Divergencias en el seno del pueblo

PUNTO FINAL
Año VI. Nº 159
Martes 6 de junio de 1972

Editorial

DIVERGENCIAS EN EL SENO DEL PUEBLO

UNA lucha ideológica que enfrenta criterios reformistas con puntos de vista revolucionarios, se ha planteado en el seno de la izquierda chilena. En cierto modo pudiera decirse que esa confrontación se ha venido librando desde que se inició el actual proceso y aun antes. Tanto dentro del gobierno, como fuera de él, esas tendencias buscan imponer su conducción a las masas trabajadoras. Esta lucha ideológica no debe espantar a nadie porque no es sino la proyección, en el caso chileno, de una contienda que se viene dando desde que Lenin condujo a los bolcheviques al poder, luego de derrotar a los reformistas que combatieron ferozmente sus tesis. En toda oportunidad histórica en que el pueblo ha llegado a las puertas del poder, ha sido preciso dilucidar primero esta divergencia que separa las aguas entre reformistas y revolucionarios. Esta lucha ideológica, por cierto no corresponde más que esbozarla a los dirigentes políticos y a los intelectuales de ambas tendencias. Son las propias masas trabajadoras en cambio, las que profundizan y definen esa lucha. En definitiva es la acción, la práctica o la vida, como quiera decirse, lo que inclina la balanza en uno u otro sentido. Pero en cambio sí corresponde a los dirigentes responsables de partidos con influencia de masas, cuidar que esas discrepancias en el seno del pueblo se desarrollen dentro de cauces legítimos. Este aspecto es el que, sin embargo, más alarma produce en nuestro caso. En efecto, el combate contra lo que despectivamente llaman la "ultraizquierda", ha llevado a determinados dirigentes desorientados de la izquierda tradicional a fomentar la agresión contra militantes de ia izquierda revolucionaria. De la agresión física a la represión organizada hay sólo un paso, y de allí a una respuesta igualmente violenta, mucho menos distancia. Deslizarse por esa pendiente llevaría a una guerra intestina en la izquierda de la que sólo sacarían provecho la burguesía y el imperialismo. Aun el simple reformismo de izquierda es intolerable para los reaccionarios, como se está demostrando en la situación chilena donde los partidos burgueses alientan variados recursos para retomar el gobierno. Por eso una división aguda, caldeada por enfrentamientos, llevaría al conjunto de la izquierda a su autodestrucción, peligro del que los sectarios parecen no darse cuenta.

PUNTO FINAL, en esta edición, presenta un conjunto de materiales destinados a informar a sus lectores, en la forma más amplia posible, de los puntos de vista que se confrontan en esta polémica. Asimismo, incluimos —como es habitual— artículos que definen la posición ya conocida de nuestra revista. PF desea participar así en esta polémica, reiterando su invariable apoyo a los sectores de trabajadores de la ciudad y del campo que en nuestro país luchan, desde posiciones revolucionarias, por el socialismo, la independencia nacional y la libertad.

PF


Actualidad política

DE LO CURRO A LA ELECCIÓN DE LA CUT

DOS hechos políticos de gran significado estaban todavía en proceso de evolución el viernes pasado, al cierre de esta edición de PF. Se trataba de la elección en la Central Unica de Trabajadores (CUT) y de la reunión (o "cónclave", como la ha bautizado la prensa) de la Unidad Popular. Ambos hechos, todavía truncos para un análisis riguroso, tienen en cierto modo una estrecha relación. Tanto el resultado de la elección en la CUT —que por primera vez se efectúa en forma directa por las bases sindicales—, como las decisiones que adopte la Unidad Popular, seguramente van a influir con mucho peso en el curso del proceso chileno.

La Unidad Popular se había reunido en el mes de febrero en El Arrayán, tomando diversos acuerdos que se dieron a conocer en un extenso documento político (ver PF Nº 152). A estas alturas, hay consenso, según parece, de que las resoluciones adoptadas en El Arrayán quedaron sólo en el papel. Algunos partidos de la UP lo han dicho así francamente. Aun más: han reconocido un deterioro progresivo de la izquierda, mientras se registra un avance objetivo de la fuerza política y social de quienes se oponen al socialismo. A la vista de esa realidad es que se convocó a fines de mayo a un nuevo "cónclave", esta vez en Lo Curro. Sin perjuicio de que ahora no estuvo uno de los partidos que concurrieron a la reunión de febrero en El Arrayán (el Partido de Izquierda Radical, PIR, que ha pasado a engrosar la oposición conservadora), las deliberaciones en Lo Curro parecen llevar parecido rumbo político. O sea, aplicar métodos que permitan recuperar fuerzas, especialmente entre las llamadas "capas medias", y neutralizar la presión económica que viene ejerciendo el imperialismo.

Un aspecto álgido del cuadro que enfrenta la Unidad Popular reside en la formación del área social de la economía. Este es un punto fundamental para cumplir lo medular del Programa, que es iniciar la construcción del socialismo en Chile. La Democracia Cristiana, que abandonó el gobierno en noviembre de 1970, reteniendo en sus manos la llave de paso del oxígeno parlamentario, ha puesto un obstáculo mayúsculo a ese propósito. En cumplimiento de su rol específico, que no es otro que la defensa del capitalismo desde posiciones reformistas, que distinguen su accionar del que cumplen el Partido Nacional y otros grupos menores de derecha, la Democracia Cristiana hizo aprobar en el Congreso una reforma constitucional que mete en un zapato chino el Programa de la Unidad Popular.

Esa reforma de la Constitución somete el crecimiento del área social de la economía al cuentagotas del Parlamento, creando la necesidad de leyes especiales para cada expropiación. Puesto en jaque por la oposición acaudillada por la DC, el gobierno ya había reducido de 253 a 91 el número de grandes empresas que se proponía traspasar al Estado. Pero la reforma constitucional reduce todavía más la boca del túnel que deberían atravesar las expropiaciones. Esta situación de hecho, creada por la DC, obliga a la Unidad Popular a negociar una salida con la oposición o a llevar la cuestión —como propone el Partido Socialista— a un plebiscito. Ya el Presidente Allende, hace algún tiempo, habla expresado su opinión de que el plebiscito —que la oposición viene exigiendo desde que constató el crecimiento de sus fuerzas—, podría ser Convocado. Pero el criterio presidencial era de que el pueblo se definiera sobre un conjunto de materias, entre ellas, la disolución del propio Parlamento. Este aspecto de un plebiscito, fácil de provocar mediante el simple expediente de enviar al Congreso un proyecto de ley disolviéndolo, no gusta a la derecha. Pero previendo su eventualidad, ha tratado por todos los medios, incluyendo su enorme caudal publicitario, de robustecer la imagen del Congreso a fin de tratar de borrar su enorme desprestigio.

Un plebiscito en torno a la formación del área social de la economía, en cambio, parece de más dudosos resultados para la Unidad Popular. En parte porque el tema en sí mismo, al parecer, no ha logrado concitar un apoyo vasto de masas, y por las dudas objetivas que existen sobre la real fuerza de la izquierda en estos momentos. Recuérdese que la UP subió del 36 al 50 por ciento de los votos entre septiembre de 1970 (elección presidencial) y abril de 1971 (elección municipal). Después de esa repechada, que mostró a lo vivo que es la acción definida, orientada hacia el socialismo, la que conquista a las "capas medias", la fuerza de la UP ha venido declinando. Una sucesión de hechos, la argamasa de los cuales está formada por las debilidades y conciliaciones de la propia Unidad Popular, han revelado de manera inequívoca el jactancioso crecimiento de una oposición conservadora. Esta última se alimenta en la pérdida del temor de las clases explotadoras que, de una actitud acorralada, han pasado a una ofensiva en toda la línea.

La posibilidad de una consulta plebiscitaria fue considerada la semana pasada en el "cónclave" de Lo Curro. Pero se informó que "sus materias y oportunidad serán decididas por el Presidente de la República". Junto con ello se informó que se habían acordado medidas tales como impulsar un proyecto de ley que sanciona el desmantelamiento de fundos y empresas, luchar contra el burocratismo y la corrupción en la Administración Pública, dictar un estatuto de garantías para los pequeños empresarios del comercio, industria y agricultura, fijar un tope máximo a los ingresos, estimular la participación de los trabajadores y proponer al Congreso un proyecto de facultades extraordinarias en el orden administrativo y económico. Vale la pena observar que anteriores gobiernos han obtenido del Parlamento ese tipo de facultades, por lo cual, en este caso, la oposición tendrá que extremar las proezas de su dialéctica política para negarse a acceder a la petición del gobierno. El "cónclave" de la UP, según un anuncio que recoge parcialmente las deliberaciones, contempló también "la existencia de abiertas manifestaciones de actuaciones espontaneístas, de indisciplina laboral, administrativa y política". En Lo Curro se ha hablado también de las relaciones entre la UP y otras fuerzas políticas. En lo que puede ser una referencia precisa a la Democracia Cristiana, un comunicado que se entregó el jueves 1º de junio señala que "hubo consenso de que la UP no está ajena a coincidir con otras fuerzas en torno al cumplimiento y desarrollo de su programa, estimando en todo caso que cualquier acuerdo se hará sólo como UP y no en forma parcial". En ese sentido bien puede ser que se trate de canalizar a través del conjunto de la UP los contactos que el PC ha tenido con la DC y que han llevado al presidente de este último partido, Renán Fuentealba, a señalar que la directiva comunista es la única "sensata" de la izquierda. Puede perfilarse de esta manera, posiblemente, un grado más formal de acercamiento a la DC, en procura de acuerdos concretos.

El quid del problema reside en que el mango de la sartén aparece en manos democristianas. Un año y medio de gobierno ha mostrado a sus enemigos los resquicios y grietas de la UP. Por ejemplo, el imperialismo norteamericano, que hace seis meses parecía convencido que no obtendría el pago de indemnización por las minas de cobre nacionalizadas, ha recobrado las esperanzas. A ello seguramente contribuyeron actitudes que revelaron al imperialismo que no había unanimidad en el gobierno sobre esa materia. El ex Ministro de Minería, Mauricio Jungk, militante del PIR, por ejemplo, hizo una gestión personal con el embajador norteamericano para buscar una "solución armónica". El Departamento de Estado, con toda seguridad, tuvo en ese momento la evidencia de que algunos sectores del gobierno preferían llegar a un acuerdo sobre pago de indemnización. Como se sabe, después que el Presidente Allende, usando facultades constitucionales privativas, ordenó rebajar 774 millones de dólares por concepto de utilidades excesivas, las compañías Anaconda y Kennecott quedaron en los hechos sin acceso a ninguna clase de indemnización. La demora del tribunal especial del cobre en rechazar los recursos presentados por los abogados de las compañías yanquis, dictamen que todavía no se produce, permite al imperialismo albergar redobladas esperanzas, de lograr indemnización.

Así como sucede con el imperialismo, ocurre con la reacción interna. Ella también ha cambiado su actitud inicial de desaliento y temor por una conducta cada vez más agresiva. Dentro de un diseño general de tipo fascistoide, la derecha lleva adelante una política que se hace fuerte a partir de las propias instituciones del Estado, cuyo control retiene en sus manos. El aparato armado, los tribunales, el Parlamento, son pivotes de una política de cerco a la izquierda que se complementa con abundantes recursos publicitarios y con un gradual aumento de la dirección de masas.

En la elección de la CUT, por ejemplo, hasta el cierre de esta edición, la DC —apoyada por el Partido Nacional y grupos derechistas menores— mostraba una alta votación. Sin perjuicio del análisis en profundidad que exige la elección de la CUT, que haremos en su oportunidad, la votación de la DC en sindicatos de trabajadores pone de relieve lo que más de una vez PF ha sostenido. Las llamadas "capas medias", donde la fuerza electoral de la DC y sus socios derechistas es mayor, tienden a respaldar a las fuerzas que detentan el poder. En el último periodo la línea política con rasgos más fuertes y acentuados ante las masas, ha sido la de la oposición conservadora, liderada por la DC. En el período septiembre de 1970 abril de 1971, cuando la UP avanzaba, particularmente en la absorción de industrias, bancos y fundos, nacionalizando el cobre, salitre, etc., esos sectores sociales le entregaron su apoyo. El principal beneficiado, en lo electoral, fue el Partido Socialista. El Partido Radical, fiel barómetro político, no vaciló en declararse marxista, contagiado por el tiempo político que se vivía. La DC sufrió una nueva escisión, formándose la Izquierda Cristiana. En una palabra: nuevos contingentes que provenían de las "capas medias" se sumaron a la corriente que parecía imparable. Pero en el seno mismo de la UP estaban actuando fuerzas moderadoras. Esos frenos de aire redujeron la velocidad. Los inevitables "bomberos" del reformismo se encargaron de apagar lo que estimaban un peligroso incendio revolucionario. Sobrevino, de esa manera, un repliegue de la UP que fue inmediatamente aprovechado por sus enemigos. Se infiltró el PIR en el gobierno (ahora encabeza la coalición opositora en la próxima elección de un diputado en Coquimbo), vinieron las derrotas en Valparaíso, O'Higgins, Colchagua y Linares, etc. La sucesión de hechos y cambios en actitudes políticas es muy conocida para hacer un relato minucioso. El resultado es que en las elecciones de la CUT la oposición agrupada detrás de la DC, ha mostrado importante fuerza en la clase trabajadora. El síntoma no puede ser más grave y revelador del amenazante grado de penetración que alcanza en las masas la estrategia reaccionaria. Un claro predominio del reformismo —pero con un sorprendente vigor del reformismo de derecha—, es el resultado de un proceso que ha perdido un tiempo precioso en vacilaciones y conciliaciones que trasuntan una inexplicable debilidad. La sensación de frustración, en este caso, puede traducirse en ira hacia los sectores revolucionarios que vinieron advirtiendo el peligro. Si la UP se deja arrastrar por esa ira, solamente se distanciará más de sus propios objetivos programáticos, atrapada en las redes de una oposición reaccionaria que aprendió a combatir con mayor rapidez y eficacia que la izquierda tradicional.

MANUEL CABIESES DONOSO


Documento

EL "MANIFIESTO DE CONCEPCIÓN"

LOS acontecimientos vividos por las masas en Concepción el viernes 12 de mayo, son uno de los hechos más extraordinarios que han ocurrido en Chile en un año y medio de Gobierno Popular, pues marcan un viraje profundo de la lucha de clases en la política nacional.

Si bien dichos acontecimientos estuvieron circunscritos a nuestra provincia, lo cierto es que, pese a la campaña de ocultamiento y falsificación posterior, sus efectos se harán sentir en el resto del país.

Concepción, por su particular correlación de fuerzas políticas y sociales favorables a la revolución, no hace otra cosa que adelantar un reacomodamiento social y político que seguramente —aunque con distinto ritmo, en el tiempo— se extenderá a todo lo largo del territorio nacional.

Hacer conocer las experiencias ocurridas en Concepción, hacer comprender el significado oculto de los sucesos, forma parte de la clarificación urgente que requiere la formulación de una política reclamada por las masas populares. Este es el sentido más íntimo de este documento redactado por el conjunto de las organizaciones políticas que asumieron con plenitud revolucionaria la convocatoria del día 12.

Es esta una tarea ineludible en la medida que lo ocurrido en Concepción fue presentado en el país mediante esquemas y falsas contraposiciones que desfiguran por completo lo acontecido, impidiendo que los hechos se conviertan en una lección para las masas de todo el país.

Dar a conocer este documento el día mismo de la concentración revanchista de la reacción, es la respuesta política madura de quienes nunca circunscribieron la lucha de clases exclusivamente al enfrentamiento callejero con las fuerzas de la contrarrevolución.

Discrepancias importantes en el campo popular exigen que un proceso correcto de acumulación de fuerzas y de fortalecimiento de la izquierda, se desarrolle a través de la lucha ideológica de cara a las masas, sin deformaciones y falsificaciones malintencionadas.

Únicamente la verdad revolucionaria, la lucha ideológica abierta, responsable y fraternal, en el seno del pueblo, permitirá resolver los problemas que enfrentan las fuerzas revolucionarias en su camino hacia el poder.

1.— LA FALSIFICACIÓN DE LOS HECHOS

El martes 9 de mayo el conjunto de la Unidad Popular, incluida la dirección regional del Partido Comunista, acordó impulsar una movilización de masas, el mismo día en que saliera a las calles la reacción, resolviendo por unanimidad invitar a incorporarse al MIR a esta tarea.

Esta decisión de movilización combativa del pueblo contó con la adhesión de la CUT, el Consejo Provincial Campesino, el Comando Provincial de Pobladores, las federaciones estudiantiles y la mayoría de las organizaciones de masas de la provincia.

El propósito fue reducir la marcha de los momios a sus exactas dimensiones de minoría social y política, que aprovechándose de la legalidad burguesa pretendían canalizar y organizar públicamente la sedición y movilizar las masas políticamente atrasadas a través del engaño y la mentira.

El acuerdo sobre la movilización y marcha implicó por sí solo un avance en la relación entre las fuerzas populares y las fuerzas de la reacción.

Por primera vez en Chile el conjunto de la izquierda decidía una marcha simultánea a la marcha de los momios, lo que significaba comenzar a ganar también en las calles la lucha contra la reacción.

Más aún, por primera vez se manifestaba abiertamente la decisión de impedir, a través de la sola presencia combativa de las masas en las calles que los momios se reuniesen públicamente para incitar a la sedición y al derrocamiento del Gobierno Popular.

Estuvo claro para el conjunto de las organizaciones que esta convocatoria respondía a las exigencias de las masas que no ven en la alianza entre la DC, la DR, el PN y PyL, una fuerza de oposición política respetuosa de la legalidad, sino la fuerza que abiertamente organiza e incita a la contrarrevolución.

Posteriormente, la dirección del PC se restó al compromiso contraído públicamente frente al pueblo de Concepción. Más aun, luego utilizó todas sus influencias en el aparato del Estado para impedir la movilización de los trabajadores, deteniendo incluso un tren procedente de la zona dei carbón.

Las restantes organizaciones persistieron en su decisión de convocar al acto, no como una demostración de prepotencia política, sino como una respuesta justa a quienes de una u otra manera participaron en el asesinato del General Schneider, en la organización del pánico financiero, en el desabastecimiento, en el sabotaje de la producción, en el complot de la ITT, en las campañas de insidias y calumnias que diariamente se suceden en "La Prensa", "Tribuna" y "El Mercurio", en la Reforma Constitucional Hamilton-Fuentealba, en la marcha de las ollas vacíes, en la destitución sistemática de Intendentes y Gobernadores, en la destitución del Ministro José Tohá.

Al mismo tiempo, considerando que la correlación de fuerzas que existe en la provincia de Concepción no es idéntica a la correlación de fuerzas en el conjunto del país, todas las organizaciones comprometidas en la convocatoria extremaron los recursos en materia de organización y disciplina para evitar provocaciones que fueran luego utilizadas por la reacción en contra del movimiento popular.

El recaudo principal fue asegurar una presencia multitudinaria que no diese lugar a la provocación artificial. Objetivo logrado con creces en tanto la convocatoria demostró coincidir con los anhelos más profundos de las masas populares y que desmiente cualquier acusación acerca de una supuesta provocación.

2.— LA CONCENTRACIÓN Y MARCHA DEL VIERNES 12

El hecho más escamoteado en la información que circuló con posterioridad a los acontecimientos fue la asamblea que tuvo lugar en el foro de la Universidad.

La concentración mostró algo magnífico y nuevo en la política nacional: la asamblea democrática que congregó a miles y miles de obreros, pobladores y estudiantes que durante casi dos horas escucharon con profunda atención y entusiasmo a los treinta y cinco oradores que se sucedieron en el uso de la palabra,

El pueblo de Concepción, reunido en asamblea, se autoconvocó decidido a defender activamente la estabilidad del Gobierno y la continuidad del proceso revolucionario.

Nunca hubo representación más democrática. Ningún arreglo parlamentario, ninguna convocatoria pudo ser más efectiva, más auténtica que esa multitud allí reunida. Hubo convicción en la unidad y unidad en la convicción.

Una vez más las mases demostraron su decisión de impedir que la reacción se resguardara en preceptos legales para ir preparando abiertamente las condiciones más favorables a la contrarrevolución.

La marcha demostró un alto grado de disciplina y organización de masas. En el largo trayecto a través de las calles de Concepción no hubo una sola provocación, un solo desmán, un solo piedrazo de legítimo resentimiento.

Reiteradamente el Grupo Móvil impidió el desarrollo normal de una marcha que no se proponía el enfrentamiento físico con la reacción, sino la disuasión mediante la presencia multitudinaria del pueblo.

Resultado del apaleo del Grupo Móvil fue la muerte del estudiante Eladio Caamaño. Al día siguiente, nuevamente, los carabineros apalearon estudiantes que realizaban una manifestación de duelo por la muerte de su compañero. En estas razones se apoya la exigencia de destitución de una política administrativa provincial contraria a los trabajadores.

3. — LA FALSIFICACIÓN IDEOLÓGICA

No sólo los hechos de Concepción fueron falsificados. Igualmente grave fue la falsificación ideológica de los acontecimientos y de las posiciones reales que se enfrentaron en el seno de la izquierda.

En esa perspectiva, la falsificación más grave es aquella que presume que las organizaciones que convocaron al pueblo para disuadir a los momios, quieren impulsar un enfrentamiento que considerarían inevitable.

Al respecto, debemos reiterar que el enfrentamiento depende del comportamiento de las clases dominantes frente a los avances de la revolución y de la capacidad e inteligencia que demuestren las fuerzas revolucionarias para disuadir y arrinconar a tiempo a la reacción.

Lo que estuvo en discusión en concepción fue la manera más correcta de disuadir y arrinconar a la reacción, única condición que hará posible, de ser exitosa, evitar la guerra civil y el derramamiento de sangre.

La discusión sobre los caminos más efectivos para disuadir y arrinconar a la contrarrevolución pasa por el análisis del papel que las masas, los partidos, el Gobierno y el aparato del Estado tienen en el proceso.

En los sucesos de Concepción las masas demostraron cuál es el papel que están dispuestas a desempeñar en ese proceso de disuasión y arrinconamiento de las fuerzas contrarrevolucionarias.

El pueblo objetivamente ve que no puede distinguirse, en la práctica, entre una pretendida oposición legal, por un lado, y la sedición contrarrevolucionaria por el otro.

En la medida que las masas no reconocen en la oposición política otra cosa que la contrarrevolución en ciernes, entran en contradicción con el aparato del Estado construido por la burguesía en sus largos años de dominación política y social. Es decir, que en su lucha para aplastar la contrarrevolución, que se reviste de oposición, las masas chocan permanentemente contra un Estado construido básicamente para resguardar los intereses de la reacción burguesa.

Buscando refugio en la legalidad que está por detrás del Estado, los contrarrevolucionarios se disfrazan de opositores e impiden el avance de la revolución. En el Congreso detienen los proyectos de ley tendientes a crear el área social de la economía, a través de la Contraloría exigen la devolución de empresas, mediante el aparato burocrático del Estado desvirtúan las medidas del Gobierno y a través de la Justicia exigen el concurso de las fuerzas represivas para detener el avance popular.

Esta contradicción entre las masas y sectores importantes del aparato del Estado es una contradicción fundamental porque a través de ella se expresa la lucha por el poder entre la burguesía y el proletariado.

La conquista del Gobierno Popular implicó neutralizar en parte el carácter coercitivo de este aparato del Estado y permitió avances importantes en la lucha antimperialista y democrática.

Lo cualitativamente nuevo en Concepción fue el reconocimiento por parte de la mayoría de las organizaciones de izquierda de la provincia, de la existencia de esa contradicción y la decisión de ponerse a la cabeza de la movilización popular. Este hecho, en que dentro de una argumentación reformista y ultralegalista se pretende ver una amenaza aparente a la estabilidad del Gobierno, en la práctica contribuye a su fortalecimiento, ya que demuestra a las fuerzas de la reacción la decisión de las masas de no permitir un retroceso en los avances del movimiento popular.

Por otra parte, el hecho de que la mayoría de los partidos de la izquierda se pongan unitariamente a la cabeza de las movilizaciones populares, interpretando y canalizan do sus exigencias más sentidas, otorga una flexibilidad política a las fuerzas revolucionarias que debe ser utilizada en profundidad. Porque de esta manera la acción de masas no se disuelve en una rebeldía estéril ni en el repliegue a posiciones conservadoras.

Reiteramos: lo cualitativamente nuevo que se dio en Concepción fue la coincidencia entre las direcciones de la mayoría de las organizaciones de izquierda y la correcta percepción de las masas que no admiten la falsa separación entre los partidos políticos de la derecha y los saboteadores, entreguistas, cómplices del imperialismo y calumniadores.

La DC no puede ser tratada sólo como fuerza de oposición cuando en los hechos se suma a quienes defienden las banderas del capitalismo, del latifundio, del imperialismo, marchando con Patria y Libertad y con el PN, o aplaude las expresiones orgánicas de los grandes empresarios como el FRENAP y la SOFOFA.

Mientras esto ocurra, las masas tienen todo el derecho a identificar concretamente oposición y contrarrevolución, actuando en consecuencia. Quien aliente una distinción inexistente en la realidad sólo favorece los planes de la contrarrevolución y se hace cómplice de la falsificación ideológica.

En esta perspectiva, creemos que en Concepción se dio un paso positivo en la resolución de la contradicción entre las exigencias revolucionarias de las masas y un Gobierno Popular que, si bien las representa, se encuentra cercado por un aparato del Estado construido para sustentar los intereses de la burguesía.  

Los acontecimientos de Concepción deben ubicarse en el camino de la acumulación de fuerzas revolucionarias, en un momento crítico en que la neutralización de los sectores vacilantes del pueblo, se ve más trabada por los problemas de desabastecimiento, las dificultades inherentes a las transformaciones económicas y el cerco imperialista.

Es simplismo afirmar que se trató entonces de la "tesis malsana del gran enfrentamiento", no se trató de una presunta ruptura programática, sino de una alianza que busca la discusión y la puesta en práctica de una línea que asegure la irreversibilidad del proceso revolucionario.

LAS PERSPECTIVAS FUTURAS

Los sucesos de Concepción demostraron la inmensa reserva de energía revolucionaria que anida en las masas populares y la conciencia política que está señalando la decisión de aplastar a sus enemigos de clase.

Esta inmensa energía no puede ser constreñida en una institucionalidad que fue creada para reprimirla. Se requiere canalizar esas energías en la dirección de la lucha de clases y modelarla en nuevas formas institucionales que vayan gestando los cimientos del poder revolucionario.

Alrededor de los sucesos de Concepción se enfrentaron dos políticas en el seno del pueblo:

UNA, QUE CREE QUE SE PUEDE CONDESCENDER CON LOS ENEMIGOS DEL PUEBLO, LO QUE EN EL HECHO SIGNIFICA OLVIDAR LA EXISTENCIA DE LA LUCHA DE CLASES, QUE BUSCA APOYARSE BÁSICAMENTE EN EL APARATO DEL ESTADO Y NO EN EL PODER DEL PUEBLO Y DE LAS MASAS Y QUE, INCLUSO APUNTA LA REPRESIÓN DE AQUELLOS SECTORES DE LA IZQUIERDA QUE NO COMPARTEN SU POLÍTICA DE CONCILIACIÓN, PRETENDIENDO, EN LA PRACTICA, TRANSFORMAR EL ACTUAL GOBIERNO EN UN ARBITRO, RESTRINGIENDO SU ACCIÓN A LOS MARCOS DE UNA INSTITUCIONALIDAD QUE DE IGUALES GARANTÍAS A LAS FUERZAS DEL PUEBLO Y A LAS FUERZAS DE LA CONTRARREVOLUCIÓN.

LA OTRA POLÍTICA SE AFIRMA EN LA CONVICCIÓN DE QUE NO ES POSIBLE LA CONCILIACIÓN CON LOS ENEMIGOS DE LA CLASE TRABAJADORA.

SOSTIENE QUE LAS CONTRADICCIONES ENTRE EXPLOTADORES Y EXPLOTADOS SE MANTIENEN Y SE AGUDIZAN.

SOSTIENE QUE ES NECESARIO APOYARSE EN LA FUERZA Y MOVILIZACIÓN ORGANIZADA DE LAS MASAS, RECHAZANDO TODA EXPRESIÓN DE DOGMATISMO Y SECTARISMO EN EL SENO DEL PUEBLO, ABRIENDO CAUCE A LA DISCUSIÓN EN EL SENO DE LA IZQUIERDA SOBRE LA CONDUCCIÓN Y FUTURO DEL PROCESO REVOLUCIONARIO.

ESTA POLÍTICA RECHAZA LA TENDENCIA A ASIGNAR EN LOS HECHOS AL GOBIERNO POPULAR UN CARÁCTER NEUTRAL Y EXIGE QUE LA FUERZA DE GOBIERNO SE SUME A LA FUERZA DEL PUEBLO PARA IMPULSAR Y ENCAUZAR LA REVOLUCIÓN CHILENA.

LOS SUCESOS DEL VIERNES 12 FUERON LA CULMINACIÓN DE UN MOVIMIENTO PARA CUYA CONSOLIDACIÓN Y DESARROLLO SE REQUIERE PASAR A LA OFENSIVA:

— ALENTANDO LA PARTICIPACIÓN DE LOS TRABAJADORES EN EL ÁREA SOCIAL, OTORGÁNDOLES UN MAYOR PODER DE DECISIÓN Y CONTROL SOBRE LOS CUERPOS ADMINISTRATIVOS.

— IMPLANTANDO EL CONTROL DE LOS TRABAJADORES EN LA INDUSTRIA PRIVADA.

— ASEGURANDO LA PARTICIPACIÓN REAL DE LOS POBLADORES EN LA DIRECCIÓN DE LOS ORGANISMOS DE LA VIVIENDA.

— OTORGANDO EFECTIVA CAPACIDAD DE DECISIÓN A LOS CONSEJOS CAMPESINOS, ENTREGÁNDOLES MEDIOS MATERIALES PARA EL CUMPLIMIENTO DE LAS FUNCIONES.

— UNIFICANDO LAS ORGANIZACIONES POPULARES EN CONSEJOS COMUNALES DE TRABAJADORES, QUE A TRAVÉS DE ASAMBLEAS POR LA BASE RESUELVAN CUESTIONES DE INTERÉS COMO EL CONTROL DEL ABASTECIMIENTO A TRAVÉS DE LAS JAP; COMO EDUCACIÓN Y SALUD, ETC.

Las masas de Concepción están demostrando, siguiendo la advertencia de Fidel, qué pueden y quieren aprender más rápido que la burguesía. Pero sus esfuerzos quedarían frustrados si las masas populares de Chile, si sus direcciones nacionales no aprendieran, ellas también, más rápido que la burguesía del país y sus camarillas dirigentes.

POR ESTO LLAMAMOS A LAS MASAS, A LA IZQUIERDA DEL PAÍS, A UNA FRANCA E INTENSA DISCUSIÓN DE LOS SUCESOS DE CONCEPCIÓN.

PARTIDO SOCIALISTA
MOVIMIENTO DE ACCIÓN POPULAR UNITARIA (MAPU)
IZQUIERDA CRISTIANA
MOVIMIENTO DE IZQUIERDA REVOLUCIONARIA (MIR)

Concepción, 24 de mayo de 1972.


Análisis

LA UNCTAD: UN BALANCE GRIS

LUEGO de poco más de un mes de sesiones, mil cien horas de discursos y agotadoras jornadas finales de negociaciones, la Tercera Conferencia de Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo cerró sus debates con un balance tan gris como el de las dos UNCTAD anteriores, de Ginebra en 1964 y Nueva Delhi en 1968. Uno de los pocos acuerdos a los que los países en desarrollo o subdesarrollados, o pobres, (según la variada gama de apelativos que se dan a las naciones de economías dependientes) atribuían gran importancia, el relativo a la modificación de las normas del sistema monetario internacional, se logró a última hora y en condiciones que fueron rechazadas por el bloque socialista. Se trata de obtener que los países dependientes pudieran participar en las reuniones destinadas a revisar el sistema monetario, en un pie de igualdad respecto a las naciones-metrópolis capitalistas. La delegación de Estados Unidos, que había bloqueado tercamente cualquier acuerdo, finalmente consintió en la presencia de "los pobres" en las negociaciones, pero remitió el problema al Fondo Monetario internacional. El "Grupo de los 77" aceptó este "pase" aparentemente para salvar la cara, pero las naciones socialistas estimaron que se había hecho una concesión grave a los países capitalistas desarrollados.

La Conferencia transcurrió en medio de la tediosa secuencia de discursos, proposiciones, mociones, contraindicaciones y diálogos de pasillos característica, de la vida de todos los organismos internacionales. Antes de la inauguración de UNCTAD III se dijo que una de las pocas realizaciones que al final podrían exhibirse para justificar todo el esfuerzo del gobierno chileno por obtener la sede de la conferencia y construir los edificios para albergarla, sería la utilidad que pudiese prestar como foro para denunciar al imperialismo norteamericano, se razonaba que el hecho de que esta UNCTAD se realizase en un país donde tenía lugar un proceso de cambios, económicos y sociales profundos, era ya una especie de cuña introducida en el sistema capitalista mundial. Se creyó que la incorporación de China, como miembro titular y con todos los derechos, daría también a la conferencia una importancia política incomparable respecto a las das anteriores.

En definitiva, tal vez por el mismo contexto de los acontecimientos mundiales, UNCTAD III tampoco sirvió para poner a Estados Unidos en el banquillo mundial de los acusados. El único intento fue la moción de condena a la agresión imperialista en Vietnam que presentó la delegación cubana y que se perdió, gracias al respaldo que dieron a los norteamericanos precisamente aquellos países del "tan traído y "llevado Tercer Mundo (africanos, latinoamericanos, asiáticos) y del "Grupo de los 77" que adoptan formalmente posturas nacionalistas en organismos como la UNCTAD, pero jamás osan desafiar al enemigo común.

Los técnicos y los funcionarios internacionales sostendrán con elaborados argumentos que éste fue "un paso adelante en el difícil camino de la cooperación internacional"; que ahora los problemas están mucho mejor definidos; que los países no-desarrollados cobran cada día mayor conciencia de la necesidad de unirse para conseguir que los grandes presten atención a sus dificultades. Atribuirán enorme importancia por ejemplo, a las resoluciones de la Conferencia que supuestamente obligarán a consultar a UNCTAD, en Ginebra, para resolver acerca de las tarifas aduaneras. Subrayarán como una verdadera conquista la aprobación de un proyecto sobre transferencia de tecnología, uno de los problemas claves para países en desarrollo, como Chile. Con todo ello justificarán su asistencia a nuevos y laboriosos debates en Nueva York, en una fecha aún no precisada, este año, para seguir discutiendo los problemas que no alcanzaron a resolver en Santiago, pero ahora en el seno de la Junta de Comercio y Desarrollo de las Naciones Unidas.

Hernán Santa Cruz, el Embajador chileno ante los organismos internacionales de Ginebra, verdadero modelo de funcionario internacional, "padre" indiscutido de la UNCTAD realizada en Chile fue uno de los que combatió tenazmente a los críticos al finalizar el torneo y bosquejó un cuadro positivo" acerca de sus resultados." Según él, los acuerdos concretos, favorables a los subdesarrollados serían éstos:

*** Se resolvió que los países en desarrollo participen por primera vez en las grandes discusiones sobre el sistema monetario y en las negociaciones multilaterales de comercio de 1973.

*** Se aceptó el principio de la soberanía permanente de los países sobre sus recursos naturales y se estableció el rechazo de las presiones de los países desarrollados para impedir, por ejemplo, la nacionalización de dichos recursos. Se estipuló, incluso, que dichas presiones, aun de tipo económico, podrían ser consideradas como atentados contra la paz mundial, obligando a actuar al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Esto significó aceptar el postulado chileno, ya incluido en la declaración de los "77", de Lima, y al que el Gobierno de la Unidad Popular atribuyó gran importancia, dado el proceso de nacionalización y recuperación de sus recursos naturales que está impulsando desde noviembre de 1970. (Ver PF Nº 155, separata).

*** Se estableció el derecho de los estados ribereños a explotar el fondo y el subsuelo marinos, dentro de los límites de sus aguas que ellos mismos fijen.

Sin embargo, el mismo Santa Cruz reconoció que el no obtener ningún acuerdo concreto respecto a una cuestión que se consideraba vital en el temario de la Conferencia, la relativa a los productos básicos, fue una gran decepción para los subdesarrollados. Cuidó de ello directamente a Estados Unidos, cuya delegación tuvo una "actitud ultranegativa" y destinada a impedir cualquier decisión favorable a los "países pobres", que son precisamente los que abastecen de esos productos al mundo desarrollado.

En general, periodistas y observadores venidos especialmente a Santiago para asistir a las deliberaciones de UNCTAD III, no ocultaron su renovado pesimismo acerca de los mecanismos de cooperación internacional. Desde luego, diarios y revistas de las grandes potencias capitalistas ya han hecho toda clase de comentarios sobre la esterilidad de les largos debates de esta nueva reunión supuestamente destinada a resolver los problemas del comercio y el desarrollo. Los de Estados Unidos, especialmente, como ocurrió con la revista "Time", per ejemplo, ridiculizaron a las delegaciones "subdesarrolladas", presentándolas como bandas de juerguistas que mostraron mucho mayor celo en beber y divertirse que en trabajar en comisiones o plenarios. El fárrago de documentos y la frondosa oratoria, hicieron por otra parte casi imposible un análisis claro y sistemático de los resultados concretos de esta nueva UNCTAD.

Afortunadamente, antes de la inauguración de la Conferencia, hubo quienes se preocuparon de que por lo menos los chilenos cobraran conciencia de que este tipo de torneos no son capaces de resolver los problemas que plantea a Chile como a los demás países de Asia, África y América latina, la dependencia política y económica. Uno de los más elocuentes fue el embajador de Cuba en Chile, Mario García Incháusteguí, verdadero veterano de UNCTAD. En foros, charlas y programas de televisión, insistió una y otra vez en el peligro de llevar a los pueblos a depositar grandes ilusiones en conferencias como la que acaba de clausurarse en Santiago. No está de más repetir ahora una de sus. advertencias más reiteradas:

"... no debemos permitir que se les creen a los pueblos falsas imágenes acerca de las posibilidades de estos mecanismos ... el desarrollo económico no es una dádiva, el desarrollo económico es un deber de los pueblos y sólo son los pueblos los que deben trabajar para conseguirlo; no nos lo regalan desde afuera graciosamente. Y para hacer el desarrollo económico nos hemos de plantear los cambios estructurales, revolucionarios, no los cambios estructurales reformistas ..."

JOSÉ CAYUELA


Tribuna

LAS CARTAS EN LA MESA

Estimado compañero:

Le solicito, por la presente, las páginas de PUNTO FINAL para dar a la publicidad la carta adjunta dirigida a EL SIGLO, ya que éste no ha estimado conveniente publicarla. Un resumen de la misma, enviado a ULTIMA HORA en respuesta a una columna de "Observador", tampoco se publicó.

Atentamente,

André Gunder Frank

COMPAÑERO
Director
EL SIGLO
Presente

Compañero:

Mas que discrepar con la versión del compañero José Rodriguez Elizondo acerca del Seminario sobre Imperialismo, Independencia y Transformación Social realizado en Nueva Delhi, que usted publicó durante mi ausencia del país en su edición del 18 de abril de 1972, lamento verme obligado a desmentir categóricamente las afirmaciones allí entregadas a sus lectores acerca de mi supuesta actuación en dicho Seminario. Mas que atenernos a la ley de prensa burguesa aún vigente en Chile, le ruego publicar el presente desmentido por el respeto a la verdad revolucionaria que debe guiarnos y en consideración del compañerismo revolucionario al cual aspiramos.

Es totalmente falsa la afirmación del compañero Rodríguez que yo habría planteado una moción diversionista supuestamente destinada a impedir que Chile se incluyera junto a Vietnam y otros países como merecedor de nuestra solidaridad. Muy por el contrario —como constará en las actas de la sesión final del Seminario— mi moción expresamente incluyó a Chile junto con los movimientos de liberación palestino y negro norteamericano que propuse agregar a los vietnameses y otros. De hecho, a la moción original de solidaridad con los pueblos de Indochina un participante había propuesto agregar a Chile, y el autor de la moción original se negaba a aceptar Chile argumentando que no venía al caso. Mi moción por el contrario comprendió a Chile, y lejos de ser diversionista como alega el compañero Rodríguez, fue aceptada por la totalidad de la asamblea comprendido —según supongo— el propio Rodríguez. Resulta extraño entonces encontrar a mi regreso a Chile que yo habría tratado de evitar o rebajar expresiones de solidaridad internacional con el pueblo chileno en los momentos de la revelación del complot de la ITT.

Es totalmente falso que "Gunder Frank atacó" al Partido Comunista de Chile y que mi ponencia "ridiculizó" el triunfo de la Unidad Popular. La ponencia —que está mimeografiada y por ende disponible para la inspección de cualquier lector interesado— sostiene que el deterioro de salarios y la movilización política, generaron movimientos electorales progresistas en Chile, Uruguay, Colombia, Venezuela y Argentina que programáticamente trataron de dar al nacionalismo un carácter clasista y hasta antiburgués, y que en el caso de Chile el gobierno de la UP había sufrido ya cuatro tentativas de golpe reaccionario y —en la fecha de redacción— la preparación de una quinta tentativa. La ponencia sostiene, además, que la amenaza fascista crece en cuanto la izquierda confía en garantías constitucionales y deja de preparar las masas a defenderse. Tampoco desvirtué el sentido del Seminario al referirme a los PC francés e italiano. Representantes de éstos y varios otros PC habían ya intervenido para rebatir una ponencia de un hindú que sostenía la tesis entre muchas otras que los PC no siempre se encontraron en la vanguardia política. En circunstancias en que el autor de dicha ponencia no podía asistir al Seminario y media docena de oradores se habían levantado para criticarla en este único punto, consideré correcto consolidarizarme (y esta es la palabra que empleé) en mi intervención con el autor ausente. No era el caso, ni en la ponencia ni en mi intervención, atacar al Partido Comunista de Chile.

Puesto que la Secretaría del Seminario solicitó a cada orador entregar un resumen de sus intervenciones a los relatores por escrito, parece oportuno aprovechar la copia que retengo para reproducirla aquí en extenso: "La cuestión principal es la conquista del poder político estatal por las clases obreras y campesinas. Esto hay que hacerlo por etapas. Pero las alianzas y cambios y beneficios económicos de una etapa hay que usarlos para ampliar el apoyo político y reforzar la organización política entre las masas para permitir el avance a la etapa siguiente. Careciendo de esta esencial línea política de masa, la vía "no capitalista" conduce a costosos reveses neocolonialistas y neofascistas. En Chile, el programa económico a corto plazo de redistribución de ingreso, empleo y consumo popular ha sido muy exitoso en sí, pero se ha aproximado a sus limitaciones inherentes. Los pronunciamientos y documentos de los partidos y dirigentes de los partidos de la coalición Unidad Popular todos subrayan con preocupación que los primeros 15 meses del gobierno no han sido aprovechados por los partidos populares para organizar apoyo de masas en el sentido de ahora facilitar la transición del programa económico de corto plazo a la transformación estructural de la economía, sociedad y política chilena contemplados por el programa de la Unidad Popular". El lector comprobará que este único resumen de mi intervención entregado a la Secretaría del Seminario con vistas a su eventual publicación en las actas tiene un tono y contenido muy distinto a los atribuidos y empleados por el compañero Rodríguez.

Contestando en sesión cerrada al compañero Rodríguez, quien había tratado de valerse de la autoridad de Fidel para calificar el proceso chileno de revolucionario sin más nada, dije que no era tal en la medida que carece de la suficiente movilización popular, como Fidel lo observó junto al Presidente Allende en el Estadio Nacional.

Es tergiversación también la versión que el compañero Rodríguez da de mi intervención en otros detalles. Por ejemplo: en cuanto a Ceylán, sugerí en el contexto de una discusión de la situación política internacional que existe la posibilidad futura (como se desprende del citado resumen), que el proceso político en Ceylán llegue al neofascismo, proyección muy distinta de la que el compañero Rodríguez me atribuye en el sentido de que Ceylán es fascista. (Podría agregar que dos semanas después, cenando en casa del Secretario General del PC de Ceylán, éste me explicó porqué el acabó de votar en el Parlamento contra la nueva ley represiva pasada por la mayoría integrada por el partido de la Primer Ministro Bandenareike y el Partido Trotskista y porque la inminente salida del PC de la coalición gubernamental le parece bien ya que fuera del Partido, podrá hacerse cargo de la creciente oposición al gobierno).

Finalmente y más grave, es totalmente falsa la afirmación del compañero Rodríguez que yo expresé que: "hablaba a nombre de un grupo político" chileno. Jamás hice semejante afirmación o siquiera insinuación en ninguna parte porque no corresponde a la verdad. Muy por el contrario, siempre subrayé en la India que no hablo sino a título estrictamente personal. Se entiende que alguien que alega que él u otro habla a nombre de un grupo político y más aún tiene su "representación" faltaría de todo respeto a sus auditores o lectores si no dijera a la vez a qué grupo político se refiere —cosa que el compañero Rodríguez no se atreve a hacer— en vez de referirse a un grupo cualquiera.

Le invito al compañero Rodríguez que en el futuro colaboremos en la tarea común con un espíritu de mayor compañerismo y verdad revolucionaria.

Atentamente,

ANDRE GUNDER FRANK


Tribuna

CATÓLICOS CONTRA EL FASCISMO

El Movimiento Católico de Izquierda de Chile declara: las instituciones democráticas no pueden ser neutrales frente al resurgimiento del fascismo en Chile. Es necesario tomar las medidas correspondientes para conservar la democracia y defenderla de este monstruo ideológico, que la amenaza. En Chile hay dos alternativas: el socialismo o el fascismo. El deber de los demócratas es estar con el primero, porque éste se puede implantar dentro de la democracia, la libertad y el pluralismo ideológico; el segundo, es la negación y la destrucción de los grandes valores de la humanidad. Son fascistas y conspiradores aquellos personajes que en la prensa y la radio vienen sosteniendo que para detener al "marxismo totalitario" es necesario imponer un nacionalismo militarista. En virtud de esto, denunciamos al "Frente Nacional patria y Libertad", como una organización fascista, retrógrada y sediciosa, que trata por todos los medios provocar una crisis en la disciplina de las Fuerzas Armadas con el objeto de derrocar al gobierno que preside el doctor Salvador Allende G. Felizmente, el espíritu cívico de las Fuerzas Armadas, simbolizadas en el ejemplo heroico del General Schneider, está presente en las instituciones militares. Sus miembros no se dejarán llevar por los cantos de sirena de gorilas fracasados, que hoy se han transformado en politicastros de baja monta.

El señor Pablo Rodríguez se declara católico y sostiene que el cristianismo es incompatible con él comunismo, asilándose en la Encíclica de Pío XII que condenó al comunismo como ateo y perverso. Sin embargo, guarda silencio sobre los conceptos expresados por los Padres de la Iglesia, que son de una franca tendencia comunista. Si estudiamos los planteamientos de Barnabás, Justino el Mártir, Clemente de Alejandría, Orígenes Tertuliano, Cipriano, Lactancio, Basilio de Cesárea, Gregorio de Nacianzo, Juan Crisóstomo, San Ambrosio, San Agustín, se ve que no hay impedimento para que un cristiano sea comunista, dado que la primera comunidad cristiana se basó en principios comunistas.

Muchos católicos reaccionarios, no comprenden o no quieren comprender que la Iglesia pasa por un proceso de radicalizaron. Las corrientes renovadoras que nacen de su seno cada día adquieren mayor número de adeptos y las corrientes conservadoras van perdiendo la importancia que tenían, dado que las nuevas generaciones de sacerdotes ven más valores evangélicos en el socialismo que en el capitalismo.

Compañero Director, reciba el saludo fraternal del MCICH y solicitamos a usted transcriba lo expresado en la presente.

RAMÓN MURILLO, Secretario General; NICOLÁS GARAZO, Secretario de Oficio.


Lucha Ideológica

EL ARMA DE LA MENTIRA

"En la lucha ideológica no se conquista a nadie sino con la verdad,
con los argumentos, con la razón. Eso es una cosa incuestionable".
Fidel Castro (discurso en el Estadio Nacional, 2 de diciembre de 1971).

UTILIZAR la verdad y los argumentos en la lucha ideológica no es una cuestión puramente moral. Es una necesidad para lograr que las masas adopten y hagan suyos determinados puntos de vista políticos. A medida que los trabajadores descubren que se les miente —y no tardan en percatarse de ello—, van abandonando las posiciones que necesitaron recurrir a la mentira y a la calumnia. Un ejemplo concreto de lo que afirmamos ocurrió por ejemplo en la fábrica textil Hirmas. Los obreros se tomaron una planta de esa industria, formulando justos reclamos. El diario "El Siglo", órgano oficial del Partido Comunista, atacó a los obreros. Los calificó de "ultraizquierdistas" empeñados en "boicotear al gobierno de la Unidad Popular". Tergiversó de manera absoluta los motivos por los que luchaban los obreros y calumnió de manera miserable a los jefes de la "toma". Lo mismo hizo la revista "Ramona", órgano oficial de las Juventudes Comunistas. El conflicto en Hirmas fue superado con una victoria de los trabajadores. Dos semanas después se efectuó la elección de dirigentes sindicales y las dos primeras mayorías las obtuvieron los jefes de la "toma", que pertenecen al Frente de Trabajadores Revolucionarios (FTR). El ex presidente del sindicato, un miembro del Comité Central del PC, logró salir elegido a duras penas.

La forma incorrecta en que el PC maneja la lucha ideológica contra lo que llama "ultraizquierda", dio en ese caso los frutos lógicos que cabe esperar cuando se usa la mentira. En las luchas que se plantean en el seno del pueblo —y en general en toda lucha ideológica— no se puede mentir impunemente.

Veamos otro caso. Hace dos meses los obreros de la industria textil Pollak se tomaron la fábrica. Exigían que fuera incorporada al área social de propiedad. El diario "El Siglo" afirmó que se trataba de una "provocación de la uitraizquierda" y atacó rudamente a los trabajadores que participaban en el movimiento. Esta vez la escalada del PC subió de grado y un grupo de trabajadores comunistas y democristianos se apostaron frente a la industria para impedir a viva fuerza que los operarios (entre ellos muchas mujeres) que se encontraban dentro de la fábrica recibieran alimentos. El PC sostuvo que lo justo era que la industria Pollak pasara al área mixta y no al área social. Acusó al FTR de completa responsabilidad en la "toma" y de intentar por ese medio boicotear los planes del gobierno de los trabajadores.

Hace diez días los núcleos de obreros socialistas de Paños Continental —que pertenece también a la empresa textil Pollak—, formularon una declaración dirigida a los obreros de ambas industrias, entre ellos a "los verdaderos comunistas". Los obreros socialistas, que afirman contar con el respaldo de los Comités Regional y Comunal del PS, rechazan las actividades del Comité Textil de CORFO, dirigido por al PC. Señalan que ese Comité Textil aceptó un "arreglín" propuesto por los hermanos Pollak para evitar el paso de la industria al área social. Consiste en un convenio de usufructo que el documento socialista describe así: "1º) Los Pollak prestan ambas industrias a la CORFO (PC) por cinco años (los que le quedan al camarada Allende) y se irían a medias con las utilidades; 2º) Al cabo de cinco años, si vuelve a triunfar el pueblo, se van los Pollak. Si, por el contrario, triunfa la reacción, ésta les devolverá las industrias a los Pollak, y éstos le darán las gracias a Del Río (uno de los jefes del Comité Textil de CORFO) por cuidárselas. 3º) Los socialistas y los trabajadores rechazamos el usufructo y planteamos que el destino de ambas empresas debe ser decidido de inmediato por sus trabajadores. 4º) El PC propuso entonces otro arreglín: ellos se quedan con Textil Pollak y Tricot en el área mixta, haciendo una sociedad entre la CORFO y palos blancos del PC, y le ofrecieron Continental a los socialistas. Nosotros rechazamos este arreglín y propusimos que los trabajadores decidan sobre: a) Que las dos empresas pasen al área social, para todos los chilenos; b) Que ambas sean administradas de inmediato por sus trabajadores como cacarea todo el día la Radio Portales del PC; c) Inmediata constitución de los comités de producción y del consejo de administración, integrado por las directivas sindicales y proporcionalmente por delegados de obreros y empleados".

Estas graves afirmaciones de los núcleos socialistas de la industria Continental no han sido aclaradas por el PC. Pero lo importante es que dan la razón a los obreros de Pollak que se tomaron la fábrica para exigir su traspaso al área social. Ahora han sido obreros dirigidos por el PS los que, a su vez, se tomaron la fábrica de paños Continental. “El Siglo”, sin embargo, los llamó "matones ultraizquierdistas".

En esta seguidilla de mentiras casi no vale la pena —por flagrante— referirse a los sucesos de Concepción, donde perdió la vida el estudiante Eladio Caamaño Sobarzo, a cuya afligida madre le será otorgada una pensión de gracia, como suele ocurrir después de las andanzas represivas del Grupo Móvil. El Subsecretario del Interior, Daniel Vergara, militante comunista, dio la versión oficial' de esos incidentes, echándole la culpa al MIR. Según Vergara, los responsables de todo fueron los "ultraizquierdistas". El diario "El Siglo", por cierto, rivalizó con la prensa de derecha en la tarea de pintar la respuesta popular de Concepción al fascismo, como la obra de afiebrados "ultrarrevolucionarios". Pero no tardó en quedar en claro la verdad (en la medida que lo permite el bloqueo informativo para estas cuestiones que han establecido de hecho el fascismo y el reformismo). Todos los partidos de izquierda de Concepción, excluyendo al PC y al API, habían adoptado la firme actitud que se conoce contra la derecha, empeñada en ganar las calles de Chile. Al momento de cierre de estas páginas, en Concepción seguían actuando unidos los partidos Socialista, MIR, MAPU e Izquierda Cristiana, en un entendimiento que ojalá prospere en beneficio de los objetivos revolucionarios.

Otro caso: el 16 de mayo un grupo de campesinos que pacíficamente reclamaban la mala atención médica en el hospital de Lautaro fueron baleados por Carabineros e Investigaciones. Quedaron seis campesinos heridos, detenidos e incomunicados. Al hacer el anuncio respectivo, el Subsecretario Daniel Vergara continuó usando la mentira. Dijo que el MIR había intentado "tomarse" el hospital y que la policía se vio obligada a repeler la agresión "armada". El diario "El Siglo", que dispone de corresponsales y está en situación de conocer la verdad, repitió la misma historia. La prensa derechista, como es obvio, la acogió encantada. Los medios de información controlados por el PC, como el Canal Nacional de Televisión, Canal 9 de la Universidad de Chile y diversas emisoras, hicieron lo propio. Solamente el vespertino "Ultima Hora", que pertenece al PS, dio a conocer en Santiago la verdad. En efecto, fue la propia Unidad Popular de Lautaro la que declaró: "Repudiamos enérgicamente la actitud precipitada e inconsulta de miembros de las fuerzas policiales... Exigimos de parte de las autoridades de gobierno una investigación a fondo que permita esclarecer en forma responsable estos hechos tan bochornosos, como a la vez individualizar y aplicar todo el rigor de la ley a los culpables con el objeto de que éstos no vuelvan a repetirse". La declaración de la UP de Lautaro salva la responsabilidad del Gobernador Alonso Neira, miembro del PC, que no habría sido consultado por la policía. Pero el Consejo Comunal Campesino de Lautaro afirma que el Gobernador Neira habría dado la orden de desalojar a los campesinos, creyendo que el hospital estaba tomado y aún cuando el director pidió a la policía que no procediera, ya que conversaba en forma pacífica con una delegación de trabajadores. "Las únicas armas que encontramos —dice el Consejo Campesino de Lautaro— fueron las piedras de la calle para defendernos de aquellas balas". Por su parte, los Consejos Comunales Campesinos de Freiré, Perquenco, Villarrica, Galvarino, Cunco y Lautaro, en declaración conjunta, exigieron la destitución de los jefes de Carabineros e Investigaciones de Lautaro, que se investigara la actuación del Gobernador Neira, y levantaron como reivindicación "que nosotros podamos elegir los gobernadores y en general las autoridades del Ejecutivo que las bases de los trabajadores propongan". Es más o menos lo mismo que los partidos de izquierda piden en Concepción: que el Intendente Vladimir Chávez, miembro del Comité Central del PC, sea destituido y su sucesor sea designado de común acuerdo con la CUT Provincial, el Consejo Campesino, las federaciones de estudiantes, etc., o sea, por el pueblo organizado.

No obstante la claridad de lo ocurrido en Lautaro, donde los campesinos fueron baleados por solicitar pacíficamente que se mejorara la distribución de leche a los niños y la atención del hospital, el PC elaboró el tipo de propaganda que reproduce el facsímil de estas mismas páginas.

¿Se puede sostener seriamente que el PC usa la verdad en su lucha ideológica contra el sector de izquierda que califica de "ultra"? Este rápido recuento demuestra, al contrario, que olvidando por completo el leninismo, el PC no vacila en usar la mentira con los resultados que ya hemos visto. Lenin enseñó a combatir enérgicamente las desviaciones en el movimiento obrero. Empleó un lenguaje durísimo para refutar a los revisionistas del marxismo, como Kautsky, y a los socialdemócratas que se colocaron al servicio de la burguesía y del imperialismo en Europa. Pero no aceptó recurrir a la mentira y a la calumnia. Tal como lo señala Fidel Castro, le bastó con la verdad, con los argumentos, con la razón.

El aparato de difusión del PC, comenzando por "El Siglo", en cambio, combate a un sector del pueblo esgrimiendo mentiras monstruosas. Participa así —queriéndolo o no— en la campaña de difamación contra las ideas revolucionarlas que mantiene en forma permanente la burguesía. Estos métodos erróneos y malsanos del PC, por lo tanto, sólo ayudan objetivamente a los que quieren derrotar la revolución en Chile.

Los métodos que criticamos no sólo desvirtúan el carácter de la lucha ideológica. Hacen el juego a los que tratan de que los trabajadores se aparten de las ideas revolucionarias. Las intenciones represivas que albergan los reaccionarios, capitaneados por el PDC, se ven alentadas cuando en el seno de la propia izquierda surgen tales desviaciones. La Ley Maldita de González Videla nació luego de que el PC fue presentado como un enemigo del orden y fomentador de la violencia. Pero la persecución alcanzó no sólo a ese partido, sino también a fuerzas de izquierda que permanecieron impasibles ante la campaña de mentiras y difamaciones desatadas en la década del 50.

MACAUREL


Documento

FUERZAS ARMADAS DEL PROLETARIADO

EN LOS números 157 y 158 de PF hemos dado a conocer interesantes aspectos de un libro casi desconocido, "La insurrección armada", que un equipo redactor del Komintern publicó en 1928. En esta oportunidad publicaremos una síntesis del capítulo "La organización de las fuerzas armadas del proletariado", que fue elaborado por un grupo que dirigieron Palmiro Togliatti y el general Unschlicht, coordinador entre el Estado Mayor del ejército soviético y el Komintern.

UNO de los objetivos del partido del proletariado revolucionario en una situación prerevolucionaria, debe ser la constitución de las fuerzas armadas del proletariado, es decir, la formación de una organización de combate. La necesidad de esta organización táctica es indiscutible.

La experiencia de las insurrecciones armadas que han estallado en diferentes países, enseña que por bueno que sea el trabajo del partido en relación con el ejército y, en general, con las fuerzas armadas de la burguesía, nunca será posible disgregar a todo el ejército burgués antes de la insurrección; nunca se podrá conquistar a todo el ejército para la revolución y ni siquiera será posible neutralizarlo completamente, sólo a través del trabajo político desarrollado en sus filas. Siempre quedarán unidades y grupos fieles al comando reaccionario y que combatirán activamente contra el proletariado. En 1906, Lenin escribía lo siguiente en "Las enseñanzas de la insurrección de Moscú":

Hemos preparado y prepararemos con tenacidad aún mayor el "trabajo" ideológico en el ejército. Pero demostraríamos ser unos pobres pedantes si nos olvidásemos de que en el momento de la insurrección, para conquistar al ejército también se hace necesaria la lucha física.

Cada ejército dispondrá, si es que ya no dispone, de unidades fieles, reclutadas entre los elementos ligados a la burguesía (escuelas de oficiales y de suboficiales, unidades especiales de la policía o del ejército, grupos de fusileros, como en China, etc.), que están mejor remunerados que las tropas normales. Además puede contar con todo tipo de organizaciones voluntarias (muy difundidas en Occidente) destinadas, sobre todo, a luchar activamente contra el proletariado revolucionario. Además hay que tener en cuenta que en el curso de la insurrección, la burguesía recurrirá a todos los medios posibles (corrupción, mentiras, tensión psicológica, represión, etc.), para conservar el control de las tropas que demuestren una actitud vacilante.

Por consiguiente, se puede afirmar categóricamente que el proletariado jamás logrará sustraer completamente al ejército a la influencia de las clases dominantes y arrancar a los soldados vacilantes de la influencia del comando contrarrevolucionario, para arrastrarlos hacia el campo revolucionario. La desmoralización y la neutralización de las unidades y de las organizaciones especiales, serán posibles sólo una vez que hayan sido desarmadas por las fuerzas armadas del proletariado. De ello deriva la imperiosa necesidad de constituir, con suficiente anticipación, organizaciones armadas de la clase obrera capaces de unirse a las unidades del ejército que se pasen al campo de la revolución, para aniquilar completamente la base militar del régimen constituido.

En las futuras insurrecciones, especialmente si la situación pre-revolucionaria no es el producto de una guerra, ocurrirá con frecuencia que todo el peso de las batallas decisivas deberá ser soportado por unidades de la guardia roja, sin apoyo alguno por parte de tropas revolucionarias.

El ejército revolucionario es necesario para sostener la lucha armada y para dirigir a las masas en la lucha contra los residuos de la fuerza militar de la autocracia. El ejército revolucionario es indispensable, porque sólo la fuerza puede resolver los grandes problemas históricos, y en las batallas modernas la organización de la fuerza es la organización militar. [1]

La estructura de la organización táctica del proletariado varía de país a país. Sólo una cosa es clara: las unidades de esta organización de combate deben basarse en las masas (fábricas, talleres, empresas, etc.), y deben ser numéricamente fuertes. Su estructura debe recrear al menos en parte la estructura de la guardia roja rusa, de las centurias proletarias alemanas de 1923, de las brigadas de combate chinas, etc.

La guardia roja no puede ser formada en cualquier contexto político.

La guardia roja es un organismo insurreccional. Frente a una situación prerrevolucionaria, el deber de los comunistas es propiciar su constitución. En ningún caso se deberá olvidar que en los países imperialistas, la existencia de una milicia proletaria o de una guardia roja en el ámbito del Estado burgués, en tiempos de "paz general", es inadmisible e imposible. [2]

La organización militar proletaria de masas (la guardia roja) debe ser constituida cuando el partido pone en el orden del día la cuestión de la dictadura del proletariado y se orienta hacia la preparación directa de la conquista del poder.

Las lecciones de Petrogrado, de Moscú, de Alemania en 1923, de Cantón, de Shanghai, etc., demuestran que en un período revolucionario muy crítico, es relativamente fácil constituir una gran organización de combate. Normalmente se dispone de varios meses, pero la rápida constitución de una organización militar que esté verdaderamente en condiciones de combatir sólo es posible cuando existe un número bastante elevado de cuadros suficientemente preparados desde el punto de vista militar y desde el punto de vista político. Sin tales cuadros, que serían el esqueleto de la organización militar táctica, es decir el estado mayor, la organización militar tendrá escaso valor desde el punto de vista combativo.

En Petrogrado, en Moscú y en las otras ciudades rusas, desde este punto de vista, la situación era, en 1917, extremadamente favorable. Como jefes e instructores, la guardia roja tenía soldados y hasta oficiales comunistas. Estos instructores, que durante las batallas de octubre comandaron las unidades de la guardia roja, habían enseñado antes a los combatientes a manejar las armas, explicándoles además los principios de la táctica y, en general, del arte militar.

En cambio, en la Alemania de 1923, el cuadro era completamente diferente. En pocos meses habían sido organizados alrededor de 250.000 guardias rojos, agrupados en centurias proletarias. Sin embargo, a causa de la falta de cuadros entrenados militarmente (esa enorme masa de guardias rojos contaba solamente con un puñado de ex oficiales comunistas), debido a que los dirigentes ignoraban los elementos de la táctica del combate en los centros poblados y de la insurrección en general, además de desconocer la organización y la táctica del ejército gubernativo, el valor militar de aquellas centurias dejaba mucho que desear. Por otro lado, disponían de un número muy limitado de armas.

La misma observación se podría hacer a propósito de Cantón. La guardia roja se había hecho una idea muy vaga sobre la importancia del armamento y no sabía usarlo en combate. Sufrió grandes pérdidas y llevó a cabo tantas operaciones equivocadas, sólo porque la dirigían compañeros poco experimentados y casi completamente ignorantes por lo que se refiere al arte militar. Por lo demás, en Cantón era muy exiguo el número de comunistas competentes en esta materia.

Con excesiva frecuencia, los partidos comunistas atribuyen escasa importancia a la preparación de los cuadros militares, problema que, en cambio, es excepcionalmente serio, sobre todo en países en los cuales el proletariado tiene muy pocas posibilidades de formar sus jefes militares en el ámbito de los ejércitos ya constituidos.

La táctica de la insurrección y del combate en los centros poblados (toda insurrección urbana asume la forma del combate en los centros poblados), es extremadamente compleja, a causa de características específicas que la distinguen de la táctica habitual de los ejércitos regulares. Su estudio requiere tiempo y perseverancia. Por lo tanto, un partido revolucionario que pretenda ser marxista al cien por ciento, es decir, que pretenda considerar la insurrección como un arte, propagando en la clase obrera la idea de la sublevación armada, debe plantearse en la práctica el problema de la preparación de los cuadros de la futura insurrección, adoptando tal o cual solución. A estos efectos, todo partido proletario debe prepararse inmediatamente, sin esperar que se desemboque en una situación prerrevolucionaria, porque de esta manera correría el riesgo de que los acontecimientos lo desbordasen. Debe prepararse independientemente de la situación política contingente. A pesar de su aparente complejidad, el problema no es, de ninguna manera, insoluble. Junto con el estudio del marxismo-leninismo, la dirección del partido debe organizar también el estudio del arte militar, el análisis de las enseñanzas de las diferentes insurrecciones, sobre todo de las insurrecciones rusas, alemanas y chinas. Este estudio podría ser llevado a cabo en los círculos, en las escuelas (legales, semilegales o clandestinas, según las circunstancias), sistematizando las enseñanzas de la lucha armada del proletariado en las publicaciones del partido, estudiando el arte militar en la práctica (envío de compañeros al ejército), formando organizaciones militares legales e ilegales (el Frente Rojo en Alemania, Asociación Revolucionaria de ex combatientes en Francia).

Naturalmente, para formar expertos dirigentes militares destinados a las unidades de la guardia roja, no bastan los conocimientos teóricos, pero la adquisición de tales conocimientos constituye la condición esencial e irrenunciable.

En la formación de los cuadros militares de la futura insurrección y en la preparación de las masas proletarias en el arte militar, las grandes organizaciones paramilita-res del proletariado (Frente Rojo de Alemania, etc.), juegan un papel fundamental. Estas organizaciones no deben ser confundidas con la guardia roja, en la medida en que no son instrumentos para la lucha directa por la dictadura del proletariado. Como ya hemos visto, su finalidad esencial consiste en la movilización y en la educación del proletariado en el espíritu de la lucha de clases; además sirven para desarrollar la lucha política contra las organizaciones militares de la burguesía. Y aún más: permiten a decenas de miles de proletarios aprender el arte de la guerra y formarse para la guerra civil. Estas agrupaciones, que constituyen la organización táctica para la defensa del proletariado, son, al mismo tiempo, los paladines de la idea de la guerra civil y un poderoso medio para propagandear esta idea en el seno de toda la clase obrera.

Además, y al menos hasta cierto punto, la preparación militar de las masas puede ser realizada a través de diferentes organizaciones legales: sociedades deportivas, sociedades de tiro al blanco, etc. Allí donde sea posible, el partido deberá utilizar estas sociedades para preparar militarmente a la juventud revolucionaria.

Apenas se presente la situación prerrevolucionaria, deberán ser intensificadas al máximo las actividades de preparación militar de las masas (manejo de armas, elementos de táctica insurreccional y de combate en centros urbanos, patrullaje, servicios de enlace, estudio de las estructuras y de las tácticas del ejército y de la policía, etc.), el armamento del pueblo y la formación de la guardia roja en todas partes. En tales circunstancias se deberá dedicar gran atención a los centros decisivos de la vida política y económica del país (la capital, los grandes centros industriales, los puntos esenciales de la red ferroviaria, etc.). Descuidar estos aspectos comportaría correr riesgos funestos, precisamente en el momento más crítico de la revolución.

[...] En 1905, en su artículo titulado "Ejército revolucionario y gobierno revolucionario", Lenin escribió lo siguiente sobre la necesidad de estudiar el arte militar:

No puede haber un solo socialdemócrata que conociendo un poco de historia y habiéndose formado en la escuela de Engels, gran conocedor de este arte, dude de la enorme importancia de la técnica y de la organización militares, como instrumentos que deben ser utilizados por las masas populares y por las clases populares para resolver los grandes conflictos históricos. La socialdemocracia nunca se ha rebajado jugando con complots militares ni ha planteado en primer plano las cuestiones militares, mientras no se presentasen las condiciones que generan las guerras civiles. Hoy, sin embargo, todos los social-demócratas colocan las cuestiones militares, si no en primer plano, al menos entre las primeras instancias; han puesto en el orden del día el estudio y la propaganda de los problemas militares en el seno de las masas populares. El ejército revolucionado debe aplicar en la práctica las nociones militares y el conocimiento de los medios militares, para decidir el futuro del pueblo ruso, para resolver la cuestión de la libertad, que es la cuestión esencial.

[...] En la preparación de la insurrección, uno de los problemas más difíciles y que reviste una importancia política enorme, es el problema de las armas. Bajo la dictadura de la burguesía (en tiempos de "paz"), el proletariado generalmente carece de toda posibilidad de armarse. Sin embargo, y a despecho de todas las dificultades, no se trata de una cuestión insoluble. La situación política en la cual la conquista del noder se presentaría como una cuestión práctica (es decir, en el caso de un rápido desarrollo de las tendencias revolucionarias en el seno de las clases trabajadoras, de grandes vacilaciones por parte de la pequeña burguesía y de debilitamiento del aparato gubernativo burgués) permitirá al proletariado, con la oportuna guía por parte del partido, abastecerse de armas, adquiriéndolas, desarmando a las ligas fascistas, apoderándose de determinados arsenales, fabricándolas (al menos las más rudimentarias), a los efectos de armar la organización de combate, asegurando así, en el momento de la insurrección, el éxito de las acciones tendientes a obtener más armas. Al elaborar el plan insurreccional, la dirección debe dedicar gran atención al problema de las armas y del armamento de las unidades que todavía carezcan de ellas o de los revolucionarios dispuestos a combatir.

En 1905, en el artículo titulado "Los objetivos de las unidades del ejército revolucionario", Lenin escribió:

Las unidades tendrán que armarse como puedan (fusiles, pistolas, cuchillos, cachiporras, bayonetas, trapos embebidos en nafta para provocar incendios, cuerdas o escaleras de cuerda, piedras para levantar barricadas, cartuchos de dinamita, alambre de púas, clavos contra la caballería, etc.). En ninguna circunstancia se puede esperar ayuda desde e! exterior o desde arriba: hay que conseguir todo autónomamente.

Y agregaba: "en ninguna circunstancia se debe renunciar o aplazar la formación de una unidad, con el pretexto de la falta de armas". Respondiendo a un informe del Comité Militar de la organización del partido en San Petersburgo, que señalaba la lentitud del proceso de formación de las unidades de combate, destacando la falta de armas, Lenin aconsejaba lo siguiente:

Diríjanse a los jóvenes, formen inmediatamente unidades de combate en todas partes, entre los estudiantes y, sobre todo, entre los obreros, etc.; organicen sin vacilaciones brigadas de 3 a 10 hombres o de un máximo de 30. Que se armen por sí mismos y como puedan: con pistolas, con cuchillos, con antorchas embebidas en gasolina para provocar incendios.

Las instrucciones de Lenin sobre la formación de las unidades del ejército revolucionario y sobre el armamento de las mismas, siguen teniendo vigencia.

Hay que tener en cuenta que en las insurrecciones futuras, tanto en Oriente como en los países capitalistas avanzados, el proletariado o por lo menos algunos de sus elementos, antes de apoderarse de una cantidad suficiente de armas modernas (en la primera fase de la insurrección), deberá contentarse con armas imperfectas. En ninguna circunstancia los revolucionarios podrán "hacerse los difíciles", porque con estas armas rudimentarias e imperfectas, las unidades de combate pueden y deben obtener armas más adecuadas y más modernas.

La insurrección es dirigida por el partido y cada miembro del partido es un soldado de la guerra civil. Este principio obliga a cada comunista a poseer un arma. Esto vale sobre todo para los partidos de aquellos países en los cuales la lucha de clases es más aguda y en los cuales existen condiciones específicas que hacen más verosímil una explosión revolucionaria.

Para volver a la cuestión de la formación de la guardia roja (ejército revolucionario) y de su estructura, es oportuno señalar los siguientes elementos, que son importantísimos y que derivan de la experiencia adquirida en esta materia en diferentes países.

Cuando se presenta una situación prerrevolucionaria hay que formar la guardia roja en todas partes y simultáneamente —en las fábricas, en las ciudades, etc.—, mientras el partido lanza consignas cada vez más militantes, exhortando directamente a las masas a la preparación de la sublevación armada. Las unidades de la guardia roja deben estar constituidas, por lo regular, por obreros sin partido, por estudiantes y por campesinos pobres. El partido debe esforzarse por asegurar su dirección a estas unidades, situando en las posiciones de comando a hombres de probada fe revolucionaria, dirigiendo el entrenamiento militar, etc. No se puede descartar que en muchos países se haga necesario formar las unidades de la guardia roja en forma clandestina, por lo menos al principio. El grado de legalidad de la guardia roja dependerá de muchos factores, pero sobre todo de la profundidad del movimiento revolucionario entre las clases oprimidas, del grado de disgregación del aparato gubernativo de las clases dirigentes, etc. Corresponde al partido evaluar la situación política real en cada región y lanzar consignas, cuya aplicación asegure la existencia legal de las organizaciones obreras, incluidos el partido y la guardia roja, y su progresiva expansión. No hay que olvidar jamás que la cuestión de la legalidad de la guardia roja se resolverá definitivamente con la lucha y sólo con la lucha de las masas obreras. El partido debe recurrir a todos los medios para explicar a las masas que una lucha acertada por la constitución del ejército revolucionario determina, en gran medida, una lucha victoriosa en el curso de la insurrección, puesto que luchar por la formación y por el desarrollo legal de la guardia roja significa luchar por la apertura de la principal vía de acceso hacia las posiciones decisivas, significa iniciar la lucha directa por la conquista del poder. En este período serán inevitables algunos choques limitados con las fuerzas armadas de la burguesía (tropas, policía, carabineros, brigadas fascistas) y también serán inevitables las derrotas parciales.

La experiencia de los diferentes países demuestra que, en lo esencial, la estructura de las unidades de la guardia roja puede basarse en el siguiente esquema. En condiciones de clandestinidad, las fuerzas armadas del proletariado se constituirán en pequeños grupos (de 3, 5, 10 efectivos), organizados en cada fábrica, etc., subordinándose, a través de los respectivos comandantes, a una instancia superior (comandante de fábrica o de barrio). En este período se desaconseja la formación de unidades más numerosas (compañías, batallones) para no poner en peligro el necesario sigilo.

Con el desarrollo de la campaña por la formación de la guardia roja, cuando la idea haya penetrado entre las masas obreras, violando toda norma legal, y cuando la constitución del ejército revolucionario haya adquirido un carácter de masas, entonces el partido, basándose en las exigencias de la lucha en los centros poblados y en las armas de que dispone, deberá elaborar el esquema adecuado para la organización de la guardia roja. No hay que crear una estructura complicada ni formar grandes unidades. Hay que tratar de agrupar de la forma mas compacta posible las pequeñas unidades elementales: escuadras y grupos (de 10 a 20 hombres), pelotones (de 35 a 45) y compañías (de 2 a 3 pelotones). En algunos casos se podrá formar un batallón con dos o tres compañías. Se desaconseja la formación, a menudo muy negativa, de unidades mayores (regimientos o divisiones), como se hizo en Alemania en 1923, porque ello atenta, inevitablemente, contra la importancia de las pequeñas unidades, que son preciosas para la lucha urbana, y denota incomprensión de la naturaleza de este tipo de lucha, cuyo peso recae por entero en grupos y en unidades que numéricamente corresponden a la escuadra, al pelotón o, como máximo, a la compañía. La formación de grandes unidades será necesaria, en cambio, después de la conquista del poder en una ciudad determinada, es decir en el momento en que la lucha se deberá desplazar hacia el exterior, para darse en campo abierto.

En el proceso de formación y de entrenamiento militar de la guardia roja, conviene dedicar la mayor atención a la preparación, en el seno de las unidades elementales como la escuadra o la compañía, de hombres o de grupos con tareas especiales: enlace, exploración, enfermería, ametralladoristas, artilleros, zapadores, choferes, etc.; esto es muy importante, porque la presencia de estos especialistas (aun cuando falten las armas correspondientes) permitirá, en primer lugar, combatir mejor las especialidades correspondientes del enemigo y, en segundo lugar, una vez que posean los equipos adecuados, utilizarlos para la realización de sus propios objetivos. Los elementos de enlace (que en lo posible deberán ser mensajeros dotados de bicicletas) y los exploradores, son siempre indispensables en la lucha urbana, por lo tanto es absolutamente necesario preparar compañeros o grupos de compañeros en el seno de cada pelotón y de cada compañía, para cumplir tales funciones.

Por lo que se refiere a la designación y a la preparación de los mandos de las diferentes unidades, es bueno recordar que en el curso de la lucha los jefes deberán demostrar mucho espíritu de independencia y de iniciativa, capacidad para orientarse en el ámbito de las complejas situaciones que plantea la lucha urbana, gran coraje personal, capacidad de asumir la responsabilidad por lo que se refiere a la solución independiente de los problemas tácticos y, en fin, una dedicación ilimitada a la causa revolucionaria.

La selección del personal de mando de la guardia roja deberá tener en cuenta todos esos requisitos. Es necesario recordar que en los combates urbanos y en el curso de la insurrección, el comandante juega un papel de primer plano.

La dirección del trabajo militar es deber de todo el partido, de todas las organizaciones juveniles y de cada militante. Al mismo tiempo, teniendo en cuenta las particularidades del trabajo militar, es necesario disponer de un aparato especifico para esta tarea y dotado de militantes preparados. Creer que es posible organizar adecuadamente este trabajo sin contar con un aparato especializado, sería un error. Esto no vale solamente en el caso de una situación prerrevolucionaria, cuando los objetivos militares asumen una importancia primordial, sino también en los períodos de "paz". No se podría concebir, por ejemplo, un trabajo militar en el seno de las fuerzas armadas, sin contar con personal preparado o con un aparato dirigente especial. La experiencia demuestra que confiar toda la dirección del trabajo en el ejército al comité competente del partido, a menudo significa renunciar a esa tarea. Esto funciona en los casos de la actividad sindical y de la agitación en el seno de las grandes organizaciones del proletariado (cooperativas, sociedades deportivas, etc.), pero no en el caso de las fuerzas armadas. Esto interesa sobre todo a los partidos comunistas que operan en la legalidad. Por lo que se refiere a las medidas organizativas que es necesario adoptar antes de que se presente la situación pre-revolucionaria, el trabajo militar del partido constituye, en el fondo, un trabajo ilegal que exige la aplicación de complejos métodos conspirativos y que impone astucia, imaginación, etc. En consecuencia, se hace necesario disponer de personal adecuado.

No estando frente a una situación prerrevolucionaria, el aparato militar podría constituirse de la siguiente manera:

a) Comisión militar del Comité Central del partido, formada por tres compañeros, uno de los cuales —el presidente— debe ser miembro del CC; b) Comisiones militares en el seno de los comités del partido en provincias, formadas por dos o tres compañeros, según la magnitud de las tareas; c) Comisiones militares o de delegados, según la importancia del centro poblado o la magnitud de las tareas, en el seno de los comités urbanos.

Uno de los miembros de la comisión militar debe ser, en todos los casos, miembro del comité del partido en el cual funcione esa comisión. Esta debe estar formada, además, por un miembro del comité de la juventud comunista correspondiente.

De acuerdo con los objetivos y con las posibilidades del partido, es necesario poner a disposición de las comisiones militares a un determinado número de militantes, entre los cuales deben contarse algunos miembros de la juventud, cuyo trabajo esencial en el seno del partido está constituido por la realización de las tareas dispuestas por las comisiones militares.

Las funciones de las comisiones militares consisten en desarrollar y en dirigir, de acuerdo con las directivas impartidas por los comités correspondientes del partido, el trabajo político en el seno del ejército, de la policía, de la armada y de las asociaciones militares burguesas; en organizar las informaciones para el partido; en formar los cuadros militares de la futura guardia roja; obtener armas; publicar y difundir, por decisión del CC, o de los comités provinciales, todo el material impreso (volantes, opúsculos, periódicos militares, etc.); proporcionar material para la elaboración de las secciones militares de las publicaciones del partido, etc. La distribución de tales tareas deberá ser efectuada consecuentemente.

El comité del partido debe poner a disposición de la comisión militar correspondiente los recursos financieros necesarios para la realización del trabajo que haya sido asignado a la misma. En aquellos casos en que los recursos financieros lo permitan, los miembros de las comisiones o los delegados militares, por lo menos en las ciudades o provincias principales, deben ser mantenidos por el partido y relevados de toda otra tarea.

Con la agudización de la lucha de clases y ante la inminencia de la situación revolucionaria, cuando el partido lanza consignas más agresivas, orientando toda su acción política hacia la preparación inmediata de la conquista del poder, lanzando la consigna de la formación de una guardia roja, etc., las comisiones militares deben ser complementadas con militantes oportunamente preparados. En este período también será necesario formar nuevas comisiones militares en aquellas regiones donde no existan. En los grandes centros políticos y económicos (capitales, grandes ciudades industriales, puertos) en los cuales ya existan, además de los comités urbanos, de los comités de barrio, es oportuno constituir también comisiones militares de barrio o bien designar delegados. Al mismo tiempo se deberá aumentar sensiblemente el número de efectivos de la dirección militar en el seno de las comisiones de barrio. La constitución de unidades de la guardia roja, el entrenamiento militar de los hombres, la disgregación de la máquina gubernativa burguesa y, sobre todo, del ejército y de la policía, la creación de una red de informantes en el campo enemigo, la intensificación de la búsqueda de armas, etc., son tareas que requerirán más personal que en circunstancias normales.

Será tarea de las comisiones militares la elaboración, sobre la base de las indicaciones proporcionadas por los comités del partido, de la parte militar del plan insurreccional en cada ciudad, en cada provincia y en todo el país. En el curso de la insurrección, las comisiones se constituirán en estado mayor, es decir en el aparato técnico dependiente del comité revolucionario que dirigirá las operaciones.

La dirección general del trabajo militar del partido en todo el país, así como la actividad en cada sector (sindicatos, prensa, brigada parlamentaria, cooperativas, etc.), corresponde al Comité Central, en cuanto autoridad suprema del partido en los intervalos entre los congresos o las conferencias. Localmente este trabajo será dirigido, de acuerdo con las directivas del Comité Central, por el correspondiente comité de territorio, de región, etc.

El CC determina el carácter y el contenido del trabajo político en el seno de las fuerzas armadas. Prepara las consignas para cada fase de desarrollo de la revolución, proporciona las indicaciones que permiten vincular tales consignas con el conjunto del trabajo político del partido, indica cuáles son los centros y las regiones que deben tener prioridad desde el punto de vista de la disgregación de las fuerzas armadas de las clases dirigentes, reforzando en consecuencia, los comités correspondientes con el envío de fondos y de militantes; controlaren fin, todas estas tareas. Decide el momento en que debe comenzar la constitución de la guardia roja, indica cómo obtener las armas, avalúa la utilidad o la inoportunidad de tal o cual acción de diversión, etc. En resumen, todas las iniciativas de cierta importancia que tengan un interés político general para el partido, deben ser sometidas por los comités locales y también por el Comité Central de la juventud comunista, a la consideración del CC. Las comisiones militares no poseen una línea de acción propia que no derive de la orientación general del partido. Operan según las directivas de las organizaciones comunes del partido.

Estos principios pueden parecer elementales y universalmente conocidos. Sin embargo, no es inútil insistir en ellos, teniendo en cuenta que en algunos casos son descuidados.

[...] Es evidente que por diferentes motivos, en ciertos casos se manifiestan tendencias autonomistas en la organización militar: resistencia a aceptar las decisiones de los comités o del partido, deseo de adoptar decisiones políticas independientemente de los organismos competentes, etc. Tendencias de este tipo se manifestaron en Rusia después de la revolución de febrero y, más tarde, en la organización militar de determinadas regiones. A propósito de los debates que se estaban desarrollando en el seno del Comité Central y del Secretariado panruso de las Organizaciones Militares, el CC se vio obligado a plantear, en la sesión del 29 de agosto, la cuestión de las relaciones entre la organización militar y el aparato del partido. En tal oportunidad se adoptó la siguiente decisión:

La secretaría militar es la organización que hace propaganda entre los soldados... Según los estatutos del partido no puede existir ninguna organización dirigente que funcione paralelamente a otra organización del partido. Esto vale tanto para las organizaciones panrusas como para los organismos locales. Por lo tanto, el Secretariado Panruso de las Organizaciones Militares no puede existir como centro político autónomo. [3]

[...] Los principios organizativos del bolchevismo imponen la rigurosa subordinación de la organización militar, así como de todas las demás organizaciones del partido (brigada parlamentaria, corrientes sindicales, etc.), a la dirección general del partido. Esta es la única garantía posible de disciplina y de unidad de acción y de doctrina. Este principio incrementa la combatividad del partido, multiplicando las posibilidades de victoria durante la batalla decisiva por la dictadura del proletariado.


Testimonio

ASÍ FUE EN CONCEPCIÓN

LOS hechos político-sociales de estos días en Concepción, han mostrado las lineas de tensión, aceleración y retroceso de un nuevo proceso social. Nos referimos a la unidad del pueblo.

Han sido situaciones objetivas (que ahora oficiosamente se pretenden acallar y desconocer), las que movieron al "Grupo de los Cinco" (MIR, MAPU, Izquierda Cristiana, Partidos Radical y Socialista) y de las cuales todo el pueblo fue informado a cada momento, a buscar realmente esa unidad.

Hasta días antes de la realización de la marcha que el fascismo, la Democracia Cristiana, Partido Nacional y Democracia Radical pretendían realizar en Concepción, la situación real era propicia para la consumación final de su acción: EL GOLPE DE ESTADO Y LA INSTAURACIÓN DEL FASCISMO.

La Izquierda Revolucionaria era mirada por los partidos de la Unidad Popular como un grupo de iracundos, violentos, espontaneístas, anárquicos. Esta visión fue muy bien manipulada por la dirigencia nacional y provincial del Partido Comunista. Sus órganos de prensa han pretendido orquestar una neurosis contra la izquierda revolucionaria. Pero bien saben ellos que la unidad del pueblo y la unidad de la izquierda fue algo que se fue haciendo en el seno del pueblo, en las fábricas, poblaciones, escuelas universitarias, liceos y barriadas populares.

Este esquema se quebró ante el hecho cierto de que la burguesía, el pueblo desorientado y el lumpen querían ganar las calles que siempre han sido del pueblo y de los trabajadores.

Aquí, en Concepción, se dieron las luchas universitarias contra las alzas freístas de 1965, los combates para rechazar a Bob Kennedy, para hacer de la Universidad una tribuna militante al servicio de la causa del pueblo, etc. De las luchas universitarias la izquierda revolucionaria pasó a la tarea de organizar a los pobladores, primero, y después a los trabajadores industriales, tarea que aún se encuentra cumpliendo.

"Nosotros pensamos que este gobierno está avalado y está representado por fuerzas políticas. Dentro de ellas se desarrollan dos corrientes. Una reformista y una revolucionaria. Dentro de ella, distintas actitudes de distintos personeros van enmarcándose en una o en otra. Yo puedo asegurarle de que algunos sectores del PC, algunos dirigentes de ellos, se han ido enmarcando progresivamente en la política reformista. No el conjunto. Muchos personeros del gobierno interior y el gabinete también se han enmarcado en ello. Al mismo tiempo, por el otro lado, importantes sectores de la izquierda, de distintos partidos, de los más grandes e importantes de la UP, como también miembros del gabinete e importantes sectores de gobierno, se han ido pronunciando por políticas distintas.

¿Usted califica de revolucionario o reformista a este gobierno?

"Nosotros pensamos que ha realizado muchas medidas que pueden ser consideradas como revolucionarias, o que por lo menos abren el camino a un posible desarrollo de medidas revolucionarias en la medida que incorporen al pueblo. Pero, al mismo tiempo, evidentemente, en el juego y el manejo político concreto, en especial este último período, se han manifestado expresiones de reformismo.

(De la conferencia de prensa de Miguel Enríquez, Secretario General del MIR).

En los días previos a la marcha "los periodistas libres" en "EL SUR", "LA CRÓNICA" y en las radios decían que el Gobierno Popular era un gobierno de "TONTOS, INCAPACES, LADRONES", este lenguaje es el mismo que se usaba en 1938 para atacar las primeras realizaciones del gobierno del Frente Popular.

Esta escalada de provocación verbal era la que el pueblo salió a combatir. De no haber sido así se habría repetido en Concepción la misma escena que antecedió en Brasil en 1964 la caída del gobierno de Joao Goulart.

Digamos que la unidad de la izquierda no fue total porque la dirigencia regional del Partido Comunista estimó que era mejor "solidarizar con los compañeros inundados de Talca, Linares y Santiago". Tarea que nos parece noble, pero que en ese momento no estaba en la prioridad del combate político. Pero en el curso de la lucha que se desató en las calles y en la plaza, los jóvenes comunistas, obreros y estudiantes, lucharon con sus hermanos de clase contra los momios y la represión policial.

A las quince horas de esa tarde, la Ciudad Universitaria vio congregarse en sus calles y en el foro abierto a quince mil trabajadores, pobladores y estudiantes en la asamblea más democrática de que se tenga recuerdo. El pueblo se aprestaba a marchar y a combatir. La autoridad provincial que debía mantener el orden en las calles y en las plazas de Concepción a fin de evitar la provocación fascista, hizo todo lo contrario de alguien que, teniendo el poder, debe ejercerlo de manera discreta y sensata. La fuerza policial detuvo los trenes que venían del carbón a marchar contra los momios. Detuvo a los pobladores de Hualqui, Chiguayante y Talcahuano. Desde ese momento ser de izquierda fue un delito.

Los momios se concentraron en la Plaza de Armas de Concepción para insultar al Gobierno Popular, para lanzar piedras contra los locales comerciales, intentaron balear al diputado socialista Gerardo Espinoza, transformaron su acto político en una provocación, en una fiesta histérica de damas elegantes y de lumpen alerta para desatar la anarquía.

El pueblo marchó por las calles de Concepción, quebró la vigilancia policial a fin de acudir en apoyo de sus hermanos de clase que eran reprimidos por el Grupo Móvil.

La fuerza policial apaleó en forma brutal a los estudiantes secundarios, vejó a compañeras obreras, protegió los locales políticos de la derecha, dejó que las escuadras de "Patria y Libertad" cometieran toda clase de atropellos.

Pero la izquierda barrió a los momios de las calles de Concepción y debió combatir contra el Grupo Móvil, porque representa (aunque no se quiera) una forma del aparato represivo de la burguesía.

La muerte del estudiante secundario Eladio Caamaño, del Liceo Nº 3, no fue provocada por un balín de acero, sino por la represión policial.

Muchos obreros, estudiantes y pobladores respetaron la decisión familiar de que las exequias fueran un acto privado. Pero la solidaridad popular y de la juventud, transformó a pesar de sus familiares y de las autoridades, los funerales en un acto político, de decisión popular de continuar la lucha contra la represión y el fascismo, para construir en nuestro país la sociedad de campesinos y trabajadores que quiere la mayoría.

La unidad de la izquierda se ha logrado a pesar de las presiones oficiosas, a pesar del sectarismo, de las limitaciones doctrinarias que se dan muchas veces en el análisis y la comprensión del proceso histórico. El debate en la base del pueblo ha comenzado para organizar los Consejos Comunales Urbanos en barrios y poblaciones, para obtener el control obrero, para terminar con la burocracia en las fábricas estatizadas, para hacer real la participación de los trabajadores, para democratizar y hacer combativa la Central Unica de Trabajadores. El pueblo desde las bases forja la unidad y en ella están todas las fuerzas de izquierda, aun de aquellas que en la actualidad mantienen un esquema de trabajo político-social que los hace caer en el sectarismo, la provocación y la arbitrariedad.

En la medida que la unidad de las fuerzas de izquierda se forje en la base y en el combate diario, se estará llevando adelante la derrota del fascismo, y se profundizará el cumplimiento del Programa Popular. Con ello todos los trabajadores, campesinos, pobladores y estudiantes, estarán llevando adelante la revolución y el socialismo.

RAMÓN RIQUELME
Concepción


Campesinos

INJUSTICIAS DE LA JUSTICIA

EL martes 16 de mayo, al mediodía, un grupo de campesinos con sus mujeres e hijos concurrieron al Consejo Campesino de la comuna de Lautaro, en la provincia de Cautín, para plantear graves problemas relacionados con la salud. El Consejo Comunal de Lautaro escuchó sus quejas:

— Anormal distribución de leche a los Centros de Reforma Agraria.

— Pésima atención médica a los campesinos.

— Urgente necesidad de establecer postas sanitarias rurales para atacar epidemias y la mortalidad infantil.

El Consejo Comunal resolvió entrevistarse de inmediato con el director del Hospital, Dr. Abraham Godoy, para obtener las soluciones requeridas. Cuando .se efectuaba esta entrevista estalló la represión policial. Un funcionario del hospital habla llamado a la policía, la que en dos vehículos con alrededor de 30 individuos, embistió contra los campesinos que esperaban fuera del establecimiento, mientras sus dirigentes conversaban con el médico jefe.

Seis campesinos quedaron heridos a bala. Más tarde, esos mismos seis trabajadores heridos fueron detenidos y sometidos a proceso por "agresión a Carabineros". En esa condición llevan más de dos semanas.

Este hecho adquiere mayor significación en las actuales circunstancias, cuando, por primera vez, un Consejo Comunal Campesino, organismo revolucionario de los trabajadores del campo, ejercía su acción como organismo de poder para pedir soluciones a problemas de orden social a través del diálogo con el director del hospital. Sin embargo, se orquestó una virulenta campaña en que se habló hasta de la "toma" o "invasión" del establecimiento hospitalario.

El aparato judicial se movilizó velozmente y los heridos quedaron presos y sometidos a proceso. La justicia clasista chilena no podía omitir su participación directa e inmediata contra los campesinos.

OTRO CASO

El 22 de octubre del año pasado un grupo de campesinos, cansados de los abusos del propietario del fundo "Chesque", situado a 12 kilómetros de Loncoche, se tomaron el predio. Fueron ayudados por 12 trabajadores del asentamiento "Michimalonco". Todos anhelaban tener trabajo estable y motivar a la CORA para la expropiación por la pésima explotación de dicho predio, donde prestaban labores en forma esporádica.

El latifundista Martín Doyarcábal Henríquez irrumpió en el predio, acompañado de otros terratenientes, y atacaron a balazos a los campesinos. Moisés Huentelaf, padre de dos hijos, trabajador del asentamiento "Michimalonco", quedó muerto. Miguel Llanquipán y Nazael Briceño, también campesinos, sufrieron heridas a bala en las piernas.

Este suceso ocurrió hace siete meses y medio. Como era de esperar, intervino la Justicia. El proceso fue iniciado por el juez de Villarrica, Rene García. Se efectuaron diligencias rutinarias y surgieron decisiones judiciales. El homicida, Martin Doyarcábal Henríquez y sus cómplices fueron dejados en libertad y se pasean libremente por la zona. Los 21 campesinos que se encontraban en el predio, incluyendo los dos heridos y exceptuando al trabajador ultimado, fueron encarcelados. Hasta ahora esos campesinos atacados a balazos por los latifundistas están presos y bajo el rigor de un proceso plagado de vicios e irregularidades.

Por petición del gobierno fue designado Ministro en Visita el magistrado de Temuco, Osear Carrasco Acuña. Encargó reos, por "homicidio y lesiones en riña o pelea" a los terratenientes Martín Doyarcábal Henríquez, Enrique Andrews y Segundo Contreras. Pero, ellos quedaron en libertad. También el Ministro Carrasco dictó otro auto de encargatoria de reos contra los campesinos por los supuestos delitos de "homicidio frustrado, usurpación y robo". Naturalmente que a éstos les fue negada la libertad y siguieron presos desde el 22 de octubre del año pasado.

Pero esto no es todo. Como todavía no quedaba muy clara la encargatoria de reo para Doyarcábal y sus cómplices —"lesiones en riña o pelea"— la defensa de éstos apeló y se modificó por parte de la Corte de Apelaciones de Temuco, para favorecer más a los asesinos. Así, el 5 de noviembre de 1971, los personeros del Poder Judicial en la Corte de Temuco, Rafael Mera, Germán Valenzuela y Víctor Godoy, resolvieron revocar la encargatoria de reos de los latifundistas y también la de los campesinos. A éstos se les sindicó como autores de "los delitos de homicidio frustrado en riña o pelea y de robo con fuerza".

Es decir, quienes fueron atacados a balazos y sufrieron el asesinato de uno de ellos y heridas a bala en otros dos, resultaron ser para la justicia los delincuentes que debían mantenerse encarcelados y bajo proceso.

LOS VICIOS

El proceso que se ventila contra los mapuches víctimas de la agresión a balazos de Martin Doyarcábal y sus compinches, adolece de tantos vicios e irregularidades que sólo tiene por parangón la grotesca farsa que se hizo "judicialmente" a raíz de la masacre de Pampa Irigoin, donde se sobreseyó a los asesinos de nueve modestos pobladores y autores de las heridas a bala cometidas en 57 personas. Esto sucedió en tiempos del gobierno democratacristiano de Frei.

Los abogados defensores de los campesinos del fundo "Chesque", Galvarino Palacios, Juan Saavedra y Enrique Shepeler se han estrellado contra la irregular e injusta administración de justicia de la Corte de Apelaciones de Temuco. Se han pedido numerosas diligencias, sistemáticamente rechazadas por la Corte.

Se solicitó la reconstitución de la escena, para esclarecer actitudes y movimientos de quienes participaron en el suceso. La Corte no dio lugar. No se ha cumplido ese trámite en siete meses.

Se pidió que se hiciera público el proceso por haber transcurrido más de 40 días y no haber diligencias pendientes por cumplir. El juez de Villarrica rechazó la petición y el expediente sigue secreto.

Se presentó otro escrito pidiendo la revocación de cargos formulados a los campesinos, según el mañoso auto de encargatoria de reos que fue dictado. Ocurre que algunos delitos imputados, como el de "homicidio frustrado en riña o pelea", no existen en la legislación chilena. El supuesto delito de robo en lugar deshabitado, también imputado a los campesinos, tampoco existe. Aun, si hubiese habido tal "robo" —lo que no es efectivo— no podría considerarse el lugar del hecho, fundo "Chesque", como lugar despoblado. A esta petición el juez de Villarrica todavía no responde.

Por último, entre muchas "rarezas" de la forma en que se lleva este proceso, está lo sucedido en la Corte de Temuco el día que se efectuaban alegatos. La causa no se puso en tabla pública con la anticipación establecida regularmente y los abogados defensores de los campesinos nada supieron de la audiencia. Por esa razón no estuvieron presentes y la Corte sólo escuchó alegatos de la parte contraria.

A todo lo anterior se añade que cuando se presentó un recurso de queja a la Corte Suprema, este tribunal pidió el expediente a Temuco. Lo mantuvo sin devolución más de un mes, lapso en que quedaron todas las diligencias paralizadas y el proceso detenido en Temuco. Pero, los campesinos" siempre encarcelados y los autores del homicidio libres.

PROYECCIONES

Los 21 campesinos encarcelados desde hace siete meses y medio, sin embargo, no han sentido flaquear su animó. Por el contrario. "Nuestra lucha —puntualizan— es justa. No nos tomamos el fundo "Chesque" por ser extremistas o cosa parecida. Lo hicimos porque sufríamos la explotación, la miseria, el hambre de estar viviendo sujetos a los caprichos de un patrón que no nos garantizaba ningún trabajo permanente y que tenía el predio abandonado...".

Entretanto, las mujeres de estos trabajadores están sufriendo con sus hijos las consecuencias de la administración de una justicia clasista. La que tiene menos hijos junta dos. Hay otras con ocho. Carecen de todo tipo de recursos. Pero, tampoco flaquean. Ellas, conjuntamente con las mujeres de los campesinos de Lautaro, emitieron una carta al pueblo de Temuco:

"Nosotras, las mujeres campesinas de Lautaro que sufrimos los palos y las balas por pedir mejor atención médica para que no se nos siguieran muriendo nuestros hijos, vamos a protestar en Temuco por esto y porque todavía tienen presos a nuestros maridos. Están heridos y los tienen presos en el mismo hospital. Nos juntaremos con las Compañeras de Chesque, que hace siete meses que les tienen presos a sus maridos y el asesino del compañero Moisés Huentelaf anda suelto. Nos juntaremos con las compañeras de Villarrica que les tienen presos a sus hijos estudiantes porque se tomaron una casa para hogar. Esto, compañeras, no puede seguir porque nosotras no somos delincuentes. No matamos a nadie. Sólo luchamos por lo justo. Por eso les pedimos que nos apoyen".

Una vez más se confirma que para la justicia chilena es mayor delito quitar una gallina a un latifundista que un latifundista asesine a un campesino.

HÉCTOR SUÁREZ BASTIDAS




LOS OBREROS de la industria SABA fueron indultados por el Presidente Allende. El decreto presidencial evitó, así, que se consumara una de las más feroces injusticias de la "Justicia" chilena. Los obreros de SABA habían sido condenados a penas de 22 años de presidio, acusados del incendio de la fábrica, ocurrido el 30 de julio de 1968. Como se recordará, el Grupo Móvil desalojó a los trabajadores, lanzando bombas lacrimógenas que provocaron el siniestro. Los obreros fueron puestos en libertad bajo presión de trabajadores y estudiantes. Pero los Tribunales siguieron adelante, dictando sentencias que el decreto de indulto del Presidente Allende dejó sin efecto. Se corrigió así una injusticia tremenda.




Tribuna ideológica

EL PROBLEMA DEL PODER

1.— El triunfo de la Unidad Popular significó en el plano específico de la política, la ampliación de la democracia. Pero la democracia no es una concepción puramente abstracta. En su sentido más divulgado expresa el gobierno del pueblo. En tanto el "pueblo", en la acepción no proletaria del término, es la suma de las clases de una nación, la democracia no puede ser representativa; cuando más, representa a una de las partes de una "sociedad nacional". Queda, aun desde el prisma no proletario, descubierta como una forma de dominación de clase y en consecuencia, la democracia así entendida, deviene en la negación de si misma.

2.— De tal manera que cuando afirmamos que el triunfo de la UP significó la ampliación de la democracia, no podemos suponer que ello de por sí implique la negación de la democracia de clase vigente. Por tanto, la ampliación, en su acepción extensiva sólo ha permitido la incorporación representable en el Estado, de una nueva correlatividad política que históricamente ha expresado intereses sociales opuestos a los que hasta entonces mantenían en uso la democracia.

3.— Que la ampliación no sea sólo "extensión" del predominio de la clase vigente a través del poder estatal, depende entonces de las líneas políticas que implementen las fuerzas representativas populares.

4.— La implementación de determinadas líneas políticas insertas en el Estado a través de un gobierno democrático-popular pueden pues:

a) Contribuir a la dominación extensiva de la burguesía en la medida en que esta clase mantenga intacta su fuerza política en el poder;

b) Favorecer el quiebre de la dominación burguesa democrática de clase por reacción de la misma burguesía en y fuera del poder;

c) Posibilitar el quiebre de la dominación burguesa democrática a través de la acción del proletariado.

5.— Ampliar la democracia a través de la inserción de un gobierno popular y de la actividad de sus representaciones en el Estado, entraña una contradicción evidente. Así llega a verificarse una lucha por la hegemonía entre dos bloques políticos al interior del Estado.

6.— La lucha por la hegemonía queda revelada a través de los múltiples antagonismos entre fuerzas aparentemente institucionales (gobierno. Parlamento, Corte Suprema, Contraloría, etc.), mecanismos de la democracia vigente, pero expresiones al fin, de una contradicción mucho más amplia, que tiene lugar fuera del marco específico de la política, en la disputa económica y social.

7.— Resulta imprescindible en tal sentido, revelar el carácter de clase que asumen estas contradicciones. Ello pasa por la demostración del carácter de clase de la misma democracia o lo que es igual, que su contradicción principal, su especificidad de clase la niega, revelándola como dictadura y no como democracia. O visto desde el punto de vista de su contradicción principal, en una democracia que es a la vez dictadura.

8.— La dilucidación del carácter de clase de la democracia, pasa a su vez por la dilucidación del carácter de clase del Estado.

9.— El carácter de clase del Estado queda establecido si tomamos en cuenta tres aspectos:

a) Su origen histórico;

b) Su estructura funcional, y

c) Las clases que a través de mecanismos diversos, institucionales o partidarios, hacen uso de su aparato.

El origen histórico permite visualizar la necesidad que en un momento determinado del desarrollo histórico tienen las clases social y económicamente dominantes de defender represivamente su dominación, así como de legitimarla jurídica y constitucionalmente.

Necesidad objetiva donde encontramos el principio de funcionalidad de las instituciones militares, administrativas y jurídicas. Ello conforma la estructura funcional del Estado. Históricamente funcional de acuerdo a requerimientos específicos de clase.

El tercer aspecto hace referencia a la forma que adquiere esta dominación económica y social de clase. A su vez, la forma de dominación (dictadura) puede darse directa o indirectamente.

Llega a darse directamente, cuando las mediaciones que intervienen entre las clases dominantes y el poder no existen o son mínimas. (Ejemplos: los Estados absolutos que combatieron las burguesías en los siglos XVI y XVII en Europa).

Llega a darse indirectamente, cuando las mediaciones implican transferencia o delegación de las clases dominantes a partidos políticos, instituciones (Iglesia o Ejército) y burocracias.

10.— Cabe entonces precisar la distinción entre el contenido de clase del Estado y las formas de dominación que frecuentemente ocultan su contenido. La democracia no es más que una de las formas de la dictadura de clases, o si se prefiere, la apariencia no dictatorial que adquiere la dictadura de clase. "El problema fundamental de la revolución es el problema del poder... las revoluciones demuestran a cada paso cómo se oculta el problema de saber dónde reside el verdadero poder, ponen de manifiesto la discrepancia entre el poder formal y el efectivo (Lenin, "A propósito de las Consignas").

11.— En Chile, la dominación (dictadura) de clases ha pasado por diversas formas, desde la dictadura directa de clase (siglo XIX), por delegación militar (primer gobierno Ibáñez) o a través de la transferencia a partidos, o democracia burguesa. Esta última forma de dictadura ha sido la predominante en el siglo XX, lo que ha permitido la consolidación de una institucionalidad burguesa relativamente fuerte y en sumo compleja.

12.— El proletariado chileno se encuentra bajo una dictadura burguesa a través de su forma democrática. En tanto ello sea así, la responsabilidad histórica de sus vanguardias no sólo pasa por el desentrañamiento de su alienación material o explotación, sino que además por el desentrañamiento de su alienación política. Formación de una conciencia política de clase que dilucide el carácter dictatorial burgués de la democracia e incida en su transformación.

13.— La dictadura burguesa a través de la democracia burguesa, es una forma de dominación que, si bien permite la extensión de la representatividad en el poder, a través de la consolidación hegemónica de las delegaciones políticas burguesas sobre los dominados, deja abierta una contradicción en tanto estos últimos llegan a alcanzar relativas posiciones de poder que obstaculicen el dominio hegemónico de clase. Tal situación fue verificada en Chile a través del triunfo de la UP en 1970.

14.— Pero el advenimiento de la UP, remitido sólo a su adscripción gubernamental en el Estado, amplía los márgenes de la democracia burguesa. O sea, en la medida en que la contradicción queda librada a su apariencia, y no a su realidad, se pierde de vista la perspectiva del poder efectivo, contentándose con el poder formal. En tal sentido, el gobierno popular por si solo, no modifica el carácter de clase del Estado.

15.— Ahora bien, el carácter de clase del Estado, o poder efectivo, sólo puede dilucidarse en la práctica, es decir, por la instauración de órganos de representatividad, obreros y campesinos, donde conscientemente ejerzan y practiquen el poder, entregando de paso efectividad al gobierno popular. "El primer paso de la revolución obrera es la elevación del proletariado como clase dominante, la conquista de la democracia" (Marx. "Manifiesto Comunista").

Que el gobierno acepte o no la efectividad de poder que el proletariado le ofrece, depende como apuntamos, de la línea política que prime en su accionar (reformista: conquista del poder formal, o revolucionaria: conquista del poder efectivo).

16.— Los obreros y campesinos conjuntamente con ejercer al interior de sus órganos de poder su dominación (dictadura) de clase, que se opone al poder establecido, generan una contradicción entre instituciones de trabajadores e instituciones de explotadores. Otorgan así al Gobierno Popular el nexo institucional necesario para su afirmación en las masas.

17.— En tanto la institucionalidad de los trabajadores expresa sus intereses conscientes —necesidad histórica de arrancar poder a la burguesía—, ella debe ser sancionada: nueva legalidad que emergiendo desde las bases es impulsada hacia el mismo Estado capitalista con lo que el gobierno libra la lucha en su interior, no sólo por el poder formal sino que por el poder efectivo.

18.— Todo esto supone un adecuado grado de correlación entre el gobierno popular y las instituciones de las masas. Correlación que no debe ser entendida como subordinación del uno a las otras y viceversa. Es más, tienen mayor atributo y necesidad de autonomía las organizaciones de masas respecto al gobierno que el gobierno respecto a ellas en cuanto se encuentran en una relación directa respecto a la lucha de clases, y el gobierno, obstaculizado por los mecanismos funcionales de la dictadura-democracia burguesa.

19.— El Gobierno Popular tiene la posibilidad de elegir entre dos legalidades e institucionalidades. Hoy esa posibilidad le está negada por cuanto rigen sólo la institucionalidad y la legalidad burguesa. No es defender al gobierno negar la posibilidad de iniciativa a las masas.

20.— La correlación de fuerzas varía a favor del gobierno y los trabajadores en la medida en que los poderes de las unidades productivas se amplíen a nivel local, comunal, provincial y nacional. La balanza de las capas vacilantes, sectores medios y pequeña burguesía se inclina hacia el sector de mayor poder efectivo y no hacia el sector de mayor poder formal.

21.— Es necesario deponer la concepción burguesa que remite el problema de la dictadura a su apariencia jurídica legalista. En efecto, pueden darse casos de perfecto ordenamiento jurídico-constitucional, las más perfectas repúblicas burguesas y al mismo tiempo dictaduras, ya que una de las formas en que la burguesía ha expresado su dominación (dictadura) es justamente a través de su democracia. De la misma manera puede darse una dictadura (dominación) del proletariado, sin haberse abolido en su integridad la institucionalidad y la juridicidad burguesa.

22.— La actitud revolucionaria queda así definida frente al problema del poder efectivo y a las organizaciones producto de la lucha de los trabajadores: "...la expropiación por sí sola, como acto jurídico y político, no decide ni mucho menos, la cuestión, porque es necesario desplazar de hecho a terratenientes y capitalistas, reemplazarlos por una nueva dirección en fábricas y propiedades por una dirección obrera. No puede haber igualdad entre los explotadores, a los que han distinguido, durante largas generaciones, la instrucción, la riqueza y los hábitos adquiridos, y los explotados, cuya masa, incluso en las repúblicas burguesas más avanzadas y democráticas es embrutecida, inculta, ignorante, atemorizada y falta de cohesión" (Lenin, "La Revolución Proletaria y el Renegado Kautsky").

23.— El peligro más grande que puede cernirse sobre un gobierno popular es la ampliación de la dictadura-democracia burguesa. Esto es, ampliación del poder formal que en tanto no se cimente en el poder efectivo de los obreros, no es más que poder formal del Estado capitalista y, en consecuencia, disminución del poder efectivo de los trabajadores, lo que inevitablemente dejaría al gobierno a merced de sus enemigos sociales y políticos.

FERNANDO MIRES


Notas:

1. Lenin.

2. Tesis y resoluciones del VI Congreso del Komintern.

3. Informe del Comité Central, citado en el artículo de Rabinovich, titulado "Las organizaciones militares bolcheviques en 1917", en "Revolución proletaria". N.os 6, 7; 1918.


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