Crítica a una tesis tradicional

DOCUMENTOS
Suplemento a la edición Nº 49 de PUNTO FINAL
Martes 27 de febrero de 1968.
Santiago - Chile.

CRITICA DE UNA TESIS TRADICIONAL
por LAUTARO

PUNTO FINAL presenta en las siguientes páginas un interesante análisis socio-político. Aunque algunas de las afirmaciones y conclusiones de Lautaro, su autor, no son compartidas enteramente por PF, su publicación nos ha parecido necesaria, ya que penetra en aspectos de gran actualidad política. En efecto, analiza la vieja tesis, todavía en boga, que amarra él proceso revolucionario chileno a la presunta existencia de clases burguesas no oligárquicas que estarían dispuestas a comprometerse en ese proceso. Concretamente, sectores de izquierda piensan de ese modo respecto al Partido Radical y a grupos del PDC. Lautaro examina en su artículo la composición social y los intereses de las clases chilenas que podrían acompañar un empuje revolucionario, y su análisis —producto de atento estudio y documentados antecedentes— deja en claro aspectos novedosos.

Análisis

"Nuestro trabajo debe progresar en el sentido de que los sectores medios comprendan que sus intereses sustanciales son opuestos a los de la derecha..., el objetivo debe ser reducir la derecha al apoyo exclusivo de los sectores oligárquicos y latifundistas. .."

Del informe del PDC sobre "Una vía no capitalista de desarrollo".

SUSCRITA por una parte, seguramente mayoritaria, de la democracia cristiana, la tesis del epígrafe es, en sus términos generales, compartida por casi todos los grupos no-derechistas. Podrían encontrarse excepciones entre los socialistas y los afiliados a la izquierda más jacobina, pero en estos casos parece claro que no se ha llegado a un esquema social alternativo bien definido. El llamado "frente de trabajadores", por ejemplo, apenas sugiere otra modalidad de "corte horizontal", que dejaría fuera de una coalición popular a un fragmento no escarmenado de la clase o grupos medios. Algo similar ocurre con quienes se pronuncian por la "línea cubana", bien perfilada en sus aspectos tácticos en los escritos de Debray, pero cuyas exigencias o implicaciones sociológicas y políticas generales todavía reclaman una formulación correspondiente y satisfactoria.

El propósito de estas líneas es intentar un análisis crítico de la tesis reproducida, que, a nuestro juicio, está "pasada de moda", no se compadece con los cambios experimentados por la estructura económica y la social en los últimos decenios y constituye, a la postre, una rémora para dilucidar la estrategia y tácticas adecuadas del movimiento popular en éste y en otros países latinoamericanos de nivel semejante de desarrollo.

RAÍCES HISTÓRICAS DE LA TESIS

Parece evidente que la proposición discutida se deriva de la visión original marxista sobre la dicotomía fundamental de una sociedad capitalista, esto es, la división entre "explotados" y "explotadores", determinada en lo esencial por la colocación respecto a la propiedad de los medios de producción y, en consecuencia, del origen de sus ingresos: la plusvalía o la fuerza de trabajo. Claro está que ese enfoque no ignoraba la existencia de otros grupos "intermedios" (pequeños propietarios agrícolas, empresarios independientes, —la "pequeña burguesía, en general), pero o los consideraba secundarios en relación a las categorías y antagonismo centrales o suponía que, con el tiempo, tenderían a "proletarizarse".

En su línea gruesa y desde un ángulo estrictamente económico, el desenvolvimiento del capitalismo en los países "centrales", no desautorizó la perspectiva marxista. La concentración empresarial ha acelerado su marcha; los propietarios independientes han disminuido absoluta o/y relativamente; la difusión del dominio de los medios de producción no ha tenido lugar, —como alguna vez se sostuvo en el folklore del "capitalismo popular".

Sin embargo, en el plano sociológico, no aconteció la polarización que debía o podía haber sido contrapartida del fenómeno anterior. Lejos de eso. Por un lado, nuevos grupos intermedios, prohijados por el mismo desarrollo capitalista, crecieron más rápidamente que cualquier otra fracción del cuerpo social. Por el otro, en lugar de agudizarse el conflicto entre proletarios y propietarios, explotados y explotadores, segmentos más o menos importantes de la clase obrera se "conservatizaron" al nivel político y redujeron su antagonismo al plano de la mera disputa por la distribución del ingreso. Ni siquiera países con fuertes contingentes comunistas, como Francia e Italia, son una excepción al respecto, —aunque esto no significa que se trata de un fenómeno definitivo o irreversible.

En el hecho, pues, y parafraseando un aforismo marxista bien conocido, hechos de la "existencia social" no se reflejaron en la forma prevista en la "conciencia social". Aunque asalariados en cuanto a colocación económica en la comunidad, amplios grupos se plegaron al statu-quo en lugar de enfrentarse con él.

No es el momento ni la oportunidad para cavilar sobre el asunto, que incide, sin duda, sobre uno de los campos más provocativos y menos explorados del enfoque marxista: las relaciones entre "infra" y "super" estructuras, a la vez que cabe en el complejo análisis de la "alienación". Importa en cambio preguntarse cómo se ha manifestado el fenómeno en países dependientes o "periféricos".

EL CASO CHILENO

Tomemos como referencia Chile. La sociedad chilena de los albores de la Independencia es meridianamente dicotómica. "Arriba" o "encima" hay una pequeña cúpula de terratenientes y pocos adláteres urbanos; "debajo", la gran masa laboriosa, constituida en un ochenta o más por ciento por campesinos sometidos a relaciones con fuertes vestigios señoriales. El estrato medio, primordialmente urbano, es pequeño y sin mayor gravitación, —como lo es, todavía, en algunos de los países más rezagados de América Latina.

El crecimiento "hacia afuera", la entrada plena al modelo primario-exportador, modificó sustancialmente tanto la estructura productiva como la social. Varios movimientos o cambios principales son discernibles. Uno de ellos es en el sentido "horizontal" y se caracteriza por el desplazamiento -rural-urbano-minero, que involucra una diversificación del universo asalariado. Va disminuyendo progresivamente la representación de los trabajadores del campo y acrecentándose la del artesanado urbano, el operariado del transporte (portuarios, ferroviarios) y, sobre todo, el proletariado minero (carbón, cobre, plata, salitre). "Encima" sucede algo similar: en el núcleo dominante, afincado de preferencia en el dominio de la tierra, comienzan a hacerse presente otros miembros: empresarios mineros, comerciantes ligados al tráfico exterior y en menor medida al interno, "financistas", un incipiente empresariado manufacturero (de escaso peso en el establecimiento oligárquico) profesionales, altos funcionarios y empleados, etc. Estos nuevos socios, en gran medida, provienen de los clanes tradicionales, pero no pocos han llegado del extranjero y algunos han partido "desde abajo". Hay, pues, en este último aspecto del proceso, alguna manifestación de movilidad "vertical".

Sin embargo, el más representativo de los cambios en el sentido vertical es el que redundó en el incremento y diversificación de los grupos intermedios. En parte, este fenómeno es la consecuencia directa de la dilatación del sistema económico y de la creciente urbanización, que exigen nuevas tareas y funciones "no-manuales". Pero en Chile, con acento muy especial, resalta otro factor básico: el crecimiento y la dimensión absoluta del aparato público. Siendo extranjeros, en lo principal, los dueños del sector exportador (cosa que no sucede en otros países, como los sudamericanos del Atlántico), compete a los gobiernos substraer y repartir cuota importante del excedente creado en esa área de mayor productividad. De este modo se establece un patrón peculiar de ocupación e ingresos, en el que pasa a amplificar el estrato o clase media una buena parte de los adscritos, directa o indirectamente, al gasto fiscal.

OLIGARCAS Y RADICALES

Este bosquejo tosco de lo sucedido más o menos hasta los años 20 de este siglo, exige algunos perfilamientos.

Desde luego, conviene dejar en claro que la preseñalada diversificación del núcleo dominante no implicó, como han creído algunos historiadores, la aparición de una burguesía "a la europea" destinada a enfrentarse con la oligarquía tradicional. Los nuevos miembros del club rector podían estar "fuera" socialmente y ser ajenos ("siúticos" o de "medio pelo") a las "cincuenta familias". Sin embargo, —y aparte de que muchos "cambiaban de pelo" en el proceso, la verdad es que antiguos y nuevos componentes del esquema oligárquico estaban comprometidos e identificados con la economía primario-exportadora. No hubo, pues, conflicto substancial entre "terratenientes feudales" y capitalistas o "burguesía nacional". El dinamismo del sector exportador hasta la primera guerra mundial sirvió para disolver los roces y mantener la solidaridad básica de la clase propietaria y sus acólitos.

También es útil, por lo que habrá de escribirse más adelante, extender este análisis a la aparición del partido Radical, que habitualmente se asocia con el desarrollo de la "clase media". En los hechos, su ficha de nacimiento sociológica es bastante más compleja, —y esto vale también para su composición presente.

Hay tres vertientes muy nítidas en el origen y la evolución radicales. Una es la asentada en el complejo minero-agrícola del Norte Chico; la segunda, aquella que proviene de las actividades agrícola-urbanas situadas al sur de la zona céntrica tradicional, en breve, de Chillán-Concepción hacia el sur. La tercera, el contingente "pequeño-burgués" que se radica y crece de preferencia en los mayores núcleos urbanos, vinculado al sector público, a los servicios de "cuello blanco" y a las profesiones liberales.

Las dos primeras fuentes constituyeron, en lo principal, extensiones del sistema oligárquico, diferenciadas socialmente, hasta cierto punto, pero solidarias, como se anotó antes, con el modelo económico. De allí que las luchas entre las facciones dominantes se dieran al nivel de las querellas religiosas e institucionales y no en el plano de la políticas-económicas. En este último a pesar de los matices, todos comulgaban y a menudo los "progresistas" resultaron más retardatarios y "alienados" que los propios pelucones.

El otro segmento, el "pequeño-burgués", aunque hipotéticamente distinto y hasta antagonístico con las dos primeras bases sociales del partido, en la práctica fue la "carne de cañón" del movimiento y sólo vendrá a adquirir alguna gravitación mucho tiempo después, —aunque nunca llegue a tomar el timón. De todos modos, salvo la trizadura que lleva a la formación del partido demócrata, la composición heterogénea no es obstáculo para que se mantenga la unidad partidaria. ¿Cuáles son los intereses comunes que se sobreponen a las diferencias tan visibles entre esos grupos? Es difícil encontrar respuestas satisfactorias, pero la especulación no es ociosa porque el problema sigue planteándose hasta hoy. Una hipótesis podría ser que la "masa" radical, aunque sin acceso efectivo al poder, veía en la máquina del partido un canal de promoción social y económica; un instrumento relativamente eficaz para substraer del sistema las migajas de la dilatación exportadora. Otra y complementaria de la anterior, es que la contradicción interna era sobrepasada por la "externa", esto es, la que oponía al radicalismo como un todo con el establecimiento tradicional, aunque también esta segunda, por lo dicho antes, no revestía un carácter antagónico.

Para cerrar esta parte es necesario dar una ojeada sumaria a las proyecciones del cambio en la estructura social sobre el ejercicio político.

PROYECCIONES POLÍTICAS

Los perfiles y momentos claves son manifiestos. En una primera fase es casi completo el predominio de la "vieja" oligarquía, tanto mas cuando Portales consigue imponer la tutela del poder civil sobre el aparato y los caudillos civiles. En una segunda, que corresponde a la diversificación antes comentada del grupo rector, el monolitismo del poder pelucón deja paso a las combinaciones y querellas intestinas de lo que Edwards llamó "la fronda aristocrática". En una tercera, ya hacia fines del siglo pasado, la disgregación oligárquica lleva a algunas facciones a entenderse con el emergente radicalismo, que deviene otro de los engranajes de] esquema político. En una cuarta, las dislocaciones económicas que acompañan y siguen a la primera guerra mundial hacen ingresar por primera vez como un factor significativo en el juego político a la masa popular y a la clase obrera. A éstas corresponde darle soporte electoral al "reformismo derechista" que representan la filial alessandrista de la oligarquía y el radicalismo. En una quinta —y tras la fugaz reversión que significa la caída de Arturo Alessandri, la incorporación de las Fuerzas Armadas, vía Ibáñez, consuma el desplazamiento del clan tradicional desde su posición-eje en el cuadro político. Es cierto que la segunda administración Alessandri vuelve atrás el reloj, pero se trata apenas del "canto del cisne", que será cancelado por los acontecimientos de 1938 (anti-fascismo, frente popular, segunda guerra mundial) y por la cristalización de un nuevo sistema de poder, más afín con las transformaciones de las estructuras económica y social que han tenido lugar.

Podría seguirse con provecho la evolución de las transformaciones que nos interesan desde aquel viraje que marca la depresión mundial de 1929-32, pero ello excedería nuestras posibilidades en cuanto a conocimientos y tiempo. Vamos, pues, a seguir otro camino, que es el de un intento para definir algunas características sobresalientes de la actual estructura social, lo cual, por derivación, nos ayudará a evidenciar la debilidad e insuficiencia de la tesis criticada.

Para una primera aproximación nos colocaremos en la perspectiva tradicional de una estratificación horizontal, con tres grandes universos, aglutinados según sus niveles de ingreso, conforme se hizo en un estudio de CEPAL [1] . En el superior se encontraría el primer 5 por ciento de las personas "activas" o que son receptoras de rentas; en el medio, a las que constituyen el 45 por ciento siguiente; en el bajo, a las que componente el restante 50 por ciento. [2]

Sin embargo, para tener una visión más ajustada, se tratará de desglosar esos estratos. Y para el efecto, en lugar de imaginar esos cortes horizontales, proponemos que se piense en una serie de círculos concéntricos, lo cual, como se verá en el análisis, contribuye a dar una mejor perspectiva de la estructura social y de las relaciones entre sus partes principales.

EL NÚCLEO CENTRAL DOMINANTE

En el "centro" del sistema (o si se quiere, "encima" de la pirámide social) se encuentra sin duda aquel 5 por ciento de los llamados activos, que concentra una parte substancial de la riqueza y los ingresos. Para muestra, un botón, citado por una fuente insospechable: apenas un tres por ciento de los predios agrícolas representa un 62 por ciento del valor total de los mismos; un 25 por ciento de las propiedades urbanas cubriría el 60 por ciento del valor global (datos de una muestra para parte de Santiago) y un uno por ciento de los accionistas de sociedades anónimas posee el 46 por ciento del valor total de sus títulos [3] . Desde el ángulo del ingreso, la renta media en ese grupo sería alrededor de cinco veces mayor que la del conjunto y más de 16 veces superior a la del estrato inferior. Aunque impresionantes, es útil tener presente que esas cifras no son de ninguna manera excepcionales en América Latina. En verdad, la concentración del ingreso en ese núcleo es aún más pronunciada en otros países de la región.

Ahora bien, ¿quiénes forman ese 5 por ciento privilegiado? La respuesta consabida seria que allí militan los "oligarcas y terratenientes".

Aquí, a nuestro juicio, yace el primer error del diagnóstico convencional, que proyecta en el presente una realidad del pasado. En el curso de estos decenios, en el corazón del "proletariado", la cúpula oligárquica ha pasado a constituir una minoría y el grueso de su contingente está formado por empresarios y adláteres vinculados a la industria, al comercio, a las finanzas y a las profesiones mejor remuneradas. Para fundamentar esta afirmación basta tener en cuenta el obvio hecho económico de la nueva ponderación de los sectores productivos, cuyo dato más notorio es la menor cuota de la agricultura tradicional. La contraseña para entrar en el nuevo "club de la unión" no son las hectáreas ni el apellido vinoso: es el dinero. Desde este ángulo, pues, más que hablar de oligarquía debería hablarse de plutocracia.

Hay otra circunstancia primordial que considerar. Como en el pasado, aunque no por las mismas razones, se ha gestado una casi completa solidaridad entre los integrantes del núcleo plutocrático. Lo que podía desunirlos y oponerlos, —y que ha servido para nuevas especulaciones sobre la "burguesía nacional", ha sido sobrepasado por lo que los acerca y estrecha sus filas: la contradicción con los "de abajo" y la afinidad en el plano exterior, esto es, sus variados lazos con los intereses y la reacción extranjeras.

DISCRIMINACIÓN EN EL GRUPO INTERMEDIO

En un segundo gran círculo, que habrá que fragmentar más adelante, se encontraría el "grupo intermedio", compuesto por el siguiente 45 por ciento de los ganadores de rentas. En su conjunto, este estrato tendría un ingreso más o menos un 30 por ciento superior al del promedio nacional y alrededor de cuatro veces superior al del 50 por ciento de activos colocados en el área inferior.

Para ciertas concepciones añejas, cuyo origen se expuso al comienzo de este trabajo, ese grupo intermedio estaría "aplastado" por el segmento plutocrático, sin otro destino que el de irse proletarizando. Ahora último, esa especie ha sido reeditada por los jeremías de una supuesta "pauperización" de la clase media, vía castigos tributarios y otros expedientes.

Estas quejas llegan a ser pintorescas si se tiene a la vista hechos por demás evidentes. Piénsese por un momento: ¿quiénes son los que, en gran proporción han ampliado el acogedor Oriente de Santiago, se han incorporado a los consumos durables o "pesados", —desde la Citroneta (que ya ha sido desplazada por autos más caros) o el televisor hasta la batería de artefactos domésticos y que engordan la sacrificada fila del primer exportador de turistas de América Latina? ¿La sola oligarquía? ¿Únicamente la plutocracia? No señores, si éstas no dan para tanto. Ellas, sin duda, componen la vanguardia del consumo calificado, pero éste no se habría extendido como ha ocurrido sin una buena retaguardia. Y ésta se encuentra representada por un segmento importante de la "clase media".

Por eso, hay que ir más allá, a la identificación de algunos sub-grupos en el sector intermedio. Como hipótesis de trabajo podrían distinguirse por lo menos tres, que denominaremos convencionalmente "alta", "media" y "baja" clase media. En términos generales, —y diferenciándose del "propietariado", es probable que este sector, en su conjunto, derive una, altísima proporción de su renta de su fuerza de trabajo y no del dominio sobre medios de producción [4] . Sin embargo, esta característica pierde significado social (y político) ante los contrastes manifiestos en los niveles de ingresos, en la "colocación social", en su mayor acceso al sistema de privilegios, en su sicología, actitudes y valores, con respecto a la "base" popular.

Siguiendo esta perspectiva podría conjeturarse que la fracción superior, de hecho, por "modo de vida" y demás 'indicadores, está "adherida" al núcleo plutocrático y, en lo substancial, constituye una parte del mismo. Siempre a vía de hipótesis burda, es posible suponer que ella representa alrededor dei 10 por ciento de los activos. De este modo, el "centro" pasa a englobar el 15 por ciento del total y no solamente el 5 por ciento.

El otro "círculo" o sub-grupo, la denominada "media clase media", que podría abarcar otro 15 por ciento, a juzgar por los precarios datos disponibles estaría todavía por encima del ingreso medio nacional, lo que no ocurriría en cambio con el último sub-grupo intermedio, (el siguiente 20 por ciento) que probablemente tiene un ingreso por persona inferior a ese nivel.

EL ESTRATO "BAJO" Y SUS COMPONENTES

Veamos ahora el estrato "bajo", que constituye, nótese bien, el 50 por ciento de los ganadores de ingresos. Podría llamarse "popular", ya que sería bien difícil rotularlo como "clase obrera" a la vieja usanza. Desde luego, él tiene poco que ver ahora con aquella "masa informe" de que se hablaba hace un siglo. Lejos de eso; aunque identificada por su condición preterida respecto a otros grupos y porque, en su gran mayoría, está constituida por trabajadores "manuales", ha llegado a diferenciarse internamente en un grado considerable. De todos modos, antes de entrar a este aspecto, es útil tener una visión del conjunto.

Como tal, el estrato popular tendría un ingreso medio que no llega a ser la tercera parte del promedio nacional, la cuarta parte del grupo "intermedio" y el siete por ciento de la renta promedia del núcleo superior.

Pero no termina aquí la historia. En el caso de esta capa sumergida, el estudio citado pudo realizar un desglose menos hipotético de sus componentes. Y pudo señalar que el 32 por ciento de los activos que reciben las menores rentas, el último círculo detectado del universo, dispone apenas del 5.6 por ciento del ingreso nacional y tiene una retribución por persona que no alcanza a la quinta parte de la renta media nacional. Son los verdaderos "condenados de la tierra" y su situación es más desventajosa que la que registran grupos similares en países de más bajo ingreso, como México o Venezuela. Si se consideran sus familias, como ya se advirtió, probablemente más numerosas que las del promedio, su cuota en la población será mayor que aquel tercio.

Desde otro ángulo, menos global, intentemos discernir algunos sub-grupos principales a la luz de su ubicación en la estructura productiva. Podrían ser:

a) Los obreros del "sector moderno" del sistema económico: las grandes empresas públicas y privadas, de elevada capitalización v productividad, generalmente monopolistas o sin concurrencia efectiva;

b) Los obreros del "sector subdesarrollado" o actividades en declinio, más atomizadas y con posiciones precarias en el mercado;

c) Los empleados del área más rezagada y débil del sector servicios y de las pequeñas empresas en general;

d) Los campesinos, aunque aquí también ha ido marcándose alguna diferenciación interna;

e) La masa "marginada" de las periferias urbanas, entidad cuyo crecimiento ha sido el fenómeno más significativo de los ultimes decenios, pero que hasta ahora no ha recibí. do la atención que merece. En algunos círculos de izquierda a menudo se lo soslaya con frases despectivas sobre "callampilandia" o el "lumpen".

No parece aventurado suponer que aquel 32 por ciento que constituye la "base de la pirámide" o el "círculo exterior" se recluta básicamente en los tres últimos ítems de la clasificación anterior.

ALGUNAS IMPLICACIONES DE ESA ESTRUCTURA

Cualquiera sea la perspectiva que se emplee para examinar esa estructura desglosa, da, no cabe duda de que ella nos ayuda, como primera aproximación, a discernir quiénes están "fuera" o "dentro" del sistema vi. gente y, por derivación, quiénes están, potencial o actualmente "contra" el statu-quo.

Desde luego, el primer 15 por ciento, compuesto por el "propietariado" y sus "adherencias", no sólo está "dentro" sino que forma el corazón económico del régimen.

El siguiente 15 por ciento, formado por la "media clase media" parece estar, tanto por niveles relativos de ingreso como por modalidades de vida y aspiraciones fundadas de ascenso, más cerca del núcleo central plutocrático que del resto y, sobre todo, del 50 por ciento más bajo.

La "pequeña clase media" (alrededor del 20 por ciento) probablemente es la principal agrupación "fluctuante", que tanto puede solidarizar con los estratos superiores como con la mitad inferior de la pirámide. Sus deslizamientos en uno u otro sentido dependerán de muchos factores, pero es razonable pensar que destaca entre ellos la cadencia del desarrollo económico y, por ende, de las oportunidades de "subir" o el peligro o realidad de "bajar".

Por situación objetiva, dada primordialmente por los niveles de ingreso, el universo del 50 por ciento inferior está "fuera" del sistema. Sin embargo, esta hipótesis general exige ciertas calificaciones, que se fundamentan en la descomposición de ese estrato que se intentó con anterioridad.

La primera se refiere a la situación y posiciones de los trabajadores del que llamamos "sector moderno" [5] . En el enfoque tradicional, este segmento debía constituir, casi por definición, la "vanguardia" de la lucha social y económica. En los hechos, sin embargo, la acción de ese grupo se ha "desdoblado" manifiestamente. Mientras en el plano "economístico" muestra gran combatividad y disciplina, que le ha permitido mejorar su posición absoluta y relativa, no ocurre lo mismo en el nivel político e ideológico. Podrá estar con los partidos de izquierda —y no siempre, en el acontecer diario y en las elecciones, pero sería bien ilusorio identificar esta postura con una voluntad y conciencia de cambios substanciales en el sistema vigente—, por ejemplo en el sentido de una transformación de tipo socialista. Y hay más, ahora en el plano de la sicología social: como lo sugirió la interesante encuesta de Touraine y Godoy sobre los obreros del carbón y de Huachipato, hay sectores que se "sienten" de la "clase media" y no del proletariado, como ocurría con parte significativa de los trabajadores del acero en contraposición con los del carbón.

Que no se extraiga de lo dicho otra deducción que la que nos interesa, esto es, que la repetición de las viejas afirmaciones no se compadece con la realidad nueva y compleja que plantean esos grupos en los países sub-desarrollados. El crecimiento desigual de sectores y empresas y la correspondiente heterogeneidad estructural de los sistemas productivos, implican factores objetivos que, por lo menos, mellan la solidaridad del mundo obrero y obligan a re estudiar el problema de las "vanguardias".

Responder a estas interrogaciones con los clisés "de cajón" es aferrarse a la política del avestruz.

La situación de los otros grupos del universo popular es más nítida: están inequívocamente "fuera" y tienen posibilidades muy reducidas de cautelar y promover sus intereses por medio de la organización sindical. A este respecto, sí, es probable que se haya producido una mutación muy significativa en lo que se refiere a los trabajadores agrícolas.

No obstante lo dicho, con respecto a ellos debe considerarse de nuevo la diferencia entre estar "fuera" y estar "en contra", sobre todo si se da a lo último una connotación que envuelva la conciencia del antagonismo la. tente y de alguna alternativa de reemplazo. Aquí también pueden encontrarse circunstancias paradojales, como el caso de amplios sectores "marginales" situados en la extrema periferia del sistema, pero que, sin embargo, han sido fácilmente manipulados o se han comprometido con esquemas "populistas" de diferente sello, pero comunes en el sentido de que no alteran las circunstancias de fon. do que los mantienen en aquella posición.

ALGUNAS PROYECCIONES POLÍTICAS

Los datos y nexos de la realidad económica y de la estructura social conforman el substrato, la materia prima, de la acción y el aparato político, interesa por ello vincular los análisis anteriores con características y posiciones de las principales fuerzas políticas.

A primera vista las cosas parecen de una obvia transparencia. El partido de derecha representa a la plutocracia; los de centro, a la clase media; y los de izquierda, a la masa popular. Pero si afinamos el lente no será difícil encontrar aspectos que llaman a la reflexión.

Comencemos por la derecha. En Chile, como en otros países latinoamericanos de similar modalidad de desarrollo, la diversificación social y económica de las últimas décadas ha abierto una grieta entre la "derecha política" y la "derecha real" o "económica". Esta última puede confundirse con la primera en los momentos electorales y de conflicto, pero en el quehacer diario hay brechas significativas, que redundan en una cierta "irrepresentatividad" de la agrupación política. Un signo muy claro de lo dicho está en los certificados prematuros de defunción que se le han extendido a la derecha "oficial", olvidando que los percances electorales no cancelan la existencia "real" de la plutocracia, que. lejos de debilitarse, puede robustecerse si otras condiciones son propicias. Esta realidad debería enfriar el optimismo de quienes sólo trabajan al nivel político y parten de la base de que el enemigo "a la derecha" está hoy por los suelos y el fiel de la balanza se ha corrido espontánea y fluidamente hacia la izquierda. Podría ser lo contrario desde otra perspectiva, esto es, que la "derecha real" se haya ampliado y robustecido con la entrada de otros miembros, no-oligárquicos, adscritos a la capa superior de la "clase media" —sin contar por cierto, la "clientela movilizable", el respaldo uniformado y el apoyo desde el exterior.

Vamos ahora hacia el centro y comencemos por el viejo partido Radical. Como ya se vio, esta agrupación nació con una "personalidad dividida" y esa característica no lo ha abandonado y quizás se ha reforzado con las transformaciones de los últimos decenios. La raíz objetiva de la "política del péndulo" reside precisamente allí: en que dependiendo de las circunstancias transitorias, el partido puede presentar su rostro conservador o su cara populista sin traicionar substancialmente su personalidad. Pero hay un aspecto meridiano en esta situación: que sin excepciones, en los grandes momentos, han sido los sectores más comprometidos con el statu-quo los que han manejado las riendas del partido. La fuerza de éstos, por otra parte, se mantiene intacta, como lo demuestran las cifras electorales del Norte Chico y del Sur.

Esta realidad, como muchas, puede cambiar, pero se requeriría excesivo optimismo otra vez para imaginar que el timón podría transferirse efectivamente sin una crisis o definición del esquema de poder interno. Y esto, como es patente, no ha ocurrido hasta ahora, tanto más que no se trata de mera cuestión de dirigentes o de declaraciones más o menos avanzadas, como parecen creer algunos esperanzados. Podrá simpatizarse o no con el lúcido modelo de "reformismo izquierdista" planteado por Alberto Baltra, pero hay una condición sine-qua-non para que él pudiera tener alguna vigencia y ésa es, precisamente, la superación de aquella "doble personalidad" enraizada en la estructura social del radicalismo. Ni el compromiso ni el péndulo satisfacen esa condición, que reclamaría, sin duda, un corte gordiano. ¿Estaría dispuesto; más aún, podría hacerlo, el "progresismo" radical?

LA DEMOCRACIA CRISTIANA

Intoxicados por las metáforas sobre la "nueva cara" de la derecha o del imperialismo o empeñados en subrayar su estirpe católica, la mayor parte de los análisis desde la izquierda se ha resistido a descubrir y sistematizar lo que tiene de nuevo y de contradictorio el movimiento (más que el partido) demócratacristiano.

Como en el caso del radicalismo, también podría hablarse a su respecto de una "personalidad dividida", pero este fenómeno tiene un carácter bastante distinto en el caso del PDC.

Resulta claro que el núcleo del partido, originalmente y en la actualidad, está afincado en la zona intermedia en la estructura social: con una dirigencia que, en general, oscila entre la media y la alta clase media y una militancia (no masa de respaldo) que se ubica en la baja clase media y en los estratos superiores de la mitad popular de la pirámide.

Sin embargo, en comparación con el radicalismo, sobresalen algunas diferencias importantes. Por una parte, que aquel núcleo de clase media y alta es de formación mucho más reciente y, en lo principal, germinó fuera del paraguas del Estad 1. No tiene, pues, ese origen y base burocráticas tan típico en la constitución de los reductos urbanos del radicalismo. Hasta podría aventurarse una paradoja: en gran medida, esa "nueva" clase media democristiana aparece como producto de las transformaciones acaecidas en los últimos decenios y en los que tuvo participación significativa el radicalismo. Son los profesionales, técnicos, medianos y pequeños empresarios, empleados calificados, obreros expertos, etc., que han emergido con la diversificación económica. Y no olvidemos, por cierto, una de las fuentes de esos estratos: la juventud de los planteles universitarios.

Por otro lado —y he aquí el segundo con. traste principal, contra todo lo que se diga, el partido democristiano ha tenido en su origen y todavía hasta hoy, menos relación "orgánica" con el propietario o la plutocracia que las fracciones conservadoras del radicalismo. Cualquiera encuesta en el mundo de las finanzas, de la agricultura, del comercio, de la industria, encontraría un número mucho mayor de radicales que de democristianos. Esto se debe tanto al origen del partido laico como al hecho patente de que es más viejo y ha estado más tiempo en o cerca del poder.

Reducido a sus fuentes propias, el demo. cristianismo seguramente no habría dejado de ser una agrupación secundaria en la constelación política. Pero en una coyuntura de tremenda significación se "halló" con una "masa en disponibilidad", empujada por la ley hacia el cumplimiento electoral, movilizada por la conmoción del Ibañismo y desencantada de los esquemas tradicionales —de derecha, centro e izquierda. Hubo, pues, una especie de "encuentro orbital" en 1964, en el cual esa masa adhirió más a Frei que al partido democristiano, aunque pasó a constituir la verdadera plataforma de poder de ese último.

De allí que si bien podría sostenerse que como partido el PDC es más homogéneo que el radicalismo, al considerarlo a la luz del movimiento que lo llevó al poder se revela con toda claridad su heterogeneidad, esto es, su personalidad "dividida" [6] . Ella reside, como se comprende, en que agrupó aquel núcleo asentado en la "zona media" de la estructura social con una parte mayoritaria de la "masa periférica". Y fue la participación de esta última —al igual que en el caso de Ibáñez, la que le permitió al PDC romper (transitoriamente) el "empate político" tradicional y sobrepasar las alianzas convencionales.

No interesa aquí comentar las vicisitudes del gobierno democristiano. Sobran discusiones al respecto. Lo que sí cabe destacar, porque está en la esencia del progresivo debilitamiento de la experiencia, es que el partido oficial no ha conseguido en estos tres años cimentar y organizar ese "encuentro" de 1964. entre los componentes básicos de su plata. forma electoral. En tanto que la "promoción popular" y otros esfuerzos han ido perdiendo energías y eficacia, el partido mismo se mostró extraordinariamente remiso para comprender que de aquella fusión total o parcial dependía por completo su posibilidad de mantener la condición mayoritaria y enfrentarse con algún éxito a sus competidores de la arena política. La única excepción notoria al respecto parecen ser los lazos que se han establecido con parte de la población campesina, y esto por la acción desde el gobierno en relación a la reforma agraria. Sin embargo, no puede olvidarse que es la "periferia urbana" y no la rural el elemento decisivo en el balance político o, al menos, en el electoral.

Es difícil precisar cuáles son los factores que han determinado esa evolución. Podría ponerse el acento en las contradicciones actuales o potenciales entre los intereses y perspectivas de los grupos medios que forman el nervio del partido y los contingentes más o menos "marginados", pero es difícil fundamentar esa hipótesis. Lo que sí resalta con nitidez es que mientras la llamada "ala derecha" del partido se inclina hacia una relativa contemporización con el statu-quo (en especial en lo que se refiere a los intereses extranjeros), el "ala izquierda" no ha logrado escapar a los marcos tradicionales de la "izquierda oficial", a pesar de los vagos y bien intencionados reclamos por una "vía no capitalista de desarrollo". Dicho sea de paso, esta "ala izquierda" ha sido particularmente indiferente respecto al problema de establecer e "institucionalizar" puentes con la masa periférica, en especial la urbana.

LA "IZQUIERDA OFICIAL"

Desde el ángulo que se ha elegido, uno de los aspectos más notorios y podría agregarse casi incomprensibles es la antigua impotencia de los partidos organizados de izquierda para ampliar radicalmente sus reductos habituales, que sin duda no comprenden a la ancha base de la pirámide social. Desde comienzos de los años 40, con altibajos, su votación fluctúa alrededor de la cuarta parte del electorado. Sólo en 1964, al calor del "allendismo" y de otros factores, consiguió sobrepasar con amplitud ese nivel. Pero no parece haber sido capaz de conservar el refuerzo. Aquí también se revela un fenómeno parecido al señalado con respecto a los democristianos.

En este caso, desde luego, sería peregrino suponer que existe cualquier contradicción entre las capas que siguen a la izquierda y la mayoría más preterida. Sin embargo, es obvio que obran elementos que han impedido la solidaridad de esos grupos y su reunión bajo el alero de los partidos socialista y comunista.

El argumento habitual de que la masa "marginada" carece de conciencia o educación política es muy débil y no explica nada. Suscita al instante la interrogación sobre la responsabilidad de ese hecho y, además, sobre la inefectividad de los medios empleados por los partidos de izquierda para entenderse con ella y atraerla, tanto más cuanto que, en principio, debería ser el ámbito más receptivo a toda, idea de transformaciones sustantivas del statu-quo. Por otro lado, sería injusto a la vez que superficial atribuir el fenómeno a "incapacidad" o deficiencias personales o de grupo de la dirigencia de izquierda, que, por el contrario, parece muy calificada.

Hay, pues, que buscar otras hipótesis más fructíferas sobre la precaria vinculación entre los partidos populares y la gran masa.

Un aspecto significativo podría ser que esos partidos están asentados de preferencia entre los asalariados del "sector moderno" de la economía. Esta realidad, importante de por sí, debe aquilatarse en conjunto con la "tradicionalidad" o persistencia de la inflación chilena. El mentado "círculo infernal" no solamente absorbe energías y recursos que podrían haberse dedicado con provecho a otras tareas. También es agente de desunión del universo popular en la medida que abre un margen entre los grupos que pueden seguir el carrusel inflacionario y aquellos que, en la periferia, no pueden ni siquiera participar en la ronda. [7]

Estas circunstancias implican que, de hecho y no por designio, los partidos de izquierda concentran su acción en un área relativamente restringida del universo popular y en torno a una cuestión, —la pugna inflacionaria, que más que problema esencial es mecanismo "diversionista" de la estrategia política y económica. Pero hay más: por aquí también se desarrolla esa especie de "desviación" parlamentarista y electoralista que se critica en círculos jacobinos. Como se comprende, es en el nivel del ámbito congresal (y en las elecciones que generan el poder legislativo) donde se libran las principales batallas asociadas con los reajustes y las "conquistas sociales". Y las propias huelgas, más que confrontaciones de clase, de trabajadores y empresarios, son, por lo general, conflictos que se dan y resuelven al nivel político ya que las ventajas que se llegan a conseguir, habitualmente involucran transferencias a los precios y rara vez reducción de utilidades patronales. Nótese bien que este es otro de los efectos claves de una situación inflacionaria. El incesante "pasarse del tonto" diluye las oposiciones de clase e intereses.

Otro aspecto a considerar para una hipótesis sobre el asunto, se relaciona con el cuerpo de ideas que maneja la izquierda y con su mayor o menor aptitud para educar, atraer y movilizar a sus reservas potenciales.

En esta materia se perfilan algunas situaciones curiosas y hasta paradojales. Podría decirse que la izquierda trabaja en dos planos bien diferenciados y lejanos. Por una parte, —y por las razones que se dieron más arriba, uno de mínimo contenido ideológico y de indiscutible corte "economístico". En ésto, y para ir al grano, en nada se distinguen de, por ejemplo, la CUT. No sería errado sostener que más que "politizar" la CUT, los partidos han terminado absorbidos por las preocupaciones más propias del movimiento sindical.

Por otro lado, el énfasis estrictamente ideológico se halla vinculado de preferencia, —por no decir exclusivamente, en las cuestiones internacionales, en las que dominan los reflejos de la guerra fría y el antimperialismo o anti-EE.UU.

Aunque nadie restaría significación a esos temas, sobra decir que tanto por su contenido y por la forma en que se plantean, no constituyen los más asequibles y asociados con las inquietudes y problemas de la gran mayoría.

En cambio, llega a resultar paradojal la poca significación que se ha dado a lo que podría llamarse "educación política básica", incluso, por cierto, la dirigida a una crítica de fondo del sistema capitalista-dependiente y subdesarrollado y al bosquejo y justificación de una alternativa socialista. Ocurre, entonces, y por todo esto, que grandes contingentes populares no saben realmente cuál es el "proyecto" nacional a corto y largo plazo que representan los partidos de izquierda. Podrán estar conscientes de que son organizaciones que apoyan los reajustes de salarios, la extensión de beneficios o están contra Estados Unidos, pero eso no es suficiente para una gran masa que se encuentra en un nivel primario de formación política y, sobre todo, sin relación 'vital con esas cuestiones por su misma condición de "marginados", absoluta o totalmente.

Finalmente, habría que referirse a un punto de orden táctico o formal, pero que no por eso carece de importancia. En breve: la izquierda parece indiferente respecto a la promoción de ciertos medios y valores que podrían ser muy eficaces para su "comunicación" con la masa. No vamos a hacer la apología del "culto de la personalidad", pero es evidente que el "carisma" individual juega un gran papel en la cuestión. ¿Por qué, entonces, no hacer caudal y levantar más resueltamente a los dirigentes que tienen ese atributo? El caso del "allendismo" es sintomático al respecto. Y podría, sin duda, repetirse a muchos niveles, desde el de dirigente de pobladores hasta el intelectual con "arrastre". Otro ejemplo en la misma línea: el partido comunista, por ejemplo, tiene prestigio arraigado en cuanto a capacidad organizativa y calidad moral de sus dirigentes. ¿Por qué no extraer más ventajas de ese reconocimiento cuando esas son virtudes básicas que mucho aprecia el hombre común?

DERIVACIONES PARA UNA ESTRATEGIA

Retomemos ahora el hilo central de nuestro tema.

Como se ha visto, cualquier análisis de la estructura social, por tosco que sea, nos demuestra que tiene muy poco sentido hablar de grandes asociaciones, como la de "la clase media y el pueblo" o del aislamiento de la "oligarquía y los latifundistas". Es imprescindible descomponer los elementos y tener una visión apropiada de sus naturalezas respectivas. De otro modo, las formulaciones no tienen significación "explicativa" ni "operativa", como sucede con la tesis criticada.

Veamos cómo podría plantearse otro tipo de asociación y relaciones que llenara esos requisitos. En estas líneas exploratorias sólo hacemos referencia, y con obligada brevedad, a lo que nos parece más pertinente para iniciar una discusión al respecto.

Si partimos de la suposición algo optimista de que la izquierda se propone mutaciones sustantivas o revolucionarias del sistema imperante y no sólo ventajas parciales para quienes en alguna medida "ya están en el juego", parece evidente que su plataforma de sustentación residirá en la mayoría que está "fuera" del sistema y que su tarea esencial será la de transformar esa situación objetiva en una posición de "contra" el mismo. En otros términos, su campo de acción se radica fundamentalmente en el 50 por ciento que constituye la base de la pirámide y sobre todo, en aquel tercio drásticamente postergado. Estos, más que la vanguardia tradicional, parecen ser los que no tienen otra cosa que perder que su miseria. Fracciones, estamentos, (por ejemplo una buena parte de la juventud), personas de otras capas podrían y deberían sumarse a la acción, pero sería ingenuo suponer que ellos serán el cuerpo central o que otros grupos podrían agregarse como un todo. La única excepción compete a la "baja clase media" (otro 20 por ciento) que "podría" ser atraída en su gran mayoría o totalidad.

Pero hay otro aspecto principal. Se nos ocurre que en países con el tipo de organización y estructura social de Chile y las características de su sistema económico, difícilmente o sólo precariamente podría construirse y mantenerse esa actitud "contra" de una vanguardia masiva con la clásica manipulación "populista" y los instrumentos "redistributivistas" que han distinguido a los movimientos de avanzada de la región —con la excepción conspicua de Cuba y en alguna medida de México.

Gran parte de la masa ya ha hecho su experiencia en este respecto. Se encuentra "de vuelta" en relación a cualquier política que le ofrezca el "oro y el moro" y que, como sería inevitable, ni podría cumplir sus promesas ni enfrentar todos los obstáculos internos y externos que inevitablemente se levantarán contra ella.

Se requeriría, pues, algo más o mucho más. Y sobre todo la perspectiva de un "proyecto nacional" viable y delineado en sus trazos gruesos, que haga posible el desarrollo independiente y dinámico del país y el mejoramiento efectivo y preferente de aquel tercio o más de la población "sumergida".

Una estrategia global de ese tipo está todavía muy lejos de definirse, aún en sus términos más generales. Y sería pretencioso pretender esbozarla en un trabajo tan limitado como este.

Y también exige las tácticas correspondientes, que en lo principal se derivarán de la naturaleza de esa estrategia y del análisis de las condiciones reales y potenciales existentes. Precisarlas es la tarea esencial de quienes ejercen la Política.

LAUTARO


Planteamiento

LA GUERRA POPULAR

por Lin Piao

El siguiente es un resumen amplio del artículo "Viva el triunfo de la guerra popular", escrito por el dirigente comunista chino Lin Piao. Fue publicado con ocasión del vigésimo aniversario de la victoria del pueblo chino en la guerra de resistencia contra el Japón. Ha sido considerado con Justicia como expresión no sólo del pensamiento de los dirigentes del PC chino, sino también como el armazón teórico-militar de las guerras de liberación en Asia, particularmente en el heroico Vietnam, cuyos líderes como Ho Chi Minh y el general Nguyen Giap han llevado a una alta significación el concepto de guerra popular, aún sin compartir éstos las críticas chinas a los dirigentes de la URSS.

LA revolución china y la Revolución de Octubre tienen en común los siguientes rasgos fundamentales: 1) fueron dirigidas por la clase obrera con un partido marxista-leninista como su núcleo; 2) tuvieron como base la alianza obrero-campesina; 3) se tomó el Poder por medio de la revolución violenta y se estableció la dictadura del proletariado; 4) se implantó el socialismo después del triunfo en la revolución; y 5) son parte integrante de la revolución proletaria mundial.

La revolución china tuvo sus propias características. La revolución de Octubre se produjo en la Rusia imperialista, y la revolución china, en un país semicolonial y semifeudal. Mientras la primera nació como una revolución socialista proletaria, la segunda pasó a ser socialista después de la victoria definitiva de la revolución de nueva democracia. Si la revolución de Octubre comenzó por el levantamiento armado en las ciudades y se extendió luego al campo, la revolución china utilizó el campo para rodear las ciudades y las tomó a la postre, conquistando así la victoria en todo el país.

La teoría marxista-leninista de la revolución proletaria es, en último término, la teoría de la toma del Poder mediante la violencia revolucionaria, la teoría de oponer la guerra popular a la guerra antipopular.

La guerra es el producto del imperialismo y del sistema de la explotación del hombre por el hombre. Lenin dijo: "Las guerras las empiezan siempre y en todos los sitios las clases explotadoras, dominantes y opresoras". Mientras existan el imperialismo y el sistema de la explotación del hombre por el hombre, los imperialistas y reaccionarios se apoyarán en sus fuerzas armadas para mantener su dominio reaccionario y tratarán de imponer la guerra a las naciones y pueblos oprimidos. Esta es una ley objetiva, independiente de la voluntad del hombre.

En el mundo de hoy, los imperialistas encabezados por los EE.UU. y sus lacayos están reforzando, sin excepción alguna, su máquina de Estado y, sobre todo, sus fuerzas armadas. El imperialismo norteamericano, en particular, perpetra agresiones y represiones armadas por todas partes.

¿POSTRARSE DE RODILLAS O CONQUISTAR LA LIBERACIÓN?

¿Qué deben hacer las naciones y pueblos oprimidos ante las guerras de agresión y las represiones armadas de los imperialistas y sus lacayos? ¿Postrarse de rodillas y seguir como esclavos para siempre? ¿O alzarse en lucha y conquistar su liberación?

Atreverse o no a librar una lucha medida por medida y sostener una guerra popular frente a las agresiones y represiones armadas del imperialismo y sus lacayos es, en última instancia, un problema de atreverse o no a hacer la revolución. He aquí la piedra de toque infalible para distinguir a los verdaderos revolucionarios y marxista-leninistas de los falsos.

Como lo prueba en forma convincente la historia de las guerras populares, las fuerzas revolucionarias del pueblo crecen convirtiéndose de débiles en poderosas y de pequeñas en grandes: esta es una ley universal del desarrollo de la lucha de clases, una ley universal del desarrollo de la guerra popular. En el curso de su desarrollo, la guerra popular ha de sufrir muchas dificultades, altibajos y reveses, pero ninguna fuerza es capaz de alterar su tendencia general a la victoria inevitable.

Es necesario despreciar al enemigo estratégicamente y tomarlo muy en cuenta tácticamente.

Despreciar estratégicamente al enemigo es un requisito elemental para todo revolucionario. Sin el valor de despreciar al enemigo y de conquistar la victoria, no se puede hablar de revolución, de guerra popular, ni mucho menos de victoria.

Es de mucha importancia también que los revolucionarios tomen muy en cuenta al enemigo tácticamente. Tampoco se puede triunfar en una guerra popular sin tomar muy en cuenta al enemigo tácticamente y sin estudiar las condiciones específicas, ser prudente, estudiar y perfeccionar cuidadosamente el arte de la lucha y adoptar formas de lucha adecuadas en la práctica concreta de la revolución de cada país y en cada problema concreto de lucha.

¿Por qué las fuerzas nacientes, aparentemente débiles, pueden vencer a las fuerzas decadentes, que parecen tan fuertes? Porque con las fuerzas nacientes están la verdad y las masas populares, mientras las clases reaccionarias viven siempre divorciadas de las masas populares y están opuestas a ellas.

Esto ha sido comprobado por la historia de todas las revoluciones, por toda la historia de la lucha de clases y por toda la historia de la humanidad.

Es preciso subrayar que la tesis del camarada Mao sobre el establecimiento de bases revolucionarias en el campo y la utilización del campo para rodear las ciudades tiene una prominente importancia práctica y universal para la lucha revolucionaria que libran hoy las naciones y pueblos oprimidos del mundo. Hoy en día, muchos países y pueblos de Asia, África y América Latina son víctimas de la intensa agresión y so juzgamiento del imperialismo acaudillado por los EE.UU. y de sus lacayos. En ellos, al igual que en la China de entonces, el problema campesino adquiere extrema importancia. Son los campesinos quienes constituyen la fuerza principal en la revolución nacional-democrática, dirigida contra el imperialismo y sus lacayos. Al agredir a esos países, los imperialistas siempre comienzan por ocupar las grandes ciudades y las vías de comunicación importantes, pero no están en condiciones de establecer su control total sobre las extensas zonas rurales. El campo, y sólo el campo, es la vasta zona donde los revolucionarios pueden maniobrar con toda libertad. El campo, y sólo el campo, puede ser la base revolucionaria desde donde los revolucionarios pueden marchar hacia la victoria final.

LAS "CIUDADES DEL MUNDO" Y SUS "ZONAS RURALES"

Mirado el mundo en su conjunto, la América del Norte y la Europa Occidental pueden ser llamadas las "ciudades del mundo" y Asia, África y América Latina, sus "zonas rurales". Después de la Segunda Guerra Mundial, por diversos motivos el movimiento revolucionario proletario en los países capitalistas de la América del Norte y de la Europa Occidental, se ha visto retardado temporalmente, mientras el movimiento revolucionario popular en Asia, África y América Latina se ha desarrollado con todo vigor. De modo, pues, que la revolución mundial de nuestros días también presenta, en cierto sentido, una situación en que las ciudades se ven rodeadas por el campo. La causa de la revolución mundial dependerá en fin de cuentas, de la lucha revolucionaria de los pueblos de Asia, África y América Latina, que representan la mayoría abrumadora de la población mundial. Por lo tanto, los países socialistas deben considerar como su deber internacionalista el apoyar la lucha revolucionaria popular en Asia, África y América Latina.

La Revolución de Octubre abrió una nueva era en la revolución de las naciones oprimidas. Su triunfo tendió un puente entre la revolución socialista proletaria en Occidente y la revolución nacional-democrática en los países coloniales y semicoloniales de Oriente. Y la revolución china ha resuelto el problema de cómo enlazar en los países coloniales y semicoloniales la revolución nacional-democrática con la revolución socialista.

En la época iniciada por la Revolución de Octubre, la revolución antimperialista en cualquier país colonial o semicolonial ya no es una parte integrante de la vieja revolución mundial, burguesa o capitalista, sino una parte integrante de la nueva revolución mundial, es decir, la revolución socialista proletaria.

La revolución de nueva democracia no puede ni debe ser otra que una revolución de las amplias masas populares, dirigidas por el proletariado, contra el imperialismo, el feudalismo y el capitalismo burocrático.

La dirección de esta revolución no puede ni debe asumirla ninguna otra clase que no sea el proletariado, armado con el marxismo-leninismo.

En esta revolución toman parte no sólo los obreros, los campesinos y los pequeñoburgueses urbanos, sino también la burguesía nacional y los demás demócratas patriotas y antimperialistas.

Esto significa que los enemigos a los que esta revolución se propone derrocar son el imperialismo, el feudalismo y el capitalismo burocrático.

La revolución de nueva democracia conduce al socialismo, y no al capitalismo.

La revolución de nueva democracia es la teoría marxista-leninista del desarrollo por etapas y a la vez ininterrumpido de la revolución.

La revolución nacional-democrática es la preparación necesaria para la revolución socialista, mientras esta última es la tendencia inevitable del desarrollo de la primera. Entre estas dos etapas de la revolución no se interpone una Gran Muralla. Pero, la revolución socialista es posible sólo después de consumada la revolución nacional-democrática. Cuanto más a fondo se realiza ésta, mejor se crean las condiciones previas para aquélla.

Las tareas de la revolución nacional-democrática se cumplen sólo a través de una lucha dilatada y continua. En esta etapa de la revolución, el imperialismo y sus lacayos son los enemigos principales y en la lucha contra ellos, es necesario unir a todas las fuerzas patrióticas y antimperialistas, incluyendo a la burguesía nacional y a todas las personalidades patriotas. Todas las personalidades patriotas de la burguesía o de otras clases explotadoras, al incorporarse a la lucha antimperialista, desempeñan un papel progresista en la historia; el imperialismo no los tolera pero el proletariado los saluda.

Es muy perjudicial confundir la etapa de la revolución nacional-democrática con la etapa de la revolución socialista. Mao criticó la errónea idea de "consumar ambas en una batalla" y señaló que semejante idea utópica sólo podía debilitar la lucha contra el imperialismo y sus lacayos.

LA CONTRADICCIÓN PRINCIPAL DEL MUNDO CONTEMPORÁNEO

Después de la Segunda Guerra Mundial, el imperialismo norteamericano ocupó el lugar del fascismo alemán, japonés e italiano y ha venido tratando de dominar y esclavizar al mundo entero y establecer el gran Imperio de los Estados Unidos. Trabaja activamente por revivir el militarismo japonés y germanoccidental para que le sirvan de cómplices principales en el desencadenamiento de una guerra mundial. Cual un lobo hambriento, anda atropellando y esclavizando a los pueblos de diversos países, expoliando sus riquezas, violando su soberanía e interviniendo en sus asuntos internos. Es el agresor más insolente que ha conocido la historia de la humanidad y el más feroz enemigo común de los pueblos del mundo. Todos los pueblos y países del mundo que están por la revolución, la independencia y la paz, tienen que apuntar el filo principal de su lucha contra el imperialismo norteamericano.

Así como la política del imperialismo japonés de subyugar a China hizo posible que nuestro pueblo se agrupara en el frente único más amplio posible para combatirlo, así la actual política del imperialismo norteamericano de pretender la hegemonía mundial también hace posible que los pueblos del mundo entero unan a todas las fuerzas susceptibles de ser unidas y formen un frente único lo más amplio posible para lanzarle un ataque convergente.

Los principales campos de batalla en la encarnizada lucha entre todos los pueblos del mundo, de un lado, y el imperialismo norteamericano y sus lacayos, del otro, se hallan ahora en las vastas regiones de Asia, África y América Latina. Desde un punto de vista mundial, éstas son las regiones en que los pueblos sufren mayor opresión del imperialismo y donde la dominación de éste es más vulnerable. Las crecientes tempestades revolucionarias que se han desatado en estas regiones en la postguerra se han convertido en la fuerza más importante que golpea hoy directamente al imperialismo norteamericano. La contradicción entre los pueblos revolucionarios de Asia, África y América Latina y el imperialismo encabezado por los EE.UU. es la contradicción principal del mundo contemporáneo. El desarrollo de esta contradicción promueve la lucha de todos los pueblos del mundo contra el imperialismo norteamericano y sus lacayos.

Luego de la Segunda Guerra Mundial, la guerra popular ha venido demostrando cada vez mejor su poderío en Asia, África y América Latina. Los pueblos de China, Corea, Vietnam, Laos, Cuba, Indonesia, Argelia y otros países han librado guerras populares contra el imperialismo y sus lacayos y conseguido grandes victorias. Aunque hayan sido distintas las, clases que dirigieron estas guerras populares, aunque haya diferido de un caso para otro la amplitud y profundidad de la movilización de masas y aunque haya variado el grado de sus triunfos, la victoria de estas guerras populares ha debilitado e inmovilizado en gran medida la fuerza del imperialismo, ha asestado duros golpes al plan del imperialismo norteamericano de desencadenar una nueva guerra mundial y ha llegado a ser un poderoso factor en la defensa de la paz mundial.

Las condiciones son, hoy día, más favorables que nunca para las guerras populares de los pueblos revolucionarios de Asia, África y América Latina contra el imperialismo norteamericano y sus lacayos.

A través de la Segunda Guerra Mundial y de los años subsiguientes de auge revolucionario en la postguerra, se ha elevado enormemente el nivel de conciencia política y el grado de organización de los pueblos de todos los países; han aumentado considerablemente los recursos a su disposición para el apoyo y la ayuda mutuos. Todo el sistema capitalista imperialista se ha visto muy debilitado y vive un proceso de creciente convulsión y desintegración. Luego de la Primera Guerra Mundial, los imperialistas, aunque impotentes para destruir la recién nacida Unión Soviética socialista, pudieron aplastar los movimientos revolucionarios populares de algunos países en aquella parte del mundo donde dominaban y conseguir un corto período de estabilidad relativa. Después de la Segunda Guerra Mundial no sólo han sido incapaces de impedir que una serie de países emprendieran el camino del socialismo, sino que han sido impotentes también para frenar el impetuoso torrente de los movimientos revolucionarios populares en las zonas bajo su dominación.

DISPERSIÓN DE FUERZAS: DEBILIDAD DEL IMPERIALISMO YANQUI

El imperialismo norteamericano es más poderoso, pero a la vez más vulnerable que ningún otro imperialismo que haya conocido la historia. Se halla opuesto a los pueblos del mundo entero, incluido el pueblo norteamericano. Los recursos humanos, militares, materiales y financieros del imperialismo norteamericano están lejos de ser suficientes para la realización de sus ambiciones de dominio universal. El imperialismo norteamericano se ha debilitado al ocupar tantos lugares en el mundo, al extender tan lejos sus garras y abrir tan separadamente sus diez dedos, al mantener tan dispersas sus fuerzas, al tener tan atrás su retaguardia y tan extendida su línea de transporte.

Cuando invade a otro país, el imperialismo norteamericano sólo puede emplear una porción de sus fuerzas, enviándola lejos de sus fronteras a hacer una guerra injusta, con la consiguiente baja moral de su gente y las numerosas dificultades que encuentra. Los pueblos víctimas de la agresión, en cambio, no se miden con el imperialismo norteamericano ni en Washington, ni en Nueva York, ni en Honolulú, ni en Florida, sino que combaten en su propio suelo natal por su independencia y libertad. Una vez movilizados ampliamente, hacen sentir su fuerza inagotable. De esta manera, la superioridad no la tienen los EE.UU., sino los pueblos víctimas de la agresión. Estos, aparentemente débiles y pequeños, son, en realidad, mucho más fuertes que el imperialismo norteamericano.

Las luchas de los pueblos de todos los países contra el imperialismo norteamericano se apoyan mutuamente y confluyen en mi caudaloso torrente mundial contra el enemigo común. Mientras mayor sea el desarrollo victorioso de la guerra popular en uno u otro lugar, más fuerzas del imperialismo norteamericano se verán sujetas a la inmovilización y al desgaste. Al sentirse presionados en un sitio, los agresores yanquis no tendrán más remedio que aflojar sus garras en los demás, con lo cual las condiciones serán tanto más favorables para que los pueblos de otros lugares libren su lucha contra el imperialismo norteamericano y sus lacayos.

Todo es divisible. Y lo es también ese coloso, el imperialismo norteamericano. Puede ser dividido y derrotado. Los pueblos de Asia, África, América Latina y otras regiones están en condiciones de destruirlo por partes, golpeándole unos en la cabeza, otros en los pies. He aquí por qué el imperialismo norteamericano teme más que nada las guerras populares que libran los pueblos del mundo, particularmente los de Asia. África y América Latina y ve en ellas una amenaza mortal.

El imperialismo norteamericano no cuenta más que con sus armas nucleares para amedrentar a los demás. Pero esas armas no pueden salvarlo de su ruina. Las armas nucleares no se pueden usar a la ligera. Hace tiempo que su monopolio de las armas nucleares ha sido roto. Las tiene él, y las tienen otros. Si amenaza a otros países con sus armas nucleares, colocará a su propio país bajo esa misma amenaza. De este modo, será objeto de una fuerte oposición no solamente de los pueblos del mundo, sino también del pueblo de su propio país. Aun cuando el imperialismo norteamericano tenga el descaro de emplear las armas nucleares, no podrá con todo, doblegar a los pueblos indomables.

LO IMPORTANTE SON LAS TROPAS TERRESTRES

Por más desarrollados que sean los armamentos y los equipos técnicos modernos y por más complicados que sean los métodos de combate en las guerras modernas, el resultado de una guerra depende, en fin de cuentas, de los combates continuos de las tropas terrestres, de los encuentros a corta distancia en el campo de batalla, de la conciencia política, la valentía y el espíritu de sacrificio del hombre. Aquí es donde quedan totalmente al desnudo las debilidades del imperialismo norteamericano, mientras se pone en pleno juego la superioridad de los pueblos revolucionarios. Las fuerzas armadas reaccionarias del imperialismo norteamericano son ajenas a la valentía y espíritu de sacrificio de los pueblos revolucionarios. La bomba atómica espiritual de los pueblos revolucionarios es mucho más potente y útil que la bomba atómica material.

Es en Vietnam donde se asiste en este momento al ejemplo más convincente de que los pueblos víctimas de la agresión pueden derrotar al imperialismo norteamericano con una guerra popular. Los Estados Unidos han hecho del Sur de Vietnam un polígono experimental para la represión de la guerra popular. Han venido efectuando este experimento desde hace años, y ahora es evidente para todo el mundo que los agresores norteamericanos no pueden encontrar ningún medio de hacer frente a la guerra popular. El pueblo vietnamita, por su parte, ha desplegado a plenitud todo el poderío de la guerra popular en su lucha contra los agresores norteamericanos. Estos se ven en el peligro de perecer ahogados en la guerra popular de Vietnam. Dominados por el temor a que su derrota en Vietnam desate una reacción en cadena, están extendiendo la guerra en el intento de salvarse de la derrota. No obstante, mientras más extiendan la guerra, mayor será la reacción en cadena, mientras más escalones suba el imperialismo yanqui en su guerra, más estruendosa será su caída y más catastrófica su derrota. Los pueblos de otras partes del mundo verán aún más claramente que el imperialismo norteamericano puede ser derrotado y que lo que ha hecho el pueblo de Vietnam, también lo pueden hacer ellos.

La historia ha comprobado y seguirá comprobando que la guerra popular es el arma más eficaz para hacer frente al imperialismo norteamericano y sus lacayos. Y a fin de combatirlo, todos los pueblos revolucionarios del mundo aprenderán a realizar la guerra popular, empuñarán las armas si todavía no las tienen, sabrán combatir si todavía no lo saben, y se tornarán maestros en la guerra popular si todavía no lo son. El imperialismo norteamericano, que, como un bisonte enloquecido, corre desesperado de acá para allá, será finalmente reducido a cenizas en las llamas de las guerras populares que él mismo ha encendido.

NO TEMER A LA GUERRA NI CEDER AL CHANTAJE NUCLEAR

Los revisionistas acuden en socorro del imperialismo norteamericano en un momento en que éste, como nunca, es presa del pánico en su impotencia frente a la guerra popular. No escatiman esfuerzos para echar a rodar toda suerte de calumnias en contra de la guerra popular y por doquier fraguan pública o sigilosamente intrigas encaminadas a torpedearla.

La oposición a la guerra popular se explica fundamentalmente por su desconfianza hacia las masas populares y por su temor al imperialismo norteamericano, a la guerra y a la revolución. Los oportunistas son ciegos ante el poderío de las masas populares y no creen que los pueblos revolucionarios son capaces de vencer al imperialismo. Ceden ante el chantaje nuclear del imperialismo norteamericano, por temor a que éste monte en cólera en caso de que se produzcan guerras populares de los pueblos y naciones oprimidos o réplicas de los pueblos de los países socialistas a su agresión, y a que esto les implique en un lío.

La experiencia de innumerables guerras revolucionarias ha comprobado la verdad de que es el pueblo revolucionario el que, empezando con los puños desnudos, acaba por vencer a las clases dominantes, armadas hasta los dientes. Son los mal armados quienes vencen a los bien armados. Son las fuerzas armadas populares, pertrechadas únicamente con fusiles y granadas de mano, las que acaban por vencer a las fuerzas armadas imperialistas, dotadas de las armas más modernas como aviones, tanques, cañones y bombas atómicas. Son las guerrillas las que acaban por vencer a los ejércitos regulares. Son los "rústicos", que nunca han cursado estudios en escuelas militares, los que acaban por vencer a los "profesionales" graduados en academias militares.

Afirman que una nación sin armas nucleares, sean cuales sean los métodos de operación que adopte, es incapaz de triunfar sobre un adversario que las posea. Esto equivale a decir que quien no tenga armas nucleares merece estar condenado a ser atropellado y aniquilado, sin más remedio que rendirse ante las armas nucleares del adversario o recurrir a la "protección" de alguna otra potencia nuclear colocándose a su merced. ¿No es esto la típica ley de la selva? ¿No es esto una ayuda para los imperialistas en su chantaje nuclear? ¿No equivale esto a prohibir abiertamente a otros hacer la revolución?

Afirman que las armas nucleares y las tropas coheteriles estratégicas lo deciden todo, que las unidades convencionales no valen un comino y que las milicias populares no pasan de ser un montón de carne humana. Con argumentos tan absurdos como éste, se oponen a que los países socialistas movilicen a las masas populares, se apoyen en ellas y se preparen para hacer frente a la agresión imperialista con una guerra popular. Apuestan todo el destino de la nación a las armas nucleares, haciendo así un juego nuclear y un negociado político con el imperialismo norteamericano. Su teoría de estrategia militar es la teoría de que "las armas nucleares lo deciden todo". La línea suya para la construcción del ejército es una línea burguesa que consiste en ver únicamente el factor material perdiendo de vista el factor hombre y en valorar sólo la técnica reduciendo a la nada el factor político.

Los revisionistas afirman que cualquier "chispa" en la Tierra puede provocar una guerra nuclear mundial y destruir a la humanidad. De ser cierta esta aseveración, nuestro planeta ya habría sido destruido incontables veces. Pero en los 20 años de la postguerra se han librado guerras de liberación nacional en ininterrumpida sucesión y, ¿cuál de ellas ha. desembocado en una guerra mundial? ¿No son precisamente las guerras de liberación nacional de Asia, África y América Latina las que han frustrado los planes del imperialismo norteamericano de desencadenar una guerra mundial? En cambio, aquellos que trataban por todos medios de apagar la "chispa" de la gran guerra popular, han envalentonado de hecho al imperialismo norteamericano en su arrogancia agresiva y belicosa.

Los revisionistas afirman que basta poner en práctica su línea general de "coexistencia pacífica, transición pacífica y competencia pacífica" para que los oprimidos se vean liberados y para llegar a un "mundo sin armas, sin ejércitos y sin guerras". Pero la inexorable realidad es que el imperialismo y la reacción, encabezados por Estados Unidos, están reforzando frenéticamente su máquina de guerra, están reprimiendo a sangre y fuego diariamente a los pueblos revolucionarios, están realizando a diario agresiones armadas y amenazas contra los países independizados. Semejantes disparates del revisionismo han causado ya gran pérdida de vidas en algunos países. ¿No son aún suficientes estas dolorosas lecciones pagadas con sangre? La esencia de la línea general del revisionismo no es otra cosa que el intento de hacer que los pueblos y naciones oprimidos y los países independizados, depongan las armas y se entreguen a la voracidad del imperialismo norteamericano y sus lacayos, éstos sí armados hasta los dientes.

"Los mandarines se permiten prender fuego a las casas del pueblo, mientras a éste le prohíben encender sus lámparas". Tal es el modo de proceder de los imperialistas y reaccionarios. Haciendo suya esta filosofía imperialista, los revisionistas le gritan al pueblo chino, erguido en las primeras filas de la defensa de la paz mundial: "¡Ustedes son belicosos!". Señores, ese insulto de ustedes es para nosotros una gloria. La "belicosidad" nuestra es provechosa para impedir que los imperialistas desencadenen una guerra mundial. La "belicosidad" del pueblo tiene por objeto su defensa propia. Son los imperialistas y reaccionarios los que se la han impuesto. Ellos también son los que se lo han enseñado. No hacemos más que oponer la "belicosidad" revolucionaria a la belicosidad contrarrevolucionaria. ¿Cómo se podría permitir a los imperialistas y sus lacayos que masacren a destajo, y prohibir a los pueblos que les respondan golpe por golpe en defensa propia y se ayuden mutuamente? ¿Dónde puede hallarse semejante lógica en el mundo? Al calificar de "sensatos" a imperialistas como Kennedy y Johnson y tildarnos de "belicosos" a nosotros y a todos los que tienen la valentía de defenderse con las armas contra la agresión imperialista, los revisionistas se han desenmascarado completamente.

Sabemos que la guerra acarrea estragos, sacrificios y sufrimientos al pueblo. Pero si el pueblo no resiste a la agresión armada de los imperialistas y se resigna a ser esclavo, se verá condenado a estragos, sacrificios y sufrimientos mucho mayores. En la guerra revolucionaria, el sacrificio de un pequeño número de personas se recompensa con la seguridad de toda la nación, de todo el país y hasta de toda la humanidad; y, a costa de sufrimientos temporales, se logrará una paz y una felicidad duraderas, perpetuas inclusive. La guerra templa al pueblo y hace avanzar la historia. En este sentido, se puede decir que la guerra es una gran escuela. Refiriéndose a la Primera Guerra Mundial, Lenin dijo: "Con sus inauditos horrores y sufrimientos, la guerra ha sacudido a las masas, las ha despertado. La guerra ha impulsado a la historia, que avanza en nuestros días con la velocidad de una locomotora".

De ser cierta la afirmación de los revisionistas, ¿no habría sido Lenin el mayor "belicoso"?

NUESTRA ACTITUD FRENTE A LA GUERRA

Los marxistas-leninistas y los pueblos revolucionarios nunca miran la guerra desde un punto de vista sentimental. Respecto a las guerras de agresión desencadenadas por los imperialistas, nuestra actitud siempre ha sido muy clara: primero, nos oponemos a ellas, y segundo, no las tememos. Liquidaremos a quien nos ataque. En cuanto a las guerras revolucionarias sostenidas por las naciones y pueblos oprimidos, no sólo no nos oponemos a ellas, sino que, al contrario, les brindamos siempre firme apoyo y ayuda activa. Así lo hicimos, así lo estamos haciendo y en el futuro, con el crecimiento de nuestras fuerzas, lo haremos en medida aún mayor. ¡Qué miserable quimera creer que también nosotros vayamos a perder la voluntad de lucha revolucionaria, a abandonar la causa revolucionaria mundial y a arrojar por la borda el marxismo-leninismo y el internacionalismo proletario a causa de la victoria de nuestra revolución, del progreso de nuestra construcción nacional, del crecimiento de nuestra riqueza nacional y del mejoramiento de nuestras condiciones de vida! Desde luego, la revolución se produce sólo cuando ya llega a ser exigencia del pueblo de un determinado país. Y es posible derribar por medio de la lucha el dominio reaccionario del imperialismo y sus lacayos sólo cuando el pueblo está consciente, movilizado, organizado y armado. Nadie del exterior puede reemplazarlo para hacer la revolución. En este sentido, la revolución no se exporta. Pero esto no excluye la solidaridad y el apoyo mutuos de los pueblos revolucionarios en su lucha contra el imperialismo y sus lacayos. Nuestro apoyo y ayuda a los pueblos revolucionarios contribuye a la lucha que éstos realizan apoyándose en sus propias fuerzas.

La propaganda en contra de la guerra popular y la difusión que hacen del derrotismo y del capitulacionismo, tienden a desmoralizar y desarmar espiritualmente a todos los pueblos revolucionarios del mundo.

Están haciendo lo que por sí mismos no pueden hacer los imperialistas norteamericanos, prestándoles así un gran servicio. Han envalentonado enormemente a los imperialistas norteamericanos en sus aventuras bélicas. Han renegado completamente de la teoría revolucionaria del marxismo-leninismo sobre la guerra, y han degenerado en traidores a la guerra popular.

Donde haya agresión y represión armadas por parte de los imperialistas y sus lacayos, habrá guerra popular contra la agresión y la opresión. La guerra popular ha de desarrollarse vigorosamente. Esta es una ley objetiva. Los pueblos revolucionarios del mundo son capaces de barrer todo lo que se interponga en su camino de avance. Los imperialistas, los reaccionarios y los revisionistas, que se oponen a la guerra popular, serán barridos del escenario de la historia.

LOS AGRESORES YANQUIS SE SUMERGIRÁN EN EL GRAN OCÉANO CHINO

La lucha de salvación nacional del pueblo vietnamita contra la agresión norteamericana, es el foco en que converge la actual lucha de todos los pueblos del mundo contra el imperialismo norteamericano. El pueblo chino está inflexiblemente determinado a apoyar esta lucha del pueblo vietnamita. Recurran a-lo que recurran los imperialistas norteamericanos para extender sus aventuras bélicas, el pueblo chino no dejará de hacer todo lo que pueda en apoyo del pueblo vietnamita, hasta que sea expulsado de Vietnam el último de los agresores yanquis.

Los imperialistas norteamericanos vienen alardeando de una nueva prueba de fuerzas con el pueblo chino y sobre una nueva guerra terrestre de grandes proporciones en el continente asiático. Si insisten en seguir el camino recorrido por los fascistas japoneses, pues bien, que hagan lo que se les antoje. Al pueblo chino no le faltan medios para hacer frente a la guerra de agresión del imperialismo norteamericano. Nuestros métodos no son ningún secreto. El más importante sigue siendo el ya bien sabido: movilizar al pueblo, apoyarnos en él, hacer de cada persona un soldado y emprender una guerra popular.

Podemos decirles una vez más a los imperialistas norteamericanos: el gran océano que forman cientos de millones de chinos en armas será más que suficiente para sumergir a millones de soldados agresores de ustedes. Si ustedes se atreven a imponernos la guerra, nos darán libertad de acción. Entonces, no dependerá de ustedes cómo se haga la guerra, Pelearemos en la forma que más nos convenga para aniquilar al enemigo y daremos batallas allí donde nos resulte más fácil aniquilarlo. Si el pueblo chino pudo derrotar a los agresores japoneses hace 20 años, tiene ahora aún mayor capacidad para acabar con los agresores norteamericanos. La superioridad naval y aérea de que tanto se jactan ustedes no puede amedrentar al pueblo chino, ni tampoco las bombas atómicas que ustedes blanden. Si quieren enviar tropas aquí, que vengan, y mientras más, mejor. Aniquilaremos a cuantos vengan, y podremos extenderles un recibo de lo que hayamos consumido. El pueblo chino es un pueblo de gran valor y resolución. Tenemos la valentía para echarnos al hombro la pesada carga de combatir al imperialismo norteamericano y hacer la aportación que nos corresponda en la lucha por vencer definitivamente al enemigo más feroz de los pueblos del mundo entero.


Notas:

1. CEPAL, El desarrollo de América Latina en la postguerra, 1963.

2. El total de activos puede estimarse en alrededor de 2.800.000 personas. Siendo el grupo familiar generalmente más numeroso en el estrato bajo, es probable que cada activo tenga un mayor número de dependientes, lo cual haría más desfavorable las relaciones que se exponen mas adelante.

3. Véase articulo de Sergio Molina, en Rev. Economía, Universidad de Chile, Nº 79.

4. Aunque, si, cuenta con una parte significativa de otros tipos de "capital no reproductivo", - viviendas, autos, artefactos, etc.

5. De acuerdo a algunas estimaciones de CEPAL, este sector absorbería alrededor del 20 por ciento de la ocupación, pero allí se generarla el 53 por ciento del producto Interno.

6. No consideramos el apoyo circunstancial, pero de gran importancia, de grupos de derecha en encrucijadas electorales, — pasadas y quizás futuras.

7. Hay razón para pensar que los sectores más organizados y con mayor "poder de negociación" no han sido afectados ni siquiera por los ensayos más reaccionarios de estabilización. Habitualmente sus reajustes (directamente y vía beneficios adicionales) han excedido con holgura las alzas del costo de vida. Entiéndase que no se está censurando esta realidad sino que fundamentando su relación con el debilitamiento de la solidaridad objetiva del medio popular.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02