Frei: Año Nuevo con receta vieja


Frei, Año Nuevo con receta vieja

Santiago de Chile, Enero de 1967.
Ediciones Punto Final. Nº 19

EN fuentes bien informadas del Partido Democristiano se ha señalado, en los últimos días, que está proyectada una investigación oficial de las actividades que desarrollan en Chile algunos personeros de países socialistas, con los cuales La Moneda mantiene relaciones, para determinar la ligazón que puedan tener con los conflictos gremiales suscitados en el país.

En el Ministerio del Trabajo se asegura que los movimientos gremiales registrados durante 1966 tuvieron orígenes revolucionarios, agregándose que forman parte de un plan delineado en el exterior.

En una reciente entrevista del Presidente Frei con los dirigentes del Consejo Ejecutivo Nacional del Partido Democristiano, el gobernante, al referirse a las relaciones con los países socialistas, dijo que permanentemente se reciben protestas de naciones latinoamericanas vecinas, en las que se expresa que Chile es el centro de las actividades revolucionarias de agentes que vienen de Europa al continente americano.

El Primer Mandatario manifestó que es conveniente suspender o moderar el flujo viajero entre Chile y naciones socialistas europeas, incluso en su fase artística, porque hasta eso provoca recelos de los vecinos, los que se alarman incluso con la presencia del Circo de Moscú.

El Presidente Frei hizo trascender esas inquietudes personales para justificar el vuelco que le imprimió a su política exterior respecto a la ONU. Se sentía obligado a explicar con argumentos valederos para sus correligionarios los motivos que tuvo para modificar el voto en la Asamblea General de la ONU frente a la proposición del ingreso de la República Popular China al organismo mundial. En 1965 su representante, Renán Fuentealba, líder de una corriente del PDC, se abstuvo frente a una proposición idéntica a la que presentó la República de Albania en 1966, frente a la cual se votó en contra.

No obstante los permanentes anuncios de La Moneda sobre la inminencia de la firma de convenios económicos y culturales con la Unión Soviética, puede vaticinarse para 1967 un endurecimiento en el trato a las naciones socialistas, con las cuales se tienen relaciones. No sería raro que en el nuevo año se produzca la expulsión de más de un diplomático de cualesquiera de esos países.

El Gobierno ha aceptado las secretas sugerencias que se plantean periódicamente en el continente para perfeccionar el sistema de vigilancia de los viajeros, ligados a la vida política, cultural, gremial, así como ha resuelto acogerse a las estrictas disposiciones sobre trato a becarios de países socialistas.

Las visas para estudiantes de esas naciones serán revalidadas, año a año, en lugar de contemplarse el plazo que toma el desarrollo de la disciplina escogida.

La suma de las medidas de vigilancia marcan la tendencia que orientará el comportamiento de la política exterior del Presidente Frei, el que se resignará en 1967 a perder la investidura "independentista", que se ganó por sus declaraciones y acciones de los comienzos de su mandato.

Los gobernantes europeos, que alentaron muchas esperanzas sobre el "independentismo" del Gobierno democristiano chileno, empezaron a sentirse defraudados durante el viaje que el Presidente Frei realizó por cuatro países de Europa, en el invierno de 1965. Fue fácil advertir el pronunciado afán del viajero por evitar un compromiso más estrecho con el Gobierno del general De Gaulle, situado en una línea "independiente" frente a los Estados Unidos.

La desaparición de su fisonomía "independentista" reducirá las expectativas económicas del Gobierno democristiano, en ámbitos no norteamericanos, porque los países europeos, tradicionalmente desconfiados de los gobiernos latinoamericanos, a los que suponen demasiado sometidos a los dictados de la Casa Blanca, abandonarán de un modo gradual el interés por desviar recursos financieros hacia Chile.

Todo contribuirá a estrechar las relaciones económicas del Gobierno democristiano con el de Estados Unidos, con las consiguientes consecuencias políticas, varias de las cuales se detallan al comienzo de esta crónica.

El Presidente Eduardo Frei realizará el habitual viaje de todo gobernante latinoamericano a Estados Unidos, convertido en La Meca de la religión que preside el vellocino dorado del dólar.

Durante diez días el Primer Mandatario será huésped en Washington, Nueva York y Boston, ciudades donde descansan el poder político, el económico y la aristocracia norteamericana de los Cabot, los Lodge y los Kennedy.

El viaje del Presidente chileno no constituye una sorpresa para Washington, que fue informado de él en 1965. En vísperas de partir el Presidente Frei a Europa, y ante los comentarios mordaces que surgieron en algunos círculos norteamericanos sobre el "independentismo" demostrado por el Mandatario chileno, se le hizo saber a la Casa Blanca que el viaje por Italia, Francia, Inglaterra y Alemania, no encerraba ningún secreto ingrato para Estados Unidos. Entonces se anticipó que Frei iría a Washington.

Por momentos se pensó que el viaje a USA quedaría postergado hasta después de la Conferencia de Presidentes Americanos, que anhela imponer la Casa Blanca, pero luego de comprobarse el fracaso de los afanes integracionistas en la reciente reunión de la ALALC en Uruguay, él quedó concretado para los días iniciales de febrero de 1967.

El Embajador de los Estados Unidos, Ralph Dungan, fue informado oportunamente de la decisión del Presidente chileno, y cuando lo consideró prudente partió a su patria a preparar el recibimiento al huésped sudamericano. Los chilenos fueron los últimos en informarse.

Un encuentro de Johnson y Frei después que éste ha cumplido sus dos primeros años de gobierno, es más útil para el gobernante norteamericano. A esta altura ya se ha desechado todo potencial elemento sorpresivo de la Administración democristiana. La experiencia de Cuba acentuó la hipersensibilidad de los que manejan a los Estados Unidos, y por esa razón prefieren reservar un lapso conveniente para analizar las tendencias de los nuevos gobernantes latinoamericanos.

En 1965, la Administración democristiana despertaba recelos en Washington y Nueva York, y había publicaciones que incluso comparaban a Frei con Fidel Castro, imagen que el Mandatario chileno se encargó de destruir con críticas abiertas a la Revolución de Cuba. Ahora puede hablarse de un amigo probado, al que se le perdona la reacción ante la agresión a Santo Domingo.

El examen que rindió el Ministro de Hacienda, Sergio Molina, en el Comité Interamericano de la Alianza para el Progreso (CIAP), en octubre del año recién pasado, contribuyó a disipar cualquier duda sobre la orientación económica del Gobierno demo-cristiano.

El Ministro aceptó las críticas que se le formularon a la política económica-financiera que impuso en 1965 y en parte de 1966, y adoptó una posición más atenta a los ortodoxos dictados del Fondo Monetario Internacional, que cada vez tiene menos carácter internacional y más sujeción a la política norteamericana.

El anuncio hecho por el Presidente Frei, por cadena nacional de emisoras y televisión, en vísperas de Navidad (ver página 6) sobre el uso de los créditos norteamericanos de la Agencia Internacional de Desarrollo (AID) y del potencial "stand-by" del Fondo Monetario Internacional, fue conocido con bastante anticipación por los personeros norteamericanos que se ocupan del "chilean desk" en el Departamento de Estado.

Horas antes que la opinión pública chilena fuera informada por el Presidente Frei de la decisión de no usar créditos AID y el "stand-by" para financiar el Presupuesto Fiscal de 1967, el Departamento de Estado norteamericano emitió una opinión sobre ella", ampliamente elogiosa.

El Fondo Monetario Internacional está íntimamente ligado a esa decisión. Uno de los principales objetivos que se persigue es evitar la inundación de dólares, en los momentos en que hay escasos interesados en usarlos en tareas productivas. En 1966 el Gobierno democristiano batió un record emisor para crear moneda nacional, mientras los dólares se amontonaban en el Banco Central sin compradores.

Se acentuará la política de estabilización monetaria, lo que agradará notablemente al Fondo Monetario Internacional, pero aumentará la estrechez de recursos financieros en moneda nacional.

La repercusión social de la aplicación rigurosa del recetario del Fondo, se traducirá en la congelación de las rentas y en los reajustes inferiores al nivel que alcanza la inflación. El fenómeno aumentará las tensiones sociales y el Gobierno deberá forzosamente aplicar nuevamente su maquinaria represiva, notablemente perfeccionada en los dos últimos años. En pleno período de estrecheces económicas el Cuerpo de Carabineros adquiere hasta carros blindados de asalto, como si se tratara de un nuevo ejército.

En su mensaje nacional de Navidad, el Presidente Frei olvidó la palabra "revolución" que con el apellido "libertad" formaron la base de su campaña publicitaria en la pasada lucha presidencial, para vencer a la Izquierda. El 21 de mayo de 1966, en su mensaje ante el Parlamento, impuso la palabra "tregua", que finalmente desplazó a la "revolución en libertad".

La "tregua" marcó el comienzo del deslizamiento del Gobierno hacia la libre empresa, más extranjera que nacional. El Presidente Frei consagró el respeto al capitalismo, que la doctrina de su partido condenó y sigue despreciando, en la teoría.

La Administración democristiana se convertirá en el más serio intento de un gobierno de un país subdesarrollado por introducir capitales extranjeros, especialmente norteamericanos, en la débil economía criolla. Para imponerse en Brasil, el capitalismo norteamericano debió dar un "golpe de Estado", con el que consiguió destruir a la burguesía nacional; para penetrar en Chile, sólo le ha bastado el ascenso al poder de la Democracia Cristiana.

El Presidente Frei, rodeado por el grupo empresario conservador (Raúl Devés, Sergio Torretti, Gabriel Valdés, Domingo Santa María y otros) ha desechado todo intento reformista, para dar confianza a los inversionistas privados, especialmente extranjeros.

En 1967 se acentuará la fisonomía conservadora del Presidente Frei, la que sólo estaba barnizada de un matiz reformista. El Partido Democristiano tendrá que habituarse al cambio, o de lo contrario precipitará al gobernante a un manejo más personalista del Poder.

Habrá que observar con atención el destino que le dará a la nueva Ley de Reforma Agraria, que despachará el Parlamento, para emitir el veredicto final sobre la frustrada experiencia democristiana.

AUGUSTO OLIVARES


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02