Kennedy sabía demasiado

PUNTO FINAL
Año II. Nº 57
Martes 18 de junio de 1968

PUNTO FINAL ha creído necesario dar su opinión sobre el asesinato del senador norteamericano Roben F. Kennedy. Lo hace en este número a través de dos crónicas especiales, escritas por Augusto Olivares y Carlos Núñez. Ademas, se incluye un trabajo sobre las condiciones de violencia en EE.UU., del que es autor el novelista Manuel Rojas.

El asesinato del senador Kennedy reviste evidente importancia mundial. Particularmente interesa en América Latina por la estrecha relación que existe entre la política interna norteamericana y las decisiones de poder en nuestro continente. Singularizando todavía más, la eliminación del senador Kennedy por una de las pandillas políticas norteamericanas, interesa sobremanera al desarrollo futuro de la política en Chile. Sectores muy extendidos de la vida política chilena velan en el senador por Nueva York una esperanza de mejor trato para América Latina. Esos sectores, sin duda, eran —y continuarán siéndolo con Humphrey o McCarthy— victimas de un espejismo que les hace confundir la verdadera naturaleza del imperialismo norteamericano. Las contradicciones que en torno al control del poder se producen entre las camarillas industriales, militares y políticas norteamericanas, suelen confundirse con procesos que están muy lejos de significar auténticos cambios. Así se creó el mito kennediano al calor del cual se ejecutó la invasión de Cuba, en 1961, y se ideó la sensacional estafa bautizada Alianza para el Progreso. El mito de los Kennedy contribuyó a su vez —gracias a una explotación publicitaria adecuada— a la fabricación en masa de epígonos latinoamericanos, políticos que revisten la explotación capitalista de un rosado velo reformista y que engañan a las masas prometiendo cambios que no piensan llevar adelante o que. en el mejor de los casos, sólo fortalecen los diques contrarrevolucionarios. El asesinato del segundo Kennedy —luego de la eliminación de Martin L. King, Malcolm X y tantos otros— muestra a la élite de poder norteamericana tal cual es, y desde ese punto de vista el crimen de Los Angeles tiene la virtud de hacer abrir los ojos a los ingenuos.

EL DIRECTOR


Planteamiento

¿QUIÉNES SON HOY MARXISTAS LENINISTAS?

LA respuesta a esta pregunta se ha convertido en motivo de legítima preocupación para los revolucionarios de América Latina. Aunque de gran actualidad, es una cuestión vieja en el movimiento comunista internacional, y en el pasado se hicieron esfuerzos para resolverla. Ya en 1920 se planteaba el dilema: ¿Qué partidos llamados revolucionarios lo son de verdad? ¿Qué partidos deben ser aceptados en la internacional comunista? Ciertamente el problema tiene hoy dimensiones distintas en América Latina. La calidad de marxista-leninista no basta, en sí misma, para definir a un partido, movimiento o individuo como revolucionario. Hay agrupaciones políticas —por ejemplo— que oficialmente se adscriben al marxismo-leninismo. Pero no son revolucionarias, y ni siquiera ajustan su acción a una correcta aplicación de la doctrina de Marx, Engels y Lenin. Por el contrario, hay movimientos o personalidades que al tomar una actitud revolucionaria sincera, aunque sin adscribir al marxismo-leninismo, ejercen de hecho el papel que un concepto dogmático y sectario reserva sólo a partidos oficialmente reconocidos en el movimiento comunista internacional. Hay, por lo tanto, marxistas-leninistas aparentes que son en realidad reaccionarios, en cuanto velan por la supervivencia del status, y hay, en cambio, revolucionarios auténticos que no son marxistas-leninistas, aunque la acción los llevará ineluctablemente a hacer suyos todos o muchos de los postulados de esa doctrina. PF no cree, ciertamente, que la etiqueta de marxista-leninista baste por sí sola para atestiguar la calidad revolucionaria de partidos o personas. Pero como hay quienes reclaman ese rótulo para justificar una presunta infalibilidad revolucionaria, conviene recordar que en el pasado el requisito determinante que exigía Lenin era "el carácter de la actividad del partido". Basándose en ese concepto, objetó el ingreso a la Internacional Comunista de algunos partidos como el Socialista francés, el Socialdemócrata Independiente de Alemania, el Laborista Independiente de Inglaterra, el Socialista de Norteamérica, el Socialista suizo, etcétera, que habían acordado adherirse a la Tercera Internacional (Comintern).

La posición de Lenin era categórica; "En determinadas circunstancias, puede amenazarle a la Internacional Comunista el peligro de ser diluida por los grupos vacilantes e indecisos" ... "en algunos grandes partidos, donde la mayoría sostiene el punto de vista comunista, queda todavía un considerable sector reformista y socialpacifista, que sólo espera el momento oportuno para levantar nuevamente la cabeza, iniciar un activo sabotaje de la revolución proletaria y de ese modo ayudar a la burguesía y a la Segunda Internacional".

A mediados de 1920, en "Condiciones de ingreso a la Internacional Comunista", Lenin estableció lo que a su juicio eran los requisitos mínimos indispensables. Nos limitaremos a resumir las siete primeras condiciones (eran 21), porque responden en alguna medida a la interrogante que hemos planteado en este artículo.

"La propaganda y agitación cotidianas deben tener un carácter genuinamente comunista. De la dictadura del proletariado no debe hablarse simplemente como de una fórmula habitual aprendida de memoria; hay que organizar su propaganda en forma tal, que cualquier obrero común, obrera, soldado o campesino comprenda que es algo indispensable. Fustigar sistemática y despiadadamente, no sólo a la burguesía, sino también a sus auxiliares, los reformistas de todos los matices".

"Alejar regular y sistemáticamente de los puestos de responsabilidad del movimiento a los reformistas y partidarios del "centro".

"Conjugar el trabajo legal con el ilegal. La lucha de clases entra en un período de guerra civil. En tales condiciones, los comunistas no pueden confiar en la legalidad burguesa. Tienen la obligación de formar en todas partes un aparato ilegal paralelo".

"Desarrollar una persistente y sistemática propaganda y agitación en el ejército, y formar células comunistas en cada unidad militar".

"Sistemática agitación en el campo. La clase obrera no puede consolidar su victoria si no tiene a su lado por lo menos a una parte de los obreros agrícolas y campesinos pobres, y sin neutralizar con su política a una parte del campesinado restante. El trabajo comunista en el campo adquiere en la actualidad una importancia primordial. Renunciar a este trabajo, o confiarlo a elementos indignos de confianza, semireformistas, equivale a renunciar a la revolución proletaria".

"Desenmascarar el socialpatriotismo franco, y también la falacia e hipocresía del social pacifismo; demostrar sistemáticamente a los obreros que, sin el derrocamiento revolucionario del capitalismo, arbitraje internacional alguno, ninguna charla sobre la disminución de los armamentos, ninguna reorganización "democrática" de la Liga de las Naciones, salvará a la humanidad de nuevas guerras imperialistas".

7. "Romper completa y absolutamente con el reformismo y la política centrista", y hacer la propaganda de esta ruptura entre los más amplios círculos de sus afiliados. La IC exige incuestionable y perentoriamente que esta ruptura se efectúe en el plazo más breve. La IC no puede aceptar que los reformistas declarados tengan el derecho de ser considerados miembros de la Tercera Internacional".

Con posterioridad a la muerte de Lenin se fueron relajando esas y otras exigencias impuestas a la actividad de los partidos comunistas hasta que, en la práctica, se redujeron poco más o menos a aceptar la política del Estado soviético, y a condicionar la política general de los partidos a los intereses del "centro" orientador. Como ejemplos de estas nuevas condiciones tenemos: política de frentes populares antifascistas, apoyo incondicional y exaltación de la guerra patria soviética, aceptación y apoyo al pacto nazi-soviético, apoyo a los principios de coexistencia pacífica y de emulación pacífica entre estados de distintos regímenes sociales en la forma en que fueron planteados en el 20º Congreso del PCUS y, consiguientemente, énfasis en el parlamentarismo y en la política electoral reformista, en el desarrollo interno de los movimientos de la paz, en el estímulo a las relaciones comerciales con países socialistas, etc.

Esta situación se mantuvo a pesar de la disolución de la Internacional Comunista en 1943, "después de haber cumplido su gran misión histórica: contribuir a crear y forjar partidos verdaderamente marxistas-leninistas en casi todos los países de la tierra". De hecho, con ello se otorgó un verdadero "derecho de llave", un título inalienable y a perpetuidad a los partidos existentes, cualesquiera fueran su ulterior política o actividad práctica.

La situación engendró conflictos, entre los cuales la conducta de la Liga "Comunista" de Yugoslavia fue uno de los casos críticos. También —por razones distintas— se produjo la exclusión del PC de Albania. Y hoy está en pleno desarrollo el diferendo chino-soviético que ha puesto frente a frente a numerosos partidos. Unos y otros se acusan de violar los principios marxista-leninistas.

En América Latina la situación también se ha hecho crítica ante las nuevas exigencias revolucionarias que se desprenden del ejemplo de la revolución cubana, que planteó la revolución socialista como una tarea inesquivable de nuestra generación.

Esas nuevas exigencias —es doloroso reconocerlo— no fueron comprendidas ni aceptadas por la mayoría de los PC del continente, que prefirieron seguir atados a las exigencias impuestas por su "centro". Ellas conducen a convertir a la revolución cubana en la "vitrina" socialista de América Latina, a replegarla sobre sus cuestiones puramente internas, vinculadas al desarrollo de su economía. Se pretende que el socialismo, mediante un pacífico fenómeno de osmosis, penetre en las células del cuerpo latinoamericano. Esa línea de pensamiento lleva también —lógicamente— a defender la ayuda de países socialistas a gobiernos reformistas y proyanquis, el electoralismo y el oportunismo reformista, o sea, la vía pacífica en toda su amplitud paralizadora.

En el caso de Chile no faltarán aludidos que pongan término a una preocupación legítima espetando: "Bueno, ¡pues haga usted la revolución!" Pero el asunto es más complicado. Primero que nada: el deber de hacer la revolución es de todos los que se dicen revolucionarios, pues se trata de una empresa grande y difícil. El campo revolucionario debe hacer acopio de todas sus fuerzas aunque, ciertamente, el movimiento se desarrollará, se hará fuerte y se profundizará en la propia lucha. Segundo, porque todo parecería indicar que en Chile no están dadas, de inmediato, todas las condiciones para hacer la revolución, pero están archi dadas para prepararla en lo ideológico, político, organizativo y material, y todos debemos aportar nuestro esfuerzo en esa dirección.

Tercero, porque es conveniente que algunos comiencen a despojarse de roles protagónicos y de afanes hegemónicos reclamados gratuitamente, cuya política importa una sistemática subestimación de las demás fuerzas revolucionarias y de los movimientos que han surgido precisamente para llenar un vacío del cual son directamente responsables. (Paradojalmente se gastan casi tantos esfuerzos en impugnar a movimientos revolucionarios tildados de izquierdistas y aventureros, como los que se gastan en buscar y seducir a una inexistente burguesía nacional).

A pesar de las apariencias, es bueno hablar de estas cosas porque al trabajar para una revolución es de la mayor importancia la labor de esclarecimiento ideológico y político. Pero creemos, al mismo tiempo, como el Ché: "Es la hora de atemperar nuestras discrepancias y ponerlo todo al servicio de la lucha. Buscar métodos para iniciar un diálogo que los contendientes rehuyen, es una tarea inútil. Pero el enemigo está allí, golpea todos los días y amenaza con nuevos golpes, y esos golpes nos unirán, hoy, mañana o pasado. Quienes antes lo capten y se preparen a esa unión necesaria tendrán el reconocimiento de los pueblos."

PF


Universidad

LA REFORMA ES SÓLO UN PASO

AL advertir el ímpetu que ponen algunos sectores estudiantiles de la universidad de Chile para impulsar sus aspiraciones reformistas, muchos se preguntan si la vehemencia juvenil dará paso a la moderación el día en que consigan imponer sus posiciones en el ámbito universitario. Pensar que esto sucederá constituye desconocer los verdaderos orígenes del movimiento que se desarrolla en la principal universidad del país.

Los estudiantes, sin duda, están en condiciones de volcar mayor energía en la tarea en que están empeñados. No es equivocado señalar que la energía que han liberado hasta el momento es sólo una pequeña parte de la que guardan en reserva.

El sector mayoritario de la Federación de Estudiantes de Chile (FECH) tiene responsabilidad importante en el estilo de lucha actual. Muchos de sus componentes son elementos que prefieren la transacción política a la definición en una batalla franca. Esto no sólo puede computarse a la formación psicológica de los dirigentes de la mayoría de la FECH, sino a la influencia que sobre ellos ejerce el ejemplo que crean dirigentes de partidos tradicionales, de los cuales esos jóvenes ya se sienten herederos.

El estilo de la vida política nacional, recargado de transacciones, ha llevado a la mayoría de la FECH a evitar se desencadene un movimiento juvenil arrollador y a buscar, en cambio, la pronta institucionalización del proceso que tendrá que surgir de una reforma en la Universidad de Chile.

Sobre la natural energía juvenil se ha impuesto la deformación que impone a los dirigentes la rutina política. La mayoría ha evitado los riesgos y consolidado su poder para no perder el control de la situación que alcanzó en la última elección general de la FECH.

La tendencia adoptada por los jóvenes de la mayoría de la FECH ha encontrada en la primera fase del enfrentamiento con las autoridades la comprensión de éstas, lo que ha permitido que surja un concierto inusitado entre ambos. Los miembros del Consejo Universitario optaron —en el comienzo del enfrentamiento— por el olvido de sus jerarquías para evitar una fricción con los jóvenes, podría decirse que los adultos rejuvenecieron y que los estudiantes envejecieron. De ahí, lo que debió ser una batalla enconada se convirtió en un ballet rococó.

La posición de la mayoría de la FECH no es compartida por los estudiantes que están resueltos a participar en un combate (descontamos a los jóvenes que se marginan de todo movimiento). Ellos se esfuerzan por colocar a la Universidad al compás de las necesidades e inquietudes sociales del país.

En 1964, un grupo de titiriteros políticos promovieron una cruzada en la cual quemaron sus energías centenares de jóvenes. Se le llamó "Patria Joven", y fue dedicada a realzar la candidatura presidencial del imperialismo, de los sectores reaccionarios de la iglesia católica, de la oligarquía y de todos los enemigos del cambio social.

No puede compararse la reforma universitaria con la farsa de la "Patria Joven", y si a esta última se le trajo a colación en estas líneas, es con el único propósito de alertar a los jóvenes contra engaños que les colocan al frente para domeñarlos.

El reformismo universitario es antiguo y en América Latina se remonta a 1918, año en que se produjo el célebre movimiento de la Universidad de Córdoba. En muchos planteles universitarios del continente se han introducido modificaciones acordes con el espíritu reformista de Córdoba, entre las cuales figuran aquellas que promueven al cogobierno.

La reforma es indispensable en la Universidad de Chile, y lo cierto es que ella no sólo debió ser propuesta por los jóvenes, que a la postre son las víctimas directas del arcaísmo que en ella impera, sino que tuvo que surgir de un afán noble de los pedagogos. Pero está claro que a la mayoría de éstos más les preocupa la gestión personal que el quehacer colectivo.

La reforma puede generar nuevas manifestaciones en la Universidad y con ellas, incluso, podrían surgir contradicciones que volcaran generosas conclusiones en el desarrollo social chileno. También es posible que el empeño puesto por los jóvenes en su lucha en pro de la reforma, genere algunas manifestaciones vitales que puedan influir en la vida nacional. Pero es evidente que del movimiento reformista no surgirá el gran cambio que se espera para elevar el nivel educacional chileno.

Una lucha reformista puede desubicar a los estudiantes universitarios del medio social en que se desarrollan. Pueden llegar a pensar que la batalla por la reforma de la Universidad es la gran meta de una generación. De hecho, muchos jóvenes creen protagonizar la gran aventura de su vida.

La potencial desubicación puede ser generada en gran medida por la extracción social de los estudiantes. No es ocioso recordar que la Universidad de Chile está tripulada por jóvenes provenientes de la burguesía y de la pequeña burguesía, y que en el total del estudiantado el número de jóvenes provenientes de sectores campesinos y obreros, no alcanza a representar el uno por ciento.

La Democracia Cristiana, que controla a la FECH, aportó su estilo evangélico al mundo estudiantil. Los jóvenes se sienten culpables de la injusticia social. Pero en lugar de perseguir su destrucción por un camino revolucionario, terminan buscándole paliativos que en el fondo sólo tienden a calmar su conciencia.

No obstante, la energía juvenil es fuerte y pugna permanentemente por volcarse en una tarea heroica. Frente a esa realidad, los escamoteadores de la fuerza de los jóvenes les proporcionan algunas tareas que les provocan desgaste, pero que en ningún momento aten-tan contra el status del cual profitan.

Se habla de democratización de la Universidad y se olvida deliberadamente la incapacidad de la mayoría de los hogares chilenos para promover a los suyos a un plantel de enseñanza superior.

Alegremente hay quienes citan las becas como si con ellas se pudieran acabar las injusticias que impone un desigual reparto del ingreso nacional.

Se deja, deliberadamente, fuera del debate la presencia del imperialismo como si no se supiera que una gran cantidad de investigaciones que realiza la Universidad son financiadas por agencias norteamericanas, a espaldas de los planes chilenos, y en muchos casos ellas están al servicio de programas delineados en Estados Unidos para colocarlos dentro de objetivos del Pentágono o de alguna otra organización secularmente enemiga de los intereses nacionales y latinoamericanos.

La reforma universitaria acabará con muchos anacronismos, pero en ningún caso debe ser estimada como la gran tarea de los jóvenes estudiantes a los cuales por su mayor preparación les está justamente señalada una, responsabilidad revolucionaria más elevada.

Sin pretender usar el papel carbón para copiar experiencias externas, es conveniente recordar que algunos universitarios cubanos emprendieron en 1953 la tarea de liberar a su país de una dictadura y del imperialismo, y que, además, desde un comienzo buscaron el contacto con jóvenes de otras actividades, empleados y obreros, para fortalecer su acción.

A través de la lucha por la reforma los jóvenes pueden desencadenar otros procesos importantes que converjan en la ruta que conduce a la liberación nacional. Es su deber luchar contra las manifestaciones del imperialismo, para lo cual tienen que meter en los planes reformistas trabas para contener la penetración extranjera, enemiga directa de la cultura nacional. También tienen que desautorizar a todos los elementos conservadores, aun cuando ocupen cargos directivos.

En el afán conciliador de la mayoría de la FECH puede advertirse su fuerte ligazón con la mentalidad conservadora que se esfuerza por mantener el actual orden económico y social. Esa mayoría hizo esfuerzos inusitados para evitar que la energía de los jóvenes barriera con un Consejo Universitario caduco, integrado por personajes reaccionarios, como el abogado Eugenio Velasco, que operaba como decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales.

El tono contemporizador de los integrantes de la mayoría de la FECH permitió al grupo del Consejo Universitario desarrollar una política oportunista. Ella dejó en claro otra vez que la burguesía —cuando lucha por defender su influencia— no vacila en tirar por la borda los aparentes valores que rodean su acción.

Los jóvenes estudiantes socialistas, comunistas, miristas e independientes de izquierda, así como aquellos que forman algunos grupos, tienen en sus manos la responsabilidad de transformar un movimiento que ha sido desteñido por los sectores conservadores, en una acción pujante que contribuya a elevar la conciencia revolucionaria nacional.

Sin ánimo de sugerir el apoliticismo, que es repudiado por PUNTO FINAL, se insta a los jóvenes a liberarse del esquematismo de los partidos para permitir que corra audaz el verdadero y generoso torrente juvenil. No debe olvidarse que, en el fondo, el movimiento reformista universitario es sólo una manifestación de protesta de la juventud que no se calmará al conseguir los limitados efectos de la reforma.

Se advierte entre docentes, investigadores y personal de extensión de la Universidad, una reserva que tiene que ser aprovechada por los jóvenes para una cruzada más ambiciosa que la que actualmente les preocupa.

P. F.


Crónica

EN EL CORAZÓN DEL VERANO NORTEAMERICANO

ATERRIZAMOS en Nueva York el 19 de julio. El viaje empezó en Moscú, días atrás, a las cuatro de una mañana: en las orillas del cielo que esa madrugada gravitaba sobre la capital de la URSS, se veía amanecer, no un amanecer de color gris o azul, sino rojo, un rojo de sol; ¿cómo puede salir el sol por todas partes?; no lo supimos, advirtiendo que lo del color rojo no es literatura; Praga, París, Londres, en cada una, tres, cuatro o seis días, y ahora Nueva York, las siete de la tarde y 107º Farenheit, 41ºC., y por lo menos un 90% de humedad.

Nos vamos al Chelsea Hotel, en cuyas habitaciones vivió algunos de sus penúltimos días Dylan Thomas, y durante cuarenta y ocho horas nos arrastramos por las calles, metiéndonos en todos los sitios en que es posible hallar un poco de fresco, cines en primer lugar —pagamos tres dólares por cabeza por "Quien le teme a Virginia Woolf"—, restaurantes, el Museo de Arte Moderno; con la ropa pegada al cuerpo recordamos con nostalgia el más que fresco viento de Leningrado y el trozo de la desembocadura del río San Lorenzo, cubierto de nieve, visto desde el avión que ahí, en ese punto, viró hacia el sur en demanda de N. Y. C. Viajamos en el Metro, que se ve desierto, sobre todo de noche: en cada coche va un policía a quien cualquier movimiento de las pandillas que algunas veces se trasladan en este o en aquel vagón, sobresalta, haciéndolo acercarse al movedizo; ¿por qué te cambiaste, no puedes quedarte tranquilo en tu asiento?; algunas personas han sido apuñaleadas por negros ya al principio de este verano y la policía vigila.

Al tercer día, al recapitular en la mañana, decidimos irnos de esta caldera, a Chile o al Oeste; un llamado de Jean nos hace saltar de la cama: "Bob ha alquilado un automóvil con aire acondicionado y pasaremos a buscarlos a las diez". Llega Bob, ingeniero químico, casado con Jean, amiga y compañera de colegio de mi mujer, y apenas sentados en el gran automóvil sentimos que la ciudad cambia: deja de ser la antipática y recaliente isla que unos taimados holandeses compraron a los iroqueses por veinticuatro dólares, de seguro en botones y collares de vidrio, y se convierte en una ciudad atrayente, pintoresca, hermosa en partes. ¿Qué ha pasado? No somos más ricos ni más jóvenes, no tenemos mejores perspectivas: sólo disfrutamos, gracias a dos amigos, de un poco de bienestar, un gran bienestar si se compara con el malestar experimentado durante las cuarenta y ocho horas anteriores; pero, ¿cuánta gente, blanca y negra, vive en esta ciudad como nosotros vivimos en aquel lapso de tiempo, asfixiándose en los conventillos, sin que nadie venga a decirle: "Oye, sube a este carro, que tiene aire acondicionado, y te llevaré a pasear a, Long Island; ándale"?; miles de miles, y si a ese estado de asfixia se une, en el caso de los negros, la seguridad de que se es un discriminado, un ser temido y rechazado, aborrecido y despreciado, "Sólo para blancos", ¿cómo se sentirá en lo más íntimo de su alma? Supongo que como un fulminante, pues no se trata sólo de un bienestar físico.

Mientras procuro aclarar lo que siento, Bob, que no nos ha preguntado nada, se desliza por la orilla de la ciudad, en la margen del East River; no sabemos a dónde va, nos pasea y miramos esto y lo otro; pero de pronto, sin saber cómo ha sucedido, nos damos cuenta de que vamos atravesando Harlem, ¿por qué?, siento el deseo de preguntar, pero no lo hago y no lo hago porque siento que una gran inquietud surge en nosotros, no por el temor de que nos ataquen, sino por el temor de ver la oculta cara de Nueva York, la cara negra y su tristeza, la cara negra y su desafiante desprecio. Así están los viejos edificios: "... amontonados en Harlem, incoloros, deprimentes, altos y repugnantes. Sus anchas ventanas dan a la miseria invencible e indescriptible de Harlem: las líneas ferroviarias de Park Avenue, alrededor de las cuales, hace cuarenta años empezó a formarse la actual comunidad negra; las casas no rehabilitadas, hundidas, al parecer, bajo el enorme peso de la frustración y la amargura que contienen; las oscuras y amenazantes escuelas, de donde el niño emerge mutilado, cegado, adicto a las drogas o enfurecido para toda la vida; y las iglesias, iglesias, cuadra tras cuadra de iglesias, como nichos en los muros, como cañones en las paredes de una fortaleza". Ahí está la gente, en las aceras, procurando extraer, de la masa de aire caliente, algo que le sirva. "Los hombres, mujeres y niños de Harlem saben que viven ahí porque los blancos no los consideran dignos de vivir en otra parte.... Es una terrible e inexorable ley la de que uño no puede negar el valor humano de otro sin disminuir el suyo propio. Uno está reflejado en la cara de su víctima. Caminen a través de Harlem y sabrán y verán lo que nosotros, en esta nación, hemos llegado a ser". (Citas del libro de James Baldwin, "Nadie sabe mi nombre"). Y nosotros vamos a través de Harlem.

Miro a Bob y me pregunto si ha tenido, al traernos aquí, alguna especial intención, y en el momento de decir, mentalmente, Bob, recuerdo con cruda claridad a otro Bob, no blanco ni ingeniero químico éste, sino negro y exilado, hombre que el "Wanted" (Buscado) del FBI describe así: Nombre, Bob Williams o Robert F. Williams, nacido en 1925, 1.82 de estatura, 100 kilos de peso, macizo, de Carolina del Norte, escritor independiente, cargador, conserje, mecánico, agregando que está culpado de secuestro y que: "Se supone que ha poseído gran cantidad de armas de fuego, incluyendo una pistola calibre 45, que lleva en su carro. Ha sido declarado esquizofrénico y ha abogado por la violencia. Debe ser considerado armado y extremadamente peligroso".

Este "Wanted" es una sentencia de muerte. Este otro Bob no es ya un fulminante, es un cartucho, según se infiere de la lectura de su libro "Negroes with guns" (Negros armados con armas de fuego), que acabamos de comprar en París. Williams es uno de los preconizadores de la violencia negra ante la violencia blanca, pero no es sólo un preconizado como Carmichael, es un realizador. Veterano de la infantería de marina, ex marine, experimentó como tal muchos agravios racistas; licenciado, regresó a su pueblo natal, Monroe, luego de trabajar en una fábrica de aviones y en otra de automóviles. En Monroe se incorporó a una rama local de la NAACP (Asociación Nacional Para el Progreso de la Gente de Color), institución con más título que obra, la halló próxima a disolverse por resolución de sus seis únicos miembros, se opuso a ello y fue nombrado presidente, con el Dr. Albert E. Perry, distinguido y eficiente médico, también negro, como vice.

Su carrera como presidente de esa filial de la NAACP fue bastante accidentada y terminó después de un tiroteo que él y los negros que se le habían unido, armados, para defender sus personas, las de su gente y sus hogares, tuvieron con gente del Ku-Klux-Klan, que intentaron asaltar la casa del Dr. Perry. Fue destituido de su cargo de presidente por las autoridades superiores de aquella asociación. Y como el KKK resultó incapaz, tanta fue su sorpresa, de seguir haciendo frente a los negros armados, los racistas se valieron de las cortes de justicia para combatirlos: el Dr. Perry, modelo de médico según innumerables testigos, fue acusado de practicar el aborto y a pesar de todos los testimonios a su favor fue condenado a cinco años de prisión y privado de su licencia profesional. En cuanto a Williams, tomado preso en Washington durante una protesta "sit-in", fue condenado a treinta días de trabajos forzados, encadenado a otros. Después, y como insistiera en propagar sus lemas ("La autodefensa previene el derramamiento de sangre", "Encaremos la violencia blanca con la violencia negra", "Violencia contra violencia, linchamiento contra linchamiento"), Williams, acusado además de secuestrador (kidnapper, delito que se paga con la vida), prefirió exilarse.

El caso más curioso que aparece en su libro es el llamado "Caso del Beso". La historia es la siguiente: cierta tarde se reunieron en alguna parte de Monroe, a jugar a los cowboys y a los indios, varias niñas y niños, blancos y negros, entre estos últimos David Simpson y Hanover Thompson, de 7 y 9 años respectivamente; en medio del juego Sissy Marcus, una niña blanca, reconoció en Hanover a su ex compañero de juegos (su madre había servido en casa de la familia Marcus) y tanta fue su alegría que le dio un beso en la mejilla. Terminados los juegos, cada niño en su casa, Sissy, que tenía siete años, contó a su madre cómo había encontrado a su compañero de juegos de otros días y dándole un beso. La señora Marcus, histérica, llamó a la policía y acusó a los dos niños negros de haber violado a su hija. La policía detuvo a los niños y los llevó a una corte en donde, después de un proceso que duró muy poco tiempo y que apenas trascendió los límites del estado, los niños, a pesar de que Williams revolvió el cielo y la tierra buscando ayuda, fueron condenados, por violación, a catorce años de reformatorio.

Y habrían cumplido esa sentencia si un periodista inglés, amigo del abogado de los niños, no hubiese visitado el reformatorio; allí, a escondidas de la policía, tomó una fotografía que envió, junto con una minuciosa información, a su diario, el "London Observer", en cuyas páginas apareció todo, con la consiguiente explosión: se hicieron demostraciones de protesta en Londres, Roterdam, París y Roma y quince mil estudiantes holandeses firmaron y enviaron a Mrs. Roosevelt una petición solicitando la libertad de los pequeños reos; la petición fue a dar a manos del presidente Eisenhower y los niños fueron liberados.

Mientras desfilamos por las sucias calles de Harlem, recordamos a Bob Williams y a su libro y nos preguntamos hasta qué punto ha penetrado en la gente negra su ejemplo y el de Malcolm X, el de Rap Brown y el de Carmichael. Y leyendo, ya en Chile, en estos días, las palabras de Carmichael durante una conferencia de prensa a raíz del asesinato del Dr. King, recordamos aquel día, aquellas caras: "El hombre negro no puede hacer nada en este país. Por ello vamos a pararnos sobre nuestros pies y a morir como hombres. Si este es nuestro acto de seres humanos, entonces, si Dios lo quiere, vamos a morir... La América blanca vivirá para llorar desde el momento en que mató al Dr. King. El pueblo negro no teme a la muerte. Morimos todo el tiempo, en vuestras cárceles, en vuestros ghetos, en vuestras casas infectadas de ratas. No tenemos miedo de morir, porque ahora vamos a morir por nuestro pueblo...".

Y el inexorable verano viene de nuevo.

MANUEL ROJAS


Tribuna

UNA TRAMPA PARA LA IZQUIERDA

ENTRE los defectos que inspiran a la actual reforma agraria chilena, hay dos que no pueden salvarse por la vía del reformismo legalista: 1º) no puede prosperar una reforma agraria sin que se resuelvan las contradicciones internas del aparato asistencial agrícola del Estado, y 2º) no se puede liberar a la población campesina mientras no se comprenda que el problema no radica en afectar unos latifundios, sino todo un sistema compuesto por una estructura latifundista.

Respecto del primer punto, esto es, mientras no se resuelvan las contradicciones del aparato estatal encargado de aplicar, de arriba-abajo una ley, la reforma agraria gozará de un negro porvenir. En efecto, lo que ha sucedido en Chile es bastante claro: el Estado, que ha sido periféricamente afectado por un plan de reestructuración administrativa en lo concerniente a la agricultura (se creó la ODEPA, el Servicio Agrícola Ganadero, se modernizaron el INDAP y CORA, se planteó una cierta descentralización administrativa, etcétera). Pero el contenido, la orientación, la burocracia paralizante o la filosofía que inspiran a los órganos de asistencia y financiamiento del Estado no cambiaron. Más del 80% de los créditos dados a la agricultura los proporcionan dos instituciones: el Banco del Estado y la CORFO. El resto se distribuye entre INDAP, CORA y los bancos privados. En el año 1966, por ejemplo, de 750 millones de escudos dados por las fuentes institucionales, sólo el 5% correspondió a INDAP y el 1,5% a CORA. La gran cantidad restante la distribuyeron el Banco del Estado —con el 82%— y la CORFO, con el 11,5%.

Los estudios del CIDA, de E. Feder, como algunas publicaciones de institutos especializados, demuestran claramente que el Banco del Estado y CORFO canalizan sus préstamos en las 8/10 partes hacia las medianas y grandes explotaciones. De otra parte, CORA e INDAP que disponen de una pequeña cuota del crédito agrícola, lo orientan hacia la gran masa de campesinos de bajos ingresos.

Por un lado, mucho crédito para muy pocos, y por el otro, muchos que reciben muy poco. En otros términos: unos órganos de gobierno atienden al latifundio con abundante crédito, y otros pretenden atender a las 3/4 partes de la población con escasos recursos financieros.

Ahora bien, dentro de este cuadro, ¿cómo se explica la reforma agraria?

Realmente la reforma agraria es una bola huacha introducida de contrabando. Porque no tiene sentido el hecho de que mientras se robustece al latifundio con sendas sumas de préstamos, se pretenda atemorizarlo con la reforma agraria.

Sin embargo, esta realidad tiene una explicación más o menos sencilla y obvia; la Sociedad Nacional de Agricultura, que agrupa a unos diez mil productores, ha comprendido que la mejor manera de defenderse contra el ruido que meten los organismos pobres del Estado, es modernizándose en términos puramente empresariales: para ello ha lanzado la campaña de productividad desde hace un par de años. Esta campaña significa usar abonos, semillas certificadas, pesticidas, mejorar lecherías, incorporar plantaciones, etcétera, lo cual necesita, naturalmente, de financiamiento. El gobierno se ha hecho presente, de dos formas: mediante el nuevo plan de desarrollo predial de CORFO y la intensificación de la política tradicional del Banco del Estado de atender al latifundio, hoy presionado para una cierta modernización.

Una vez más el campesino es golpeado por el latifundio, pero ahora en forma más brutal. La nueva tecnología no requiere de mano de obra arraigada y permanente, sino de fuerza de trabajo ocasional, de "afuerinos".

Los censos agropecuarios constatan una horrible realidad para el campesino: disminuyen los inquilinos y sus regalías; aumentan los afuerinos, el peonaje nómade y marginal, el que deambula de fundo en fundo, de pueblo en pueblo, por los caminos con su familia. La máquina y la técnica lo sustituyen, es lanzado sin ocupación estable a una economía monetaria y a los desechos del sistema.

Esta lección histórica que afecta al campesinado, enseña una receta esclarecida en aquellos países que se han liberado a corto plazo del atraso: que no puede haber desarrollo económico y social sin un profundo cambio que afee te simultáneamente al viejo sistema productivo y a las viejas formas de ordenamiento social.

Esta realidad indica claramente que los órganos del Estado tienen dos caras: una, la que nutre financieramente al latifundio, modernizándolo a un alto costo social, y la otra, que parece apoyar al campesino pobre con sindicatos, reforma agraria o cooperativas. La verdad es que no se puede hacer reforma agraria —como pretende el gobierno— reforzando al latifundio, no se puede pensar en corregir la miseria que afecta al campesinado robusteciendo la fuente que la produce.

En resumen, los terratenientes están dispuestos a sacrificar a los agricultores más tradicionalistas, más indiferentes de entrar a los planes de productividad, a cambio de que los otros dos órganos de gobierno que operan en la agricultura (Banco del Estado y CORFO) continúen alimentándolos de abundantes créditos.

La raíz del problema, especialmente el que se refiere al abastecimiento de recursos financieros, es bastante paradojal. El Banco del Estado y la CORFO, que distribuyen el 80% del crédito agrícola, obtienen sus recursos del presupuesto fiscal, el que a su vez se nutre en una alta medida de los impuestos indirectos (aquellos que tan regresivamente gravan los consumos populares). Esto significa que en una proporción importante, son las clases bajas de la sociedad nacional (las más abundantes y las que más consumen) las que están financiando al latifundio.

Mientras el Estado no sea capaz de resolver esta contradicción interna, mal puede pretender cambiar o solucionar los problemas derivados de una estructura latifundista protegida por él mismo.

El segundo defecto de fondo de la reforma agraria democristiana dice relación a su contenido y orientación.

En términos reales, lo que se ha hecho es expropiar unos 630 fundos (menos del 3% de las medianas y grandes explotaciones), con unas 10.000 familias. Ni la mitad de los fundos expropiados están en asentamientos.

Algunas personas de izquierda se han entusiasmado porque el asentamiento (durante el período de tres años) es del Estado, viendo en ello un principio de colectivización. Pero no han reparado que dentro del asentamiento probablemente menos de la mitad de la gente trabaja en común, y el resto en forma individual. Al final del corto período de duración seguramente unos asentamientos se van a dividir y otros no.

Estimo que la mayor parte se va a dividir por una razón muy sencilla: todo el sistema agrario (bancario, comercial, etc.) presiona por la propiedad y explotación individual; los asentamientos tendrían que estar protegidos por una muralla de hierro para no ser contaminados por los ideales de vida que inspira al sistema que los rodea. De ahí que el objetivo del asentamiento —aquel objetivo que no está en la ley pero va inmerso en ella—, es la formación de una muralla social de contención frente a un posible proceso revolucionario de tipo campesino.

Como consecuencia de la revolución campesina cubana, que no tuvo una capa media amortiguadora, como la que tiene el campesino boliviano e incluso mejicano, la Iglesia Católica (precursora del asentamiento) , comprendió esta situación y ante la extensión y profundidad del movimiento popular chileno, emprendió en 1962 su propia reforma agraria, transfiriendo comercialmente sus tierras a los campesinos en forma de cooperativas comunitarias (caso Los Silos), en donde el trabajo en común era más utilizado que en los asentamientos. Hoy cada campesino de Los Silos tiene su propiedad privada como en unos pocos meses más, seguramente, cada asentado del Valle del Choapa tendrá su propiedad individual, aunque tenga que expulsarse a 600 familias.

La actual orientación de la reforma agraria comprende también otro problema fundamental: la inspiración tecnocrática que caracteriza a la reforma agraria la ha llevado a enfrentarse no a una estructura latifundista, sino a unos cuantos fundos. La política de afectación de latifundio por latifundio, de acuerdo a ciertas pautas tecnológicas y casi independientemente de la presión de los campesinos arraigados, carece de sentido. No existen unos latifundios cerrados, independientes o aislados, sino un sistema que descansa en diversos soportes: en la estructura latifundista, en las áreas minifundistas, en la reducción mapuche y en la ciudad. Estas son precisamente las ideas que conforman la noción social y política de áreas.

La afectación de unos cuantos fundos dispersos, desde Arica a Magallanes, no es la ruptura del viejo sistema agrario. Sin embargo, esta medida significa algo de mucha importancia para el latifundio y que ya estaba insinuado por la Iglesia (e incluso probado en la experiencia boliviana de reforma agraria): ir hacia la formación de una burguesía rural, que opere en base a una economía de costos, y que sirva de amortiguador social, dando flexibilidad y lugar a la coexistencia pacífica de las clases sociales en el campo.

De esta manera, el asentamiento representa un simple instrumento de capacitación empresarial de una próxima burguesía rural.

De los dos efectos enumerados se pueden obtener algunas conclusiones de importancia:

—La reforma agraria no podrá ser masiva y rápida mientras el Estado no resuelva sus contradicciones esenciales;

—La orientación de la reforma agraria no es hacia la ruptura de la estructura latifundista, sino apunta más bien a atemorizar al productor para su modernización empresarial. Este temor es recogido, ordenado, financiado o indemnizado por los más poderosos organismos crediticios del gobierno (Banco del Estado y CORFO);

—En razón de las premisas dadas y de lo expuesto en este artículo se puede afirmar, casi sin lugar a dudas, que existe a vista y paciencia del campesinado un pacto tácito entre el gobierno democristiano y la Sociedad Nacional de Agricultura, mediante el cual ésta sacrifica a algunos terratenientes a cambio de recibir la mayor tajada del crédito que reparten los órganos de gobierno y que financiamos todos los chilenos.

Frente al actual ordenamiento de las fuerzas de izquierda, terminaré este breve artículo con dos preguntas:

1. Si la izquierda apoya la actual reforma agraria, ¿no sería una especie de "boomerang" contra ella misma?

2. El engrosamiento de una burguesía rural por acción del asentamiento, ¿acaso no dejará más atada a la izquierda al juego y regateo de tipo institucional?

VÍCTOR VEA


Planteamiento

EL MAPUCHE: ELEMENTO EXPLOSIVO DE LA REVOLUCIÓN

"Padre —dijeron ellos— cuando quiera Ud. visitarnos será bien venido y recibirá alimento y abrigo; pero si vienen sus hermanos necesitarán tierra para construir una casa, habrá que darles de comer y tendremos que proporcionarles ganado; necesitarán entonces más tierra para mantener sus animales; otros cristianos vendrán a vivir con sus hermanos; ellos también desearán casas, ganado y tierras. De este modo ustedes llegarán a enriquecerse y nosotros a empobrecernos y por último seremos expulsados".

("Los Araucanos", notas de E. R. Smith, 1853).

VÍCTIMA de la agresión física y el despojo material, sufriendo en carne propia la confabulación colectiva de terratenientes, agrimensores, abogados, jueces y policías —amparada por una legislación señorial burguesa—, el mapuche ha perdido la paciencia y ha comenzado a hacerse justicia por sí mismo. Excepto personalidades aisladas, ninguna organización política se ha fundido de manera íntima y consecuente con las reivindicaciones araucanas. Estas últimas —si son entendidas— son subestimadas, y nadie es capaz de ponerse al frente de ellas. Hemos dejado solos a nuestros hermanos de sangre, quizás porque la clase dominante llegó a convencernos que éramos "blancos" homogéneos.

Al tratar de recuperar parte de las tierras de las cuales ha sido despojado, el araucano conoció en carne propia que el terrateniente es apoyado por la fuerza represiva encargada de mantener "el orden" de explotación que lo tiene sometido, la que se le presenta como la prolongación directa de los conquistadores españoles y de los conquistadores "en miniatura" del siglo diecinueve, desde el gobierno conservador de Manuel Montt en adelante. Es en el choque contra esas fuerzas donde el mapuche reconoce a sus viejos enemigos y donde redescubre su propia fuerza combativa. Al perder sus tierras, los araucanos también perdieron el miedo a recuperarlas.

Sus luchas revolucionarias se plantean al más alto nivel.

En noviembre de 1961, en las montañas de Chiguaihue, provincia de Malleco, tuvo lugar una de las grandes acciones combativas mapuches en defensa de sus derechos conculcados. La historia comenzó cuando los terratenientes Ignacio y Osvaldo Correa, dueños de unas 4.500 hectáreas de tierra, usurparon 750 hectáreas regadas pertenecientes a los mapuches de la comunidad indígena Los Lololcos, con la complicidad de jueces, notarios y abogados. Consumados estos sucios procedimientos, los mapuches fueron expulsados de esas tierras por fuerzas de carabineros. El latifundista intentó construir una casa en los terrenos usurpados, pero los araucanos la desarmaron y entregaron los materiales a la policía. A raíz de esto, el juez de la localidad de Collipulli ordenó encarcelar al cacique o jefe de la reducción, Juan Millacheo, y a otros tres mapuches a quienes acusó cínicamente de "usurpación de tierras, robo y hurto".

La rebelión comenzó a incubarse sobre el terreno. Cuando los cuatro mapuches arrestados cumplieron dieciséis meses en prisión, quinientos araucanos de la reducción Los Lololcos, armados de viejas escopetas y fusiles, cruzaron las alambradas corridas por el latifundista y recuperaron 300 de las 750 hectáreas de tierras usurpadas por los hermanos Correa. Al día siguiente de la invasión, el domingo 26 de noviembre de 1961, llegó hasta el lugar un numeroso contingente de carabineros al mando de un capitán y un funcionario judicial que portaba una orden de inmediato desalojo.

—La tierra es nuestra, no nos moveremos de aquí —contestaron los indígenas al rechazar la arbitraria disposición.

Acto seguido, los policías atacaron a culatazos a los mapuches, pero éstos replicaron a la agresión. La araucana Juana Leminao y su hijo de siete meses rodaron por el suelo. Tres carabineros cayeron a tierra con el rostro ensangrentado. Seis mapuches recibieron a su turno feroces golpes. El capitán ordenó a la tropa oficial que se replegara y amartillara sus armas.

Inesperadamente, una segunda fila de araucanos retiró las armas escondidas y se enfrentó a la policía con sus viejos fusiles y escopetas.

El jefe de los mapuches ordenó en voz alta:

—¡Apunten todos contra el capitán! ...

El capitán de Carabineros ordenó la retirada de la tropa... Los mapuches habían ganado su primera batalla.

Al día siguiente llegó al lugar una columna de trescientos mapuches de la reducción Loncolahuida, todos armados con fusiles y escopetas, que en un gesto de solidaridad combatiente venían a reforzar a sus hermanos de lucha. Una semana después las autoridades comunicaron a los mapuches de Los Lololcos, que la orden de desalojo había sido suspendida...

En enero de 1962, doscientas cincuenta familias mapuches recuperaron 230 hectáreas de sus tierras, usurpadas por los latifundistas hacía cuatro años en la localidad de Panoche, en la provincia de Arauco. Las tropas policiales intentaron desalojar por la fuerza a los araucanos, pero fracasaron en sus propósitos.

En mayo de 1962, aproximadamente mil mapuches recuperaron sus tierras en la hacienda El Huape, cerca de Cañete. Dieciséis mapuches resultaron heridos de bala por las tropas represivas.

En diciembre de 1962, sesenta familias indígenas fueron desalojadas con violencia de la hacienda El Manzano, cerca de Victoria, provincia de Malleco, donde habían ocupado 100 hectáreas de sus tierras usurpadas. Durante el encuentro resultaron heridos seis araucanos y tres carabineros; varias decenas de mapuches fueron detenidos y encarcelados.

En mayo de 1963, en la hacienda El Potrero, en las cercanías de Cañete, provincia de Arauco, se registra una nueva invasión mapuche de terrenos usurpados, se envía a la zona un batallón compuesto por 35 carabineros. Producto de la represión, muere a balazos María Huenulao y resultan heridos tres mapuches, todos miembros de una familia que había invadido los terrenos.

En diciembre de 1963, ciento cincuenta indígenas de la reducción Huintalebú recuperaron 500 hectáreas de tierras usurpadas por el latifundista Smitmans, cerca de la localidad de Los Sauces, provincia de Malleco. Tropas represivas formadas por 140 carabineros desalojaron por la violencia a los ocupantes, con varios heridos y treinta detenidos.

En enero de 1965, primer año del gobierno de la Democracia Cristiana, varias familias indígenas fueron desalojadas por la violencia de tierras fiscales ubicadas en la zona cordillerana de Cajón de Rehuenco, provincia de Malleco.

En abril de 1965, doscientos campesinos indígenas fueron agredidos y desalojados por segunda vez de tierras recuperadas en Antiquina, cerca de Cañete. Los terrenos habían sido usurpados por el terrateniente Rómulo Rivas. Paradojalmente, la orden de desalojo fue impartida por el intendente de la provincia de Malleco, Claudio Huepe, hijo de indígenas y traidor de sus hermanos de raza, que se puso al lado de la DC.

En febrero de 1966, segundo año de gobierno de la DC, otras veintiséis familias de campesinos mapuches fueron desalojadas violentamente por cincuenta carabineros, de tierras recuperadas del latifundio Quilpén, cerca de Curacautín, provincia de Malleco. Los predios habían sido usurpados por la firma maderera Mosso Hermanos, propiedad de capitalistas argentinos.

En junio de 1967, tercer año de gobierno de la DC, las fuerzas policiales desalojaron violentamente a unos doscientos mapuches que habían rescatado sus tierras de la hacienda Moyna, provincia de Malleco. Las tropas represivas destruyeron las viviendas levantadas, confiscaron los útiles de labranza y arrestaron a dieciocho araucanos, entre los que se contaban dirigentes de la Federación Campesina e Indígena.

Recientemente, el domingo 24 de marzo de 1968, en las cercanías de Lumaco, provincia de Malleco, tropas policiales intentaron desalojar a ochenta indígenas que habían recuperado parte de sus tierras usurpadas por los latifundistas de la región. Al oponerse al desalojo, los mapuches fueron atacados por fuerzas de carabineros, entablándose una violenta refriega que duró dos horas. Según el parte policial, catorce indígenas resultaron heridos, algunos de gravedad, y también dos de los agresores, entre los que se contaba un capitán —¿nuevamente el capitán?— que habría sufrido heridas graves y debió ser trasladado a un hospital de Santiago. Veintiún mapuches fueron detenidos y luego encarcelados por las tropas represivas, incluyendo a Arturo Curín, dirigente nacional de la Federación Campesina e Indígena de Chile.

Esta es parte de la copiosa historia reciente de las luchas de los mapuches por la conquista de sus tierras usurpadas y por la defensa de sus derechos. Estas luchas constituyen un fermento social y político explosivo y crucialmente importante de la revolución chilena, que merece desarrollarse con todo el calor y respaldo de las fuerzas revolucionarias del país.

USURPACIÓN DE TIERRAS A LAS COMUNIDADES MAPUCHES

En la provincia de Arauco la tierra correspondiente a los mapuches, en 1963, alcanzaba un promedio de 1.2 hectáreas por persona (frente a 1.9 en Cautín). En el supuesto de que cada familia mapuche estuviera integrada por. siete personas, cada grupo familiar mapuche dispondría de unas 8 hectáreas en promedio. Esta cifra puede compararse con la "unidad económica" fijada para esa región por el gobierno democristiano en sus planes de reforma agraria, que es de 80 hectáreas por núcleo familiar. En consecuencia, la extensión de la tenencia" de la tierra mapuche puede calificarse francamente de minifundista.

"El minifundio característico tiene su origen en las usurpaciones de tierras efectuadas por los llamados chilenos". (CIDA.)

Para demostrar esto, basta observar la superficie usurpada a 6 de las 32 reducciones mapuches de Cañete (Arauco), con datos de 1962 correspondientes a la Encuesta de los Regidores de la Municipalidad de Cañete.

Recuérdese que la usurpación de tierras es anterior al otorgamiento del título de merced, de manera que la superficie usurpada indicada se refiere sólo a la diferencia entre el área concedida por el título de merced y la que ocupan en la actualidad las reducciones. En consecuencia, aun cuando fueran revalidados los títulos de merced y devuelta la totalidad de los territorios usurpados, el problema no quedaría solucionado. De acuerdo con la Encuesta de los Regidores de la Municipalidad de Cañete, en las 32 reducciones viven 760 familias mapuches con 4.400 habitantes que, teniendo concedidas 7.500 hectáreas por los títulos de merced, ocupan, sin embargo, 5.000 hectáreas.

Otras conclusiones de la citada encuesta son las siguientes:

1. "La casi totalidad de las comunidades o "reducciones" mapuches encuestadas tenían problemas de usurpación de tierras". Estas usurpaciones son fuente de malestar social por el fuerte sentimiento de grupo de la cultura mapuche.

2. A juicio de los mapuches, los agrimensores son cómplices de las usurpaciones. Desconfían de los organismos gubernamentales y ven a sus funcionarios como ligados a los intereses de los chilenos y en contra de los suyos.

3. Existen casos de litigios de tierra de varias comunidades con un solo latifundista en el área.

4. Las comunidades con problemas sobre propiedad de tierras, mantienen litigios en Juzgados de indios que vienen tramitándose desde veinte hasta ochenta años atrás. (En los ejemplos citados el promedio de tramitación es de más de medio siglo). En algunos casos han sido fallados en primera instancia en favor de los mapuches, pero la sentencia no se ha ejecutado. Los mapuches ven a los juzgados como instituciones que sólo (tramitan los juicios, pero que no aseguran el imperio de la ley en la práctica.

5. Debido a las escasas posibilidades de sus tierras existe una gran emigración mapuche, tanto de hombres como de mujeres hacia Concepción y el centro del país, un buen número trabaja en las minas de carbón y algunos en el Cuerpo de Carabineros.

6. La reducción de Lanalhue (en la que viven catorce familias), posee 13 hectáreas y disputa 35 hectáreas más con el propietario de un latifundio de 14.000 hectáreas (!).

7. La reducción de Antiquina, disputa algunas hectáreas con un latifundista propietario de 17.000 hectáreas.

"Estas y otras razones podrían explicar el profundo malestar social existente en la zona, que se traduce políticamente en que los dos diputados de la provincia sean uno socialista y otro comunista (1963)" (sic).

En el Juzgado de Indios de Temuco existen acumulados más de treinta mil expedientes de demandas judiciales entabladas por mapuches en contra de los usurpadores de sus tierras. Los litigios llevan años, lustros y decenios esperando el veredicto del tribunal que no llega.

Es interesante destacar que casi todas las cifras y antecedentes, así como gran parte de los juicios precedentes, que describen la dramática situación que afrontan los mapuches debido a la usurpación de sus tierras, proviene de una fuente tan insospechada de cualquiera exageración o proselitismo revolucionario como el Comité Interamericano de Desarrollo Agrícola (CIDA).

Para mayores detalles, puede consultarse su informe "Chile: Tenencia de la tierra y desarrollo socio-económico del sector agrícola", 1966, cuyos antecedentes, según confiesa CIDA en su prefacio, son los siguientes: "La Carta de Punta del Este recomendó a la OEA, en colaboración con los demás organismos internacionales interesados en la agricultura latinoamericana, preparase un informe de carácter general relativo a la reforma agraria"... ante "la creencia de que la reforma agraria pudiera contribuir a la estabilidad política", etcétera. Entre los organismos interesados en este problema se cita a la OEA y al BID, pero nada se dice de la omnipresente CIA ni de los Cuerpos de Paz norteamericanos.

En la encuesta antropológica efectuada al estudiante mapuche L. A. por Carlos Munizaga, son igualmente significativos los siguientes hechos relatados por el joven mapuche: En el centro mismo de la comunidad y junto a la escuela, existe un "culto protestante"; "al finalizar el período escolar... llegaron dos delegados de la ciudad, uno del Estado y un pastor protestante"; "antes de terminar el período escolar (en la escuela del pueblo), visitó la escuela un misionero evangélico norteamericano, muy amable, sobre todo con las gentes del campo"; en la Escuela Granja de Nueva Imperial "había ingleses"... todos los profesores de la escuela granja eran evangélicos", etcétera.

Uno se pregunta si estos hechos significativos, demostrativos de la sabiduría, agilidad y preparación demostradas por el imperialismo no confirman nuevamente los juicios de Régis Debray: "Cuba ha elevado el nivel de preparación material e ideológico de la reacción imperialista en menos tiempo que el de las vanguardias revolucionarias". "El triunfo de la revolución cubana tiende a radicalizar, organizar y unificar las diversas tendencias de la burguesía en un solo frente contrarrevolucionario, más rápidamente de lo que se radicalizan y unifican las organizaciones revolucionarias."

JAIME BARRIOS

"Vida de un Araucano", 1960. Trabajo realizado dentro de la Cátedra de Antropología de la FLACSO. publicado por el Centro de Estudios Antropológicos de la Universidad de Chile.


Poesía

"SALAR", ROSTRO DE LA PAMPA

DEDICO estos cantos al Norte de mi Patria. A su mar, a su cielo, a su tierra. A sus hombres. A los que defendieron con pólvora su heredad de sol y sueños. A los que siguen construyendo día a día esta tierra con sus puños, con su sangre, con su mente", dice Ernesto Murlllo, en síntesis, en la primera página de "SALAR" que acaba de obtener el PREMIO MUNICIPAL DE POESÍA (1968). Hace algunos meses, leí "SALAR" y me sentí atraída por conversar con su autor. En su poesía me llegaba la geografía del Norte y la dura historia del hombre: "Estaba solo el hombre en sus conchales. / Estaba solo el hombre y sus semillas. / Estaba solo el hombre con el viento. / Estaba solo el hombre. / Amanecía".

Yo quería que el poeta me contara la historia de ese hombre, desde su punto de vista.

Y ahora que por su libro "SALAR" ha sido galardoneado con el PREMIO MUNICIPAL DE POESÍA, le pido que hable sobre el Norte para los lectores de PUNTO FINAL.

"Una larga estadía en el puerto de Taltal por razones profesionales —soy ingeniero civil—, dice Murillo, hicieron posible el nacimiento de "Salar". Taltal de por si es ya un trozo de recuerdo de la gran historia del salitre, del cobre, de los veleros que antes llenaron la bahía transportando minerales y aventuras. Ha sido la fuente de inspiración de notables escritores como Salvador Reyes, Sady Zañartu, Mario Bahamonde y Andrés Sabella. Fue el núcleo de una vida febril, agitada y dura, basada en estas riquezas que exigieron voluntad y sacrificio de hombres excepcionales como el Manco Moreno, José Santos Ossa, Daniel Oliva, el "Loco" Almeyda y tantos otros que pasearon por el desierto su ejemplo de gigantes.

Internándose en el desierto y en la cordillera, el hombre se encuentra con un paisaje del "primer día de la Creación" como lo llamó Keysserling, donde la tierra ofrece un rostro atormentado, lleno de cicatrices, que muestra a las claras los dolores del parto mismo del mundo. Sedimentos marinos en plena cordillera, rastros fosilizados de amonitas y peces, volcanes apagados, fallas tectónicas que entregan en sus estratos el libro geológico de la tierra, inmensos salares donde el hombre sufre agonías de inmensidad y sed con sólo mirarlos.

Y entre todo este follaje de soledad y abandono: minas, minas, minas. Minas grandes y pequeñas, donde los hombres desde la más temprana edad apuñalearon los cerros para sacarles la riqueza del cobre, del oro, de la plata, del salitre.

Es un paisaje que habla con voz ronca, que dice muchas cosas a quien quiera o pueda escucharlas.

Me tocó este privilegio.

También el de recorrer el mar en todas direcciones con mis amigos pescadores y tratarme cara a cara con la albacora, con el azulejo, con la raya, con el tollo, con todo el enjambre maravilloso de los peces nortinos.

Pero esto no es todo. Caminando hacia el norte de Taltal aparecen los conchales donde los primitivos changos y atácamenos dejaron los rastros de su vida y la "receta de su sangre". Estos conchales han sido recorridos y registrados por arqueólogos chilenos y extranjeros (Arturo Capdeville, Max Uhle, Junius Byrd, Julio Montané, Jorge Irribarren, Lautaro Núñez, Raúl Bahamonde), y han encontrado restos de lo que han llamado la "cultura del anzuelo de concha" con una antigüedad comprobada que sobrepasa los 7.000 años.

¿Se imagina usted la evocación que significa haber recorrido esos lugares y haber extraído por las propias manos uno de estos anzuelos, teniendo luego que sacudirse del cuerpo el polvo de conchas y huesos desintegrados más antiguos que la historia egipcia?

Fue este escenario el que me hizo pensar que faltaba un libro que cantara toda esta magnificencia, partiendo desde ese primer hombre que no tenía más que la fuerza de sus manos y el ingenio de su rostro. Por eso:

"No encontré catedrales ni campanas./ Ni oro macizo hallé ni joyerías/ ni fríos pasadizos a la luna,/ ni conductos de nieblas ni canales,/ ni rojos calendarios ni relojes."

Sin embargo, allí estaba el material y con él había que trabajar.

Un día conocí a un gran taltalino, Mario Bahamonde, excelente escritor y maestro, que hoy día es director de Extensión Universitaria de la Universidad de Chile de Antofagasta. Este hombre ama tanto su tierra que opina que "Antofagasta es sólo el barrio norte de Taltal".

Bahamonde me lanzó un desafío: escribir sobre Antofagasta, sobre su "norte", este Norte Grande, casi tan grande como él. Entonces, amplié el marco de la idea primitiva y miré una zona más vasta que Taltal. Había que agregar más desierto, más montañas, más volcanes, más mar. Subir a San Pedro de Atacama, a Chiu-Chiu, a Toconao, a los geissers del Tatio, al volcán Licancabur, al Llullaillaco. Amalgamar todo esto en un solo canto.

Así completé los ingredientes que componen este amasijo llamado "Salar".

Casi todos los lugares que se mencionan han sido visitados. La historia terrestre y marina han sido vividas en cuanto puede vivirlas un hombre de hoy día: penetrando el mar, hundiéndose en sus aguas, caminando a pie por cerros y desiertos, rascando la tierra con las manos y las uñas, escuchando cantar las estrellas en la noche pampina. No sé si lo he logrado. El premio que ahora recibo parece indicar, por lo menos, que a algunas personas ha herido esta flauta nortina."

INÉS MORENO


LA POESÍA DE GONZALO MILLÁN

LA experiencia indica que la primera intuición del joven poeta radica en la conciencia de una dificultad, cual es que en última instancia la poesía consiste en un hecho literario, y éste en un particular modo de lenguaje, en un decir peculiar. De este modo, esta dificultad inicial engrana en todo un sistema de otras complicaciones, tales como este otro hecho de que el uso de la poesía, su manejo histórico, inscrito en el marco de un tiempo y de una sociedad determinados, configura a su vez un gran esfuerzo múltiple por elaborar, justamente, modos particulares de hacer poesía. Si bien un nutrido talento personal —aquella argamasa primera— simplifica el problema en una minoría de casos, la generalidad enseña que ni el acopio de lecturas ni la formación sistemática en el trabajo y la cultura literarias, son pertrecho suficiente. La flagrancia de "los influjos o la fragilidad del mundo poético propio, terminan por sentar una vez más el principio de que "la poesía es oficio de insistencia".

En nuestro país la dificultad es mayor. En Chile la poesía como forma de una literatura nacional, ha llegado a su "fase consciente", para usar una idea de T. S. Eliot, es decir, completando el concepto del poeta inglés, el escritor joven "llega a darse cuenta de que le han precedido varias generaciones de escritores, en su propio país y en su propio idioma, y que en esas generaciones hay varios escritores reconocidos como grandes".

Doble razón tenemos entonces para saludar la aparición de un primer libro de poemaso, tal vez el mejor primer libro en bastante plazo, de un poeta de veinte años, obra que se remonta en verticalidad en el panorama de nuestra poesía joven. Gonzalo Millán ha sabido conservar en sus poemas —breves retazos chispeantes y coloridos de realidad adolescente— la primera intuición poética, la mirada original que más que reconocer, nombra, más que comprobar, define, y define en términos de espontaneidad, en términos de emotividad y asombro súbitamente heridos, el marco de realidad que el umbral de su atención inscribe en esa mirada.

Aparentemente sin elaboración ceñuda, sus poemas consisten en bocetos rápidos, velocísimos, trazados con palabras de suyo cercanas al objeto que nombran, trazados se diría con las cosas mismas, su volumen y su certeza rotundas, su presencia misma gravitando en el poema. Por otra parte, una anécdota que envuelve todo y a la vez brota relumbrante de ese escueto lenguaje.

Sobre todo en esto último reside la sabiduría de este joven poeta estudiante. La selección del momento, la impresión fotográfica de un hecho vivido en doble versión; primero, como acto habitual, y luego, en yuxtaposición inmediata, como imagen recreadora: "Con mis pequeños ojos cegados/ por los trozos de espejos/ que trituran las olas,/ raspo y destruyo hasta desollarte/ los tatuajes de la arena/ y la cal de tu costra,/ para poder hundirte en la carne,/ roída por el jugo de limón,/ mi pico de ave." (Y ahora el sol destiñe el fondo rosado de tu concha, página 28.)

Su tema central puede definirse con una palabra: la adolescencia. Y ella entendida como irrupción atlética en el amor, en la sensualidad de vivir, en las cosas y los hechos de la naturaleza, en la alegría y las penurias, etcétera. Esta adolescencia que descubre de partida el mundo del "yo", pero no el "yo" mayusculado e hiperbólico del romanticismo heroico, sino un yo íntimo, irrisorio en su nueva circunstancia de tránsito hacia una adultez ignota, ese "yo" desgarbado y escolar, hermano mayor del personaje de Anatole France.

No obstante, podría pensarse en que se trata de una poesía de "tono menor", hay en la poesía de Millán toda una vertebración de lenguaje que nos delata a un poeta que sabe armar un idioma lírico complejo en sus recursos. Hay aquí, por ejemplo, alardes de notable aprovechamiento del hecho cabal del lenguaje al conseguir encauzar a través de un ritmo elocuente, la sensación, la sensualidad peculiar de ciertas palabras, y una curiosa delineación de sus límites semánticos. En suma, podemos hablar de conciencia de la funcionalidad lírica del idioma.

Caemos de pronto en el amor
y somos dos migas sucias
flotando en un platillo con agua
o la mosca sin alas <
que el dedo hace correr sobre la mesa (...)

Esta contención verbal de Millán, unida a la cotidianeidad de sus elementos, si bien se conjuga con una tendencia general de la más nueva poesía chilena (recordemos a Lara, Quezada, Silvacevedo y otros), adquiere en él particulares rasgos por el clima que logra crear a partir de una emotividad nostálgica, de un humor desencantado ("Me pagas con mala moneda, mujer,/ y con un sueldo vital el empleo/ que te hago de mi amor y de mi tiempo", página 38), y de una sensualidad trasgresora más que epicúrea. Ese es su mérito fundamental. En el último poema de este libro, concebido con una línea de tránsito temporal (de la infancia a la adolescencia), como en una crónica fragmentaria, con los mismos elementos ya señalados anteriormente, notamos una apertura hacia el mundo de los hechos de la madurez, la inminente irrupción de lo dramático. en la vida adolescente:

Y a veces pienso que después de tanto
y tanto aire, soplo y saliva malgastados
en el intento de apagar el sol,
como me dijeron,
estará sólo la manta de la obscuridad,
ahogándome,
y nada más en torno de mi cabeza
si lo apago.

(ECLIPSE)

WALDO ROJAS


Literatura

CORTÁZAR LEE A CORTÁZAR

GRABADO en París en diciembre de 1966, el disco "Cortázar lee a Cortázar", 33 1/3 de la Editora Laberinto, Bs. As., contiene en el lado uno «Palabras de Introducción' (texto original), 'Continuidad de los parques' (de "Final de juego"), 'Palabras' (texto original), 'Me caigo y me levanto' (de "La vuelta al día en ochenta mundos"), 'Filantropía' (de "Historia de cronopios y de famas") y 'Correos y Telecomunicaciones' (de "Historia de cronopios y de famas"). En el lado dos incluye 'Palabras de introducción' (texto original), 'Conducta en los velorios' (de "Historia de cronopios y de famas"), 'Palabras' (texto original), 'Capitulo 68' (de "Rayuela"), 'Capitulo 32' (de "Rayuela", carta de la Maga a Bebé Rocamadour). La publicación de algunos pasajes originales aparecidos en este disco no tienen el debido autorizamiento del autor. Perdone Cortázar, aunque usted no se entere. La foto a la vista, fue publicada en la revista "SUR", octubre-noviembre-diciembre de 1950, año XIX, en un número extraordinario de aniversario. En el artículo 'Evocación e inventarlo de Sur', Guillermo de Torre mencionaba a Cortázar (así también a Dardo Cúneo, Mario Lancciotti, Estela Canto, etc.) como "nombres de incorporación más reciente" a la citada revista argentina. Quien más, quien menos, debía a Borges una vela. Cortázar, por ejemplo, en el texto ‘Las puertas del cielo’, en relación al poema 'El Paseo de Julio' (Cielo para los que son del Infierno) de Borges, cuento publicado en "Bestiario" en 1951. Pero mejor vayamos al propio Cortázar, hoy a casi veinte años de sus primeras conjeturas literarias ("Los Reyes", 1949).

VENZANO TORRES

Lado 1: Palabras de introducción

"Sí, la idea de grabar un disco de manera mas o menos académica, leyendo un texto tras otro, con esa sensación de cosa muerta que dan los discos de escritores, no, no me gusta demasiado. En definitiva, lo que yo creo, es que esta negativa un poco más importante para mí, a escribir cosas de tipo académico. Es decir, que en la medida de lo posible, me gusta que desde la primera frase haya un contacto entre el que me va a leer y yo mismo, no porque yo escriba pensando en que alguien me va a leer, sino más bien porque, siempre he tenido la impresión de que el hecho mismo de ponerme a escribir, significaba de alguna manera una tentativa de contacto, no con personas definidas, no, no con lectores definidos, probablemente conmigo mismo, o con una realidad ajena y exterior, con la que se busca precisamente el contacto para que deje de, para que llegue a ser un poco menos ajena y exterior. La verdad es que tengo muchos discos grabados por poetas y novelistas, y siempre me ha molestado eso de sentir que a un señor lo sientan en una silla, en un estudio de grabación, y él ha preparado ya determinados textos y hay un gran silencio y luego sale una voz, así como de la nada, una voz que parece ya muerta, y del otro lado habrá un día un señor que comprará el disco y lo escuchará en su casa, y será un poco también como si él estuviera muerto cuando lo escucha.

Por eso esta especie de introducción. Es porque prefiero improvisar, incluso en las lecturas que voy a leer. Más vale leer mal siendo uno mismo que pretender igualar a un buen lector profesional. Sobre todo porque quisiera sentirme un poco como si estuviera en la misma habitación donde usted oye ahora este disco, y cuando digo usted, usted no existe para mí, y sin embargo, vaya si existe, porque usted y yo somos este encuentro desde tiempos y espacios distintos, una anulación de esos tiempos y esos espacios, y eso es siempre la palabra y la poesía. Digamos entonces que estamos juntos y yo tengo unos cuantos pa peles y voy a leer algunos como vayan saliendo. Textos cortos porque los largos a los cinco minutos de lectura —como desgraciadamente hemos perdido casi por completo el sentimiento oral de la literatura. Los discos de escritores se empiezan a escuchar con gran atención y respeto, y nadie hace ruido al revolver el azúcar en el café, pero al cabo de cuatro o cinco minutos, ese interés decae primero porque uno casi nunca está solo cuando escucha esos discos".

Lado 2: Palabras de introducción

"Mm, ahora que voy a completar este disco con otras lecturas, es curioso pensar có mo las cosas pueden ordenarse o desordenarse más allá de todo lo concebible. A lo mejor, usted escuchó la primera cara y después se fue al cine o estuvo seis meses estudiando matemáticas, o a lo mejor todavía no escuchó la primera cara, porque no le gusta proceder metódicamente. Y yo, por mi parte, grabé esos primeros textos hace ya cinco días y después estuve tan resfriado que no pude seguir porque mi voz parecía una foca pidiéndole pescados al domador, y a lo mejor usted está escuchándome en mangas de camisa y con las ventanas abiertas, y en cambio aquí nevó anoche y yo me he puesto un polo abrigado y amarillo.

Todo es distante y diferente, y parece inconciliable y a la vez todo se da simultáneamente en este momento que todavía no existe para mí y que, sin embargo, es el momento en que usted escucha estas palabras que yo grabé en el pasado. Es decir, en un tiempo en que para mí es el futuro. Juegos de la imaginación dirá el señor Sensato, que nunca falta entre los lo eos, como si eso fuera decir algo, como si supiéramos lo. que es un juego en el fondo, y sobre todo lo que es la imaginación. En fin. Aquí se habla de una familia un tanto peculiar que vive en la calle Humboldt y de su conducta en los velorios."

JULIO CORTÁZAR


Teatro

GORILAS EN ESCENA

EL Teatro Popular ICTUS —nueva denominación — comenzó las representaciones de la última obra de Jorge Díaz, que antes de su estreno desató algo que amenaza convertirse en un vendaval polémico. En conversaciones con el autor, antes de su regreso a España, conocimos los títulos previos de esta obra: "No sólo de pan muere el hombre", "Archipiélago drogado", "Américafauna", hasta llegar al definitivo de Introducción al Elefante y Otras Zoologías.

En ella Díaz "satiriza violentamente al imperialismo norteamericano" y al gorila je militar subalterno que en América Latina se ha encargado de mantener y acentuar el orden colonial yanqui y mejorar la tajada correspondiente a las oligarquías "democráticas". Ante el papeleo complaciente de ciertas izquierdas, subraya Díaz el hecho histórico más dramático y catalizador de nuestro continente: el surgimiento de las guerrillas liberadoras que enfrentan con fuego la violencia del Pentágono y la banca monopolista de USA, guerrillas que incluyen jóvenes de formación marxista desencantados de sus partidos originales, cristianos insobornables como Camilo Torres, y campesinos a quienes la paloma de la paz no ha podido rescatar de su miseria ancestral.

Todo esto ha sido calificado fraudulentamente de "anticomunismo".

Hasta se ha dado el caso que algunos actores desistieron de participar en esta obra por tal motivo, actores que por necesidad profesional deben actuar normalmente en obras que, en esencia, defienden los valores de la sociedad burguesa. Hasta no hace mucho el término "anticomunismo" era usado para designar lo reaccionario, lo proimperialista y sus derivados fascistas. Pero últimamente, por no se sabe qué aberración semántica u oportunista, este vocablo sirve para rotular todo aquello que, dentro de la zona del marxismo-leninismo, del antimperialismo, de la lucha por la liberación nacional y social que sacude Latinoamérica, no concuerde total o parcialmente con los métodos de determinada institución política.

Sorpresivamente, han pasado a ser "anticomunistas" Fidel Castro, la revolución cubana, Che Guevara, Régis Debray, Ho Chi Minh, Kim Il Sung, los estudiantes franceses, alemanes, italianos y españoles, en fin, todo lo que actualmente ha entrado en conflagración directa con el imperialismo y su dominación mundial.

Y hasta cuando el comandante Guevara en su último mensaje instó a "crear dos, tres, muchos Vietnam" como forma de generalizar la lucha y solidarizar en los hechos con el heroico pueblo vietnamita, no faltó quien invirtiera los sexos con llamativa candidez y hablara de "la consigna provocativa del imperialismo de crear muchos Vietnam", formulación inolvidable de Orlando Millas ("El Siglo", 25-6-67). Si en un cuadro de la obra de Díaz, un grupo de marxistas de todos los matices discurren barrocamente, mientras el yanqui y el gorila torturan a nuestros pueblos, sin decidirse a hacer nada, y los sorprende el cable con la noticia del asesinato del Che Guevara, la culpa no la tienen Guevara ni Jorge Díaz. Si hay debilidades en la obra de Díaz, se deben a que aún no ha podido profundizar ni solidificar —lo que no significa fosilizar— su ideología antimperialista. Un nivel de actuación excelente bajo la dirección de Jaime Celedón, apuntala este definitorio y feliz intento de Díaz de crear un teatro, no aproximado, sino consubstancial, que participe patagónicamente de la gran lucha antimperialista que se acrecienta en América Latina, pese a todos los subterfugios para apagar sus fuegos.

J. H.


Tribuna teórica

EL MARXISMO, ¿UN HUMANISMO?

MUCHOS marxistas considerarán extraño, y aun herético, que nos hagamos esta pregunta: ¿Habremos olvidado que el objetivo de los trabajos de Marx no era sino liberar al hombre? ¿Habremos olvidado que las obras de su juventud tienen por centro el tema del hombre alienado y su liberación? ¿Habremos olvidado que el objetivo de la lucha política de los partidos marxistas no es sino transformar la sociedad para permitir que todos los seres humanos alcancen su estatura de hombres?

No; nada de esto hemos olvidado. No cabe duda de que el "proyecto existencial de Marx fue servir al hombre, desde su juventud y hasta su muerte. En este sentido, Marx fue, por lo tanto, prácticamente un humanista. Tampoco podemos negar que la reflexión de Marx, en sus Obras de Juventud, se encuentra centrada en el hombre. Pero y este es un punto central para la comprensión de su teoría: en un momento determinado de su trayecto teórico, para poder servir al hombre, Marx deja de hablar del hombre.

Marx tiene que abandonar los "servicios teóricos" del concepto de hombre para poder conocer realmente las condiciones en las cuales los hombres viven, actúan y piensan, y sabemos que es sólo este conocimiento el que permitirá transformar la sociedad y liberar finalmente al hombre.

VALOR DE ALGUNOS CONCEPTOS

Los conceptos humanistas solamente describen realidades, pero no permiten alcanzar un conocimiento científico de las mismas. Veamos, por ejemplo, la inutilidad teórica del concepto humanista de trabajo alienado, utilizado frecuentemente por Marx en sus Obras de Juventud. Este concepto señala tanto una situación de explotación (trabajar para otro) no diferenciando los diversos tipos de explotación: esclavista, feudal, capitalista, como una situación de producción para el mercado (que separa al producto del productor), como, por último, la situación de "fetichismo de la mercancía" (dominación del producto sobre el productor) que afecta por igual a todas las clases sociales bajo el régimen capitalista. Por lo tanto, el concepto de alienación es un concepto por medio del cual todo se evoca, pero por ello mismo, todo desaparece. ¿Qué ganamos con multiplicar los rostros de la alienación cuando ello no contribuye en nada a darnos a conocer su naturaleza?

Para poder comprender las leyes que determinan la existencia real de los hombres que viven en las sociedades, Marx debe abandonar la terminología humanista y producir nuevos conceptos, que no tienen nada que ver con el hombre. Reemplaza las nociones ideológicas de hombre, esencia humana, naturaleza humana, alienación, trabajo alienado, hombre total, hombre genérico, creación del hombre por el hombre, conciencia, libertad, trascendencia, etcétera, por los conceptos científicos del materialismo histórico: modo de producción, fuerzas productivas, relaciones sociales de producción, infraestructura, superestructura ideológica y jurídico-política, clases sociales, lucha de clases, determinación en última instancia por la economía, desplazamiento de la instancia dominante al interior de un modo de producción, combinación de varios modos de producción al interior de una formación social concreta, etcétera.

Evidentemente, es fácil, a primera vista, que no se perciba esta diferencia absoluta. Pero basta estudiar con atención los textos de Marx, y otras obras, teóricas y prácticas del marxismo para descubrir que los conceptos marxistas no tienen nada que ver con las nociones ideológicas humanistas.

UN ANÁLISIS DE MARX

Veamos, por ejemplo, cómo Marx analiza los distintos momentos del ciclo económico prescindiendo totalmente de las nociones humanistas. En el consumo que parece estar directamente relacionado con las necesidades humanas, Marx distingue un consumo individual y un consumo productivo. El consumo productivo no satisface necesidades humanas, sino las necesidades propias a la reproducción del sistema de producción. Aquí las nociones humanistas son reemplazadas por las nociones científicas de capital constante y capital variable, sector de medios de producción y sector de medios de consumo, etcétera. Por otra parte, en lo que se refiere al consumo individual tampoco se puede hablar de necesidades "humanas" en general como si ellas dependieran de una naturaleza humana inmutable. Las necesidades que están relacionadas con el consumo individual, no se refieren a la naturaleza humana en general, sino a su solvencia que depende de la forma en que se distribuyen los ingresos según el lugar que las clases ocupan en la producción. En la distribución, Marx no habla del hombre sino de las clases, expresión de las relaciones sociales de producción. En la producción, no habla de trabajo humano creador sino de fuerzas productivas (trabajador directo y no directo, materia bruta y prima, medios de trabajo, etcétera) y relaciones sociales de producción, base de las clases sociales. Estas relaciones sociales de producción no pueden ser reducidas a simples "relaciones humanas" sin deformar al marxismo. Ellas no son relaciones entre los hombres, sino relaciones entre los hombres por medio de las cosas (los medios de producción), relaciones entre los hombres en cuanto éstos son portadores de determinadas funciones en la producción.

Comenzamos entonces a vislumbrar el sentido de nuestra pregunta inicial: El marxismo, ¿es un humanismo?

El marxismo, considerado como una teoría científica, no es un humanismo, y justamente, es debido a que no es teóricamente hablando un humanismo, que puede producir el conocimiento de las sociedades humanas, de las leyes de la lucha de clases, y proporcionar los medios para suprimir los sufrimientos humanos derivados de este modo de producción, dominado actualmente por el imperialismo norteamericano: la explotación de clase, la guerra y todos sus horrores.

¿Cómo explicar, entonces, el hecho de que muchos marxistas no perciban (o silencien) esta distinción tan clara entre el humanismo y el marxismo? ¿Cómo explicar que abandonen las nociones marxistas reemplazándolas por nociones humanistas?

Existen razones teóricas importantes. Si la teoría marxista puede ser fácilmente "digerida" y reinscrita al interior de una concepción humanista, es porque vivimos en un mundo dominado por la ideología burguesa y pequeñoburguesa. Esta "digestión" ha sido facilitada por la prodigiosa novedad de la teoría de Marx. Los descubrimientos teóricos de Marx iban contra todas las convicciones y teorías existentes en su época. Hasta tal punto eran inesperados, que no existía un lenguaje adecuado, suficientemente maduro, para expresarlos. Marx mismo tuvo que pensar muchos de sus descubrimientos en el lenguaje de la filosofía existente: el hegelianismo, el evolucionismo, el positivismo, el humanismo, etc.

Existen razones pedagógicas. Un lenguaje humanista es fácilmente digerido por las masas.

Existen razones políticas, para no percibir esta diferencia y para insistir en la ideología humanista, a pesar de todas las demostraciones que se puedan oponer a la interpretación humanista. Estas razones políticas están generalmente al servicio de causas revisionistas de derecha. Se emplea un lenguaje humanista para no asustar a la pequeña burguesía, para lograr formar un frente común con los cristianos. Se utiliza un lenguaje humanista para evadir el enfrentamiento con problemas serios planteados por la estructura económica o por la organización del partido en los países socialistas. Reflexionemos un poco acerca del lenguaje con que muchos marxistas enfrentan actualmente el problema de la paz. Se utiliza todo un lenguaje humanista para describir los horrores de la guerra atómica, que puede resumirse en la siguiente frase: "Todos unidos frente a la muerte". En esta lucha por la paz, que se traduce, en la mayor parte de los casos, por una mantención del statu quo, se olvida "misteriosamente" la explicación marxista del origen de la guerra. El marxismo nos ha enseñado que no se lucha verdaderamente por la paz sino cuando se lucha por destruir la causa de la guerra: el capitalismo imperialista. Toda lucha por la paz que silencie este hecho, engaña y no se diferencia en nada de los discursos por la "paz y la libertad de los hombres" pronunciados por el imperialismo norteamericano.

Nuestra insistencia en el carácter no humanista del marxismo, tiene como primer objetivo luchar justamente contra estas desviaciones oportunistas del marxismo que frenan la marcha revolucionaria de los pueblos oprimidos hacia el socialismo. El enemigo se ha infiltrado en las filas revolucionarias, es urgente desenmascararlo.

Y tiene por segundo objetivo diferenciar al marxismo de otras doctrinas políticas humanistas que anhelan también el socialismo (personalista, comunitario, etcétera), pero que por no poseer los instrumentos que le permitan hacer análisis científicos de la sociedad que desean transformar, no hacen sino buscar vías utópicas, caminos reformistas de reconciliación de clases, soluciones técnicas irreprochables pero políticamente irrealizables debido a que no consideran las fuerzas sociales que deberán estar en la base de la transformación deseada.

Si muchos militantes cristianos en América Latina llegan a ser marxistas, no es para reemplazar un humanismo por otro, sino porque el marxismo les ofrece los instrumentos necesarios para transformar el sueño socialista en una realidad.

NEVA


¿QUE HACER AHORA?

LOS decenios de la llamada época pacifica acumularon en todos los países de Europa una gran cantidad de basura pequeñoburguesa y oportunista en el interior de los partidos socialistas. Hace ya cerca de quince años, o sea, desde los tiempos de la famosa "bernsteiniada" en Alemania —y en muchos paises incluso desde antes— que el problema de este elemento oportunista, extraño, en el seno de los partidos proletarios, se puso a la orden del dia, y sin duda alguna no se encontrará un solo marxista que no haya reconocido muchas veces, y por diferentes motivos, que los oportunistas son, en efecto, un elemento no proletario, hostil a la revolución socialista. Es indudable que este elemento social ha crecido con rapidez en los últimos años: funcionarios de sindicatos legales, parlamentarios y otros intelectuales, cómoda y tranquilamente instalados en el movimiento legal de masas, ciertas capas de obreros mejor retribuidos, de pequeños empleados, etcétera. La guerra ha demostrado de manera palmaria, que en un momento de crisis (y la época del imperialismo será, inevitablemente, una época de crisis de todas clases), una masa considerable de oportunistas, sostenidos, y en parte dirigidos, en forma abierta por la burguesía (¡y esto es muy importante!), se pasa al lado de ella, traiciona al socialismo, perjudica a la causa obrera y la lleva a su ruina. En toda crisis, la burguesía ayudará siempre a los oportunistas y tratará de aplastar a la parte revolucionaria del proletariado, sin detenerse ante nada, ni siquiera ante las medidas militares más arbitrarlas y más bárbaras. Los oportunistas son enemigos burgueses de 1a revolución proletaria que, en tiempos de paz, realizan furtivamente su labor burguesa incrustándose en los partidos obreros, pero que en épocas de crisis se revelan en seguida como francos aliados de toda la burguesía unida, desde la conservadora hasta la más radical y democrática, y desde los burgueses librepensadores hasta los elementos religiosos y clericales. Quien no haya comprendido esta verdad después de los acontecimientos que hemos vivido, se engaña irremisiblemente y engaña a los obreros. Los casos individuales de cambio de posición son aquí inevitables, pero hay que recordar que la importancia de ellos está determinada por la existencia de una capa y de una corriente de oportunistas pequeñoburgueses. Los socialchovinistas Hyndman, Vandervelde, Guesde, Plejánov, Kautsky, no significarían nada, si sus desmayados y triviales discursos en favor del patriotismo burgués no fuesen acogidos por capas sociales enteras de oportunistas y por verdaderas nubes de periódicos y políticos burgueses". V. I. Lenin. Sotsial-Demokrat, núm. 36, 9 de enero de 1915. O. Completas, Tomo 21, p. 104.


Entrevista

EL VERDADERO "PODER JOVEN"

EN el mes de mayo pasado, la senadora socialista María Elena Carrera estuvo nuevamente en Cuba. En viajes anteriores había regresado a Chile declarando su entusiasmo por las realizaciones de la revolución cubana. En esta última oportunidad, le sucedió algo diferente.

Llegó "desconcertada". Porque ahora tuvo oportunidad de conocer de cerca la conquista más importante conseguida por la revolución: un nuevo ser humano. Y, por supuesto, esto sobrepasa cualquier entusiasmo, y lo que primero provoca es estupefacción en todos los visitantes extranjeros. Lo mismo que le sucedió a la senadora Carrera ocurre a los más connotados sociólogos del mundo entero. Especialmente, cuando visitan Isla de Pinos, llamada ahora "Isla de la Juventud". Aquí está naciendo el Hombre Nuevo, el Hombre del siglo XXI que soñara Che Guevara. Cuba es, desde el triunfo de la rebelión, el Primer Territorio Libre de América. Esta "Isla de la Juventud" será el Primer Territorio Comunista de América.

"Es la experiencia sociológica más apasionante de la cual haya tenido noticias", afirma la doctora Carrera.

Este hecho singular que tiene por escenario un pedazo de suelo americano, debería ser conocido y estudiado por todos los pueblos de este continente. Sin embargo, la barrera de la propaganda imperialista y la urticaria anticubana que aqueja a ciertos movimientos de izquierda, hacen que él permanezca todavía desconocido.

ISLA DE PINOS

Es una isla de 2.500 kms. cuadrados, ubicada a media hora de vuelo de La Habana. Hasta 1959 tenía una población de 7.000 habitantes. Se trataba de una población extraña, que giraba especialmente en torno del delito y que hablaba preferentemente inglés. Muchos eran emigrados de la isla inglesa Gran Caimán y otros simplemente seguían las aguas de los grandes patrones de la isla, que eran, por supuesto, norteamericanos. La capital, Gerona, era un centro de burdeles y garitos. El mismo mal importado de USA que corroía a Cuba entera se descolgaba en Isla de Pinos aun con mayor fuerza. Se trataba entre otras cosas, de zona franca de impuestos, de manera que en ella florecían el contrabando y el tráfico de drogas. Contaba apenas con un hospital muy viejo, que era atendido por una sola enfermera. En los campos no se conocía una escuela y solamente dos buses destartalados movilizaban a toda la población. Pero había un edificio grande: el Presidio Modelo, creado en 1933 por la dictadura de Machado. Esta prisión tuvo huéspedes ilustres, entre ellos tres grandes conductores de la liberación cubana: Fidel y Raúl Castro, y el comandante Juan Almeyda. Durante dos años estuvieron prisioneros bajo la tiranía batistiana. Como dato ilustrativo, puede decirse que este Presidio Modelo se conserva todavía, pero no como un testimonio de un pasado abominable, sino como sede de un Instituto Tecnológico de la Construcción, llamado "Juventud Rebelde", que ya es el más grande del mundo.

Cuando la dictadura de Batista fue derrotada, los terratenientes norteamericanos que habían sentado sus reales en isla de Pinos, trataron de aplicar una teoría que ahora aparece hasta divertida: dijeron que ella no estaba incluida dentro del territorio cubano. La decisión de los revolucionarios esfumó esta pretensión y los yanquis prefirieron cruzar las noventa millas que separan a Cuba de USA. De todos ellos, en Isla de Pinos sólo quedaron cinco, que eran los menos ricos de todos. Ahora están totalmente asimilados a la nueva vida y gozan plenamente de los beneficios de una revolución de verdad.

ISLA DE LA JUVENTUD

En junio de 1964, el gobierno cubano decidió echar a caminar un Plan Especial Agropecuario para Isla de Pinos. Fue bautizado con el nombre de uno de los héroes más queridos, Camilo Cienfuegos. Hasta entonces, se pensaba que Isla de Pinos sólo era apta para el cultivo de la toronja y para el pastizaje de ganado cebú. El Plan "Camilo Cienfuegos" hizo aumentar notablemente la población. Al poco tiempo alcanzaba a 17.000 habitantes.

Un año después, en 1965, se desencadenó el ciclón Alma. Destruyó todo lo que se había avanzado en un año de trabajo intenso. Entonces, a lo largo de toda Cuba se articuló una movilización espontánea de jóvenes, dispuestos a revitalizar el Plan "Camilo Cienfuegos". La primera avanzada de esta movilización estuvo compuesta por 1.500 muchachos.

En 1966 vinieron nuevas oleadas de jóvenes. Empezó entonces, de esta manera, a perfilarse el nuevo nombre de la isla: "Isla de la Juventud". Fidel Castro observó, analizó y estimuló esta experiencia juvenil. Después, la canalizó a través de las juventudes comunistas, planificando el envío de columnas juveniles agropecuarias. Hoy día, el promedio de edad de los habitantes de este pedazo de suelo cubano oscila entre los 27 y 28 años.

EL "PODER JOVEN"

Mientras en muchos rincones del mundo estalla la rebelión de jóvenes que buscan anhelosamente huir de la frustración generacional prohijada por un sistema social caduco —cuyos efectos, en cierto modo, están apareciendo también en Chile—, en Cuba, y particularmente en Isla de Pinos, este "poder joven" es una exacta realidad. Ellos, los muchachos, tienen en sus manos toda la autoridad.

Esto no los ha aburguesado, no los ha acomodado ni convertido en engranajes de ningún aparato burocrático. Por el contrario, esta autoridad tan ancha les sirve de acicate para desplegar un trabajo más intenso.

Trabajan mucho, sólo por el placer inmenso de saberse incorporados en un proceso revolucionario, convencidos de que en esta gran empresa ellos son piezas importantes. Cada uno gana lo que realmente necesita para vivir. Son los jóvenes comunistas que están más cerca del comunismo.

Además, cuentan con numerosos servicios totalmente gratuitos: educación, vestuario, alimentación, luz, agua, espectáculos, medicina, deportes, lavanderías, etcétera.

Hoy, la construcción de numerosas represas ha fertilizado gran parte del suelo de la isla, que ya parece un vergel. La base de su economía seguirá siendo la agricultura, y uno de sus planes agrícolas consulta, para 1980, una exportación de cítricos igual a la de Israel, país mundial-mente conocido por la venta de este tipo de productos.

—"Ahora —cuenta la Dra. Carrera— esta isla es realmente un lugar muy grato para vivir y tiene una alta productividad agrícola".

La senadora socialista relata que de las muchísimas conversaciones que sostuvo con tantos jóvenes que viven y trabajan en esta isla, la sorprendió comprobar que todos ellos estaban animados de una misma convicción:

—"Si, estamos muy contentos. Estamos cumpliendo nuestro sueño de comunistas, porque aquí nos formamos con una nueva conciencia ... Pero, compañera, eso no quiere decir que estemos satisfechos. Hemos logrado erradicar el principal enemigo, que es el egoísmo... Y ahora, que prácticamente tenemos todo lo que queremos, estamos dispuestos a abandonarlo todo. Sí, a renunciar a todo si es preciso, mientras quede un explotado en el mundo. ¿Qué clase de comunistas seríamos si nos conformáramos con lo que tenemos y no fuéramos capaces de dejarlo todo por ayudar a nuestros compañeros explotados? Si no procediéramos así, estaríamos todavía dominados por el egoísmo. Y eso no es propio de comunistas..."

“ME SIENTO MAS HOMBRE”

La doctora Carrera cuenta que, visitando una vaquería, habló largamente con el jefe de ella, quien le dijo:

—"Antes era un comunista de asfalto. Ahora soy un comunista campesino. Estoy más contento. ¿Sabe por qué? Porque me siento más hombre. Estoy más realizado de una manera integral. Siempre soñé con una vida como esta. A veces no me convenzo de que sea verdad".

Este jefe de vaquería, antes de llegar a la Isla de la Juventud, desempeñaba el importante cargo de comprador en el extranjero del Ministerio de Comercio Exterior. Por lo tanto, pudo conocer de cerca la vida de las principales capitales europeas: Londres, París. Madrid, etcétera. Eligió el trabajo voluntario en Isla de Pinos y a cada instante se felicita de esta decisión. Ejemplos como el de él hay por cientos, y relatarlos ocuparía demasiadas carillas.

La base del florecimiento espectacular de la Isla de la Juventud es precisamente el trabajo voluntario. Cada uno de los muchachos debe cumplir una jornada de ocho horas, por la cual recibe remuneración, pero, fuera de ella, desempeñan muchas otras labores destinadas a apresurar el desarrollo de la isla y, naturalmente, a acercar el comunismo. En este afán se fijan metas que en el papel suelen aparecer, como increíbles, pero que siempre son cumplidas y a veces con creces. La doctora Carrera cuenta que, para homenajear el 26 de julio del año pasado, se propusieron la construcción de cien centros de servicios comunes (restaurantes, lavanderías, cines, cafeterías, bibliotecas, jardines infantiles, tiendas, etc.). Llegada la fecha, habían construido 110.

"SON MARCIANOS"

Y además estudian. "Aquí todo el mundo estudia", es una de las frases que con mayor orgullo se pronuncia en la Isla de la Juventud. Ahora tienen hasta una universidad, con 600 alumnos. Y un diario propio, que se caracteriza por ser el más inconformista y criticón de toda Cuba.

El problema para la doctora Carrera es el de definir a los habitantes de la Isla de la Juventud. Y no sólo eso, también encontrar las palabras para transmitir a sus compañeros chilenos esta experiencia.

—"Realmente, no sabría qué palabra encontrar para definirlos. A veces me decía para mis adentros: "deben ser marcianos"... Es que lo que ellos están haciendo va más allá de lo transmisible. En Chile no tenemos medida, con qué compararlos. Y esto no me pasa solamente a mí, porque de todos los países europeos y también de Estados Unidos van constantemente expertos a estudiar esta experiencia, y todos ellos quedan igualmente paralojizados. Este año, sin ir más lejos, irán 1.500 jóvenes europeos a trabajar en la agricultura en la isla. También ellos se incorporarán a la isla de la Juventud ... Cuando uno observa lo que están haciendo allí, piensa en cuánta potencialidad hay en el ser humano. Cuánto puede hacerse si hay fe en el hombre y cuánta energía encierra el sentimiento comunista de trabajar para los demás. Sobre las cenizas del egoísmo burgués, está creciendo el Hombre Nuevo, en esta maravillosa Isla de la Juventud".


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02