El fracaso de las medias tintas

PUNTO FINAL
Año VII. Nº 177
Martes 13 de febrero de 1973

Editorial

LA clase obrera ha dado una nueva muestra de su conciencia combativa y revolucionaria. Frente a un proyecto de ley, anunciado por el ministro de Economía, Orlando Millas, que pretende cortar el crecimiento del área de propiedad social, los trabajadores han reaccionado en forma ejemplar. Encabezados por los cordones industriales, que agrupan a los núcleos fabriles más importantes del país, los obreros han manifestado su rechazo al proyecto inspirado por la corriente reformista del gobierno. Asimismo, la oposición a esa iniciativa derrotista y conciliadora fue hecha pública por los partidos Socialista, MAPU, Izquierda Cristiana y MIR.

La respuesta de la clase obrera, manifestada en movilizaciones que obligaron al gobierno a rectificar los alcances que el ministro Millas daba al proyecto, constituyen un ejemplo y, a la vez, un indicador del verdadero sentir de los trabajadores. Uno de los dirigentes del Cordón Cerrillos-Maipú, recordó en conferencia de prensa una frase de Fidel Castro: "Ni un paso atrás, ni para tomar impulso". Ese es, exactamente, el criterio que domina en la clase obrera. El coraje y decisión de los trabajadores, que ya se pusieron de relieve en la crisis provocada por la burguesía en octubre, tuvo respuesta mezquina y vacilante en el proyecto expuesto por Millas, que promete a la burguesía la devolución de 123 empresas.

La clase trabajadora —y en especial los obreros y campesinos—, se han fortalecido. Han indicado claramente que están por avanzar sin transacciones y que no olvidan un segundo su objetivo estratégico: el socialismo. Los reformistas —que mantienen en permanente zozobra las conquistas de la clase trabajadora—, han sufrido una nueva derrota. En las elecciones de marzo, seguramente, quedará ratificado, a través del apoyo que reciban los partidos populares que se han mantenido leales al interés de los trabajadores, que la decisión de los obreros, campesinos, pobladores y empleados, es no darle tregua a la burguesía y al imperialismo, hasta derrotarlos definitivamente.

PF


Análisis

EL FRACASO DE LAS MEDIAS TINTAS

"El proyecto Millas es una transacción entre el Gobierno y la burguesía con el cual sólo ganan los patrones, y ganan para seguir con su actividad permanente para derrotar definitivamente a la clase obrera, derrocando primero al gobierno. Es, incluso, un suicidio lento, pero seguro del propio gobierno del compañero Presidente Salvador Allende". "Manifiesto del Cordón Industrial Cerrillos-Maipú".

EL párrafo del manifiesto de los obreros de uno de los sectores industriales más importantes de Santiago, es contundente. Lejos están los días en que el reformismo podía engañar a la clase obrera disfrazando sus transacciones. Hoy, los niveles alcanzados por el movimiento de masas, la conciencia del proletariado, su naciente organización alternativa al poder burgués y autónoma del gobierno, le permiten desenmascarar a los reformistas y marchar con fuerza tras su objetivo histórico: la construcción de la sociedad socialista.

El proyecto del ministro de Economía y miembro de la Comisión Política del Partido Comunista, Orlando Millas, corresponde consecuentemente a la política ya enunciada por éste en un análisis publicado en el diario "El Siglo" el pasado 5 de junio (ver PF Nº 160). Su fundamento central consiste en la necesidad de ampliar la alianza de clases que sostiene al gobierno de la Unidad Popular, tratando de ganar a sectores de la burguesía caracterizados como no monopólicos, no oligárquicos ni directamente dependientes del imperialismo.

La alianza que sustentaba esta etapa del proceso estaba constituida, entonces, por un policlasismo que incluía desde la gran burguesía no monopólica hasta las capas pobres del campo y la ciudad. Para llevar adelante esta alianza se planteaba una política económica basada en dos pilares: la redistribución del ingreso y la activación de la economía que se produciría al redistribuirse los ingresos. El círculo aparecía claro.

Sin embargo, el modelo falló. La burguesía aceptó el nuevo caudal de ingresos que el aumento de la demanda le planteaba, ocupó la totalidad de su capacidad industrial instalada, sin embargo no invirtió un peso. Los nuevos ingresos que obtuvo los destinó a la compra de dólares para sacar dinero del país; luego, cuando se trató de restringir esta vía de escape, buscó el mercado negro y, finalmente, con el dinero que recibía a manos llenas, se dedicó a comprar suntuarios sin destinar nada a la inversión, que abortó toda posibilidad de mayor expansión económica. Incluso más, no sólo no invirtió sino que, además, ni siquiera repuso la maquinaria gastada o en mal estado.

Esta situación fue visualizada en el cónclave de la Unidad Popular, realizado en Lo Curro. Allí, sectores encabezados por el ministro de Economía de la época, Pedro Vuskovic, plantearon la necesidad de tomar esa mayor cuota de excedente mediante la concreción del área social en base a la gran industria, y la implementación del control obrero sobre la mediana industria. Los sectores reformistas, encabezados por el que poco después sería ministro de Hacienda, Orlando Millas, sin embargo, plantearon lo que hoy los obreros del Cordón Cerrillos-Maipú llaman "suicidio lento, pero seguro": hacer más concesiones a la burguesía, darle garantía para incentivarla a invertir. Las 245 empresas que en primera instancia iban a pasar al área social se habían ya reducido a 91.

La situación de hoy es similar. La crisis económica y la ofensiva de la burguesía encuentran en el reformismo una respuesta parecida. Las 91 empresas se convierten, después de la crisis de octubre, en 90 y hoy en el proyecto Millas en 49. Sin embargo, la clase obrera ha dicho basta. Los trabajadores de Cerrillos, Vicuña Mackenna, Macúl, San Miguel, Panamericana Norte, los partidos Socialista, MAPU, Izquierda Cristiana, MIR, los campesinos que realizaron un reciente congreso de Consejos Comunales y, fundamentalmente, la vanguardia del pueblo, su clase obrera, han rechazado la nueva transacción reformista, obligando incluso al presidente Allende a rectificar públicamente los alcances dados por el ministro Millas al anunciar el proyecto de constitución del área social.

Sin embargo, hay otro elemento importante y fundamental que dice relación con el fracaso del esquema reformista para enfrentar ia situación económica. El PC, a través de reiterados discursos y editoriales en "El Siglo" lo ha llamado, "la acción de la ultraizquierda que sólo ha servido para atemorizar a sectores de industriales que aceptaban incorporarse a los planes económicos del gobierno". Grave confusión porque los llamados "ultraizquierdistas" son sectores cada vez más importantes de la clase trabajadora, que conscientes del papel que les corresponde jugar no aceptan que un gobierno logrado gracias a sus luchas pueda transar con la burguesía a costa de los intereses de los trabajadores. Así se han movilizado directamente contra sus enemigos fundamentales y en octubre fueron capaces de echar a andar un país que los dueños de fábricas y fundos pretendían paralizar. Se tomaron las industrias y las hicieron funcionar, demostraron que los patrones están demás, que a los grandes industriales, a los acaparadores, a los boicoteadorcs se les puede golpear y que transar con ellos tratando de devolverles las industrias que intentaron parar en octubre era devolverles las armas para una nueva embestida. Sobrepasaron con creces la casi ninguna conducción que la Central Unica de Trabajadores (CUT), dio a sus justas luchas e incluso como lo señaló el presidente del Cordón Industrial Cerrillos en conferencia de prensa, luego de entrevistarse con el presidente Allende: "nosotros preferiríamos que el presidente de la CUT, Luis Figueroa, y el secretario general, Rolando Calderón, estuvieran a la cabeza de nuestras luchas, en lugar de ocupar los sillones ministeriales que ocupan".

La situación actual es visualizada por el pueblo en este momento por dos factores que lo golpean directamente: la inflación y el desabastecimiento, y a corto plazo el aumento de la desocupación. Los reformistas tratan de achacar esta situación sólo a los especuladores y acaparadores, los que evidentemente tienen buena parte de la responsabilidad, pero no dicen que el problema del desabastecimiento no está centrado en la mala distribución sino que, fundamentalmente, en la producción insuficiente causada por la no inversión de los burgueses "buenos". Por lo tanto, no basta con golpear el aparato distributivo sino que es necesario y fundamental golpear el aparato productivo, estatizando y dando dirección obrera a toda la gran industria, e imponiendo el control obrero sobre la pequeña y la mediana, única forma de conseguir que los excedentes sean invertidos en nuevas fábricas.

Las cifras al respecto son clara. La inversión en el año 71 disminuyó en un 11 por ciento aproximadamente con respecto al año 70, al paso que durante el año 72 disminuyó en un 5 por ciento aproximadamente, respecto al año 71; esto augura para el año 73 una baja de la producción industrial considerable. A este factor se agrega la crisis de divisas, o sea la no existencia de dólares para importar materias primas e insumos, que son fundamentales para que la industria estatizada pueda seguir produciendo, y el deterioro de las instalaciones industriales por reparaciones no hechas por sus dueños, lo que determina una paralización del ritmo productivo.

En el sector agropecuario durante el año 71 se observó un crecimiento total del 4 por ciento, aproximadamente, crecimiento que se basa en el desarrollo del sector pecuario. El año 72 la producción se mantiene, pero ahora con una disminución de la producción agrícola que es compensada por un crecimiento pecuario, que en total da cifras que no señalan deterioro perceptible.

La causa de la baja de la producción agrícola también aparece clara: disminución de las áreas sembradas. En este momento en Chile las tres cuartas partes de la producción agrícola provienen del sector capitalista y un 60 por ciento específicamente de los fundos entre 40 y 80 hectáreas que constituyen el sector más fuerte de la burguesía agraria. Este sector voluntariamente redujo sus áreas sembradas porque es su producción la que regula la oferta en el mercado y por lo tanto la baja en su producción trae como consecuencia inmediata el alza de los precios. Por otra parte el sector reformado no tiene en estos momentos el suficiente apoyo estatal ni la extensión necesaria que le permita influir drásticamente en la producción total.

En lo que se refiere al comercio exterior la situación es clara. La perspectiva inmediata señala una drástica reducción de las importaciones, tanto en lo que se refiere a alimentos como a materias primas e insumos. La renegociación de la deuda externa con el imperialismo, en lugar de su no pago, la posibilidad que esa renegociación se haga a expensas de revisar la no indemnización de las compañías del cobre, evidentemente que no permiten avizorar ninguna solución al problema y al igual que el año pasado apenas permitan postergar parte de el. Por otra parte la visita del presidente Allende a los países socialistas más desarrollados no solucionó tampoco el problema y las posibilidades de cumplir con la necesidad de importaciones que alcanza aproximadamente para 1973 a los 2 mil 300 millones de dólares son extremadamente inciertas.

En resumen, al enemigo fundamental del pueblo, a la burguesía, no se le pueden hacer concesiones económicas, políticas ni sociales. El reformismo se planteó mediante concesiones neutralizar y ganar sectores de la gran burguesía, ganar lo que llama burguesía media y pequeña, para unirlas en una gran alianza con las capas más explotadas de la sociedad; sin embargo el fracaso está a la vista, toda la gran burguesía ha declarado la guerra al pueblo, la burguesía mediana y pequeña no sólo no ha sido ganada sino que mayoritariamente ni siquiera neutralizada y en las filas del pueblo se ha introducido la división, al tratar que sectores importantes se marginen de luchas por sus intereses directos, porque golpean a sectores de burgueses "buenos". Sin embargo, la experiencia del fracaso reformista ha significado para la clase obrera y el pueblo el desarrollo de conciencia, el ganar autonomía y, sobre todo, distinguir con claridad a su enemigo principal y saber que para derrotarlo la conducción reformista no le sirve.

JOSÉ CARRASCO T.


Reportaje

LOS OBREROS RECHAZAN DEVOLUCIÓN DE EMPRESAS

LA reacción de la clase obrera frente al llamado "proyecto Millas" fue inmediata. Comenzó con barricadas donde por 48 horas los obreros del Cordón Cerrillos paralizaron la comuna industrial de Maipú. Eran más de quince barreras que bloquearon todos los caminos de acceso al sector, y en todas ella la respuesta era la misma: las "empresas requisadas o intervenidas no serian jamás devueltas.

Después, nuevamente el Cordón Cerrillos, pero esta vez junto a otros obreros: los trabajadores de la Construcción, el Cordón Industrial Vicuña Mackenna, el Cordón Ñuñoa y el de San Miguel, realizaban una masiva movilización hasta el centro de Santiago copando las plazas Montt-Varas y de Armas. El repudio al proyecto de devolución de las empresas era unánime, y los ataques al reformismo, claro culpable para la clase obrera de esta iniciativa, se hacían más fuertes.

Paralelamente a estas movilizaciones, los dirigentes de los Cordones Industriales sostenían una entrevista con el presidente Allende: "El presidente nos dijo que el proyecto no era de Millas sino que del gobierno", comunicaba el dirigente Cruces de ELECMETAL en la plaza de Armas, "pero él se comprometió a discutir esto con el pueblo, con nosotros mismos, en una concentración en el estadio de Maipú".

Al día siguiente los trabajadores llamaban a una conferencia de prensa donde, después de improvisar una asamblea "con las grabadoras cerradas", Hernán Ortega, obrero de Fantuzzi y presidente del Cordón Cerrillos, reafirmaba la decisión de los trabajadores de seguir movilizados y "de no transar, a pesar de las presiones".

Más tarde eran los trabajadores del Cordón Vicuña Mackenna los que se lanzaban tras barricadas: "No queremos retroceder más, esto se llama reformismo, y el pueblo lo rechaza", dijeron.

Y el rechazo del pueblo aún se siente. Primero fue una base comunista de Textil Bromak LTDA., donde trece militantes renunciaron a su partido en una carta enviada a sus dirigentes, haciéndoles saber su rechazo al proyecto de devolución de empresas, calificándolo de "reformista", y el ingreso de los trece a las filas del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR. Después, vino el acto realizado en el Estadio Nacional el lunes 5, donde los trabajadores entrevistados por PUNTO FINAL rechazaron de plano dicho proyecto.

Ese día, en medio de la cancha, un grupo de obreros sobresalía de la multitud por un gran lienzo que decía: "Pueblo desarmado es pueblo derrotado". Eran obreros y pobladores del Campamento "7 Canchas", que respondieron a las preguntas de PF "oficialmente", es decir, como campamento. Sus respuestas son otra muestra de lo que sucede "allá abajo", donde muy pocos "se atreven a ir, pero que todos dicen representar".

"PUEBLO DESARMADO ES PUEBLO DERROTADO"

¿Es verdad eso?

—Sí, es verdad, usted sabe que si el pueblo no se arma debidamente esto no resulta. Los burgueses están armados desde que nacieron, y hoy nos amenazan. El pueblo está desarmado en este instante porque el reformismo ha impedido que se arme, a través de sus consignas engañosas, a través de su programa que no cambia nada de fondo, con sus políticas economicistas para los sindicatos y para los campamentos. Por esto es que el pueblo está desarmado, porque aquí ha primado el reformismo. Nosotros somos socialistas y creemos que cuando el pueblo realmente se arme no habrá problemas con nada y no existirá la presión constante para la clase trabajadora.

¿Qué dicen del proyecto Millas?

—Vulgarmente se le ha dado en llamar el "proyecto Millas", pero realmente no es así, es el proyecto del reformismo.

¿Cómo nació este campamento?

—Esto no es como otras tomas. Esto salió durante el gobierno de Frei. Eran siete canchas en Barrancas que estaban abandonadas y que la Caja de Empleados Particulares ya les había echado el ojo. Posteriormente, el 70, antes de las elecciones, nos tomamos los terrenos, las 220 familias que actualmente integramos el "7 Canchas Marcos Gutiérrez".

¿Y hubo violencia en la toma?

—Entonces no hubo violencia con carabineros porque al "señor" Frei no le convenía ya que perdía votos, pero si la hubo con el sector burgués. Después de eso hemos tenido problemas con "Patria y Libertad" y otros sectores, pero como estamos muy unidos, no se la pueden con nosotros.

Volviendo al proyecto Millas ...

—Proyecto del gobierno mejor.

Bueno, al proyecto del gobierno, ¿qué han hecho ustedes en concreto para oponerse a el?

—Nosotros como campamento, en una reunión efectuada el domingo a las 11 de la mañana del Comando Comunal de Ñuñoa, con representación de más de 30 campamentos, rechazamos este famoso proyecto del reformismo, porque aquí el señor Millas es cabeza de turco de sus propias políticas, de las políticas del reformismo. Y ese proyecto es del reformismo que en el gobierno tiene a un gran sector que atornilla al revés. Y sucede lo mismo con Lo Hermida. Cuando fue el baleo de Lo Hermida, se culpó a personas, con nombres y apellidos, pero en ese asunto, y hay que decir la verdad, estaba el reformismo metido hasta el cuello y preparaba eso hace como un año.

¿Por qué creen que hoy el reformismo es tan fuerte como para lanzar un proyecto a nombre del gobierno?

—Porque la UP es un conglomerado pluripartidista donde hay efectivamente partidos con bases proletarias, pero lo que sucede es que se olvidan que nos representan a nosotros y entran a representar sus intereses pequeño-burgueses, y entran a hacer concesiones, porque el pueblo no hace jamás concesiones con sus enemigos de clase; son los pequeños burgueses los que transan, y nosotros de repente no tenemos arte ni parte, porque ellos, y no todos porque hay también algunos compañeros revolucionarios, están apitutados en sus puestos y pueden mandar y controlar todo dentro, por supuesto, de este estado burgués.

¿Y qué pasa con esos sectores revolucionarios que hay dentro del gobierno?

—Nosotros los apoyamos a ellos, porque pensamos que hay que seguir impulsando este proceso, que hay que seguir organizando a las capas populares, al proletariado en su conjunto, para que se vaya erradicando este estado burgués, y se vayan creando organismos de poder y aumentar así la conciencia revolucionaria del pueblo. A partir de eso vendrá el fortalecimiento de las armas ideológicas y de los otros tipos de armas para combatir a la burguesía cuando sea el momento.

¿Cómo las que dice el lienzo de Uds. por ejemplo?

—Si, y no es para extrañarse tanto ¿no? Ahí está la experiencia de Bolivia y de todos los pueblos del mundo que han pretendido cambiar el sistema con las puras "armas ideológicas".

Ustedes gritaban "la izquierda unida jamás será vencida" ¿qué significado tiene esa consigna?

—Nosotros gritábamos "la izquierda unida que pase a la ofensiva", no confundamos. Claro que también es lo más importante la unidad. ¿Por qué?

—Mire, nosotros no creemos en la unidad por la unidad. Nosotros no creemos en la unidad en el papel donde firman los secretarios políticos de cada partido y nada más. Nosotros pensamos que la unidad revolucionaria del pueblo se debe producir por las bases, y en esa medida la UP tendrá vigencia, y el proceso tendrá vigencia.

¿Y en torno a qué esa unidad?

En torno al programa de la Unidad Popular y a las tareas que van más allá del programa, ¡por qué no! ¡Y hay que ser francos! El programa de la UP a veces se queda corto. La unidad de los revolucionarios, porque de eso se trata, de que nos unamos los revolucionarios, se está dando en los coordinadores, en los Comandos Comunales de Abastecimiento, en los Consejos Campesinos, para llegar más adelante a constituir la asamblea obrero campesino, y aquí estamos todos, los que estamos dentro y los que están fuera del gobierno.

¿Y los de afuera? ¿Debieran entrar?

—¡Se le ocurre!, nosotros pensamos que no hace falta que estén inscritos en un partido con su carnet y todas esas cosas. Ellos han dicho presente en este proceso a través de la lucha diaria, a través de las peleas que damos todos los revolucionarios para avanzar sin las concesiones de los reformistas.

Para estar juntos, no hace falta que se metan a la legalidad burguesa.

Este acto comenzó con el Estadio lleno, y aún falta para que termine y más de la mitad se ha ido, ¿qué dicen ustedes de esto?

—Los compañeros vinieron con ganas aquí, pero aún no están lo suficientemente radicalizados como para pensar que si hay que sacrificarse 10 horas, se hace. Y sucede esto porque el paternalismo, que está en todo y que es un vicio de muchos, ha sujetado y condicionado a la masa, a un sector importante de ella, a moverse, a movilizarse, sólo cuando hay ciertas condiciones, como la micro, etc. Pero a pesar de todo esto, ha estado bueno, mucho mejor que hace dos meses atrás. ¡Esto se parece a octubre!

Las elecciones son en marzo. ¿Qué importancia le dan ustedes?

—Las que tienen, creemos que son importantes, pero junto a otras cosas, junto a la organización del pueblo, a la organización del poder popular.

¿Se puede saber a quién van a apoyar?

—A Carlos Altamirano.

¿Por qué?

—Porque es el hombre que en sus posiciones políticas es el más consecuente y porque permite tomar sus pronunciamientos políticos como banderas de lucha. Ahí tenemos el discurso de Altamirano en el Caupolicán. Ahí tenemos la presencia de Altamirano junto a los camaradas del MIR. O sea, a través de lo que levanta, nosotros aganchamos, porque son posiciones revolucionarias y la única alternativa dentro de los otros.

GRACIA DOMÍNGUEZ


Conflictos

¿CANAL 9 DEBE SER DE LOS TRABAJADORES O DE LA “U”?

LA radicalización de la lucha por el control del Canal 9 de Televisión de la Universidad de Chile, ha llevado al rector Edgardo Boeninger a hacer tabla rasa de toda la legalidad universitaria, rompiendo con la tradición académica, y a ir todavía mucho más lejos en lo que a esa misma tradición se refiere, poner en tela de juicio la autonomía de la Universidad.

Los caminos por los que ha transitado Boeninger para lograr sus objetivos, para fortuna de él, fueron pavimentados por la propia Unidad Popular que, en este caso de Canal 9, desmovilizó al sindicato de ese medio de difusión, contribuyó con una alzada cuota de sectarismo y transó a nivel de los organismos universitarios con la derecha, que naturalmente en ese oficio le ganó en habilidad y eficiencia. Hoy trata de remediar esos errores.

TRANSACCIONES

Las transacciones comenzaron con el referéndum del año pasado, que aceptó la UP en un intento de pacificar la Universidad, agitada por la derecha contra el gobierno, a través de sucesivas tomas que culminaron con la de la Escuela de Derecho. En el Consejo Normativo Superior donde la izquierda mantenía una cómoda mayoría ocurrió la primera falla, cuando toleró, inexplicablemente en un error táctico de proporciones, el referéndum en las condiciones que lo exigían el rector y los reaccionarios. Los puntos de la consulta fueron discutidos uno a uno por la UP y la DC, pero la izquierda no se jugó, en la parte referente al Departamento de Prensa del Canal, para dejarlo fuera del plebiscito. Su fuerza, en cambio, la usó en la defensa de otros puntos, y en la gestión general arriesgó a este medio de comunicación sin consultar a los trabajadores del Canal. Fue una debilidad surgida de la propia actitud que ha mantenido la izquierda como resultado de su incapacidad para definir una clara política sobre el importante problema de las comunicaciones. Un observador acucioso podría añadir que en ese reinado de la UP en la Universidad —antes de su término, a la pérdida del referéndum—, el sectarismo tuvo su parte de culpa. La izquierda no pudo formar la Corporación de Televisión por la suicida pugna socialista-comunista que impidió ,un acuerdo sobre el nombre del presidente de ese organismo.

CAMBIO DE RUMBOS

La derrota en el plebiscito modificó la correlación de fuerzas y le dio otro rumbo al futuro de la Corporación de Televisión. La izquierda entró a negociar los nombres de los directores que integrarían el consejo de ese organismo y en conversaciones en que participaron el PC, el PS, el Mapu y dos representantes de la DC se llegó a un extraño acuerdo. La izquierda aceptó cuatro directores derechistas, uno de ellos —Eugenio Retamal— como presidente de la Corporación y con un voto ponderado doble, a cambio de dos directores políticos (un PC y un PS) y dos directores delegados del personal de trabajadores del Canal, que serían de izquierda, ya que el Frente Universitario se comprometió a no presentar candidatos. Sin oposición, resultaron elegidos un socialista y un mapu. El enjuague no pudo ser más perjudicial: la izquierda perdió la mayoría en la Corporación, con el voto doble de Retamal, aunque creyó haber hecho un buen negocio al obligar a un quórum de cinco para las sesiones del Consejo. Ingenuamente supuso que al negarse a dar ese quórum tenía la sartén por el mango.

En este acuerdo se ignoró a la asamblea de los trabajadores del 9, ya que ella, previa a esta negociación, había acordado por amplia mayoría rechazar los estatutos de la Corporación y pedir representación paritaria de los trabajadores del Canal en el consejo directivo. La historia de entonces cuenta que el acuerdo de la asamblea incluía además una marcha hasta la Casa Central de la "U" para leerlo en la sala del Consejo Normativo. Personeros universitarios (Barberis y París) de la izquierda detuvieron a los dirigentes y los "convencieron" para que el acuerdo quedara en nada.

DESMOVILIZACIÓN DE LOS TRABAJADORES

El argumento usado fue que era "más fácil pelear en la Corporación que contra el Consejo Normativo, donde ahora se está en minoría". La asamblea entonces volvió sobre sus pasos y ratificó el acuerdo del Consejo que dio origen a una Corporación de Televisión con camiseta derechista. En otras palabras se desmovilizó a los trabajadores y se les llevó a una actitud de quietismo en vez de activarlos contra la maniobra derechista. En el seno del Canal el acuerdo provocó un terremoto en el Departamento de Prensa. La UP unida a la derecha (dos periodistas y tres compaginadores, los mismos que desertaron de la toma del Canal), cambió la dirección, en manos del FTR, y la reemplazó por un socialista y un comunista. Corría el mes de mayo de 1972. Boeninger había designado un hombre de su confianza como gerente administrativo en el Canal (Fortunato Bobadilla) con la misión de constituir el Frente Universitario, que ya estaba en germen gracias a la acción del entonces Jefe del personal, René Cárcamo, hoy becado en la Escuela de Economía. Se tomó como base del FU el departamento de Administración y Contabilidad, bajo el mando del nuevo jefe del personal, Rubén Sola, que quedó como presidente del FU.

ABIERTA ILEGALIDAD

Boeninger decidió entonces que había llegado el momento de actuar en otro terreno. Rota la unidad en el Departamento de Prensa, desmovilizado el sindicato, y decidida la UP a mantener un "statu" en el directorio de la Corporación que creía favorable, se lanzó abiertamente a la ilegalidad. Tomó pie en la consulta Nº 32 del referéndum y llamó a concurso para renovar la planta del Departamento de Prensa, pero no con el acuerdo de la Corporación de Televisión de la U —único organismo legal para convocarlo— sino con la decisión del Comité Directivo dé la Universidad. Primera ilegalidad. El mismo Comité nombró luego a un jurado con mayoría de oposición, sin consultar a los jurados minoritarios si aceptaban o no esta misión, que sólo conocieron cuando sus nombres fueron publicados. Naturalmente, éstos renunciaron. El Jurado falló como tenia que hacerlo. Desde el momento que era parcial designó a 27 periodistas, camarógrafos y archiveros de exclusiva militancia demócrata cristiana, nacional y Patria y Libertad. Segundo atropello, esta vez al "pluralismo" invocado en la consulta 32.

CONSUMADO LOS ABUSOS

Ahora había que legalizar estas ilegalidades y como el camino estaba despejado en gran parte sólo faltaba desbrozar el obstáculo que significaba el quórum de 5 directores para que sesionara la Corporación. Boeninger volvió a usar al Comité Directivo para reformar los estatutos de la Corporación, dándole poder omnímodo al presidente de ella, Eugenio Retamal; quitándole funciones al Director del Canal 9, Carlos Sancho, y —lo que era más importante— rebajando a cuatro el quórum de cinco necesario para sesionar. Tercera ilegalidad, porque estas reformas debieron ser aprobadas por los dos tercios del Consejo Normativo Superior, organismo que ni siquiera ha sido informado de ellas.

Una oportuna gestión paralela a alto nivel fructificó en el seno de la Contraloría. El complaciente contralor Héctor Humeres aprobó lo obrado y el organismo tomó razón en una decisión que puede costarle a su jefe una acusación constitucional, que patrocina el partido Comunista. Después de este hecho sesionó el Consejo de la Corporación, con cuatro consejeros de derecha, que ahora sí aprobaron el concurso para el Departamento de Prensa, la nómina de los periodistas designados y un aumento de sus remuneraciones, que ya estaban cobrando sin trabajar, y que en el caso del nuevo Jefe de prensa, Octavio Neira, fue del 54%.

ATAQUES AL CANAL 9

Comenzó entonces un fuego graneado contra el Canal 9. Se designó a través de la Corporación en nuevas funciones a los periodistas del Departamento de Prensa; fueron requisados por la Casa Central los servicios informativos de telecine Visnews; se intervino la correspondencia del Canal y se ordenó suspender el servicio de cables internacionales UPI. En otro plano se iniciaron gestiones para una acción judicial por usurpación, mientras, violando la autonomía universitaria, se solicitaba una investigación de lo que estaba ocurriendo al Consejo Nacional de Televisión, que fue acordada nombrándose como fiscal al abogado derechista Miguel Schweitzer.

RESPUESTA DE LOS TRABAJADORES

Desde la llamada a concurso los trabajadores del Canal 9 se habían puesto en "estado de alerta", una situación bastante aleatoria, por cuanto seguían funcionando en el Interior unos 25 integrantes del FU a los que había que sumar otros 15 simpatizantes. Los partidos de la UP mantenían una actitud contemplativa, negándose a adoptar cualquier medida de fuerza para responder a la "legalidad" de Boeninger. Cuando se dio a conocer el nombre de los periodistas ganadores del concurso recién la asamblea reaccionó y proclamó lo que se llamó la "toma simbólica" del Canal: un tibio control de vigilancia mínima y la decisión de sesionar con más asiduidad (la asamblea había enterado más de 8 meses sin reunirse).

La reforma de los estatutos provocó entonces un ánimo de intranquilidad, que pareció acentuarse cuando el hombre de Boeninger, Fortunato Bobadilla, puso en tela de juicio, oficialmente, la autoridad del Jefe de Prensa, el socialista Luis Carrera. El hecho planteado por el FTR en la asamblea como un verdadero desafío estuvo a punto de provocar la decisión de ésta de tomarse el canal realmente y expulsar a los integrantes del FU, que habían comenzado a sabotear su trabajo. Una inoportuna intervención socialista-comunista aquietó a la asamblea y no pasó nada.

LA TOMA DEL CANAL

Dos días más tarde los acontecimientos abofetearían a los trabajadores cuando Eugenio Retamal dio a conocer la decisión de la Contraloría. Allí fue el despertar. El comité de conflicto, que funcionaba con la representación paritaria de la UP y el FTR, y que tampoco se había conmovido con los acontecimientos pese a los debates internos, reaccionó positivamente y aceptando una proposición de sus sectores más radicalizados propuso la toma a la asamblea. Esta la acogió por unanimidad y hasta las "últimas consecuencias".

La situación de empate había terminado. Los trabajadores, por fin, pasaron a la ofensiva. Esta actitud tuvo una respuesta increíble. Por un lado trabajadores, campesinos y estudiantes, de sindicatos, comandos comunales y las más diversas organizaciones de masa comenzaron a afluir hacia el "Nueve" en una sorprendente caravana de solidaridad. 160 diversas entidades tienen archivadas ya su adhesión, también hasta las últimas consecuencias, con Canal 9. Una noche —después de la reunión del MIR en el Caupolicán— cinco mil obreros, campesinos y estudiantes llenaron las calles aledañas a ese medio de comunicación. El "Nueve" surgió así, realmente, como representante único de la clase, como el Canal del Pueblo, el Canal de los trabajadores.

Esta expresión de solidaridad ha contrastado en la indiferencia oficial de la CUT, la inoperancia del Partido Federado y la actitud a nivel de comisión política de los partidos de la UP.

UNIDAD COMBATIVA

Por otro lado la situación, abonada por las posiciones combativas, plasmó una acción unitaria dentro del comité de conflicto. La UP y el FTR marcharon unidos en la movilización de los trabajadores. La toma fue elemento aglutinante de esta acción. En los techos del Canal comparten hoy guardias nocturnas y de madrugada MIR, PC, FTR y PS, Mapu e Izquierda Cristiana. Se limaron todas las asperezas y abundaron las seguridades de que el conflicto no será transado el 4 de marzo, fecha fatídica que por repetida en los círculos oficialistas pena todavía en el ánimo de muchos.

El Partido Comunista ha reafirmado que el Canal 9 no puede correr la suerte del diario El Sur ni La Mañana, de Talca, ni que aceptará que haya transacciones a la manera de Radio Agricultura de Los Angeles. Los socialistas del Canal —a pesar de su primitiva actitud en los comienzos del conflicto— están mostrando una radicalización absoluta. Mapu, Izquierda Cristiana y FTR tienen igual posición de intransigencia frente a la solución definitiva del conflicto.

EL FUTURO DEL CANAL

Por su parte la asamblea de los trabajadores ya no está desarmada. Ahora discute cuál será el futuro del Canal y su participación en la nueva programación. Su movilización es impresionante. A una tentativa de presión económica intentada por la Corporación en el sentido de pagar los sueldos de enero, condicionados a la aceptación de una llamada Circular Nº 1, respondió con una movilización masiva al local de Amunátegui 73 donde se realizaba —ilegalmente— la paga. Los trabajadores firmaron su planilla, no extendieron una segunda firma que se les requería y rompieron delante del propio Retamal, que controlaba la operación, el texto de la Circular. Los periodistas no se han pagado de la nómina que les fue confeccionada. Han sido ayudados por el sindicato, mientras se desarrolla una amplia campaña de venta de bonos para reforzar el funcionamiento "después de marzo" del Canal 9.

Un fantasma, sin embargo, pena en este panorama. Si el Canal 9 es efectivamente del pueblo y de los trabajadores ¿cuál será su futuro? ¿Debe permanecer en el seno de la comunidad universitaria o, fuera de ella, volcarse a su misión fundamental cual es la expresión de la lucha de clases? ¿Quién tiene más derecho sobre el Canal: la clase trabajadora o el Frente Universitario? La ley de Televisión, al definir la concesión de los canales autorizados en Chile, le da a la Universidad la tuición del 9, en un derecho limitante y elitista. No hay que olvidar que la lucha de clases pasa por el dominio de las comunicaciones y que si las fábricas no son legalmente del pueblo, este debe conquistarlas igual.

PATRICIO GARCÍA


Entrevista

LA JUSTICIA CLASISTA, UNA MONSTRUOSIDAD

EL 31 de enero, los magistrados de la Corte Suprema de Justicia y de la Corte de Apelaciones de Santiago, fueron agasajados —whisky, caviar y cigarrillos importados— por los dirigentes de la colonia árabe residente. El agasajo tuvo lugar en el Estadio Palestino, a puertas cerradas y con sobremesa de cuatro horas. El diálogo fue conducido por magnates industriales de empresas privadas y ex propietarios de ex empresas privadas.

Las experiencias recogidas en dos años en la subsecretaría de Justicia, (1970-1972), las de siete años de trabajo profesional y cátedra universitaria, y el contacto voluntario con el problema de la administración de justicia en los sectores marginados, autorizan un conocimiento de este problema que, aunque no tan detonante como el hambre o la falta de viviendas, afecta prácticamente todos los problemas, vitales y menores, de la vida social.

José Antonio Viera Gallo, uno de los críticos más activos del actual sistema judicial chileno, caminó desde esas experiencias anteriores, hacia la candidatura a una diputación del primer Distrito, por el Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU).

PF: —En agosto de 1972, interrogado también por PF, Ud. desde su cargo de subsecretario del ramo, reconoció el carácter clasista de la justicia. Ahora, sin cargo oficial, PF reitera la pregunta, solicitando que agregue algunas comprobaciones sobre ese juicio.

J.A.V.G.: —La comprobación más clara a través del ministerio se da en la observación de la población penal. Más del 80 por ciento de las personas presas están en las cárceles por faltas que no merecen privación de libertad, y, por otra, muchas personas que deben estar en la cárcel, no lo están. Un ejemplo claro de estas últimas lo constituyen los especuladores y los traficantes de drogas. En las cárceles están los consumidores de drogas, pero no están los traficantes ni los contrabandistas de las mismas. En Antofagasta, cito otro ejemplo, se "perdió" un expediente con el proceso contra un grupo de implicados en ese contrabando.

PF: —Esta comprobación emana de aquello en que tanto se ha insistido en los dos últimos años: el sentido clasista de la justicia. ¿Pero ello tiene más ramificaciones...?

J.A.V.G.: —Realmente el ejemplo anterior tiene un significado muy profundo y muy real, pero paralelamente a ello, se puede hablar de la falta de acceso a la justicia, que es la imposibilidad de la gente de hacer valer sus derechos amenazados. Cuando una inmensa mayoría se ve imposibilitada de reclamar sus derechos, la justicia es un mito. Hay una incapacidad estructural de la sociedad y del sistema para que esa mayoría ejercite su derecho a la justicia.

Concretamente está en esa situación la mujer de escasos recursos, abandonada por el hombre, y que no puede iniciar un juicio de alimentos; el obrero que sufre un accidente del trabajo y no puede demandar a su empresa; los padres de un niño que es atropellado. Son dramas cotidianos. Es en la práctica, un martirologio de miles y miles de personas, de escasos recursos.

PF: —¿Y en el otro extremo hay también ejemplos relevantes?

J.A.V.G.: —Evidente, están los clásicos casos políticos, como el juicio contra los asesinos de Schneider.

—Los jueces excusan esta situación diciendo que si "el derecho es capitalista, aplicamos leyes capitalistas; si el derecho es socialista, aplicamos leyes socialistas". Esto es una interpretación de la vieja idea de Montesquieu: el juez es boca de la ley. Sin embargo, toda la teoría jurídica moderna señala que el juez no sólo selecciona hechos de un pleito, sino selecciona los principios legales que aplica; hay una cierta liberalidad que tiene una connotación política amplia. Caso concreto: el caso Schneider. La Corte Marcial castigó esa conducta eligiendo el delito de "secuestro sin intención de daños", y no el de "secuestro con consecuencia de muerte".

Hay que tener algo claro. El sistema jurídico también está afectado por la lucha de clases. Siempre contiene normas que la clase dominada le ha arrancado a la clase dominante. Por lo tanto hay contradicciones dentro del sistema jurídico y ello hace posible la existencia de jurisprudencias, alternativas, fallos alternativos y aplicación de leyes alternativas.

—Esto se ve reforzado porque la misma evolución de la cultura hace cambiar el significado de los términos en que está formulada la norma legal.

—Esta evolución se acelera en los procesos de cambios. El concepto de "orden público" tiene en el Chile de hoy, un significado totalmente diferente al que tenía en la época de Alessandri o de Frei. Los que hoy atentan contra el orden público son otros y con otros objetivos.

—Llega a ser un mito el hecho de que NO puede haber una justicia realmente libre donde NO puede haber un poder discrecional del juez del cual él no sea responsable. El juez no puede culpar a las leyes.

—Concretemos otro ejemplo. La Corte Suprema siempre interpretó la ley de Reforma Agraria conforme a los criterios del Código Civil. Es un absurdo. El Código Civil es precisamente fruto de la oligarquía terrateniente que pretendió asimilar el liberalismo. La ley de Reforma Agraria fue una iniciativa del gobierno anterior, tiene muchos vicios, pero no puede negarse que, en cierta forma, tiene una tendencia, una cierta orientación socializante. Ahora, todas estas iniciativas de un gobierno socialista —intervenciones, requisiciones— pueden aplicarse legalmente.

PF: —¿Existe algún avance en el campo jurídico, contrarrestando estos vicios que Ud. anota?

J.A.V.G.: —El avance más amplio en el campo jurídico es la nacionalización del cobre. Pero a la vez, yo dudo que los tribunales asimilen eso que es texto constitucional, como principio fundamental para considerar los conflictos de propiedad. Ese principio, y los principios constitucionales como la igualdad ante la ley, la no existencia de clases privilegiadas, deben ser aplicados y permitirían, ellos solos, cumplir a los jueces una función de avanzada. En lugar de eso, los jueces, actúan en forma exactamente opuesta: la clase obrera pierde así en los tribunales, lo que ha logrado en el Parlamento.

PF: —A los cargos de clasismo, se añade los de corrupción funcionaría. ¿Existe ella, qué dimensión tiene, cómo se detecta?

J.A.V.G.: —Existe un tipo de corrupción, esa corrupción sorda. Ella está muy generalizada, especialmente en los juicios criminales y a nivel de actuarios. Es lo que se conoce vulgarmente como "aceitar al actuario". A nivel de jueces no he sabido de casos de esa naturaleza.

—Sí, el más escandaloso a este último nivel fue el problema del contrabando de drogas en Iquique. Lo menos que se puede decir es que "había vista gorda bien remunerada". Las denuncias las hizo el Consejo de Defensa Fiscal y el abogado —democratacristianos— Manuel Guzmán Vial. ¿Cómo se les sancionó? A unos se les quiere hacer jubilar; a otros, se les traslada.

—Incluso dentro de los principios liberales de la llamada independencia del Poder Judicial, figura aquel de que el tribunal superior no puede violentar la conciencia del tribunal inferior. Aquí se está violentando la independencia.

—Aún más. Los que emiten esas condenas se basan en una norma del código orgánico de tribunales que prohíbe a los jueces hacer política; yo me atrevo a plantear aquí que esa norma es inconstitucional. La Constitución garantiza a todos los habitantes del territorio nacional el derecho a expresarse y emitir juicios políticos. No hay principio que restrinja esos derechos.

PF: —De estos vicios, de estas irregularidades, ¿hay conciencia social?

J.A.V.G.: —Evidentemente, y ese es un avance más. La sociedad chilena está mucho más consciente hoy de los problemas que derivan para ella, de la actual administración de justicia. Pero, a su vez, es difícil para esa sociedad cambiar a sus jueces. Atemorizados por la ley del terror, cómo se va a pedirles que tomen posiciones avanzadas. Es pedirles que se arriesguen a ser destituidos, presionados. En el fondo es pedirles ser héroes. Y lo peor, mientras todo esto no se cambie, el Poder Judicial sigue en la estratosfera, casi sin tomar conciencia.

PF: —Y las formas de autodisciplina popular. ¿En qué dimensión están operando?

J.A.V.G.: —Hay muchas y muy desarrolladas, funcionando en los campamentos. Sin embargo ellas requerirían de un apoyo de la legislación para darle más poder. Ello depende de la conducción política global del país. En el campamento Che Guevara funciona, por ejemplo, una forma de autodisciplina con un reglamento interno que ellos mismos se han dictado. También en muchos otros. Existen, operan y son eficaces.

PF: —¿En el contacto que Ud. ha sostenido ahora —no ya como subsecretario de Justicia sino como candidato a un cargo parlamentario-— con la masa obrera, los pobladores, qué reacciones frente a la administración actual de justicia detecta?

J.A.V.G.: —Reacciones espontáneas y claras que puedo graficar: 1) La justicia No funciona; 2) la justicia le hace "la neumática" al pueblo, al gobierno y al proceso; 3) no resuelve nuestros problemas.

Hay situaciones muy claras. Por ejemplo, en los casos de desabastecimiento, los delitos cometidos no son denunciados a los tribunales. Nadie los lleva allí. Por otra parte, la gente no sabe qué hacer para cambiar esta situación. Nota que es una monstruosidad con la cual no quiere meterse.

—Pienso que es un gran avance que exista una conciencia negativa de rechazo. Y estimo que lo que falta es dar el salto cualitativo.

MARÍA ELENA ISLA


Reportaje

UN FUENTEALBA CON ANSIAS PRESIDENCIALES

RENÁN Fuentealba, actual presidente de la Democracia Cristiana, aparece otra vez hilvanando una extraña madeja política que recuerda, por algunas características similares, a la que le sirvió hace diez años, en 1963, para tejer la victoria presidencial democratacristiana, cuando resultó elegido presidente de la República, Eduardo Frei.

Hace diez años, Fuentealba estaba recogiendo frutos políticos después de una paciente espera como diputado por Coquimbo, posición que se había labrado tras ejercer la abogacía en Illapel. Había emigrado al valle de Elqui, donde impulsado por el carácter enérgico de su mujer, Carmen Vildósola, se había convertido en un "abogado del pueblo" lo que le dio cierta relevancia en la zona.

La campaña de regidores de la Democracia Cristiana en 1963, hecha por el partido con miras a la presidencia de 1964, sirvió para mostrar el talento directivo de Fuentealba. Bajo el slogan de "su gobierno comienza en el municipio", las elecciones de entonces mostraron un incremento de la DC, ubicada en una tercera posición, entre el FRAP y la Derecha, que se mantuvo hasta la elección de Curicó, donde el "naranjazo" (triunfo del socialista Oscar Naranjo) provocó el derrumbe del Frente Democrático, que integraron radicales con la derecha, llevando como candidato a Julio Durán.

La actitud democratacristiana, en ese tiempo, era de lucha violenta contra la derecha. Existía resentimiento en las filas del PDC por el robo que conservadores y liberales habían hecho a Juan de Dios Carmona de su triunfo de una senaturía por el Norte Grande, a beneficio del radical Juan Luis Mauras. La DC y el FRAP marchaban de la mano y ambas colectividades por intermedio de los senadores Allende y Frei intervinieron en el Congreso Pleno para interrumpir al presidente Alessandri, en una sesión que terminó en medio de una gran batahola, con intervención de Carabineros.

Fuentealba, presidente del PDC, había integrado su máquina con gente nueva y designado secretario general a un militante de la 10ª Comuna, José de Gregorio, quien, en ese entonces, trabajaba en la oficina de propiedades del regidor conservador Jaime Egaña. Otros descubrimientos del presidente de la DC y que después darían que hablar fueron; Marco Antonio Rocca, José Manuel Salcedo, Luis Oyarzún, Raúl Troncoso, Patricio Rojas, Juan Hamilton y Rafael Moreno. Todos ellos fueron la base de lo que se llamaría más tarde la "Cosa Nostra".

La derrota de la derecha en Curicó cambió los planes de esta máquina electoral "fuentealbista". Desbandados los conservadores y liberales, la táctica se volcó a ensamblarlos en la Democracia Cristiana para utilizar sus votos en la presidencial de 1964. Allí comenzó también la extraña ambivalencia del PDC que se ha prolongado hasta hoy: una directiva aparentemente democrática, defensora de postulados ideológicos, fingidamente digna e incorruptible, y otro sector a cargo de las campañas del terror, de los contactos con la derecha, del manejo de los fondos que llegan del extranjero.

La victoria presidencial llevó a Renán Fuentealba, imitando a sus correligionarios, a preocuparse de formar su propia situación personal. No tenía posibilidad de triunfar en Coquimbo, ya que las posiciones de Alejandro Noemí e Ignacio Palma allí eran fuertes. Volcó su influencia, entonces, y se designó candidato a senador por Bio-Bio, Malleco y Cautín, donde incluyó en la lista a Ricardo Ferrando, un profesor de historia del liceo de Temuco, y al agrario laborista José García. Pero tenía enemigos poderosos a los que eliminó por la vía sencilla de cambiarles su postulación electoral por seguros y bien rentados cargos diplomáticos. Así fueron designados embajadores Julián Echavarri, en España; Héctor Barrueto, en Costa Rica (en la vacante que dejó De Gregorio, cuando le negó el pase el Senado), y Sergio Sepúlveda, y el campo senatorial de Bío-Bío, Malleco y Cautín quedó libre, con la excepción de un "mosquito": Alejandro Hale, que no aceptó cargo diplomático alguno y fue a la lucha como representante del agrario laborismo.

Todos pensaron que el reposo del guerrero Fuentealba transcurriría tranquilo en un curul del Senado, disfrutando del desbande de la derecha y de la tremenda victoria del PDC en las parlamentarias de 1965. Pero no. Fue requerido nuevamente en dos ocasiones. Una, cuando debió parar el frenesí del inquieto senador Tomás Pablo, a consecuencias de lo cual volvió a la palestra Edmundo Pérez Zujovic, quien había sido desplazado por el grupo del comando de la campaña que encabezaba Alvaro Marfán, ahora con poderes casi omnímodos; y luego cuando se eligió presidente del partido a Patricio Aylwin. Esta intervención última se desarrolló en medio de la primera lucha de tipo ideológico que se dio en el PDC gobernante y que enfrentó a Aylwin, candidato de La Moneda, con Alberto Jerez, diputado por Concepción. Fue la revancha de Marfán. El combate se dio entre el partido y el grupo "campana presidencial", vale decir el propio Frei. Jerez perdió la elección por 70 escasos votos, después de una intervención dramática de Gabriel Valdés, en que éste planteó que la victoria de Jerez significaría la crisis del gabinete. La maniobra, que luego repetiría personalmente Frei en 1968, en Peñaflor, impresionó a los delegados de provincia que a último momento volcaron sus votos hacia Aylwin.

Fue la época de 1965, en que las prerrogativas presidenciales triunfaron sobre el partido. Luego habrían de canalizarse otras corrientes, los terceristas y los rebeldes, que afloraron en el período transcurrido entre 1965 y 1967. En ese lapso la derecha desbandada mostró su capacidad revitalizadora y se unió para formar el Partido Nacional. 1976, año de elecciones de regidores, mostró una baja considerable en el porcentaje de votos democratacristianos. Del 44.95% alcanzado en 1965. el gobierno de la DC bajó a sólo el 36.26 del electorado. La oposición obtuvo el 63.74%.

Frente a esta circunstancia, en ningún momento, la oposición planteó entonces el plebiscito o el retiro de Frei de la presidencia. Por su parte el Consejo Nacional de la Democracia Cristiana se abrió al diálogo "con otras fuerzas políticas que estén dispuestas a acelerar los cambios que el país necesita".

Meses después, en junio de 1967, la izquierda dio otro golpe a la DC, cuando eligió como senadora a María Elena Carrera, en una elección complementaria en las provincias de O'Higgins y Colchagua.

En julio de 1967 hubo elección de mesa directiva democratacristiana y en ella triunfó la alianza tercerista-rebelde, con Rafael A. Gumucio, como presidente, quien luego —en octubre— entraría en conflicto con el presidente Frei a raíz de su proyecto de emisión de bonos para pagar reajuste compensatorio, los mismos que fueron bautizados como "chiribonos". El conflicto habría de dirimirse en 1968, en una Junta Nacional del PDC en Peñaflor con la derrota de terceristas y rebeldes, debido a la intervención personal de Frei. Jaime Castillo asumió la presidencia del PDC, por corto plazo ya que se avecinaban las parlamentarias de 1969 y se avizoraba la presidencial de 1970.

Aquí es donde reaparece en escena Renán Fuentealba. Es el hombre que recuerda el triunfo electoral de regidores en 1963, que pavimentó la victoria presidencial del 64. El título es suficiente para que vuelva a la presidencia del PDC y detenga el descenso electoral democratacristiano, a la vez que cree condiciones nuevas en vista a la campaña presidencial de 1970.

Fuentealba cambia entonces la línea del partido y le imprime una tónica violentamente antiderechista, que alcanza su clímax en un violento discurso en la plaza Bulnes en que plantea que la DC sólo puede ir a la presidencial con el FRAP. La candidatura de Tomic es un hecho y el propio candidato ya está en Santiago. Pero las circunstancias obligan a una nueva Junta de la DC, donde se anuncia un discurso de Frei para lograrla unidad y que en última instancia éste no pronunció porque su batalla estaba perdida. Se vota la mesa que gana Fuentealba por magros diecinueve votos, pero el triunfador en un gesto heroico renuncia y el PDC se queda sin mesa y sin candidatos, porque Tomic ha renunciado anunciando que "jamás servirá mi nombre para abofetear a la izquierda". Rodrigo Ambrosio se margina, Gumucio renuncia al partido y se forma el MAPU.

Sin embargo, Fuentealba estima que no todo está perdido. Hay que esperar y dar la pelea por Tomic, naturalmente encabezados por Fuentealba. Se llega así a la Junta Nacional de agosto de 1969, en que se logra la unidad en torno a Tomic. Pero el grupo freísta derrota a Fuentealba e impone una mesa de transacción que preside el senador Benjamín Prado.

La victoria de la Unidad Popular con Salvador Allende y la derrota total de Tomic, por el apoyo freísta volcado hacia Alessandri, reflota a Fuentealba en la Junta Nacional de 1970. El presidente saliente —Benjamín Prado— ha ganado en el interior del PDC la batalla para apoyar a Allende en el Congreso Pleno, pero los freístas vuelven con renovado brío al ataque y ahora proponen a Fuentealba una mesa de transacción en la que se incluya a Andrés Zaldívar, el ex ministro de Hacienda de Frei. vocero de la "campaña del terror". Fuentealba rechaza la proposición y sí la acepta Narciso Irureta, un aparente proizquierdista que al día siguiente de su elección cambió de posición. Con él la marcha del PDC hacia la oposición virulenta se concreta. El impone a Oscar Marín, un radical derechista, oficializado velozmente democratacristiano, como candidato de la oposición en la elección de Valparaíso (1971); él provoca la salida de los últimos izquierdistas de la Democracia Cristiana, que forman la Izquierda Cristiana.

Pero los acontecimientos que marchan rápidos obligan a nuevos cambios. El partido Nacional crece aceleradamente y el nombre de Onofre Jarpa comienza a hacerle el peso a Frei. Otra vez se piensa en Fuentealba como presidente del PDC y ahora con la idea de hacer de la campaña parlamentaria del 73, el trampolín hacia la victoria en las presidenciales del 76. La misma táctica exige al mismo hombre. Fuentealba, de nuevo presidente, actúa a igual que en 1963. Designa como secretario general a un De Gregorio renovado, sin historia política; al ex gerente de ECA. Belisario Velasco. Nombra vicepresidente a Felipe Amunátegui. abogado de Jorge Yarur, ex contendor liberal de Marco Antonio Rocca en una elección de la Escuela de Derecho, y se apoya en una nueva "Cosa Nostra". La integran Rafael Moreno (como jefe) los dos ya nombrados, Velasco y Amunátegui. y Fernando Irarrázabal (finanzas), Reinaldo Sapaj y Genaro Arriagada (Depto. de Comunicaciones).

La analogía con 1963 es notable. Fuentealba ha desplazado a los Aylwin y a los Carmona. Es Gulliver en Liliput, totalmente volcado a la derecha, pero no para apoyarla sino para impedir que siga creciendo. Su sueño es desplazar antes de 1976 al propio Eduardo Frei y ser él el futuro candidato de la DC. con apoyo eventual de radicales democráticos y del PIR. A su juicio es la única forma de quebrar la hegemonía derechista que busca Onofre Jarpa.

M.D.B.


Lucha ideológica

YO ACUSO AL BUROCRATISMO

NELSON Villagra, cuyas interpretaciones en los roles protagónicos del cine chileno que vio la luz antes de 1970 impactaron a la critica mundial, señaló que en dos años del nuevo gobierno el ente estatal Chile Films no produjo una sola película.

Durante una entrevista con PP, dijo que "lo poco que se ha hecho en cine partió del esfuerzo arriesgado de grupos de realizadores independientes. Así no se puede seguir. Falta una política cinematográfica, como falta una política cultural decidida y firme para los medios de comunicación en manos de la izquierda. En resumen; hay una debilidad general en dar la batalla ideológica de fondo, en una circunstancia histórica en que pasa a ser importantísima. En este campo, una vez mas, la reacción tiene la ofensiva y la respuesta de la izquierda es débil, dispersa, a la defensiva".

TESIS DE LUCHA

El actor, nacido en Chillán en 1937, guarda el temperamento campesino de su juventud. Desarrolla un diálogo conceptual, sin alharacas, pesando cada una de las frases, mientras repasa tramos de la "Pauta para la discusión de una política cinematográfica", una seria y sistematizada tesis de trabajo y lucha elaborada por el Frente de Trabajadores Revolucionarios (FTR) del cine.

En la entrevista subraya que cualquier trozo de ese folleto puede aparecer en su boca, ya que lo suscribe plenamente. Pese a ello, en el diálogo comenta la problemática general de esa "batalla ideológica" a cuyo campo de guerra la izquierda se demora en hacerse presente.

"Las deficiencias, la insuficiencia ideológica se advierten a diario en los medios de comunicación en manos de la izquierda, tanto en lo político como en lo técnico, denuncia Villagra. Mientras tanto, es la gran masa de trabajadores la que se ve perjudicada al no contar con instrumentos eficaces de conocimiento y orientación para visualizar a sus enemigos y las perspectivas concretas y los pasos necesarios para avanzar en la revolución chilena. Todos los problemas suscitados en este frente, son reflejo de una debilidad general, precisamente porque no hubo una política clara de la UP al respecto. Se produce una dispersión absoluta, y al no concentrar el fuego se acentúa aún más la debilidad existente. No hay planificación. Los periodistas de izquierda, por ejemplo, exigieron en asambleas una política ofensiva en esos medios. Pero, ¿qué ocurrió? Después de elaborar importantes documentos regresaron a sus respectivas redacciones y se encontraron con que las direcciones seguían imponiendo sus puntos de vista anacrónicos, su sectarismo de parcela, su reformismo y populismo. Esas direcciones prefirieron seguir poniendo una pilucha, o un crimen morboso, incluso en días en que se jugaba el destino del proceso. ¿Cómo hay que calificarlo? Los trabajadores, entretanto, que para los compañeros de los medios de comunicación de izquierda son y deben ser los protagonistas del proceso y de la noticia, siguieron relegados a parrafitos intrascendentes. Esta falta de una política, de una estrategia de lucha ideológica, se deriva de las vacilaciones de sectores de la conducción del gobierno y de la UP. Es como si se temiera el enfrentamiento en ese terreno, cuando las ideas del proletariado son siempre las más justas y correctas, más aún si se las expresa y desarrolla con claridad, sin subterfugios, de cara a la clase y de frente al enemigo. Claro, ¿cómo concordarla una política ofensiva para los medios de comunicación con la estrategia que trata de sectorizar al enemigo, que no ataca de frente al imperialismo, que no le ha suspendido el pago de la deuda leonina contraída por gobiernos reaccionarios, que no ataca de frente ni siquiera a la burguesía. Téngase en cuenta que el imperialismo y esa burguesía atacan al gobierno y al pueblo con todo lo que tienen a mano, una artillería que bombardea cotidianamente en la mente del pueblo. En este sentido es criminal que se sigan pasando por televisión esas seriales norteamericanas que hacen la apología del sistema capitalista y que en el fondo atacan los intereses de Chile y de su pueblo. No hay ideología, o mejor dicho, no hay ideología proletaria, porque en realidad los valores que se expresan y exaltan más de una vez son eminentemente burgueses. Es hora ya de encarar, aunque parezca tarde, el cuestionamiento global, encarnizado, de los valores culturales burgueses, individualistas, de élite, cuando existe toda una masa marginada por largos años del conocimiento, la técnica, la educación. La pelea de los revolucionarios, hoy, debe ser la pelea por el poder para la clase obrera, y esto debe expresarse también en la lucha ideológica, desmenuzando la ideología burguesa y todas sus infiltraciones, como el reformismo, que a esta altura ya viene siendo nefasto, siniestro para la clase. Debemos exigir, por lo menos, mayor análisis, combatividad, veracidad y sólo quienes no quieren en el fondo la revolución pueden temer decir la verdad revolucionaria al pueblo, una verdad que debe servir para organizar y conducir al proletariado a la conquista de todo el poder político. En la realidad diaria, todo se desmerece, todo se entibia, se concilia, y así se confunde, desorienta y desmoviliza a las masas. ¿Por qué no tienen su propia página, bien destacada, su propio espacio, los Consejos Comunales, los Cordones Industriales, las JAP? ¿O acaso se teme que esos primeros embriones de poder popular se desarrollen? En los hechos, la pequeña burguesía conduce sin contrapeso, con los resultados generales conocidos. En vez de servir ella los intereses del proletariado, parecería que la cosa fuera al revés, que la clase obrera fuera como furgón de cola de los pequeño-burgueses en los medios de comunicación. En cuanto al cine la situación llegó a ser critica".

UN CINE REVOLUCIONARIO

Nelson Villagra repasa un capitulo del folleto del FTR del cine, mientras en la cocina sus hijos se lanzan al almuerzo. "Te decía lo del cine. Bien, cabe una primera precisión y es que los realizadores de cortos y largo-metrajes son en su mayoría independientes de izquierda, es decir, no están encuadrados en los partidos de la UP. Por otra parte, la falta de una política de producción cinematográfica afecta a todos los compañeros realizadores, técnicos, actores y obreros de izquierda, sea cual sea su partido. En noviembre de 1970, se abrió en Chile Films un gran proceso vital, combativo, dinámico, como en todo el país en los primeros meses del gobierno. Pero los cuoteos, el sectarismo y otras cosas deformaron el asunto, y en dos años no se produjo nada en esa empresa estatal, que tanto había esperanzado a los trabajadores del cine.

Pensar que hay un gran mercado abierto para el cine chileno revolucionario en el mundo, por la expectativa misma que se tiene ante nuestro proceso, y que el cine podría aportar una suma nada desdeñable de divisas. Máxime que ese cine chileno ya era conocido antes de 1970 por las películas de Ruiz, Littín, Francia y otros. Como dice en este trabajo del FTR, el enemigo se ha hecho fuerte en los medios de comunicación, y en el cine, ha hecho su gran negocio económico y político en la distribución y exhibición, un negocio que por último se tradujo en penetración cultural por parte del imperialismo norteamericano. Nosotros proponemos la creación de una Distribuidora Nacional que le tranque el paso a esa penetración y permita que el dinero del pueblo, regrese al pueblo y no vaya a parar a bolsillos privados, es decir, que no sigamos haciendo ricos a nuestros propios enemigos de clase y de nación. Proponemos una política revolucionaria que abarque la producción, distribución, exhibición y la formación de cuadros cinematográficos. Esto es inaplazable, pues, estamos perdiendo una herramienta poderosa para emprender la batalla ideológica contra el enemigo de clase desenmascarando ante el pueblo sus políticas reaccionarias y explotadoras, sus conductas decadentes, anteponiendo los intereses de los trabajadores, la lucha proletaria por la conquista del poder. Proponemos la creación de las tres áreas de la producción cinematográfica, el crédito regular y reglamentado por parte del Estado, todo ello con la más profunda participación y control de los trabajadores a través de un organismo centralizados coordinador y planificador. La distribución y exhibición las vemos más allá del circuito comercial tradicional, extendiéndose en forma prioritaria hacia los frentes laborales, poblacionales y campesinos, en coordinación con los Comandos Comunales y Consejos Campesinos. Para el cine de 35 mm., que es el que más ve la masa, planteamos el traspaso al área social de todos los medios de exhibición y empresas distribuidoras pertenecientes a compañías norteamericanas o extranjeras, sin ninguna indemnización. NO sólo eso sino también la expropiación de todos los consorcios de particulares, el control total de la programación y la suspensión total de las películas que exalten políticas reaccionarias o valores ajenos a los intereses fundamentales del pueblo, y la creación de cines móviles que cubran las zonas urbanas y rurales que no tienen salas".

EL CINE CHILENO

Villagra atiende repetidos telefonazos. "Soy un cesante disimulado", aclara con sorna, "y el noventa por ciento de mis colegas lo son", una confesión que los críticos extranjeros, que alabaron su trabajo en "Tres Tristes Tigres" y "El Chacal de Nahueltoro" recibirán con perplejidad. A esta altura se deben estar preguntando por qué aquel cine chileno que irrumpió en 1969 no produce noticia a dos años del nuevo gobierno. Próximamente conocerán "La Tierra Prometida", filmada a pulmón; donde Villagra y la dirección de Littin encaran el enfrentamiento inevitable entre trabajadores y explotadores. "Mientras nos tenga amagados o paralizados —sigue Nelson— la burocracia, el sectarismo o las políticas vacilantes, que impiden la batalla ideológica, el enemigo está ganando posiciones, nos mete en su juego, avanza contra el pueblo, y esto debe terminar ahora. Ninguna de las causas del pueblo está perdida porque el hecho que fracase el reformismo no quiere decir que fracase la revolución: no es el socialismo el que está fracasando, es la socialdemocracia. Más que nunca se alza en la masa la bandera de la conquista del poder. Soy un convencido que sólo la decisión organizada de los trabajadores del cine podrá crear y poner en marcha una política que ayude al proletariado y sus vanguardias en su lucha por la conquista del poder. En este terreno no puede haber solución individual o de grupitos, sólo colectivamente podremos derrotar los obstáculos y hacer el cine que el pueblo chilenos precisa".

J. H.


Trabajadores

OFENSIVA BUROCRÁTICA CONTRA LOS CONSEJOS COMUNALES CAMPESINOS

A fines de enero se efectuó en Chillán un Encuentro Nacional de Consejos Campesinos elegidos por la base, organizados por el Consejo Provincial de Ñuble. Como objetivos básicos se planteaban la discusión sobre la situación actual de los Consejos Campesinos y sus proyecciones futuras. En el documento-invitación se expuso:

"Creemos que las actuales dificultades son muy grandes; a veces, incluso, hacen casi imposible el funcionamiento y desarrollo de los Consejos. Ellos no están a la altura de las crecientes exigencias que le plantea el profundo y rápido proceso de cambios que experimenta el campo chileno. De continuar esta situación de indefinición e indolencia, los Consejos seguirán siendo como una simple cascara sin vida, como meros canastos o parlantes para repetir y transmitir directivas e informaciones de arriba hacia abajo, pero sin poder, ni voz propia...".

Sin embargo, ocurrió lo que se quería impedir. Emanaron directivas y lineamientos de un equipo burocrático-estatal, en contradicción con uno de los fundamentos de los C.C.C., como es el de constituirse en un frente de clase "con poder e independencia respecto a la burocracia estatal".

Esta situación determinó el retiro de los consejeros provinciales de Cautín —PS, IC y PR—, provincia en la que el 16 de enero de 1971 los Consejos Comunales Campesinos tuvieron su combativa y esperanzada iniciación. Ahí se constituyó el primero por la base, en la comuna de Lautaro. También se marginaron los Consejos de Valdivia, Malleco y parte de los de Colchagua y Talca.

Un dirigente socialista del Consejo Provincial de Cautín, Humberto Bioley, explicó a PP:

—"En verdad, no se nos dio participación. En cambio participaron personeros y funcionarios desconocidos. Hasta un pastor adventista dio una charla sobre cosas que en nada ayuda al proceso campesino. Tuvimos que plantear que nosotros íbamos a discutir cuestiones de fondo y en forma seria. El tope fue cuando vimos que la presidencia estaba entregada a una federación y no a un Consejo Campesino. Debimos protestar por la abierta intervención de funcionarios de Gobierno y porque se pretendía establecer tres directivas para tres plenarias. Esto era inaceptable. A nivel burocrático-oficial se llevaban "preparadas hasta las "conclusiones". Un documento nuestro, con la voz de los Consejos Provinciales de Valdivia, Bío-Bío y Cautín no fue siquiera considerado. Entonces, optamos por retirarnos".

Los miembros del MCR, resolvieron en cambio permanecer presentes para formular sus planteamientos utilizando la tribuna que ofrecía esa reunión.

DEFINICIONES

Alejandro Manque, del MCR, dirigente de Cautín, puntualizó:

El Consejo Comunal es una organización que agrupa a todas las capas de trabajadores que hay en el campo, tanto a los obreros como a los campesinos y pensamos que es un arma fundamental de unidad que las une a todas para luchar por reivindicaciones concretas. Para luchar, por ejemplo, por la expropiación de fundos contra la cesantía, por la salud y por la educación. De ahí que nosotros definimos a los Consejos como un aglutinador de fuerzas, que, a poco a poco, tiene que transformarse en el arma de poder de los campesinos donde participen todas las organizaciones de base, sindicatos, comités de pequeños agricultores, etc., y que lentamente se irá transformando en un arma de los trabajadores.

El ministro de Agricultura, Rolando Calderón, socialista, participó ante los campesinos, que esperaban en el Estadio Municipal de Chillán, escuchar la posición del gobierno, señaló:

—Durante mucho tiempo se ha venido planteando en el campo, a lo largo y ancho de nuestro país, un debate ideológico en torno al papel que deben tener los nuevos Consejos Comunales Campesinos. Hoy el debate ha terminado porque los compañeros campesinos han comprendido que los sindicatos, primera organización de las masas campesinas, deben estar a la vanguardia de la comuna rural...

Tal conclusión, hasta ese instante, no se había decidido. El contexto de las conclusiones, en 35 carillas no se dio a conocer en el Estadio, por su extensión.

Algunas de ellas, sintetizadas, son:

- Creación por la base del Consejo Nacional Campesino. (Aprobada).

- Control por parte de los C.C.C. en la planificación, labor de los funcionarios del Estado, créditos y maquinarias, expropiaciones y todo lo que incida en el proceso del agro, como real participación de los campesinos a través de su organismo de poder, los C.C.C. (Aprobado).

- Derogación de la antigua Ley de Reforma Agraria y activación de un nuevo proyecto que consulte:

a) Expropiación de todos los fundos superiores a 20 hectáreas de riego básico;

b) Redefinición del concepto de 20 has. de riego básico;

c) Expropiación a puerta cerrada sin derecho a reserva y sin pago de tierra;

d) Constitución de centros de producción o CERAS, en todas las unidades reformadas;

e) Entrega de decisión en la aplicación de la nueva Ley de Reforma Agraria a los Consejos Campesinos. (Esta resolución fue aprobada por aclamación).

- Exigir el cambio de estructura de los Tribunales Agrarios. (Aprobada).

- Rechazar el procedimiento o requisito de "personalidad jurídica" para la operatividad de los CCC. El planteamiento básico sostiene que éstos, como organismos de poder revolucionario no deben quedar limitados ni sujetos a la instrumentación dictada por los mecanismos del legalismo burgués.

ANTECEDENTES

Los Consejos Campesinos de Valdivia, Bío-Bío y Cautín, en un documento a todos los Consejeros del país plantean que en esas tres provincias "nos dimos el camino de la unidad. Constituimos los Consejos Comunales campesinos por la base y con participación directa de todos los trabajadores. Es decir, todos los pobres del campo. Con esta herramienta hemos podido avanzar alcanzando soluciones a muchos de nuestros problemas". Precisan que en los C.C.C. "aprendimos a distinguir con mayor claridad a nuestros amigos y enemigos; a conservar una fuerte unidad entre los amigos para golpear duramente a nuestros enemigos".

Respecto a organización y definición de los Consejos Campesinos el documento puntualiza que "en primer lugar los C.C.C. deben transformarse en órganos de poder de los campesinos y tienen que servir de instrumento de poder de los campesinos para luchar contra el poder de los patrones.

En segundo lugar, los C.C.C. tienen que representar directamente a los campesinos de la comuna. Por eso, tienen que ser la organización unitaria del campesinado. Para esto es necesario que sean representativos.

Dicho planteamiento es coincidente con lo sustentado en el Documento Agrario, aprobado en el Congreso del Regional Santiago-Centro del Partido Socialista, que se efectuó el 9, 10 y 11 de junio de 1972. Ahí se planteó que el Consejo Comunal Campesino por la base es la "organización unitaria de todos los campesinos de la comuna. Forma superior, que además de integrar las organizaciones campesinas de la comuna, incorpora a todos los campesinos no organizados. Constituye, por lo tanto, un frente de clase en el cual participan asalariados, minifundistas, pequeños propietarios (posesión de una superficie limitada que permite la ocupación plena de la mano de obra familiar), medieros y trabajadores del sector expropiado.

Los objetivos estratégicos están planteados hacia la conquista del poder total, en conjunto con la clase obrera, incorporando a las decisiones de nuestra sociedad a través del proceso más democrático que nunca vivió nuestro pueblo, al sector más dependiente y discriminado de ésta".

El referido Documento Agrario también afirma que "el trascendental acuerdo de El Arrayán que determina que toda política agraria de este gobierno se canaliza a través de este organismo (Consejo Campesino) no se está cumpliendo en la base. Las causas principales que se visualizan serían, en primer lugar, un alto grado de esquematismo e inercia que conduce a seguir operando dentro de los cauces tradicionales; agudo desconocimiento de la realidad objetiva y subjetiva agraria; sectarismo, que tiende a conservar el control de grupos de campesinos como parcelas políticas; menosprecio hacia la actividad creadora de las masas; bajo nivel político de los funcionarios del agro; el activismo político de los partidos de la UP no se ha orientado en concordancia con los acuerdos de El Arrayán; las instituciones del Estado han restado su apoyo a las acciones e iniciativas campesinas". "Como conclusión general —indica el documento— puede afirmarse que falta una conducción política adecuada a las resoluciones adoptadas en la dirección central".

OPINIONES

El secretario general del Consejo Provincial de Cautín, Félix Huentelaf, al comienzo del Encuentro en Chillán planteó la posición del MCR:

—Nosotros, nos quedamos cuatro compañeros —me informaron que se habían retirado cinco Consejeros— para colocar nuestras políticas. En este momento nos damos cuenta que estamos dando una lucha contra lo que estaba "cocinado". Este era un "encuentro" de C.C.C. para sacar más fuerza. Nosotros sabíamos que esto venía manejado desde arriba, por funcionarios. Pero, como campesinos que hemos trabajado por y con los C. C.C., hemos planteado nuestra política, ya aprobada en el 2º Congreso de Cautín y la reiteraremos ahora. Por eso nos quedamos. Para discutir con la cabeza fría y dar esta lucha. Nosotros como revolucionarios decimos que hay que seguir políticas correctas. Con el tiempo vamos a convencer al pueblo que estamos en lo cierto. Aunque, como MCR, no estamos dentro de la Unidad Popular, sabemos que a la masa hay que entregarle el pensamiento revolucionario, con mayor razón si las cosas, como aquí, se han traído preparadas de antemano. En Cautín, cuando se hizo el II Congreso de C.C.C, éste fue manejado por nosotros, los campesinos, por las mismas bases. Las bases hicieron los temarios y los discutimos sin funcionarios ni "padrinos". Aquí no hubo nada de eso. Esto hay que decirlo. Esto viene manejado "desde arriba". Nosotros no tomamos como una cosa grave la participación de los sindicatos. Pero, entendemos que esto es un Encuentro Campesino con los Consejos, a nivel nacional. Esto no permite que las confederaciones quedaran en la directiva, con voz y voto. Claro que esto no significa que los Consejos son una cosa y los sindicatos otra. Toda es una sola organización de los trabajadores del campo.

Por su parte, Alejandro Manque, dirigente campesino del MCR, luego de rechazarse la personalidad jurídica para los C.C.C, expuso su opinión:

—Todos sabemos que desde hace mucho tiempo en Chile ha habido organizaciones con personalidad jurídica. Pero nunca han podido luchar más allá de las reivindicaciones, como un aumento de salarios o cosas de ese tipo. Claro que eso sirve, pero no es lo fundamental. Hoy estamos planteando nuestra lucha por el poder, por construir una nueva sociedad y para construir el socialismo. No necesitamos personalidad jurídica. Necesitamos la fuerza de las masas, de los campesinos. Por lo tanto, nada sacaríamos con tener esa personalidad jurídica si no tenemos la fuerza de las masas. Nosotros, los revolucionarios, tenemos que apoyarnos en las masas, en la movilización de los trabajadores. Así vamos a ir empujando y golpeando a la burguesía hasta conseguir el poder total para los trabajadores.

Al finalizar el Encuentro de Chillán, Anselmo Cancino, dirigente de Linares, resumió aspectos fundamentales de la reunión:

—Nos interesa dejar en claro que aquí nos encontramos sin información, ni temario de ningún tipo. Venimos de Linares, donde, si en verdad, no hay C.C.C. formados por la base, hay en cambio un alto porcentaje de compañeros campesinos organizados. Los menos organizados son los compañeros afuerinos, los cesantes. El problema central para nosotros está en la no unidad de la organización campesina. Sin embargo, nosotros, como M.C.R., hemos estado impulsando siempre esa unidad.

—Hemos impulsado —añadió Cancino— la formación de los C.C.C, por entender que son los organismos que realmente representan a todos los sectores campesinos, a toda la clase. En esto nos hemos encontrado con una resistencia de algunos sectores de la propia izquierda. Nosotros, como M.C.R., impulsamos esta política, que ha sido también acogida por tendencias de la UP. Pero, un sector ha tratado de manejar esta situación de no alianza, de no discusión con las organizaciones campesinas que no están bajo su control político. Esto lo consideramos lamentable. Entendemos que en un proceso como éste la alianza de la clase fundamental debe darse en el seno de la masa. Esa alianza entendemos que no debe darse tan sólo en el decir que un sindicato se unió con otro. Se trata de la alianza de organizaciones de masas.

—Nuestra participación —añadió Anselmo Cancino— en este Encuentro ha sido con esa intención. Si bien es cierto, que algunos compañeros se retiraron por algún malentendido, debo dejar en claro que los compañeros del M.C.R. se quedaron con ese interés de discutir, de analizar y de clarificar las cuestiones centrales. Ese objetivo se cumplió. Tenemos máximo interés en tomar problemas reales con una caracterización de la situación política actual, en favor de la defensa de este proceso de cambios dentro de este Encuentro campesino. Creemos que el problema fundamental ha sido la poca toma de conciencia política de muchos de los compañeros participantes. Sabemos que en el momento que vivimos debemos plantearnos problemas concretos. En primer lugar está la situación orgánica de los campesinos a través de todo el país. Debemos analizar cómo los patrones gestan sus movimientos sediciosos para frenar este proceso y derrocar este gobierno, que sin duda es un gobierno elegido por los trabajadores.

DISCREPANCIAS

Anselmo Cancino señaló también que "las discrepancias surgidas en el Encuentro, son más bien derivadas de la diferencia de organizaciones que hay a nivel de los C.C.C.".

"—Aquí —dijo— faltan muchas provincias y comunas que no tienen C.C.C. Esa falta no es por casualidad. Justamente en esas partes es donde ha habido mayor manejo de aquellas tendencias políticas que no están realmente por organizar a la clase trabajadora. En concreto, el reformismo. Así entendemos el origen de la disparidad sobre algunas ideas que se han planteado en este Encuentro. Se puede señalar, por ejemplo, el asunto de la personalidad jurídica.

Desgraciadamente hubo que llegar a una votación. Lo correcto habría sido llegar a una clarificación. Si los C. C.C. deben ser órganos de poder, por lo tanto no deben meterse dentro del aparataje de este Estado burgués. Si los C.C.C. son herramienta eficaz de la clase trabajadora y deben controlar a este Estado, no resulta necesario meterse en estas cuestiones legalistas.

—También hubo otro asunto de la mayor importancia —explicó Cancino—, como fue la definición de pequeños y medianos propietarios. Aquellos compañeros que trabajan la tierra con su mano de obra familiar y no pagan trabajo asalariado, son pequeños propietarios. Como medianos se definió a esos compañeros que tienen cierta mano de obra contratada permanentemente de hasta 15 a 20 obreros. Pero lo fundamental es que quedó una definición de estos estratos de la clase campesina —pequeños y medianos propietarios— no a través de hectáreas básicas o físicas, de acuerdo a la contextura del terreno. Lo importante es que la definición se dio de acuerdo a la condición en que el compañero está trabajando la tierra.

PROYECCIONES

Para los C.C.C. —está claro— se trata de seguir avanzando y sin transacciones. Rechazan que la burocracia inoperante o que "atornilla al revés"— residuo del régimen freísta— pueda estagnar o dificultar el proceso. Menos, por supuesto, que lo haga retroceder.

Los C.C.C. visualizan, también, que pugnas internas partidistas no podrían involucrar tipo alguno de presiones en su facultad para decidir por sí solos. El impulso y apoyo a los C.C.C. —como está planteado antes y después del 4 de septiembre de 1970 por el PS, por la Comisión Técnica de la UP y en la reunión de El Arrayán— es una de las vías revolucionarias concretas en la lucha por el poder para los trabajadores.

Cualquiera forma nueva en lo organizativo u operacional, bajo esquemas formales o burocratizados, que se anteponga como vanguardia rural al C.C.C. conduciría a una riesgosa limitación de la ya agudizada lucha de clases en el campo. En lo cualitativo y en lo cuantitativo seria a costa del debilitamiento orgánico y operacional de los C.C.C.

No puede dejarse de lado que hay 750 mil campesinos en Chile, de los cuales sólo 250 mil, aproximadamente, están organizados en sindicatos, cooperativas, asentamientos u otras formas. Los dos tercios del campesinado carecen de organización, pero su auténtica representatividad la adquieren a través de los C.C.C.

Datos oficiales de diciembre de 1971 —últimos precisados— establecen que sólo 207.910 asalariados del campo estaban afiliados a las distintas confederaciones. Había 96.139 en la "Ranquil", 46.067 en la "Triunfo Campesino", 31.604 en la "Libertad" y 34.100 en la "Unión Obrero-Campesina". Las cifras deben haber aumentado el año 1972.

Conviene recordar que el reformismo demócrata cristiano impulsó una organización que no le crease problemas por parte de la masa. Dictó la ley de sindicalización campesina que dio una organización, pero, a la vez, fomentó la división del campesinado. Esta la logró geográficamente a través de los sindicatos comunales y a la vez nutrió la división ideológica por medio del paralelismo sindical.

HÉCTOR SUAREZ BASTIDAS


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02