La "Declaración" de Diciembre

DOCUMENTOS
Suplemento de la edición Nº 148 de PUNTO FINAL
Martes 4 de enero de 1972
Santiago – Chile

LA "DECLARACIÓN DE DICIEMBRE"

Los partidos de la Unidad Popular elaboraron un documento político al que denominaron "Declaración de Diciembre". Fue leído el 20 de diciembre de 1971 al pueblo reunido en la Plaza Bulnes es de Santiago. En esa oportunidad, una gran manifestación de masas expresó su respaldo al Gobierno del Presidente Allende, ante la creciente actividad fascista que se ha venido registrando en nuestro país. Por su interés político y porque, evidentemente, representa un paso, adelante en las metas que se ha planteado la Unidad Popular, reproducimos a continuación la Declaración de Diciembre.

HOY, 20 de diciembre de 1971 nosotros, el pueblo de Santiago, nos reunimos junto al Monumento de Bernardo O'Higgins y a la Casa de los Presidentes de Chile para reafirmar nuestra inquebrantable decisión de defender la patria, su independencia y dignidad, que se encarnan en el Gobierno Popular que conquistamos en septiembre y que preside el compañero Salvador Allende.

Hemos emprendido el camino que conduce a la grandeza de Chile y a la liberación de su pueblo, como nación verdaderamente independiente.

Hemos emprendido el camino del socialismo.

Declaramos que la nacionalización de la Gran Minería del Cobre, el rescate de la mayor riqueza del país; la nacionalización del salitre, el hierro, el carbón, el acero, el cemento, constituyen actos irreversibles destinados a sacar a Chile del subdesarrollo y alcanzar su grandeza.

Levantamos en alto la ruptura por nuestro Gobierno de toda tutela imperialista y el corte sin contemplaciones de las amarras financieras que nos imponían el vasallaje.

Afirmamos que la política internacional del Gobierno Popular que importa la ampliación de las relaciones amistosas con todos los Estados sin excepción y el desarrollo de la colaboración con los países socialistas, ha significado la afirmación en el escenario mundial de la personalidad de Chile como nación soberana, digna, independiente y amante de la paz.

Conscientes de nuestra responsabilidad, expresamos nuestro orgullo patriótico porque en el mundo de hoy se respeta a Chile y los pueblos miran con interés y afecto solidario la lucha que libramos por la cohereden real de la democracia, con un auténtico gobierno del pueblo, en permanente avance hacia la plena liberación social.

Notificamos que el pueblo de Chile no volverá atrás. El desplazamiento de los explotadores es definitivo. El ascenso de la clase obrera y del pueblo al mando supremo, la consolidación de los derechos que venimos conquistando a través de tantas jornadas de lucha, la participación efectiva en la dirección del Estado y la genuina libertad de los que nunca la tuvieron es absolutamente irrevocable.

Reiteramos la voluntad de continuar con la reforma agraria. Extirparemos de nuestra tierra hasta el último vestigio del latifundio.

Jamás volverán a regir en Chile los privilegios de la oligarquía financiera. Completaremos la nacionalización de los Bancos y del Crédito y eliminaremos de raíz los imperios económicos de los Edwards, los Matte, los Yarur, los Sumar y demás monopolistas.

Es nuestra resolución inquebrantable que un Chile absolutamente libre y soberano avance con firmeza y claridad de objetivos a la construcción del socialismo.

Luchamos por erradicar de todos los confines de la patria la miseria, la desnutrición el analfabetismo, los déficits de vivienda y de urbanización y todas las privaciones que legaron a las familias chilenas las clases privilegiadas contra las cuales combatimos.

Libraremos a Chile del atraso económico, técnico y cultural.

Por eso, celebramos los éxitos, de magnitud histórica, alcanzados por el Gobierno del Presidente Allende en el año 1971. Ellos demuestran la superioridad de los gobernantes del pueblo sobre los políticos burgueses, los que jamás supieron abordar los problemas de fondo del país y to mantuvieron en la estagnación económica, política y cultural, en una crisis de estructura que acentuaba cada vez más las penurias de las masas.

Por primera vez, la producción industrial se elevará este año en el 12% sobre la obtenida el año anterior. Este es el comienzo de un ascenso económico que era imposible cuando gobernaban los capitalistas. Chile ha iniciado su nuevo camino. Aun antes de que surtan sus efectos las nacionalizaciones de la gran minería del cobre, del acero, de los bancos y de algunas empresas monopólicas, ya el producto nacional crecerá en aproximadamente un 8%.

Miles de hogares chilenos estaban hundidos en la miseria a causa de la cesantía cuando nos hicimos cargo del gobierno. Hoy hemos disminuido ese flagelo a la mitad del heredado del gobierno anterior. Miles y miles de compatriotas se han incorporado al trabajo y pueden alimentar a los suyos.

En un año hemos ganado la experiencia necesaria para terminar con los defectos que entorpecen nuestra marcha hacia el socialismo. Hemos acumulado en nuestras manos las herramientas económicas que nos permitirán profundizar día a día este camino.

Todos los cambios que hemos hecho comenzarán a dar sus frutos en un futuro próximo, reuniremos recursos e invertiremos en términos que nuestra economía crecerá aun con mayor intensidad.

En suma, en un lapso tan breve, hemos hecho a Chile dueño de su gran riqueza constituida por la mayor reserva de cobre del mundo: le reivindicamos íntegramente sus altos hornos siderúrgicos; le devolvimos el salitre por el que dio la vida Balmaceda; extendimos la reforma agraria en una magnitud equivalente a todo lo hecho con anterioridad; rompimos el nudo gordiano de la dominación de los planes financieros en los Bancos y hemos puesto bajo el control de la sociedad grandes empresas monopólicas. Todo esto, aumentando inmediata y simultáneamente la producción en términos que no tienen precedentes. Nos enorgullece que 1971 será siempre recordado porque cada niño comenzó a recibir medio litro de leche; lo que fue motivo de mofa para la reacción es una realidad en el Gobierno Popular. Hemos ampliado en medida inusitada las matrículas escolares. Por primera vez, la comunidad se ha integrado al sistema educacional del Estado y estamos en camino de profundizar la democratización de la enseñanza.

Hemos incrementado en el mayor porcentaje jamás conocido las asignaciones familiares y aumentamos extraordinariamente y se han puesto al día las pensiones de los ancianos y de las montepiadas.

Lo decimos una vez más: nos enorgullecemos de cuanto hemos hecho.

Antes la economía funcionaba para los ricos. Se derivaban los mayores recursos a la producción de artículos de lujo. En las bodegas y en los escaparates de los almacenes y tiendas crecían los stocks de alimentos y de otras mercaderías que el pueblo necesitaba, pero que no podía adquirir. Las fábricas trabajaban a la mitad de su capacidad instalada. Todo eso quedó atrás

para siempre y hoy existe una situación diametralmente distinta.

El pueblo puede comprar. Se ahorra más que nunca. Desaparecieron los stocks acumulados y con ellos comen y se visten las familias de las poblaciones populares. Todo lo que se produce tiene una demanda solvente. Es cierto que el viejo aparato burgués de distribución mayorista y los mecanismos especulativos se demostraron incapaces, como era lógico, de servir adecuadamente a una economía en expansión y al servicio del pueblo. Ha habido desabastecimientos parciales. Suele faltar algunos días lo que en un pasado muy reciente sobraba en las estanterías añejándose sin compradores. Muchos agiotistas pescan a tío revuelto subiendo determinados precios. Los que antes del Gobierno Popular lucraban con el hambre del pueblo, siguen tratando de extorsionar y aprovechan toda deficiencia o insensibilidad de los aparatos administrativos para especular a costa de la mayor capacidad adquisitiva de los sueldos y salarios. Las propias masas populares se encargarán de evitarlo a través de su control y denuncia. Pero, he ahí lo importante, terminó la estagnación económica y el país se puso en marcha. El pueblo elevó substancialmente su participación en la renta nacional y, sobre esa base, podemos y debemos eliminar los abusos y los defectos transitorios y asegurar un mayor bienestar de las masas.

Chile tiene hoy un rostro diferente, animoso y con una confianza renovada en su capacidad para solucionar sus problemas. Fuera de nuestras fronteras, 1971 fue un año de acentuación de la crisis general del capitalismo. En cambio, los países socialistas siguen avanzando. La victoria de Vietnam marca el comienzo del fin del gran imperio del Norte.

Hay zozobra en los mercados de Occidente. 1971 termina con la catástrofe que es la devaluación del dólar y que amenaza arrastrar a muchos. En el marco de tales acontecimientos, resalta aún más la clarividencia de nuestro pueblo al escoger para Chile un camino nuevo.

Pero, Chile tiene vengativos y poderosos enemigos. En esta gran concentración multitudinaria, el pueblo de Santiago responde al desafío de estos enemigos, los enfrenta y les cierra el paso.

Denunciamos la conspiración internacional contra la independencia de la patria, que manejan desde la sombra los monopolios que perdieron sus grandes minas en Chile. Acusamos a los agentes internos de la sedición de estar al servicio de esos enemigos foráneos.

Alertamos sobre el carácter criminal de los conjurados, que comenzaron a operar aún antes del Gobierno Popular asesinando en Linares al ingeniero Hernán Mery, funcionario de la Reforma Agraria, y en Santiago al General Rene Schneider, Comandante en Jefe del Ejército de Chile.

Decimos claramente que esos elementos no sólo temen a los grandes cambios que estamos realizando en la vida nacional. Les aterroriza que hayamos desnudado a los delincuentes económicos y lo sigamos haciendo.

Ya están en la cárcel o se han fugado del país algunos propietarios y gerentes que traficaron dolosamente con los dólares que Chile necesita para alimentarse y progresar; que eludieron y defraudaron los impuestos que el país requiere para construir escuelas y viviendas.

Ningún gobierno tuvo hasta hoy la entereza y el rigor que el nuestro ha demostrado para investigar y denunciar a estos delincuentes de alta escuela. Siempre se ampararon tras sus grandes fortunas y sus influencias en los partidos tradicionales.

Hoy, esos delincuentes buscan la impunidad financiando y alentando los grupos fascistas. Anhelan destruir a quienes han denunciado sus hechos delictuosos. Ellos también están entre los que promueven las acusaciones constitucionales contra los Ministros del Gobierno Popular.

La presencia de grupos de fascistas y traidores a los intereses superiores de lunación, como los que forman el llamado ''Movimiento Patria y Libertad" y otras bandas armadas de esa especie, constituye un ultraje a nuestro pueblo y una amenaza intolerable a la vida y seguridad de los chilenos.

La asonada del miércoles 1º de diciembre; el aprovechamiento inescrupuloso por esos grupos del mitin realizado por las mujeres de las clases más acomodadas de Santiago; el atizamiento del odio de clases incubado en la ociosidad de los barrios donde vive la burguesía; los asaltos a los locales del Comité Nacional del Partido Radical y del Comité Central de las Juventudes Comunistas; la destrucción de la sede de la Asamblea Radical Pedro Aguirre Cerda; el incendio de la vivienda del Ministro de Salud; las agresiones con cachiporras y cadenas a dirigentes populares en las calles de Santiago; el motín de la Avenida Providencia; el incendio de la seccional Las Condes; el ametrallamiento del Comité Regional Cordillera del Partido Socialista y la irrupción de las decurias de Guardias Blancos con cascos y máscaras demuestran que la escalada sediciosa tiene el respaldo de forajidos dispuestos a asumir a Chile en un baño de sangre.

Cuando el más elemental deber de todos los que se dicen demócratas es definirse contra el fascismo, los politiqueros y los reaccionarios juegan desaprensivamente a una oposición sin principios, fundada sólo en la defensa de los privilegios que nosotros atacamos. Sólo atienden a su ambición de poder, a sus personalismos y continúan con los viejos hábitos del parlamentarismo oportunista.

El pueblo de Santiago manifiesta hoy su protesta más enérgica por la mezquindad de los que hacen, quiéranlo o no, el juego a los fascistas al dedicarse únicamente a combatir al Gobierno Popular. Ese tipo de opositores altisonantes, ha llegado a la histeria propalando el catastrofismo. Se empeñan en magnificar sus querellas, hacen ostentación de actitudes egoístas; dificultan cualquier solución de los asuntos de interés colectivo y obstruyen todo cuanto se hace. En definitiva, pretenden levantar su fortuna política obteniendo el fracaso de Chile.

Miente descaradamente quien diga que bajo el Gobierno Popular no se respetan escrupulosamente los derechos de la oposición ejercida dentro de la ley. Jamás hubo en el país mayores libertades, en cuyo ejercicio se llega a veces al libertinaje. Pero, ha llegado la hora de distinguir claramente entre oposición y sedición y darle a esta última la réplica que se merece.

Hace algún tiempo un senador desprestigiado, que estuvo vinculado al asesinato del General Schneider y mantiene relaciones con agentes de la CIA, propuso abusar de las mayorías parlamentarias y convertir las acusaciones constitucionales en un instrumento para derribar al Gobierno constituido. Con ese fin, llamó a la Democracia Cristiana a renunciar a su personalidad y hacer yunta con el Partido Nacional. Este contubernio inmoral comienza a ponerse en marcha. A raíz de las elecciones extraordinarias de un senador por O'Higgins y Colchagua y de un diputado por Linares, se ha hecho un cambalache deshonesto e inconfesable, burlando a las propias bases de los partidos que participan en él.

Simultáneamente cumplen un paso más en su escalada. Han acusado a Pedro Vuskovic [1] y amenazan hacerlo con José Tohá.

¡Acúsenlos!

No les tememos.

¿Con qué fin se intenta agrupar a todos los opositores, hacer la unión sagrada contra el Gobierno y supeditar la base popular de la Democracia Cristiana a las tácticas de los dirigentes nazis que se han apoderado del Partido Nacional? Nadie puede ser movido a engaño. Las frases hechas, las declaraciones pomposas, las invocaciones a una libertad en que nunca han creído los reaccionarios, no logran ocultar que el santo y seña de la nueva coalición es el revanchismo de los enemigos del pueblo.

De lo que se trata es del afán de hacer retroceder a Chile, de restaurar el pasado, de dejar sin efecto los cambios, de restablecer el latifundio, de someternos a la Anaconda y a la Braden, de imponernos la férula de los Edwards, los Yarur y los demás de su calaña.

El pueblo dice rotundamente que no lo tolerará.

El proceso de cambios no tiene retorno.

Los campesinos de los asentamientos, de los Centros de Reforma Agraria y de las Cooperativas no aceptarán que se les arrebate la tierra. Los obreros, empleados y técnicos de la Gran Minería del Cobre no permitirán que se les haga trabajar para los yanquis. Los trabajadores de las industrias estatizadas o requisadas no se resignarán a que regresen a sus explotadores. Los mineros del carbón y del salitre no permitirán que se les esclavice de nuevo. Los industriales, comerciantes, agricultores y artesanos no se someterán una vez más a la prepotencia de los banqueros y de las grandes empresas monopólicas. Los sindicatos no renunciarán a sus derechos. El pueblo no admitirá que imperen otra vez la miseria, los salarios de hambre y la carencia de derechos. Chile está de pie y nadie conseguirá arrodillarlo.

Porque así lo entienden también ellos, los conjurados de la contrarrevolución, preparan sus armas, dispuestos a imponerse a sangre y fuego, mediante el terror. La amenaza que representan está apuntando contra la vida del pueblo.

El maniobreo politiquero, la utilización de la Universidad como centro de operaciones aún a costa del cierre de escuelas universitarias que privan al país de profesionales que necesita con urgencia; las escaramuzas parlamentarias y ahora las acusaciones constitucionales, son únicamente la cobertura de planes más siniestros. La estrategia es la misma de la vieja fronda aristocrática, la misma de 1891, cuando se alzaron contra Balmaceda porque representaba la nacionalización del salitre.

De la misma manera debe entenderlo cada hombre y cada mujer del pueblo.

La defensa del Gobierno del Presidente Allende es la defensa del patrimonio cívico, moral y material de Chile. No es la tarea exclusiva de la Unidad Popular. El deber de todo militante o simpatizante de cada uno de los Partidos de la Unidad Popular es dar el ejemplo y movilizarse sin tregua, dejando de lado cualquier preocupación sectaria y ayudando a unir a las masas en resguardo de los intereses de la patria. Pero, ésta es una tarea que trasciende las fronteras partidarias y corresponde a todo el pueblo, sin distinciones.

El pueblo de Santiago llama esta tarde al pueblo de Chile a colocarse a la ofensiva.

Nos pronunciamos por:

—El ejercicio severo de la autoridad y la aplicación implacable de las leyes a los sediciosos;

—La vigilancia de masas y la constitución de comités en cada fábrica, táller, mina, asentamiento, centro de Reforma Agraria, hacienda, aldea, puerto, servicio público, escuela, oficina y población, en defensa de las instituciones democráticas; [2]

—Completar en 1972 la Reforma Agraria, de manera que no quede ni un solo latifundio;

—Estatizar el comercio exterior, colocándolo íntegramente al servicio de los intereses nacionales;

—Suprimir la distribución monopólica y asegurarles las mercaderías en forma expedita a los comerciantes detallistas y a sus centrales de compra;

—Establecer un estatuto que dé seguridad a los pequeños y medianos productores;

—Fortalecer la carrera funcionaría y la seguridad de los técnicos y profesionales que honestamente trabajan para el progreso de Chile;

—Ampliar substancialmente el sistema educacional en breve plazo en sus niveles básico, medio y superior, resolviendo la crisis universitaria mediante la elección de nuevas autoridades, tal como lo hemos propuesto.

—Perfeccionar y profundizar el proceso de cambio, con la dinámica en la base de una efectiva transformación revolucionaria que se exprese en una estructura democrática de la producción y una participación real de los trabajadores.

El convenio de la CUT con el Gobierno para el año 1972 es un plan completo de modificaciones profundas en el orden social y previsional, con beneficios múltiples para todas las familias del pueblo. En cuanto al reajuste propiamente tal, ese convenio lo plantea en términos más elevados que cualquiera otro que se haya conocido en Chile. Se convierte en motivo de honda satisfacción para los trabajadores que se asegure una pensión mínima mensual de E̊ 900 para los obreros y E̊ 1.000 para los empleados. Desesperados ante este nuevo paso en la redistribución de la renta nacional, los reaccionarios recurren a la demagogia más descarada e intentan desbordar los términos hasta de ese reajuste, para sembrar el caos y derribar el Gobierno. De esta manera, se ratifica que toda reivindicación popular tiene como base fundamental hoy en día, la defensa del Gobierno del Pueblo. De ello dependen el pan, la libertad y la vida.

El pueblo de Santiago se apresta a combatir.

La ruta que nos ha llevado al Gobierno Popular ha costado al pueblo mucho dolor y mucha sangre.

Los caídos en la Escuela Santa María, en Iquique; en la Coruña de San Gregorio; en Ranquil; en la Población Caro; en El Salvador y en Pampa Irigoin dieron sus vidas para que Chile fuera lo que comienza a ser: una patria para todos y no para unos pocos.

Hoy, en cada organización popular, que lo sepan los reaccionarios y los fascistas, somos miles, miles y miles de hombres y mujeres que estamos dispuestos a ofrendar la vida para defender la dignidad, la libertad y el porvenir de Chile.

¡No nos moverán!

¡Chile continuará siendo Chile!

¡Seguiremos adelante!

¡ Venceremos!

Documento

Allende:

"Necesitamos un pueblo organizado y vigilante"

El siguiente es el texto completo del discurso del Presidente Salvador Allende, en el acto Inaugural del Sexto Congreso de la CUT, en el Teatro Caupolicán, el 8 de diciembre.

TRABAJADORES de Santiago. Estimados compañeros y amigos Luis Figueroa y Hernán del Canto presidente y secretario general de la Central Única de Trabajadores. Estimados compañeros del Consejo Directivo de esta institución. Estimados compañeros delegados de los trabajadores de países amigos de Asia, Europa y América latina. En ellos saludo a los trabajadores del mundo y a los pueblos que luchan por su independencia y por su libertad. Estimados compañeros ministros y parlamentarios populares. Dirigentes de los partidos y movimientos que integran la Unidad Popular.

Esta es la primera oportunidad, la primera vez en que un Presidente de la República y sus Ministros concurren al acto inaugural de un Congreso de los Trabajadores de Chile. Este solo hecho está demostrando que este es un gobierno distinto; que está señalando que este es el gobierno de los trabajadores. Aquí están los compañeros Ministros de los trabajadores y aquí está el compañero Presidente de la República.

Compañeros, yo deseo que ustedes me escuchen, que no me interrumpan mucho con aplausos. Al final me los suman todos; aunque estén dos horas aplaudiendo y posterguen un poquito el ir a tomarse un tinto y comerse un pedacito de carne. Quiero señalar la importancia de la intervención del compañero Osear Olivares, de la Comisión Organizadora; el significativo y solidario saludo del compañero Serafín Aliaga, de la Federación Sindical Mundial, y las palabras de Hernán del Canto y Luis Figueroa.

Tanto porque ellos han hecho un resumen apretado de la labor del Gobierno, como porque ya el 4 de noviembre de este año en el Estadio Nacional informara a los trabajadores del país de la obra realizada, en esta ocasión quiero esencialmente hacer algunas reflexiones que estimo útiles y necesario que sean pensadas, analizadas, por los trabajadores de Chile.

El pueblo, a lo largo de sus luchas mantenidas durante años. Los trabajadores que supieron de la represión y la violencia. Aquellos que vivieron la violencia institucionalizada de la cesantía, de la alimentación insuficiente, de la falta de trabajo, de la imposibilidad de estudiar. Aquellos que nunca pudieron saber del contenido de la cultura. Vale decir la inmensa mayoría de los chilenos que padecía de un régimen y de un sistema injusto y que tuvo muchas veces que. sufrir en la familia de los trabajadores, la violencia represiva y afianzada, la violencia constitucional. Los mineros, campesinos y obreros, los empleados chilenos supieron desde largos años lo que era la represión, y la columna Ranquil, San Gregorio, la Federación Obrera, el Salvador, la Coruña, la Población José María Caro y Puerto Montt, fueron lecciones que el pueblo no olvidó. Por eso triunfamos el 4 de septiembre del año pasado.

Triunfamos, precisamente para derrotar la violencia institucionalizada, para poner todo el esfuerzo al servicio del hombre, de la mujer, del joven y del anciano de la patria. Para poner la economía al servicio de las mayorías nacionales. Para hacer de Chile un país independiente en lo económico y soberano en lo político. Triunfamos para poner en el centro de nuestra preocupación lo que más vale, que es la persona humana. Por eso llegamos al Gobierno y por eso estamos conquistando el poder, para que él sea ejercido por las mayorías nacionales, por el pueblo y su Gobierno.

Escuchen, es fácil no olvidar que, a lo largo de muchos años, sostuve que la realidad chilena implicaba un camino propio, un camino nuestro. Que nosotros teníamos conciencia muy clara. La historia lo enseña. Los métodos para interpretarla por científicos señalan que es así. Cada pueblo tiene su propia realidad. Cada pueblo tiene sus propias características. Cada pueblo tiene su propia historia. Y frente a esta realidad, frente a esta claridad, frente a esta historia, frente a estas características está el camino que los pueblos deben trazarse para conquistar el Gobierno y hacer posible las grandes transformaciones económicas y sociales que reclaman imperativamente los países dependientes y explotados como los nuestros.

Siempre dije que aprenderíamos de la experiencia revolucionaria de otros países, de otros continentes, pero que Chile tendría el camino de la revolución chilena, de acuerdo a nuestra realidad; por eso hoy día señalo que este camino muestra que, por primera vez en la historia, los trabajadores conquistan el gobierno a través del sufragio. Por primera vez en la historia es posible que se hayan unido en torno a un programa y a una voluntad de cambios, laicos, marxistas y cristianos. Por vez primera el pueblo marcha seguro de hacer la revolución chilena dentro de las normas y las características de nuestra patria. Para darle una dimensión distinta a la vida del hombre nuestro. Para elevar sus condiciones materiales de niveles de existencia. Para terminar con la cesantía, con el hambre, con la miseria moral y sicológica, se necesitaba esta victoria y que cada hombre y cada mujer de Chile entendiese la profunda significación que tiene el ser revolucionario, el sentirse revolucionario, el participar en una revolución.

El programa de la Unidad Popular, destinado a combatir fundamentalmente al imperialismo, para hacer posible el rescate de las riquezas que estaban en manos del capital foráneo. Nuestro programa, que significa crear el área social de la economía para ponerla al servicio de Chile y los chilenos, significa lo que aquí se ha dicho: Terminar con los monopolios de producción y distribución. Exterminar el latifundio. Controlar el comercio de exportación. Significa los cambios estructurales, que sólo pueden realizarse cuando el pueblo y la clase obrera participan directamente en el ejercicio del Gobierno y en el manejo del poder.

Por eso es que también el poder que afianzaba tan fundamentalmente el manejo de los créditos y los bancos ha llevado a la estatización de ellos, como etapa fundamental, para que efectivamente podamos nosotros aprovechar los excedentes de la economía y ponerlos al servicio de Chile, para levantar nuevas empresas, nuevas industrias, para trazar nuevos caminos, para mejorar la movilización, para levantar más casas, nuevas escuelas, para abrir más hospitales en esta etapa de transición. Para darle cultura al pueblo, acceso al descanso y a la recreación. Para que la juventud pueda ejercer el deporte y para que el anciano pueda descansar en las últimas horas de su vida angustiada y azotada desde siempre. Para eso.

Pero eso implica y representa herir los intereses de los capitales foráneos y los capitales nacionales vinculados a ellos. De allí la importancia extraordinaria que tiene el proceso chileno dentro y fuera de nuestras fronteras. Podemos decir, sin vanidad y sin orgullo, que este proceso nuestro, siendo auténticamente chileno, no sólo le interesa y le preocupa, no sólo recibimos la solidaridad de los trabajadores de continentes tan oprimidos como el nuestro, sino que a lo largo del mundo se mira la posibilidad de que este camino nuestro alcance la plenitud que anhelamos. Se sabe perfectamente bien que el proceso chileno es más difícil de construir, porque aquí lo hemos hecho dentro de los moldes de la democracia burguesa, y dentro de las leyes de la democracia burguesa. Dentro de nuestra Constitución, que no hicimos nosotros. Vamos a modificar la Constitución y a dictar las leyes del Gobierno revolucionario.

Sabemos que en otras partes no había otra posibilidad que luchar con las armas en la mano y respetamos y admiramos el heroísmo, de los pueblos que así lo hicieron. El caso nuestro es distinto, pero es también una auténtica revolución. Y como dijera aquí el presidente de la Central Única, compañero y amigo Luis Figueroa, esta revolución tiene un costo social mínimo. Que lo oigan y que lo entiendan los que hoy día empujan la violencia. Esta revolución chilena tiene un costo social mínimo. Esta revolución chilena ha superado la tentativa funesta de quebrar nuestra economía y ha respetado la vida, los derechos de nuestros adversarios.

Cuando el crimen político apuntó en Chile, fue por culpa de ellos, en el caso doloroso del general Schneider. Y cuando al comienzo de este Gobierno, dolorosamente, se asesinó a un adversario político nuestro, el señor Pérez Zujovic, fue el Gobierno Popular, presidido por el Compañero de ustedes, quien con rapidez inusitada descubrió a los responsables y sancionó a los que habían cometido ese delito, demostrando con ello que nosotros queremos que la revolución chilena no tenga costo social.

Pero también yo les digo desde aquí, se los digo como Presidente de Chile, repito lo que dije como candidato: SI no quieren respetar las leyes y la Constitución y quieren levantar la violencia reaccionaria, contestaremos con las leyes primero, con la justicia y también con la violencia revolucionarla.

Y que se acostumbren a pensar que este proceso es irreversible. Aquí los Yarur, los Sumar y los Hirmas no van a recuperar sus fábricas. Aquí los banqueros no van a recuperar sus bancos. Aquí los latifundistas no van a recuperar las tierras que están en po der de los campesinos. Y todo esto hecho dentro de los cauces legales. Esto es lo que más les duele. Dentro de sus propias leyes. Esto es lo que los hace sufrir. Nunca creyeron que íbamos a aplicar de verdad las le yes. No se imaginaron que el pueblo Iba a ser Gobierno. Y eso es lo que les quita el sueño y por eso estamos presenciando hechos políticos que yo quiero detallar.

Pero antes, debo una vez más decir que éste es Gobierno de los trabajadores, que están representados en él a través de los Partidos Populares, con la presencia de la CUT, de los campesinos y los obreros en los distintos estratos del Gobierno. Aquí está el Ministerio nuestro. Aquí no hay ningún abogado defensor de intereses foráneos, de monopolios y de bancos. Aquí no hay ningún terrateniente. Aquí no hay ningún empresario monopolista. Aquí hay cuatro obreros que representan partidos obreros. Aquí hay cuatro Ministros que han sido acusados ya. El Ministro de Justicia, Lisandro Cruz; el Ministro del Trabajo, José Oyarce; el Ministro del Interior, José Tohá, y el Ministro de Economía, Pedro Vuskovic.

Y eso es importante que se entienda bien.

Los trabajadores, a través de los partidos que los representan, partidos del proletariado y de la pequeña y mediana burguesía. Es útil entender la importancia y trascendencia histórica mundial del entendimiento, repito, entre marxistas, laicos y cristianos. Ejemplo para el mundo, la Unidad Popular chilena. No queremos exportar. No exportamos Unidad Popular, porque para que haya Unidad Popular, es necesario que haya partidos, clase obrera organizada, movimientos de opinión pública, pero si siguen el ejemplo de la unidad del pueblo más allá de la frontera, y si otros países tienen condiciones, en buena hora que haya Unidad Popular para derrotar a la oligarquía y al imperialismo en otras tierras también explotadas.

Por eso yo quiero insistir. Los trabajadores, su organización fundamental están representados en el Gobierno, en el Consejo Nacional de Desarrollo, en los Consejos Regionales, en los organismos, en las intendencias y gobernaciones, en todas las actividades están los obreros. Los campesinos en su Consejo con su Consejo Nacional y sus consejos provinciales. Los empleados con sus organizaciones. Los maestros, factor dinámico de conciencia revolucionaria en nuestra patria y los profesionales con conciencia social, los técnicos auténticamente patriotas y chilenos, que quieren poner su capacidad, la que le dio la universidad, que financia el pueblo, al servicio de su patria y de los trabajadores.

Por eso, quiero también insistir. Es fundamental, indispensable el respaldo de la Central Única. Pero la Central Única de Trabajadores no es un organismo al servicio del Gobierno ni es un organismo incondicional del Gobierno, forma parte del Gobierno porque son trabajadores los que militan en los partidos revolucionarios y en los partidos de la pequeña burguesía. Forma parte del Gobierno porque está representada en los estratos fundamentales de la Administración Pública, pero como organismo tiene autonomía e independencia. No sería yo quien aceptara, no serían los trabajadores quienes lo admitieran; la dignidad y responsabilidad de los trabajadores chilenos sabe perfectamente bien que ellos no son incondicionales a un gobierno, sino que ellos son gobierno y son parte fundamental del proceso revolucionario, que están con el Gobierno, porque el Gobierno cumple un programa revolucionario.

Compañeros, en ese aspecto quiero precisar claramente. El Programa de la Unidad Popular, en lo económico establece el área social, es decir, todos aquellos monopolios, .bancos, compañías de seguros —que ya les llegará la hora— todas aquellas empresas que controlaban las riquezas básicas del país, forman parte del área social y esta área social representa el factor fundamental y esencial para poder desarrollar los planes que el Gobierno tiene, a fin de hacer posible romper el retraso y hacer que Chile avance rápida y presurosamente. Entonces, los trabajadores tienen que entender. Nosotros le decimos no al capitalismo de Estado. Nosotros decimos no a los gerentes burócratas. Me refiero al área social de la economía. Nosotros decimos no a las empresas de trabajadores. ¿Cuándo, en qué momento de la historia? ¿Cuándo, los otros gobiernos hicieron viable las empresas de los trabajadores?

Hoy día, rancios señores del más inescrupuloso capitalismo quieren regalar acciones a los trabajadores, quieren que participen los trabajadores en una cuota bien dosificada en los directorios. Hablan de que debe haber empresa de trabajadores. Que los empleados de bancos deben ser dueños de los bancos. Que los empleados de las empresas textiles deben ser dueños de ellas. Se callan, pero indirectamente lo insinúan, que los trabajadores de CAP sean dueños de la CAP; los del carbón, dueños del carbón y los del cobre, dueños del cobre.

¡Miren qué manera de disfrazar de capitalistas a los trabajadores! De pretender dividir a la clase. ¡Miren qué forma sinuosa de pretender distorsionar la realidad de los trabajadores! Las empresas estatizadas, las empresas nacionalizadas, el carbón, el salitre, el hierro, el cobre, el petróleo, el acero, las empresas textiles, las empresas de cemento, los bancos, son del pueblo de Chile, son de todos los trabajadores y no de un grupo de trabajadores.

Pero hay que entenderlo. Hay que entenderlo. Por eso hemos dicho no a los burócratas. En el Convenio CUT-Gobierno se establece la participación y es muy claro. En las empresas del área social de la economía, es la asamblea de trabajadores la que elige directamente el representante al Consejo de Administración. Es el ejemplo de Chuquicamata. ¿Cuánto se dijo ahí para que los trabajadores no eligieran su representante? Fui personalmente a explicárselo. Estuve 48 horas en el mineral. Dialogué con los obreros y puedo decir con satisfacción que nunca antes hubo una votación en que hayan participado más trabajadores. Empleados y obreros de Chuquicamata; 3.200, votaron y democráticamente, para elegir siete representantes al Consejo de Administración, y el resultado fue cuatro hombres de la Unidad Popular y tres que no piensan como la Unidad Popular, y que nosotros respetamos en sus ideas, compañeros.

Ahora, el Gobierno va a elegir siete representantes. Pero no vamos a llevar gente de Santiago. Vamos a elegir a siete representantes de los que trabajan en Chuquicamata. A obreros, a empleados y a técnicos para sumarlos a aquellos que eligieron los trabajadores y constituir el Consejo de Administración, donde auténticamente los obreros y los empleados y los técnicos van a dirigir la más grande empresa de cobre del mundo, compañeros.

Y los sindicatos van a seguir existiendo. Van a seguir viviendo, como decía Luis Figueroa, para plantear sus puntos de vista y sus problemas. Para que haya diálogo con sus propios compañeros de la administración. Y eso es la honestidad de nuestro procedimiento, que es la auténtica democracia que estamos ejerciendo y que por lo demás es la única que aceptaría la clase obrera chilena.

Hemos dicho más. Y se lo dije a los obreros de Chuquicamata. Y se lo repito a los obreros de Chile. Tenemos que cambiar la manera de discutir los pliegos, sobre todo en las empresas del área social. No se trata, ni en el área social ni en el área privada, que vayamos nosotros a suprimir los derechos de los trabajadores. Cuando yo era candidato... y con bastante experiencia. Cuando yo era candidato por cuarta vez, de donde se deduce que no sólo la tercera es la vencida, les dije a los trabajadores que en el Gobierno del Pueblo va haber menos huelgas, pero no porque fuéramos a suprimir el derecho de huelga, sino porque íbamos a dialogar. Porque hay similitud de intereses, porque tiene que haber conciencia de que no se le puede dar a la clase obrera espejismos de reajustes, si hay una política de inflación o un pedido desmedido de salarios.

Por mi parte, del proceso económico general, es el proceso de reajuste, es el proceso de sueldos y salarios. Por eso en Chuquicamata yo les decía a los trabajadores, y eso vale para todas las industrias del área social: Hagamos un reajuste del ciento por ciento más alto del sueldo base, del salario base. De las utilidades de la empresa, un porcentaje para el Estado. Un porcentaje para ser invertido en la propia empresa. Otro porcentaje, para beneficios sociales en la propia empresa. ¿Qué significa eso? Viviendas, vacaciones, guarderías infantiles, jardines infantiles, casas de cultura, deportes y un porcentaje para crear un fondo común para ser distribuido, para aumentar los sueldos y salarios en función de la producción y de la productividad.

Aquí se ha dicho y yo lo repito. La revolución implica cambiar a una minoría por una mayoría. La revolución significa que una clase social, postergada y oprimida, toma el Gobierno y el poder, pero esa clase social que llega al Gobierno tiene que entender que las medidas políticas tienen que afianzarse en las medidas económicas, en el proceso de desarrollo de la economía, de la producción y de la productividad.

Y por eso también he dicho que las empresas no pueden ser de los que trabajan en ellas. Las empresas son de Chile y el pueblo. Por eso también he dicho que el trabajador, empleado y técnico de una empresa del área social tiene la obligación de producir más para que este beneficio quede a lo largo de la patria y sea la siembra del esfuerzo en beneficio de todos, en beneficio de la patria, en beneficio del progreso social y económico del país.

Por eso es que también se establecen métodos especiales para dirimir las interrogantes que se crean en las empresas del área social, en que tienen que discutir el poder, entre administradores que representan a los propios obreros y los obreros.

Mantenemos el criterio bipartito para los problemas del área privada. Y aquí quiero decir algo que los compañeros deben entender. Trabajar para el área social de la economía, aumentar la producción en el área social de la economía es diferente a trabajar en las empresas privadas.

Aquí también queremos precisar lo que a juicio nuestro debe ser la actitud de los trabajadores y cual es la actitud del Gobierno. En las empresas del área privada nosotros queremos aumentar la producción. Me refiero a aquellas empresas no monopólicas.

Queremos firmar convenios de producción, para garantizarle a esos empresarios privados que lo que produzcan va a ser consumido, porque tenemos confianza en que nuestro poder de compra va a ser mucho mayor en las masas populares. Pero queremos también que los sindicatos tengan conciencia, conozcan, comprendan el rodaje interno, económico y financiero y administrativo de toda empresa. Queremos que allí también haya Comité de Producción, para que sepan qué materias primas se compran, dónde se compran, a qué precios se compran, si compran o no compran materias primas, si reemplazan o no reemplazan las maquinarias obsoletas, si compran o no compran los repuestos, y queremos que el empresario de esas empresas no monopólicas obtenga una utilidad legítima, queremos que lleven la contabilidad clara, queremos también que haya una reinversión obligada de esas utilidades para aumentar la producción en la empresa, para renovar sus maquinarias y utilizar nuevos métodos.

Y queremos también que un porcentaje de esas utilidades sea invertido en el beneficio social de los trabajadores de esa empresa, en mejores comedores, en bibliotecas, en jardines infantiles, en viviendas, en veraneos y en descanso. Queremos también que haya un fondo común que sea distribuido de manera que aumente el sueldo y el salario de los trabajadores en relación con la producción, que no vaya sólo a beneficiar al empresario privado, sino también a la economía nacional y fundamentalmente a los trabajadores.

Por eso es que hay que entenderlo. Nosotros desarrollamos la economía en favor del pueblo y los trabajadores. Por eso hemos expropiado los monopolios, por eso hemos nacionalizado las empresas que explotaban nuestras riquezas esenciales y que estaban en manos del capital extranjero. Por eso es que es justo que entiendan los trabajadores que tiene que haber un equilibrio entre la demanda y la entrega de los productos que satisfagan la demanda.

Por eso es que queremos terminar con el espejismo de alzas desmedidas de salarios o de sueldos y por eso también cómo no les va a inquietar a ustedes que "El Mercurio" esté reclamando más alzas de salarios. Fíjense ustedes, el vetusto Mercurio, el centenario Mercurio, que por 99 años estuvo en contra de las demandas de los trabajadores, y ahora en los últimos 12 meses pide reajuste mucho más grande, quiere reajustes mucho más fuertes. Eso es lo que quieren los reaccionarios, que nosotros no atajemos la inflación ¿Qué es lo que quieren? Que se acentúe la falta de algunos artículos, porque ahora el pueblo puede comprar lo que antes no.

Yo les puedo decir, como decía Figueroa, que este año se ha consumido más carne, ha habido que comprar mucha más carne, además sacaron por la frontera 200 mil cabezas de ganado en los primeros meses después de la elección de septiembre del año pasado. Sin embargo, falta la carne. Porque hay más poder de compra y porque muchos sectores populares, que durante generaciones nunca pudieron ver un filete o un lomo, ahora lo han podido morder, porque el pueblo y el Gobierno han hecho una política de distribución del ingreso que ha permitido a estos sectores sociales comer carne, mantequilla, jamón, cosas que nunca estuvieron en la mesa del pobre.

Pero han desatado toda una guerra sicológica. Los que tienen poder de compra en exceso, pagan en las grandes tiendas y compran no una conserva, sino una docena, dos, tres, cuatro. Si les alcanza para cinco kilos de carne, compran quince, porque tienen como guardarlos, para eso tienen refrigeradores y freezers.

Compañeros, el poder de compra de esos sectores todavía es tan poderoso, aunque el hombre que compra un auto,.en la puerta lo vende, ganándose diez o veinte millones de pesos. Esa es la verdad. Y por eso es que el pueblo debe tener conciencia. Yo les puedo decir a ustedes por ejemplo, la comercialización de los cigarrillos ha aumentado en un 55% en la mayoría de las provincias de Chile. En algunos casos, como en la provincia de Concepción, el consumo de cigarrillos ha aumentado en un 48%. He estado en Magallanes y con indignación me he podido informar que en las bodegas de los pocos barcos que hay han retirado más y más chuicos de vino y barriles que nunca antes se había hecho en la historia de Chile.

Por eso compañeros, también hay que entenderlo, y se los dije en la campaña, la revolución implica un proceso moral. No queremos entregarles billetes, que si no pueden comprar con ellos algunos productos, ustedes se lancen por el camino de los vicios, y vayan a su compañero del alcohol. La peor enfermedad social es el alcoholismo en este país.

El proceso que eso implica, no sólo marca a un hombre y lo degrada, sino que inclusive lo marca en su dependencia y en sus propias capacidades de producción.

Además compañeros, entendámonos claramente. La revolución la hemos hecho para otra cosa. Por eso está bien la iniciativa que significa crear el canasto familiar. Qué bueno es que los obreros que han podido comprar los televisores y con facilidades, puedan adquirir a través de sus sindicatos las cosas fundamentales para la familia. Qué bueno es que los obreros, si les sobran unos cuantos pesos, ademas de alimentos y de la ropa que deben darles a sus hijos, lo usen para construir su propia casa. Qué bueno es que compren libros. Qué bueno es que vayan a ejercer cargos importantes, no sólo deportivos. Qué bueno que una moral y una nueva conciencia les vaya indicando que la revolución no se ha hecho para tomar más ni para fumar más, sino que se ha hecho para estudiar más, para vender más, para tener una nueva moral y defender, sobre todo, el porvenir de Chile, por los hijos de ustedes, compañeros trabajadores.

Qué orgullo siento cuando veo los niveles de producción alcanzados por las industrias estatizadas. Qué bueno es saber cómo han respondido los trabajadores del carbón, los textiles, los del salitre, los del cobre. Qué bueno es saber que el trabajo voluntario se ha incrustado en la conciencia y en la responsabilidad de los trabajadores.

Pero todavía quedan compañeros de ese ritmo. Yo lo dije en Valparaíso con pavor. Un día jueves quise hacer una encuesta: cada cien trabajadores, 52 ausentes. Lo denuncié en un acto público de Valparaíso. Denuncié que había tráfico de certificados médicos. Se tomaron las medidas y antes de un mes y medio, el ausentismo alcanzaba cifras normales que variaban entre un 4 y un 7%. Pero todavía hay una enfermedad social, y le vamos a poner término. Le van a poner término ustedes, con su propia conciencia. ¡Se acabó el "San Lunes", camaradas! Aquí no va a haber trabajadores que van a amanecer el lunes con el cuerpo malo. No, compañeros, la revolución es sacrificio y esfuerzo, es responsabilidad. Eso implica esforzarse más, trabajar más y producir más.

Cómo quisieran ellos que pudieran atacarnos por el lado de la economía. No han podido políticamente barrenarnos, buscan la manera de hacerlo a través de la economía. Están esperanzados en que la cosecha sea mala. Le prenden velitas a Chonchol para que falten los productos agrícolas. Creen que los campesinos van a comer el ganado y no van a sembrar.

Es cierto que ha habido errores. Dónde no ha habido errores. Toda revolución los comete. ¿Qué pueblo revolucionario no aprendió de sus propios errores? Nosotros tenemos todavía que saber que como hay una oposición frontal, como controlan grandes medios de información, como controlan radios y diarios, cada error nuestro de un centímetro se convierte en un metro y cada error de un metro en un kilómetro. La influencia en el pueblo que dice: Es cierto, el diario lo dice, ¡basta! Es la falta de conciencia política y ella debe ir creándose en el pueblo, mediante el diálogo y la discusión. No puede haber ningún trabajador, no puede haber ninguna mujer del pueblo que no sepa que los problemas generales de Chile, que no sepa que sus problemas dependen del cobre o dependen de la tierra. Dependen del comercio exterior. Dependen de la economía general del país y no del problema de su industria, de su empresa, de su hospital o de su servicio público.

Por eso, compañeros, como la hora avanza, yo no quiero sacrificarlos mucho. Ademas tampoco quiero que me exploten mucho a mí. Sobre todo en un día como éste. Porque si nosotros cobráramos horas extraordinarias, puchas que les saldría a ustedes en los impuestos, compañeros. Bueno, quiero decirles entonces cuál ha sido el fondo de la política económica. Que no se olviden lo que ha dicho Luis Figueroa y lo que ha afirmado Hernán del Canto. Cómo nunca hubo un reajuste con sentido más justiciero y humano.

Compañeros, hay cosas que a mí me tocan. Pero puedo sobreponerme a la insidia, a la mentira, a la calumnia, al ataque.

Yo podría detallar lo que hemos hecho en el campo social. Lo que representa la presencia de los propios imponentes en las Cajas de Previsión. Lo que representa la creación del Consejo que permitirá innumerables beneficios. Lo que significa el estudio, que aún no hemos terminado, de un fondo único de pensiones y lo que significa el proyecto que he enviado al Congreso de un fondo único de asignación familiar.

Yo podría decirles, compañeros, cuántos obreros y empleados hay en cada Caja de Previsión, en cada organismo semifiscal y estatal. Yo podría decirles, compañeros, que hemos incorporado a la previsión a 130 mil comerciantes, a 200 mil feriantes, a 30 mil industriales y artesanos, a 70 mil transportistas, pequeños y medianos agricultores, 130 químicos y farmacéuticos y un número similar de dentistas. Podría decirles a ustedes que ya tenemos el proyecto de ley que incorpora a los artesanos, a los pirquineros, a los sacerdotes y a los trabajadores independientes. Yo podría decirles que pienso que en marzo o en abril del próximo año no habrá ni un solo chileno que no esté amparado por leyes previsionales que le den derecho a la defensa de la salud y a la reparación económica en caso de accidente o enfermedad.

Pero, compañeros, el tiempo avanza y quiero que ustedes mediten y piensen otras cosas. Por lo que hemos hecho, por lo que es el Gobierno Popular, nacional y revolucionario de Chile, la agresión se acrecienta. Interna y externa. Desde fuera, desde el punto de vista político, y desde el punto de vista de los intereses económicos. No se resignan a que los países pequeños, como por ejemplo el nuestro, recuperen sus riquezas esenciales. Han lanzado una campaña contra Chile por haber nacionalizado, aun dentro de los cauces legales y constitucionales, el cobre, el hierro, el acero, el carbón y el salitre. Y ahí están páginas y páginas de los diarios de todo el mundo donde hay mercenarios en contra nuestra. Por haber sentado el principio que por sobre los intereses particulares estaban los del pueblo, por haber dicho que las utilidades debían ser rebajadas del valor de la indemnización. Y que sepa el pueblo que es cierto, que no les vamos a pagar a las empresas del cobre indemnización, sino a dos de ellas, la Exótica y la Andina. Pero las empresas tienen deudas por 726 millones de dólares y tendremos que pagarlas casi totalmente. O sea que la indemnización real que vamos a pagar son 726 millones de dólares, porque estos empresarios se gastaron todas las utilidades y las inversiones son a crédito y nos han dejado las deudas y tendremos que pagarlas. Por eso, compañeros, es que tienen que entender que Chile es un país con una deuda externa que, tomando en cuenta los 726 millones de dólares, significa casi cuatro mil millones de deuda.

Compañeros, tenemos que renegociar la deuda. Queremos pagar los compromisos de gobiernos anteriores. Queremos pagar. Queremos que se cumpla la palabra de Chile. Pero queremos que nos den facilidades. Queremos que se entienda que estamos dispuestos a pagar, pero debe entenderse que un pueblo no puede vivir hipotecado, que un pueblo no puede vivir destinando un cuarenta por ciento de sus divisas a pagar intereses, queremos que se sepa que si tenemos la obligación de pagar, tenemos primero la obligación de defender la salud y la vida del pueblo de Chile, camaradas.

Y queremos pagar, en relación con las posibilidades que tenga nuestro comercio exterior. Eso debe entenderlo el pueblo y eso deben entenderlo nuestros acreedores. Y hemos hablado con ellos un lenguaje muy claro y muy franco. Por lo demás, todos los países han renegociado su deuda externa. Nosotros queremos hacerlo con un molde distinto. Y lo que nos comprometamos a pagar, lo vamos a pagar aunque sudemos tinta, camaradas, porque esa será la palabra empeñada por el pueblo de Chile y por su Gobierno revolucionario.

Primero nos combaten desde ese punto de vista, pero también nos combaten por el precedente político. Que haya habido un pueblo que haya ganado por las urnas, que haya una revolución pluralista, democrática y libertaria. Es un ejemplo que les duele demasiado. Que nosotros hayamos roto el cerco que quieren hacer contra Chile. Y que mis visitas a Argentina, Ecuador, Colombia y Perú hayan puesto en evidencia que se quiebran las fronteras ideológicas, es algo que les inquieta mucho a los que siempre han querido mandar.

Que se levante una voz de un pueblo pequeño pero digno, en las Naciones Unidas y en la OEA para plantear sus puntos de vista discrepantes a las orientaciones que haya habido antes, a ellos les pesa mucho. Que se haya abierto Chile, no sólo por derecho de ser un pueblo libre y soberano, sino porque lo querían las masas populares y el Gobierno que han permitido que en esta tierra se haya producido el abrazo de dos revoluciones y que se hayan fundido la gran tarea de un revolución cubana y de una revolución chilena, que hayamos roto el cerco que se tendía contra Cuba y que después Fidel haya pasado a Perú y Ecuador, es algo que les duele, es algo que les pesa, es algo que los derrota, es algo que los atrofia, es algo que señala la voluntad de Chile y de los pueblos latinoamericanos para luchar por su independencia.

Por eso es compañeros, que ha arreciado la agresión internacional. Ustedes han visto, ni una sola frase. Con microscopio leemos las declaraciones internacionales. Ni una palabrita desmedida. Mister Nixon, es el señor Presidente de los EE.UU. Y nada más. Pero el pueblo debe entender. Cuando salí elegido, el señor Presidente de los EE.UU. dijo que era poco simpático. Ese es un problema de él, no un problema mío.

Y esos laboratorios que había en la Isla de Pascua se los llevaron. Perjudican los estudios climáticos. Nos quedamos callados. Invitamos al Interprice. No vino. Nos quedamos callados. Pero se han tomado ciertas medidas para defender la economía americana y hemos tenido que decir que nos perjudica a nosotros como a todo el mundo. Cuando el dólar no es convertible es un problema que afecta al comercio de la economía de todos los países. Porque con el impuesto de un 10% a nuestras importaciones, nos perjudica duramente. Cuando se cercenan los préstamos a los países de escaso desarrollo también nos perjudica. Cuando se nos niegan los créditos para aumentar nuestra flota nacional, en un organismo multinacional, decimos que no es justo. Pero cuando el Parlamento o un grupo de parlamentarios norteamericanos discrimina la ayuda al Gobierno de Chile, decimos que nos es justo.

Pero cuando dos personeros que circularon por países latinoamericanos, un señor de apellido Fink y un señor de apellido Klein, dijeran coincidiendo con el proceso de escalamiento en contra nuestra, que el Gobierno de Chile tenía las horas contadas, les decimos desde aquí que se equivocan. Les decimos desde aquí que eso es entrometerse en la vida interna de Chile. Les decimos desde aquí que se callen su lengua. Les decimos desde aquí que Chile no es tierra de nadie. Les decimos que aquí no van a venir marines a imponernos su voluntad. Les decimos desde aquí que los chilenos somos dueños del destino de Chile, camaradas.

Si nos quitan el crédito y nos quitan las ayudas, nos apretaremos el cinturón. Pero por cada apretada que hagan los sectores populares, les haremos que se hagan diez apretadas los sectores reaccionarios del país.

Compañeros, ahora quiero de ustedes mucha calma. Muchos de ustedes no van a ver lo que les voy a mostrar, pero la televisión lo va a mostrar. Necesito un ayudante, dos ayudantes. Y así como la reacción internacional ha ido acentuándose, aquí dentro ha aumentado la oposición. Y yo les digo públicamente: los que no están con el Gobierno y hacen oposición dentro de los cauces legales, los respetamos. Aunque expresen puntos de vista que son injustos. Pero hay otros que tienen en la cabeza la idea de barrenar las bases de sustentación del Gobierno. Hay otros que no hacen oposición, que quieren hacer sedición, conspiración. Y a esos otros yo les digo: ándense con cuidado. Y yo le digo al pueblo, aprenda lo que está pasando. Esto de la aparición del fascismo, no es una gracia, es una realidad. Esto que rápidamente como dijo Luis Figueroa, está apuntando para crear la incertidumbre en las capas medias, a crear la incertidumbre en los sectores de la clase media y de la burguesía.

Quieren que el taxista, el pequeño empresario, el pequeño latifundista, que tiene un pedazo de tierra de cuántas hectáreas, 30 ó 40. Quieren hacer creer que vamos a suprimir toda propiedad. Ya dijeron antes que las casas serían de propiedad del Estado. Ya dijeron antes que íbamos a quitarles los niños a las familias. Son los sectores pequeños burgueses los que tienen más temor a la incertidumbre. Ellos están trabajando en esos sectores. Vean ustedes. Ya no son las grandes empresas. Ya no es la SOFOFA la que llama a concentraciones en el Caupolicán. Los nombres de los que citan no existen. Ellos están defendiendo sus intereses, presionando a sectores que nada tienen que temer, que al contrario, se van a beneficiar con el crédito y cuando mañana tengamos el poder de la distribución sin nadie que les ponga las imposiciones de antes.

Camaradas. La escalada ocurrida en la Universidad es un punto. El Gobierno ha respetado la autonomía universitaria y los enemigos no pueden acusarnos de habernos inmiscuido en los problemas de la Universidad. Nos preocupa profundamente lo ocurrido en la Universidad, por el prestigio de Chile y la propia Universidad, pero no podemos intervenir.

Yo les puedo decir que en un Consejo de ciento y tantos consejeros, el Presidente tiene dos representantes. Dos solamente. Quiero decir que nunca la fuerza pública entrará a la Universidad porque respetamos la autonomía universitaria. Queremos eso sí, que la Universidad esté junto al pueblo, que esté por los cambios, pero eso no lo podemos imponer nosotros. Eso debe nacer de la conciencia del personal administrativo, los maestros, los estudiantes. Nosotros queremos una Universidad para el pueblo, pero eso debe decidirlo la propia Universidad, camaradas.

¿Quién citó a las señoras que concurrieron a la Alameda a golpear las ollas? Algunas ollas relucientes, compradas en la mañana de ese mismo día. ¿Quién los citó? Un organismo inexistente. Una cosa que no tiene personalidad. Y los propios partidos de oposición no tuvieron la decisión de decir nosotros somos responsables. Y ahora van a ver lo que fue esa manifestación. La van a ver los que están cerca.

Por ejemplo. En la primera fotografía. Tomada allí, en la Plaza; hay diez hombres. Nueve con cascos negros, uno, el jefe, con casco blanco. Ahí está la provocación, grupos compactos, disciplinados, grupos con cadenas, con cascos. Y aquí está la otra fotografía. Ese grupo sobrepasa a un carro de carabineros. La otra foto. Ahí están los autos, estacionados en forma de detener el tráfico en todo Santiago. Ahí hay un hombre con casco y un obrero de UNCTAD en el suelo, golpeado. Ese hombre con casco aparecía en El Mercurio como perteneciente a la Brigada Ramona Parra. Y aquí hay otro grupo con cascos, que tienen en la frente JN, Juventud Nacional. Supongo que eso dirá. Porque no creo que sea jamás nunca.

Aquí hay una señora. Fíjense bien en la señorita. Aquí hay un cincuentón. No tiene en la mano una olla. Es un laque, un laque importado, un laque especial, un laque sumamente peligroso si se golpea con él. Ese era el jefe.

Allí hay una fotografía. Eso fue en la noche. Cuando ya se había terminado la manifestación en Providencia. El caos, el desorden. Neumáticos prendidos. Cajas de cartón incendiadas. Maderas incendiadas. Nadie podía pasar por allí. Incluso entraron a quemar el departamento del Compañero Ministro de Salud, que está aquí presente.

Entonces, ¿quién desata la violencia? Vean ese jovencito. Ese jovencito que no tiene los pulmones incrustados de antracosis o silicosis, sino de marihuana, con una cadena para golpear a los trabajadores.

Compañeros, les decía hace un instante que el diario "El Mercurio" había publicado la foto de un hombre con casco diciendo que pertenecía a la Brigada Ramona Parra. Pues bien. Nosotros tenemos no sólo estas fotos que hemos mostrado, tenemos setenta fotos. Vamos a hacer una exposición en la Alameda. Vamos a hacer una exposición en todo Chile.

Esas fotos demuestran que esta gente está organizada, que está disciplinada. Mientras tanto, ¿qué hacemos nosotros? Frente a esas fotos, el Secretario General de Gobierno llamó por orden mía al señor Fernando Léniz, Presidente del Mercurio. Y le dijo, señor, vea esta foto. La vio. Vea el error cometido. Esta viendo bien claro que se ha cometido un error. Rectifique el error. No lo hizo. Esperamos un día. No salió la rectificación.

Mandamos entonces cuatro fotos pagadas, para que lo hicieran como aviso. Se negaron a hacerlo. Estas son las fotos que queríamos que se publicaran. No hay nada injurioso. Ahí dice error o mentira como interrogante. Y ahí está la secuencia que demuestra quiénes golpearon al obrero, el hombre que ellos habían dicho que era de la Ramona Parra; está con una cadena en la mano para golpear al obrero, en plena calle. No publicaron el aviso. Se negaron a hacerlo. Los que hablan de libertad de prensa. Los que han revuelto Chile, porque dicen que les vamos a quitar el papel, no han querido publicar, por orden mía, un aviso que ha mandado a publicar el Secretario General de Gobierno. Incluso que estábamos dispuestos a pagar. Se han negado a hacerlo. Y hoy día publican, en la primera página de "El Mercurio" como siempre, que seguimos presionándolos para que lo hagan. Y nosotros les decimos que tengan cuidado, porque ellos son los responsables y nosotros vamos a atajar el fascismo, camaradas.

Compañeros, yo tengo una sola mano. No les vamos a aplicar la mano dura. No los vamos a matar. No; el peor castigo que les podemos infligir, es hacerlos trabajar.

Eso sí que el pueblo tiene que estar advertido y tiene que saber hasta dónde han llegado. Son los que dicen que este Gobierno ha perdido toda autoridad. Que no hay libertad. En un país donde circulan todas las revistas, que en realidad no voy a nombrar por respeto a mí. Ellos tienen en un país latinoamericano una Central de Prensa que escribe artículos que les ponen distintos nombres como si fueran escritos en Chile, y los envían a toda América latina. Cómo buscan, compañeros, ofender a las Fuerzas Armadas. Han llegado hasta la injuria.

Yo tengo más de 30 ó 40 tarjetas y circulares anónimas enviadas a Jefes de las Fuerzas Armadas y se han encontrado con la muralla de la disciplina, de la rectitud, de la honestidad profesional, de las Fuerzas Armadas y Carabineros.

Y en su desesperación han llegado a la injuria y publicaron en Tribuna, que pertenece al Partido Nacional, lo que nunca nadie antes se atrevió jamás a publicar contra las FF.AA. y Carabineros. Tuve que hacer una declaración a nombre del pueblo, para señalar al responsable, para decir con qué satisfacción contábamos nosotros con las FF.AA. y Carabineros chilenos, que responden a la tradición histórica chilena, que son fuerzas profesionales, respetuosas de la ley y gozan del prestigio y del respeto que Chile les reconoce y que son fuerzas que en este instante están junto al Gobierno, porque el Gobierno actúa dentro de la constitución y la ley y que concuerdan que son fuerzas que se han definido por el respeto y que son fuerzas incorporadas al gran proceso de desarrollo económico nacional.

Las FF.AA. y Carabineros de Chile tienen que comprender que un país es poderoso cuando hay un pueblo culto, porque un pueblo explotado, un pueblo sin cultura, un pueblo desorientado, es un pueblo sin base, un pueblo sin capacidad de sacrificio.

Las FF. AA. serán más poderosas mientras más poderoso sea el pueblo, mientras más preparado esté el pueblo, mientras más consciente sea el pueblo; defenderemos más nuestra patria si la amenaza extranjera se produce, porque el pueblo sabrá que esta tierra también es tierra de ellos, camaradas.

Pero, compañeros, este acto es extraordinario. Porque aquí están los representantes de la clase obrera, cosa muy importante, porque aquí se va a ver mañana en las sesiones de trabajo, la presencia combativa de los trabajadores, en su propio Gobierno.

Pero compañeros, la influencia de ellos es poderosa y no crean ustedes que esa manifestación va a quedar ahí. Ellos, más que nosotros, han movilizado sus sectores. Yo digo claramente que hay dos tipos de oposición. La que respete los cauces legales y la otra. El próximo 16 un Partido Político va a hacer un acto público en el Estadio Nacional. Se lo vamos a ceder. Que vayan allá treinta o cuarenta mil personas. ¿Cuál es la respuesta de ustedes? ¿Cuál es la respuesta del pueblo? La respuesta del pueblo es llevar 300 mil personas a las calles de Santiago.

Quiero que se entienda bien camaradas. Yo soy el responsable. Soy el superior responsable camaradas. Ellos quisieran que yo los empujara al enfrentamiento. Ellos quisieran un bañito de sangre. Yo quiero que el pueblo esté vigilante, el pueblo organizado. No una concentración. A luchar compañeros. Todos los días. En los comités de abastecimiento, en las Juntas de Vecinos. En cada fábrica, en cada empresa, en cada industria, en cada cuadra, un comité. Si ellos movilizan cincuenta mil personas, que lo hagan. Nosotros vamos a movilizar trescientas mil. Pero el pueblo tiene que sabe por qué lo hace. Cada partido debe quitarse su camiseta, porque hay una camiseta que une a todos los chilenos, camaradas, la de la Revolución, la de la patria humillada durante tantos años, la bandera de O'Higgins, de Recabarren, de Manuel Rodríguez. Estamos defendiendo a la revolución chilena y a su pueblo.

¡Camaradas. Venceremos con la unidad combatiente de los trabajadores de Chile!


Notas:

1. 1 La acusación constitucional contra el Ministro de Economía, Pedro Vuskovic, presentada por el Partido Nacional, no prosperó al decidir el PDC no apoyarla. 2 Al leer este documento en la Plaza Bulnes, la senadora María Elena Carrera (PS),agregó en este párrafo: "y de la Revolución chilena", lo que fue aclamado por la masa.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02