Golpe de Estado en Chile


'Golpe de Estado en Chile'. por Robinson Rojas
Ediciones Punto Final. Nº 4. Octubre de 1965.

CAPITULO I

La "conspiración blanca"

CON mucha publicidad, que actúa como excelente cortina de humo, se está creando el esquema de una "conspiración blanca" contra el gobierno democratacristiano de Eduardo Frei.

El color blanco es por la nueva modalidad en golpes de Estado que inauguró Brasil en marzo de 1964: La derecha económica, el alto mando militar y la Embajada de Estados Unidos se unieron para derribar a Joao Goulart, un Presidente constitucional.

Actuaron en nombre de la "democracia" y el continente vio cómo un golpe de Estado "salvaba" a Brasil, "salvaba" a la democracia, y recibía aplausos entusiastas de Washington.

Esquemáticamente, Joao Goulart fue derribado de este modo:

Primero: se inició una campaña en el exterior financiada por algunas compañías norteamericanas para desprestigiar al gobierno brasileño, acusándolo de blando con los comunistas, primero, y francamente de comunizante después.

Segundo: se inició una campaña publicitaria en el interior de Brasil. Acusaba a Joao Goulart de dos cosas: blando con los comunistas y de dirigir un gobierno corrompido. En seguida, la acusación fue de "infiltración comunista en el gobierno". Con poco más de 18 meses de esa campaña, los ideólogos del golpe de Estado, que pensaron en inglés en Washington y fueron traducidos al portugués en las oficinas del Estado Mayor brasileño en Río de Janeiro, estuvieron en condiciones de ejecutar el putsch, derribar a Goulart y presentar al resto de América la cara "blanca" de los salvadores de la democracia.

En Chile, en este minuto, está ocurriendo algo parecido. El esquema se está concretando a paso rápido, combinando dos inquietudes polarizadas en Washington y en Santiago.

Por un lado, existe en Washington la inquietud por los "democratacristianos", no por Frei. Los funcionarios del Departamento de Defensa de los Estados Unidos definen a los democratacristianos como "una montonera de aprendices de marxistas". Y en Santiago, los dueños de la tierra, de los bancos, de las propiedades urbanas y de las grandes industrias, sienten el mismo terror que los norteamericanos ante esta "montonera".

El primer estallido de inquietud de los escasos 12 mil chilenos que ganan más de dos mil escudos al mes, ocurrió cuando se inició en el Congreso la discusión del impuesto patrimonial. Aunque ese impuesto, en concreto, no significa más que rasguñar una migaja de una enorme torta azucarada, los dueños de la riqueza chilena, del capital y de la tierra, que son los hombres más capaces del país, porque han tenido acceso a la educación, se enteraron de que lo que Eduardo Frei había dicho en la campaña electoral, acerca de "una revolución en libertad para que la riqueza de Chile fuera redistribuida", no eran meras palabras, sino hechos que el Presidente quería realizar.

La reacción fue cauta pero segura. Los empresarios y comerciantes se reagruparon en la semi abandonada Confederación de la Producción y el Comercio, generando el sindicato más poderoso de Chile. Desgraciadamente para los deseos ingenuos de Frei de realizar una revolución con la Constitución en la mano, este poderoso sindicato no es de los obreros, sino de los patrones.

El presidente de la Confederación de la Producción y el Comercio, Recaredo Ossa, se encaminó al despacho presidencial para plantearle a Frei lo que, a otro nivel, se podría denominar un "ultimátum". Le dijo Recaredo Ossa al Presidente que "ellos", los empresarios y comerciantes, están inquietos por la reforma del artículo 10º, número 10, de la Constitución Política del Estado, que transforma la propiedad en bien social, limitando de hecho el mal uso de la propiedad privada.

Esa inquietud, dijo Recaredo Ossa, "puede provocar la paralización de la economía nacional, porque los hombres de empresa dejarían de invertir capitales, de interesarse en los negocios".

Más claro: el sindicato de patrones de Chile está amenazando a Frei de un hecho concreto: o se rinde a sus sugerencias o paralizan la economía nacional. Y lo pueden hacer. De hecho, en este momento, están tratando de hacerlo, en forma paulatina. Hasta agosto, se calculaba en 18 millones de dólares la fuga de capitales chilenos a Nueva York en un solo trimestre.

Pero Frei que está, por decirlo así, iluminado con su papel de "revolucionario en libertad", no tomó muy en cuenta el ultimátum del sindicato de patrones.

En el mes de julio Frei fue a Europa. Entonces se originó la más descarada campaña de prensa de la agencia noticiosa norteamericana United Press International en contra del gobierno chileno. A tal punto llegó la saña de la UPI que el propio Frei desmintió cuatro veces sus despachos, a través de periodistas chilenos que lo acompañaban.

La primera línea de esta campaña fue decir que Frei iba a Europa a buscar aliados para "zafarse" de los Estados Unidos. Puede que el pensamiento íntimo de Frei haya sido ése, ya que cualquier chileno sabe que sólo zafándose de Estados Unidos, Latinoamérica podrá vivir como un conjunto de seres humanos y no como 200 millones de subhombres apiñados en una especie de campo de concentración económico. Pero Frei, que no es ni de lejos un radical, no tuvo la intención que le atribuía la UPI, y no la tenía por una razón sencilla: porque él mismo lo dijo y lo dice: su política económica se basa en la ayuda de los Estados Unidos. Tanto, que en este momento (octubre de 1965) hay gestiones para pedir dólares a Estados Unidos, "a cuenta" de los acuerdos de asociación con las compañías del cobre.

Pero ni la política de Frei ni las intenciones de Frei calzaban en el cuadro general de la renovada política de Estados Unidos hacia Latinoamérica (ver segunda parte), que se define de sobra con las palabras del coronel norteamericano William Kerman, profesor de antiguerrillas en Panamá y Lima:

“Ya no importa que los regímenes políticos en América Latina no sean producto de la democracia representativa, con tal que sean firmes aliados del mundo libre en la lucha contra el comunismo”.

Por eso, desde entonces, las agencias noticiosas norteamericanas, en especial United Press International, se han dedicado a presentar al gobierno de Frei como "blando con los comunistas", a Chile como "foco de las guerrillas latinoamericanas, en especial las del Perú", y a los democratacristianos como "reformistas inclinados al extremismo". En líneas generales, la misma actitud que en 1963 tuvieron para con el gobierno de Goulart.

Pero el proceso de endurecimiento reaccionario contra La Moneda se aceleró en el territorio nacional con una agrupación conservadora-liberal llamada Comité de Defensa del Contribuyente. Este Comité bajo el pretexto de defender "a la clase media de Chile expoliada por los reevalúos y el impuesto patrimonial" se convirtió en altavoz de los ataques al Gobierno por supuesta infiltración de comunistas.

Allí hombres como Miguel Luis Amunátegui Johnson y Patricio Phillips Peñafiel, afirmaron y reiteran cosas como éstas:

a) la reforma tributaria es el primer paso a la abolición de la propiedad privada, y éste es un camino marxista.

b) el gobierno democratacristiano es, en verdad, un gobierno de marxistas encubiertos que van a transformar a Chile en una segunda Cuba.

c) si los chilenos "demócratas" no se organizan, estos "democratacristianos-marxistas" abolirán las libertades civiles, y esto se transformará en una dictadura.

d) es obligación de conservadores y liberales advertir a Frei, y si éste no reacciona, "actuar de otro modo, para detener a los marxistas".

Se comprenderá que esta argumentación es simplemente idiota porque los democratacristianos, antes que "revolucionarios en libertad", son simplemente anticomunistas. Anticomunistas a tal grado que ése es precisamente el origen y razón del movimiento ideado en el Vaticano y sembrado al mundo.

Pero se trata de que la derecha económica chilena no ve con claridad esa verdad. Lo único que ve claro es que algunos trocitos de "su" gran pastel pudieran ser repartidos entre los ocho millones de chilenos para evitar, precisamente, una rebelión que no anulará por ley las ganancias excesivas de la derecha económica, sino a balazos.

El proceso de reacción contra Frei ha llegado hasta el otro gran sindicato de patrones que existe en Chile: la Sociedad Nacional de Agricultura. César Sepúlveda, vicepresidente de la Sociedad, en la primera semana de octubre, se unió al ultimátum de la Confederación de la Producción y el Comercio. El suyo fue un ataque directo a la reforma agraria y al Instituto de Desarrollo Agropecuario (INDAP).

Las declaraciones de César Sepúlveda, en síntesis, establecieron:

1) Los promotores campesinos del INDAP recurren a la "subversión" campesina soliviantando a los trabajadores del campo.

2) La técnica de los promotores campesinos del INDAP es típicamente marxista.

3) El INDAP está infiltrado por comunistas.

César Sepúlveda, vicepresidente de la SNA, añadió estas palabras: "Es indudable que a través de esta acción promocional pueden llegar a formarse derivaciones o desviaciones de orden político, tendientes a crear verdaderas máquinas de control político, como existen en otros países. Especialmente en aquellos que clara o disimuladamente tienen regímenes que no son democráticos. En estos países, a través de la idea de promoción, y a través de la formación de sindicatos y de cooperativas, se han creado verdaderos instrumentos de subyugación de los grupos de trabajadores. Nosotros creemos que en esto existe un grave problema y confiamos en que la acción que el Estado realiza en nuestro país no llegue a degenerar en este tipo de organización. Sin embargo, sobre la base de la acción que hasta ahora se ha venido realizando, creo que los agricultores tienen justo derecho a reclamar en cuanto a la proporción, que no podría determinar en este momento, de los agentes encargados de la promoción campesina que concurren al campo que están infiltrados consciente o inconscientemente de una clara posición marxista."

Y lo de esta "posición marxista", lo explica en detalle César Sepúlveda:

"Entiendo yo que es una posición marxista la del individuo que cree que cualquier solución de los problemas del campesinado tiene necesariamente que hacerse en contra del patrón o sin colaboración con el patrón. Nosotros no creemos, de ninguna manera, que el desiderátum en materia de progreso social consista en estimular o alentar la lucha de clases. La lucha de clases es una concepción enteramente marxista y desgraciadamente hay quienes, en este momento, cuando tratan de realizar promoción campesina, lo hacen con un criterio antipatronal, que no refleja un propósito de verdadera ayuda al sector de los trabajadores, sino más bien un criterio "anti", que es lo que nosotros rechazamos".

Estas declaraciones de César Sepúlveda no vinieron solas. Se reclutó en el ejército de murmuradores contra el gobierno democratacristiano a un "murmurador" de fama: Marcos Chamudes. Chamudes tiene una revista llamada PEC (por Política, Economía y Cultura). Desde la última semana de septiembre, PEC machaca en el mismo clavo con estas premisas:

—El vicepresidente ejecutivo del Instituto de Desarrollo Agropecuario, Jacques Chonchol, es castro-comunista. Y lo es porque, como funcionario de la FAO, estuvo en Cuba ayudando al gobierno revolucionario y allí "se empapó de castro-comunismo".

—Las enseñanzas de Cuba, Chonchol las aplica en Chile ahora.

—Y como es "natural" en estos ataques, por ser "comunista", Chonchol es "deshonesto" como funcionario y por lo tanto, el INDAP bajo su dirección padece exceso de funcionarios y mal uso de fondos.

Junto con Chamudes, otro de los altavoces de los dueños de la riqueza de Chile, el senador Pedro Ibáñez Ojeda (que en 1964 dijo que la CEPAL estaba infiltrada de comunistas) se ha dedicado a martillar en otro clavo del panorama "comunizante" del gobierno de Frei. Afirmó, y con escándalo, que el Gobierno estaba sobornando a muchos periodistas, estaba amordazando muchas radioemisoras. Puede que haya bastante verdad en ello porque la técnica de todos los gobiernos ha sido la misma. Pero lo grave está en que se dejó caer la idea matriz: "esta técnica de controlar la prensa es la técnica de los marxistas."

En esta posta de relevos de la campaña de publicidad para convencer al mundo —y sobre todo a la masa popular— de la "infiltración comunista" en La Moneda y de la "corrupción" de esos funcionarios comunistas infiltrados apareció otro personaje: Patricio Phillips Peñafiel.

El viernes 8 de octubre, de acuerdo a la versión de "El Diario Ilustrado", un vocero de esta campaña, el diputado Patricio Phillips, señaló "que por la vía tributaria se puede llegar a la supresión de la propiedad privada, y esa es la meta que busca el marxismo... y allá vamos". Manifestó luego que sólo un 45 por ciento de los contribuyentes había logrado pagar el impuesto a la renta presunta. Esto "indica que no hay capacidad de pago". El parlamentario liberal puntualizó que todo este esfuerzo se está gastando para cubrir errores y derroches; 900 funcionarios han salido al extranjero a costa del contribuyente, la burocracia ha aumentado en un 25 por ciento, y el Estado ha sufrido enormes pérdidas por graves errores cometidos en los abastecimientos.

Un examen de estos hechos, que sólo son esquemáticos por la dimensión breve de este reportaje, indica dos situaciones claras:

Primero: hay una campaña sostenida para acusar al Gobierno de La Moneda de estar usando métodos marxistas y, por lo tanto, estar infiltrado de comunistas.

Segundo: esa misma campaña ha comenzado a poner énfasis en el segundo factor de este tipo de tareas: la corrupción, la mala administración, la malversación.

Respecto a esta segunda manera, la de llevar la campaña de publicidad previa a un "golpe blanco", los sindicatos de patrones (Confederación de la Producción y del Comercio y Sociedad Nacional de Agricultura), se han valido de "sus influencias" para colocar en espacios informativos radiales y en diarios, informaciones que den la impresión de corrupción en el manejo del abastecimiento de alimentos a la población, y que están siendo expropiados fundos que se explotan con eficiencia.

Esta gran orquestación de los dueños de la riqueza y de la tierra, es sólo el sonido de algo que ES más concreto. Algo que hace apenas dos meses dijera en la televisión el padre jesuita Roger Vekemans. Dijo el cura Vekemans:

—La alternativa al gobierno democratacristiano en Chile, no es un gobierno comunista, sino un gobierno militar, de tipo técnico. De militares con estudios en el manejo de los asuntos del Estado.

El padre Vekemans, director de DESAL, organización católica de estudios sociológicos, sabe lo que dice porque desde hace cinco años se dedica a estudiar la realidad nacional.

Vekemans sabe mucho más si conoce, como suponemos, que en este momento hay conversaciones a puertas cerradas de miembros de los sindicatos de patrones, en hogares de un par de santiaguinos prominentes.

Los miembros del sindicato de patrones sufren un miedo que los hace moverse rápido: la democracia cristiana está organizando, a nivel de sindicatos y de cooperativas, a lodos los trabajadores de Chile. Está creando, para decirlo en pocas palabras, la organización en cuadros, de los hombres que construyen con su trabajo la riqueza de los sindicatos de patrones. Y cuando esos cuadros estén formados, y el gobierno democratacristiano no dé satisfacción a "sus necesidades porque no puede, ya que su concepción revolucionaria está castrada, habrá una reacción seria. Y no será una reacción de trabajadores desorganizados, sino de verdaderos batallones sindicales.

En suma, los sindicatos de patrones ven con claridad este hecho: los democratacristianos están creando desde el Gobierno, el ejército revolucionario en potencia más organizado de la historia de Latinoamérica, y eso no pueden permitirlo.

Para no permitirlo tejen el esquema golpista. Es un esquema calcado del que se aplicó en Brasil. Es decir, una campaña publicitaria a todo costo para vestir al apocado Gobierno de Frei con los ropajes de "infiltración comunista" y atribuirle el cargo de "corrompido". Después un grupo de "hombres buenos" —patrones, por supuesto— clamará al cielo ayuda para salvar la democracia. Les responderán desde algún cuartel militar. Los militares depondrán a Frei para "salvar" a Chile del comunismo. Pero como son ejemplo de civismo en América Latina, no se quedarán en el poder. Lo dejarán a esos "hombres buenos". ¿Quiénes? Habría que buscar entre aquellos políticos, o ex políticos que, de improviso, en octubre, aparecieron en los directorios de la Sociedad Nacional de Agricultura o de la Confederación de la Producción y del Comercio. Sería una buena pista.

Pero, ¿por qué esa gente está conspirando así, cara al sol, en nuestro país? Eso tiene una explicación que viene en seguida.

CAPITULO II

El fantasma militar

UN fantasma militar recorre América Latina. Y la génesis de esta frase se puede resumir en estas ideas:

El gobierno de los Estados Unidos, la alianza industrial-militar que gobierna al gobierno de los Estados Unidos, está empeñado en establecer un reino ideal cuyo centro de acción sea Washington. Pero ese reino ideal no tiene fronteras coincidentes con las del país de origen. Es mucho más ambicioso: comprende a todos los países de América Latina, excepto Cuba, el único territorio libre del imperialismo norteamericano en la región.

Tal vez ese pensamiento oculto llevó a los expertos militares en espionaje del Departamento de Defensa a bautizar con el nombre de "Camelot" un plan de "sondaje y conocimiento sociológico de todos los países de América Latina", destinado, precisamente, a obtener los conocimientos básicos para establecer en nuestro hemisferio el Reino Ideal Norteamericano.

Camelot era un reino ideal al que aspiraban los Caballeros de la Tabla Redonda del Rey Arturo. Camelot también es el reino ideal al que aspiran los miembros de la supersociedad militar-industrial norteamericana que, para asegurar su supervivencia, pretende transformar nuestros países en pequeñas fortalezas administradas por leales militares "nativos".

La fortaleza tipo para América Latina ya está funcionando: Brasil. Ha dado excelentes resultados: la protesta civil ha sido aniquilada con brutalidad policial: la protesta organizada de grupos políticos ha sido aniquilada en forma inteligente: eliminando a los dirigentes, encarcelándolos, torturándolos o lisiándolos moralmente. Brasil es el Camelot actuante. Latinoamérica es el Camelot en potencia.

Y dentro de ese Camelot actuante se ha ido gestando una de las ideas más audaces de la nueva política norteamericana: la creación de un ejército interamericano que haga el papel de policía sanitario-político continental.

La increíble verdad desencadenada por las declaraciones del general argentino Juan Carlos Onganía, a fines de agosto, tuvo un prólogo dramático en Chile con la denuncia del Proyecto Camelot.

Afortunadamente, los errores personales —y la avidez no satisfecha de algunos chilenos— del agente adiestrado en la American University de Washington, Hugo Nuttini, provocaron el descubrimiento periodístico del Proyecto Camelot. Los chilenos nos enteramos, así, de que un gobierno latinoamericano no puede hacer las cosas a medias.

Más claro, nos enteramos que no es suficiente regalarles el cobre a los norteamericanos, resolverles el mal negocio de la distribución de la energía eléctrica comprándoles maquinarias viejas a precio de nuevas; ni es suficiente hacerlos partícipes de la educación de las masas campesinas chilenas, por intermedio del Instituto de Educación Rural, por ejemplo.

Nada de eso es suficiente —lo probó el Proyecto Camelot— para que los norteamericanos confíen en el gobierno democratacristiano de Frei, a quien ellos (los norteamericanos) ayudaron en buena parte a armar ideológica y financieramente la fabulosa campaña publicitaria que lo puso en el poder en septiembre de 1964.

Washington necesita algo más que asociaciones. Necesita "obediencia". Obediencia de tipo militar. De ahí el proceso para transformar a Latinoamérica en un grupo de estados-fortalezas.

¿Fortalezas contra quién o quiénes? Contra lo que Washington denomina en bloque: comunismo. Comunismo para Washington es la lucha histórica de los pueblos coloniales por liberarse del imperio que los mantiene en estado de postración. Para Washington, comunismo es todo aquello que signifique liberarse de la absoluta dependencia económica que exigen los EE.UU. a nuestras repúblicas.

Es cosa sabida, y por sabida no abrumaré al lector con cifras, que la economía norteamericana -economía capitalista monopólica- depende en un porcentaje crecido, del estado de sujeción que impera en. Latinoamérica. Para Washington, el cuadro continental, que nutre su supervivencia imperialista, es éste:

Argentina: maíz, trigo y lana.
Bolivia: estaño.
Brasil, Colombia, El Salvador, Guatemala, Haití y Nicaragua: café y plátanos.
Costa Rica, Ecuador y Honduras: plátanos.
Cuba: azúcar.
Chile: cobre.
México: algodón, plomo y zinc.
Panamá: plátanos y cacao.
Paraguay: algodón y quebracho.
Perú: algodón, plomo y azúcar.
República Dominicana: azúcar, cacao y café.
Uruguay: carne y lana.
Venezuela: petróleo y hierro.

Hace cinco años, Cuba saltó brutalmente de este esquema existencial de la economía del imperio norteamericano, y hubo conmoción mundial. Estados Unidos trató de frenar la liberación de Cuba con métodos antiguos, que siempre dieron resultados: la corrupción. Pero el caso de Cuba era diferente: era una revolución de verdad. Una revolución marxista que viró la estructura mental de Cuba. Las auténticas revoluciones no se suprimen con corrupción. La corrupción sólo opera en los países "democráticos" de occidente, donde hay "libre iniciativa" que por libre y comercial es fácil presa de la corrupción".

Perdida Cuba para la explotación imperial, Estados Unidos se propuso no perder un centímetro más de Latinoamérica. La estructura industrial-militar que controla el gobierno de los Estados Unidos, entendió que era su propia vida la que se jugaba. Y lanzó el proyecto de establecer fortalezas militares y capitalistas en Latinoamérica Desafortunadamente para la alianza industrial-militar, gobernaba el imperio un hombre demasiado "suave": Kennedy. Pero la vida de la industria gigante norteamericana asociada a los militares era mucho más importante que la existencia de un hombre blando. John F. Kennedy fue asesinado y quedó en el poder el político norteamericano que más ha servido al complejo industrial-militar en Estados Unidos: Lyndon B. Johnson

El proceso de colocar a los países de nuestra región en la órbita militar manejada desde el Departamento de Defensa de los Estados Unidos tuvo entonces rápido avance. En marzo de 1964, apenas cuatro meses después de liquidar a Kennedy en una calle de Dallas, los mandantes de Johnson derribaron a Joao Goulart, para colocar en el poder a un grupo de militares adiestrados en Washington.

Dieciséis meses después, ante la posibilidad de que la Junta Militar de República Dominicana perdiera el control de ese país, simplemente invadieron Santo Domingo con 25 mil infantes de marina.

En el mismo momento en que los infantes invadían Santo Domingo, el sociólogo Rex Hopper, empleado del Departamento de Defensa, enviaba a Chile un correo de confianza, Hugo Nuttini, ex ciudadano chileno, para estudiar las condiciones en nuestra patria que eventualmente conducirían a derribar al gobierno. Se iniciaba la historia en Chile del Proyecto Camelot. Pero no era ahí que comenzaba exactamente la historia del espionaje norteamericano en nuestro país. Es una historia larga la de la intromisión norteamericana. Pocas personas conocen un kárdex confidencial de la Embajada de los Estados Unidos en Santiago, que tiene clasificados los nombres de políticos, jefes de industrias, militares de alta graduación, figuras intelectuales, con sus características anímicas (desviaciones, en especial), sus capacidades económicas, sus deudas, sus negocios. Y sobre todo, sus manejos poco claros, hechos cuando alguna vez estuvieron junto a los regímenes que han gobernado el país.

Es, por decirlo así, un kárdex de la mayoría de los chilenos con influencia pública, susceptibles de ser "convencidos" por los norteamericanos para que actúen de un modo determinado frente a sucesos también determinados

CAPITULO III

Poder yanqui en Chile

EL poder norteamericano es grande en Chile. Una breve lista de sus intereses:

a) cobre: dominado por la Anaconda y la Kennecott, ambas pertenecientes a la casa Morgan, que tiene mayoría en sus directorios, y la casa Rockefeller, en minoría, con dos directores de la General Motors (Casa Du Pont) en el Consejo de la Kennecott; y uno de los Mellon (Westinghouse), padres políticos de Lyndon B. Johnson.

b) hierro: con la Bethelehem Steel, de la casa Kuhn Loeb en asociación con Rockefeller.

c) distribución del petróleo y sus derivados: con la (Esso) Standard Oil de New Jersey, de los Rockefeller, junto a la WR Grace, de influencia Morgan, a través de la COPEC (Compañía de Petróleos de Chile).

d) distribución de la energía eléctrica, con la American and Foreing Power, de influencia Morgan.

e) comunicaciones telefónicas, con la International Telegraph and Telephone, de los Morgan, junto a la venta de aparatos y repuestos, parcela exclusiva de la General Electric, subsidiaria de la ITT.

f) siderurgia, con los altos hornos en Huachipato y la administración de la CAP, a través de la Koppers, de los Mellon.

g) salitre, con la Anglo-Lautaro, que es una especie de subsidiaria de la casa Morgan.

h) inversiones financieras, con el Fondo Crecinco, que no es más que el nombre chileno para IBEC, una corporación hemisférica de inversiones de los Rockefeller, administrada en Chile por directores del grupo financiero Edwards.

i) la industria de los tejidos, pinturas, aceites, y otros, con actuación preponderante de la WR Grace, de influencia Morgan.

En todos estos sectores de la economía nacional, las firmas norteamericanas que hemos citado se entrelazan por conexión directa con los bancos, compañías de seguros, industrias, comercios y organizaciones inversoras de chilenos, que forman un grupo reducidísimo. En el informe especial para la discusión del Proyecto de Reconstrucción, que incluía el Impuesto Patrimonial, el Gobierno calculó en 6.600 las personas que ganan más de dos mil escudos al mes, en todo Chile.

Así, la influencia real de los norteamericanos en Chile es enorme porque esos 6.600 chilenos, y menos en la realidad, son los dueños de consorcios editoriales, empresas periodísticas y radioemisoras de todo el país. Son también los únicos con capacidad para hacer que los sucesivos gobiernos de Chile legislen de modo de no verse perjudicados.

Claro que eso no es todo en el poder que los norteamericanos tienen actualmente en Chile, país al que querían utilizar como "piloto" —junto con Perú y Colombia— en el proyecto de estados-fortalezas para Latinoamérica, enunciado en el Proyecto Camelot. Es difícil explicarlo si no se recurre a ejemplos concretos. Y para esos ejemplos, sirve bien un resumen del discurso pronunciado por el senador democratacristiano Radomiro Tomic, el 18 de julio de 1961, preparado por otro demócrata-cristiano: Carlos Naudón de la Sota:

"La producción y comercio del cobre chileno constituyen un ejemplo típico de lo que sucede en los países subdesarrollados.

"Nuestros yacimientos representan casi la mitad de la reserva mundial del cobre. Sus costos son inferiores al promedio mundial y su ubicación geográfica y estratégica, la más, favorable del mundo. En la práctica, Chile controla el 40 por ciento del cobre que se vende en el mundo.

"El 90 por ciento de él es vendido por dos poderosas entidades comerciales norteamericanas, la Anaconda Sales Company, que vende las producciones de la Chile Exploration Company, de la Andes Copper Mining Company y de la Santiago Mining Company, que son propietarias de las minas de Chuquicamata, El Salvador y La Africana, y La Kennecott Sales Corporation, que vende la producción de la Braden Copper Company (El Teniente).

"A lo largo de 40 años, estas compañías HAN RETIRADO DE CHILE TRES MIL MILLONES DE DOLARES. Comenzaron con una inversión de TRES Y MEDIO MILLONES de dólares. En 1929 llegó a 423 millones de dólares. Ha sido, pues, UN GRAN NEGOCIO. Esa suma de tres mil millones de dólares representa un tercio del capital físico de Chile, formado no en 40 sino en 400 años.

"Este sistema, tan favorable a las compañías, adolece para Chile de varios inconvenientes gravísimos e insuperables por su naturaleza.

"El primero es que ambas centrales de venta funcionan en Nueva York, donde efectúan todas sus operaciones, la mayor parte de ellas con destino a Europa. Las empresas productoras radicadas en Chile se limitan a cumplir los programas de embarques que esas ventas exigen. Lo más importante de este comercio —fletes, créditos, experiencia, influencias— se realiza fuera del territorio chileno, al margen de toda influencia real de las autoridades chilenas y por organizaciones ajenas a Chile y a sus intereses propios. El Departamento del Cobre es SOLO UN TESTIGO SIEMPRE A POSTERIORI del enorme proceso cuya fiscalización le está encomendada.

"El segundo inconveniente es que ambas centrales venden en el mismo mercado, a veces en encarnizada competencia, con lo cual obligan al cobre chileno a competir contra sí mismo, en un mismo país y ante un mismo consumidor, con lo cual deterioran sus precios y condiciones de venta.

"El tercero es que ambas son meros conductos de dos enormes empresas comerciales de rango mundial, que producen grandes cantidades de cobre en Estados Unidos y en otros países; que tienen o pueden tener en cualquier momento intereses similares y aún competitivos en otras partes del mundo, con intereses mineros, industriales y comerciales antagónicos a los de Chile.

"Aún el manejo más honesto del comercio de nuestro cobre por potencias económicas privadas de estas dimensiones es inaceptable como sistema de resguardo eficaz de los intereses de Chile en el comercio de su principal producción de exportación y su mayor riqueza natural.

"Por fin, el cuarto inconveniente no proviene de las propias compañías, sino de la naturaleza misma del metal rojo: su importancia estratégica y económica es fundamental. El cobre ha figurado en la lista de materiales estratégicos y como consecuencia de ello ha sufrido graves limitaciones en cuanto a su precio y mercados. Durante la última guerra mundial y como forma de ayudar al esfuerzo aliado, se vendió a un precio más bajo que el del mercado, lo que significó para Chile una pérdida de 200 millones de dólares (y para las industrias norteamericanas, ganancias dé miles de millones de dólares. N. del A.). Hoy no se comercia cobre chileno con los países del área socialista, a pretexto de la lucha anticomunista, no obstante que todos los grandes países industriales de Occidente lo hacen y aún se benefician al reducir el poder competitivo de la economía del área socialista.

"De manera pues que el control del comercio de nuestro cobre por agencias establecidas en países extranjeros, cualquiera que sea su grado de solidaridad con nuestros intereses, SIGNIFICA SUMISIÓN A SUS LEYES, como sucede actualmente con los contratos relativos al comercio del cobre, a sus disposiciones administrativas e incluso a su política general en el mundo. SIGNIFICA QUE ESTAMOS SUJETOS SUSTANCIALMENTE A LA JURISDICCIÓN DE UN ESTADO EXTRANJERO CON EL CUAL NO TRATA EL GOBIERNO DE CHILE, SINO LOS COMERCIANTES DE COBRE, y a los sentimientos e intereses particulares extranjeros.

"Ejemplo muy claro de la preeminencia de la conveniencia foránea sobre la chilena es la resistencia de las grandes empresas a refinar el metal en nuestro país, ya que ello significa retener en sus manos el comercio del cobre. Japón, que ha empezado a delinear una posición asiática de predominio de abastecimiento de cobre refinado, ha debido enfrentar ya las protestas de los Estados Unidos. Lo es también la misma resistencia a reinvertir en nuestro país el total de las amortizaciones admitidas como rebaja de las obligaciones tributarias y de las exenciones impositivas y otros beneficios tributarios. Esta masa de valores es remesada al extranjero e invertida en él, sin beneficio alguno para la comunidad chilena. Se ha calculado que si estos valores permanecieran en Chile, asegurarían a éste una capacidad de inversión anual en la propia minería del cobre de más o menos 20 millones de dólares".

Ese es el panorama de nuestro cobre, esbozado por Radomiro Tomic, en julio de 1961. Entonces, la democracia cristiana no estaba en el poder. Lo estaba la derecha económica. Pero ya se gestaba la alianza con ese mismo "país extranjero" para que la democracia cristiana llegara al poder. Ella iba a usar todo el poder de influencia que los Estados Unidos tienen en Chile (y que Tomic, actual embajador en Washington, denunciaba en el Senado) para sumarlo al de la Iglesia católica y ganar las elecciones de septiembre de 1964. Una vez en el gobierno, la democracia cristiana iba a tramar la "asociación" con esos mismos explotadores-ladrones de nuestro cobre, que se han llevado tres mil millones de dólares en cuarenta años, y por esa asociación iba a pagar 180 millones de dólares más encima. Todo parecía perfecto. Tanto, que la democracia cristiana confió en que, asegurada a los norteamericanos otra etapa de decenios en la explotación de las riquezas de Chile, se podía hacer "política". En la crisis de Santo Domingo, la DC hizo política. Mientras por un lado entregaba el cobre por medio de la asociación, por otro, fustigaba en la cara a los Estados Unidos, llamándolos por su nombre en Santo Domingo: invasores.

El Proyecto Camelot contempla esa posibilidad. En su primer capítulo, aconseja a los espías-sociólogos tener en cuenta la "creciente radicalización de los grupos reformistas", como tema de peligro para el Reino Ideal que propician en Washington.

El reformista grupo de Eduardo Frei se está radicalizando, aunque sea en lo retórico. Pero el Proyecto Camelot es sólo la primera etapa de otro mucho más vasto: el proyecto de reemplazar los gobiernos díscolos. Esa etapa para Chile todavía no se ha aplicado. Pero ya las condiciones comienzan a insinuarse, tomando en cuenta la creciente intranquilidad y "deliberaciones" de los dueños de la tierra. y bienes de producción chilenos. La intranquilidad es alimentada por los Estados Unidos que ve esbozada una oportunidad como la que se presentó en Brasil con Goulart.

CAPITULO IV

Hombres sin patria

PORQUE hay que aclarar algo: en los sistemas económicos capitalistas se genera un tipo de hombre que no tiene patria. Un tipo de hombre que no tiene moral. ¿Propaganda marxista? No, reflexiones de un democratacristiano, Carlos Naudón de la Sota. Afirma en su folleto "Pobres más Pobres y Ricos más Ricos":

"Hace poco, la Cámara Chilena de la Construcción denunció al país la acentuada fuga de capitales que iban a buscar refugios más seguros a naciones de próspera economía. Este fenómeno no es sólo chileno: se observa en todos los países subdesarrollados. En los últimos años han huido de América Latina más de diez mil millones de dólares, que han engrosado principalmente las arcas de los bancos suizos, que pasan por ser los que mejor guardan el secreto de origen y monto de sus cuentas corrientes.

"El capitalista no conoce patria ni fronteras: ambas están donde sus inversiones tengan la máxima seguridad y el mayor rendimiento. Toda otra consideración le es indiferente.

"Pues bien, lo propio ocurre a nivel internacional. La división en países exportadores de materias primas, de las cuales son dueños reales los gerentes de poderosas compañías, que al albur del mercado fijan los precios, y en naciones ricas, explotadoras de esos mismos productos, es el resultado de la organización capitalista".

Tenemos un cuadro claro: el capitalismo crea dueños de la riqueza, apátridas e inmorales; el capitalismo necesita para vivir de países como Chile, monoproductores dependientes. Es cuestión de vida o muerte. Esa es la encrucijada de los Estados Unidos; o deja de ser capitalista, lo cual es casi imposible, ya que el poder económico está de tal modo concentrado que domina a los norteamericanos a través de mil mecanismos, o dedica todos sus esfuerzos, aunque sean inmorales, a mantener sojuzgados a los países productores de materias primas.

Estados Unidos en esta alternativa ha elegido el segundo camino. Está dedicando todo su gigantesco poder a mantener sojuzgados a los países de América Latina. Hasta ahora lo había logrado con el simple expediente de sobornar políticos, militares, periodistas y hombres claves "nativos". Pero ha vuelto a recurrir al más inmoral de todos los procedimientos: la invasión armada (República Dominicana).

Eso no basta. No basta invadir Latinoamérica con infantes de marina. Es demasiado brutal. Es mejor colocar militares “nativos” en los gobiernos porque se nota menos. Conseguido con éxito el experimento en Brasil, en marzo de 1964, nació el Proyecto Camelot. Esa es la esencia del Proyecto Camelot.

La coordinación del Proyecto Camelot y la política de Estados Unidos hacia Latinoamérica ha llegado a un punto tal de simultaneidad que los propios funcionarios del Departamento de Estado, que han tenido el descaro de comunicar oficialmente a Chile que ellos nada tienen que ver con el Camelot, creación del Departamento de Defensa, hacen declaraciones públicas de esta nueva "filosofía".

En la primera semana de julio, descubierto ya el Camelot en Chile, el embajador viajero de la Casa Blanca, Averell Harriman, concedió una entrevista a la revista "U.S. News and World Report". Una entrevista que se resume de este modo, según la agencia noticiosa norteamericana United Press International, que la repartió a todo el mundo:

"Averell Herriman, embajador viajero de los Estados Unidos, defiende, en una entrevista exclusiva para la edición de la revista "U.S. News and World Report" que aparecerá en la primera semana de julio, a los gobiernos militares de la América Latina, diciendo que son totalmente "diferentes" de aquellos de la época de Batista, Trujillo o Porfirio Díaz.

"Harriman señala que "una de las cosas que frustra es que alguna gente no entiende —o no quiere entender— la diferencia entre algunos militares latinoamericanos de hoy y aquellos del pasado". Manifiesta que muchos militares latinoamericanos han SIDO ADIESTRADOS EN LOS ESTADOS UNIDOS.

"'Estos hombres no quieren permanecer inactivos mientras sus países se desmoronan; después de tomar el poder quieren el retorno a un régimen civil y democrático, tan pronto como sea posible".

"Harriman dice que no está "sugiriendo que Estados Unidos apoye dictaduras militares. No debemos. Estamos decididamente por gobiernos electos democráticamente. Pero MUCHAS DE LAS VECES EN QUE LOS MILITARES TOMARON EL PODER EN LOS ÚLTIMOS AÑOS, TUVIERON SU ORIGEN EN LA NECESIDAD DE SALVAR A UN PAÍS DE ALGUNA CLASE DE DESASTRE".

"Harriman, un diplomático viajero para el Presidente Johnson y para varios de sus predecesores, señala a Venezuela, Chile, Brasil y el Congo como ejemplos de "que al comunismo no le va tan bien como muchos creen".

"Recuerda que en diciembre de 1963 en Venezuela, el 96 por ciento de los votantes, infligió "una terrible derrota al comunismo"; que el Presidente Frei y su partido democratacristiano derrotaron al "rival de Frei, apoyado por los comunistas" en Chile; y que los comunistas sufrieron otro castigo en Brasil, que se "estaba viniendo abajo durante la presidencia de Goulart", cuando "UN GRUPO MILITAR MUY RESPONSABLE se apoderó del poder, y organizó un gobierno de acuerdo con los procedimientos constitucionales”.

Todo esto ha desencadenado una sucesión de hechos rapidísimos. Primero: se gestó en Argentina, a cargo del Comandante en Jefe del Ejército, Juan Carlos Onganía, la creación de un "ejército de comandos", distribuidos a lo largo de las fronteras de Uruguay, Paraguay, Bolivia y Chile.

Segundo: con conversaciones en Washington, se creó el eje militar Buenos Aires-Brasilia, que es el núcleo central de un ejército que invadirá cualquier país de la región, si es declarado zona de peligro comunista. Como esa declaración corre por cuenta de una mayoría de votos en la OEA, manejada por los Estados Unidos, es fácil concluir qué clase de ejército interamericano será ése y en qué casos intervendrá.

Pero todo esto transcurre a nivel continental, mientras en Chile la conspiración de los sindicatos de patrones está encontrando apoyo de la Embajada de los Estados Unidos para seguir adelante en la gran aventura: golpe de estado contra Frei.

Eso provocaría de inmediato la "solución" de los problemas de la guerra fría para los Estados Unidos: en Chile, el último país semilibre de las 19 colonias económicas, se limpiaría policialmente el espectro político, encarcelando a los izquierdistas, y el cerrojo militar con llave en Washington se encorvaría en el Cabo de Hornos.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02