El campo chileno: ¿Dónde va la reforma?

Suplemento de la edición Nº 167 de PUNTO FINAL
Martes 26 de septiembre de 1972
Santiago - Chile

El campo chileno:
¿DÓNDE VA LA REFORMA?

Por RIGOBERTO RIVERA

"La característica fundamental del problema agrario chileno la constituye el grado de dependencia de nuestros campesinos. De allí surge una situación de mayor atraso relativo en la sub-desarrollada sociedad chilena. Seres que no son libres, no alcanzan a desempeñarse como personas y es por eso que no pueden contribuir como tales en el perfeccionamiento de una vida en sociedad que crece en complejidad cada día, con el incesante aumento de población.

La condición dependiente de nuestros campesinos surge de las estructuras económicas, políticas y sociales que han regido al país hasta estos momentos".

SALVADOR ALLENDE G. [1]

CHILE asiste a un proceso de reformas dentro del marco de una estrategia que, según sus autores, conducirá al socialismo.

Una vez desencadenado el proceso, creemos que la dinámica adoptada no corresponde a lo planeado. Dicho más explícitamente: la misma dinámica del proceso ha generado fuerzas nuevas que tienen sus propias características y que, por el hecho de no haber sido incluidas en el proyecto, pueden conducirlo en direcciones que no corresponden al objetivo inicial.

Estas fuerzas nuevas aparecen en todos los sectores del aparato productivo, si bien en formas indecisas en muchos casos. En algunos sectores de la economía es posible detectarlos con relativa facilidad, al mismo tiempo que las condiciones que las generan, la potencia y dinamismo que adquieren, el apoyo que reciben, y la dirección tentativa que adoptan. En este informe trataremos el caso del sector agrario. [2]

La Reforma Agraria ha cumplido una primera etapa del programa: liquidar el latifundio y socavar las bases de sustentación de la gran burguesía agraria. Ahora, quedan por hacer muchas cosas, por ejemplo, convertir el área reformada en una base social de apoyo al proceso revolucionario, integrar a las capas pequeño-burguesas al proceso y queda también la presencia de la burguesía agraria que, en gran parte, no ha sido tocada por el proceso. Queda, en fin, convertir la reforma en revolución agraria. Es decir, queda casi todo por hacer.

INTRODUCCIÓN

La sociedad chilena tiene un tipo de organización social, económica y política que es posible definir en los siguientes términos: "Chile es un país capitalista, dependiente del imperialismo, dominado por sectores de la burguesía estructuralmente ligados al capital extranjero, que no pueden resolver los problemas fundamentales del país, los que se derivan precisamente de sus privilegios de clases, a los que jamás renunciarán voluntariamente". [3]

El sistema capitalista en general tiene dos características fundamentales:

a) Existen dos clases sociales antagónicas: la burguesía y el proletariado, los poseedores y los desposeídos de la propiedad de los medios de producción.

b) La regulación del proceso económico está basado sobre la existencia de un mercado donde predominan la libre oferta y demanda de bienes y servicios.

Las clases sociales en el sistema capitalista tienden a adoptar la forma de una pirámide cuando se las considera cuantitativamente respecto al número de sus miembros, mientras que esta pirámide se invierte cuando se examina cualitativamente esta estructura en relación a la cantidad de poder de que disponen cada una de estas clases.

Esta estructura de clases genera una lucha por obtener el control de la economía y del Estado de parte del proletariado, y contradictoriamente con lo anterior, una lucha por defender su cuota de control por parte de la burguesía. Esta lucha de clases genera, a su vez, la dinámica del proceso histórico, crea las coyunturas políticas, y mantiene todo el movimiento de los diferentes grupos sociales, y por ende de la sociedad.

Ahora bien, las clases sociales que se estructuran en el conjunto del sistema, asumen formas y características particulares a medida que nos acercamos a las unidades mínimas de producción en el seno del sistema.

Tenemos entonces que según este razonamiento, el esquema de clases del sistema en su conjunto puede ser aplicado al sector agrario, considerando sin embargo las particularidades propias de tal estructura, derivado de sus condiciones de producción particulares y del desarrollo histórico que ha generado esta estructura de clases.

En el sector agrario las clases se estructuran de la siguiente manera (La cabida territorial es relativa y arbitraria):

a) Una gran burguesía de tipo latifundiario, con formas de propietario absentista, con fuertes ligamentos con la industria y el comercio. Puede tratarse de propietarios unipersonales o de sociedades anónimas, que cuentan con propiedades de una cabida territorial superior a 80 Has. de riego básico (HRB).

b) Una burguesía agraria con propiedades de cabida territorial mediana, entre 40 y 80 HRB. Es un tipo de propietario que cultiva por sí mismo la tierra, en base a la contratación de fuerza de trabajo asalariado y empleo de abundante equipo mecánico.

c) Una mediana burguesía propietaria de una cabida territorial entre 10 y 40 HRB. Corresponden a formas empresariales que cuentan con una mecanización parcial y con una contratación escasa de trabajo asalariado.

d) Capas y sectores sociales pequeño-burgueses y/o con formas de acción económico-política pequeño-burguesa. Estas capas son los medieros y otras formas de aparcería, los inquilinos, los pequeños campesinos con propiedades menores de 10 HRB, y por último los sectores de propietarios mapuches de la zona centro-sur. A este sector lo denominamos genéricamente "campesinos". Se caracterizan porque no explotan ni son explotados como fuerza de trabajo, más que en una mínima escala.

e) El proletariado agrario, sector de clase desprovisto de medios de producción excepto su propia fuerza de trabajo. Son los asalariados agrícolas propiamente tales, los afuerinos, los voluntarios y sectores de una capa de semi-proletarios.

El proceso de reforma agraria en su inicio tenía como objetivo liquidar a la gran burguesía, a fin de agilizar y dinamizar el capitalismo en el agio, a la vez que acallar el creciente descontento de las masas explotadas.

La Unidad Popular intentó transformar este objetivo en el entendido que era posible darle un contenido diferente, transfiriendo este proceso reformista burgués a una reforma agraria revolucionaria.

Si bien estaba claro lo que se haría con la gran burguesía latifundiaria, no se planteó nada respecto a la burguesía agraria, sector social que lidera la producción agrícola. En cambio, el Programa establecía claramente que el campesinado pequeño burgués sería incorporado al proceso mediante su asimilación gradual a cooperativas de producción.

Las capas de campesinos sin tierra semi-proletarios, inquilinos, medieros y sectores asalariados, serian integradas en forma de asentamientos o en Centros de Reforma Agraria (CERA). En cambio no se analizó en términos de estructura de clases cuáles serían las consecuencias que derivarían del proceso, mientras se conservara el sistema capitalista burgués de relaciones de mercado, que tiende por definición a incrementar formas de conciencia pequeño burguesas.

El sistema económico-social de Chile está basado en un modelo de producción capitalista, donde la existencia de un mercado regulador de la economía es fundamental en la generación de los sistemas de intereses de las respectivas clases y capas sociales.

La inserción de clases y capas sociales en el sistema productivo, es mediatizada por el mercado con respecto a las relaciones inmediatas que se establecen entre ellas. Lo más concreto, lo que aparece en la superficie del sistema productivo, es el mercado; lo que los miembros del sistema observan en una primera aproximación a las relaciones de producción son las relaciones que se establecen entre ellos, a través de los mecanismos del mercado.

El mercado debe entenderse en su más amplio sentido como el relacionador directo de las clases y capas sociales en el seno del capitalismo. De este modo, vemos que el obrero que vende su fuerza de trabajo se relaciona con el capitalista respecto a las condiciones de la oferta y la demanda del mercado de trabajo. El productor independiente está permanentemente sometido a los vaivenes del mercado respecto a la oferta o la demanda que su producción pueda tener. Lo mismo pasa con el capitalista que, a pesar de ejercer un mayor control sobre el mercado, su posibilidad de extraer una cuota mayor de plusvalía está condicionada por la oferta de fuerza de trabajo y por las posibilidades que tiene el mercado de absorber su producción.

La alternativa que se le plantea entonces a cada clase y capa social en el seno del sistema está dilectamente vinculada con el logro de un mejoramiento de los términos de intercambio con respecto a la posibilidad de extraer una mayor cuota de ganancia. Cada grupo de intereses estructura sus pasos tácticos buscando mejorar su posición relativa en los mecanismos del mercado.

El objetivo político-económico que se plantea cada clase y cada capa social en el seno del sistema es catalizada por la existencia y la acción del mercado. El mercado hace las veces de canalizador de los intereses más inmediatos así como de espejo en que se miran las distintas clases y capas del sistema.

Si hacemos un resumen de los distintos intereses político-económico que motivan el accionar de las diferentes clases y capas del sistema, veremos de inmediato cómo la gran mayoría de ellas mediatizan todo el conjunto de sus acciones a través de su participación y localización en las estructuras del mercado, con respecto a las alternativas que ofrece el sistema.

1.—A la gran burguesía monopólica le interesa conservar en Chile las condiciones existentes antes de la promulgación de la Ley Nº 16.640 de Reforma Agraria de 1967. Para el logro de sus objetivos recurre a formas fascistas de acción, ya que la dinámica del sistema le ha hecho perder su hegemonía política, en favor de programas que acogen reformas democratizantes del sistema. La gran burguesía busca comprometer al conjunto de la burguesía en sus acciones a través del control progresivo de más amplios sectores políticos, tales como el Partido Nacional, la Democracia Radical, la derecha del Partido Demócrata Cristiano, y sumando a ellos movimientos fascistas tales como "Patria y Libertad", el grupo "Tacna", etc., que propenden abiertamente una solución fascista a través de la intervención del ejército.

2.—A la burguesía y a la mediana burguesía agraria-comercial-industrial no le conviene la presencia de la gran burguesía. Esto hace que apoye a la Unidad Popular en algunas medidas antimperialistas y antimonopólicas. En el sector agrario la presencia de una gran burguesía especuladora de tierras, frena su actividad económica así como coarta sus posibilidades de funcionar en el mercado y sus posibilidades de acceder al poder político, debiendo contentarse con un pasivo papel de apoyo. La burguesía como tal puede contar con mayor poder político efectivo en lo referente a la economía agraria a través de una participación ascendente dentro de la SNA (Soc. Nac. de Agricultura) pudiendo pasar a controlar de esta manera centros de poder a los cuales no tenía acceso.

Pero su apoyo al gobierno de la UP permanece hasta el momento en que ya la gran burguesía en proceso de desaparecimiento no es un peligro y las clases populares se plantean como objetivo la eliminación también de la propia burguesía. En este momento es cuando los sectores que apoyaron una reforma agraria que terminara con el latifundio, que apoyaron una reforma constitucional para nacionalizar el cobre, que apoyan también tácitamente la requisición de algunos monopolios, como los textiles, la banca en manos de los grandes clanes monopólicos, etc., se vuelven acérrimos opositores y, enarbolando las banderas tradicionales de la burguesía liberal, se proponen el control progresivo de todos los centros de poder que están en manos de los partidos populares (CUT, Universidad de Chile, medios de comunicación de masas, principalmente los canales de TV, y también otros centros tales como federaciones estudiantiles, sindicatos, etc.), al mismo tiempo que intentan dar una imagen de movilización de masas a través de manifestaciones públicas.

La burguesía comienza a tomar cada vez un mayor control de masas a través de la creciente absorción del Partido Nacional, tradicional representante de la gran burguesía, del Partido Demócrata Cristiano y de la Democracia Radical, así como gana el apoyo de una fracción del Partido Radical, el PIR, que se retiró de la coalición de la UP.

3.—A la pequeña burguesía agraria, sector que no explota ni es explotado en forma directa, la mueve un conjunto de intereses de una complejidad mayor dada la heterogeneidad de sectores que la integran. La pequeña burguesía se plantea básicamente dos objetivos inmediatos sobre los cuales planifica su accionar:

a) Un mejoramiento progresivo de sus posibilidades dentro de los términos de intercambio que plantea el mercado a través de un incremento de su capacidad económica por el aumento del volumen de sus explotaciones. Esto significa mayor cantidad de tierra, mayor asistencia técnica, mejores canales de comercialización, planificación regional de la producción, etc., tareas todas que se exigen al Estado.

b) Para lograr lo anterior es necesario el desaparecimiento de la gran burguesía acaparadora de tierras, y también de la burguesía en la medida que ésta última sigue controlando como sector hegemónico el dinamismo de la producción. Frente a todo esto a la pequeña burguesía no le queda otra alternativa que la formulación de un modelo de programa social-demócrata, o, lo que es lo mismo, de un capitalismo pequeño-burgués.

En la consecución de los objetivos descritos la pequeña burguesía no es capaz de actuar como una fuerza unitaria ni tampoco es capaz de formar partido, sino que reparte sus fuerzas en dos frentes, situación que finalmente la favorece, como veremos:

a) Por la presencia en el interior del equipo de gobierno a través del API (Acción Popular Independiente), el Partido Radical, así como también a través de importantes sectores del Partido Socialista, MAPU e Izquierda Cristiana.

b) Por el accionar desde fuera de la Unidad Popular, en el seno de los partidos Democratacristiano, PIR y el control progresivo del Partido Nacional y la Democracia Radical.

La pequeña burguesía agraria pasa a ser la capa social más favorecida y esto se debe precisamente a su misma heterogeneidad y falta de objetivos estratégicos, lo cual la hace un bocado de todos los partidos que tratan de ganar el apoyo de esta gran capa que en Chile es la que finalmente decide la mayoría. La Unidad Popular le brinda sus favores en forma incondicional, mejorando en lo posible su situación, mientras que la burguesía ve en ella su única base social de apoyo posible e intenta, por todos los medios, de adecuar su programa de manera de favorecerla también. Y esto lo concreta enunciando la teoría de la "participación", de las empresas de "autogestión" o empresas de los trabajadores, donde los dueños del capital pasan a ser los mismos trabajadores, incentivando en el agro la forma de propiedad individual en régimen de cooperativa, etc. La burguesía enuncia su programa bajo el lema de una "verdadera alternativa revolucionaria" y es capaz de hacer esta concesión sólo porque, de otra manera, todos esos campesinos pasarían a laborar en empresas de propiedad social y los perdería definitivamente como posibles aliados.

La pequeña burguesía como capa social no es capaz de formular un conjunto estructurado de intereses, no es capaz de estructurar una clase; su característica predominante es la heterogeneidad y su desconcierto frente al acontecer político. No es capaz de formularse objetivos estratégicos y desarrollar líneas de acción conforme al plan. Es una capa social políticamente miope, que resulta favorecida de casualidad, por su fuerza potencial que todos tratan de utilizar y ganar para sí. Establece alianzas con otras clases que en su diversidad la hacen muchas veces enfrentarse entre ella misma, pero al final es la capa que tiene mayor permanencia en todo proceso de cambio y es capaz de volver a reconstituir el sistema capitalista.

4.—Los asalariados agrícolas en general también constituyen una capa heterogénea y contradictoria. Existen sectores entre ellos de intereses contrapuestos. Es en conjunto la capa social cuantitativamente más numerosa, a la vez que la más distintiva del espectro social.

Básicamente existen dos sectores entre los asalariados agrícolas:

a) Los asalariados pequeño-burgueses constituidos por las grandes capas de la burocracia del sistema, los intelectuales, los cuadros técnicos, etc.

b) El asalariado obrero, único sector superexplotado en el seno del capitalismo, es también el único capaz de estructurar una clase social, el proletariado, y formular un conjunto estructurado de intereses diferentes a los condicionados directamente por la ideología del sistema. Y es también el único sector social que, como clase, es capaz de conducir a las otras capas sociales explotadas en una lucha por una modificación sustancial del sistema burgués de relaciones sociales de producción. El proletariado encuentra su representación política, en el caso chileno, en torno al Partido Comunista, MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionarla), Partido Socialista y MAPU.

En general el sistema capitalista condiciona los intereses inmediatos de los distintos grupos sociales a través de la vinculación que cada clase y capa establece frente al mercado y las posibilidades que tiene cada una de mejorar su posición relativa en el mercado. Todas las capas y clases sociales, excepto el proletariado, buscan mejorar su posición en el seno de los mecanismos del mercado, pero en ningún momento se plantean políticamente su eliminación. En cambio el proletariado, mientras exista capitalismo y por ende mercado capitalista, siempre va a permanecer explotado ya que sus posibilidades de mejoramiento son nulas. Es por esto que se explica que el proletariado sea la única clase que, como tal, se formule un programa de destrucción del sistema económico-social capitalista de mercado.

II

ANÁLISIS HISTÓRICO DEL PROCESO DE REFORMA AGRARIA EN CHILE

Las reformas agrarias en América latina han respondido a tres cuerpos de intereses diferentes y antagónicos:

1.—Las que surgen y son promovidas en el seno de la burguesía agraria y que están encaminadas a dar una imagen externa de transformaciones en la forma de la tenencia y propiedad de la tierra... Se caracterizan porque promueven la colonización de extensas áreas inexplotadas, o al reparto de tierras escasamente aptas para la producción. Este tipo de reformas agrarias se ha intentado llevar a efecto en casi todos los países de América latina (Argentina, Colombia, Venezuela, etc.).

2.—Las reformas agrarias que han sido promovidas y llevadas a cabo por sectores sociales antimonopólicos, y que intentan modernizar y agilizar la estructura de producción del sistema agrario, de manera que responda a la dinámica general del sistema productivo. (Perú y Chile son los casos más típicos).

3.—Las reformas agrarias que se generan a partir de un proceso revolucionario de lucha de clases e intentan transformar la producción y la estructura de tenencia de la tierra con el objetivo de construir el socialismo. Único caso en América latina es Cuba. Sin embargo, dentro de este tipo de generación, de reforma agraria, existen los casos de Bolivia y México, ejemplos ambos de procesos revolucionarios frustrados que han dado como consecuencia un tipo de reforma agraria asimilable al descrito en el punto dos.

En el caso chileno, hasta el día de hoy, se han intentado llevar a cabo cuatro modelos consecutivos de reforma agraria, con la particularidad de que cada uno ha sido un perfeccionamiento y una fase más radicalizada y más antimonopólica que la anterior, debido a diferencias en la concepción teórica que las originó y en la correlación de fuerzas político-sociales que tienen acceso al poder del Estado. Pero los cuatro modelos tienen como características comunes que no conllevan simultáneamente una transformación del sistema de producción capitalista, que permanece dominante en el conjunto del sistema económico. Otra de las particularidades del proceso de reforma agraria en Chile es que no han tenido efectos fundamentales en la estructura de la institucionalidad del Estado, ni en la gestión económica del sistema, al contrario de lo que ha sucedido en México, Bolivia, Guatemala o Cuba.

LA PRIMERA REFORMA AGRARIA

Una serie de acontecimientos que dan como resultado un gran deterioro de la economía y un alza creciente de los niveles combativos de las masas, que exigen cambios en la estructura de la producción, llevan a que en diciembre de 1928 se promulgue la primera ley de reforma agraria. Esto con fuerte oposición de la gran burguesía agraria cuyos más connotados intelectuales, tales como Francisco Encina, decían: "Los factores de fracaso que lleva consigo la colonización son la falta de laboriosidad y previsión de nuestro pueblo... La más elemental prudencia aconseja no desorganizar la estructura agraria actual". [4]

La crisis del sistema económico, derivado de la caída de la agricultura exportadora en la década del 20, la crisis de la monoexportación del salitre en 1926, etc., provocaron un gran movimiento obrero y campesino que comenzó a exigir con mayor fuerza algunas transformaciones profundas en el sistema productivo. La década del 20 presencia también la irrupción del sindicalismo legal en 1924 (Ley Nº 4.056), que se origina de las transformaciones sociales generadas por la "revolución" de ese año.

A la ley de reforma agravia de 1928 se le llamó Ley de Colonización, y corresponde al modelo que hemos definido en primer lugar. Creó como instrumento encargado de hacer efectiva esta reforma la Caja de Colonización Agrícola.

Esta ley continuó en vigencia hasta 1962, y en sus 34 años de funcionamiento la Caja creó 120 colonias compuestas por un total de 4.779 pequeños predios: apenas el 2,5% de los predios existentes en el país. El procedimiento consistía en la adquisición, al contado y a precios comerciales, de un fundo que era sub-dividido en parcelas. Estas se vendían con créditos a largo plazo. A los antiguos inquilinos se les asignaba minúsculos "huertos familiares", insuficientes hasta para su subsistencia, lo que les obligaba a trabajar a jornal para los parceleros. Los adquirentes eran en su mayoría gente de la clase media urbana: abogados, comerciantes, militares, elegidos a menudo con criterio de favoritismo político o familiar.

No se tomó en cuenta la inflación ni se estableció reajustabilidad de precios, de modo que muchos favorecidos obtuvieron sus parcelas prácticamente gratis. Uno de los últimos predios parcelados por la Caja de Colonización fue la hacienda "Lautaro", de 8.000 hectáreas, en 1962. Pertenecía a la Caja Nacional de Empleados Públicos y Periodistas.

Una crónica del diario "El Sur" de Concepción, relata la toma de posesión de los nuevos propietarios: "Los inquilinos miraban de lejos el acto. La mayoría de los nuevos dueños había llegado en modernos automóviles que por primera vez eran vistos en esas tierras ...". De los treinta y dos inquilinos de la hacienda, veinte y cuatro recibieron "huertos familiares" de 1 a 4 has. de rulo, que en total no sumaban 100 has. El resto del vasto predio se subdividió en parcelas de 70 a 647 has., que se repartieron entre 46 santiaguinos y terratenientes vecinos". [5]

LA REFORMA AGRARIA DE J. ALESSANDRI

La segunda ley de reforma agraria que se conoce en Chile fue promulgada en 1962. La promulgación de la nueva ley obedece a los dictados de los acuerdos tomados en Punta de Este, conforme a la Alianza para el Progreso, estrategia de EE.UU. para modernizar el capitalismo en América latina y evitar el surgimiento de una nueva revolución después de Cuba.

La Carta de Punta del Este expresa en su Objetivo 6º "... Impulsar, dentro de las particularidades de cada país, programas de reforma agraria integral, orientada a la efectiva transformación de las estructuras e injustos sistemas de tenencia y explotación de la tierra, donde allí se requiera, con miras a sustituir el régimen del latifundio y minifundio por un sistema justo de propiedad, de tal manera que mediante el complemento del crédito oportuno y adecuado, la asistencia técnica, y la comercialización y distribución de los productos, la tierra constituya para el hombre que la trabaja, base de su estabilidad económica, fundamento de su progresivo bienestar y garantía de su libertad y dignidad". [6]

La ley de reforma agraria promulgada el 15 de noviembre de 1962 con el número 15.020, no era otra cosa que una puesta al día de la antigua ley de colonización agrícola. Su objetivo era parcelar las grandes propiedades improductivas y al mismo tiempo formar cooperativas de servicios con el fin de aumentar la cuota de productividad de la tierra. Otro de los objetivos que se programaron era la renovación tecnológica de la agricultura y la diversificación de los cultivos, a través de planes regionales de desarrollo agrícola. Estos planes están definidos en el Art. 5º de la ley que, en su inciso a), dice: "Cada Plan de Desarrollo Regional Agrícola deberá abarcar una zona geográfica determinada comprender estudios de las tierras, sus sistemas de trabajo y de explotación regional; de los posibles mejoramientos de la producción que podrán obtenerse mediante la división adecuada y el saneamiento de minifundios;...". [7]

Algunos de los requisitos para postular a parcelas eran: 1.—Dirigir una solicitud a la CORA; 6.—Certificado que acredite la honorabilidad del postulante y sus aptitudes para las faenas agrícolas; 9.—Una solicitud por correo del fundo, provincia o zona donde deseaba obtener parcela.

LA REFORMA AGRARIA DE LA DEMOCRACIA CRISTIANA

"En 1965, el nuevo gobierno de la DC anunció sus objetivos de reforma agraria:

1) Conceder tierras a miles de campesinos; 2) Aumentar la producción agrícola; 3) Elevar los ingresos y el nivel de vida de los campesinos; 4) Obtener la participación activa del campesinado en la sociedad nacional". [8]

En la práctica el programa de la DC con su "revolución en libertad" pretendía presentarse como una alternativa en América latina frente a la Revolución Cubana. El examen detenido de sus objetivos y del surgimiento y generación de la idea de la "revolución en libertad", permite captar en su esencia los postulados programáticos fundamentales de la Carta de Punta del Este. En 1964, Frei prometía una reforma agraria que entregaría tierra a 100.000 nuevos propietarios procedentes de las 300.000 familias que constituyen el total del contingente de trabajadores agrícolas. Su objetivo era lograr la eliminación de la gran burguesía agraria con Irías de 80 hectáreas de riego básicas, definida como una oligarquía terrateniente que llevaba a cabo una explotación deficiente y atrasada de la tierra, y crear en lugar de ella un gran conjunto de pequeños y medianos propietarios organizados en forma cooperativa con crédito oportuno y asistencia técnica de alto nivel.

"La Reforma Agraria chilena tiene como objetivo central el afianzamiento del sistema capitalista dependiente que existe en la actualidad. Sus disposiciones y, más que eso la aplicación de ellas durante varios años, deja en evidencia su verdadera naturaleza" [9] . La ley especificaba que no eran expropiables los predios bien trabajados. La ley tendía por lo tanto a compeler a los terratenientes a incrementar las Inversiones y a modernizar sus instalaciones, so pena de sufrir el rigor de la reforma agraria.

"Por otra parte se espera que la transformación de algunas decenas de miles de inquilinos u otros tipos de trabajadores agrícolas en pequeños propietarios lime las asperezas de la lucha social en el campo y dificulte la emergencia de movimientos revolucionarios en el agro chileno". [10]

La DC puso a andar la ley Nº 15.020 mientras el Congreso promulgaba su propia ley de reforma agraria. Esta nueva ley vino a ver finalmente la luz en 1967 con el Nº 16.640, que implicó previamente la reforma al principio de derecho de propiedad especificado en el Art. 10 de la Carta Constitucional, agregándole un sentido de "... función social de la propiedad, presente en las discusiones de la Constitución de 1925, pero que vino a quedar consagrado constitucionalmente solamente en la reforma de 1967, cuando se explica: "La función social de la propiedad comprende cuanto exijan los intereses generales del Estado, la utilidad y la salubridad pública, el mejor aprovechamiento de las fuentes y energías productivas en el servicio de la colectividad y la elevación de las condiciones de vida del común de los habitantes". [11]

Junto con la ley de reforma agraria vinieron la ley de Sindicalización Campesina, la jornada de 8 horas para los asalariados agrícolas, un salario mínimo, etc. que, en conjunto, significaba que el capitalismo moderno llegaba al agro.

El proceso de reforma agraria del ex Presidente Frei no alcanzó sus objetivos. De los 100.000 nuevos propietarios prometidos, alcanzó a hacer sólo unos 25.000. A diciembre de 1969 se habían expropiado 1.120 predios con 2.869.400 de has. sobre un total de 6.493 predios de más de 500 has. físicas con 24.434.200 has. de superficie. A fines de 1969 vivían en asentamientos 17.400 familias campesinas sobre un total de 223.800 familias del agro, según el censo de 1955 [12] . Esto representa sólo un beneficio para el 8% de las familias campesinas. Por otra parte, Barraclough acota: "Hasta septiembre de 1970, CORA, bajo el gobierno de Frei. había expropiado 1.364 fundos, con un total aproximado de 3.433.774 has., 282.374 de las cuales eran de riego. Esto representa más o menos el 18% de la tierra agrícola del país, y aproximadamente el 12% de las tierras agrícolas regadas; CORA calcula que unas 25.000 familias se habrían establecido con derecho a tierra en estas superficies expropiadas, lo que representa la cuarta parte de los 100.000 fijados como meta inicial". [13]

Una de las limitaciones más serias que se presentaron a la reforma agraria de Frei era el escaso número de trabajadores beneficiados. En resumen, favoreció principalmente a los inquilinos, dejando fuera a los hijos de éstos que sólo podían integrarse por medio del mecanismo de la herencia, y a la mayoría de los asalariados agrícolas que no tenían residencia en el interior del predio sometido a reforma agraria, que a su vez no tenían otra alternativa que contratarse como fuerza de trabajo asalariada en la nueva área reformada o emigrar a la ciudad ya que la asistencia técnica y crediticia, la mecanización, etc., no les abrían posibilidades de trabajo permanente, sino únicamente trabajo estacional en predios que se dedicaban a la chacarería principalmente.

De acuerdo con el criterio de la DC y tomando en cuenta la cantidad de trabajadores y la cantidad de tierras, lo descrito habría ocurrido de cualquier manera porque el total de la tierra agrícola de Chile habría alcanzado sólo para menos de un 1/3 de los trabajadores del campo [14] . Esto es muy importante de ser profundizado porque, junto con el programa de reforma agraria, la DC incluía en su plan la modernización de otras áreas de la economía, tal como la industria. Un plan de industrialización implicaba contar con abundante mano de obra barata y la única manera de lograrlo era sacando gente del único lugar donde, de acuerdo a un criterio técnico moderno, sobraba, esto es, del sector agrícola. Dejar sin tierra a 2/3 de los trabajadores del campo y con escasas posibilidades de encontrar trabajo agrario abría la posibilidad de contar con un enorme contingente de fuerza de trabajo abundante, que seria uno de los factores para atraer las inversiones de capital extranjero, al mismo tiempo que darle un respiro a la ya medio asfixiada burguesía industrial chilena.

En resumen, el escaso éxito cuantitativo que tuvo esta reforma agraria resultó favorable al proceso socialista, en la medida que de haberse cumplido el compromiso de hacer 100.000 nuevos propietarios, habría implicado el estancamiento casi definitivo de las posibilidades de contar con un campesinado y un proletariado agrícola constituido en fuerza política capaz de ampliar la base social de apoyo del proletariado en la ejecución de un programa revolucionario para el socialismo.

III

LA REFORMA AGRARIA DE LA UNIDAD POPULAR

En la actualidad nos encontramos en una etapa del proceso de reforma agraria que, desde el punto de vista de la estrategia política general y de las fuerzas políticas que lo apoyan, es básicamente diferente a las que hemos analizado, pero que desde el punto de vista de su ejecución no es tan diferente. Si no es idéntica por lo menos es semejante. Esto lo planteamos no solamente porque se está llevando a efecto sobre la base de la misma legislación, sino porque los resultados en términos de clases sociales a que está llegando son semejantes: los cuerpos de intereses que está creando y las capas sociales que se consolidan son semejantes. Esta afirmación es contradictoria con los objetivos y con las metas que se propone la UP al profundizar el proceso. En el desarrollo de este informe trataremos de profundizar sobre el fenómeno de la estructura de clases que genera el actual proceso de reforma agraria, y en qué medida puede ser considerada como revolucionaria una estrategia de cambios que en vez de ampliar la base social de apoyo del proletariado para una revolución socialista, más bien está disminuyendo esta base social de apoyo.

LA NUEVA ESTRUCTURA DE CLASES EN EL SECTOR AGRARIO

En el caso de la estrategia de la DC era muy claro que ella propiciaba la estructuración y consolidación de una nueva capa de patrones. Esto se desprende del análisis de la misma ley de reforma agraria y de su aplicación. Según el Art. 67º de la Ley Nº 16.640: "Las tierras adquiridas por la Corporación de la Reforma Agraria se constituirán en unidades agrícolas familiares en conformidad a la letra h) del artículo 1º y serán asignadas a los campesinos en domicilio individual" (La letra 'h' define lo que es una unidad agrícola familiar). En el Art. 66º la ley dice que "Producida la expropiación de un predio y habiendo la Corporación de la Reforma Agraria tomado posesión del mismo, ésta procederá a la instalación de un asentamiento campesino... Asentamiento: es la etapa transitoria inicial de la organización social y económica de los campesinos, en la cual se explotan las tierras expropiadas por la Corporación de la Reforma Agraria, durante el período que media entre la toma de posesión material hasta que se les destine en conformidad al Art. 67º de la presente ley".

La capa pequeño-burguesa que resultaría de la consolidación práctica de esta estrategia reformista contaría con todas las posibilidades de acceder a la asistencia técnica y crediticia, y la posibilidad de desarrollar una explotación en base a predios divididos técnicamente de manera que su cabida territorial abriera las puertas a una producción racional y altamente productiva de la tierra. El Art. 69º agrega: "Las tierras y derechos que formen parte de las asignaciones mixtas que deriven de la aplicación del Art. 67º formarán un todo indivisible". El Art. 76º en su inciso b) agrega como prohibición expresa la división de las tierras asignadas en forma individual. Todo el plan de reforma agraria es muy coherente y casi no deja cabos sueltos, previene toda desviación o posible tergiversación a futuro de la estructura planificada.

En cambio la reforma agraria del gobierno de la Unidad Popular intenta superar esta fórmula ya largamente probada como neocapitalista. El programa agrario de la UP se planteó la necesidad de estructurar organizaciones productivas que fueran capaces de desarrollar una acabada y eficiente racionalidad, sobre la base de unidades económicas que fueran capaces de hacer rendir la tierra al máximo de su productividad, al mismo tiempo que, y esto es lo más importante, se tendía a la eliminación de la conciencia pequeño-burguesa del campesino en la medida que se le incluía en unidades de producción que se asemejaran al sistema fabril de producción.

Intentar la puesta en marcha de un sistema fabril de producción en el medio agrario implicaba necesariamente que la tierra no podía dividirse, ya que la división en parcelas individuales implicaba una acentuación de la conciencia pequeño-burguesa del campesino, al mismo tiempo que una pérdida considerable de la racionalidad económica. Desde un punto de vista estrictamente técnico se imponía entonces que todos los predios expropiados debían ser estructurados en unidades productivas del tipo "cooperativa asignataria" [15] al mismo tiempo el objetivo político era coherente con el objetivo técnico. La finalidad última de este objetivo político implica obtener una "proletarización" del campesino a través del cambio del sistema de trabajo, es decir, el campesino es más peque-ño-burgués cuando es productor independiente mientras que es más proletario cuando se incorpora a un sistema fabril de producción con división de funciones y especialización de funciones. La proletarización del campesinado implica, a su vez, una ampliación de la base social de apoyo a un proceso revolucionario antiburgués y anticapitalista.

Al equipo agrario de la UP le resultó muy sencillo encarar la estructuración de este tipo de unidades productivas pues las mismas están contempladas en la misma ley Nº 16.640 de Reforma Agraria cuando en el Art. 67º se agrega: "Sin embargo, cuando a juicio del Consejo de la Corporación de la Reforma Agraria, no fuera posible este tipo de asignación por razones de orden técnico debido a la naturaleza de la explotación... las tierras podrán asignarse en dominio exclusivo a cooperativas campesinas o de reforma agraria o en copropiedad a campesinos o a cooperativas campesinas o de reforma agraria". Esta es la forma que se denomina de "cooperativa asignataria", donde la dueña de los medios de producción es la cooperativa y los campesinos en la medida que sean miembros de ella y trabajen en la cooperativa.

Sobre esta base se estructura el modelo de "Centro de Reforma Agraria" (CERA), que también tiene por objetivo el logro de unidades de producción de un tamaño racional, abriéndose la posibilidad de dividir los grandes fundos o de agrupar predios menos extensos.

En los términos de una apropiación teórica simple, el planteamiento de los CERA era correcto, avalado por la opinión mayoritaria de las bases campesinas a través de los Consejos Comunales Campesinos que, en gran medida, apoyaron esta nueva forma de organización económica, en base a la experiencia negativa que habían tenido en el anterior proceso de reforma agraria, que había favorecido a unos pocos campesinos que en la práctica son los únicos que se oponen a los CERA, además de los que han sido influenciados por la constante y persistente propaganda de la burguesía.

Este planteamiento aparece como correcto hasta el momento que se profundiza en el análisis del proceso de cambios del conjunto del sistema económico. Con respecto a ello creemos estar en condiciones de plantear positivamente, es decir, ya no en el mero plano de la hipótesis, que por las características mismas del proceso de cambios del sistema económico y dentro del proceso de reforma agraria, el estado actual del avance de los cambios en el sector agrario ha dado igualmente surgimiento a una nueva capa campesina que hemos denominado tentativamente y a efecto del análisis una "nueva pequeña burguesía", y que dependiendo de la dirección que adquiera el proceso de cambios puede tender a desarrollarse, consolidarse o a desaparecer.

Esta nueva capa campesina que aparece en el interior de los CERA y de otras formas de cooperativas asignatarias adquiere dos tendencias de estructuración:

A.— En primer lugar, constatamos la existencia de una capa social que se estructura al interior de estas unidades reformadas y que agrupa a un pequeño sector del total de los trabajadores. Estos grupos toman rápidamente la forma de capa social relativamente definida, y se caracterizan por:

a) acceder a una serie de privilegios que los hace ubicarse por sobre el conjunto. Estos privilegios son, por ejemplo, poder utilizar las mejores casas de la unidad productiva, no trabajar sino convertirse en los burócratas del sistema, en los especialistas del enmarañado sistema legal vigente, poder viajar y gozar de viáticos pagados por la unidad productiva, etc.;

b) La de poder detentar el monopolio del conocimiento y de la capacitación técnica indispensable para la marcha de la producción.

La estructura que adquiere esta nueva capa social tiende a parecerse y a actuar como pequeña burguesía frente al resto de los trabajadores de la unidad productiva. Tiene tendencia a relacionarse con la burguesía comercial urbana, al mismo tiempo que es blanco de los intereses y de la acción de las diferentes capas y clases sociales, a través de los partidos políticos, para integrarlos a sus respectivas fuerzas, dado precisamente a la etapa de reorganización de fuerzas que vive el país.

Importante es referirse también a que esta nueva capa social emergente, ademas de presentarse al exterior como capa pequeño burguesa, se presenta también en el interior de la unidad productiva como tal, O sea, como pequeña burguesía. Sin embargo, en ambos frentes su modo concreto de actuar es contradictorio, ya que, si bien ante todo el mundo puede presentarse como revolucionaria y actuar políticamente como tal y llegar en un memento dado a defender esta práctica política hasta las últimas consecuencias, en el campo de las relaciones económicas aflora y se desarrolla su conciencia pequeño burguesa cada vez más a medida que sus posibilidades de accionar en el mercado mejora por la asistencia técnica y crediticia del Estado.

En el campo económico se comporta como un explotador frente a sus compañeros; puede llegar a establecer negocios particulares con los bienes de la unidad reformada; puede llegar a obtener acuerdos de la asamblea que los favorecen a él más que al resto de la masa, etc. Ejemplo de esto lo encontramos cuando establece explotaciones en medias Con pequeños y medianos productores de fuera de la unidad productiva y en secreto, cuando logra obtener una cuota mayor de ganado para cada miembro de la unidad productiva en conocimiento que sólo él puede acceder a ese privilegio de inmediato, etc., sin considerar que todo ésto va en perjuicio de la producción de la cooperativa.

Enseguida aparece una nueva forma de esta particular estructura de clases. En efecto, combinada con la forma ya definida, o en una situación de desarrollo autónomo, surge un tipo de capa social pequeño-burguesa que, a la hora actual, es definible únicamente a partir de un cierto comportamiento particular.

Se caracteriza, en primer lugar, por ser mucho más difusa y menos clara que la forma anterior, a pesar de ser rápidamente detectable. Su comportamiento tiende a buscar formas de acaparamiento individual, que no implica explotación a un sector de la masa, sino más bien un deterioro progresivo de las posibilidades de explotación de la unidad económica, que a su vez incentiva las formas individuales de explotación, incentiva la explotación de la regalía que comienza lentamente a extenderse en el territorio de la unidad productiva, tendiendo a la descomposición total de ella en favor de las explotaciones de las regalías individuales.

Esta nueva forma de comportamiento económico pequeño-burgués todavía no está lo suficientemente estructurado como para hablar de una clase social como tal. y aún para hablar de una capa social definida, sin embargo, a partir de los elementos que la generan, podemos adelantar algo más en el análisis:

1.— En general es inducida por el comportamiento y la acción de los grupos que ya hemos definido. En este caso, a pesar de generarse contradicciones múltiples entre el grupo pequeño-burgués que induce y la masa, la extracción de clase similar hace que la masa los siga en vez de rechazarlos.

2.— A partir de un desarrollo propio en el seno de la masa, donde todavía no se han diferenciado formas claras de estratificación de clase, se genera esta situación, porque las condiciones de la unidad productiva no son favorables al surgimiento inmediato de canas privilegiadas en desfavor de la masa, sino que favorece la integración de todo el conjunto de la masa a una conducta pequeño-burguesa. Estas acciones son determinadas e impulsadas por élites y subgrupos de presión que ante la imposibilidad concreta de poder actuar como capa privilegiada, buscan comprometer a la masa campesina con mentalidad pequeño-burguesa a este tipo de acciones.

Ahora bien, la acumulación individual produce a la larga una estratificación, por mejor manejo de las condiciones del mercado, por renta diferencial, etc., que se traduce de inmediato en un control efectivo del poder interno que, a su vez, agudiza las diferencias y consolida la estratificación. ¿Cuál es la fuerza que tienen estas capas y cuáles son las condiciones concretas que la hacen una fuerza de apoyo a un proyecto revolucionario? La respuesta es sencilla: nula posibilidad.

LAS CONDICIONES DE GÉNESIS DE ESTA ESTRUCTURA DE CLASES

La estructuración de estas nuevas formas del espectro de las clases y capas sociales en el sector agrario, deben buscarse sobre dos conjuntos de variables:

a) Sobre el origen de clase de este nuevo sujeto social.

b) Sobre el estado actual de la coyuntura política.

1.— Sobre el origen de clase

Siguiendo las ideas de J. C. Marín [16] y H. Zemelmann [17] sobre la evolución de las clases en el sector agrario, podemos resumir que existe, en primer lugar, una correlación entre el grado de desarrollo de la "empresa capitalista agraria" y los procesos de des-campesinización de los trabajadores agrarios, que pasan a integrar una suerte de proletariado agrario incipiente, en la medida que se adopta un criterio productivo que busca maximizar la productividad a través de la diversificación de los cultivos y la explotación intensiva de la tierra, frente a la permanencia de la forma "hacienda capitalista agraria" unida íntimamente a la perseverancia de un gran sector de capas sociales pequeño-burguesa, tales como los inquilinos, los medie-ros, etc., todas ellas formas de pequeños productores internos vinculados a un tipo de explotación extensiva que lleva a cabo la forma "hacienda capitalista" y que, además, exhibe una cuota baja de productividad.

Con el criterio anterior y tomando como base los censos agropecuarios de 1955-65, elaborados por ICIRA concluimos que existen zonas y regiones donde los procesos de proletarizaron vinculados a las formas empresariales que buscan la incentivación de una producción intensiva y comercial-industrial son mayores que en otras zonas donde los procesos de descampesinización no se han iniciado a gran escala todavía:

A: de Aconcagua a Linares, inclusive: alta tasa de superficie abonada, alto porcentaje de cultivos industriales, rendimiento mayor por hectárea, mucha mecanización, y una disminución notable de la tasa de campesinos en favor de un aumento del proletariado agrario.

B: Valdivia, Osorno y Llanquihue: con características en todo similares a la anterior.

C: No definida en el estudio de Zemelmann, pero que se desprende de él, una zona que integran las provincias de Nuble, Concepción, Arauco, Bio-Bío, Malleco y Cautín, donde la masa de campesinos, pequeños productores independientes y de semiproletariado es, claramente superior a las zonas anteriormente descritas.

La cantidad de mecanización es ínfima, unido a un sistema extensivo de producción concentrado sobre rubros tradicionales: cereales y ganado, más algún tipo de cultivos industriales, comO la remolacha.

De acuerdo con lo anterior, podemos concluir que la gran mayoría de los asentados, nuevos y antiguos, de esta zona c) y, en especial, Malleco y Cautín, van a corresponder a campesinos que han tenido una nula o muy escasa etapa de trabajo asalariado: inquilinos, medieros, etc., y un sector de semiproletariado que alterna el trabajo en su propia explotación con el trabajo asalariado en los fundos de alrededor.

La permanencia de la conciencia campesina pequeño-burguesa en los integrantes de las unidades reformadas es entonces muy sencillo de entender y, si sumamos a ello los factores condicionantes que la incentivan, los resultados son fáciles de predecir, tales como la pérdida de su permanente inestabilidad, así como la detención de su anterior proceso de pauperización progresiva que se ve bruscamente frenada por la intervención de la reforma agraria que les da tierras, asistencia técnica, créditos, etc., que no conlleva al mismo tiempo una capacitación y una movilización combativa por objetivos estratégicos, sino que se detiene al nivel de la reivindicación de la tierra y el aumento de la producción.

Abandonados a su suerte, el proceso de descampesinización se detiene y se incrementa la conciencia pequeño-burguesa, favoreciendo la transformación de esta nueva capa social en una mantenedora del sistema capitalista como aliada de la estrategia de la burguesía.

2.— Sobre el estado actual

Otro conjunto de factores que propician y contribuyen a estructurar esta nueva situación de clase en el agro tiene que ver con la coyuntura política:

a) En primer lugar, la permanencia del sistema capitalista y de las relaciones de mercado capitalista, que tienden por definición a desarrollar la producción independiente e incentivar las normas de conciencia del sistema burgués. Todo esto incrementado por lo que hemos visto con anterioridad.

Agreguemos los pésimos sistemas de comercialización estatales que, en manos de funcionarios reaccionarios o incapaces, hacen lo imposible por desorganizar la producción, siendo que esto perjudica más que nada a la unidad productiva, mientras que el campesino en forma individual es atendido en inmejorables condiciones por los mecanismos de mercado de la burguesía. Esto lleva lógicamente a preocuparse cada vez más al campesino de la explotación de su regalía y a ver maneras de ampliar la capacidad territorial de ésta, de tender a dejar las tierras comunales preferentemente para el pastoreo extensivo, que a su vez tiende cada vez más a ser de propiedad individual.

b) En segundo lugar la falta de capacidad del Ministerio de Agricultura, dado que los organismos con que cuenta responden a fines diversos y contradictorios; cada uno de ellos planifica sus programas en forma independiente, etc., todo lo cual lleva a un malgasto incalculable de los recursos. Sin embargo, hay dos hechos que conviene destacar: primero, que los objetivos que generaron a estos organismos, las políticas para los que fueron creados, no tienen nada que ver con un proyecto que se propone un objetivo socialista (SAG, INDAP, CORA, etc.). Estos Organismos recibieron sus estatutos orgánicos de la ley 15.020 de reforma agraria de Jorge Alessandri, siendo ligeramente modificados por la actual ley de reforma agraria, y, segundó, derivado de lo anterior su característica fundamental es un tipo de trabajo burocrático y oficinístico que copa a la mayoría de los funcionarios e impide una labor medianamente efectiva en contacto con los trabajadores, en términos de la consecución de tareas políticas, además de las tareas económicas.

Frente a esta falta de claridad y escasa iniciativa política, los campesinos asumen posiciones eclecticistas cuyo fin es el logro de mayores beneficios, aprovechando los favores que libremente dilapidan los políticos electoreros. Van a todos los grupos políticos hasta obtener el beneficio solicitado, prometiendo intertanto a cada uno de ellos su respaldo. Todos los partidos políticos de la UP caen en el juego y más de alguno cree que está con ello contribuyendo al proceso revolucionario.

La coyuntura política incluye, además, e indudablemente, las acciones propias de la burguesía que a su vez contribuyen a Confundir aún más la escasa conciencia revolucionaria que puedan tener los campesinos, incentivando todas estas formas de acción pequeño-burguesas y, en muchos casos, pasando a tomar la iniciativa política a través de los partidos y de todo el aparato burgués de Comercialización que se ha manifestado más dinámico y más coherente, en la hora actual, que los organismos semifiscales o fiscales. Es la burguesa y, en muchos casos, pasando a tomar la necesidad de no parar el proceso de reforma agraria, sino de convertirla en una reforma agraria coherente con la modernización del capitalismo, cuyo proyecto inicial ellos mismos propusieron y consolidaron. A la burguesía no le interesa en este caso ir en contra de la UP, sino mantener una oposición moderada y dejar pasar el tiempo, estimando que la misma dinámica del sistema capitalista se encargará muy pronto de encauzar al proceso en la dirección que ella desea.

c) Un punto que conviene analizar aparte tiene que ver con las acciones concretas y la práctica política de los partidos que conforman la UP.

Todos esos partidos están de acuerdo en que es necesario eliminar el latifundio, pero donde comienzan a surgir las divergencias es en la etapa del destino, en términos de organización directiva, que van a tener los latifundios expropiados. La mitad de la UP es muy clara al decir que debe hacerse conforme a la ley y punto. La otra mitad lo confirma, pero no muy segura de lo que está haciendo.

Por otro lado, el conocimiento que de toda esta situación se tiene, por algún motivo muy especial, se trata de ocultar, o en el mejor de los casos, se entrega información restringida a un escaso circulo que, a su vez, no sabe qué hacer con esa información; no es capaz de elaborar políticas a partir de ese conocimiento. Esto no ocurre porque esas personas no sean capaces, sino porque la forma que ha adoptado el proceso no les abre posibilidades reales y concretas de intentar innovar y replantearse alternativas, porque eso implicaría cuestionar todo el proceso político chileno. Debemos agregar, además, que la metodología funcionalista, sociometrista, y otras de esa calidad, ha empezado a invadir lenta y seguramente todos los centros de investigación con que cuentan los estrategas políticos de la UP.

El punto "partidos políticos" nos ofrece, además, otras coyunturas de análisis. Pareciera que a ningún partido de la UP le interesara llevar a cabo una revolución agraria. Su acción se caracteriza por dos tipos principales de intereses: terminar rápidamente y como sea, sin mucho cuidado de los resultados, el proceso de reforma agraria, y por otro lado, aprovechar la situación para arrebatarse mutuamente más votos para la próxima elección parlamentaria.

ANÁLISIS FINAL Y PERSPECTIVAS

1.— Cuando en la introducción definíamos la estructura "actual" de capas y clases sociales en el sector agrario, incluíamos entre la pequeña burguesía, otras capas con conducta de pequeña burguesía, a los siguientes sectores sociales, o sujetos sociales, del agro: "... los medieros y otras formas de aparcería, los inquilinos, los pequeños campesinos con propiedades relativamente menores de 10 HRB, los asentados en propiedad individual, y por último, los sectores de pequeños propietarios mapuches de la zona sur del territorio nacional: A este sector de clase lo denominaremos genéricamente "campesinos". El análisis posterior nos indica que tentativamente debemos incluir a los campesinos localizados en Pos CERA también dentro de este amplio sector de "campesinos", si bien no taxativamente por lo menos provisoriamente, mientras no tengamos la seguridad teórica acerca de su inserción dentro de la estructura de clases del agro.

De cualquier manera este análisis nos permite adelantar dos cuestiones:

a) La necesidad de profundizar estas investigaciones en PF, a fin de analizar más acabadamente la situación y poder determinar en definitiva la dirección que adopta el procesó de reforma agraria.

b) La conciencia que de esta situación van adquiriendo algunos técnicos y políticos que laboran en la base, nos permite creer en la posibilidad de una reelaboración del conjunto de la estrategia de reforma agraria.

2.— ¿Cuáles son los alcances, cuáles son las posibilidades de un afianzamiento definitivo de esta nueva capa campesina? Es difícil contestar a esa pregunta con certeza. En todo caso surgen dos respuestas posibles y complementarias:

a) En el plano de la duración temporal, la vigencia como capa campesina con un cierto cuerpo de intereses y la permanencia de esta nueva capa dependerá exclusivamente del desarrollo que adopte el procesó económico-político de cambios en todo el sistema. La respuesta a la pregunta planteada no debe buscarse en el sector agrario sino en las relaciones de clases, en las posibilidades que tiene el proletariado de pasar a controlar el proceso; debe buscarse en definitiva en la derrota de la burguesía como clase y en la destrucción del sistema capitalista.

b) El desarrollo que pueda tener esta nueva clase campesina inserta dentro de las relaciones de producción determinadas por el sistema capitalista, la conducirán necesariamente a consolidarse como un sector de clase aliado de la burguesía, y por lo tanto, en una poderosa fuerza contrarrevolucionaria.

RIGOBERTO RIVERA


Polémica

UNA DÉBIL RADIOGRAFÍA DE LA "ULTRAIZQUIERDA"

CON visible interés polémico se ha recibido en círculos de izquierda un artículo editorial de la revista "Panorama Económico" Nº 270, titulado con propiedad "Radiografía de la Ultra Izquierda", firmado por Lautaro.

Como "radiografía" tiene sus propias características. Muestra, en un extenso espacio, las sombras de la izquierda revolucionaria.

Coincidiendo con Lautaro, en que "la contribución de la intelectualidad del MIR y sus afines ha sido pobre", aunque seguramente por razones más fundamentadas que "la vocación activista" que él señala, procuraremos esbozar una respuesta a sus esforzados, pero —a juicio nuestro— equivocados planteamientos.

Trataremos de seguir un método similar de análisis, en términos generales, al realizado en el artículo de "Panorama Económico".

ACTUALIDAD SOBRE BASES HISTÓRICAS

Aunque Lautaro no pretende calificar el orden de importancia de los hechos que explican el aparecimiento de la izquierda revolucionaria en Chile, se ciñe fundamentalmente a una cierta forma de "efecto-demostración" operado sobre nuestro medio político. Así, un grupo de estudiantes e intelectuales comienzan a leer una serie de documentos y a recibir noticias provenientes del viejo mundo, lo que sumado a una imagen inspiradora del Che, Ho Chi Minh, Mao, etc., y sobre todo, al "ánimo y voluntad de atacar frontalmente y por la vía armada si es necesario a los agentes que se sindican como responsables de las situaciones del subdesarrollo, en especial al imperialismo norteamericano", les llevaría supuestamente a fundar la izquierda revolucionaria.

Por supuesto que Lautaro, por su posición ideológica, excluye de los argumentos sobre el origen de la izquierda revolucionaria en lo que simplemente es aceptado por todos los criterios teóricos, o sea, la LUCHA DE CLASES.

Sin negar la importancia de elementos tales com'o el triunfo de la Revolución Cubana, la decisión combatiente del pueblo vietnamita y los ejemplos heroicos a que alude Lautaro, es imprescindible explicar el nacimiento de la izquierda revolucionaria chilena, por las características nacionales e internacionales de la lucha de clases.

Ese es el primer paso serio para entender la gravitación actual del MIR, sus razones y sinrazones, como dice el editorialista de PE.

Para América latina, a diferencia del mundo "desarrollado", la dependencia ofrece un contexto especial de desenvolvimiento de las clases sociales en pugna. En este sentido y frente a una dirección de la izquierda tradicional "incapaz de ponerse a la altura histórica" que asumía la lucha de clases en nuestros países, frente a unas "cada vez menos correspondientes relaciones sociales de producción, ante un determinado desarrollo de las fuerzas productivas", surgen nuevas tendencias revolucionarías buscando vanguardizar ese visible ascenso de las masas trabajadoras.

En este sentido, la Revolución Cubana entregó un gran aporte que es rápidamente asimilado: el carácter socialista de la revolución. Este indispensable punto estratégico lo explícita el MIR en su Declaración de Principios de 1968: "La finalidad del MIR es el derrocamiento del sistema capitalista y su reemplazo por un gobierno de obreros y campesinos, dirigido por los órganos del poder proletario cuya tarea será construir el socialismo y extinguir gradualmente el Estado hasta llegar a la sociedad sin clases".

El fracaso de la burguesía reformista, visible a mediados del período de Frei, radicaliza la lucha de clases en Chile y como su expresión política se empieza a delinear la izquierda revolucionaria. No es necesario recurrir a estadísticas para demostrar el alto nivel de agudización y movilización de las masas en esa época. No se olvidan fácilmente los cruentos enfrentamientos con las fuerzas represivas en aquel entonces.

Más que una copia de la "new left" o del "gauchismo", el nacimiento de la izquierda revolucionaria en Chile tiene sus bases en la lucha de clases, nace con objetivos estratégicos socialistas, y antimperialistas, y pone en marcha un método revolucionario de acción: la lucha armada.

Por ello es que tiene actualidad este sector político y su similitud con otros movimientos. Sólo debe explicarse a través del análisis de lucha de clase a nivel internacional y nacional. Las discrepancias con la izquierda tradicional obedecen a la existencia de dos posiciones políticas diferentes, tanto desde el punto de vista estratégico como táctico.

Más adelante, y en cuatro puntos destacados, Lautaro caracteriza algunos aspectos de lo que es la izquierda revolucionaria: a) apoyo en sectores margínales del espectro socioeconómico; b) formas de organización del MIR; c) cualidades "generacionales" y de liderato; y d) su eventual carácter —el más importante, según el autor— de alternativa para ofrecer un camino a las masas.

RESPALDO DE MASAS

"La estrategia del MIR, por necesidad o designio, se ha dirigido preferentemente hacia la atención y movilización de sectores más o menos marginalizados del espectro socio-económico", señala Lautaro.

Para intentar entender este fenómeno es indispensable analizar las características socio-económicas de Chile, y los principios estratégicos que constituyen la posición del MIR.

En este sentido, más que el deseo (correcto) de "poner los dedos en la llaga de un sistema relativamente integrado", es bueno comprender que el origen de los sectores marginales se fundamenta principalmente en "el resultado de una política de industrialización de tipo dependiente que mantiene una agricultura altamente tradicional" (PF Nº 119, "Por una revolución socialista"), fenómeno que procede a marginar a un inmenso sector de trabajadores de los beneficios de la producción. En 1970, la cesantía en Santiago alcanzaba a más de 250 mil personas. Junto a ella estaban los sectores sobreexplotados y subempleados. En las poblaciones marginales de Santiago vivían más de un millón y medio de personas.

"La preocupación por la movilización y organización de estos sectores", más que de su "manipulación electoral", como bien dice el artículo de PE, es un principio de acción política de la izquierda revolucionaria, y no un acto de buena voluntad o romanticismo, como parecería creer Lautaro.

Sin embargo, desde el punto de vista estratégico de la izquierda revolucionaria, es bueno destacar sus planteamientos que reconocen "al proletariado como la clase de vanguardia revolucionaria que deberá ganar para su causa a los campesinos, intelectuales, técnicos y clase media empobrecida". (Declaración de Principios, MIR, 1968).

Frente al sistema de organización que se ha dado el MIR, Lautaro reconoce que es "una innovación táctica de gran interés". Este es el aspecto que, desde un punto de vista teórico y operacional, ha sufrido mayores embates polémicos al interior de la izquierda.

La "reserva de juventud" más sincera, resuelta e inteligente, como un "conjunto de valores sobresalientes", aparecería como el cuarto elemento de proyección concreta de la "actualidad del MIR", según el articulista de PE.

De más estaría referirse a ello si se vuelven a desconocer, como ocurre en el articulo de Lautaro, las peculiaridades de la lucha de clases en nuestro país, las etapas de enfrentamiento armado directo, la vida en una organización que, en esa etapa, permitió una grande y enriquecida vida política interna. Fue el caldo de cultivo "de esa etapa, de la lucha de clases", la que permitió que se destacaran los mencionados "valores" a que alude el editorialista de PE.

Esta reserva de juventud también se encontró en otros partidos, aunque amagada por una "chimenea sin tiraje" que impedía la conveniente realización de esos cuadros políticos, muchos de los cuales debieron buscar nuevas trincheras, eligiendo para ello las filas de la izquierda revolucionaria, convertida en tribuna de pensamiento y de acción política concreta de esa etapa.

LA ALTERNATIVA POLÍTICA

Capítulo aparte nos merece, por su importancia, la concesión de "alternativa" que en este punto se le asigna al MIR. Las causas que menciona ese párrafo de PE corresponderían —según el autor— a "que el MIR es la agrupación que se pronuncia sin tapujos respecto a un camino a recorrer", lo que siguiendo ese razonamiento produce que "el bando que por una razón u otra plantea una respuesta tajante, adquiera cierta ventaja".

No incluye Lautaro, por supuesto, la existencia (o carencia) de un programa alternativo capaz de ofrecer ese camino a recorrer, frente a otro programa como es el de la UP; la permeabilidad y dificultades que tiene el entroncar esos planteamientos con las masas; y por último, el valor coyuntural de esos planteamientos en la dirección y plazos ofrecidos.

Reducir el problema a un asunto de velocidad, como hace Lautaro, es quitarle el cuerpo a la jeringa, lisa y llanamente.

Aunque posteriormente examina ese camino ofrecido, es importante destacar que éste pasa fundamentalmente por la creación de. un programa máximo y mínimo que permita a los sectores explotados acceder al poder político.

Es importante reconocer que uno de los objetivos más importantes trazados por la izquierda revolucionaria es la "construcción del partido y la elaboración de un programa que entregue una adecuada conducción en esta instancia de la lucha de clases". Esta construcción del partido no es otra cosa que "la fusión de la conciencia de los núcleos revolucionarios con los obreros avanzados" (Mandel). Es justo reconocer y evaluar, entonces, los pasos dados en este sentido por la izquierda revolucionaria.

Útil seria examinar algunas de las proposiciones concretas hechas en sectores de masas de activa participación política proposiciones programáticas que constituyen la verdadera diferenciación o acercamiento con la política y programa de la UP.

LA CRISIS DEL DIAGNÓSTICO

No es suficiente la definición que otorga la Real Academia Española a la palabra crisis para entender en su entero y complejo significado el expresado en este concepto.

La dialéctica nos enseña mejores caminos, así como el materialismo histórico nos provee de mayores fuentes.

Por eso preferimos repasar algunas cuestiones conocidas.

El camino recorrido por nuestra burguesía que, de exportadora hasta 1930 (la gran crisis mundial), debe convertirse en burguesía industrial, sustituyendo las importaciones y asumiendo un carácter político nacionalista y populista que pretende:

a) desplazar a la burguesía exportadora y ampliar la base social de sustentación (frentes populares en lo político y creación de la CORFO como ejemplo económico);

b) ampliar el mercado interno.

Entre sus principales objetivos figura "el desarrollo capitalista autónomo" y la búsqueda de apoyo entre sectores medios y proletarios. Sin embargo, y ya desde la II Guerra Mundial en adelante, esta perspectiva fracasará.

La burguesía, incapaz de industrializar al país sin integrarse al capital extranjero, comienza a ver peligrar su existencia como clase y como alternativa política. La penetración cada vez más absorbente del capital extranjero, no tan sólo en las fuentes de materias primas, sino también y con mayor fuerza en los sectores más dinámicos de la industria, produce claros efectos en nuestra economía y por ende en la expresión política nacional.

Comienza una crisis de la capacidad de conducción de la burguesía. En lo político ello se traduce en la aparición de las alternativas reformistas que infructuosamente tratan de hacer corresponder unas relaciones sociales de producción incapaces a un alto desarrollo de las fuerzas productivas.

Por otra parte, los efectos económicos más visibles, producto de esta creciente dependencia económica son "la distorsión de la estructura productiva, un proceso creciente de descapitalización, desnacionalización y monopolización acelerada de la economía".

Esta crisis de la dirección reformista se entrelaza dialécticamente en un proceso ininterrumpido que incluye las supuestas "etapas parceladas de la crisis" que destaca Lautaro. En este sentido, él quiere hacer aparecer como remedio la misma enfermedad.

Las predicciones y análisis hechos por la izquierda revolucionaria, en este sentido, no pueden con justicia ser llamadas "catastrofistas" como lo hace Lautaro.

La cuestión reside como señala un documento de PF Nº 119 ("Por una revolución socialista") en que "el fracaso del reformismo constituye el fracaso del capitalismo dependiente". Así lo entendía la izquierda revolucionaria cuando plantea el carácter socialista de la revolución.

Entretanto "se radicalizan los sectores populares al verse marginados de los beneficios que la producción, altamente tecnificada, trae consigo y cuyo carácter monopólico reprime cada vez más a la masa asalariada" (PF. id.).

En esta perspectiva, el MIR sostiene "que se fortalece como consecuencia del avance de las movilizaciones de masas" (PF Nº 104 "El MIR y las elecciones presidenciales").

Mal se puede desconocer el carácter progresivo de la crisis o creer que la flexibilidad institucional de un sistema puede justificar la negación de esa crisis sostenida. Esa crisis es del modo de producción y la resolución (de la contradicción) se encuentra irremediablemente en cambiar el sistema capitalista por el socialista. Cualquier perspectiva seria de que esto suceda, vale por sí misma para demostrar la crisis de un sistema determinado. El dicho "se dobla pero no se quiebra" a que recurre Lautaro, debería transformarse en "se dobla pero finalmente se quiebra".

Distinto es si existe o no una situación de determinadas condiciones prerrevolucionarias que permitan la sustitución de una clase por otra en el poder. Eso entra en el análisis de las clases sociales, su comportamiento, y otros aspectos que corresponde tocar en otra oportunidad. En todo caso, lo más importante es "colocar los elementos en una perspectiva histórica y también de tener presente la significación "interna", como dice Lautaro.

La pieza clásica trunca a que recurre Lautaro para negar esta crisis, aunque él rechaza la citología, es de Lenin y dice textualmente:

"La ley fundamental de la revolución, confirmada por todas ellas, y en particular pollas tres revoluciones rusas del siglo XX. consiste en lo siguiente: para la revolución no basta con que las masas explotadas y oprimidas tengan conciencia de la imposibilidad de vivir como antes y reclamen cambios; para la revolución es necesario que los explotadores no puedan vivir ni gobernar como antes. Sólo cuando las capas bajas no quieren lo viejo y las capas altas no pueden sostenerlo al modo antiguo, sólo entonces puede triunfar la revolución. En otros términos, esta verdad se expresa del modo siguiente: la revolución es imposible sin una crisis nacional general (que afecte a explotados como explotadores). Por consiguiente, para la revolución hay que lograr primero, que la mayoría de los obreros (o en todo caso la mayoría de los obreros conscientes, reflexivos, políticamente activos), comprenda profundamente la necesidad de la revolución y esté dispuesta a sacrificar la vida por ella; en segundo lugar, es preciso que las clases gobernantes atraviesen una crisis gubernamental que arrastre a la política hasta a las masas más atrasadas..., que reduzca a la impotencia al gobierno y haga posible su derrumbamiento rápido por los revolucionarios".

Abstrayendo las peculiares formas del desarrollo del capitalismo en Rusia, hace 50 años, es importante reconocer sin embargo en todo su valor la legitimidad y vigencia histórica de esta cita.

Mal entonces puede Lautaro partir de ella para dudar de la verdadera crisis integral del sistema económico capitalista. ¿De qué manera, entonces, se explica el triunfo de la Unidad Popular en 1970 postulando un programa que reconocía que "Chile es un país capitalista-dependiente del imperialismo, dominado por sectores de la burguesía estructuralmente ligados al capital extranjero, que no puede resolver los problemas fundamentales del país"? (Programa Básico UP).

El mismo documento de la UP se propone "terminar con el dominio de los imperialistas, de los monopolios, de la oligarquía terrateniente e iniciar la construcción del socialismo en Chile". Vale decir, la situación en Chile hacia 1970 presentaba, en el terreno de las fuerzas en pugna (explotados y explotadores) "una conciencia de la imposibilidad de vivir como antes y reclamando cambios"; también es claro que "los explotadores (burguesía capitalista dominante-dominada) no pueden vivir ni gobernar como antes". ¿Cómo se explica entonces el traspaso del poder ejecutivo y aparato de gobierno a fuerzas que propugnan un sistema diferente?

Lenin dice que "sólo entonces puede triunfar la revolución". Es exactamente el sentido que tiene el momento actual, en el cual aún no ha triunfado la revolución, pese a reunirse muchos de los requisitos mencionados por Lenin.

En términos muy usados y frecuentemente recurridos se dice que "el MIR se ha quedado sin banderas de lucha". La mejor respuesta al respecto puede encontrarse en los principios estratégicos de la izquierda revolucionaria, en donde, con carácter intransigente incluso, elemento que también lo ha diferenciado de partidos que hacen similares proposiciones, se define como objetivo el socialismo, y este socialismo aún no existe en Chile, predominando una conducción reformista de sectores de la pequeña burguesía con notable peso al interior de la UP.

Por ello es que la claridad de un programa socialista, desafío histórico que afrontan las vanguardias revolucionarias, y la capacidad de crear el instrumento partidario adecuado que entregue conducción a un amplio sector de masas, que sea capaz de ganar los aliados a la clase obrera, de características cualitativa y cuantitativamente proletarias, es uno de los más importantes pasos que comienza a dar la izquierda revolucionaria. Más que "formas de retrocesos tácticos", de determinados momentos, los planteamientos socialistas y revolucionarios de la izquierda revolucionaria tienen y tendrán plena vigencia ante las masas, sobre todo en el momento histórico en que éstas se apresten a conquistar definitivamente el poder, cuestión que hoy está pendiente y ala que Lautaro concede escasa importancia, siendo como es uno de los problemas fundamentales de toda revolución.

Otro elemento importante, aunque de carácter subjetivo, es la voluntad entre la clase obrera de "comprender profundamente la necesidad de la revolución" y que "esté dispuesta a sacrificar la vida por ella". A dos elementos nos gustaría remitir a Lautaro: las declaraciones emitidas por los distintos sectores de trabajadores a raíz del paro nacional del pasado 4 de septiembre contra el fascismo, en las cuales, aunque pueda acusarse cierta retórica habitual, está presente una firme convicción de "jugarse por entero en la defensa de la estabilidad del gobierno". Este amplio movimiento de masas organizado (en una buena o mala dirección, que es tema aparte), uno de los mayores de América latina, educado políticamente en ideas socialistas, no presenta claramente la imagen de un cordero dispuesto a dejarse degollar.

Por otra parte, la existencia de un cada vez mayor núcleo activista revolucionario en los centros obreros es otro importante elemento para configurar los prerrequisitos de la tan mal recurrida cita de Lenin.

Respecto a la incorporación a la "política de las masas más atrasadas", el propio Lautaro lo reconoce cuando señala la activa participación de los por él llamados "sectores marginales de la economía". En todo caso y explicando más sobre esta orientación del trabajo, sin miedo a las citas, podemos remitirnos a Lenin: "Si el proletariado quiere vencer en esta lucha, debe apoyar y sostener toda corriente que coadyuve a la descomposición de la sociedad burguesa, procurando integrar todo movimiento elemental, de cualquier capa oprimida, por poco claro que sea, en el movimiento revolucionario general".

UN ESQUELETO QUE HA PERDIDO "HUESOS"

Al segundo aspecto a que quisiéramos remitirnos es a lo que Lautaro llama "esqueleto vivito y coleando" del sistema capitalista dominante. En este sentido, y la izquierda revolucionaria lo ha reconocido, es útil evaluar el conjunto de transformaciones, que en el plano del "esqueleto económico" ha hecho la Unidad popular. La nacionalización de un 60 por ciento .aproximado del capital imperialista (cerca de 400 millones de dólares), invertidos principalmente en la minería, el control de más del 90 por ciento del crédito bancario, y el consecuente traspaso del poder financiero hacia el aparato estatal; junto a la expropiación (vía requisición o intervención) de más de 76 empresas monopólicas, con alto grado de capital extranjero, son hechos ampliamente reconocidos.

Estos son hechos que, por supuesto, no entregan un esqueleto de la burguesía y el imperialismo "vivito y coleando". Lejos está de nuestros deseos hacer una apología de las realizaciones de la Unidad Popular. Pero no podemos dejar de manifestar la coincidencia de objetivos que en este aspecto se produce con la izquierda revolucionaria.

Las criticas nuestras apuntan en otro sentido y algunas pueden resumirse como la definición de los sectores de la mediana burguesía que no se deben tocar; la incapacidad de entregar cada vez más y más poder a las masas, única garantía de irreversibilidad del proceso; la indefinición respecto al sentido de la participación; el control obrero; etc. Esto sin considerar los claros planteamientos de la izquierda revolucionaria en el campo, donde en repetidas oportunidades se ha demostrado que el verdadero poder capitalista reside en los sectores intermedios, por lo que se propone la expropiación de todos los fundos superiores a 40 hectáreas de riego básico, junto con otras medidas.

Esto no quita que se reconozcan aquellas medidas antimperialistas y antimonopólicas tomadas por la UP, lamentando que explícitamente no se hagan extensivas a un definido anticapitalismo.

En este sentido y sin miedo a la "citología" vale recoger los planteamientos hechos por Trotsky en 1924: "el eslabón más débil en la cadena de las condiciones ha sido, hasta ahora, el del Partido; lo más DIFÍCIL PARA LA CLASE OBRERA CONSISTE EN CREAR UNA DIRECCIÓN REVOLUCIONARIA QUE ESTE A LA ALTURA DE SUS TAREAS HISTÓRICAS". ("Problemas de la guerra civil y de la insurrección"). En este esfuerzo están abocadas las clases revolucionarias del país.

LAS TÁCTICAS

Sin entrar de lleno al manoseado tema de las "tomas indiscriminadas", que aparece, según el articulista de PF como "el desplazamiento del acento de la lucha armada" al interior del MIR, transformada en una "ofensiva permanente en todos los planos y áreas y que se traduce principalmente en la ocupación de predios agrícolas, y empresas urbanas" tocaremos nueva y ligeramente el asunto.

Muchos podrían ser los argumentos teóricos y las pruebas históricas que nos permitirían demostrar que, efectivamente, "la violencia es la partera de toda nueva sociedad", para enjuiciar el criterio de Lautaro de que "la violencia nada engendra y sólo el amor es fecundo" (como pareciera decir). Sin embargo es útil recordar las propias palabras de Allende cuando asumió el gobierno al señalar que él no sería "bombero de un volcán en intensa erupción". Por ello, debe entenderse también que, aunque muchas veces aparecen ciertas tomas desfiguradas por la información periodística, como productos de "quistes" revolucionarios que las impulsaron, debiera tratar de plantearse el análisis en el estricto rigor del enfrentamiento permanente de las clases sociales en pugna ... elemento que Lautaro nuevamente gusta dejar de lado.

Lo que sí es correcto y el conjunto de declaraciones de la izquierda revolucionaria después del triunfo de Allende, reconoce, es que se abría un período que posibilita un mayor e intenso trabajo político de organización y educación de las masas, que de acuerdo al mayor o menor grado de crisis existente tiende naturalmente a agudizar el enfrentamiento con los patrones.

Si no, vaya Lautaro a los sectores movilizados y compruebe cuánto se ha ganado allí en organización y conciencia política. Lo mismo vale para el campo, las poblaciones y fábricas.

Reconocer que el PC "tiene una visión mucho más realista de la conexión entre la política que se sigue en una etapa dada y los grupos sociales que la apoyan", no viene sino a demostrar los objetivos propios del PC que, indudablemente, y sobre todo a nivel de la elaboración corriente de ese partido, plantea importantes contradicciones (secundarias por supuesto) con la izquierda revolucionaria.

El PC está en la UP y es pilar importante de ella. El MIR no está en la UP. El PC no ha educado a las masas en la necesidad de la violencia contra sus enemigos, la izquierda revolucionaria si. El PC, por otra parte, sigue las tácticas adoptadas en el congreso de partidos comunistas de 1960, en Moscú, que determinan la coexistencia pacifica. La izquierda revolucionaria nace legitimando la lucha armada popular para obtener la verdadera liberación y para la posterior construcción del socialismo.

No se le puede pedir al MIR ser tan "realista" como el PC, eso sería pedirle renunciar a su propia posición política, sin que por el momento medien elementos probatorios suficientes que permitan suponer que el socialismo es irreversible en Chile, o que la cuestión más importante para la clase obrera el asunto del poder, esté resuelto.

Ahora, respecto a lo que Lautaro denomina "criterios conservadores" de los chilenos, no es nada nuevo. Por el contrario, es una de las características de la sociedad burguesa, lograda por una antigua, persistente y bien organizada penetración ideológica hacia todos los sectores.

A MODO DE CONCLUSIONES

Sin pretender abarcar cada uno de los puntos tratados por el articulista de la revista "Panorama Económico", hemos intentado enfocar aquéllos que merecen mayor inquietud por la superficialidad de sus afirmaciones, causadas a nuestro juicio, por una metodología y conceptualización errada de análisis.

Tampoco podemos estar de acuerdo en aceptar las perspectivas ofrecidas por Lautaro que sitúa los polos alternativos entre tábano socrático o agente perturbador como destino del movimiento político de la izquierda revolucionaria. La historia de la lucha de clases, la historia de la lucha del proletariado por el poder político, no está aún escrita en Chile.

Sin embargo, pensamos que la realidad nacional así como su necesaria conexión continental y latinoamericana, ofrece complejas características y jabonosas aristas, que hoy son abordadas con profundo esfuerzo teórico y práctico por la izquierda revolucionaria. Que en los recovecos del camino hacia el poder, y en una etapa como la actual, se cumplan momentáneamente uno de cualquiera de los papeles mencionados, no significa mucho en la perspectiva de poder planteada por las masas. Conformarse con analizar una situación en estrictas particularidades, sin examinar el todo en su conjunto no entrega resultados correctos.

Un examen a la izquierda revolucionaria chilena necesariamente debe sumar más de una "radiografía", e incluir también rigurosos exámenes de sangre tomados al interior de la fuerza viva de toda revolución, como son las masas, así como otros exámenes de rigor científico que incluyan desde lo más particular a lo más general, desde la lucha de clases a nivel nacional e internacional, así como un adecuado análisis de la correlación de fuerzas y la capacidad de las vanguardias.

En este sentido es útil recoger las impresiones del Comandante Che Guevara cuando explicando el carácter asumido por la Revolución Cubana planteaba: "En Cuba, el desarrollo de las contradicciones entre dos sistemas mundiales permitió el establecimiento del carácter socialista de la revolución, carácter que le fue dado en un acto consciente, gracias a los conocimientos adquiridos por sus dirigentes, la profundización de la conciencia de las masas y la correlación de fuerzas en el mundo". ("Obra Revolucionaria", pág. 587).

Reconociendo el interés del artículo de Lautaro en PE, no podemos menos que intentar colocar muchas de sus apreciaciones en los estrictos marcos de referencia que pensamos le corresponden, desmistificando algunas profecías precipitadas que suelen hacerse en etapas como la que actualmente vive nuestro país.

Dejamos para otra oportunidad tratar las reales perspectivas del movimiento de masas, hoy visiblemente afectado por una suerte de reformismo obrero y de la pequeña burguesía, así como el tratamiento correcto que deben tener los contradicciones que se presentan al interior de las fuerzas políticas de izquierda, por creer que la seriedad del tema requiere de un más profundo análisis y evaluación.

Con todo, no dejamos de pensar que el articulo de PE que enjuiciamos aquí más que una radiografía de la "ultraizquierda". no deja de ser una extensa "capa de aceite" sobre un mar en intenso movimiento, cuya profundidad no vislumbra, y cuyas fuerzas no mide correctamente.

JORGE SILVA LUVECCE


Notas:

1. Allende, Salvador: "Perspectivas de la Reforma Agraria". Revista CERES (FAO), reproducido por INDAP, 2. 1972. Stgo. Chile.

2. R.R. Los resultados aquí expuestos han sido elaborados a partir de dos investigaciones:

a) Investigación sobre economía contemporánea de los mapuches y sus relaciones con la Reforma Agraria, proyecto del Instituto de Antropología de la Universidad de Concepción,

b) Un proyecto de investigación de "La problemática mapuche y el estudio de la posibilidad de incorporación al proceso de Reforma Agraria. Este proyecto está siendo desarrollado en las comunas de Collipulli y Ercilla de la provincia de Malleco bajo la dirección del profesor B. Berdischewski a partir de un convenio entre el Depto. de Antropología de la Universidad de Chile y la Corporación de Reforma Agraria.

3. Programa de Gobierno de la Unidad Popular. 1970.

4. Reiman-Rivas, Citado de... "La lucha por la tierra". Pag. 63, Ed. Quimantú, Santiago de Chile, 1971.

5. Reiman-Rivas, op. cit., pág. 63-64.

6. Aranda-Martínez. Citado de... "Estructura económica, algunas características fundamentales" en el libro "Chile Hoy". Ed. Siglo XXI. México, 1970, pág. 143.

7. CIDA. Para una discusión más acabada del problema ver CIDA, Chile: Tenencia de la tierra y desarrollo socio-económico del Sector Agrícola. Santiago de Chile, 1966.

8. Barraclough, Solón. "Reforma Agraria: Historia V Perspectivas". CEREN Nº 7. Pág. 53. Santiago de Chile, 1971.

9. Aranda-Martínez, op. cit., pág. 144.

10. Aranda-Martínez, op. cit., pág. 145.

11. Novoa Monreal. Eduardo. "El difícil camino de la legalidad". Revista de la Universidad Técnica del Estado, Nº 7, abril, 1972.

12. CIDA, op. cit., pág. 296. Cuadro B-15

13. Barraclough, Solón, op. cit.. pág. 54.

14. Ver Reforma Agraria Chilena: Seis ensayos de interpretación, Santiago de Chile. ICIRA. 1970.

15. - Cooperativa de asignatarios corresponde a un conjunto de productores independientes que se unen en la planificación de la producción llevando a cabo un plan único de explotación.

- Cooperativa asignataria. Se trata de una unidad productiva no divisible por razones técnicas. Los trabajadores de ella reciben sólo un pago en salario más algún tipo de regalía acordado en asamblea. Los trabajadores son propietarios en la medida que participan y desarrollan una actividad dentro de la cooperativa.

- Cooperativa de servicios. Se trata de una organización de pequeños agricultores que se unen para ciertas tareas productivas (compra de insumos, comercialización, etc.).

16. Marín, I.C.: Asalariados Rurales en Chile. Rev. Interamericana de Sociología, vol. VI, 1969, Nº 2, mimeografiado Universidad de Concepción, Instituto de Sociología.

17. Zemelman, Hugo: Factores determinantes en el surgimiento de una clase campesina. Cuadernos de la Realidad Nacional, U. Católica, Nº 7, 1971. (CEREN).


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02