El poder a los trabajadores

PUNTO FINAL
Año VII. Nº 176
Martes 30 de enero de 1973

Editorial

LA clase obrera, los campesinos, la pequeña burguesía pobre, o sea la clase trabajadora en su conjunto ha demostrado poseer la madurez y condiciones para tomar en sus manos el poder. Las organizaciones creadas por los trabajadores (los Consejos Comunales Campesinos, los Comandos Comunales en las ciudades, las JAP, etc.) han levantado políticas propias y avanzadas, que traducen un alto nivel de conciencia. Es por eso que la burguesía, especialmente. en el último período, se ha lanzado furiosa a combatir esas organizaciones. En ellas ve —y tiene razón— los orgullosos gérmenes de un nuevo poder, del poder de la clase trabajadora.

La arremetida burguesa contra las JAP, los Comandos Comunales, etc., ha sido de tal magnitud y virulencia que ha hecho titubear al gobierno. Los positivos pasos anunciados por el ministro de Hacienda, Fernando Flores, para combatir el mercado negro y el acaparamiento, que consultaban un estimulante respaldo a los Comandos Comunales y a las JAP, fueron sometidos al zapato chino de la institucionalidad. Hasta ahora ese estilo vacilante se impone a toda medida justa que en las masas despierte confianza en sus propias fuerzas. El error no puede ser más tremendo y su costo político es de una envergadura difícil de calcular. La burguesía, cuyo aliado ideológico es el reformismo, ha tenido éxito una vez más en su campaña de amedrentamiento, haciendo retroceder al gobierno en una política que logró entusiasmar a las masas.

Sin embargo, independientemente de tal o cual decisión administrativa, en Chile camina un proceso caracterizado por el alto nivel alcanzado por la lucha de clases. Es seguro que las masas trabajadoras no retrocederán en su avance hacia el poder.

PF


Entrevista

EL MAPU PLANTEA DAR PODER A LAS MASAS

PUNTO FINAL entrevistó al Subsecretario General del MAPU, Eduardo Aquevedo, líder de la corriente que se impuso en el II congreso celebrado recientemente por ese partido de la Unidad Popular. Dirigente surgido de la actividad del MAPU en Concepción, Eduardo Aquevedo representa —según se afirma— las manifestaciones mayoritarias de las bases de su partido. La conversación de PF con Aquevedo giró sobre las medidas económicas anunciadas por el ministro de Hacienda, Fernando Flores, militante del MAPU, y respecto a las elecciones parlamentarias de marzo.

¿Qué opina de las medidas económicas anunciadas por el ministro Flores?

—"Las medidas anunciadas por el ministro Flores responden a necesidades y problemas concretos planteados por las masas y por el desarrollo del proceso político vigente.

El pueblo viene sufriendo desde hace un tiempo, de manera más evidente que antes, problemas tales como inflación, especulación, mercado negro, desabastecimiento, etc., discutidos y manoseados abundantemente durante las últimas semanas. Son, en todo caso, problemas urgentes y concretos.

¿Sus causas? El boicot solapado, primero, y abierto después de la gran burguesía industrial y comercial. Los grandes capitalistas y el imperialismo, heridos duramente en sus intereses, no atinan a otra cosa que a boicotear, a obstruir. No reinvierten, juegan a la especulación, elevan drásticamente sus niveles de consumo, acumulan stocks, desarticulan los canales tradicionales de distribución, paralizan faenas, etc.

Es decir, hay aquí una causa fundamental de naturaleza obviamente política: la actitud de la burguesía y del imperialismo frente a un gobierno que "atropella" sus intereses y que amenaza sus privilegios, actitud de resistencia declarada, de rechazo furibundo.

EL FRACASO DEL REFORMISMO

Hay también otra causa importante: las limitaciones y errores graves de la política económica posterior a Vuskovic. Esa fue, a nuestro juicio, una política que ponía más el acento en la aplicación de medidas de reordenamiento financiero y en el uso del instrumental administrativo y burocrático del Estado, que en la participación de las masas y en el combate a fondo a los causantes reales de los problemas ya antes planteados.

Era una política nada de revolucionaria, más bien reformista.

Sus efectos negativos han servido por lo menos para demostrar de manera práctica que esa es una senda que no debe utilizarse más y que debe clausurarse definitivamente.

El discurso del ministro Flores, expresando ciertamente una posición oficial del gobierno, apunta precisamente a la solución de aquellos problemas. Allí se esboza una concepción distinta, una concepción revolucionaria y de masas, una concepción que busca y promueve la intervención directa del proletariado y de todo el pueblo en la solución de los problemas económicos básicos.

Se parte en él del supuesto de que la cuestión fundamental de hoy es la cuestión del poder, y que los asuntos económicos no sólo están ligados estrechamente al problema del poder, sino que su solución real depende simultáneamente del avance actual en la solución del problema del poder.

En otras palabras, en las condiciones de hoy en Chile sólo se resuelven los problemas de especulación, de mercado negro, de desabastecimiento, etc., entregando capacidad de decisión efectiva a las masas, entregando poder a los trabajadores en todos los niveles, creando y desarrollando todos los organismos de control y poder obrero, especialmente los COMANDOS COMUNALES.

Y por otro lado, sólo es posible avanzar hoy en la conquista del poder, en la construcción del nuevo poder popular y revolucionario, partiendo de los problemas más concretos y urgentes de las masas, que son en ese instante aquellos que el ministro Flores señalo en su intervención". [1]

LAS ELECCIONES DE MARZO

¿Cuál es a su juicio el significado político de las elecciones de marzo?

—"Las elecciones de marzo influirán muchísimo en el curso futuro de los hechos políticos.

Influirán en la conducta de la burguesía, en la conducta de la UP y del gobierno, en las perspectivas de la lucha de masas y del proceso político actual.

Marzo medirá la fuerza político-electoral que la burguesía y el imperialismo han acumulado durante estos dos años, especialmente entre las llamadas capas medias.

También medirá aproximadamente el tipo de hegemonía ideológica y política que se va imponiendo dentro del bloque burgués-opositor, el tipo de estrategia que tratarán de implementar en el próximo período.

Desde el punto de vista de la UP, las elecciones de marzo tendrán un significado análogo. Ellas permitirán hacer un balance, un chequeo de nuestras fuerzas, tanto en lo cuantitativo como en lo cualitativo.

—Lo fundamental, sin embargo, es el tipo de interpretación que realice la izquierda acerca de sus resultados, las conclusiones políticas que se extraigan y los actos políticos concretos que expresen esas conclusiones.

¿Cómo se interpretará, por ejemplo, el probable deterioro electoral de la UP desde abril de 1971 hasta hoy? ¿Diciendo que se ha avanzado de manera insuficiente, con lentitud, golpeando con debilidad a los grandes capitalistas y al imperialismo, frenando en alguna medida la movilización y el fortalecimiento orgánico y político de las masas, o diciendo lo contrario, es decir, que se ha ido muy rápido, que se han cometido errores, pero que ellos son de carácter puramente administrativo o metodológico, etc?

Obviamente, cualquiera de las dos interpretaciones, que ya en ocasiones anteriores se han ensayado, implican conclusiones y tareas políticas diferentes.

Se trata de interpretaciones que, por otro lado, corresponden a perspectivas estratégicas diversas, corresponden a evaluaciones distintas acerca del carácter de los enemigos del pueblo, acerca de las fuerzas motrices, acerca del tipo de tareas que están hoy planteadas, acerca de la correlación general de fuerzas, etc.

—Quienes piensan y actúan con un criterio centrista y reformista dirán, quizás: ¡peligro!, o nos replegamos o nos derrocan.

Quienes piensan y actúan con un criterio proletario y revolucionario no podrían dejar de decir, en esa hipótesis, justamente lo contrario: o avanzamos rápidamente profundizando el proceso, o vamos derecho al fracaso, sea por la vía del derrocamiento del gobierno o por la vía de la desnaturalización completa del mismo gobierno, cancelando todas sus perspectivas revolucionarias. Las elecciones de marzo y sus resultados replantearán estas cuestiones.

Nuestra opinión es clara, en cualquier caso: la mejor forma de ayudar a los enemigos, al imperialismo y a la burguesía, es vacilando, conciliando con ellos, congelando el desarrollo del programa de la UP, frenando a las masas.

Por el contrario, sólo se avanza en este momento hacia el PODER y el socialismo apurando el tranco, profundizando el programa popular, golpeando y destruyendo ahora los monopolios, golpeando frontalmente al imperialismo, exterminando de veras al latifundio, y, al mismo tiempo, creando y desarrollando el poder popular, el poder revolucionario, alternativo y paralelo de las masas".

BENIGNO RAMOS A.


Economía

LA LUCHA DE CLASES SE AGUDIZA

A menos de 5 semanas del día fijado para las elecciones parlamentarias, y al terminar el primer mes del año, Chile es escenario de una intensificación de la lucha de clases.

Al margen de las circunstancias políticas que influyen en el fenómeno y que son visibles en cada esquina de cualquier ciudad o en los titulares de los diarios y revistas, hay factores menos palpables para el observador común, pero cuya influencia tiende a mantenerse durante los meses que vienen, sea cual fuere el resultado de la elección.

Son los factores económicos.

En el plano interno, 1973 debe ser el año en que se consolide de modo definitivo la estrategia de redistribución del ingreso, en favor de la clase trabajadora. En el plano externo, el año presenta perspectivas difíciles en materia de importaciones de productos vitales y alimenticios y en la pérdida del poder adquisitivo de las divisas provenientes del principal producto chileno de exportación: el cobre.

Superar estos obstáculos que surgen en el camino de transición hacia el socialismo escogido por la Unidad Popular, supone un agudizamiento cada vez mayor de la lucha de clases. Pero al mismo tiempo, salvar estos tropiezos exige ganar posiciones de poder, para que la clase trabajadora ejerza en plenitud los avances ya logrados en el campo del área social, el área mixta o el sector reformado de la agricultura.

DE OCTUBRE A ENERO

Todo lo anterior parece demasiado complejo a primera vista, porque es el diagnóstico de dos informes técnicos dados a conocer hace algunos días. El primero, es un estudio sobre los avances, dificultades y perspectivas del proceso chileno, elaborado por los investigadores del Instituto de Economía y Planificación de la Universidad de Chile. El segundo es un documento sobre la actual situación del comercio exterior preparado por un grupo de expertos de la Corporación del Cobre.

Tanto uno como otro, desde sus respectivos enfoques, coinciden en indicar que los fenómenos económicos que hoy vive el país en su camino de transformaciones, tienden a provocar situaciones políticas que son la manifestación cotidiana de la lucha de clases.

La relación es más clara y notoria si se observa lo ocurrido a partir de las últimas tres semanas, luego que el ministro de Hacienda, Fernando Flores, anunciara las nuevas medidas económicas. Fue en ese momento cuando los sectores de empresarios y los grupos políticos de la derecha quisieron reeditar los acontecimientos de octubre, envolviendo al país en otro paro de la clase que hasta hace dos años ejercía el dominio absoluto del poder. En octubre, una semana antes del paro, la compañía norteamericana Kennecott Copper Corporation embargaba el cobre chileno en París, sembrando la incertidumbre entre los compradores europeos del metal. Ahora, cuando a mediados de enero arreciaban los intentos por repetir aquella experiencia, la misma Kennecott lograba un segundo embargo de cobre; esta vez en Alemania Occidental, que es el principal comprador mundial del metal chileno.

En octubre, la rebelión de la burguesía comenzó con un "inofensivo" paro de dueños de camiones de Aysén, que protestaban por los inexistentes planes que el Estado tendría para establecer en esa región una empresa de transportes. De ahí el conflicto empresarial se extendió al resto del país, levantando como bandera la protección de la compañía Papelera y otros asuntos relacionados con la "libertad" y la "democracia". Ahora, en enero, el intento pretendió repetirse partiendo desde el norte, con un sorpresivo paro en el mineral de Chuquicamata, por problemas de abastecimiento que tampoco existían.

En octubre fueron los propios trabajadores los que mantuvieron al país en marcha, impidiendo la crisis total. En enero, fueron los trabajadores de Chuquicamata los que advirtieron a tiempo la maniobra y quebraron la tentativa antes de que se concretara.

¿RACIONAMIENTO?

La contraofensiva de los empresarios y comerciantes por las medidas económicas que anunció el ministro de Hacienda, del mismo modo que en octubre, tenía por estos días una respuesta de los trabajadores. A través de sus Comandos Comunales, Juntas de Abastecimientos y Precios e incluso sus clubes deportivos, los pobladores eran el pilar fundamental de una vasta campaña emprendida por los inspectores de la Dirección de Industria y Comercio contra el mercado negro y la especulación.

En el Parlamento, instrumento de poder político de la oposición, la derecha rechazaba el proyecto que establecía el delito económico. La cadena "El Mercurio" acusaba al gobierno de querer implantar la tarjeta, a la manera cubana. Y en los círculos de gobierno se guardaba reserva y hasta una cierta reticencia o temor frente a la posibilidad de establecer definitivamente un sistema de racionamiento.

Pero el "racionamiento" ¿es un fenómeno nuevo en Chile?

Para Carlos Romeo, director del Instituto de Economía y Planificación de la Universidad de Chile, no. El racionamiento existió siempre, porque el país fue incapaz de autoabastecerse, porque su agricultura fue tradicionalmente insuficiente, porque la economía chilena se basaba en satisfacer las necesidades de los sectores pudientes, manteniendo "racionadas" o "desabastecidas" a las grandes masas de la población. Esas grandes masas formaron durante decenas de años las colas invisibles tras los mostradores donde se exhibían artículos inalcanzables para ellas como la carne, la leche o el vestuario.

—El capitalismo —dice el profesor Romeo— tiene un excelente sistema de racionamiento: Tanto ganas, tanto consumes,.. Y ese sistema ha funcionado durante cuatrocientos años...

POSICIÓN CLASISTA

En el diseño de cualquier política económica, prima la posición clasista del diseñador. Así ocurrió en Chile ayer y así debe suceder hoy. Antes del triunfo electoral de la izquierda en Chile, en septiembre de 1970, el 80 por ciento de las familias del país vivía con menos de tres sueldos vitales. Hoy, de acuerdo con cifras oficiales y comprobadas, el poder adquisitivo del sueldo de la clase trabajadora ha crecido.

Así, entre octubre de 1970 y octubre de 1972, el índice de precios al consumidor registró un 283% de aumento. Durante este mismo período, en cambio, el sueldo vital se elevó en un 329%; el salario mínimo se incrementó en un 500%; y el de las pensiones también subió en un 500%.

A eso hay que agregar, según el informe del Instituto de Economía, la creación de 260.000 nuevos empleos durante los dos últimos años. Mientras en diciembre de 1970 el índice de desocupación llegaba a un 8,3%, en diciembre último sólo alcanzaba el 3,6%. "Esto significa sin duda —dice el estudio— un real mejoramiento para los trabajadores de menores ingresos...".

"Durante el bienio 1971-72 —agrega— la disponibilidad de alimentos se elevó en un 27%, debido a los aumentos habidos tanto en la producción agropecuaria como a las fuertes importaciones necesarias para satisfacer la mayor demanda popular derivada de los aumentos de sueldos y salarios".

Todos estos antecedentes van reflejando la nueva orientación de la economía del país. Ellos van unidos a las grandes transformaciones estructurales como la formación del área social, que a fines de octubre ya estaba integrada por 146 empresas; la reforma agraria, con la expropiación de más de 2.100 latifundios, el control estatal sobre el 95% de los depósitos bancarios y el aumento de las posibilidades educacionales mediante la atención preferencial del niño y el párvulo.

LA DEPENDENCIA SIGUE

—Este es un país —dice Carlos Romeo— donde más de 70 niños por cada mil están condenados a morir, lo cual es absolutamente inhumano. Pero la gente parece que se acostumbra a estas cosas. Vivimos en un país que al mismo tiempo se da el lujo de producir 20 ó 25 mil automóviles ... que obviamente no van a los sectores trabajadores".

Y el sombrío diagnóstico se complementa con el trabajo elaborado por los técnicos de la Corporación del Cobre, según el cual la economía chilena dejó de percibir durante los últimos dos años una suma superior a los 413 millones de dólares. Esta conclusión de CODELCO hace presagiar serios problemas en materia de comercio exterior para los próximos meses, lo que de manera obvia repercutirá en el desarrollo interno del país, tanto desde el punto de vista económico como político.

Chile es un país que vive del cobre. Más de 70 de cada 100 dólares que percibe en su comercio exterior provienen de las ventas o exportaciones del metal rojo. Y más de la cuarta parte de esos ingresos se invierten en compras o importaciones de alimentos.

Sin embargo, durante los dos últimos años el precio del cobre cayó en más de un 25%. En ese período, la libra de metal bajó en dieciocho centavos. Cada centavo significa para el país un ingreso anual superior a los 15 millones de dólares. En consecuencia, la baja del precio afecta directamente sus ingresos.

En cambio, los productos alimenticios que Chile importa tuvieron sólo durante los últimos doce meses un reajuste superior al 42%, según lo revela la revista británica "The Economist". De ahí que, con las divisas provenientes de una tonelada de cobre electrolítico, Chile puede comprar hoy la mitad de los artículos que adquiría en el exterior en 1970.

Si en el plano interno se está produciendo una redistribución del ingreso, en el plano externo, en cambio, el país vive las consecuencias del desarrollo del mercado capitalista. Como cualquier nación dependiente del tercer mundo, vende materia prima a precios cada vez más bajos y adquiere artículos cada vez más caros en el mundo industrializado. Ese menor ingreso superior a los 413 millones de dólares equivale a la importación de alimentos de todo un año.

PERSPECTIVAS

Textualmente, el informe del Instituto de Economía de la Universidad de Chile indica:

"Pese a las complicaciones esperadas para 1973, el proceso de transformaciones puede avanzar más aún, a condición de que las fuerzas populares utilicen y desarrollen al máximo las posiciones de poder ganadas, como el área social, el área mixta y el sector reformado de la agricultura, a fin de elevar el control social sobre determinados campos de la economía y sobre ella en su conjunto. Todo ello no es sino avanzar en las transformaciones hacia el socialismo, lo que producirá un agudizamiento de la lucha de clases y exigirá ganar posiciones de poder para poner en ejecución las medidas que demanda la coyuntura".

ENRIQUE J. FERNÁNDEZ


Tribuna

CRISTIANOS POR EL SOCIALISMO Y LAS ELECCIONES DE MARZO

HAY una alternativa que se hace cada día más clara: la clase trabajadora conquista el poder o la clase trabajadora es brutalmente reprimida.

El pueblo toma el poder o el pueblo es reprimido.

Es difícil pensar ya en caminos intermedios. La burguesía tiene, por su parte, muy claro su futuro: derrocar al gobierno y aplastar al pueblo a sangre y fuego, o desaparecer como clase dominante.

El enfrentamiento se agudiza y se hace cada día más inevitable.

No se trata sólo del enfrentamiento callejero con palos y piedras, se trata del enfrentamiento diario en el terreno de la producción y de la distribución, principalmente.

En momentos como éste, cuando la historia se hace densa y exigente, la clase trabajadora no admite vacilaciones, exige definiciones claras, exige acción sin descanso.

Debemos impedir que la religión y el cristianismo jueguen en contra de la revolución, como sucedió, con tanto éxito, en Brasil y Bolivia. Debemos arrastrar las masas influenciadas por la religiosidad popular y los sectores cristianos por el camino de la revolución. Debemos situar a todos los cristianos en la alternativa: represión del pueblo o liberación del pueblo, fascismo o revolución.

Durante estos meses de verano estaremos ciertamente sumergidos en nuestros compromisos, en la fábrica, en la población o en el campo. Habrá que radicalizar más aún todo esto. Pero todavía nos queda por hacer un trabajo muy importante, que si no lo hacemos nosotros quizás no lo hará nadie: actuar como grupo, como "Cristianos por el Socialismo", en aquel terreno de la lucha ideológica que nos corresponde.

Nuestra responsabilidad histórica en este punto es grande.

CONTENIDOS IDEOLÓGICOS QUE PODEMOS
Y DEBEMOS ENTREGAR EN ESTE PERIODO

Primero: Redefinir públicamente nuestra opción fundamental

Como cristianos estamos por el socialismo porque es la única solución que tiene América latina para salir del capitalismo subdesarrollado y dependiente. Es el único camino para una sociedad nueva, una cultura nueva. El único camino para construir la fraternidad, la justicia, la igualdad.

Somos Cristianos por el Socialismo, porque el socialismo es posible y porque el socialismo es el futuro por el cual luchan los pobres, los explotados, los oprimidos y todos los trabajadores.

Como Cristianos por el Socialismo nos comprometemos en la lucha por el socialismo, porque la liberación no llega sola o por casualidad. Exige lucha. Exige hacer la revolución. El deber de todo cristiano es hacer la revolución.

La burguesía, representada tanto por el PN como por la DC, no quieren el socialismo. Se oponen a la liberación de los pobres y explotados. Son destructores de la unidad, la fraternidad y la justicia. Engañan al pueblo con sus discursos reformistas, populistas y también con el apoliticismo. Por esto nos oponemos a la burguesía. Un cristiano, ¿puede estar con ellos?

Como Cristianos por el Socialismo luchamos contra el poder burgués, luchamos contra el capitalismo, contra el imperialismo y toda forma de explotación y opresión. El cristianismo es la religión de los pobres, de los oprimidos. Los ricos, si quieren salvarse, no deben ser "buenos ricos", sino dejar de ser ricos.

Como Cristianos por el Socialismo estamos contra toda alienación religiosa y contra toda idolatría. Combatimos los dioses falsos del capitalismo: la propiedad privada, el capital, la democracia burguesa, la libertad burguesa, la sociedad de consumo, el "hombre" feliz que adoran los explotadores.

Como Cristianos por el Socialismo luchamos por el poder popular, por la toma de todo poder para la clase obrera, como único medio para construir el socialismo y suprimir las diferencias de clases. El cristianismo nació luchando contra el imperio romano, hoy debe luchar contra el aparato del Estado burgués. Es imposible lograr la liberación sin la destrucción de este Estado burgués.

Como Cristianos por el Socialismo luchamos por la unidad del pueblo. Luchamos por la conquista de una conciencia revolucionaria.

Segundo: Definir el carácter de clase del enfrentamiento electoral

La elección de marzo no es una elección más. La elección de marzo se sitúa en la perspectiva de la crisis de octubre de 1972. En estas elecciones no se enfrentan "candidatos", no se enfrenta el gobierno con la oposición, la UP con los "momios", la izquierda con la derecha, el marxismo con la democracia, etc. Debemos enfocar las elecciones desde la perspectiva de la lucha de clases y desde esta perspectiva participar en ellas. El enfrentamiento que se da ahora y que se dará en marzo es un enfrentamiento entre proletarios y burgueses, entre explotados y explotadores, entre trabajadores y patrones, entre pobres y ricos. Debemos definir el carácter social de la CODE: votar por la CODE es votar por la burguesía; votar por la CODE es votar por los patrones, por los explotadores, por los ricos. Votar por la CODE es votar contra el pueblo, contra los pobres, contra los oprimidos, contra los cambios, contra el socialismo, contra la revolución. Votar por la CODE es votar por la represión del pueblo, por la dictadura de la burguesía. Votar por la CODE es votar por el mercado negro, por la especulación y por el hambre del pueblo. Votar por la CODE es votar para que se devuelvan las fábricas y los fundos a los patrones. Votar por la CODE es votar para que se devuelva el cobre a los yanquis. Votar por la CODE es votar para que sigan asesinando al pueblo de Vietnam. Votar por la CODE es votar contra los explotados y los pobres de América latina y del mundo entero. Poco importa quién es el que representa a la CODE, poco importa tal o cuál candidato, si es capaz, honrado o un inútil. Lo importante es darse cuenta del contenido social de la CODE y los Intereses que representa.

La propaganda electoral de la izquierda no enfoca hasta ahora las elecciones desde una perspectiva de clases. Se exalta a personas individuales, no se supera el electoralismo tradicional. Todo esto juega en favor de la burguesía y confunde al pueblo. Si nosotros enfocamos las elecciones como lo decíamos arriba, no sólo podemos, sino que debemos, si somos consecuentes, participar activamente como "Cristianos por el Socialismo" en las elecciones. Como Cristianos por el Socialismo no apoyaremos a ningún candidato. Pero sí podemos trabajar en la línea que indicábamos: definir el carácter social del enfrentamiento de ahora hasta marzo y participar activamente en él de acuerdo a las líneas programáticas que vayan surgiendo de las luchas mismas del pueblo.

Debemos también tomar en cuenta que si definimos el carácter social del enfrenta-miento electoral, el resultado de este enfrentamiento se da ahora. Las elecciones hay que ganarlas ahora. En la medida que la. clase trabajadora crece en conciencia, en organización y en poder ahora, en esa medida se están ganando las elecciones, en esa medida ya ahora se está definiendo el resultado del enfrentamiento. Por lo tanto el trabajo que podamos hacer ahora es importante. No basta votar en marzo, hay que trabajar duramente para definir ahora el resultado de marzo.

ALGUNOS MEDIOS Y CAMINOS PARA REALIZAR LA LUCHA
IDEOLÓGICA COMO CRISTIANOS POR EL SOCIALISMO

1. Participar activamente en las tareas, luchas y conflictos de la clase trabajadora.

2. Participar especialmente, como CPS, en la constitución de los Comandos Comunales. La constitución de estos Comandos es la tarea política más fundamental que se ha dado la clase.

3. Participar, con el mayor número de gente, en todas las manifestaciones o actividades que se efectuarán el 15 de febrero: día de la muerte de Camilo Torres. Agitar a Camilo como un nuevo modo de ser cristiano en América latina. Camilo: un cristiano latinoamericano auténtico. Camilo luchó por la unidad de todos los revolucionarios. Se comprometió con las luchas del pueblo hasta las últimas consecuencias.

4. Sacar panfletos, volantes, diarios murales, etc., donde se agiten las líneas ideológicas que hemos propuesto arriba. Hay que usar la imaginación. Traducir lo dicho en ejemplos concretos, en lenguaje fácil. Para ayudar en esta tarea el Secretariado elaborará diversos volantes que serán enviados por correo. Además, para facilitar todo este trabajo se publicarán artículos en "Chile Hoy", Punto Final, "Ultima Hora" (dos veces por semana), "Clarín" y "La Tercera" (columna de Gonzalo Arroyo).

5. Para implementar todo el trabajo nuestro, es urgente que nuestros grupos no se dispersen. Llamamos también a todos los cristianos que están por el socialismo que formen comunidades para realizar la lucha ideológica que el pueblo nos exige en este momento.

6. Es importante abordar el problema del abastecimiento como tarea fundamental. El discurso del ministro Flores abre muchas perspectivas. Para no caer en un voluntarismo o en métodos artesanales de trabajo es importante entroncar toda nuestra actividad en la constitución de los Comandos Comunales.

7. Todo lo anterior debe ser la base para la reflexión cristiana y evangélica que hagamos en todo este período.

En la liberación de los oprimidos se juega directamente el Evangelio y nuestro encuentro con Dios. A partir de nuestras tareas concretas vamos descubriendo los valores del Evangelio. La conversión continua del corazón y la esperanza en el futuro de Cristo, adquiere para nosotros, en este momento clave de nuestra historia, una fisonomía más concreta y más liberadora.

La tarea es difícil. El presente es de lucha, pero el futuro es nuestro.

CRISTIANOS POR EL SOCIALISMO
Comisión de Comunicaciones y Formación Teológica


Reportaje

BULNES "VATICINA" UN GOLPE PARA MARZO

UNO de los países peor alimentados del mundo —según lapidario informe de Naciones Unidas—, se convierte lentamente en la California de los latinoamericanos.

Ecuador camina con paso firme como nación productora de petróleo y ya se ubicó en el segundo lugar del continente, después de Venezuela. Sin embargo, los beneficios aún no llegan a la gran masa.

El estudio de la NU sigue teniendo vigencia, pero el número de extranjeros que llegan a Ecuador a "hacerse la América", aumenta día a día. No existen hasta el momento estadísticas que señalen datos concretos, pero se dice que sólo en Quito habría más de 20 mil chilenos. Las apreciaciones no hablan de Guayaquil, la segunda ciudad ecuatoriana.

Hace algunas semanas la audiencia de uno de los principales programas de la TV quiteña puso especial atención. Se anunció con gran profusión, la presencia de un personaje de relieve. Se trataba de un chileno. Los condimentos necesarios estaban y todo se confabuló para que gran cantidad de ecuatorianos estuvieran pegados al televisor. Durante una hora habló el entrevistado. Se trataba del senador nacional Francisco Bulnes Sanfuentes.

La aparición de Bulnes fue precedida y anunciada por el ex-presidente ecuatoriano, Camilo Ponce. Este habló de los títulos nobiliarios de la familia Bulnes y de su dorada cuna. Cuando correspondió hacer uso de la palabra al parlamentario chileno, fue muy concreto: habló de las "penurias que debe soportar" el pueblo chileno y vaticinó que Allende no seguiría en el poder después de marzo del 73. No dio muchos antecedentes, pero explicó claramente que el mandato del actual Presidente terminaría después de las elecciones parlamentarias.

En Quito se puede encontrar todo tipo de chilenos. Los hay desde poderosos industriales que, según sus propias declaraciones, han huido del comunismo, y hasta profesionales y técnicos. Los restaurantes de comidas típicas han proliferado y las cuecas (interpretadas por cantantes importados) no faltan.

Los 20 mil chilenos que viven en Quito (con una población de 700 mil habitantes) pesan. Están repartidos en las más diversas actividades. Hay médicos, constructores, obreros especializados, ex latifundistas y muchos comerciantes que han querido asegurar los ahorros de "toda una vida".

Aunque parezca paradojal, hasta ahora la representación diplomática chilena en Quito no ha dado respuesta a Bulnes.

Ecuador es gobernado por un Consejo de Seguridad Nacional, que preside el general Guillermo Rodríguez Lara. Sus colaboradores pertenecen a las tres ramas de la Defensa, pero con claro predominio del Ejército. La Marina y la Aviación han sido relegadas a segundo plano.

Desde 1810 Ecuador tiene un promedio de 2 años de duración para cada gobierno. Es en ese año cuando inicia su vida "independiente". Los militares han jugado un activo papel, pero en los últimos anos, entre 1963 y 1966, habían mostrado su última carta. Reemplazaron a Julio Arosemena y entregaron el poder a un presidente interino que llamó a elecciones. En ellas resultó triunfador José María Velasco Ibarra. Era su quinto mandato y como en tres oportunidades anteriores, fue derrocado. Le faltaba un mes para terminar su período.

Los militares, encabezados por Rodríguez Lara, nuevamente llegaron al Palacio Presidencial el 15 de febrero de 1972. Velasco Ibarra salió rápidamente del país y, como en otras oportunidades, nadie se opuso a su alejamiento forzado.

Antes de cumplir un mes el nuevo gobierno, los ecuatorianos supieron qué querían los militares. Su programa, publicado en varios miles de ejemplares, los definía como antimperialistas, antifeudales y antioligárquicos.

La primera medida fue la revisión de los contratos petroleros. Los militares juzgaron que sus antecesores habían sido poco cuidadosos con el patrimonio nacional. Se elevaron las tasas de impuestos que deben pagar las compañías explotadoras. Entre ellas destacan la Texaco y la Gulf. Estas habían sido las principales beneficiarías de contratos firmados durante los gobiernos de Arosemena, José María Velasco Ibarra y Camilo Ponce. Mediante ellos, gran parte de la sierra y todo el golfo de Guayaquil había quedado bajo tuición norteamericana o inglesa.

La puesta en marcha de la producción petrolera en gran escala fue acelerada. Se terminó un oleoducto que lleva esa riqueza desde las montañas hasta el océano Pacífico (500 kilómetros).

Sin embargo, la fiesta no fue con gran pompa. El gobierno se negó a dar mucha "luz al gas" mientras el país no cuente con su propia flota de buques tanques, que en este momento se construye en Japón, gracias a créditos concedidos por ese país. Sólo cuando los barcos entren en servicio —consideró el gobierno— se podrá hablar de verdaderos beneficios para la nación.

Pero el petróleo no era lo único que preocupaba a las autoridades. También se dictó una ley de aguas, mediante la que se reglamentaba su utilización y la declaraba patrimonio nacional. Con esta medida se pretendía terminar con una de las principales injusticias que vivía el campesino ecuatoriano: padecer sed, mientras a su lado el poderoso propietario aumentaba su riqueza.

La reforma agraria fue agilizada y su paso rápido no agradó a los latifundistas.

En cuanto a la vivienda, otro dramático problema, se dictó una ley de inquilinato. Mediante ella, el arrendatario no podía ser desalojado. La medida causó revuelo y fue modificada, pero quedó como una legislación avanzada.

Paralelamente, los militares emprendieron una campaña que les dio grandes dividendos en las simpatías de sus compatriotas. Se trataba —según declararon— de castigar a los defraudadores del Fisco. Para ello dictaron una ley mediante la que. en la práctica, todo el aparato judicial quedaba reducido a una mínima expresión. Se crearon tribunales especiales. En todos ellos, el gobierno debía tener mayoría de votos.

Hoy, todo parece indicar que no se pretendía perseguir solamente a los estafadores, sino también a los militantes de izquierda. Los presos políticos suman centenares y muchos de ellos se encuentran recluidos en el Penal Martín García. Entre éstos está el secretario general del Partido Socialista Revolucionario, Fernando Maldonado. Las acusaciones que pesan sobre él son las mismas que se le hicieron a los corresponsales de Prensa Latina (fueron expulsados del Ecuador). A Maldonado se le señala como el cerebro de varios intentos (fallidos o con resultados positivos para sus realizadores) de asaltos a Bancos, industrias, etc. En el caso de los corresponsales de Prensa Latina, la grave acusación fue cambiada, horas antes de que estos abandonaran el país, por una muy suave "responsabilidad en el reparto de material de propaganda subversiva".

Otro de los detenidos es Jaime Galarza, economista de renombre y autor del libro "El Festín del Petróleo". En esta obra, que cuenta con abundante material de primera fuente (fotocopias, etc.), se han basado muchas de las acciones emprendidas por los militares para castigar a conspicuos personajes que estafaron al Fisco amparándose en sus posiciones de Poder. Galarza, al igual que muchos otros, soporta en estos momentos acusaciones como presunto participante en acciones directas realizadas por grupos revolucionarios.

EL PANORAMA POLÍTICO

En estos momentos, el espectro político interno es amplio. En la derecha se pueden ubicar 7 partidos importantes (existen otros grupos de poca significación). El centro cuenta con 3 exponentes y la izquierda muestra una frondosidad que supera a la derecha.

En este último sector se encuentran el Partido Socialista Revolucionario; Partido Socialista Unificado; Partido Socialista Ecuatoriano; Movimiento de Izquierda Revolucionaria Ecuatoriana; Partido Comunista; Partido Marxista Leninista y Partido Nacionalista Revolucionario.

Las divergencias en el seno de la izquierda son profundas. Para las últimas elecciones, que fueron frustradas por los militares, los comunistas impulsaron la creación del Frente de la Patria, una Unidad Popular a la ecuatoriana. La idea sólo prendió en un pequeño sector. Los restantes desecharon la idea, pero mantuvieron el diálogo. Sin embargo, el PC y los marxistas-leninistas (maoístas) evitan cualquier tipo de enfrentamiento ideológico.

Incluso entre los sectores menos alejados, la izquierda también muestra discrepancias. El secretario general del Partido Socialista Revolucionario del Ecuador, Fernando Maldonado (hoy detenido), ve así la situación de su patria: "Los militares llegaron nuevamente al poder como producto de una crisis. Creemos que el apoyo que logran en algunos sectores se debe al hábil manejo que hacen del populismo y a la despolitización de las masas. Pensamos que nuestra tarea es elevar el nivel ideológico de la clase trabajadora. Estamos empeñados en ello y aunque nuestros logros aún son pequeños, todos los esfuerzos los dedicamos hacia esa dirección.

"El actual gobierno tiene muestras evidentes de fascismo (asesinato de revolucionarios, formación de tribunales especiales para perseguir a la izquierda, etc.). Rechazamos cualquier camino legalista en la actual coyuntura, pero creemos que la aparición de cualquier vanguardia armada sena un retroceso".

PEDRO SAAD, secretario general del PC, afirma:

"Ahora los militares están haciendo un gobierno que, de acuerdo a las declaraciones emitidas por los organismos oficiales de nuestro partido, es digna de ser considerada. Creemos que es un gobierno positivo en la medida en que esta con las aspiraciones populares. En eso lo apoyamos, pero somos implacables para criticar sus desviaciones hacia la derecha, que las tiene".

El ejército domina sin contrapeso y allí impone su criterio el Ministro de Defensa, general (r), Víctor Aulestia Mier. A este lo secunda el coronel Romo desde su cargo de Visitador General de la Administración. Tal como Aulestia, no oculta su admiración por los brasileños. Romo confiesa su predilección por Hitler y Mussolini.

Un sector mayoritario de los 6 millones 500 mil ecuatorianos continúa mal alimentado y la respuesta que recibió Jaime Galarza de boca de una campesina de la sierra, hoy puede ser escuchada en avenidas centrales de Quito, donde cada día es más frecuente ver a mujeres trabajando en la construcción. Galarza le preguntó a una anciana: ¿Cómo viven ustedes? La respuesta: "Nosotros no vivimos, duramos".

WILSON TAPIA V.


Tribuna

AL asumir Rolando Calderón el Ministerio de Agricultura, las características propias del gabinete "obrero-militar" opacaron el significado que tenía la presencia del secretario general de la CUT en este ministerio.

Fue así que no se hizo públicamente un balance de lo que fueron casi dos años consecutivos de ministerio de un técnico internacional, Jacques Chonchol. Todo pareció un cambio de rutina.

Sin embargo, en el ambiente flota una profunda preocupación por el abastecimiento de alimentos o, más bien, por el inmenso déficit de alimentos.

Volvemos nuevamente a enfrentarnos a la conciencia generalizada de que nuestro país vive una crisis agraria. Volvemos a reencontrarnos con nuestra realidad de país subdesarrollado, de país agrario subdesarrollado.

Durante casi dos años la propaganda reformista creó la imagen que Chile no sufría de trastornos graves en la agricultura. Durante un largo período hablar de "crisis agraria" era una verdadera herejía.

Por otro lado, la propaganda reaccionaria centraba sus ataques en las expropiaciones, culpándolas de los males de nuestra agricultura. Para la derecha, el atraso del campo se debía a la inseguridad creada por la reforma agraria, y no a la estructura latifundista capitalista.

Así, mientras la derecha desplegó una sistemática campaña de desprestigio de la reforma agraria, y mientras el gobierno popular contestaba a esto con la afirmación de que no existían grandes problemas en la agricultura, se fue generalizando la conciencia de una grave crisis en el abastecimiento de productos alimenticios.

Esta crisis llega hoy poco a poco a un punto culminante, cuando el país simplemente debe reconocer que no tiene divisas para importar la cantidad de alimentos necesarios para abastecer normalmente a toda la población, y cuando debe reconocer la inminencia y la necesidad de un estricto racionamiento.

ORÍGENES DE UNA POLÍTICA EQUIVOCADA

Aparentemente los dos años del ministro Chonchol fueron de una extremada "dureza": al ministro se le vio constantemente presidiendo Consejos de CORA en los que se expropiaban centenares de predios. Parecía que el gobierno popular pretendía darse una orgía de expropiaciones. El "Atila chileno" era violentamente atacado por la reacción.

Sin embargo, esto era una simple apariencia. Detrás de ella se escondía la más tradicional política de compromiso reformista.

Durante dos años la reforma agraria no se concibió como proceso integral, enmarcado dentro de una estrategia de avance hacia formas socialistas de producción. La teoría que guió la acción fue la de "modernizar la agricultura" bajo el signo de formas capitalistas de producción. La expropiación no fue entendida como un golpe a la clase dominante —la burguesía—, sino como una superación de formas de propiedad arcaicas, feudales o semifeudales.

El signo de aquellos dos años no fue la agresividad, sino la debilidad. La debilidad se manifiesta hoy en la aguda crisis de alimentos causada por la evidente baja en la producción.

¿Pero, cómo explicar como débil un proceso cuya característica externa fundamental aparece siendo la expropiación de la mayor parte de los latifundios? Ella se explica por la falta de audacia para concebir un camino de desarrollo social basado en la lucha de clase, basado no en el poder burocrático, sino en el poder real de las masas trabajadoras.

Las expropiaciones se plantearon siempre como acto burocrático. La burocracia decía cuándo se expropiaba, dónde se expropiaba, bajo qué condiciones se expropiaba. Si a la burocracia, encabezada por el ministro, se le ocurría que los trabajadores debían participar en las expropiaciones, entonces los trabajadores participaban. Si no, no participaban. La burocracia "citaba" a participar.

Los trabajadores no tuvieron real participación en todo el proceso de expropiación —salvo una notable excepción —. Aquella excepción fue el movimiento realizado bajo la dirección e impulsado por el Partido Socialista en marzo del año pasado en varias provincias. Pero aquel movimiento fue impulsado casi como en oposición al gobierno, no desde adentro, sino como algo ajeno a él. Para la conducción del Ministerio nunca existió tal movimiento, apenas si tomó noticias de él (aunque en el hecho tuvo que someterse a sus exigencias!.

Detrás de esta actitud evidentemente se manifestó aquel error que ha causado en gran parte los problemas a que hoy nos enfrentamos. En vez de aprovechar la energía creadora de los trabajadores del campo, despertada y aumentada mil veces por la lucha por la expropiación, la forma burocrática en que se llevaron adelante las expropiaciones opacó aquella energía.

Consecuente con esta actitud, durante dos años no hubo un planteamiento positivo frente al impulso que debió darse al desarrollo de formas de producción superiores a las capitalistas. Más bien este planteamiento apareció siempre como un planteamiento de "oposición" dentro del gobierno popular. Así, en vez de plantear toda una gran campaña de constitución, formación y desarrollo de los Centros de Reforma Agraria, que como unidades de producción son muy superiores a los asentamientos, toda la energía se vertió hacia la mantención de los intereses, la ideología y la forma de producción capitalista.

El origen fundamental de toda esa política equivocada fue la pretensión de aislar a los trabajadores del campo del proceso de lucha de clases de toda nuestra sociedad. Se pretendió imponer una situación de "estabilidad", de "tranquilidad".

Consecuente con esto, la segunda gran preocupación del ministerio fue, aparte de expropiar, con las características mencionadas, la famosa "reestructuración administrativa", o "integración". Durante todo el año, para los 15.000 funcionarios del sector agrario, no existió preocupación mayor que la reestructuración. Para el ministro tampoco.

Todo parecía solucióname si se establecía el mando único, la línea jerárquica y otros inventos burocráticos. Todo adquiría agilidad con la sola condición de hacer rápidamente aquel ajuste burocrático.

Y no hay cosa más lamentable hoy que aquel horrible jaleo de miles y miles de funcionarios que, autorreproduciendo un aparato inútil, tenían —quisiéranlo o no— que justificar su existencia. No hubo en toda la reestructuración ni un solo criterio racional entendible para una persona normal.

La preocupación por los problemas internos de la burocracia absorbió la capacidad de todos, a tal extremo que muchas funciones que normalmente debieron haberse cumplido, se dejaron de lado. Fue así que, por ejemplo, se importaron algunos miles de tractores. Pero con el pequeño defecto de que se importaron sin rastras, lo que los transforma en meros artefactos de decoración. Algo así como importar camiones sin neumáticos (con la diferencia que las rastras no se fabrican en Chile). Y no se importó azufre para las viñas. Y no se importaron las vacunas para combatir la fiebre aftosa, etc.

La concepción burocrática del proceso social llevó a pensar, a quienes tenían la responsabilidad de conducir el ministerio, de que la crisis agraria podía superarse con ajustes burocráticos del aparato del Estado.

A CORREGIR RUMBOS

La herencia recibida por el ministro Calderón y por los propios trabajadores del campo, no es superable fácilmente. Es una herencia de la sociedad capitalista, y el error de los pasados dos años consistió en no comprender eso.

Para superar la crisis agraria es necesario superar la producción capitalista, y por lo tanto, la sociedad capitalista. Es necesario crear las condiciones del desarrollo de las fuerzas productivas, bajo nuevas formas de relaciones de producción. Superar la crisis agraria es, por lo tanto, una tarea de toda nuestra sociedad, de toda la clase trabajadora.

Para ello no es acertado seguir por el sendero del poder burocrático. Es necesario acercarse cada vez más al sendero del poder de los trabajadores. Trasladar las decisiones de la burocracia a los trabajadores: esa debe ser la consigna.

La derrota política más trascendental que sufriera Chonchol se la propinó el congreso ordinario de la Confederación "Ranquil", realizado en octubre pasado. Allí Chonchol se jugó, junto a la antigua dirección de aquella Confederación campesina por hacer aprobar la línea de conciliación frente a los asentamientos, frente a la forma de producción capitalista. El congreso se pronunció en contra.

La Confederación "Ranquil", la más poderosa del país, entendió que era hora de seguir avanzando, de igualar las luchas de los trabajadores del campo con la de los trabajadores de la ciudad. Comprendió que para ello es imposible seguir otorgando más poder a la burocracia, sino que es necesario desplegar todas las energías de clase de los trabajadores del campo.

La crisis agraria, como crisis productiva, tiene su reflejo dialéctico en el avance grandioso de la conciencia de los trabajadores que sufren más profundamente las consecuencias. Justamente por no ser una mera crisis superficial, sino por tener profundas raíces sociales, la conciencia de los trabajadores ha avanzado, y su actitud se ha afirmado, se ha consolidado dentro del proceso revolucionario.

Los avances de la conciencia de los trabajadores del campo indudablemente se habrían traducido en grandes avances orgánicos de la clase, de no haber existido —y de no seguir existiendo— los errores de conducción por parte del gobierno popular. Las desviaciones sectarias, que necesariamente deben proliferar cuando se pretende controlar burocráticamente el proceso, no pasan sin tener su efecto nefasto sobre las organizaciones de clase.

En ningún caso podemos afirmar que en los dos años pasados se hubiera intentado combatir realmente el sectarismo. Muy por el contrario. Los afanes sectarios tuvieron rienda suelta dentro de una burocracia en la que no valían las posiciones políticas, sino las posiciones de poder formal.

Combatir aquellas desviaciones, y combatir sus efectos destructivos sobre las organizaciones de clase de los trabajadores, no es tarea fácil. Menos cuando al combatírselas despliegan toda su energía defensiva. El sectarismo se defiende cuando es combatido. Es contó la fiera que ataca cuando es atacada.

La presencia de Rolando Calderón, dirigente obrero y revolucionario, perseguido implacablemente por la reacción, abre grandes perspectivas de superación de los errores cometidos. La tarea no es fácil. La responsabilidad inmensa.

Un ministro don conciencia de clase, sin duda, puede ayudar a superar la crisis agraria.

CONACHO


Reportaje

LAS MASAS VAN ADELANTE EN LA LUCHA POR EL PODER

"La denuncia no excluye la acción directa, organizada y responsable..."
(Ministro Flores, al país, en declaración oficial del gobierno el 10 de enero).

"El lunes de la semana pasada nosotros pudimos comprobar que se estaban
echando para atrás las acciones directas..." (Un poblador de Lo Hermida).

ENTRE la explícita declaración del ministro y la inobjetable comprobación del poblador, se interpusieron las palabras del general.

Entre la convocatoria pronunciada por Fernando Flores, militante del MAPU con responsabilidad ministerial, y la expresión concreta del control popular sobre la distribución, se atravesó el peso de uno de los pilares más gruesos del "Estado de derecho".

El pronunciamiento del ministro de Hacienda fue esencialmente político. Más aún, es reflejo de concepciones revolucionarias existentes hoy en sectores de la Unidad Popular.

La acción de los pobladores organizados contra los acaparadores es también un hecho político. ¿Son apolíticas, entonces, las declaraciones de Prats, posteriores al discurso de Flores, si ellas significan, llevadas a la práctica, la pasividad y la desmovilización popular?

Ambas voces, la del ministro Prats y la del ministro Flores manifiestan una discrepancia fundamental y es imprescindible subrayarla: el llamado de Flores es un llamado a la organización del pueblo, en la perspectiva del desarrollo de su propio poder, para ejercer el control popular sobre la distribución; en cambio, las declaraciones de Prats constituyen una advertencia, e incluso una prohibición al pueblo, que ya comenzaba a actuar y a reprimir por su cuenta la especulación y el acaparamiento.

Para el ministro militar la fiscalización y el control sobre la distribución y comercialización son facultad exclusiva de los organismos estatales, respaldados por las fuerzas policiales. El ministro-militante, en cambio, dice: que el pueblo actúe; el ministro-militar responde: el pueblo carece de facultad ejecutiva o decisoria.

Pero entre el pronunciamiento número uno del gobierno —discurso de Flores—, el llanto y la histeria burguesa y el pronunciamiento número dos —declaración de los ministros uniformados, declaración de Prats e integración de representantes de las tres ramas de las FF.AA. a la dirección de la distribución—, hay un elemento vital que es necesario revisar: la actuación popular en torno al candente problema; las acciones que la masa ha emprendido; las formas de organización que ella se está dando.

En la populosa zona de "Lo Hermida" más de 300 familias se movilizaron el día lunes 15 de enero —5 días después del anuncio del ministro Flores— para requisar y vender al precio oficial las mercaderías acaparadas por uno de los comerciantes del sector. "Nosotros sabíamos que estaba lleno de mercaderías. La gente había estado esperando todo el día. Las mujeres eran las que más reclamaban, las más combativas". El comerciante se negó terminantemente a la venta de los productos acaparados exasperando a los pobladores, quienes propusieron la acción inmediata para requisar y expender los alimentos. Esto provocó la llegada de Patricio Palma, director de Dirinco, y de las fuerzas policiales, que se interpusieron entre los indignados pobladores y el almacén. Las palabras textuales de uno de los pobladores que participó son el mejor testimonio de lo que ocurrió allí: "Palma quería transar, quería llegar a un arreglo y no abrir el local ese día... Pero ante la decisión de los compañeros y compañeras, dijo que iba a buscar una orden". Los pobladores no se retiraron del lugar y esperaron un par de horas más la vuelta de Patricio Palma. Los carabineros, pertrechados para reprimir, permanecieron resguardando el almacén y hostigando a los pobladores. "Los carabineros estaban muy prepotentes, dijeron que ellos estaban hasta la coronilla, que hasta cuándo fregábamos". Palma regresó con la orden de requisición, pero hizo nuevos intentos para diferir su cumplimiento hasta el día siguiente. La respuesta de los pobladores fue no moverse del lugar y exigir la requisición y venta inmediata de los alimentos. Finalmente, alrededor de las 2 de la madrugada se abrió el almacén y se vendieron los productos.

En Barrancas los pobladores de los campamentos exigen almacenes populares abastecidos por Dinac o por Agencias Graham, ambas, en el área social de la distribución. Allí se da un fenómeno que ocurre en casi todos los campamentos de pobladores de Santiago: hay resistencia a cualquier sistema de distribución que implique pasar por el comercio establecido, incluido el pequeño comerciante. En la práctica, la mayoría de los pobladores no visualizan al enemigo principal, al gran productor o distribuidor, sino al pequeño comerciante, que es el último eslabón en la cadena de la especulación y el mercado negro. Existe además otro elemento importante de considerar: por las características propias de los campamentos, el comercio está escasamente desarrollado y los pobladores siempre han afrontado graves problemas para obtener los artículos de consumo (recorren largas distancias, pagan a revendedores de tercera mano, etc).

La semana pasada se citó en Barrancas a una asamblea de pobladores y de comerciantes a la que estaba invitado el ministro de Economía, Orlando Millas, con el fin de explicar las nuevas medidas del gobierno. El ministro no llegó y en su reemplazo asistió un alto funcionario de Dirinco. Los pobladores se negaban a escuchar al funcionario y planteaban , que ellos sólo aceptarían abastecimiento directo. Posteriormente habló el alcalde de Barrancas, militante del PC, quien, según palabras de un poblador, "se puso de parte de los comerciantes". Las expresiones del alcalde merecieron el repudio de los pobladores que estaban presentes. El mismo poblador nos señaló: "el PC frena la organización de la masa, porque generalmente traen los inspectores, los que llegan y se ponen a negociar con los comerciantes".

En el caso de Nueva La Habana la distribución popular se ha montado sobre los rieles de la organización ya existente. Los productos llegan de Agencias Graham al almacén popular de la población. Se nombra un delegado por manzana (24) y de entre los delegados se eligen siete que organizan y dirigen la distribución interna. Se han confeccionado tres tipos de canasta para adecuarlas a las necesidades y al tamaño de las familias, y en los últimos días se estaba poniendo en práctica una canasta para lactantes. El proceso de entrega de la canasta una vez por semana se verifica de la siguiente manera: llega la mercadería de Graham al local del almacén popular y se elabora la canasta. Seguidamente se convoca a reunión de los 24 delegados de manzanas y se discute el contenido de la canasta esa semana, las variaciones que hay, si algún producto no llegó, el precio de las canastas, etc. Los delegados van a sus respectivas manzanas y recolectan el valor de las canastas que adquirirán las distintas familias; con el dinero reunido, cada delegado retira las canastas que corresponden a su manzana. Previamente se hizo una encuesta para conocer las necesidades de cada familia. La encuesta dio por resultado una tarjeta que consigna el nombre del poblador, el de su cónyuge y los niños que tienen. La tarjeta tiene una duración de tres meses. Como resultado de la experiencia los pobladores están discutiendo un reglamento que fije normas y responsabilidades en la distribución de alimentos al interior del campamento Nueva La Habana.

A partir de la actividad de los diversos campamentos de La Florida en torno al problema del abastecimiento, se ha gestado un Coordinador Comunal de Abastecimiento que agrupa a 12 campamentos. Agencias Graham ya ha comenzado a abastecerlos teniendo como base fundamental la organización y el control por los pobladores.

Múltiples otras experiencias podrían reseñarse. Pocas de ellas trascienden a los medios de comunicación de masas. En la mayoría de los medios de izquierda no aparecen por el temor que tienen los vacilantes al pueblo movilizado. En la prensa de derecha, sin embargo, más aventajada, estas experiencias populares son publicitarias profusamente y en sus páginas se convierten en "asaltos, robos, violaciones" efectuados por "las hordas marxistas". Los reformistas han vuelto a tirar hacia atrás las riendas ante el griterío burgués. El pueblo no comenzó sus acciones contra los especuladores después del discurso de Flores. Ya las había iniciado en muchas poblaciones y barrios populares. Pero la convocatoria lanzada a las masas el 10 de enero abría una compuerta más ancha a la organización y movilización del pueblo. La "recogida", decidida entre reformistas y generales, recorta el esfuerzo de los sectores revolucionarios de la Unidad Popular y pretende calzar al pueblo dentro de la institucionalidad burguesa.

Al otro lado, la burguesía se hace la boba pero aplaude: sus "garantes de la Constitución y de la ley" la han consolado. En otro plano, el más vital, se mueve el pueblo. Se amplían las JAP en algunas comunas tradicionales; los pobladores aglutinan a los campamentos en Coordinadores Comunales de abastecimientos; en Barrancas los pobladores han realizado más de 30 acciones contra la especulación y el acaparamiento; el pueblo no rechaza la canasta popular, sólo plantea que ella debe adecuarse a varios volúmenes familiares; las mujeres muestran en todas partes una gran combatividad.

Les cabe entonces a los revolucionarios, al interior de la UP o fuera de ella, una gran tarea: impulsar y extender la movilización de las masas tras el control popular de la distribución. El pueblo está inquieto y receptivo. El debe dar la mejor respuesta a los tibios y el golpe más contundente a los revolucionarios. La histeria burguesa, tendrá entonces justificación.

MÁXIMO GEDDA O.


Tribuna ideológica

EL PROLETARIADO NO PUEDE SER MAGNÁNIMO CON SUS ENEMIGOS

LA etapa alcanzada por la lucha de clases en nuestro país, coloca al proletariado chileno frente a sus tareas históricas las que, entre otras cosas, hacen necesario un conocimiento cabal de las luchas llevadas a cabo por el movimiento obrero en otros países y en otros tiempos a fin de servirse de estas experiencias en su lucha contra la burguesía nacional y el imperialismo.

Tan grande es la importancia histórica de la Comuna de París que Marx vio en ella la prefiguración de lo que habrían de ser las tareas inmediatas del proletariado constituido en clase dirigente, y Lenin dijo de ella: "La causa abrazada por la Comuna es la revolución social, es la emancipación política y económica total de los trabajadores, es la causa del proletariado universal. Y en este sentido, ella es inmortal". [2]

Otra razón milita en favor del conocimiento por el proletariado chileno de la experiencia de la Comuna; y es que por sobre las fronteras geográficas y temporales, la Comuna ha legado al movimiento obrero internacional, además de su ejemplo y su martirio, una lección imperecedera que evitará a las generaciones de nuevos combatientes por el socialismo, los errores y falsos pasos que tantos sacrificios costaron al proletariado parisino.

Reproducimos a continuación un artículo poco conocido de Lenin, entre los muchos que escribió sobre la Comuna.

LAS ENSEÑANZAS DE LA COMUNA

"Después del golpe de Estado que puso fin a la revolución de 1848, Francia permaneció 18 años bajo el yugo del régimen de Luis Napoleón, que llevó al país a la ruina económica y a la humillación nacional. Insurgiéndose contra el viejo régimen, el proletariado asumió dos tareas, una nacional, social la otra: la liberación de Francia de la invasión alemana y la liberación socialista de los obreros del yugo del capitalismo. La conjunción de estas dos tareas es el rasgo más original de la Comuna.

La burguesía formó entones un "gobierno de defensa nacional" bajo cuya dirección el proletariado debía combatir por la independencia de la nación. En realidad, éste era un gobierno de "traición al pueblo" que se dio como misión la lucha contra el proletariado de París. Sin embargo el proletariado, enceguecido por sus ilusiones patrióticas, no se daba cuenta de ello. La idea del patriotismo se remonta a la gran revolución del siglo XVIII; ella se apoderó del espíritu de los socialistas de la Comuna y Blanqui, por ejemplo, revolucionario indiscutido y socialista ferviente, no encontró título más apropiado para su periódico que el grito burgués, la "Patrie en danger!" (¡la patria en peligro!).

La reunión de estos dos objetivos contradictorios —patriotismo y socialismo— constituyó el error fatal de los socialistas franceses. Marx, en el Manifiesto de la Internacional de septiembre de 1870, ponía ya en guardia al proletariado francés contra un atragantamiento causado por ideas nacionales fraudulentas: después de la Gran Revolución se han producido cambios profundos, los antagonismos de clase se han agudizado, y si la lucha contra la reacción europea unía en aquel entonces a toda la nación revolucionaria, hoy, por el contrario, el proletariado no puede ya confundir sus intereses con los de las otras clases, clases que le son hostiles. ¡Que la burguesía cargue con la responsabilidad de la humillación nacional! El objetivo del proletariado es la lucha por el socialismo para liberar al trabajo del yugo de la burguesía.

Y en efecto, la verdadera cara del "patriotismo" burgués no tardó en aparecer. El gobierno de Versalles, después de haber firmado una paz vergonzosa con los prusianos, abordó su tarea inmediata, lanzando un ataque para arrancar al proletariado de París las temidas armas que éste mantenía en su poder. Los obreros respondieron proclamando la Comuna y la guerra civil.

Aunque el proletariado socialista estaba dividido en numerosas sectas, la Comuna se reveló como un ejemplo luminoso de la unanimidad con que el proletariado lleva a cabo las tareas democráticas que la burguesía apenas se atreve a insinuar. El proletariado en el poder, sin utilizar una legislación particular y complicada, simplemente por medio de bandos, democratizó el régimen social, suprimió la burocracia, hizo elegir los funcionarios por el pueblo.

Pero dos errores aniquilaron los frutos de una brillante victoria. El proletariado se detuvo a medio camino: en lugar de proceder a la "expropiación de los expropiadores", se dejó arrastrar por sueños acerca de la instauración de una justicia suprema en el país unida por una tarea nacional común; instituciones como por ejemplo los bancos, no fueron tocadas, la teoría proudhoniana del "justo cambio", etc., reinaba todavía entre los socialistas. El segundo error fue el exceso de magnanimidad del proletariado; en lugar de exterminar a sus enemigos, trató de ejercer una influencia moral sobre ellos, menospreció la importancia de las acciones puramente militares en la guerra civil y, en lugar de coronar su victoria en París con una resuelta ofensiva sobre Versalles, el proletariado contemporizó y dio al gobierno de Versalles el tiempo que éste necesitaba para reunir las fuerzas tenebrosas y prepararse para la semana sangrienta de mayo.

Pero a pesar de todos sus errores, la Comuna es el modelo más grandioso del más grandioso movimiento proletario del siglo XIX. Marx apreció grandemente el significado histórico de la Comuna: si los obreros hubieran entregado sin combate las armas que la camarilla versallesca trató pérfidamente de arrebatarles, el perjuicio moral que esta debilidad hubiera sembrado en el movimiento proletario habría sido infinitamente más grave que las pérdidas sufridas por la clase obrera en el combate, en defensa de sus armas. Por enormes que hayan sido los sacrificios de la Comuna, éstos se compensan con la importancia que ella tiene para la lucha general del proletariado: la Comuna conmovió profundamente al movimiento socialista en Europa, reveló la fuerza de la guerra civil; disipó las ilusiones patrióticas y quebrantó la fe ingenua que se tenía en las aspiraciones nacionales de la burguesía. La Comuna ha enseñado al proletariado europeo a plantear concretamente los problemas de la revolución socialista.

La lección recibida por el proletariado no será olvidada. La clase obrera le sacará provecho, como lo hizo ya en Rusia durante la insurrección de diciembre. [3]

La época que ha precedido y preparado la revolución rusa presenta algunas analogías con aquella del yugo napoleónico en Francia. En Rusia también, la camarilla absolutista condujo al país a los horrores de la ruina económica y a la humillación nacional. Pero mientras el desarrollo social no hubo creado las condiciones favorables a un movimiento de masas, la revolución no pudo estallar y, a pesar de todo el heroísmo de los ataques aislados contra el gobierno en el período prerrevolucionario, éstos se estrellaron contra la indiferencia de las masas populares. Sólo la social-democracia, [4] mediante un trabajo obstinado y metódico, supo enseñar a las masas las formas superiores de lucha: las acciones masivas y la guerra civil armada.

La social-democracia destruyó las aberraciones "nacionales" y "patrióticas" del joven proletariado y cuando al intervenir directamente logró arrancar al zar el Manifiesto del 17 de octubre, el proletariado comenzó a preparar enérgicamente la etapa siguiente e inevitable de la revolución: la insurrección armada. Liberado de las ilusiones "nacionales", el proletariado concentró sus fuerzas de clase en sus organizaciones de masa: los Soviets de diputados obreros y soldados, etc. Y a pesar de todas las diferencias entre las metas y tareas de la revolución rusa y las de la revolución francesa de 1871, el proletariado ruso debió recurrir al medio de lucha que había inaugurado la Comuna de París: la guerra civil. Recordando las enseñanzas de la Comuna, el proletariado ruso sabía que no se deben subestimar los medios pacíficos de lucha -éstos sirven sus intereses cotidianos y son indispensables durante los preparativos de la revolución—, pero que nunca se debe olvidar que en ciertas circunstancias la lucha de clases se transforma en lucha armada y en guerra civil; hay momentos en que los intereses del proletariado exigen el exterminio implacable de sus enemigos en combates abiertos. El proletariado francés fue el primero en mostrarlo durante la Comuna y el proletariado ruso lo confirmó brillantemente en la insurrección de diciembre.

Estos dos levantamientos grandiosos de la clase obrera han sido ahogados. Sea. No es menos cierto que una nueva insurrección estallará, una insurrección ante la cual las fuerzas enemigas del proletariado se revelarán débiles y en la que el proletariado socialista obtendrá una victoria total".

V. I. LENIN
"Zagranitchnaia Gazéta"
Nº 2, 23 de marzo de 1908.


Análisis

¿MÁS PODER PARA LA CLASE TRABAJADORA O PARA LAS FF.AA?

"Quien, después de la experiencia de Europa y de Asia, hable de una política que NO sea de clase y de un socialismo que NO sea de clase, merece simplemente que se le meta en una jaula y se le exhiba junto a un canguro australiano".

V. I. Lenin ("Vicisitudes históricas de la doctrina de Carlos Marx").

RESULTA alarmante comprobar, luego de un análisis de los hechos políticos de las últimas semanas, que el gobierno de la Unidad Popular viene siendo inmovilizado en la malla de acero que "democráticamente" teje la burguesía.

El gobierno tuvo una excelente oportunidad de escapar a ese tupido cerco que le han tendido sus enemigos. El discurso del ministro de Hacienda, Fernando Flores, trazando líneas para combatir el mercado negro, la especulación y el acaparamiento, en realidad, constituyó un esfuerzo malogrado de arrinconar —con apoyo de masas— a la burguesía.

La reacción furibunda de la derecha por ese discurso, reveló que el golpe había tocado una parte muy sensible de su cuerpo.

Casi automáticamente se desató la campaña publicitaria de los poderosos medios de influencia ideológica que posee la burguesía. Su magnitud y vehemencia consiguió paralogizar al gobierno que entró a una táctica defensiva.

Incluso el Presidente Allende cayó en una antigua y repetida celada, enviando dos cartas a "El Mercurio" que el vocero imperialista retrucó con el desenfado de quien tiene la sartén por el mango.

LA DEFENSIVA COMO TÁCTICA

Es bien sabido que tanto en la política como en la guerra la defensiva no permite decidir el éxito de una operación. Esto quedó plenamente demostrado una vez más. El discurso del ministro Flores se diluyó en las numerosas explicaciones que autorizados voceros del gobierno se sintieron en la obligación de dar.

El anuncio entregaba respaldo a organizaciones de masas, como las Juntas de Abastecimientos y Control de Precios (JAP), Comandos Comunales de Trabajadores, etc, para combatir la escasez artificial y la especulación. Pero 48 horas más tarde los ministros militares emitían una declaración señalando que no compartían las apreciaciones políticas del ministro de Hacienda, aun cuando sí la necesidad de combatir el mercado negro a través de medios "legales".

Esta declaración no bastó para tranquilizar a la burguesía. Arreció la campaña de insultos y calumnias contra las JAP, los Comandos Comunales y demás organizaciones creadas por las masas.

Alcanzó límites inéditos en Chile la manifestación pública del odio que la burguesía siente por la clase obrera.

EL ODIO A LOS TRABAJADORES

Todos los recursos de la guerra psicológica, colocados por la CIA a disposición de los publicistas reaccionarios, se pusieron en movimiento contra las JAP, los Comandos Comunales y demás organizaciones de masas. Las brigadas para descubrir el acaparamiento de alimentos se convirtieron en "bandas de asaltantes". Los especuladores, que son sanguijuelas adheridas a las poblaciones populares, se transformaron en "honrados comerciantes", y quienes los combatían en "vándalos marxistas". El sistema para establecer una distribución racional y justa de alimentos pasó a ser una "tarjeta maldita" y quienes las propugnaban unos "antipatriotas inspirados por la dictadura cubana".

La extrema virulencia de esta campaña demostraba, sin lugar a dudas, que la burguesía había caído en el pánico. Incluso se insinuó un paro como el de octubre y "El Mercurio", que venía recomendando paciencia hasta marzo, declaró que si las medidas anunciadas por el ministro Flores se ponían en ejecución, las elecciones no tendrían razón de ser para la derecha.

TEMOR AL PODER POPULAR

El temor de la burguesía a un control de masas que permitiera racionalizar el consumo no se basaba solamente en un mero anuncio ministerial.

Había una razón más profunda y era que las organizaciones populares, como las JAP y los Comandos Comunales de Trabajadores, que venían desarrollando una esforzada tarea para descubrir acaparamientos, distribuir con justicia e impedir la especulación, se vieron alentadas con el anuncio del ministro de Hacienda.

En ese sentido, Flores no hizo sino recoger una experiencia que venía dándose a nivel de las masas y anunciar que el gobierno se apoyaría en las organizaciones populares, dando respaldo a las tareas que las propias masas se habían asignado.

La embestida de la burguesía incluso logró comprometer a los obreros del cobre de Chuquicamata, en una operación digna de los expertos de la CIA que están actuando en el país y que se sirven de dirigentes sindicales amarillos.

Esa ofensiva estaba orientada en lo político contra el gobierno.

La reacción intenta obtener en marzo los dos tercios del Parlamento. Eso le permitiría someter o destituir constitucionalmente al gobierno de la UP. Por ello es deber frustrar esa maniobra que aplica el resorte electoral.

Para acumular fuerzas, por lo tanto, la derecha mantiene una permanente campaña sobre el gobierno.

La intocada posesión de una amplia batería de medios publicitarios, que además gozan de garantías constitucionales para desarrollar su tarea, le permite implementar rápida y eficazmente su guerra psicológica, no diferente, por cierto, a la de otros casos, como Brasil en 1964 y Bolivia en 1971.

Pero el gobierno no es sino un objetivo secundario que cada vez da mayores muestras de debilidad.

El verdadero enemigo al que combate la burguesía es la clase trabajadora, particularmente la clase obrera. En los trabajadores ella ve el cuchillo que la historia ha forjado para degollarla. En sus sueños intranquilos de clase dominante en decadencia, la burguesía sufre delirios y sobresaltos. Se los provoca la visión que ella misma na creado de la democracia proletaria, que es para ella la más feroz de las dictaduras.

LA FUERZA DE LOS TRABAJADORES

La burguesía sabe, y no se equivoca, que la clase trabajadora chilena ha acumulado un nivel alto de experiencia de lucha. Aquellos sectores que se han organizado para luchar por sus intereses de clase, han adquirido confianza en sus propias fuerzas.

Una parte considerable de los avances logrados durante el actual gobierno se debe al empuje y a la propia decisión de la clase trabajadora. No ha sido una dádiva ni una hazaña política de burócratas. Ha sido, en cambio, fruto de la legítima y disciplinada presión de las masas organizadas. A veces, incluso, en abierta contradicción con quienes confunden el paternalismo con posiciones revolucionarias.

Si bien el odio de la burguesía ha atizado la lucha de clases, su Contendor no ha estado ausente. El proletariado y las capas explotadas que comparten sus objetivos, no han permanecido a brazos cruzados.

El odio burgués no se ha puesto al rojo por tal o cual entrevero parlamentario, terreno en el cual controla perfectamente la situación y puede neutralizar todo peligro. Una prueba palpable ha sido el rechazo —de una plumada— del proyecto del gobierno que sancionaba el delito económico.

Lo que en verdad produce temor a la burguesía y logra sacarla de sus casillas, es advertir que las masas se organizan para destruir el sistema que protege los privilegios de una minoría y consagra la explotación de la mayoría.

En el caso concreto que examinamos, o sea la situación producida a raíz del discurso del ministro Flores, la amenaza era todavía mayor. Significaba reforzar —con el instrumento que constituye el gobierno— la lucha de las masas. Los sectores burgueses que están usando el mercado negro y la especulación para incrementar sus ganancias a ritmo geométrico, verificaron con pánico que se les venía encima un enemigo arrobador. Su reacción histérica —prorrumpiendo en insultos y calumnias contra las JAP, los Comandos Comunales y los trabajadores en general—, no fue sino producto del terror. Era terror a la fuerza del pueblo organizado.

EL MISMO MOLDE DE OCTUBRE

Lo que sucedió luego parece sacado de una novela de equívocos y no de una estrategia revolucionaria.

Cuando el pánico de la burguesía era mayor, debido a una cantidad impresionante de certeros golpes aplicados por las JAP y los Comandos Comunales, el gobierno adoptó una decisión que, tal como en octubre del año pasado, favorece la imagen de una derecha fuerte.

En los hechos, se enmendó la plana —en sus aspectos políticos— al discurso del ministro de Hacienda. Se le dejó reducido a medidas administrativas —en un severo marco legal— para la distribución y comercialización de alimentos.

Se creó una secretaría ad-hoc, dependiente del ministerio de Economía, a cargo de un general de la Fuerza Aérea, mientras altos jefes de la Marina y el Ejército se hacían cargo de las empresas estatales de distribución de alimentos.

O sea, se buscó una "solución" similar a la de octubre del año pasado. Las Fuerzas Armadas —en vez de la clase trabajadora organizada— pasaron a jugar el rol decisivo.

Esta situación no puede ser más paradójica desde el punto de vista del desarrollo de la lucha social en Chile.

Aparte de reconocer como un hecho muy positivo que las Fuerzas Armadas hayan permanecido sordas a los cantos de las sirenas golpistas, el hecho concreto es que no han asumido un compromiso explícito con el proceso que en Chile se propone construir el socialismo.

En cambio, la clase trabajadora sí. Por lo tanto, tiene derecho a dirigir un proceso que le atañe directamente.

En esta materia quizás pueden distinguirse matices. Por ejemplo, el ministro del Interior, general Carlos Prats, ha tenido manifestaciones más claras en favor del gobierno y del programa de la Unidad Popular.

No ocurre lo mismo con los representantes de la marina y la aviación en el gabinete, lo cual dio verosimilitud a rumores de que ellos habrían presionado con sus renuncias la decisión que, en definitiva, se tomó en materia de distribución y comercialización de alimentos. El propio general Prats se encargó de declarar que las JAP, aunque legales, sólo pueden desarrollar una labor de "asesoría que, en todo caso, debe ser abierta y no discriminatoria".

Las Fuerzas Armadas, en la medida que hagan suyos los objetivos por los cuales luchan los obreros, campesinos, pobladores y pequeña burguesía pobre, no tienen por que permanecer al margen de las tareas de gobierno. Eso está claro.

Pero la culminación de la coyuntura de octubre de 1972, las situó en el gabinete —según señalaron—, para garantizar la "paz social" y elecciones normales en marzo. Expresiones más calurosas de apoyo al gobierno de parte del general Prats —que le han acarreado fuertes ataques de la prensa derechista—, no han cambiado el carácter de la participación de las FF.AA. en el gabinete.

Tal como en octubre, esta vez la entrega a las FF.AA. del problema de la distribución y comercialización de alimentos, fue acogida con beneplácito por los voceros políticos y publicitarios de la burguesía. En especial aplaudieron la remoción y reemplazo por militares de los ejecutivos de las empresas estatales de distribución, todos ellos militantes de partidos de la UP. La prensa derechista venia acusándolos de discriminar en favor de las JAP en la distribución de artículos de consumo masivo.

LAS BATALLAS QUE VIENEN

Sin embargo, octubre del 72 y enero del 73 no son episodios que transcurran sin dejar lecciones. La clase trabajadora sabe recoger experiencias, madurarlas y convertirlas en elementos útiles para sus tácticas de lucha.

Las decisiones que terminaron por cambiarle rumbo al sentido del discurso del ministro Flores, no significan necesariamente que las organizaciones de masas deban cancelar las luchas que venían dando. Por el contrario, hay todo un caudal de actividades que venían produciéndose (algunas de las cuales reseñamos en otras páginas), y ellas no tienen por qué interrumpirse. Desde luego, es improbable que las vayan a interrumpir quienes ya aprendieron a ejercer auténticas formas de poder popular.

Basta echar una mirada general a lo que han sido las luchas de los obreros y campesinos en los últimos años, para comprender que la clase trabajadora está en el período de preparar sus fuerzas para grandes batallas.

Las prédicas de la "paz social" y de la renuncia a la lucha de clases, no son fenómenos nuevos para el proletariado. Lenin en el artículo del epígrafe lo recordaba señalando que "los oportunistas tienen muchos adeptos entre los parlamentarios socialistas, entre los diversos funcionarios del movimiento obrero y los intelectuales "simpatizantes".

Sin duda, no basta citar a Lenin para tener la razón.

En el caso chileno hay algo más elocuente. Es la propia realidad de la lucha de clases. Ha engendrado un cuadro que convierte en un absurdo "toda doctrina de un socialismo que no sea de clase".

Mientras la clase trabajadora mantenga su independencia para trazar su camino hacia el socialismo, creando entre tanto las formas de poder que necesita, serán estériles las maniobras de la burguesía. Ella se limita a amarrar al gobierno, pero no puede meter en un cepo a la clase que ha de desplazarla en la dirección de la sociedad.

MANUEL CABIESES DONOSO


Notas:

1. El contenido que el dirigente del MAPU, Eduardo Aquevedo, atribuye al discurso del ministro Flores, se vio lamentablemente corregido el 22 de enero. El ministro del Interior, general Carlos Prats. puntualizó ese día que las JAP sólo tienen un carácter "meramente asesor y cooperador a la función pública que corresponde legalmente a la Dirección de Industria y Comercio, y, por ende, carecen de toda facultad ejecutiva o decisoria". Las JAP son las organizaciones de masas creadas en febrero de 1972 para combatir la especulación y ocuparse del abastecimiento. Han tenido activa participación en el último período, especialmente a partir del discurso del ministro Flores. Por otra parte, Junto con la declaración de Prats, el gobierno creó la Secretaría Nacional de Distribución y Comercialización a cargo del general de Brigada Aérea, Alberto Bachelet Martínez. Junto con él fueron designados representantes de las otras ramas de las FF.AA. para organizar la Secretaría que, hasta ese momento, estaba en manos del socialista Julio Stuardo. Los designados son el capitán de navío, Alfonso Parodi Tapelo; el coronel Patricio Torres Rojas; el teniente coronel Manuel Barros Recabarren, y el coronel (r) Omar Blanchart Muñoz. Estos militares fueron Inmediatamente designados presidentes de las empresas distribuidoras estatales. O sea, en los hechos, no se entregó "capacidad de decisión efectiva a las masas", como planteaba el discurso del ministro Flores, sino a las FF.AA. Esto parece Indicar que la "política reformista" posterior a Vuskovic, encarnada por el actual ministro de Economía, Orlando Millas, mantiene su hegemonía en el gobierno. (N. de PF).

2. V. I. Lenin: "Rabotchaia Gazéta" (La Gaceta Obrera) Nº 45, 15 (28) de abril de 1911.

3. Insurrección de diciembre de 1905, ahogada en sangre.

4. Se refiere al Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (POSDR)


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02