El mensaje de Fidel Castro

PUNTO FINAL
Año VI. Nº 145
Martes 30 de noviembre de 1971

Editorial

PUNTO FINAL adelantó la aparición de este número para divulgar algunos de los discursos pronunciados por Fidel Castro durante su visita a Chile. La necesidad de dar a conocer ampliamente el pensamiento político del Primer Ministro cubano y el éxito de nuestra anterior edición, que contenía los discursos pronunciados por él en la zona norte, nos llevaron a tomar esta medida que, creemos, responde al interés de nuestros lectores.

Son precisamente los discursos y el diálogo con trabajadores y estudiantes, los que presentan en forma más elocuente el profundo contenido político de la visita a Chile de Fidel Castro. A través de estos documentos, el lector visualiza de manera muy clara el pensamiento del líder revolucionario y aquilata en todo su valor el significado de su gira por el territorio chileno. La visita a Chile de Fidel Castro, sin dudas, ha sido un estímulo valioso para las fuerzas que en nuestra patria luchan y trabajan por la construcción del socialismo. En sus discursos, aun con las limitaciones que imponía el cuadro político interno, Fidel desarrolló un pensamiento que incita a la izquierda chilena a la unidad para enfrentar con éxito las maniobras del imperialismo. Por la vía de las comparaciones con el curso que siguió la Revolución Cubana, Fidel traza en sus discursos la grande y hermosa tarea que aguarda a los revolucionarios chilenos.

Precisamente porque sus discursos son ricos en enseñanzas, la propaganda reaccionaria ha intentado ocultarlos, para impedir que las masas tomen conciencia cabal del hondo y positivo significado de la visita de Fidel. La prensa derechista ha querido minimizar y tergiversar el impacto revolucionario y unitario de la presencia de Fidel Castro en Chile. Pero lo ha conseguido sólo en parte. El interés del público por encontrar los discursos de Fidel para leer y meditar esos documentos, refleja la profunda inteligencia de nuestro pueblo que no se dejó engañar por los agentes de la contrarrevolución.

Tenemos que agradecer al personal de Prensa Latinoamericana S. A. el interés desplegado para salir oportunamente con esta edición. Nuestros compañeros, conscientes de la necesidad de adelantar este número de PF, aportaron entusiasta trabajo para atender en breve plazo el requerimiento popular por los discursos de Fidel Castro.

PF.


Análisis

UNIDAD REVOLUCIONARIA:
UNA TAREA PARA LA FASE ACTUAL DEL PROCESO

LA unidad de los revolucionarios para garantizar el desarrollo ininterrumpido al socialismo, surge hoy como una necesidad imperiosa.

En cierto modo, como lo señalábamos en nuestra edición anterior, la visita de Fidel Castro ha venido a recordarnos la necesidad de unir fuerzas para aplastar las amenazas del imperialismo y la conspiración revanchista de la derecha.

Pero no sólo han sido las palabras del compañero Fidel que, como fruto de la experiencia de la Revolución Cubana, ha subrayado el papel determinante de la unidad en un proceso revolucionario. Están además los propios factores políticos internos, apremiando a los revolucionarios chilenos para mancomunar sus fuerzas.

Una serie de hechos recientes confirman que ha recrudecido la actividad de la reacción; ella se orienta a frustrar el proceso y a golpear al gobierno del Presidente Allende. Sectores de la oposición conservadora se jactan de poder derrotar al gobierno de la Unidad Popular en un plebiscito. Basan su optimismo en el drenaje del apoyo popular que sustenta al gobierno que viene haciendo la reacción a través de numerosos canales. En particular, apoyada en instituciones como el Parlamento y los Tribunales. Pero, además, valiéndose de la erosión que provoca la prédica constante de los medios de comunicación, explotando hábilmente toda dificultad y alentando a sectores vacilantes y conciliadores dentro de la propia Unidad Popular.

Es un hecho que a un año del gobierno del Presidente Allende, la reacción aparece más fuerte en términos relativos que el propio nivel de fortaleza alcanzado por la Unidad Popular. Los reaccionarios —desde los sediciosos hasta los que buscan abortar el proceso por medios legales— se han reagrupado y presentan un solo frente cuyas discrepancias tácticas no alcanzan a ocultar la identidad de propósitos fundamentales. En el campo de las fuerzas de izquierda no sucede lo mismo. El sectarismo de algunos, las vacilaciones de otros, el oportunismo, los apetitos y vicios burocráticos, entremezclados, han impedido que el reagrupa-miento derechista sea enfrentado a igual velocidad por la irrupción vigorosa de una conciencia y organización revolucionarias.

El compañero Fidel Castro en sus discursos ante trabajadores y estudiantes chilenos ha destacado el papel insustituible de la unidad para derrotar a los enemigos del proceso revolucionario. Ese estímulo a la unidad —línea constante en sus discursos— es uno de los aportes más valiosos que Fidel ha hecho a nuestro proceso en su visita a Chile.

Ciertamente es de la unidad revolucionaria, o sea de la unidad forjada para combatir al enemigo, de donde emerge la conciencia que luego se traduce en fuerza para movilizar un proceso de construcción del socialismo.

Grandes sectores políticos de izquierda, desde social-demócratas a revolucionarios, encontraron en la Unidad Popular una fórmula electoral que les permitió ganar el gobierno hace catorce meses. Las primeras medidas y el vislumbre de un cambio fundamental, hicieron que en la siguiente confrontación electoral (municipales) la UP subiera del 36 a poco más del 50 por ciento.

No obstante, diversas circunstancias hicieron que ese crecimiento, reflejo de la confianza de las masas, no se tradujera en una ampliación orgánica de la fuerza social de sustento del gobierno. El trabajo político parcelado por partidos y el despunte de brotes sectarios, —que han alcanzado virulencia en ciertos momentos—, favorecieron el papel neutralizador de los indecisos dentro de la UP. La fuerza en ascenso de las masas, traducida en un acentuamiento de la lucha de clases, fue suplantada por formas de paternalismo revestidas de tecnocracia y tutoría política. Ocurrió así un fenómeno curioso. Por una parte, el "instinto represivo" del intacto Estado burgués siguió operando casi en forma espontánea a través de sus muchos mecanismos (tribunales, Contraloría, Parlamento, prensa, etc.). Pero simultáneamente el gobierno puso en práctica una serie de medidas que, coordinadas y debidamente motorizadas por la clase trabajadora, enfilan hacia el socialismo. Pero esas medidas no tuvieron su correspondiente respaldo orgánico de masas, necesario para hacer verdaderamente irreversible el proceso y garantizar su ulterior desarrollo. De este modo, el resultado ha sido que en cuanto a medidas fundamentales de gobierno, salvo en algunas áreas específicas como el agro, se ha ido más rápido y profundo que su correspondiente movilización popular y surgimiento de una conciencia revolucionaria. La paradoja se completa con la ya anotada subsistencia, casi incólume, de un aparato estatal cuya hostilidad de clase hacia este proceso es ostensible.

La manera de superar estas limitaciones que hacen aparecer como transitorio o escasamente consolidado el trecho de camino ya hecho hacia la liberación, es la unidad. Pero no cualquier tipo de unidad y mucho menos la clásica alianza electoral conocida en nuestro medio. Hoy se trata de un nivel superior de unidad. La unidad revolucionaria. Pero esto también puede parecer ambiguo y lo sería si no entrañara un significado concreto. En primer lugar, creemos que lo que se plantea en esta fase es una unidad con sentido de clase, o sea la máxima amplitud bajo la dirección real de la clase trabajadora, sin que ésta tenga que valerse de apoderados indirectos. Las condiciones han madurado lo suficiente como para que determinadas capas sociales partidarias del socialismo acepten reconocer francamente el liderazgo y conducción de la clase trabajadora. Todas las formas de generación democrática de la dirección obrero-campesina del proceso, desde luego, pueden ser adoptadas para que esa hegemonía de clase e ideología proletaria esté presente en todas las instancias de poder, desde la dirección de la producción en la fábrica y el fundo, hasta la conducción política superior del Estado.

Son varios los partidos chilenos que sustentan la misma ideología revolucionaria. Pero sus discrepancias en este terreno logran superar la afinidad que debería producirse en los hechos. La persistente competencia por aumentar la militancia, sacrificando la posibilidad concreta de golpear juntos, produce una desvalorización conjunta de los partidos que profesan la ideología revolucionaria asimilándolos a los ojos de las masas a la misma categoría de los partidos "busca pegas", o simplemente reformistas. La unidad revolucionaria tiene asidero muy real en estos instantes. Desde luego, porque de no hacerlo así es un hecho que se abrirán las puertas al revanchismo de la derecha. Y a nadie escapa que esa revancha será implacable, convirtiendo en enorme fogata el intento de iniciar la construcción del socialismo en Chile.

Un ejemplo basta para poner de relieve el carácter que asume la revancha reaccionaria cuando tiene las manos sueltas para proceder a su antojo. Nos referimos a lo que sucede en la provincia de Cautín, donde el 22 de noviembre fueron asesinados otros dos campesinos, los hermanos Cheuquelén, por una banda terrorista. Alrededor de 30 individuos armados, entre los que figuraban algunos dueños de fundos, llegaron hasta un potrero que dos familias mapuches habían ocupado en Nueva Imperial. Tirotearon a hombres, mujeres y niños y luego incendiaron sus enseres y carretas. Uno de los hermanos Cheuquelén ya herido a bala, fue rematado a palos. Las esposas de ambos campesinos, una de ellas embarazada de ocho meses, fueron baleadas y golpeadas. Los terratenientes actuaron con el certificado de impunidad que hace menos de un mes había otorgado la Corte de Apelaciones de Temuco a los asesinos de Moisés Huentelaf, caído en Loncoche el 22 de octubre (ver PF Nº 144).

Lo que sucede en Cautín, donde los terratenientes tratan en vano de aplastar la lucha del proletariado campesino usando para ello sus influencias locales y su fría determinación homicida, habría que amplificarlo a nivel nacional para tener una idea del peligro fascista que se prepara a saltar al cuello del proceso de liberación.

En otro plano, pero igualmente conectado a la reactivación acelerada del revanchismo reaccionario, hay que observar cómo el Rector de la Universidad, Edgardo Boeninger, y un grupo de parlamentarios de los partidos Demócrata Cristiano y Nacional invadieron el palacio de gobierno, pasaron a llevar olímpicamente a la guardia de Carabineros e irrumpieron a gritos en el Ministerio del Interior, en uno de los episodios más estridentes de la crisis provocada . artificialmente en la Universidad por los sectores conservadores. Con ese acto de desplante y jactancia, y apoderándose a la vez violentamente de algunas escuelas como la de Leyes, la derecha, con amplio apoyo publicitario, ha golpeado la mesa del país haciendo sentir la rudeza de su puño.

Conviene agregar la tarea de cercamiento legal que la reacción atrincherada en el Parlamento está sometiendo al gobierno. Los proyectos de leyes más importantes son suplantados por otros de naturaleza muy distinta, mientras se dictan apresuradas reformas constitucionales para impedir que crezca el área social de la economía.

Entretanto el imperialismo hace lo suyo cerrando una por una las válvulas de respiración financiera de economías deformadas y dependientes como la nuestra. Junto con ello se hace público a través de visitantes europeos que en Chile tuvieron contactos al más alto nivel, que no menos de 1.500 agentes de la CIA operan en nuestro país.

Todo esto confluye en una sola dirección. Imperialistas y reaccionarios locales buscan interrumpir el proceso que se vive en Chile. ¿Lo harán con la astucia del zorro o con la ferocidad del gorila? Eso sin duda dependerá de las circunstancias. Los reaccionarios no tienen ninguna moral ni inclinación especial por ningún método que les permita alcanzar sus objetivos.

Pero los revolucionarios chilenos, como a su turno les tocó decidir a los de Cuba, no tienen que limitarse a escoger el tipo de muerte del proceso por cuya seguridad les toca velar. Al contrario, están en capacidad de salvar el proceso, profundizarlo y cambiar la correlación de fuerzas cuyo debilitamiento ha venido aprovechando el enemigo. Para esto se necesita la unidad revolucionaria.

En términos simplemente históricos, no es ninguna generosidad especial la que se pide a los partidos que por ideología y composición de clase están hoy en el deber de ponerse de acuerdo. Es sencillamente recordarles una obligación que tienen en cuanto a partidos revolucionarios. Los dirigentes, desde luego, tienen una responsabilidad inesquivable. Pero aún mayor es la de los militantes. Ningún militante revolucionario puede observar hoy impasible que su partido se abstenga de dar un paso adelante, al encuentro de los camaradas de lucha. Reclamar la unidad de sus partidos en puntos concretos con quienes están por el socialismo, es un deber para el militante en este momento.

El chauvinismo partidario, que engendra el sectarismo, debe ser sacrificado para abrir paso a una concepción nueva y revolucionaria de escribir nuestra historia de liberación.

La disyuntiva es muy clara. Si no se da la unidad que requiere un proceso de esta índole, ese proceso se paralizará, desmoronándose, o será abruptamente interrumpido con resultados funestos por el cuadro de dispersión de los sectores que deberían enfrentar esa emergencia.

Forjar esa unidad no niega sino que, al contrario, supone confrontar posiciones ideológicas, y como fruto de ellas comparar análisis y propuestas. Pero la discusión ideológica, en ciertos momentos de la historia, como éste, tiene que ejercerse en el plano fraternal y positivo que se inicia por admitir propósitos concretos comunes y que busca culminar en acuerdos. De lo contrario se corre el riesgo de caer atrapado en las redes de las palabras mientras el enemigo, agrupado en función de intereses de clase, golpea en puntos vitales.

A veces como ahora en Chile, conviene mirar qué hace el enemigo. Si demo-cristianos y nacionales, por ejemplo, tal como sucede, han puesto de lado discrepancias adjetivas para volcarse en conjunto contra los intereses de la clase trabajadora representados en el proceso hacia el socialismo, los partidos que representan a los trabajadores no tienen por qué tener discrepancias antagónicas o irreconciliables. Por el contrario, los intereses en este caso son muy superiores y nobles. Hacer de las fuerzas revolucionarias un solo puño que golpee al enemigo es una responsabilidad que todos debemos afrontar en el campo de la izquierda. Evitar que esta oportunidad histórica se diluya o sea descabezada es un deber del que tendremos que rendir cuentas a la clase trabajadora. ¿De qué valen los vicios partidarios o las rencillas del pasado frente al futuro luminoso de lucha, sacrificio y victoria que aguarda a los revolucionarios chilenos? ¿Quién recuerda los numerosos partidos y movimientos que existían en las primeras fases de la Revolución Cubana y que tenían serias divergencias entre ellos? El proceso, la necesidad de unirse contra las agresiones del imperialismo, contra las conspiraciones, sabotajes y boicoteo de los reaccionarios, barrió las diferencias entre los revolucionarios cubanos, hasta compactar un pueblo que es a la vez trabajador, estudiante y soldado. Nosotros debemos preparar aquí las condiciones para que llegado a esa fase de nuestro proceso, la unidad revolucionaria sea leal y efectiva para derrotar cualquier tipo de agresión. La manera de preparar esas condiciones es empezar ahora. Y empezar por trabajar juntos en puntos fundamentales, como es eliminar toda traza de explotación imperialista de nuestro suelo, extirpar de raíz la lacra del latifundio y traspasar a poder del Estado las grandes industrias. La organización y movilización del pueblo, respondiendo a una dirección revolucionaria conjunta, darán contenido a esas medidas y asegurarán la fortaleza del gobierno, permitiendo afrontar en debida forma los obstáculos que opone la institucionalidad burguesa.

P. F.


Fidel en Chile

A los estudiantes de Concepción

“LAS TESIS DE LA REVOLUCIÓN CUBANA,
QUE ERAN LAS DEL CHE, TIENEN PLENA VIGENCIA”

El Primer Ministro cubano, Fidel Castro, durante su visita a Chile, sostuvo un diálogo con los estudiantes de la Universidad de Concepción, el 18 de noviembre. En el mismo acto hablaron el Rector de esa Universidad, Dr. Edgardo Enríquez, y el presidente de la Federación de Estudiantes, Nelson Gutiérrez, quien, a la vez, es dirigente del MIR. El siguiente es el texto del diálogo de Fidel Castro con los estudiantes:

UNIVERSITARIOS, universitarios de Concepción. Si plegamos las banderas facilitaríamos mejor la visibilidad de todos; desde luego, me estoy refiriendo a un plegamiento físico de las banderas...

Al fin estamos aquí, en esta famosa Universidad de Concepción; hablan muchas personas interesadas en este encuentro, al extremo que según oí decir, algunos periodistas dijeron: nos vemos en Concepción, nos vemos en Concepción y nos vemos en Concepción; hay muchos interesados en este encuentro, no sé por qué será, no me imagino que piensen que aquí pudieran surgir problemas, cosas espectaculares; mi impresión es que no. Lamentaríamos mucho que esto los decepcionara, pero, hasta ahora, se va desenvolviendo bien este acto. Por mi parte, yo no voy a pronunciar un discurso; cuando alguien dice un discurso es indudable que necesita un poquito de tiempo para prepararlo. En segundo lugar, va a decir algo que le interesa al que habla y, en definitiva, a mí me interesa hablar de lo que les interese a ustedes. (Aplausos).

Mis circunstancias al visitar este país, son circunstancias especiales; nosotros en nuestra patria nos reunimos muy frecuentemente con los estudiantes, pueden ser 5. pueden ser 10, pueden ser 50 o pueden ser 500, siempre son improvisadas las reuniones. Los estudiantes preguntan millones de cosas; desde luego, uno no siempre puede responder a todas las preguntas, algunas porque no sabe y otras porque no debe. (Aplausos).

En ocasiones algunos periodistas vigilaban que yo llegara por la Universidad y, claro, ustedes saben que en las conversaciones hay suprema soltura cuando no se está hablando Dará el gran público, sino con un grupo de interlocutores, uno habla con un poco más de libertad. El concepto de libertad siempre será relativo, sobre todo para nosotros los que tenemos que asumir no sólo, a veces, funciones teóricas, que tenemos que encontrar algunas soluciones teóricas a algunos problemas sociales, sino que tenemos la tarea de dar la solución concreta y la responsabilidad diaria que nos impide actuar con la libertad de un catedrático, de un profesor, de un escritor. Esos que no tienen responsabilidades altas que, a veces, puede afectar el interés o la seguridad de millones de personas, esos son los únicos individuos verdaderamente libres para decir lo que quieran.

Pero a pesar de todo, haré lo posible por satisfacer la curiosidad de ustedes o responder a cualquier pregunta. Por allí me enseñaron un programa, ahí lo tienen. Decía: discurso del Rector, discurso de Nelson Gutiérrez, preguntas y preguntas. Y yo dije, pues, preguntas y que vengan todas las preguntas, las planeadas y las que cualquiera haga por añadidura. Así es que estoy a disposición de ustedes y que empiecen las preguntas. (Aplausos).

Uno nunca acaba de dar los exámenes (Risas) ; cuando cree que ya está bueno de estar en una universidad, tiene todos los días un examen (risas y aplausos). A ver ¿quién es el preguntón?

MODERADOR: Han llegado cuatro preguntas, de las cuales dos están escritas. La primera pertenece a la Juventud Socialista; de acuerdo al programa, quien formula la pregunta podrá subir al estrado a fundamentarla y dispondrá para eso de tres minutos.

Voy a proceder, entonces, a leer la pregunta de la Juventud Socialista, la pregunta dice lo siguiente: "Se dice que este Gobierno es reformista y, por lo tanto, no se trata de un Gobierno revolucionario. ¿Considera usted que nuestra experiencia chilena es un camino revolucionario que nos llevará a la patria socialista?".

FIDEL: Si yo digo que no, ¿cómo me puedo quedar aquí? (Risas).

MODERADOR: El Jefe de la Brigada Universitaria Socialista, Darío Villarroel, pide fundamentar la pregunta.

DARÍO VILLARROEL: Compañeros y compañeras, para un estudiante universitario, para un compañero que milita en una juventud, como la Juventud Socialista, el honor más grande, en este momento, es estar al lado del Comandante Fidel Castro, el héroe legendario de la Revolución Cubana. (Aplausos).

Yo, compañeros, traigo primero el saludo al Comandante Fidel Castro, lo saludo en nombre de la Juventud Socialista. Nuestra pregunta concreta es, pensamos y como revolucionarios creemos que estamos desarrollando un proceso revolucionario y como juventud pensamos, también, que al igual que en Cuba queremos integrarnos con nuestra inteligencia al proceso productivo nacional y con nuestros lazos —al igual que en Cuba— al trabajo concreto de la revolución chilena. Nosotros le preguntamos al Comandante Fidel, en este proceso revolucionario que vive Chile, él —tal cual lo manifestara— qué errores ve, qué errores son los fundamentales en el proceso que se está librando en Chile, porque, compañero, pensamos honestamente que cualquier proceso revolucionarlo es lo suficientemente fuerte como para resistir las críticas y es lo suficientemente fuerte como para, también, aclarar y conducir mucho mejor lo que se vaya diciendo en un proceso dialéctico con los otros compañeros y con compañeros que tienen experiencia como el Comandante Fidel Castro. (Aplausos).

FIDEL: Como tengo un poquito de experiencia —según dice el compañero—, podría tratar de responder esta difícil pregunta que me ha hecho, pero respondiéndola como debo responderla.

Primero, yo quiero establecer una regla. Que cualquiera opinión que aquí este alumno esté examinando (¿cómo le dicen ustedes a los que están examinando?)... son simples respuestas que no tienen otro valor que el interés en satisfacer una curiosidad, una opinión, pero, por favor, les agradecería que nadie lo tomara por doctrina ni mucho menos, y que no se tome ni siquiera como elementos en las polémicas y en las disquisiciones filosóficas de todos.

En realidad yo no soy quien debe juzgar al Gobierno chileno, yo puedo dar mi opinión sobre las cuestiones de si es un proceso reformista o si es un proceso revolucionario, pero les voy a decir una cosa, está muy bien lo que se dice de discutir, no hay por qué tener miedo de discutir: correctísimo. Pero entre ustedes, la discusión es entre ustedes, yo no tengo ninguna prerrogativa para participar en este tipo de discusiones. Si ustedes me dicen que un día nosotros formamos ya una comunidad, una comunidad de países en que todos los problemas nos conciernen a todos y tenemos el derecho a opinar, ese día nosotros opinaremos también en cualquier discusión, pero en las actuales condiciones, nosotros podemos si queremos cuando conversamos con chilenos, dar una opinión de algo, si nos la piden, exponer un criterio en un terreno de intimidad, pero no públicamente, no públicamente hacer luces sobre lo que está bien o está mal o sobre a lo que nosotros nos parezcan errores, porque, en realidad, estaremos sentando un precedente y estaríamos actuando absolutamente en contra de lo que se supone son nuestros derechos. De manera que un análisis de los errores y de los aciertos del Gobierno, yo no puedo nacerlo, eso es algo que les corresponde por entero a los chilenos. (Aplausos).

Ahora bien, si a mí me dicen qué es lo que ha estado ocurriendo en Chile yo sinceramente les diría que en Chile está ocurriendo un proceso revolucionario. (Aplausos). Y nosotros, incluso, a nuestra Revolución la hemos llamado un proceso; un proceso no es todavía una revolución, un proceso es un camino, un proceso es una fase que se inicia y si en la pureza del concepto lo debemos caracterizar de alguna forma, hay que caracterizarla como una fase revolucionaria que se inicia. Hay que tener en cuenta las condiciones en que se desenvuelve este proceso, con qué medios, con qué recursos, con qué fuerzas, qué correlación de fuerzas. No es nuestro proceso. Al triunfo de lo que nosotros llamamos la revolución y esto fue motivo tácito de discusión de todo tipo porque un día se me ocurre decir que el 19 de enero de 1959 había sido el triunfo de la rebelión, no el triunfo de la revolución y que sólo al cabo de muchos años, podríamos hablar del triunfo de la revolución. Pero aún hoy día, nosotros no podemos hablar de triunfo de una revolución y que sólo al cabo de muchos años, podríamos hablar del triunfo de la revolución en nuestro país. Dije eso, entonces se creó un enredo, porque todo el mundo decía: el 1º de enero el triunfo de la revolución es el triunfo de la rebelión. Y aquello había que explicarlo, no se entendía bien, hasta que un día dije: "Miren, vamos a ponernos de acuerdo, porque también cuando triunfa la revolución bolchevique, en tal fecha, el triunfo de la revolución bolchevique y el triunfo de la revolución francesa y el triunfo de tal y más cual, y para que nos entendiéramos hicimos el triunfo de la revolución; pero el 19 de enero no había triunfado la revolución, se había abierto un camino, se había creado una posibilidad, se iniciaba un proceso, eso es lo que ocurría en nuestro país, el 1º de enero". Pero recuerde todo el mundo la cantidad de discusiones que ha habido en el mundo; a nosotros todo el mundo nos interpretaba y nos juzgaba: "no, si es una revolución antiimperialista; no, si es una revolución pequeñoburguesa de no sé cuánto", esto era de la Revolución Cubana. Y la Revolución Cubana había hecho incluso medidas avanzadas y todavía no se llamaba revolución socialista, incluso, no lo éramos. ¿Saben cuándo se declara el carácter socialista de la revolución? Se declara el 16 de abril de 1961, al otro día del bombardeo, vísperas del ataque de Girón; fue la declaración de un carácter, de un propósito. Ahora si ustedes analizan todo lo que habíamos hecho hasta ese día, todavía no era una revolución socialista, todavía no se le podía dar el carácter de una revolución socialista, era un avance, pero si nuestro pueblo iba a combatir porque se había dicho que si la revolución había sido traicionada, y cuando nuestro pueblo fue a librar su batalla contra el imperialismo, tras de la batalla se declararon los objetivos de la revolución porque el pueblo combatió y luchó por aquellos objetivos.

Esto depende de cómo y en qué momento se analice la fase de la historia de un país. Al niño, ustedes no lo pueden llamar joven, no lo pueden llamar hombre y mucho menos le pueden llamar abuelo, pero es posible que algún día llegue a ser bisabuelo. La revolución tiene distintas fases, nuestro programa en la lucha contra Batista, no era un programa socialista ni podía ser un programa socialista, realmente, porque los objetivos inmediatos de nuestra lucha no eran todavía ni podían ser objetivos socialistas, habrían rebasado el nivel de conciencia política de la sociedad cubana en aquella fase. Habrían rebasado el nivel de las posibilidades de nuestro pueblo en aquella fase. Nuestro programa cuando el Moncada, no era un programa socialista, pero era el máximo de programa social y revolucionario que en aquel momento nuestro pueblo podía plantearse.

Ahora, un camino de la revolución significa, precisamente, el propósito de ir aprovechando cada coyuntura y cada posibilidad de avanzar. Algunos de los impugnadores de la Revolución Cubana decían que habían sido engañados, nosotros les explicamos que un revolucionario verdadero siempre busca el máximo de cambios sociales, pero buscar un máximo de cambio social no significa que en cualquier instante se pueda proponer ese máximo, sino que en determinado instante y en consideración al nivel de desarrollo de la conciencia y de la correlación de fuerzas se puede proponer un objetivo determinado, y una vez logrado ese objetivo proponerse otro objetivo más hacia adelante.

El revolucionario no tiene compromisos de quedarse en el camino (aplausos), no tiene el compromiso de quedarse en el camino y yo les digo que ya hoy en nuestro país hay cosas que superan, como ambición o como objetivo social, a las que nosotros mismos habríamos podido imaginarnos cuando ya nos considerábamos revolucionarios. La propia vida nos ha ido enseñando a elevar los objetivos, a perfeccionar nuestras ideas, nuestras concepciones y a marchar más lejos y, sinceramente, nosotros creemos que el pueblo chileno se encuentra hoy en esa fase, se encuentra hoy en esa etapa y sin dudas, para poner un ejemplo, la mera presencia nuestra aquí, en esta ciudad y en esta Universidad, a pesar de la OEA, para poner un ejemplo, del imperialismo, de las condenas, de los aislamientos, es un hecho revolucionario; no habría sido posible esta visita sin estas condiciones en Chile, no habría sido posible la nacionalización del cobre en la forma en que se ha hecho, de ninguna manera. Pensándolo muy objetivamente, creemos que en este país se ha iniciado un proceso revolucionario (aplausos). Esa pregunta me la hicieron en otros sitios y es la respuesta que nosotros hemos dado y es. sinceramente, lo que creemos (vítores y aplausos).

LOCUTOR: A continuación, Martín Phillips en representación de la Democracia Cristiana Universitaria, hará una pregunta al Comandante Fidel Castro.

PREGUNTA: Comandante Fidel Castro, los cristianos en América latina desde hace muchísimos años han comenzado una lucha frontal para liberar a sus pueblos de la dominación del imperialismo norteamericano. Nosotros sabemos que en Cuba los cristianos aportaron lo mejor de ellos a la revolución, también sabemos que muchos de ellos la traicionaron; antes de formularle la pregunta, quiero citar una frase del Che: "Déjeme decirle a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor, todos, todos los días hay que luchar por que ese amor a la humanidad viviente se transforme en hechos concretos, en actos que sirvan de ejemplo y de movilización". Pero, Comandante, usted sabe que son muchos en América latina los que repiten quejumbrosamente que estos valores han sido traicionados en Cuba, después de la instauración de un régimen marxista; los cristianos han sido relegados a un segundo plano o marginados de Cuba. Nosotros, los jóvenes democratacristianos, queremos que usted nos diga cuál fue la participación de los cristianos en Sierra Maestra, en los albores de la revolución y cuál es hoy la participación de ellos, como cristianos y como cubanos-en la construcción del socialismo (gritos de "¡Puerto Montt!" y pifias).

FIDEL: ¿Qué quiere decir eso de Puerto Montt? Ah...

Bueno, yo debo decirle que, en realidad, no puedo aceptar la afirmación así, que aparece en el primer párrafo, de que los cristianos en América latina desde hace muchísimos años han comenzado una lucha frontal para liberar a sus pueblos de la dominación del imperialismo norteamericano, (aplausos).

En este terreno, un poco más en la cosa general, puedo hablar con toda claridad; el movimiento de lucha de los cristianos en América latina no data de hace muchísimos años, sino es más bien un fenómeno reciente, es más bien un fenómeno reciente que nosotros apreciamos y saludamos y lo vemos como un acontecimiento altamente positivo, pero es un fenómeno reciente. No podemos decir que en Cuba los cristianos aportaron lo mejor de ellos a la revolución. Hay que decir que los elementos religiosos, los factores religiosos no jugaron un rol como tal en el proceso revolucionario cubano, o digamos, en la fase de la lucha por la conquista del poder (Ruidos) de la nación, de apoyo al movimiento revolucionario, entre los cuales, obviamente, estaban los cristianos, pero estaban también los que no eran cristianos y estaba, en general, la mayoría del pueblo; sólo las capas groseramente reaccionarias apoyaban al régimen de Batista, una minoría en un régimen proimperialista, ciento por ciento sos tenido por instrumentos de represión. Ahora, hubo cristianos que ingresaron aislada e in dependientemente, hubo sacerdotes que cooperaron, incluso a nuestra tropa se presentó un sacerdote, el padre Sardinas, fue, se unió y estuvo en nuestra tropa meses enteros y nosotros le teníamos mucho respeto. Allá se presentaban los campesinos que querían que les bautizáramos los hijos y el padre Sardiñas los bautizaba y yo era el padrino (risas). Así es que tengo muchos ahijados en la Sierra Maestra. Pero esto no era una farsa, no, era una costumbre de los campesinos el bautizar a los hijos, porque ese era el tipo de cristianismo que había en nuestros campos. No pasaba de eso, no pasaba del hábito de bautizar a los hijos. No recibían ninguna otra enseñanza religiosa y ellos venían con los hijos, la madre, el otro, como un gesto de con fianza, de amistad hacia nosotros, los rebeldes, pues sencillamente hemos sido padrinos de muchos campesinos de la Sierra Maestra y el cura Sardinas venía con nosotros. Desde luego, no tenía tiempo de darles el catecismo, sólo el bautizo, así es que aparte de eso, en nuestro país no existía el tipo de cristianismo que existe en otros países latinoamericanos. ¿Por qué?, porque la religión se llama cristiana y, en ese sentido, si nos encontramos con unos campesinos que eran de esos, no católicos, sino adventistas o de otras religiones, sinceramente, se portaron muy bien. Nosotros decimos que con nosotros se portó bien el cristiano católico y el cristiano adventista, el espiritista, el que creía en las estrellas, en el sol, en la luna, en los animales, en los demonios, en los buenos, en los malos y el que no creía en nada. (Aplausos). Esta es la realidad y tal fue que nos apoyaron, así es que no podía sino enmarcarse dentro de un fenómeno político nacional.

En nuestro país no existía el cristianismo en el sentido en que existe en muchos países latinoamericanos, porque la religión católica no era una religión popular. ¿En qué sentido? Era fundamentalmente la religión de los ricos en nuestro país. (Aplausos).

Hay otros países latinoamericanos en que la religión católica es también religión de los pobres, y no se olviden que el cristianismo empezó siendo la religión de los esclavos y perseguidos de Roma. Algo parecido a lo que sufrió después el comunismo.

Ahora bien, ¿por qué? Porque la religión más bien se predicaba a través de los colegios privados, que eran colegios de clase media y rica y sólo por excepción, había un pobrecito, le daban un puestecito en la escuela y lo ponían a limpiar la escuela, en una especie de plustrabajo y algunas instituciones religiosas que hacían siempre caridad, y hay que decir que, por otro lado, existían en nuestro país instituciones religiosas que estaban con los leprosos, con los enfermos en actitudes de carácter humano, que yo siempre he admirado, extraordinariamente apreciable y admirable. Monjitas que se iban a trabajar con leprosos a ciertas instituciones y hacia estas religiosas siempre sentí un gran respeto y una gran admiración, porque significa desprendimiento, capacidad de sacrificarse por los demás, en nombre de una idea, de un sentimiento, de una creencia, de un principio, pero actuar consecuentemente con ese principio, actuar consecuentemente con esa creencia; y otras trabajan en hospitales y en trabajos duros, hay que decir que cualesquiera de esas personas haciendo ese trabajo abnegado, peligroso es lo que pudiéramos considerar el ideal de la conducta de un comunista, así es que al esclarecer unas cosas, sí, tienen para mí que esclarecerse las otras

En esas actividades sí eran beneficiados los pobres, los que no tenían un enfermero que los cuidara; esto es lo que era la situación en nuestro país. Ahora surgen conflictos que no eran religiosos, entre la revolución y la iglesia, sino que entre la revolución y los burgueses, los grandes terratenientes, los grandes propietarios; ellos tenían la religión católica, no practicaban la caridad cristiana, pero se decían católicos y, entonces, utilizaron el problema religioso como un instrumento político de resistencia a la revolución, hay que ser muy claro.

Ellos fueron los que utilizaron la religión como instrumento contra la revolución, basándose en las circunstancias de que la clase afectada por la revolución tenía su religión oficial y acudió al procedimiento de usarla contra la revolución y esos fueron los motivos de los conflictos de la revolución y elementos católicos, con parte del clero y con parte de la iglesia. Pero nuestra revolución nunca se caracterizó por el anticatolicismo, el anticristianismo y por ninguna forma de antirreligiosidad, nuestra revolución no se caracterizó nunca por ninguna antirreligiosidad. Es más, a nosotros nos parecía que toda aquella gran campaña obedecía al mecanismo para confundir a los pueblos latinoamericanos, también, es decir, presentar ante toda la América latina, donde sí había países donde la religión católica tenía amplio carácter popular, y utilizar toda esa leyenda y toda esa campaña contra el movimiento revolucionario en América latina, y nosotros nos hemos cuidado mucho, siempre, de evitar en nuestro país cualquier forma de persecución y de lucha antirreligiosa.

Es más, la línea que ha seguido la revolución con los sacerdotes que han estado implicados en hechos y faltas contrarrevolucionarias, ha sido, por lo general, de la generosidad. Hemos preferido el sacrificio de la ejemplaridad a los beneficios que podía sacar el imperialismo de su política de presentar a la Revolución Cubana contra la religión.

Bien, en un período ulterior, cuando ya realmente la burguesía y los imperialistas no tenían nada que perder, en que ya dejaron de ser una fuerza social, es que esta cuestión religiosa y los conflictos que habían surgido en dicha revolución, se fueron apaciguando. En nuestro país quedaron las iglesias, funcionan libremente, en nuestro país hay un colegio, un colegio de seminaristas, también se forman religiosas y existe paz y armonía. No obstante los intentos que de cuando en cuando resurgen desde fuera, de alguna campaña contrarrevolucionaria apoyándose en elementos religiosos, hay que decir que esa paz se logró, por un lado, por la actitud de la Revolución, por lo que explicábamos anteriormente y por algunos dirigentes religiosos que tuvieron especial interés y cuidado en buscar fórmulas de acercamiento y de solución a los problemas que habían surgido en nuestro país, de manera que la situación es de paz y de armonía.

Ahora bien. En los últimos tiempos han ido surgiendo en América latina, en el seno del movimiento cristiano, corrientes revolucionarias, si quieren llamarlas corrientes progresistas, que van derivando hacia posiciones revolucionarias y hay un gran número de sacerdotes y de religiosos que tienen una decidida posición en favor del proceso de liberación de América latina.

Algunos son perseguidos, otros han muerto, como murió Camilo Torres (aplausos) y en realidad si nosotros analizamos las cosas objetivamente, si analizamos el futuro de todo nuestro continente, nosotros debemos saber apreciar en todo su valor la importancia que tiene esa toma de conciencia política, de amplias masas cristianas en este continente, porque —permítanme decirles algo— la revolución es el arte de unir fuerzas, la revolución es el arte de aglutinar fuerzas para librar las batallas decisivas contra el imperialismo (aplausos). Ninguna revolución, ninguna revolución, ningún proceso se puede dar el lujo de excluir a ninguna fuerza, menospreciar a ninguna fuerza, ninguna revolución se puede dar el lujo de excluir la palabra sumar y uno de los factores que determinó el éxito de la Revolución Cubana, donde nosotros éramos un pequeño grupo, inicialmente, un pequeño grupo que en condiciones difíciles llevó a cabo la lucha, fue la política de unir, unir, unir, sumar incesantemente. Y no era fácil, miren que nosotros teníamos grandes discusiones entre nosotros mismos. Nosotros estábamos en la Sierra, llevábamos 18 meses de guerra y de guerra violenta, sin embargo encontramos en el seno de nuestra propia organización tendencias fuertes de tipo exclusivistas; en algunas ocasiones los conservadores parecíamos los que estábamos en las montañas. Muchas veces nos pasó eso, que parecíamos conservadores; a veces habían políticos que habían mantenido su línea contra la tesis nuestra, en las condiciones de Cuba, entre elementos que habían estado haciéndole el juego a la estrategia de Batista, de consolidar su poder mediante elecciones fraudulentas y nosotros manteníamos la tesis de la lucha armada (aplausos). Y llevábamos 18 meses de guerra, pero en determinado momento todas esas corrientes se iban desmoronando. Gentes que durante mucho tiempo habían mantenido posiciones opuestas, querían pasarse a las posiciones que habíamos defendido ¿y cuál era la tesis nuestra? que se sumen, que se sumen; con la tesis de otros compañeros que no, que se les tiren las puertas a la cabeza, que no se sume; señor, si usted está defendiendo una tesis, una idea, un principio, el día que incluso los más caracterizados voceros de la tesis contraria se pasan a sus filas, estarán señalando que su tesis, su teoría, su idea ha triunfado y fortalecerá la revolución (aplausos). Nosotros teníamos bastantes discusiones, en honor de la verdad, como tiene que pasar en todo, pero nosotros fuimos dentro del movimiento defensores de las tesis de la amplitud y de la suma, de la suma de fuerzas.

Y así fuimos creciendo, y fuimos creciendo, y eso nos condujo a la victoria. Si nosotros, un pequeño grupo, hubiéramos realizado una política a puertas cerradas, nos habríamos aislado, no habríamos triunfado jamás, de la misma manera que yo creo que en nuestro continente nosotros tenemos que unir, nosotros no podemos cerrar las puertas a nadie, nosotros tenemos que abrir de par en par las puertas para que la lucha de liberación de este continente cuyo principal fenómeno es la opresión imperialista, igual que durante toda aquella fase de la lucha nuestra en el derrocamiento de la opresión en nuestro país, en aquella lucha la política fue de amplia unión y aun después frente a cada uno de los objetivos; política de amplia unión. En América latina nosotros tenemos que realizar una política de amplia unión con todas las fuerzas que tomen conciencia de la situación objetiva de explotación, en que ha vivido nuestro continente. Que tomen conciencia... no hay que esperar que sea una conciencia avanzada o superavanzada, o marxista; una conciencia nacionalista, es positiva; una conciencia progresista es positiva. Ojalá estuviéramos todos de acuerdo, por lo menos en una cosa, en una cosa: ¡En librarnos del imperialismo! ojalá todos nuestros pueblos estuvieran ya de acuerdo en eso (aplausos). Si todos los cristianos, si todas las religiones, si todos estuviéramos de acuerdo en que hay que liberarse del imperialismo, como cosa fundamental, ya tendríamos algo que nos uniría a todos, un mínimo esencial, ¡pero no de poca monta! Si todos en este continente hubiéramos tomado conciencia de la necesidad de combatir al imperialismo, si fuéramos capaces de poner un granito de arena en ese sentido, ese sería un extraordinario paso de avance en la liberación de este continente. Desde ese punto de vista, nosotros saludamos y vemos con simpatía y apreciamos extraordinariamente el movimiento que se ha desarrollado en los últimos años en el seno de los cristianos. Y consideramos que tiene un gran valor en el camino de la liberación de nuestros pueblos y en el camino de la lucha revolucionaria y este movimiento debemos recibirlo con respeto, con satisfacción, y es nuestro deber de revolucionarios, alentarlos, y así de esta manera nosotros expresamos cuál es nuestra posición, respecto de lo que pasó en Cuba, y nuestra posición respecto a esta cuestión en el ámbito latinoamericano. (Aplausos).

CAMPESINO: Comandante, en representación del Movimiento Campesino Revolucionario, queremos invitarlo a la provincia de Cautín, para que conozca allá la lucha campesina. (Aplausos). Porque creemos que nuestro pueblo hermano de Cuba no conocerá bien el proceso de Chile, si el compañero Comandante no va a la provincia de Cautín a conocer cuál es el objetivo del Movimiento Campesino Revolucionario. (Aplausos).

LOCUTOR: A continuación, un representante de las Juventudes Comunistas, Antonio Leal, le formulará una pregunta al Comandante Fidel Castro.

ANTONIO LEAL: Yo quiero a nombre de las Juventudes Comunistas de la Universidad de Concepción, formularle una pregunta muy concreta. Querido Comandante, nosotros estamos convencidos de que lo más decisivo, para nuestro pueblo, para los trabajadores, para Chile entero., es asegurar el éxito irreversible, del Gobierno Popular. En este marco, pensamos que es necesario, absolutamente necesario, analizar cuidadosamente y estudiar profundamente las ricas experiencias que la Revolución Cubana nos deja. Yo quiero, querido Comandante, camarada Fidel Castro, hacerle la siguiente pregunta: Nosotros estamos empeñados, hoy día en Chile, en colocar al movimiento estudiantil en su conjunto, no a un sector, a la inmensa mayoría, junto a los obreros, a los campesinos, a los trabajadores de nuestra 'patria, para empujar el carro de la revolución. Queremos, Comandante, saber cuál ha sido el aporte del movimiento estudiantil, de la intelectualidad en su conjunto, al proceso revolucionario cubano, queremos conocer cuáles fueron, cuáles son actualmente, las tareas que en el terreno específico del movimiento estudiantil emprende, pero también aquellas tareas que emprendió ayer, y que emprende hoy día, para erradicar totalmente el analfabetismo de Cuba y para poder consolidar la gran tarea de la batalla de la producción y el abastecimiento. Esa es nuestra pregunta y saludamos con el corazón, con ardiente compromiso revolucionario, a nuestro querido camarada Fidel Castro.

FIDEL: Bueno, lo más breve posible, los estudiantes jugaron un rol importante en la lucha contra Batista, a través de movimientos de masas, manifestaciones, que en ocasiones alcanzaron grado muy alto de heroísmo. Desde el primer momento en la Universidad, principalmente en la Universidad de La Habana, se organizó, se organizaron los focos de resistencia, al golpe del 10 de marzo, y posteriormente, fueron base los estudiantes de algunas organizaciones que participaron en las acciones armadas, tales como el asalto al palacio presidencial, y en la organización de un frente guerrillero en la zona central de Cuba. De manera que se fueron creando las bases mediante las cuales las relaciones de los estudiantes con el movimiento de la revolución fueron muy estrechas, y en nuestro país, desde el principio han existido óptimas relaciones, entre el proceso revolucionario y los estudiantes. Hay que decir que los estudiantes dieron un apoyo a la revolución desde el primer momento, y entonces, es curioso, porque

en nuestra Universidad había una composición eminentemente burguesa, o de origen burgués, origen de clase media; los estudiantes de nuestra Universidad al principio de la revolución no eran de origen obrero, y no obstante, las contradicciones fueron mínimas, los factores subjetivos, es decir de conciencia, prevalecieron en nuestra Universidad y se logró una unión muy estrecha de obreros, campesinos y estudiantes, a lo largo de todo el proceso revolucionario (aplausos). Los estudiantes juegan un rol decisivo en la campaña de alfabetización. Diez mil estudiantes se movieron en esa campaña, los estudiantes realizaron un rol importante frente a las agresiones imperialistas. Muchos estudiantes de ingeniería, de ingeniería eléctrica, de ingeniería civil, constituyen las primeras dotaciones de soldados de proyectiles, tierra-aire, de defensa antiaérea y armamento electrónico moderno, que nadie sin un nivel de preparación había podido manejar; los estudiantes se enrolaron en nuestras unidades de combate y, desde luego, la composición del estudiantado fue cada día cambiando más; se desarrollaron programas de superación obrera campesina, facultades obreras, y hoy día en nuestra Universidad hay una composición evidentemente de origen social humilde de trabajadores, de obreros, de campesinos, con la enorme facilidad que tiene cualquier joven en nuestro país hoy día para estudiar.

En cierto momento de nuestro proceso revolucionario, ocurrió cierto descuido en el desarrollo de las organizaciones de masas. Hubo una fase de nuestra revolución en que se produjo un cierto languidecimiento de las organizaciones de masas, incluso del partido, con que enfrentábamos determinadas tareas. Cayeron prácticamente todos en una situación de comprometimiento con las actividades de desarrollo, con las actividades económicas, ello nos obligó a nosotros a rectificar ese vicio, o ese problema que se había creado, y en los últimos tiempos, le hemos dado un enorme impulso al movimiento de masas en nuestro país. Saben ustedes perfectamente bien que nosotros tenemos un partido y el partido dirige la política de la revolución, pero que los instrumentos de revolución, de la dirección revolucionaria del partido revolucionario son las organizaciones de masas. ¡Nosotros tenemos a todo el pueblo organizado! ¡Todo el pueblo organizado! Las organizaciones obreras, en primer lugar, las organizaciones campesinas, las organizaciones de vecinos que son los Comités de Defensa de la Revolución, organización que tiene más de 3 millones de miembros. Un obrero puede ser miembro del sindicato, del centro donde trabaja, y miembro del Comité de Defensa del barrio donde vive. Y si es mujer, puede ser miembro además de la organización femenina, y si es joven, puede ser además miembro de la organización juvenil correspondiente. En nuestro país la juventud es la escuela de formación de los futuros militantes del partido. Ustedes saben que nosotros seleccionamos a los militantes del partido, en las condiciones de Cuba, mediante asamblea, donde se escogen los obreros más abnegados, más destacados, más decididos, que muestran su mejor espíritu de clase. Es en las filas de clase obrera donde reclutamos nosotros a los militantes de nuestro partido. Nosotros tenemos organizados a los estudiantes, totalmente. Si nuestro país, que es un país donde la masa estudiantil crece, crece y crece, y se le ha dedicado a la cuestión enormes recursos, tiene una gigantesca fuerza juvenil que es sin duda el futuro de la patria. Nuestro país realiza enormes esfuerzos en la educación de la juventud y la juventud participa en todo. ¡En todo! En la defensa, en el desarrollo, en la producción, en la zafra, ¡en todo! Prácticamente, hasta los niños en Cuba tienen sus organizaciones, y ahora les digo sinceramente, no les estoy recomendando recetas y sería ridículo y, tanto de quien lo pretendiera como de quien nos lo importara, las circunstancias en que se desarrolló nuestra revolución son circunstancias especiales, nos situaron en una lucha de vida o muerte, tuvimos que defendernos muy duramente en esa lucha, se fueron creando los instrumentos de defensa y de desarrollo de la revolución, y hoy tenemos un pueblo muy unido.

Cuando ustedes vayan a nuestro país, no verán, es imposible ver, este tipo de cosas que ven a lo largo y ancho de Chile, en el seno del movimiento popular y de las fuerzas de izquierda. Que es, pues, cierta fragmentación de las fuerzas. No digo que eso, de eso haya que culpar a nadie, señalo el fenómeno. Nosotros hemos perdido un poco el hábito de presenciar este tipo de fenómenos, fenómeno por lo demás muy interesante y de mucho colorido.

Para nuestra masa, y el Rector de esta Universidad lo sabe, hay una multitud de 100 mil, 200 mil, medio millón de personas; ya todos nos hemos puesto de acuerdo en los objetivos. Hemos, afortunadamente, rebasado estas áreas, como todas las fases: la niñez, la adultez, la vejez y la muerte. Pero es mejor llegar a viejo, que no llegar a serlo. Quiero decir con esto que muchas veces las revoluciones o los procesos, las posibilidades revolucionarias se frustran, porque los mismos revolucionarios se encargan de hacerlas fracasar; los mismos revolucionarios se encargan de frustrarlas.

En nuestro país, ni nosotros mismos sabíamos que llegaríamos a tener la situación que tenemos ahora; cuando la revolución triunfa, aquella era una situación compleja, pero muy concreta; el trabajo de unión que se hizo en Cuba durante años fue cosa seria, y los problemas que tuvimos al principio fue cosa seria, eran cosas serias.

Ahora, en otra fase de la historia de Cuba, las divisiones en el seno del movimiento revolucionario son mortales; mortales. Afortunadamente nosotros hemos superado esta etapa. Ojalá ustedes algún día la superen. Ojalá desarrollen el supremo arte, y la suprema ciencia de llevar adelante el proceso de su patria, aun en medio de estas condiciones, y que sean capaces de salir victoriosos a pesar de esos inconvenientes. Tal vez por esos mismos inconvenientes.

A mí me parece realmente, que las sociedades en una fase se reflejan las divisiones inevitables de la sociedad de donde surgen y al menos ustedes tienen cuatro o cinco organizaciones, pero las juventudes norteamericanas tienen 200 a 300.

A nuestro país van las brigadas "Venceremos" y a veces van miembros de 100 organizaciones diferentes, pero desde luego hay una cosa en que están de acuerdo: en ir a Cuba, en combatir lo de Vietnam, son cosas en común.

Ahora, sin duda que esa situación de fragmentación de fuerzas en la sociedad norte americana obedece al tipo de sociedad don de se han formado, donde han nacido, y a los problemas que esa sociedad ha creado. Pero hoy en nuestro país, como les digo, como les decimos —y respondiendo a una pregunta— hay una gran unidad en todos nosotros. Y nuestro movimiento es un movimiento sólido, disciplinado, con una fuerza tremenda, que participa junto a los jóvenes. Porque nosotros también hemos tenido un movimiento juvenil que no es estudiantil, jóvenes de 17, 18 a 20 años, jóvenes obreros y este movimiento juvenil participa de manera decidida en todo: la defensa, la producción, el desarrollo, la batalla ideológica. Y allí la juventud juega ese papel. Nosotros sabemos que aquí la juventud juega también un gran papel. No estoy ni mucho menos delimitando el papel ni el rol que juega la juventud chilena, sólo explico cómo es nuestra situación, y respondiendo a la pregunta de ustedes. (Aplausos).

MODERADOR: Debo manifestar que hasta el momento están inscritos: el Sindicato de Empleados Subalternos de la Universidad y una pregunta del Movimiento Universitario de Izquierda, el MAPU, Frente de Trabajadores Revolucionarios, Izquierda Cristiana, Juventud Nacional y Juventud Radical Revolucionaria.

Voy a proceder a leer la pregunta entregada por el Sindicato Profesional de Empleados Particulares y Obreros Subalternos de la Universidad. Dice así:

"Compañero Comandante Fidel Castro Ruz, como usted se habrá informado por el pueblo y los dirigentes de nuestro Gobierno, a un año del Gobierno Popular en Chile se han cumplido las siguientes medidas señaladas en el programa de la Unidad Popular: se ha nacionalizado el cobre, el salitre, el hierro, el carbón, el monopolio textil, el 65% de la banca privada ha pasado a control del Estado; se han llevado a la práctica varias medidas de carácter social, como el ½ litro de leche para nuestros hijos, por ejemplo. El dar un trato más justo a los ancianos, pensión, jubilación, pensión de viudez, etc. El próximo año se terminará con el latifundio, etc. A juicio suyo, compañero Fidel, ¿cree usted que en base a esas realizaciones nuestro Gobierno Popular puede ser señalado como un auténtico Gobierno Popular y revolucionario, que abra las puertas del socialismo a nuestra patria?".

FIDEL: Creo que esa pregunta está más o menos contestada en el contexto de la primera cuestión que se planteó. Les cuento: se van a marchar los estudiantes, por la hora, por la cantidad de preguntas...

MODERADOR: Bajo ningún punto de vista se van a ir...

FIDEL: Vamos a ver si podemos responder.

MODERADOR: En el orden de inscripción corresponde ahora al Movimiento Universitario de Izquierda, Remigio Castro...

REMIGIO CASTRO: Comandante, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria de esta Universidad, que ha sido un puntal en esta lucha revolucionaria del movimiento estudiantil, quiere consultarle su parecer, un breve análisis general acerca de la situación de la lucha por la liberación en América latina, y de qué manera las tesis del Comandante Che Guevara de la vietnamización de América latina (el crear uno, dos, tres, muchos Vietnam), siguen vigentes aún.

FIDEL: Mira, yo te voy a decir una cosa: creo que el imperialismo empieza hoy día una

fase de deterioro en su dominio en América latina. Es el resultado de una situación objetiva. Pudiéramos decir que en este continente los factores subjetivos han estado por debajo de los factores objetivos, porque causas y factores objetivos, hay suficientes para la revolución, existen más que los necesarios para que el movimiento revolucionario sea impulsado. En realidad, los factores subjetivos han estado subdesarrollados en relación a los factores objetivos, pero es en tal manera crítica la situación económica y social de América latina, son tan graves las contradicciones de nuestros pueblos con el imperialismo, que las posibilidades y las variantes de conflicto son mayores. Esas contradicciones son tantas que podemos decir que hoy día tenemos una situación diferente a la que teníamos en el año 59, 60 y 61, cuando se iniciaron los primeros pronunciamientos sobre la lucha revolucionaria armada.

Es decir las condiciones no han cambiado de orden objetivo, sino que se han agravado. En el orden subjetivo, nuevas fuerzas y nuevos factores entran en escena. Y nosotros poníamos el ejemplo del caso del movimiento cristiano. Pero nosotros podemos poner otro ejemplo, el caso del gobierno militar peruano; no pretendemos que todos entiendan, o comprendan este problema, pero nosotros lo consideramos, desde nuestro punto de vista político, una manifestación de estas contradicciones objetivas que existen entre nuestros pueblos y el imperialismo, y que han determinado acontecimientos como los que están ocurriendo en el Perú.

Es decir que el imperialismo está en crisis, y que sufre un deterioro cada vez mayor, y las variables de lucha aumentan. No ha cambiado absolutamente nada en sentido negativo en cuanto a las posibilidades revolucionarias de este continente, sino que se han producido fenómenos de carácter positivo. Nosotros estamos de visita en este país y considerando y respetando las características especiales de este país, y la política exterior de este país, hemos evitado por todos los medios hacer manifestaciones en concreto, en lo que se refiere a la lucha armada revolucionaria. Ese tipo de manifestación, en cualquier circunstancia, con relación al movimiento revolucionario, va a ser en nuestro país. Y eso se comprende perfectamente bien. Pero sí digo que no ha habido ningún cambio en sentido negativo, y que si han tenido lugar en el ámbito de América latina cambios en sentido positivo. Ahora mismo está presente el Frente Amplio en el Uruguay, que tiene las elecciones el 28 de noviembre, Frente Amplio que está librando una batalla electoral, y en el que está participando toda la izquierda. Todas las fuerzas de izquierda están participando en este Frente Amplio. Son situaciones, posibilidades, que van surgiendo: en ocasiones han tratado de presentar a Cuba, o a la Revolución Cubana, o las tesis que se han expuesto por la Revolución Cubana, en un momento determinado, en contradicción con los fenómenos que están ocurriendo en países como Chile, como Uruguay.

Nosotros recomendamos, a fin de que se vean cuáles eran las posiciones de siempre, que se lea la Primera y Segunda Declaración de La Habana; ahí está la posición de la Revolución. (Aplausos). Y cosa interesante, cuando ese movimiento cristiano, esa toma de conciencia del movimiento cristiano no existía todavía, cuando no se habían manifestado fenómenos de tomas de conciencia en sectores militares de América latina, en la Declaración de La Habana se señala con espíritu amplio la necesidad de ganar y sumar fuerzas; y se hablaba de necesidad de la unión con participación de más fuerzas; y se hablaba de los cristianos y se hablaba de los militares. Por eso es que nosotros recomendamos, para refrescar algunas de estas cuestiones, que se revisen esos documentos, y les digo que nuestras posiciones y nuestras tesis, que eran las tesis del Che, siguen teniendo plena vigencia. (Aplausos).

Claro que afortunadamente estamos en un momento de mayor avance, estamos en un momento en que el dominio imperialista, el poderío imperialista se resquebraja, golpeado tremendamente por el heroico pueblo de Vietnam, arruinado en sus finanzas con sus aventuras bélicas, con la estafa de imprimir sin medida decenas de miles de millones de papeles verdes, que es lo mismo que estafar con cheques sin fondos; debilitado por la lucha de los pueblos y virtualmente arruinado, ha agudizado las contradicciones. Nuestros pueblos se pueden beneficiar de una situación mucho mejor de la que existía en 1959, cuando triunfó la Revolución Cubana; en ese momento las fuerzas y el poderlo político y militar del imperialismo en el mundo era tremendo, la fuerza y el dominio del imperialismo en América latina era tremendo, y esa no es la situación de hoy.

De manera que tenemos que mirar con optimismo el futuro y no existen todas las posibilidades de hace 12 años, sino que existen las que había antes y otras nuevas posibilidades que han ido surgiendo en esta fase.

MODERADOR: Fernando Robles, del MAPU.

ROBLES: Comandante Fidel Castro, nosotros queremos formularle concretamente una pregunta: es cuestión sabida la teoría revolucionaria de que la clase obrera y el pueblo necesitan de la organización de sus elementos más avanzados para poder construir el partido de la revolución y poder por lo tanto a través de su acción arrastrar a las masas y llevarlas al poder y a la construcción del socialismo. Nosotros queremos preguntarle si hoy en América latina, en las condiciones de desbarajuste y de debacle imperialista, y de avance de los pueblos, continúa vigente la tesis del partido único de la revolución, o nuevas formas de organización nacen y se ponen en el tapete de la lucha. Yo no puedo desaprovechar esta oportunidad para expresar el saludo cariñoso y combatiente del MAPU al Comandante Fidel Castro. Es precisamente nuestro emblema color verde oliva el que simboliza la unidad y la profunda solidaridad que une a nuestro partido con la lucha revolucionaria del pueblo de Cuba.

 FIDEL CASTRO: Desde nuestro punto de vista, hay una cosa que se llama el ideal en nuestra vida, y otra cosa que se llama lo real. A veces tenemos que marchar con lo real y no con lo ideal. Muchas veces tenemos que no marchar con lo perfecto, sino que con lo que tenemos. Lo ideal en la política, es la unidad del criterio, la unidad de doctrina, la unidad de fuerzas, la unidad de mando; como una guerra, porque una revolución es eso, es como una guerra.

Es muy difícil concebir una batalla con diez mandos diferentes, diez criterios diferentes, diez doctrinas militares diferentes. No es fácil. Lo ideal es la unidad.

Ahora eso es lo ideal; otra cesa es lo real, y creo que cada país tiene que acostumbrarse a ir librando su batalla en las condiciones en que se encuentra. No tenemos unidad total, bueno, vamos a tener unidad en este criterio, y en éste y en este otro. Hay que buscar una unidad de objetivos, unidad en determinadas cuestiones, puesto que no se puede lograr el ideal de una unidad absoluta en todo; ponerse de acuerdo en una serie de objetivos, el mando único si se quiere, el estado mayor único, es muy gráfico, pero no es real y por lo tanto habrá que adaptarse a la necesidad de trabajar con lo que hay, con lo real. (Aplausos).

HABLA UN CAMPESINO: Compañero Fidel, nosotros los campesinos de Linares, desde que llegó a Chile, hemos hecho diferentes gestiones para que usted nos visite a nuestra provincia, hoy estamos aquí una delegación de campesinos de Linares, y a nombre del Consejo Provincial Campesino, que agrupa a más de 15.000 campesinos en la provincia, queremos reiterar esta invitación.

PREGUNTA: Comandante, quiero hacer una pregunta a nombre de los militantes del Frente Pesquero Revolucionario de Concepción. Nosotros sabemos que una de las tareas principales que se plantea toda revolución es destruir el antiguo Estado burgués; pues bien, nos gustaría saber cómo enfrentó la Revolución Cubana la tarea de ir destruyendo ese viejo Estado, de ir construyendo uno nuevo, el nuevo Estado socialista.

FIDEL: Bueno, cuando la revolución toma el poder, ya no había estado burgués. (Aplausos). La revolución se desenvuelve en nuestro país en determinadas condiciones, de una guerra violenta, no porque nosotros quisimos esa guerra; eso es muy importante. Está la historia de los documentos de la Revolución Cubana. A lo mejor un día nosotros los publicamos, ya que todo el mundo ha escrito de la revolución, menos los revolucionarios cubanos. Porque nosotros, siempre, y esa tradición nos venía desde Martí, cuando hablaba de la guerra, explicaba, la guerra es inevitable. La guerra es necesaria. Toda una filosofía para justificar por qué, y explicar por qué en nuestro país se acudía a la forma extrema de lucha, puesto que a la patria no le quedaba ninguna otra alternativa de obtener la libertad. Nuestra revolución siguió siempre en esa prédica y ese estilo.

Como la lucha en nuestro país fue consecuencia de una situación en que todos los caminos estaban absolutamente cerrados, de un país que no tenía absolutamente ninguna alternativa, fue en esas condiciones qué se desarrolló una lucha muy violenta en nuestra tierra. La lucha sangrienta. ¡Si nosotros nos hubiéramos podido ahorrar esa lucha, nos la habríamos ahorrado. ¡Si nosotros hubiéramos podido ahorrar sangre, habríamos ahorrado sangre! ¡Seguro! (Aplausos). Ahora bien, no quedó poder legislativo clásico; ni poder judicial, ni nada, porque todo eso desapareció el día 1º de enero con el desplome del régimen batistiano. Entonces, se establece un Gobierno Revolucionario de facto, y en esas condicione?', se establecen las leyes por decreto, se implanta la Constitución; se le establecen las modificaciones que se creyeron pertinentes, se le dio al Consejo de Ministros la facultad de hacer las leyes, y eso era una facilidad tremenda para nuestro país. Una circunstancia muy especial. Nosotros no hemos vivido la experiencia de ustedes. Nosotros, si se quiere, observamos con una gran curiosidad y un gran interés esta experiencia, porque algunos periódicos lo han dicho: no había ninguna experiencia en ese campo. Si nosotros nos hubiéramos visto en la situación de ustedes, habríamos tenido que pensar mucho qué hacíamos y cómo lo hacíamos. Pero, por suerte, o por desgracia, no nos vimos en esa situación y no nos enfrentamos a ese tipo de dificultades, de problemas con que se enfrenta hoy el proceso chileno. No tenemos fórmulas para eso. Pero yo creo qué los chilenos irán encontrando sus fórmulas de cómo ir resolviendo las dificultades, cómo enfrentarse a las trabas que subsistan al ulterior desarrollo del proceso. Pero en realidad, cuando ya existía, constituido el poder revolucionario, las leyes se hacían por decreto; en esa situación sí ha quedado una reminiscencia del Estado burgués, el aparato administrativo quedaba. Yo creo que todavía quedan reminiscencias del Estado burgués en Cuba. ¡Ojalá hubiéramos podido decir: bueno, y allí no queda nada! Es posible que algunos de los organismos que nosotros creamos fueran más burgueses todavía que el viejo Estado burgués. Nosotros hicimos un intento, desde luego, de cambiar muchas estructuras administrativas.

Pero ya estamos hablando en el terreno administrativo. Habíamos logrado crear las condiciones para los cambios de estructuras económicas y sociales. Y aún, todavía,, en ese terreno nosotros tenemos que trabajar mucho. Porque realmente nuestro país tuvo que invertir el 90% de su energía en defenderse. No en crear instituciones jurídicas, organismos perfectos, trabajar en determinados campos de educación, la salud, etc., creó organismos para eso. Yo creo que donde nuestra revolución avanzó mucho fue en las masas y con las masas. En el aspecto de su aparato político, no estatal, sino político-partidista. Político, como instrumento revolucionario y las masas como instrumento de la revolución, más que en el campo propiamente estatal, después del viejo Estado burgués, con sus Ministerios y eso. Nuestra revolución avanzó en el campo político y de las organizaciones de masas. En lo otro, se habían creado las bases, resultado de la lucha que nuestro país había sostenido de las especiales circunstancias de Cuba, que nos hicieron partir de una situación diferente. De manera que nosotros, la experiencia que vivimos fue de otro carácter. No creo que el camino de ninguna revolución sea fácil y espero que los chilenos encuentren las soluciones a sus problemas. Es todo lo que le puedo decir (Aplausos).

PREGUNTA: Corresponde ahora hacer la pregunta a un representante de la Juventud Nacional Universitaria. (Silbidos. Alguien pide: Silencio por favor).

FIDEL: Libertad de expresión. Era lo que fue establecido ¿no? Bueno, y ahora qué quieren ustedes ¿que yo no tenga contradictores aquí?

PREGUNTA: Compañeros universitarios, Comandante Fidel Castro, Primer Ministro de Cuba. Ud. visita nuestra Universidad y Ud. ha pedido preguntas y se las vamos a hacer. Le decimos a Ud. Sr. Fidel Castro, que nos interpreta su lucha en Sierra Maestra y su partida como nacionalista sin compromisos con el capitalismo ni con el socialismo marxista. Sr. Fidel Castro, nosotros en este momento no estamos de acuerdo con usted, sabiendo que en la guerrilla de Sierra Maestra... (pifias y silbidos) estuvieron junto a usted trabajadores y estudiantes de diversos partidos y movimientos políticos cubanos. Nosotros le preguntamos, ¿qué razones ha tenido usted Sr. Fidel Castro para que en Cuba no haya elecciones como en Chile?

FIDEL: Aquí no vamos a mentir, a inventar historias, ¿Vamos a negar una mentira? La mentira existe.

PREGUNTA: Dije: sabemos que la mayoría de los que estuvieron junto a usted trabajaron siempre en diversos partidos políticos.

FIDEL: Nuestro primer núcleo guerrillero, se organizó con gente que no eran de diversos partidos políticos, sino gente que nosotros habíamos reclutado con nuestro movimiento y los que constituyeron el núcleo de nuestro Ejército Rebelde, obreros y campesinos sin partido. ¡Sin Partido! (Aplausos). Fueron los que... habían sido alguna vez de los partidos tradicionales, porque sabido es que los partidos tradicionales a veces tienen a un guajiro en su partido y a un obrero en su partido. Son mentiras, no tienen nada. Porque son irreconciliables los intereses de los explotadores y de los explotados. ¡Son irreconciliables! (Aplausos). Sin embargo en nuestro país veíamos, muchas veces un campesino o un obrero, afiliado a un partido de derecha. Afiliado al partido de su enemigo de clase. ¿Qué es eso? Falta de conciencia política. Nuestra revolución les dio conciencia política a los obreros y a los campesinos.

Posiblemente si yo hubiera sido nieto de terrateniente ya posiblemente mi padre me habría llevado a la capital, habría vivido en un barrio superaristocrático y ya no habría, mis factores positivos no habrían podido rebasar la influencia del medio, y habría prevalecido el egoísmo y todas esas cosas que todos los seres humanos tenemos. (Aplausos).

Por suerte, yo entiendo que en esa escuela se desarrollaron algunos de los factores positivos, cierta racionalidad idealista, cierta idea del bien y del mal, muy sencilla, muy elemental; cierta idea de lo bueno, de lo malo, de lo justo, de lo injusto; cierto espíritu de rebeldía contra la imposición, la opresión, me condujeron sencillamente a ponerme a racionalizar la sociedad humana y terminar convertido en lo que después me di cuenta que yo era: un comunista utópico.

No había tenido la suerte todavía ni de encontrarme con un comunista, ni con un documento comunista, hasta que un día me cayó en las manos el "Manifiesto Comunista". Sí, el "Manifiesto Comunista", el famosísimo "Manifiesto Comunista". (Aplausos). Y cuando leo alguna de aquellas frases que nunca se nos podrán olvidar, como aquellas: ustedes los burgueses nos queréis acusar de querer abolir la propiedad privada, pero es que la propiedad privada está abolida para 9 décimas partes de la población, si sólo puede existir para el resto que impide que exista para los demás. (Aplausos).

Ustedes los burgueses nos acusáis de querer comunizar las mujeres, y es que ustedes los burgueses ven en la mujer un instrumento de producción, virtualmente una cosa, y no se conforman con prostituir a las hijas y a las mujeres de los obreros. (Aplausos).

¡Qué verdades! Qué verdades que veíamos todos los días. ¡Qué verdades! Y así por el estilo. Cuando explica la sociedad de clases, cuando explica todo ello, para mí fue como una revelación. Aún comunista y todo, creía que el mundo podía funcionar de una manera en virtud de la racionalidad. Estaba muy lejos de poder imaginar la sociedad humana producto de la evolución, producto de las leyes de la historia, de las leyes dialécticas.

Entonces, cuando veo todo aquello, el origen de la sociedad humana, la división de clases, todo, fue tan persuasivo para mí que quedé maravillado, me quedé convertido a aquellas ideas, pero cuan lejos estaba de ser un comunista. Tenía unas cuantas ideas en la cabeza, no pertenecía a ningún partido. Me había autoreclutado, no tenía ni una idea clara de lo que era el imperialismo, no había leído todavía a Lenin "El Estado y la revolución", ése libro maravilloso, ni había leído "El imperialismo, fase superior del capitalismo".

El libro de Lenin, superfenomenal, me dio luz (Aplausos) en aquel bosque en que yo vivía, porque la sociedad en que yo vivía me hacía sentir así, como un animalito que nació en un bosque, pero no entendía aquel bosque; que de repente tiene un plano del bosque, una descripción del bosque, una geografía del bosque, y me orienté. Y fíjate que estaba claro; que si nosotros no hubiéramos tenido una orientación no estaríamos aquí en este momento.

Era un comunista, ¿no? Era un hombre que tuvo la fortuna de descubrir una serie de ideas y mucho antes de declarar ser un comunista hecho y derecho, ya saben, estaba envuelto en la vorágine de la crisis política de Cuba. Estaba envuelto en una vorágine. Todavía no me habían ni reclutado, me auto-recluté yo mismo, y empecé a luchar.

Ahora, yo seguía avanzando interiormente, después aprendí mucho más, porque después vi toda la teoría convertida en realidad y al imperialismo tuve oportunidad de conocerlo algo más concretamente que en el libro de Lenin, lo conocí desde Cuba, a 90 millas. He tenido oportunidad de conocer el imperialismo y al peor y más agresivo de todos, porque el inglés, que fue el que estudió Lenin, los imperialismos de fines de siglo, fundamentalmente, entre ellos estaba también el norteamericano y de la primera fase del siglo presente, era un imperialismo de niños, comparado con este imperialismo que conocimos nosotros, y la vida me ha ido haciendo, a mi juicio, comprender mejor la realidad, me ha ido haciendo más revolucionario, más socialista, más comunista.

Ahora, cuando nosotros, yo decía aquí que nuestro programa no era todavía un programa socialista, era un programa burgués, digamos un programa avanzado, no voy a decir tampoco burgués, no sería en puridad de conceptos, exacto eso, era un programa social avanzado, es el programa que nosotros teníamos cuando el Moncada. ¿Era el programa que yo habría querido? No. En la sociedad humana hay individuos que tienen las ideas mucho más claras y están más avanzados en una fase determinada. Eran nuestros juicios demasiado ambiciosos en aquellas circunstancias, y tendría que explicar largamente por qué con todos los detalles. Pero proponerse un programa más elevado, más avanzado en aquella época no era realista en absoluto, no lo habría entendido nadie, apenas habría podido conquistar a nadie e hicimos el programa máximo que a nuestro juicio estaba en condiciones de comprender un país, cuyo estudiantado de 15 mil nada más, tenía 30 antimperialistas en su seno. Yo creo que el atraso de las ideas políticas en que vivía Cuba en aquella época, por eso nuestro programa no es más avanzado.

Nosotros éramos más avanzados, pues nosotros andábamos con nuestros libros de Marx, de Engels, de Lenin. Estábamos estudiando, yo lo primero que le hacía a cada uno de los compañeros de organización era un adoctrinamiento. Pero me resultaba fácil porque manejando las verdades esenciales ante cualquier corazón noble, ante cualquier inteligencia clara, ante cualquier ser honesto las verdades del marxismo son irrebatibles y conquistan a cualquiera.

Y cuando nosotros íbamos al Moncada, íbamos leyendo los libros. Ahora, todavía nos sujetábamos en el marco de la democracia burguesa y del parlamentarismo, todavía estábamos en esa fase y habríamos seguido en esa fase, sí, habríamos seguido porque nosotros mismos no nos dimos cuenta cuando la revolución se desató hasta que llegaron las masas, y saben qué, no querían las elecciones, tú no lo vas a creer, no lo vas a creer. La primera vez que a nosotros nos llamó la atención sobre el fenómeno, el pueblo en una concentración multitudinaria y sin tener lanzada ninguna consigna, ninguna cosa y se habla de elecciones y dice todo el mundo: ¿elecciones para qué? ¿elecciones para qué? ¿elecciones para qué? (Aplausos).

La masa fue, al fin y al cabo, yo soy un señor que tiene responsabilidades políticas en Cuba, al fin y al cabo, al fin y al cabo yo puedo ser un enemigo interesado de la democracia; al fin y al cabo, vaya, yo soy un individuo que tiene una ambición terrible de poder y que no quiero que me muevan de mi cargo, por dentro soy un enemigo jurado de las elecciones, yo creo que sería mucho mejor que cualquiera de los lectores de algunas de esas bibliografías que tanto nos menoscaban y nos insultan y nos llaman tiranos, etc., etc., etc. Lo mejor que pueden hacer es ir a Cuba, tú mismo, una persona que tenga el valor de venir aquí y hacer tus preguntas. Bien, te han criticado algunos, pero yo te apoyo, ¿por qué? porque aprecio a la gente que tiene el valor de venir a discutir y plantear una cosa y la respeto. Pero yo te propongo lo siguiente: que organices un viaje a Cuba, te metas en todas las fábricas, en todos los sindicatos, con los campesinos y les hagas a ellos la pregunta de por qué en Cuba no hay elecciones. (Aplausos). Ellos te darán la respuesta.

MODERADOR: Francisco Ceres en nombre de la Izquierda Cristiana, posteriormente un miembro de la Juventud Radical Revolucionaria.

CERES: Compañero Fidel Castro, la Organización de la Izquierda Cristiana es una organización nueva que nace fundamentalmente en los momentos en que un grupo de exdemocratacristianos comprende que desde dentro de la Democracia Cristiana, a pesar de tener una serie de postulados ideológicos, no es posible por su consecuencia en la práctica que a la larga le está ayudando a ser el nuevo baluarte de la reacción en Chile, no es posible construir ni ayudar a construir el socialismo en nuestro país del cual tanto y tanto se habla en las formulaciones doctrinarias de la Democracia Cristiana. La Izquierda Cristiana se conforma de cristianos y no cristianos, se aceptan los valores de inspiración cristiana y humanista y que por lo tanto, saben que el primer deber de los laicos en política y de los cristianos en política es comprometerse con la liberación de su pueblo, y la liberación de sus pueblos, de nuestro pueblo, hoy en día se llama socialismo. A nosotros nos interesa una cosa, Comandante Fidel Castro, y usted que es una persona que ampliamente conoce la realidad dentro del terreno de la teoría y de la práctica.

¿Son los cristianos, Comandante Fidel Castro, sólo un aliado táctico en el proceso revolucionario o son los cristianos a su manera de ver, aliados estratégicos de la revolución, en la medida que los cristianos sean cristianos de izquierda, porque los hay de derecha y de izquierda?

FIDEL: Le digo sin vacilación, nosotros vemos a los cristianos de izquierda, a los cristianos revolucionarios como aliados estratégicos de la revolución. (Aplausos). No compañeros de viaje, ni cosa de eso.

MODERADOR: La última pregunta corresponde al miembro de la Juventud Radical Revolucionaria.

PREGUNTA: Compañero Fidel Castro, el día de ayer usted se refirió, en el Estadio Regional, a que uno de los principales problemas que deben superarse en el proceso revolucionario es el sectarismo. ¿En qué forma supera o superó el proceso revolucionario cubano el sectarismo? ¿Cómo y dónde ve el sectarismo en sí?

FIDEL: Yo creo que los sectarismos son consustanciales a todos los procesos y están presentes como el resfriado (Risas). Así que, yo creo hay que darle un tratamiento, tomar conciencia de él. Tomar conciencia, y yo he tomado conciencia de lo que es, en qué consiste, los problemas que pueda tener. Esto independiente de los puntos de vista ideológicos y de las posiciones ideológicas.

Porque comprendo que haya análisis y más análisis y lucha por encontrar la mejor solución que hay que discutir y tratar mucho. Pero, es casi consustancial de una fase del proceso. Yo creo que nosotros seríamos idealistas si creemos que no va a haber ningún sectarismo, que en ninguna organización en general va a haber sectarismo, lo va a haber en todas. Nuestra organización era sectaria. Teníamos: los que estábamos en el Llano, los que estábamos en la Sierra y a veces no coincidíamos y teníamos discrepancias y problemas, todo ese tipo de cosas. Yo creo que es como el resfriado, nosotros seríamos idealistas si decimos: no va a haber. Yo creo que debemos tomar conciencia de que existe, de las consecuencias que acarrea y de la necesidad de luchar contra el sectarismo. Pero hay una cosa peor, la necesidad de luchar contra la desunión. Yo no digo que si se pretenda unificar los criterios, eso no sería realista, pero que sería imperioso para toda la izquierda buscar de alguna manera acuerdos sobre los puntos fundamentales que tienen que ver con el presente y el futuro de Chile, bueno, eso es inobjetable. Yo digo, verdad, que cualquier cosa sería lo más importante, lo más decisivo, en medio de todos los problemas que puede tener el país. Y yo diría que esa izquierda, esa izquierda busque coincidir en las 4 ó 5 cuestiones esenciales del presente y el futuro del país. Si me fueran a preguntar, yo diría eso; en medio de todos los demás problemas, porque yo sí sé que todo proceso social, político, revolucionario es muy complicado y es muy difícil, y encima de eso, muchas energías se dispersan, y encima de eso, las consecuencias pueden ser muy dañinas para el proceso. Es todo lo que yo, a grandes rasgos, quisiera responder a esa pregunta; en conversaciones más intimas, yo puedo extenderme más en análisis, en argumentos, en criterios si me hablan sobre este tema.

MODERADOR: Muchas gracias Comandante; antes de terminar, los trabajadores presentes en esta reunión quieren hacer entrega de una bandera al Comandante Fidel Castro. Asimismo, una niña quiere hacerle entrega también de un presente, como aprecio, al Comandante de la Revolución Cubana, Compañero Fidel Castro Ruz. Agradecemos ... (Gritos de "que muestre la bandera") ...

FIDEL: Hay quien hablaba del sectarismo ahí, pues vamos a abrir la bandera, en una prueba de que podemos empezar a superar esos problemas. (Aplausos y vivas, la bandera roja y negra era del Movimiento Campesino Revolucionario).

Bueno, y como bandera, todavía más hermosa, vamos a levantar esta niña, que es el símbolo de aquello por lo cual debemos luchar y por lo cual tenemos que construir el mundo del futuro. (Aplausos y vítores). Muchas gracias.

Siento que mi voz además, más o menos se ha apagado, pero créanme que he hecho todo lo posible para aprovechar estos minutos, y trataré de satisfacer al máximo la curiosidad de ustedes. Muchas gracias. (Aplausos).


Fidel en Chile

A los obreros del carbón

“LA CLASE OBRERA ESTÁ LLAMADA
A ESCRIBIR LA HISTORIA REVOLUCIONARIA”

El 18 de noviembre, en Playa Blanca, provincia de Concepción, el Primer Ministro Fidel Castro habló a los obreros del carbón de Lota y Coronel. También asistieron a ese acto delegaciones obreras de Curanilahue y Cañete. Este es el texto de esa intervención.

OBREROS y vecinos de Lota y Coronel, ustedes me van a excusar de que trate de ser breve, en consideración al tiempo, al programa y, sobre todo, a la voz. (Aplausos).

Dejen que hable sin protocolo. Yo quiero decirles palabras para expresar nuestros sentimientos así a los obreros de Lota y Coronel.

En primer lugar, cuando nos invitaron a este acto, estaba supuesta, también, una visita a la mina, pero las cuestiones de tiempo estaban muy escasas, entonces, de toda forma nosotros insistimos, antes del acto, en tener algún contacto con el centro de trabajo, nos parecía impropio venir aquí a reunimos con los obreros de estas minas....

LOCUTOR: En este momento un tren que hace el recorrido entre Lota y Coronel ha pasado por este sector y ha interrumpido el discurso del Primer Ministro Fidel Castro, es decir, es un grueso contingente de gente que viene llegando a este sector, mucha gente que viene llegando; indiscutiblemente se ha producido una interrupción no programada en el discurso del Primer Ministro Fidel Castro. La llegada de este contingente, en realidad, trastorna un poquito los planes en los cuales estamos empeñados en llevar a ustedes las alternativas de esta concentración, con que el pueblo de Lota y Coronel recibe al compañero cubano Fidel Castro.

FIDEL CASTRO: ¿Ya se puede proseguir o comenzar? En el momento en que ocurría este hermoso espectáculo de ver un tren de obreros llegando al acto, es una fiesta....

LOCUTOR: En estos momentos hay un esquinazo para el Primer Ministro Fidel Castro, un conjunto folklórico ha subido al escenario para saludar a esta ilustre visita que está en la zona del carbón.

FIDEL CASTRO: Bueno, ¿nos ponemos de acuerdo y comenzamos el acto? No sabemos si llegan más trenes o más grupos artísticos o qué es lo que va a pasar aquí, de todas maneras, como les decía, es breve lo que podemos estar aquí, por el tiempo y por la voz. Les estaba diciendo que cuando me invitaron a este acto, estaba programada una posible visita a las minas, después hubo dificultades por cuestiones de tiempo, de clima, no sé cuántas cosas más. De todas maneras insistimos en hacer una visita a la mina, porque nos parecía que el venir a hablarles aquí a los mineros y no tener ni siquiera la menor idea de cómo son las condiciones en que se desempeñan en una cosa así.... Iba a decir que nosotros hemos venido aquí, a esta playa, a reunimos con ustedes, desde luego, fue breve la visita a la mina; no, no me puedo ganar ni el título de un aprendiz a minero. Me pusieron un uniforme, para mí muy honroso, pero muy inmerecido, me pusieron el casco, la linterna y todas esas cosas, pero esta es la hora en que yo no he producido ni una libra de carbón. (Aplausos). Demostrando que como minero, hasta este momento, a estas minas le he resultado incosteable. Además de eso, me dicen que los obreros hoy no trabajan.... ¿Cómo? Dicen que es la Purísima. Entonces, a eso mismo me iba a referir.

Nos habían contado que los obreros habían decidido resarcirse, resarcir el déficit de producción del día de hoy, trabajando el día feriado. Nosotros queremos y nos alegramos de esta reunión aquí con los obreros de estas dos minas. Los obreros son la columna fundamental de la vida de un país. Son la columna fundamental de la economía de un país y son la columna fundamental de la economía de un país y son la columna fundamental de la historia de un país y serán la columna fundamental del futuro de este país. Nosotros hemos oído muchas cosas de estas minas, de las luchas de los obreros de estas minas, de las páginas de sacrificio que escribieron durante decenas y decenas de años. Alguien nos explicaba esos largos túneles subterráneos por debajo de las profundidades del mar, donde hoy se transita en locomotoras, en el pasado todo ese camino tenían que hacerlo los obreros a pie. Que tenían que caminar por los túneles cuatro o cinco horas y que ese tiempo no se contaba para nada en su salario.

Nos han contado la historia de las luchas de los obreros, de los abusos, de las injusticias que se cometieron con ellos. Nos contaban que incluso, en estos últimos meses se han reintegrado a estos centros de trabajo, obreros que hacían muchos años habían sido expulsados de las minas. Nos contaban, igualmente que hay obreros que llevan hasta 45 años trabajando en esas minas y el responsable de las minas, que nos acompañó hoy, nos decía que él llevaba 32 años en esas minas; 30, 40 años trabajando bajo tierra, en ese clima, en esa temperatura, en esas condiciones, eso es lo que se puede llamar heroísmo. Muchas veces el hombre arriesga su vida un día, arriesga su vida en una batalla y lo llaman héroe, el obrero que durante 40 años ha trabajado en esas condiciones, ha estado arriesgando su vida, prácticamente, todos los años, todos los meses, todos los días durante 40 años, y esa es la historia del obrero, ese es el porqué la clase obrera es vanguardia de la sociedad, ese es el porqué la clase obrera está llamada a escribir la historia revolucionaria de los tiempos contemporáneos.

Los obreros saben lo que es el trabajo, saben lo que es el sacrificio, saben lo que es la disciplina del trabajo. Esos sacrificios y esas disciplinas les fueron impuestas por la vida, por la necesidad de vivir en las condiciones, a veces, más duras, más increíbles de la más inicua explotación. Por eso es que el obrero se desarrolla, rápidamente, la conciencia de clase y en el espíritu revolucionario; sí, esto es lo que hemos leído en los libros, pero lo que hemos visto, también, en la realidad de la vida. A nosotros nos conmueve, profundamente, recordar que cuando nuestra patria, aquél 17 de abril, cuando los mercenarios armados y dirigidos y apoyados por los imperialistas, invadieron nuestra patria, los obreros de estas dos minas, a 8.000 kilómetros de distancia, que sólo conocían de Cuba el nombre, que sólo conocían de la revolución cubana las noticias que desde allá llegaban, tal vez fragmentarias, tal vez tergiversadas, decretaron cuarenta y ocho horas de huelga en apoyo de la revolución cubana en aquel momento crítico de su vida, cuando era criminalmente agredida.

En este mismo sitio se reunieron por primera vez junto a Recabarren los obreros de las minas de Lota y Coronel en el año 1920; sabemos que los obreros del carbón han sido baluarte del movimiento revolucionario, del movimiento obrero y del movimiento popular de Chile, y sabemos, además, la magnífica actitud que tienen los obreros de este centro, según nos cuentan los chilenos, su disposición a luchar, su disposición a trabajar para echar adelante estas minas y cómo están elevando la producción y cómo ya en 10 meses en éste han producido tanto carbón como el año pasado en todo el año y cómo han elevado la productividad en un 15 por ciento, y todos tienen la actitud de hacer marchar adelante el proceso chileno, como tienen la actitud de hacer marchar adelante esas minas nacionalizadas cualesquiera sean las dificultades que se presenten y esto es conciencia proletaria, conciencia revolucionaria, porque es la hora en que los trabajadores cuando ya no están produciendo para los explotadores, cuando ya no están produciendo para el propietario; cuando ya no están produciendo para el norteamericano qué vivía en esos fabulosos palacetes, sino que está produciendo para la nación chilena, para el pueblo chileno, hagan un máximo esfuerzo en favor de la producción.

El camino de la liberación es largo; el camino del progreso difícil; el bienestar no está a la vuelta de la esquina, y el hombre no sólo lucha por bienes de tipo material. Lucha, desde luego, por los bienes materiales porque son indispensables para la vida, pero el hombre lucha también por bienes espirituales, por bienes morales. Si quieren saber un ejemplo de qué es el bien moral, ahí lo tienen: como le pasa a nuestro país, somos todavía pobres, tenemos todavía muchas dificultades, tenemos deficiencias, pero, sin embargo, ya no trabajamos para los explotadores, ya no trabajamos para enriquecer monopolios extranjeros: trabajamos para nosotros mismos; trabajamos para nuestra patria; trabajamos para nuestro futuro y eso significa ser un trabajador verdaderamente libre.

Los imperialistas han usado el término de "trabajadores libres". Pretenden llamar trabajador libre al obrero que trabaja para los explotadores, que trabaja para los millonarios; al obrero que no saca de allí, más que su salario; al obrero que cuando protesta lo expulsan o lo maltratan o lo sancionan o le cierran las puertas. Y hablan de mundo libre. Cómo se puede llamar un mundo libre donde los obreros sólo a base de látigo, a base de hambre y a base de todo tipo de presiones dan la producción. Para nuestros trabajadores es un bien moral. Revolución no significa ser rico mañana, ni ser rico pasado mañana, ni ser rico el año que viene, porque lo que se dejó de hacer en decenas de años, no puede — por mucho que quieran— no lo pueden hacer en un día ni un año. La pobreza que nos dejaron, la baja productividad a que nos sumieron, la falta de elementos técnicos. Nuestra productividad no se puede comparar con la productividad de los llamados países ricos; eso lo veíamos ayer en la fábrica de Huachipato. ¿Cuánto se produce por obrero por año? Ciento ocho toneladas. Pero hay industrias yanquis que producen 300 toneladas, muy grandes, muy modernas, muy mecanizadas, muy especializadas; mientras que en Huachipato, industria relativamente pequeña de un país que tiene que producir ahí casi todos los renglones de acero, pues no puede tener hoy esta productividad y lo mismo pasa en muchas otras actividades: en las construcciones, en las minas en general.

Ustedes tienen algunos centros de alta productividad en el país, desde luego no hay duda que las minas de cobre son centros tecnificados de alta productividad, pero la economía del país se hace con el esfuerzo de todos. Con la del obrero que tiene una productividad alta, como la del obrero que tiene una productividad baja; porque sin ese acero que sale de Huachipato no podrían funcionar, posiblemente las construcciones, no podrían funcionar muchas industrias; sin ese carbón que ustedes extraen de la tierra, bajo el agua, a veces a mil metros de profundidad, no podría funcionar la fábrica de acero, o tendría que funcionar con productos importados.

No podrían funcionar, por ejemplo, algunas unidades termoeléctricas que posiblemente, es una presunción, empleen ese carbón, o no podrían funcionar las industrias que emplean esa materia prima que ustedes extraen de esas minas.

No puede haber una economía de una industria independiente porque prácticamente todas las industrias dependen de las demás industrias. Y esa industria productora de carbón, es una industria básica del país, ese millón seiscientos mil o el millón ochocientos mil, o los dos millones de toneladas de carbón que ustedes producen, son indispensables para la economía de Chile; son indispensables para el desarrollo de Chile.

Nuestro país, desgraciadamente, no tiene, no produce ni una tonelada de carbón. En nuestro país no ha aparecido nunca una mina de carbón. De manera que nosotros todo el carbón que utilizamos, en un taller cualquiera, en un horno cualquiera, en una fragua cualquiera, tenemos que importarlo, tenemos que traerlo del exterior, tenemos que invertir recursos económicos en eso. Por eso, aunque ustedes tengan que extraer ese carbón a esas profundidades, en condiciones duras y difíciles es, de todas formas, una suerte para el pueblo chileno y para la economía chilena, disponer de esos recursos y que ustedes no tengan que importar, al menos una parte del carbón que necesitan para la siderurgia y para otros usos de la economía nacional.

Hemos visto esas minas, hemos visto qué duro es allí el trabajo; hemos visto qué esfuerzo tienen que hacer allí los hombres; extraer las riquezas de la naturaleza, para ganar el sustento, para ayudar a la familia, para sostener el país. Pero al menos, qué triste habría sido visitar esa mina sabiendo que era de don fulano de tal, o de la compañía tal y más cual, y que miles de hombres estaban trabajando allí para enriquecer a don fulano y don mengano. Y a nosotros nos decía un compañero chileno hace unos minutos, que una de esas minas la venían explotando hace 200 años y que una de las más grandes fortunas del mundo salieron de esas minas de carbón. ¿Cuántos obreros en esos 200 años dejarían ahí su salud, dejarían ahí su vida, dejarían ahí sus huesos, o acortarían la vida, o morirían prematuramente? ¿Cuántas mujeres se quedaron viudas, cuántos hijos se quedaron huérfanos para eso. Para reunir y para crear una de las más grandes fortunas del mundo?

Por eso nuestra revolución, revolución moderna, la revolución socialista es considerada históricamente la más noble, la más alta aspiración del hombre, porque tiende a poner fin a esas cosas increíbles, a esas cosas absurdas, a esas cosas que cada vez parecen más inconcebibles, de que masa humana, de que pueblos enteros trabajen para enriquecer a unos pocos. Pero es, en la vieja sociedad de explotadores no sólo se comercia con el carbón, no sólo se explota al obrero, se explota a todos, se comercia con todo, se explota incluso a los niños. Es conocida la historia del desarrollo industrial en Inglaterra. Cómo se acumularon grandes fortunas explotando niños de 8 años, 9 años, 10 años, 12 años; haciéndolos trabajar hasta 15 horas en las minas o en las textileras. A aquella sociedad despiadada le importaba sólo la ganancia, no le importaba el hombre,"ni el alma del hombre; no le importaba la salud del hombre, ni la cultura del hombre. Por eso Carlos Marx dijo que el régimen capitalista estaba chorreando sangre de pies a cabeza, a base de hombres y mujeres; de las mayores injusticias se desarrollaron grandes fortunas. ¡Ah! ¡Qué distinto hoy! Cuando el objetivo fundamental de un régimen popular es velar por el futuro, velar por la educación de los niños y los jóvenes; crear las condiciones para que ningún niño quede sin escuelas; crear las condiciones para que ningún joven quede sin posibilidades de desarrollar al máximo sus capacidades físicas y mentales. Aquella sociedad comerciaba con todo, comerciaba incluso con valores más elementales del hombre, comerciaba con el pudor del hombre, del ser humano. Porque ustedes saben que aquellas sociedades han ido acompañadas de toda una serie de vicios, como éstos: la mendicidad, el analfabetismo y en ocasiones pues también algunas cosas más dolorosas como ocurrió en nuestro país, que decenas de miles de mujeres, por no tener empleo tenían que dedicarse a la prostitución y qué cosa tan terrible, tan dolorosa que una mujer tenga que venderse todos los días y a todas horas, para poder vivir.

Todas estas grandes llagas, todas estas grandes penas humanas son precisamente las que las revoluciones tratan de superar. Nuestro país lleva algunos años más. No pudo el primer, ni el primer año ni el segundo, ni el tercero, resolver todos esos problemas, pero a lo largo de estos años los ha ido superando. En nuestro país ya, por ejemplo, hoy no se conoce la prostitución, no se conoce. Si a alguien le hablaran de aquello le parecería una cosa monstruosa, absurda; en nuestro país ya no se ve un niño mendigo, ya esas cosas han desaparecido.

No, no hay opulencia; no, no es una sociedad de consumo, pero no hay un solo ser humano olvidado, no hay un solo ser humano desamparado, absolutamente abandonado a su suerte. Lo que tenemos sirve para ayudar a todos, para darle seguridad a todos, para darle aliento a todos. Somos pobres, pero somos hermanos; somos pobres, pero lo que tenemos es de todos en nuestra patria.

La situación nuestra no es exactamente igual a la de Chile, porque nuestra revolución lleva más tiempo, lleva más años; pero nosotros cada vez que pasaban los recursos naturales a manos de la nación, cada vez que una gran industria pasaba a manos del pueblo, lo considerábamos una victoria; y nuestros trabajadores se alegraban y cooperaban. En nuestro país la conciencia revolucionaria se ha desarrollado mucho; la conciencia de nuestros obreros se ha desarrollado mucho.

Ustedes ven, por ejemplo, que en la zafra, puesto que en nuestro país no hay desempleo, decenas de miles de obreros se incorporan a las brigadas para el corte de caña y muchas veces se pueden incorporar porque otros obreros en las fábricas se alistan en el trabajo de aquel obrero. De manera que tienen una disposición extraordinaria de ayudar y apoyar la economía, porque ya no es la economía de los explotadores, es la economía del pueblo; ya no es para enriquecer a nadie, es en todo caso, para mejorar las condiciones de vida del pueblo, y los países cuando superan esas contradicciones, tienen realmente la oportunidad de marchar adelante.

El socialismo ha sido calumniado, muy difamado, pero qué hicieron históricamente los imperialistas, bloquearon a los países socialistas, suprimían todo el comercio, eso hicieron con el primer estado socialista, la Unión Soviética, después de una guerra devastadora, la agredieron, más de 10 países la intervinieron, la atacaron como desde 15 ó 16 direcciones diferentes, le desarrollaron durante años una guerra civil y después, cuando al final habían logrado la paz, cuando se dedicaron al trabajo, durante 12 ó 15 años, la invadieron de nuevo, le desataron una feroz guerra que les costó la vida a 18 millones de personas. Lo mismo hicieron también con nuestro país: medidas de bloqueo, de aislamiento, creando dificultades de todo tipo. Porque los imperialistas han tenido mucho interés en que el nuevo régimen social fracase. Han hecho todo lo posible y lo imposible, por hacerlo fracasar. Los imperialistas están empeñados en demostrar que es mejor la explotación del hombre por el hombre; los imperialistas están empeñados en demostrar que el hombre tiene alma de esclavo; que no hay diferencia entre un rebaño de ovejas y una sociedad de humanos. El hombre es sólo capaz de trabajar cuando tiene el látigo arriba el mayoral, el propietario. El pueblo no tiene suficiente inteligencia para organizar su economía y dirigir sus industrias, porque ese es el privilegio de una minoría, de ser inteligente. Esa es la mentalidad, esa es la filosofía de los imperialistas y por eso hacen todo lo posible por hacer fracasar a las instituciones socialistas. Pero no sólo eso, los imperialistas nos dejan también una serie de problemas de orden moral, tratan de sembrar cizaña, división, malos hábitos y, en fin, aparte de toda la ignorancia. ¿Cómo se podían preocupar los imperialistas de que los niños estudiaran, si necesitaban una masa de ignorantes, una masa de analfabetos para que cada vez que necesitaran fuerza de trabajo ir al mercado a comprar barato la fuerza de trabajo? ¿Qué interés podían tener en que la juventud se educara, de que la juventud se desarrollara técnicamente? Como ocurría en nuestro país necesitaban trescientos mil cortadores de caña, si hubieran puesto escuelas en Cuba, el cortador de caña no aparecía por ninguna parte. Si hubieran puesto escuelas primarias, escuelas secundarias, si le hubieran dado facilidades a la juventud para estudiar, para hacerse técnicos, ningún joven habría ido a trabajar en los cañaverales. A ellos les convenía tener al pueblo en la ignorancia, para tener una reserva de desempleados. Siempre despreciaron a los pueblos. Por eso es tan decisivo, es tan importante, es tan esencial que cuando los obreros en cualquier centro que pasa a ser propiedad de la nación, asumen ellos la responsabilidad de la producción, no se olviden que están librando una batalla histórica, por su país y por su clase. No se olviden que se están poniendo a prueba las ideas revolucionarias, que se están poniendo a prueba los ideales del hombre, los mejores ideales del hombre, los mejores ideales de la humanidad, y quienes tienen el deber de defender eso, quienes tienen el deber de hacer el máximo y de quienes en la patria está ese esfuerzo, no es de los burgueses que queden o puedan quedar, no es de los reaccionarios. Qué interés puede tener un antiguo explotador, qué interés puede tener un reaccionario en que prospere el ensayo, en que prospere el nuevo sistema social; el interés de ellos es que fracase, quienes tienen que tener el máximo interés en estos centros que han pasado a manos de la nación, son los obreros.

El futuro no es de los burgueses, el futuro no es de los reaccionarios, el futuro es del pueblo, el futuro es de los trabajadores y si miles de obreros dejaron sus vidas cuando trabajaban para enriquecer a otros, ahora, que se trabaja para el país, en estos centros nacionalizados, en que el trabajador tiene el respeto, la seguridad, en que el trabajador recibe el tratamiento humano, en que el trabajador ya no es el objeto de explotación, puesto que, desde ese momento ya todos los problemas relacionados con su salud, el tiempo que debe estar trabajando en las minas, los años que físicamente son soportables, son las primeras cosas que en las industrias nacionalizadas se hacen siempre. Es lo que nosotros hemos hecho en nuestro país y a nosotros nos decían algunos chilenos que están estudiando cuál es el máximo de años que se debe permitir que un obrero trabaje bajo las minas, cuál es el máximo de años, teniendo en cuenta las condiciones de salud. Cuando el sistema social cambia, el objetivo no es la ganancia, el objetivo no es la acumulación de riquezas, el objetivo es el hombre, el objetivo que se busca es el bienestar del hombre y se trabaja, precisamente, para el bienestar del hombre. Por eso, en nuestro sistema, el hombre no es sacrificado para obtener riquezas, no se sacrifica la salud del hombre por obtener riquezas. ¿Por qué?, porque se tiene en cuenta que todo el interés de la producción y del trabajo es, precisamente, el hombre.

Las condiciones cambian totalmente, y es por eso, porque esas son las nuevas condiciones de la producción, les decimos que el porvenir es para los trabajadores y para sus hijos y que son, precisamente, los obreros los únicos que serán los beneficiarios de ese futuro, no los reaccionarios, no los burgueses y eso lo comprendió perfectamente nuestro pueblo y a nosotros nos satisface mucho ver que aquí, también los obreros de estas minas —exactamente igual— tienen la misma reacción, tienen el mismo pensamiento, por eso nos satisface mucho oír decir que los obreros en esta fábrica nacionalizada han elevado la producción en un 15 por ciento, que los obreros en estos centros de trabajo nacionalizados han producido este año, en 10 meses, lo que el año anterior habían producido en un año y eso nos satisface, no sólo por lo que significa de bienestar para la nación chilena, sino por lo que significa de conciencia para los obreros, de ejemplo para los obreros y por lo que significa de victoria para las ideas revolucionarias y para la causa del socialismo.

Nosotros podemos asegurar, por todas las referencias que hemos oído de los obreros de estas minas, que ustedes tienen un gran prestigio ante la clase trabajadora chilena y se sabe que los obreros de estas minas no sólo estuvieron dispuestos a ser vanguardia en el pasado, luchando por sus reivindicaciones y sus derechos, sino que también hoy siguen dando el ejemplo, siguen siendo centros vanguardias de la clase obrera, ayudando a consolidar el Gobierno Popular, ayudando a consolidar el proceso revolucionario que se inició en Chile.

Por eso cuando nosotros regresemos a nuestra patria y nos reunamos con los trabajadores y nos reunamos con nuestros mineros, tendremos mucho gusto de hablarles de ustedes, de contarles las condiciones en que ustedes han trabajado, de contarles la historia de estos centros, y la magnífica reacción de apoyo y de espíritu revolucionario y de conciencia revolucionaria que ustedes están dando en este momento; les contaremos también este bello paisaje, donde nos hemos reunido, el mar, los árboles, los bosques, todo lleno de banderas revolucionarias, por encima de todo este acto lleno de conciencia revolucionaria y les diremos: allá en Lota y Coronel tuvimos el altísimo honor de reunir-nos con los miles de obreros que trabajan en esas minas del carbón. Tuvimos el altísimo honor de conocer a aquellos hombres que el 17 de abril de 1961, un número equis no sólo declararon una huelga de 48 horas, sino que un número superior a 500, se vinieron como voluntarios expresando su disposición no sólo de ir a una huelga, sino también a combatir y dar su sangre por defender a la Revolución Cubana. (Aplausos).

Y le contaremos a nuestro pueblo qué bello día, qué bello acto proletario éste, en que nosotros al cabo de más de 10 años tuvimos la oportunidad de venirles a expresar nuestro reconocimiento, nuestra solidaridad y nuestra gratitud. Muchas gracias. (Aplausos).


Fidel en Chile

En el Estadio Regional de Concepción

“EL IMPERIALISMO FRACASÓ AL TRATAR
DE APLASTAR LA REVOLUCIÓN CUBANA”

En un acto de masas en el Estadio Regional de Concepción, el 16 de noviembre, el Primer Ministro cubano Fidel Castro pronunció el siguiente discurso:

EN primer lugar, nada más ajeno al espíritu nuestro que creernos acreedores en el orden personal, ninguno de nosotros, a tales manifestaciones de amistad y de afecto. Nosotros entendemos perfectamente bien que esos sentimientos del pueblo chileno, van en primer lugar hacia nuestra patria, hacia nuestro pequeño país, que a 90 millas de otro poderoso país, que ustedes conocen, ha tenido que librar, cercado y bloqueado durante estos casi 13 años, una larga y ruda lucha. Nosotros comprendemos que este es un reconocimiento al esfuerzo de nuestro pueblo por mantener en alto la bandera de su soberanía, y hacer su revolución. Nosotros comprendemos, además, la satisfacción que por otro lado implica para el pueblo chileno haber roto el bloqueo imperialista sobre nuestra patria. (Aplausos)

Algunos me han dicho, erróneamente, que este viaje constituía una victoria del pueblo cubano y nosotros entendemos este viaje, este encuentro, esta circunstancia de que haya sido posible la presencia de una delegación cubana, en el seno del pueblo chileno, no es una victoria de nuestro pueblo, sino una victoria del pueblo chileno. (Aplausos y gritos)

Suponer una victoria nuestra, equivaldría a suponer que el mérito de estar aquí nos corresponde a nosotros; en realidad, si ha sido posible la presencia de esta delegación en Chile, ha sido porque el pueblo chileno fue capaz de — derrotando las órdenes del imperialismo— restablecer las relaciones diplomáticas con nuestro país y tener el valor de invitar y recibir una delegación de la Revolución Cubana en Chile. (Aplausos)

De esa forma interpretamos nosotros la visita; pero además se ha librado en estos 13 años una gran lucha en el campo de las ideas, una gran lucha en el campo de la política. Los imperialistas hicieron todo lo posible por romper todo vínculo, todo contacto entre el pueblo chileno y el pueblo cubano. Los imperialistas hicieron todos los esfuerzos imaginables por distorsionar la Revolución, por distorsionar su imagen, por falsear los hechos, por cubrir de lodo y de mentiras el proceso revolucionario de Cuba; hicieron todo lo posible por engañar a las masas de nuestros pueblos de América latina; hicieron todo lo posible para evitar que el virus del patriotismo, de la lucha en defensa de los intereses nacionales, de la lucha por la liberación nacional y de la lucha por la liberación social, se extendiera en este continente.

Los imperialistas agotaron todos los medios y todos los recursos para engañar a los pueblos, diciendo que fracasaba nuestra Revolución...

No se trata de que una revolución no tenga errores; no se trata de que los revolucionarios no seamos capaces de equivocarnos una vez y muchas veces; no se trata de que los revolucionarios tratemos de ocultar nuestras dificultades, nuestras deficiencias; no se trata ni mucho menos de que los revolucionarios tratemos de ocultar nuestra pobreza. Si nosotros ocultáramos nuestra pobreza lo ocultaríamos todo. Si nosotros ocultáramos nuestra pobreza estaríamos ocultando la causa de la Revolución. No se trata de que los revolucionarios tratemos de ocultar nuestra ignorancia. Si los revolucionarios ocultásemos la ignorancia de los pueblos, estaríamos también ocultando una de las causas de las revoluciones. ¿Qué es la Revolución? ¿De dónde nace la Revolución, si no es de la explotación, de la injusticia que engendra la pobreza, la miseria y. la ignorancia? Una revolución es precisamente una lucha contra esas injusticias, contra e&a explotación. Por tanto, no es que nosotros creamos que los procesos revolucionarios son fáciles. José Martí dijo que en una revolución no todo tiene olor a clavelina. En una revolución no todo es color de rosa, incluso en una revolución muy poco es color de rosa.

Color de rosa es el destino que los revolucionarios se proponen para la humanidad del futuro. Bello y hermoso, es el porvenir que los revolucionarios se proponen para el futuro (Aplausos). Pero los revolucionarios no podemos hablar de ningún presente color de rosa. Los revolucionarios no podemos hablar de ningún bello presente. Los revolucionarios en todo caso podemos hablar de un presente abnegado, de un presente de trabajo, de un presente heroico, de un presente de sacrificio, de un presente de gloria.

Por eso cuando pretenden presentar las dificultades de las revoluciones, los imperialistas realmente están presentando la causa de las revoluciones. Que no tenemos desarrollo económico; que no tenemos industrias; que prácticamente todo lo tenemos que importar; que nuestros países eran factorías productoras de materias primas a bajo costo y consumidores de artículos industriales del mundo imperialista, a un alto costo. ¿Quién lo ignora? Esa es precisamente una de las causas de las revoluciones.

Por eso nosotros no hemos intentado jamás en nuestra patria ocultar las dificultades de la revolución. No hemos intentado ja más siquiera, tratar de ocultar' los errores de la revolución; por el contrario, una característica de nuestra revolución es siempre señalar nuestros problemas, nuestras dificultades, nuestros errores, con absoluta honradez. De lo que ningún imperialista podrá acusar jamás a la Revolución Cubana y a ningún revolucionario cubano, es la falta de pureza de intenciones, la falta de honradez, la falta de sinceridad. De eso no nos podrán acusar jamás. (Aplausos)

No podrán acusar jamás a los revolucionarios de mentir, de engañar, de presentar la revolución como un fenómeno idílico, de exagerar sus méritos. Nuestro pueblo tiene algunas realizaciones logradas, nuestro pueblo en algunos campos ha avanzado considerablemente. En aquellos campos en que han estado nuestras manos, se ha avanzado. En algunos, con notables dificultades. En nuestro país avanzó por ejemplo la medicina, la asistencia médica, la salud. En nuestro país se ha logrado erradicar numerosas enfermedades. En nuestro país, hace 10 años —prácticamente— que no se conoce un solo caso de poliomielitis. En nuestro país se ha erradicado el paludismo. En nuestro país se han erradicado numerosas enfermedades infecciosas. En nuestro país se ha reducido extraordinariamente la mortalidad infantil. En nuestro país se ha reducido la mortalidad de tétanos. En nuestro país, incluso, en la actualidad se están erradicando ya virtualmente enfermedades como la tuberculosis, y se sabe cuántos otros tipos de enfermedades se han combatido con éxito en nuestra patria. Y eso a pesar de que los imperialistas, de los 6 mil médicos que había, al triunfo de la Revolución, nos llevaron 3 mil. Es decir, prácticamente trataron de dejar a nuestra patria sin médicos. Nadie piense que los crímenes que los imperialistas han cometido en nuestro país, son sólo la invasión de Girón, las amenazas, los bloqueos, las fechorías en el campo económico; también están las que han cometido de otro tipo no tan notorias, y no tan conocidas. La respuesta de nuestro país fue impulsar el estudio de la medicina, elevar la calidad y la conciencia moral de nuestros médicos, hasta disponer hoy de 8 mil médicos, de cerca de 30 mil auxiliares de los médicos —técnicos de distintos niveles— y de casi 100 mil personas trabajando en los servicios de salud.

En nuestro país la educación ha avanzado extraordinariamente. Cuando la Revolución triunfó, había 10 mil maestros sin empleo, pero la mitad de la población infantil de Cuba, unos 700 u 800 mil niños, no iban a la escuela; y la inmensa mayoría, el 85%, no llegaba siquiera al sexto grado, es decir el 85% de los que se matriculaban en la escuela. Hoy en nuestro país hay más de un millón y medio de niños matriculados en las escuelas primarias. No hay una sola región del país por apartada que se encuentre, que no tenga su escuela primaria. Hoy nuestro país desarrolla un enorme plan de construcción de escuelas secundarias y de escuelas de maestros y de institutos de nivel medio, y desarrolla sus Universidades. Hoy nuestro país lleva adelante un programa revolucionario de combinación del estudio con el trabajo, partiendo del concepto de que no puede haber educación universal, porque somos demasiado pobres para permitirnos el lujo de la educación universal, pero sí nosotros combinamos la educación con el trabajo. Y marchamos ya en un programa que en el próximo año significa capacidades para 20 mil becados más, y que en el año 75 serán capacidades —constituidas ese solo año— para 50 mil becados más. Y nosotros del 70 al 80 tendremos medio millón de estudiantes de secundaria básica, becados, compartiendo el estudio con el trabajo. ¡Medio millón de brazos juveniles desarrollándose para el futuro de la patria! (Aplausos)

Nosotros iniciamos programas de solución de la vivienda en los últimos tiempos, que también nos permitirán en los próximos 10 años, resolver en lo esencial ese difícil problema, con el esfuerzo de nuestros obreros. Porque en nuestro país no sobran brazos. En nuestro país no hay desempleados, porque nuestra economía depende de la caña, y la caña es un trabajo muy artesanal. La caña trajo a la humanidad incluso el problema de la esclavitud, porque fue mediante esclavos que en el pasado se desarrolló la agricultura cañera, manual. En nuestro país, en el pasado, los obreros se oponían a las máquinas porque les quitaban el único sustento durante una parte del año. Desde que la contradicción existente entre la producción y los intereses de los trabajadores desapareció en nuestra patria, el defensor número uno de la mecanización y de la tecnificación en nuestro país hoy, es el propio trabajador.

Por eso hoy en nuestro pueblo se libra una lucha para mecanizar las actividades de cosecha de la caña. En el mundo, prácticamente, no existían máquinas de ese tipo. Y nosotros empleábamos medio millón de hombres para producir menos divisas que las que Chile produce con unos 30 mil hombres con el cobre. Más de 100 mil obreros industriales, en los centrales azucareros, 350 mil macheteros, más los aseguramientos, albergue, comedores, transporte del personal. Y además decenas de miles de obreros trabajando en las transportaciones. ¡Medio millón de hombres!

Eso, unido a la circunstancia de que durante años enteros en nuestro país fue necesario emplear, tener sobre las armas constantemente 300 mil hombres, como consecuencia de las incesantes amenazas del imperialismo. En eso nosotros hemos tenido que invertir enormes recursos económicos, enormes recursos materiales, y sobre todo, enormes recursos humanos; en esas condiciones hemos tenido que idear nuevas formas para superar las dificultades, a fin de resolver muchos de los problemas económicos y sociales que tenemos. Durante muchos años, nuestro país luchó no para desarrollarse y luchó virtualmente para sobrevivir, hoy nuestro país tiene una sólida organización, una sólida fuerza que le permite defenderse y además trabajar por el desarrollo. Nosotros decimos esto para que los chilenos comprendan la hipocresía, la ruindad, la mezquindad de los imperialistas cuando hablan de las dificultades económicas de Cuba. El 80% de nuestro mercado estaba en Estados Unidos, y nos arrebataron de la noche a la mañana ese mercado. El 90% de nuestros transportes y de nuestras industrias provenían de Estados Unidos. Y de la noche a la mañana, nos suprimieron toda venta de piezas de repuestos, de maquinaría de cualquier tipo, para reemplazar o modificar nuestra industria. Casi el ciento por ciento de la materia prima que empleaban nuestras fábricas, y la tecnología, estaba adaptada a esas materias primas; y de la no che a la mañana, nos impidieron terminantemente la adquisición de estas materias primas. El comercio de nuestro país se realizaba a determinadas millas de nuestras costas. Cientos de millas, como consecuencia del bloqueo, imperialista.

Las mercancías nuestras a importar o a exportar tuvieron que ser trasladadas a miles y miles de kilómetros. Baste decir que teniendo nosotros, ya, una flota mercante de 50 unidades, las distancias son tales que nuestra flota mercante prácticamente sólo puede transportar el 7 por ciento del total de mercancías que se llevan y se traen desde nuestro país o hacia nuestro país. Sólo el 7%; nosotros creemos que esto puede darle a los chilenos alguna idea de las dificultades por las que nosotros hemos tenido que atravesar.

Además el imperialismo, que trata de sustraerle a los pueblos de América latina sus mejores inteligencias, hizo una especial campaña para sustraer del país a ingenieros, técnicos, obreros calificados; es decir, privarnos de cualquier tipo de recursos humanos que pudieran contribuir al desarrollo de la nación. Hemos tenido que enfrentarnos a todos osos tipos de problemas, en todos estos años. Seríamos por otro lado insinceros, estaríamos atribuyéndonos inmerecidamente el mérito de nuestras victorias, si no dijéramos que para nuestra patria fue decisiva la ayuda del campo socialista en esas horas difíciles. Y fue especialmente decisiva la ayuda de la Unión Soviética. (Aplausos)

Nosotros, conversando hoy sobre estos problemas con los obreros de la siderurgia, les poníamos un ejemplo; era el caso del elefante que le puso la pata encima a una hormiga, y entonces decía: ¡Miren qué dificultades tiene esta hormiga! ¡No se puede mover la hormiga! Y tenía la pata el elefante puesta sobre la hormiga. No sólo eso, decíamos también nosotros que los imperialistas llamaron a las demás hormigas para que también le pusieran la pata encima a la hormiga cubana. Esas fueron todas las maniobras y todos los planes que hicieron para tratar de que otros gobiernos de América latina se sumaran al bloqueo y a las agresiones contra nuestra patria. ¡Y a nosotros nos acusaban de subversivos! ¡Hay que ser desvergonzados!

No hay país en el mundo contra el cual se haya practicado más la subversión, como se practicó contra nuestro país. En cientos de ocasiones, aviones imperialistas lanzaron armas, bombas y explosivos contra nuestro territorio, tratando de organizar bandas de mercenarios, para cometer crímenes y cometer sabotajes; cientos de veces desembarcaron espías y terroristas en nuestras costas: cientos de actos de sabotaje y de asesinatos se cometieron en nuestro país.

Sabotaje en contra de fábricas, crímenes contra obreros, contra campesinos, contra maestros, contra estudiantes que alfabetizaban a los campesinos en nuestras montañas y en nuestros campos. Todos esos hechos se perpetraron contra nuestro país.

Y cuando en un momento dado no se trataba de Cuba, sino de cualquier otro país hermano, y se producían determinados acontecimientos políticos, allá iban las tropas invasoras, imperialistas, sin pedirles consejo ni acuerdos a nadie, y después que los hechos estaban consumados, entonces, después venían los consejos, después venían los acuerdos, después venían las aprobaciones. Siempre invocando el mismo fantasma, el famosísimo fantasma de la revolución. El famosísimo fantasma del comunismo. Porque desde hace mucho tiempo, los imperialistas en este continente, se arrogaron el derecho de deci dir qué tipo de filosofía política podíamos tener, podían tener nuestros pueblos, qué tipo de sistema social, qué tipo de gobiernos; y es inconcebible que nuestro país, cuando estaba allí dominado por los monopolios yanquis, cuando estaba oprimido, cuando se co metían crímenes todos los días, cuando se derramaba sangre de jóvenes, de estudian tes, obreros, de mujeres y hasta de niños, y se cometían millares de crímenes, y había más de medio millón de desempleados, y se succionaban las riquezas de nuestro país, ¡ah!, aquel sistema social era bueno, aquel sistema era justo, aquel sistema social tenía la bendición del imperialismo. Y cuando en nuestro país se pone fin a aquel sistema, se recuperan las riquezas nacionales, se acaban to das aquellas increíbles injusticias, entonces el sistema social que el pueblo de Cuba per su voluntad libre estableció, ¡ah!, entonces ese régimen social y político tiene que ser proscrito, tiene que ser prohibido, tiene que ser condenado y tiene que ser bloqueado. ¿Y quién les ha dicho a los imperialistas que ellos son los que tienen que decir qué sistema po lítico tienen que tener nuestros pueblos? ¿Quién les dio ese permiso? ¿De dónde lo han sacado? (Aplausos)

Sólo que en el fondo de todo eso estaba la filosofía del saqueo, la filosofía de la explotación, la filosofía de la piratería, la filosofía de convertirnos en esclavos productores de materias primas, la filosofía de arrebatarnos nuestro níquel, la filosofía de arrebatar el petróleo de los pueblos de América latina, el cobre, el salitre, el hierro, los minerales, y hasta los recursos —en ocasiones— de la agricultura; en el fondo, lo que había era eso.

Y para explotar a nuestros pueblos, tener los divididos; para explotar a nuestros pueblos, hacerlos vivir en la ignorancia; para explotar a nuestros pueblos, hacerlos vivir en la miseria, hacerlos vivir en medio del engaño y de la mentira.

Hace 150 años, comenzaron las luchas de nuestros pueblos por su independencia, y des de entonces hasta hoy, fue un proceso ininterrumpido de sometimiento; recordemos la historia de cómo aquellas trece colonias que un día se levantaron en armas en nombre de la libertad, que un día se levantaron en armas en nombre de los principios más avanzados de aquella época, más adelante fueron deviniendo a lo largo del siglo pasado en potencia imperialista que le arrebató a un hermano pueblo, el pueblo mexicano, las dos terceras partes de su territorio, que le arrebató al Caribe la isla de Puerto Rico, que le arrebató a Centroamérica la zona del Canal de Panamá, que se fue apoderando progresivamente de todos los recursos de nuestros países, sobre todo los recursos más importantes, más decisivos: las fuentes energéticas, el petróleo, el cobre, el níquel, el hierro, y todos los minerales fundamentales. Que poco a poco convirtió a nuestros países en factorías, a las que les compraban barato el producto de su trabajo, y les vendían muy caro el producto de sus industrias.

Esa fue la historia hasta un momento en que, aproximadamente unos quince años, los imperialistas tenían un enorme control sobre todos nuestros pueblos. Si algún mérito puede tener la Revolución Cubana, es que marcó un momento de viraje en la historia de este continente, desde el momento en que nuestro país enarboló las banderas de su plena soberanía. Un país que fue el último en librarse de la lucha frente al coloniaje europeo, y al que se le impuso la Enmienda Platt, porque una vez que ha llegado la guerra, cuando las fuerzas colonizadoras estaban agotadas y virtualmente derrotadas, se produce la intervención en nuestro país. Una vez producida la intervención, le imponen al pueblo de Cuba una Enmienda, la Enmienda Platt, que les daba derecho a las tropas de Estados Unidos, de intervenir cuando les diera la gana, de establecer el orden, por supuesto un orden entre comillas: el "orden imperialista".

De esa manera se apoderaron de nuestras tierras, de nuestros recursos naturales y todo, y ante cualquier protesta, ante cualquier lucha, hacían pesar sobre nuestra patria la amenaza de perder totalmente su independencia; ese era el tipo de relaciones entre nuestro pequeño país y el poderoso coloso y goloso del Norte. (Aplausos).

En esas condiciones se produce la revolución en 1959. Pecaríamos de inmodestos, de ingenuos, si pretendiéramos los revolucionarios cubanos atribuirnos el mérito de haber sido el país que marcó el viraje histórico. No, nuestro pueblo hizo un esfuerzo, un gran esfuerzo, como han hecho otros muchos pueblos, pero el esfuerzo de nuestro pueblo ocurre en un momento histórico esencial. Es una situación especial en el mundo, en que la correlación de fuerzas en el campo imperialista y el campo revolucionario en el mundo, empezaba también a cambiar, en que había una situación especial. Nosotros hemos definido esto diciendo que la Revolución Cubana tiene lugar en el año exacto, el mes exacto, la hora exacta, el minuto exacto, el segundo exacto en que una revolución allí a 90 millas de Estados Unidos, podía realizarse y mantenerse. Es decir, que tal vez un segundo antes, y la correlación de fuerzas no habría podido permitir que nuestra revolución se mantuviera. Bueno, habría podido permitir que muriéramos todos nosotros, porque puestos en una opción, cualquier revolucionario prefiere la muerte a la explotación imperialista. Fue por eso que surgió nuestra consigna de: "¡Patria o Muerte!" (Aplausos y vítores).

Esa situación especial en el balance de fuerzas en el mundo, fue factor fundamental y decisivo para que la Revolución Cubana pudiera afrontar la terrible tarea de enfrentarse al bloqueo imperialista. Ese balance de fuerzas le permitió a nuestro país contar con las armas necesarias para defenderse y le permitió contar con la materia prima, los combustibles, los mercados y los recursos indispensables para sobrevivir a aquella dura prueba; pero por eso decimos que fue la coincidencia de nuestra revolución con aquellas circunstancias, de manera que no constituye un mérito especial de los revolucionarios cubanos, ni un mérito especial de nuestro pueblo.

Nosotros creemos que nuestros pueblos son pueblos iguales; que todos han escrito grandes páginas en su historia, en la lucha por la independencia, en la lucha por la justicia. Nosotros nos consideramos parte de los pueblos de América latina; cuando nosotros trabajamos, cuando nosotros luchamos, cuando formamos técnicos, nosotros pensamos no sólo en cuáles pueden ser las necesidades dentro de 10, 15, 20 ó 30 años de nuestro pueblo, sino pensamos en cuáles pueden ser las necesidades de otros pueblos de América latina, que un día pueden necesitar también, como necesitamos nosotros, técnicos y personal preparado. Nosotros educamos a nuestro pueblo en una conciencia internacionalista, y educamos a nuestro pueblo en una conciencia latinoamericanista. (Aplausos).

Nosotros queremos educar a nuestros niños y nuestros jóvenes en la idea de que ellos pertenecen a un gran conjunto de pueblos latinoamericanos, de que ellos tendrán que pertenecer un día a esa gran comunidad de pueblos latinoamericanos. No somos utopistas, no somos soñadores que creamos que mañana, nuestros pueblos van a tener ya la suerte de ver esa realidad.

Tal vez ni siquiera nuestra propia generación tenga posibilidad de contemplar ese hecho. Tampoco somos pesimistas; pero entendemos que nuestro deber elemental es preparar a nuestro pueblo para ese futuro. Vean ustedes estas circunstancias: nosotros estamos hablando aquí con ustedes, nuestros hermanos chilenos, sin ningún intérprete, en español y nos entendemos perfectamente bien. (Aplausos). Claro está que hay algunos momentos, claro está que hay algunas palabras que no pueden pronunciarse aquí, y que nosotros común y corrientemente empleamos por allá, pero para eso no hace falta más que un mínimo de técnica y que le digan a uno: ésta y ésta y ésta y ésta y ésta y la otra, como unas 10 ó 12, no las pueden usar. (Aplausos).

Esa es toda la dificultad que tenemos en nuestra comunicación más elemental que es la comunicación humana. ¡Cuánta riqueza se encierran en la inteligencia, en la sensibilidad de nuestros pueblos! ¡Cuántas maravillas de la inteligencia, del cerebro, de la cultura, del arte, pueden salir de nuestros pueblos, de modo tal que nosotros no seamos colonizados, no seamos ideológicamente convertidos en satélites culturales de los imperialistas, como un instrumento más de dominación!

No nos cabe la menor duda que algún día nuestros pueblos con su historia común, con su idioma común, tendrán la ventaja de formar parte de una gran comunidad, que en el mundo de mañana podrán no sólo sobrevivir sino vivir. Y no sólo vivir, sino desarrollarse y ocupar un lugar de coloso en el mundo.

Nuestro país viene a ser algo así como el Polo Norte de la latinidad. Dado que por nuestras circunstancias geográficas, hay que venir en avión, y no importa si el avión es nuestro o el avión es prestado; porque nosotros vinimos en un avión prestado. (Aplausos). No a Concepción. A Concepción vinimos en avión nuestro. A crédito ¿no?, pero nuestro. (Aplausos). Pero desde Cuba, para llegar en vuelo directo, se necesitó un avión prestado. Eso sirvió para decir: "Castro llegó en avión soviético, tripulantes soviéticos, etc", "No les faltó más que decir que venía alquilado para hacer propaganda en favor de la Unión Soviética. Pero como nosotros no tenemos prejuicios, ¡como no tenemos prejuicios!, y, si algo ha caracterizado a los revolucionarios cubanos es la honradez, cada vez que ha sido necesario resaltar como cuestión de elemental justicia, lo que hizo la URSS por nosotros, lo ponemos por delante. Que no en balde nuestro país, cuando lo de Girón, cuando llegaron allá con sus aviones de bombardeo pintados con banderas cubanas, y diciendo allá en las Naciones Unidas que era un grupo de aviones de la, Fuerza Aérea que se había sublevado y había bombardeado, cuando vinieron con todos sus tanques y sus barcos de guerra y sus bazookas y sus cañones antitanques y sus armas automáticas a invadirnos; lo que les cayó arriba fue un diluvio de balas, de cañonazos, de tanques, de todo. Y esos tanques, y esos cañones, los habíamos recibido de la Unión Soviética unas cuantas semanas antes. (Aplausos).

El poco mérito nuestro es que los aprendimos a manejar rápido, y los aprendimos a manejar rápido por la necesidad, y eso lo hace cualquiera. Nosotros además estábamos defendiendo una causa y nuestro pueblo además estaba dispuesto a morir por una causa y eso ¡cualquier pueblo es capaz de morir por su causa! (Aplausos).

Pero les decía eso, las imputaciones que se nos hacen. Pero si ese avión prestado en vez de venir para el sur, va para el norte, ¡ah! Quince minutos y ya hubiéramos estado en territorio de habla inglesa.

Pero el avión tomó hacia el sur, caminó casi 8 mil kilómetros y se sigue hablando español; después de eso volvimos a caminar otros... no sé cuántos kilómetros, ustedes deben saber mejor que yo. 500, 600, 700 kilómetros y se seguía hablando español; y después de eso continuábamos hacia el sur, hasta allá, hasta Punta Arenas, bueno, se seguirá hablando español. Se pueden caminar 10 mil kilómetros hacia el sur y hablar el mismo idioma, y entenderlo. Tener la misma sensibilidad, los mismos sentimientos, los mismos afectos, ser capaces de la misma aspiración, del mismo cariño, y eso somos nosotros. ¿En qué podemos nosotros distinguir a nuestro pueblo de ustedes? ¿Cómo podemos saber así, qué medios, qué cosa hay que nos diga que estamos conversando a un extranjero? ¿Cómo nosotros los podemos tener a ustedes por extranjeros? Si me pasó hace unos minutos algo. Se acerca alguien y saluda, muy entusiasmado, muy contento, y dice: "ahí estamos descargando azúcar". Y otro más: "Sí. estamos descargando azúcar". Y cuando digo: ¿Son ustedes obreros portuarios? Dice: "No, nosotros somos del barco cubano que vino a traer azúcar". (Aplausos). Creíamos que se trataba de 2 obreros portuarios de aquí, de Concepción, y eran 2 marineros cubanos, que por cierto estaban trayendo azúcar, de lo cual nos alegramos mucho. Nos alegramos porque eso significó también una gran victoria del pueblo chileno. Porque como ustedes saben bien, ya lo he dicho varias veces, nosotros no les podíamos vender azúcar y ustedes se gastaron decenas de millones de dólares comprando azúcar en otros mercados, y nosotros nos gastamos decenas de millones de dólares, comprando en otros mercados cosas que podíamos comprar aquí. Gastando dinero en madera, en porotos, en nitrógeno, en montones de cosas.

No, verdad Que vino no tomamos mucho. El vino forma parte de, digamos, de la política comercial. En realidad necesitamos más los porotos que el vino (aplausos).

No es que no nos guste el vino, pero es que el vino tiene calorías nada más y los porotos tienen proteínas.

Y entonces nos produce mucha satisfacción ver cómo se estrechan los vínculos entre nuestros pueblos; cómo barcos cubanos visitan a Chile; cómo cada vez más chilenos, visitan a Cuba y cómo cada vez más cubanos visitarán a Chile; desde luego, ojalá que las visitas no sean como las de nuestra delega ción porque son muy costosas.

"Son incosteables", dicen algunos chilenos, "pero vuelvan". Yo digo: Fíjese bien lo que usted está diciendo, lo caro que resultan estos viajes para ustedes. El tiempo y las energías que les hacemos gastar. Y por eso todas las visitas esas no pueden ser con mucha frecuencia. Es una y es larga. Sí a mí me parece larga ¿qué les parecerá a ustedes? Figúrense que estaba viendo las fechas y hace 7 días que nosotros salimos de Cuba. ¡Oigan, ustedes no lo querrán creer, pero a mi me parece que hace dos o tres meses que salimos nosotros de Cuba! Yes que ésta ha sido una película ininterrumpida, imagínense que a alguien lo lleven a un cine, lo sienten en el cine y lo tienen 7 días viendo películas. (Risas y aplausos).

Alguno de ustedes ha ido al cine, y hay veces que va a ver una película y se olvida de todo; y entonces cuando por fin se acaba la película y las luces se encienden, y se levanta, entonces se empiezan a acordar otra vez de los problemas; muchas veces son esos momentos amargos que uno vuelve a acordarse de sus problemas, pero a mí me han tenido durante 7 días, en una película ¡En una buena película! Y entonces es lógico que me parezca que desde hace tiempo realmente, que hemos salido. Hemos visto tantas personas, tantos miles y miles de personas, hemos conversado con tantos chilenos, hemos visitado tantos lugares, además siempre con apuro, siempre con una precipitación, siempre en un corre-corre, que bueno, es imposible, yo no he podido leer ni los mensajes de Cuba. Y en esa situación nos ha pasado eso, y por eso decimos en serio, que la visita esa, no sólo la nuestra, pero la de muchos cubanos estoy seguro que le hará mucho bien a nuestro pueblo. Hemos podido comprobar cuánto es de útil el intercambio entre nuestros pueblos. Cuando van obreros, cuando van profesores, cuando van técnicos, y en realidad es que tenemos nosotros los cubanos y los chilenos muchas cosas en común, y tenemos la esperanza de que un día será igual con los demás pueblos de América latina. Y decimos que nosotros prácticamente no conocemos, no po demos ver la diferencia; si acaso, hay la circunstancia de que nosotros llevamos 13 años de revolución y nos hemos tenido que enfrentar a problemas muy difíciles, muy serios, y la lucha nos ayudó a forjar una muy sólida unidad en nuestro pueblo. ¡Muy sólida unidad! De manera que hay una-estrecha e indestructible unión entre todos los cubanos. Los obreros estrechamente unidos como un solo hombre, los estudiantes estrechamente unidos, las mujeres, los vecinos, los campesinos, todos. En nuestro pueblo hay una unión muy estrecha de todos. En nuestro país... nosotros lo definimos de esta manera: En nuestra patria ¡todos somos obreros, todos somos estudiantes, todos somos soldados! (Aplausos).

Sin esa unión, habría sido imposible librar la dura lucha que nosotros hemos librado. Habría sido imposible marchar adelante victoriosamente; a nosotros nos satisface y nos enorgullece hoy esta sólida unión de nuestro pueblo, nos satisface y nos ayuda mucho. Y así nosotros pensamos que también en la marcha del proceso de los demás pueblos de América latina, los pueblos irán descubriendo esa verdad de que en la "unión está la fuerza" ¡En la unión está la victoria! (Aplausos).

Sólo nos resta queridos amigos de Concepción, expresarles en nombre de nuestro pueblo, nuestra más profunda gratitud. ( Ovación).


Fidel en Chile

En el mitin de Puerto Montt

“A PESAR DE LA DISTANCIA, HABLAMOS EL MISMO IDIOMA
Y ALBERGAMOS IGUALES SENTIMIENTOS”

En el acto de masas en Puerto Mont, con la presencia del Primer Ministro de Cuba, Comandante Fidel Castro, y del Presidente de la República, doctor Salvador Allende, (18 de noviembre), habló en primer término el Comandante Fidel Castro. Su discurso es el siguiente:

QUERIDO Presidente Salvador Allende, (Aplausos).
Autoridades civiles y militares,
Organizaciones sociales,
Vecinos de Puerto Montt:

Este es el cuarto acto de masas del día de hoy, y el sexto acto de masas en menos de treinta horas. (Aplausos). Hemos recorrido en las últimas horas, desde.... (Gritos y aplausos).... si ustedes me ayudan un poco, yo puedo decir algo.

Decíamos que hemos recorrido desde las secas pampas del salitre, el Norte Grande, la tierra del cobre, las costas del norte, y hemos llegado el día de hoy a esta ciudad, a Puerto Montt. Hemos tratado de hacer todo lo posible por cumplir, y ya la voz se declara en huelga; no es falta de deseos de cooperar con la Unidad Popular (Aplausos).

Es sencillamente una huelga como consecuencia de.... dice el Presidente que yo ando haciendo cosas; que cómo es eso de que yo me pongo a jugar basquet; que yo estoy viejo (gritos), y no se sabe cuántas cosas más. Le dije: no, si me he vuelto el hombre más prudente del mundo. No pesqué submarino en Iquique, a pesar de que estaba allí el campeón Choque, un Alcalde que es una maravilla de entusiasta, y unos mares que son formidables; había de todo. Entonces, ¿se puede dar más prueba de prudencia que no haber participado en la pesca submarina de Iquique?

De manera que no se nos puede acusar ni de andar haciendo aventuras, ni de andar haciendo cosas que ponen en peligro la salud, y mucho menos se nos puede acusar de estar viejos. Esa es la más grande, la más injusta de las acusaciones.

¡Miren cómo me paga el Presidente! Yo, que le digo: "Pero qué bien te encuentro, qué joven te encuentro; después de un año de gobierno duro y exitoso, te encuentro más joven". Y él lo que me dice a mí: que cómo voy yo a estar haciendo aventuras, y que estoy más viejo....

UNA MUJER: Compañero Fidel, perdone, diga que las gentes bajen los carteles, porque los que estamos atrás no vemos nada.

FIDEL: ¿Y cómo yo te oigo bien, y te veo perfectamente bien? (Risas y aplausos). Pero tiene razón. Vamos a cooperar y bajar un poquitico los carteles. (Gritos y aplausos).

Yo creo que es la primera vez que pasa en Puerto Montt, que alguien tenga que ponerse un remedio en la garganta, en un acto de masas. Pero bien, me faltaba por decir que estoy disgustado con esas acusaciones que el Presidente me ha hecho. No le quise obedecer en el día de hoy y bajé a las minas. Visité las minas. Así que es la única falta que he cometido, no es la que dicen por ahí. Porque realmente he cometido una falta de desobediencia con el Presidente. (Risas). Bueno, eso no fue como Presidente, el consejo me lo dio como médico; así es que la desobediencia no fue al Presidente, sino que al médico. (Risas y aplausos).

Hemos llegado al fin a este maravilloso lugar, a este lugar que nosotros conocíamos como un lugar de leyendas, en los libros de Geografía. Hemos llegado a este lugar de islas maravillosas, de volcanes, de nieves perpetuas, y de un pueblo que se caracteriza, a pesar de vivir en una zona fría, por ser un pueblo entusiasta y revolucionario. ¿Es verdad o no? (Aplausos).

Hemos tenido una enorme satisfacción al llegar aquí en el día de hoy, y sentimos, en nombre de nuestro pueblo, un profundo agradecimiento por el recibimiento que ustedes nos han hecho. Estamos sinceramente agradecidos a todos. Hemos tenido oportunidad de presenciar este espectáculo en la tarde de hoy; este bosque de banderas y al fondo el mar, las islas, las montañas. Pocas veces en nuestra vida —y tal vez nunca—, hemos visto un paisaje humano y natural como éste que estamos viviendo en la tarde de hoy; el pueblo, sus banderas, sus mares, sus montañas, la tarde misma, el lugar. Para nosotros que venimos de allá lejos, del Caribe, de nuestra isla semitropical a 90 millas de la Florida, de Cayo Hueso, comprenderán cuánto contraste y cuánto nos tiene que impresionar este paisaje, y cuánto nos tiene que impresionar este espectáculo, y cuánto nos tiene que impresionar este pueblo.

Y pensar que nuestra Patria está a 9.000 kilómetros, a 8.500 o 9.000.... bueno, unos cientos de kilómetros más o menos no tienen importancia. Desde allá, desde nuestra Patria hasta aquí, se puede ver que hablamos un mismo idioma, que tenemos los mismos ideales, que albergamos los mismos sentimientos, que experimentamos las mismas emociones.

En el día de hoy tuvimos oportunidad de agradecer a los obreros de las minas de Lota y Coronel, su gesto extraordinario, cuando hace diez años, diez años y medio, nuestra Patria era agredida por una expedición mercenaria que atacaba a nuestro país. Aviones pintados con la bandera cubana, los chilenos tendrán que comprender cuánto tendría que dolemos ese ultraje, aviones traicioneros, pintados con banderas cubanas, ametrallaban a nuestro pueblo, ametrallaban a nuestros combatientes. Y aquella mina de Lota, a 8.500 kilómetros de distancia, declara una huelga de 48 horas; y quinientos mineros se inscribían, dispuestos y decididos a luchar en defensa de nuestra Patria invadida. Y nuestra revolución apenas comenzaba; los contactos entre nuestros pueblos apenas existían. Y sin embargo, y a pesar de que aquellos acontecimientos ocurrían a 8.500 kilómetros, el corazón de esos hombres quería volar a luchar y combatir junto a nosotros, en defensa de nuestra revolución.  

Hechos como esos, hablan muy alto del espíritu solidario del pueblo y de los trabajadores chilenos. Hechos como esos, hablan muy alto de los sentimientos y de los intereses y de los afectos que nos unen. Y por eso, a pesar de la distancia, a pesar de los 9.000 kilómetros, nosotros, al encontrarnos aquí entre ustedes, sentimos la impresión de encontrarnos entre hermanos. Alguien nos dijo: "Aquí está la isla de Chiloé cerca...."

UN MANIFESTANTE: ¡No se escucha bien!

FIDEL: Yo sí te escucho. (Risas). La culpa de esto no la tengo yo; mañana lo verán en el periódico. (Aplausos).

Bueno, yo decía que alguien me dijo: "Tenemos cerca la isla de Chiloé, para que usted no eche de menos a su islita". A decir verdad, es difícil no acordarse de vez en cuando de la islita. Pero realmente, no encuentro una razón para sentir nostalgia, porque en definitiva, aquí entre ustedes, que con tanto cariño, con tanto afecto, con tanto calor nos han recibido, que con tanto afecto han recordado y han homenajeado a nuestra Patria, en realidad no existe ninguna razón para que nosotros sintamos nostalgia. No existe ninguna razón para que nosotros necesitemos una isla para sustituir a la otra isla, porque realmente, a lo largo y ancho de Chile nos hemos sentido como en nuestra propia Patria. (Aplausos).

Aunque eso no quiere decir que nosotros no deseemos conocer la isla de Chiloé....

UNA MUJER: ¡Venga a vernos a Castro!

FIDEL: Ustedes son de ahí, son de Castro.... pero hay una cuestión que se llama programa, hay una cuestión que se llama protocolo, y eso no lo hemos inventado nosotros: eso es chileno puro. (Risas). Así que ustedes discutan con el protocolo. (Aplausos!.

por lo demás, a todas estas razones que nosotros hemos mencionado, a todas estas impresiones, a todos estos contactos con las masas, en el día de hoy se une una circunstancia especial, y es que hoy se encuentra entre nosotros el Presidente Allende. (Gritos y aplausos).

Y por eso, una vez expresados nuestros sentimientos, y estas expresiones nuestras, lo que deseamos todos —ustedes y nosotros—, es escuchar a nuestro Presidente. Y por eso, teniendo en cuenta todos estos problemas, la huelga de las cuerdas vocales, permitan ustedes que nosotros le pidamos a nuestro querido Presidente que él hable hoy, a nombre de Chile y de Cuba. Muchas gracias. (Ovación).

MODERADOR: El Presidente de la República, doctor Salvador Allende Gossens. (Aplausos).

ALLENDE: Queridos compañeros.... les pido a los compañeros que no empujen, porque dificultan la labor de los carabineros; ayuden, por favor, a que haya orden; si no, tampoco van a poder trabajar los camarógrafos y fotógrafos.

Estimado compañero y amigo, Primer Ministro de Cuba, señor Castro.

Estimados compañeros que integran la comitiva que acompaña a Fidel.

Pueblo de Puerto Montt, autoridades civiles y militares, compañeros parlamentarios de los Partidos y Movimientos de la Unidad Popular, queridas compañeras y estimados compañeros:

Qué grato es para mí volver a esta tierra a la cual estoy vinculado por tantos años, y a contribuir en este día, con la presencia de Cuba, simbolizada en la figura del Comandante Fidel Castro. (Aplausos y ovaciones).

El compañero Fidel Castro me ha hecho varias acusaciones y yo tengo que refutarlas; pero puedo decirles que hace unos cuatro años estuve en La Habana, Fidel Castro me fue a buscar al Hotel a las 7 de la tarde; empezamos a conversar a las siete y media, y a las siete y media de la mañana me fue a dejar a la puerta del Hotel. (Aplausos). Y cuando ya yo no daba más, iba subiendo las escalinatas y me dijo: "Salvador, ¿vamos a pescar?" (Risas y aplausos). Yo le dije: "Tengo un compromiso con Morfeo y me voy a mi cama. Hasta luego, Fidel". (Risas).

Conociéndolo y deseando que el pueblo pudiera tomar contacto con él, lo llamé dos veces por teléfono, y ayer mientras volaba de Antofagasta a Concepción, yo volaba de Santiago a Copiapó, y por radio le envié un saludo. Sabía que estaba un poco afónico, y le dije: "Mira, Fidel, te pido como amigo, te exijo como médico, te ruego como Presidente que te cuides. Va a haber una concentración. Habla un poquito más largo que yo, y en seguida te vas a jugar basquetbol, y después conversas hasta las 5 de la mañana, y por último, no pretendas meterte al mar. El mar en Cuba es tibio y el mar chileno es otra cosa".

Yo sabía que no iba a hacer caso de no bajar al pique de la mina. Se lo dije como prueba, yo sabía de antemano que lo iba a hacer. Lo de la indisciplina de él es cierto, porque si hay algo que el pueblo de Chile sabe, es que los mineros del carbón son los combatientes que han marcado los caminos de nuestra historia popular.

Ahora bien, declaro, además, ante todos ustedes que no le voy a pasar la cuenta por las atenciones médicas. (Risas).

Queridas compañeras y estimados compañeros:

El Comandante Castro me honra al decirme que hable en nombre de Chile y de Cuba; yo puedo hacerlo y lo hago con profunda emoción.

En los albores de nuestras luchas, los padres de nuestras patrias levantaron las armas y sus voces para reclamar que fuéramos pueblos libres, que nos incorporáramos a la victoria con dignidad, con independencia; y soldados nacidos en distintas tierras, al conjuro de la voluntad revolucionaria, se unieron para hacer posible la libertad política. Y hay un hecho que yo quiero señalar por el cual se demuestra, cómo más allá de las fronteras, los que gestaron las luchas libertadoras comprendían la necesidad, la sed de nuestras patrias y de un pueblo continente. En la lucha sostenida por Chile y Perú contra España, el Gobierno nuestro envió en gira hasta Estados Unidos, a una figura importante de nuestra historia, a Vicuña Mackenna, y Vicuña Mackenna fue a reunir voluntarios. Ellos vinieron para organizar una expedición que ayudara a Cuba en su lucha, y fue secretario de Vicuña Mackenna, un cubano de alta jerarquía intelectual, combatiente por la libertad de su Patria. Era abuelo del actual Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba: Ramón Novoa estuvo junto a Vicuña Mackenna, en el ansia de hacer posible que Cuba alcanzara prestamente su libertad; era el deseo de que un pueblo más con la ayuda de Chile luchara por su Independencia. (Aplausos).

Hoy han pasado tantos años; nuestros pueblos han conocido el latigazo duro de la dominación foránea, el drama de los países potencialmente ricos y en los hechos pobres, expresado a lo largo de siglos, marcando la existencia humillada de millones y millones de latinoamericanos, campesinos y obreros, empleados y estudiantes, las mayorías de nuestros países han vivido la existencia amarga de ver nuestras patrias oprimidas y enterrados sus destinos, en un mundo en donde la técnica y la ciencia avanzan presurosas. Nuestros pueblos viven todavía un retraso, que implica sufrimientos y miserias, dolores, incultura, falta de vivienda para millones y millones de latinoamericanos. Más de una vez he dicho que en Latinoamérica hay 120 a 130 millones de analfabetos. He dicho con la seguridad de un médico, que en nuestro Continente, el 62 por ciento de la gente vive en condiciones por debajo de lo normal; 40 millones de cesantes absolutos; que faltan más de 19 millones de viviendas todavía; y que la muerte golpea implacablemente a la clase obrera.

En un continente donde la tierra no es sólo para entregarles alimentos, sino que encierra riquezas minerales fabulosas, es para pensar que esos recursos que dan la posibilidad del progreso, pueden ser la base para hacer de nuestras reservas la base del desarrollo; muchos productos pueden ser hechos por nosotros. Por eso es que no deben extrañarse que los pueblos de América latina dentro de sus propias realidades hayan de levantar su enérgica respuesta a lo largo de años, para empinarse juntos a tomar el derecho a su dignidad, a su independencia económica, a su soberanía. Y en esta lucha de tantos y tantos años, en donde tantos dieron sus vidas y en donde los trabajadores pusieron el acento de sus convicciones revolucionarias, los pueblos pusieron esperanzas, y sus esperanzas se vieron muchas veces frustradas. Pero en 1959, los que habían luchado en Sierra Maestra, en enero "de ese año Ingresan a La Habana, en medio del fervor de los pueblos, para decirle al mundo que Cuba era el primer territorio libre de América latina. (Aplausos).

Nosotros comprendimos la importancia trascendente de la lucha del pueblo cubano y junto con rendir un homenaje a la abnegación revolucionaria de sus conductores, a lo largo de la patria fuimos destacando lo que representaba el esfuerzo, el sacrificio, la voluntad revolucionaria de los cubanos para transformar la vida de su patria, para que el pueblo estuviera presente, para que Cuba dejara de ser tierra explotada y se convirtiera en una patria de hombres libres, dueños de su propio destino. Muchas veces, leímos el pensamiento de Maceo y de Martí, y "comprendimos cuando el padre espiritual de los cubanos decía: "la revolución se afianza con la escuela y el trabajo".

Con lo cual señalaban visionariamente, que las revoluciones no se producen tan sólo con la base de consignas políticas, sino afianzando el proceso colectivo, transformando su economía e incorporando al pueblo a las grandes responsabilidades de una tarea común. Por eso, en Chile, tomando la experiencia de Cuba, y las lecciones de otros países que hayan afianzado al socialismo, ayer nuestros pueblos hundidos en regímenes típicamente capitalistas, y en el reformismo de un Gobierno anterior, una vez mas afianzamos hoy el triunfo de la Unidad Popular y recorremos la vía que el pueblo chileno reconoce como suya. Porque nunca hemos mentido: hemos dicho que la herencia de Cuba no es realidad de Chile; que nosotros teníamos que hacer nuestro propio camino, que es duro por nuestra historia y por su idiosincrasia; que se refunde en la Unidad Popular que abría la posibilidad del camino de la victoria nacional y los hechos demostraron que teníamos razón y el 4 de septiembre triunfamos junto al pueblo. (Aplausos).

Dos países, dos países y dos pueblos con un mismo anhelo a través de ... esos compañeros que gritan tanto revolución, que tengan la deferencia de escuchar. (Aplausos). La revolución en Chile no se hace solamente gritando revolución, la revolución se hace conscientemente, con un pueblo organizado, que sabe los riesgos que tiene que aceptar. (Aplausos). Y por último, les voy a decir a los compañeritos que gritan revolución, que Fidel Castro no estaría en Chile, si aquí no hubiera triunfado un gobierno revolucionario. (Aplausos). Fidel Castro no se prestaría para la farsa de venir aquí a visitar un país de oportunistas y a un gobierno claudicante. El tiene conciencia y sabe que lo que hacemos nosotros es una revolución de acuerdo con nuestra realidad (aplausos), y por eso es que está presente el compañero y amigo Jefe de la Revolución Cubana. El. tiene conciencia muy clara de que cada pueblo enfrenta su propia realidad, y frente a esa realidad tiene que abrir el camino revolucionario que ha de conducirlo a una sociedad distinta, que ha de llevarlo al socialismo. Y nosotros hemos luchado, conscientemente, desde hace largos años, antes que nacieran, no digo a la vida política, sino a la vida física, algunos jóvenes de esos que hacen gárgaras con la palabra revolución, ya me enfrentaba a los imperialistas, ya había sido expulsado de la universidad para tener que ir a luchar junto al pueblo. (Aplausos).

Por eso, por eso no me extraña este triunfo, frente a las derrotas electorales que tuviera; y por eso contribuí con los dirigentes de la Unidad Popular, a formar esta conciencia que hace que Chile sea un país que camina hacia su revolución. ¿Qué cosa es la revolución, compañeras? Es hacerse una clase social dueña del poder, para que en el poder las mayorías, especialmente, los obreros y los campesinos estén en el gobierno; y con qué satisfacción digo: yo no soy un Presidente más, yo soy un Presidente de un Gobierno Popular, nacional y revolucionario, que debe decirles que hemos cumplido y que el pueblo está en el gobierno. (Aplausos y gritos).

Compañeros, ¿quieren saber qué cosa es un proceso revolucionario, además de lo que he dicho? Desde un punto de vista de los que manejan el Gobierno y el poder, es cambiar las estructuras de un régimen capitalista para hacer las transformaciones que conduzcan al socialismo. Nosotros decimos que sí, óiganlo bien, obreros de Puerto Montt, con qué orgullo como compañero de ustedes les puedo decir: el hierro es nuestro, el carbón es nuestro, el salitre es nuestro, el petróleo es nuestro, el azufre es nuestro, el cobre es nuestro. (Aplausos).

La revolución significa, (gritos): transformar el sentido de la propiedad de la tierra, y lo hemos hecho, y el próximo año no quedará un latifundio en Chile; y eso lo sabe el pueblo. Le he enseñado al pueblo que la tierra es el pan, y que el cobre es el sueldo de la Patria.

Yo le puedo decir al pueblo de Puerto Montt, que lo que hemos hecho en un año, otras revoluciones, (con sentido distinto) con otros gobiernos, no lo hicieron en una etapa tan breve como nosotros. (Aplausos y vítores).

Hemos estatizado los bancos, hemos estatizado el crédito, dentro de las normas más directas, para golpear los intereses del poder económico de las oligarquías. (Gritos).

Hemos nacionalizado los monopolios más fundamentales. Hemos controlado el comercio a través de la importación y la exportación, y sobre todo hemos hecho que los trabajadores participen con la responsabilidad en todos los actos del Gobierno.

Yo pregunto: ¿en qué país que no sea revolucionario hay 3 ministros obreros comunistas y hay tres ministros socialistas?, ¿en qué país que no sea revolucionario, el marxismo y los partidos revolucionarios están en el Gobierno? (Aplausos).

No confundamos compañeros, no confundamos camaradas, el grito de la revolución con el grito de la provocación. Jamás en los actos políticos en que he intervenido, he dejado de decirles a las masas que las críticas las acepto, pero no he aceptado la provocación. Cuando fui a la Universidad de Concepción, discutí con los estudiantes, y lo hice como cualquier revolucionario, y no sólo como el Presidente de Chile. (Aplausos y gritos).

Pero es bueno que definitivamente sepan (gritos) ... Es bueno que lo sepan definitivamente: en este país hay un Gobierno, hay un grupo de partidos que forman la Unidad Popular; en nuestra Patria el pueblo forma parte del Gobierno, y vamos a gobernar los que interpretamos la voluntad revolucionaria de nuestro pueblo (aplausos).

Por lo tanto quiero señalar en forma muy clara, que Chile y Cuba marcan la etapa de un proceso de proyecciones internacionales y nacionales y trascendentes. Hoy en América latina nuestra, ya se siente la voluntad de las masas populares para abrirse un camino de beneficio a su familia y a su existencia. Qué grato debe ser para el pueblo de Chile, saber que Cuba no está sola. Saber que tiene un hermano que es Chile, en la gran tarea que enseñan los padres de la Patria, para hacer de América latina un pueblo con voz de continente, y hacer de nuestro continente un país que ¡ogro su independencia.

Por eso esta tarde cuando Fidel Castro me ha pedido que hable a nombre de Cuba y de Chile, yo tengo el deber y la obligación de decirle al pueblo de Puerto Montt que las horas que tenemos por delante serán muy duras, que Cuba ha sido el ejemplo, pero que es un pueblo que en aras de su conciencia política ha llegado a vivir con sacrificios; cuántos años de agresión implacable; cuánta agresión; cuántas vidas sacrificadas; cuántas veces renunciando a cosas que aparentemente el hombre necesita para su vida, con la conciencia de que el sacrificio llevará a una vida diferente, para el niño de hoy y el hombre de mañana.

Chile ha pasado por un camino diferente, habiéndose sacrificado también; porque si soy Presidente, el compañero Presidente, y porque sin decirle mentiras a los chilenos, levantamos al hombre y más que al hombre, levantamos la esperanza de un pueblo, izamos la bandera de la Unidad Popular, tuvimos confianza en el pueblo y acogimos el sufrimiento de los trabajadores y su esperanza revolucionaria, y convertimos las renuncias de ayer en la victoria de hoy. (Aplausos).

Esta victoria, es la victoria que pertenece al pueblo y tenemos que comprender que las horas duras vendrán en el país. Con el camino que nos hemos dado nosotros; un pueblo que hace lo que hacemos nosotros, tiene que concitar, como la concita Cuba, la agresión que vemos desde afuera, y la resistencia que viene desde adentro. Y tenemos que prepararnos para ello. Tenemos que prepararnos para ello, y tenemos que enseñar en parte, advertir al pueblo de Chile, que tendremos que tener entereza, decisión y coraje de revolucionarios; que no podemos claudicar, pero que no podemos tampoco perder la serenidad; y que tenemos que ir implacablemente cumpliendo con nuestro programa, pero sabiendo que cada vez que adelantamos un paso, se unen más en contra nuestra los intereses del capital foráneo, y los intereses de los viejos grupos que gobernaron este país. Tenemos entonces que pensar en la unidad; tenemos que hacer entender, que esta unidad debe descansar en la conciencia honesta de los auténticos revolucionarios; tenemos que desterrar el totalitarismo, el oportunismo. Tenemos que entender que no bastan las consignas, y tenemos que aprender que la revolución es un enfrentamiento de todos los días y de cada minuto contra los enemigos de Chile y contra los enemigos de Cuba. (Aplausos).

Por eso, aquellos que no entiendan la necesidad de la discusión y del diálogo; aquellos que crean que pueden superar las distancias con iniciativas propias, al margen de la revolución política de la Unidad Popular, deben entender y comprender que están facilitando el camino a las fuerzas de la contrarrevolución.

Jamás la Unidad Popular les negará el diálogo, pero jamás la Unidad Popular, y jamás yo, aceptaré imposiciones de los provocadores, vengan de dónde vengan. (Aplausos).

Creo que la mejor y más grande demostración que podemos darle a Cuba es que puedo decirle —amigos, compañeros de tantos años— a Fidel Castro, que tenga la certeza y la seguridad de que la unidad revolucionaria no se va a quebrar; que la ayuda del pueblo de Chile va a ser más profunda y más sólida, pelearemos por Chile y por Cuba, porque comprendemos perfectamente bien cuánto es necesaria para el futuro revolucionario de América latina, la presencia combatiente allá en el Norte, en el Caribe, de Cuba, y aquí en el cono sur de América latina, de Chile revolucionario, haciendo sus propios caminos para lograr sus propios destinos. (Aplausos).


Fidel en Chile

Diálogo con los dirigentes de la CUT

“SERÍA ABSURDO CONCEBIR QUE LOS BURGUESES
SE VAN A CRUZAR DE BRAZOS”

El Comandante Fidel Castro se reunió el 23 de noviembre con la directiva de la Central Unica de Trabajadores de Chile (CUT), sosteniendo en esa oportunidad el siguiente diálogo con los dirigentes de la clase obrera chilena:

A modo de introducción, quiero darles las gracias por la invitación, por el título y por la medalla.

Me alegra mucho el tener esta oportunidad de conversar con ustedes. Luis Figueroa decía que quería que le diéramos la opinión de lo que veíamos, con franqueza. Naturalmente, ustedes comprenderán la franqueza que vayamos a emplear aquí tiene un límite: no es un límite subjetivo, sino un límite objetivo.

Quiero decir con ésto que cualquier opinión que se pueda emitir aquí puede ser dentro de los aspectos de tipo general, de nuestra experiencia de tipo general, sin ir a cuestiones de orden concreto. Porque, en todo caso, no estamos hablando sólo con ustedes. Si estuviéramos hablando sólo con ustedes, el grado de libertad para exponer cualquier criterio sería mucho mayor.

Debemos tener en cuenta que esta conversación no es prácticamente entre ustedes y nosotros: que está la prensa nacional y, además, está la prensa internacional. Y los asuntos de familia no se van a tratar ante un fórum universal (aplausos). Y conste que no estoy protestando de la presencia de los periodistas. Debemos comprender bien la utilidad que tiene la divulgación de las ideas y de los criterios. Pero como todo, según la dialéctica de la vida, tiene lo positivo y tiene lo negativo, pues junto con las ventajas de la amplia divulgación de ideas que conviene que sean divulgadas, y de criterios, pues hay también los inconvenientes de que todo no puede discutirse con esa amplitud.

Por eso dentro de ese marco, al margen de la cuestión de visitante, aunque ciertamente cuando nosotros nos reunimos con obreros prácticamente no nos sentimos ya tan visitantes sino más bien parte de una gran familia... No es esta una frase de ocasión, puesto que no es secreto los principios de nuestra política, las concepciones de nuestra ideología. Y nosotros somos, sí, revolucionarios cubanos, pero a la vez en nuestra conciencia y en la conciencia de nuestro pueblo se ha desarrollado, se desarrolla y se desarrollará cada vez más una alta conciencia internacionalista.

La clase obrera es por sus características, obligadamente internacionalista. Una clase obrera que no sea internacionalista, sencillamente tendrá todavía una conciencia subdesarrollada.

Se sabe la historia del movimiento obrero, sus primeras reuniones a mediados del siglo pasado, y sobre todo se conoce la solidaridad de los obreros internacionalmente. Nuestro caso cubano es una prueba práctica e irrebatible. Nosotros hemos tenido una gran solidaridad. Pero no na sido una solidaridad de los monopolios, no ha sido una solidaridad de los burgueses, no ha sido una solidaridad de los terratenientes, no ha sido la solidaridad de los explotadores. Ha sido la solidaridad de los trabajadores, de los trabajadores de los países de América latina, aún en medio del bloqueo de relaciones, aun en medio de la mentira, la mentira tarifada, del veneno con que los imperialistas han tratado de mantener desunidos a los pueblos. Y ha sido la clase obrera constituida en poder en la URSS y en los demás países del campo socialista, los que nos dieron la decisiva y definitiva solidaridad (aplausos).

Nuestro país es muy pequeño físicamente, de relativamente escasa población. Nuestra lucha ha sido dura frente a un poder grande, considerado el más grande poder imperialista. En definitiva, el poder imperialista por excelencia. Sin ese poder imperialista, ya no podría hablarse en el mundo de imperialismo. Los viejos imperialismos han ido abajo. El imperialismo de que habla a fines de siglo y principios de este siglo, el imperialismo de que hablaron los teóricos ingleses y el imperialismo de que habló Lenin, aquel gran imperialismo inglés, francés, y de otros tipos, ya no existen virtualmente como tales imperialismos. Son, realmente, imperialismos de menor cuantía.

El imperialismo que subsiste y que ha realizado el papel de gendarme en el mundo, que ha apoyado todos los movimientos reaccionarios, la represión, que ha apoyado todos los métodos de crimen, de explotación, que ha sido el aliado de cuanto reaccionario hay en el mundo, es única y exclusiva y fundamentalmente el imperialismo norteamericano. Y nosotros nos vimos vecinos de ese imperialismo, vecinos físicos y próximos, en un momento en que su poderío era realmente mayor que hoy. Eso determinó mucho las características de nuestra Revolución.

Pero, ¿cómo nosotros habríamos podido sobrepasar la prueba sin la solidaridad? Por ello, para nosotros solidaridad tiene un sentido muy grande.

Conocida es también la historia de nuestros pueblos latinoamericanos, conocida fue la traición de los oligarcas y de los burgueses de este continente hacia el pueblo cubano. Conocido es que rompieron relaciones, apoyaron todos los crímenes y fechorías contra Cuba, de pretexto para que hablaran. Ningún defensor del imperialismo resistiría 5 minutos de análisis, de diálogo, de polémica en nombre de los argumentos que se usaron para agredirnos y los fundamentos morales que podían tener tales argumentos. Traicionaron al pueblo cubano e impidieron que los pueblos hermanos de América pudieran exponer y viabilizar sus sentimientos de solidaridad. No lo impidieron en el acto, lo venían impidiendo desde mucho antes, porque toda la política de expoliación, toda la política de degradación y de retraso tecnológico y cultural, el analfabetismo, ya eran las precondiciones para que en una circunstancia como las que se produjeron cuando la Revolución Cubana, pudieran confundir en parte, engañar.

Los sistemas de represión sangrienta que mantenían contra los obreros y los campesinos, el monopolio virtual de todos los medios de divulgación de masas, fueron armas que se usaron para convalidar la criminal, la odiosa, la repugnante agresión contra nuestra Patria, el repugnante y odioso y criminal bloqueo contra Cuba, las agresiones cobardes contra nuestro pueblo, que tanto sacrificio y tanta sangre costaron; hemos vivido todos esos años que determinaron el carácter de nuestra Revolución.

Toda esta introducción simplemente para decir que nosotros sabemos lo que es la solidaridad de los trabajadores, y el valor decisivo que tuvo para la historia actual de nuestra Patria. Cuba, luchadora solitaria en el siglo pasado, con las simpatías de algunos gobiernos y de algunos hombres. Desde el punto de vista oficial libró su guerra contra España durante casi 30 años. Ningún barco con armas llegó de ninguna nación de América latina. Por eso resaltan y por eso todavía resuenan en lo profundo de los corazones de nuestra Patria los gestos de los hombre^ que, de palabra o de obra, expresaron su simpatía hacia nuestra causa y de los combatientes que fueron símbolo y que en los campos de batalla, de la lucha por la independencia de Cuba, derramaron su sangre.

Cuba también en esta fase de lucha contra el imperialismo, también estuvo desde el punto de vista oficial solitaria. No sólo solitaria. Fue víctima de la complicidad, fue víctima de los acuerdos canallescos para convalidar el crimen más grande que pueda cometerse: el crimen de tratar de matar de hambre a un pueblo, el crimen de tratar de asfixiarlo, el crimen de tratar de dejarlo sin recursos económicos, sin alimentos, sin máquinas, sin recursos técnicos, sin medicinas, e incluso sin médicos.

Esa es la historia real y reciente. Y desde el punto de vista oficial, la solidaridad de los oligarcas y de los burgueses.

Ha sido realmente una dura y triste experiencia.

Pero nosotros sabíamos que eso no sería eterno ni podía serlo de ninguna forma. Que no habríamos podido sobrevivir —repito— sin la solidaridad de los obreros, que en este caso nos pudo llegar de otros continentes: nos llegó de Europa y nos llegó de Asia, de una gran distancia, Pero allá los obreros en el poder, en esos países, podían expresarnos y demostrarnos su solidaridad (aplausos).

De ahí que para nuestro país tuvieran tan alto y emotivo valor los hechos que determinaron el reconocimiento o el restablecimiento de las relaciones oficiales entre Chile y Cuba (aplausos). Si para ustedes tuvo la sensación de una reafirmación de la soberanía y un acto absolutamente libre que honraba a la patria y la bandera chilena, para nosotros tuvo ese valor profundo de un pueblo que vivió estas experiencias de que hablábamos antes: la experiencia de la soledad en sus luchas, en sus guerras por la independencia contra el coloniaje español, y en sus luchas por la independencia frente al imperio yanqui.

Y nuestro pueblo ha valorado muy alto ese gesto.

Por eso nosotros entre obreros tenemos que vernos necesariamente en familia, tenemos que sentirnos necesariamente en confianza.

Ahora bien: se hablaba de las experiencias de nuestro país. Nuestro país ha tenido experiencias fundamentalmente en esa lucha y en esa defensa. Porque durante diez años nuestro problema fundamental consistió en el problema de sobrevivir, cómo sobrevivir, cómo defendernos frente a aquel colosal poderío que intentaba por todos los medios aplastarnos.

Fue en ese campo donde se desarrolló la mayor experiencia. Incluso durante diez años otras muchas tareas pasaron a un segundo o un tercer plano. No era ni siquiera el problema del desarrollo, ni podía serlo, porque para desarrollarnos había primero que sobrevivir. Y eso ocupó el grueso de nuestras energías, lo mejor de las energías de nuestro pueblo, nuestros mejores cuadros, la atención del país.

De ahí que es más recientemente cuando nosotros hemos afrontado otras tareas: las que pudiéramos llamar propiamente las tareas del desarrollo. Cambios de estructura sí los hubo desde el primer momento, y fueron precisamente esos cambios de estructura el motivo del odio, del ensañamiento y de los esfuerzos que se hicieron para destruir el ejemplo cubano.

Recordarán ustedes la Reforma Agraria. Quien hablara de Reforma Agraria hace quince años era considerado un "rojo incorregible", un "demonio" sobre la tierra, digno de ser enviado al infierno por el método más expeditivo. Así se le consideraba sobre todo por nuestros patrones, por nuestros patrones, los imperialistas yanquis. Ellos eran los que decían la última palabra, ellos eran los que trazaban las pautas. Ellos han escrito en nuestros periódicos, en nuestras imprentas, en nuestra radio, en nuestra televisión. Y decimos "las nuestras" refiriéndome a la propia experiencia de Cuba. Todos los programas estaban inspirados en su propia ideología de radio, de prensa, de televisión. Los libros que se editaban, las películas que se exhibían, estaban saturadas de discriminación, de racismo, de desprecio al pobre, de desprecio a los pueblos latinoamericanos y llenos de apologética hacia el imperio y su "raza superior". Por supuesto, la raza superior no de los negros norteamericanos, o de los chícanos, o de los puertorriqueños, o de los latinos, sino de los grandes monopolios, sus directores, sus abogados, su ideología, sus presidentes.

Por lo tanto, nos adoctrinaban, nos educaban, nos enseñaban el catecismo social y político y nos enseñaban sobre todo a que un comunista era un diablo, era un demonio.

En toda esa doctrina de odio al progreso social, de odios a los revolucionarios, educaban a nuestro país. Y por supuesto, ellos nos habían enseñado que hablar de Reforma Agraria era malo. Y fue con la Reforma Agraria que se inició la contienda —digamos— en Cuba.

Después de eso, ustedes conocen la historia: los yanquis empezaron a hablar de Reforma Agraria. Claro está que en Cuba la caña era el cultivo fundamental, el principal negocio y las mejores tierras cañeras y los centrales azucareros eran yanquis.

Ya una vez que todo eso desapareció de la faz de la contabilidad de la United Fruit y otros monopolios, entonces ya empezaron a hablar de reforma agraria. Claro está que podían quedar algunos intereses en algunas repúblicas bananeras. Pero eso no tenía mucha importancia, eso estaba asegurado: algún titerecillo por allí y todo estaba más o menos resuelto.

La fachada, y la nueva divulgación, y el nuevo plan pseudoprogresista, miraba sobre todo al sur, a aquellas naciones que no hablan podido controlar tan fácilmente. Y se empezó a hablar de reforma agraria.

Ya a nadie lo acusan de comunista, ni lo envían a la cárcel; ya a nadie lo envían al infierno por hablar de reforma agraria. Al contrario, se ha convertido en una cosa de buen gusto, una cosa decente, una cosa progresista, hablar de reforma agraria (aplausos). Está claro.

Así han transcurrido las cosas. Y algunos que tengan un poquito más de 25 años —y entre nosotros puede haber unos cuantos (risas), con excepción de algunas bellas damas aquí presentes— recordarán que era así textualmente. Búsquese una revista, búsquese un periódico, búsquese un libelo, búsquese un discurso, búsquese una reunión de la OEA, búsquese un ágape de Cancilleres, y véase si esa mala palabra se pronunció alguna vez antes de la Revolución Cubana.

En fin, para que esto no sea realmente la exposición de lo que uno quiera decir, que en definitiva si uno reunido con obreros quisiera decir, pudiera decir millones de cosas, sino sencillamente para que el contenido de este diálogo sea fundamentalmente aquellas cuestiones que a ustedes les interesen o les vengan a la mente, será mejor que sigamos el método mejor y el método ideal para ello, que es dialogar, escuchar, responder a las inquietudes y a las preguntas de ustedes.

Y por eso, les damos la palabra.

------ Yo le pregunto, compañero, cómo usted mira el proceso revolucionario chileno en comparación con el proceso revolucionario cubano, indudablemente más agudo que el proceso revolucionario chileno, porque todavía hay algunas mentes afiebradas que piensan que aquí este proceso chileno debe ser el proceso cubano, y la consecuencia es que el pueblo chileno no lo ha considerado así desde el momento que nos fuimos por las elecciones.

Entonces, esa es mi pregunta.

CMDTE. FIDEL CASTRO.— Mire, en la realidad de la vida nadie puede ser lo que no es. Y no creo que realmente haya dos sucesos sociales históricos exactamente iguales.

Nosotros, por ejemplo, que hemos ido llevando adelante nuestro proceso revolucionario, no podemos de ninguna forma decir que nuestro proceso es similar al proceso soviético. La forma en que se engendra, se origina y se desarrolla aquella revolución fue totalmente diferente. Nosotros no podemos decir que nuestro proceso revolucionario fue similar al proceso chino. La forma en que se gesta y se desarrolla cada proceso —el chino y el cubano— han sido diferentes. Nosotros no podemos decir que el proceso vietnamita o el proceso coreano son iguales al proceso cubano. Nuestro proceso no ha podido ser igual a ninguno.

Ahora bien, la diferencia del proceso cubano y chileno son aún mayores. La forma en que se produce el acceso al poder de los revolucionarios fue completamente diferente. Si vamos a hablar de cosas comunes, debemos decir que hay en común, en primer término, el mismo objetivo, el mismo objetivo social, económico y humano. Si vamos a hablar un poco más, podemos decir que hay la misma concepción filosófica, la misma concepción ideológica, digamos: la misma doctrina política. Las fuerzas fundamentales del proceso chileno son incuestionablemente fuerzas obreras inspiradas en la doctrina política de la clase obrera: el marxismo. En ambos procesos, el papel de los trabajadores es fundamental y decisivo. La forma en que se desenvuelve la lucha, los caminos, los llamados caminos, son los que realmente se diferencian.

Nosotros debemos señalar, además, que en los numerosos pronunciamientos que realizó la Revolución en relación al panorama general de América latina, nosotros siempre veíamos la situación chilena con un carácter diferente, siempre. Incluso nosotros en la Primera y en la Segunda Declaraciones de La Habana decíamos, más o menos textualmente, que allí donde están cerradas todas las puertas constitucionales y legales a las masas, al movimiento obrero, al pueblo; allí donde estén cerradas de par en par las puertas, no queda otro camino que el de la lucha armada revolucionaria. Y en ningún sentido nos podíamos referir o podíamos pensar al caso chileno, e incluso al caso uruguayo, para citar ejemplos que en realidad eran excepcionales y minoritarios.

De manera que nunca hubo contradicción alguna entre las concepciones de la Revolución Cubana y los caminos que seguía el movimiento de izquierda y los partidos obreros en Chile, nunca en nuestro país se impugnó ese camino. Podíamos tener más o menos confianza, honradamente; podíamos tener más o menos fe en las posibilidades. Pero veíamos con toda claridad que en las circunstancias concretas de este país, y con las vías legales abiertas para la lucha, aun en medio de circunstancias en que los oligarcas, los imperialistas y los burgueses tenían en sus manos muchos recursos, recursos monetarios, recursos de medios de comunicación de masas, que eran capaces de montar descomunales campañas políticas, aquellas llamadas campañas de terror que se hicieron, y que nosotros tuvimos una experiencia personal, muy personal.... Y permítasenos que lo recordemos, y esperamos que nadie nos pueda imputar que estamos haciendo una incursión en cuestiones internas, porque la cuestión de la incursión la hicieron en las cuestiones internas de nuestros pi. opios sentimientos y de nuestras propias familias, porque cometieron la canallada de ir a buscar a una chiquilla ignorante, que jamás en su vida fue revolucionaria, que había sido ya virtualmente ganada por las ideas más reaccionarias, recibida como heroína en los Estados Unidos, y la trajeron a este país a título de hermana de los Castro, de los revolucionarios cubanos, a título de hermana de Fidel y de Raúl Castro, para intervenir en los asuntos internos de la política chilena, para hablar contra el movimiento obrero, para hablar contra la Unidad Popular, para influir en el proceso. Y lo hicieron. Intervención en la moral familiar, intervención en la familia, uso ruin y mezquino de los vínculos familiares, para hacer política; uso ruin y mezquino de la ignorancia, uso ruin y mezquino de personas compradas por los imperialistas, más todos los medios habidos y por haber para divulgar y divulgar, distorsionar por un lado y crear las más monstruosas mentiras por el otro.

Con todos esos medios en sus manos, los imperialistas, los oligarcas y los reaccionarios, es incuestionable que se libraba una batalla en el terreno de la libertad y de la opinión pública, donde el movimiento obrero muchas veces estaba desarmado de esos medios. Es decir, nosotros podíamos tener mas o menos confianza, más o menos seguridad, pero jamás impugnábamos. Y sin embargó, cuando vimos meses antes de las elecciones en Chile que se había logrado una acumulación de fuerzas políticas respetable, y teniendo en cuenta además que a pesar de todas las mentiras, y a pesar de todos los medios de divulgación masivos mayoritariamente en manos de la reacción, a pesar de todos los pesares —como se dice en nuestro país— las contradicciones reales, objetivas, la toma de conciencia universal, brindaba la posibilidad de una victoria electoral. Lo vimos, lo comprendimos y lo declaramos públicamente y paladinamente, porque somos revolucionarios, y ser revolucionarios no es ser dogmáticos, ser revolucionarios es ser realistas, ser revolucionarios es partir de las realidades, ser revolucionarios es aprovechar todas y cada una de las oportunidades que puedan presentarse para avanzar y para avanzar honorablemente, para avanzar dignamente, para avanzar en una línea de principios, para avanzar y aproximarse a las metas por las cuales nuestros pueblos luchan y deben luchar. (Aplausos).

Y seguimos con enorme interés las elecciones. Incluso se produce otro acontecimiento: por aquellos días, un 26 de julio, nosotros hicimos una explicación clara de nuestras dificultades y nuestros problemas, y críticas muy duras a nuestros propios errores. Toda aquella forma revolucionaria de enjuiciar los problemas sirvió para que de nuevo y próximas las elecciones se desatara descomunal campaña, al extremo de que a nosotros nos llegó a preocupar aquella situación de que a causa nuestra, actuando con absoluta honra dez, habíamos hecho un análisis de nuestros problemas, si aquello iba a servir para echar leña en el fuego de la reacción; y si acaso por aquel hecho completamente ajeno a los problemas de la política chilena, íbamos a afectar las posibilidades de triunfo electoral del movimiento chileno.

Nuevamente se utilizó a Cuba para las cuestiones internas de Chile; nuevamente se desató descomunal campaña para tratar de influir en los acontecimientos. Fue necesario que nosotros explicáramos, aclaráramos y volviéramos a aclarar, y de alguna manera intentáramos aclarar ante la opinión pública internacional nuestros pronunciamientos del 26 de julio, y tratar de evitar que fuesen usados contra el movimiento popular.

Y nosotros seguimos el día de las elecciones con gran interés el curso de los acontecimientos, y al igual que ustedes seguíamos hora por hora los escrutinios y los pronósticos. Pero sí debo decir que apenas habían transcurrido dos horas, yo empecé por mi cuenta a sacar unos calculitos y tuve la seguridad de que habíamos obtenido el triunfo. (Aplausos). Y en nuestro país se recibió con una gran alegría aquel hecho, se recibió como una gran victoria popular. Este solo he cho ha constituido una singular victoria revolucionaria. ¿Cómo podríamos ver nosotros aquel hecho? ¿Con tristeza, mortificados por que se producía una victoria electoral y sin las armas? Habría que suponernos unos cre tinos completos, unos incapaces, unos estúpidos, unos ruines y unos miserables para suponer en revolucionarios semejante actitud. (Aplausos).

Al contrario: no sólo no teníamos contradicciones, sino que habíamos visto en las condiciones concretas y reales en el momento en que se producían las elecciones una posibilidad; y que estamos en disposición de mirar con júbilo cualquier nueva variante que ge presente. ¡Que vengan todas las nuevas variantes, que si por muchos caminos se llega a Roma, ojalá haya muchos caminos para llegar a la Roma revolucionaria. (Aplausos).

Y tenemos que estar atentos, y hacerse cuando las condiciones objetivas ... Un camino u otro depende de los hombres. Y conste que nadie le ha prohibido a nadie en ninguna parte hacer revoluciones. (Risas). Y que nosotros no tenemos el menor propósito de oponernos a que cualquiera la haga y por los medios que estime pertinentes. (Aplausos). Y las victorias serán saludadas con júbilo.

Ahora, claro, en el momento de la victoria y de la unidad popular, cuántos peligros no había por el medio, cuántos obstáculos. Era una puertecita que se abría, pero una puerta, una brecha, una abertura, un huequito. si quieren ustedes. Yo no sé si aquí se puede decir esa palabra, o si es buena, o si es mala.

(Del público le dicen: es buena).

Pero cuántos peligros no había delante desde el momento de la victoria. Desesperados, los reaccionarios empezaron inmediatamente a conspirar, a planificar macabras conspiraciones. Hicieron todo lo habido y por haber, y si hubieran podido exterminar a los revolucionarios los hubieran exterminado; y si hubieran podido asesinar al Presidente electo lo habrían asesinado; y si Hubieran podido impedir que llegara de alguna manera a la toma de posesión lo habrían impedido.

¿Y acaso no cometieron el monstruoso crimen de eliminar físicamente al Jefe del Ejército chileno? ¿Acaso no planearon aquella macabra acción, todavía no muy clara, de secuestrarlo para hacer exigencias? ¡Calculen qué nivel de irresponsabilidad, las consecuencias que todo eso habría podido tener, la sangre que todo eso habría podido costar!

¿Es que acaso los reaccionarios se detienen en consideraciones de ninguna índole para perseguir sus propósitos? ¿Es que acaso miden la cantidad de sacrificios y de sangre que puede costar al pueblo sus acciones? Secuestraron y asesinaron a un hombre virtualmente desarmado, que va solo con su chofer por una de las calles de la capital. ¿Se puede concebir algo tan grotesco? Peligros y peligros es lógico si ganaban las elecciones, el día en que se ganaron, al otro día, todos los días hasta la llegada al gobierno. Y una vez en el gobierno, miles de peligros.

Sería absurdo concebir que el camino es fácil, sería absurdo concebir que los intereses afectados se van a cruzar de brazos. Eso es absurdo.

Pero no se puede dudar en absoluto que por esa puerta abierta se han dado unos cuantos pasos significativos.

Mi deber es hablar y expresar mis impresiones. No pretendo ni mucho menos, y por favor les ruego que nadie vaya a considerar en ningún sentido infalibles mis opiniones. Empiezo por decir que, al igual que cualesquiera de los humanos, me puedo equivocar una y mil veces; pero lo que veo lo digo con toda franqueza siempre y con toda claridad y sin prejuicios y sin dogmas y sin esquemas y sin posiciones preconcebidas.

Y digo que se han dado importantes pasos y se ven sus efectos por el camino de la Revolución. Nosotros entendemos que la Revolución es un camino, que la Revolución es un proceso. No existen revoluciones hechas, no se hacen revoluciones en un día, no existen ni siquiera revoluciones preconcebidas; porque las revoluciones, que son hijas de las realidades, son hijas de la vida y son hijas de las leyes de la historia, no pueden ser preconcebidas. Las revoluciones, desde luego, aunque sean hijas de las leyes de la historia no se hacen solas, las hacen los hombres. Y los hombres juegan un papel importante en la interpretación y en la aplicación de esas leyes.

Existen también las leyes de la física y de la química, pero sin el hombre no hay química, sin el hombre no hay física, sin el hombre no hay industria mecánica. Es el hombre quien al fin y al cabo aplica las leyes de la física, de la química, de la biología y de todas las demás ciencias.

Y lo mismo pasa con las leyes de la sociedad humana y con la ciencia de la sociedad humana. Son los hombres los que la interpretan y son los hombres los que las aplican; no se hacen solas. Nadie espera que la Revolución se haga sola. A lo largo de este camino la tienen que hacer los hombres.

Pero una Revolución es un proceso, una Revolución es un camino, una Revolución no se adquiere en un supermercado. No existen revoluciones hechas; hay que hacerlas. Y es un camino largo y hay que trabajar en ello todos los días.

Si nosotros dijéramos que tuviéramos una Revolución hecha, seríamos dignos de ser enviados al manicomio. Sí, nosotros los cubanos estamos tratando de hacer una Revolución y mientras más avanzamos más nos damos cuenta de la magnitud de la tarea y de la complejidad de la tarea; pero, a la vez, de lo estimulante de la tarea nosotros estamos todavía haciendo Revolución y creo que vamos a tener que estarla haciendo como 50 ó 100 años. Y creo que Revolución es eterno. Lo único eterno es la Revolución porque las sociedades humanas siempre tendrán que luchar por mejorar y progresar. Y cuando ya las sociedades humanas hayan alcanzado un nivel, será la lucha por la prolongación de la vida, la lucha contra la muerte, la lucha contra las enfermedades, la lucha por los dominios del espacio, del espacio de la tierra, del espacio del exterior y quién sabe. Un día, por revolucionar a la sociedad humana. Y cuando la sociedad humana sea revolucionada, para perfeccionarla; y cuando haya sido perfeccionada, seguir perfeccionando y a la vez revolucionar la naturaleza.

Y para que no se hagan ilusiones, a pesar de todo lo que hagan y por mucho que hagan y por bien que hagan, en el futuro nos estimarán animales prehistóricos. (Aplausos).

Dígame.

X.— Yo quisiera, compañero Fidel, consultarle lo siguiente: Cómo es en Cuba la participación de los trabajadores y los campesinos para lograr realmente el acceso de estos sectores a la Universidad. Y por otra parte, qué significado y si ha tenido algún problema esta la llamada autonomía universitaria.

X.—...

CMDTE. FIDEL CASTRO.— ¿Juntas? ¿Es del mismo tema....? ¿Van ustedes a preferir que yo responda eso a no acumular tres preguntas? ¿O tiene algo que ver con éstas...?

Yo les contesto las otras preguntas. No se impacienten. Yo trataré, incluso, de ser breve. ¿Pero me dejan responder la pregunta anterior....?

Bueno, miren: nosotros realmente nunca llegamos a tener problemas con los estudiantes en el proceso. Y en realidad no creo que ustedes los tengan. He pasado por distintas universidades y he visto en general la disposición de los estudiantes en un sentido revolucionario y de apoyo revolucionario.

Pero bien: en el proceso cubano los estudiantes jugaron un rol, una participación muy activa, a pesar de que nuestra universidad, su composición estudiantil, era en una buena parte de clase media, de clase media y de pequeña burguesía, y que en nuestra universidad realmente no había hijos de obreros.

Pero el proceso de lucha en Cuba había impactado mucho a los estudiantes, y los estudiantes tuvieron siempre una posición de apoyo.

Unido a eso, siempre se mantuvo entre los dirigentes revolucionarios y los estudiantes un gran contacto, y hubo en todo instante una gran participación.

Aquí ustedes, por ejemplo, cuando triunfa la Unidad Popular, ya existía la reforma universitaria, un movimiento fuerte. En Cuba no existía. Una de las primeras cosas de la Revolución fue la reforma universitaria. Pero hay que decir la verdad: hicimos una reforma burguesa, liberal. Es decir, las reformas que necesitaba una universidad dentro de un sistema liberal, y eran las justas aspiraciones de una universidad en aquel momento.

Hoy ya aquella reforma universitaria es anticuada. Hoy nosotros estamos tratando de hacer una revolución universitaria.

Porque los objetivos que perseguía la universidad dentro del antiguo régimen de Cuba, era de una ayuda, protección, darles calidad a los estudios, participación en las investigaciones, facilidades a los profesores, salarios para que pudieran dedicarse a enseñar. Todas esas cuestiones fundamentalmente. Y defendíamos nosotros la autonomía universitaria frente a los intentos de la reacción de apoderarse de las universidades, de reprimir a los estudiantes con motivo de la lucha.

Yo no me recuerdo bien si legalmente existe o no existe autonomía en la Universidad de Cuba. (Risas). Sé que es un problema del cual no oigo hablar hace como 10 años. (Risas). Porque el problema es que a veces nosotros hemos dicho: Bueno, aquí puede ser que se plantee un día la autonomía del Estado cubano frente a la Universidad. (Risas). Porque realmente los estudiantes están metidos en todo, ¡en todo! De manera que son casi dueños del Estado cubano. Se les llama para todo, participan en todos los planes, participan en investigaciones, participan en la defensa del país. Están en todas partes. Y hay una identificación tal entre la juventud y el proceso revolucionario y el Estado revolucionario, que "esas cuestiones no se plantean allí. En todo caso, nosotros estamos planteando ya una nueva fase: la de una revolución universitaria. Esa es nuestra situación.

En Cuba se organizaron las escuelas, inmediatamente, de Facultad Obrera para facilitar el acceso de los estudiantes a la Universidad. Pero bien, con toda franqueza: nosotros no hemos sido modelos de promoción de obreros al estudio universitario. No hemos sido modelos. En eso no hemos obtenido grandes triunfos. Hemos tenido muy buena voluntad, pero no hemos sabido instrumentarlo.

Nuestra fuerza educacional comenzó no en el nivel superior. Empezó en los niveles inferiores, empezó por el primer grado. No se podía enviar a los obreros a las universidades o a los campesinos a las universidades, si en muchos casos no sabían firmar; que tenían que emplear el dedo pulgar con una almohadilla para sacar la cédula electoral. Esa es la realidad. Por eso en una primera fase los objetivos eran la alfabetización, después el seguimiento. En eso sí se hizo un gran esfuerzo.

No fueron despreciables los esfuerzos en tratar de que los obreros hicieran la Facultad Obrera e ingresaran, pero no los niveles que nosotros hubiéramos deseado hacer.

Podemos decir que, por ejemplo, se produjo una contradicción, y la contradicción resultado de esa cosa de los procesos, que en un momento dado nosotros nos encontramos que todos los organismos del Estado. Porque hay que cuidarse de los organismos del Estado, ¿no?, sobre todo cuando ya no hay monopolio, es decir, ya los errores no los cometen los monopolios, los errores los cometen los propios revolucionarios en sus instituciones.

Y uno de los errores es que como había una gran escasez de técnicos, casi todos los organismos económicos iban a la Universidad y desde que estaba en segundo año el estudiante ya lo estaban contratando, ya le estaban dando un empleíto en el organismo tal, en la industria tal. Había en ese momento también una cierta fase en que todavía no había empleo pleno, y si ahora un joven que tenía problemas quería un empleo, se presentaba el organismo y le daba el empleo, lo que hacía es que encarecía los costos, aumentaba la empleomanía y sobre todo cometía una actitud, digamos, sectorialista. Y entendemos que realmente en un país con una economía que se trata de desarrollar armónicamente, que prioriza determinadas actividades, los técnicos deben estar al servicio del país y no ser prácticamente contratados, controlados desde que apenas entran en la Universidad.

Como consecuencia establecimos el principio de que ningún organismo podía contratar estudiantes. Que incluso si usted establece esa prohibición, tiene que establecer otra: todo estudiante que quiera estudiar, que tenga una necesidad familiar que surja por cualquier razón, necesita una ayuda. Pues bien: preferimos ayudar al estudiante, pero que siga estudiando en la Universidad todo el tiempo. Y así surgieron programas amplios de becas en las Universidades.

Bien: esa fue una fase, y fue la causa de esa medida del estudiante de tiempo completo. Pero después la vida mostraba nuevos problemas. Cada vez se necesitaba más técnicos. Pero, sobre todo, lo siguiente: estábamos a nuestro juicio creando un técnico que al no participar en las actividades productivas, estaba convirtiéndose en un intelectual ciento por ciento, es decir, en un trabajador intelectual absolutamente y desconectado de las realidades y de los problemas en concreto. Y eso es malo. Porque no hay que olvidarse que los niveles de nuestra técnica son atrasados, que existe un mundo con grandes tecnologías y tecnologías muy avanzadas y que por lo general muchos de los libros en que se imparten esos conocimientos, y revistas y bibliotecas están saturadas de los libros de la Universidad tal de Estados Unidos, de la Universidad tal de Europa, de Inglaterra, de Alemania, de tal y más cual lugares, de tal máquina, de tal laboratorio, de tal preciosismo, de tales cosas perfectas. Entonces viven en un mundo imaginario, irreal. Y cuando salen de las Universidades y van entonces a enfrentarse a las realidades, descubren las durísimas realidades. Cuando piden, piden el equipo que vieron en la última revista científica, y el laboratorio más perfecto que vieron en el último centro de investigación de Harvard o de Massachussetts, o de California.

Hemos visto esa mentalidad real, del hombre dedicado nada más que a estudiar, y a ver revistas, libros, bibliotecas, textos de todo tipo. Era así. Los inconvenientes de eso son muy grandes.

Pero, además, surgía otro fenómeno concomitante, y eran ciertas ideas evidentes para nosotros, ciertas verdades que pudiéramos llamar evidentes: aspirábamos a la educación universal, a la universalización de los conocimientos primarios, secundarios, técnicos, y de ser posible los universitarios. ¿Por qué? Por una cosa muy obvia y elemental: el mundo del mañana es el mundo de la ciencia y es el mundo de la técnica, y ningún pueblo que no domine la ciencia y la técnica tendrá el más remoto lugar en el mundo del mañana.

Esa es una imposición del desarrollo precisamente de la ciencia, del desarrollo de la humanidad, y de sus recursos y de sus esfuerzos, por enfrentar los problemas materiales del nombre.

Se ha llegado a niveles muy altos. Todas esas técnicas requieren grandes esfuerzos de cultura. Y si nosotros tenemos un hecho muy desfavorable, el más desfavorable de todos no existe precisamente en la circunstancia de que no tenemos suficientes industrias, de que las técnicas de nuestras industrias están atrasadas, etc., etc., no existe en el desarrollo desproporcional, no existe en la falta de industrias para satisfacer las necesidades de la vida moderna. El peor de todos nuestros problemas es el atraso técnico y científico. Es el peor de todos.

Nosotros creemos que el hombre que el día de mañana tenga sexto grado será un analfabeto. Porque como todo es relativo en la vida, el que firmaba con las huellas digitales hace cincuenta años, era mucho más culto que el hombre que esté en sexto grado dentro de otros veinte o treinta años.

Nosotros creemos, además, que un individuo con simple nivel de secundaria básica, será un analfabeto. Y nosotros creemos que ya podrá llamarse un hombre alfabetizado quien tenga un nivel no inferior al preuniversitario dentro de treinta o cuarenta años.

Nosotros hemos planteado incluso como tesis la aspiración a la universalización de la enseñanza universitaria por las distintas vías. Hemos planteado la tesis de que un día todas las fábricas sean universidades, y que todas las masas de las nuevas generaciones con su enseñanza primaria, secundaria y tecnológica, una vez en los centros de trabajo, estén realizando estudios superiores.

ya nosotros tenemos legiones enteras de técnicos de nivel medio en la producción y por estudios dirigidos han estado cursando estudios superiores.

Nosotros tenemos, por ejemplo en la industria cañera, les puedo decir que hay unos mil y tantos técnicos de nivel medio trabajando en la industria cañera, mediante un sistema en que tan pronto se graduaron en el Instituto Tecnológico, fueron a los cañaverales, a los campos en el interior del país a trabajar como técnicos y siguieron los estudios superiores. Más del ochenta por ciento han seguido los estudios superiores, y ya se han graduado los primeros contingentes.

Recientemente ustedes vieron cómo en un congreso de caña azucarera en Louisiana trataron de impedir que fueran los técnicos cubanos. De todas maneras los técnicos cubanos fueron. Subieron a un avión y aterrizaron en Louisiana. No los dejaron ir al congreso. No. Pero expresaron en forma más elocuente su protesta y defendieron su derecho. Se supo en el mundo que había un congreso de caña azucarera por la cuestión relacionada con la presencia de los técnicos cubanos en Nueva Orleans.

Bien. Algunos de esos técnicos eran alumnos que estudiaron en los tecnológicos y se graduaron después en la Universidad.

Voy a decir algo más: un eminente técnico nuestro hace trece años era zapatero. Zapatero no: era limpiabotas, ¡limpiabotas! Y hoy es genetista de caña, considerado y respetado por los técnicos en nuestro país. Y hay más de uno ya.

Esos jóvenes se fueron allá a los cañaverales, a los lugares pobres en que tenían que enfrentarse a los distintos problemas, los problemas de la maquinaria, los problemas de la fuerza de trabajo, los problemas de la vivienda, todos los problemas a que un país en las condiciones nuestras se tiene que enfrentar. Conocían las realidades de la vida y ahí se enfrentaron con el surco, se enfrentaron con todas las cuestiones técnicas. Siguieron estudiando con gran esfuerzo, se les dieron facilidades, cursos dirigidos; iban a las Universidades, cursillos, exámenes. Y estoy completamente seguro de que van a ser los mejores ingenieros agrónomos que haya tenido jamás nuestra patria.

De la misma manera, tenemos técnicos de nivel medio en ganadería, en que estamos haciendo lo mismo.

Todas estas experiencias nos conducen a la idea de que nosotros, para universalizar la enseñanza, tenemos que universalizar el trabajo.

Nuestro país, dentro de diez años, tendrá más de medio millón de estudiantes de secundaria básica. ¿Cómo podría nuestro país mantener con un nivel elevado de educación medio millón de estudiantes si nuestro país, que es un país pobre, no ideara la forma de hacer que ese medio millón de jóvenes participe en la producción de los bienes materiales?

Son dos cosas que tienen que ir indisolublemente unidas. De lo contrario, usted tendría que excluir de los conocimientos técnicos al 80 por ciento de la población, puesto que nuestros países son demasiado pobres para darle educación tecnológica al ciento por ciento de los jóvenes del país. Y sería un crimen indigno de una Revolución que aspira a establecer una comunidad humana más justa, una comunidad humana superior, condenar al analfabetismo al 80 por ciento de los jóvenes. ¿Qué clase de porvenir les estaríamos ofreciendo?

Y la pobreza no era suficiente razón. Había que buscar una fórmula social, y la fórmula social era la combinación del estudio con el trabajo. He ahí el fundamento de orden económico y de orden social. Pero, además, hay un fundamento de orden pedagógico: no hay forma de educación superior a la de aquella que combine el trabajo con el estudio, el ejemplo de estos técnicos de nivel medio que están haciendo estudios superiores y a la vez trabajan. Esos ni siquiera van a la Universidad, ni siquiera van a la Universidad. Todavía en la enseñanza media y en la enseñanza secundaria están trabajando determinado número de horas. Pero es que ahora ya nosotros en nuestras Universidades vamos a introducir una nueva, ya rápidamente de esas mismas ideas, y estamos reuniendo los recursos y los elementos con vistas a ya en el próximo año incorporar estudiantes de Arquitectura, Ingeniería y de todas las materias universitarias al trabajo, siguiendo un principio: convertir a todos los estudiantes en trabajadores y convertir el máximo de obreros en estudiantes.

Teníamos otro problema, una contradicción que quise enunciar anteriormente, una de las que había surgido con la cuestión del tiempo completo, cuando nosotros decidimos que no se contrataran estudiantes y que si un estudiante tenía una necesidad económica se le ayudaba.

¿Pero qué ocurre después? Cuando los obreros que habían hecho los cursos en las Facultades Obreras ingresaban en la Universidad se les aplicó mecánicamente el principio: desde el momento que esté en la Universidad, a estudiar tiempo completo. Resultado: las fábricas aprecian a sus obreros; y sobre todo, aprecian a sus mejores y más avanzados obreros. ¿Y qué ocurría cuando una fábrica mandaba un obrero a la Universidad? Lo perdía como obrero. Y posiblemente sus mejores y más avanzados obreros.

¿Y qué ocurría cuando una fábrica mandaba un obrero a la Universidad? Lo perdía como obrero. Y posiblemente no lo recibiera después como técnico, puesto que las necesidades del país lo podían reclamar en otro lado. Y se desarrolló una contradicción entre el interés del país en promover el estudio de los obreros, y el interés de las fábricas en no perder a sus mejores obreros.

Entonces, esa es otra de las cosas que hemos planeado: que los obreros no dejen de ser obreros para ir a la Universidad; que trabajen una sesión y se les dé todas las facilidades para que vayan a estudiar por la tarde o por la noche.

Y fue precisamente con motivo de estas realidades que estamos acelerando el concepto: obreros que pasan a la Universidad sin dejar de ser obreros, trabajando una sesión, y a la vez incorporación de los estudiantes de la Universidad a las fábricas, sin dejar de ser estudiantes, trabajando una sesión.

De más está decirles que nuestros estudiantes saben lo que es la participación en los servicios al país de distinto tipo. Los estudiantes nuestros en cada uno de los momentos de crisis formaban parte de las unidades combatientes del país, invirtieron energías en la preparación combativa. Los estudiantes universitarios nuestros han participado en la zafra y en cuantas tareas se les han pedido. Pero muchas veces no era sistemáticamente, sino tantos meses al año, tantas semanas. Miles de nuestros estudiantes se van a realizar trabajos de desarrollo, trabajos voluntarios los sábados, domingos. Hay un magnífico movimiento.

Al explicar esto no quiero decir que los estudiantes sean alérgicos al trabajo o hayan estado rehuyendo eso, no. Estoy hablando de la concepción mediante la cual nosotros queremos sistematizar el concepto de que los estudiantes participen diariamente en las tareas productivas.

De más está decirles que nuestros estudiantes de medicina, desde que apenas ingresan en la carrera de medicina, empiezan a trabajar ya en los hospitales. Y que eso tiene que ver mucho con la magnífica calidad de los médicos que se están graduando en Cuba.

De manera que nosotros estamos desarrollando ya lo que pudiera concebirse como una revolución educacional.

Pero les decíamos que no éramos modelos en eso de haber podido darle un gran auge, un auge suficientemente alto al estudio universitario de los obreros, porque —como les decía— se nos presentó esa contradicción por la cuestión del tiempo completo; contradicción que estamos superando y que, a nuestro juicio, nos va a ayudar a dar grandes pasos próximamente en este terreno.

De modo que esa es nuestra situación actual. Con relación a los estudiantes universitarios, ha habido una gran variación en la composición y, desde luego, si la primera generación de estudiantes después del triunfo de la Revolución estuvo adherida a la Revolución por un problema de toma de conciencia patriótica y de toma de conciencia revolucionaria, a pesar de su origen de clases, actualmente ya el origen social de la masa universitaria es lógicamente un origen social de trabajadores.

PREGUNTA.— Yo quería hacerle una pregunta que tiene relación con el rol de los sindicatos en el actual proceso. Me gustaría saber, teniendo presente la diferencia entre la Revolución Cubana y el proceso que actualmente vive Chile, cuál cree el compañero Fidel Castro —que tan bien conoce nuestra realidad— que debiera ser el papel de los sindicatos en nuestra patria. Y además quisiera hacer otra pregunta que se juntaría con esta, que es relacionada con los problemas de la producción. Teniendo presente que en Chile existe un gran sector de propiedad privada, que obtiene plusvalía del aumento de esa producción, ¿cuál cree el compañero Fidel Castro que debe ser la labor de los trabajadores chilenos frente a esta realidad?

PREGUNTA— Una pregunta.

CMDTE. FIDEL CASTRO.— ¿Frente o junto a la misma pregunta?

PREGUNTA.— Junta. ¿Qué impresión se lleva de Chile, frente a la revolución nuestra....? (Inaudible).

CMDTE. FIDEL CASTRO.— Bueno, no es la misma pregunta; es una pregunta paralela o frente, como dijo usted, a la otra.

Miren: la pregunta que ha hecho el compañero es una pregunta interesante e incluso peliaguda.

El hablaba, desde luego, del papel del hombre.

Relacionado con lo mismo. , El compañero planteaba sobre la tarea principal de los trabajadores. Más adelante hablaba de los dirigentes sindicales. Yo quisiera preguntarle las experiencias a Fidel de los dirigentes sindicales en este proceso que Cuba vivió, considerando, naturalmente, las diferencias que tiene con el proceso chileno. Yo creo que tienen relación las dos.

— Compañero Fidel, sobre la misma... (Risas).

CMDTE. FIDEL CASTRO.— Miren, sobre lo mismo permítanme decir algo. (Aplausos).

Sobre nuestro proceso en los primeros momentos ustedes me permiten decir lo siguiente: cuando se produce el golpe de Estado del 10 de marzo, y aún anteriormente, en el año 1944, se inicia en Cuba un proceso de represión en el movimiento obrero, y de persecución de los comunistas. Es un proceso de asesinato de numerosos líderes comunistas, un proceso de asalto a los sindicatos, de imposición de dirigentes patronales y de pandilleros gubernamentales, aun antes de Batista.

Claro, todo eso tuvo su buen precio, ¿no? les dieron una patada una mañana a los gobiernos aquellos y los botaron a toditos sin excepción, sin excluir a nadie. A todos los quitaron: Poder Ejecutivo, Parlamento, Poder Judicial. Todo fue abajo, de una patada, de una patada la madrugada del 10 de marzo de 1952: el golpe de Estado de Batista. Que hayan mantenido toda su influencia prácticamente, las Fuerzas Armadas; Fuerzas Armadas que habían sido hechura suya cuando el movimiento del 4 de septiembre frente a otra crisis anterior que había tenido el país.

La historia es larga: el machadato; la intervención americana, que fue una forma de intervención sin desembarco de marinos —que no hacía falta, porque el Embajador con los barcos afuera, no tenia que desembarcar los marinos para resolver los problemas, sino simplemente los exhibía—; entonces una mediación, un gobierno. Se había creado una gran efervescencia popular frente a aquella situación de crisis, una serie de demandas en el seno del ejército, de las clases y soldados, y se produce el movimiento del 4 de septiembre de 1933. Aquel movimiento se conecta con el movimiento revolucionario en general, y surge incluso como un movimiento revolucionario en su primera fase.

Claro que al poco tiempo el señor Batista y su grupo fue inmediatamente alquilado, virtualmente, por el Embajador americano, que le parecía el procedimiento más sencillo, más expeditivo, más económico de resolver los problemas frente a un gobierno de tipo nacionalista que empezó a realizar toda una serie de leyes que eran demanda del país en aquel momento. Al fin y al cabo Batista terminó echando aquel gobierno nacionalista, y mantuvo su hegemonía a través del control del ejército y de la policía y demás institutos armados.

Su política fue una política de prebenda, de privilegio, de corrupción completa. Constituido en caudillo militar, mantuvo de esta forma su hegemonía.

Hay que conocer la historia de nuestro país para saber lo que significó en Cuba la intervención norteamericana: el derecho de intervención establecido en nuestra Constitución, que le quitó toda personalidad al país y toda personalidad a sus instituciones civiles y a sus instituciones militares, porque en realidad no tenían ningún papel sino esperar que los barcos americanos desembarcaran en el momento en que consideraban que había alguna perturbación del orden.

No hubo ningún desarrollo institucional en nuestro país. Nosotros queremos que ustedes tengan en cuenta esta circunstancia para que sepan conocer lo de Cuba.

Después, en el año 1944, por fin el señor Batista, un poco cansado, bastante enriquecido —por aquella época tenía unos 50 millones de dólares robados—, junto a él había otras cuantas decenas de millonarios; concluida la Guerra Mundial, Batista se había beneficiado en cierto momento de los frentes que se hicieron antifascistas en el mundo. Ustedes recordarán aquella fase en que hay amplios frentes en la lucha contra el fascismo. Y lógicamente, ese frente, que se caracterizó por la alianza de Inglaterra, Francia, EE.UU., URSS y otros países en la guerra antifascista, toda esa circunstancia lo benefició para aparecer en cierto momento como parte de ese frente amplio.

Y por fin en 1944 se produce una elección. La pierde y se marcha. Vienen los llamados gobiernos auténticos, que fue una de las más grandes frustraciones que vivió nuestro país, no porque en nuestro país hubiera una izquierda amplia, una conciencia como la que hay en Chile; esa no era la situación de nuestro país. En nuestro país todavía el desarrollo político estaba incomparablemente por debajo del desarrollo político de Chile en esta década, por ejemplo, o en esos tiempos.

Entonces aquellos gobiernos auténticos se caracterizaron por el fraude, el robo, la corrupción más completa. Todo eso facilitó el camino del regreso a Batista, que el 10 de marzo, enfrentado a unas elecciones en que iba inexorablemente a ser derrotado. Se presenta un día en el cuartel de Columbia y con la confabulación de viejos amigos, que tenía de las épocas pasadas, toma los mandos militares y da el Golpe de Estado del 10 de marzo. Le resultó fácil echar por la borda aquellos gobiernos. Aquellos gobiernos donde el movimiento obrero había sido destituido, asaltados los sindicatos y sitiados por bandidos y pandilleros de todo tipo. Esa fue la situación. No hubo virtualmente resistencia. Los partidos políticos fueron incapaces de resistir. El movimiento obrero se pasó... no el movimiento obrero, sino todos aquellos pandilleros que estaban al frente del movimiento obrero, parlamentaron ese mismo día con Batista y se pusieron a las órdenes de Batista.

Eso fue el 10 de marzo de 1952.

Los estudiantes hicieron resistencia, a pesar de que, señores, nuestro estudiantado no era antimperialista. Para que ustedes tengan una idea del atraso en que había caído nuestro país como consecuencia del macarthismo y de la influencia ideológica de los Estados Unidos, en la universidad, de 15 mil estudiantes había 30 estudiantes antiimperialistas. No digo treinta estudiantes comunistas sino treinta estudiantes antimperialistas.

De manera que durante todo el proceso que fue la tiranía batistiana, desde 1952 hasta el primero de enero de 1959, el movimiento obrero estaba controlado —el movimiento obrero oficial, había, naturalmente, el movimiento obrero clandestino de los comunistas y de los distintos luchadores revolucionarios—, la dirección oficial de los sindicatos estaba en manos de todos aquellos viejos pandilleros que se habían pasado con armas y bagaje a Batista, más algunos nuevos, de su propia cosecha. ¿Está claro? de forma tal que cuando triunfa la Revolución, el primero de enero, no había ni siquiera movimiento obrero organizado ninguno. Y un movimiento obrero no se improvisa, ¡un movimiento obrero no se improvisa!

Entonces, ¿qué ocurre en Cuba si hay que improvisar todo? Y en medio de una situación de luchas ideológicas, en medio de una sitúa clon de existencia de numerosas organizaciones y corrientes dentro de las distintas organizaciones. De manera que en la primera fase, en nuestro movimiento obrero hay luchas ideológicas, hay fracciones, hay distintas organizaciones y corrientes dentro de las distintas organizaciones. Sobre todo hay un intento de desarrollo de corrientes reaccionarias y anticomunistas. Se promovieron ese tipo de problemas en nuestro país.

De manera que nosotros, al triunfar la Revolución, no contábamos, desde el punto de vista de dirigencia y de cuadros, con un movimiento obrero veterano, concientizado, no lo teníamos.

Y así transcurrieron los primeros años del proceso revolucionario, mientras se fue desarrollando la unificación de las fuerzas revolucionarias y la victoria ideológica del proceso revolucionario cubano.

De manera que ustedes tienen una situación en ese sentido absolutamente distinta, un movimiento obrero organizado, un movimiento obrero que tiene cuadros y luchadores desde hace muchos años, una conciencia política, una participación importantísima en el proceso. De manera que ustedes cuentan en esta fase con una fuerza que nosotros no contábamos. Nosotros contábamos con el apoyo de los obreros y los campesinos, amplísimo apoyo, pero no teníamos lo que pudiéramos decir un movimiento obrero veterano, organizado y concientizado. Esa es la realidad. Ventaja extraordinaria que ustedes tienen en estos momentos. Hay una incuestionable diferencia.

Hemos ido haciendo el movimiento obrero, pero el movimiento obrero en todos esos años no llegó a alcanzar nunca la fuerza del movimiento obrero y sindical de ustedes. Hubo incluso determinadas fases —y eso se señaló públicamente— en que el proceso revolucionario cubano comete, no conscientemente, sino resultado de otras tareas y otras luchas ... Porque, como les decíamos, que en esa fase lo principal, fundamental del país era defenderse, y los obreros en todas las fábricas y en todas partes estaban jugando un rol importantísimo en la defensa del país; muchas energías de los obreros se invirtieron constituyendo unidades de combate para la defensa del país. El acento fundamental se puso no en lo económico, no en el rol económico del sindicato, es decir, en el sentido de las tareas productivas, sino que en toda esa fase el rol fundamental se desvió hacia la defensa del país frente a la amenaza exterior.

En un período ulterior, y por otras razones, hubo descuido de las organizaciones de masa. Que nosotros tenemos potentes organizaciones de masa, pero hubo cierta desatención por parte del Partido al movimiento obrero, y por cierto que tuvimos la oportunidad de observar las consecuencias negativas de eso.

De manera que nosotros entonces, tan pronto tomamos conciencia de ese problema, iniciamos un esfuerzo de fortalecimiento del movimiento obrero, y nosotros hoy le damos una atención máxima al movimiento obrero y al desarrollo del movimiento obrero, ¡máxima! Y se está constituyendo en nuestro país, al fin y al cabo de estos años, un movimiento obrero profundo, amplio, democrático, de una potencia tremenda y que va a jugar un papel importantísimo en el futuro ulterior de la Revolución.

Pero nosotros no tuvimos nada que se pueda comparar al movimiento obrero que ustedes tienen. Y nosotros hemos visto incluso con júbilo, con alegría, cómo se manifiesta el movimiento obrero en los lugares que hemos visitado.

De más está decirles —claro— que no en todos los lugares existe el mismo desarrollo. Pero hemos visto incluso los primeros esfuerzos de ustedes por hacer participar a los trabajadores orgánicamente en la dirección de las empresas y de las fábricas. Y nosotros que no tuvimos en una primera fase oportunidad de desarrollar eso por las razones que hemos explicado —defensa del país, falta de un movimiento obrero—, les podemos decir que sigan por ese camino, ¡sigan por ese camino!

Nosotros creemos que lo más extraordinario que se puede hacer es establecer la participación orgánica de los trabajadores en la dirección de los procesos productivos, tal como se están haciendo ya los primeros esfuerzos en muchos lugares.

Esto no significa ausencia de administración, ausencia de la representación del Estado. Porque, ¿cómo hemos planteado nosotros este problema? Tiene que haber un representante de todo el pueblo. Es decir, alguien que allí represente no el colectivo de la fábrica: tiene que haber alguien que represente a todo el pueblo, que esté interesado en esa fábrica y que tiene determinadas funciones y determinadas tareas. Es lo que se pudiera considerar el administrador.

Pero en los organismos de dirección y en los organismos que toman direcciones, mientras más amplia sea la participación del colectivo de trabajadores de esa fábrica, mejor. Lo creemos y estamos seguros que eso a ustedes les dará grandes frutos. Y nos alegramos de que ustedes puedan ir incluso por delante de nosotros en eso y que incluso ustedes puedan enseñarnos a nosotros en eso y puedan darnos a nosotros lecciones de eso.

Tengan la seguridad que nosotros no les vamos a pedir permiso a ustedes para copiar cualquier cosa que veamos que están haciendo mejor que nosotros. (Aplausos).

Tendrán necesariamente que mantenerse determinadas contradicciones. Y eso no excluye la organización obrera, que tiene sus funciones específicas. Nosotros decimos: nuestro Partido representa dentro del colectivo a los comunistas; no representa a todos los obreros. Es el único de vanguardia, orienta, dirige, apoya. Quien representa a todos los obreros es el Sindicato; es decir, quien representa a la comunidad obrera que trabaja en aquel centro. Entonces, la creación de los organismos de dirección con la participación en las decisiones no es lo mismo que el Sindicato; no vaya a confundirse. Y sería malo que se confundiera. Tienen tareas distintas.

Pero nosotros sí creemos en un principio; de la misma manera en que se elige democráticamente —y es la única forma de hacerlo— a los representantes de obreros en esos centros, es necesario a la vez saberles exigir. ¿Y saben ustedes qué entendemos nosotros por saber exigir? Saber exigir disciplina, exigirles que exijan disciplina al colectivo, exigirles que defiendan los intereses de la producción; de manera que el proceso electivo no se convierta ni mucho menos en lo contrario: en la debilidad, en la tolerancia, en la falta de exigencia.

Pero nosotros creemos muy bien lo que estamos viendo, los esfuerzos que se están haciendo por elegir los comités de producción y la participación de los obreros. No me resto a decir si es lo óptimo. No sé si será lo mejor, si hay otra forma mejor. Pero digo que es un magnífico camino. Y como principio esencial estamos seguros que va a fortalecer al movimiento obrero en las industrias nacionalizadas, y que va a ayudar extraordinariamente en las funciones que tienen que desempeñar esos centros.

Ahora, aquí plantearon el otro problema que yo digo que es peliagudo: el problema de gran número de obreros que trabajan en industrias que son privadas.

Te digo que ese es un problema peliagudo, complejo, difícil; es un problema de meditar muy bien, y que vemos en función de todo el conjunto de la situación.

Nosotros creemos que en un proceso revolucionario ninguna cosa se puede ver aisladamente. Cada problema hay que verlo en función del proceso global. Pero sí les puedo decir a ustedes que nosotros vivimos una experiencia tremenda al principio de la Revolución. ¡Tremenda!

Nuestra industria principal es la azucarera. En el país había un gran desempleo en la industria azucarera. Nada más que trabajaban tres turnos. Se presentó con motivo de un congreso de los obreros de la industria azucarera la demanda de cuatro turnos. Que aunque todos nosotros éramos muy ignorantes en los problemas económicos, a pesar de que nos creíamos que sabíamos algo, una cosa es lo que los revolucionarios suelen creer que saben y otra cosa es lo que realmente saben. (Risas y aplausos).

Entonces nosotros tenemos una idea bien clara de que los problemas del empleo teníamos que resolverlos incrementando la producción, incrementando las riquezas. Nosotros teníamos una cosa bien clara: y es que no podíamos resolver el problema del desempleo repartiendo el empleo que había, ¡repartiendo el empleo que había y trabajando menos!

Para mí era muy claro. Pero les puedo decir que aquella asamblea, poseída de un entusiasmo extraordinario, llena de fervor y de adhesión a la Revolución, absolutamente confundida, había llevado la consigna de los cuatro turnos. Y eran los representantes de la industria azucarera, de los cientos y tantos mil obreros, la industria fundamental del país. Había como tres mil delegados. Y a nosotros nos invitaron a aquella asamblea, y en qué circunstancia: en que todos los centrales eran todavía propiedad privada. Todos. Y buena parte de ellos propiedad de empresas yanquis.

Y estando nosotros allí, pocos minutos antes de hablar, se elevaron algunos dirigentes y ratificaron la demanda, el planteamiento y parecía que aquel teatro se venía abajo. Tal era la unanimidad, el estruendo de los aplausos en apoyo a los cuatro turnos.

En aquellas circunstancias me tocó la desagradabilísima tarea, a pesar de la situación que me dejaban con aquella agitación antes de empezar a hablar, y sin embargo yo tenía el convencimiento absoluto de que aquello era un enorme disparate. Fíjense bien: un enorme disparate. Porque nosotros en aquella época... Y muy al principio, todavía no estaba ni la ley agraria dictada. Nosotros estábamos si acaso, todavía en aquella época, tratando de fortalecer un poquito la Revolución, adquirir algunas armas, viendo ya lo que venía. Y estudiando las leyes agrarias y todas las cosas.

Y claro, en todo el pueblo, nadie tenía la menor duda de cuáles eran las posiciones del Gobierno Revolucionario. Nadie tenía la menor duda.

Pero era muy al principio. La zafra estaba parada. En el Banco Nacional habían quedado 70 millones de dólares y grandes deudas. Como ustedes ven, un poquito peor que ustedes (Risas).

Y el azúcar no es el cobre, que por lo menos en las regiones del norte se puede sacar todo el año, sin que caiga una gota de lluvia. No llueve nunca. Y la zafra hay que hacerla en un período determinado.

Y nosotros nos quedábamos sin divisas, aunque fueran las pocas que nos dejaran por que una parte se la llevaban los dueños de los centrales y toda aquella gente.

Señores, nosotros teníamos que pararnos allí sin poder decir que íbamos a nacionalizar aquellos centrales azucareros, porque sepan que no se podía ni decir eso.

Si nosotros hubiéramos cometido el error de decir: "no se apuren, que todos estos centrales en tal fecha y mas cual van a ser nacionalizados por una ley revolucionaria", aquello habría sido muy cómodo. El problema era cómo convencer a aquella enorme masa sin poder hablar de nacionalización de centrales azucareros.

Por ahí anda el discurso. (Risas). Es un bello modelo de las buenas intenciones, de las ideas todavía en el campo económico de aquella época; y algunas me sorprenden, y no por lo malas. En realidad me sorprenden. No me explico ni yo mismo cómo entonces podía comprender algunos de estos problemas (risas), cómo por lo menos algunos los veía tan claros. La argumentación todavía es deficiente, desde luego, es deficiente; pero algunos de los problemas esenciales por suerte los entendía.

Y hay otra cosa que tienen que tener los revolucionarios a mi juicio, que cuando creen algo tienen que decirlo a cualquier precio y no pueden entrar en contemporizaciones y no pueden andar con debilidades. Y si se es honrado, tengan la seguridad de que la masa responde (aplausos); si se es honrado, si se es honesto, tengan la seguridad.

Y nosotros les argumentamos a los obreros los problemas de divisas: las que quedaban, las que teníamos, las que recibíamos por concepto de la caña, las consecuencias de la parálisis —había huelga, todo estaba parado—; la cuestión de que incluso, aun cuando aquellas industrias eran privadas, ya todas esas ganancias, a través del Banco Nacional, las iba a manejar el país —fíjense, sin hablar de nacionalización—; que aquellos ingresos iban a ser del país e iban a ser para el desarrollo del país; que no se pensaba en términos de que el simple cuarto turno iba simplemente a ir contra los intereses de los propietarios aquellos, sino que iba contra los intereses del país y las posibilidades futuras del país y del desarrollo del país. Y sobre todo, el principio de que el desempleo en Cuba no se podía resolver repartiendo el empleo que había antes y trabajando menos.

Algunas de aquellas ideas muy claras. ¡Qué fácil hubiera sido decirles: "No, tengan calma, no se impacienten, que todos estos centrales van a pasar a poder del pueblo"! Y aun en aquellas condiciones y en aquellas circunstancias, fue necesario argumentar y se argumentó largamente. Y yo quiero que ustedes sepan que nuestros trabajadores dieron un apoyo unánime a los planteamientos, y se abandonó la consigna de los cuatro turnos. Pero creo que ese es un episodio muy interesante de la vida de nuestro país.

Por eso, nosotros teníamos que ver aquel problema, la industria principal, en el contexto de la situación estratégica general. Y sí les digo que la estrategia no se puede sacrificar nunca a la táctica, la estrategia no se puede subordinar nunca a la táctica. La táctica tiene que ser subordinada a la estrategia. Y los problemas casuísticos tienen que ser resueltos en función de la situación de conjunto.

Ese es un criterio, nosotros creemos que elemental de todo proceso político. Y en aquellas especialísimas condiciones nosotros hicimos eso.

Pero ya que les he hecho la historia, permítanme decirles la otra historia, ¿no?, y es la batalla que dimos nosotros al principio por que no hubiera un cuarto turno, y cómo después, a lo largo del proceso, y con todos los problemas, empezaron a aumentar los obreros, uno a uno, uno por acá, otro por allá, y cuando vinimos a ver teníamos como 20 ó 25 mil obreros más en los centrales azucareros. Quiere decir que lo que un día nosotros, muy al principio, evitamos por una vía, no entró por la puerta, entró por la ventana. Pero la culpa no era de los obreros, la culpa era de nuestros organismos administrativos, la culpa fue de los administradores.

Por eso, no se olviden, cuando ustedes logren superar las dificultades que puedan tener en el campo obrero, estén muy atentos para las que les van a, surgir en el campo del propio aparato administrativo creado por los obreros. Porque, en definitiva, también entiendan que muchos de nuestros sabios, algunos de ellos no eran de origen obrero, pero he visto muchas veces un magnífico obrero, un obrero de vanguardia: sale de una tarea, se le da una responsabilidad, y cómo puede caer en vicios burocráticos.

Por eso la importancia que tiene la presencia y la participación tanto de la masa en las cuestiones de la dirección de los centros de producción. Creo que es el único antídoto posible contra el virus del burocratismo. Pero sí les digo que nuestro aparato administrativo al cabo de los años anuló aquel noble esfuerzo por no elevar los costos de la producción azucarera. Y estamos racionalizando ahora. Ahora estamos haciendo un gran esfuerzo para superar todos esos problemas que a nosotros se nos crearon.

Pero, claro, nosotros entendemos que aquello fue una gran batalla ideológica. Porque le decimos al obrero: quienes tenemos que cuidar esto somos nosotros. Este proceso, esta revolución tenemos que cuidarla nosotros. No esperemos a que nos la cuiden los oligarcas y los terratenientes.

Por eso uno de los problemas más difíciles que ustedes van a tenes es la casuística diaria frente a esas contradicciones existentes.

Yo les cito un ejemplo. Puede haber miles de casos. No creo que ninguno de esos miles de casos sea aquél. Me imagino que habrá muchos de ellos en que tendrán que buscarle soluciones, en que se planteen cosas de elemental justicia, en que sea imposible pedirle al obrero sacrificios. Me imagino que habrá muchos. Pero sí como cuestión estratégica fundamental les digo que quienes tienen que cuidar, la criatura son los obreros, es la clase obrera quien tiene que cuidar la criatura, porque nadie más la va a cuidar. Quien la tiene que amamantar, cuidar, protegerla, evitar que se la enfermen, que se la contaminen y que se la maten, Porque la Revolución es hija de la clase obrera, y la clase obrera tiene que cuidar de sus hijos. (Aplausos). Y los buenos padres son los que se sacrifican por los hijos, los buenos padres son los que se sacrifican por los hijos, y se privan hoy de esto y lo otro. Es para salvar la criatura, para defender la criatura, para fortalecer la criatura.

Y realmente con ese criterio hay que verlo y dentro de la situación global.

Y les digo que un proceso de revolución es muy complejo, es muy difícil, y no hay nada que pueda ser analizado fuera del conjunto: ni la casuística de la situación de un obrero en una empresa privada, ni este problema aislado del conjunto de las demás medidas que la clase obrera tome.

Es decir que una Revolución no se hace sólo con resolver bien este problema, este otro. Yo creo que deben ser resueltos muchos problemas y que el camino no es fácil; que el camino es difícil.

Si uno quiere tener un principio de prioridad es que esa criatura, que es hija de la clase obrera, es la clase obrera quien tiene que cuidarla, quien tiene que defenderla; es la clase obrera, vanguardia de la sociedad, quien tiene fuerzas para criarla y defenderla, es la clase obrera quien tiene reservas de potencias morales, quien tiene reservas de potencias revolucionarias, es la clase obrera unida, ¡la clase obrera unida! La fuerza de la clase obrera está en la unión. Y desde luego, la fuerza del proceso de Chile está en la unión no sólo de la clase obrera —la clase obrera tiene que dar el ejemplo—, en la unión del máximo de fuerzas. La clase obrera tiene que luchar por aglutinar el máximo de fuerzas dentro de un proceso político.

Y esa fue una línea que nosotros seguimos. En Cuba había gente que despreciaba a éste y le daba una patada: allá te va. Veían la Revolución fuerte: bota a este por aquí, maltrata a este por allá. Y los principios que nosotros sustentamos: hay que fortalecerla, hay que unir, hay que ganar, hay que su mar.

Se fortalece un proceso, se fortalece con la suma en pos de un programa, en pos de objetivos y en pos de metas muy claras.

Hay que tener bien claros los objetivos de la clase obrera, bien claros los objetivos; eso es lo esencial. Entonces esos objetivos y a la estrategia para lograr los objetivos se sobrepone a lo demás.

Y para lograr esos objetivos la clase obrera tiene que unir el máximo de fuerzas de las demás clases sociales, y en primer lugar los campesinos, los estudiantes, los trabajadores intelectuales, la pequeña burguesía. Nosotros creemos que la alianza de clases debe ser lo más amplia posible. Eso, naturalmente, lo determinan las condiciones concretas.

Pero fíjense en los vietnamitas. No hay en este mundo pueblo que haya luchado más que los vietnamitas. No hay en este mundo pueblo más heroico que el de los vietnamitas. Pero vean los programas del Frente Nacional de Liberación de Vietnam del Sur, y verán un programa amplio. Porque ven bien claro cuál es el objetivo principal, ven bien claro cuál es el enemigo principal, y dicen: ¡el enemigo principal es el imperialismo, ahí lo tienen! ¡Y qué amplio frente hacen!

¿Y a qué se debe el éxito fenomenal de la vanguardia revolucionaria del pueblo de Vietnam? A su correcta estrategia, a sus sabias concepciones, a su capacidad de unir las más amplias fuerzas frente al enemigo principal.

Y les digo con toda responsabilidad: en nuestro concepto, el enemigo principal es el imperialismo tanto en Vietnam como en Cuba, como en cualquier otro lugar de América latina, ¡el enemigo principal es el imperialismo tanto en Vietnam, como en Cuba, como en cualquier otro lugar de América latina! El ene migo fundamental es el imperialismo. Tengan la seguridad de que reaccionarios, oligarcas, fascistas y todos los elementos de esa laya, sin el apoyo del imperialismo no son nada; los aplastan en 24 horas los pueblos. Pero es el imperialismo quien los alienta y quien los sostiene. Se los digo por experiencia de nuestra propia patria.

Y les digo que, de veras, tanto en Cuba como en Vietnam, como en cualquier otro lugar de América latina, el enemigo principal ha sido, es y seguirá siendo el imperialismo. Pero la estrategia revolucionaria, sin duda de ninguna clase, debe subordinar la táctica a la consecución de ese objetivo fundamental que es la liberación de nuestros pueblos de América latina del dominio imperialista. (Aplausos).

Y creemos que es muy importante que los trabajadores de nuestros países tengan bien claras esas ideas, ¡bien claras! Frente amplio en la lucha contra el enemigo principal. Pensar en el ejemplo más relevante, en el ejemplo supremo de la época contemporánea: los vietnamitas, su estrategia, sus tácticas, su capacidad de unir, su sabiduría de saber subordinar la táctica a la estrategia, de saber aglutinar y reunir todos los elementos necesarios para su lucha principal.

Es lo que realmente nosotros podemos decirles, a grandes rasgos, en líneas muy generales, puesto que estos problemas no se pueden tratar en 5 minutos, ni en 10 minutos, y tienen que ser muy razonados y muy analizados. Es lo que nosotros les. podemos decir a grandes rasgos. (Aplausos).

— Compañeros: el compañero Fidel Castro debe ir a otra reunión....

CMDTE. FIDEL CASTRO.— Yo voy a decir, antes que tú digas, que yo siento mucho que esta reunión se interrumpa. Es verdad que tenemos que ir a otro programa, porque creo que nosotros podríamos haber hablado aquí muchas horas sobre todos estos problemas. Y realmente a mí no me gusta tratar los problemas sólo así fraccionalmente.

He hecho un esfuerzo por tratar de responder algunas de las cuestiones en este breve tiempo.


Fidel en Chile

En el Estadio de Rancagua

“LOS REACCIONARIOS ESTÁN ASUSTADOS
POR LA AMISTAD CHILENO-CUBANA”

Luego de visitar la mina de cobre El Teniente (Sewell), el Primer Ministro cubano, Comandante Fidel Castro, asistió a un mitin en el Estadio de Rancagua, en la noche del 24 de noviembre, donde pronunció el siguiente discurso:

TRABAJADORES, campesinos y vecinos de Rancagua:

Ha sido breve nuestro recorrido por esta zona, por esta provincia: sólo unas horas, tratando de recoger al máximo las impresiones, de conocer al máximo la región y el esfuerzo de ustedes.

Hemos tenido oportunidad de visitar la mina de El Teniente, muy conocida en todo el mundo, muy conocida en nuestro país; de dialogar con los obreros. Hemos tenido también oportunidad de conversar con los trabajadores y los vecinos de Coya, y hemos asistido a la inauguración del local del Sindicato Industrial de Sewell y Mina.

Ahora nos encontramos aquí reunidos en este acto de masas, todo en una sucesión ininterrumpida de actos que apenas da tiempo ni para respirar. Pero hemos pasado por esa Plaza de Rancagua, hemos tenido oportunidad de conocer el histórico lugar, la famosa plaza donde los luchadores chilenos por la independencia libraron una de las más heroicas batallas de aquella época. Nos recordaban las hazañas de los libertadores y la singular proeza de Bernardo O'Higgins, el combate contra fuerzas 10 veces superiores, el cerco de las fuerzas patrióticas chilenas, los dos días de combate, el primero y dos de octubre de 1814.

Han transcurrido más de 150 años y todavía se recuerda aquella frase: "O vivir con honor o morir con gloria" (aplausos).

Y esos hechos de la historia chilena nos recordaban la historia de nuestra propia patria, sus luchas por la Independencia, el desigual combate de nuestros libertadores a fines del siglo pasado, cuando nuestro país tenía una población que apenas rebasaba el millón de habitantes y tuvo que enfrentarse a 300 mil soldados españoles, soldados españoles o voluntarios al servicio del ejército español, que de todo ha habido en todas las épocas y en todas las naciones. Eran la vanguardia del pueblo.

Alguien mencionó aquí la lucha de Céspedes, el Grito de Yara el 10 de octubre de 1868, cuando todavía nuestra isla, última colonia en América latina, última colonia española, todavía mantenía el sistema de la esclavitud. Y aquel día memorable de proclamación de la independencia, se proclamó la libertad de los esclavos. Y muchos de los primeros soldados del ejército independentista habían sido esclavos.

Y aquella lucha se prolongó durante 10 años, y al cabo de aquella epopeya nuestra patria sufrió un revés, una tregua que se llamó el Pacto del Zanjón, en virtud del cual se hicieron algunas concesiones y cesó la guerra.

Fue en aquellos instantes que uno de los más prestigiosos combatientes de nuestra independencia, el general negro Antonio Maceo, llevó a cabo lo que nuestra historia conoció con el nombre de la Protesta de Baraguá. En un lugar de la provincia de Oriente dijo que él no aceptaba aquella tregua, que él no aceptaba aquella paz, que él no se consideraba en paz ni comprometido por aquel acuerdo.

Y efectivamente, prosiguieron la lucha interrumpida a veces, pero tenaz siempre, hasta que de nuevo en 1895 se reanuda la lucha por la independencia de nuestra patria.

Y fue precisamente aquel general Maceo uno de los más destacados, de los más brillantes, junto con un dominicano, Máximo Gómez, que llegó a ser general en jefe de las fuerzas cubanas en la lucha por la independencia, quienes llevaron a cabo una de las más grandes proezas militares, la invasión de la isla desde Oriente hasta Occidente, combatiendo contra el ejército aguerrido de lo que era en aquel tiempo potencia europea de considerable fuerza, con soldados realmente valerosos y combativos.

Lucharon contra cientos de miles de soldados españoles y atravesaron la isla nuestra, que es larga y estrecha; la atravesaron combatiendo de un extremo a otro.

También nuestros libertadores, que llamábamos mambises —y ese nombre de mambí era un nombre que le había aplicado el enemigo, era un nombre despectivo; pero aquel nombre, por la causa que representaba, terminó convirtiéndose en un nombre de orgullo para nuestros combatientes, y después se llamaba el ejército mambí—, también aquel ejército tenía un lema similar a este lema de "O vivir con honor o morir con gloria". Y ese lema era "Independencia o muerte" (Aplausos).

Ello representó siempre la disposición de nuestros pueblos.

Pero aquella lucha no terminó en la independencia de Cuba. Aquellos 30 años de heroicos esfuerzos, de increíbles esfuerzos, concluyeron en lo que se conoció como la intervención americana.

Eso de la intervención americana, por las razones que ustedes conocen, porque los del norte se consideraron en el derecho de llamarse americanos, como si la América fuera de ellos. Pero lamentablemente, no sólo adoptaron el nombre de americanos, sino que quisieron ser dueños reales de América.

Nosotros recordamos siempre las palabras de Martí, escritas desde los campos de batalla. Martí desembarcó al inicio de la Guerra de Independencia en 1895, se une a las fuerzas libertadoras. El había organizado el partido de la independencia, que le llamó el Partido Revolucionario Cubano; él había sido elegido delegado de aquel partido. Fue alma de la organización de aquella lucha: reunió los hombres, reunió los combatientes de la guerra de 1868, reunió los recursos. Y cuando estaba próxima a iniciarse aquella lucha, tres barcos cargados de armas fueron capturados y confiscados en los puertos de EE.UU. Se vieron en la necesidad de desembarcar en Cuba prácticamente sin armas.

Por el sur de Oriente llegaba Martí en un bote, acompañado de Máximo Gómez y otros combatientes; por el norte de la provincia desembarcaba Maceo, pero al cabo de algunos meses tenían ya miles de hombres unidos a ellos. Siguieron un camino difícil en los primeros días y las primeras semanas. Y Martí el 19 de mayo, en un lugar conocido por Dos Ríos, él, en un combate entre fuerzas cubanas y españolas, acompañado de su ayudante; él filósofo, poeta, intelectual de los más preclaros que ha dado este continente, hombre de extraordinaria sensibilidad, de enorme cultura, de un patriotismo a toda prueba, de un pensamiento latinoamericanista, aquel patriota, aquel dirigente, cuando llegó la hora de la lucha, cuando presencia el primer combate —repito— junto a su ayudante, cargó contra las filas enemigas, avanzó hacia ellos, atacó y murió heroicamente aquel 19 de mayo.

Pero el día antes de su muerte habla escrito una carta, y en ella expresaba un pensamiento que está en la introducción de la Segunda Declaración de La Habana. El había dicho en esa carta: conozco al monstruo porque viví en sus entrañas. El dijo en esa carta, víspera de su muerte: todo cuanto he hecho hasta hoy y haré es para impedir que Estados Unidos se apodere de Cuba y caiga con esa fuerza más sobre los pueblos hermanos de América latina.. El decía "sobre los pueblos hermanos de América" (Aplausos).

La guerra duró tres años. Las fuerzas españolas estaban virtualmente agotadas y entonces se produce en ese momento, después de tantos y tantos años de lucha, la intervención de Estados Unidos, que se presentó, desde luego, como amigo de los cubanos, como amigo de los luchadores cubanos por la independencia. Desembarcan sus tropas ayudados por los cubanos, atacan la ciudad de Santiago de Cuba, y la escuadra norteamericana —incomparablemente más poderosa que la española ya en aquel tiempo— bloquea los mares y al fin y al cabo cosechan los frutos de la lucha de nuestro pueblo. Desembarcan como amigos y en dos años por un lado convocan a una asamblea constituyente y por otro licencian al ejército cubano. Y cuando estaba reunida la Asamblea Constituyente, elaborando la que sería Carta Magna de la República de Cuba, se reúne el Congreso de EE.UU. y adopta una resolución en virtud de la cual Cuba debía dar bases carboneras para sus barcos de guerra, entregar una parte del territorio, la parte donde hoy está la base naval de Guantánamo, y además una enmienda en la Constitución de la República, en la Carta Magna de nuestra patria, la cual enmienda establecía el derecho de los EE.UU. a intervenir con sus tropas en Cuba en cualquier caso de desorden, en cualquier caso en que no estuvieran garantizados los bienes y las propiedades. Y le impusieron a nuestra Constitución lo que se llamó la Enmienda Platt, que les daba derecho constitucional a desembarcar en Cuba cuantas veces les viniera en gana. Y efectivamente, más de una vez lo hicieron.

Así, nace a la llamada "vida independiente", la República de Cuba. Y los delegados de la Asamblea Constituyente, donde no obstante que asomaban allí ya sus narices algunos agentes, algunos proyanquis, algunos proimperialistas —como ha ocurrido en todas partes—, había una mayoría de patriotas, una mayoría de luchadores... Pero los colocaron en una situación tal, que era la siguiente: licenciado el Ejército Libertador, o aceptaban aquella independencia disminuida, o tenían que resignarse a la ocupación permanente de Cuba por las tropas norteamericanas. Y no les quedó otra alternativa que aceptar aquella enmienda constitucional.

Ahora bien: aquellos escrúpulos legales de los imperialistas se explican un poco en los primeros tiempos. Ya se iniciaban como gran potencia imperial, pero tenían algunos escrúpulos legales. Tenían permiso o mejor dicho: pedían, exigían o imponían una cláusula legal que les diera permiso constitucional.

Al amparo de ese permiso intervinieron más de una vez en nuestra patria. Pero sin cláusulas constitucionales de ninguna índole intervinieron en México, intervinieron en Panamá, intervinieron en Nicaragua, intervinieron en Haití e intervinieron en Santo Domingo varias veces. Del imperialismo aquel al de ahora, véase la diferencia. Cómo sin ninguna Enmienda Platt y sin ninguna cláusula constitucional, cuando el pueblo dominicano después de decenas de años de tiranía se levanta y combate heroicamente, y ha derrotado virtualmente al régimen, entonces 40 mil soldados de infantería de marina yanquis desembarcan en Santo Domingo. Y también el consabido pretexto: defender vidas y haciendas.

Enviaron sus aviones, sus acorazados, sus helicópteros, sus tanques y el armamento moderno. Y es conocida la historia heroica con que los revolucionarios dominicanos resistieron el cerco durante meses enteros, con el valor y el patriotismo ejemplar con que se mantuvieron allí firmes.

Pero es el hecho de que con motivo de la intervención en nuestras luchas por la independencia se apoderaron de Puerto Rico. Y la lucha de Cuba, que se inició en el 95, fue una lucha por la independencia de Cuba y de Puerto Rico, porque Puerto Rico era también otra isla que estaba en manos de España.

Aquella guerra terminó con la intervención en Cuba y la Enmienda Platt, la base de Guantánamo y las bases de Carbonera, la ocupación de Puerto Rico, país latinoamericano que ha sufrido más de medio siglo de un plan consciente y deliberado de destruir su cultura, de destruir su nacionalidad, sin haberlo logrado.

Lo extraordinario es que ese pequeño pueblo, esa pequeña isla puertorriqueña, haya resistido durante más de medio siglo el más grande intento que se pueda conocer de destruir sus valores espirituales, sus valores patrióticos y sus valores morales.

También con motivo de aquella intervención se apoderaron de Filipinas y de otros lugares.

Nuestra pequeña patria se vio enfrentada al tremendo problema de la política expansiva, agresiva e intervencionista del imperialismo que estaba llamado a convertirse en el curso de 40 años en la potencia imperialista más poderosa y agresiva que haya conocido la humanidad.  

Se habla de las guerras pasadas, pero todo el mundo sabe que, por ejemplo, sobre Vietnam, sólo sobre Vietnam se han lanzado dos veces más bombas que todas las que se lanzaron sobre Europa en la Segunda Guerra Mundial.

Se sabe que a nuestro país le correspondió la circunstancia de vivir al lado de aquella enorme potencia, que inmediatamente se apoderó de todo, de las minas, de las tierras más fértiles, de todos los recursos, de todos los servicios públicos: electricidad, teléfonos, ferrocarriles, industrias básicas, y no sólo industrias básicas sino numerosas industrias ligeras. Dueño de la mayor parte de los centrales azucareros. Establecieron un dominio absoluto sobre nuestra patria, tanto de orden político como de orden económico.

¿Qué país podía desarrollarse en aquellas circunstancias? ¿Qué país podía incluso adquirir una personalidad internacional?

Nosotros recordamos que en los libros de texto de Estados Unidos, en el territorio norteamericano, Cuba no aparecía como un territorio aparte. En los libros de texto en que estudiaban los colegiales norteamericanos, en los mapas aparecía Cuba con el mismo color en que estaba el territorio norteamericano. Incluso en todo el mundo a nuestro país se le consideraba una factoría yanqui.

Además de todo eso, convirtieron a nuestra Patria en un lugar de placer; desarrollaron, es decir, no sólo se apropiaron de los recursos naturales, de las industrias básicas y todo lo que se construyó allí fue en servicio de su interés económico, sino que desarrollaron además en nuestro país la prostitución a escalas increíbles. Baste decir que había decenas y decenas de miles de mujeres que, en las condiciones sociales y la corrupción establecidas por el imperialismo, y sobre todo la situación de hambre y de miseria, se vieron obligadas a vivir de la prostitución.

Nuestra patria estaba llena de garitos, de casinos de juego; era centro de tráfico de narcóticos de todo tipo. Y allí marchaban a divertirse los imperialistas.

Sucedían cosas increíbles: visitas, por ejemplo, de barcos militares. ¿Y qué hacían en algunas ocasiones? Se encaramaban en la estatua de Martí, allí se retrataban y hacían cosas impronunciables en la estatua de Martí.

Nosotros sabemos el patriotismo de los chilenos, y sabemos que ustedes comprenderán perfectamente bien qué clase de humillación y de dolor todo eso significaba para el pueblo cubano.

Claro, los obreros, los estudiantes y los intelectuales, indignados, protestaban. Pero siempre había que, desde luego, era una cosa individual, que no era una responsabilidad, etc.

Pero los imperialistas establecieron y desarrollaron la prostitución en nuestra patria. Y no sólo eso, había un comercio de esa índole.

Y los reaccionarios, los oligarcas, apoyaban esa política, porque a los reaccionarios y a los oligarcas los valores humanos no les importan un bledo.

¡Cómo les gusta hablar de los valores humanos! ¿Pero qué clase de valores humanos fueron los que le depararon a nuestro pueblo? (Aplausos) ¿Qué clase de ultrajes fueron los que le depararon a nuestro pueblo? ¿Y qué clase de libertades fueron las que conoció nuestro pueblo?

No les importa el ser humano en absoluto. Y si pueden ganar dinero vendiendo mujeres, venden mujeres; y si pueden ganar dinero vendiendo niñas, venden niñas. Y nuestro país conoció casos tan dolorosos como ver ni ñas de 14 y 15 años en los prostíbulos, corrompidas por los reaccionarios, por los oligarcas, sencillamente para que se divirtieran los turistas yanquis o los marinos yanquis. Y la zona de Guantánamo, la ciudad de Guantánamo, conoció todo eso, hechos similares a eso: desarrollar el vicio, desarrollar todos los vicios. Qué les podría importar. ¿Dónde están los valores éticos? ¿Dónde están los valores morales de los explotadores, de los capitalistas, de los imperialistas?

En nuestro país, además, al triunfo de la Revolución había medio millón de personas sin trabajo. En nuestro país había 10 mil maestros sin empleo y el 60 por ciento de la población escolar no tenía escuelas, y del otro 40 por ciento que iba a la escuela, no llegaba al sexto grado ni un 10 por ciento.

En nuestro país había casi un millón de analfabetos. Esos son los derechos que nos deparaban, esas son las libertades que nos deparan.

Entonces el ser humano ignorante, humillado, proscrito en la sociedad, no sabía ni firmar su nombre. Imagínense un ser humano pobre, descalzo, con ropas raídas, con los hijos muriéndose de hambre, sin maestros, sin hospitales, sin trabajo, sin nada, que no supiera ni firmar.

Esa era la "libertad" que nos deparaban, esos eran los valores humanos que ellos defendían.

Porque nuestro país conoció todo eso, lo conoció en su propia carne y lo conoció muy de cerca.

Y cuando los campesinos se reunían para protestar porque les arrebataban sus tierras los latifundistas yanquis, cuando las grandes compañías los desalojaban o cuando los explotaban, allá iba la represión más brutal; y cuando los obreros se reunían para reclamar sus derechos, allá iba la represión más brutal; y cuando los estudiantes se reunían para protestar, allá iba la represión más brutal.

Nuestro país conoció cincuenta años de abusos, de atropellos, de crímenes, de injusticias de todo tipo. Y se mantenía aquel sistema a base del crimen, sencillamente, del crimen y de la corrupción. Y los políticos estaban por entero al servicio de los monopolios; corrompidos los millonarios saqueaban al país de "cabo a rabo".

Es decir que los imperialistas no sólo saqueaban a la nación sino que con algunas migajas, de lo poco que quedaba, de eso todavía mantenían toda una plaga de politiqueros, de funcionarios corrompidos que estaban por entero a su servicio.

Esa era la situación de nuestra patria. Esos son los valores éticos y morales, esos son los derechos humanos de los oligarcas, de los reaccionarios y de los imperialistas, que cuando ven que todo eso está en peligro, que cuando ven que toda esa dominación histórica amenaza con desaparecer, entonces pierden la cabeza, pierden los controles, y lo pierden todo. Entran en una terrible desesperación y son capaces de las más increíbles fechorías, son capaces de las más increíbles traiciones, son capaces de los más ruines y arteros manejos. Y esto se manifiesta en todo. Y una demagogia y una hipocresía infinitas, infinitas, porque tratan de ocultar todas estas realidades.

Y cuando la Revolución triunfa en nuestro país, ¡ah!, tenían todavía otros medios. El pueblo cubano decidió un día poner fin a todo aquello, y le pone fin a todo aquello. Pero ponerle fin a todo aquello no era más que comenzar un largo y duro camino. Aquel desafío del pueblo cubano al poderío imperialista tenía naturalmente que costar su precio.

Y los imperialistas no estaban dispuestos a perder todos aquellos privilegios, todo aquel dominio. Pero no se trataba sólo de los factores de orden material, sino de los factores políticos. No estaban dispuestos a permitir que un pueblo latinoamericano se sacudiera el yugo al ciento por ciento. Y nosotros nos sacudimos el yugo imperialista al ciento por ciento (aplausos).

Ellos no estaban dispuestos a permitirlo, y comenzó entonces la historia más conocida por ustedes: supresión total de la cuota azucarera, supresión total de los mercados, supresión total de toda venta de piezas de repuesto, y el 80 o el 90% de las maquinarias de nuestro país eran de procedencia norteamericana: las locomotoras, los automóviles, los camiones, los equipos de las fábricas, todo; los equipos de las industrias termoeléctricas, todo. Y ustedes saben perfectamente lo que son las piezas de repuesto. Cualquier obrero lo sabe. Sobre todo cuando un país no produce acero, cuando un país no tiene industria mecánica y cuando un país no tiene ni torneros, como no teníamos prácticamente nosotros, porque nuestra modesta industria mecánica ha nacido después de la Revolución. ¡Lo que significaba aquello para el país!

Pero nuestro país no tenía además carbón, nuestro país no tenia petróleo. Todo el petróleo tenía que venir de fuera, ¡todo el petróleo! Y le suprimieron de la noche a la mañana todos los abastecimientos de petróleo, todos. Hicieron virtualmente todo lo necesario para hundir y aplastar a un pueblo pequeño como el pueblo cubano. Pero no era todo: se inició de inmediato la política de llevarle los técnicos y los obreros calificados.

¿Cómo podía compararse la situación de un país que tenía en ese momento medio millón de desempleados, cuyos salarios eran salarios de hambre, cómo podía compararse con el standard de vida que tenía la potencia imperialista más rica y más desarrollada? Abrir de par en par las puertas a Estados Unidos, para iniciar...

Ellos han hecho sistemáticamente el saqueo de las inteligencias. Y a los pueblos de Amé rica latina les llevan todos los años miles de sus mejores ingenieros, de sus mejores médicos, de sus mejores investigadores. Así no se puede desarrollar ningún país, así no se puede desarrollar la América latina, porque cada vez que tiene un cerebro descollante, lo contratan, lo alquilan o lo compran.

Frente a eso, la ausencia de patriotismo que las oligarquías han creado en muchos sectores del país. Porque, claro, la oligarquía es el antipatriotismo, la oligarquía es la aliada del imperialismo, la oligarquía es la destructora de los valores patrióticos, y donde no hay valores patrióticos, donde esos valores no son sólidos, no son arraigados, entonces es más fácil para los imperialistas convencer a ese técnico nuevo que descuella, a ese médico, a ese ingeniero, a ese investigador. Y les llevan a la América latina miles y miles, todos los años, de las inteligencias más preparadas.

Ahora, a Cuba le hicieron algo más: abrieron de par en par las puertas para llevárselo todo. Incluso baste decir un ejemplo que demuestra dos cosas: por un lado la falta absoluta de escrúpulos de los imperialistas, y por otro lado hasta dónde ellos con su propaganda ideológica durante cincuenta años habrían debilitado el espíritu patriótico de la nación cubana, hasta dónde, que de seis mil médicos que había en Cuba en 1959, se llevaron 3 mil, ¡tres mil médicos! Yo creo que ningún país conoció jamás semejante saqueo de médicos.  

Eso, unido al bloqueo total, a la prohibición de venta de cualquier alimento y de cualquier medicina. En esa situación se vio nuestra Patria.

Y no sólo eso: apenas hicimos la ley de reforma agraria, apenas la hicimos, comenzaron a preparar la invasión de Bahía de Cochinos. ¡Y no habíamos hecho más que la ley de reforma agraria!

Nosotros, conversando con los obreros de la CUT, les decíamos ayer que antes del triunfo de la Revolución Cubana revísese, búsquese todos los periódicos, todas las bibliotecas, y verán que jamás se pronunció la palabra Reforma Agraria. Es más: quien hablara de Reforma Agraria era considerado un rojo incorregible, un comunista infernal, un hombre digno del fusilamiento, de la horca, de la cárcel, de todo; hablar de Reforma Agraria.

Claro que en Cuba la United Fruit tenía cientos de miles de hectáreas de las mejores tierras. Y cuando se produce la Ley de Reforma Agraria en Cuba, inmediatamente esos intereses se movieron en el Pentágono y en el Gobierno y se empezó a organizar la invasión de la Bahía de Cochinos inmediatamente; unido a todos los demás actos de sabotaje.

Hubo casos en que un barco explotó, un barco que venía con armas que se habían adquirido en Bélgica, el barco Le Coubre, y explotó matando casi cien obreros y soldados que estaban desembarcándolo, esto sin contar los heridos, ¡sin contar los heridos! Edificios incendiados, grandes tiendas, obreros que se quemaron vivos, obreros que se quemaron vivos en edificios incendiados; planes de descarrilamiento de trenes, bombas en centros termoeléctricos, en industrias químicas, cuantas cosas se les ocurrió.

Entrenaron miles y miles de contrarrevolucionarios en Estados Unidos, les dieron las técnicas más modernas. La CIA desarrolló industrias especialmente creadas para la subversión en Cuba, para el sabotaje en Cuba; equipos modernísimos de sabotaje, explosivos de alto poder, mecanismos que permitían todo tipo de flexibilidades, todo tipo de operaciones; medios electrónicos de los más modernos, lanchas rápidas para poder desembarcar.

Y en nuestro país prácticamente no había una noche durante muchos años en que no se produjera infiltración de mercenarios por nuestras costas.

Organizaron bandas contrarrevolucionarias en las montañas del Escambray. Y en un momento dado, habían organizado bandas contrarrevolucionarias, bandas armadas, en las seis provincias del país; en un momento dado, con todos sus medios. Hicieron cientos de desembarcos de armas y explosivos, hicieren además cientos de lanzamientos de armas en paracaídas. Todo esto antes de la invasión de Girón.

Nuestros obreros, nuestros campesinos, nuestros estudiantes, nuestro pueblo entero, tenía que estar movilizado.

Nosotros no podemos vivir este período que han estado viviendo ustedes. Hay que decir, además, que nosotros no teníamos siquiera un movimiento obrero, porque el movimiento obrero los gobiernos que precedieron a Batista y Batista lo habían destruido, habían tomado los sindicatos por asalto y habían impuesto allí dirigentes oficiales. No tuvimos esa gran ventaja que tiene hoy el pueblo chileno de contar con un movimiento obrero organizado, veterano de grandes luchas y de grandes experiencias. Esa es una ventaja extraordinaria. Y nosotros en aquellas condiciones tuvimos que dedicarnos prácticamente a sobrevivir.

Ustedes habrán oído hablar de las organizaciones de masas, ustedes habrán oído hablar de los Comités de Defensa de la Revolución, de los cuales tanto han hablado los imperialistas, y por algo han hablado, porque les dolió duro, duro, duro.

Nosotros llegábamos de las Naciones Unidas, y en un acto de recibimiento, multitudinario, en la ciudad de La Habana, un gran acto de masas, mientras yo hablaba explotaron cinco bombas, ¡cinco bombas! Usted iba hablando, y de repente: ¡pam!, un bombazo. Había que esperar que el eco terminara y seguir hablando. A los pocos minutos otra bomba y a la quinta bomba, la quinta bomba engendró a los Comités de Defensa de la Revolución.

Porque nosotros dijimos: pero si tenemos al pueblo, si el pueblo apoya a la Revolución, si el pueblo está en todas partes, ¿cómo pueden estos mercenarios moverse? ¡Vamos a organizar al pueblo!

Y se lanzó la consigna de organizar al pueblo en las fábricas, en las cuadras, manzana por manzana, cuadra por cuadra, calle por calle (aplausos).

Y así surgió una de las más poderosas organizaciones de masa, que junto luego a las organizaciones obreras, las organizaciones femeninas, las organizaciones estudiantiles... Todos, todos en nuestro país estamos organizados. Y nuestro país ha logrado hacer una potente fuerza de masas, porque la lucha nos obligó a ello. Ya les cuento cómo surgió.

Entonces surgió, desde luego, una organización de defensa de la Revolución. Pero esa organización se desarrolló, y ya, desde luego, allí no suena una bomba. Pueden pasar cinco meses y hasta cinco años sin que suene una bomba. Porque esa lucha fue dura, y esa batalla contra los mercenarios del imperialismo, contra la CIA, nuestro pueblo la ganó.

Entonces, después, ulteriormente, ya todas esas organizaciones realizan grandes tareas: la batalla contra las enfermedades, la batalla contra las epidemias; la batalla contra la poliomielitis, por ejemplo, la batalla contra el paludismo, la batalla contra todo. Ya tiene unas tareas extraordinarias esa organización de masas.

Les he referido esto a ustedes aquí en Rancagua para que ustedes tengan una visión de cómo fueron las cosas en nuestro país, a qué tipo de lucha nosotros nos enfrentamos, qué tipo de dificultades, en qué condiciones vivíamos.

Y también todo esto nosotros lo recordábamos hoy cuando pasábamos por la Plaza donde O'Higgins rompió el cerco y donde O'Higgins pronunció su famosa y digna frase, porque entonces también surgió la frase de nuestra Revolución de ¡Patria o Muerte, Venceremos! (Aplausos), que es en esencia el mismo contenido de esa hermosa frase, el mismo contenido de esa hermosa frase: ¡O vivir con honor, o morir con gloria! (Aplausos).

Es decir, que nuestros pueblos están hermanados en la historia, están hermanados en sus ejemplos heroicos, están hermanados en sus luchas, en sus tradiciones. Y nosotros esta impresión la sentíamos muy vivamente al llegar hoy a esta ciudad de Rancagua, des pues de conversar con los obreros, porque es que nos recordaban todas estas cosas de nuestra Patria.

Ahora, además, hay nuevos vínculos entre chilenos y cubanos. Ustedes están llevando a cabo su proceso, ustedes están llevando a cabo su lucha. Ustedes han realizado medidas de gran importancia. Ya ustedes, por lo pronto, recobraron el cobre.

Nosotros, mientras inaugurábamos en compañía de los dirigentes obreros el local del sindicato, veíamos el emblema que decía: "fundado el 1º de agosto del año 1925". Hace 46 años. Y nos imaginábamos que tal vez se habrían reído aquellos poderosos señores cuando aquel sindicato se organizó. ¡Y quién les iba a decir que ahora, al cabo de 46 años, los obreros del sindicato industrial de Sewell y Mina estaban allí inaugurando aquel local, representando una industria de cobre ciento por ciento chilena (aplausos).

Hay que decir lo siguiente, para esclarecer las conciencias, para que los reaccionarios no confundan a nadie: una de las cosas que ha hecho la Revolución y hacen las revoluciones es elevar al máximo los valores patrios, elevar al máximo la tradición patriótica, los valores. espirituales del pueblo. Al revés de lo que hacen los reaccionarios, que lo entregan todo, lo venden todo, comercian con todo, en nuestro país todos aquellos vicios, todos aquellos tráficos de narcóticos, todos aquellos casinos, todo aquel increíble desarrollo que había tenido la institución de la prostitución, nuestro país ha superado todos esos problemas.

La Revolución realiza una tarea ennoblecedora del hombre, dignificadora del hombre y sus mejores valores. Es precisamente la Revolución, la Revolución que busca una sociedad justa, un modo de vida superior, una sociedad más elevada, la que pone en sus niveles más altos los valores patrióticos y los valores humanos; el derecho del hombre a adquirir una cultura, a una escuela, a trabajar, a vivir del derecho del hombre a la verdadera felicidad, no esa felicidad de mentirijillas de la cual hablan en medio de la miseria, la ignorancia, el hambre, la humillación, el desprecio, el comercio con los mejores valores del ser humano. ¡No! La Revolución es la que sitúa en el nivel más alto ese trabajador, pero además eleva la conciencia de los pueblos más allá de las fronteras, a la vez que levanta sus valores patrióticos a su más alto grado, y sus valores culturales, y sus tradiciones, a la vez que levanta los valores humanos y morales de los hijos del país, eleva su conciencia más .allá de las fronteras, para enseñar a los pueblos de que se forma parte de una humanidad.

A la vez que eleva esos valores patrióticos, no alimenta el nacionalismo estrecho, el nacionalismo egoísta, porque aquel era el nacionalismo burgués. El nacionalismo burgués pues es el de las guerras de conquista, el de las guerras de opresión, el de la explotación, el del saqueo de los recursos naturales de los demás pueblos.

Eso fue el nacionalismo: promover entre los pueblos el odio, es decir, dentro del pueblo la división, convertir al hombre en lobo del hombre; fuera del pueblo, es decir, entre las naciones, el odio entre las naciones, la división entre las naciones.

Por eso hicieron el máximo durante 150 años no sólo para despojarnos de parte de nuestros territorios sino para mantenernos divididos, para mantenernos débiles, fomentar las hostilidades y fomentar los odios entre los pueblos latinoamericanos.

Las revoluciones por eso elevan la conciencia más allá de esos niveles estrechos, superan esas ideas y proclaman la hermandad de los pueblos, proclaman la hermandad de los humildes, de los explotados y de los oprimidos de todos los pueblos. Y eso es lo que nosotros llamamos el internacionalismo, que tiene para nosotros ese espíritu de solidaridad que nuestro pueblo siente, por ejemplo, hacia Vietnam; ese espíritu de solidaridad que nuestro pueblo, por ejemplo, demostró a Argelia en su heroica lucha por la independencia; ese espíritu de solidaridad con que nuestro pueblo, después de la Revolución, ha apoyado cada causa justa en el mundo.

Pero a su vez, nuestro pueblo ha recibido la lección de la solidaridad en el apoyo que recibió de los países revolucionarios en los momentos más difíciles. Y fue el apoyo de los obreros, de los trabajadores, de los pueblos que tienen el poder en su mano, los que defendieron a Cuba y los que ayudaron a Cuba en los momentos difíciles. No fueron oligarcas, no fueron reaccionarios; ¡fueron los revolucionarios los que nos ayudaron a nosotros! (aplausos).

Ahora si nuestra patria predica, trata de levantar la conciencia del pueblo más allá de las fronteras nacionales, es lógico que en primer lugar lo haga con relación a sus hermanos de América latina. Y así, nuestros trabajadores nosotros tratamos de que se eduquen en el amor y la solidaridad hacia los trabajadores de América latina y hacia los pueblos de América latina.

Ese es un sentimiento que cualquiera que visita nuestro país lo comprende. Nosotros tratamos de llevar la música, la literatura, las tradiciones, los conocimientos de la historia. Y es política de la Revolución ir cada vez más educando a las nuevas generaciones en el conocimiento de esos valores de nuestros pueblos, en la idea de que ellos forman parte de una gran comunidad y que además del amor a sus héroes que hicieron sus luchas por la independencia, a sus próceres, además de sus propios valores, además del amor a sus propias tradiciones, también desarrollamos el amor hacia el ejemplo de los próceres que lucharon por la independencia de este continente; desarrollamos el conocimiento de las tradiciones y de las culturas de los grandes valores espirituales de los demás pueblos de América latina.

¿Y quiénes se han opuesto a la unión de nuestros pueblos, al desarrollo de los vínculos, de los lazos de nuestros pueblos? Los que han servido a los imperialistas, los oligarcas y los reaccionarios. Ellos han sido los cómplices del imperialismo en las campañas de mentiras, de calumnias, de difamaciones.

No han tenido otra arma, no han tenido otra arma que la mentira. Los reaccionarios no tienen argumento. Por eso acuden a las mentiras más ruines y más bajas y más cobardes. Y vieron aquí, como lo hemos visto en estos días, a qué insultos acuden. ¿Y por qué? Porque no tienen argumento, porque están moralmente desarmados, porque no tienen ningún código moral, porque no siguen ética, porque carecen en absoluto de principios. Y además, ¿por qué? Porque les duele que nosotros dialoguemos con el pueblo, les duele que se haya producido la circunstancia del triunfo de un gobierno popular que ha permitido el acercamiento entre los pueblos de Cuba y de Chile (aplausos), les duele que nosotros dialoguemos con los chilenos, como hemos dialogado (aplausos), con trabajadores, con estudiantes, con campesinos, con representantes de las distintas instituciones del país.

Hemos conversado con espíritu fraternal y expresando nuestras experiencias de nuestra patria. Y eso les duele.

Y ese dolor se ha manifestado en la irritación. De manera que se han salido de las casillas en el insulto, en insultos nunca vistos posiblemente en este país. ¿Y por qué? Porque están irritados, porque están preocupados. Y es posible que los amos imperialistas les hayan dicho: aprieten, escriban más, digan más, insulten más, trabajen más, traten de impedir esa comunicación entre los pueblos cubano y chileno. ¡Traten de impedir ese ejemplo!

Sencillamente están asustados. Están asustados de estos lazos entre los dos pueblos (aplausos). Y están asustados de lo que esto puede significar como ejemplo para los demás pueblos de América latina.

Nosotros ayer hablábamos a los representantes de los trabajadores, y decíamos cuál era a nuestro juicio uno de los objetivos fundamentales en esta fase: la liberación de nuestros pueblos del yugo imperialista. El objetivo es de establecimiento de la plena independencia de nuestros pueblos.

Desde luego que esa plena independencia no la vamos a lograr con la cooperación de los reaccionarios y de los proimperialistas. Ero se logra con la unión de obreros, de campesinos, de estudiantes. Eso se logra con la unión de todo el pueblo patriota, con la unión de todo el pueblo humilde, con la unión de los intelectuales, con la unión de todos los que aman a su patria, con la unión de todos los que amen a este país (aplausos). Y de esa unión no se excluye a ningún chileno honesto, a ningún cubano honesto, ni a ningún latinoamericano honesto. Es la unión de todos los patriotas, es la unión de todos los hombres honrados, es la unión de todos los hombres de conciencia, que son la inmensa mayoría. Porque esos que se oponen a los intereses de la patria, a los intereses de nuestros pueblos, son una exigua minoría, y no podrán nunca contra los pueblos; pueblos que han escrito páginas tan gloriosas, que tienen tradiciones tan hermosas como las que tienen nuestros pueblos.

Y decíamos que esa unión amplia... Hablamos de unión amplia, hablamos de frente amplio de nuestros pueblos. Claro que frente amplio sin reaccionarios, sin quintacolumnistas, sin traidores. Esos están excluidos siempre de las filas de los defensores de la patria (aplausos).

Porque entenderíamos que lo esencial de nuestros pueblos latinoamericanos era consolidar su soberanía, proclamar el derecho a tener una vida libre, proclamar el derecho a establecer lazos entre nosotros que somos pueblos hermanos; lazos económicos, lazos culturales, lazos políticos, todos los lazos que sean necesarios para proclamar el derecho a ocupar el día de mañana un lugar en el mundo, para hacer posible el derecho a que nuestros pueblos de América latina, después de 150 años de lucha, logremos alguna vez aquello por lo que lucharon los próceres, por lo que lucharon Bolívar, San Martín, Sucre, Morelos, O'Higgins, todos los patriotas que con su sangre y su sacrificio hicieron la independencia de nuestros pueblos; aquello por lo que lucharon Máximo Gómez, Maceo y Martí.

Y por eso para mí ha sido de una gran satisfacción recordar esa frase de Martí la víspera de su muerte: "Todo cuánto he hecho hasta hoy y haré es para evitar que los Esta dos Unidos se apoderen de Cuba y que, con esa fuerza más caigan sobre nuestros pueblos hermanos".

Ellos llenaron una página gloriosa; la más gloriosa, la más difícil, la más sacrificada. Las nuevas generaciones han escrito otra página. Y no sólo hemos logrado que no se apoderen, sino que hemos logrado recuperar la parte de la cual se habían apoderado. Y nuestra patria no servirá de pedestal para luchar contra los pueblos hermanos de América latina. Nuestra patria no servirá jamás de pedestal para ayudar a la explotación de los pueblos de América latina (aplausos). Hemos cumplido las tradiciones de nuestros libertadores y las seguiremos cumpliendo.

Y el futuro es de los pueblos, ¡el futuro es de nuestros pueblos! Nosotros creemos en ese futuro. ¡Y estamos seguros de que llegará el día en que no habrá ni un solo rincón de este continente que pueda servir de pedestal a los imperialistas para oprimir y explotar a los pueblos hermanos de América latina (aplausos).

¡Qué viva Chile! (gritos de: "¡Viva!")
¡Qué viva la amistad de Chile y de Cuba! (gritos de: "¡Viva!").
¡Qué vivan los pueblos de América latina! (gritos de: "¡Vivan!").
¡Qué viva la unión de los pueblos de América latina! (gritos de: "¡Viva!").
Muchas gracias.
(Ovación).


Fidel en Chile

A los trabajadores del petróleo

CREEMOS EN LA ENORME CAPACIDAD DEL PUEBLO
PARA SUPERAR EL SUBDESARROLLO

En Tierra del Fuego, provincia de Magallanes, el Comandante Fidel Castro habló a los trabajadores de la Empresa Nacional del Petróleo (ENAP). En ese acto —efectuado el 22 de noviembre— estaba presente también el Presidente Salvador Allende. Dijo el Primer Ministro cubano:

QUERIDO Presidente;
Autoridades civiles y militares;
Trabajadores del petróleo y familiares;
Niños:

Debo decir algo similar a lo que les razonaba ayer a los campesinos y a los obreros de Río Verde que nos habían invitado a una parrillada y habían preparado una mesa con cordero, un novillo, vino y de todo. Y les decía que un banquete no es el mejor lugar para un discurso.

El Presidente —que es médico— sabe perfectamente bien, y he oído decir, que en los momentos en que se está haciendo la digestión, en el plexo intestinal aumenta el caudal de sangre, y en consecuencia por el cerebro no circula mucha sangre. Por eso no se recomiendan discursos ni trabajos intelectuales serios, ni esfuerzos muy profundos a la hora de un banquete, ¡y menos a la hora de un banquete chileno, con centolla, empanada de pino, y vino, y de todo —para hacer el resumen.

Pero, de todas maneras, deseo hacer algunas reflexiones en torno a este encuentro. En primer lugar, que es una suerte que la naturaleza por lo menos me haya dado, me haya proporcionado un buen corazón... Vaya, no vayan a pensar ustedes que estoy hablando de un noble corazón. Digo de un buen corazón funcionalmente. Porque, de lo contrario, ustedes los chilenos —y muy especialmente ustedes los de Magallanes— son capaces de matar a cualquiera del corazón. (Aplausos).

En cuanto a la nobleza del corazón, yo creo que todos los hombres nacen con algo de nobleza, o todos los hombres nacemos con algo de nobleza, y todos los hombres nacemos con algo de innoble.

Y nosotros creemos que es la vida, que es la lucha, que es la conciencia, que son las ideas, que es la razón, lo que puede hacer que prevalezca lo que hay de noble sobre lo que pueda haber de innoble en el corazón humano.

Y nosotros creemos que la nobleza engendra la nobleza, el amor engendra el amor, ¡la nobleza engendra la nobleza!

Y nosotros hemos vivido la experiencia de una historia revolucionaria y podemos decir que los sentimientos nobles, la capacidad de sensibilidad de nuestro pueblo, la bondad que siempre hay en el pueblo, es algo que ha constituido para los revolucionarios siempre un estímulo en su vida. Nosotros hemos visto siempre en el pueblo —en nuestro pueblo y en los demás pueblos— tanta nobleza y tanta bondad, que es precisamente el pueblo, son precisamente las masas las que engendran en los revolucionarios los sentimientos nobles y bondadosos.

Por eso decíamos que nosotros somos sensibles a todas las amabilidades, a todos los afectos, a todos los reconocimientos, no a nuestra persona. Nosotros seríamos imperdonablemente vanidosos, imperdonablemente egoístas y subjetivistas, si creyéramos que ninguna de esas pruebas son reconocimientos personales. Nosotros hemos visto en cada una de las manifestaciones del pueblo chileno, en cada una de las muestras de afecto, no la distinción al hombre. No. Los hombres, en todo caso, en algunas circunstancias históricas, en determinados momentos de la evolución, hemos tenido la necesidad de simbolizar algo. Nosotros creemos que llegarán los tiempos en que los símbolos individuales desaparezcan; nosotros creemos que llegarán los tiempos en fases superiores de la sociedad humana en que el papel de los hombres se reduzca no sólo en la realidad sino en la simbolización de las realidades a sus dimensiones reales. Los hombres suelen simbolizar el mérito de los pueblos, el mérito de las comunidades humanas. Así, hemos visto que han descollado generales, estadistas, han descollado figuras relevantes en la historia de la humanidad, porque ganaron grandes batallas, porque realizaron grandes obras. Y, en la realidad, las grandes batallas, las grandes obras, las ganan los soldados en el combate, las ganan los pueblos en la lucha. Es la suma de los sacrificios de los que mueren, es la suma de los sacrificios de los que trabajan, es la suma del sudor de los que se esfuerzan, los que han hecho la historia de la humanidad, y los que han escrito las grandes páginas del progreso y de las proezas del hombre.

Pero los hombres han sido símbolos porque la mente humana tiene necesidad de usar símbolos para expresar una idea, para expresar un sentimiento. Y es por eso, porque nosotros comprendemos perfectamente bien y hemos comprendido siempre estas realidades, que vemos en cada una de las manifestaciones de afecto la manifestación de afecto no al mérito de ningún hombre, sino al mérito de un pueblo, al esfuerzo y al sacrificio de un pueblo.

Y como nosotros nos sentimos entrañablemente identificados con ese pueblo y la causa de ese pueblo, que no es sólo su causa sino que ve en ella la causa de otros pueblos, y en primer término de los pueblos hermanos de América latina o de otros pueblos que en otras partes del mundo, como el pueblo argelino —para citar un ejemplo—, representado hoy aquí en su embajador, o los pueblos de Asia, de África, y otros pueblos del mundo. (Aplausos). Y como nos sentimos identificados con esa causa, con ese pueblo y con esos pueblos, es que sentimos profunda emoción cuando vemos otra comunidad humana, la comunidad chilena; cuando vemos una parte de esa comunidad humana, la comunidad chilena; es decir, una parte de esa comunidad chilena, que es la comunidad de Magallanes. Y aún más: cuando nos encontramos aquí en esta tierra con una parte de la comunidad de Magallanes, que es la comunidad de los trabajadores de la Tierra del Fuego, es que nos sentimos real y profundamente conmovidos con las cosas que vemos, con las impresiones que recibimos. (Aplausos).

Y hoy, aquí, ¿cómo ha sido este acto? Este acto fraternal, este acto amistoso, este acto que a la vez es revolucionario en su contenido, intenso en sus emociones, pero a la vez alegre, optimista; este acto y este día, desde nuestra llegada. Porque para llegar aquí, en primer lugar, hay que transitar por una carretera llena de baches, porque en ese pequeño avión en que viajábamos el Presidente y nosotros, ese pequeño avión saltaba como un jeep por la Sierra Maestra. (Aplausos). Y nosotros decíamos: estas carreteras están mal pavimentadas, estas carreteras aéreas. Y el Presidente nos decía que eso no es nada.

Yo le decía: la próxima vez me prestan un paracaídas. (Risas). Porque si esto no es nada... Pero sí aclaro una cosa, sin pretensiones de valiente. Le decía: Presidente, por lo menos no me asusto. Y es un problema filosófico. El valor es en definitiva un problema filosófico.

Nosotros veníamos encantados y además habíamos librado una gran lucha para ver cómo podíamos llegar a Natales, porque habíamos presenciado a los vecinos de Natales, a su representante, a los obreros, a todo el mundo, que han librado una lucha increíble para que visitáramos el lugar. Y el Presidente tenía un gran interés en que llegáramos allá. Pero empezaron a llegar los partes meteorológicos de una onda caliente, de una onda fría, de no sé qué cosa. Y como en aquel lugar están las montañas y las Torres de Paine, pues no se podía llegar, y no pudimos llegar hasta allí.

Pero, bien. Les decía que para llegar hasta acá, en primer lugar las experiencias de la aviación en estas tierras que no se parecen a ninguna... Porque yo decía: bueno, ¿y por qué este avión salta tanto si está despejado el cielo? Porque nuestros aviones en Cuba saltan cuando nos metemos en las nubes, en las turbonadas. Y saltan, ¿no? Y bajan y suben. Pero aquí estaba despejado. Y parece que esto es siempre así.

Los mares de aquí, las tierras de aquí, los aires de aquí, son tierras, mares y aires bravíos. Por eso he sacado la conclusión de que los hombres y mujeres de estos mares y de estos aires y de estas tierras son hombres y mujeres bravíos. (Aplausos). Pero les decíamos nuestra experiencia al llegar: las recepciones, las tropas marciales formadas, los honores, los trabajadores, las autoridades, la sinceridad, la comunicación, la espontaneidad, la bondad, pero, a la vez el calor, a la vez el afecto, a la vez este milagro. Porque no se puede llamar de otra forma que de milagro esa actitud, esos sentimientos que concita una idea, que concita una causa.

Porque aquí sí nosotros veíamos dos cosas, dos alegrías, dos solidaridades, dos adhesiones. En primer lugar, la alegría, la solidaridad, la adhesión, la causa que les toca tan de cerca a ustedes, que es el proceso chileno. Y en segundo lugar, esa solidaridad, esa alegría, esa efusión, ese sentimiento por algo que está tan distante en el espacio como es Cuba, como es la Revolución Cubana, que es el pueblo cubano.

Y esas son cosas realmente impresionantes, son cosas realmente admirables; demuestran lo que es el hombre, lo que es la capacidad del hombre de elevarse sobre sí mismo, la capacidad del hombre de alcanzar sentimientos superiores, altruistas, desinteresados, nobles.

Es por eso que el hombre merece llamarse hombre. En la misma medida en que el hombre se aleja de eso. en la misma medida en que el hombre es egoísta, hostil, ambicioso, ególatra, enemigo del hombre, se aleja de lo que se puede llamar concepto de hombre.

Y al llegar aquí a estas tierras del Fuego, estas tierras que conocemos por los libros, por las historias: la famosa tierra magallánica, la famosa Tierra del Fuego, la famosa tierra de los grandes descubridores, la famosa tierra por donde navegaron los hombres audaces de siglos pasados, la famosa tierra donde los cien tíficos encontraron la piedra de toque de sus teorías revolucionarias.

Los libros nos hablan además de la geografía, de los mares, de los vientos, de los ventisqueros, de los restos prehistóricos, de los restos arqueológicos de las culturas primitivas. Pero, ¡ah!, ningún libro nos habla de este Magallanes de hoy, ningún libro nos habla de este mérito superior a todos cuantos se han escrito o se han realizado; ningún libro nos habla de esta comunidad de carne y hueso que en estos lugares apartados, distantes, solitarios, han creado industrias, han creado poblaciones y durante décadas enteras, enfrentándose a un clima hostil, a una naturaleza dura, han desarrollado las riquezas para la patria, han desarrollado los rebaños, han extraído los recursos energéticos de las entrañas de la tierra y han llegado a producir nada menos que dos millones de metros cúbicos de petróleo, sin contar las riquezas todavía potenciales y en desarrollo del gas.

Los libros, que suelen hablar de los acontecimientos extraordinarios o sensacionales del pasado, muy pocas veces ponen la vista en el presente, en la obra que el hombre construye hoy con sus brazos, con su sudor, con su abnegación, con su sentimiento, con su patriotismo.

Pero, además, a nosotros nos impresionaba mucho todo este acto, nos impresionaba mucho este programa, y en algunos momentos le decíamos al compañero Presidente, o al querido Presidente...

Porque el Presidente es para ustedes compañero, para ustedes es querido, y para nosotros es viejo amigo, viejo compañero, querido amigo, querido compañero, admirado y querido Presidente (Aplausos). Y nosotros le decíamos: Presidente, ni en Versalles organizan un acto más bonito, más agradable, más humano. Cuando desde el primer instante llegaron aquí el grupo folklórico de Cullén con sus canciones, y después fueron llegando los demás grupos folklóricos, los hombres, los trabajadores, las mujeres, los niños, los profesores, ¿qué estábamos viendo aquí? En esa alegría, en ese júbilo, en esa capacidad de interpretar los mejores sentimientos del hombre, en esa capacidad de alegrar el alma humana, en esa capacidad de conquistar un instante, un segundo de felicidad, esa eterna lucha del hombre por la búsqueda del bien, por la búsqueda de la felicidad, pero del bien noble, de la felicidad noble, que se logra con el esfuerzo propio, con la creación, no con la opresión, no con el crimen, no con la explotación (Aplausos).

Y veíamos, aquí precisamente el símbolo de todas aquellas cosas por las cuales luchamos, veíamos aquellas cosas por las cuales luchamos en nuestro país, aquellas cosas en las cuales creemos. Porque creemos precisamente en eso: en la capacidad de los pueblos, en la capacidad de los trabajadores para desarrollar la educación, para desarrollar la cultura, para conquistar normas de convivencia humana superiores.

Y cuando veíamos a esos niños aquí desde tan temprano recibiendo una instrucción, recibiendo una educación cultural y artística, cuando veíamos aquí esas manifestaciones en esta tierra, la más austral del mundo, cuando veíamos esas cosas, necesariamente nos sentíamos conmovidos. Porque nosotros luchamos por eso (Aplausos), nosotros luchamos para que cada hombre tenga un lugar decoroso en este mundo, para que cada hombre tenga derecho a la vida más plena, para que cada hombre tenga derecho a la educación más completa, para que cada hombre tenga derecho al más amplio desarrollo de su espíritu, para que cada hombre adquiera el máximo de capacidad para realizar el bien. Pero, antes que nada, no el bien de sí mismo: el bien de los demás; para que cada hombre alcance el máximo de capacidad, no para sí, sino para los otros; para que cada hombre sea capaz de sentirse hermano de cada uno de los demás hombres, no sólo ese sentimiento de hermandad que nace de nacer de la misma madre y de crecer bajo el mismo techo, sino ese sentimiento de hermandad racional que nace de saberse formando parte de la misma comunidad, de saberse formando parte de la misma especie. Es ese sentimiento general de hermandad que supera a la hermandad biológica, que supera la hermandad de la familia, y que es la hermandad de los pueblos, la hermandad de la humanidad. Pero esa hermandad de los pueblos sólo puede existir en la generosidad, sólo puede existir en la justicia. En la explotación y en el crimen, en el abuso y en la opresión, en el privilegio y en la injusticia, no puede haber hermandad entre los hombres, no puede haber hermandad entre los pueblos (Aplausos).

Y eso sintetiza nuestras ideas, eso sintetiza nuestra causa.

Y al ver los niños de aquí, también participando de este acto, nosotros recibíamos una gran alegría, porque hay una contradicción en la realidad de la vida, sobre todo en la realidad de la vida de los revolucionarios.

Nos toca luchar por un mañana, nos toca luchar por un porvenir. Y la contradicción es precisamente esa: no podemos luchar por un porvenir, y al mismo tiempo vivir ese porvenir.

Hay una contradicción entre el presente y el porvenir. Nosotros no llegaremos a vivir en el mundo en que vivirán ellos, pero nos ha tocado el privilegio de luchar por el mundo en que vivirán ellos (Aplausos). Otras generaciones pasaron por un mundo en que sólo les tocó sufrir las limitaciones de esos mundos, las injusticias de esos mundos, y no les tocó siquiera el placer de saber que estaban luchando por algo, para algo y para el mañana.

Esa generación de revolucionarios que pretende construir un mundo, está construyendo un mundo para otros. No viviremos ese mundo muy superior, pero nos ha tocado el privilegio de luchar por ese mundo, de luchar por el mañana: nos ha tocado el privilegio de la esperanza. Esa es la generación que tiene una gran motivación para vivir y para luchar. Y por eso nos emocionaban las palabras de los que han hablado aquí: del Gobernador, del representante de los obreros, la claridad con que veían estos problemas, el optimismo con que miran el futuro, la firmeza con que dicen que están dispuestos a levantar el país (Aplausos).

Y nosotros estamos seguros que con esos criterios, con esa actitud, con esa posición el pais marchará adelante. Y marchar el país adelante significa más que un egoísmo nacional, significa más que velar sólo por nuestros únicos y exclusivos intereses; significa marchar el país en beneficio de los demás pueblos, marchar hacia adelante la experiencia del proceso chileno en beneficio de los demás pueblos de América latina, nuestros hermanos de hoy, nuestros hermanos de mañana. Porque en la fuerza unida de todos nuestros pueblos está el porvenir de todos y cada uno de los hijos de esta América, que durante 50 años fue saqueada, oprimida y explotada (Aplausos).

Cubanos y chilenos no luchamos sólo por Cuba y por Chile. Luchamos por lo que Martí llamaba "nuestra América", por lo que Bolívar, O'Higgins, San Martín, Sucre, Morelos y los demás próceres llamaban nuestra América (Aplausos).

Y de esa América nuestra, trabajadores del petróleo chileno, trabajadores de Magallanes, trabajadores de la Tierra del Fuego... Ustedes los magallánicos y nosotros los cubanos somos los dos polos. Y por eso, permítasenos aquí, en esta Tierra del Fuego, decirles que si ustedes son la Tierra del Fuego del sur, se considere a nuestra patria como la Tierra del Fuego del norte (Aplausos).

Y esas tierras de fuego, esos dos polos, marcan los límites donde un alma nueva, donde un alma que llega a siglos de formación y cuya hora se acerca, se forma, se desarrolla y llegará a constituir la gran comunidad de nuestros pueblos, que tendrán derecho a un lugar en el mundo y a un brillante porvenir en el mañana.

Muchas gracias (Aplausos).


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02