Un "rebelde" democristiano polemiza con Embajada yanqui


DOCUMENTOS

Suplemento a la edición Nº 22 de "Punto Final"
Primera quincena de febrero de 1967 — Santiago de Chile

Un "rebelde" democristiano polemiza con Embajada yanqui

LA intervención militar de EE.UU. en Vietnam del Sur —y sus criminales ataques y bombardeos a la población civil de Vietnam del Norte— estremece a la humanidad, sin que ningún llamamiento ni movimiento de protesta baste para detener el genocidio fascista que ha reeditado, ahora por los norteamericanos, los crímenes de guerra de la Alemania nazi. En Chile también la conciencia democrática rechaza indignada la "guerra sucia" que Estados Unidos mantiene en el sudeste asiático. La Embajada norteamericana, a su vez, observa con preocupación que ningún sector político honesto de nuestro país, incluso los más allegados tradicionalmente a Washington, comparte la posición de la Casa Blanca respecto a Vietnam. Una buena prueba de esta preocupación la constituye la carta que el consejero político de la embajada, Sam Moskowitz, dirigió al diputado democristiano Julio Silva Solar, a propósito de declaraciones de éste al diario "EL SIGLO" de esta capital.

Las afirmaciones de Moskowitz sobre Vietnam, y las presuntas razones de la intervención militar yanqui, son refutadas en su respuesta por Julio Silva. El diputado del PDC, abogado y dirigente político, pertenece al llamado sector "rebelde" de su partido. Se le identifica como el principal exponente teórico de ese grupo democristiano, en franca discrepancia con algunos aspectos de la conducta del Gobierno del Presidente Frei. Silva Solar es autor del libro "A TRAVÉS DEL MARXISMO", y en conjunto con el ingeniero agrónomo Jacques Chonchol escribió "EL DESARROLLO DE LA NUEVA SOCIEDAD EN AMERICA LATINA (HACIA UN MUNDO COMUNITARIO)", publicado en 1965 por Editorial Universitaria (Colección América Nuestra).

PUNTO FINAL publica a continuación estos documentos, la carta de Moskowitz y la respuesta de Julio Silva, destinados a producir un saludable impacto polémico en el escenario político chileno.


Honorable Diputado
Señor Julio Silva Solar
Cámara de Diputados Santiago.

Estimado Diputado Silva:

He leído en "El Siglo" del 18 de noviembre un artículo cuya idea principal era dar su opinión respecto a la situación en la República de Vietnam. No sé si "El Siglo" habrá presentado exacta y totalmente sus puntos de vista sobre este tema. En todo caso, creo que será de utilidad traer a su atención ciertos hechos con respecto a las realidades del origen del conflicto en Vietnam.

Desearía comenzar haciendo una breve revisión de los sucesos que ocurrieron en la República de Vietnam mucho antes que los Estados Unidos intervinieran militarmente y que demuestra la naturaleza de la agresión ocurrida allí y la identidad del agresor.

Aunque el régimen comunista de Hanoi suscribió el Acuerdo de Ginebra en 1954, posteriormente, al retirar sus tropas de Vietnam del Sur dejaron atrás miles de DEPÓSITOS OCULTOS CON ARMAS Y MUNICIONES, Y GRANDES GRUPOS DE PERSONAL MILITAR del Viet Minh, con instrucciones de mantenerse en la clandestinidad hasta que recibieran la orden de entrar en acción. Todo esto contraviniendo lo convenido. EN 1957 Hanoi puso en funcionamiento esta organización subversiva iniciando su intento de destruir a Vietnam del Sur. DOS AÑOS más tarde HANOI ANUNCIO SU CAMPAÑA DE "LIBERACIÓN NACIONAL" Y LANZÓ EN UN PROGRAMA AGRESIVO QUE INCLUÍA APOYO Y DIRECCIÓN DE LAS GUERRILLAS. Evidentemente, estas acciones son una flagrante violación de las cláusulas principales de los Acuerdos, así como de su propósito básico. La Comisión Internacional de Control establecida para vigilar el cumplimiento del Acuerdo así lo reconoció, pero no pudo restablecer la paz.

Durante los cinco años siguientes a la Conferencia de Ginebra, el régimen de Hanoi creó una organización político-militar alrededor de los grupos que había dejado en el sur, dirigiendo sus actividades preferentemente hacia el asesinato de destacados civiles sudvietnamitas. Más de MIL CIVILES FUERON ASESINADOS O SECUESTRADOS ENTRE 1957 Y 1959. EN 1960, LOS TERRORISTAS ASESINARON A 1.400 FUNCIONARIOS GUBERNAMENTALES y secuestraron A OTROS 700, mientras que las guerrillas armadas daban muerte a dos mil miembros de las fuerzas militares y de seguridad.

EN 1959, ninguna nación extranjera tenía bases o fuerzas militares en la República de Vietnam, y la joven nación no era miembro de ninguna alianza. Víctima de una grave agresión, SOLICITÓ ASISTENCIA MILITAR A LOS ESTADOS UNIDOS para resistir el ataque de Vietnam del Norte, cuyas fuerzas de guerrillas la trataban de destruir.

Los Estados Unidos respondieron proporcionando armas, equipo, adiestramiento y asesores a las Fuerzas Armadas de Vietnam del Sur.

La agresión desde el Norte continúa sin cambios. En 1966, la infiltración desde Vietnam del Norte hacia el Sur ha aumentado marcadamente. Se calcula que diecisiete regimientos del Ejército regular norvietnamés se encuentran en Vietnam del Sur. EL TERRORISMO, EL ASESINATO, LAS ATROCIDADES Y LOS SECUESTROS CONTINÚAN siendo las TÉCNICAS PREFERIDAS DEL VIET CONG en Vietnam del Sur. Durante las primeras semanas de la pausa en los bombardeos que realizaron los Estados Unidos a fines de año, por ejemplo, el Viet Cong cometió más de 2.500 ACTOS DE TERRORISMO contra el pueblo sudvietnamita. LAS VICTIMAS SON MAESTROS DE ESCUELA, MÉDICOS Y ENFERMERAS, AGRICULTORES, TRABAJADORES DE LA SALUD, DIRIGENTES RELIGIOSOS Y TODA CATEGORÍA DE FUNCIONARIOS CÍVICOS. A partir de 1960 hasta fines de 1966, un número de civiles vietnamitas calculado en más de 25.000 han sido asesinados por el Viet Cong.

Con respecto al importante aspecto de la autodeterminación, debe notarse que los comunistas llevaron a efecto una intensa campaña de intimidación y terror inmediatamente antes de las elecciones de la Asamblea Constitucional efectuadas al 13 de septiembre de 1966. Estas últimas tácticas terroristas por parte del Viet Cong demostraron sus continuos esfuerzos por impedir que los sudvietnamitas expresaran libremente sus propios deseos con respecto a la forma de gobierno que deseaban. Durante el mes anterior a las elecciones, hubo 67 asesinatos de funcionarios sudvietnamitas, especialmente en las provincias. En el período inmediatamente anterior a las elecciones, hubo 90 incidentes de violencia y terrorismo. Durante las elecciones se sumaron 42 actos de terrorismo y hostigamiento incluyendo la detonación de minas en las rutas que conducían a las mesas receptoras, disparos de armas menores contra las cabinas y asesinatos de funcionarios electorales. Un total de 19 personas fueron muertas y 120 resultaron heridas en estos actos de terrorismo durante la elección.

Una vez más, las víctimas de esta agresión fueron SUDVIETNAMITAS CUYO ÚNICO DESEO ERA EJERCER SU DERECHO A VOTO Y DETERMINAR LIBREMENTE SU PROPIO DESTINO. Uno de los objetivos de la política norteamericana en Vietnam es asegurar que los sudvietnamitas puedan conservar este derecho, tan fundamental para la dignidad y búsqueda de la felicidad humanas. PODEMOS PREGUNTARNOS QUE TEME EL VIET CONG DE UNA ELECCIÓN LIBRE. (Eso habría que preguntarlo al Vietnam).

Vale la pena notar que no obstante la oposición y la campaña de terrorismo del Viet Cong, 4.274.812, o sea un 80% de los 5.288.512 de votantes inscritos depositaron su voto. De esta manera estas elecciones han demostrado el interés de los sudvietnamitas por establecer instituciones gubernamentales de cimientos firmes, y su determinación a correr el riesgo de represalias por parte del Viet Cong para continuar el proceso de autoexpresión política y la falsedad en las afirmaciones de Hanoi de que los comunistas cuentan con el apoyo de las masas de Vietnam del Sur. La capacidad de los sudvietnamitas para combatir la agresión externa de los comunistas son una continua fuente de inspiración para todos los pueblos amantes de la libertad y democráticos del mundo.

Los objetivos de los Estados Unidos son bien conocidos. Como el Presidente Johnson lo dijera el 28 de julio... "No buscamos la destrucción de ningún gobierno, NI TAMPOCO CODICIAMOS NI UN METRO DE TERRITORIO alguno, pero insistimos y siempre insistiremos en que EL PUEBLO DE VIETNAM DEL SUR DISFRUTE DEL DERECHO A ELECCIÓN..." El 7 de noviembre el Secretario de Estado Dean Rusk hizo la siguiente declaración: "Si la gente del norte que entró a Vietnam del Sur a organizar el esfuerzo volviera a su región, entonces surgirían muchas alternativas... Si los elementos norteños regresaran a sus áreas, creemos que los sudvietnamitas podrán solucionar sus problemas por si solos muy rápidamente". El comunicado que se emitió al finalizar la reciente Conferencia de Manila reafirmó la disposición de los Estados Unidos para retirar las tropas seis meses después que "el nivel de violencia disminuya". Sesenta y ocho (68) naciones miembros de las Naciones Unidas han expresado su apoyo en general al principio de un retiro bilateral.

Igualmente conocidas son las iniciativas de paz iniciadas por los Estados Unidos y/u otros Gobiernos, el Papa y las Naciones Unidas. Todas han sido rechazadas de una manera u otra por el Gobierno de Hanoi. Estos rechazos, junto a las continuas agresiones contra los sudvietnamitas, han determinado la naturaleza y el carácter de la respuesta de los Estados Unidos.

Como punto final, deseo también traer a su atención lo que tantas veces se ha dado en llamar "LA OTRA CARA DE LA GUERRA".

Junto con los esfuerzos militares de los Estados Unidos para asegurar que la agresión de Vietnam del Norte no tenga éxito en Vietnam del Sur, está la vasta campaña del Gobierno de los Estados Unidos y sus aliados para restablecer refugiados en áreas donde estén libres del terrorismo, el fomento de salubridad y educación mejores entre la población, e incrementar el desarrollo económico. A través de estos programas se ha ayudado a Vietnam del Sur a establecer bases para la rehabilitación de los puertos y el transporte, la modernización agrícola, la asistencia urbana, la salud pública, la educación, la atención de refugiados y otros programas.

En los próximos doce meses los Estados Unidos proveerán a Vietnam del Sur con 500.000 toneladas de arroz y otros granos, energía eléctrica y agua potable para unos 500.000 personas de áreas rurales. 3.000 nuevas salas de clases para escuelas primarias y 400 nuevas salas de clase para escuelas secundarias, un mayor número de hospitales, adiestramiento para 4.000 profesores, 8 millones de textos de estudio que van a agregarse a los 6 millones proporcionados anteriormente, y amplia asistencia agrícola que incluye semillas mejoradas y el "suministro de grandes cantidades de fertilizantes. Se debe recalcar que estos son programas continuados y que las cifras citadas son proyecciones para los próximos 12 meses.

Me permito adjuntar algunas publicaciones que tratan en detalle estos temas, Espero que este material contribuya a verificar los antecedentes del caso.

Saluda muy atentamente a usted,

SAM MOSKOWITZ
Consejero Político


Santiago, 23 de Enero de 1967.

Señor
Sam Moskowitz
Consejero Político
Embajada de los Estados Unidos
PRESENTE.

Estimado señor Moskowitz:

Recibí su carta en relación con mis declaraciones sobre Vietnam aparecidas en "El Siglo" junto con los libros y documentación que Ud. tuvo a bien enviarme, todo lo cual he leído con mucho interés.

Debo confesarle, sin embargo, que mis puntos de vista expresados en "El Siglo" se han confirmado después de tal lectura. Yo demostraría poco respeto hacia Ud. si no fuera muy franco en un problema como éste, aun a riesgo de que algunos de mis juicios le molesten y hasta le ofendan.

Usted me invita a reflexionar sobre el conflicto de Vietnam. Le acepto su invitación.

Tal vez la primera pregunta que corresponde formular dentro de esa reflexión es la siguiente: ¿Por qué los norteamericanos están luchando en Vietnam? Y luchando con todos sus poderosos medios bélicos de aire, mar y tierra y con cuatrocientos mil soldados, que pronto serán quinientos según informaciones oficiales. ¡No es una guerra pequeña para los Estados Unidos! Empezó siéndolo, pero ya no lo es.

Es posible contestar de muchos modos a esta pregunta, incluso con ingenuidad. Por ahí en su carta usted afirma, citando a su Presidente, que están luchando para que el pueblo de Vietnam del Sur "disfrute del derecho a elección". Otras veces aseguran que es para preservar la independencia o la libertad de ese pueblo. Como usted ve, se puede decir cualquier cosa, pero el problema es demasiado importante como para no razonar con seriedad.

Yo pienso que usted no puede creer lo que su propaganda quiere hacernos creer. Por muy buen concepto que tenga de su gobierno, usted sabe perfectamente bien que no es tan "idealista" como para embarcarse en una guerra de esta magnitud, por amor a la libertad e independencia de los vietnamitas.

Permítame dudar, además, de que los Estados Unidos estén dispuestos a luchar tan enérgicamente para que el pueblo de Vietnam o cualquier otro "disfrute del derecho a elección". Su país cultiva muchos y muy buenos amigos entre los gobernantes "no elegidos" por sus pueblos, para que alguien pueda creer semejante cosa.

No me parece que las elecciones últimas en Vietnam del Sur, que usted me recuerda, sirvan para probar algo, si se tiene en cuenta que ellas se verificaron bajo un gobierno que es resultado de sucesivos golpes de estado y encontrándose el país ocupado militarmente por 400 mil soldados norteamericanos.

Pero ya que usted habla de elecciones, creo útil reproducirle dos opiniones que he tomado de los documentos que usted me remitió. En la primera página del anexo "Resumen sobre Vietnam", de fecha 16-11-66, se lee lo siguiente:

"El Norte comunista fracasó en su intento de establecer su autoridad sobre el conjunto del país por medio de una elección que, según los Acuerdos de Ginebra de 1954, hubiera debido tener lugar en 1956.

"Las autoridades del Sur consideraron que habrían sido automáticamente arrolladas por los votos del Norte más populoso, donde las condiciones para elecciones libres son inexistentes. El Norte comunista instruyó a sus simpatizantes para que intensificaran su campaña de terror y adoctrinamiento político contra el Gobierno establecido en el Sur, y en 1960 creó el así llamado Frente de Liberación Nacional".

Y en el libro del señor M. Sivraram, "Por qué la guerra de Vietnam", pág. 45, leo:

"La gloria de Ho Chi Minh, como adalid de la lucha de Vietnam por su libertad, y la mano de hierro con que dominaba a quince millones de habitantes del norte, le garantizaban una victoria fácil sobre cualquier candidato que surgiese de los catorce millones de vietnamitas del sur, divididos como estaban por diferencias políticas e inquietudes internas. Quizá presintiendo este peligro, el fallecido presidente de Vietnam del Sur. Ngo Dinh Diem, se resistió a celebrar las elecciones, alegando que el gobierno de Saigón no había firmado el acuerdo de Ginebra y, por tanto, no estaba obligado a acatarlo".

Lo anterior demuestra que fue el Gobierno del Sur el que se opuso a las elecciones, contrariando los Acuerdos de Ginebra. En ese tiempo dicho Gobierno ya estaba bajo la "asesoría" norteamericana; sólo los asesores militares eran más de quinientos, según el libro del señor Sivaram.

Queda demostrado asimismo que sólo bastante después de esta negativa a las elecciones surgieron, en 1960, el frente de Liberación Nacional y la insurrección armada en Vietnam del Sur. Esta insurrección ha llevado a Estados Unidos a intervenir directamente, bajo el pretexto de que no se trata de un conflicto interno, de una guerra del pueblo, sino de una agresión del Norte.

Mas las justificaciones que se invocan para oponerse lo mismo a las elecciones que a la insurrección no valen nada por lo que dicen sino por la decisión que se revela tras ellas, la decisión muy firme de los Estados Unidos de oponerse resueltamente a todo lo que signifique un riesgo de "perder" el Vietnam, sea del modo que sea.

Esta política norteamericana la formuló Eisenhower y ha sido reiterada en forma invariable por los gobiernos posteriores. Precisamente, en el folleto que usted me mandó "Why Vietnam", editado por la Casa Blanca, vienen las sucesivas declaraciones oficiales de los gobernantes de su país a este respecto.

Ya en 1954, antes de Dien Bien Phu, antes de Ginebra, Eisenhower escribía a Churchill que si Indochina pasaba a manos de los comunistas "el efecto final sobre nuestras posiciones estratégicas generales, con el consiguiente cambio en la balanza del poder en Asia y en el Pacífico, podría ser desastroso y, lo sé, inaceptable para usted y para mí", (pág. 5).

Inaceptable, esa es la palabra. Inaceptable para "nuestras posiciones estratégicas", inaceptable para el poder norteamericano en Asia y en el Pacífico, inaceptable para "usted y para mí", para Churchill e Eisenhower. Por lo visto, un problema de ellos, un problema de dos grandes potencias, no un problema del pueblo de Vietnam, de su independencia, su libertad, su "derecho a elección".

Como usted puede apreciar esto fue "inaceptable" desde antes que se estableciera siquiera el régimen de Hanoi y se pudiera hablar, por tanto, de una agresión de Hanoi contra el gobierno del Sur. Esa agresión, de que ustedes hablan ahora, es un pretexto para vuestra determinación, que data de mucho antes, y que igual se dirige contra la agresión, la insurrección, las elecciones, o lo que fuere, que pudiere significar, las elecciones, o lo que fuere, que pudiere significar la pérdida de las posiciones estratégicas y del poder norteamericano en ese país

Cuando Eisenhower formuló esta política en su carta a Churchill los vietnamitas luchaban contra los franceses, que eran la potencia colonial del lugar. Si la derrota de los franceses preocupaba tanto a Eisenhower era porque le preocupaba muy poco la libertad e independencia del Vietnam y en cambio le preocupaba mucho el poder norteamericano en esa zona así como el problema de la balanza del poder.

Distingamos, pues, señor Moskowitz, entre lo que es permanente y decisivo en la determinación norteamericana de luchar en Vietnam y lo que es circunstancial, de fachada o propaganda, entre la razón verdadera y sus pretextos. Lo primero es el poder norteamericano, poder imperial que se extiende muy lejos de las fronteras de su país, en este caso en Vietnam. Lo que ustedes defienden realmente es el poder que tienen ahí, poder ilegítimo, poder imperialista. Lo segundo, la fraseología moral y política de que se reviste lo anterior, es la "libertad" e "independencia" del Vietnam por las que ustedes estarían tan interesados, la defensa del país agredido desde el norte, y hasta esa impresionante declamación de que vuestra lucha es para que el pueblo de Vietnam del Sur "disfrute del derecho a elección".

Conceptos similares a los de Eisenhower son los de Dean Rusk, diez años después, que vienen en la pág. 16 del folleto "Why Vietnam":

"Seamos claros acerca de estas cosas, dice Rusk. Junto con sus archipiélagos, el sudeste de Asia contiene ricos recursos naturales y cuenta con unos 200 millones de personas. Geográficamente, tiene gran importancia estratégica, domina el acceso entre el Pacífico y el Océano Indico y flanquea el subcontinente indio por un lado, y Australia y Nueva Zelanda por el otro. La pérdida del sudeste de Asia ante los comunistas constituiría un cambio serio en la balanza del poder, en contra de los intereses del mando libre. Y la pérdida de Vietnam del Sur haría la defensa del resto del sudeste de Asia mucho más costosa y difícil".. (Declaración del Secretario de Estado, D. Rusk, ante el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara, el 3-8-65).

En forma muy parecida se expresan también el Presidente Johnson el señor Mc Namara, etc.

Hay, como se ve, una línea invariable. Podemos responder, entonces, a la pregunta de por qué luchan los norteamericanos en Vietnam. Luchan por su propio poder en esa zona de gran valor estratégico y con "ricos recursos naturales" como dice Mr. Rusk, zona respecto de la cual Estados Unidos es una potencia "extracontinental", pero que no por eso deja de ser objeto del poder norteamericano ya que éste es un poder imperialista para el cual ningún continente es ajeno.

Ustedes dicen que las guerrillas de Vietnam del Sur están sostenidas por el régimen de Hanoi al que acusan de agresor. Pero en la documentación que usted me remitió he encontrado datos singulares. En el boletín "¿Quiénes luchan en Vietnam?", de noviembre de 1966, se dice que el número de soldados norvietnamitas infiltrados en el sur serían 50 mil.

El mismo boletín indica que el ejército del Gobierno de Vietnam del Sur está compuesto por 700 mil hombres, que junto a ellos hay 300 mil soldados norteamericanos, 37 mil surcoreanos y varios miles de hombres más de Australia, Filipinas, Nueva Zelandia y Tailandia.

Si se tratara, pues, de una agresión de Vietnam del Norte me imagino que esos 50 mil infiltrados no podrían resistir demasiado frente al ejército combinado de más de un millón de hombres, apertrechados del equipo bélico mas moderno, dominando el mar y el aire. Ademas los infiltrados deberían sufrir todas las dificultades propias del odio del pueblo agredido contra sus agresores.

Sólo cabe una explicación y es que las guerrillas están formadas y sostenidas por el pueblo y por los aldeanos de Vietnam del Sur, y los infiltrados no son más que un elemento muy secundario de la situación.

Frente a lo cual la intervención norteamericana es de tal modo chocante y tan abrumadora la desproporción en los medios militares, que todo el mundo sabe que ahí hay una potencia agresora —los Estados Unidos— y un pueblo agredido, el Vietnam. Lo que se confirma con los datos oficiales citados.

Imagínese usted por un momento que Cuba estuviera dividida en dos partes, y basándose en que desde una de ellas se sostiene y fomentan guerrillas en la otra, Rusia o China se sintieran autorizadas para defender de la "agresión" al gobierno amigo, amenazado por tales guerrillas, y enviaran todo su potencial bélico y doscientos o trescientos mil soldados a luchar en el territorio de Cuba contra cubanos, y a bombardear todos los días el sector no adicto.

¿Tendría usted dudas para señalar quién es ahí el agresor? ¿Podría justificar la acción rusa o china cualquier género de explicaciones sobre infiltrados, sobre terrorismo, o sobre el título de estas potencias para repeler dentro de Cuba la agresión de un bando cubano contra otro? ¿No diría usted que se trata de un ataque criminal de una gran potencia contra un pueblo pequeño? ¿No diría usted que esa gran potencia debe irse de ahí? ¿Admitiría usted que esa gran potencia está interviniendo por motivos altruistas? ¿Admitiría usted que esa gran potencia interviniera invocando su propia seguridad, situando, en consecuencia, la línea de su seguridad a pocos kilómetros de las fronteras norteamericanas, así como su país la sitúa a pocos kilómetros de las fronteras chinas?

Yo se muy bien como contestaría usted estas preguntas y se las hago para que aplique a sus respuestas al caso de Vietnam.

Usted se horroriza del terrorismo del Vietcong y su carta insiste bastante en pintar un cuadro que a nadie puede gustar. Ciertamente es lamentable que estos medios terroristas, tan crueles e incivilizados, sean todavía los medios naturales de lucha de los pueblos pobres, atrasados. Estos pueblos deben pedir disculpas al mundo civilizado por su terrorismo, resabio verdaderamente bárbaro en la era de la bomba atómica, el napalm, y la gran industria de guerra que, por cierto, no están al alcance de estos primitivos. Recordando la experiencia de Argelia le sugiero, ya que usted está interesado en el tema, que examine la relación entre subdesarrollo y terrorismo.

Usted menciona el enorme progreso social y económico que los Estados Unidos han llevado a Vietnam. Desde 1954, dice el Presidente Johnson, "hemos gastado más de dos mil millones de dólares en ayuda para los 16 millones de sudvietnamitas" (Why Vietnam, pág. 41).

Con esos dólares se han hecho muchas cosas. El mismo Presidente las describe: se ha duplicado la producción de arroz que es la producción básica del país; se han instalado doce mil centros sanitarios equipados; en un solo año se gradúan tantos doctores como todos los que existían antes en Vietnam del Sur; más de 700 fábricas nuevas o rehabilitadas fueron puestas en marcha; plantas textiles y de cemento, de electrónica y de plásticos están cambiando la faz total de esa nación, dice Johnson; nuevos caminos y comunicaciones, equipo de ferrocarriles y generadores eléctricos, son una base de expansión para la industria; más de un cuarto de millón de jóvenes vietnameses pueden ya aprender en más de cuatro mil aulas que los Estados Unidos han ayudado a construir en los últimos dos años, y vamos a construir (es Johnson el que habla) dos mil, escuelas más en los próximos doce meses. El número de estudiantes de escuelas vocacionales se ha elevado cuatro veces, los ocho millones de libros de texto que hemos dado a los niños vietnameses se elevarán a más de 15 millones en 1967. (Why Vietnam, pág. 41).

Mr. Rusk dice que la renta per capita aumentó en un 20% en Vietnam del Sur en cinco años.

Sin embargo, la subversión ha seguido su curso. ¿Serán los infiltrados del norte los que obligan al pueblo del sur a ser tan desagradecidos? ¿O será que la voluntad revolucionaria que hoy sacude a los pueblos no es lo que los norteamericanos creen que es? No es cuestión de dejar caer dólares. No es cuestión sólo de dar cosas, sean escuelas, caminos, fábricas, libros de texto o renta per capita. Antes que eso la revolución es el poder del pueblo y su obra es obra del poder popular, no del poder de Mr. Johnson por más dadivoso que sea —y nunca lo es tanto como dice la propaganda; en el balance final es más lo que saca que lo que da. La revolución no da nada porque todo es del pueblo.

A Estados Unidos le preocupa mucho la balanza del poder entre las grandes potencias y por eso no quiere retirarse de Vietnam. La balanza en Asia se volvería en su contra y a favor de China. Pero ocurre que este modo de razonar es desde la partida un modo de razonar ya anticuado, crudamente imperialista, que distorsiona la realidad puesto que no toma en cuenta a los pueblos, sólo a las grandes potencias.

El problema se reduce a Rusia y China, por una parte, y Estados Unidos, por otra, o al comunismo como poder mundial identificado con la gran potencia que está a su cabeza, y al llamado mundo libre también comandado por una gran potencia. Entre estos colosos desaparecen los pueblos concretos. Ya no son los vietnamitas los que luchan, triunfan o mueren, sino que es China o Estados Unidos, el comunismo o el mundo libre, el que triunfa o pierde, el que avanza o retrocede en Vietnam.

De esta suerte, conforme a tal criterio, Vietnam se convierte necesariamente en objeto del poder que disputan las grandes potencias. La balanza del poder, en efecto, es un problema propio de las grandes potencias mundiales que son las únicas que tienen suficiente peso que poner en la balanza, no es un problema de Vietnam.

Este criterio ya no se aviene a la realidad del mundo asiático y en general del mundo pobre, donde los pueblos no aceptan más ser tratados como peones.

Francia, que es una antigua potencia colonial, ha comprendido esta realidad antes que Estados Unidos. Su país, señor Moskowitz, debe convencerse que si no quiere ganarse el odio universal tiene que respetar de veras a los pueblos, tiene que renunciar a dominarlos o manipularlos. No pedimos a Estados Unidos que se vuelva izquierdista o revolucionario; pedimos que deje a los pueblos decidir su propio destino hacia la izquierda, la derecha, o lo que fuere.

Si es importante para Estados Unidos, en tanto potencia imperialista, conservar su poder y sus posiciones estratégicas en Vietnam bastante más le es para el pueblo de Vietnam librarse de ese poder extranjero y de la oligarquía nativa, corrompida y reaccionaria que le sirve de comparsa y cuyo Gobierno no podría mantenerse un día por si mismo. Por eso se entiende que la insurrección armada en Vietnam del Sur sea básicamente una lucha de carácter nacional y revolucionario.

Usted me dirá que está dirigida por los comunistas y yo le creo, pero ese es un problema de los vietnamitas, no de los norteamericanos. Así como sólo a ustedes les incumbe decidir sobre el gobierno norteamericano o sobre los partidos políticos de su país, incluido el comunista, de igual manera a cada pueblo le incumbe decidir sobre su propio gobierno o sus fuerzas políticas, así como sobre el carácter y rumbo de su revolución.

Para ustedes no hay diferencias entre un movimiento guerrillero dirigido por comunistas y la acción directa de chinos o rusos. Todo eso para ustedes es comunismo y cuando combaten contra el guerrillero vietnamita lo hacen como si estuvieran combatiendo directamente contra China o Rusia. Relacionan al guerrillero con una gran potencia no con su propio pueblo. Esta es otra deformación típica de la mentalidad imperialista o imperializada.

Así como Rusia o China no tienen derecho a agredir a otro país en nombre de la revolución, ustedes tampoco lo tienen para intervenir contra un movimiento armado de un pueblo por el solo hecho de etiquetarlo, bien o mal, de comunista.

Se muy bien que en estas materias el derecho viene a ser derecho del más fuerte... Por eso deseo que el pueblo de Vietnam pueda reunir la fuerza suficiente, material y moral, que le permita hacerse respetar y les obligue a ustedes a seguir el consejo famoso: ¡yanqui go home!

Toda la ayuda que los vietnameses pidan y reciban en está emergencia, incluso soldados de otros países, para repelerlos a ustedes, es legítima. Porque ustedes, los norteamericanos, son ahí los intrusos, los agresores, y es de interés de todos los pueblos del mundo, más aún de los que sufren el imperialismo, que ustedes no consigan doblegar al Vietnam.

Creo, por último, que incluso desde el punto de vista del interés de los Estados Unidos como gran potencia, es más lo que pierde que lo que gana en Vietnam. Desde luego es una guerra sucia que está ensuciando el alma de los Estados Unidos y desnudando ante el mundo toda la brutalidad de que son capaces. No es eso lo mejor para el prestigio norteamericano.

Luego si todo esto correspondiera realmente a un plan chino, como ustedes suelen decir, le estarían dando en el gusto a ese plan. Mientras más se embarcan en la guerra, mientras más gente llevan, más comprometen su poder y prestigio en un verdadero atolladero, en un tonel sin fondo que se pierde y diluye en la inmensidad china.

China los estaría atrayendo a un desgaste lento pero indefinido, en un lugar que tiene todas las ventajas para los chinos y escogido por ellos. China a través del conflicto estaría impactando, incluso, la conciencia norteamericana, y logrando efectos hasta en la política interna de los Estados Unidos. Por ejemplo, el desprestigio de Johnson que le impedirá probablemente volver a la Presidencia, se debe en gran parte al Vietnam.

Ustedes siguen haciéndose ilusiones creyendo que podrán ablandar a los vietnamitas con las bombas. Cuando pierdan las ilusiones ¿qué va a pasar? ¿La bomba atómica? ¿No sería eso la locura de su país?

Es preciso volver a la razón. Cualquier solución es factible si ustedes se deciden a hacer lo que nunca han querido y que es el verdadero origen del problema: irse de Vietnam. Si hacen eso como punto inicial de un replanteo profundo de su política, en base a respetar realmente a los pueblos, dejando que ellos se manejen por si mismos, Estados Unidos ganará prestigio, estimación y ascendiente, que es en definitiva la única forma realista de poder en un mundo sin viejos ni nuevos colonialismos.

Si persisten, en cambio, en seguir por el camino que van, se estrellarán con el mundo que los pueblos están forjando; y la fuerza de los pueblos que se desarrolla en nuestros días, que incluye al propio pueblo norteamericano, es superior a la del imperialismo de ese país que hoy domina y dirige su política.

En resumen, la balanza del poder es un problema que las grandes potencias no pueden dejar de lado de un día para otro, pero que ya no pueden resolver atropellando a los pueblos por el sistema del reparto del mundo o de las zonas de influencia, por el sistema de que es "inaceptable para usted y para mí" —Churchill y Eisenhower—, que el Vietnam caiga en manos de éstos o aquellos. Vietnam no puede estar en otras manos que la de los vietnamitas y sólo a su pueblo le corresponde resolver acerca de lo que es aceptable o inaceptable para sí.

Las intervenciones de las grandes potencias, los actos y peor aún las guerras imperialistas, de dondequiera que vengan, son hoy día repugnantes para la conciencia humana, que es en la actualidad fuertemente democrática y anticolonialista. Eso explica el vituperio de que es objeto la política de su país en Vietnam.

Es penoso decirlo, pero los jóvenes compatriotas suyos que mueren en Vietnam, no mueren por Estados Unidos ni por el pueblo norteamericano, ni por los derechos legítimos de su país; menos aún por algún noble ideal; mueren por el imperialismo norteamericano, son víctimas de la causa imperialista que ha llegado a ser una causa ruin y criminal para toda la gente honesta de la tierra.

Saluda muy atentamente a usted

JULIO SILVA SOLAR


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02