El gran desafío del Ché Guevara

PUNTO FINAL
Año II. Nº 40
Martes 24 de octubre de 1967

"HABANA

"Año de la Agricultura"

FIDEL:

Me recuerdo en esta hora de muchas cosas, de cuando te conocí en casa de María Antonia, de cuando me propusiste venir, de toda la tensión de los preparativos. Un día pasaron preguntando a quién se debía avisar en caso de muerte y la posibilidad real del hecho, nos golpeó a todos. Después supimos que era cierta, que en una revolución se triunfa o se muere (si es verdadera). Muchos compañeros quedaron a lo largo del camino hacia la victoria.

Hoy todo tiene un tono menos dramático, porque somos más maduros, pero el hecho se repite. Siento que he cumplido la parte de mi deber que me ataba a la Revolución Cubana en su territorio y me despido de ti, de los compañeros, de tu pueblo, que ya es mío.

Hago formal renuncia de mis cargos en la Dirección del Partido, de mi puesto de Ministro, de mi grado de Comandante, de mi condición de cubano. Nada legal me ata a Cuba, sólo lazos de otra clase que no se pueden romper como los nombramientos. Haciendo un recuento de mi vida pasada creo haber trabajado con suficiente honradez y dedicación para consolidar el triunfo revolucionario. Mi única falta de alguna gravedad es no haber confiado más en ti desde los primeros momentos de la Sierra Maestra y no haber comprendido con suficiente celeridad tus cualidades de conductor y de revolucionario.

He vivido días magníficos y sentí a tu lado el orgullo de pertenecer a nuestro pueblo en los días luminosos y tristes de la Crisis del Caribe.

Pocas veces brilló más alto un estadista que en esos días, me enorgullezco también de haberte seguido sin vacilaciones, identificado con tu manera de pensar y de ver y apreciar los peligros y los principios.

Otras tierras del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos. Yo puedo hacer lo que te está negado por tu responsabilidad al frente de Cuba y llegó la hora de separarnos.

Sépase que lo hago con una mezcla de alegría y dolor: aquí dejo lo más puro de mis esperanzas de constructor y lo más querido entre mis seres queridos ... y dejo un pueblo que me admitió como un hijo; eso lacera una parte de mi espíritu. En los nuevos campos de batalla llevaré la fe que me inculcaste, el espíritu revolucionario de mi pueblo, la sensación de cumplir con el más sagrado de los deberes: luchar contra el imperialismo donde quiera que esté; esto reconforta y cura con creces cualquier desgarradura.

Digo una vez más que libero a Cuba de cualquier responsabilidad, salvo la que emane de su ejemplo. Que si me llega la hora definitiva bajo otros cielos, mi último pensamiento será para este pueblo y especialmente para ti. Que te doy las gracias por tus enseñanzas y tu ejemplo y que trataré de ser fiel hasta las últimas consecuencias de mis actos. Que he estado identificado siempre con la política exterior de nuestra Revolución y lo sigo estando. Que en donde quiera que me pare sentiré la responsabilidad de ser revolucionario cubano, y como tal actuaré. Que no dejo a mis hijos y mi mujer nada material y no me apena: me alegro que así sea. Que no pido nada para ellos, pues el Estado les dará lo suficiente para vivir y educarse.

Tendría muchas cosas que decirte a ti y a nuestro pueblo, pero siento que son innecesarias, las palabras no pueden expresar lo que yo quisiera, y no vale la pena emborronar cuartillas.

Hasta la victoria siempre. ¡Patria o Muerte!

Te abraza con todo fervor revolucionario:

Ché".


"Es la hora de atemperar nuestras discrepancias y ponerlo todo al servicio de la lucha. Que agitan grandes controversias al mundo que lucha por la libertad, lo sabemos todos y no lo podemos esconder. Que han adquirido un carácter y una agudeza tales que luce sumamente difícil, si no imposible, el diálogo y la conciliación, también lo sabemos. Buscar métodos para iniciar un diálogo que los contendientes rehuyen, es una tarea inútil. Pero el enemigo está allí, golpea todos los días y amenaza con nuevos golpes y esos golpes nos unirán, hoy, mañana o pasado. Quienes antes lo capten y se preparen a esa unión necesaria, tendrán el reconocimiento de los pueblos."(CHE, abril de 1967)

ANTE la muerte del heroico Comandante Ernesto Ché Guevara, las palabras están como de más. Ellas brotan a borbotones, atropellándose por describir los sentimientos que agitan al movimiento revolucionario latinoamericano, o se niegan a trazar el homenaje retórico adecuado. El Ché no forjó su personalidad revolucionaria —ardiente y firme— para que se le llore. El homenaje que merece este gran capitán de América Latina es la imitación multiplicada de su ejemplo.

Nacido en Argentina, Guevara luchó en Guatemala, se adiestró en México, dio pruebas de su valor y condiciones militares en la Revolución Cubana, a la cual también prestó servicios como organizador y político, y cayó combatiendo en territorio de Bolivia. Contribuyó así —con su propia actitud— a crear la imagen del moderno revolucionario latinoamericano que hoy retoma el camino glorioso de la primera gesta emancipadora, continental, armada, indoblegable.

El Ché creía en la lucha revolucionaria como instrumento de liberación, sin inteligencia o conciliación alguna con el imperialismo y los explotadores. "Los pueblos de tres continentes —escribió hace poco— observan y aprenden su lección en Vietnam. Ya que con la amenaza de guerra los imperialistas ejercen su chantaje sobre la humanidad, no temer la guerra es la respuesta justa. Atacar dura e ininterrumpidamente en cada punto de confrontación debe ser la táctica general de los pueblos".

PF —que comparte sin reservas los ideales que alentó Ché Guevara—, está seguro que su sangre germinará en miles de combatientes. Fue Martí —a quien el Ché gustaba citar— el que dijo: "Ningún mártir muere en vano, ni ninguna idea se pierde en el ondular y en el revolverse de los vientos. La alejan o la acercan, pero siempre queda memoria de haberla visto pasar".


Repercusiones

DOS PRUEBAS DE HUMANISMO REVOLUCIONARIO

LA duda que se extendió por el mundo, luego de anunciarse la muerte del Comandante Ernesto Ché Guevara en una emboscada militar en Bolivia, representó una severa derrota para el poderoso aparato publicitario que Estados Unidos mantiene dentro de su territorio y en los demás países de la tierra.

Aun cuando se sabía que detrás de la operación militar registrada en Bolivia estaba el poderío de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, la noticia del asesinato del comandante Guevara fue resistida por una gran parte de la humanidad, incluyendo dentro de ella a un vasto sector no comprometido con la causa que él impulsaba.

La incredulidad se reflejó en los medios informativos de todo el mundo, los que no sólo recogieron las dudas de sus propios periodistas sino que, además, captaron las sustentadas por millares de seres que sostenían que un personaje de tanta capacidad no podía ser abatido en una emboscada sin importancia y menos en medio del proceso embrionario de una guerrilla a la cual su figura quedaba demasiado grande.

Fue fácil advertir que la personalidad del Comandante Guevara había roto el muro propagandístico tendido en torno de Cuba por el potente aparato publicitario de Estados Unidos. La humanidad había logrado formarse una imagen favorable a través de las escasas informaciones que los norteamericanos permiten filtrarse de Cuba.

En Chile la gran base de las dudas estaba constituida notoriamente por la certeza que un guerrillero experimentado como Guevara sabría escapar del cerco militar, con el propósito de preservar su existencia para la gran empresa latinoamericana de la cual era una pieza valiosa.

Seis días después de ser asesinado el Comandante Guevara en Bolivia, el Primer Ministro de Cuba, Fidel Castro, provocó un segundo impacto al admitir en una presentación pública que el cadáver exhibido a un grupo de periodistas en la localidad de Vallegrande pertenecía al que fuera su gran compañero en la ardua empresa que culminó con el triunfo de la Revolución en Cuba.

Hasta el instante en que el Primer Ministro Castro dijo que la noticia de "la muerte del Ché es dolorosamente cierta" millares de seres en todo el mundo anticipaban que de ser efectiva ella no sería reconocida por el Gobierno de Cuba.

Un diario inglés, con el característico acento sofisticado del país, expresó sin tapujos su perplejidad ante ia actitud del Primer Ministro Castro porque sus redactores pensaban también que él prefería alimentar con su silencio una leyenda.

En el lapso de una semana la Revolución Cubana entregó a la humanidad dos expresiones de su peculiar estilo, que la han elevado en el mundo contemporáneo por sobre otros procesos sociales hasta situarla junto a los más nobles y por lo tanto perdurables de la historia.

Podría pensarse que los forjadores de la Revolución Cubana marchan contra la lógica. Un pensamiento de este tipo es alentado en Chile y en otros países de América, incluso por dirigentes de partidos situados dentro del campo revolucionario, los que guiados por él llegan hasta calificar de "aventureros" a los líderes de Cuba, entre los cuales se contó el Comandante Guevara.

En la carta que el Comandante Guevara envió a sus padres en marzo de 1965, escribió: "Nada ha cambiado en esencia, salvo que soy mucho más consciente; mi marxismo está enraizado y depurado, creo en la lucha armada como única solución para los pueblos que luchan por liberarse y soy consecuente con mis creencias. Muchos me dirán aventurero, y lo soy; sólo que de un tipo diferente y de los que ponen el pellejo para demostrar sus verdades".

La sorpresa que produjo en todo el mundo el anuncio del asesinato del Comandante Guevara no sólo revela el alto grado de prestigio que él y en general los forjadores de la Revolución Cubana han logrado, sino que, además, indica el desconocimiento que existe en torno a su conducta, los revolucionarios cubanos, entre los cuales se incluyen el Comandante Guevara, no obstante haber nacido en Argentina, y todos los extranjeros que de un modo u otro se sumaron a la formidable empresa que creó Fidel Castro, han producido su propio lenguaje.

Así como el teatro es un medio de expresión dentro del arte y dentro del teatro el de Bertold Brecht es una forma singular de expresión, así dentro de la historia la Revolución Cubana constituye una expresión particular.

Sólo la comprensión profunda del lenguaje revolucionario cubano permite entender todo cuanto ocurrió hasta el instante en que el Comandante Guevara, atacado por el asma y la artritis, en un clima semitropical de la región boliviana, fue abatido por los militares.

Para un cubano, formado dentro de la nueva concepción que empezó a imponer en Cuba Fidel Castro, desde los primeros días en que desafió al tribunal que le juzgaba bajo la dictadura de Batista con su altiva frase: "Condenadme, no importa, la historia me absolverá", la muerte del Comandante Guevara es dolorosa pero menos sorprendente que para cualquier habitante de otro país.

Ernesto Guevara plenamente convencido que la lucha armada es la única vía para derrotar el dominio de Estados Unidos en América Latina y en el mundo y liberar a los pueblos subdesarrollados y explotados, decidió aplicar la tesis en la práctica.

Para la experiencia no buscó a un conejillo de indias, se puso él al frente de la empresa, consciente que saldría triunfante o muerto. En la carta que dejó al Primer Ministro Fidel Castro al salir de Cuba para iniciar su nueva empresa histórica Guevara escribió: ". . . en una revolución se triunfa o se muere (sí es verdadera). Muchos compañeros quedaron a lo largo del camino hacia la victoria".

En Cuba se sabía que el Comandante Guevara jamás abandonaría la empresa, aun cuando ella se enfrentara con un fracaso temporal importante, si se insinuaba la posibilidad de dejar a alguno de sus hombres en peligro. En el medio chileno esto es difícil de comprender. Los que se informaron dentro de la izquierda chilena con cierta anticipación de la apremiante situación en que se encontraba el destacamento guerrillero, no imaginaron qué tipo de protección o apoyo se le podía brindar.

En Bolivia, el Comité Nacional de la OLAS, que estuvo presente en la reunión continental realizada en julio en La Habana, no obstante haber adherido en esa oportunidad a la tesis de la "lucha armada", no arriesgó ninguna empresa importante para intentar una acción que impidiera a los "boinas verdes", entrenados por los norteamericanos, proseguir su acción hasta el exterminio del Comandante Guevara, y de su gente.

En Chile, en sectores revolucionarios, se suele citar como a "locos" a los dirigentes de la Revolución Cubana. En su libro "Cuba, anatomía de una revolución", los escritores norteamericanos Leo Huberman y Paul Sweezy, relatan la escena que precedió al encuentro entre Fidel Castro y seis de los sobrevivientes de la tripulación de ochenta y dos hombres del yate "Granma" que usaron para desembarcar en Cuba en 1956. El encuentro se produjo después de varios días de huir de los soldados de Batista. Los hombres se habían mantenido casi sólo con jugo de caña. Fidel y otros dos estuvieron cinco días sin alimento ni agua. En medio de ese cuadro, Fidel dijo luego de las manifestaciones de júbilo por el reencuentro: "Los días de la dictadura están contados". Los escritores agregan: "Rodríguez lo miró con asombro. "Este hombre está loco. Yo estaba muy enojado con Fidel, porque después de todo lo que acabamos de pasar, con muchos de nuestros hombres muertos, Fidel se paró allí a decirnos con absoluta confianza, que los días de la dictadura están contados". Huberman y Sweezy por su cuenta agregan en el libro: "El estaba loco como las grandes figuras de la historia han estado locos, estaba loco con la idea de que era su deber y su destino, liberar a Cuba. Lo que él y sus hombres acababan de sufrir era sin duda una prueba dolorosa; la muerte de muchos de sus amigos más cercanos era verdaderamente como para desgarrar el corazón. Sin embargo "los días de la dictadura están contados" había dicho Fidel. Y así fue".

En la decisión de Castro de reconocer la muerte de su compañero de lucha hay otro rasgo que caracteriza el lenguaje de la Revolución Cubana.

Los que han logrado captar el verdadero sentir de los revolucionarios cubanos saben que Fidel Castro dirá siempre la verdad, porque ella es para él un factor ligado estrechamente a la condición revolucionaria. En la muerte del Comandante Guevara y en la declaración del Comandante Castro están expresados dos valores de la Revolución Cubana: el coraje y la moral.

Coraje para llevar adelante una idea, hasta sus últimas consecuencias. Moral para que el camino que se elija hacia la meta buscada no se desvíe por ningún vericueto que amague los mejores valores humanos.

Para los políticos chilenos, formados en un cuadro completamente distinto al que han creado los revolucionarios cubanos, especialmente su líder Fidel Castro, es difícil comprender, aceptar las prácticas de estos últimos.

Los momentos difíciles que ha enfrentado la Revolución Cubana, que son muchos, son una consecuencia, por lo general, del coraje que han tenido sus dirigentes para llevar adelante una acción comprometida en las proclamas de la Sierra Maestra por Fidel Castro, y de la actitud moral que les ha impedido contemporizar con situaciones que repugnan a su conciencia revolucionaria. No puede ignorarse que muchos de esos momentos difíciles han sido creados al margen de la voluntad de los revolucionarios por la acción agresora de Estados Unidos, pero tampoco debe desconocerse que ella pudo evitarse si Fidel Castro hubiese actuado como el típico político izquierdista latinoamericano, después de alcanzar el poder; entregándose al gobierno norteamericano.

Huberman y Sweezy, en su libro ya citado expresan: "Fidel había hecho sus promesas y estaba dispuesto a cumplirlas, fielmente y al pie de la letra". Una de ellas fue la Reforma Agraria, la que puso en marcha el 17 de mayo de 1959 con la Ley respectiva. Los mismos autores expresan: "Después del 17 de mayo, sus acciones en el gobierno y los círculos de negocios de los Estados Unidos menguaron rápidamente y le fue asignado el papel de "bete noire" (o quizás "diablo rojo" sería más exacto) que todavía ocupa hoy".

Como respuesta a la agresividad norteamericana Cuba y sus revolucionarios han respondido con coraje.

De acuerdo con la sensatez criolla los que sigan el ejemplo de los revolucionarios cubanos serán "locos" o "aventureros". Jean Paul Sartre escribió: "Aventurero o militante; yo no creo en ese dilema".

AUGUSTO OLIVARES


Informe especial

YO VI EL CADÁVER DEL CHE EN VALLEGRANDE
Especial para PUNTO FINAL

Alas ocho y media de la tarde del domingo 8 de Octubre, me encontraba caminando por la calle principal de Santa Cruz con un amigo inglés, cuando un hombre nos hizo señas desde la mesa de un café. "Tengo noticias para usted" —dijo, a lo que nosotros contestamos de inmediato ¿CHE?—. ya que su posible captura había estado dando vueltas por nuestras mentes toda la semana.

Seis días antes, en Vallegrande, habíamos escuchado del Coronel Joaquín Zenteno Anaya, expresar con certeza que sus tropas tendrían al Che antes de que la semana terminara. Explicó, además, que éstas habían sido reforzadas con seiscientos rangers, recién llegados del campo especial de entrenamiento de los norteamericanos, al norte de Santa Cruz, y que las guerrillas habían sido totalmente cercadas. Por el único lado en que quedaba posibilidad de escape, el ejército había puesto soldados vestidos de campesinos que rápidamente detectarían su presencia. Teniendo la evidencia que era ese el pueblo en el cual las guerrillas habían empezado a operar a fines de Septiembre, y por los datos de los guerrilleros capturados, no cabía duda que el Che era efectivamente el líder del grupo.

Sin embargo, pese a toda esta evidencia, el dato entregado por nuestro "contacto" del café, parecía increíble. "El Che ha sido capturado, nos dijo, pero está gravemente herido y probablemente no dure la noche, los otros guerrilleros están luchando desesperadamente por recuperarlo, mientras que el Comandante hace llamados por radio pidiendo un helicóptero para llevárselo".

Se sugirió la idea de que arrendáramos un helicóptero y voláramos de inmediato a la zona de las guerrillas, no se sabía si el Che estaba vivo o muerto, pero se creía que probablemente no lo encontraríamos con vida.

No teníamos dinero suficiente para arrendar un helicóptero, aunque hubiera habido uno disponible, y en todo caso es imposible volar en Bolivia de noche.

Por esto arrendamos un jeep. A las 4 de la mañana del lunes 9 de Octubre salimos con destino a Vallegrande.

Llegamos cinco horas y media después y nos fuimos directamente al aeropuerto. La mitad de la población del pequeño pueblo parecía estar esperando: niños de colegio vestidos de blanco y fotógrafos amateurs, ansiosos de obtener "su foto". Dos semanas antes, los cuerpos del líder boliviano "Coco" Peredo, y del cubano "Antonio" habían sido trasladados hasta aquí y en el cementerio cerca del campo de aterrizaje yace el cuerpo de "Tania", la bella mujer que murió con nueve otros guerrilleros, el 31 de Acostó después de una emboscada en el Río Grande.

Los niños, más excitados que los adultos, señalaban el cielo y pocos segundos más tarde aterrizó el helicóptero con los cuerpos de dos soldados muertos, que fueron atados irrespetuosamente y cargados en una camioneta con destino al pueblo.

Al desaparecer el gentío, nos quedamos atrás, tomando fotos de cajones de napalm que habían sido distribuidos por las Fuerzas Armadas Brasileñas y que aparecían amontonados en la periferia del campo de aterrizaje. Además, con un lente teleobjetivo tomamos fotografías de un hombre con uniforme verde oliva, sin ninguna insignia militar de identificación que nos fue descrito como un agente de la CIA. Tal osadía de parte de periodistas extranjeros —ya que fuimos los primeros en llegar a Vallegrande— fue muy mal recibida, y el agente de la CIA junto con otros oficiales bolivianos trataron de echarnos de inmediato del pueblo. Afortunadamente estábamos equipados con credenciales periodísticas adecuadas y después de mucho discutir nos permitieron quedarnos.

El helicóptero regresó a la zona de guerrillas, a unos 30 kilómetros al suroeste, conduciendo al Coronel Zenteno. Poco después de la una de la tarde, retornó a Vallegrande con el Coronel disimulando a duras penas una enorme sonrisa triunfante.

—"El Ché está muerto — anunció— he visto el cadáver y no hay lugar a dudas".

El Coronel Zenteno parece un hombre honesto y de pocas palabras y como no parecía haber buenas razones para no creerle, corrimos a la pequeña oficina del telégrafo y enviamos nuestras noticias al mundo exterior a través de un asustado e incrédulo empleado. Ninguno de nosotros estábamos muy seguros si estas noticias llegarían algún día a su destino.

Cuatro horas después, exactamente a las cinco de la tarde, el helicóptero regresó conduciendo un único cuerpo atado a la barra exterior.

Pero esta vez, en lugar de descender cerca de nosotros como lo había hecho en ocasiones anteriores, aterrizó en la mitad del campo, lejos de los ojos curiosos de los periodistas. Se nos prohibió atravesar el cordón establecido por los guardias y muy rápidamente, el cadáver distante fue conducido a una camioneta Chevrolet cerrada, que inició una veloz carrera hacia fuera del aeropuerto. Inmediatamente saltamos dentro de nuestro jeep v la seguimos de cerca. Después de aproximadamente un kilómetro la camioneta entró a un pequeño hospital.

La camioneta subió por una empinada rampa y después retrocedió hacia una pequeña choza deslavada con techo de bambú, con una parte al descubierto.

Rápidamente nos bajamos del jeep y nos acercamos a la puerta trasera de la camioneta que permanecía cerrada. Cuando los guardias la abrieron, el mismo agente de la CIA saltó fuera diciendo inapropiadamente en inglés "alright, let's get the hell out of here". El pobre hombre difícilmente podía haber adivinado que había dos periodistas ingleses en ese lugar.

Dentro de la camioneta, sobre una camilla, yacía el cadáver del Che Guevara. Desde el primer momento no tuve dudas que se trataba de él; le había visto en La Habana, casi exactamente cuatro años atrás y no es una persona que uno pueda olvidar fácilmente. Después de esto mi memoria se había confundido un poco con las numerosas fotografías aparecidas en la prensa y debo confesar que había olvidado la negrura de su barba raleada. Además, parecía más pequeño y delgado de lo que yo recordaba. Los meses en la selva habían ciertamente cobrado su precio.

Sin embargo, pese a estos interrogantes, no me cupo duda que se trataba de Guevara. Una parte inconsciente de mi dolor por lo que acababa de ver, quería rechazar la evidencia de mi vista y buscaba medios para persuadirme que estaba equivocado, pero cuando sacaron el cuerpo y lo pusieron encima de una mesa rústica en la choza, que en tiempos menos turbulentos era una lavandería, supe ciertamente que Guevara había muerto.

La forma de la barba, su cara y su pelo eran inconfundibles. Vestía un traje de batalla verde olivo y una chaqueta con cierre de cremallera y en sus pies llevaba descoloridos zoquetes verdes y mocasines de confección casera. Totalmente vestido, era muy difícil saber cuántas heridas tenía. A primera vista observé dos heridas profundas en la base del cuello, más tarde cuando limpiaban su cuerpo vi otra en el estómago. Es muy posible que también haya tenido heridas en las piernas y cerca del corazón, aunque no las vi. Dos médicos examinaron las heridas en su cuello y mi primera reacción fue creer que estaban buscando la bala, pero en realidad, creo que solamente efectuaban los preparativos necesarios para inyectar la formalina y así tratar de preservar el cadáver. Uno de los médicos le limpió las manos que estaban cubiertas de sangre; pese a esto no había nada chocante en el cadáver; se veía asombrosamente vivo, sus ojos abiertos y brillantes y cuando sacaron sus brazos de la chaqueta lo hicieron sin dificultad. No me pareció que hubiera estado muerto por muchas horas.

Lo que más chocaba eran los seres humanos alrededor de él. Una monja no podía dejar de sonreír y más de una vez rió fuertemente. Oficiales con valiosas cámaras fotográficas sacaban fotos. Y por supuesto el agente de la CIA que parecía encargado de la operación, pero que se enfurecía cada vez que alguien apuntaba la cámara hacia él. "¿De dónde viene usted?, le preguntamos en inglés, añadiendo irónicamente, "¿de Cuba, de Puerto Rico?" Pero esto no pareció divertirlo y rápidamente contestó en inglés "from nowhere" (de ninguna parte). Más tarde le preguntamos nuevamente, pero esta vez nos respondió en español, "¿Qué dice?" y pretendió no entendernos. Era un hombre bajo, grueso, de unos 35 años, con ojos pequeños hundidos y casi sin cabello. Era difícil saber si realmente era norteamericano o cubano exilado, ya que hablaba inglés y español con igual facilidad y casi sin acento.

Afortunadamente no fui el único testigo de esta escena. El corresponsal de la agencia noticiosa Reuter, estaba junto a mí y escribió acerca de este agente de la CIA.

Sin embargo, cuando su artículo apareció en el diario El Mercurio, los párrafos concernientes a esto fueron omitidos.

RICHARD GOTT


Informe especial

EL CHÉ FUE EJECUTADO

LA PAZ. (De nuestro enviado especial).—El cerco a la patrulla guerrillera que comandaba personalmente el Ché Guevara, su apresamiento y posterior asesinato, fueron cuidadosamente planificados por el comando militar que dirige el Mayor Shelton, veterano de Vietnam y jefe del destacamento de "boinas verdes" que instruye a los rangers bolivianos. El rudimentario aparato de inteligencia de las FF.AA. de Bolivia fue reforzado por expertos de la CIA que instalaron en La Paz, Santa Cruz y Cochabamba, verdaderos centros de control y procesamiento de datos.

El primer indicio lo dio un pequeño agricultor, Ciro Algañaraz, dueño de una finca en Pineal, vecina a la que instalaron los guerrilleros en Ñancahuazú. En julio del año pasado, Algañaraz recibió la visita de Roberto ("Coco") Peredo que buscaba una hacienda para comprar. Entró en contacto con Algañaraz que le pidió 100 mil pesos por la suya. Peredo se decidió por la de Remberto Villa, que la vendió en sólo 20 mil. Pero su vecino Algañaraz entró en sospechas. Creyó que Peredo y sus amigos eran traficantes de cocaína y trató de entrar en el "negocio". Sólo recibió sonrisas y respuestas evasivas. Entonces, disgustado, Algañaraz decidió denunciar al ejército, en marzo de este año, lo que estimaba "movimientos sospechosos". Una patrulla al mando de un capitán inspeccionó y no encontró nada. Luego una segunda visita del ejército sólo arrojó como resultado el decomiso de un revólver de "Coco" Peredo. La verdad es que el campamento guerrillero estaba instalado mucho más arriba, en el cañón selvático de Ñancahuazú, y la hacienda comprada por "Coco" Peredo sólo tenía por finalidad proveer de alimentos a los guerrilleros.

Pero desde el dato proporcionado por Algañaraz, uno de cuyos peones terminó incorporándose a la guerrilla, hasta la delación de algunos desertores, todo el caudal de información reunido fue evaluado por la CIA y los asesores militares yanquis para indicar al ejército boliviano la mejor forma de enfrentar a las guerrillas y apresar al Ché, cuya liquidación física se buscaba desde el principio. Al agricultor Algañaraz se sumaron más tarde los desertores Salustio Choaue, Vicente Rocabado y Pastor Barrera, que ahora son juzgados junto con Debray y Bustos y que sirven de testigos de cargo a cambio de una sentencia absolutoria.

Se llegó a determinar, así, que los efectivos guerrilleros alcanzaban a unos 170 hombres. Se recogieron también datos sobre su armamento. El Pentágono y los gobiernos argentino y brasileño proporcionaron el armamento requerido. Los soldados bolivianos fueron dotados de fusiles automáticos M-l (o pistola ametralladora Pando), M-2 (fusil-ametralladora liviano y de corto alcance especial para el combate en la espesura), M-3 (fusil-ametralladora pesada), fusil Garant, de la NATO, y ametralladoras livianas UZI, de fabricación israelí, además del tradicional Máuser del ejército boliviano. La aviación fue dotada de napalm y cohetes. La artillería recibió equipo semipesado. Se inició así la cacería del Ché Guevara, el revolucionario más odiado por el imperialismo.

Los éxitos iniciales de la guerrilla, no desanimaron a los expertos norteamericanos. Comprobaron que el encuentro de Ñancahuazú, en marzo, si bien victorioso para las guerrillas, había significado el inicio precipitado de la lucha.

El primer triunfo concreto de los rangers se produjo en la emboscada de Vado del Yeso (PF Nº 39). Nueve combatientes revolucionarios, incluyendo a la argentina Laura Gutiérrez Bauer ("Tania") fueron masacrados mientras cruzaban el Río Grande. El delator fue un campesino, Honorato Rojas, que ahora vive en Cochabamba con nombre falso. Esa emboscada permitió al ejército exhibir los primeros cadáveres de guerrilleros, entre ellos al jefe del destacamento, "Joaquín", identificado casi de inmediato por los asesores yanquis como Juan V. Acuña Núñez, cubano. Los expertos de inteligencia mostraron un recorte de "Granma" de La Habana en que aparecía Acuña con el grado de comandante del ejército cubano. Se sabía, además, que pertenecía al grupo escogido del Che Guevara. La emboscada de Vado del Yeso, permitió, además, apoderarse de un prisionero, José Carrillo, quien confirmó la presencia del Ché en Bolivia y señaló que la columna guerrillera se movía hacia la zona de Vallegrande. Los datos entregados por Carrillo llenaron de júbilo al ejército y a sus asesores. El general Ovando anunció que el próximo golpe sería mortal y dejó entrever que se esperaba la captura del Ché de un momento a otro.

Entretanto, una patrulla militar que "rastrillaba" la zona de Ñancahuazú, hizo un hallazgo invalorable en una cueva. Encontró varias maletas y maletines que contenían ropa civil de los guerrilleros, pasaportes, rollos de películas, folletos de enseñanza del idioma quechua, etc. Otros cuatro depósitos de bastimento fueron hallados en esa zona, después del apresamiento de dos guerrilleros que vagaban por la selva, perdido todo contacto con la columna combatiente. La CIA saltó de júbilo al revelar los rollos y encontrar fotografías que mostraban la figura inconfundible del Che. También se encontraron dos pasaportes que él utilizó bajo los nombres de Ramón Benítez Fernández y Adolfo Mena González. En ellos, el Ché figuraba como un comerciante uruguayo nacido en 1921. También se hallaron otros pasaportes de compañeros que siguieron al Ché hasta Bolivia, entre ellos el de "Joaquín".

Hasta ese instante, el ejército confesaba 48 bajas y señalaba a su favor 20 cadáveres de guerrilleros. Luego de analizar toda la información reunida el cerco se cerró en Vallegrande para capturar la presa más codiciada. El Ché Guevara comenzaba a entrar en la historia mientras al frente de su pelotón guerrillero —quizás ignorante del bagaje de información en poder de sus enemigos— trataba de alcanzar la provincia más segura de Chuquisaca.

Los periodistas que hemos recogido en Bolivia los antecedentes disponibles, no dudamos que el Ché fue ejecutado, luego de ser capturado vivo aunque seriamente herido. Un oficial boliviano explicó con cínico realismo "El Ché vivo era como tener en nuestro poder a mil Debray juntos ..." Para el comandante guerrillero no hubo la consideración humana que recibieron, en su oportunidad, los oficiales y soldados apresados , en Ñancahuazú que recibieron de los guerrilleros atención médica y la libertad. La orden de ejecutar al Ché, según versiones irreprochables, llegó a Higueras desde La Paz, sede del gobierno y de la embajada, norteamericana. Después del crimen, un oficial boliviano dijo a "El Diario" de La Paz que les había desconcertado un hecho: Guevara no usaba chaleco de protección contra balas, como el Mayor Shelton había asegurado que hacían los jefes guerrilleros cubanos o vietnamitas. Guevara combatía a pecho descubierto igual que cualquiera de sus hombres.

CONFIRMACIÓN DE LA REVISTA "TIME"

EN la quebrada de Yuro el "Che" fue cargado en una camilla y llevado a cinco millas hacia la localidad de Higueras. Fue entonces cuando los jefes del Ejército se enteraron en La Paz de la captura y pensaron en qué podrían hacer con él ya que en Bolivia no existe pena de muerte. En el peor de los casos el "Ché" irla a la prisión y sólo después de un largo y ruidoso juicio, acompañado de una campaña de propaganda de todo el bloque comunista. Además, surgiría la amenaza de la aparición de otras guerrillas que lo convertirían en el líder de su causa. Al día siguiente del traslado del "Ché" llegó la orden de ejecutarlo, la que se cumplió dos horas después. (TIME-20-X-87).

TAL como había ocurrido con su vida, en torno a la muerte del "Ché" hubo un aire de misterio y confusión. El Ejército en sus Informes negó la ejecución, pero los doctores que examinaron el cadáver dijeron que el "Che" había muerto veinticuatro horas después de su captura. Con una bala en el corazón no podía haber sobrevivido tantas horas.

Volando desde La Paz a Vallegrande el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas de Bolivia, General Alfredo Ovando, contribuyó más a la confusión al declarar que el "Ché" había dicho después de su captura: "Yo soy el "Ché" y he fracasado".

Es más seguro que el arrogante "Ché" hubiese escupido desafiante a sus captores o en el caso en que sus heridas le hubieran dejado muy débil simplemente permaneciese silencioso. (TIME-20-X-87).

LA muerte del "Ché" no significa el fin de las actividades comunistas en América Latina. Todavía hay condiciones muy enraizadas de pobreza, negligencia y desesperanza en el continente que los insurgentes pueden alimentar y explotar". (TIME-20-X-67).


Escándalo

GOBIERNO LE REGALÓ 70 MILLONES DE DÓLARES A LA CÍA. DE TELÉFONOS

SETENTA millones de dólares que acaban de ser regalados por el Gobierno a la Compañía de Teléfonos de Chile (CTCH), configuraron hace 15 días uno de los escándalos de mayor monto de la actual administración y desmintieron un navideño anuncio hecho por el Presidente Frei, en la Pascua de 1964, en que el Jefe del Estado entregó, a título de aprésente para todos los chilenos", la noticia de su propósito de adquirir una parte de esa empresa que se titula "de Chile", pero que en verdad es filial del monopolio norteamericano de comunicaciones conocido con el nombre de International Telephone and Telegraph Company (ITT). La realidad es que, 34 meses después, la "adquisición" se convirtió en un convenio por el cual la compañía telefónica se compromete a instalar 144 mil líneas con un costo de 148 millones de pesos, manteniendo todas sus anteriores franquicias aunque ahora disfrazadas con un ropaje de "revolución en libertad".

Junto con anunciarse el acuerdo, el 11 de este mes, la Compañía procedió a aplicar un alza de un 12% en las actuales tarifas, alzadas ya en este mismo año en un 35%, con lo cual pasó a convertirse en una de las pocas empresas "nacionales" que en menos de diez meses ha logrado aumentar el valor de sus servicios en una media de 51 por ciento.

Por la instalación de cada línea, según el cálculo que se deduce del compromiso, la CTCH cobrará un costo unitario de poco más de mil dólares, en circunstancias que instalaciones similares realizadas en diversos países latinoamericanos ubican ese costo en apenas 500 dólares la línea. Nadie sabe, ni tampoco nadie ha explicado, cómo fueron hechos los cálculos para que el Gobierno aceptara como costo una cifra el doble de la habitual y que en el total de las 144 mil líneas que se anuncia serán instaladas representan la ganancia de setenta millones de dólares, que la Compañía se echará en sus ávidos bolsillos, únicos que finalmente salieron favorecidos con el "presente" anunciado por Frei en la Navidad de 1964.

LA TRISTE HISTORIA

El 6 de febrero de 1965, poco más de un mes después del optimista anuncio presidencial, el Gobierno formuló una nueva política de telecomunicaciones que, además del plan iniciado por la Empresa Nacional de Telecomunicaciones (ENTEL) de dotar de comunicaciones de larga distancia a todo el país mediante el sistema de microondas, anunciaba también la aplicación de una ampliación en el servicio telefónico. Este propósito, en líneas generales, salvo el tiempo transcurrido, corresponde al anuncio hecho el 11 de octubre.

A raíz de la formulación gubernativa una compañía sueca especializada en telecomunicaciones, la "Ericsson", realizó para la ENTEL un estudio analítico exhaustivo sobre los problemas respectivos en Chile. En ese informe se expresó: "La economía chilena está actualmente siendo estrangulada en cierto modo por un sistema de comunicaciones inadecuado. No se puede contar con las empresas privadas para llenar esta necesidad de una red nacional completa ni debería contarse con éstas por varias razones. Una compañía privada en general y especialmente fabricantes, que también se dedican a la explotación del servicio telefónico, tratan lógicamente de obtener el mejor rendimiento de sus inversiones. Si el inversionista, como en este caso, tiene la posibilidad de hacer sus inversiones por aportes materiales telefónicos de su propia fábrica, es evidente que puede determinar el valor de la inversión que le convenga a él, el concesionario, y que resultará en tarifas altas, con perjuicio para el usuario y el país".

El estudio de Ericsson tenía el propósito de explicar con datos, siempre avalados con documentos oficiales, cómo y por qué una organización autónoma estatal puede y debe hacerse cargo de todas las comunicaciones en Chile.

Las fuentes de información sobre los precios de materiales que se incluyeron en ese estudio no pudieron ser más amplias. Incluían las de la propia fábrica Ericsson; las del plan quinquenal de telecomunicaciones 1963-1968 elaborado por el Ministerio de Comunicaciones de Venezuela; las de' la memoria anual de la Compañía Anónima de Teléfonos de Venezuela; las del contrato entre el Instituto Costarricense de Electricidad y la Ericsson; las del contrato entre la Administración Nacional de Telecomunicaciones, institución autónoma de El Salvador y la Ericsson, y las del contrato entre la Empresa de Teléfonos de Bogotá y la Ericsson.

Es interesante anotar que todas las empresas citadas corresponden a países de características similares a las de Chile.

De acuerdo con esas informaciones y tomando los valores más altos de este tipo de inversión por línea telefónica, se llega a una cifra de 370 dólares para el costo de una sola línea, el que puede alcanzar a un máximo de 512 dólares por línea si se incluyen los derechos de aduana y los costos de los edificios destinados a las centrales. Resulta claro, entonces, que por las 144 mil líneas que piensa instalar la CTCH el costo máximo tendría que sumar 72 millones de dólares. Sin embargo, el Gobierno ha convenido pagar 148 millones de dólares.

GANANCIAS FABULOSAS

Las ganancias y la rentabilidad de la CTCH también fueron analizadas en el mismo estudio de la Ericsson, en el que se hizo una comparación de diversas compañías telefónicas de América del Sur y América Central, entre ellas Teléfonos de Méjico, Empresa Telefónica de Bogotá, la Compañía Telefónica de Minas Gerais y la Compañía Argentina de Teléfonos. De ese estudio comparativo se llegó a las siguientes conclusiones:

1) La inversión bruta por línea instalada por la Compañía de Teléfonos de Chile tiene un costo de 872 dólares, mientras el valor de las otras compañías fluctúa entre los 250 y los 450 dólares.

2) El ingreso por aparato al año le representa a la CTCH una entrada de 140 dólares, mientras que para las otras compañías fluctúa entre 25 y 90 dólares.

3) El ingreso por línea anual significa una entrada para la CTCH de 205 dólares, al paso que las otras compañías reciben entre 40 y 120 dólares.

4) Los gastos anuales por aparato suman para la CTCH 73 dólares, y para las otras compañías varían entre 20 a 60 dólares.

En el mismo estudio la Ericsson señaló la posibilidad de financiar las adquisiciones de las instalaciones actuales de la CTCH y la ampliación sucesiva de ellas, hasta llegar a las 590 mil líneas, en un plazo de doce años. El financiamiento de la Ericsson propuso las fuentes siguientes:

a) Reinversión de la depreciación y de las utilidades del servicio después de pagar dividendos sobre las acciones de los usuarios;

b) Venta de acciones a los suscriptores, y

c) Préstamos de instituciones internacionales.

En las conclusiones de este estudio se dice textualmente: "Por medio de recursos propios, tales como participación de los suscriptores y un préstamo relativamente reducido en comparación con el valor de las adquisiciones (las calculó en 28.5 millones de dólares) se conseguirá ampliar las instalaciones telefónicas urbanas a un ritmo acelerado, con importaciones que requieren considerablemente menos divisas que en el caso de una empresa mixta. Por último se ve la posibilidad de rebajar las tarifas actuales en más de un 35%".

UN PRÉSTAMO QUE LO APORTARÁ LA CORFO

Una simple lectura del acuerdo entre el Gobierno y la CTCH muestra que tales posibilidades no sólo han sido descartadas sino, lo que es peor, se han aceptado realidades más concretas que representan justamente todo lo contrario de esas ofertas. Sin hablar ya de las alzas en vez de las rebajas, en lo que se refiere al préstamo del exterior que menciona la Ericsson, será la CORFO la que lo aportará para fruición de la propia CTCH. Desde el punto de vista de las líneas telefónicas Ericsson ofrecía 590 mil líneas, es decir, un aumento de casi 400 mil líneas sobre las actuales, en circunstancias que la CTCH "instalará" apenas 144 mil líneas.

Este acuerdo resulta tanto más inconsecuente si se estima que, según el plan decenal para el desarrollo de las telecomunicaciones de la Comisión respectiva del Ministerio del Interior, se estimó que en 1970 deberían haber 424.356 líneas para que se pudieran satisfacer las necesidades mínimas del país. Con el plan propuesto y recién firmado por el Gobierno, que tiene un plazo de cuatro años, en 1971 se llegaría a poco más de 315 mil líneas instaladas, cifra que resulta insuficiente para las necesidades mínimas contempladas en el plan del propio Ministerio que aparece avalando el leonino contrato.

En círculos gubernativos se ha querido magnificar como una gran concesión de la CTCH su renuncia a la cláusula oro, es decir, su renuncia a seguir haciendo su contabilidad en pesos oro y hacerla ahora en dólares. Para el menos avisado, esta concesión no significa ningún renunciamiento desde el momento que desde hace unos 30 años la equivalencia entre el dólar y el oro se ha mantenido igual en Chile.

Por otra parte el aumento de los gastos de depreciación del 2,75% al 5%, representa en el hecho un nuevo aumento de tarifas ya que permitirá amortizar las instalaciones de la compañía en 20 años. Con intención o sin ella, los funcionarios del Ministerio del Interior se olvidaron que la mitad de las plantas de la compañía tienen más de 30 y 40 años de servicio, es decir, su valor comercial es nulo.

Cabría recordar, por último, que. cuando se iniciaron las conversaciones con la CTCH en 1961, fue el propio Presidente Alessandri quien se opuso personalmente al aumento de la tasa de depreciación y que su oposición fue aceptada entonces por la Compañía. ¿Qué obligó ahora al Gobierno a olvidar esa aposición presidencial y a aceptar pagar el doble por algo que sólo vale la mitad?.

M. D. B.


Planteamiento

¿FORTALECER EL PARTIDO O LA REVOLUCIÓN?

EXISTEN elementos que pretenden circunscribir la actividad de algunos movimientos revolucionarios a la práctica de una actitud que podría resumirse en la frase: "estamos fortaleciendo al partido".

La tarea de fortalecer al partido es necesaria, pero en ningún momento debe pasar a constituir la razón de ser de un partido. La razón de ser de un partido revolucionario, su meta política, es la toma del poder.

La filosofía de "el Partido por el Partido" es una negación de las metas políticas de una organización. Y este asunto que traemos a cuento es importante, porque un partido revolucionario puede olvidarse que fue creado para hacer la revolución y puede dedicarse entonces a una serie de menesteres encaminados fundamentalmente a subsistir o a crecer, de acuerdo a normas y métodos sumamente alejados de su tarea central y original.

Un proceso como el descrito vendría a corresponder a una peligrosa confusión de forma y fondo. Preocupados algunos por dar una forma sólida y numéricamente considerable al partido, se olvidan de que esa forma debe estar al servicio de y existir sólo para la empresa de fondo: hacer la revolución.

Esta confusión es frecuente, y suele darse especialmente en los partidos que viven al abrigo de una legalidad mantenida hábilmente por la burguesía dominante. Un partido formalmente "legal" tiene derechos y los aprovecha, incluso para concurrir libremente a elecciones y lograr una cosecha periódica de parlamentarios. Tales cosas no ponen a prueba el poder político de la burguesía y pueden no contribuir en nada a la revolución, meta política para la cual se crearon los partidos revolucionarios, pero suelen ofrecer el aspecto de que se está marchando por la vía de la revolución: el partido se fortalece, cuenta con una representación parlamentaria, con local, imprenta y prensa propias, etc.

La "legalidad" puede permitir a un partido revolucionario crecer considerablemente, pero nunca tanto como para que las fuerzas de la reacción le permitan tomar tranquilamente el poder. Si ese riesgo llegara a producirse, la reacción retoma el camino: pone fuera de la ley al partido revolucionario o lo reduce a polvo, como ha ocurrido en connotados casos históricos. Cuando haciendo uso de los derechos que proporciona la propia democracia burguesa, el poder de la burguesía se ve amenazado —y los sectores revolucionarios no están en condiciones materiales, de organización ni de conciencia para garantizar sus conquistas— la burguesía gobernante, en pocas horas, puede conculcar los derechos y aplastar las conquistas obtenidas tras largos años de esfuerzo popular. El caso de Brasil no es el primero ni el último que confirma esta regla.

Aunque en América Latina es cada vez menos el caso, ciertamente en determinadas condiciones un partido revolucionarlo puede mantenerse —y aún debe mantenerse — en el juego legal durante un tiempo relativamente largo. En estos casos resulta indispensable asegurar que ese partido no olvide ni por un solo instante que su papel histórico, como vanguardia del proletariado revolucionario, es hacer la revolución.

En estas condiciones, cuando la participación en elecciones parlamentarias y la lucha desde la tribuna del parlamento se hacen necesarias para un partido revolucionario, se debe aprovechar la coyuntura para educar y levantar la conciencia revolucionaria de los sectores más atrasados del pueblo. En estas circunstancias, lo que importa no es el número de asientos parlamentarios que se conquisten, puesto que eso podría conducir, y ha conducido, a alianzas y componendas electoralmente fructíferas, pero de dudosa prosapia revolucionaria. Por el contrario, lo que importa es contribuir a desarrollar la conciencia revolucionaria de las masas, a elevar su nivel político, a organizarías, no en nombre de la prosperidad pacífica del orden burgués, sino en nombre de la lucha, de la lucha por lograr la plena emancipación del pueblo de toda explotación y de toda opresión. Sólo por eso y en esa misma medida resulta importante una campaña electoral.

Para todos los partidos reaccionarios, reformistas o sin principios que a través de las elecciones aspiran a satisfacer mezquinos intereses de grupos o apetitos personales, el desarrollo de la conciencia de las masas figura siempre en un segundo plano, y hasta resulta indeseable y peligroso. En cambio, para quienes no desean defender el orden burgués sino que representan los verdaderos intereses del pueblo, la claridad de la conciencia revolucionaria de las masas está por encima de todo.

Los partidos sin principios escriben a la ligera "plataformas para las elecciones", para hacer falsas promesas y embaucar a los electores. Por el contrario, los partidos revolucionarios que deben participar en elecciones emplean esas elecciones para aplicar la plataforma revolucionaria. Y no podría ser de otro modo, puesto que sólo tienen valor las plataformas que coronan un prolongado trabajo de agitación revolucionaria y que dan plena respuesta a todas las cuestiones del movimiento popular, y no las plataformas —¡sobre todo las legales!— escritas a toda prisa para llenar omisiones del pasado, para hacer frente a situaciones del momento o para presentarse más radicales que los reformistas y demagogos.

Cuando el movimiento popular carece de convencimiento y de confianza en sus propias fuerzas —precisamente porque su vanguardia ha descuidado el desarrollo de su conciencia revolucionaria— importantes contingentes del pueblo desconfiarán de la plataforma que, en ese momento, presenten los partidos populares, y con sentido práctico tratarán de probar suerte con el reformismo de turno.

Semejantes principios revolucionarios suelen olvidarse en el ejercicio del juego legal. En períodos de prolongada legalidad de los partidos revolucionarios suelen producirse la absorción del método revolucionario por el método burgués. Se comienza por participar en un juego legal pensando que se trata de una coyuntura momentánea y favorable para organizar y fortalecer las filas del partido, pero gradual e imperceptiblemente se suele terminar entusiasmándose con esa suave legalidad que permite todo... menos la verdadera revolución.

"Las cosas por sabidas se callan ... y por callarse se olvidan" . . . dice el refrán. En efecto, como para mantener el juego legal es preciso hablar menos de revolución, podemos imperceptiblemente olvidarnos de ella. Se renuncia a la revolución no de manera necesariamente ruidosa y repentina sino silenciosa y gradualmente, como en un desvanecimiento de los vigorosos pronunciamientos iniciales.

Cuando el papel de un partido revolucionario pasa de su meta superior: hacer la revolución, a la atmósfera plácida y tranquila del trabajo legal y parlamentario, resulta muy difícil sacarlo de allí, muchísimo más cuando buena parte de sus dirigentes máximos esté directamente comprometida en el juego legal y parlamentario. Y la rectificación oportuna se hará todavía más difícil cuando, como es costumbre, los que propugnan "la política del partido por el partido" han erigido un altar a la disciplina, un altar a los deberes para con el partido y no a los deberes para con la revolución. Para entonces, sus dirigentes suelen estar en el Parlamento y adquieren una respetabilidad y solvencia que la propia burguesía conserva gustosa y hasta acrecienta, en un esfuerzo para convertir a los peligrosos revolucionarios en hombres sensatos, de "buen juicio" y de acendrado patriotismo.

Es este un momento de extremo peligro. El viraje es difícil pero hay que intentarlo y hacerlo. Los dirigentes de organizaciones revolucionarias que están en el Parlamento, se supone que luchen contra él como parte de su programa revolucionario destinado a destruir el aparato gubernamental y burocrático-militar burgués.

¿Habrá entusiasmo en esta empresa? El diputado o el senador perteneciente a un partido revolucionario, ¿mirará la supresión de las elecciones y del Parlamento con el mismo interés político que cuando no estaba en el Parlamento convertido en un respetable congresista? ¿Resultará propio y oportuno molestar a los "Honorables colegas" con estentóreos planteamientos revolucionarios, en los momentos en que acaso se llega con ellos a determinados acuerdos en relación con el "proyecto" o la "mesa" de turno o se está en vísperas de reconocer algunos años de servicio y sacar algunas jubilaciones de correligionarios que acaso entonen las finanzas del partido? Si en este momento no se sacan fuerzas para un audaz viraje se desembocará de pronto en una postura francamente seudorrevolucionaria.

He aquí una cuestión que tiene que ver con la conciencia humana, política y revolucionaria de los hombres de esta tierra.

PF


Diálogo en Camiri

DEBRAY REITERA SU APOYO A LA GUERRILLA

CAMIRI.- (De nuestro enviado especial). Régis Debray tuvo su primera oportunidad de hablar en público y defenderse políticamente de una amplia campaña de desprestigio, cuando recibió la visita intempestiva del estudiante Ernesto López Cañedo, en el Casino Militar de Camiri, el lunes 2 de octubre. Se le comunicó que López Cañedo estaba autorizado para una entrevista con él, a fin de "dar lugar a un diálogo entre universitarios". En ese sentido y creyendo que participarían otros cinco estudiantes que acompañaban a López Cañedo, Debray aceptó la conversación. Las presentaciones de rigor las hizo personalmente el Comandante de la Cuarta División del Ejército, Coronel Luis Roque Terán.

López Cañedo cursa 5º año de Derecho en la Universidad de Cochabamba. Es pariente lejano del Presidente René Barrientos. Un tío suyo es viudo de una de las hermanas del Primer Mandatario boliviano. Su padre se desempeña como vicecónsul de Bolivia en Arica. López Cañedo milita en el Movimiento Popular Cristiano (MPC), principal partido de gobierno. Al igual que Barrientos, estuvo en las filas del MNR y posteriormente perteneció a la Falange Boliviana. Es una figura sin prestigio en la Universidad de Cochabamba, según los estudiantes que lo acompañaban. Su entrevista con Debray fue gestionada por el Jefe del Estado dos días antes, durante su visita a Camiri.

El grupo que lo acompañaba no pudo intervenir por prohibición terminante de las autoridades militares. Otro tanto ocurrió con los pocos periodistas que lograron enterarse a tiempo.

"Nosotros debimos protestar en el lugar mismo, pero tuvimos miedo de los militares", confesaron más tarde los universitarios. La Federación Universitaria Local de Cochabamba anunció una declaración impugnando la actitud de López Cañedo.

LÓPEZ CAÑEDO: En primer lugar, al responder las preguntas Ud. como universitario debe estar tranquilo y no tiene por qué inmutarse ni llegar a la polémica. Precisamente mi intención al hacerle estas preguntas es sacar conclusiones, es ver qué sucede, qué es lo que pasa. Yo no he venido acá a tener polémicas.

DEBRAY: Sobre este punto, yo sólo me he referido a declaraciones de las más altas personalidades de este país que en muchas ocasiones han hablado de darme la máxima sanción. Se han expresado en forma tal que no puede caber duda de la sanción final. No es una apreciación subjetiva; es, digamos, la interpretación subjetiva de hechos muy objetivos como son las declaraciones oficiales. Ya no están en curso desde hace, digamos, un mes, pero estuvieron muy en boga hace tres meses.

LÓPEZ CAÑEDO: Voy a pedirle antes de continuar, señor Debray, que no aparezcamos ni Ud. como mártir ni yo como héroe. Ni mártir ni héroe. Acá estamos dos universitarios conversando sin ánimos heroicos ni de mártires. Considera Ud. —realmente esta pregunta quiero que tenga la gentileza de responderla con suficiente valor, honestidad y sinceridad—, ¿considera Ud. acto de hombría y de consecuencia ideológica el negar haber participado en guerrillas acá y fuera de Bolivia, cuando en la página 57 de "¿Revolución en la Revolución?" Ud. escribe: "¿cómo un habitante de las ciudades por marxista-leninista que sea no podrá adivinar la importancia vital de un metro cuadrado de nylon, de un pote de grasa de fusil, una libra de sal y azúcar y un par de botas...? y luego afirma: "hay que haberlo vivido para saberlo".

DEBRAY: (sonriendo) Lo que tengo que responder, me parece, es muy simple. Estuve en las guerrillas venezolanas durante cuatro semanas, también como periodista compartí la vida guerrillera de los venezolanos. Fue ahí que me di cuenta de todos estos detalles que efectivamente hay que vivirlos. Los he vivido en aquel entonces durante algunas semanas y sobre todo tengo muchos amigos latinoamericanos que los han vivido y que me los han comunicado. Yo veo una intención en su pregunta, intención que se repite desde las preguntas anteriores.

No interprete como una falta de hombría el hecho de que yo me atenga —que yo quiera atenerme— a los hechos. Estamos en una ambigüedad. Lo digo públicamente: considero un hecho muy doloroso que el Fiscal Militar llame "bandoleros" a los guerrilleros; él tiene que saber que todos los regímenes del mundo llaman a los guerrilleros de su territorio "bandoleros", ya sea la oligarquía colombiana, ya sean los alemanes respecto a los guerrilleros franceses durante la ocupación; ya sea actualmente el gobierno guatemalteco o el venezolano, ya sean los franceses en Argelia que llamaban también "bandoleros" a los guerrilleros.

Los guerrilleros bolivianos son guerrilleros, yo justifico su acción, estoy de acuerdo con ella, si yo no estuviera de acuerdo no estaría aquí. Pero le repito que no he sido miembro del Ejército de Liberación Nacional de Bolivia. Entonces, interprete como un síntoma de hombría el hecho de que yo le diga que yo estoy totalmente de acuerdo con la guerrilla, y que deseo justificarla y explicarla. Pero interprete, si quiere, como un acto de cobardía el hecho de que le diga que no he participado en combate y que no fui incorporado como combatiente a la guerrilla.

LÓPEZ CAÑEDO: En la página 57 de "¿Revolución en la Revolución?" Ud. se pone en la alternativa de ser calificado como burgués o guerrillero. Lo dice con tal convicción que voy a pedirle me responda cuál es su situación ante su propio dicho de que todo hombre, aunque sea camarada, es un burgués en comparación con el guerrillero, ya que el que vive en la ciudad no puede saber el trabajo material que éste demanda: comer, dormir y moverse; o sea, sobrevivir. Si Ud. no ha estado como guerrillero, si Ud. ha estado como periodista, observador, es Ud. un burgués...

DEBRAY: De eso no cabe ninguna duda. Ud. como yo, en relación con los guerrilleros, somos burgueses. En el sentido siguiente: no de nuestra ideología, adivino cual es la suya y Ud. sabe cuál es la mía, sino por nuestra manera de vivir y por las costumbres que uno adquiere sin darse cuenta. Efectivamente, nos olvidamos que vivir es un trabajo; efectivamente, menospreciamos el trabajo físico, el trabajo material; efectivamente menospreciamos la producción de los bienes materiales; por ejemplo, la manera como comemos: pensamos que la comida cae del cielo, la comida está hecha por la cocinera, nosotros no sabemos cómo se hace, cómo el hombre puede hacer producir los alimentos, en este sentido somos burgueses, o sea vivimos en la abstracción. Es obvio...

LÓPEZ CAÑEDO: Hay una contradicción entre lo que Ud. piensa y escribe, y la forma en que actúa. En la página 89 de su obra, Ud. dice: "la más decisiva de las definiciones políticas es pertenecer a las guerrillas". Si esa es la más decisiva de las definiciones, de acuerdo a su mentalidad e ideología, o Ud. es un guerrillero o es un hombre sin ninguna definición política, o si la tiene no responde a ella como hombre. Porque si yo, de acuerdo a mi filosofía cristiana, digo: la más decisiva de las definiciones políticas es pertenecer a la "revolución en libertad", yo me voy a dar a esa definición, voy a hacer todo lo que deba hacer por cumplir con mi definición política. Ud. no responde como hombre por su ideología. sin embargo, quiero decirle que en la estada del Excelentísimo Presidente Constitucional de la República en Camiri, él ha sido el primero en decir —y es palabra autorizada— que si en Ud. no se encuentra ninguna culpabilidad, será el primero en darle un abrazo y en decirle que puede ir tranquilo. Ese día, si llega a suceder, me va a gustar mucho que Ud. se defina políticamente en cuanto a la actividad, en cuanto a los hechos, en cuanto a materializar su ideología...

DEBRAY: Bueno, yo puedo asegurarle —no conozco su nombre ni estudiante de qué—... que tendrá esta definición, tendrá esta definición mía. Pero yo me pregunto si no pudiera hablar ningún otro estudiante o algún profesor de la Universidad de Cochabamba, porque yo creo que no estamos frente a una conversación sino a una exposición de carácter propagandístico. Siento decirle que sus preguntas no me parecen muy abiertas a un diálogo, me parece que Ud. tiene la respuesta escrita antes de la pregunta, de tal modo que si algún otro estudiante o algún profesor quiere un diálogo acá, frente a los periodistas...

LÓPEZ CAÑEDO: Señor Debray, le voy a responder la cuestión. La entrevista la he buscado yo, me la han dado en forma exclusiva. Pero hace rato le había dicho: ni que yo aparezca como héroe ni Ud. como mártir. Dentro de esa posición quiero que nos entendamos. En mi vida de estudiante jamás he aceptado que alguien me imponga algo. Lo que yo hago, lo hago por convicción. Cuando yo pienso algo quiero materializarlo porque no me quedo en las ideas. No he venido con respuestas preparadas, lo que tengo preparadas son las preguntas. Así que no se pretenda indicar que esta es una propaganda, porque yo me siento más que nunca boliviano y como boliviano estoy viniendo a hablar a un presunto guerrillero y en su debida oportunidad le diré qué cuota tiene en la sangre derramada. Por eso es que nadie más puede hablar, porque esta entrevista me fue conseguida a mí, exclusivamente.

DEBRAY: Bueno, entonces podemos seguir así con las preguntas suyas...

LÓPEZ CAÑEDO: Voy a ir ahora con una pregunta que para mí es de mucho significado. Creo que cuando se la haga, va a ser también de mucho significado para Ud. En una publicación Ud. ha indicado que en la actualidad hay sólo dos posiciones dentro del marxismo: o aquéllos que apoyan la lucha armada o aquellos que pretenden llegar al poder por la vía pacífica. Ud. considera que la primera es la forma de alcanzar el poder y la implantación del socialismo... Si la pregunta no le ha caído bien, si no desea contestarla o decir que no ha escrito semejante cosa está usted en la libertad de...

DEBRAY: No, no. Yo le ruego, solamente que concretice dónde he escrito eso de las dos formas de ser marxista, ¿me puede decir dónde?

LÓPEZ CAÑEDO: En su libro "¿Revolución en la Revolución?", Ud. explica —y voy a ser más claro— la problemática latinoamericana. Habla de las distintas formas en que el marxismo es conducido en Venezuela, Colombia, en los distintos países. Ud. indica que ya no tiene mayor efecto, digamos así, la simple propaganda; y sigue Ud. indicando que los verdaderos revolucionarios combaten con las armas. Ud., que es francés, como el Ché Guevara es argentino, han venido a traer muerte a Bolivia en base a esa idea. ¿Sigue pensando que los verdaderos marxistas, aquí en Bolivia, por ejemplo, deben combatir con las armas para alcanzar el poder?

DEBRAY: A mí me parece que en su pregunta hay una dosis grande de demagogia. Quienes pudieran contestar a Ud. son los propios bolivianos. Ud. sabe muy bien que con toda esta puesta en escena... Ud. tiene a su favor que es boliviano. Ud. quisiera que yo hable a nombre de los miembros del Ejército de Liberación Nacional boliviano. No puedo hacerlo porque no soy boliviano. Les toca a ellos, yo le ruego ir a hablar con ellos o ir a hablar con los mineros, que ellos también tienen viudas. Ellos también tienen sangre y tienen luto desde hace mucho tiempo. Las víctimas de la revolución del 52, también dieron luto. El 4 de noviembre también hubo algunos muertos en La Paz. En mayo o septiembre del 65, hubo muchos más muertos. Usted entiende que son muy discutibles moralmente, aunque muy efectivos emocionalmente, los momentos de luto. Porque hay luto en todas partes y luto de todas partes. El ejército mata también y ha matado a mucha gente acá y desde hace mucho tiempo, y cumpliendo su deber de ejército que es defender el gobierno constituido. Los guerrilleros han venido para acabar con la violencia e instalar una justicia mejor. El MNR el 52, en el cual el actual Presidente de la República militó, también sembró mucho luto y muchos muertos y era para instalar la justicia o una justicia mejor. La revolución francesa también, muchas revoluciones francesas, a las cuales debemos nuestra libertad, han sido sangrientas. Es de esta sangre que nació nuestra justicia y nuestra libertad actual. Pero hay una sangre de la cual no se habla: es la sangre cotidiana de la opresión, de la represión, es la sangre del niño que muere en Latinoamérica cada minuto, eso es sangre también. Es sangre de decenas de millares de hombres que mueren, que no pueden vivir por culpa de la explotación, ud. ha hablado del Ché Guevara. Bueno, ud. tiene que saber que el Ché Guevara no vino acá por voluntad suya. El Ché Guevara vino porque fue llamado por bolivianos, porque sabían que la lucha que se iba a emprender aquí era una lucha para toda Latinoamérica. Era una lucha en la cual la revolución en Bolivia para triunfar tenía que triunfar, como triunfó hace un siglo y medio contra los españoles, en toda América Latina. Ud. habló mucho en términos de nacionalismo. Los guerrilleros también, pero de un nacionalismo distinto. Ud. sabe quizás que Simón Bolívar nació en Caracas, que Sucre nació también en Venezuela y que el Sucre que libertó a Bolivia era un general de Bolívar, que dio su nombre al país en el cual estamos. Ud. sabe quizás que fueron las tropas colombianas que en la batalla de Ayacucho han liberado a Bolivia y han combatido contra bolivianos al servicio de los españoles. Ud. sabe muy bien que la historia de Bolivia es la historia de Latinoamérica toda. Ud. sabe muy bien que todo el pasado de Bolivia indica que el destino de Bolivia es solidario del destino de la Argentina, del Perú, de Chile, etc. Hace poco estuvo en este país el general norteamericano Foster. Entre el general Foster y el Ché Guevara, ¿cuál es más boliviano? Un hombre que nació en Córdoba o uno que nació en el Missisippi. Además, le reitero que la presencia en alguna época del Ché Guevara aquí no quiere decir que la guerrilla no sea boliviana. El Ché Guevara vino invitado por bolivianos, a pedido de los bolivianos, y si se puso a la cabeza de la guerrilla boliviana fue por el voto de los guerrilleros bolivianos. Por una decisión de ellos que tienen la libertad de escoger el jefe que quieren. No quiero seguir en este terreno porque yo esperaba tener una discusión racional, un intercambio de argumentos, y la verdad sin periodistas que le dan carácter público a esta conversación. Me parece sorprendente: en términos de demagogia estoy muy mal. Como usted dice, yo soy universitario y no tengo costumbre de hablar en público. Quiero solamente terminar, primero, reconociendo la libertad que me ha sido dada de expresarme, punto importante; segundo, explicar que no se trata aquí de revolución versus Bolivia, revolución contra Bolivia. Yo quisiera solamente restituir su naturaleza profundamente boliviana, y profundamente latinoamericana, al movimiento guerrillero actual. Ud. habla mucho del "imperialismo rojo". Ud. sabe que por imperialismo se entiende inversión de dinero, se entiende beneficio, se entiende explotar riquezas naturales para venderlas a un costo impuesto por la metrópoli. Todo eso dice que él único imperialismo que actualmente vive en Bolivia es el imperialismo yanqui. No venga a hablar de imperialismos que no existen porque no hay ningún dólar cubano, ni ruso ni chino, en cambio hay 2.000 millones de dólares norteamericanos invertidos en América Latina toda. Y por favor, Ud. habló mucho de Cuba. Cuba es un país de 7 millones de habitantes, no es un país que practique el imperialismo, es un país aislado, bloqueado. No es una nación de 226 millones de habitantes que pueda darse el lujo de un imperialismo. ¿Con qué dinero, con qué armas? Cuba no tiene que ofrecer más que un ejemplo. Que este ejemplo se siga o no, depende solamente de los que quieren seguirlo o no. Lo que Ud. llama el castrismo, el imperialismo "rojo", es seguido en Venezuela, en Guatemala, en Bolivia, y eso no es culpa de Cuba. Si el leninismo es actualmente una doctrina mundial, no es culpa de Lenin, no es culpa de la Unión Soviética. Es porque las obras de Lenin cualquiera las puede leer. Las obras del Ché Guevara y los discursos de Fidel Castro cualquiera los puede leer o pudiera poder leerlos, si no tuviéramos la prensa que Ud. sabe que tenemos. Así, por favor, hay que hablar muy concretamente. Imperialismo tiene un sentido riguroso, tiene un sentido principalmente económico, ideológico. Ud. sabe los periódicos que circulan en Bolivia. Ud. sabe por quién son financiados. Ud. sabe cuál es la Embajada en Bolivia que rige los destinos de Bolivia. Ud. sabe cuáles son los intereses económicos que controlan el país. Entonces, por favor, hablemos de ellos y no hablemos de fantasmas. Y, por favor, le ruego terminar este diálogo, que no ha sido un diálogo, sino dos monólogos yuxtapuestos. No sé si debo felicitarme de haber tenido este encuentro, pero sí me felicito de la libertad que me ha sido dada de expresarme, aunque mal en un idioma que no es el mío, y sin preparación. Creo que esta discusión no es nosotros quienes debemos tenerla. Le repito que soy francés y no estoy habilitado para hablar en nombre de la revolución boliviana. Le rogaría solamente hablar con bolivianos de las discrepancias que actualmente ensangran Bolivia. Es un tema y una discusión que debe tratarse en las Universidades, en las minas y en el campo, en La Paz y otras ciudades bolivianas".


Entrevista

“REBELDE” ENJUICIA A TOMIC

LOS "rebeldes" democristianos —como se define al sector de la DC que afirma luchar por una revolución verdadera para Chile— constituyen un motivo lógico de interés y preocupación para quienes, desde otras trincheras ideológicas, luchan por similar objetivo. PF ha presentado, en distintas ocasiones, el pensamiento de dirigentes representativos de esa tendencia democristiana, como asimismo ha enjuiciado las evidentes debilidades que existen en el accionar concreto de algunos "rebeldes".

En esta oportunidad presentamos una entrevista con Eduardo Díaz, de 24 años, personero del sector "rebelde" de la DC. Su nombre es conocido en los medios politizados del país. Hace algún tiempo, a raíz de la conferencia de Presidentes americanos en Punta del Este, Eduardo Díaz publicó un artículo en el boletín "Documentación, Ideología y Política" (órgano oficioso de los "rebeldes" del PDC), que provocó airada reacción de La Moneda. Su artículo se titulaba "Revolución primero, integración después". La protesta del Gobierno ante la directiva del PDC dejó en claro que el autor era Eduardo Díaz, ex alumno de los jesuítas, estudiante de Derecho y becado por la Universidad norteamericana de Georgetown para estudiar política internacional. En esos momentos, Díaz se encontraba en Washington —lo cual aumentó la desazón de La Moneda por el artículo—. Trabajaba como periodista en la agencia Inter Press Service y fue co-autor Junto con Frank Mankewicz (adjunto de prensa del senador Robert Kennedy), Saúl Alinski y otros, del libro "La Universidad y el desarrollo de la comunidad", publicado por la Universidad de Darmouth. Además, participó con el equipo del sacerdote Richard McSorley S.J., confesor de la familla Kennedy, en la organización de grupos de protesta por la agresión a Vietnam y en grupos de partidarios de los Derechos Civiles en EE.UU.

Hace poco, Eduardo Díaz regresó a Chile (viajará pronto a Europa a especializarse en comercio exterior). Los periodistas políticos intentaron entrevistarlo pero se negó. El interés aumentó cuando trascendió que Díaz fue virtualmente obligado a abandonar los EE.UU. por la CIA. El conversó con PF aunque advirtió que no deseaba opinar sobre el Gobierno del Presidente Frei. Dos años y medio fuera del país, dijo, le impedían hacerlo con claridad. Pero aceptó hablar de temas relacionados con el pensamiento "rebelde" y sus experiencias en EE.UU.

1- ¿Qué lo llevó a escribir el artículo "Revolución primero, integración después"?

"En primer lugar, el interés voraz de los monopolios norteamericanos, que tras descartar a la oligarquía feudal por acabada, buscan hoy una alianza persistente con esas burguesías progresistas u "oligarquías nuevas" que, llenas de vigor y ansias de expansión, ampliarán los mercados para comenzar a succionar, en sociedad, las riquezas de nuestros pueblos. La modalidad ya no es sólo el control de las materias primas, sino también la coproducción en la industria manufacturera, la banca, etcétera. ¿Un frío testigo? El Mercado Común Centroamericano, ya copado por EE.UU. Pero el proceso no se detiene en Centroamérica: a diario sentíamos los gritos de combate de Sol Linowitz y de David Rockefeller llamando a la creación de un mercado más amplio y dinámico en América del sur. En segundo lugar, muy bien sabemos que cuando el criterio integracionista es el del horizonte mental del empresario capitalista, que siempre estará tratando de obtener el máximo otorgando el mínimo, no tendremos integración "ni el día del juicio". Tercera, y considerándola mi motivación principal: el espíritu hegeliano de los adalides de la "integración". Aquellos que buscan en las nubes las respuestas al hombre concreto de esta tierra.

No podemos hablar de "relaciones internacionales"; es un término abstracto. Hablemos de "relaciones políticas internacionales". ¿Qué debe ser una "política internacional"? La expresión de lo que un pueblo es y exige. Primero la nación mandante, y después el gobierno mandatario. La soberanía la delega, por mandato, la nación a sus "servidores". ¿Qué exige, por ejemplo, la nación chilena? En mayoría arrobadora, la revolución social. La revolución es un mandato objetivo que no admite apellidos en Chile. El pueblo ha elegido a los conductores, no a los autores de su revolución. Entonces, primero el pueblo, entendiendo como tal a la "comunidad de desposeídos y explotados", es decir, la clase obrera, el campesinado y esa inmensa clase media proletarizada. Segundo, el partido o vanguardia, y finalmente, el gobierno o mandatario. Es así como la política internacional del gobierno de Chile es o tendrá que ser chilena y revolucionaria. Nacida de las raíces, y no de "arriba", no de la "semántica internacional". Una integración latinoamericana elaborada por tecnócratas internacionales, hecha a nivel del BID; con la bendición del Departamento de Estado, con la protección del pentágono, en el horizonte mental de un Lleras Restrepo, con el esquema de Schumann, de un Adenauer o de un De Gásperi, no puede ir sino al fracaso.

Los jóvenes revolucionarios deben estar alertas. Quien quiera reclamar, en los hechos, el derecho a ser vanguardia del proceso revolucionario de América Latina tendrá que caminar junto a los obreros y campesinos, única fuerza capaz de hacer del continente un bloque unido e integrado desde sus raíces. Jamás ha estado en la mente ni en el corazón de los democratacristianos la idea de hacer de la "integración" un programa integrador de banqueros, de bolsas de comercio, de empresarios y de terratenientes al servicio del imperialismo. La única —en esto hay que ser enfático— justificación de una DC en la vanguardia de la tarea revolucionaria, es la sustitución del sistema capitalista. No están los cristianos reclamando su lugar en la vanguardia para administrar mejor el pasado: están para hacer la revolución, deber de todo revolucionario, y construir la nueva sociedad.

No es la integración el "sésamo ábrete" para sacar del subdesarrollo a Chile y América Latina. La estrategia para ello es la revolución, y la integración es sólo un complemento. Mientras no se inicie la vía de desarrollo no capitalista, ella será un instrumento que sólo aprovecharía a las oligarquías y al imperialismo, y no a las masas."

2. Radomiro Tomic reclamó en Nueva York una "América unida desde Alaska hasta Tierra del Fuego" y ha declarado a la prensa chilena que una "vía no capitalista de desarrollo" no desemboca en una política internacional antimperialista. ¿Está de acuerdo con este concepto?

"No creo sea lógico que yo entre a calificar a Tomic. Hay impedimentos de orden personal y de método.

Todos sabemos que en la "oferta y demanda" de programas e ideas destinados a reacondicionar ciertas estructuras burguesas (claro que siempre dentro de las mismas reglas establecidas y defendidas por la sociedad burguesa), habrá lugar, yo diría para un intercambio de interpretaciones que van "del cero al infinito . El objetivo —y no puede ocurrir lo contrario, pues es la burguesía quien organiza el juego— será una: jamás un “jaque al rey” del imperio. Podrán caer algunos "peones" —generalmente las oligarquías feudales ya agotadas—, pero finalmente el partido quedara en "tablas". Todo esto es muy conocido. Ahora, lo importante radica en un hecho: el Partido Demócrata Cristiano es literalmente antimperialista. No tanto por sus declaraciones en esta materia, que abundan, como por la base social que lo sustenta. Es esa masa de obreros, campesinos, clase media proletarizada, a la que debemos nuestra razón de ser la que nos coloca en el frente explotado. Vea usted lo más reciente: el plan Chonchol, o programa que el partido se ha fijado para el período 1967-70, está señalando, una vez más, la ruta de nuestra liberación. Lo señala porque la vía de desarrollo no capitalista, al atacar de raíz las causas más profundas de nuestro subdesarrollo (el hecho fundamental de una sociedad dominada y explotada por el imperialismo y las oligarquías criollas), no sólo desemboca, sino que es en sí antimperialista. Por supuesto que la "vía" no es aún la sociedad de trabajadores, pero sí el carroño destructor del capitalismo que nos llevará a ella, en Chile. No serán, entonces, los que hoy tienen "control" de la base económica nacional, los que fijarán la vía o campo de combate. Será la misma vía de desarrollo no capitalista la que irá fijando lugares, momentos y las "formas del choque" que irán barriendo las bases objetivas de la explotación en Chile. Esto es lo sustantivo, y así lo viene demostrando el partido. Por ahora, se acentúa la conciencia de que el proceso en marcha que unificará al pueblo contra su enemigo común: la oligarquía nacional y el imperialismo norteamericano, no puede dar, ni dará, tregua para pensar en "personalidades". Lo permanente es la revolución, y lo transitorio son los hombres."

3. Usted vivió dos años en Washington, donde Tomic es embajador chileno. ¿Como pudo apreciar usted la actuación diplomática del representante del gobierno de Frei?

Antes de responder, quiero recalcar un hecho muy porfiado. Chile es hoy. objetivamente, más dependiente del imperialismo que en 1964... las cifras hablan por sí solas. Los que aún crean que la revolución se puede hacer "asociado" con los principales enemigos de ella, o son ingenuos o no quieren la revolución. Por lo tanto, que nadie pretenda creer que Tomic, ni ningún embajador chileno, es capaz de desviar la voracidad norteamericana. Más aún: creo que Cristo, si viniera hoy a América Latina, no elegiría Washington para actuar, sino que, "látigo" en mano, arrojaría a los "mercaderes" del continente. Haciendo esta aclaración le puedo responder derechamente que, en primer lugar, el camarada Tomic ha actuado con mucha dignidad dentro de esta realidad. Segundo, creo que es un orgullo, para el chileno que pasa, comprobar que en los medios políticos y diplomáticos norteamericanos se le considera "el mejor" de los embajadores latinoamericanos."

4. "Punto Final" ha denunciado que agentes de la CIA son enviados regularmente a nuestro país. Durante su actuación en Washington, ¿pudo usted constatar que esta denuncia es verdad? ¿A qué cree usted que son enviados a Chile los funcionarios de la CIA?

"Sí; por supuesto que es efectiva su denuncia. El imperialismo, con el triunfo de la DC, quiso hacer de Chile la alternativa norteamericana capaz de frenar la revolución latinoamericana. Chile tenía que jugar el papel de una Turquía o un Taiwán, en este continente. Para ello nos enviaron un embajador "progresista"; para ello, "Cuerpos de la Paz"; para ello, infiltración en universidades; para ello, paralelismo sindical y otras "fórmulas" que tiendan a dividir el frente explotado; para ello, infiltración de la CIA en los medios políticos chilenos; para ello, una propina especial de 16 dólares per cápita al año, etcétera. Pero hoy, la realidad es otra. El Departamento de Estado, el Pentágono y la CIA saben, muy bien, que Chile no quiere, ni va a ser alternativa norteamericana. El triunfo rebelde en la juventud y en la directiva del partido de gobierno, sumados al impacto continental de OLAS, disgustan a los estrategos de Washington. Sabiendo, entonces, que no podrá ser alternativa política en Chile, pues los partidos populares lo rechazan y la derecha política no existe, el imperialismo podría jugar la carta "gorila" o invasora. El embajador Dungan llegó declarando a Washington: "La misión diplomática de USA en Santiago está integrada por 55 civiles y 67 militares" (publicado en el "Washington Post", el 17 de junio de 1967). Varios cientos —he podido comprobarlo personalmente— de agentes de la CIA han ingresado a Chile desde el Io de enero de 1967 hasta hoy. La Operación Unitas no la pide el Departamento de Estado: el Pentágono lo exige directamente a la marina, etcétera. Todo esto es producto del fracaso de la "vía pacífica" del imperialismo, la Alianza para el Progreso y del terror que produce el avance y la maduración de las masas en Chile. Frente a ello sólo cabe estrechar filas, ya que lo peor que le puede ocurrir a un partido popular, es mostrarse infectado por células de agen, tes de la CÍA "ad honorem" y de los otros. Sería imperdonable. Sólo la unidad y serenidad del frente explotado, sacará adelante la revolución chilena".

5.—Su experiencia en Estados Unidos, creemos, le permite opinar sobre un tema que a menudo causa confusión en personeros DC. Nos referimos a los que sostienen que hay más de un imperialismo y que aceptan oponerse al norteamericano pero dicen que también lo hacen contra el soviético. ¿Qué opina de eso?

Mire, este problema de los varios imperialismos es producto de una época que muere: la de repartos del poder, la de soluciones de compromiso, la del equilibrio relativo de las clases. El reformismo, como alternativa a la revolución, ha fracasado en el continente. Hoy hay un imperialismo en América Latina: el norteamericano. La única vara para medir un imperio es el control que la metrópoli ejerce sobre las economías de sus colonias y que determinan la dependencia de las superestructuras políticas y militares. Hablar de "imperialismo soviético" en América Latina es puro escapismo. Por lo demás, la propia pugna ideológica entre los países socialistas indica que no hay "imperialismo" proletario.

6.— La tesis revolucionaria latinoamericana actual sostiene que la lucha armada, en definitiva, es el único camino de liberación total. ¿Cuál es su opinión?

Si hoy América Latina no es un Vietnam es porque la política norteamericana aún no ha llegado hasta las últimas consecuencias. Arbenz en Guatemala, Goulart en el Brasil, Playa Girón, Santo Domingo, los Pactos Regionales de Defensa, la Reunión de Cancilleres en Washington son algunos hitos, y señalan sólo el principio del camino. Es ingenuo creer que el imperialismo y su espina dorsal —los ejércitos controlados por el Pentágono— aceptarán que las masas latinoamericanas reivindiquen la base económica y, por lo tanto, el destino político del continente. De aquí que América Latina, para ser una, tendrá que elegir entre ser "base yanqui de agresión o campo de com. bate". El "campo" de la lucha no es solamente la trinchera guerrillera.

Lo es también la cátedra universitaria, el patio de la escuela, el sindicato, el voto, etc. Serán condiciones objetivas que presente la coyuntura diaria, en cada uno de nuestros países, las que determinarán la vía o formas de combate. La revolución, al nacer de ese estado de violencia que el imperialismo y sus aliados aplican a las masas, es violenta. Serán los revolucionarios quienes encauzarán su violen, cia, en respuesta a la otra, por vías "pacíficas" o armadas. En el contexto general de América Latina con muy raras excepciones (Costa Rica y Chile, por ejemplo, donde deberá acelerarse el proceso pacífico solidarizando con la lucha continental y estando siempre preparado para cualquier eventualidad), inevitablemente la lucha ya es armada. Como dice Debray: "Después de Cuba y de Santo Domingo existe en América Latina un estado de emergencia. Los "marines" disparan sobre todo lo que se mueve sin distinción de partido. Razones de emergencia y razones de principios imponen el frente armado revolucionario. Donde quiera que el combate ha seguido una línea ascendente, donde quiera que las fuerzas populares se han puesto a tono con la emergencia, han entrado en el campo magnético de la unidad. En las demás partes se diseminan y debilitan".

En mi opinión, la tarea primaria e inmediata de las vanguardias revolucionarias latinoamericanas es organizar la solidaridad y unidad de las masas del continente en torno a la lucha contra el enemigo común: el imperialismo. Sólo será esta conciencia unitaria y de lucha liberadora en todos sus frentes y formas la que finalmente integrará a nuestros pueblos.

7.— Hay algunos que sostienen que los "rebeldes" demócratas cristianos están fomentando con su actitud el peligro de intervención del Pentágono a través de un golpe "gorila"; mayor poder para el ejército en el Gobierno: la creación de la Fuerza Interamericana de Paz, y hasta una invasión vecina. ¿Cuál es su opinión?

Quienes hacen la revolución tendrán que aceptar enfrentarse con toda la fuerza que el status opone. El que tengan que correrse riesgos no es razón para no hacer la revolución; por el contrario, creo que quienes están en la vanguardia de la lucha deben estar dispuestos a arriesgar todo por la victoria final. Todas las formas de agresión —desde la compra de bancos nacionales a la invasión— que van desatando el imperialismo y sus aliados criollos, están dialécticamente ligadas al fracaso rotundo de la Alianza para el Progreso. Al no ejercer poder político le darán rienda suelta al control militar que, por lo demás, siempre ha sido la espina dorsal de su poder en el continente. Atribuir todo esto a los "rebeldes" demócratas cristianos es bastante desproporcionado. ¿Intervención del Pentágono? Estamos intervenidos hace muchos años. ¿Fuerza Interamericana de Paz? Los norteamericanos la quieren y la necesitan desde que invadieron República Dominicana. La impondrán de cualquier forma; es su método.

¿Invasión vecina? Ridículo. Imagínese usted que la clase obrera, el campesinado y los indios bolivianos, por ejemplo, van a invadir Chile, cuando lo que realmente quieren es invadir La Paz y barrer ahí con "gorilas" y monopolios de Estados Unidos. Es no creer en la madurez y solidaridad de las masas del continente, que no estarán dispuestas a pelearse entre ellas cuando ya ubican al enemigo: el imperialismo y las oligarquías. Por lo demás, no sería el primer caso en la historia que de "guerras entre oligarquías" brote triunfante una revolución proletaria.

A los chilenos que añoran la resurrección de Portales o del General Baquedano, yo les diría que vayan a los campos y miren el despertar violento de la conciencia campesina; que vayan a las universidades y pregunten al universitario rebelde qué quiere para Chile y para América Latina. Ahí se darán cuenta qué fecha marca el calendario".


Polémica

A PROPÓSITO DE SINDICALISMO

Jorge Barría S., es profesor investigador de historia del trabajo y relaciones laborales en el Instituto de Administra, ción de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Chile; abo. gado, profesor de historia de América en la Universidad Técnica del Estado. Autor de "Movimientos Sociales en Chile 1910-26", "Trayectoria y estructura del movimiento sindical chileno, 1946-1962", etcétera.

EL meritorio dirigente don Clotario Blest ha dedicado en dos ediciones de PUNTO FINAL sendos artículos [1] acerca de un problema permanente y candente de la izquierda chilena cual es el movimiento sindical.

El papel del sindicalismo ha sido una cuestión debatida intensamente en las filas del movimiento obrero, especialmente en Europa en la época de la Segunda Internacional. En ese tiempo la preocupación básica de los trabajadores era organizar sus cuadros, afianzar y en muchos casos conquistar la democracia política y prevenir la primera guerra imperialista. El partido socialdemócrata alemán que era uno de los pilares de la Internacional, tenía una organización eminentemente política; las secciones del partido en las fábricas estaban preocupadas de la educación política como de los intereses electorales del partido y no se preocupaban de la defensa de los intereses cotidianos del trabajador. Una de las causas de la división del partido obrero socialdemócrata ruso en sus alas bolchevique y menchevique fue el enfoque frente a la cues, tión sindical. Mientras los primeros enfatizaban en la lucha política a través de la vía insurreccional y subordinaban al partido las demás organizaciones del movimiento obrero incluidos los sindicatos, los mencheviques insistían en la conquista de la democracia política y la autonomía de los sindicatos para que jueguen su papel en la defensa de los intereses económicos de los asalariados.

El problema que sigue latente y se plantea en un famoso dilema: qué papel debe jugar el sindicalismo: ¿el rol de doctor o de heredero?

El sindicalismo por la dinámica de su propia acción va consolidando en cierto grado, la estructura social del capitalismo al ir eliminando paulatinamente sus aristas más inhumanas, es decir se desempeña como el doctor que va curando las enfermedades más graves incluso salvando al enfermo. Y, por otra parte, esta fuerza social surgió como respuesta al régimen burgués con la finalidad de abolir el régimen del asalariado y constituir la base para la reconstrucción de una sociedad nueva. En otras palabras, aspira a convertirse en el heredero del avance tecnológico y cultural que ha significado la sociedad actual, para ponerla al servicio de toda la colectividad. Este dilema es, en verdad, una cuestión trascendental y se traduce en política de las fuerzas ideológicas del movimiento obrero. En el caso de Chile, sin un mayor análisis, vemos por una parte, que el sindicalismo se ha desarrollado como una fuerza espontánea, siguiendo en general las presiones de su posición particular en la economía nacional, sin una estrategia y táctica visibles y por otra parte, el intento de las fuerzas de izquierda que han tratado de orientar el movimiento sindical han provocado interferencias que han contribuido paradojalmente a mantener el statu quo social del país, produciéndose fracasos que han llevado a la desintegración y a la desmoralización en las filas de la organización sindical. En todo caso, se puede afirmar que en los últimos diez años el único adversario real de las actuaciones económicas conservadoras de los gobiernos ha sido la fuerza del trabajo organizado, sobre la cual han recaído el grueso de los procesos políticos inspirados en la legislación de seguridad interior del Estado.

Hechas estas reflexiones generales estimo de interés puntualizar otros hechos del sindicalismo chileno. En primer lugar, la fuerza sindical es cuantitativa y cualitativamente importante en el proceso social chileno. El hecho es que está organizado el 21% de la fuerza trabajadora del país (excluyendo el campesinado) es un índice importante. Los 400.000 trabajadores distribuidos —como promedio— en unos 250.000 socios en el sindicalismo legal, unos 140.000 miembros en el gremialismo de los trabajadores estatales y el resto en grupos libres, en mi opinión, es significativo. Por otra parte, están organizados casi todos los trabajadores que potencialmente pueden agruparse en sindicatos o gremios. A su vez están ubicados en los sitios estratégicos de la economía nacional y de la administración pública, de suerte que su gravitación en la vida del país puede llegar a constituir un importante factor de cambio. Para llevar a cabo esta misión la unidad sindical real es la condición fundamental que hay que crear.

En segundo lugar, la fuerza social descrita en el párrafo anterior se estructura a base del sindicato industrial o profesional de empleados por fábrica o establecimiento local; o en el caso de los trabajadores del Estado por servicio nacional. Sin embargo, se debe agregar que este tipo de organización en especial el sindicalismo legal, está encajonado en su acción tanto de negociación colectiva como de huelga dentro de un mecanismo legal que unido a la ausencia de una estrategia sindical libra todos los años, todos los días 1.110 batallas. Estos tantos pliegos de peticiones que abarcan 1.675 empresas (de 70.000 existentes con más de 5 obreros) abarca a unos doscientos mil obreros principalmente (1964). Lo significativo es que cada negociación colectiva es prácticamente una por establecimiento lo que hace que todo el año se ventilen peticiones y muchas de las cuales desembocan por consiguiente en huelgas de empresas locales. En los datos figura un pequeño número de empleados cuyos sindicatos profesionales voluntarios son débiles debido en parte al impacto de las leyes de sueldo vital, reajuste anual, etc., promulgadas en 1937, que contribuyeron sensiblemente a disminuir la actividad sindical de estos trabajadores. En otras palabras, en el sector privado de la economía, todos los años y todos los días se están librando escaramuzas que han contribuido al debilitamiento de la actividad sindical de estos trabajadores, aún a su desmoralización, hechos debidos también a la ausencia de una estrategia para orientar al sindicalismo en su lucha cotidiana.

En el sector público esta mentalidad "localista" se presenta en forma dramática donde cada federación o asociación nacional libra su propia escaramuza por sus problemas, su escalafón, sus sueldos y sus privilegios y resalta esta realidad cuando se tiene presente que hay un solo empleador: el Estado.

En tercer término está el problema del legalismo. Es cierto que el anticuado Código del Trabajo constituye un obstáculo formal al desenvolvimiento de la acción sindical. También es cierto que la intervención del Estado es tal, que hace que la libertad sindical en Chile sea una realidad muy precaria para los trabajadores del país. Debemos agregar que esta "tradición legalista" es un resultado de la colaboración que prestó el movimiento obrero al gobierno del Frente Popular. En ese tiempo, las organizaciones sindicales contribuyeron a mantener la paz social en el país (la no sindicalización campesina, por ejemplo), apoyaron las medidas políticas gubernamentales, fomentaron la aplicación del Código del Trabajo y finalmente se dividieron cuando se fraccionó la coalición política citada.

Debemos citar un hecho, la ley se constituye de instituciones formales que pueden ser llenadas de contenido o quedar obsoletas, siempre que la fuerza, en este caso el sindicato, pueda crear otras instituciones. La realidad señala que los trabajadores han tratado de romper estas estructuras formales, prueba es la existencia de la CUT, de más de cincuenta federaciones y asociaciones nacionales, el enorme número de huelgas "ilegales" y sobre todo, la existencia de grupos bien estructurados en la actual realidad obrera chilena. Es el caso de la Federación Obrera Nacional del Cuero y Calzado (FONACC), que agrupa a unos setenta sindicatos industriales y profesionales obreros con ocho mil socios, que se financia, tiene un equipo de dirigentes pagados por la propia organización, ha concluido un convenio colectivo nacional industrial y coadministra un fondo de prestaciones de varios millones de escudos. Esta experiencia es el fruto de varios años de lucha orientada por una estrategia y táctica sindicales, digna de un estudio por parte de los trabajadores organizados.

Finalmente, hilvanar una estrategia para el movimiento sindical debe tener presente varios hechos de los que mencionamos —la tradición histórica del sindicalismo, el orden político democrático formal del país, la existencia de un sistema pluripartidista y la política económica gubernamental—. En ese marco de referencia muy someramente esbozado, se debe ubicar al sindicato o gremio chileno donde juega su papel de defensor de los intereses cotidianos de los asalariados en la empresa u oficina. Estimo que es ese el rol que debe jugar el sindicato y para esos objetivos lo crearon los trabajadores. Sin embargo, se ha visto que el sindicalismo y el gremialismo libran un sinfín de escaramuzas tratando cada una de estas unidades de lucha social de hacer de "doctor" en una actividad específica. Urge entonces construir, por una parte, organizaciones sindicales más fuertes; en este caso, federaciones o sindicatos nacionales y por otra, elaborar estrategias y tácticas adecuadas, que como la "solidaridad de salarios" o el pliego único nacional para concretar, lleve a toda la fuerza sindical a cohesionarse en un solo bloque clasista. Y será la acción reivindicativa, vale decir, la negociación colectiva, la acción directa (huelga, etc.) y la acción política (leyes del trabajo), la que "construirá un movimiento sindical poderoso que se constituya en "el heredero" potencial de la estructura social actual.

Debemos tener presente que la actividad sindical es una parte de la acción del movimiento obrero. Constituye sólo la base primaria, para ir creando una nueva conciencia entre los trabajadores que ingresan al proceso productor, ya que el partido político de los trabajadores es el destinado a orientar y llevar a cabo las grandes transformaciones sociales de la reconstrucción socialista de la Sociedad.

JORGE BARRÍA S.


Teatro

EL POETA Y EL BANDIDO

A los 63 años Pablo Neruda debutó en teatro, luego de toda una vida de negarse al compromiso escénico. Y al hacerlo —sin dejarse convencer por gente como García Lorca y Barrault—, lo hizo con grandeza y candor, con la inocencia de la pintura del aduanero Rousseau. Es imprescindible decir que un gran cómplice de la escritura de esta obra ha sido su director, Pedro Orthous, exigiendo escenas enteras, como la de la muerte del "bandido" popular, el coro final, puentes entre escenas, etc. "Fulgor y Muerte de Joaquín Murieta" es una obra fuera de serie y canon, ignora alegremente lo tradicional en teatro, incluso el moderno absurdo, y sin embargo tiene la virtud de resumir todos los logros teatrales, desde la tragedia clásica hasta el radioteatro. Neruda no temió siquiera al folletín, como toda historia de bandidos populares que se respete, y lo sorprendente es que a pesar de basarse en rigurosas fuentes históricas, logró un bello libreto que supera la sencilla y hermosa leyenda. Salvo algunas astillas adheridas, por ejemplo la sombra lorquiana cuando emplea la forma del romance español en un coro del sexto cuadro, algún sonsonete de Verlaine esporádico, un acento de Miguel Hernández en el Casi soneto, brilla a lo largo de la obra todo el esplendor de la poética nerudiana. señalamos aquellas adherencias pues es algo que se le puede exigir al poeta, y tampoco menguan el genio del verdadero Neruda.

Dado el momento en que la obra fue estrenada, de súbito aparece la sombra luminosa del Ché, un verdadero héroe, reclamando su propio canto.

Quizá la única falla de la obra es que el personaje llamado Voz del Poeta, llega a cobrar más importancia funcional que el verdadero protagonista, como si Murieta hubiera vivido para Neruda y no éste para Murieta: "No sé, pero siento tan lejos de aquel compatriota lejano/ que a través del tiempo merece mi canto y mi mano . . . ", dice en el final del cuadro quinto, y en el sexto hace decir a la cabeza del héroe: "Pero, ¿cómo sabrán los venideros,/ entre la niebla, la verdad desnuda?/ De aquí a cien años, pido, compañeros/ que cante para mí Pablo Neruda."

Lo cierto es que Neruda dejó en manos de Pedro Orthous el arribo de su poesía al teatro, hizo teatro casi con miedo, como un montañés subiendo a un buque, comportándose en este aspecto con "una humildad ejemplar", como nos dijera Orthous. El poeta nos ha dicho que no reincidirá, "no quisiera tener que contradecirme, la poesía es lo único que sé hacer". Su gran poder de canto y de metáfora reflorece en su única obra para teatro. Sería injusto no destacar que la música de Sergio Ortega tiene mucho que ver con la belleza del espectáculo. Va desde lo simple, lo popular auténtico, lo picaresco sin concesiones, hasta la alta sonoridad, la profundidad del coro final, donde es evidente que Orthous procuró una especie de consagración, como el gloriam de la música religiosa, el sanctus culminante de la misa. A esta altura ya sería redundante demostrar que Orthous forjó una puesta en escena impresionante que alcanza secuencias de grandeza sobrecogedora.

Resolvió el desafío de los coros —47 actores— con rigor y maestría. El elenco del ITUCH se hizo responsable de la significación de este espectáculo, aunque es palpable el mayor talento y ductilidad de algunos. Héctor Maglio luce en su encarnación del Poeta una voz rica, casi portentosa, aunque ciertos movimientos contradicen la voz y el texto. Entre los personajes individualizables descolla Franklin Caicedo en el Caballero Tramposo, alegoría del Tío Sam. En las canciones, Kerry Keller en su negro spiritual, y en los coros el trío integrado por Alicia Quiroga, Virginia Fischer y María Cánepa, se acerca a la perfección. Sabemos que Orthous evitó el naturalismo y no quiso caer en la tentación brechtiana, pero no concordamos con él en cuanto a la supresión de las tres canciones que Neruda compuso para los entreactos, sobre todo una de ellas que habla del nazismo, España y Vietnam. Apoyarían la ideología del texto general. Y, además, son hermosas. Al terminar la representación, la sombra luminosa del Ché persiste en los espectadores, inevitable, a la espera de un Poeta que cante a un verdadero revolucionario.

J.H.


Análisis

HISTORIA DEL PASADO Y DEL PRESENTE

AYER como hoy la revolución americana no es un episodio aislado sino un proceso espiritual complejo, vinculado con la historia universal.

El movimiento ideológico del siglo 18, que ejerció profunda influencia en todas las mentes esclarecidas de la América Latina, posee un indudable carácter burgués. La burguesía aún no era una clase homogénea, pero se veían aparecer los grandes rasgos de la filosofía burguesa, "y esa filosofía no se presenta como una filosofía para los burgueses solamente, sino como una filosofía para todos los hombres" ("la ilustración no sólo es una cuestión de la burguesía, sino el origen de la época burguesa").

Caracterizando la época en que transcurre nuestra primera Independencia, Hernán Ramírez Necochea [2] dice: "Los principios ideológicos —expresión de la conciencia burguesa— difundidos por el siglo de las luces, el Despotismo Ilustrado, la Independencia de los Estados Unidos, la Revolución Francesa, el vigoroso nacimiento del capitalismo industrial y el ascenso de la burguesía al rango de clase dirigente, son la trascendental materialización de esfuerzos revolucionarios —en sí mismos y en sus alcances— realizados por elementos que se agitaban en todos los planos de la vida europea demoliendo los resabios del agonizante feudalismo. Ellos no sólo abrieron las compuertas a nuevas concepciones económico, sociales, políticas y culturales; también pusieron sello de muerte a viejas y anquilosadas estructuras que habían cumplido su destino histórico, alentaron inquietudes y sembraron anhelos renovadores en todas partes.

Todo esto, además de caracterizar a una época, creó un marco que de todas maneras —directas o indirectas, subterráneas o abiertas, resistidas o aceptadas— influyó sobre el destino de América como una especie de composición de fuerzas de carácter esencialmente burgués. Y con esto, la Independencia, un clásico movimiento de liberación de países coloniales, llegó a convertirse en un proceso subsidiario de la gran revolución burguesa de los siglos 18 y 19".

Ahora hacemos frente a nuestra segunda Independencia, que es también un clásico movimiento de liberación contra un enemigo común, que se encuadra hoy dentro de la época del desarrollo del socialismo y que posee una ideología marxista-leninista. Así, la Declaración General de la Primera Conferencia Latinoamericana de Solidaridad proclama "que el contenido esencial de la revolución en América Latina está dado por su enfrentamiento al imperialismo y a las oligarquías de burgueses y terratenientes. Consiguientemente, el carácter de la revolución es de la lucha por la independencia nacional, la emancipación de las oligarquías y el camino socialista para su pleno desarrollo económico y social". Asimismo proclama "que los principios del marxismo-leninismo orientan al movimiento revolucionario de América Latina". Los agentes principales de esta revolución, como los criollos al frente de su pueblo, en otro tiempo, son las masas proletarias de obreros urbanos y trabajadores agrícolas, de campesinos pobres y superexplotados, de intelectuales jóvenes, de estudiantes con hermosas tradiciones de luchas, y de las capas medias, unidos por el común denominador de la explotación a que son sometidos.

HOY COMO AYER

Ramírez nos enseña nuestra historia y nos ayuda a comprender el presente. La situación actual es extraordinariamente parecida: cambian el calendario y los personajes, y con ellos buena parte del paisaje, pero la esencia es la misma. Veamos.

Vísperas de la revolución latinoamericana, y en particular después de la Independencia de los Pistados Unidos, surgieron en España intentos reformistas, como surgieron hoy después de la Revolución Cubana. Se hablaba de "atraer a los americanos... a España... para retener a aquellos países bajo el suave dominio de S. M." como lo hace hoy el imperialismo bajo el espíritu de la Alianza para el Progreso.

Las sabias recomendaciones del reformista Conde de Aranda tenían su base en el convencimiento expresado a Su Majestad: "De la América ha de imaginarse que más o menos tarde han de suceder en ella revoluciones iguales a las de las colonias inglesas"... "Me he llenado la cabeza de que la América meridional se nos irá de las manos"... "A fin de llevar a efecto este gran pensamiento de una manera conveniente a España"... Estas advertencias del Conde de Aranda hechas a Carlos III en 1782, 1786 y 1783, respectivamente, tienen un parecido increíble con las no menos "sabias" advertencias de Robert Kennedy al Senado y al Gobierno de los Estados Unidos: "Descuidamos e ignoramos a la América Latina; habrá cambios. Una revolución está en marcha, una revolución que será pacífica si somos lo suficientemente inteligentes; ...pero la revolución viene, querámoslo o no podemos alterar su carácter pero no podemos alterar su condición de inevitable". Estas agudas e interesadas observaciones de Kennedy traen a la memoria el planteamiento de Fidel al término de la Conferencia de OLAS: "No nos explicamos a qué clase de tránsito pacífico se refieren como no sea a un tránsito pacífico de acuerdo con el imperialismo").

Hasta el Reglamento y Aranceles para el Comercio Libre de España con las Indias, dictados en 1778, y el interés de la metrópoli de procurar una más activa cohesión de la economía peninsular con la economía de las colonias parecen tener un contenido análogo a la presente "integración" económica de los países de América Latina apoyada por el imperialismo. Con el imperialismo adentro, como un inmenso Caballo de Troya, a la nueva metrópoli le resultará más fácil "comerciar" o "integrarse" con nosotros.

Ayer, la metrópoli española trataba violentamente de aislar a sus colonias de todo contacto comercial y cultural con los demás Estados, y particularmente de las ideas "impías" procedentes de los Estados Unidos nacientes, que por aquella época, eran el "primer territorio libre de América", y de la Francia portadora de las ideas revolucionarias de los enciclopedistas y de la Revolución Francesa. Análogamente, hoy día los imperialistas yanquis pretenden por medio de la presión y de la violencia aislar a Cuba de América para que su ejemplo no cunda en todo el continente.

LAS CONDICIONES SUBJETIVAS Y LA LUCHA

En cuanto a las condiciones subjetivas para la Independencia, Hernán Ramírez afirma que en un principio no había conciencia de cambio del status en los espíritus: sólo "reformas más o menos osadas que no involucraban necesariamente afanes separatistas": "con anterioridad a 1810, la independencia era extraña virtualmente a la totalidad de los chilenos". Esta situación recuerda la de Chile y América Latina antes de la Revolución Cubana. Esta "ausencia de condiciones subjetivas propicias para la emancipación" de que habla Ramírez ("anidada en la cabeza de algunos elementos escasos") trae a la memoria la actual discusión entre revolucionarios y seudorrevolucionarios en el Continente. Ramírez nos recuerda que "en Chile nadie comprendió la existencia de un proceso que estaba desarrollándose y que debía desembocar, como sucedió, en la gesta iniciada el año 1810. Se dio una situación como la que frecuentemente se produce en la historia: mientras el acontecer profundo de las cosas se movía en sentido disolvente de la dominación española que auguraba un inevitable desenlace en la Independencia, la conciencia de los chilenos —excepto la de un puñado de personas que pueden contarse con los dedos de la mano— permanecía como ciega, de espaldas a la evolución de la sociedad en que estaban encajados, sin percibir la presión de tendencias más profundas bajo los fenómenos superficiales de su tiempo".

Las observaciones de Ramírez resultan aún más contemporáneas cuando agrega: "La Independencia no podía avanzar, pues un poderoso freno la inhibía: no había quienes, en un tiempo propicio tuvieran la disposición de arrancar del tronco metropolitano una colonia que ya estaba preparada para ser un Estado independiente; todavía en 1810 (como hoy después de Cuba, para algunos), la idea de la segregación de la metrópoli, se la consideraba como una idea hipotética de imposible consecución, que no hallaría eco en ninguna cabeza".

"En resumidas cuentas pues —afirma Ramírez—, estaban ausentes las condiciones subjetivas definidas que acusaran la presencia de un movimiento separatista franco y sin titubeos, aunque se daban ciertos elementos mínimos para que esas condiciones pudieran crearse en el transcurso de los acontecimientos". .. Este juicio trae a la mente una serie de conceptos similares emitidos por Fidel Castro sobre la época actual: "Bien arreglados habríamos estado si para hacer una revolución socialista, nos hubiésemos tenido que dedicar a catequizar a todo el mundo con el socialismo y el marxismo para después hacer la revolución. No hay mejor maestro de las masas que la misma revolución, no hay mejor motor de las revoluciones que la lucha. El propio proceso revolucionario va creando la conciencia revolucionaria. Creer que la conciencia tiene que venir primero y la lucha después es un error. ¡La lucha tiene que venir primero e inevitablemente después de la lucha vendrá con ímpetu creciente la conciencia revolucionaria! Con esa frase de las condiciones objetivas y de las condiciones subjetivas, algunos esperarán por las calendas griegas a que venga la revolución".

"AVENTURERO" PRECISAMENTE NO: ¡OBJETIVO!

No resulta extraño, pues, que la Primera Conferencia Latinoamericana de Solidaridad haya proclamado en su Declaración General "que la Revolución en América Latina tiene sus más profundas raíces históricas en el movimiento de liberación contra el colonialismo europeo del siglo 19 y contra el imperialismo en este siglo".

La historia de ayer y la de hoy demuestran que ninguna clase gobernante cede voluntariamente sus prerrogativas a la clase revolucionaria en ascenso, y que siempre hace, hasta donde le resulta posible, una violenta resistencia. Y es bueno indicar también que, ayer como hoy, la violencia parte de la clase gobernante: la primera violencia es su sistema de explotación que mantiene por la fuerza el aparato burocrático-militar de su propio Estado. De aquí que, como proclama la Conferencia "para la mayoría de los países del continente el problema de organizar, iniciar, desarrollar y culminar la lucha armada constituye hoy la tarea inmediata y fundamental del movimiento revolucionario".

La similitud de las situaciones históricas, y con ello la continentalización de la lucha revolucionaria, tenderá a ser todavía mayor debido a las características de la política continental diseñada últimamente por el imperialismo norteamericano: "fronteras ideológicas", "fuerza interamericana de paz", "bloques regionales de contrainsurgencia" y violentas presiones a todos los países. Por eso, como en Chacabuco y en Maipú, como en Boyacá y Carabobo, como en Junín y en Ayacucho, la Primera Conferencia Latinoamericana de Solidaridad llama a la lucha coordinada contra el enemigo común y plantea que "el primer objetivo de la revolución popular en el continente es la toma del poder mediante la destrucción del aparato burocrático-militar del Estado y su reemplazo por el pueblo armado para cambiar el régimen social y económico existente".

Leyendo el libro de Hernán Ramírez Necochea con la mente puesta en nuestra situación actual, a menudo se teme ante el riesgo, bastante probable, de que algún crítico pueda acusar al autor de "provocador" y "aventurero".

J. B.


Encuesta

JÓVENES RESPONDEN: "SÍ HAY REBELDÍA"

PUNTO FINAL continúa en este número consultando la opinión de dirigentes juveniles sobre los objetivos y características de la lucha que —en todos los planos— están realizando los jóvenes chilenos. El afloramiento de esta conciencia de lucha en los sectores juveniles del país, se ha descrito como una verdadera rebelión.

En esta oportunidad PF presenta las opiniones de Juan Arancibia Córdova, miembro de la comisión política del Movimiento "Camilo Torres", y del dirigente de la Juventud Radical, Patricio Valdés.

El dirigente del "Camilo Torres" dijo:

"Sí hay rebeldía. La sociedad chilena actual está en crisis. Los jóvenes de los diferentes grupos sociales que la conforman expresan su rebeldía de diferentes formas. No es igual la rebeldía del joven "coppeliano" que trasunta sus insatisfacciones a la sociedad tradicional en actitudes externas imitativas de los jóvenes burgueses europeos, en una rebeldía inauténtica y que cuesta por lo demás bastante dinero. Diferente es la actitud de los jóvenes obreros, campesinos y estudiantes conscientes que buscan encauzar su rebeldía hacia la transformación integral de la sociedad.

Aunque no estemos de acuerdo con la teoría generacional como método explicativo de la historia, creemos, sin embargo, que en Chile y América Latina ser rebelde es ser joven. Nuestro aserto se fundamenta en que las vanguardias políticas surgen fundamentalmente en el campo obrero, campesino, estudiantil, como en Cuba y en todo nuestro continente.

Nunca más los jóvenes debemos ser engañados por los partidos tradicionales que buscan a la juventud para instrumentarla y alcanzar mezquinos intereses electorales. La juventud ya no cree en las dirigencias envejecidas, incapaces de conducir la lucha en esta nueva etapa. Para nosotros, la única y auténtica rebeldía es la que se expresa hacia el cambio y se organiza para esto. Un buen testimonio en este momento es la agitación que sacude a las universidades chilenas donde las nuevas vanguardias estudiantiles, con el respaldo mayoritario, buscan quebrar las antiguas estructuras organizativas y barrer con los focos de poder reaccionario y proyectar así la Universidad hacia la revolución.

Reafirmamos que la juventud no debe comprometerse más con los partidos tradicionales y sacrificar con esto su idealismo y su generosidad. Buena prueba de lo que no debe hacerse lo constituye la actual Juventud Demócrata Cristiana, donde si bien la mayor parte de sus bases no se encuentran comprometidas con el sistema y están por el cambio, no es menos cierto que la mayor parte de sus dirigentes nacionales están comprometidos con el actual régimen por el hecho de ocupar altos puestos públicos, remunerados con buenos sueldos, mientras por otro lado en sus declaraciones públicas proclaman estar por la revolución, por sus compromisos pasan a ser los nuevos profitadores de esta sociedad y en consecuencia no pueden aspirar a conducir la rebelión de la juventud chilena.

Camilo Torres llamó a los jóvenes colombianos y latinoamericanos a comprometerse en la lucha por la transformación revolucionaria de la sociedad y este compromiso debe ser hasta las últimas consecuencias. No caben por tanto los términos medios o en espera de que la lucha la desencadenen otros. La lucha comienza hoy y a los jóvenes chilenos les cabe la responsabilidad de liberar al país del actual sistema capitalista y del imperialismo norteamericano".

UN RADICAL

Patricio Valdés, dirigente de la Juventud Radical, opinó:

"Innumerables sociólogos, psicólogos, religiosos, pedagogos y políticos han tratado de explicarse, desde su particular punto de análisis, las razones que llevan a la juventud actual, tanto en nuestro país como en otras áreas del universo, a rebelarse, a luchar.

Doctas admoniciones burguesas tratan de minimizar el proceso que eclosiona a diferentes niveles. A los detentadores del statu quo tradicional les es difícil explicarse y, mucho menos, justificar el que la juventud irrumpa, violentamente, buscándose un lugar que justifique sus responsabilidades generacionales.

Y ello no indica que se trate, única y exclusivamente, de una pugna generacional.

Importantes avances se han logrado. Existen elementos que continúan efectuando un aporte positivo. Pero, no es menos cierto que, los más han detenido su acción, han transado su ideal de otrora, se quedan en un recodo del camino, de por sí áspero y cruento.

Mientras se produce el avance tecnológico, científico, cultural; mientras el mundo actual, fruto de grandes golpes, cambia de fisonomía; mientras observamos ellos existen, a la vez, sectores mayoritarios, pueblos enteros que se encuentran alienados por el gran capital sin encontrar el lugar que, en justicia social, les correspondería.

Y frente a este estado de cosas, la juventud debe y tiene que rebelarse exigiendo, en la acción, el cambio total de las actuales estructuras.

Grupos privilegiados detentan el poder político, económico, social, cultural; expolian a los estratos mayoritarios, trabajadores, obreros, campesinos, empleados, intelectuales. La juventud debe, en consecuencia, tomar su lugar de vanguardia, adquirir una conciencia de clase más desarrollada que nunca, a fin de señalar las injusticias actuales, propugnando los cambios que permitan integrar a estos hombres, desposeídos y esquilmados, a un sistema más progresista, más idóneo, más humano, más justo.

La labor de la juventud, en este sentido, es bastante consecuente con sus actuales responsabilidades. Está indicando la caótica situación existente. Está señalando los cambios vitales, que deberán ser profundos y definitivos. Señalarán su plena vigencia, permitiéndole su acceso al proceso social, abriéndole las puertas al estudio, al trabajo, al deporte, a la recreación. Entregará su aporte creador logrando que el hombre, en su más lata significación, pueda ser factor decisivo de su destino y el de sus coetáneos. Verterá su acción solidaria, tal como siempre, en torno a las luchas liberacionales de los pueblos del mundo que, bajo diferentes maneras, están buscando liquidar las secuelas del pasado, la explotación capitalista, tanto nativa como foránea, la dependencia atroz e inmisericorde del imperialismo norteamericano.

En este cuadro perspectivo se ubica la rebelión juvenil. Allí están sus tareas básicas e inmediatas. Las está demostrando en el accionar estudiantil —fundamentalmente el universitario—, en el campo, en la usina, en los talleres, tratando de quebrar la costra de intereses e injusticias que, incluso, el actual sistema, a pesar de todo su populismo preelectoral, trata desesperadamente de mantener.

Aquellos que sólo se quedan en la manifestación externa —vestimenta, diversiones, irreverencia a normas obsoletas—, están observando y analizando lo superficial, la rebelión a lo acomodaticio.

La lucha de la juventud lleva algo mucho más trascendente. Involucra su disconformidad creadora con un sistema socioeconómico que lo enaiena, no sólo en nuestro país sino que en otras latitudes. En un mundo extraordinariamente interdependiente en sus relaciones y reacciones humanas, la miseria, la pobreza, el subdesarrollo, la injusticia social, la criminal agresión, la descarada intervención imperialista, nos motivan, nos llevan a la acción. Muchas podrán ser sus manifestaciones; sus formas, las más diversas, producto de la propia realidad nacional. Algo resalta, nítidamente: la juventud sólo está comprometida con su futuro; de allí, entonces, su actuar ..."

XIMENA CANNOBBIO


Problemas

REFORMAS EN LA UNIVERSIDAD

DOS fenómenos reformistas, básicamente contrarios, originados en fuentes que parecen ignorarse la una a la otra y opuestos por la forma y el curso de su movimiento, se están produciendo en la universidad de Chile. En el punto donde ambas tendencias terminen por encontrarse —si no asisten la proverbial serenidad y el diálogo inteligente y realista— puede producirse un descalabro de proporciones.

De una parte, está el intento de modificar sustancialmente el Estatuto Universitario. Es ésta una iniciativa originada en el nivel del Consejo Universitario que sorprende por los contenidos francamente regresivos del proyecto que se propone. No sólo está, ausente en dicho proyecto el eco más insignificante del movimiento estudiantil que busca imponer formas más democráticas en el funcionamiento de la Universidad sino que se insertan innovaciones cuyo resultado obvio es una concentración todavía mayor del poder.

Por ejemplo, el Vicerrector no es ya por derecho propio el Decano más antiguo sino que es designado por el Rector de entre los Decanos. También, se subordinan y restringen las funciones del Secretario General que aparece en el proyecto de reforma estatutaria como "colaborador directo, inmediato y permanente del Rector". En el Estatuto actual, el Secretario General tiene a su cargo "todo lo que diga relación con las publicaciones que haga la Universidad"; en el proyecto de reforma, dicha función desaparece. Los Decanos, actualmente designados por tres años, lo serían por cinco de acuerdo al proyecto, y con derecho a ser reelegidos una vez más. Dentro de las Facultades se crean el Vice-decano y el Consejo de Facultad. Este último estará formado por el Decano, el Vice-decano, el Secretario de Facultad, Jefes de Institutos,

Escuelas y Departamentos. Estas autoridades son, algunas, designadas por el Claustro de la Facultad. Nada se dice sobre la forma de designación de los jefes de Institutos y Escuelas. El Consejo Universitario, además, aparece dotado en el proyecto de atribuciones más fuertes que en la actualidad: Le corresponde, como quien dice, entre otras cosas, "crear, reorganizar y suprimir Facultades". Asimismo, puede "crear, reorganizar y suprimir los diversos organismos universitarios, a propuesta de las Facultades o por propia iniciativa".

Nos parece que basta lo dicho para una impresión de la tendencia general del proyecto: las estructuras de poder, actualmente cuestionadas a todo el largo del país, buscan afianzarse sin más argumentos que el de una redacción bastante defectuosa, de pretensiones arcaicas y sin destino. A este respecto decía un profesor: "como si la gangrena pudiera curarse a sí misma", por lo demás, el proyecto ha sido rechazado por dos Facultades. En la Facultad de Filosofía y Educación, donde las autoridades actual, mente desalojadas hicieron lo posible por ocultar la existencia y discusión del proyecto en el seno del Consejo Universitario, se han levantado voces de protesta. La crisis vivida en los últimos días por esta Facultad impidió que tomara cuerpo el repudio al proyecto estatutario.

UNA FACULTAD TORPEMENTE DIRIGIDA

La Facultad de Filosofía y Educación aparece, actualmente y en los hechos, como el escollo donde pueden efectivamente frustrarse las tendencias autocráticas del proyecto de reforma estatutaria. La forma como se organizaron las estructuras de poder dentro de esta Facultad implicaban, sin más, ponerse a un paso de la crisis que estalló hace algunas semanas.

Esta Facultad estaba formada por tres Departamentos Centrales que reunían, bajo autoridad no generada en las bases, a las Secciones, Escuelas e Institutos. La función de estos Departamentos Centrales, fuera de la consabida complicación burocrática, se redujo a cerrar la comunicación de los organismos de base con la esfera superior, creando descontento y desaliento en los profesores, investigadores y auxiliares.

No sólo esto. Se cometió el error de crear un Consejo Asesor del Decano (siempre se lo llamó "Consejo Superior de la Facultad") integrado por el Decano, el Secretario, los Jefes de Departamento y de Escuelas. En su mayoría, entonces, estaba formado por personas designadas desde arriba. Las actuaciones de este Consejo se realizaban sin consulta a los profesores y. allí donde tuvieron resonancia pública, no expresaban la opinión del cuerpo de la Facultad.

Con tales estructuras para aplicar el poder —sumados los procedimientos pseudode-mocráticos en la casi totalidad de las designaciones— se fueron acumulando los hechos. Su denuncia era responsabilidad de las personas honestas, y el descontento fue subiendo de punto dentro de una caldera estúpidamente cerrada.

DESDE ABAJO HACIA ARRIBA

La crisis ocurrida hace algunas semanas es el extremo de una serie de intentos frustrados, o más o menos frustrados. Grupos de alumnos y de profesores, principalmente de las Secciones de Castellano y Filosofía protestaron en un pasado no muy lejano por designaciones que les parecían repudiables e impuestas. Hubo también tormentosas sesiones de Facultad donde se mostró claramente que los criterios de designación de catedráticos se prestaban a meros golpes de presión. También se protestó por la arbitrariedad en la asignación de jornadas completas. La frecuencia de tales anomalías llegó al punto de fijar en la conciencia del alumnado un cuadro diagnóstico y una actitud alerta. Como se dice, faltaba el fulminante.

Se produjo, como siempre, donde menos se esperaba. La Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) que tenía su local en la Facultad de Filosofía, cambió de residencia, los alumnos de Sociología, sin más aviso, se tomaron las salas desocupadas. No tenían espacio suficiente. Y siendo ésta una deficiencia general, los muchachos de Alemán tomaron el espacio dejado por los de Sociología; los de Filosofía hicieron otro tanto con el local dejado por los de Alemán. El asunto prendía. Los alumnos, asimismo, desalojaron las oficinas. Había fundamento para esta actitud: por ejemplo, en el edificio de Filosofía y Alemán, había tres salas para clases contra seis oficinas.

De la cuestión material se pasó sin solución de continuidad al alegato reformista. Los motes colgados en puertas y paredes resultaban fuertes de tragar: "Fuera las maffias", "Cerrado por mal olor", "Alumno: el Decano miente". Una especie de revolución cultural en pequeño.

Reunida la Facultad, se constituyó una comisión de seis profesores y seis alumnos a fin de emitir en plazo fijo un informe sobre la situación. El informe de la comisión significó una de las sorpresas más agradables para el movimiento estudiantil. Sus términos de base eran: a) Eliminación inmediata del Consejo Superior de Facultad: b) Eliminación inmediata de los Departamentos Centrales; c) Renuncia de todos los actuales jefes de Secciones, Institutos v Escuelas; d) Elección de nuevos jefes con voto de todo el cuerpo docente de los respectivos organismos, uno de cada cinco ayudantes y una representación de alumnos que constituyera el 25% del total de los votantes.

La Facultad discutió el informe en una sesión que duró entré seis y siete horas. Fue una curiosa sesión donde, después de un forcejeo tremendo, se produjo prácticamente la unanimidad sobre todos los detalles. Finalmente, el informe se impuso en sus líneas básicas.

El resto de la historia es más conocido. La moción del Decano Julio Heisse ante el Consejo Universitario, fue tramitada de un modo que no satisfizo a los alumnos, los cuales pidieron su renuncia. Alumnos y profesores sugirieron nombres al Rector para Decano interino; el Rector atendió y eligió entre éstos al profesor Hernán Ramírez Necochea, quien había presidido la Comisión que emitió el informe reformista.

LA PUGNA ESTA DESPEJADA Y PLANTEADA

El nuevo Decano de la Facultad de Filosofía y Educación, respaldado ampliamente por alumnos y profesores, tiene ahora la tarea de poner en marcha la reforma. Está a la vista el espíritu de ésta y su difícil conciliación con el proyecto de reforma estatutaria que comentamos someramente más arriba. Piénsese simplemente en las precisiones sobre la representación estudiantil contenidas en el informe aprobado por la Facultad de Filosofía; considérese la forma como se designan los jefes de secciones, institutos y escuelas; el hecho de que necesitan para permanecer en sus cargos del apoyo constante de dos tercios de sus electores: obsérvese que tales jefes forman el nuevo Consejo Superior (o como se llame) de la Facultad; considérense las nuevas normas de la reforma sobre la discusión del presupuesto; véase todo esto y la conclusión parece obvia: si la reforma de la Facultad de Filosofía y Educación pasa adelante, entonces, se viene por los suelos el proyecto de reforma estatutaria. No sólo eso: el espíritu de la reforma que busca introducir la Facultad de Filosofía tiene la tendencia ostensible de propagarse a toda la Universidad.

La cuestión, entonces, parece despejada y planteada. Hay otras Facultades, como dijimos, que rechazan el proyecto de reforma estatutaria. Si éstas apuntan en la misma dirección oue la Facultad de Filosofía y Educación, será más fácil alcanzar el extremo a que tiende todo el movimiento: la democratización de la Universidad, la generación de toda autoridad desde sus bases y con participación de los alumnos en la proporción de un 25 por ciento.

Mientras así marchan las cosas, la "prensa seria", sin más alternativa que la indignación farisea, se llena de "Documentos Universitarios". Vuelan las cartas extensas de la gente docta a decir al público paparruchas sentenciosas. Personajes que recuerdan a esos cómicos imbéciles denunciados por Rabelais, preparan alfajores provincianos: "Universidad y Autoridad", "Democracia y Universidad". Claro está, se trata de gente "auténtica", "multifacética" y "universitaria" que parlotea con cuerda y sin entender una jota de lo que ocurre.

JUAN RIVANO


Perspectivas

BALANCE DE UNA LUCHA

LOS estudiantes de la Universidad de Concepción se han situado a la cabeza de las luchas juveniles en el último tiempo. En la dirección de esa lucha ha jugado un papel de importancia el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), que en aquella Universidad tiene significativa fuerza. PUNTO FINAL entrevistó al responsable del MIR en Concepción, Miguel Enríquez, estudiante de Medicina, quien trazó para esta revista un balance de la lucha reciente y una perspectiva de las enseñanzas recogidas en su curso.

Miguel Enríquez declaró:

"Los hechos ocurridos recientemente en Concepción no son casuales. Ya en abril del 65. los estudiantes universitarios, después de combatir más de una semana, también secuestraron un carabinero, canjeándolo por estudiantes detenidos. Ese mismo año sostuvieron una huelga de un mes contra una reforma del año básico impuesta por préstamos norteamericanos condicionados; expulsaron violentamente del recinto universitario al senador Robert Kennedy; combatieron en las calles repudiando la Operación Unitas VI. En 1966 llevaron a cabo una huelga de dos meses por el cogobierno universitario y por la expulsión de los Cuerpos de Paz de la Universidad, ocupando la Ciudad Universitaria, desarrollando paralelamente un congreso interno de Federación y un Congreso Latinoamericano de Sociología, bajo el poder estudiantil. En 1967, antes del movimiento reciente, se movilizó el estudiantado en defensa de dos profesores de filosofía expulsados por sus ideas marxistas, y poco tiempo después, el Movi. miento de Izquierda Revolucionaria (MIR) expulsó a los Cuerpos de Paz del Barrio Universitario.

Por un lado, las tensiones acumuladas por la fortaleza, madurez y radicalización de los estudiantes durante tres años de lucha, y por otro, la creciente dependencia de nuestra Universidad de capitales norteamericanos y una increíble tozudez de la élite de poder masónico de la Universidad, que a las peticiones estudiantiles sólo respondió con mayor discriminación y persecución ideológica, hicieron crisis a mediados del año. La cadena se rompió por su eslabón más débil y crítico: el Instituto de Sociología; su presidente, miembro del MIR, encabeza un largo movimiento, que contó con el apoyo de la Federación; de profesores; de sociólogos de renombre internacional, etc., que llegó hasta la ocupación del local del instituto y a una prolongada huelga de hambre de sus estudiantes. Paralelamente el doctor Winfrid Hauck, profesor de alemán, decretó una huelga de hambre pública, en protesta por la persecución ideológica en la Universidad, la que no suspendió sino cuando el estudiantado, después de quemar una bandera norteamericana unánimemente se lo solicitó. El movimiento de Sociología había triunfado; las peticiones de los estudiantes satisfechas; la autocracia masónica y servil, guardadora de los valores culturales del "american way of life", retrocedió.

El estudiantado, entonces, cuestiona el poder universitario: se plantea la conquista del 25% de representación estudiantil en todos los organismos de la Universidad, como primera etapa en la lucha por el cogobierno. Un día después, cuando los" estudiantes marchan por las calles, son violentamente agredidos por Carabineros, agresión a la que virilmente responden. Ese día los hechos se suceden vertiginosamente: el combate callejero se prolonga por más de cinco horas; Carabineros retrocede ante la furia estudiantil; Luciano Cruz, miembro del Consejo Universitario, alumno de V año de Medicina y militante del MIR, líder indiscutible del movimiento estudiantil de Concepción, después de ser detenido y golpeado violentamente, se escapa de la mas grande Comisaría de la ciudad. Al mismo tiempo los estudiantes capturan un carabinero de "rehén", el que da una conferencia de prensa, y lo ofrecen en canje por los detenidos; la J.D.C. Universitaria pide la destitución del Intendente; sectores "ultras" insisten en penetrar al Barrio Universitario por la fuerza; se acuartelan los regimientos; cientos de "descansados" miembros del Grupo Móvil de Santiago viajan a Concepción a "recuperar al rehén"; los estudiantes no ceden a las amenazas y se atrincheran en la Escuela de Farmacia dispuestos a resistir. Entran a mediar la directiva nacional y provincial del P.D.C.; se acepta el "canje"; el carabinero es entregado al otro día y los estudiantes detenidos obtienen su libertad; la Universidad decreta dos semanas de vacaciones.

Luciano Cruz, del MIR, y Jaime Jana son encarcelados; se abre uno de los más descarados procesos políticos de la escalada de violencia y represión que venía desarrollando el Gobierno a partir de la querella a los oradores del Teatro Roma y del desafuero del senador Carlos Altamirano. El estudiantado no cede; sigue su movimiento por la democratización de la Universidad y por la libertad de Cruz y Jana; decididos a hacer valer su derecho a marchar libremente por las calles, los estudiantes combaten en tres oportunidades con Carabineros por cuatro o cinco horas, dos veces al anochecer; devuelven cada golpe; bombas vienen, piedras van; no retroceden ante el "guanaco" ni ante las ofensivas del siniestro e ineficaz Grupo Móvil; al contrario, buscan el enfrentamiento cuerpo a cuerpo, atacan unas veces en pequeños grupos, otras en de a cientos; con un valor que linda en la temeridad los derrotan y los policías en sus retiradas, humillados, proceden a detener y a golpear a cuanto pacífico ciudadano se cruza por su camino; la última batalla les entrega el botín de 74 detenidos que son salvajemente golpeados. La indignación prende en la ciudad; los periodistas también golpeados protestan; lo mismo hacen innumerables particulares; los estudiantes responsabilizan al intendente democristiano y profesor universitario de lo ocurrido. A su vez la lucha en la Universidad no arrecia: Bautista Van Schowen Presidente del Centro de Estudiantes de Medicina, y miembro del MIR, sostenía pública polémica con miembros del Consejo Universitario.

Resultado: lo que parecía presa fácil, el reprimir y golpear estudiantes en las calles; encarcelar dirigentes estudiantiles y cerrarse a todo diálogo entre "autoridades universitarias" y estudiantes, demuestra ser una prueba de fuego para el gobierno y la autocracia masónica penquista; se recibió el apoyo de otras Federaciones de Estudiantes, de los mineros de Lota y Schwager; de los estudiantes secundarios, de los profesores universitarios, etc.; la Democracia Cristiana, muy mal asesorada por la "Parroquia Universitaria", crucifijo en mano y a la sombra de una acusación al MIR de haber "desvirtuado" el movimiento estudiantil, intentó no apoyar a los dirigentes encarcelados: resultó repudiada por las asambleas estudiantiles. Retrocedía el Gobierno, retrocedía Carabineros, marcha atrás de la D.C. y sus "parroquiales" líderes, derrota para las "autoridades universitarias"; victoria del estudiantado: Cruz y Jana en libertad, la dirección de la Universidad aceptó todos los puntos de transición exigidos por los estudiantes, el Grupo Móvil se va de Concepción, etc.

¿Qué había ocurrido? El estudiantado en el curso de la lucha por sus reivindicaciones se había visto enfrentado al aparato represivo estatal burgués y, forzado por la dinámica de los acontecimientos había tomado definitiva posición en las trincheras del combate social.

En la universidad: en síntesis, la lucha por el objetivo estratégico fundamental, la revolución universitaria, entendida como la necesaria transformación que saque esa superestructura del servicio a la sociedad de explotación y oprobio, y la coloque al servicio de obreros y campesinos, pasa por la lucha por las reivindicaciones fundamentales de los estudiantes contenidos en la Reforma Universitaria, enfatizando sí el cuestionamiento del poder universitario, esto es, el cogobierno estudiantil, como elemento indispensable para luchar en este período por la democratiza, ción de la Universidad, la defensa de su autonomía, el acceso a ella de obreros y campesinos, y la lucha contra la penetración norteamericana.

En el curso de esa lucha, los estudiantes se cruzaron con toda la ofensiva lanzada por el Gobierno: después del escándalo nacional provocado al atribuir guerrillas al MIR en el sur, el Gobierno abrió proceso a los oradores del acto del Teatro Roma organizado también por el MIR; disimuladamente, mientras el Sr. Leighton se entretenía procesando al P.N., prohibió insólitamente las marchas callejeras de cualquier tipo; luego consiguió el desafuero del senador Altamirano por defender las ideas del Gobierno Revolucionario cubano, etc.

Los estudiantes de Concepción comprendieron que su papel no es el de trepadores sociales a la caza de los beneficios de un título universitario, sino que, como "grupo de edad" y en su calidad de "joven intelectualidad", al cruzarse con la agudización de los conflictos sociales a nivel nacional y latinoamericano, se integran al movimiento revolucionario entendiendo que a la Universidad no vienen sólo a estudiar, sino también a luchar.

Y lo más importante, los estudiantes de Concepción entendieron, y mostraron con su ejemplo, un camino que todavía sectores de la izquierda tradicional no pueden o no quieren aprender. La única forma de detener una ofensiva represiva y reaccionaria, el sólo método de impedir una dictadura legal o un golpe militar, no es bajar la cerviz, vestir piel de cordero y de rodillas jurar pacifismo y legalismo, sino, muy al contrario, enfrentar al represor, combatirlo sin ceder, denunciar cada uno de sus tenebrosos pasos y seguir adelante, haciéndole retroceder, no a su punto de partida, sino mucho más atrás."


Análisis

LOS GRUPÚSCULOS

HAY muchos que no comparten la línea oficial de la Izquierda, tanto dentro de los partidos como fuera de ellos. ¿Qué han hecho los disconformes? Algunos permanecen dentro de sus colectividades, esperando el cambio. Otros utilizamos una tribuna periodística para divulgar lo que consideramos un autentico pensamiento revolucionario. Muchos permanecen a la expectativa y otros han optado por constituir movimientos políticos paralelos a los partidos ortodoxos.

No son partidos de masas ni tienen todavía influencia en la clase trabajadora. No están inscritos en el Registro Electoral ni cuentan con diputados y senadores que expongan su doctrina o aporten sus luces a trascendentales debates. Son movimientos jóvenes, impetuosos, que se atreven a decir lo que creen verdad, sin considerar las repercusiones que sus palabras pueden tener en determinada combinación o en futuros eventos electorales.

La mayoría de estos movimientos han nacido en los centros universitarios, lo que no es extraño porque ahí bulle la inquietud, existe espíritu, decisión y fe revolucionaria. Hay deseos de combatir lo viejo, lo caduco, de insuflar vida, vigor y vitalidad a la Izquierda, al marxismo, al pensamiento revolucionario.

Los muchachos del MIR, del Camilo Torres, han estado a la vanguardia de movimientos universitarios. Ni han claudicado, ni han traicionado, ni han frenado, ni se han doblegado. No han sido los únicos que han tenido este comportamiento. Pero conviene destacar el de aquéllos, porque es impugnado, atacado, ridiculizado, por cierto sector de Izquierda. No están haciendo la revolución en la Universidad, pero con su actuación animan las contiendas estudiantiles. Y no sólo luchan por cambiar las añejas estructuras académicas, sino que están dándole contenido político a sus luchas, manteniendo vivo el debate sobre cuestiones de principio que apasionan a los sectores intelectuales desprejuiciados. Se atreven a hablar de revolución, a divulgar planteamientos revolucionarios, a esclarecer posiciones revolucionarias, cuando otros grupos de Izquierda evaden la discusión sobre estas materias.

¿QUIÉNES SE ESTÁN AISLANDO?

¿Cuál es el fondo de las discrepancias que separan a estos grupos inconformistas, disidentes y rebeldes, de la Izquierda ortodoxa y oficial?

Los separan concepciones estratégicas y tácticas.

Aquéllos consideran que el pueblo sólo podrá conquistar el Poder, derrotar a las oligarquías y sacudirse de la dominación imperialista a través de la lucha armada.

En cambio, la Izquierda tradicional todavía cifra esperanzas en la vía electoral, concretada en la alianza con la burguesía. Hace treinta años que la Izquierda trata infructuosamente de recorrer este camino y siempre se ha quedado empantanada.

La controversia sobre las vías y formas de lucha sacude a toda América Latina, y ha servido para definir posiciones. De un lado están los partidarios de la lucha armada, los que rechazan la coexistencia pacífica, los que repudian los métodos convencionales y reformistas, los que denuncian la conciliación y la desviación de derecha que han experimentado ciertos movimientos populares.

En algunos países del continente, ellos tratan de probar que al imperialismo sólo se le puede derrotar en su ley. En otros, como en Chile, se está tratando de reivindicar la esencia revolucionaria del marxismo, hacer conciencia sobre la esterilidad de los métodos que la Izquierda ha seguido hasta ahora, y alertando sobre la necesidad de prepararse para asumir responsabilidades en el momento oportuno. Se puede ser revolucionario sin estar en las guerrillas, pero difundiendo ideas revolucionarias, proponiendo o practicando formas de lucha adecuadas, contribuyendo a acelerar el proceso revolucionario, destruyendo los mitos que constituyen el soporte del sistema. Los que tienen una posición revolucionaria no posan de ultraizquierdistas ni tratan de colocarse con criterio exhibicionista a la izquierda de los partidos del FRAP. Lo que ocurre es que ciertos partidos se van replegando cada vez más de sus originales trincheras revolucionarias. El hecho de que ciertos sectores aparezcan muy revolucionarios no es culpa de ellos, sino del contraste de sus posiciones con las de la Izquierda ortodoxa.

Por lo demás, ya no es ni siquiera toda la Izquierda oficial la que rechaza la insurrección como vía de acceso al Poder.

El Partido Socialista ha ratificado los acuerdos de la reciente Conferencia de OLAS y Carlos Altamirano anunció en un discurso que esta colectividad comparte la estrategia allí elaborada y suscrita, lo que no significa su aplicación mecánica, sino racional y adaptada a nuestra realidad.

O sea, de hecho el Partido Socialista también se ha incorporado a esta Izquierda revolucionaria que va captando a nuevos núcleos y sectores y que puede contribuir a cambiar el esquema político e ideológico del país.

De esta manera en el FRAP va quedando sólo un partido que se aferra a los dogmas ya tradicionales. Su posición es respetable. Podemos dudar de si les asiste o no la razón.

En todo caso es una fuerza que no podrá escapar a su destino revolucionario.

LENGUAJE INTERNACIONAL

Mientras tanto, no hay nada que justifique negar a otros su calidad revolucionaria, ni a mofarse de sus posiciones revolucionarias, ni a atribuirles concomitancias con el imperialismo, la CIA, la policía, ni a endilgarles epítetos de ése o mayor calado. Son procedimientos desacreditados. Si bien es cierto que én las fuerzas revolucionarias pueden infiltrarse enemigos encubiertos, la misma amenaza existe en los partidos grandes, sobre todo en aquellos que hacen campañas masivas de reclutamiento, en que se cuida más el número que la calidad y la firmeza ideológica.

Desgraciadamente, algunos partidos marxistas caen en actitudes agresivas contra todos aquellos que asumen posiciones revolucionarias, y usan en su contra un lenguaje internacional despectivo.

Así, por ejemplo, "L'Humanité", órgano oficial del Partido Comunista francés, en su edición del 4 de agosto de 1967, se refería en los siguientes términos a los participantes en la reciente conferencia de OLAS:

"La sesión plenaria del miércoles por la noche de la Conferencia de la Organización Latinoamericana de Solidaridad se ha visto marcada especialmente por violentas diatribas anticomunistas y antisoviéticas de representantes de grupúsculos ultrarrevolucionarios".

Similares expresiones emplea el diario "El Siglo", cuando uno de sus articulistas afirma: "De la misma forma el informe de Cademártori denunció, marcándolos a fuego, a los profesionales del anticomunismo de Izquierda, en boga en el archipiélago de grupos y grupúsculos aventureros, camarillas corrompidas lindantes con las esferas policiales y sus publicaciones del tipo de Punto Final".

Sería ocioso rebatir al original redactor de "El Siglo", porque allí no hay argumentos, pero sí conviene esclarecer que "Punto Final" no es vocero de ningún grupo ni partido, que tiene una posición propia que puede concordar con la de otros sectores, que no tiene prejuicios frente a ningún movimiento y que sólo juzga las actitudes y los hechos, así como reconoce el derecho de los demás a enjuiciar las propias.

Esta tendencia que se observa en los sectores marxistas tradicionales para condenar a los nuevos núcleos revolucionarios, los lleva a veces a cometer serios errores.

Fue lo que ocurrió hace algunos años con motivo del asalto al Cuartel Moncada. En esa oportunidad, "El Siglo" escribió: "El pueblo cubano acaba de ser víctima de una nueva agresión del imperialismo yanqui. Acaba de producirse en ese país una asonada cuartelera que tiene todas las características de los golpes de mano que preparan y ejecutan fríamente los agentes de Wall Street para consolidar el poder de los gobernantes títeres cuando comienza a subir la ola de descontento popular. Las consecuencias de esta agresión, empieza ya a sufrirlas el pueblo cubano en su propia carne".

CHOVINISMO DE GRAN PARTIDO

¿Por qué rechazan el entendimiento con los "grupúsculos" revolucionarios, en circunstancias que siempre han aceptado entenderse con micropartidos de la burguesía? ¿Acaso el sector marxista tradicional no ha sido artífice de combinaciones con las fuerzas más heterogéneas? ¿No ocurrió así en el Frente Popular, en el Frente del Pueblo y en el Frente de Acción Popular, que integraron no sólo grupúsculos, sino corpúsculos y dañinos microbios políticos?

¿Qué es lo que les horroriza, la pequeñez de los aliados o su carácter revolucionario? Si sólo fuera el tamaño, habría que parodiar aquella frase de las polémicas entre estados socialistas, y motejarlo de "chovinismo de gran partido".

Si es por su carácter revolucionario, valdría la pena recordar que es preferible el entendimiento con sectores afines, antimperialistas, que con elementos de la burguesía, dispuestos a traicionar al movimiento popular.

Finalmente, habría que decir a los sectores tradicionales, que las auténticas vanguardias revolucionarias no necesitan ni deben ser muy numerosas, porque deben integrarse con elementos cuidadosamente seleccionados y de probada convicción revolucionaria. Además, siempre los movimientos revolucionarios son originalmente núcleos muy reducidos, que luego concitan el apoyo de las clases explotadas cuando demuestran su consecuencia en la lucha y en la acción.

JAIME FAIVOVICH


Notas:

1. Punto Final. Nº 23 y 38.

2. "Antecedentes Económicos de la Independencia de Chile", (segunda edición, ampliada, 1967).


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02