Las cartas están echadas: socialismo o fascismo para Chile

PUNTO FINAL
Año VI. Nº 146
Martes 7 de diciembre de 1971

Editorial

EL fascismo criollo se ha puesto en acción para derrocar al gobierno del Presidente Salvador Allende. Apoyados por Washington, que hace público su deseo de que tal cosa ocurra, y por ende su propósito de ayudar a ese objetivo, los reaccionarios se han lanzado a la acción. Un plan perfectamente concebido, que se inició con el asesinato de tres campesinos en la provincia de Cautín, ha mostrado la escalada de la violencia fascista. Este recrudecimiento de la actividad sediciosa y conspirativa de la derecha, estimulada por el imperialismo y orientada por expertos agentes de la CIA, ha tenido un testigo excepcional: Fidel Castro. Durante su visita, y como manera concreta de la CIA de manifestar en el plano internacional el poder de su red conspirativa en Chile, los reaccionarios elevaron al plano de la violencia callejera su confeso propósito de derribar el gobierno de la Unidad Popular. Esta circunstancia, que incluso lo hizo víctima a él de las más siniestras técnicas de la "guerra psicológica", a través de los órganos de prensa que en Chile administra y financia el imperialismo, ha permitido que Fidel Castro se formara una opinión a fondo de las características del proceso que vive nuestro país. Esa visión global de nuestro proceso, permitió que el compañero Fidel Castro, cuya experiencia y autoridad revolucionaria reconoce también el pueblo chileno, diera a conocer valiosas impresiones en sus discursos, particularmente en el que pronunció en el Estadio Nacional el 2 de diciembre, en la despedida multitudinaria que le tributó el pueblo de Santiago. PF ha hecho un nuevo esfuerzo para entregar oportunamente a sus lectores este material de información y análisis. Este esfuerzo ha sido posible gracias a la entusiasta colaboración de los compañeros trabajadores de Prensa Latinoamericana S. A., donde se imprime nuestra revista. Creemos que en estos difíciles momentos del proceso chileno, cuando es más necesaria que nunca la unidad y la voluntad combativa de las fuerzas revolucionarias para derrotar a los enemigos internos y externos de nuestro pueblo, los discursos de Fidel Castro en Chile sirven a ese propósito. Avanzar hacia el socialismo para atajar al fascismo, es el imperioso deber del momento y corresponde a nosotros, los chilenos, tomar esa responsabilidad en nuestras manos, luchando enérgicamente por hacer irreversible este proceso. Sólo así mereceremos la confianza y solidaridad que nos brindan pueblos revolucionarios como el de Cuba.

P.F.


Análisis

LAS CARTAS ESTÁN ECHADAS: SOCIALISMO O FASCISMO PARA CHILE

HEMOS venido insistiendo —quizás en forma majadera— en la necesidad de unir a las fuerzas revolucionarias para impulsar y asegurar el proceso que inició en nuestro país el gobierno de la Unidad Popular.

Los sucesos políticos más recientes, que delatan al fascismo y al imperialismo en una etapa superior de actividad contrarrevolucionaria, nos impulsan a replantear nuestra posición.

Esa unidad de carácter revolucionario que propugnamos, se ha constituido en la piedra de toque del proceso chileno de construcción del socialismo. Para avanzar sin ser sobrepasados por el fascismo, se requiere estrecha unidad de acción de los revolucionarios chilenos. Hay discrepancias ideológicas y tácticas que conviene dilucidar en la acción, en la propia marcha del proceso. Pero por sobre todo hay una necesidad vital de sobrevivir. El revanchismo y el odio de clase que en estos días han mostrado su ferocidad, no hará distingo alguno entre revolucionarios de ésta o aquélla posición ideológica. Intentará la liquidación de todos, sin excepción, tal como ha sucedido en otros casos históricos. De modo que la unidad revolucionaria no sólo es una condición del proceso, sino que, además, es una necesidad primaria de los revolucionarios. Para poder discrepar y luchar por convencer a los demás de la justeza de nuestras posiciones ideológicas, hay primero que vivir. Y la verdad es que la. amenaza feroz del fascismo ha golpeado a las puertas del proceso chileno.

Lógicamente no basta desear la unidad, no es suficiente decirlo ni el problema se arregla con tener una honesta disposición en ese sentido. La unidad revolucionaria hay que instrumentalizarla. Como se trata de una guerra, una guerra de clases donde se triunfa o se muere, el ejército de los explotados debe tener un estado mayor. No se puede seguir operando con varios comandos que trazan sus propias líneas tácticas y estratégicas.

La lucha se hace doblemente incierta cuando además de la variedad de mandos, se producen brotes sectarios inevitables en esas circunstancias. Hay que aprender del enemigo. Basta observar sus desplazamientos en esta lucha de clases para darse cuenta que el adversario sí cuenta con un estado mayor que coordina y dirige los golpes que sus agentes vienen asestando a los trabajadores y a su gobierno.

Hay puntos concretos en torno a los cuales puede lograrse esa unidad revolucionaria de la que hablamos. Por ejemplo, en el carácter de la lucha ideológica contra el enemigo de clase y el imperialismo. La dirección y orientación de esa lucha, la coordinación de los recursos, la planificación de los pasos tácticos que en conjunto o separadamente efectúe cada sector político, pueden discutirse con positivas expectativas de acuerdo. Todavía más, es precisamente en el campo de la lucha ideológica donde hay mayor coincidencia en cuanto a las debilidades del proceso. La propaganda contrarrevolucionaria, perfectamente artillada y municionada por el imperialismo, ha conseguido notables victorias tácticas en el curso de estos meses. Frente a esa propaganda del enemigo de clase, los revolucionarios, en términos generales, hemos mostrado una tremenda debilidad. La desarticulación de recursos, la carencia de un comando eficaz para afrontar lo que es ni más ni menos que una guerra psicológica, desarrollada por el enemigo con todas las técnicas modernas, ha permitido un sostenido avance del adversario. A tal punto es grave la situación en este aspecto del combate de clases, que el enemigo ha consolidado posiciones en el propio campo de las fuerzas sociales que deben apoyar el proceso revolucionario. Vastos sectores de las capas medias, que por su magnitud y su tradicional influencia política tienen gran importancia en Chile, han sido reconquistados por el enemigo. Asimismo, el poder de la propaganda contrarrevolucionaria ha logrado neutralizar —y esto es mucho más grave— algunos sectores de obreros y campesinos, erosionando en algún grado el apoyo que las masas prestan al proceso revolucionario.

Claro está que los grandes aliados de la burguesía y del imperialismo, en esta labor de zapa destinada a minar las bases de sustentación del gobierno, han sido los quintacolumnistas en_ quistados en el aparato administrativo. Aquellos funcionarios que hacen un culto de las prácticas burocráticas y legalistas, que conciban con un adversario implacable, que sueñan con una imposible coexistencia de clases y tratan por lo tanto de llegar a un "reparto territorial" amistoso, han permitido que los destacamentos ideológicos y políticos del enemigo se internen en el campo revolucionario.

Por lo tanto es en la lucha ideológica, concebida en el marco de una guerra de clases, donde se necesita con mayor urgencia un brusco cambio. Y es en esta necesidad, que todos los sectores revolucionarios perciben claramente donde la unidad puede traducirse en hechos concretos.

Hay otros puntos específicos —en el campo agrario e industrial, como la liquidación del latifundio y de los monopolios— donde la unidad revolucionaria puede producirse sin problemas insuperables. Resulta factible concretar algunas metas para esta fase del proceso y bajo la dirección de un comando superior llevarlos a cabo. También, y como derivación natural de esa clase de acuerdos, sería posible orientar de manera unitaria las tareas de movilización y defensa popular del gobierno. Esto es, siempre que se entienda el carácter de lucha a muerte entre sistemas, entre explotados y explotadores, que reviste el proceso chileno.

La democracia más amplia y auténtica espera a nuestro pueblo si es capaz de derrotar ahora, definitivamente, a sus explotadores. La alternativa es sobrecogedora. Los reaccionarios criollos, respaldados por el imperialismo, se han echado a andar por el atajo del fascismo. Sus intenciones han quedado al descubierto y muchos que se resistían a creerlo ya no pueden negarse a la evidencia. Los reaccionarios no tratan, simplemente, de debilitar al gobierno del Presidente Allende para recuperar el mando en las elecciones presidenciales de 1976. La "leal oposición" a un gobierno que pretende, como el actual, iniciar la construcción del socialismo, fue rebasada por el odio de clase de los explotadores alentados por el imperialismo norteamericano.. Ellos no van a esperar el año 76. Saben que cada minuto que pasa es un minuto menos en la vida de su clase. Están actuando, pues, de modo de ir al derrocamiento del gobierno, para iniciar luego una sangrienta represión que les permita someter a los trabajadores a un régimen de explotación implacable.

En este sentido, las cartas están echadas. La actividad fascista la abrió su sector más belicoso, los terratenientes. En un mes dieron muerte a tres campesinos e hirieron a otros muchos, consiguiendo con su influencia en los Tribunales el encarcelamiento de numerosos trabajadores de la tierra. Convirtieron la Universidad de Chile, gracias al Rector Boeninger y su camarilla, en un laboratorio de ensayo de la violencia derechista. Tanteando hábilmente la capacidad de resistencia y ofensiva del gobierno, irrumpieron violentamente en el palacio de La Moneda, se apoderaron de la Escuela de Leyes y crearon conflictos en otras escuelas universitarias de Santiago y Valparaíso. Apedrearon al Presidente Allende y al Ministro del Interior, José Tohá, contra el que luego anunciaron una acusación constitucional. Pretendieron que por determinadas calles no podía circular Allende porque era una "provocación". Organizaron en el más puro estilo de la CIA, un desfile de mujeres aristocráticas con ollas vacías y banderas para dar la impresión que el hambre azota a Chile. La manifestación de las mujeres del Barrio Alto de Santiago, acompañadas por guardias blancas, se convirtió en un asalto a locales de partidos políticos de izquierda. Se quiso incendiar la casa del Ministro de Salud. Numerosas personas, entre ellas dirigentes de la Unidad Popular, fueron agredidos. Las calles de los barrios elegantes fueron tomadas por los "hijitos de papá", que esa noche y en las siguientes se entretuvieron haciendo fogatas, agrediendo obreros y disparando a diestra y siniestra. Se intentó un asalto a la reside n c i a del Presidente Allende. Se quiso incendiar el edificio en construcción donde funcionará la UNCTAD, etc.

Estos desmanes, que movieron al gobierno a decretar la Zona de Emergencia en la provincia de Santiago, designando como jefe al Comandante de la Guarnición Militar, fueron la culminación de una campaña previa de ablandamiento ejecutada con las técnicas de guerra psicológica que maneja la CIA. El proyecto del gobierno para estatizar la Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones, el monopolio que maneja el ex presidente Alessandri, fue enarbolado como un ataque a la "libertad de expresión". La SEP y los resortes ya conocidos en estos casos, ambientaron una campaña de increíble virulencia derechista, dentro y fuera del país.

En Washington, dos altos funcionarios de la Casa Blanca "confidenciaron" al "New York Times", que estaban contadas las horas del gobierno chileno. En resumen: el fascismo y el imperialismo confesaron sin rubores sus propósitos.

La respuesta de la izquierda también definió la situación. El Presidente Allende, hablando en el Estadio Nacional en el mitin de despedida a Fidel Castro, notificó que sólo acribillándolo a balazos los reaccionarios podrían impedir que llevara adelante el programa de la Unidad Popular. Al mismo tiempo formuló un llamado a todos los partidos, incluyendo a la izquierda revolucionaria no incorporada a la coalición de gobierno, para cerrar filas contra la amenaza fascista.

La frase del Presidente Allende, todos en Chile lo saben, no es formal. Es un hecho verdadero que él está dispuesto a entregar su vida y, como dijo, no dará un paso atrás en el programa. Los reaccionarios lo saben y por ello no se puede descartar un atentado contra la vida de Allende. Se requiere, pues, crear las condiciones de organización y conciencia que permitan a los trabajadores encarar la situación tal como está planteada. En términos de vida o muerte. O el enemigo o nosotros. Solamente una acerada unidad revolucionaria, una rápida elevación de la conciencia de las masas y una organización vertebrada que movilice en forma combativa al pueblo, permitirán disuadir al enemigo de usar la violencia o responder a ella con éxito si la desesperación lo arrastra a emplearla contra los trabajadores.

La suerte del proceso chileno hacia el socialismo merece todos los esfuerzos y todos los sacrificios de los revolucionarios. Avanzar hacia el socialismo o caer en las garras del fascismo, es la disyuntiva que se perfila con claridad. Se está a tiempo de superar la inercia y dejar atrás las debilidades que permitieron avanzar más de lo necesario al fascismo. La iniciativa debe volver a las masas. Hay que retomar la ofensiva y son los propios trabajadores los que deben asumir la responsabilidad de proteger y dirigir el proceso, organizada y responsablemente, a través de un comando único que trace una línea revolucionaria para derrotar a los enemigos que, dentro y fuera de Chile, conspiran contra su pueblo.

PF.


Fidel en Chile

En el homenaje al Che

“EL CHE: UN MODELO DE COMUNISTA PARA LOS PUEBLOS DEL MUNDO”

En el acto de homenaje al Comandante Ernesto Che Guevara, el 28 de noviembre, en la Comuna de San Miguel de Santiago, el Primer Ministro de Cuba, Fidel Castro, pronunció el siguiente discurso:

AUTORIDADES y vecinos del Departamento Pedro Aguirre Cerda y de las tres comunas, en especial de la Comuna de San Miguel:

Hace unos días, cuando estuvimos en la estatua de José Martí, dijimos que vendríamos días más tarde a visitar la estatua del Che y a reunimos con los vecinos de esta comuna.

En el día de hoy, ustedes nos han honrado con el título de Hijo Ilustre de esta Comuna. Cumplo con el deber de darles las gracias.

Mi tarea es expresar impresiones, recuerdos y rasgos de la personalidad y de la vida del Che. Cuando llegamos aquí y depositamos las flores junto al monumento, nos ocurría que por el ánimo pasaban muchas impresiones. En primer término, el recuerdo de quien fue compañero de luchas y hermano de nuestro pueblo y de nuestros combatientes. La impresión de ver convertido en bronce aquel hombre que un día tuvimos el privilegio de conocer, que un día tuvimos el privilegio de luchar junto a él, es realmente la primera vez en nuestra vida que veíamos el monumento de alguien que habíamos conocido en vida.

Por lo general, las estatuas creadas por los artistas en recuerdo de los hombres que se destacaron por sus proezas y sus hazañas en el campo de la lucha por la humanidad, simbolizan personas que han vivido hace mucho tiempo, cientos de años, a veces incluso miles de años. Es, posiblemente, muy especial la circunstancia de que se pueda observar la estatua de personas conocidas, porque por lo general la historia se encarga de erigir esos recuerdos en el devenir de los años. Pero, en este caso, la comuna proletaria y revolucionaria de San Miguel quiso erigir un monumento al Che, y al tercer año de su caída, en el mes de octubre da 1970, inauguraron este monumento.

Conocimos al Che en México en 1955. Argentino de nacimiento, latinoamericano de alma, de corazón. Venía de Guatemala.

Sobre el Che, como sobre todos los revolucionarios, por lo general se escriben muchas historias. Trataron de presentarlo como un personaje conspirador, subversivo, tenebroso, dedicado a tejer conspiraciones y revoluciones.

Che, joven, como tantos jóvenes estudiantes, graduado de la universidad de su país, como tantos graduados, en este caso como médico, con especial curiosidad e interés en las cosas del continente, con especial espíritu de estudio, de conocimientos, con especial vocación hacia el ámbito de todas nuestras patrias, inició un recorrido por distintos países, pero no tenía otra cosa que el título. A veces caminando, a veces en motocicleta, iba de país en país... Incluso, cuando estuvimos en Chuquicamata, nos señalaron el punto donde, en una ocasión, en aquella primera salida de su país, había parado un día. El no tenía dinero. No era un turista.

Visitaba los centros de trabajo, visitaba los hospitales, visitaba los lugares históricos. Cruzó la cordillera, tomó un barco o una balsa, llegó hasta un hospital de leprosos en el Amazonas, y allí trabajó un tiempo como médico. Siguió su peregrinar. Llegó a Guatemala, después de pasar —si mal no recuerdo— por el territorio de Brasil. Venezuela y Colombia. Y llegó a Guatemala cuando en ese país gobernaba un equipo progresista presidido por Jacobo Arbenz. Se estaba llevando a cabo una reforma agraria en aquel país, y allí por aquellos días habían llegado también algunos supervivientes del ataque al Cuartel Moncada, en 1953.

Y allí trabaron amistad con el Che. El Che desempeñaba algunas actividades —si mal no recuerdo— como médico en aquel país.

Interesado en el proceso, hombre estudioso, sediento de conocimientos, alma inquieta, vocación y espíritu revolucionario, inteligencia clara, se había leído naturalmente los libros y las teorías de Carlos Marx, de Engels y de Lenin. Y el Che, aunque no militaba en ningún partido, era ya en esa época un marxista de pensamiento.

Pero le correspondió vivir una amarga experiencia, y estando en aquel país se produce la intervención imperialista en Guatemala, la invasión, dirigida por la CIA de aquel país, es decir, la CIA dirigió la invasión de aquel país desde territorios vecinos, con armas, aviones y todo el equipamiento —algo parecido a lo que después trataron de hacer en Girón, pero en aquellas circunstancias, atacando a mansalva con aviones y avanzando, derrocaron al gobierno revolucionario.

Y los cubanos, junto con otros latinoamericanos que estaban allí, que estaban identificados con el gobierno, que realizaban trabajos sencillos, de orden práctico, ni siquiera trabajos de orden político, en aquella situación se vieron en la necesidad de salir del país. Entonces se trasladaron a México.

En 1955, los primeros combatientes recién salidos de las prisiones, se vieron en la necesidad también de marcharse de Cuba. Uno de los primeros compañeros que fue objeto de hostigamiento y persecución tenaz fue Raúl. Raúl se trasladó a México. Algunas semanas después llegamos nosotros.

Ya Raúl había trabado contacto con otros compañeros que no habían estado en las prisiones y también había trabado conocimiento con el Che. Y a los pocos días de llegar a México, en la calle El Param, si mal no recuerdo —el número ahora no lo puedo precisar— donde estaban parando algunos cubanos, nosotros nos encontramos con el Che.

El Che no era el Che; era Ernesto Guevara. Sólo que, como argentino, era una costumbre, y como los argentinos le llaman a los demás Che, los cubanos empezaron a llamarlo a él Che. Y así se le fue conociendo con ese nombre; nombre que después él hizo famoso; nombre que él hizo todo un símbolo.

Allí nos conocimos.

Y, según él mismo cuenta en uno de sus escritos, dice que inmediatamente se enroló en el movimiento de los cubanos, después de algunas horas de conversación.

En el estado de ánimo que él había salido de Guatemala, la amarguísima experiencia que había vivido, aquella cobarde agresión contra el país, aquel interrumpir del proceso que había despertado las experiencias de aquel pueblo; además, con aquella vocación revolucionaria, con aquel espíritu de lucha, no podría hablarse de horas, podría decirse que en cuestión de minutos el Che se reunió a aquel pequeño grupo de cubanos que trabajábamos organizando una nueva fase de la lucha en nuestro país.

Estuvimos algo más de un año en México, trabajando en condiciones difíciles, con recursos muy escasos. Pero, realmente, no viene al caso: fueron las incidencias naturales de esa lucha, como de toda lucha, hasta que al fin un día, el 25 de noviembre de 1956, salimos hacia Cuba.

Nuestro movimiento había lanzado una consigna frente a los escépticos, frente a los que dudaban la posibilidad de proseguir la lucha, frente a los que combatían nuestras tesis en aquella situación, que no tenía ninguna otra salida, y habíamos declarado que en 1956 seríamos libres o seríamos mártires. Aquella declaración tenía el propósito, sencillamente, de reafirmar ante la nación cubana nuestra disposición de lucha y nuestra seguridad de que no tardaría en reanudarse aquella lucha.

Cierto es que se discutió por muchas personas, no de nuestra organización, que comprendían perfectamente el sentido de aquella consigna, por qué nos habíamos comprometido a llegar a Cuba en un plazo prácticamente fijo. Y es que el estado de ánimo de muchas personas en nuestro país, resultado de las conversaciones, de los engaños de los políticos tradicionales, habían llegado a crear cierto escepticismo; y también que se hacían grandes esfuerzos por parte de los intereses creados en maniobrar políticamente, en llegar a acuerdos políticos con la tiranía batistiana y en ahogar la fe del pueblo en la lucha revolucionaria.

De manera que aquellas circunstancias nos obligaron a lanzar aquella consigna, bien o mal, no lo vamos a discutir ahora. Podrá ser materia de disquisiciones teóricas. Los hombres no siempre se guían estrictamente por un esquema, los hombres no hacen la historia a su capricho y a su gusto. Los hombres contribuyen al devenir histórico, pero el devenir histórico también hace a los hombres. De manera que, bien o mal, se lanzó la consigna y bien o mal, estábamos decididos a cumplirla.

Podían surgir circunstancias especiales, podían surgir circunstancias —como efectivamente surgieron—, y complicaciones muy serias, cuando estábamos próximos a partir, pero nosotros siempre habíamos mantenido bien guardadas un pequeño número de armas, y decíamos: si no podemos ir todos, unos cuantos de nosotros vamos a poder ir de todas maneras. Pero pudimos salir 82 combatientes en una pequeña embarcación llamada Granma, navegar 1.500 millas, y arribar a las costas de Cuba el 2 de diciembre de 1956. Precisamente, dentro de 2 ó 3 días, en nuestro país se conmemorará el 15? aniversario de ese desembarco, que marcó el surgimiento de nuestro pequeño ejército y que hoy conmemoran como su Día Nacional nuestras fuerzas armadas.

Y comenzó la lucha. No me propongo hacer una historia ni mucho menos. Quiero simple mente ubicarlos a ustedes en la circunstancia en que aquel contingente inició la lucha. ¿Y qué era el Che? El Che era el médico de nuestro contingente. No era el comisario, no tenía todavía jefatura de tropa. Era sencillamente el médico.

Pero un día, por sus características de seriedad, de inteligencia, de carácter, en una casa donde había un grupo de cubanos en México, se le había designado responsable. Y ocurrió un pequeño, desagradable, incidente. Algunos cubanos de los que estaban allí —era un grupo de 20 ó 30—, algunos (debían ser dos o tres, pero a veces bastan dos o tres para crear una situación desagradable) impugnaban la jefatura del Che, porque era argentino, porque no era cubano.

Nosotros, por cierto, criticamos aquella actitud, que desconocía el valor humano, aquella actitud ingrata hacia quien, a pesar de no haber nacido en aquella tierra, estaba dispuesto a derramar su sangre por ella, pero recuerdo que nos dolió mucho eso. Creo que a él también le dolió.

Era, por demás, un hombre ajeno a ambiciones de mando. No tenía la menor ambición, no tenía el menor personalismo. Era más bien un hombre que se inhibía si cualquiera lo impugnaba. Y cuando marchó a nuestro país, marchó —repito— de médico de nuestra tropa, en el Estado Mayor.

Lo interesante es cómo Che se hizo soldado, cómo se destacó, cuáles fueron sus características.

Breves referencias: el cinco de diciembre nuestro pequeño destacamento, por errores tácticos, fue atacado por sorpresa y totalmente dispersado. Un pequeño número de hombres volvió a reunirse, después de vencer grandes dificultades y en medio del cerco y de una persecución muy dura. Eran tres grupos: un grupo con Raúl, otro grupo donde estaba el Che, que todavía no era responsable —y estaba en ese grupo el compañero Almeida—, y otro grupo conmigo. Algunos días después reanudamos la lucha.

En nuestro primer combate, que ocurrió el 17 de enero de 1957, contamos en ese instante del primero con 17 hombres. Inicialmente de todas las armas que traíamos solamente habíamos podido reunir siete. Aquel fue, pudiéramos decir, el bautismo de fuego del che y de muchos de nuestros compañeros. Había ocurrido el 5 de diciembre. El primer pequeño combate victorioso, el 17 de enero.

Ya en el segundo combate ocurrió el primer hecho en que el Che se destaca, en que el Che empezó a demostrar que es el Che.

En un encuentro con fuerzas que nos perseguían, él realiza una hazaña personal. En un combate individual prácticamente, con un soldado adversario, en medio del combate general, lo vence, se arrastra bajo las balas y le ocupa el arma.

Por iniciativa propia lleva a cabo aquel gesto valeroso, destacado, especial, que le gana las simpatías de todos. Apenas 6 ó 7 días después, como consecuencia de una traición, a fines de enero de ese mismo año, nuestro pequeño contingente, que ascendía a unos 30 hombres, pero de los cuales 5 ó 6 campesinos habían pedido permiso para visitar la familia —la disciplina todavía no estaba muy sólida en ese pequeño destacamento—, quedaron allí sus armas en ese pequeño destacamento, y un día al amanecer una escuadrilla de cazas y bombarderos ataca el punto exacto donde estaba el pequeño destacamento, en un bombardeo bastante serio, al menos para nuestra apreciación en aquella época. Ya habíamos tenido algunas experiencias anteriores, pero esa vez fue una experiencia más seria.

Lo refiero, porque en el momento en que los combatientes trataban de apartarse del sitio donde estaban concentrando el fuego, íbamos subiendo por una ladera, en ese momento nos recordamos de las armas de los 5 ó 6 campesinos que estaban de visita a sus casas. Hacía falta recoger aquellas armas, y yo pedí voluntarios, e inmediatamente el primero que dice, sin pensarlo, sin vacilar un instante: "Yo voy". Y rápidamente se acercó al punto donde se estaba produciendo el bombardeo, con otro compañero; recoge las armas, las guarda en lugar seguro, y después se une al resto de las fuerzas.

Se vivieron distintos episodios. Todavía el Che seguía siendo médico, no mandaba ninguna tropa. Pero ya en el mes de mayo de ese mismo año, el 28 de mayo, se había producido una circunstancia en nuestro país: ya nuestra columna se componía de unos 100 hombres, si mal no recuerdo, y un grupo de revolucionarios cubanos había desembarcado por el norte de la provincia. Nosotros, que recordábamos nuestra experiencia de desembarco y los momentos difíciles por los que hacíamos atravesado, quisimos apoyar aquel grupo con alguna acción, y en consecuencia, nos dirigimos hacia la costa, donde una compañía de infantería tenía sus posiciones con casamatas y trincheras. Al amanecer se organizó el ataque, bastante rápidamente, con la información que se disponía. Y cuando al amanecer se iba a iniciar el combate, resultó una situación complicada, porque la información no era muy precisa: las posiciones no estaban en los lugares exactamente que se pensaba, y el cuadro era complicado. Sin embargo, era imposible dejar de llevarlo a cabo.

Rodeando, en un perímetro de un kilómetro y medio por lo menos, estaban distintas pequeñas unidades, pelotones y escuadras. No se podían ni retirar. Había sencillamente que atacar.

Ya el Che —en ese momento estaba en el Estado Mayor con nosotros—, ya tenía algunas responsabilidades, pero había que hacer 2 ó 3 acciones. Fue necesario pedirle a un pelotón, donde estaba el compañero Almeida, que avanzara de frente rápidamente y se acercara lo más posible a determinadas posiciones, en un avance bastante arriesgado que costó un número de bajas. Pero hacia el oeste había también que realizar un movimiento, y mientras analizábamos qué hacer y analizábamos la necesidad de organizar aquel movimiento, en seguida el Che se ofrece que le den un grupo de hombres, un fusil automático, y él marcha allí. En aquella situación, se le dio el grupo de hombres, el fusil automático, prácticamente del Estado Mayor, y avanzó rápidamente hacia aquella posición.

Fue la tercera vez en que cuando hace falta un voluntario se presenta inmediatamente, cuando hay una situación difícil actúa inmediatamente. Y en aquella ocasión lo hizo así.

Después de aquel combate, que fue duro, puesto que prácticamente el 30% de las fuerzas que participaron por ambas partes fueron heridas o muertas, como consecuencia de ello, al ocupar el campamento después de 3 horas de lucha, en aquel tipo de combate que realmente lo inspiró el deseo de ayudar a los que habían desembarcado por el norte —que, por cierto, a pesar de nuestros esfuerzos, fueron cercados, capturados y asesinados todos—, pero como consecuencia de aquel combate, después de 3 horas que se ocupó el campamento, había un buen número de heridos, heridos nuestros y heridos adversarios. El Che era el médico que atendía rápidamente a los soldados nuestros heridos y a los soldados enemigos heridos. Esa fue siempre una práctica, una norma, en toda nuestra lucha.

Después, lógicamente, de aquella ocasión se inicia un movimiento convergente de fuerzas, una gran persecución, y había que salvar el problema de numerosos heridos nuestros. Porque después de atender los heridos, los dejábamos en la posición para que al retirarnos los recogieran sus propias fuerzas. Entonces, el Che, como médico, se queda con los heridos de aquel combate, cuidándolos, en una situación difícil, con numerosas fuerzas en la región que trataban de copar nuestra columna.

La columna marchó por lugares abruptos y difíciles, eludió el cerco, pero el Che quedó en la retaguardia con los heridos y unos muy pocos hombres. Estuvo con ellos varias semanas, hasta que un tiempo después, con los heridos ya sanos, el pequeño grupo de hombres se une a la columna principal que había cruzado por el número de armas ocupadas en aquel combate.

Entonces, cuando por primera vez se organiza una nueva columna, a la segunda columna, se le da el mando de aquella columna al Che, y se le hizo Comandante. De manera que el Che fue el segundo Comandante de nuestras fuerzas. Y ya empezó a operar en una zona determinada con su pequeña nueva columna, en posiciones no muy distantes de donde estaba la columna 1.

Fue así como el Che se hizo soldado y fue nombrado Comandante de una pequeña columna. Y ya ulteriormente, desde luego, siempre ese mismo carácter, siempre esa misma actitud. De manera que puede decirse que había que cuidarlo.

¿Qué significaba cuidarlo? Su agresividad, su audacia lo hacía concebir operaciones atrevidas. Y cuando se entablaba un combate en esa fase ulterior, que duró varios meses en que todavía no había suficiente desarrollo ni una fuerza ni una experiencia, con su pequeña tropa en la zona donde operaba, mostraba su carácter tenaz y porfiado. Podemos decir su carácter tenaz y atrevido como soldado. En ocasiones se empecinaba en disputarle una posición a la fuerza adversaria. Y allí se empecinaba y luchaba y estaba horas, e incluso estaba días. Digamos que contravenía en cierto sentido las formas, digamos, ideales, las formas más profundas de lucha, arriesgando su vida en operaciones que obedecían a ese carácter suyo, a esa tenacidad, a ese espíritu de él. Y esa resistencia a entregar una posición, aunque su tropita fuera pequeña y las fuerzas que avanzaban contra esa posición fueran numerosas e incluso no tuviera especial sentido defenderla. Pero era su carácter, era su tesón, era su espíritu combativo.

Pero, lógicamente, por eso había que trazarle ciertas normas y ciertas pautas.

Ahora, ¿qué era lo que admiraba, qué era lo que a nosotros nos conmovía, qué es lo que da precisamente una de las notas más características del alma y el espíritu del che? Su moral, su altruismo, su absoluto desinterés. Se había encontrado con un grupo de cubanos, se percibió de aquella causa y desde el primer momento demostró un desinterés y un desprendimiento tan grande, desde el primer momento demostró una disposición tan absoluta a morir, sin importarle que fuera el primer combate o el segundo o el tercero, que ahí teníamos al hombre nacido a tantos miles de kilómetros de distancia de nuestra patria, al hombre a quien incluso un día algunos cubanos lo miraron con disgusto, porque los estaba mandando y no había nacido allí. Y por aquel país y por aquella causa, en cualquier instante era el primero en ofrecerse para el riesgo, el primero en ofrecerse para el peligro.

No era un hombre que estuviera ambicionando nada, no podía ambicionar nada. Cumplir, cumplir con rigor el deber; la respuesta rápida, el ejemplo rápido, sin vacilación alguna, de lo que él concebía que debía ser un combatiente revolucionario.

¡Qué lejos podían haber estado de la mente del Che, aquellos primeros días, pensar que en un momento determinado aquí, en esta comuna, habría un acto como hoy y visitaríamos un monumento suyo! Che no luchó por honores, Che no luchó por bienes materiales, Che no luchó por ambiciones, Che no luchó jamás por gloria. El hombre que desde el primer instante, desde el primer combate está dispuesto a dar su vida, incluso pudo haber muerto como un combatiente más... Si hubiese muerto en el primer combate, habría dejado el recuerdo de su persona, de su gesto, de las características que le conocíamos, y nada más. Lo mismo si hubiese muerto en el segundo, en el tercero, en el cuarto, en el quinto combate. Es que él pudo morir en cualesquiera de esas acciones, y muchos, hombres cayeron en esas acciones.

De manera que en su mente no pasaba sino la idea del deber, la idea del sacrificio, la pureza más absoluta, el desinterés más completo.

Y puede decirse que el Che sobrevivió a las luchas de la Sierra Maestra, porque se siguió un principio: cuando los hombres se iban destacando como jefes, se seguía la línea de no exponerlos en combate de menor importancia, se seguía la línea de preservarlos para operaciones de más importancia.

Y así un día, después de la última ofensiva lanzada contra nosotros, en mayo de 1958, que comenzó prácticamente a fines de ese mes, cuando unos 10 mil hombres avanzaron contra nuestras fuerzas, que en aquellas circunstancias pudimos reunir todo lo más 300 combatientes, entre ellos estaba la columna del Che y otras fuerzas que habíamos podido reunir, después de una lucha que duró 70 días consecutivos, en que al fin ya nuestros combatientes, bastante aguerridos, bastante experimentados, a pesar de la desventaja de armamentos y de hombres, pudieron destruir la ofensiva, capturar numerosas armas y organizar diversas columnas. Cuando comenzaron los combates teníamos 300 hombres; cuando terminaron teníamos 805 hombres armados.

Y fue en esas circunstancias en que se organizaron dos columnas: una al mando de Camilo, y otra al mando del Che, equipadas con las mejores armas que podíamos disponer, y que realizaron lo que verdaderamente se puede considerar una proeza: partiendo de la Sierra Maestra, avanzaron hacia el oeste, hacia la provincia de Las Villas, a través de unos 500 kilómetros de territorio llano y muchas veces despoblados. Y las dos columnas, de Camilo y del Che, que salieron de la Sierra Maestra en el mes de septiembre aproximadamente, avanzaron en muchas ocasiones combatiendo y tenazmente perseguidas en terrenos desfavorables, y cumplieron las misiones de llegar hasta el centro de la Isla.

Y cuando ya a finales de diciembre nuestras fuerzas tenían virtualmente dominada la provincia de Oriente, cortada en dos partes la Isla por la provincia de Santa Clara, el Che llevó a cabo una de sus últimas proezas en nuestro país, y avanzó sobre la ciudad de Santa Clara con 300 combatientes, se enfrentó a un tren blindado que estaba en las afueras de la ciudad, interceptó la vía entre el tren y la sede de la fuerza principal, descarrilaron el tren, coparon el tren, lo rindieron y le ocuparon todas las armas. Es decir, inició el ataque a la ciudad de Santa Clara con 300 hombres.

Cuando el día primero de enero se produce la crisis definitiva del régimen batistiano y hubo un intento de escamotear la Revolución Cubana, se le dio órdenes a la Columna de Camilo y del Che de avanzar rápidamente hacia La Habana. Y cumplieron sus misiones. El día dos de enero ambas columnas estaban ya en la capital de la República. Ese día se había consolidado la victoria y comenzaba un largo camino.

Cambió la vida de todos: numerosas tareas surgieron por delante, y muchos combatientes comenzaron a asumir funciones de tipo administrativo. Che, al cabo de unos meses, fue designado Ministro de Industrias y comenzó a realizar un trabajo que luego ocupó durante años.

Hemos hablado del Che como combatiente. Pero al Che lo acompañaban singulares cualidades en muchas ocasiones: era, en primer lugar, un hombre de extraordinaria cultura, una de las inteligencias más agudas que hayamos conocido; uno de los espíritus más amplios, uno de los caracteres más revolucionarios. Su alma se extendía al mundo. Su preocupación por los demás pueblos, su preocupación por el movimiento en Asia, en África... por aquellos tiempos los argelinos luchaban por su independencia, por aquellos tiempos en otros continentes los países subdesarrollados o los países del mundo pobre y subdesarrollado realizaban distintos movimientos.

El vio con toda claridad la conveniencia de establecer contacto con esos mundos. Visitó numerosos países en distintas misiones, buscando el acercamiento, buscando el intercambio comercial y trabajando arduamente para sobrepasar las consecuencias del bloqueo económico impuesto a nuestro país.

Cuando se produce la agresión de Girón, Che estaba al mando de las fuerzas de la provincia de Pinar del Río. Al producirse el ataque por Girón, al sur y centro de la Isla, en los primeros instantes no se sabía cuál sería la dirección principal del ataque. Por lo general, los distintos jefes más experimentados asumían el mando de determinadas regiones militares. Y aunque él desempeñaba el cargo de Ministro de Industrias, inmediatamente que se produce la movilización y el ataque, se le envía a la provincia de Pinar del Río.

De la misma manera, cuando la crisis de octubre, en 1962 momento de gravísimos peligros, de nuevo el Che asume el mando de esa región militar.

De manera que muchas veces, en diversas circunstancias, nos vimos obligados a enfrentar algunos peligros graves. Y él seguía siendo combatiente, él asumía sus funciones, seguía estudiando asiduamente la ciencia militar. Era un hombre sumamente estudioso, que en las horas libres que le podía dejar el intenso trabajo, sacrificando el sueño y el descanso, estudiaba. Porque, no sólo trabajaba innumerables horas en el Ministerio de Industrias, sino que recibía a visitantes, escribía narraciones de la guerra, escribía experiencias de los países donde viajaba para cumplir alguna misión. Relataba en un estilo interesante, sencillo, claro, sus experiencias. Muchos de los episodios de la guerra cubana se conservan gracias al Che, gracias a ese interés que tenía él en que nuestro pueblo recogiera aquellas experiencias escritas por sus hijos en determinado momento de su vida.

Che fue el creador del trabajo voluntario en Cuba. Che era un hombre que mantenía estrechos contactos con los centros de trabajo del Ministerio, los visitaba, conversaba con los obreros, analizaba los problemas. Y Che todos los domingos marchaba a algún centro de trabajo. A veces iba a los muelles a cargar sacos con los estibadores. A veces marchaba a las minas con los mineros a trabajar como minero. A veces iba a los cañaverales a cortar caña; otras se reunía con los obreros de la construcción. No reservaba jamás un domingo para sí.

Mas, todo esto y sus hazañas anteriores hay que verlas dentro del marco de la situación de su propia salud, puesto que padecía de ciertos problemas alérgicos que le producían estados asmáticos agudos. Y aún, en esas condiciones, libra toda la campaña. En esas condiciones trabaja día y noche; en esas condiciones escribe, en esas condiciones recorre el país, recorre el mundo; en esas condiciones baja a las minas, va a los campos, marcha a todos los lugares sin permitirse nunca un minuto de descanso. Cuando no trabajaba en sus funciones de Ministro, estudiaba en horas quitadas al sueño, o marchaba a realizar los trabajos voluntarios.

Che era un hombre de infinita confianza y fe en el hombre, era un ejemplo. Su estilo era el ejemplo, dar el ejemplo. Hombre de gran espíritu de sacrificio, un verdadero carácter espartano, capaz de privarse de cualquier cosa, seguía la política de dar el ejemplo. Podemos decir que su vida fue un ejemplo en todos los órdenes. Hombre de una integridad moral absoluta, de una firmeza de principios inquebrantable y un revolucionario integral que miraba hacia el mañana, hacia el hombre del mañana, que miraba hacia la humanidad del futuro, y que por encima de todo resaltaba los valores humanos, los valores morales del hombre, que por encima de todo practicaba el desinterés, el renunciamiento, la abnegación.

Ninguna de las palabras que aquí se digan implican la menor exageración, implican la menor apología. Expresan sencillamente cómo era el hombre que nosotros conocimos.

Aquí está su monumento, aquí está su figura tal como la vio el artista. Pero es imposible que los monumentos puedan dar idea integral del hombre.

Del Che quedaron sus escritos, sus narraciones, sus discursos. Del Che queda el recuerdo de los que lo conocieron. Y nosotros hemos visto con cuánto orgullo muchas de nuestras fábricas los trabajadores de muchas de nuestras fábricas recuerdan el día que el Che los visitó, el lugar donde el che realizó un trabajo voluntario. No hace muchos días, en una gran industria textil que nosotros estábamos visitando, cuyas máquinas se están renovando, íbamos en compañía de un ilustre visitante extranjero, y los obreros nos llevaron al taller donde conservaban como una reliquia los telares donde el Che realizó trabajos voluntarios. Las minas que el Che visitó, los lugares donde discutió con los obreros y trabajó, son otros tantos monumentos a su memoria que nuestros obreros conservan con extraordinario cariño.

Pero Che no vivió para la historia, es decir, no vivió por los honores, por las glorias. Como todo verdadero revolucionario, como todo profundo revolucionario, conocía aquello que dijo aquel hombre extraordinario, aquel gran patriota que también ustedes han nombrado aquí, José Martí, cuando dijo que toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz.

Los revolucionarios no luchan por honores ni por glorias, ni para ocupar lugares en la historia. Che ocupó, ocupa y ocupará un gran lugar en la historia, porque no le importaba eso, porque estuvo dispuesto a morir desde el primer combate, porque tuvo siempre un absoluto desinterés. Y de tal manera convirtió su vida en una epopeya, de tal manera convirtió su vida en un ejemplo, que nosotros decimos a nuestro pueblo, y lo dijimos y es un pensamiento, es una divisa: si queremos expresar cómo queremos que sean nuestros hijos, queremos que sean como el Che. Y no hay familia cubana, no hay padre cubano, no hay niño cubano que no tenga el Che como modelo de su vida. Y nosotros, que lo conocimos, nosotros que tuvimos ese inmenso privilegio, podemos decir que si en el mundo de hoy se busca un ejemplo, en este mundo contemporáneo, en este mundo nuevo, en este mundo que escribe su actual historia, historia nueva de la humanidad, en este mundo que busca construir una sociedad humana, una comunidad humana superior que enfrenta complejísimos problemas, arduas y duras luchas, cuando se piensa en las condiciones que se requiere para eso, es por ello que nuestro pueblo, nuestro país ha tomado para ese mundo ese modelo, ha tomado para sus niños ese modelo. Y creemos que constituye un extraordinario valor.

Y qué formidable cosa sería si lográramos traducir esa realidad en las generaciones futuras y en el futuro tengamos generaciones como el Che.

De generaciones de hombre como el Che se harán las sociedades futuras, de generaciones de hombre como el Che surgirá la sociedad superior, surgirá el comunismo. (Aplausos).

Nos dejó ese ejemplo. Y nos dejó como último fruto de su inteligencia clara, de su carácter espartano, de su corazón de acero, pero de acero para el sacrificio, de acero para el sufrimiento, pero en cambio, alma noble, alma sencilla, alma generosa para darse a una causa, para luchar por los demás, para sacrificarse por los demás, de su inteligencia, de su corazón, de su mano serena, nos dejó por último su Diario, donde narró la epopeya de los últimos días de su vida, y que con ese estilo conciso, escueto, lacónico, reflejando el final de su vida, escribe una verdadera literatura épica de extraordinario valor en todos los sentidos: su Diario.

Y es por eso que la juventud del mundo ve en el Che todo un símbolo. Y como él sintió la causa de los argelinos, y como él sintió la causa de los vietnamitas, y como él sintió la causa de los latinoamericanos, el nombre y la figura del Che es visto con inmenso respeto, admiración y cariño en todos los continentes. El nombre y la figura del Che flamea incluso allí en el seno de la propia sociedad americana. Luchadores por los derechos civiles, luchadores contra la guerra de agresión, luchadores por la paz, los hombres progresistas, los ciudadanos que luchan por cualquier causa, aun en el seno de Estados Unidos, enarbolan la figura y la bandera del Che. Y por eso su figura se agigantó y es lo que es. Pero no lo creó la imaginación de nadie, no lo creó la fantasía de nadie, no lo creó el interés de nadie.

Nunca se levantó una bandera sobre pedestal más sólido, nunca se levantó un ejemplo sobre material más firme.

Al Che, a su figura, a ese símbolo lo creó él mismo, lo creó él en su breve pero intensa vida, en breve pero creadora vida. No pretendió eso, no buscó eso. Pero como resultado de su vida, de su desinterés, de su nobleza, de su altruismo y de su heroísmo, se convirtió en lo que es hoy, se convirtió en una bandera, se convirtió en un modelo, se convirtió en un batallador, se convirtió en un guía, se convirtió en un monumento de la nobleza y del espíritu de justicia, y que se puede resumir en dos palabras: en el modelo de revolucionario, en el modelo de combatiente y de comunista para los pueblos del mundo. (Aplausos).

Muchas gracias.


Fidel en Chile

A los expertos de la CEPAL

EL IMPERIALISMO DEVASTÓ LA ECONOMÍA DE NUESTROS PUEBLOS

Discurso pronunciado por el Comandante Fidel Castro Ruz, Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba y Primer Ministro del Gobierno Revolucionario en la CEPAL, Santiago de Chile, noviembre 29 de 1971.

DOCTOR RAÚL PREBISH;
Doctor Carlos Quintana;
dirigentes y trabajadores de la CEPAL;
representantes de los organismos de las Naciones Unidas:

Cuando el doctor Quintana nos daba la bienvenida y nos decía que se alegraba mucho de tenernos aquí —eso fue cuando pasábamos por el vestíbulo—, le decía: pero realmente para mí implica un serio compromiso. Porque en medio de la vorágine que he vivido en estos días, yo no he tenido ni un minuto para preparar y organizar de alguna manera las ideas y los argumentos para exponerlos aquí, o, en dos palabras, para darle alguna profundidad a los planteamientos que pudieran hacerse en esta institución.

De todas formas, comprendo perfectamente bien, en primer lugar, el gesto, la amabilidad de invitarnos y, en cierto sentido, del simbolismo de nuestra reunión, precisamente por tratarse del representante en este momento de un país que ha vivido circunstancias especiales, que ha vivido algunas experiencias, que ha tratado de resolver sus problemas, y que ha tenido que tratar de resolverlos también en circunstancias especiales.

Y por tratarse en este caso de una institución que fue amistosa hacia nosotros, que en la época de las grandes restricciones, en la época de las grandes proscripciones, en la época en que se utilizaban todos los medios e influencia de la más poderosa potencia económica, política y militar del mundo, en esta institución se mantenían cordiales relaciones con nuestro país, y sus dirigentes tuvieron numerosos gestos amistosos.

Conocemos, además, las tradiciones, las ideas y las tesis sostenidas en momentos en que incluso tales ideas y tales tesis estaban todavía muy poco en boga; la defensa de determinados criterios que en los instantes en que se planteaban eran incluso tomados por criterios extremistas. Me imagino que más de una vez tomaron por extremista a la CEPAL, y de milagro no la acusaron de comunista, sobre todo si tenemos en cuenta que incluso las cuestiones relacionadas con la reforma agraria, y otros cambios de estructura por el estilo, eran considerados cambios de carácter extremista.

Nosotros hemos recordado que, por ejemplo, en los Estados Unidos mencionar la palabra reforma agraria era prácticamente un sacrilegio. Espero que ustedes me entiendan cuando yo me veo en la necesidad de utilizar algunos términos cristianos; y tendrán en cuenta, además, que recientemente recibí el obsequio de una Biblia, que me puede haber permitido rememorar algunos estudios de la infancia.

Recuerdo perfectamente bien que cuando en nuestro país se preparó o se habló de re forma agraria y se decidió hacer una reforma agraria, una reforma agraria benigna, porque cuando ustedes lean nuestra ley de reforma agraria descubrirán que no tiene nada de exagerada; incluso nuestra reforma agraria establecía un límite máximo de 30 caballerías, que traducido a hectáreas equivale a 30 por 13.34, el equivalente, podríamos decir unas 400 hectáreas, con límites superiores hasta de 100 caballerías, esto es: algo más de mil hectáreas para los casos de unidades altamente tecnificadas.

Después se hicieron proyectos de reforma agraria que establecían límites muy por debajo de esos. Sin embargo, en nuestro país ocurrió la circunstancia de que determinados hombres norteamericanos poseían 10 mil caballerías, algunos hasta 15 mil, de las mejores tierras; algunas de esas empresas norteamericanas tenían mucha influencia en Estados Unidos. Y cuando en nuestro país no se había hablado de socialismo ni de comunismo, cuando en nuestro país apenas se habían hecho algunas leyes que hoy podrían ser calificadas de leyes reformistas, se decidió ...

Y eso nosotros lo sabemos, está históricamente comprobado porque, como ustedes saben, en el gobierno de Estados Unidos por tradición, por ciertas añejas instituciones, las sinvergüencerías se publican cada 15, cada 10, cada 20 o cada 5 años, o en cualquier momento, según el caso. Y ahí tenemos la reciente publicación, por ejemplo, de los documentos del Pentágono, que rebasaron la institucionalidad. Algunas se dice que se publicarán dentro de 100 años. Tal es el caso del sumario de la muerte de Kennedy. De manera que nadie sabe de qué cosa nos enteraremos dentro de 100 años.

Pero hemos sabido que desde que se acordó la ley de reforma agraria cubana, se comenzó a organizar la expedición de Playa Girón.

Todos sabemos —aun los más apolíticos— que cuando se hizo la ley de reforma agraria en Guatemala, se organizó de inmediato el derrocamiento de aquel gobierno.

En ambos países, United Fruit Company —ustedes me dirán si lo he pronunciado más o menos bien (risas)—, tenía poderosísimos intereses. De manera que ahí comenzó la historia de las agresiones, del bloqueo, de las proscripciones y de todos los medios de destruirnos. ¡Y comenzó por esa benigna reforma agraria!

Luego, la filosofía que precedió a la Revolución Cubana era una filosofía ciento por ciento retrógrada, reaccionaria, en los círculos políticos que prácticamente dominaban es te continente y una gran parte del mundo.

Con la Revolución Cubana tales círculos se decidieron a hacer algunas concesiones que tenían no un carácter progresista; mucho menos podían tener un carácter revolucionario. Tenían un carácter antiprogresista, tenían un carácter contrarrevolucionario, puesto que tenían por objetivo justificar las agresiones contra Cuba, paralizar las posibles influencias de la Revolución Cubana y, sobre todo, de ser posible, aplicar algunos "remedios de mercuro cromo" al cáncer económico y social de nuestros pueblos. Ganar un poco de tiempo y ver qué pasaba después.

Todo eso inspiró determinadas teorías, y sobre todo, más que teorías, determinadas acciones de carácter económico que en el fondo pretendían mantener. los intereses prevalecientes, frenar de ser posible la revolución, y a la vez mantener el sistema —sobre todo el sistema de penetración económica, de control de nuestros recursos— y mantener el statu quo político.

Y lo decimos con toda franqueza, con toda franqueza y con todo respeto: tales statu quo no pueden mantenerse.

Nosotros hemos escuchado las palabras del doctor Quintana, palabras amables, palabras respetuosas, palabras cuidadosas en que señala distintos puntos. Nosotros vamos a basarnos fundamentalmente en esas palabras para exponer con la brevedad de que disponemos, y en contradicción tal vez con la necesidad de debatir algo más largamente estas ideas, algunos puntos de vista.

Cierto que hay tendencias integracionistas entre las grandes comunidades económicas dentro de lo posible. Hemos tenido el caso de Europa. Hemos tenido los intercambios de Europa y Estados Unidos. Hemos tenido incluso la penetración de Estados Unido en Europa y también la tendencia de Estados Unidos de integrar a Europa dentro de la economía de Estados Unidos, para lo cual se valió, como es de todos conocido, de los cheques en falso que constituyen los 50 mil millones de dólares regados por el mundo que hoy no son convertibles a oro.

Incluso entre el campo socialista y el campo occidental se producen determinadas tendencias integracionistas de tipo económico, derivado de los tremendos problemas actuales de carácter técnico y los enormes costos a la solución de determinados problemas, e incluso determinado por la racionalidad en el empleo de ciertos recursos. Por ejemplo, se construyen gasoductos que, partiendo de la URSS, atraviesan los países socialistas de Europa Oriental y llegan hasta Alemania Occidental, Francia, Italia. Se construyen además oleoductos. La URSS es un país que cuenta con enormes reservas de tales elementos energéticos. Se realizan y avanzan ciertas integraciones en la producción de energía eléctrica.

Todos sabemos el famoso problema del pico eléctrico, y nosotros lo sabemos más que nadie, porque lo vemos casi todos los días y se traduce sencillamente en los apagones, no obstante que nuestro país ha triplicado virtualmente en 10 años las capacidades instaladas. Esto, desde luego, unido a un mal mantenimiento, que decimos con toda franqueza que no nos ha permitido utilizar en el porcentaje máximo esas capacidades instaladas, pero que tales problemas de mantenimiento no constituyen ni mucho menos el problema fundamental, sino que ha crecido extraordinariamente el consumo eléctrico.

Cometimos algunos errores inconscientes, tal como fue la adquisición de decenas de miles de cocinas eléctricas. Un invento muy cómodo, pero muy caro. Y en un país donde se produjo el empleo pleno y abundante cantidad de circulante, una cocina eléctrica con una electricidad barata, rebajada por la Revolución, pero con una escala que se rebajó tal como estaba, y la cual escala, era una escala para estimular el gasto de energía y que cobraba muy caros los primeros kilowatts y muy baratos los últimos. De manera que si valían 10 centavos de dólar los primeros 50 kilowatts y, cuando pasaban por ejemplo de unos cientos valían cuatro centavos en nuestra ley primaria de carácter revolucionario a nuestro juicio, puesto que golpeaba cuestiones que eran muy sentidas por el pueblo, simple y llanamente, como malos legisladores y peores economistas, rebajamos tales tarifas. Y entonces, los primeros a cinco centavos y los otros a dos.

Entonces, encima de eso, en comercio exterior su trabajito ajeno por completo a estas realidades; la importación de grandes cantidades, como repito, de cocinas eléctricas, enormes gastos de electricidad, aumento del servicio a numerosas áreas en la ciudad y en el campo, aumento de escuelas, de hospitales, de instituciones sociales, más el derecho consustancial de todo cambio revolucionario en condiciones de subdesarrollo y despojo de inteligencias, dieron como resultado nuestros picos eléctricos.

Perdóneme esta explicación sobre nuestros problemas eléctricos, simplemente para que se comprenda que todo país necesita disponer de capacidades para determinadas horas del día o de la noche. Que algunos países han acudido a sus recursos hidroeléctricos que le permitan producir una energía barata y sin gasto de petróleo o de carbón. Pero que nuestro país no tiene ni carbón, ni energía eléctrica, ni petróleo, tres grandes inconvenientes de orden natural.

El petróleo tratamos de encontrarlo y vamos encontrando algo, pero todavía no hemos encontrado ningún mar de petróleo, lo cual habría sido bueno, sobre todo en una economía socialista, y tal vez sea una gran desgracia en una economía monopolista, imperialista o feudal. A veces estos recursos sirven para ayudar a las naciones, y otras veces sirven para corromperlas hasta la médula de los huesos.

Sin embargo, en Europa ocurre lo siguiente: cuando en Moscú son las 12, en las proximidades de Varsovia pueden ser las 11; o, si van más lejos, cuando en los Urales son las 12, en Moscú es otra hora, en Varsovia es otra hora; cuando llegan a Alemania ya estarán posiblemente en las 9 de la noche, cuando llegan a París están en las 8, y así por el estilo. Interconectando sus sistemas eléctricos van, pasando el pico eléctrico y van pasando las capacidades eléctricas.

Imagínense que inmensos ahorros y que privilegios tecnológicos y qué ventajas de las naciones industrializadas integradas, para dar una idea.

Pero hay algo más sobre esta cuestión de la integración: los países antiguamente desarrollados: ejemplo, Inglaterra, otrora cuna de la revolución industrial, inventora de las tecnologías de producción de acero, descubridora de los grandes valores del carbón, constructora de máquinas textiles muy modernas, de barcos, de ferrocarriles, de industrias químicas, otrora el poderoso y orgulloso imperio, hoy si se queda sola se subdesarrolla. Y virtualmente Inglaterra ha ido subdesarrollándose relativamente. ¡La cuna de la revolución industrial!

Valdría la pena meditar eso nosotros, que soñamos con el desarrollo como tales micro-naciones —con perdón de los nacionalistas estrechos.

Y busca desesperadamente la unión económica con Europa, desesperadamente, con bastante disgusto de algunos clientes del Tercer Mundo, ¿verdad? Y Europa, la Europa de las guerras feroces, la Europa que durante los últimos cinco siglos ha estado matándose sistemáticamente, la Europa que guerrea desde los tiempos de Julio César, que habla distintos idiomas, algunos muy latínicos y muy dulces, y otros muy guturales y muy ásperos, buscan desesperadamente la unión económica y buscarán inexorablemente la unión política, porque de hecho tales uniones económicas son la base de las futuras uniones políticas. Y a ello trata de unirse Inglaterra sin que nadie pueda asegurar que a pesar de tales uniones no tengan que padecer en el futuro ciertos subdesarrollos relativos; porque otras comunidades, con más recursos todavía, con más impulso, en el campo tecnológico avanzan.

Son conocidos los problemas derivados de la industria química moderna, son conocidos los problemas derivados de la electrónica y de la cibernética. Algunos incluso trataron de hacer caudal político hablando de estas cosas. Se conoció un librito que se hizo famoso porque traía algunos datos que al parecer entusiasmaron demasiado a su autor, en que hablaba de que forma la industria electrónica y la cibernética en Europa dependía de las patentes y de las grandes máquinas norteamericanas que si querían podían paralizar las economías de esos países porque tales máquinas incluso no se vendían, se alquilaban con sus tecnologías. Se hablaba de la capacidad de empresa, de dirección de empresas, de la ciencia de dirección norteamericana que les permitía controlar la economía no sólo con cheques falsos sino también movilizando los recursos de los países de Europa. Y Europa no podía defenderse de la penetración norteamericana.

Estos hechos clarísimos nos ponen ante la realidad de un futuro casi inmediato, un futuro real ya desde ahora: las grandes comunidades humanas con poderosos recursos técnicos y económicos, con sus enormes avances, con sus enormes ventajas.

Tenemos, dentro del campo socialista, la comunidad económica de la URSS y los países de Europa Oriental. Tenemos la gran comunidad económica o la gran comunidad humana de China, ahora ingresada en las Naciones Unidas, que ha podido, a pesar de su pobreza, desarrollar algunas industrias o incluso desarrollar armas termonucleares. Desde luego, todo eso era posible en este mundo de hoy por la presencia de un continente de más de 700 millones de habitantes. De manera que aun ahí, país pobre, la escala, la magnitud de la comunidad le permite solución de problemas que ni soñarlas en un pequeño país.

Tenemos la Comunidad Económica Europea, que se defiende con su enormes tarifas arancelarias, que nos obliga apagar los altos costos de muchos productos industriales, derivados de sus altos ingresos, de sus altos standard de vida.

De manera que si Cuba vende en algún momento carne o vende en algún momento café o vende en algún momento azúcar, en ocasiones ha estado vendiendo el azúcar a menos de dos centavos cuando en Europa cuesta 7, 8, 9 ó 10, no lo sabemos bien, tal vez el Dr. Raúl Prebish lo sepa con exactitud. Pero es el hecho que los aranceles que pagan nuestros productos sirven para subsidiar los productos agrícolas incosteables en Europa del Mercado Común. Los países superpobres subsidiando las economías de los países superricos.

Tenemos la comunidad económica de los Estados Unidos, con sus 200 millones de habitantes, con su gran desarrollo industrial, con sus criterios monopolistas, con sus grandes egoísmos nacionales y con sus tarifas arancelarias, ahora puestas de moda de nuevo con el 10 por ciento y las amenazas de elevarse al 15 y algunas esperanzas de eliminar algunos productos latinoamericanos con los cuales no resolvemos nada. Y además, para venir en un momento dado a pintarse de buenos y recibir el coro universal del agradecimiento.

Esa es la situación del mundo.

Dentro de esa situación debemos ver el cuadro de nuestros países y, por supuesto, el de Cuba que no fue la cuna de la revolución industrial, que no tiene carbón, que no produce 25 ó 30 millones de toneladas de acero. Y así por el estilo.

Cualquier país de este continente que crea que por sí solo tiene alguna perspectiva en el mundo, no importa que las mujeres hayan traído más o menos criaturas al mundo, que las tasas de desarrollo sean mayores o menores, que crecieran más que otros, e incluso si algunos tienen ínfulas en esta hora tardía de sustituir el papel de los antiguos imperios o de los antiguos gendarmes —a buenos entendedores pocas palabras—, ninguno tiene posibilidad con sus actuales recursos técnicos, con sus problemas sociales, con sus sistemas represivos, de llegar a ser nada, y mucho menos de llegar a ser gendarmes, en una hora en que el pequeño pueblo vietnamita ajustó cuentas con las tropas mejor equipadas del mundo, más tecnificadas, más electronificadas, y el pequeño país logró derrotar toda esa avalancha de recursos técnicos que lanzó sobre él el doble de toneladas de explosivos que se lanzaron en la segunda guerra mundial.

A estas horas pensar en sustituir tales misiones en el mundo es una pura locura; por lo tanto, no debe constituir siquiera una preocupación. La preocupación es la otra: la situación de balcanismo, la debilidad innata de los pueblos que tienen tantas cosas en común, como nuestros pueblos latinoamericanos, y que no tendrán otra condición de supervivencia en el futuro que la unión económica más estrecha y consecuentemente también en un futuro la unión política más es trecha para formar una nueva comunidad que tendría dentro de 30 años 600 millones de habitantes (aplausos), aunque desde luego aun en esas condiciones tendría que realizar descomunales esfuerzos para ocupar ese lugar en el mundo de mañana.

No se trata de consignas, no se trata de clisés, no se trata de frases. Son realidades que pueden ser comprendidas hasta por un analfabeto. Ese es el panorama.

Luego viene el cómo, problema harto delicado y difícil, sobre todo para ustedes que tienen que trabajar en estos organismos internacionales, pero no tan difíciles para un invitado intruso (risas), que tiene una cierta mayor libertad de palabra, en este caso, aquí en la CEPAL (aplausos). Y es el problema político, prerrequisito de las integraciones sobre bases que no sean integraciones para las industrias a escala de Estados Unidos de Norteamérica, prerrequisitos políticos que se necesitan para llegar a integraciones racionales de alguna forma planificada, que sirven realmente a los intereses futuros de nuestros pueblos.

Y aquí tienen el caso de Cuba. Cuba está lista para integrarse, es decir, la voluntad política existe ciento por ciento, pero habría que preguntar cómo y con quién o con quiénes.

Resulta sumamente fácil incluso el inicio de relaciones económicas con un país como Chile, y fue inmediata, inmediatamente nos preguntamos qué nos sobraba y qué nos faltaba. Claro, descubriremos siempre que nos hagamos esta pregunta que nos sobra muy poco y nos falta de casi todo (aplausos). Y a los chilenos les sobraba madera, productos derivados de la madera, algunos metales algunos productos de la agricultura, entro ellos pinos, cuyo sobrante no se sabe por cuánto tiempo durará. Y no porque desconfiemos de la agricultura chilena, sino porque confiamos en los escudos chilenos, que han aumentado de manera considerable en los últimos tiempos, elevando el poder de consumo de las masas. Y nosotros sabemos lo que son los poderes de consumo de las masas. Algún poroto, que si no sobraba por lo menos estaba en condiciones de que sobraran, y como por cierto eran porotos negros, que no hay hábitos de consumo, y dicen que han aumentado la producción. Tenemos esperanzas de recibir algunos porotos.

Pero rápidamente se encontró el camino, rápidamente. Por nuestra parte, el control del comercio exterior, que es sencillamente una piedra vital de la economía. Ya no son intereses particulares comprando donde les convenga a sus cuentas o a sus ganancias. Son los intereses nacionales, centralizando su política de comercio exterior, intercambiando sus productos allí donde convenga.

Estamos listos para hacer programas de integración con Chile, estamos listos para hacer programas de integración con cualquier país latinoamericano. ¿Pero cómo? ¿Cuáles son los demás que están listos? No tenemos que pedirle permiso a nadie, señores, para hacer cualquier programa de integración con cualquier país de América latina. ¿Pero qué ocurre con muchos de los otros? ¡Tienen que pedir permiso! Con países de igual sistema económico, sí; y con países de diferente sistema, teóricamente sí, como expresión si se quiere de un deseo; en la realidad, imposible, y en la teoría también.

Porque, ¿Con quién vamos a integrar? ¿Con un monopolio norteamericano? ¿Con quien vamos a integrar? ¿Con intereses particulares? ¿Cómo es posible esa integración?

Nosotros admiramos los esfuerzos de ustedes, las luchas de ustedes. Han realizado un importante papel en el campo de las ideas, de la divulgación de las realidades, de los conceptos que sirvan para tomas de conciencia de estas realidades, que sirvan a la vez para tomas de conciencia políticas para llegar a la conclusión de que sólo bajo condiciones de cambios políticos, que sólo bajo condiciones de cambios revolucionarios se crearán los prerrequisitos indispensables para la verdadera integración de nuestros países. Y que conste que no se trata de una teoría subversiva "; mucho menos de una intervención en los asuntos internos de los demás; son sencillamente los prerrequisitos elementales de las condiciones de vida del futuro de nuestros pueblos. Es a esto a lo que nos referíamos nosotros cuando hablábamos de expresarnos con cierta libertad en esta cuestión.

El panorama actual lo saben ustedes mejor que nosotros: inversiones extranjeras entre 15 y 20 millones —yo no llevo la cuenta con exactitud porque las únicas que nosotros conocemos son las que había en Cuba y hay que descontarlas, ya están descontadas— sobre todo inversiones norteamericanas, porque nosotros les dimos un tratamiento diferido a unos y a otros. Los bancos canadienses fueron tratados de distinta forma; hay incluso la industria suiza de alimentos que está siendo indemnizada y algunas otras industrias.

Deuda exterior, debe estar cerca de los 20 mil —ustedes deben estar mejor informados que yo— deuda exterior a organismos internacionales, casi todas controladas por Estados Unidos y deuda exterior directamente al Gobierno de Estados Unidos; deudas que comienzan a pagarse pero según datos, si se suman las inversiones del' exterior más la deuda, los dividendos más los servicios de estas deudas, equivalen a un tercio de las exportaciones de este continente.

Hemos leído en estos días que Chile debe más de 3.500 millones. Se sabe que, por ejemplo, Uruguay debe más de 800 millones y que ese país tiene que pagar ya 80 millones por año; exporta no sé si 190 ó 200, tiene que importar por lo menos esa misma cifra para un mantenimiento, para un mantenimiento, para un difícil mantenimiento, en condiciones en que sus productos básicos tienen problemas en los mercados, no sólo problemas de intercambio desigual sino problemas económicos de mercados.

Se dice que la República Argentina debe unos cinco mil millones. Ignoro cuánto debe cada uno de ellos. Pero lo que me pregunto es cómo van a pagar, cómo le van a pagar a Estados Unidos, cómo van a satisfacer la deuda exterior con ese poderoso país, y cómo van a satisfacer los dividendos, y cómo van a mantener un nivel mínimo de subsistencia y cómo van a desarrollarse. Problema en la realidad muy serio, de hoy, o de mañana, o de pasado mañana. Problema que nos lleva a la realidad de nuestros países. Problema que nos lleva a la consideración de ese famoso GATT, ese famoso abismo, esa famosa diferencia, y que aumenta como aumenta la distancia entre un automóvil que marcha a 10 y uno que marcha a 100, o un automóvil que marcha a menos 10 y otro que marcha a más 150.

Realidades actuales de la economía y de la técnica, que ya no es la época en que se inicia la Revolución Industrial, y espero que nadie piense que cada uno de nosotros la vamos a inventar ahora. Porque, en aquella época, un herrero con unos cuantos pequeños equipos y herramientas construía una industria mecánica, y era el inicio de una industria mecánica. Lo que había que invertir en cualquier industria era mínimo, era ínfimo y era entonces la más alta tecnología.

Hoy las inversiones en cualquier industria, póngase —por ejemplo una de fertilizante— y nosotros hemos construido algunas— unos 50 millones de dólares, sólo de moneda exterior. Póngase una industria de cemento, pongase una industria termoeléctrica, donde las unidades tienen que crecer de 25 a 50, a 100, a 200.

Cuando usted consigue los medios... ¿Cómo los consigue con lo que cuestan? ¿Cómo los . consigue con las deudas que tiene? ¿Como los consigue, cuando cada vez más esos equi pos son caros y cada vez más los productos suyos suelen ser baratos? Salvo las excepciones en que la naturaleza les ha dado algún producto natural superabundante, como el petróleo, que les permite a algunos países ir sobreviviendo y cavando la ruina del futuro.

¿Cómo se resuelven tales problemas en esas realidades? ¿Cómo les damos un mínimo de mantenimiento a nuestros pueblos, y cómo además nos desarrollamos, con el costo cada vez superior del desarrollo, con poblaciones que crecen a gran ritmo, —con economías que no crecen o crecen a un ritmo muy lento— frente a necesidades que crecen?

Y ahí viene otra cuestión: el crecimiento deformado y loco de las necesidades.

Porque los estudios revelan: tantos analfabetos, tanta mortandad infantil, tanta desnutrición, tantas epidemias, tantos problemas de viviendas, tantos problemas de empleo, tantos problemas de higiene, tantos problemas de agua potable. Porque si los países industriales tienen hoy el problema de la contaminación del aire y del agua, nuestros países no tienen problemas de contaminación alguna, sencillamente no tienen agua. Y cuando la van a buscar tiene otro tipo de contaminación; no es la contaminación de la industria, es la contaminación de la pobreza, donde todo va a parar al manto freático o al río, con sus virus, sus parásitos y sus bacterias.

Pero ocurren situaciones tales como la de nuestro país, en que al triunfo de la Revolución tenía 300 mil automóviles, ínfimos equipos de construcción, falta absoluta de caminos, para no hablar ya de otras cosas más refinadas, como un hospital, una escuela; cinco mil tractores...

Esos automóviles llegaban de Estados Unidos por la aduana con bajos impuestos —ciertos sistemas arancelarios preferenciales— o llegaban de contrabando por muchos medios. Y se creó el ansia del automóvil. Y cualquiera compraba un automóvil, incluso barato, de uso. Pero todos los años tenía que estar con los repuestos, las gomas, los metales, el combustible.

Y en esa situación no se sabe qué tanto por ciento de las exportaciones iban a parar solamente en automóviles.

Pero ya se estaba iniciando la era de las demás cosas: la televisión, la planchadora, las lavadoras, las cocinas eléctricas —algunas más indispensables, otras menos indispensables— los lujos de las sociedades industrializadas, las ansias de consumo.

Porque las sociedades industrializadas, además de llevarnos nuestros recursos naturales, además de explotarnos, además de hipotecarnos, además de entregarnos desigualmente los productos del trabajo de nuestros pueblos, nos traían sus hábitos y sus ansias de consumo. Y los sistemas sociales no pueden responder a tales cuestiones: la demagogia, la politiquería, la solución del problema de hoy con motivo de tal o más cual contienda electoral clásica.

Se vivía en eso. Funcionarios entreguistas, sin ninguna voluntad de servir a la nación, ya divisaban todas estas situaciones. Las capitales se veían hermosas, bellas, iluminadas, llenas de automóviles. Pero los que transitaban en aquellos automóviles por ejemplo, en nuestro país, no eran los 500 mil obreros que con bajísima productividad producían las divisas con que el país adquiría esos automóviles. Aquellos no tenían ni escuelas, ni hospitales, ni caminos ni transporte de ninguna clase, ¡no tenían ni siquiera carros funerarios para llevarlos a enterrar.

La capital bella, y los anuncios lumínicos, y todos los medios de divulgación masiva despertando las ansias de consumo: "Adquiera un Cadillac, adquiera un Odsmobile, adquiera tal cocina, tales muebles y más cuales, adquiera tales aparatos y más cuales, adquiera la última tela, adquiera la última moda; o que si el vestido se puso largo, que si el vestido se puso corto, que si el vestido se puso por la rodilla. Hay que ponerse con la moda, o de lo contrario hacer el ridículo social, ser despreciado. Y aquí tienen una venta a plazos, a crédito, con entrada o incluso sin entradas. Y aquí tienen las rifas, los premios: si compra pasta de dientes se puede sacar una casa (aplausos).

Enormes espacios en los medios de divulgación masiva dedicados a eso.

Y cuando los países estaban superhipotecados, o cuando tenían enormes necesidades humanas, enormes y elementales necesidades humanas, cuando tenían imperiosamente que desarrollarse, todo un adoctrinamiento, toda una deformación masiva por todos los medios, porque respondía a las realidades sociales creada sobre la base de los intereses individuales y egoístas, sin ninguna valoración de los factores humanos y morales.

Sin embargo, eran las sociedades de los derechos humanos, las sociedades libérrimas, que algún día la historia condenará como hoy condena la época de los gladiadores romanos, de los cristianos asesinados en aquellos stadiums o en aquellos circos; que condenará como condena la Edad Medioeval y la esclavitud pasada y la esclavitud contemporánea, barbaridades que han ocurrido en las sociedades a lo largo de la historia.

Y no pretendemos decir que hayamos encontrado las formas superiores, pero las buscamos. En nuestro país las buscamos, el uso de todos esos medios, las valoraciones humanas por encima de todo, la participación de las masas por encima de todo, e incluso —como decíamos— ya en nuestro país nosotros no podemos tomar, desde un punto de vista moral, decisiones sobre leyes fundamentales sin ir a consultar al pueblo. Y ya cuando una ley tiene que discutirse en todos los centros de trabajo, en todas las organizaciones de masas, tiene que ser una ley incuestionablemente justa, tiene que ser incuestionablemente útil, y aún cuando transitoriamente afectara a los propios que la aprueben, suficiente educación y suficientes medios para enseñar a pensar, no inculcándoles determinadas ideas en el subconsciente, no creando reflejos.

En nuestro país no se crean reflejos; en nuestro país se trata de desarrollar la inteligencia, en nuestro país se trata de enseñar a pensar, enseñar a razonar. Y los actos de nuestros pueblos no son hijos de la fe, sino hijos del pensamiento y de la razón, y todos los medios y los recursos los empleamos para eso.

Pero como no intentamos hablar de este tema, les quería decir para que no haya pesimismo que existe un infinito campo donde la inteligencia humana puede encontrar fórmulas mucho más humanas de vida, de participación y decisión de las masas, para que no nos creamos que lo viejo fuera el último y más supremo invento; porque no hay último ni supremo invento en la historia de la humanidad.

Nosotros dedicamos grandes recursos de los medios de comunicación no a estimular el ansia de consumo: campañas de salud, campañas de educación, lucha contra los accidentes del tránsito. En nuestro país no se apologetiza el crimen, no se estimula el crimen; en nuestro país hay preocupación por la sicología del pueblo, por la sicología de los niños, por la sicología de todos.

Vean en este mundo mercantilista cómo no hay ni películas para los niños, ni en el cine ni en la televisión. Y todos aquellos que tienen problemas con la sicología de sus hijos saben que sin permiso de ninguna clase, a cualquiera hora del día o de la noche, llega el maestro mercantilizado a exhibir el programa no que educa sino que produce ganancias, a debilitar, a reblandecer, a corromper y a despertar ansias de consumo en nuestros pueblos que son hábitos que nos llegan del exterior, de las naciones industriales. Problemas muy serios, un problema más entre los muchos que tenemos, pero que todos tienen el mismo orden de irracionalidad en la economía y en la política.

Unido a todo eso, la sustracción de las inteligencias más destacadas.

La naturaleza creó al hombre. Seguramente —y ya casi nadie lo duda— la inteligencia fue resultado de la evolución humana. En un principio debe haber operado u operó en virtud de leyes naturales. Al parecer, los más inteligentes tuvieron también más oportunidades de sobrevivir, según los principios darvinianos. Después, la sociedad humana puso fin de una manera justa a las leyes ciegas de la selección natural. Entonces, aquella inteligencia potencial del hombre se desarrolló por el dominio de la ciencia, la técnica, el desarrollo de los medios de comunicación, que primero fueron por seña y después fueron de palabra. Parece que los que más hablaban tuvieron tal vez alguna posibilidad mejor de sobrevivir frisas). Es lástima que en esta época no haya tales posibilidades (risas).

Después vino la educación. Como hemos dicho en otras ocasiones, los que crecen son los conocimientos, las posibilidades de desarrollarse la inteligencia. Aumentan cualitativamente los conocimientos. Aumenta cuantitativamente el número de inteligencias, el cultivo de esas inteligencias, los medios de enseñanza, la pedagogía, los medios auxiliares de la inteligencia, las máquinas computadoras, etc. ¡Y quién sabe por este camino a dónde llegaremos! Menos mal, porque hasta ahora no hemos llegado todavía tan lejos por lo menos en el orden social.

En esa situación, cada país produce un número de inteligencias destacadas. Nosotros procuramos esas inteligencias destacadas cultivarlas, observarlas; los alumnos sobresalientes, tratar de orientarlos para el empleo más pleno de sus capacidades. Y en nuestros países las inteligencias destacadas las sustraen, las despojan. Y el país que ha acumulado mayor número de científicos y de investigadores, nos quita a nuestros incipientes científicos, nuestros investigadores. Nos los llevan. Los compran —que es la palabra—. Prevalece el interés económico, o incluso a veces el interés vocacional al tener más posibilidad de investigar, y, ¡adiós el país donde nací!

Claro que a Cuba le dieron un tratamiento diferente. Le trataron de llevar hasta los obreros calificados, e incluso se llevaron.

En nuestro país no existía una conciencia nacional sólida. No existía una conciencia patriótica sólida. Aquella sociedad próxima, con todos sus desarrollos y sus lujos y sus cines y sus revistas y sus libros y su cultura, que nada tenía que ver con los intereses ni las tradiciones de nuestros pueblos, había creado el ansia incluso de vivir en aquella sociedad, y abrió de par en par las puertas después de la Revolución para despojar al país de médicos, de técnicos, hasta de obreros calificados. Y lo hicieron. Y nosotros aceptamos ese desafío. El precio sin duda fue alto. Hemos dicho que de seis mil médicos se llevaron tres mil. Ahora tenemos ocho mil; dentro de cinco años tendremos unos 12 a 14 mil. Por lo menos —¡por lo menos!— 12 mil para 1975. Tenemos médicos para nuestras necesidades, y en ocasiones hemos podido ayudar a otros países. Si no tuviésemos limitantes en el ingreso a las universidades, tendríamos más. Hemos tenido dolorosamente que poner limites en las matrículas: 1500 por año. Porque hemos tenido que atender a otras áreas. No tenemos todavía una gran masa de graduados.

Pero qué problemas diferentes. Nos encontramos en Chile noventa mil pujando por ingresar en las universidades. Y nosotros en nuestro país suspirando porque se gradúen para llevarlos a las distintas áreas universitarias.

Es claro que un mínimo desarrollo, el intento de resolver problemas educacionales, problemas sanitarios, problemas médicos, conduce necesariamente a una gran demanda, sobre todo cuando el país depende de un producto como el azúcar, donde la productividad de un hombre es baja y donde la mecanización es un camino largo y difícil.

En nuestro país sólo en la educación y en la salud pública, en esas dos ramas, trabajan 300 mil personas hoy día. Estamos tratando de recuperar tiempos perdidos. Hemos com batido con éxito y hemos erradicado numerosas enfermedades. Hace años no muere un solo niño de poliomielitis, por ejemplo; otras enfermedades infecciosas las hemos erradicado, y ya virtualmente la tuberculosis está desapareciendo, ya van quedando libres hospitales, de los numerosos hospitales antituberculosos que teníamos y que hoy podemos dedicarlos a otras cosas. El parto institucional es casi el ciento por ciento en nuestro país.

Hemos ido logrando pequeños y modestos avances en nuestras difíciles condiciones. Hemos tenido y tenemos los mismos problemas que los demás países, y aún más, porque hemos dependido de un producto, como decíamos, del azúcar. Durante años enteros el precio estuvo al nivel de dos centavos, la mitad de sus precios de costo. Durante años hemos tenido que emplear hasta 300 mil hombres sobre las armas para defender al país de peligros injustificables, incalificables, de los poderosos; hemos tenido que resistir el bloqueo.

Nuestra Flota Mercante —que es ya una Flota Mercante— apenas puede transportar el siete por ciento de lo que entra y sale del país, porque sus recorridos medios son de 14 kilómetros.

Esas son realidades, no las que se divulgan, no la mentira sistemática de todos los países. Todo eso se oculta, los esfuerzos que hicieron por arruinarnos y por hundirnos, sencillamente por el delito de querer cambiar, de querer crear una comunidad más racional para nuestro país en la hora presente, de abrir nuestras puertas al porvenir, de abrir nuestras puertas a la integración y a la unión de nuestros pueblos.

Hemos tenido que pagar un alto precio. Nos ha servido de gran ayuda, como hemos dicho, la solidaridad internacional. Si no, ¿cómo habríamos podido sobrevivir cuando nos quedamos de la noche a la mañana sin el mercado azucarero, que era el 80% de nuestras divisas; cuando nos quedamos de la noche a la mañana sin una tonelada de petróleo, cuando gastábamos ya a nivel de unos 4 millones de toneladas; cuando nos amenazaban con invadirnos con mercenarios o con fuerzas regulares y nos obligaron a emplear gran número de jóvenes que hoy tal vez serían ingenieros o médicos, que tuvimos que sacarlos de los institutos tecnológicos para llevarlos a aprender allí la electrónica, pero no la electrónica de la producción sino la electrónica de las armas, de las armas defensivas tierra-aire y de los distintos equipos; enviar la élite, lo mejor de nuestra juventud, lo más entusiasta, lo más combativo, allá a prepararse para defender el país?

Hemos tenido también que emplear así los mejores, selecciones a la inversa desde el pun to de vista de la ciencia y de la economía, selecciones a la inversa, como han hecho con las inteligencias latinoamericanas. Porque eso se llama selección a la inversa, en una forma deliberada, de un modo o de otro, recursos dedicados a eso.

Esas son nuestras realidades, expresadas con palabras claras y sin intentos de propaganda. Porque quienes quieran oír críticas, que vayan a nuestro país, es decir, quienes quieran oír autocríticas, quienes quieran que les enseñen los errores, que vayan a nuestro país, porque era el pueblo humilde quien tuvo que hacerse cargo de todo y dirigir una gran industria, muchas veces hombres con un nivel de quinto grado y de sexto grado.

Pero hemos persistido en el camino, hemos sobrevivido, y hoy tenemos fórmulas, y cada día encontramos más fórmulas para resolver distintos problemas, de una manera o de otra, como el mismo problema de la vivienda que hoy en nuestro país los propios obreros lo están resolviendo con plus trabajo, en las zonas residenciales preparadas con los equipos que pone allí el Estado para crear las condiciones de calle, los movimientos de tierra, y ellos en horas extra, los obreros de las fábricas mandan brigadas de constructores; los que quedan en las fábricas realizan el trabajo de ellos, y los que van allí en nombre de los obreros a veces trabajan 14 y 15 horas, y

ya lo hacen por el entusiasmo, ya lo hacen por las soluciones; ya no sólo construyen las casas: las alcantarillas, agua, escuelas, centros de recreación, policlínicos, todo lo hacen. Y se desarrolla un enorme movimiento de plus trabajo, porque nos detenía la falta de brazos que se originó después de la Revolución, cuando progresivamente se empezaron a atender determinadas necesidades, entre ellas las de la defensa, la educación, la salud pública, las construcciones.

En nuestro país se realiza hoy un enorme trabajo de infraestructura, en nuestro país hay más de 150 brigadas de caminos y carreteras trabajando simultáneamente, 14 brigadas de presas, numerosas brigadas de sistemas de riego, tratando de crear la llamada infraestructura para enfrentarse a la se quia que de cuando en cuando nos azota y a veces violentamente; las inundaciones, los ciclones, que de todas esas cosas padecemos, todos tenemos algún padecimiento: unos son los terremotos, otros son los ciclones. Son nuestros problemas específicos que nos interrumpen el trabajo de la construcción, que nos interrumpen el trabajo de la agricultura.

En nuestro país, por ejemplo, en este momento, en la ciudad de La Habana, cuando nosotros vinimos, había ya 300 edificios construyéndose, 300 edificios multifamiliares construyéndose simultáneamente por los obreros.

Y vamos buscando soluciones y más soluciones. A veces hemos tardado tiempo en descubrir las realidades, a veces hemos tardado tiempo en tomar conciencia de nuestros problemas, hemos tardado tiempo en encontrar soluciones, pero las vamos encontrando y las seguiremos encontrando.

No pretendemos presentarnos como modelo. Cuando hablamos de los ejemplos de Cuba, digo: tomen de nosotros los errores, tomen en cuenta las equivocaciones que cometimos para que no las vayan a repetir en este campo o en el otro campo; más bien tratamos de exhibir nuestras faltas que nuestros aciertos.

Pero eso forma parte de la moral de nuestro pueblo. Ya esa moral colectiva se puede observar por cualquier visitante. Quien vaya en plan de ver letreros lumínicos y fachadas de lujo, quien vaya en plan de ver automóviles nuevos, es mejor que no visite nuestro país. Los automóviles son muy viejos. Pero quien vaya con determinados criterios morales, quien vaya con determinados criterios humanos, quien tenga ya en su conciencia determinados patrones de conducta social y los sepa valorar, que visite nuestro país y que vea nuestro esfuerzo.

Recordamos que tuvimos el honor de recibir la visita del Dr. Prebish. Algunas cosas le mostramos. Estamos seguros que si él visitara hoy de nuevo nuestro país verla muchas más cosas nuevas.

Nosotros no ocultamos nuestras dificultades ni nuestros problemas; pero hemos logrado crear una sociedad sólida, unida, con una alta conciencia moral, con una alta cultura política con la cual nos enfrentaremos al futuro.

Tenemos una sociedad sólida que ya no depende de hombres, que ya depende de las masas. Ya ninguno de nosotros resultamos afortunadamente indispensables en nuestros países; porque ya no son hombres, son pueblos los que avanzan; ya no son las ideas de unos pocos sino las ideas de millones de personas.

Esa es nuestra realidad de hoy, con todos los problemas que pueda tener un país pobre, pero donde el hombre se siente algo, se siente parte, porque los cambios sociales empiezan dando no precisamente bienes, y que los bienes que dan no son los bienes a los que están habituadas las sociedades industriales: van primero a resolver los problemas educacionales, los problemas de formación de técnicos, los problemas de salud, los problemas que tienen que ver con el hombre, antes de ir a resolver otras cuestiones.

Atendemos las necesidades materiales, procuramos mejorar, pero seguimos un riguroso orden de prioridades.

Pero, además, el hombre se siente hombre.

Y hay algo que hay que tener muy en cuenta: nuestros pobres países, cuando hacen los cambios, tienen muy poco que dar en el orden material. Y si quisieran dar mucho en el orden material, no pueden; y si convirtieran lo material en la motivación principal, fracasan. Porque, desde luego, hay algo que se lleva en el orden moral: el hombre se siente dignificado, se siente parte de la vida de su país; surgen nuevas, poderosas y profundas motivaciones. Toma conciencia y está sicológicamente preparado para trabajar para el futuro, porque no tenemos ningún paraíso.

Hemos conocido lo que es el espejismo de las vitrinas llenas: esa idea de que hay infinitos bienes porque los hay en las vitrinas y no podemos adquirirlos. Pero que cuando se tiene un poco de poder adquisitivo, se vacían las vitrinas, y se vacían rápidamente. Conocemos esos espejismos, conocemos esas realidades, y trabajamos para el futuro. Es lo que hacemos en nuestro país.

Perdónennos la referencia. No intentamos cambiar imágenes. Las imágenes también son productos de la historia; no son ni supremas ni son eternas. Tampoco las malas imágenes que se quisieron hacer sobre nuestra patria. No nos preocupa, es un problema sencillamente histórico.

Las referencias a nuestro país sirven sólo para ilustrar las ideas que hemos querido referir aquí.

Y sepan ustedes que han trabajado, que tal vez muchas veces añoraron mayor ritmo, que en el fondo de sus corazones vieron, sintieron el deseo de cambios más profundos, que en las racionalidades de sus inteligencias vieron con claridad matemática esas realidades y las únicas soluciones: sabemos que se enfrentan a esas realidades y tienen que seguir luchando pacientemente con ellas. Pero sepan que nuestra patria está abierta a la integración y a la unión, que nuestra patria está abierta a la cooperación en la medida de sus fuerzas y sus recursos; a la cooperación material y, sobre todo, a la cooperación moral de los hombres que estudian, investigan y trabajan para encontrar soluciones a los graves problemas de nuestros pueblos.

Muchas gracias (aplausos).


Fidel en Chile

A los estudiantes de la Universidad Técnica

“HAY QUE DEFENDER ESTE PROCESO POR TODOS LOS MEDIOS NECESARIOS”

El Comandante Fidel Castro dialogó el 29 de noviembre con los estudiantes de la Universidad Técnica del Estado, en Santiago. La siguiente es la versión taquigráfica de ese diálogo ante miles de jóvenes chilenos:

AUTORIDADES de la Universidad Técnica del Estado;
Estudiantes de la Universidad de Chile:

Vamos a hacer un pequeño esfuerzo: en aras de la facilidad, de que se facilite el contacto, les voy a rogar a todos, de ser posible —y creo que es posible— que puedan en este momento plegar las banderas. ¡Ya se están plegando! Muchas gracias. Para ayudar un poco a este acto, a este acto realmente, realmente concurrido. Me parece un acto muy concurrido. ¡Ojalá el sol no los agote y ojalá yo no los aburra!

Trataremos de conversar. Y antes de empezar el diálogo, sólo quiero decir una impresión, la impresión que nos da esta masa y esta juventud y este acto. Las palabras demasiado literarias están de más, pero hay que decir de alguna manera que este es un hermoso acto, y que tiene vida, que tiene color, que tiene calor humano, que tiene entusiasmo, que tiene voluntad, que tiene patriotismo, que tiene espíritu revolucionario. Y es bueno eso, porque eso, cuando el espíritu revolucionario debe estar presente, el espíritu revolucionario debe hacerse ver.

Hay que armar los espíritus. Cuando el espíritu está armado, el pueblo es fuerte. Y cuando el fascismo asoma, armar los espíritus revolucionarios; cuando el fascismo se moviliza, cuando el fascismo se moviliza, nace con todas las características de fascismo —y esto sin palabrería, viéndolo con toda claridad—, entonces este espíritu que vemos en la juventud es el espíritu que a nuestro juicio puede dar la batalla. Ese espíritu de las masas es lo que puede contener la ofensiva fascista que asoma sus orejas. Y lo digo no a título de visitante. Si me permiten, lo digo a título de víctima, porque los he visto en acción, con todos los atributos del fascismo, desbordando sentimientos ruines, agitando los odios de clase, agitando egoísmos, apetencias, demagogia, intriga, mentiras, insolencias, sin ningún límite.

Y eso es lo que se puede esperar de ellos, y mucho más. Y lo que dije lo digo o lo dije a título de víctima, porque he sido en cierta forma víctima de las groserías y de las cobardías y de las mentiras de los fascistas. Baste decir que en algunos lugares hemos llegado, después de horas y horas de interminable caminar, batallar, digamos incluso trabajar, no hemos escatimado un día de descanso, un segundo, no nos ha importado dormir o no dormir. El sentido de la amistad, el sentido de la solidaridad, el sentido de la reciprocidad con el pueblo chileno nos ha motivado. Si cuando llegábamos a un lugar de campesinos nos daban un cuerno de vino o un tarro de vino —como lo llamen ustedes— y decían: tiene que tomárselo hasta el fondo; si en otro lugar nos daban una empanada de pino, ahí estaban todos presentes muy democráticamente y muy libremente. Y hubo quienes se dedicaron a sacar fotos de cuando empinaba el cuerno o me comía la empanada de pino para venir a relacionar la cosa más sencilla, más amistosa, más afectuosa del pueblo, con los problemas económicos o con los problemas del desabastecimiento, o lo que les dé la gana. Y de una manera grosera tomarse la libertad de utilizar todo eso como arma venenosa y baja. (Aplausos). Y es de las cosas menos groseras, y es de las cosas menos groseras y ruines que han dicho y han hecho.

Y ahí tienen su "libertad", su celebérrima "libertad": usar esas armas y esos procedimientos sin que nadie tenga el derecho de preguntarles a los directores y a los dueños y a los inspiradores de tales libelos, qué hicieron ayer por la noche en sus casas. (Aplausos).

Por ahí debe haber alguno. Y si ustedes dicen: "No se acerquen, porque estamos en el acto muy biológico de consumirnos una empanadita", van a decir: "¡Ah! ¡Sacrilegio! ¡La libertad de prensa está en peligro!" (Aplausos).

Por eso, haciendo uso del modesto derecho de réplica (risas), y ajustando el 0,01% de cuentas, permítaseme haber expresado estos criterios de los farisaicos, de los mercaderes, de los hipócritas que actúan con ese odio que Martí llamaba "el odio nace babeante del vientre del hombre". (Aplausos).

Y por lo demás, estamos a disposición de los estudiantes y universitarios para el diálogo libre sobre los temas que deseen, para responder lo que fuera, lo que sepa o lo que me permitan las circunstancias. (Aplausos). Con cualquier estudiante. No me interesa una pregunta preelaborada ni nada. Diálogo libre, incluidos "momios". (Aplausos). Y ojalá sea diálogo para no verme obligado a largos temas magisteriales. (Risas).

Responder lo más rápido, breve y sintéticamente.

He tenido ya un acto en organismo internacional, he expuesto las ideas. Invertí algunas energías, algún fósforo, que no ha sido recuperado. (Risas). Pero me queda la mejor disposición de responder a las cosas que les interesen, con el mayor gusto.

Tienen ustedes la palabra.

JUAN GUTIÉRREZ.— Compañero Comandante Fidel: usted ha dicho también en Chile muchas veces que valora el aporte que los cristianos pueden y deben hacer al proceso de construcción del socialismo, y que no es sólo una frase esa del Che que afirma —refiriéndose a la realidad latinoamericana— que, cuando los cristianos se comprometan con la Revolución, la Revolución será invencible.

La organización de Izquierda Cristiana, a la que represento en este momento, se formó hace tres meses para reunir y organizar a todos los cristianos que quieren comprometerse decididamente con la construcción del socialismo.

Simultáneamente con la integración nuestra al trabajo en la base, compañero Fidel, que ya estamos haciendo por una invitación de la Unidad Popular que conduce el proceso en este momento, hemos decidido integrarnos también a los organismos de dirección política.

Para dar este último paso, la Izquierda Cristiana ha planteado corregir algunas deficiencias importantes. Ellas son: fin a las prácticas sectarias que restan apoyo popular a la base del proceso (aplausos); fin al "cuoteo" de los cargos, que conduce a que gente no idónea ocupe cargos de responsabilidad importante para el avance del proceso (aplausos); creación de una instancia superior de conducción política para evitar la dispersión de esfuerzos y superar las diferencias internas que puedan producirse.

Nosotros quisiéramos saber, compañero Fidel, si en la Revolución Cubana se dieron estas deficiencias que hoy existen en el proceso chileno y si a usted le parece una práctica revolucionaria lo que nosotros, los cristianos de izquierda, estamos haciendo de frente al pueblo para superar estas deficiencias.

Gracias, compañero Fidel.

CMDTE. FIDEL CASTRO— Bueno, las circunstancias en Cuba el primero de enero eran diferentes, derivadas de nuestro camino. Cada camino tiene sus leyes: el nuestro tuvo las nuestras, el de ustedes tendrá las de ustedes. (Aplausos).

Son inobjetables los planteamientos. Hay algunos conceptos que a veces no los comprendí bien, porque se habla de sectarismo, pero cada uno tiene su connotación y a cada uno le pregunto qué entiende por eso. Al parecer, no hay todavía acuerdo sobre el contenido del concepto, pero no hay duda que los sectarismos deben ser combatidos vengan de donde vengan. (Aplausos).

Dos. Usted me hizo una pregunta que se refiere no sé si a algún problema actual, pero en el terreno pleno de la teoría debe buscarse en una situación de lucha del pueblo el principio máximo de la eficiencia con espíritu revolucionario.

Es indiscutible que esa palabra que ustedes llaman cuoteo, en el sentido que yo la entiendo, superar este tipo de problemas que responde simplemente a viejas normas, no hay duda de ninguna clase que en un proceso revolucionario, si a mí me preguntan, yo digo que debe ser superado.

Oí decir algo de instancia superior. ¿De qué?

UN ESTUDIANTE.— Instancia superior de conducción política.

CMDTE. FIDEL CASTRO.— No hay duda: instancia superior de conducción política.

Oí ahí estas tres cosas muy buenas. Habría que preguntarse sólo si son suficientes. Pero cuando se logran por lo menos tres buenas es un buen camino, es un buen comienzo, aunque falten seis o más por lo menos. Pero ese es un problema de ustedes, los chilenos.

Entonces es muy correcta esa frase: lo que significa estratégicamente para la Revolución el que los cristianos tomen conciencia revolucionaria, porque independientemente de los problemas de clase, se puede suponer que un superreaccionario apegado a los bienes de esta tierra y muy en contra de sus propios preceptos que dicen ser sus preceptos de conciencia, defienda lo egoísta, defienda lo antipueblo; puede ocurrir.

Nosotros conocemos algunos tipos de esos cristianos. Eran cristianos que pensaban que el reino estaba en este mundo, cristianos que no entrarán en el reino de los cielos, porque su propia doctrina escribió, o dijo su inspirador, que será más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja que un rico en el reino de los cielos. (Aplausos). Y todavía realmente no hemos podido explicarnos cómo un camello pueda entrar por el ojo de una aguja.

Ahora, en muchos cristianos obreros, campesinos, trabajadores humildes, o estudiantes, o técnicos, hombres y mujeres del pueblo, pequeños productores, hay muchos a los que tratan de engañar, de crearles una conciencia anticlase, utilizando incluso si es preciso los propios sentimientos religiosos.

¡Desconfiar de esos, desconfiar de tal práctica!

Y por eso nosotros vemos el papel de los cristianos revolucionarios, de la izquierda cristiana en ganar a esas masas numerosas de obreros, de campesinos, de estudiantes, de hombres y mujeres humildes del pueblo a la causa de los intereses de sus patrias, a la causa de los intereses de los humildes y de los explotados.

Y será un servicio extraordinario al movimiento revolucionario en cualquier país y en América latina tan importante como importante es el movimiento en este continente.

Y por eso nosotros decíamos que la alianza no era táctica, que no se trataba de la teoría de los compañeros de viaje, sino sencillamente de la alianza estratégica. Hay que unir esas fuerzas y hay que unir esos elementos, porque el imperialismo no es débil: el imperialismo es poderoso. Y hay que sumar fuerzas para derrotarlos y derrotar a sus aliados.

Esta es nuestra concepción que con toda franqueza les explicamos. (Aplausos).

Por favor, no me retraten que voy a tomar agua. (Risas).

HERIBERTO PIMPO.— Compañero Fidel: reciba el saludo caluroso de las Juventudes Comunistas, y aprovechando su presencia en la Universidad Técnica le pedimos que lleve y exprese nuestro sentimiento de amistad y solidaridad a la juventud y al pueblo cubano.

Compañero Fidel, mi pregunta es: según su opinión, ¿qué hechos sobresalientes caracterizan el proceso revolucionario chileno y qué significado histórico le ve usted al mismo?

Gracias, compañero Fidel.

CMDTE. FIDEL CASTRO.— Hecho sobresaliente: aprovechó las condiciones específicas, las posibilidades concretas de Chile, dentro de determinadas circunstancias legales e instituciones, aun dentro del Estado capitalista burgués y de sus instituciones unieron fuerza y abrieron brecha y la abrieron por vías pacíficas.

Desde luego, no hay que olvidar lo siguiente: que en la historia los que han aplicado la violencia no son los revolucionarios, sino los contrarrevolucionarios (aplausos); y que el estado histórico de clase ha sido un estado de violencia y de represión, y que no son los revolucionarios los que la buscan. El movimiento popular se ha ceñido a esas leyes, a esos principios, a esas instituciones. Pero si buscamos la experiencia histórica, no tenemos ninguna seguridad de que los reaccionarios, los fascistas, no vayan a acudir a la violencia. (Aplausos).

De manera que ese es el primer hecho histórico —y primera vez en la historia— de extraordinaria importancia. Creemos que el deber de los revolucionarios es luchar por esa apertura, por esa puerta que han abierto, y defenderla, defenderla por los medios legales, defenderla por los medios de masas, y defenderla por los medios que sean necesarios. (Aplausos).

La historia enseña. La historia y la vida les enseñarán a ustedes. Recordamos la historia de Francia, las luchas civiles en 1848; recordemos el 18 Brumario; recordemos el fascismo en Italia, recordemos el fascismo en España, recordemos el fascismo en Alemania, en qué base social se apoyaba, en qué métodos, en qué movilizaciones, en qué ardides, en qué trucos, en qué leyes y en qué violencia. ¡Los regímenes más violentos que ha conocido la historia, regímenes carniceros, sangrientos! La historia enseña eso.

¡Ojo avizor con las enseñanzas de la historia, conciencia alerta, espíritu vigilante, decisión de luchar y de combatir en los terrenos en que presenten la batalla. (Aplausos).

La experiencia chilena es una experiencia singular, histórica. Los pueblos vuelven los ojos hacia Chile para ver, para aprender. Han visto el camino emprendido por ustedes. Ahora observarán cómo defienden ese camino; ahora de nuevo tratarán de observar cómo se comportan en Chile las leyes históricas, qué hace la reacción, qué hace el fascismo, y qué hace el pueblo.

Esas son, a nuestro juicio, las características más sobresalientes de esta experiencia y de este momento. (Aplausos).

LUIS NUÑEZ.— Compañero Comandante Fidel Castro: usted en conversación dirigiéndose a los estudiantes les dijo que sí, la situación política por la que atravesaba el país era un proceso revolucionario, pero que no siempre un proceso revolucionario lleva a la revolución. A nosotros nos interesa que usted establezca cuáles son las diferencias entre esos dos conceptos, es decir, entre un proceso revolucionario y una revolución.

CMDTE. FIDEL CASTRO.— Un proceso es un concepto dialéctico, un proceso es un camino; un proceso revolucionario es una brecha que se abre en la dominación de clase de los monopolios, los oligarcas y los explotadores. Una revolución es cuando el proceso ha avanzado, una revolución es cuando un proceso se ha consolidado, una revolución es cuando los cambios son irreversibles. (Aplausos).

Nosotros diríamos que hoy ya en nuestra Patria la Revolución está consolidada y que los cambios son irreversibles. Podemos ser aniquilados físicamente, si se quiere; pudieran intentarlo —y no sería tan fácil— los imperialistas, invadir nuestro país, matar hasta el último hombre. Eso es teóricamente posible. Difícil en la práctica. Lo que ni en la teoría ni en la práctica será posible: hacer retroceder las ruedas de la historia. Lo que ni en la teoría ni en la práctica será posible: volver atrás.

En nuestro país podemos hablar ya de un proceso consolidado. La Revolución todavía es mucho más, todavía es mucho más si vamos a su concepto más amplio y más cabal, porque todos los días descubrimos nuevas formas, nuevas posibilidades de avance.

Por eso, pensamos que hay todavía infinitas posibilidades y que la sociedad nueva abre las posibilidades de un cambio ininterrumpido, de un avance ininterrumpido en la sociedad humana.

Muchas revoluciones han sido procesos. Hemos hablado incluso de la Comuna de París, para poner un ejemplo; hay otros muchos casos. En ocasiones las revoluciones son aplastadas, e históricamente lo que se sabe es que cobran un precio muy alto en sangre los reaccionarios cuando aplastan las revoluciones. Y lo que hemos dicho es que aquí se ha iniciado un proceso revolucionario. Se concluye: Para eso hay que trabajar, hay que luchar, hay que hacerla avanzar, hay que consolidarla, hay que defenderla, hay que hacer todos los esfuerzos para que se convierta en lo que nosotros llamamos una Revolución, cuando ese proceso se haya consolidado. (Aplausos).

Cuestión realmente de conceptos. Ustedes son estudiantes. Sabemos que ustedes deben saber de esto bastante, más que suficiente. Yo no soy aquí más que un alumno al que hacen determinadas preguntas y se ve en el deber de responder. (Aplausos).

FRANET VERA (MAPU).—Compañero Fidel, en primer lugar queremos saludarlo muy fraternalmente, a nombre de los estudiantes del MAPU y en usted saludar también al glorioso pueblo de Cuba.  

Queremos preguntarle algo que para la juventud y el proceso revolucionario chileno tiene una gran importancia: los trabajos voluntarios.

Los estudiantes chilenos han encontrado en los trabajos voluntarios una gran fuerza movilizadora y una gran fuente de conocimientos y experiencias que les permiten tomar conciencia en la práctica de qué cosas le interesan al pueblo y al desarrollo del país, entregándole fuerzas para impulsar la transformación de la Universidad de acuerdo a esas necesidades.

Al respecto, sabemos que en la Cuba revolucionaria los estudiantes universitarios, encabezados por su organización nacional, la FEU, han recogido una valiosa experiencia. Nosotros quisiéramos preguntarle lo siguiente: en primer lugar, ¿cuáles son los factores que han permitido en Cuba el gran desarrollo que los trabajos voluntarios han alcanzado?; ¿cuál es el carácter que tienen esos trabajos voluntarios y cómo han influido en el desarrollo de la conciencia de los estudiantes. Y por último, compañero Fidel, qué efectos han tenido los trabajos voluntarios de los estudiantes en el proceso de transformación de las universidades cubanas.

CMDTE. FIDEL CASTRO.—Mire: nosotros vemos el trabajo voluntario en el contexto del proceso y en el deber que tienen los revolucionarios de luchar por todos los medios, en todos los frentes, por consolidar sus posiciones. Entre ellos, contrarrestar los intentos saboteadores de la economía de la reacción, el intento de consolidar la economía en las áreas sociales. Eso es, desde luego, pudiéramos llamar, su fundamento económico. Incluso, su fundamento político.

Pero hay además lo siguiente: que nosotros vemos en el trabajo voluntario un instrumento de formación, un instrumento pedagógico, a fin de que los estudiantes se conviertan simplemente en trabajadores intelectuales, a fin de que los estudiantes se familiaricen con las realidades, a fin de que los estudiantes —en dos palabras— se formen como revolucionarios.

Nosotros lo hicimos por razones políticas, por razones económicas; pero cada vez lo hacemos más por razones pedagógicas. Y digamos que si el país va a ganar, ya en las condiciones de nuestro país, con la más amplia participación del pueblo en esos trabajos, desde el punto de vista pedagógico, ganará nuestra juventud.

El trabajo voluntario se ha desarrollado mucho en Cuba. Che fue el iniciador de esos trabajos voluntarios; tienen hoy una gran fuerza en los estudiantes, en el pueblo en general.

Es más, en las condiciones de nuestro país, donde falta fuerza de trabajo, donde tenemos que resolver muchos problemas, ya, por ejemplo, la construcción de viviendas y otras muchas cosas se está haciendo con trabajo extra, pudiéramos llamarle plus trabajo de los obreros, como aporte de los mismos obreros para resolver muchas de esas situaciones.

Nosotros creemos que la situación de ustedes desde el punto de vista de trabajo es diferente. Aquí tenemos problemas de excedentes de brazos. Pero yo creo que eso no sería un obstáculo, no debe ser un obstáculo realmente para que los estudiantes participen, para que los estudiantes se formen, para que los estudiantes forjen una conciencia.

No olviden lo que se ha dicho de que el trabajo ha hecho al hombre. El trabajo hace también al revolucionario. El proletariado es la clase revolucionaria, la más revolucionaria, porque precisamente está acostumbrado a producir con sus manos los bienes materiales, a soportar la disciplina y los rigores del trabajo.

Nosotros entendemos que el trabajo a la juventud la fortalece. Nosotros entendemos que al técnico lo fortalece políticamente, lo fortalece moralmente, lo pone en contacto con la vida, y que además ustedes tienen enormes recursos. En esta batalla frente a la reacción, en este proceso, desde luego, esos recursos que significan los estudiantes, sus conocimientos técnicos, sus profesores y sus universidades, pueden dar realmente un aporte muy grande. En nuestro país lo están dando.

Claro que hay que ubicarse en las condiciones de Cuba. Es más fácil de comprender ubicado en las condiciones de Cuba. En las condiciones actuales de ustedes, me imagino que todavía los estudiantes oyen hablar de esas cosas como cuestiones un poco remotas y un poco distantes, debido precisamente a la situación de ustedes. También nuestros estudiantes al principio lo oían así. Pero ya todo eso se ha ido sistematizando a medida que avanza nuestro proceso. Pero sinceramente ustedes tienen una gran fuerza, grandes recursos técnicos que nosotros no teníamos, una cantidad de estudiantes universitarios enorme. Y lo insólito: 90 mil estudiantes esperando ingresar en las universidades. Y mientras el problema de ustedes es ver cómo pueden ingresar, nuestra preocupación son los pocos que ingresan, primero, porque la enorme marea que creó la Revolución, empezando desde la enseñanza primaria, no ha llegado todavía a las universidades; segundo, porque en nuestro proceso hemos tenido que emplear muchos jóvenes y muchos cuadros en distintas tareas, en primer lugar, en la defensa del país. En nuestro país, en determinado momento, hemos tenido que tener 300 mil hombres sobre las armas, hemos tenido que mantener equipos modernos en estado de alerta, sistemas de defensa antiaérea y de combate terrestre y de combate marítimo, que son complicados, que emplean la electrónica, que se necesitan niveles de preparación para manejarlos.

Y por lo tanto, muchos jóvenes tuvieron que salir a esas tareas durante un número de años, donde más de la mitad de los niños no tenían escuelas, donde los niveles de enseñanza secundaria era muy bajos; hemos tenido que hacer un gigantesco esfuerzo formando maestros, formando profesores, e incluso improvisando maestros, improvisando profesores.

Ello, desde luego, se ve todavía en la calidad de nuestra enseñanza. Nosotros tenemos todavía muchas deficiencias en nuestra enseñanza, derivadas de ese factor subjetivo de la falta de suficientes maestros y profesores. Ello se refleja en las promociones de los estudiantes.

Todos estos factores han limitado el ingreso en nuestras universidades hasta ahora. Pero qué fabulosos recursos, qué privilegio, digamos, que en su país tengan esa enorme masa juvenil ansiosa de entrar en las universidades. Desde luego, a la vez refleja, indiscutiblemente, la falta de oportunidades para la juventud, refleja una situación social. Porque, desde luego, no habría un número tan extraordinario. Pero el hecho de que incluso se gradúen más de 80 mil todos los años, refleja, desde luego, un incuestionable avance educacional.

Ustedes tienen realizados determinados avances que nosotros estamos realizando ahora. Nosotros hemos partido de un punto inferior al de ustedes. Y ahí tienen esa enorme masa. Pero no se olviden de que en ese terreno sus enemigos les van a dar la batalla; en ese terreno van a hacer los más inauditos esfuerzos por penetrar, porque saben lo que significan para el proceso esa enorme masa de jóvenes, de futuros técnicos, y van a tratar de darles la batalla en ese terreno.

Por eso nosotros creemos en la necesidad de que ustedes aúnen fuerzas en esa lucha. Es lógico que haya diferencias de criterios, y es lógico, incluso, que los criterios se defiendan con pasión. Pero permítanme decirles una cosa aquí, y es lo siguiente: mientras fuera de aquí les dan la batalla a ustedes, mientras fuera de aquí los reaccionarios y los fascistas agrupan fuerzas, ustedes —cualesquiera que sean los criterios discrepantes— frente a sus adversarios no deben dar esas sensaciones de división. (Aplausos). Y, al menos, que las divisiones de criterios, al menos que las divisiones de criterios no deriven en actitudes antagónicas, que no deriven en actitudes hostiles. Se los digo de todo corazón, se los digo con toda sinceridad, porque me parece un derroche de fuerza, nos parece que alienta al adversario.

Por eso digo: sí, los criterios, los puntos de vista, defenderlos, y defenderlos con convicción, defenderlos con pasión. Pero guardar un principio: es la seguridad, es toda la seguridad, cualesquiera que sean sus matices y sus criterios, que tienen delante un adversario, y un adversario que avanza o trata de avanzar, un adversario que no es débil.

Eso nosotros lo vemos, y por eso creemos de verdad, sinceramente, que deben existir esas normas de relaciones y de trato entre ustedes: que se discuta todo lo que se quiera, que se expongan los criterios, pero no desarrollen hostilidades, porque eso a la larga los debilitaría, cualesquiera que tengan la razón, o que tengan el máximo de razón. Seguramente que será muy importante, a medida que los criterios se esclarezcan, a medida que las líneas se esclarezcan, que haya en pos de esos criterios, en pos de esa línea, el máximo de unión y el máximo de fuerza.

Si ustedes me invitan no para decir sólo frases, no para contestar simplemente preguntas formales, sino para expresar impresiones, para expresar criterios, les decimos esto, porque estamos pensando en lo otro, estamos pensando que en este terreno del estudiantado la reacción y el fascismo les van a dar batalla, porque ellos saben la importancia que tiene para el país, ellos saben la importancia que tiene esta fuerza. Y nosotros vemos fuerza aquí, la vemos, y sabemos lo que significa esa fuerza para el proceso. Y se lo decimos con toda sinceridad: preserven esa fuerza, increméntenla, únanla, avancen. (Aplausos).

DAGRAS WELL (Partido Nacional).—Señor Fidel Castro: como todos nosotros sabemos, su país está bajo el régimen de una dictadura, y usted, con un sentido patriótico y grandes dotes de líder y un alto índice de intelectual, trabajó por la Revolución Cubana prometiendo al pueblo y a sus seguidores la libertad tan preciada y elecciones libres y periódicas. (Gritos).

Teniendo usted toda esa experiencia, yo le pido me diga con toda sinceridad si en Chile puede realizarse la revolución dentro de los marcos de la ley, respetando las garantías constitucionales, y si los poderes del Estado deben mantenerse separados. (Gritos).

CMDTE. FIDEL CASTRO.—Señores, permítanme arbitrar en esta contienda. Realmente este tipo de pugna me gusta más. Son campos antagónicos irreconciliables. (Aplausos). Ahora bien, lo cortés no quita lo valiente.

Si un revolucionario fuera y se reuniera entre la masa de los fascistas a hablar posiblemente lo quieran degollar. Con un revolucionario no podrían discutir: no hay argumentos. Por lo tanto, el odio y la desesperación conduce a los reaccionarios al homicidio del revolucionario.

Pero aquí a la inversa: si alguien con criterios sociales opuestos, criterios de derecha, viene a hablar, nosotros debemos reaccionar distinto y alegrarnos. Entramos en la pugna de las ideas, lo respetamos como persona y como hombre (aplausos) y debatimos todo lo que se quiera en el campo ideológico. Pero algo más: después le doy las gracias.

UN ESTUDIANTE: ¡Paredón!

CMDTE. FIDEL CASTRO.—Por eso sólo, no. Después los acusan de extremistas, señores. Ganar la batalla en el campo de las ideas.

Muchas gracias por lo de grandes dotes de líder, muchas gracias por lo de intelectual, lo cual no ha sido probado.

Luchamos contra una tiranía apoyada por los oligarcas, apoyada por los monopolios yanquis, apoyada por los fascistas, apoyada por los esbirros, apoyada por los criminales; ofrecimos la libertad tan preciada y elecciones libres y periódicas.

Bien, en la Universidad de Concepción lo explicamos, cuál era nuestro programa en aquella fase, cuál era el nivel de cultura política de nuestro pueblo, puesto que en ese instante, en aquellas especiales circunstancias, —diríamos irónicamente— en aquel bello e idílico mundo de las libérrimas libertades, las más periódicas elecciones, y las más superlibres elecciones, era en el concepto, —según lo entienden los reaccionarios— del Estado burgués, los mecanismos burgueses, las leyes burguesas, la cultura burguesa, la ideología burguesa... Se dice burgués en el término vamos a llamar convencional del concepto. Pero más claramente, para que se entienda: en la ideología, en la cultura, en el estado, en las formas reaccionarias, nuestro programa todavía no era un programa socialista.

Pero si se analizan las medidas expuestas en el juicio del Moncada, expuestas no en la hora de la victoria sino precisamente en la hora de la derrota, y si se analiza ese programa, verán cómo nosotros nos limitamos en toda una primera fase de la Revolución a cumplir ese programa. Eso en primer término.

Y lo más bonito: la mayor autocrítica que podemos señalarnos a nosotros mismos es que éramos todavía lo suficientemente ingenuos al triunfo de la Revolución para no darnos cuenta del descomunal cambio que la misma guerra que duró 25 meses creó en las conciencias de la masa. No nos habíamos dado cuenta hasta qué punto había avanzado aquella masa en aquella lucha, hasta qué tanto se había creado un poderoso movimiento, hasta qué tanto se había identificado el pueblo con ese proceso, hasta qué tanto había avanzado la lucha de clases en nuestro país.

¿Pero creen que acaso en aquel país, si íbamos incluso con la Constitución capitalista, con las instituciones capitalistas, a unas elecciones, no se ganaban aquellas elecciones? Habría sido una verdadera paliza increíble.

No se trataba, señores, de conquistar el poder, o de someterlo a plebiscito, o de someterlo a la consideración pública. (Aplausos). Era tan abrumador, tan tremendo el apoyo de masas, que eso no lo discutía nadie.

Y entonces fue cuando las masas —no nosotros— vieron con claridad que era hora de avanzar más, de abandonar toda aquella superestructura capitalista y burguesa (aplausos), de abandonar toda aquella mentira y toda aquella intriga, de abandonar todos aquellos cuentos.

Señores, vamos a hablar en un lenguaje revolucionario: ese es el cuento de la Caperucita Roja para niños de Kindergarten. (Aplausos). Habría que empezar por ver qué es libertad, qué es democracia, qué son derechos humanos. Y quiero que me digan qué es la igualdad, qué es la fraternidad, qué es la libertad. Porque la filosofía en que se basa todo el proceso liberal burgués en el último siglo, cuando la burguesía adquiere el poder como fuerza que se desarrolla, incluso como fuerza que dirige a toda la sociedad, que desempeñó en un momento el papel que el proletariado juega hoy, y lo desempeñó como clase revolucionaria frente al feudalismo... ¿O es que nos hemos olvidado de la Revolución Francesa, inspirada en las ideas de los enciclopedistas y de los filósofos del liberalismo: Voltaire, Rousseau, etc., etc. y demás cosas que dejo para las clase de historia de las doctrinas sociales de sus profesores?

Y se hace la primera revolución, y se proclama la igualdad, la fraternidad y la libertad. Ninguna de las tres cosas realmente han existido. Aquella fue la expresión ideológica de una clase que sustituyó a otra y estableció un sistema de dominio de clases.

No olvidar aquella revolución, la Asamblea Nacional, la Convención, Mirabeau, Dantón, Robespierre; aquellos ídolos que surgieron y pasaron, y pasaron rápido. Porque los liberales, los revolucionarios del liberalismo, acudían a métodos expeditivos, y más expeditivos que los métodos socialistas. Y a muchos de estos personajes, y a cada uno de estos personajes, los fueron pasando por la guillotina. No vayan a creer que los marxistas inventaron eso: fueron los burgueses, fueron los revolucionarios de la burguesía en su tiempo. Y pasaron por la cuchilla a casi todos sus más prominentes prohombres, de tal manera que surgió una frase: "La revolución, como Saturno, devora a sus propios hijos".

Y se inicia una nueva era, un nuevo sistema social, con su filosofía que respondía a toda una filosofía de clase, y de clase dominante. Y comienza a desarrollarse la sociedad burguesa, a dar de sí todo lo que era capaz. Rompió las ataduras y liberó ampliamente el desarrollo de las fuerzas productivas.

Y esa fue una verdad tan clara vista por los teóricos, que la vemos hoy como al romper el molde feudal se abrieron posibilidades ilimitadas de desarrollo de las fuerzas productivas, surgió una nueva clase.

En la época de Dantón, Mirabeau, Robespierre y demás, no existía el proletariado, no existía la gran industria, no existía la técnica en el desarrollo. Y surge una nueva clase: el proletariado. ¿Quién tiene la culpa? Surge una nueva filosofía del proletariado: el marxismo. ¿Quién tiene la culpa?. (Aplausos).

La nueva clase, la nueva filosofía tiene sus conceptos sobre el hombre y sobre las libertades, sobre la igualdad, la verdadera igualdad. Porque a la larga las revoluciones proletarias van a darle a la humanidad lo que las revoluciones burguesas le dieron nada más que en el papel: la igualdad, caballeros, ¡caballerito! (Risas).

¿Qué igualdad puede haber entre el pordiosero y el millonario? ¿Qué igualdad de oportunidades? ¿Qué igualdad de posibilidades? ¿Qué igualdad humana? ¿Qué igualdad cultural? ¿Qué igualdad de vida puede haber entre el pordiosero y el millonario, entre el explotador y el explotado, entre el terrateniente que venía unos meses y se marchaba a París, a Roma, a Londres, a New York (risas), a Miami?

Mientras allí quedaba el paria descalzo, hambriento, sin trabajo, los hijos del otro hablaban francés, inglés, adquirían títulos doctorales, modales, finuras. Los hijos del paria que trabajaban en aquella tierra del terrateniente se morían de hambre, se morían de desnutrición; las epidemias se encargaban de acabar con ellos, la neumonía, la poliomielitis, el parasitismo, la gastroenteritis ¡Ni médicos, ni medicinas, ni ropas, ni alimentos, ni dinero!

Esa era la igualdad que dieron a la humanidad los burgueses, los explotadores, con sus elecciones superlibérrimas, con sus constituciones supersagradas.

¿Y quién ha dicho que hay nada eterno? Lo único eterno es el nombre y su afán de progreso (Aplausos); lo único eterno es el camino de la humanidad hacia fases superiores de convivencia.

Los esclavistas de Grecia y de Roma, los patricios frente a los plebeyos y a los esclavos creían que su régimen superjurídico era justo y era eterno. Y en nombre de esa justicia y de esa eternidad lanzaban los gladiadores, que eran los esclavos, a matarse en el circo, para divertirse; lanzaban a los cristianos, que eran los revolucionarios en aquella sociedad, porque se acogieron a una filosofía que hablaba del pobre y del humilde, y se los lanzaban a los leones. Y habrían querido que aquella sociedad fuese inmutable y eterna.

Y surgieron después los estados feudales con sus señoríos y con sus siervos de la gleba, hambrientos, abandonados; surgieron los privilegios feudales, incluido el derecho de pernada que disfrutaban con relación a las mujeres de aquellos siervos y las hijas de aquellos siervos, para citar un caso, para poner un ejemplo humillante de los tantos que vivieron aquellos seres humanos. Y creían también que aquel sistema iba a ser inmutable y eterno. ¡Orden social maravilloso que quien sabe cuántos crímenes y cuánta sangre costó a la humanidad!

Y después vino la revolución burguesa, todavía dentro del esquema de las clases y el predominio de las clases, y establecieron su estado y sus instituciones y sus mecanismos de dominio de clases.

Y no se olviden aquello que dijo Marx, que el Estado burgués, la burguesía surge a la vida política chorreando sangre de pies a cabeza. Pero si antaño era la sangre de los esclavos y de los cristianos, si después era la sangre de los siervos de la gleba, luego fue la sangre los obreros. Y el Estado burgués ha derramado sin piedad sangre de campesinos y obreros a lo largo de su vida agitada, a lo largo de su sistema de opresión y de dominación.

Preguntémonos qué pasó con la Comuna de París, qué pasó con los obreros que quisieron "conquistar el cielo por asalto", cómo los asesinaron en masa, cómo los reprimieron de la manera más violenta. Estudíese la historia del colonialismo, del capitalismo y del imperialismo, fase superior de esa sociedad capitalista; lo que hicieron en Asia, lo que hicieron en África, lo que hicieron en América latina; cuánto sacrificio, cuánto sudor, cuánta explotación, cuánta humillación, cuánta sangre. Se paraban con sus barcos de guerra frente a cualquier país, imponían su ley y se apoderaban como fieras de sus recursos naturales y establecían sus repúblicas bananeras, o mineras o cañeras, con sus instituciones burguesas mediatizadas y con todos los resortes para mantener su dominio. Si lo podían mantener legalmente, bien; pero cuando no lo podían mantener legalmente, lo mantenían por la fuerza y lo mantenían por la violencia.

Han cambiado más gobiernos 500 veces los propios burgueses de lo que los han cambiado los proletarios en el mundo; han suprimido más constituciones y más leyes los burgueses de las que han suprimido los proletarios. (Aplausos).

¡Más valía que el proletariado y el campesinado y los humildes hubieran tenido chance de cambiar un poco más de leyes y de constituciones! Pero no fueron ellos. Son instrumentos llevados y traídos para mantener la dominación de clases, creando en los pueblos los peores vicios, los mayores antagonismos y divisiones.

¿Qué igualdad? Díganme: ¿el empleado u obrero tenía oportunidad de gobernar el país? Díganme: ¿el humilde campesino tenía oportunidad de hacer leyes y de gobernar el país, en ese Estado tan acariciado, tan idolatrado?

Claro, ¿quiénes gobernaban? ¿Quiénes legislaban? ¿Quiénes se elegían de cualquier manera, movilizando los recursos económicos de clases? ¿El terrateniente, o el campesino ignorante y descalzo? ¿El millonario, o el obrerito que tenía que luchar por su sustento? ¿El poderoso y rico, o el humilde? ¿El culto, o el analfabeto?

Históricamente conocemos demasiado bien todo ese proceso para que con tamaños cuentos puedan venir a engatusar a nadie.

El problema es que los parias, los plebeyos, los explotados, los obreros, los campesinos, los humildes, han tomado conciencia de estas realidades. (Aplausos).

Y con las nuevas revoluciones sociales, con las nuevas revoluciones sociales, con la nueva ideología, adiós las formas de dominio burgués, adiós sus instituciones, adiós sus mecanismos falsos y demagógicos, adiós sus instrumentos de explotación.

Pero los pueblos no dan ese adiós sino cuando pueden. Y cuando nuestro pueblo pudo darle el adiós, y cuando las masas vieron eso —y lo vieron primero que nosotros— le dieron el adiós definitivo a tales formas. Porque nuestra Revolución implica, por primera vez en la historia, la desaparición de esa forma de división de la sociedad entre explotadores y explotados.

Surge el proletariado con la aspiración de convertirse en una clase determinada, como los esclavos de la antigüedad o los señores feudales de la Edad Media o los burgueses de fines del Siglo XVIII; surgen con la aspiración de crear una comunidad humana justa, sin explotadores ni explotados. Pero no surge como consecuencia de la idea noble y buena de los hombres, no surge como consecuencia de los utopistas, no surge como consecuencia de los sueños de Tomás Moro. Tomás Moro habló de una revolución comunista cuando no había proletariado, cuando no había desarrollo de las fuerzas productivas, cuando no había una clase que pudiera ser portadora de un cambio y que tenía ademas que hacerlo en virtud de las leyes de la historia. Y puesto que no era ni podía ser eterna, se planteó la Revolución con su filosofía, que aspira a algo más, que aspira a crear entre los hombres verdadera igualdad.

Y nosotros los hemos visto. En nuestro país ya no hay millonarios, pero tampoco hay pordioseros; en nuestro país ya no hay explotadores ni explotados; en nuestro país no hay ya señores oligarcas ni terratenientes que se pasean por Europa mientras sus infelices obreros y campesinos se mueren de hambre; en nuestro país ya no hay un solo ser humano abandonado a su suerte, lo que tenemos, lo poco que tenemos, lo repartimos. Somos un país pobre, no somos un país rico; pero nadie se acuesta sin comer, nadie está descalzo, nadie se muere por falta de médico o de medicinas, nadie se queda analfabeto, y todos los niños tienen escuelas y todos los jóvenes tienen su centro de enseñanza y tienen posibilidad de llegar a los cursos superiores y a las Universidades.

Nuestra Revolución no es perfecta. No. Todavía no hemos llegado a formas superiores. Todavía no hemos llegado a formas de expresión de lo que pudiéramos llamar la democracia, la nueva democracia proletaria. Pero sí decimos que en nuestro país el pueblo se siente parte de la Revolución, se siente parte del Estado. En nuestro país hay una sólida unión. En nuestro país nosotros decimos: todos somos estudiantes, todos somos trabajadores, todos somos soldados. El hombre adquiere una dignidad nueva, una dimensión nueva.

¿Cómo puede sentirse hombre aquel que ve por encima de su cabeza a los explotadores que lo escupen, que lo maltratan, que lo desprecian, que lo matan de hambre? ?Qué clase de igualdad es esa? ¿Qué clase de igualdad es esa que, mientras las hijas de los poderosos y los ricos se paseaban por Europa e incluso buscaban títulos mobiliarios o matrimonios de millonarios, a muchas hijas de campesinos y obreros no les quedaba otro camino que el prostíbulo?

¿Y por qué no se habla de eso? ¿Por qué los reaccionarios no hablan de eso? Tan cristianos como luego pretenden llamarse, tan humanos como pretenden llamarse, ¿y admiten tranquilamente esas lacras, esos horrores dentro de la sociedad humana? ¿Por qué? (Aplausos).

¿Qué derechos humanos son esos? ¿Qué derechos humanos son esos en que un hombre tiene que extender la mano para pedir una limosna, en que un niño tiene que andar descalzo y limosneando, en que una mujer tiene que venderse como mercancía en la plaza pública? ¿Qué derechos humanos son esos de un Estado y una sociedad que no trabaja para el hombre y sus necesidades, sino para las ganancias de los intereses privados? ¿Qué derechos humanos y qué Estado y qué libertad es esa en que los ricos y los poderosos envuelven todos los recursos naturales y humanos no para un fin social, sino para sus intereses egoístas; en que los ricos y los poderosos imponen sus condiciones, imponen sus leyes y lo imponen todo?

¿Qué sociedad es esa que crea necesidades ficticias, que despierta en los hombres ansias de consumo que no pueden satisfacer? ¿Qué sociedad es esa en que, mientras hay cientos de miles de analfabetos y decenas de miles de niños que se mueren de hambre o de enfermedad o de desnutrición, quieren imponer los lujos de las sociedades desarrolladas?

¿Qué Estado era aquel el de nuestra patria, donde teníamos 300 mil automóviles, 70% de los niños sin escuela, ni un solo hospital en nuestros campos? ¿Qué Estado, qué libertades, qué derechos humanos, que de tal manera ultrajaba al hombre, prostituía al hombre, envenenaba al hombre? Que Estado ese que usaba todos sus medios de comunicación masivos para vender mercancías, comerciar con todo: con los valores más apreciados del hombre, con la dignidad del hombre, con el sexo, ¡con todo!

Qué Estado es ese dedicando por entero los medios de comunicación masivos a defender los intereses de una filosofía de la ganancia, que no le pedía permiso a nadie para entrar en su casa, en su hogar, a tal hora del día o de la noche con su propaganda mercantilista. Medios masivos de comunicación en manos de los propios oligarcas, de los propios burgueses.

Qué libertades son esas que mientras ellos tienen la cultura, los medios, el dinero, lo tienen todo, el modo de expresarse, el infeliz campesino no tiene la cultura, ni el medio de expresarse.

Qué libertades son esas: las libertades de ser propietarios de los medios de divulgación de prensa, de los medios de divulgación de masas, y la libertad de usarlos en beneficio de sus intereses de clase.

Hoy en nuestro país todos los medios de divulgación de masas pertenecen al pueblo, y están al servicio del pueblo. (Aplausos). Allí no se despiertan ansias de consumo; allí se trata de educar: campañas de salud, lucha contra los grandes problemas que tiene la sociedad humana, que son muchos, que son infinitos, creando una conciencia entre otra conciencia solidaria, internacionalista.

Y por eso, cuando se produjo el terremoto del Perú, que hizo falta sangre plasma, nuestras reservas se enviaron. Y cuando llamamos al pueblo a hacer donaciones de sangre para el Perú, país con el que no teníamos siquiera relaciones, cien mil personas en diez días donaron su sangre. (Aplausos).

En nuestro país hoy no se comercia con la sangre, no es un artículo que se compre, o se venda. Antes, en el pasado, una transfusión cincuenta pesos, para pagarle a alguien que se dedicaba a vender sangre.

Esa es la sociedad humana ese es el Estado burgués: el tipo vendiendo la sangre y viviendo de la sangre vendida.

En nuestro país la sangre se regala, el pueblo le da la sangre a sus hermanos. Un cubano le da su sangre al cubano que la necesite; un cubano le da lo que necesite, y si tiene que dar la vida por el cubano que la necesite la da. (Aplausos).

Pero cuando ya no se trata sólo de la solidaridad dentro de las fronteras, cuando hace falta sangre para donarla a otros pueblos, aparece inmediatamente. Porque se han dedicado los medios a hacer conciencia, a ennoblecer al hombre, a levantar los valores morales y los valores humanos. Y si en vez de cien mil se hubieran necesitado 500 mil, habríamos tenido las 500 mil donaciones.

A nuestro pueblo se le puede pedir lo que se quiera, ¡lo que se quiera, porque se ha educado en eso. (Aplausos).

Ahora, ya en nuestro país las decisiones fundamentales no se discuten en un Parlamento. ¡No! Pero se discuten en los centros de trabajo, se discuten en las organizaciones de masas. (Aplausos). En nuestro país el gobierno revolucionario comenzó gobernando por decreto. Pero ya en nuestro país cualquier ley importante que tiene que ver con los intereses fundamentales del pueblo la discuten millones de personas a través de nuestros centros obreros, nuestras organizaciones de masas, nuestras unidades militares. ¡Todos! Porque todos formamos parte, a todos nos interesan esos problemas. ¡Ahora qué nivel de conciencia! Y cómo ya en ese país para hacer una ley —aún cuando pueda tocar transitoriamente un interés del pueblo— es el pueblo el que la discute, es el pueblo el que la analiza.

Díganme ahora que el parlamentarismo burgués es más democrático que eso, díganme. (Aplausos). Díganme que elegir a unos representantes, díganme que elegir a unos representantes por equis años, sin que después nadie los controle, es más democrático a las circunstancias en que un pueblo todo es legislador. ¡Allí todos pertenecemos al parlamento, todos somos parlamentarios, todos somos legisladores, y lo somos constantemente! (Aplausos). No hay representación directa, no: el pueblo no necesita quienes lo representen, porque el pueblo se representa a si mismo (Aplausos). El pueblo no necesita quienes tomen decisiones por él. El pueblo toma decisiones por sí mismo.

Y nosotros, revolucionarios, nosotros revolucionarios, conducimos a nuestro pueblo por ese camino. Esa es nuestra misión. Y creo que es lo único que nos da derecho a llamarnos revolucionarios. Y no pretendemos ningún tipo de ambiciones personales. Como hemos dicho en otras ocasiones, nosotros no buscamos glorias ni buscamos honores; no nos consideramos mejores que los demás, no. ¿De dónde nacen los sentimientos nobles que podemos tener? Del pueblo. Todos los hombres nacemos con tendencias buenas y tendencias malas, con tendencias egoístas y tendencias generosas, con tendencias nobles y con tendencias innobles, la sociedad desarrolla unas y otras. La capitalista, desgraciadamente, desarrolla por todos los medios las tendencias egoístas, las tendencias innobles, las bajas pasiones, y las utiliza por todos los medios con un objetivo mercantil.

Nosotros tratamos de desarrollar las pasiones nobles, pero nosotros mismos, los revolucionarios, lo que expresamos son los más nobles sentimientos del pueblo. No somos más que productos de su propia nobleza, de su propia bondad. Nosotros no tenemos nada de nosotros mismos. Lo que tenemos y sentimos los revolucionarios lo recibimos del pueblo y lo llevamos al pueblo, y es el pueblo quien nos ha hecho mejores, es el pueblo quien nos ha hecho más nobles, es el pueblo quien nos ha hecho más revolucionarios. (Aplausos).

Nuestras formas pueden ser todavía, nuestras formas pueden ser todavía más o menos perfectas, y digo que todavía son más imperfectas que perfectas, pero nada nos impide racionalizar, trabajar, luchar. Un pueblo absolutamente identificado y unido buscando lo mejor, con todo su vigor y toda su fuerza. ¡Esa es nuestra patria! Pero lo demuestra un hecho: que siendo un país de 8 millones de habitantes, ayudado —sí— por la solidaridad internacional, ayudado amplia y generosamente ... Pero allí, en aquel país y aquella trinchera ha sido el vigor del pueblo, el nuevo sentido del patriotismo, el nuevo sentido de la dignidad, el nuevo sentido de la moral, que nos ha hecho defender esa teoría, defender esas ideas, defender esa bandera.

Esa bandera es la misma de nuestros libertadores, ante la cual siempre se inclinaron con veneración y respeto. Sus colores no han cambiado. Lo que ha cambiado es el contenido de nuestra Patria, lo que han cambiado son las ideas que simboliza esa bandera, que ya no es de explotación, que ya no es de sometimiento, que ya no es de injusticia, sino una bandera que significa para hoy todo lo que es la Patria, la lucha del pueblo, sus grandes conquistas, sus grandes avances.

Y esas mismas banderas de las libertades seguiremos levantándolas para elevarlas a su punto más alto. Y esas mismas banderas aspiramos hermanarlas con banderas iguales de América latina, como hoy se hermana con la de Chile. (Aplausos). Y esas mismas banderas, a medida que los pueblos avanzan y a medida que simbolizan la justicia y la liberación y la solidaridad de la nación, se irán hermanando con todas las demás banderas de los pueblos de América latina que algún día hondearán también, unidas, más alto de lo que han hondeado siempre.

Ese es el objetivo de nuestra lucha como revolucionarios patrióticos y como revolucionarios que hemos escogido la ideología del proletariado, con los sentimientos del proletariado y la solidaridad latinoamericana y la solidaridad mundial. Eso es lo que representan nuestras ideas de hoy, nuestro Estado de hoy, nuestras instituciones de hoy, nuestro concepto de hoy.

Nosotros sí hemos llevado a la realidad los principios de igualdad fraternos y libertad que ningún otro proceso revolucionario pudo llevar. Y en cuanto a la forma en que deben hacerlo los chilenos, en cuanto lo harán con ese Estado o sin ese Estado, con ese Parlamento o sin ese Parlamento, les digo que ustedes sabrán resolver correctamente el problema. Muchas gracias. (Aplausos).

JUAN GUTIÉRREZ (Juventud Socialista).— Comandante Fidel Castro, a nombre de los estudiantes socialistas, queremos hacerle la siguiente pregunta: la clase obrera es la clase conductora del proceso revolucionario; mas, es claro que los estudiantes en la Revolución Cubana estuvieron en la Sierra y en la lucha urbana y en el asalto al Cuartel Moncada. ¿Cómo y en qué medida los estudiantes se transformaron en aliados de la clase obrera en la lucha por el poder?

CMDTE. FIDEL CASTRO.—Le voy a contestar bien claro: por su origen de clase los estudiantes solían ser de clases medias, a veces incluso de clases altas, y muy raras veces incluso de clases humildes. Esta era nuestra situación del país. Pero hay lo que se llama factores subjetivos, hay lo que se llama conciencia, y precisamente esos factores subjetivos en la lucha se desarrollaron con nuestros estudiantes y a pesar de tener un origen de clase que no era obrero, la inmensa mayoría de los estudiantes universitarios tomaron conciencia, con ese espíritu juvenil, con ese entusiasmo, con esa generosidad de los jóvenes, y abrazaron la causa de la Revolución.

Fue sencillamente un problema subjetivo, un problema de conciencia.

ELMUS CHAD (Juventud Demócrata Cristiana).— Comandante Fidel Castro...

(Gritos de: ¡Puerto Montt! ¡Puerto Montt!).

CMDTE. FIDEL CASTRO.—Oye, ¿qué quiere decir eso de Puerto Montt? A ver.

ELMUS CHAD (Juventud Demócrata Cristiana).—Es un suceso muy lamentable. (Gritos de: ¡Asesinos! ¡Asesinos!)

CMDTE. FIDEL CASTRO.—El no mató.

ELMUS CHAD (Juventud Demócrata Cristiana.— Ningún joven demócrata cristiano tampoco está de acuerdo con que hayan muerto pobladores en Puerto Montt .(Abucheos).

Comandante Castro: A la Juventud Demócrata Cristiana de la Universidad Técnica del Estado le interesa vuestra opinión sobre un tema bastante específico. Para resolver el dilema trabajo-capital, explotadores y explotados —como decía el Comandante—, la República Yugoslava ha iniciado un régimen de autogestión obrera donde el trabajo y capital se unen en una sola mano: la de los trabajadores.

Queremos saber, Comandante.

Queremos saber, Comandante, si usted comparte la tesis china que coloca a la autogestión obrera como una forma de capitalismo.

CMDTE FIDEL CASTRO.—¿Qué tesis? ¿De qué tú estás hablando? ¿Tesis china o tesis yugoslava?

ELMUS CHAD.—Tesis que afirman que la autogestión...

CMDTE. FIDEL CASTRO.—¿Pero qué tesis? ¿De qué país? ¿Tú no decías yugoslava?

ELMUS CHAD.—La autogestión obrera se practica en Yugoslavia.

CMDTE. FIDEL CASTRO.—¿Y a cuál de las dos tú te refieres?

ELMUS CHAD.—Yo quiero saber si usted comparte la tesis china que afirma que la autogestión obrera pertenece a una forma de capitalismo.

CMDTE. FIDEL CASTRO.—Bueno, ¿dónde tú oíste decir eso?

ELMUS CHAD.—Lo he leído, Comandante.

CMDTE. FIDEL CASTRO.—Bueno, yo no sé cómo será la forma china. Yo te digo la cubana. He oído hablar de eso.

Fíjate bien, fíjate bien. Nosotros tenemos ideas muy claras sobre eso. Yo he estado hablando ampliamente.

Yo no conozco ninguna fábrica china en que la fábrica sea propiedad de los obreros que trabajan en esa fábrica china. No conozco ninguna. Son propiedad de todos los obreros de China, según yo conozca. (Aplausos).

Y nosotros hemos estado hablando de lo que son los sistemas sociales, los sistemas de propiedad. Nosotros no queremos crear egoísmos en el seno del pueblo. Nosotros no queremos crear privilegios en el seno del pueblo. Nosotros no queremos corromper a la clase obrera. (Aplausos).

Nosotros no hemos aplicado ese principio. No sé si alguien lo ha aplicado por ahí, pero yo digo qué es lo que nosotros hacemos y por qué.

Todo el mundo sabe que todas las fábricas no tienen los mismos niveles tecnológicos, que no tienen una tecnología muy avanzada y una productividad muy alta. Todos saben que no todos trabajan en las fábricas. En las escuelas trabajan los maestros; en las enseñanzas de nivel medio trabajan los profesores; en las universidades trabajan los profesores, los estudiantes y los empleados de esas universidades, que no producen bienes materiales, que producen bienes espirituales.

Como nosotros explicábamos, en Cuba sólo en salud y educación trabajan 300 mil personas, pero también decenas de miles de cubanos tienen que estar con las armas en la mano defendiendo la patria. (Aplausos). No producen bienes materiales y tienen que gastar, tienen que prepararse para el combate, tienen que prepararse para defender el país. No están produciendo bienes materiales. En nuestro país están los niños, que necesitan atención, que necesitan centros de recreación. El país necesita desarrollo, necesita recursos, necesita inversiones. Están todos los trabajadores del país. En nuestros países sub-desarrollados, desgraciadamente, sólo una pequeña parte trabaja en la producción de bienes materiales.

Respondiendo a esa pregunta, le digo que es maquiavélico, es diabólico, es de una demagogia criminal en cualquier sociedad tratar de introducir en los obreros esas ambiciones, esas corrupciones. (Aplausos). Es demagógico y es criminal hablar de regalarles las fábricas a los obreros. Es convertir en pobres a los que están haciendo útilísimos servicios a la patria, aunque no estén trabajando en bienes materiales.

¿Y los enfermos, y los hospitales, y los niños, y las escuelas, y los jubilados, y los ancianos, y los que defienden la patria, y todos los que tienen que prestar servicios que no se traducen en producción de bienes materiales y que no tienen fábricas?

¿Vamos a cambiar el esqueleto burgués por otro esqueleto tan burgués como el otro? ¿Vamos a trabajar mediante procedimientos fiscales, impuestos, luchas? (Aplausos). ¿Sustituir las clases históricas por clases artificiales y tener obreros ricos y obreros pobres y trabajadores que porque no trabajan con las máquinas no tendrían nada? ¿O vamos a introducir el mercantilismo en las escuelas, y cobrarlas, en las universidades?

No hablen de regímenes de impuestos que, en el fondo, todo es una mentira.

Los que me hicieron la pregunta sobre esta cuestión, digo, con toda claridad, que es maquiavélico, que es diabólico, que es irresponsable, que es criminal cualquiera que en nuestro país, o, a nuestro juicio, en cualquier parte, se le ocurriera semejante locura. (Aplausos).


Fidel en Chile

A las mujeres chilenas

“SON LOS FASCISTAS LOS QUE BUSCAN LA VIOLENCIA”

Discurso pronunciado por el Comandante Fidel Castro Ruz, en el Estadio Santa Laura, de Santiago de Chile, a las mujeres chilenas.

QUERIDAS compañeras chilenas:

Con la cooperación de ustedes podemos conversar algunos minutos. En primer lugar, quiero decir algo: hemos tenido muchos actos en el país, hemos tenido muchas reuniones pero les digo con toda franqueza que realmente éste es uno de los más importantes, éste es uno de los más humanos, éste es uno de los más emotivos.

Si vamos a hablar después del esfuerzo que han realizado ustedes para reunirse aquí, procuremos decir las cuestiones que a nuestro juicio son esenciales.

En primer lugar, Chile está viviendo un proceso revolucionario, y eso tiene una significación especial. Chile no está viviendo un momento cualquiera de su historia. Chile está viviendo un momento especial de su historia. Eso se reflejaba aquí en las palabras de Mireya y María Elena.

Ellas señalaban que están dispuestas a defender este proceso, ellas señalaban que estaban dispuestas a resistir cualquier intento de aplastar el proceso. Ellas dijeron que los momios no pasarán (gritos de: "no pasarán"), que es lo mismo que decir que los reaccionarios no pasarán, que es lo mismo que decir que los fascistas no pasarán.

Ahora bien, en esta lucha las mujeres tienen un papel decisivo, decisivo. Hay que tener en cuenta los esfuerzos que la reacción ha hecho en este país para engañar la mujer, por confundir la mujer. Hay que tener en cuenta los trucos, las mentiras y a todos los procedimientos que han acudido para evitar que las mujeres se sumaran al proceso revolucionario. ¿Por qué? ¿Por qué? porque saben que la mujer es una fuerza, una verdadera fuerza y una fuerza potencial de la Revolución. Pero, además, porque saben que en el cambio social revolucionario la que más gana, la que más se dignifica, la que más se eleva, es la mujer. (Aplausos).

Y esa ha sido la historia de nuestro país, y por eso las mujeres son tan sensibles a las ideas revolucionarias, por eso las mujeres son tan sensibles a la causa revolucionaria, y por eso las mujeres son tan apasionadas cuando defienden la causa revolucionaria. (Aplausos).

Si las mujeres están al lado de la revolución, los momios no pasarán, los reaccionarios no pasarán, los fascistas no pasarán. (Aplausos). Y es que en la vieja sociedad, ¿qué papel juega la mujer?... Una compañera dijo la respuesta: ¡de maniquí! En la vieja sociedad, ¿qué consideración y que respeto tienen para la mujer? En la vieja sociedad, ¿qué tiene la mujer como mujer, como ciudadana, como trabajadora y como madre? ¡Nada!

La revolución empieza por situar la mujer en el lugar que debe tener en la sociedad humana. Y nosotros hemos dicho en nuestro país —y en nuestro país la Revolución tiene un apoyo tremendo, de las mujeres, las mujeres constituyen una fuerza decisiva—, nosotros explicamos de esta manera: porque liberamos dos veces a las mujeres, como trabajadoras y como sector de la sociedad discriminadas, maltratadas.

¿Qué hacen los explotadores con las mujeres, qué destino reservan a las mujeres? ¿un papel en la sociedad como trabajadoras? ¡No! ¿Un papel en la sociedad como madres? ¡No! ¿Un papel en la sociedad como seres humanos? ¡No!

¿Ustedes han visto cómo hablan los reaccionarios —hipócritas, farisaicos— de derechos humanos? ¿Pero qué papel le han reservado a la mujer en la sociedad? Para los reaccionarios, para los explotadores, para los fascistas, la mujer es simplemente un instrumento de placer, un adorno, un objeto al que se le maltrata, al que se le maltrata, al que se le humilla, al que se le ofende, al que muchas veces se le desprecia. No confundir las aparentes distinciones con las mujeres; en ningún sentido son distinciones humanas, ni son distinciones sociales, ni son distinciones revolucionarias.

¿Qué papel les reservan como madre a las madres obreras, a las madres campesinas, a las madres humildes? ¿Qué papel les reservan a sus hijos? Les reservan el papel de la pobreza, les reservan el papel de la ignorancia, les reservan el papel de la enfermedad, les reservan la miseria, les reservan la corrupción todavía mucho más dolorosa.

A la sociedad reaccionaria, capitalista, que no tiene para nada en cuenta los valores humanos, no le importa la moral de los niños, no le importa la dignidad de los niños, no le importa la moral de las mujeres, no le importa la dignidad de las mujeres. Todo ese sistema está basado en la ganancia, en el interés privado, en la explotación.

Se puede hacer negocio con una película que sea venenosa, que sea desorientadora para los niños, no les importa, la lanzan al mercado, lo que les interesa es ganar dinero. Si quieren hacer un negocio, no les importa prostituir a las mujeres.

Una de las cosas más dolorosas de la sociedad capitalista es que a la mujer sin trabajo, la mujer discriminada, la mujer despreciada, la lanzan muchas veces por el camino de la prostitución. Y nosotros recordamos en nuestro país cómo decenas y decenas de miles de mujeres tenían que pasar por esas situaciones dolorosas. Si una madre tenía un hijo y la abandonaban y tenía que darle de comer a su hijo y ni tenía empleo ni tenía quién la ayudara ni tenía una beca, tenía que lanzarse por el horrible camino de la prostitución. Los prejuicios sociales, la discriminación de la mujer, las concepciones feudales llevaban a la mujer por los peores caminos, les reservaban los peores trabajos: el trabajo en el prostíbulo, el trabajo en el bar, el trabajo en el casino, el trabajo de la diversión sencillamente, con el más vulgar concepto mercantilista, con el más inhumano de los conceptos. ¡Y luego hablan de derechos humanos!

A la mujer se le discriminaba en las carreras técnicas, a la mujer se le discriminaba en el trabajo. Y la mujer es la que más sufre, como madre, cuando no hay empleo, cuando no hay trabajo, cuando se enferman los hijos, cuando hay explotación. La mujer es la que sufre callada y abnegadamente todo eso. La mujer es la que más sufre la pobreza.

Y en nuestras sociedades históricamente las mujeres han tenido un papel subordinado, un papel relegado. Y por eso les preguntamos: ¿qué les ofrece la reacción a las mujeres? (Gritos de: "¡Nada!'') ¿Qué les ofrece el fascismo a las mujeres? (Gritos de "¡Nada!") ¿Qué les ofrece el capitalismo a las mujeres? (Gritos de: "¡Nada!") ¡Nada, nada y nada! (Aplausos).

La Revolución les ofrece a las mujeres un papel humano; les ofrece todas las posibilidades a su talento, todas las posibilidades a su energía, a su entusiasmo, a su espíritu, a sus nobles sentimientos. La Revolución dignifica a las mujeres, la Revolución les da un verdadero trato humano a las mujeres. La Revolución que trabaja para el futuro, trabaja para los hijos, trabaja para los jóvenes, trabaja para un porvenir digno, para un porvenir feliz.

La sociedad reaccionaria capitalista corrompe no sólo a las mujeres: corrompe a los hombres, corrompe a los niños, corrompe a los jóvenes. No tiene ningún principio moral. ¿Saben cuál es el principio moral? o, mejor dicho: ¡qué moral! ¿¡Saben cuál es el principio de esa sociedad? El interés, el egoísmo, la ganancia. Eso lo saben ustedes, ¿verdad? (Gritos de: "¡Sí!") Y no le importa vender, no le importa comerciar con cualquier cosa, no le importa corromper.

Entonces, a las mujeres chilenas nosotros les preguntamos, igual que a las cubanas: ¿que tiene que ofrecerles la reacción? ¿Qué tiene que ofrecerles el fascismo? (Gritos de: "¡Nada!") ¡Opresión, desprecio, discriminación sangre! porque ellos hablan de que los revolucionarios predican la violencia. ¡Mentira! Son ellos los que predican la violencia. Son ellos los que han reprimido a los obreros y a los campesinos. Son ellos los que han asesinado estudiantes. Son ellos los que han asesinado jóvenes. Son ellos los que. defendiendo sus miserables intereses, no han vacilado en derramar la sangre generosa del pueblo, de los trabajadores, de los campesinos, de los estudiantes (Aplausos). Son ellos los que amenazan. Son ellos los que hoy no se resignan al cambio del pueblo, al cambio legal, al cambio pacífico. Son ellos los que buscan frenar el proceso. Son ellos los que buscan la violencia. Son ellos los que pretenden impedir el avance del pueblo, y acuden a la vez a todos los procedimientos, a todas las mentiras.

Nosotros no podremos olvidar jamás lo que hicieron al principio de la Revolución, con qué falta de escrúpulos, con qué cinismo lanzaron y divulgaron una de las más canallescas, ruines, infames mentiras. Se les ocurrió algo diabólico, ¡diabólico! porque ustedes de los reaccionarios pueden esperar las cosas más increíbles, las cosas más diabólicas. Lanzaron la estúpida, la absurda, la ridícula, la inconcebible idea de que la Revolución iba a quitar la patria potestad a las mujeres. Con qué falta de escrúpulos trataron de tocar esa fibra. Incluso los peores engañaron a algunas mujeres. En nuestro país ocurrieron casos de mujeres que mandaron a sus hijos a los Estados Unidos —que pueden ser algunos miles de mujeres que frente a esa canallesca propaganda mandaron los hijos a Estados Unidos. Óiganme, qué destino les reservaron a sus hijos, que mientras en Cuba los jóvenes, los niños estudian, trabajan, se desarrollan, en un sentido del deber, en un sentido moral, ¿qué ocurrió con los niños aquellos que mandaron a Estados Unidos? ¿Qué ocurrió cuando cayeron en aquella sociedad monstruosa, egoísta? A muchos de ellos los hicieron viciosos, a otros los hicieron gangsters, verdaderos gangsters, a muchas niñas las convirtieron en prostitutas, niñas todavía.

Es doloroso, pero los reaccionarios no tuvieron la menor consideración para hacer eso.

En nuestro país la Revolución ha dedicado toda la atención a los niños. Y lo que le duele a la Revolución es no tener todavía suficientes recursos, no tener escuelas suficientemente buenas para todos. Tardaremos todavía por lo menos diez; años más —fíjense bien: diez años más— en hacer suficientes instalaciones para todos los niños de la enseñanza primaria y secundaria.

En nuestro país hoy hay maestros para todos los niños, pero muchas veces las clases se dan en un bohío, en un establecimiento pobre, que no reúne todos los recursos, que no tiene todos los laboratorios, que no tiene todos los medios de enseñanza, que no tiene todos los campos recreativos.

En nuestro país había 800 mil niños sin escuelas; en nuestro país actualmente hay más de un millón y medio de niños matriculados en la enseñanza primaria; en nuestro país actualmente se están construyendo simultáneamente más de cuarenta escuelas secundarias de quinientos alumnos por escuela, con los laboratorios más modernos, con todos los centros de recreación, con el deporte, con las actividades culturales, con la investigación científica, con la combinación del estudio y del trabajo.

Realmente nosotros les podemos decir que impresiona la calidad que nuestros jóvenes van adquiriendo. Una revolución no se hace sobre todo para de inmediato tener los resultados, no; de inmediato lo que tenemos es la lucha, de inmediato lo que tenemos es el esfuerzo. Una revolución se hace para el futuro.

Nuestra Revolución sigue programas de asistencia a los niños, les da facilidades a las mujeres que se incorporan en el trabajo. La situación de nuestro país es más mujeres constantemente pidiendo que se construyan más escuelas, que se construyan más jardines infantiles, que les den facilidades para incorporarse al trabajo. En nuestro país se acabaron los vicios, en nuestro país se acabó el juego, en nuestro país se acabó la prostitución desde hace muchos años. En nuestro país todas esas cosas horribles, dolorosas, de una sociedad explotadora, han desaparecido. (Aplausos).

En nuestro país se protege a las madres, en nuestro país se protege a los niños.

La Revolución ha erradicado muchas enfermedades. Por ejemplo, en nuestro país todos los años cientos de niños morían o quedaban inválidos de la poliomielitis; sin embargo, hace años no hay un solo caso de poliomielitis en Cuba. Cientos de niños morían de tétanos, porque no había ninguna medicina preventiva; sin embargo, se sigue un programa de vacunación contra el tétanos, y prácticamente se ha reducido al mínimo los efectos de esa enfermedad. En nuestro país morían miles de niños de gastroenteritis todos los años; la Revolución ha reducido esas enfermedades a cifras mínimas. Se ha erradicado el tifus, se ha erradicado el paludismo. Y algo más: en nuestro país cuando triunfa la Revolución había decenas de hospitales de tuberculosos, decenas de miles de hombres, dé mujeres, de niños, padeciendo la tuberculosis, y ya nosotros podemos decirles que afortunadamente en nuestro país se ha erradicado virtualmente la tuberculosis, va desapareciendo, y pensamos llegar a erradicarla totalmente (Aplausos). Muchos hospitales que antes eran antituberculosos, se dedican ahora a policlínicos y otros servicios.

En nuestro país la mayor parte de las mujeres daban a luz en su casa, sin ninguna asistencia; muchas de ellas morían, o morían los niños, o sufrían infecciones, problemas de todo tipo. Hoy por hoy casi el ciento por ciento de las mujeres van a dar a luz en los hospitales, con el máximo de seguridad para ellas y para los hijos (Aplausos).

Las posibilidades de la mujer en el trabajo eran mínimas; las posibilidades de estudio en los centros superiores también eran mínimas. Nosotros les podemos decir que, por ejemplo, hoy en la Escuela de Medicina el número de mujeres es tan elevado como el número de hombres, en el estudio de la medicina, en el estudio de la ingeniería, en el estudio de muchas carreras.

Ahora, ¿quiénes sufrían el hambre, quienes sufrían la represión, quiénes sufrían el crimen, quiénes vestían de luto, quiénes lloraban? ¡Las madres!

Las mujeres organizadas en nuestro país tienen cada vez una participación mayor en los problemas sociales, en los problemas de la Revolución; ellas se interesan por todo lo que tiene que ver con la familia, por todo lo que tiene que ver, en fin, educación, salud, lucha por la higiene, lucha contra enfermedades, en todos los aspectos. Por eso, la mujer en nuestro país es una gran fuerza de la Revolución.

A nosotros nos parece muy correcto, nos parece una cosa magnífica que se aparta de todo sectarismo el que las mujeres chilenas de izquierda se estén uniendo en una organización (aplausos), que se estén organizando los Comités de Mujeres Revolucionarias Chilenas.

En Cuba más de un millón de mujeres pertenece a la Federación de Mujeres Cubanas; tiene decenas de miles de Comités; organiza cursos de instrucción, preparación de la mujer; decenas y decenas de miles de jóvenes han adquirido conocimientos en esas instituciones y esos centros organizados por las mujeres. Es una organización que tiene cada vez más desarrollo, es una organización que atiende numerosas instituciones sociales: los círculos infantiles están atendidos por las mujeres, el Instituto de la Infancia está atendido por las mujeres. Y las mujeres tienen una participación cada vez mayor en la vida económica, en la vida social y en la vida política de nuestro país.

Nosotros hemos encontrado en este pueblo una gran calidad. Ustedes han emprendido un camino de transformaciones. Ese camino no es fácil; ese es un camino duro, ese es un camino difícil. Ustedes tienen que organizarse, ustedes tienen que levantar la conciencia, ustedes tienen que apelar a las mujeres, ustedes tienen que ganar las mujeres chilenas para la causa de la Revolución (Aplausos), ustedes tienen que librar una batalla ideológica, una batalla política.

Y ustedes tienen que salirles al paso a los demagogos, a los mentirosos, a los embaucadores, a los que han querido estar engañando a las mujeres y atrayéndolas con truquitos y mentiritas, con pequeños favorcitos. Díganles: no necesitamos favorcitos; lo que necesitamos es la liberación de la mujer, lo que necesitamos es la reivindicación de la mujer (Aplausos).

¡No necesitamos obras de caridad! (gritos de: "¡No!") ¡No pedimos limosna! (gritos de: "¡No!") ¡Lo que necesitadlos es dignidad! (gritos de: "Sí!") ¡Lo que necesitamos es que se nos considere como seres humanos, lo que necesitamos es el lugar que nos corresponde en la sociedad! ¡Lo que necesitamos es el futuro de nuestros hijos, el futuro de nuestros hijos! (Aplausos).

Hay que salirles al paso a las mentiras, a los trucos de los fascistas y de los reaccionarios. Hay que luchar, como decía Mireya, como decía María Elena. Hay que organizarse. Hay que formar conciencia. Hay que acumular fuerzas.

Porque si los reaccionarios creen que el pueblo está desunido o creen que el pueblo está débil, o creen que el pueblo es ignorante, se envalentonan, se atreven, atacan, organizan, engañan. Van a tratar de utilizar todas las dificultades, cualquier dificultad, pero las mujeres deben estar firmes. No dejarse jamás confundir, no dejarse jamás engañar.

Vean los argumentos. Vean qué de mentiras, vean qué de insolencias. Vean qué de insultos. ¿Por qué? ¿Por qué? porque se sienten débiles. Porque no tienen fuerza y hablan de cualquier cosa.

¡Ah! Se olvidan del pasado, cuando las cocinas no se encendían. ¡Ah! Cuando no había dinero para comprar nada. Se olvidan del pasado, del destino de ayer de los obreros, de los campesinos, de los niños. Y ahora inventan trucos, inventan cualquier pretexto.

¿No vieron lo que hicieron los reaccionarios? Tanto que se dan de decentes, ¡cómo nos han insultado, cómo no han respetado nada!

Nosotros les contábamos a los estudiantes de un libelo aquí de la reacción, un libelo del fascismo que sacaba cuatro fotografías. ¡Ah! Cuatro fotografías, ¿dónde? Si nosotros muchas veces no hemos dormido por conversar con los obreros, por conversar con los chilenos; hemos estado incesantemente realizando un esfuerzo de amistad, de solidaridad, de reciprocidad con el pueblo; si llegábamos a un lugar y unos campesinos nos daban vino, y llegábamos a otro lugar y nos daban unas empanadas, y llegábamos a otro lugar y nos daban cualquier cosa, todos los que han estado con nosotros saben que nosotros no hemos tenido tiempo prácticamente ni de respirar en todos estos días. Pero, ¿qué hacían ellos? Andaban allá velando si estaba comiendo una empanada y si estaba tomando vino, y entonces, para sacar una serie de fotografías y decir: desabastecimiento. Entonces, pintándonos a nosotros como un glotón comiendo. ¡Vean qué truco, qué intriga, qué asquerosidad, qué ruindad!

Para eso quieren esa libertad de prensa de que hablan, de que tanto hablan: para engañar, para mentir (aplausos). En ese mismo libelo hemos visto insultos similares, mentiras increíbles. íbamos nosotros de visita a las montañas, a la Escuela de Montaña a presenciar una maniobra de los soldados alpinistas, y cuando pasamos por el pueblecito de Los Andes, donde no estaba planteada ninguna visita, había miles de personas, y todos queriendo que se detuviera la caravana. Nosotros les decíamos: No podemos llegar tarde, por favor; venimos al regreso.

Por fin, al regreso llegamos. Ya tenían una tribuna hecha, en cuestión de horas. Nos detuvimos unos minutos a hablar con el pueblo, y al otro día en un libelo fascista que veíamos: "Mujeres de Los Andes abuchean a Castro". Mentirosos, farsantes, farisaicos. Tengo todo el derecho a defenderme de sus insultos y de sus mentiras (aplausos).

Prácticamente, no sólo pintarnos allí en esa forma como un glotón, como si fuéramos culpables de los desabastecimientos. ¿Saben quiénes tienen esa culpa? Los explotadores, los que saquearon este país, los que le llevaron miles de millones de pesos a este país, miles de millones de dólares. Son ellos los que se robaron todo, los que saquearon todo explotando a este pueblo. Que no vengan ahora a pretender esas insolencias, y esos insultos y esas groserías con el visitante. Quienes se robaron este país fueron los monopolios que al cobre sólo le sacaron miles de millones de dólares. Los colonialistas y los imperialistas le han sacado a este país mucho más que lo que dejaron aquí: el sudor y la sangre de los chilenos. En el salitre, en el pasado; en el cobre, luego, en sus recursos. Y nunca escribieron una palabrita contra ellos, no: contra los que gastaban el dinero de los chilenos en Nueva York, contra los que se repartían dividendos, los que gastaban millones de pesos que salían, ¿de dónde? ¿De dónde salían todos esos dividendos que se repartían? (Exclamaciones: "de los trabajadores"). ¡De los trabajadores, de los hombres y mujeres de este país! Pero de eso no decían una palabra.

Y ahora, cuando viene el proceso, cuando el cobre se recupera, cuando el salitre se recupera, cuando los bancos se recuperan, cuando el carbón se recupera, cuando los recursos fundamentales se recuperan, ahora han perdido las casillas, han perdido el control, están desesperados. Pero por eso creemos que el pueblo chileno debe tener conciencia de todas esas verdades. (Aplausos).

Al principio se pintaban muy finos, ¡muy finos!, porque son farisaicos, porque son hipócritas. Pero poco a poco, a medida que iban perdiendo el control, se iban enfureciendo, comenzaban a insultar, a insultar, a insultar cada vez más. No tienen argumentos, están desarmados ideológica y moralmente; no pueden discutir; tienen que acudir al truco, a la mentira, a la infamia, a esas cosas.

Los culpables de los problemas que tenga el país hoy, ¿quiénes son? (Gritos). Durante tanto tiempo fueron los que controlaron la tierra y lo controlaron todo. ¿Y qué le dejaron al país? Nada. ¿Lo dejaron rico? (Exclamaciones de: "no"). Lo dejaron pobre. El pueblo ahora tiene que sufrir sus consecuencias, y cuando vengan con esos trucos decirles: "Vayanse al diablo, que ustedes son los culpables de todos los problemas que podamos tener". (Aplausos). Vayanse al diablo, que ahora nosotros vamos a construir nuestro futuro; vayanse al diablo, que ahora nosotros somos dueños de nuestro cobre, de nuestro hierro, de nuestro salitre, de nuestras industrias fundamentales, y las industrias fundamentales que nos faltan. Hay que decirles: vayanse al diablo, no vengan a engañar al pueblo humilde, no vengan con cantos de sirenas, no vengan a hacerles cuentos a los obreros, a los humildes, a los explotados; porque los obreros, los humildes, los explotados estamos unidos, estamos firmes y no nos van a volver a engañar nunca jamás. (Aplausos).

Es así, con la verdad, con la verdad, con la verdad; con la razón, con la razón, con la razón; con la moral, con la moral, con la moral (Aplausos). Luchar, levantar los espíritus formar conciencias, porque es así como nosotros hemos construido nuestra patria, pequeño país, frente al poderoso coloso del norte. Pero el poderoso coloso del norte ensayó todos los trucos, todas las mentiras, todos los bloqueos, todas las agresiones. Pero no pudieron vencernos, a pesar de su poder.

Y la Revolución es más sólida, la Revolución es más firme. Tenemos un pueblo unido, tenemos un pueblo consciente, tenemos un pueblo que ha adquirido una gran cultura política; tenemos un pueblo decidido a mantener su bandera, a mantener su causa, a defender su patria y a defender sus ideas hasta la última gota de sangre (aplausos). Y por eso nuestro país es sólido y por eso nuestra Revolución se mantiene y se mantendrá.

La firmeza de nuestro pueblo, el heroísmo de nuestro pueblo, contando con la solidaridad internacional, contando con la ayuda de nuestros amigos, los revolucionarios de otros países del mundo, hemos logrado resistir el bloqueo, las agresiones, los trucos y las mentiras, y marchamos victoriosos hacia adelante. Y tal será también el camino de los demás pueblos.

Ya al menos, gracias a la victoria de la Unidad Popular, hemos podido reunimos con los chilenos (aplausos). Y otros pueblos seguirán el ejemplo, otros pueblos seguirán el camino. Un día formaremos parte de la gran comunidad de pueblos latinoamericanos, hermanaremos nuestras banderas y habremos alcanzado nuestras definitivas independencias por las cuales lucharon los fundadores de nuestras patrias, Bolívar, San Martín, Sucre, O'Higgins, Hidalgo, Morelos, Martí, Maceo, todos los que lucharon para hacer la independencia; independencia que después nos las coartaron, nos las limitaron, apoderándose de nuestras riquezas, de nuestros recursos naturales, obligando a trabajar a los pueblos para los intereses de los monopolios.

Estamos en la fase definitiva, en la fase de alcanzar esa independencia definitiva; en la fase de alcanzar una sociedad justa, una sociedad humana. Hermanaremos nuestras banderas, seguiremos adelante y seremos definitivamente libres. Y en ese camino estamos seguros de que en Chile, como en Cuba, las mujeres sabrán ocupar su papel, las mujeres sabrán aportar su energía, su fuerza y su pasión a la causa revolucionaria; que en Chile, como en Cuba, las mujeres, unidas, estarán también en la primera fila de la lucha por la Revolución.

Muchas gracias.

(Ovación).


Fidel en Chile

En el mitin del Estadio Nacional

“FIDEL ANALIZA A FONDO EL PROCESO CHILENO”

Discurso pronunciado por el Comandante Fidel Castro, en el acto de despedida que le brindan Allende y el pueblo de Chile, efectuado en el Estadio Nacional, el 2 de diciembre de 1971.

QUERIDO Presidente;
Revolucionarios chilenos;
Chilenos todos:

El Presidente nos ha dejado tan impactados con sus palabras, que tenemos que serenarnos un poquito. El Presidente ha dicho palabras emocionantes y valientes (aplausos), analizando algunas cuestiones de actualidad. Pero en mi caso, aunque en estos días haya estado con alguna actualidad, soy un visitante que no debo ocuparme de tales actualidades (aplausos). Debemos y podemos hablar de otras actualidades que son comunes a los intereses de todos nuestros pueblos; debemos y podemos ocuparnos de otras cuestiones que son comunes a todos los procesos revolucionarios.

Hay una pregunta muy común en los chilenos, que nos hemos encontrado en casi todas partes y que revela ese gran espíritu patriótico de los chilenos y un poco de ese orgullo patriótico de los chilenos, y es que se llenan los pulmones de aire, suspiran profundamente y preguntan; ¿qué le parece a usted este país? ¿Qué impresiones tiene usted de este país? aun cuando sepan lo que a uno le parece, aun cuando conozcan de antemano las impresiones; como cuando preguntan: "¿cómo lo han tratado en este país?, aun cuando puedan conocer la respuesta de nuestros sentimientos hacia los que aman verdaderamente este país.

Pero, desde luego, sobre impresiones se pueden decir muchas cosas que vayan desde la majestuosidad de las montañas, o el azul del cielo, o las bellezas de la luna, los recursos naturales, sus paisajes impresionantes. Pero nosotros no somos geólogos, ni somos naturalistas y, lamentablemente, de poeta sólo tenemos aquello que dice el refrán, que a todos nos atribuye un poco de poeta y de loco. Imagino que los chilenos hayan conocido también ese refrán.

En cambio, hay cuestiones que nos interesan mucho más. Nos interesa el paisaje humano por encima de todos, nos interesa el pueblo por encima de todo, nos interesan los chilenos por encima de todo (aplausos).

Si a algo hemos dedicado nuestra vida es a la cuestión humana, a la cuestión social, a la cuestión revolucionaria. Si algo nos despierta el interés por encima de todo es la lucha de los pueblos y de los hombres, es la marcha histórica de la humanidad desde que el hombre vivía en hordas primitivas al hombre de hoy. Si algo nos interesa es el espectáculo vivo de un proceso en sus momentos críticos.

Porque la marcha de la humanidad ha sido lenta. En ocasiones la marcha se detiene, en ocasiones incluso retrocede; pero también en ocasiones se acelera. Esos son los momentos de crisis, esos son momentos de revoluciones.

Hemos visitado a Chile no como turistas. Hemos visitado a Chile como revolucionarios, como amigos (aplausos), como solidarios de este proceso, como solidarios de este proceso y de este país. Hemos visitado a Chile —y en esto permítasenos una pequeñita discrepancia con el Presidente, pero no una discrepancia constitucional ni protocolar, sino simplemente conceptual... El dijo que no habíamos venido ni a aprender ni a enseñar.

Y la discrepancia es que si bien estamos absolutamente de acuerdo en que no vinimos a enseñar —y no sé qué clase de miedo tenían esos que andaban con los libritos diciendo que no tenía nada que enseñarles, y que tal vez reflejaba una especie de complejo, un miedo subconsciente—, sin embargo, decimos con toda franqueza que hemos venido a aprender. (Aplausos).

Pero nadie piense que hemos venido a aprender algunas de las cosas que nos aconsejaban algunos libeluchos o algunos sesudos de las teorías políticas reaccionarias que decían que qué bueno que veníamos a aprender de elecciones, de parlamento, de libertades determinadas de prensa, etcétera. Muy interesante la cuestión, pero ya nosotros aprendimos bastante de todo eso, durante 50 años conocimos muchas de esas libertades burguesas, capitalistas y conocimos sus instituciones demasiado bien.

Y no es que digamos que no sean buenas...También en su época fue buena la democracia griega (aplausos), también en su época significó un extraordinario adelanto de la sociedad humana la República romana con sus millones de esclavos, sus circos de gladiadores y sus cristianos devorados por leones; también el medioevo se consideró un avance sobre la esclavitud primitiva, a pesar de la servidumbre feudal; también la Revolución Francesa históricamente famosísima significó un avance sobre la sociedad medioeval y las monarquías absolutas que en un tiempo llegaron a gozar de prestigio y fueron consideradas altas instituciones en la marcha del progreso humano. Y existieron incluso los llamados déspotas ilustrados.

De manera que el advenimiento de una forma nueva de producción y la creación de nuevas relaciones de producción y de propiedad y de apropiación de los productos determinaron el nacimiento de todas esas superestructuras que fueron consideradas buenas en un momento dado de la marcha de la humanidad. Pero quienes pretendan que alguna sociedad o algún sistema social y la superestructura que tal sistema social representa sean eternas se equivocan, porque eso está desmentido absolutamente por la historia. Y a una forma social sucede otra; y a esa, otra; y a esa, otra, y cada vez fue una forma social superior.

La burguesía incluso en su época, cuando no existía el proletariado, fue revolucionaria, fue una clase revolucionaria y dirigió al pueblo en la lucha por una forma social nueva, y dirigió a los campesinos, que eran siervos de los feudales, y dirigió a los artesanos. No existía el proletariado y la sociedad humana continuó su marcha.

Pretender que esa forma que surgió hace dos siglos, pretender que esa forma es eterna, pretender que es la máxima expresión del avance humano, pretender que con ello culminó el progreso de la humanidad, no constituye desde el punto de vista histórico y científico sino una completa ridiculez.

Pero, además, todas las sociedades, todos los sistemas sociales caducos, cuando estaban próximos a ser abolidos se defendieron y se defendieron con tremenda violencia a lo largo de la historia. Ningún sistema social se resignó a desaparecer de "motu proprio", ningún sistema social se resignó a las revoluciones. Y desde luego, por eso nosotros decíamos que algunas veces fueron buenos, sólo que hoy están condenados por la historia, están sencillamente caducos, son sencillamente anacrónicos.

Y los anacronismos existen mientras pueden existir, los anacronismos subsisten mientras los pueblos no tienen fuerzas suficientes para cambiarlos (aplausos), los anacronismos subsisten simplemente mientras no pueden ser cambiados. Pero el que no puedan ser cambiados en un momento dado en un proceso, no significa históricamente que serán eternos.

"En nuestro país, que conocimos aquellas formas del Estado de explotación, aquellos instrumentos de que se valieron los explotadores para reprimir a los explotados, sus instituciones han sido cambiadas. ¿Es acaso un secreto? ¿Es acaso un secreto los cambios que han ocurrido en Cuba?

Y nosotros, en la Universidad Técnica, a una pregunta contestamos que efectivamente nosotros no éramos demócratas representativos, no éramos demócratas representativos, y mucho menos cuando ustedes saben perfectamente bien a quiénes se les ha llamado demócratas representativos en este continente (aplausos).

Y nosotros decíamos, y nosotros decíamos: en nuestro país nuestro pueblo no necesita que lo represente nadie, porque el pueblo se representa a sí mismo. (Aplausos).

En nuestro país se han producido cambios muy profundos, muy profundos, incluso difíciles de comprender a distancia, muy difíciles de comprender sobre todo a través del prisma de la mentira y de la calumnia en que tanto se han especializado a lo largo de la historia los reaccionarios.

Porque hay una diferencia entre el revolucionario y el reaccionario, y es que el revolucionario no miente, el revolucionario no puede mentir, el revolucionario vive de convicciones íntimas, de motivaciones profundas. Y la mentira es una violación del carácter, la mentira es una violación de los sentimientos más íntimos del hombre, la mentira es el arma de los que no tienen razón, la mentira, es el arma del que no tiene argumento, la mentira es el arma del que desprecia a los demás y, sobre todo, desprecia al pueblo. (Aplausos).

El arma del revolucionario es la verdad, el arma del revolucionario es la razón, el arma del revolucionario es la idea, el arma del revolucionario es el pensamiento, el arma del revolucionario es la conciencia, el arma del revolucionario es la cultura, el arma del revolucionario contemporáneo es la interpretación correcta de las leyes científicas que rigen la marcha de la sociedad humana. ¡Nosotros no mentimos ni mentiremos jamás! Y no tememos enfrentarnos en el campo de las ideas a ningún adversario. La verdad siempre saldrá victoriosa a la larga. Y la tarea del revolucionario es, en primer término, armar los espíritus, ¡armar los espíritus! Incluso ningún arma física tiene ningún valor si antes no están bien armados los espíritus. (Aplausos).

No intentamos siquiera que desde tal distancia se puedan comprender los problemas de nuestro país. No lo intentamos. No es, incluso, una cuestión fundamental. Pero sólo decimos que cuando hablamos de que sí vinimos a aprender, no veníamos a aprender cosas caducas ni anacrónicas en la historia de la humanidad (aplausos), ni nos interesa fundamentalmente el día o la hora, el cómo y el cuándo, los pueblos deciden barrer con los anacronismos. Nadie los barrerá en ninguna parte en tanto no puedan. Nadie puede barrerlos antes de tiempo. Ojalá siempre sean barridos lo más pronto posible. (Aplausos). Hemos venido a aprender en un proceso vivo, hemos venido a aprender cómo se comportan las leyes de la sociedad humana, hemos venido a ver algo extraordinario, ¡algo extraordinario! En Chile está ocurriendo un proceso único, algo más que único: ¡insólito! Es el proceso de un cambio, es un proceso revolucionario, donde los revolucionarios tratan de llevar adelante los cambios pacíficamente. Un proceso único, prácticamente el primero en la historia de la humanidad. No decimos en la historia de las sociedades contemporáneas: único en la historia de la humanidad, donde tratan de llevar a cabo el proceso revolucionario por los cánones legales y constitucionales, mediante las propias leyes establecidas por la sociedad, o por el sistema reaccionario, mediante el propio mecanismo, mediante las propias formas que los explotadores crearon para mantener su dominación de clases.

Entonces es realmente algo único, algo insólito. Y ¿cuál fue nuestra actitud? Nosotros los revolucionarios, que no hicimos nada único ni hicimos nada insólito. Porque los revolucionarios cubanos tenemos si acaso el mérito de haber sido la Primera Revolución Socialista de América latina (aplausos), pero no tenemos el mérito de haberlo hecho en forma insólita y única. Pero, ¿cuál fue nuestra actitud? La de solidaridad con ese proceso, la de nuestra solidaridad con los hombres que quieren llevar ese camino, nuestra comprensión, nuestro apoyo moral, nuestra curiosidad, nuestro interés.

Porque es como hemos dicho en otras ocasiones que no son los revolucionarios los inventores de la violencia. Fue la sociedad de clases a lo largo de la historia la que creó, desarrolló e impuso su sistema, siempre mediante la represión y la violencia. Los inventores de la violencia fueron en todas las épocas los reaccionarios, los que impusieron a los pueblos la violencia fueron en todas las épocas los reaccionarios.

Y nosotros observamos, y el mundo observa con enorme interés, cómo se desarrolla este proceso chileno en las circunstancias actuales del mundo, incluso dentro de la actual correlación de fuerzas del mundo.

Ahora, para nosotros eso constituye un acontecimiento extraordinario.

Nos preguntaron en algunas ocasiones, de un modo académico, si considerábamos que aquí tenía lugar un proceso revolucionario. Y nosotros dijimos sin ninguna vacilación: sí. Pero cuando se inicia un proceso revolucionario, o cuando llega el momento en un país en que se produce lo que podemos llamar una crisis revolucionaria, entonces las luchas y las pugnas se agudizan tremendamente. Las leyes de la historia cobran su plena vigencia.

Y cualquiera que haya vivido en este país tres semanas, cualquiera que haya visto y analizado los factores, las medidas primeras tomadas por el gobierno de la Unidad Popular, medidas que golpearon fuertemente a poderosos intereses imperialistas, medidas que culminaron en la recuperación de riquezas fundamentales del país, medidas que se caracterizaron por el avance de las áreas sociales, medidas que se caracterizaron por la aplicación de una ley de reforma agraria —que no la hizo el gobierno de la Unidad Popular, y que fue una ley de reforma agraria concebida con otros objetivos, una ley de reforma agraria muy limitada v realmente muy tibiamente aplicada cuando se aprobó—, esas medidas han creado, han comprobado —puede decirse— la gran verdad histórica de que el proceso de cambio genera una dinámica de lucha. Y las medidas realizadas ya y que constituyen el inicio de un proceso, han desatado la dinámica social, la lucha de clases; han desatado la ira y la resistencia, como en todos los procesos sociales de cambio, de los explotadores, de los reaccionarios.

Ahora bien: la cuestión que obviamente se plantea —visto por un visitante— este proceso, es si acaso se cumplirá o no la ley histórica de la resistencia y de la violencia de los explotadores. Porque hemos dicho que no existe en la historia ningún caso en que los reaccionarios, los explotadores, los privilegiados de un sistema social, se resignen al cambio, se resignen pacíficamente a los cambios. De manera que ésta es una cuestión, a nuestro juicio, esencial, y un aspecto que ha ocupado nuestro interés, y algo en lo cual hemos estado aprendiendo, y aprendiendo mucho en estos días.

¡Sí, señores!, sobre todo los que me pedían que viniera a aprender. He aprendido mucho cómo funcionan las leyes sociales en los procesos revolucionarios, cómo reacciona cada sector y cómo luchan las diversas fuerzas. (Aplausos). Lo hemos vivido. Y lo hemos vivido aun en nuestra propia piel —y no porque me hayan atravesado la piel con ninguna pedrada o con ningún balazo, o porque me hayan quemado un poco. No he visto pasar ni de lejos una piedra. He sentido como visitante, como amigo, como solidario, he sentido otro tipo de agresiones harto conocidas: de insultos, de campañas.

No somos tampoco ajenos posiblemente a la agudización de algunos problemas. Y quizás hasta incluso nuestra visita constituyera un elemento de estímulo a los que querían crear dificultades al gobierno de la Unidad Popular. En un momento en que realmente había aquí se dice que cientos y cientos de periodistas de todo el mundo para reportar sobre esta visita; en un momento en que en el mundo entero, en todos los países de Europa, de Asia, de África, de América latina, se hablaba de esta visita, de este encuentro entre chilenos y cubanos, de este encuentro entre dos procesos que se iniciaron en formas tan diferentes; cuando Chile y la imagen chilena recorrían ampliamente el mundo, es obvio que eso podía producir cierta irritación, cierto malestar, cierto exacerbamiento, y se condujera a la aceleración de determinadas actitudes.

De modo que, como visitante, he recibido en nombre del pueblo de Cuba extraordinarias pruebas de afecto, pero hemos tenido oportunidad de apreciar y de ver cómo se manifiestan estos fenómenos.

Indiscutiblemente que quien visitaba este país no era Benito Mussolini (abucheos), quien visitaba este país no era Adolfo Hitler (abucheos), quien visitaba este país no era un fascista, quien visitaba este país no era un instrumento de los monopolios yanquis (abucheos), quien visitaba este país no era un amigo de los poderosos y de los privilegiados. Quien visitaba este país era un amigo de los humildes, un amigo de los trabajadores, un amigo de los campesinos, un amigo de los estudiantes, un amigo de los pueblos. (Aplausos y gritos de "Fidel, Fidel").

Por eso, cuando nosotros hablábamos y cambiábamos impresiones con los compañeros chilenos a raíz de la invitación del Presidente, y nos preguntaban qué deseábamos ver, pues nosotros decíamos: "deseamos conocer las minas, el salitre, el cobre, el hierro, el carbón, los centros de trabajo, los centros agrarios, las universidades, las organizaciones de masa, los partidos de izquierda; deseamos hablar con los revolucionarios y hablar incluso con aquellos que, aunque no se puedan considerar revolucionarios, son personas decentes. (Aplausos). No se nos podía ocurrir otra cosa.

Y, efectivamente, se organizó ese tipo de visita. Pero, ¿por qué? ¿Por qué? Porque nosotros sabemos dónde están nuestros amigos, en qué clase social. Y nosotros sabemos que donde están los obreros, y los campesinos, y los humildes, están nuestros amigos. (Aplausos).

Y por eso el recibimiento que hemos tenido en todos los pueblos, en todas las universidades, en los campos, el recibimiento extraordinariamente afectuoso que hemos tenido en todos los centros de trabajo, en todos, sin una sola excepción, ni aun en aquellos sitios donde los reaccionarios se empeñaron más en deformar la conciencia del obrero. ¡Ni en esos! El espíritu del obrero, del hombre humilde, del creador de las riquezas con su sudor y con sus manos, fue el mismo espíritu que dicen las leyes de la historia.

Por eso nosotros tuvimos la oportunidad de comprobar ese fenómeno y cómo se produce el fenómeno, a pesar del extraordinario diluvio de campañas de calumnias, de mentiras, que las agencias cablegráficas de los monopolios yanquis han regado sobre Cuba. Y, sin embargo, ¿de qué sirvió todo eso?

Desde luego, no podíamos nosotros ni siquiera imaginar, y habría que estar absolutamente loco para creer que íbamos a ser recibidos afectuosamente por los intereses opuestos de los obreros, de los campesinos y de los humildes de este país. Nosotros no íbamos a ser bien recibidos por los poderosos, los terratenientes, los reaccionarios. En dos palabras: ¡chilenos, nosotros no esperábamos ser bien recibidos por los fascistas! (Aplausos).

Pero, repito, hemos aprendido otra cosa, hemos aprendido la comprobación más de otra ley de la historia: hemos visto el fascismo en acción y hemos podido comprobar un principio contemporáneo: que la desesperación de los reaccionarios, la desesperación de los explotadores en el mundo de hoy —como ya se ha conocido nítidamente por la experiencia histórica— tiende hacia las formas más brutales, más bárbaras, de violencia y de reacción.

Y todos conocen la historia del fascismo en diversos países, en los países que fueron las cunas de esos movimientos; cómo surgieron y cómo los privilegiados, los explotadores, cuando aun sus propias instituciones, cuando aun sus propias instituciones inventadas y creadas por ellos para mantener el dominio de clase no les sirven, las destruyen ellos mismos. Inventan una legalidad, inventan una constitución, inventan parlamento.... Cuando digo inventan una constitución, digo: inventan una constitución burguesa, porque las revoluciones socialistas establecen sus propias constituciones y sus propias formas de democracia.

Pero, ¿qué hacen los explotadores cuando sus propias instituciones ya no les garantizan el dominio? ¿Cuál es su reacción cuando los mecanismos con que han contado históricamente para mantener su dominio les fracasa, les falla? Sencillamente los destruyen. No hay nadie más anticonstitucional, más antilegal, más antiparlamentario y más represivo y más violento y más criminal que el fascismo. (Aplausos).

El fascismo en su violencia liquida todo, arremete contra las universidades, las clausura y las aplasta; arremete contra los intelectuales, los reprime y los persigue; arremete contra los partidos políticos; arremete contra las organizaciones sindicales; arremete contra todas las organizaciones de masas y las organizaciones culturales. De manera que nada hay más violento, ni más retrógrado ni más ilegal que el fascismo.

Y nosotros hemos podido ver en este insólito y único proceso cómo se manifiesta esa ley de la historia; que los reaccionarios, los explotadores, en su desesperación, apoyados fundamentalmente desde el exterior, genera y desarrolla este fenómeno político, esa corriente reaccionaria que es el fascismo.

Y les decimos con toda franqueza que hemos tenido la oportunidad de aprender y de ver el fascismo en acción. (Aplausos).

Y, sinceramente, creemos que no habrá nada que pueda enseñarnos tanto a nosotros como esta visita. Pero también se dice que no hay nada que enseñe a los pueblos tanto como un proceso revolucionario. Todo proceso revolucionario enseña a los pueblos en unos meses lo que a veces dura decenas de años en aprender.

Hay una cuestión: ¿quién aprenderá más y más pronto?, ¿quién tomará más conciencia y más pronto: los explotadores o los explotados? ¿Quiénes aprenderán más rápidamente en este proceso: el pueblo o los enemigos del pueblo? ¿Y están ustedes completamente seguros, ustedes que son protagonistas, que son actores de esta página que escribe su Patria, están completamente seguros de que ustedes han aprendido más que sus explotadores? (Gritos de: "Sí").

Permítanme entonces discrepar, en este caso no del Presidente, sino de la masa. (Aplausos).

Mañana dirán, algún cintillo, en algún lugar del mundo, las agencias: "Discrepa Castro de la masa". Discrepamos en una apreciación de la situación.

Y en esta especie de diálogo sobre cuestiones científicas e históricas, nosotros podemos decir que no estamos completamente seguros que en este singular proceso el pueblo, el pueblo humilde, que es la inmensa mayoría del pueblo, haya estado aprendiendo más rápidamente que los reaccionarios y que los antiguos explotadores.

Pero hay además algo: los sistemas sociales que las revoluciones están cambiando llevan muchos años de experiencia, muchos años de experiencia. Acumularon experiencias, acumularon culturas, acumularon técnicas, acumularon trucos de toda especie para actuar frente a los procesos revolucionarios. Y mientras se presentan a la masa del pueblo que no tiene esa experiencia, que no tiene esos conocimientos, que no tiene esas técnicas, se enfrenta con toda la experiencia y las técnicas acumuladas de los otros.

Y si ustedes desean que nosotros seamos francos, y hemos dicho que nosotros no podemos expresar una mentira; podemos equivocarnos, hacer una apreciación falsa, pero jamás decir algo que no creamos, y nosotros creemos sinceramente que el aprendizaje de la parte opuesta, el aprendizaje de los reaccionarios ha ido más rápido que el aprendizaje de las masas. (Aplausos).

¿Es que acaso le faltaran cualidades a este pueblo? ¿Es que acaso el pueblo chileno fuera un pueblo que careciera de las mayores virtudes patrióticas, de las mayores virtudes de carácter, de valor, de inteligencia, de entereza? ¡No! Nosotros estamos impresionados extraordinariamente por las características del pueblo chileno. Y nosotros en todas partes, a veces en contactos con campesinos, después de hablar media hora con ellos, les preguntábamos en qué grado estaban y nos decían: no sabemos leer ni escribir.

Nos impresionó extraordinariamente lo apasionado del carácter chileno, en las recepciones, en los recorridos; el valor, la decisión, cómo los hombres se lanzaban delante de los carros. Pero algo más: cómo se lanzaban las mujeres. Pero algo más: cómo en numerosas ocasiones vimos madres con los hijos en los brazos atravesarse delante con una decisión y un valor impresionante.

Hemos visto en el pueblo chileno cualidades que nuestro pueblo no tenía al comienzo de la Revolución: más nivel cultural, más cultura política —escúchese bien—, más cultura política, mucha más cultura política; porque en nuestro país no existía la situación de Chile hoy día: la victoria en las urnas de los partidos marxistas, es decir, Partido Comunista, Partido Socialista y otras organizaciones que apoyaban a esos partidos. (Aplausos).

En el orden de la cultura política, ustedes han partido de un nivel mucho más alto que nosotros. Pero algo más: ustedes han partido de una tradición patriótica de 150 años, de una tradición nacional de 150 años; ustedes han partido de un nivel de patriotismo mucho más alto, de una valoración superior de las cuestiones de su país, de su patria.

Nuestro país estaba demasiado penetrado por la ideología del imperialismo, nuestro país había sido demasiado invadido por la cultura imperialista, por el modo de vida, por todos los hábitos de aquella sociedad tan vecina a nosotros que era Estados Unidos. (Abucheos).

De manera que por eso, nosotros en ese sentido éramos mucho más débiles que ustedes.

Es decir, en toda una serie de aspectos este pueblo, este pueblo, parte de un nivel superior al nuestro. Desde el punto de vista económico, Chile tiene más recursos económicos que Cuba, tiene un mayor desarrollo económico incomparablemente al que tenía Cuba; disponía de un recurso nacional que ahora es suyo; es decir, dispone ahora de un recurso nacional como el cobre, en el que treinta mil obreros producen casi mil millones de dólares en moneda exterior, en divisas. (Aplausos). Recursos energéticos, casi dos millones de toneladas de petróleo; recursos hidroeléctricos; hierro, carbón, industria alimenticia mucho más desarrollada que Cuba; industria textil. Es decir que parten ustedes de un nivel de desarrollo técnico y de desarrollo industrial muy superior al que había en Cuba.

De manera que en este país están dadas todas las condiciones de carácter humano, todas las condiciones de carácter social, para el avance.

Pero ustedes tienen algo también que no teníamos nosotros. En nuestro país los oligarcas, los terratenientes, los reaccionarios, no tenían la experiencia de esa contrapartida de ustedes aquí; en nuestro país, además, los terratenientes y los oligarcas no se preocupaban de que pudiera haber cambio social porque decían: los americanos —ellos llaman los americanos a los norteamericanos—, los americanos se encargan de eso; aquí no puede haber ninguna Revolución. Y se dormían sobre los laureles. En Chile no es así, en Chile no es así.

La reacción, la oligarquía, está mucho más preparada de lo que estaba la de Cuba, mucho más organizada y mucho más equipada para resistir los cambios desde el punto de vista ideológico. Ha creado todos los instrumentos para librar una batalla en todos los terrenos frente al avance del proceso; una batalla en el campo ideológico, una batalla en el campo político, una batalla en el campo de masas —fíjense bien—, una batalla en el campo de masas contra el proceso.

Ahora bien: esa es la diferencia fundamental. Hay otras, hay otras. No me refiero a las otras porque eran caminos totalmente diferentes.

Pero cuando la Revolución en nuestro país triunfa, cuando se inicia —nosotros le llamamos triunfo de la Revolución al primero de enero, pero lo consideramos históricamente como el inicio del proceso—. cuando se inicia ese proceso, también tuvimos resistencia. No vayan a creer que no tuvimos resistencia, no vayan a creer que en Cuba no hubo resistencia de la reacción o de la oligarquía. Hubo resistencia y fuerte. Acudieron a todos los recursos que tenían a mano, a todas las armas, ayudados muy directamente por los imperialistas. Y en todos los campos —fíjense bien—, en todos los campos nos presentó batalla. La presentó en el campo ideológico, la trató de presentar en el campo de masas, la presentó en el campo armado. A nosotros se nos puede decir que iniciamos un proceso de lucha armada en Cuba, pero nosotros no inventamos la resistencia armada. Y la resistencia armada nos costó muy cara y la resistencia armada de la reacción le costó a nuestra patria más sangre y más víctimas que la guerra revolucionaria. ¡Vean!

Murieron más hombres frente a la violencia reaccionaria de los que habían muerto en los combates de la guerra revolucionaria. Nos costaron cientos y cientos de vidas, nos costaron cientos y cientos de millones de dólares. Porque las medidas de sabotaje, la creación de bandas mercenarias armadas en casi todo el país, las infiltraciones constantes de espías, los lanzamientos constantes de armas nos costaron a nosotros años de lucha, la invasión mercenaria de Girón, después las amenazas de la crisis de octubre. Instigados por los imperialistas nosotros hemos tenido que estar luchando durante todos estos años.

Ahora bien: nosotros les hemos ganado la batalla en todos los terrenos (aplausos), les hemos ganado la batalla, en primer lugar, en el terreno ideológico; en segundo lugar, en el terreno de masas, y, en tercer lugar, les ganamos la batalla en el terreno de las armas. (Aplausos).

A nuestro juicio, el problema de la violencia en estos procesos, incluido el de Cuba, una vez que se ha instaurado el régimen revolucionario, no depende de los revolucionarios. Sería absurdo, sería incomprensible, sería ilógico que los revolucionarios cuando tienen la posibilidad de avanzar y de crear, de trabajar, de marchar adelante vayan a promover la violencia. Pero no son los revolucionarios los que en esas circunstancias crean la violencia. Y si ustedes no lo saben, seguramente que la propia vida se encargará de demostrárselo. (Aplausos).

Esa fue nuestra experiencia cuando el movimiento revolucionario cubano triunfa. El trabajo no fue fácil. Nadie se lo imagine fácil. Créanme que en nuestro país había más partidos que en Chile, había más partidos que en Chile. En nuestro país hubo de todo. Por eso no hay por qué desanimarse; existieron todo tipo de discrepancias. Pero al lado de eso había una fuerza unificadora, al lado de eso había un propósito de unir y una conciencia de unión y de suma de fuerzas. Eso no faltó nunca. Y Uds. deben saber que en nuestro país la fusión de los partidos no se hizo por decreto. Nadie se imagine que en Cuba alguien decretó una ley fundiendo los partidos. ¡No! En Cuba se fueron uniendo progresivamente las fuerzas revolucionarias y se fueron fundiendo progresivamente. Fue un proceso de años. Hoy en nuestro país hay una sola fuerza revolucionaria, que es la fuerza revolucionaria del pueblo de Cuba. (Aplausos).

Yo no sé cuántas decenas de miles de personas hay aquí. No sé. Ustedes deben tener más o menos una idea. Pero tantas personas como hay aquí se reúnen en Cuba en diez minutos, y en dos horas se reúnen diez veces todas las personas que hay aquí (Aplausos), ¡en dos horas! Y nuestra capital tiene dos tercios de la población de la capital de Santiago.

En nuestro país se ha llegado a un gran nivel de unidad, a un gran desarrollo de la conciencia revolucionaria, se ha generado una forma nueva de patriotismo muy sólida, ¡muy sólida!, que ha hecho de nuestra patria un baluarte de la revolución y una trinchera entre las naciones de este continente que el imperialismo no podrá destruir (Aplausos).

Hemos escuchado con asombro lo que explicaba el Presidente de que por allá por Washington o por Nueva York un periódico de mucha circulación publicó una declaración de altos funcionarios que decía que las horas del Gobierno Popular en Chile estaban contadas (Abucheos). Pues bien: hace mucho rato —¡mucho rato!— aparte la grosería, aparte la intromisión, aparte el insólito augurio, aparte la ofensa, aparte la insolencia, quiero señalar que hace muchos años que a ningún loco funcionario en ese país se le ocurre decir que las horas de la Revolución Cubana están contadas (Aplausos). Habrá que no sólo indignarse, habrá que no sólo enfadarse, habrá que no sólo proclamar la dignidad herida, protestar de la ofensa, sino que habrá que preguntarse por qué creen eso, y por qué se sienten tan seguros, qué cálculos han hecho, qué computadoras han introducido en la cuestión. No quiere esto decir que las computadoras yanquis no se equivoquen. Nosotros tenemos buena experiencia de que se equivocan (Aplausos).

Y en Girón, en Girón, se equivocaron las computadoras del Pentágono, de la CIA, del gobierno, de todo el mundo. Se equivocaron y se equivocaron por millones de diferencia. Es decir, las computadoras se equivocan.

Pero hay que preguntarse por qué ese optimismo, por qué esa seguridad, en qué base se apoyan, qué los alienta. Habrá que preguntarse. Y serán ustedes los únicos que podrán dar la respuesta.

Pero, ¿acaso les interesa la opinión de un visitante no turista? ¿Me autorizan? (Gritos de: "¡Sí!") Que levanten la mano los que están de acuerdo. (El público presente levanta la mano).

Bueno, ante esa autorización, ante esa autorización plebiscitaria (Aplausos y gritos de "Fidel, Fidel"), les digo ante esa autoriza ción plebiscitaria en materia de conceptos, ¡en materia de conceptos!, les digo que por debilidades en el propio proceso revolucionario (Aplausos). Por debilidades en la batalla ideológica, por debilidades en la lucha de masas, por debilidades frente al adversario (Aplausos). Y el adversario exterior, apoyando al adversario interior, trata de aprovechar todo resquicio, toda debilidad. Podíamos decir por debilidades en la consolidación de fuerzas, en la unión y ampliación de fuerzas.

Ustedes viven un proceso, ustedes viven un proceso muy especial, pero que no es nuevo en lo que se refiere a proceso de lucha de clases. La historia tiene incontables ejemplos. Están viviendo el momento del proceso en que los fascistas —para llamarlos como son— están tratando de ganarles la calle, están tratando de ganarles las capas medias de la población. En determinado momento de todo proceso revolucionario los fascistas y los revolucionarios luchan por ganar el apoyo de las capas medias de la población.

Ahora, los revolucionarios son honrados, los revolucionarios son honestos, los revolucionarios no andan con mentiras, los revolucionarios no siembran el terror, no siembran la angustia, no inventan cosas truculentas y fabulosas. ¡Ah!, pero los fascistas sí que no se detienen ante nada. Tratan de tocar cualquier sensibilidad, inventar la calumnia más increíble; tratan de sembrar el miedo, el temor, la intranquilidad en amplias zonas de las capas medias de la población; tratan de hacerles creer las cosas más inverosímiles; tratan de despertar los mayores temores en todos los órdenes. Tienen un objetivo: ganarse las capas medias. Algo más: utilizan los sentimientos más ruines y más bajos. El chovinismo, ese nacionalismo estrecho, esos egoísmos, los tratan de desatar por todos los medios, ¡por todos los medios! El chovinismo, los egoísmos, las pasiones más bajas, los temores más infundados. No se detienen ante nada.

Y nosotros los hemos visto, porque de vez en cuando tenemos tiempo de ver algo en este viaje agitado y largo. Largo en kilómetros y largo en días —en lo cual estamos coincidiendo plenamente con los quejosos (Risas). Y lo hemos visto. Qué tipo de mentiras, de cosas, se dicen; a dónde van dirigidas.

Con relación a nuestra misma visita, ¿a qué iban dirigidas todas? Bueno, había una sola forma de visitar este país, y era: un mudo, un mudo que no hablara ni por señas —porque por señas se pueden decir muchas cosas (Risas y Aplausos).

Cualquier tema, cualquier detalle... Primero, el fariseísmo: "Bien, ha llegado, ha sido recibido, esperamos que no confunda, que no se meta". Después, poco a poco. Allá: una empanada, el hombre comiendo una empanada. En otro lugar, allá: el hombre retratado al lado de las niñas del "hot pant" (Risas). Allá: la mentira: "abuchean a Fidel en Los Andes". Otra mentira: "frío recibimiento en Chuquicamata". Pero bien: tratando de despertar el chovinismo; tratando de presentar cualquier actitud, cualquier palabra, cualquier respuesta a un estudiante, como un entremetimiento..

De manera que hemos visto en todos, todos estos días cómo cualquier pretexto es utilizado para despertar un recelo, un temor, un resentimiento. Y en esa lucha son duchos, son hábiles.

Y en estos instantes, desde nuestro punto de vista de observadores de este proceso, vemos que el fascismo trata de avanzar y ganar terreno en las capas medias, y tomar la calle. Algo más: trata de desmoralizar a los revolucionarios.

En algunos lugares nosotros hemos viste a los revolucionarios algo así como golpea dos. En algunos lugares los hemos visto incluso desalentados. Si nosotros no fuésemos un hombre franco, si no fuésemos hombres que creyéramos en la verdad, no nos atreveríamos a decir esto. Pudiera parecer, incluso, que se dice algo que el adversario utiliza y gana terreno. ¡No! ¡El adversario gana terreno en el engaño, en la confusión, en la ignorancia, en la falta de conciencia de los problemas! (Aplausos).

Si quieren saber una opinión: el éxito o el fracaso de este insólito proceso dependerá de la batalla ideológica y de la lucha de masas, y dependerá de la habilidad, del arte y de la ciencia de los revolucionarios para sumar, para crecer y para ganarse las capas medias de la población (Aplausos). Porque en nuestros países de relativo desarrollo, esas capas medias son numerosas y muchas veces son susceptibles de la mentira y del engaño. Ahora, en la lucha ideológica no se conquista a nadie sino con la verdad, con los argumentos, con la razón. Eso es una cosa incuestionable.

¡Espero que venzan! (Aplausos) ¡Deseamos que venzan! ¡ Y creemos que vencerán! (Aplausos).

Hay algo que nos impresionó hoy profundamente y fueron las palabras del Presidente (Aplausos), en especial cuando reafirmó esa voluntad de defender la causa del pueblo y la voluntad del pueblo; en especial cuando pronunció esa épica frase: que era Presidente por voluntad del pueblo y que su deber lo cumpliría hasta el día en que cumpliera su mandato o lo sacaran muerto del Palacio Presidencial (Aplausos).

Y quienes lo conocemos, quienes lo conocemos sabemos que el Presidente no es hombre de frases, que es hombre de hechos (Aplausos). Quienes conocemos su carácter, sabemos que así es.

Y cuando se cuenta con ese sentido de la dignidad, cuando el pueblo sabe que puede confiar en el hombre que ahí lo representa y de tal manera pronuncia en esa lacónica frase su decisión de resistir los intentos del enemigo exterior, en complicidad con los reaccionarios interiores, cuando el pueblo puede contar con eso, y cuando los enemigos saben eso, ya eso constituye una seguridad, una confianza, una bandera.

Y nosotros, como latinoamericanos, felicitamos de corazón al Presidente por esa valerosa y digna afirmación (Aplausos).

Pudimos ver cómo reaccionó el pueblo, pudimos ver cómo reaccionó el pueblo ante esas palabras... (Del público le dicen algo).

No diría de esa manera. Por la razón o la fuerza. Hay frases que son históricas y tienen un valor por si mismas, por su carácter histórico y se han convertido en símbolo por la razón, por la fuerza de la razón y por la fuerza física y de pueblo que acompañan la razón (Aplausos).

Cuando los jefes, cuando los dirigentes están dispuesto a morir, ¡junto a ellos están dispuestos a morir también los hombres y mujeres del pueblo! (Aplausos). ¡El pueblo es el gestor de la historia! Los pueblos escriben su propia historia. Las masas escriben la historia. Ningún reaccionario, ningún enemigo imperialista podría aplastar al pueblo (Aplausos). Y la historia reciente de nuestro país lo demuestra, lo demuestra.

¿Cómo hemos podido resistir, y por qué? ¡Por la unidad de nuestro pueblo, por la fuerza que esa unidad engendra! Decíamos que en dos horas se reunían 10 veces las personas que están aquí; pero decimos también que en menos de 24 horas ponemos 600 mil hombres sobre las armas (Aplausos).

En nuestro país se ha creado una estrecha e indisoluble unión entre pueblo y fuerzas armadas. Y por eso nosotros decimos que somos fuertes en la defensa.

Hay algo que los conocedores de la guerra y de la historia, los profesionales de las armas saben, y es que en el combate el hombre es decisivo; en el combate los factores morales son decisivos; en el combate la moral del hombre es lo que decide. Los que conocen de la historia y los que conocen de las grandes proezas militares, saben que cuando la fuerza está unida y está inspirada y está profundamente motivada, es capaz de vencer cualquier obstáculo, de tomar cualquier posición. de hacer los más increíbles sacrificios.

¿Qué es lo que da esa motivación profunda en nuestro país en su defensa frente al peligro exterior? ¡Ah!, es que cuando llega la hora de defender la patria, la patria no está dividida en millonarios y pordioseros, grandes terratenientes repletos de privilegios e infelices campesinos sin tierras y sin trabajo, pasando miseria de todo tipo; es que la patria no está dividida entre opresores y oprimidos, explotadores y explotados; las grandes señoronas repletas de joyas y riquezas y las infelices mujeres que tienen que ir a ganarse la vida en un prostíbulo (Aplausos); la patria no está dividida entre privilegiados y desposeídos.

Y cuando nuestro campesino es llamado a integrar las unidades del Ejército en nuestro país, sabe que no está defendiendo la pa tria de los explotadores, la patria de los opresores; sabe que no está defendiendo la patria de los privilegiados sino la patria que es realmente de todos y para todos, la tierra que les da pan a todos y no abundancia a unos y hambre a otros; honores y grandezas a unos y humillaciones a otros.

Y nosotros eso lo hemos podido ver, lo hemos podido vivir y lo conocemos por nuestra propia experiencia: las tremendas motivaciones, el espíritu de nuestro pueblo en el combate, de hombres y de mujeres y de todos. Saben lo que defienden, han adquirido un gran sentido de la dignidad, es un pueblo unido tras una causa justa que defiende una patria suya, que defiende una bandera que tiene más contenido que nunca.

Los pueblos son tan nobles y de tal manera que se siembran en ellos los sentimientos patrióticos que aún en las sociedades de clase, de explotadores y de explotados, han sido capaces de combatir y de morir, porque han tenido los símbolos de la patria, la idea de la patria, y han estado dispuestos a defenderla aun cuando hayan sido humildes y humillados y explotados en aquella tierra, aun así la defienden. Calculen sus motivaciones, sus impulsos, su grado de heroísmo, cuando están defendiendo una patria que es realmente suya en el más cabal sentido de la palabra (Aplausos).

No habrá pueblo tan poderoso ni fuerza armada tan poderosa para cumplir la sagrada misión de defender la patria que aquel donde han desaparecido los explotadores y los explotados. Es decir, que ha desaparecido la explotación del hombre por el hombre (Aplausos). No en balde la historia nos dio una lección bastante reciente. En la Segunda Guerra Mundial, cuando poderosos ejércitos se vinieron abajo, ¿qué había hecho el fascismo para atacar Europa, para invadir Francia, para invadir Bélgica, Holanda, casi todo el mundo occidental? Sembró su quinta columna, exaltó las divisiones. Y en aquella situación, desarmó moralmente al pueblo. Y cuando las hordas fascistas atacaron con sus blindados y sus divisiones motorizadas rompían las líneas. Y sacaron el máximo provecho de la desmoralización del pueblo.

¡Ah!, cuando un día, dos años después, en el mes de junio de 1941, 4 millones de aguerridos veteranos de ese mismo ejército fascista invaden la Unión Soviética por sorpresa, ¿qué se encontraron? Se encontraron una resistencia desde el primer momento, desde el primer día, desde las primeras horas; un pueblo que estuvo dispuesto a pelear y a morir, que dio 18 millones de vidas, que acumuló la más extraordinaria experiencia guerrera de los últimos tiempos.

Que no nos digan que los occidentales aprendieron a pelear. Con una superioridad fabulosa y cuando el ejército nazi estaba destruido, desembarcaron por Normandía, llegaron fácilmente hacia la frontera por el episodio de los Ardenas famoso en que unas cuantas divisiones blindadas les hicieron retroceder rápidamente decenas y decenas de kilómetros. Pues bien: los fascistas lanzaron más de 300 divisiones contra la Unión Soviética y aquel pueblo resistió, peleó. Cómo se engañaron. Creían que era un paseo militar. Pero aquel ataque cobarde y artero terminó en Berlín y fue el Ejército Soviético quien aplastó las hordas fascistas (Aplausos).

Una clara lección de la historia. Nunca, jamás, a pesar del proverbial patriotismo de esa nación, a pesar del proverbial patriotismo, nunca jamás en la historia se produjo una resistencia tan heroica, tan decidida. Porque ya no era la sociedad de los señores feudales ni de los siervos de la gleba, de los zares con sus poderes absolutos. El Estado socialista resistió más. Y lo extraordinario es que aquel Estado socialista, de campesinos prácticamente, sea hoy la poderosa potencia industrial que es y sea el país que haya podido ayudar a naciones pequeñas como Vietnam y como Cuba para resistir peligros tan grandes como fue el peligro imperialista (Aplausos).

Los hombres de armas saben lo que implica un pueblo unido y combatiente, un pueblo con su motivación desarrollada al máximo; porque esos son los hombres que hacen posible la victoria, son los hombres que pueden resistir cualquier desproporción de fuerza, son los hombres capaces de cualquier heroísmo.

Nosotros mencionábamos la Revolución Francesa. Cuando la burguesía era la clase revolucionaria y dirigía al pueblo, recordarán también cómo se repitió la historia, cómo ese país, invadido por numerosas naciones, resistió y derrotó a sus agresores.

Es que en las revoluciones los pueblos se unen cuando desaparecen las injusticias seculares y surgen fuerzas que nada ni nadie puede aplastar.

Alguien dijo una vez, un historiador de aquella revolución, dijo que cuando un pueblo entra en Revolución no hay fuerza en el mundo que pueda detenerlo. Por eso, nosotros decimos que nuestro país es fuerte y unido.

Hemos avanzado y nos sentimos satisfechos. (Aplausos).

Pero si me permiten expresarles con toda sinceridad una de nuestras conclusiones y una de nuestras impresiones a ustedes, los chilenos, que son tan curiosos, que les interesan tanto las impresiones, les digo una impresión que me nace de lo más profundo del alma: cuando veo la historia en acción, cuando veo estas luchas, cuando veo hasta qué punto los reaccionarios tratan de desarmar moralmente al pueblo, cómo se valen de tantos y tantos medios, desde el fondo de mi corazón sale una conclusión, y es que regresaré a Cuba más revolucionario de lo que vi ne, (Aplausos), regresaré a Cuba más radical de lo que vine, regresaré a Cuba más extremista de lo que vine. (Aplausos). Expreso palabras que quieren dar una idea, expreso palabras que quieren dar una idea. Cuando nosotros queremos expresar, tratamos de buscar una palabra que dé una idea. Las lecciones, las experiencias, me hacen sentir más profundamente identificado con el proceso que ha vivido nuestra patria y me hace sentir más profundo amor a nuestra Revolución, y apreciar los logros y los avances que hemos alcanzado.

No quiero extender mucho más estas palabras... (Del público le dicen: Que continúe, y Fidel Fidel).

Agradezco mucho la amabilidad y la paciencia de ustedes. Ustedes saben bien que tengo que irme. (Exclamaciones de: "¡No!"). Ustedes saben, además, que no me necesitan aquí (Exclamaciones de: "¡Sí!" y "que se quede").

Les agradezco esas exclamaciones como un intento de desagravio por aquellos que trataron de agriar la visita, exigiendo la partida y poco más que promoviendo una ley para botarme (Abucheo).

Ayer nosotros decíamos en broma, y hasta ayer bromeábamos ... Hoy no podíamos estar en ánimo de bromear leyendo las noticias de los sucesos, que no quiero comentar, sólo en relación al ánimo. Cuando se leen noticias de heridos, de incendio, pero cosas que ocurrieron precisamente cuando nosotros en la Embajada Cubana celebrábamos una recepción, donde estaban presentes más de 600 personalidades chilenas. Y hasta aquellos momentos bromeábamos y decíamos: ¿cuáles son los requisitos para hacerse ciudadano chileno? (Aplausos). Y había un abogado por allí y le decía: cuánto tiempo es de residencia, dónde están las planillas que quiero Henar una planilla. Frente a las frases, a los insultos y todo eso, se podía bromear y yo bromeaba con eso. Y no me faltan deseos de hacer la broma en grande. Porque, al fin y al cabo, no le negarán ustedes a un latinoamericano que cumpliendo todos los requisitos constitucionales se hiciera ciudadano chileno, en diez años, en veinte años. (Aplausos). Eso era absolutamente en broma.

Nosotros nos sentimos, en cierto modo, hijos de toda una comunidad, parte de un mundo que es mucho mayor que Cuba y que Chile que es América latina. (Aplausos).

Llegarán los tiempos en que todos tengamos la misma ciudadanía sin perder por ello un ápice de amor a nuestra tierra, al rincón de este continente donde hayamos nacido, a nuestros símbolos, a nuestras banderas, que serán banderas hermanadas, a nuestros himnos que serán himnos hermanados, a nuestras tradiciones que serán tradiciones hermanadas, a nuestras culturas que serán culturas hermanadas. Y cuando tengamos el poder suficiente entre todos los pueblos para ocupar un lugar digno en el mundo para que los poderosos no nos insulten, para que no venga el imperio arrogante y orgulloso a anunciarnos tragedias y caídas, ni amenazarnos de ninguna manera... No es lo mismo amenazar a un pueblo pequeño, que a una unión de pueblos hermanos, que puede ser una grande y poderosa comunidad en el mundo de mañana. (Aplausos).

Llegarán esos tiempos, llegarán esos tiempos cuando haya sido derrotada la ideología reaccionaria, cuando hayan sido derrotados los nacionalismos estrechos, los chauvinismos ridículos que son los recursos que los reaccionarios y los imperialistas utilizan pata mantener la hostilidad y la división entre nuestros pueblos, entre pueblos que hablan el mismo idioma y que son capaces de entenderse como nos entendemos nosotros. Las ideologías reaccionarias tienden a la división.

Para que un día América pueda unirse —la América nuestra, que decía Martí—, será necesario derrotar hasta el último vestigio de esos reaccionarios que quieren pueblos débiles para mantenerlos en la opresión, para mantenerlos sometidos a los monopolios extranjeros. Porque en definitiva todo eso no es más que expresión de una filosofía: de la filosofía reaccionaria, de la filosofía de la explotación y de la opresión.

permítanme no la prolongación de esta visita sino expresar algunas ideas más, si se desea, (exclamaciones de: "¡sí!"), que queremos decir. Entre otras, una elemental expresión de agradecimiento a todos los que hemos tratado, y hemos tratado ampliamente con el pueblo chileno, hemos tratado y hablado ampliamente con los obreros, los estudiantes, los campesinos, el pueblo en general que nos recibió en tantos sitios: hemos conversado con periodistas, hemos conversado con trabajadores, intelectuales, con economistas y técnicos, como los de la CEPAL; nos hemos reunido y hemos conversado con diputados, con los dirigentes de los partidos de la Unidad Popular y de las organizaciones de izquierda. Con todos (del público le dicen: "Las mujeres"). No las he olvidado. Nos hemos reunido con las representaciones obreras, nos hemos reunido con las mujeres chilenas. (Aplausos). Hemos sostenido entrevista con el Cardenal de Chile (aplausos), nos hemos reunido con más de cien sacerdotes progresistas que constituyen un impresionante movimiento, (aplausos). Hemos dialogado con hombres del Ejército, de la Armada y de los Carabineros. (Aplausos). En todas partes con espíritu amistoso, con respeto. Hemos tratado de responder todas las preguntas y todas las cuestiones que han estado a nuestro alcance.

De estas reuniones, dos fueron las que produjeron más irritación y fueron más motivo de crítica: la reunión con el Cardenal, la reunión con los sacerdotes progresistas, y los diálogos con los hombres del Ejército, la Armada, la Aviación y los Carabineros. (Aplausos).

Es preciso que nosotros digamos con franqueza cuáles fueron los fundamentos de esos diálogos, y por qué y cómo se produjeron. Y si acaso nosotros hemos estado haciendo demagogia o contraviniendo nuestras convicciones, porque hemos visto cómo se ha tratado de golpear sobre algunas de esas cuestiones.

Puede decirse realmente que, si alguien compitió o emuló conmigo en materia de recibir insultos, fue precisamente el Cardenal. Teníamos muchas cosas que conversar con la izquierda cristiana y con los sacerdotes chilenos, amplias cosas (aplausos); fundadas no en oportunismos sino en principios, no en ventajismos sino en razones profundas, en convicciones: en la convicción de la conveniencia, de la posibilidad y de la necesidad de unir en el ámbito de esta comunidad latinoamericana a los revolucionarios marxistas y a los cristianos, ¡a los revolucionarios marxistas y a los revolucionarios cristianos! (Aplausos). Ampliamente conversamos esto con los sacerdotes, los fundamentos de esa convicción de hoy y de siempre. ¡Que no se confundan los problemas que crearon los oligarcas en nuestro país tratando de usar la Iglesia contra la Revolución!

Nosotros muchas veces nos hemos referido a la historia del cristianismo, al cristianismo aquél que engendró tantos mártires, tantos hombres sacrificados por la fe. Y siempre tendrán nuestro más profundo respeto los hombres que son capaces de dar su vida por su fe. (Aplausos). ¡Por los que no sentiremos ningún respeto jamás es por los hombres que, como defienden bastardos intereses, sus egoísmos, su estómago repleto, no son capaces de dar la vida por nada ni por nadie! (Aplausos).

Examinamos los enormes puntos de coincidencia que puede haber entre los preceptos más puros del cristianismo y los objetivos del marxismo. Porque muchos han querido tomar la religión para defender qué: la explotación, la miseria, el privilegio. Para convertir la vida del pueblo en este mundo en un infierno, olvidándose de que el cristianismo fue la religión de los humildes, de los esclavos de Roma, de los que por decenas de miles morían devorados por los leones en el circo, y que tenía expresiones terminantes acerca de la solidaridad humana o amor al prójimo, condenatorias de la avaricia, la gula, los egoísmos; religión que llamó hace dos mil años mercaderes a los mercaderes, fariseos a los fariseos; que condenó a los ricos y que dijo virtualmente que no entrarían en el reino de los cielos (aplausos); que multiplicó los peces y los panes: precisamente lo que el hombre revolucionario de hoy se propone con la técnica, con sus brazos, con el desarrollo racional y planificado de la economía.

Cuando se busquen las similitudes entre los, objetivos del marxismo y los preceptos más bellos del cristianismo, se verá cuántos puntos de coincidencia y se verá por qué un párroco humilde que conoce el hambre —porque la ve de cerca—, la enfermedad y la muerte, que conoce el dolor humano; o cómo algunos de esos sacerdotes que trabajan en minas o trabajan entre humildes familias campesinas y se identifican con ellos y luchan junto a ellos; o personas abnegadas que consagran su vida a atender enfermos que padecen de las peores dolencias ... Cuando se busquen todas las similitudes, se verá cómo es realmente posible la alianza estratégica entre marxistas revolucionarios y cristianos revolucionarios. (Aplausos).

Los interesados en que tales alianzas no se produzcan son los imperialistas y son, por supuesto, los reaccionarios.

Con los militares —y cuando decimos militares comprendemos a todas las armas, todos los institutos— dialogamos también ampliamente, pero tales diálogos se produjeron de manera absolutamente espontánea. Nadie los planificó. Fue el resultado de las atenciones oficiales, de las extraordinarias atenciones con que el Presidente, los Ministros y las autoridades del Gobierno quisieron rodear la visita. Y en todas partes, en todos los aeropuertos, en todos los sitios, estaban presentes también los hombres de uniforme y sus representantes. (Aplausos).

Y espontáneamente surgieron en muchas ocasiones los diálogos, en las recepciones, en los encuentros con las autoridades. Y entre los hombres de uniforme de Chile y nuestra delegación se vio con toda claridad que había muchas cuestiones sobre las cuales se podía conversar.

En primer lugar, nuestro país ha tenido que vivir una experiencia tremenda; los revolucionarios cubanos hemos tenido que pasar por singulares experiencias en diversas fases de la lucha, primero como combatientes irregulares en su inicio; después con el desarrollo de determinadas concepciones y tácticas de lucha, los revolucionarios cubanos nos vimos obligados a participar en numerosas batallas en condiciones muy desiguales, en desproporciones muy grandes, a lo largo de nuestra guerra revolucionaria.

Pasamos por las más diversas fases, fases de adversidad, fases de éxito, desde momentos sumamente difíciles hasta victorias completas, la victoria completa.

Vivimos después experiencias de todo tipo: de cuando nos invaden el país con bandas mercenarias en todas las provincias y nos hicieron combatir contra ellas durante años. Estaban equipadas con las mejores armas de Estados Unidos, equipos de radio y todas sus técnicas.

Hemos vivido la experiencia de Girón, y hemos vivido la experiencia de la Crisis de Octubre, en que nuestro país tuvo que atravesar momentos de suma tensión, de extraordinario peligro, en que nuestro país estaba virtualmente amenazado por decenas de proyectiles nucleares.

Hemos tenido que pasar por las experiencias de constituir nuestras unidades de combate para contemplar un peligro real y grande. Hemos tenido que desarrollar poderosas fuerzas armadas, crear escuelas, aprender la utilización de nuevos armamentos, de nuevas técnicas. Hemos tenido contacto con la experiencia mas profunda de la última guerra: los informes, los documentos.

Es incuestionable que desde el punto de vista técnico, desde el punto de vista profesional, había muchas cuestiones que podían ser objeto de diálogos: el interés de la experiencia de Cuba, del proceso de Cuba, la natural curiosidad por los acontecimientos históricos que todos los hombres tenemos; también las cuestiones de carácter humano, la competencia, la eficiencia, las tradiciones, la historia de cada país, el presente y el futuro, cuál será el destino de nuestros pueblos en el mañana frente a los abismos tecnológicos que crecen entre las naciones desarrolladas y las que se han quedado rezagadas, cuáles son las concepciones futuras en las armas, de los nuevos sistemas de armamentos.

Es decir, que tanto desde el punto de vista profesional como humano, como cosas que tienen que ver con el destino futuro de nuestros pueblos, había amplios temas de este género sobre los cuales se desarrollaban los diálogos.

Y tuvimos oportunidad de conocer muchos hombres de gran talento, de carácter, de eficiencia. Hemos tenido oportunidad de conocer muchos hombres valiosos gracias, precisamente, a esos diálogos. Hemos tenido oportunidad de referirnos a cuestiones relativas a nuestras tradiciones, hemos aprendido —digamos— mutuamente muchas cosas.

¿Era acaso una falta, era acaso una conspiración, era acaso un delito? ¿Habría razón para que alguien se sintiera ofendido? ¿Y por qué si conversábamos con los sacerdotes, y con el Cardenal, y con los técnicos de la CEPAL, no podíamos dialogar con los hombres de uniforme de Chile? ¿Y por qué temían tanto esos diálogos? (Aplausos). ¿A quién ofenden con eso?

Hemos dialogado incluso en la guerra. Cuando combatíamos dialogábamos con el adversario, discutíamos; cuando combatíamos analizábamos razones, quién la tenía y quién no la tenía. Si hemos dialogado incluso con hombres combatiendo frente a nosotros, ¿por qué no íbamos a dialogar con hombres que nos atendieron con toda caballerosidad, con toda amabilidad, con toda consideración y con todo respeto? (Aplausos).

Por eso en el día de hoy a ellos queremos expresarles también nuestro agradecimiento por sus atenciones. En este día precisamente, dos de diciembre, ha querido la casualidad —porque nadie lo organizó así—, que coincidiera con el 15 aniversario del desembarco del Granma (Aplausos), en que un grupo de 82 hombres arribamos a costas pantanosas de Cuba. La correlación de fuerzas totales de Batista contra nuestras fuerzas era de mil a uno. En total tenían, entre las diversas armas, unos 80 mil hombres. Algunos días después la adversidad hizo mucho más difícil nuestra situación y sólo siete hombres con armas nos volvimos a reunir. Correlación de fuerzas: 10 mil a uno por lo menos, un poco más de 10 mil a uno; diez mil a uno.

Y en aquellos instantes nosotros no nos desalentamos, no nos desalentamos. (Aplausos). Tal vez esto les ayude a comprender por qué no tenemos temor de señalar cuáles puedan ser las debilidades de los revolucionarios o de un proceso en un momento dado; diez mil a uno. Y aquellos hombres no se desalentaron, siguieron adelante, atravesaron muy difíciles circunstancias y lucharon siempre con una correlación de fuerzas muy adversa.

Cuando incluso finaliza la guerra, la correlación es de más de 20 a uno. Por esos períodos atravesó nuestro proceso. De manera que esto, revolucionarios chilenos, lo cito en relación a con este día, que para nosotros es un deber recordar para sacar la conclusión de que un pueblo revolucionario, un pueblo armado con una doctrina, con una idea, decidido a defender una causa, no habrá forma de aplastarlo, no habrá forma de derrotarlo. (Aplausos).

Decimos esto para que jamás haya desaliento en las filas revolucionarias, para que jamás haya desaliento, para que jamás la moral baje un ápice. No importa la acción del enemigo, no importan incluso sus éxitos parciales. Hay que decir: ¡adelante!

Los revolucionarios se mueven por motivaciones profundas, por grandes ideas. No incitan al temor, ¡no! Aunque, desde luego, los revolucionarios saben el destino de las revoluciones aplastadas. Para citar ejemplos, dos: la Revolución de los esclavos de Roma, la Revolución de Espartaco, aplastada por los oligarcas, costó la vida a cientos de miles de hombres que fueron crucificados a lo largo de los caminos que conducen a Roma; la revolución de los comuneros de París, ahogada ferozmente en sangre. Y se pueden citar varios ejemplos modernos. Cuando un proceso revolucionario se desata: por un lado surge el fascismo con todos sus trucos y todas sus artes, todas sus técnicas de lucha, todas sus hipocresías y fariseísmos, sus tácticas de despertar el miedo; de usar la mentira, sus ruines e inescrupulosos métodos. No hay que temer luchar con argumentos, luchar con la razón, luchar con la verdad, luchar con convicción. Y luchar no por temor a las consecuencias de la derrota. Saber, sí. lo caro que cuestan las derrotas a los pueblos, luchar por el ideal, luchar por la causa justa, luchar sabiendo que la razón está de su parte, luchar sabiendo que las leyes inexorables de la historia están de su parte, luchar sabiendo que el futuro le pertenece, avanzar con las masas, avanzar con el pueblo, avanzar con las ideas (Aplausos), avanzar sumando, avanzar sumando; avanzar creciendo.

Y esto que digo hoy en que he hablado ampliamente gracias a la paciencia y consideración de ustedes, esto que nosotros hemos referido sobre tácticas, sobre unión, sobre posibilidades de participación de todos en esta gran cruzada por la América de mañana, esto no lo he inventado al venir aquí a Chile, estas no son ideas de ocasión, porque aquí tenemos nosotros este documento, proclamado hace 10 años, que se llama Segunda Declaración de La Habana (aplausos) y que nosotros consideramos conveniente leerla en lo referente a unos párrafos que resumen la concepción estratégica revolucionaria desde entonces. Y tal vez estos párrafos puedan ser de utilidad para ustedes.

Al despedirnos, ¿qué podemos darles? Si tan siquiera pudieran ser de utilidad algunas ideas, algunos conceptos, nos sentiríamos satisfechos si al menos espiritualmente hemos reciprocado de alguna manera al afecto de ustedes.

Los párrafos son estos y que están a continuación uno de otro:

"El imperialismo, utilizando los grandes monopolios cinematográficos, sus agencias cablegráficas, sus revistas, libros y periódicos reaccionarios, acude a las mentiras más sutiles para sembrar el divisionismo e inculcar entre la gente más ignorante el miedo y la superstición a las ideas revolucionarias que sólo a los intereses de los poderosos explotadores y a sus seculares privilegios pueden y deben asustar. El divisionismo, producto de toda clase de prejuicios, ideas falsas y mentiras; el sectarismo, el dogmatismo, la falta de amplitud para analizar el papel que corresponda a cada capa social, a sus partidos, organizaciones y dirigentes, dificultan la unidad de acción imprescindible entre las fuerzas democráticas y progresistas de nuestros pueblos.

"Son vicios de crecimiento, enfermedades de la infancia del movimiento revolucionario que deben quedar atrás.

"En la lucha antimperialista y antifeudal es posible vertebrar la inmensa mayoría del pueblo tras metas de liberación que unan el esfuerzo de la clase obrera, los campesinos, los trabajadores intelectuales, la pequeña burguesía y las capas más progresistas de la burguesía nacional. Estos sectores comprenden la Inmensa mayoría de la población y aglutinan grandes fuerzas sociales, capaces de barrer el dominio imperialista y la reacción feudal.

"En este amplio movimiento pueden y deben luchar juntos, por el bien de sus naciones, por el bien de sus pueblos y por el bien de América, desde el viejo militante marxista hasta el católico sincero que no tenga nada que ver con los monopolios yanquis y los señores feudales de la tierra. Ese movimiento podría arrastrar consigo a los elementos progresistas de las fuerzas armadas, humilladas también por las misiones militares yanquis, la traición a los intereses nacionales de las oligarquías feudales y la inmolación de la soberanía nacional a los dictados de Washington".

Estas ideas fueron expresadas hace diez años y no se apartan un ápice de las ideas de hoy. Nuestra Revolución ha sido consecuente con sus posiciones. No ha sido dogmática. Progresa, avanza. En un momento dado puede tener algunas fases y algunos desarrollos superiores a los de atrás, pero sigue una línea, sigue un principio, sigue un camino. Se ha caracterizado por su confianza en el pueblo, por su confianza en las masas, por su confianza en las ideas, por la seguridad en la victoria. Se ha caracterizado por su firmeza y por su intransigencia. Amplitud y suma por un lado, intransigencia con los principios por otro lado.

Hemos hablado con muchos chilenos, hemos dialogado ampliamente. Con los únicos que no hemos dialogado ni dialogaremos jamás es con los explotadores, con los reaccionarios, con los oligarcas y los fascistas (Aplausos). ¡Con los fascistas —con los fascistas— no hemos dialogado ni dialogaremos jamás!

Con todos los demás chilenos hemos sentido el inmenso honor de haberlos tratado, de haberlos conocido, de haber cambiado impresiones, de haber dialogado con ellos.

Querido compañero Salvador Allende: pronto ya partiremos de este hermoso y magnífico país, pronto nos despediremos de este pueblo acogedor, hospitalario, magnifico y caluroso, Una cosa nos llevamos: el recuerdo imborrable de esta visita, de los afectos, de las atenciones, de los honores que a nuestra Delegación se le hizo como representante del pueblo cubano y de la Revolución Cubana.

Sólo podemos decirle, querido Presidente, a usted y a los chilenos, que con Cuba pueden contar (Aplausos), con su solidaridad —¡con su solidaridad!— desinteresada e incondicional, con lo que esa bandera significa, con lo que esa patria significa, no la patria de los explotados sino la patria de los hombres libres, la patria donde una revolución ha llevado la igualdad y la justicia, la patria donde se ha reivindicado al hombre y se le ha dado un contenido inmenso de dignidad. A los que pretenden impugnar la legitimidad de esa Revolución, que vean su fuerza y que expliquen cómo si no tenemos un pueblo consciente y unido, un pueblo que sabe lo que es la dignidad y la libertad, cómo hemos podido resistir culturalmente, políticamente y militarmente al poderoso imperio yanqui.

Ahí está nuestra patria solada, ahí está su bandera, bandera que significa la dignidad de Cuba, que significa la nación en su sentido más amplio, que significa el patriotismo en su sentido más solidario.

Y como hijos de Cuba, como hijos de América, en esos símbolos que hoy flotan en ese sitio, en esa proximidad física, está también el símbolo de la proximidad de nuestros pueblos, de nuestras ideas, de nuestra causa y de nuestra razón.

Y por ser hoy, 2 de diciembre, permítaseme terminar estas palabras como las terminamos siempre en Cuba:

¡Patria o Muerte!

¡Venceremos!

(Exclamaciones de: Fidel, Fidel y ovación).


Fidel en Chile

En la conferencia de prensa

"EN CHILE ESTA EN MARCHA UN PROCESO REVOLUCIONARIO "

MAS de 250 periodistas extranjeros y locales se congregaron en los estudios del organismo fílmico estatal chileno para participar en la conferencia de prensa que ofreció el Primer Ministro de Cuba, Comandante Fidel Castro, de la cual ofrecemos algunos aspectos.

El gobernante cubano se encontraba acompañado por sus edecanes chilenos, el Ministro de Gobierno Jaime Suárez y el Edecán Militar, y el Director del canal estatal de televisión, Augusto Olivares.

Al comenzar la conferencia, el Primer Ministro cubano dijo en tono cordial que sabia que había presentes periodistas amigos y otros que no lo eran y que tenían libertad para preguntar lo que quisieran y que las respuestas tendrán la lógica limitación de ser un visitante de Chile, y serían respondidas, en muchos casos, de acuerdo con las circunstancias.

En los caminos de la revolución surgen y surgirán nuevas variables, dijo el Comandante Fidel Castro en respuesta a un periodista húngaro que le pidió su opinión acerca de las posibles vías hacia el socialismo en América latina.

En su respuesta en la conferencia de prensa, el Primer Ministro cubano subrayó que él nunca ha hablado de "muchos caminos" hacia el socialismo, pero que sí afirmó que "había más de uno".

Un nuevo camino es el proceso de Chile, apuntó Fidel Castro. Otra variable, es el caso del Perú, sobre el cual habría que precisar hasta donde se desarrollará y también habría que precisar si se hizo por la vía pacífica o si el poder se tomó por las armas.

La última revolución será sin duda la más fácil, expresó el Comandante Castro y sugirió que ello ocurrirá presumiblemente en Estados Unidos.

El que presenten nuevas vías para la revolución no nos disgusta, sino que nos alegra, finalizó su respuesta el líder cubano.

El periodista y Director del diario "La Nación', Oscar Waiss, preguntó que si con la experiencia de diez años de lucha revolucionaria, la teoría del foco ha quedado superada en América latina.

El Primer Ministro precisó que dependía de qué se entiende por foco revolucionario. Dijo que si se encontrara de nuevo en el comienzo de la lucha en Cuba, habríamos ahora utilizado el mismo camino, tal vez evitando la larga vuelta que se debió dar para el triunfo.

Hoy no repetiríamos el ataque al Moncada, ni el desembarco del Granma, dijo. Hoy habríamos ido directamente a la Sierra Maestra, habríamos ocupado un pequeño cuartel y con esas armas habríamos iniciado la lucha.

Señaló que el cuartel Moncada pudo ser tomado, pero era un camino mucho menos seguro. Ahorrando esa tarea compleja y difícil, esa acción y el desembarco, habría sido mucho más sencillo comenzar precisamente por la sierra, agregó.

Aclaró que el asalto al Moncada buscaba tomar el poder de una manera casi fulminante. De haber obtenido esa victoria, la habríamos conseguido un grupo de jóvenes sin experiencia, añadió, agregando que la lucha larga de la sierra acumuló experiencias y preparó a los revolucionarios.

Llegamos a la victoria en el momento justo en que la correlación internacional e interna era favorable, agregó.

No sé si hay otro país en las condiciones de Cuba en América latina, pero si lo hay, creo que el camino en ese caso sería el mismo de Cuba, puntualizó.

Una periodista local preguntó al Comandante Fidel Castro la razón por la cual expresó en su discurso de despedida pronunciado en el mayor coliseo deportivo del país, que regresaba a su patria, Cuba, más revolucionario, radical y extremista que nunca.

El Primer Ministro cubano respondió que ello era un sentimiento que lo inundaba porque las experiencias vividas siempre lo hacían más revolucionario.

Agregó que el ver la experiencia del proceso chileno agregó nuevas experiencias a su carácter de revolucionario, al ver el espectáculo de la lucha entre las ideas revolucionarias y reaccionarias en Chile, el porvenir de los humildes y explotados, y las mentiras, los cuantiosos recursos y ruines procedimientos de los explotadores para obstruir el futuro de aquéllos.

"Me duele la división del país, ver cómo los reaccionarios engañan al obrero para sumarlo a una causa que para mí no es justa. Esas cosas producen en toda persona que tenga sensibilidad revolucionaria, el recuerdo de su país, que tiene un pueblo unido con una gran moral de combate, que agrupa energías para marchar al futuro, y que debe enfrentar grandes peligros", agregó.

Eso es lo que quise decir —concluyó esta respuesta— como una connotación para subrayar ese sentimiento, expresar cómo se siente uno más revolucionario, más extremista, cuando asiste a una situación como esa.

El Primer Ministro cubano Fidel Castro dijo hoy que por un deber elemental de sentido común no emitiría juicios sobre el gobierno peruano en vísperas de su escala en Lima cuando parta de esta capital.

Un periodista peruano que dijo representar al periódico "Ultima Hora", de Lima, pidió al Comandante Fidel Castro que opinara sobre "los errores y aciertos del gobierno revolucionario peruano" durante la conferencia de prensa.

El líder cubano dijo que permanecería en la capital peruana de dos a cuatro horas, pues aclaró el margen de tiempo no es mucho.

Planteada la cuestión del desarrollo revolucionario en América latina, Fidel Castro dijo que hay lucha, y victorias parciales del imperialismo, citando el caso reciente de Bolivia.

En Uruguay se movilizaron todos los recursos, incluyendo maniobras militares fronterizas y se sembró el terror y el imperialismo se movilizó para impedir una nueva victoria popular por la vía electoral, dijo.

Aludió también a las afirmaciones de voceros de la Casa Blanca sobre el poco tiempo que le quedaba al gobierno chileno. Eso corresponde a una estrategia, puntualizó.

Aclaró que las revoluciones no las inventan los hombres, surgen de factores objetivos reales que producen la toma de conciencia, que a veces se adelanta o tarda, pero que América latina tiene en su vientre una revolución y la criatura tendrá que nacer, con parte en un hospital o atendida por una partera.

Tendrá que haber necesariamente lucha. Los que determinen ese camino serán los imperialistas y los reaccionarios, añadió.

Se refirió a la experiencia chilena y señaló que desde Estados Unidos se organiza una conjura económica y política. Preguntó, quiénes son los que señalan los caminos, y afirmó que serán los opresores y que si se les cierran los caminos a los pueblos, serán éstos los que lo habrán contra todas las resistencias.

El corresponsal norteamericano de la Columbia Broadcasting System, al ser presentado para formular su pregunta, debió responder primero algunas preguntas del Primer Ministro acerca de si se habían difundido verazmente anteriores declaraciones suyas a ese medio, relacionadas con las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

El corresponsal de la CBS preguntó si ahora el escritor norteamericano C. W. Mills le pidiera un mensaje al pueblo norteamericano como el de hace más de una década implicado en el libro "Escucha Yanqui", qué mensaje le daría.

No diría prácticamente nada. No creemos que los mensajes ni los actos de buena voluntad sean escuchados por los imperialistas norteamericanos. Cuando digo yanqui no lo digo por el pueblo de ese país, sino por los monopolios, por el sistema. No son los mensajes los que pueden cambiar la política agresiva del imperialismo, dijo Fidel Castro.

La vida en estos últimos años nos ha ido enseñando que el papel de gendarme del imperialismo yanqui, ha sufrido un deterioro en el plano económico, político e incluso militar, y fueron los vietnamitas los que prestaron a la humanidad ese servicio al golpear tan duramente al imperio, agregó.

La lucha del pueblo vietnamita —dijo— ha contribuido más que todos los mensajes a la toma de conciencia del pueblo norteamericano, de los revolucionarios, los negros, las minorías latinoamericanas, portorriqueños, chicanos y otros. Son los hechos los que enseñan más que los mensajes.

El mejor mensaje —precisó Fidel Castro— que podemos darle a los imperialistas es nuestra propia revolución, y trazó después la historia de los Estados Unidos, desde la lucha noble por su independencia con principios que incluso precedieron a los de la revolución francesa hasta la sociedad monopolista de hoy.

Detalló los crímenes expansionistas en México y los factores ya imperialistas de la intervención norteamericana en Cuba cuando ésta lucha contra el imperio español.

Y después vino lo del Canal de Panamá —dijo—, decenas de intervenciones disfrazadas de defensa de vidas y haciendas de norteamericanos radicados en América latina. Vino el crimen de Guatemala, de Cuba, de Santo Domingo, la intervención en el Congo y el asesinato de su líder revolucionario Patrice Lumumba, en Vietnam, Laos y Camboya.

Reiteró la invasión de Playa Girón, y los bombarderos norteamericanos B-26 disfrazados con distintivos cubanos, y las mentiras de Adlai Stevenson en las Naciones Unidas para justificar esa agresión.

Si tuviera que dar un mensaje, pues doy un mensaje de solidaridad con la lucha de los revolucionarios norteamericanos, con los negros, los portorriqueños, las minorías, los militantes por los derechos civiles.

Las fuerzas de la izquierda chilena poseen una potencia real muy grande, pero parece no haber una instrumentalización para la movilización de las masas, señaló el Primer Ministro cubano Fidel Castro.

En respuesta a la interrogante acerca de si una escasa movilización masiva aparece como una de las debilidades del proceso chileno, Fidel Castro dijo que el mitin realizado aquí fue relativamente débil. No se trata —apuntó— de que fuera esta concentración una despedida para mí, sino que era una oportunidad para una respuesta de las masas a las maniobras de los reaccionarios y fascistas.

Cuando el imperialismo lanza un reto, cuando el fascismo sale a las calles, las masas deben dar una respuesta inmediata, señaló el Comandante Fidel Castro, quien agregó que en su opinión las fuerzas potenciales del pueblo chileno, deben transformarse en fuerzas reales y que esa es una tarea de los dirigentes del país.

El Comandante Castro aludió a la situación en su país donde existen los medios de comunicación de masas y las organizaciones de masas que permiten una rápida movilización.

Recordó al efecto, el caso de los pescadores secuestrados recientemente por Estados Unidos y relató que al anudarse sólo con dos o tres horas de anticipación la llegada de ellos a La Habana, se reunió, sin embargo, medio millón de personas para darles la bienvenida.

Consultado sobre el papel de los periodistas revolucionarios en el proceso chileno, el Primer Ministro cubano dijo que deben luchar, analizar las debilidades, los instrumentos de que disponen, y que aun estando en minoría de medios pueden librar una gran batalla.

Dijo que en el momento en que la crisis se agudiza y se polarizan las fuerzas, el papel de los periodistas revolucionarios es fundamental y no deben atemorizarse por los primeros enfrentamientos.

Desde el punto de vista teórico, dijo que la tarea fundamental es desenmascarar al enemigo, enseñar a las masas a conocerlo, para que lo visualice y lo conozca.

El papel de ustedes es educar las masas, enseñar los mecanismos, los métodos de los reaccionarios y jamás utilizar los métodos ruines de aquéllos.

Afirmó que esto juega un papel importante en la misión de armar a los revolucionarios y desarmar a sus enemigos. Dijo que los reaccionarios saben lo que hacen y lo hacen bien para desalentar al pueblo, contando con la técnica de los imperialistas.

Afirmó que como los chilenos reconocen, hay desventajas para la izquierda en la batalla ideológica y que superar esta situación es tarea de los periodistas revolucionarios.

Cuando el corresponsal de la National Broadcasting Company (NCB) Tommy Streitohorsts, se preparó para formular su pregunta, se produjo una escena similar a la de su compatriota y colega de la CBS.

El Comandante Fidel Castro le preguntó por qué había humillado al Presidente de Chile al distorsionar despectivamente su paralelo entre Lincoln y el Primer Ministro cubano, agregando que él admiraba profundamente al prócer norteamericano.

Cuando la NBC le dijo que él no había tenido la culpa de ese hecho sucedido en un programa transmitido por vía satélite para el programa "Meet the Press", Fidel Castro le dijo: "Vamos, pero usted forma parte de un equipo con satélites, tecnología y todo, por eso yo no quise intervenir en ese programa, porque nuestra verdad resulta una estrella fugaz en el cielo oscuro de la prensa del sistema, aunque tengo un alto concepto de muchos periodistas norteamericanos, agudos, sagaces.

La pregunta de la NBC consultó la opinión del dirigente cubano sobre los secuestros de aviones, y si el gobierno cubano está dispuesto a discutir un arreglo con el gobierno norteamericano.

Los secuestradores de aviones los inventaron los imperialistas —respondió Fidel— contra nuestro país, secuestrando en los primeros años de la revolución aviones y embarcaciones que no fueron devueltas.

Explicó minuciosamente a la prensa los procedimientos y el desarrollo de ese plan norteamericano destinado a crear el desorden, el delito y la indisciplina en Cuba, y esa táctica contra nosotros —dijo— se convirtió en un boomerang contra los imperialistas, por tensiones políticas y de mucha índole internas de Estados Unidos.

Ellos saben —agregó— que nuestros pocos aviones ya no pueden ser secuestrados porque en ellos va gente dispuesta a dar una batalla en el aire antes de permitirlo.

Lo que queremos es que ustedes pongan fin a esa larga serie de violaciones de las leyes de inmigración y la soberanía cubana, solamente sobre esa base, de acuerdo a la ley cubana sobre los secuestros, incluyendo la devolución de los aviones y embarcaciones cubanas, se podría conversar, si no, no hay acuerdo ninguno.

La NBC preguntó si los funcionarios norteamericanos debían viajar a La Habana para discutirlo. Fidel Castro dijo que no, pues tienen sus representantes suizos, que no hacía falta, y además está Guantánamo, que es un trozo de la patria cubana secuestrado por el imperialismo, como un puñal clavado en el corazón de su soberanía.

Hay muchas deudas pendientes —continuó— muchas viejas deudas. Algún día deberemos reclamar el pago de esas deudas por todos estos daños, ya que ustedes mismos inventaron eso de las indemnizaciones, lo que provocó risas por su obvia alusión al conflicto en torno al cobre nacionalizado por Chile.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02