Una libertad en la picota


Punto Final Nº 16
2ª quincena Noviembre de 1966

Una libertad en la picota

PARA los próximos días está anunciado un congreso nacional de periodistas. El torneo coincidirá con el recrudecimiento de una serie de factores que conspiran contra la libre expresión del pensamiento y que hace más aguda la alienación del periodista en la sociedad en que vivimos. Por una parte, está el problema latente de la llamada "Ley Mordaza", una legislación coercitiva que impuso el régimen anterior y que el actual Presidente de. la República se comprometió solemnemente a derogar. Como muchas otras promesas del señor Frei, ésta tampoco se ha cumplido. El ejercicio de la libertad de prensa sigue supeditado a una ley perfectamente bautizada como mordaza. En fuerte proporción, la vigencia de esa ley y las disposiciones liberticidas de la Ley de Seguridad Interior del Estado mantenían en la cárcel —al momento de entregar esta edición— al director de "Clarín", Alberto Gamboa Soto, a quien PUNTO FINAL ha hecho llegar su solidaridad. El congreso de periodistas próximo a reunirse debería recordar en forma enérgica al Gobierno que su promesa no fue sólo modificar la Ley Mordaza, sino lisa y llanamente derogarla, y, además, que el actual Presidente aseguró que en su Administración no habría periodistas presos.

Por otra parte, en el cuadro general de los problemas de prensa, está lo que el senador socialista Carlos Altamirano planteó en polémico discurso. Se refirió a la alienación de que es víctima el periodista, obligado la mayoría de las veces a trabajar para grandes monopolios de prensa que no están al servicio de la verdad, sino de intereses egoístas y concretos. La libertad de expresión ha pasado a ser una entelequia, como otras muchas de una seudo institucionalidad democrática que parece satisfacer a tirios y troyanos. No tiene mayor existencia real que otros conceptos con los que la hábil burguesía chilena ha embolinado la conciencia del pueblo, haciéndole perder momentáneamente el rumbo adecuado de sus luchas. Los monopolios de la prensa y radio, de la publicidad oficial y de las agencias de avisos, forman el aparato brutal en cuyos engranajes son diariamente trituradas la conciencia y la dignidad de los periodistas. Parece llegado el momento de decir basta a esta situación y de recuperar para los hombres de prensa, la plena y total autonomía de sus conciencias, a fin de que esta libertad esté al servicio de las grandes causas, efectivamente nacionales y populares.


Por esto nos juzgan

EL comandante en jefe del ejército, general Bernardino Parada Moreno, por iniciativa del Presidente de la República, ha presentado una denuncia contra nuestra revista. En estos momentos se instruye el proceso a nuestro director y redactores en la Primera Fiscalía Militar. Los fundamentos de esta querella se basan en las disposiciones del Art. 284 del Código de Justicia Militar, y están dirigidos a configurar el presunto delito de ofensas al prestigio del ejército de Chile. Pero en realidad lo que el Gobierno busca es acallar a una publicación que Si bien está situada en una posición franca y honestamente revolucionaria, sostiene con orgullo y sin claudicaciones la defensa de los mejores valores de nuestra nacionalidad. PUNTO FINAL en todo momento ha procurado destacar que nuestras FF.AA. gozan de bien ganado prestigio por su subordinación, durante muchos años, a la autoridad del Poder civil. Eso las diferencia, desde luego, de las instituciones armadas de otros países hermanos que vienen sir. viendo de instrumentos de represión de sus pueblos. Nuestra revista ha puesto de relieve estas características históricas del ejército chileno. Por eso mismo —simultáneamente— hemos expresado, sin ambages, la opinión que nos merece en estos momentos cruciales del acontecer latinoamericano, lo que denunciamos como una peligrosa maniobra del imperialismo. Nos referimos al notorio aumento de las actividades del Pentágono norteamericano en el seno de las FF. AA. del continente y que ahora parecen buscar como objetivo al propio ejército chileno para sacarlo del camino que le ha ganado prestigio y respeto.

No es nuevo el intento del Pentágono de controlar las fuerzas armadas latinoamericanas. En sólo medio siglo, desde 1898 a 1954, el imperialismo norteamericano perpetró 114 golpes de estado e intervenciones militares en los países latinoamericanos. En años recientes, y a pesar de la Carta de Punta del Este, que prometió robustecer el Sistema democrático representativo, han ocurrido otros 14 golpes y dos invasiones armadas en América Latina. Los imperialistas han creado todo un seudo sistema jurídico para proteger sus intervenciones. A la cabeza de él figura el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca: suscrito en septiembre de 1947 en Río de Janeiro y que entró en vigor al año siguiente, junto con la creación de la OEA. El Pacto de Río creó una "zona de seguridad" para hacer realidad la doctrina Monroe y cohesionó a las fuerzas armadas del continente, bajo la férula norteamericana, para rechazar, conjuntamente, cualquier ataque armado extracontinental. Posteriormente, el triunfo de la revolución cubana demostró a los cerebros del Pentágono que la revolución libertadora no vendría desde más allá de las fronteras del continente, sino que se produciría por el empuje y vigor de los propios pueblos latinoamericanos. Fue entonces cuando se le dio otro sentido a los organismos e instrumentos seudo jurídicos, que emanaban del Pacto de Río. La OEA tomó el carácter de una organización agresiva, capaz de expulsar de su seno, como se hizo en 1961, a la nación que escogiera libremente su camino; la Junta Interamericana de Defensa fue transformada en una especie de Estado Mayor Conjunto: y los pactos militares con cada uno de los países latinoamericanos sustituyeron de hecho Ha dirección independiente de cada ejército. Nació así la "guerra especial", se abrieron escuelas para oficiales latinoamericanos en Estados Unidos y en la zona del Canal de Panamá, se dotó a los ejércitos de equipos y hasta de uniformes similares a los que utiliza EE. UU. en sus guerras coloniales y se fortalecieron, otorgándoles un carácter resolutivo, las reuniones de oficiales de Estado Mayor y las maniobras conjuntas navales, militares y aéreas.

Repetimos, todo esto no es nuevo.

Lo nuevo, en lo que a Chile se refiere, es la actitud del gobierno democristiano que no ha hecho nada para impedir que nuestras fuerzas sean incorporadas a este proceso de servidumbre a que ya están sometidos otros ejércitos. Basta recordar la débil actitud asumida por el gobierno del Presidente Frei cuando se conocieron los torvos alcances del Plan Camelot y la encuesta especial entre oficiales de nuestras fuerzas armadas que había iniciado el sociólogo norteamericano Roy Hansen.

Sectores de la prensa nacional registraron con sorpresa, en nuestro último aniversario patrio, el desfile en el Parque Cousiño de un destacamento de "boinas negras", primera expresión visible de un cuerpo chileno entrenado para la "guerra especial". La sorpresa coincidió con la entusiasta dedicación del gobierno para que el Congreso autorizara la participación de la Marina chilena es: la Operación Unitas VII. El verdadero alcance de esas operaciones, como lo reseñó "Punto Final", quedó revelado en la Conferencia Interamericana de Jefes Navales, celebrada en Caracas en agosto de este año. El almirante David Lamar MacDonald, jefe de operaciones navales de EE.UU., declaró en esa oportunidad que no creía necesaria la formación de una "fuerza interamericana de Paz", debido a que las Operaciones Unitas y las conversaciones entre los jefes de las Marinas eran suficientes "para resolver cualquier situación que pudiera surgir", o sea que el actual grado de coordinación de las FF. AA. garantiza una intervención multilateral en cualquier instante. En el hecho, ello quedó demostrado en República Dominicana, donde EE.UU. se vio reforzado con contingentes de Brasil, Honduras y Costa Rica.

"Punto Final" denunció en su último número los alcances precisos de la VII Conferencia de Jefes de Ejércitos Americanos celebrada en Buenos Aires (En esta edición proporcionamos mayores antecedentes). El Comandante del Ejército chileno fue enviado por el gobierno democristiano a una reunión cuyo anfitrión era el general Juan Carlos Onganía, actual Presidente de Argén, tina y que el año pasado presidió la delegación de su país a la VI Conferencia, celebrada en Lima. Otro alto oficial presente en la reunión fue el general Harold K. Johnson, jefe del ejército norteamericano, cuyas opiniones son tan conocidas, y se reflejan en la brutal guerra de Vietnam, como para vernos obligados a reseñarlas nuevamente. El general Johnson llevó a Buenos Aires la palabra del Secretario de Defensa, Robert McNamara, partidario de una alianza tipo OTAN en América Latina. La tesis cuenta con todo el respaldo del gobierno norteamericano y del Congreso de los EE.UU. Las agencias noticiosas norteamericanas nos relevan de la tarea de probar que el temario de la Conferencia en Buenos Aires fue netamente político, y que en ella los generales deliberaron sobre las formas de coordinar la "guerra especial" en América Latina. No hubo una sola voz discrepante.

El gobierno chileno no es partidario de la formación de una fuerza interamericana permanente. Pero la misma opinión sustenta el nada democrático régimen de Buenos Aires. Las informaciones de la prensa argentina y de las agencias cablegráficas norteamericanas señalan que Argentina patrocinó, y que así fue aprobada, una fórmula de reemplazo de la fuerza interamericana. Se trata ahora de dotar a la OEA, el instrumento regional más servil que ha conocido la humanidad, aparte de la OTASE, de poderes militares y de crear un organismo ad hoc que se encargue de la movilización de los ejércitos latinoamericanos que en el momento oportuno quieran secundar una intervención armada norteamericana. Es casi seguro que Chile no participaría en una incursión punitiva contra un pueblo hermano. Nuestra tradición y nuestra dignidad no lo permitirán jamás. Pero lo cierto es que Chile no ha denunciado ni ha rechazado estas intenciones, que, en caso de consumarse, probablemente sólo contarían con el silencio cómplice de nuestro gobierno.

Por otra parte, "Punto Final" se ha referido a los indicios cada vez más concretos que existen acerca de la creación en la Isla de Pascua de una base aeronaval que sería utilizada exclusivamente por las fuerzas navales norteamericanas del Pacífico. También se hizo mención de las sospechosas actividades realizadas durante un período, que terminó recientemente, de efectivos aéreos norteamericanos en las Rocas de Santo Domingo. Otro asunto que entra en la esfera militar y que nos ha preocupado ha sido la compra de 21 aviones de combate británicos por la FACH. En este sentido, "Punto Final" ha reconocido la necesidad de nuestros institutos armados de contar con material moderno y eficiente, particularmente, cuando el gran promotor de incidentes fronterizos y de intervenciones armadas, está fomentando otra vez la carrera armamentista en América Latina. Al informar de esta adquisición, que, según las agencias norteamericanas, tiene un valor aproximado de 20 millones de dólares, "Punto Final" rechazó las hipócritas críticas de voceros norteamericanos, despechados porque la negociación se hizo con Gran Bretaña. Pero, al mismo tiempo, hicimos ver quiénes son los beneficiarios de la industria de guerra y en esta edición (ver páginas centrales) dejamos al descubierto el carácter belicista de la economía yanqui interesada con sus socios británicos en desarrollar sus ventas de armas a los países subdesarrollados.

En consecuencia, nos presentamos ante el tribunal de la opinión pública con la frente en alto, seguros de estar cumpliendo —porque no lo dejaremos de hacer— un deber auténticamente patriótico y revolucionario. No es injuria, a nuestro juicio, defender la soberanía nacional; no queremos —y lo decimos en voz alta— la intromisión yanqui en nuestras fuerzas armadas, en nuestra economía y en nuestra educación. No es Injuria expresar que queremos que el destino de Chile lo decida nuestro propio pueblo.

Tampoco es injuria propugnar que nuestros institutos armados se mantengan al margen del liderazgo y de la hegemonía que un ejército extranjero, el norteamericano, pretende imponer. Si a alguien hemos ofendido e injuriado es justamente a ese imperialismo, con el cual los pueblos de América Latina están en guerra.

Que entonces, nos juzguen por ello.

"PUNTO FINAL"


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02