOP, páginas 1 y 2).

Este Instituto (IFICOOP) fue subvencionado gratuitamente por el gobierno al recibir 1.2. millones de escudos (1 millón del Banco del Estado y E̊ 200.000 de CORFO).

De otra parte, la Agencia para el Desarrollo Internacional (AID), órgano del gobierno norteamericano, ha facilitado a este instituto cinco millones de dólares; una suma un poco inferior al instituto de Educación Cooperativa; 3.6 millones de dólares al Instituto de Insumos Cooperativos y 1.5 millones de dólares a INPROA (Instituto de Promoción Agraria de la Iglesia Católica).

Durante el año pasado (1967) IFICOOP canalizó más de cuatro millones de escudos hacia las cooperativas agrícolas, o sea, aquellas formadas por los medianos y grandes propietarios de la tierra. Estos préstamos son para comprar maquinarias de origen "nacional o bien importadas de los Estados Unidos" (minuta que reparte IFICOOP a sus asociados). IFICOOP cuenta con 220 cooperativas afiliadas, de las cuales 60 son agrícolas, y éstas a su vez agrupan a unos 9.000 medianos y grandes productores; se estima que estos productores acaparan más de los 2/3 de la superficie agrícola del país. En este sentido el gobierno al financiar gratuitamente a IFICOOP, no hace más que traspasar recursos públicos al latifundio, y ni siquiera en forma de préstamos, sino de subvención nacional a la vieja estructura latifundista, sin tomar en cuenta las subvenciones directas que hace específicamente a las cooperativas agrícolas. (Así, por ejemplo, hay algunas cooperativas, como la vitivinícola de Cauquenes, que ha recibido desde su fundación en 1940, mes de un millón de escudos, en moneda de 1965). Da ese modo, el gobierno tiene dos formas de subvencionar gratuitamente al latifundio a través de las cooperativas agrícolas: a) suministrando aportes a los bancos de las cooperativas agrícolas (caso de IFICOOP), y b) aportando subvenciones directamente a las cooperativas agrícolas. Según el Servicio de Cooperación Técnica, en 1966, el gobierno aportó E° 652.600.

Los Estados Unidos al asumir el liderato en el cooperativismo nacional, lo hace con el fin de orientar tales sociedades a robustecer la vieja estructura latifundista, como asimismo, con el fin de ampliar la demanda hacia sus propios productos mediante préstamos previamente comprometidos con el mercado norteamericano. De este modo, logran colocar sus capitales a intereses, controlar el movimiento cooperativo nacional, fortalecer al latifundio, aumentar la venta de sus propios productos y, lo que es más grave, han conseguido subordinar al Estado chileno a servir esa política antinacional, al extremo de haber logrado que organismos estatales contribuyan con apreciables sumas otorgadas a título gratuito a los organismos creados por el aparato imperialista.

VÍCTOR VEA


Periodismo

CRISIS DE LOS PRINCIPIOS

A pesar de los 150 millones de pesos que la Junta de Adelanto de Arica proporcionó para la realización del Segundo Congreso Nacional de los Periodistas chilenos (10 al 15 de diciembre), las cuentas presentadas por los organizadores arrojan un abultado déficit monetario. Pero, el déficit financiero no se compara con el saldo negativo en el aspecto ético. Los delegados —alrededor de 120— sirvieron de "extras" en un show grotesco montado por el Gobierno en connivencia con la mayoría demócratacristiana-comunista y mercurial que controla la directiva del Colegio de Periodistas. Eso y no otra cosa fue el acto en que el Presidente de la República firmó ante el congreso un proyecto de ley que —según la publicidad oficial— favorecía la previsión de los periodistas. Veinticuatro horas más tarde, el mismo congreso repudiaba la iniciativa, la calificaba de lesiva para el gremio y exigía su retiro del Parlamento. Lo que ya nadie podría retirar eran los aplausos inmerecidos que había recibido el ex periodista Eduardo Frei Montalva, antaño director de un diario propiedad de una empresa norteamericana.

(La parodia ha tenido luego otros actos. Retirado efectivamente el proyecto por el Subsecretario del Trabajo, al día siguiente fue de nuevo remitido y con el mismo texto a la Cámara de Diputados por órdenes expresas del Ministro del ramo).

Periodistas de base califican este hecho como un reflejo de la verdadera crisis que aqueja a la directiva nacional. Un mes antes de Arica, el presidente del Colegio, Juan Campbell, envió una efusiva felicitación al ahora jefe interamericano de los empresarios de la noticia, Agustín Edwards, multimillonario banquero e industrial, inscrito incorrectamente en el registro del Colegio. Campbell, quien es también un alto dirigente democristiano, lanzó loas a la oprobiosa "Sociedad Interamericana de la Prensa" (SIP), un apéndice imperialista en el campo de los medios de expresión, y abogó, entusiasmado, por una acción común de los periodistas con los empresarios, es decir, de los explotados con los explotadores.

Aunque esto corresponde a las líneas generales de la "revolución en libertad" no parece estar muy de acuerdo, doctrinariamente, con el Partido Comunista, pero Campbell continuó gozando del apoyo de los consejeros de esta colectividad. La mayoría democristiana - comunista, de uno y otro lado, pasa por alto cualquier diferencia, a costa de mantener los principales cargos. Es efectivo, como dijo recientemente el diario "El Siglo", que no existe un "contubernio", pues dicha unión no tiene visos arbitrarios, del momento en que están de acuerdo, en lo fundamental, incluyendo su cariño para la SIP.

Es probable que esta situación, marcada por la carencia de principios, se mantenga durante bastante tiempo, pues el colegio de periodistas ha llegado a convertirse en una pequeña sucursal del Parlamento. Quienes postulen a los cargos directivos necesitan hoy de medios de expresión, de una organización partidaria y de recursos financieros. Así se explica que en el Consejo Nacional figuren hoy cuatro democristianos, 2 comunistas, tres periodistas de "El Mercurio" (ocho diarios en el país) y sólo UN independiente o periodista a secas.

Si bien los dirigentes de los partidos nombrados, por razones de política local, pueden adoptar a veces posiciones progresistas, no ocurre lo mismo con quienes laboran en "El Mercurio", quienes se identifican en todo momento con los intereses de sus patrones. Pero, en general, los tres sectores protagonizan permanentemente una especie de "tongo", peleándose entre ellos, aunque todos comparten las responsabilidades de la política dirigente, como miembros de la Mesa Directiva.

¿En qué situación están los periodistas que carecen de aquellos medios? Su posición desmedrada se ve acentuada por la carencia de honestidad en las luchas gremiales. De manera sistemática, aquellos tres sectores —utilizando sus profusos medios de información— se han puesto de acuerdo para calumniar a sus opositores. Para ello, por ejemplo, les atribuyen afiliaciones políticas que no tienen y esas mentiras son escritas por los propios dirigentes encargados de aplicar el "código de ética del periodismo". En la última elección nacional, el engaño llegó a su extremo cuando los periódicos democristianos, comunistas y mercuriales, se burlaron de la opinión pública y de sus propios colegas, cambiando el nombre de un candidato o silenciándolo en las informaciones previas a los comicios.

Otro elemento que limita la independencia de la directiva nacional, es el hecho de que, verbigracia, durante 1968 de los diez consejeros, ocho ejercían cargos de relaciones públicas de empresas privadas o estatales. (Peor, algunos de firmas extranjeras, como el presidente, Juan Campbell, funcionario de la Braden Copper Company). Ellos están ligados, en forma directa, a determinados intereses.

Todo esto explica por qué la mediocridad de conceptos es la tónica de las resoluciones del Congreso de Arica, en las cuales no hay ni siquiera un intento de la denuncia del sistema y de la opresión foránea; la lucha por una auténtica libertad de expresión, es considerada como un ente especial, separada de las batallas liberadoras de nuestros pueblos. Naturalmente, si el dirigente máximo se declara un amante de la SIP para él y quienes lo acompañan ideológicamente Cuba, al cumplir diez años de una revolución triunfante, no existe. Antes que eso, resuelven propiciar una organización amarilla, una "Federación Latinoamericana de Periodistas", en la que no estarían naturalmente los periodistas cubanos, porque en esto también están profundamente de acuerdo democristianos, comunistas y mercuriales .

JOSÉ DANIEL


Notas:

1. El Partido Demócrata Cristiano —que busca nuevas fórmulas políticas para retener el Poder— ha renovado el debate público sobre una "vía no capitalista de desarrollo", que ya originó controversias hace algún tiempo cuando los sectores mas reaccionarios de esa colectividad —que controlan el gobierno— la rechazaron de plano. Nuevas circunstancias —entre las que figuran los esfuerzos del PDC por estructurar un frente electoral amplio para 1970— contribuyen a estimular la discusión sobre la "vía no capitalista de desarrollo".

PF no quiere estar ausente de ese debate y en este número publica un primer intento de acercamiento a las materias en debate, a través de una exposición elaborada por nuestro compañero Jaime Faivovich, cuyas conclusiones son aspectos iniciales de un examen que más adelante abordará aspectos definitivos en cuanto a la posición de la revista.

2. V. I. Lenin. La guerra de guerrillas, T. XI. Obras completas.

3. Lenin. Contra el boicot. Obras completas. T. XIII. p. 12 (ed. fr.).

4. Ibid, p. 30.

5. Lenin. Conferencia de la organización de San Petersburgo. Obras completas, T. XII, p. 130. (Ed. Inglesa.)

6. El boicot de la Duma de Bouliguine. Obras completas, T. IX, ed. francesa, p. 184.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02