Sexto Aniversarsario de 'Punto Final'

PUNTO FINAL
Año VI. Nº 138
Martes 31 de agosto de 1971

Editorial

EL ANIVERSARIO DE “PUNTO FINAL”

PUNTO FINAL entra en su sexto año de vida. Nació como revista regular en la segunda quincena de agosto de 1966. Ha permanecido desde entonces estrechamente ligado a la lucha de liberación latinoamericana y, particularmente, del pueblo trabajador de nuestra patria.

No somos nosotros los llamados a sacar conclusiones de la forma en que PF ha cumplido la tarea que se impuso. Opinamos, eso sí, que es ahora cuando debemos redoblar nuestros esfuerzos. Chile se encuentra en una coyuntura que permite avanzar hacia el socialismo, la meta por la que luchan todos nuestros pueblos. El conjunto de América latina, a su vez, atraviesa por una situación en extremo difícil, debido a la agresividad del imperialismo norteamericano. En estos mismos días se ha desplomado una esperanza popular concreta, Bolivia, donde fue abortado sangrientamente un proceso revolucionario. El imperialismo está usando contra Chile los conocidos mecanismos del chantaje financiero y las campañas publicitarias. La reacción interna, asimismo, ha tenido tiempo suficiente para rehacer sus filas en nuestro país, alineando sus balerías contra el proceso de construcción del socialismo que apoyan las masas trabajadoras.

En este cuadro interno y externo, PF entra a un nuevo año como portavoz de los sectores que dentro y fuera de Chile combaten contra el imperialismo y las burguesías. Nuestra tarea es por lo tanto muy seria y nos obliga a comprometemos aun más con la causa revolucionaria. Está de más señalar que somos conscientes de nuestra responsabilidad y que trataremos de cumplir nuestro cometido.

Llegamos a nuestro nuevo año de vida con bastante experiencia acumulada y, lo que es mejor, con un respaldo popular creciente para las ideas revolucionarias que PF comparte y defiende. Vemos con alegría cómo esos planteamientos van ganando terreno y consolidándose en el seno de nuestro pueblo. Pero, a la vez, recordamos nuestro aniversario con el dolor provocado por la reciente desaparición de un amigo de las primeras horas de PF, Luciano Cruz. La separata de esta edición, justamente, va dedicada a recordar la figura y el ejemplo de ese camarada de luchas. Su herencia política y la de muchos otros compañeros desaparecidos, forman parte del deber que nos impida a luchar sin tregua por la revolución.

PF


AMÉRICA LATINA

BOLIVIA
LA CIA INTENTA MATAR DOS PÁJAROS DE UN TIRO

LA relativa facilidad con que fue derrocado el gobierno proizquierdista del general Juan José Torres en Bolivia, deja una enseñanza que otros pueblos, en parecidas circunstancias, como el chileno, deben asimilar.

Desde luego, falta todavía mucha información que emergerá del necesario proceso de análisis que harán las propias organizaciones revolucionarias de Bolivia.

Pero hay determinados antecedentes que permiten formarse un cuadro provisorio. Algunas conclusiones, no obstante, son del todo evidentes. Por ejemplo, que ese golpe fascista es una notificación de que la CIA hará lo posible por impedir la consolidación de gobiernos populares y antimperialistas, en esta área del continente.

No sólo fue liquidado a sangre y fuego el gobierno boliviano, sino que, además, un régimen hostil se ha situado junto a las fronteras de Chile. Bolivia en poder de títeres del Pentágono, se convierte en un corredor entre Chile y Perú, amenazando ambos procesos.

Los "gorilas" brasileños, metidos hasta la coronilla en el golpe boliviano, no sólo ganan posiciones estratégicas. Se insertan geográficamente en las "fronteras ideológicas" diseñadas por Washington.

La proyección de lo ocurrido en Bolivia —por otra parte— lleva a concluir que es imperioso para los revolucionarios chilenos elevar en calidad y contenido la solidaridad con la resistencia boliviana. A este propósito surge también la necesidad de replantearse, en otros términos, las discrepancias que partidos revolucionarios, tanto de Chile como de otros países, mantenían con organizaciones hermanas de Bolivia.

LA TRAGEDIA DE BOLIVIA

Alrededor de 800 víctimas, entre las cuales se cuentan cerca de 150 muertos según estadísticas de la Cruz Roja, fue el costo del sangriento golpe militar que la CIA y los "gorilas" brasileños desataron en Bolivia.

La sublevación de las unidades militares estalló tres días antes de la fecha que el derrocado presidente J. J. Torres había fijado para reanudar relaciones diplomáticas con Chile. Torres y su canciller, Huáscar Taborga, habían fijado el lunes 23 de agosto para encontrarse en Arica con el presidente Allende y firmar el restablecimiento de relaciones interrumpidas desde hace un decenio. Según parece, la CIA se enteró de estos planes y apresuró el golpe. Ya en febrero de este año, el diario oficial boliviano "El Nacional", acogiendo seguramente informes de inteligencia, dio a conocer que el exembajador brasileño en La Paz, general Hugo Bethlem, había entregado 100 mil dólares a un coronel de caballería boliviano, Hugo Banzer Suárez, para financiar un golpe separatista en la provincia de Santa Cruz. [1]

Los planes de la CIA calzaban como anillo al dedo en la estrategia geopolítica de los "gorilas" brasileños, apasionados con la idea de dinamizar un "subimperialismo" en América latina. Esa ambición ha llevado a la dictadura brasileña a entrar en franca disputa con Argentina, sumando a su bando a Paraguay y mostrando claras intenciones amenazadoras contra Uruguay.

Los "gorilas" brasileños conciben a Bolivia como una reserva de materias primas, en particular de hierro para su industria siderúrgica. El bocado que les abre el apetito es el yacimiento del Mutún, situado cerca de la frontera y que ocupa el tercer lugar en las reservas mundiales de hierro. El gobierno de Torres, que nacionalizó la mina de zinc "Matilde", se negó a aceptar las presiones brasileñas para entregar a ese país la concesión del Mutún. Los brasileños comenzaron entonces a estimular un movimiento separatista en la provincia de Santa Cruz, zona a la que se habían replegado los empresarios privados bolivianos a partir del 7 de octubre de 1970, cuando Torres apoyado por una huelga general subió al poder. Entre los amigos que los "gorilas" encontraron en Santa Cruz figuraba el rico hacendado, coronel Hugo Banzer.

El 15 de agosto una misión comercial brasileña recibió la negativa final de Torres en cuanto a la concesión del Mutún. Al día siguiente se alzó el regimiento "Challapala" de Oruro. La sublevación fue controlada y 48 horas más tarde Torres anunció que la URSS financiaría 300 millones de dólares para levantar un complejo siderúrgico en el Mutún. Dos días después, comenzó el alzamiento. Torres alcanzó a dar algunos manotazos de ahogado. Mientras hacía detener en Santa Cruz al coronel Banzer y a otros implicados, envió un urgente S.O.S. a todos cuantos podían ayudarlo. Pero ya era demasiado tarde. Los conspiradores habían dejado sin poder efectivo a Torres. El regimiento "Rangers" al mando del coronel Andrés Selich, feroz carnicero en las guerrillas, enviado por Torres a controlar la situación en Santa Cruz, se plegó al movimiento subversivo. Dirigentes populares denunciaron la presencia de aviones cazas, tanques y armas pesadas brasileñas pintados con los colores bolivianos.

Desde el oriente, en poder de los militares sublevados, el golpe avanzó arrobador hasta La Paz. Una impresionante manifestación popular pidió armas a Torres, mientras cinco mil campesinos rodeaban Cochabamba y los mineros intentaban una defensa desesperada en Oruro. El pueblo boliviano, sus obreros, campesinos y estudiantes, estaban en ánimo de resistir. Pero faltaban las armas.

Torres volvió a vacilar. Pretendió crear una ficción legal para no enajenarse la voluntad de las unidades militares que aún creía leales. Para entregar armas ideó la fórmula de decretar el "reclutamiento" de trabajadores y estudiantes. Incluso alcanzó a abrir algunas "oficinas de reclutamiento". Pero el sangriento golpe fascista no esperaba. El regimiento "Castrillo" y el Colegio Militar, en La Paz, rompieron con armas pesadas el cerco popular y la lucha se generalizó en la capital. Solamente el regimiento escolta "Colorados", al mando del mayor Rubén Sánchez, combatió algunas horas junto al pueblo en las colinas de La Paz. El nombre de este militar, presuntamente incorporado ahora a la resistencia clandestina, es bien conocido. Fue el prisionero al que el Comandante Ernesto Che Guevara puso en libertad, impresionado por su valentía y honestidad. Desde entonces se produjo en Sánchez un proceso de radicalización en el que también jugaron activo papel sus hijos, militantes de izquierda en la universidad.

Incluso el regimiento blindado "Tarapacá" creado por Torres para defender a su gobierno, se sublevó. Siete carros de combate artillados despejaron el camino al coronel Banzer hasta el Palacio Quemado.

Aunque relativamente débiles, las Fuerzas Armadas bolivianas están en capacidad —como lo han probado numerosas veces— de masacrar al pueblo. Sus 25 mil oficiales y soldados, más una fuerza aérea de 20 aviones Mustang de la Segunda Guerra, se bastan para aplastar a una masa de trabajadores desarmados. Las únicas armas que se consiguieron para enfrentar a los fascistas fueron 1.500 fusiles —muchos en mal estado— que un comando del Ejército de Liberación Nacional (ELN) obtuvo al asaltar la Intendencia General del Ejército en La Paz.

La resistencia popular más encarnizada se concentró en la Universidad Mayor de San Andrés. El elevado edificio de la Universidad fue capturado por los golpistas y retomado por el ELN.

Finalmente fue desalojado, casi nueve horas después de consumada la victoria fascista, mediante el bombardeo combinado de la artillería y aviación.

En la mañana del 22 de agosto, un día antes de la fecha fijada por Torres para reanudar relaciones con Chile, se habían apagado los últimos brotes de resistencia organizada.

Las clases dominantes bolivianas que el 6 de octubre del año pasado intentaron sin éxito un golpe derechista —neutralizado por la huelga general— no perdieron nunca las esperanzas de retornar al gobierno. El poder económico y político se les iba rápidamente de las manos. La presencia del imperialismo, después de la nacionalización de la Gulf Oil, bajo el gobierno de Ovando, y de la mina Matilde, en el gobierno de Torres, estaba siendo seriamente amagada. Al ocurrir el golpe las inversiones yanquis en Bolivia no subían de 50 millones de dólares. Por el contrario, la ayuda de los países socialistas, en particular Checoslovaquia y la URSS, pronosticaban un pujante desarrollo industrial en manos del Estado. Torres no escondía su decisión de restablecer relaciones con Chile y Cuba y de abrirlas con la República Popular China.

La burguesía boliviana se concentró en Santa Cruz, la zona rica en petróleo, hierro, azúcar, algodón y ganadería, donde aliada con Brasil proyectaba, en el peor de los casos, establecer una "república independiente".

El avance revolucionario de las masas bolivianas fue notable, pero más espectacular que real. La Asamblea Popular, que pretendía ser la simiente del poder obrero y campesino, consumió sus sesiones en asuntos baladíes. Lo único positivo que sacó en limpio fue la decisión de crear milicias populares. Pero ideó un comando militar que lo menos que tenía era de éso y que, en cambio, reprodujo en su seno el sectarismo y el dogmatismo que han fragmentado y corroído a la izquierda boliviana.

En el comando político del pueblo, a su vez las disensiones eran todavía peores entre los representantes de la Central Obrera Boliviana (COB) y de los partidos (PRIN de Juan Lechín, comunistas soviético y chino, las cuatro tendencias del POR trotskista, la Democracia Cristiana Revolucionaria. Espartaco, sector laboral del MNR, MIR, ELN, etc.).

La burguesía boliviana observó con espanto la constitución de la Asamblea del Pueblo y apresuró sus contactos con Brasil para una sublevación separatista en Santa Cruz. Otras medidas, como la cooperativización de los diarios, hicieron cundir el pánico en las filas derechistas. Pero al darse cuenta de la inefectividad de la Asamblea del Pueblo y de las vacilaciones del gobierno, la burguesía recobró la serenidad y comenzó a trabajar rumbo al golpe militar. Los sondeos en las Fuerzas Armadas le demostraron que en ellas permanecía intacto el espíritu de cuerpo castrense. Los jefes militares eran los mismos que hablan combatido a las guerrillas del Che y que hace un año, en Teoponte, fusilaron sin piedad a los desertores y a los combatientes licenciados del foco que en esa zona abrió el ELN.

Mientras el gobierno de Torres se inclinaba cada vez más hacia la izquierda, aunque desligado en los hechos del Comando Político del Pueblo, el ejército permanecía impasible y agazapado. Sus ojos vigilaban, no obstante, mientras la burguesía y los agentes del imperialismo alimentaban en su seno el pronunciamiento que le haría saltar contra el pueblo en el momento oportuno.

Algunos sectores de izquierda anularon por completo la dirección revolucionaria que necesitaban las masas bolivianas. Fiando la suerte del proceso a la habilidad de maniobra de Torres y en caso de peligro a la capacidad de movilización espontánea de las masas, esos sectores propugnaron una línea cautelosa y reptante. Se caracterizaron en forma constante por impedir todo tipo de exigencias que llevaran a Torres a apresurar el paso. De este modo permitieron que pasaran diez meses que la derecha y el imperialismo aprovecharon en forma adecuada. Las líneas reaccionarias se reagruparon después de la sorpresa que les significó la huelga general de octubre del año pasado, cuando las masas le birlaron el golpe que derrocó a Ovando. Pasando un período de desconcierto la burguesía boliviana recuperó su capacidad ofensiva. Lanzó campañas publicitarias donde, imitando el ejemplo del golpe que derrocó a Goulart en Brasil, se empleaban con cinismo recursos destinados a enervar el sentimiento religioso contra el gobierno. Se abultaban los problemas económicos, etc. Pero el trabajo político más importante, realizado calladamente, se hizo en el seno del ejército. Esta fue una tarea gratuita porque las Fuerzas Armadas no fueron tocadas por el proceso revolucionario, y poco riesgosa porque el gobierno de Torres no poseía mecanismos propios para impedirlo y mucho menos para oponer una fuerza armada igual a la de los golpistas.

Llegado el momento decisivo, que se presentó súbitamente, impidiendo que Torres recibiera cualquier tipo de ayuda, el pueblo sólo contó a su lado al mayor Rubén Sánchez y a su puñado de soldados. Torres y sus ministros, viendo la situación perdida, optaron por pedir asilo diplomático. Así se derrumbó el proceso revolucionario boliviano.

El heroísmo de los trabajadores y estudiantes de Bolivia no alcanzó a recibir la solidaridad que se merecía. Esa tarea hay que emprenderla ahora. Para los movimientos populares latinoamericanos lo que ha sucedido en Bolivia tiene una enorme gravedad. Un régimen fascista en ese país no sólo es un peligro para Chile y Perú, sino también para Uruguay y otras naciones. Los "gorilas" brasileños, respaldados por el Pentágono y la CIA, dirigen sus ojos contra el Frente Amplio uruguayo. El Comité de Denuncia a la Represión en Brasil ha denunciado que toneladas de folletos contra el Frente Amplio uruguayo se imprimen en el sur brasileño. El III Ejército de Brasil ha anunciado "ejercicios" combinados con la Marina y Aviación en la frontera con Uruguay entre septiembre y diciembre, cuando este país entre al proceso electoral destinado a reemplazar al dictador civil Pacheco Areco.

Pero no hay dudas de que la CIA quiere darle jaque mate al proceso chileno cuya presencia está incentivando el ansia de liberación de otros pueblos latinoamericanos. Recientes medidas de agresión financiera del imperialismo, como las negativas de créditos de la AID y el EXIMBANK, las abiertas presiones para obtener subidas indemnizaciones para las compañías del cobre, indican la temperatura que está alcanzando la belicosidad de Washington.

En este cuadro, a veces no muy claramente perceptible a nivel general, el proceso chileno entra en una etapa en extremo peligrosa. La lección de Bolivia obliga a no dejarse agarrar por la burguesía y el imperialismo en la misma trampa. Está más que probado que la capacidad de movilización espontánea de las masas coloca a un pueblo a niveles heroicos, como el boliviano, pero no basta para atajar al fascismo. Está super comprobado también que todo minuto de tregua que se le da a la burguesía y al imperialismo es aprovechado por ellos para asegurar la revancha. A su paso encuentran colaboradores políticos sedientos de venganza, como la Falange Socialista Boliviana, o partidos que prestan su máscara reformista para tapar los crímenes fascistas, como el MNR. Las vacilaciones, la debilidad con un enemigo que a su turno es despiadado, se convierten a fin de cuentas en la leña que luego alimenta la hoguera del desastre.

MANUEL CABIESES DONOSO


PUNTILLAZOS

EL RIDÍCULO DE AYLWIN

QUE el circunspecto defensor de la legalidad burguesa, ese impecable, atildado portavoz de la continuidad parlamentaria burguesa, haya visto comprometida su elegancia y —más profundamente— su prestigio político en el reciente episodio de encarcelamiento de la periodista Olivia Mora, más que nada ofrece dos interpretaciones posibles. Una dice relación con el ejercicio de la facultad del presidente del Senado para querellarse contra una reportera, con las causas y consecuencias de detalle de ese procedimiento. Otra, se refiere al funcionamiento de la justicia de clase, sus agentes esta vez visibles, actuando y ejerciéndose sobre la persona de una ciudadana periodista y, al mismo tiempo, estableciendo un lazo, quizás demasiado prolijo y excesivamente servicial con el Parlamento, a nombre de la común legalidad que entre el Poder Legislativo y el Poder Judicial agrede continua y gravemente el avance de las posiciones populares en Chile.

Porque en verdad, el ridículo ha sido el carácter sobresaliente del episodio; si no fuera porque todo lo sucedido es síntoma de la justicia injusta y prepotente que se ha ejercido a lo largo de decenios sobre los explotados de Chile, el asunto sería digno de jocosos comentarios. Las dos declaraciones que realizara el senador Patricio Aylwin, que de él se trata, presidente del Senado, mezclan a cada paso la apelación a su investidura y a la representatividad institucional que reviste con la justificación de una posición de caballero finisecular, incluso romántico, que no desea verse aludido como insensible ante el sexo femenino, y más aún cuando éste está en estado de gravidez. Reclamándose como presidente del Senado y, entre lineas, como hombre cabal y derecho, insiste en la legitimidad de su acción contra Olivia Mora y exige que otro hombre, el director del diario "La Nación", muestre su rostro, aparezca como el hombre que merece este tipo de conflictos en el papel de adversario. Como si Olivia Mora, por ser mujer, no estuviera a la altura del contendiente que merece Patricio Aylwin. En una época lejana, éste hubiera sido tema de tragedia. Hoy sólo hace recordar a Rabelais.

No obstante, veamos cómo sucedieron las cosas. Olivia Mora reporteó una actitud del Senado, calificándola de un modo que el senador Aylwin consideró lesivo para la institución. Como presidente, inició querella. No fue casual que el trámite encontrase en el camino a un Ministro sumariante, Hernán Cereceda Bravo, capaz de tomar el asunto con sereno deleite y franca preocupación de justicia. Cereceda, en efecto, fue uno de los que defendieron a Raúl Morales Adriasola, cuando a éste, también senador, se le acusó de participar en el complot de octubre de 1970.

De pronto, cumplidas las diligencias de rigor, el Ministro sumariante ordenó la detención de Olivia Mora. Normalmente estos procedimientos terminan de inmediato con la libertad bajo fianza del inculpado. En este caso no fue así. Se estableció que la libertad bajo fianza estaba aprobada, pero "en consulta". Así fue como Olivia Mora tuvo que pasar un fin de semana en la cárcel, muy cerca del lugar donde el presidente del Senado realizaba por el mismo tiempo meditados ejercicios espirituales. El senador Aylwin no pudo ser hallado, y recién al tercer día de encarcelamiento de Olivia Mora pudo leer una gentil invitación de los dirigentes DC del Colegio de Periodistas para que "generosamente" se desistiera de la querella, teniendo en cuenta que ese Colegio consideraría el caso dentro de su competencia en cuanto a la ética profesional y los deberes del oficio. Lamentablemente para Aylwin, los dirigentes DC del Colegio y más todavía para Cereceda, la Corte de Apelaciones tomó conocimiento de la querella y dijo que no había lugar para el trámite, que no había lugar para el encarcelamiento, que no se había realizado bien el sumario. Con ello devolvió todo y ordenó la libertad inmediata. La generosidad de Aylwin quedó para otra vez, pero lo que no quedó para otra vez fue la indicación, otra vez reiterada, de una justicia que de pronto es capaz de funcionar condenando, antes incluso, de haberse munido de la suficiente "doctrina" para justificar sus acciones.

Ahora bien, que Cereceda haya actuado con tanto celo y detalle, incluso con tanta precipitación; que Aylwin haya podido llevar adelante su querella, a la que quizás en algún momento pensó como ejemplarizadora; que sus amigos de la directiva del Colegio de Periodistas se hayan mostrado tan solícitos en ayudar a su correligionario en peligro de ridículo y de deterioro político; estas tres cosas muestran hasta qué punto existe una complicidad silenciosa y eficaz, una sorda y permanente acción de resistencia a la marcha de la sociedad hacia su transformación, bajo la cubierta de una determinada legalidad, y en nombre mudo, pero efectivo de un común interés de clase.

AGUIJÓN


Denuncia

"GABINETE FANTASMA" DE FREI OPERA EN UNA CASONA DE SANTIAGO

AL abandonar el Partido Demócrata Cristiano para constituir el Movimiento de Izquierda Cristiana, un grupo de parlamentarios y dirigentes lanzó graves acusaciones contra la actual directiva del PDC. Pero, en el fondo, y muchas veces por su nombre, a quien sindicaron como el gran responsable del carácter crecientemente derechista del PDC fue a Eduardo Frei.

Analizando la historia de la Falange y luego de la Democracia Cristiana, concluían que Frei siempre antepuso el afán de conquistar el poder a los principios doctrinarios. Con tal de llegar a la Presidencia de la República, el autor de "La verdad tiene su hora" siempre estuvo dispuesto a pactar con la extrema derecha.

—En el PDC, comentaba uno de los actuales dirigentes del MIC, la primera gran fracción es el freísmo.

Para esa gran fracción, desde el 3 de noviembre de 1970, hay nuevamente una sola meta que debe alcanzarse a cualquier costo, material y doctrinario: el retorno al poder. Para ello, Eduardo Frei y el grupo de dirigentes más derechistas de su partido, que fueron los que dieron el tono político y económico al sexenio freísta, se han lanzado a una paciente labor de acumulación de datos y análisis de la política y la economía chilena, montando un aparato técnico, al margen del propio PDC y controlado exclusivamente por Frei y sus asesores.

Así surgió, a comienzos de este año, lo que los democratacristianos conocen como el "Instituto Elisa Cole" o "Instituto de Frei" o "Instituto de los 53", aludiendo al número de especialistas que tienen su centro de reunión en una imponente mansión blanca en el número 48, al fondo de Elisa Cole, una callecita ciega que pasa fácilmente desapercibida, en Vicuña Mackenna, entre Irarrázaval-Curicó.

La casona, que originalmente perteneció al departamento de Promoción Popular de la Presidencia de la República, es el centro de reunión para lo más granado del freísmo.

Las cabezas visibles del Instituto, que tiene gran actividad, especialmente por las tardes, son el ex vicerector de la Universidad Católica, Fernando Molina, el exministro de Defensa, Sergio Ossa Pretot, y, naturalmente, el exministro de Hacienda, Andrés Zaldívar.

La existencia del Instituto, donde se reúne lo que ya suele llamarse el "shadow cabinet" (gabinete en la sombra) de Frei, ha provocado algunas polémicas dentro del PDC y fue uno de los argumentos más sólidos que esgrimieron los disidentes ahora agrupados en el MIC, para demostrar que Eduardo Frei y su equipo proderechista actuaba de hecho por encima de las directivas del partido y siguiendo su propia estrategia para recuperar el poder.

Denunciaron que en la calle Elisa Cole se realizaba el trabajo que normalmente corresponde al departamento técnico de cualquier partido, y que, de hecho, lo que estaba haciendo Frei era funcionar con una estructura paralela y no sujeta a control político.

Las denuncias hicieron mella y la mejor demostración es que, producida la crisis y materializadas las renuncias de los dirigentes de la Izquierda Cristiana, la sala de diputados democratacristianos citó a Frei a una reunión, para que explicara el origen, los propósitos y el financiamiento de su instituto. La reunión se realizó en la segunda semana de agosto, en el Club Las Condes, y en ella Frei explicó que su instituto encerraba ya un verdadero tesoro de información. Explicó que al salir del gobierno, los altos funcionarios de la DC que le asesoran se llevaron copias de todos los documentos importantes, no sólo correspondientes al periodo 1964-1970, sino también a la gestión de los gobiernos anteriores. Esta masa de documentación es mantenida escrupulosamente al día, gracias a los datos que proporcionan los funcionarios que la DC consiguió mantener en el aparato administrativo, gracias a la ley de inamovilidad. Sostuvo que en Elisa Cole se guardaba ya nada más y nada menos que la historia económica y política de Chile de los diez últimos años.

Con su clásico estilo, ofreció:

—Si ustedes lo exigen, yo puedo detener el funcionamiento del Instituto, pero creo que sería algo imperdonable.

El Instituto sigue adelante. Su financiamiento está asegurado por aportes de los grupos democratacristianos de Alemania Federal, Bélgica y Venezuela. Precisamente, una de las finalidades de la reciente gira de Frei por Europa fue canalizar y regularizar los aportes. Con ellos se alcanzó un presupuesto que permite financiar los sueldos —altos— de un "staff" de técnicos y políticos que trabajan en Elisa Cole 48 con régimen de jornada completa. Muchos se preguntan, por ejemplo, cuáles son los ingresos que permiten a personajes como Andrés Zaldívar, Carlos Figueroa o Rafael Moreno, dedicarse de lleno a la actividad política, bajo la orientación freísta. La respuesta estaría en el Instituto.

Con ese equipo reducido, pero dedicado por entero a la tabulación y análisis de la más completa información, y con una verdadera pléyade de profesionales, expertos en cuestiones políticas y económicas, Frei y sus incondicionales desarrollan un eficaz trabajo, destinado por una parte a criticar todas las iniciativas del gobierno o de los partidos que le apoyan, y por otra a modernizar el lenguaje y el contenido programático de la Democracia Cristiana, con miras a las elecciones presidenciales de 1976.

Quienes conocen a Frei están convencidos de que destinará todo este período a estudiar el nuevo cuadro que ya está surgiendo en el país, como consecuencia de la política eco. nómica del gobierno de Allende y que al momento de lanzar su candidatura tendrá a la mano todos los antecedentes necesarios para presentarse con una nueva imagen, distinta a la de 1964, y en que, por lo menos en cuanto a lenguaje, no se le pueda presentar como líder de la restauración conservadora. Ciñéndose rigurosamente a su conocido estilo de no aparecer al frente, es de los personajes que menos concurre a los seminarios y reuniones de trabajo del Instituto de Elisa Cole 48. Su actividad principal consiste en hablar por teléfono. Desde su casa de la calle Hindenburg lo utiliza incesantemente para llamar a militantes de la DC "apernados" en la Administración Pública y pedirles cosas como ésta:

—Mire, fulano, quería pedirle el gran servicio de que me proporcionara datos exactos sobre el rendimiento en los últimos seis meses del impuesto al patrimonio. Usted sabe que he tenido que volver al ejercicio de mi profesión de abogado. Necesito esta información para un estudio que me pidió un cliente.

Ante esto, los militantes o los tecnócratas independientes sobre quienes Frei siempre ejerció una especie de fascinación, le proporcionan informaciones y documentos que van a parar a los archivos del Instituto. De allí los toman, para procesarlos y utilizarlos contra el gobierno, los técnicos freistas. Del Instituto salieron, por ejemplo, los textos del discurso que pronunció recientemente en el Senado José Musalem, en que se criticaban las medidas económicas de la Unidad Popular, con gran cantidad de antecedentes. Con razón, Andrés Zaldívar suele jactarse:

—Lo que no tiene Allende, lo tenemos nosotros.

Otra muestra de la eficacia con que Frei y sus acólitos atacan a sus enemigos políticos fue la reacción ante las renuncias masivas de los dirigentes del MIC. Estos recordaban con ironía:

—Nos fuimos del partido un viernes y el lunes, Baldemar Carrasco, un oscuro diputado DC por el sur, pronunció un muy documentado discurso en contra de nosotros. Nos parece muy raro que durante el fin de semana haya podido reunir todos esos antecedentes.

La táctica, pues, resulta clara: en Elisa Cole se reúne y analiza toda la información política y económica y luego se la utiliza para nutrir los discursos de los parlamentarios o dirigentes más incondicionales de Frei. Lo mismo se hace con los personeros que defienden las tesis freistas en los dos programas políticos dominicales de la TV: Rafael Moreno, del 7, y Claudio Orrego, del 13. Ambos son "aleccionados" y preparados en el Instituto antes de sus apariciones ante las cámaras.

El Instituto, al que los enemigos de Frei dentro de la DC llaman "la madriguera freísta", sirve también de base intelectual y centro de documentación a los medios de comunicación de masas controlados por el mismo grupo que dirige las actividades de Elisa Cole: el diario "La Prensa" y las radios Cooperativa Vitalicia, Balmaceda, Santiago y Cruz del Sur. Nutre igualmente a otros centros "académicos" controlados por Frei: la Corporación de Desarrollo Universitario (CPU, funciona con fondos alemanes del ISI, Instituto de Solidaridad Internacional) y el Instituto de Estudios Políticos (IDEP, financiado con fondos de la DC europea), a través de éste último se relaciona con la ODCA, el organismo de la DC en América. Todo ello conforma una vasta plataforma de documentación política y económica, paralela al Partido Demócrata Cristiano y por completo ajena a todo control político. Sólo responde a la dirección de Frei y su grupo, el más derechista dentro de la DC y su finalidad es una sola: satisfacer la "vocación de poder" del líder.

AVERIGUADOR


Análisis

EL SOCIALISMO LLEGA AL CAMPO

PARA los miles de afuerinos, los cesantes, las miles de familias que viven en los latifundios o en los fundos recién expropiados, en general, para la clase campesina, la noticia de la decisión de la Unidad Popular de comenzar a constituir Centros de Reforma Agraria será motivo de gran alegría. Para muchos campesinos significará que al expropiarse un latifundio no quedarán marginados de toda posibilidad de trabajo, como sucedía con los asentamientos.

Ya no habrá división de los campesinos en dos categorías: los que quedan "dentro", y los que quedan "fuera". Ya no habrá, en los fundos expropiados, asentados, socios, contratados, afuerinos, etc., como en los asentamientos de la DC. Ahora todos los trabajadores de los predios permanecerán en ellos, y ninguno pasará a ser discriminado. Ya no habrá asentados. Y tampoco habrá la contraparte de ellos, la "fuerza laboral" de los asentamientos.

El acuerdo logrado por la Comisión Nacional Agraria de la Unidad Popular tiene una trascendental importancia. Se abre el camino para el establecimiento de relaciones de producción superiores en la agricultura, permitiendo el desarrollo de una conciencia revolucionaria en el campesinado. Y junto a esto se crea la base para una ordenación racional del proceso productivo, abriendo un cauce real al desarrollo de las fuerzas creadoras de los campesinos.

DIFERENCIAS CON LOS ASENTAMIENTOS

A primera vista los Centros de Reforma Agraria no son más que una modificación de la estructura interna de los predios en cuanto a su manejo, una unión de dos o más latifundios expropiados, en la cual tienen derecho a permanecer todos los trabajadores sin discriminación.

Pero estas características, que superficialmente aparecen como mero cambio organizativo, le dan a los Centros cualidades fundamentalmente diferentes a los asentamientos.

En primer lugar, se reconoce en ellos a la clase campesina como tal, sin dividirla en una parte privilegiada y una discriminada. El privilegio de los asentados por sobre los campesinos que no lo son, radicaba en que son ellos los dueños de la tierra una vez asignada, teniendo derecho a repartirse las utilidades, y por lo tanto, pueden manejar la producción dentro de criterios fijados por ellos. Esto significa que los asentados tienen el derecho a manejar el asentamiento en la forma que permita lograr un mayor beneficio personal para ellos. Y para eso no les está prohibido ni siquiera explotar a sus hermanos de clase, que en muchos casos eran, bajo el antiguo latifundista, compañeros de trabajo.

En segundo lugar, se reconoce en los Centros de Reforma Agraria el derecho de las mujeres a participar en todas las decisiones, tanto de tipo social como económico. Mientras en los asentamientos la mujer sigue recluida a las funciones que tradicionalmente la clase explotadora la obligó a cumplir, en los Centros de Reforma Agraria las mujeres se incorporan a la asamblea con los mismos derechos y las mismas obligaciones que todos los campesinos. Ellas eligen al presidente del Centro, a los miembros del Comité de Bienestar Social y a los miembros del Comité de Control y de Disciplina.

Los raquíticos Centros de Madres, que muchas veces aparecen opuestos a las actividades de los campesinos hombres, se incorporan aquí como parte integral de todo el desarrollo del Centro, junto a los otros grupos del Comité de Bienestar.

En tercer lugar, se elimina el vicioso sistema del pago de un "anticipo a cuentas de utilidades", que en el fondo no ha sido otra cosa que una subvención a la ociosidad de algunos asentados. Ya no habrá anticipo a una utilidad hipotética, que nunca se establece realmente —debido a que en la práctica tal utilidad no existe, porque si hay algo que los asentamientos han producido, son pérdidas—. En los Centros habrá un pago según normas de trabajo. El campesino que cumpla su norma recibirá el pago fijado de antemano. El que no trabaja o no cumple su norma, no recibe dinero o recibe un pago disminuido.

Con esto se comienza a crear la base para formar conciencia entre los campesinos del deber social que significa cumplir con la norma. El sistema de normas de trabajo deberá ser discutido y elaborado por los propios campesinos dentro de una campaña de discusión masiva. Esta es una tarea realmente revolucionaria, tanto para los propios campesinos como para los funcionarios que deben prestarles ayuda.

En cuarto lugar se elimina el lucro individual, y con ello toda posibilidad de acumulación de la riqueza en forma particular. No podríamos afirmar que los asentamientos hayan permitido una acumulación individual, porque, como hemos dicho, lo que han acumulado realmente han sido deudas. Pero esto se debe esencialmente a que el principio en que se basaban era justamente la apropiación individual de la riqueza producida, aunque este principio se encontró ante una triste contradicción con la realidad.

LOS FUTUROS ARGUMENTOS DE LA REACCIÓN

Las cuatro diferencias fundamentales mencionadas, naturalmente no abarcan todo el contenido revolucionario de esta nueva organización.

La reacción unida, la derecha "nacional" y la derecha democristiana, elevarán el grito al cielo, implorando a los dioses terminar con este sistema de "estatización", de colectivización, de trabajo forzado, de manipulación política, etc. Se valdrán de las directivas de las federaciones de asentamientos, a las que tienen bien preparadas, y a las que llevaron a un congreso en el que lanzaron su grito de guerra contra cualquier organización nueva de los fundos expropiados.

La actitud de la Confederación de Asentamientos será lógica. Los Centros de Reforma Agraria no sólo debilitarán su posición reaccionaria, porque no irán incorporando nuevos asentamientos a sus federaciones, sino porque tendrán tanto efecto irradiante hacia muchos asentados, que se generará entre ellos el deseo de Incorporarse a los Centres que se constituyan. No sólo debido a las ventajas económicas que les brindará incorporarse a una explotación que abarca una superficie mucho mayor, sino debido a todo el sistema de retribución del trabajo, al sistema de organización de los equipos de producción, al sistema de dirección por parte del Comité de la Producción, integrado por todos los responsables de los equipos de producción, más los campesinos elegidos directamente por la asamblea, por la participación democrática de todos los campesinos, por la integración de las compañeras, etc.

La reacción democristiana se olvidará rápidamente que ha sido justamente ella la que con su sistema de "anticipos" ha provocado corrupción entre los campesinos. Las normas de trabajo de los Centros extinguirán paulatinamente ese sistema podrido.

Y se olvidarán que han sido ellos los que han utilizado a los asentados para bajos intereses políticos, con la ayuda del aparato del Estado, en especial la CORA con su Departamento de Desarrollo Campesino. ¿No es una extraña casualidad que todas las federaciones de asentamientos tengan mayoría DC? ¿No se deberá esta casualidad al hábil manejo del crédito, de la maquinaria, de los "anticipos", de las semillas, de la comercialización, que supo dar la DC para extorsionar sutilmente a los campesinos? ¿No tenemos suficientes pruebas, incluso bajo el actual gobierno, de las manipulaciones partidistas de la DC, que utiliza para ello a los funcionarios que, bien remunerados, mandó a construir su poderío en el sector de los asentamientos?

LAS PERSPECTIVAS REVOLUCIONARIAS

El momiaje podrá gritar y acusar al Gobierno Popular, pero los campesinos no se dejarán engañar. Nosotros debemos estar alertas y aprovechar las posibilidades que se dan con esta nueva organización. Debemos reconocer las perspectivas que se abren al proceso de cambio de toda la estructura del campo chileno. La constitución de los Centros de Reforma Agraria deberá transformarse en una campaña masiva, en una movilización de toda la masa campesina para que comprenda que esta forma le abre las puertas para desarrollar las relaciones de producción socialistas.

La constitución de los Centros deberá provocar discusiones masivas entre los campesinos, que deberán manifestarse en las asambleas. La unión de varios fundos expropiados y la constitución de una sola Asamblea dará la posibilidad de una gran campaña de movilización, de unión y discusión entre los campesinos. Las asambleas deben transformarse en órganos de expresión de la masa campesina en torno a las cuestiones de la producción. En ellas, los campesinos comprenderán junto a sus compañeros lo que significa el cambio de una forma de producción individualista a una forma colectiva, y adquiriendo conciencia de las relaciones de producción que los rodeaban y de las nuevas que han de crear. Comprenderán así las contradicciones de clase con la burguesía, y también las contradicciones de su propia clase.

La discusión sobre las normas de trabajo que regirán en los diferentes Centros aclarará las responsabilidades individuales y su relación con la responsabilidad colectiva de toda la clase. Los campesinos aprenderán a adoptar una nueva actitud frente al trabajo, tomando conciencia, como dice Che Guevara, que "el no cumplimiento de la norma significa el incumplimiento del deber social; la sociedad castiga al infractor con el descuento de una parte de sus haberes". Comprenderán así que "la norma no es un simple hito que marque una medida posible o la convención sobre una medida del trabajo; sino que es la expresión de una obligación moral del trabajador, es su deber social". (Che Guevara: "Sobre el sistema presupuestario de financiamiento").

Igualmente, la constitución del Comité de Bienestar deberá provocar una gran movilización en torno a las necesidades de los campesinos. Se crearán las bases para una efectiva campaña de alfabetización de los miembros de los Centros, de mejoramiento de la higiene y la salud, de una organización del deporte popular y de la elevación cultural.

El Comité de Control cumplirá una función importante en todo el desarrollo de una nueva conducta, tanto frente a la producción, controlando el cumplimiento de las normas, la eliminación del derroche, del mal manejo administrativo, como frente a las necesidades de crear una justicia nueva, una justicia popular. El Comité de Control y de Disciplina permitirá solucionar los conflictos entre los campesinos por ellos mismos, permitiéndoles cumplir una función que hasta ahora la sociedad burguesa les tenia estrictamente vedada.

Con los Centros de Reforma Agraria se ha impuesto, en la teoría, la concepción socialista. De todos nosotros depende que se imponga en la práctica.

CONACHO


Documentos

SOCIALISTAS RATIFICAN:
NI UN CENTAVO PARA LAS COMPAÑÍAS NORTEAMERICANAS

El Partido Socialista efectuó a mediados de este mes en Algarrobo un Pleno de su Comité Central. Se hizo allí un análisis de la situación política y económica del país y una evaluación de la gestión del gobierno de la UP. Los aspectos fundamentales abordados por el Pleno socialista están contenidos en el siguiente documento que PF considera de interés reproducir.

EN los últimos meses y como resultado del cumplimiento inexorable del programa de liberación nacional y de transición al socialismo que lleva adelante el Gobierno Popular, la reacción interna está endureciendo su posición, asilada en el Congreso y en sus propias organizaciones de clase, utilizando en escalada todos los medios a su alcance —reiteradas intrigas publicitarias, sabotaje económico y armamento clandestino—, para frenar el proceso revolucionario escogido libremente por la mayoría del país.

El Partido Socialista considera que la respuesta adecuada a la escalada de la derecha y del imperialismo radica en acelerar la gestión revolucionaria iniciada el 4 de noviembre, en alcanzar la plenitud del poder político y en reivindicar para el pueblo las fuentes de producción fundamentales, sentando las bases materiales necesarias para la construcción de la sociedad socialista.

En este sentido, es imperativo acrecentar rápidamente el área de propiedad social, incorporando a ella las empresas monopólicas y otros sectores estratégicos de la economía que aún persisten en manos del sector privado. En este proceso, los trabajadores deben tener una participación inmediata en el control y la dirección de las industrias socializadas. Sólo en la medida que las empresas sean transferidas del área capitalista y se ejerza la participación de los trabajadores que en ellas laboran, será posible ganar la batalla de la producción.

La batalla de la producción debe ir aparejada indisolublemente con la batalla por la socialización.

2.—Constituye también un imperativo insoslayable la expropiación de toda la tierra que afín se encuentra en poder del latifundio, objetivo que debe alcanzarse en el próximo año. Este proceso no culminará con la creación de una gran capa de pequeña-burguesía propietaria, como lo soñara el reformismo freísta, sino con la aparición de formas de producción colectivas y solidarias on el agro chileno, garantizándose los derechos del campesinado y su plena incorporación al ejercicio del poder político y a las tarcas de construcción de la nueva sociedad.

3.—La ofensiva que debe librarse en todos los frentes para liquidar la infraestructura capitalista y, por consiguiente, para crear nuevas formas de producción y relación social, encuentra su mayor obstáculo en la estructura jurídico-institucional del país, concebida precisamente para servir a los grandes propietarios y para custodiar sus intereses de clase. Por eso, ha llegado el momento de adecuar jurídicamente la institucionalidad chilena a las transformaciones revolucionarias que están remondando nuestra sociedad.

Con este objeto, el Partido Socialista, ante el actual Parlamento que no representa ya a las mayorías nacionales y, por el contrario, ha pasado a constituirse en un bastión de la resistencia reaccionaria, propicia reformas constitucionales que contemplan la facultad del Presidente de la República para disolver el Congreso Nacional y el reemplazo de éste por la Asamblea del Pueblo; el establecimiento de los mecanismos adecuados para expropiar los monopolios industriales y comerciales, como asimismo las empresas estratégicas; y la incorporación del derecho de los trabajadores para participar en la gestión de las empresas, en el texto constitucional.

Estas reformas constitucionales generarán un verdadero enfrentamiento político entre el Gobierno Popular y las fuerzas reaccionarias internas y externas. Por eso, será necesario realizar un extraordinario esfuerzo por elevar la conciencia política de las masas para hacerlas comprender que lo que está en juego, tras dichas reformas, es la posibilidad de romper el empate político y manejar las herramientas reales del poder, para lo cual deberá promoverse la más amplia movilización de las masas trabajadoras en torno a sus intereses de clase.

4.—Esta ofensiva dirigida a eliminar el freno que impone el aparato jurídico-institucional actual, no debe hacer olvidar la necesidad de enfrentar síntomas negativos que se advierten en esta primera fase del Gobierno Popular y que derivan, en gran medida, de la herencia recibida del pasado. En este sentido, se encuentra en primer término la estructura inadecuada de la Administración Pública, producto del crecimiento inorgánico del Estado capitalista y que debemos readaptar a las exigencias que plantea un Estado planificador.

Para introducir las rectificaciones necesarias en esta materia, el Presidente de la República debe contar, sin más tardanza, con facultades especiales, que le permitan efectuar una racional reforma administrativa.

Ya en otras oportunidades, el Partido Socialista ha hecho oír su voz de alerta contra el burocratismo, riesgo inherente a toda empresa histórica de construcción del socialismo. Ahora, reitera que la gestión administrativa sólo adquiere fuerza y eficacia con la presencia y concurso activos de las masas, con su participación en las decisiones y con su derecho a la crítica en todos sus niveles. Por eso, señala también que constituye una tarca de primer orden denunciar las tramitaciones burocráticas que, en muchos casos, forman parte de una campaña de descrédito contra el Gobierno Popular impulsada por grupos de oposición organizados en el seno mismo de la Administración Pública.

5.—El Partido Socialista reitera una vez más su condenación a las acciones espontaneístas de masas expresadas en tomas inorgánicas e indiscriminadas de industrias y fundos, las que si bien contienen un fondo de justicia reivindicativa frente a una explotación centenaria, perturban el desarrollo de la política del Gobierno on estas áreas de su actividad. El Partido Socialista recuerda a los trabajadores que ahora ellos son Gobierno y que corresponde a sus vanguardias políticas decidir sobre la oportunidad, magnitud y justificación de dichas formas de lucha.

6.—En el debate realizado, el Pleno Nacional destacó asimismo que los fenómenos de crisis acaecidos en el seno de varios partidos políticos chilenos, se derivan de los reagrupamientos ideológicos y de las respuestas de los diversos sectores sociales que las estructuras políticas representan, frente al hecho concreto de nuestra decisión de marchar hacia el socialismo.

En este sentido, tal situación presenta el signo positivo de clarificar ante los trabajadores quiénes están por los cambios revolucionarios y quiénes se desplazan hacia la trinchera de la resistencia contrarrevolucionaria. Por eso, es de esperar que el desenlace de estos procesos desemboque en la reagrupación masiva y unitaria de aquellas fuerzas que coincidan en sus postulados ideológicos o en la fisonomía de su base de sustentación social.

7.—El Partido Socialista expresa su adhesión irrestricta a la política internacional del Gobierno Popular presidido por Salvador Allende. Esta política, como es de conocimiento de todos los chilenos, se caracteriza, ante todo, por resguardar los intereses nacionales, por sacudir la explotación imperialista, por afirmar el derecho de los pueblos a darse libremente gobiernos que impulsen su desarrollo económico y político, y por promover la amistad y la cooperación con todos los países del mundo que, a su vez, respeten nuestra independencia nacional.

El Gobierno Popular ha reivindicado, por fin, el derecho soberano a escoger su propia política internacional, sin sujetarse a las tutorías imperialistas. Con este predicamento, Chile ha establecido relaciones diplomáticas y comerciales con todos aquellos países del campo socialista con los cuales, por presiones extranjeras, no se habían establecido con anterioridad y ha expuesto con entera franqueza su posición en los organismos internacionales como la Organización de Estados Americanos y el Fondo Monetario Internacional.

8.—En este mismo sentido, el Gobierno Popular ha logrado disipar todas las dudas fomentadas por las agencias imperialistas sobre nuestras vinculaciones con los países limítrofes, alcanzando las mejores relaciones diplomáticas con aquéllos, como asimismo con los países del área andina, resultados que se espera alcanzar también con Bolivia mediante el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambos países. En esta forma, se están desmoronando las maniobras imperialistas dirigidas a crear dificultades en las relaciones de Chile con los demás países de América latina.

9.—El Partido Socialista señala una vez más al pueblo de Chile que el enemigo fundamental del proceso revolucionario que, libre y democráticamente, se está impulsando en nuestro país, es el imperialismo norteamericano. La nacionalización del cobre y demás riquezas básicas explotadas por empresas extranjeras desde hace muchos años y que ahora pasan a poder del pueblo, deteriorará el sistema de explotación de los países subdesarrollados, en que se asienta el poderío y la riqueza de Estados Unidos.

Por esta circunstancia, Chile empieza a sufrir la ofensiva del imperialismo, mediante presiones económicas tendientes a obtener indemnizaciones injustificadas por la nacionalización de los minerales de cobre. En este sentido, el Pleno Nacional expresa su condenación más rotunda a los intentos del Eximbank, agencia gubernativa norteamericana, para intervenir en un asunto privativo del pueblo chileno, como es el régimen de indemnizaciones a las empresas cupríferas nacionalizadas.

10.—El Partido Socialista destaca que el Congreso Pleno, por unanimidad, aprobó el proyecto de reforma constitucional enviado por el Ejecutivo, el cual permite nacionalizar la Gran Minería del Cobre y la Compañía Andina. Este proyecto, tal cual fue despachado por el Congreso, contiene vicios y errores que hacían aconsejable usar la facultad del veto; sin embargo, las demás colectividades integrantes de la Unidad Popular no fueron partidarias de nuestro planteamiento. El proyecto fue en definitiva promulgado y publicado, tal cual lo despachó el Congreso Pleno. El Partido Socialista piensa que sus disposiciones deben aplicarse con la máxima severidad.

Durante cincuenta años hemos sufrido la explotación y el saqueo de nuestras riquezas fundamentales. Los monopolios norteamericanos, con sólo una inversión inicial de 3 y medio millones de dólares se han llevado del país sobre 8 mil millones de dólares. La sola utilidad de los últimos cuatro años es igual al valor de libros de estas empresas. De acuerdo con la reforma constitucional aprobada, la indemnización la determinará el Contralor General de la República, según sea el valor de libros, el cual, para el conjunto de las empresas, alcanza aproximadamente a 550 millones de dólares. De este valor pueden deducirse diversas cantidades por diferentes títulos. La principal deducción es la derivada de la rentabilidad excesiva. El Presidente de la República está facultado para determinar qué porcentaje de las utilidades es considerado "rentabilidad excesiva". Según sea este porcentaje, la Anaconda y la Kennecott tendrán o no derecho a ser indemnizadas e incluso es posible que deban restituir los valores apreciables. Sin pretender interferir en la facultad del Jefe del Estado para fijar la rentabilidad excesiva, y reconociendo el derecho a apelar que tienen, tanto las empresas norteamericanas como el Estado chileno, ante un Tribunal Especial, nuestro Partido piensa que los dos grandes consorcios monopolistas norteamericanos no deben recibir indemnizaciones de ningún orden.

Tal resolución no obedece a una actitud de venganza en contra de los empresarios norteamericanos. Ella tiene su fundamento en la facultad soberana, otorgada en forma unánime al Presidente de la República por el Congreso Pleno, y al mecanismo de indemnización previsto en la misma Reforma Constitucional. Sólo ejercitamos un derecho inalienable, aprobado por todos los partidos políticos chilenos.

Por eso, el Partido Socialista llama a todo el pueblo chileno y a sus organizaciones a defender intransigentemente la soberanía del país en su política del cobre y a mantenerse alerta para apoyar, por todos los medios, los propósitos del Gobierno de la Unidad Popular destinados a cautelar los intereses de Chile frente a las compañías imperialistas. Destaca, al mismo tiempo, ante los pueblos y organizaciones populares de toda América latina esta nueva manifestación de la prepotencia imperialista y requiere su apoyo a la política de Chile, que interpreta la aspiración y la existencia histórica de todos los pueblos latinoamericanos para autodeterminarse y recuperar en ejercicio de su soberanía, sus recursos naturales hoy en manos extranjeras.

11.—Con idéntico espíritu solidario hacia el proceso de cambios revolucionarios que están impulsando los pueblos en América latina, el Partido Socialista expresa su simpatía y solidaridad hacia la Asamblea Popular de Bolivia, por constituir ella la auténtica expresión de la voluntad popular dirigida a promover el proceso revolucionario en el Altiplano.

De igual modo, manifiesta su satisfacción por la recomendación formulada por dicha Asamblea, en el sentido de que el Gobierno boliviano promueva la reanudación incondicional de las relaciones diplomáticas con Chile, Cuba y China Popular. Esta recomendación interpreta el pensamiento internacionalista de las vanguardias políticas bolivianas.

Inspirado en estos mismos principios internacionalistas, el Partido Socialista reafirma también su voluntad de lograr, a breve plazo, el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Chile y Bolivia, con el objeto de crear las condiciones para que ambos pueblos resuelvan todas las cuestiones de interés común, a objeto de facilitar el desarrollo económico y social de ambos países en un marco fraternal, latinoamericanista y revolucionario.

12.—Con el objeto de enfrentar la acción imperialista en América Latina, el Partido Socialista propondrá convocar, en nuestro país, a una Conferencia Económica Continental Antimperialista, con la más amplia participación de partidos y movimientos revolucionarios, organizaciones sociales, institutos y centros de investigación científica y universitaria, entidades sindicales y personalidades revolucionarias. Esta Conferencia será la encargada de realizar el diagnóstico de la dramática realidad económica de este continente.

A esta Conferencia deberán concurrir todas las vanguardias políticas revolucionarias que han cumplido en sus respectivos países un rol positivo en la denuncia y el combate contra la penetración imperialista, entre las cuales se destacan aquellas que han triunfado en Cuba y en Chile, territorios libres de América latina. La adecuada evaluación de sus respectivas experiencias y su solidaridad permitirán acelerar la victoria del socialismo en este continente, la que vendrá a poner término a los altos índices de miseria, analfabetismo, cesantía, marginalidad y subdesarrollo económico, que pesan como una lápida sobre más de doscientos millones de seres humanos.

El Partido Socialista emerge del Pleno Nacional unido y vigoroso como nunca lo estuvo en toda su historia. Ha fracasado la orquestada campaña de la reacción que suponía disensiones en su seno. El motivo de la intriga derechista surge de nuestro carácter de Partido mayoritario en el ámbito político nacional, en la medida que las masas nos han entregado su confianza. A ellas les decimos, una vez más, que este partido de los trabajadores responderá, como siempre, a sus anhelos y que opondrá su unidad monolítica y su voluntad combatiente a todo intento de oposición a la Revolución Chilena.


Debate

PROBLEMAS DE LA ACCIÓN CULTURAL

PARECE inevitable referir toda discusión al antes y al después del 4 de septiembre de 1970. Obvia distinción si se considera el período de luchas de clase que se inauguró entonces, no lo es tanto y a veces puede resultar perjudicial en la concepción de la acción a desarrollar en los diferentes frentes de lucha.

El ascenso al gobierno por las fuerzas de la Unidad Popular significó para las clases dominadas una apertura a la consecución de un gran margen de expectativas y reivindicaciones, y particularmente un número importante de tareas y objetivos a cumplir en tanto clase. En ese marco ha existido una tendencia no ya en la clase en su conjunto, sino en individuos y sectores de la pequeña burguesía revolucionaria y aun en ciertos gestos de miembros de direcciones políticas de los partidos de la Unidad Popular, a dividir la historia del país en una gran fracción de pasado, que terminaría ese 4 de septiembre, y una gran fracción de porvenir, que comenzaría ese mismo instante.

Así, y no sólo en el campo cultural, se ha verificado una inclinación a proponer: "de ahora en más, todo será distinto, todo será como debe ser. Corresponde aguardar el paulatino cumplimiento del Programa, se trata de aportar a él en la medida de las posibilidades de cada cual, ese Programa dará a todos los marginados un sitio digno bajo el sol". El pasado injusto sería eliminado, el pasado silenciado podría por fin hablar cada vez más plenamente. Esa inclinación se ha afirmado, por ejemplo, en la consagración no demasiado debatida de una "vía chilena", democrática, pluralista, etc., de acceso al socialismo. Ese mismo procedimiento de dividir "antes" y "después", rigurosamente asumidos, también ha ocasionado tendencias que conciben que a partir de la utilización de la fracción de poder obtenida se puede generar con relativa facilidad un avance creciente hacia la socialización de los medios de producción, y a descuidar la gestión orgánica desde abajo hacia arriba de la clase obrera y el campesinado en esos medios de producción.

Notoria en los primeros momentos de la gestión gubernamental, la aparición creciente de las verdaderas dificultades para concretar esos proyectos ha mitigado el entusiasmo barato. Pero las dificultades aparecen allí donde se da una acción: en el campo de la propiedad social, en el campo político propiamente dicho, en el Parlamento y la Justicia, sedes del poder de la reacción. En cambio, hay sectores de la vida nacional que no han recibido ni requerido aún una acción decidida de gobierno. En esos sectores aún sigue verificándose con fuerza la tendencia al "antes" y al "después": como se ha hecho poco, las expectativas iniciales siguen vigentes. También sobreviven las ilusiones de rápido cambio. No es malo que esas expectativas perduren: a cada momento sirven para dar cuenta de la ausencia de acción en sus campos específicos. Pero sería interesante buscar el presente concreto, tratar de aproximar los proyectos y las ilusiones a la materia viva del período. Buscar las modalidades de ese presente concreto servirla quizás para ir limando ilusiones idealistas o la proyección de prejuicios pequeñoburgueses.

Tal es el caso del campo cultural, en el que trataremos de apuntar algunas cuestiones iniciales, tratando de abrir el terreno de una discusión política (ideológica y práctica), sin pretensión de presentar todavía un programa.

LA NECESIDAD DE DEFINIR EL MARCO DEL PERIODO

En un artículo reciente (Cuadernos de la realidad nacional, Nº 8), Hernán Valdés hace mención de las dificultades y requisitos que a su juicio se han dado en la elaboración de una política cultural por parte del gobierno popular. Valdés asume dos puntos de vista que no necesariamente deben ser contradictorios: por un lado, la necesidad social de una política cultural; por otro lado, el aporte de los intelectuales de izquierda que no militan en los partidos políticos chilenos. Sin embargo, su doble apoyatura ocasiona una dificultad inicial: la carencia de una adecuada caracterización del periodo abierto en Chile. Esa caracterización es indispensable, nos parece, si se quiere asumir el problema en concreto. No existe una política cultural para cualquier país, por cierto, pero tampoco existe una política cultural más que en función de una definición estratégica y táctica políticas globales para un determinado período histórico de la sociedad de que se trate. Si hacemos una caracterización, la política cultural tendrá rasgos correspondientes; si hacemos otra, otra será asimismo la política cultural. Y si no hacemos la caracterización política global del período, y nos limitamos a proponer una política cultural, corremos el riesgo de idealismo. Por tanto, antes de hablar de cultura se trata de hablar de política.

Por ejemplo, indicar inicialmente que Chile vive un período de transición al socialismo, o suponerlo, y no precisar de qué transición se trata, cómo actúan las distintas clases sociales enfrentadas, etc., induce a plantearse tareas culturales "para la transición" que pueden no tener nada que ver con el Chile de hoy. Cuando Lenin hablaba de transición lo hacía con todo el poder en manos del Estado soviético, y también enfrentado a una situación de guerra y de economía devastada. La transición es algo concreto, históricamente datado y conformada, o no és nada: por lo tanto resulta impracticable o corre el peligro de serlo, una política cultural "para la transición al socialismo" que elija determinadas prioridades genéricas, mientras descuida el conocimiento de la mentada transición.

En el artículo que mencionamos, Hernán Valdés apunta: "posiblemente la única política cultural que corresponde aplicar en la etapa actual de nuestro proceso, es aquella que tienda a instrumentalizar por el propio pueblo sus contenidos culturales conscientes y subyacentes, hasta hoy inhibidos, sofistica, dos o escasamente traducidos por intermediarios cultos". Ahora bien —y respetamos tanto las tesis como el tono de aporte real del trabajo—, corresponde inquirir acerca de las tareas de la clase obrera y el campesinado, los sectores revolucionariamente más consistentes del "propio pueblo", y de esa interrogación desprender la viabilidad de la política cultural propuesta. La concepción de Valdés resulta en este terreno tributaria de la aceptación rápida de la transición, abstracta y generalizada. Veamos con cuidado, discutiendo. El triunfo de Salvador Allende el 4 de septiembre fue resultado tanto de un avance de la lucha de las clases dominadas como de la división de la oposición burguesa. En ese avance de la lucha, "el pueblo" busca el poder total sobre la sociedad. Como la situación chilena era específica y tiene caracteres propios, ese avance logra el acceso a una zona dada del poder mientras sus adversarios siguen detentando la mayor parte de los instrumentos de dominación política, jurídica, económica y también ideológicos. Al mismo tiempo, dicho avance se vehiculiza circunstancialmente dentro de la institucionalidad vigente. El enemigo de clase está en el campo de enfrentamiento, tiene recursos y poder, impone en cierto modo al triunfo electoral, entendido como triunfo de la clase obrera, el terreno de batalla que más le conviene. De allí que existan limitaciones bastante considerables ya no solamente para la materialización del programa de la Unidad Popular, sino también para el desarrollo creciente de las luchas del pueblo hacia el poder total. Limitaciones a las que hoy asistimos cada vez más notoriamente.

La clase obrera en su conjunto y el campesinado tienen, pues, tareas que hacen al aprovechamiento de la brecha institucional abierta, dentro de la institucionalidad, pero también tareas que hacen a su propio desarrollo de clase, que no siempre pasan por tal institucionalidad. En esencia, el proceso es bifronte, y la situación política general en que se desarrolla no está definida de modo explícito y completo. Para las clases dominadas se trata de avanzar en el cumplimiento del programa de la Unidad Popular, y al mismo tiempo, dentro o fuera de él, producir su propia homogeneización política y un aumento de su combatividad organizada. O sea, avanzar en la batalla por el control de la economía y el desplazamiento de los burgueses de sus medios de producción y avanzar también en la gestación y consolidación de su conciencia de clase.

Para decirlo con más precisión: en cuanto hace al programa de la UP, se trata de buscar la hegemonía en la sociedad civil y en cuanto a sus tareas como clase, de preparar las condiciones para el dominio efectivo a través de la obtención de todo el aparato del Estado.

Es dentro de este esquema como debe, tal vez, ubicarse la acción cultural. Si tal fuera, entonces aparecerían objetivos que sean algo más modestos que "devolver el habla al pueblo": quizás aquellos que tienen que ver con la radicalización de su conciencia política, con la acentuación de su organicidad de clase.

La política cultural del período se nos acercarla más visiblemente: se trata de gestar formas de acción cultural específicas y transitorias, dentro o fuera de las instituciones vigentes, que cumplan funciones de agitación y propaganda. La clase en ascenso, el proletariado de Chile y sus aliados, requieren crecientemente aquello que Gramsci llamaba "intelectuales orgánicos". Son orgánicos en la medida en que actúan dentro de los intereses tácticos y estratégicos de esa clase en ascenso, produciendo al mismo tiempo aportes técnicos particulares y dando en determinados frentes la batalla contra los "intelectuales orgánicos" de las clases enemigas.

Tendremos tiempo de volver sobre el tema, que necesita algo más que este esbozo.

INTELECTUALES DE IZQUIERDA Y SUS APORTES

Valdés llama la atención acerca del tipo, llamémoslo piadosamente "tradicional", de concebir la política cultural. Se trata de los trenes de la cultura, por una parte, y por otra de la aspiración de los autores inéditos a que el Estado corra con la graciosa tarea de editarlos masivamente.

Valdés señala con precisión y justicia cómo ambas formas no consisten más que en una deformación burocrática y empresarial, la primera, y la otra en la ceguera que impide advertir más allá de la "calidad" de cada obra inédita, que ella ha estado suscitada por un contexto histórico y político que no es el presente. Frente a esa política incorrecta recuerda el trabajo de varios autores titulado "Política cultural y gobierno popular". Es cierto, no lo propone como tabla de salvación, sino como aporte a la discusión. No obstante, corresponde señalar algunos párrafos de esa proposición: dice "¿Cuál debe ser el papel responsable del intelectual y del artista que se demuestren como tales en el curso del proceso? Un complejo papel orientador. El de vanguardia del pensamiento; el de crítico permanente de un presente conflictivo; el de conciencia vigilante de los hitos alcanzados y de las proyecciones auténticas que vayan resultando como conclusiones. Si estos tres momentos pueden diferenciarse, no por ello dejan de conformar una unidad inseparable: la del trabajo intelectual".

Pero ¿qué es un intelectual, un artista responsable? Una de dos: o la aceptación de la "vía chilena", en su faz pluralista, nos lleva a reconocer la existencia de la responsabilidad como factor a demostrar en el proceso, y nos permite obviar el pensamiento político de esos intelectuales por haberse vuelto segura su vinculación revolucionaria con la clase obrera y el campesinado; o bien la propuesta es incorrecta.

No existe la responsabilidad al margen de la participación —no meramente técnica, "profesional"— en las expresiones políticas de las clases revolucionarias; existe para los intelectuales la posibilidad de incorporarse plenamente al proceso de transformación social. Así como un obrero no se incorpora al PC al PS o al MIR porque sea diestro en el manejo de tal o cual máquina, así tampoco los partidos revolucionarios deben —y si lo hacen, están en un error— incorporar "especialistas" en narrativa, formas de expresión en general, etc.

Es preciso que la política cultural surja como consecuencia de una acción política precisa y definida; que el intelectual aporte a ese programa cultural en tanto un miembro más dé una organización política, dentro de la cual tiene tareas de militancia que pueden o no ser las típicas de su "profesión". Sólo así el intelectual podrá plantearse la posibilidad concreta de una modificación substancial de su práctica y avizorar el horizonte revolucionario donde su oficio deje de ser el sitio inconfortable de una práctica privada y manipulada para pasar a ser el oficio, entre otros, de una sociedad unificada.

LA REVOLUCIÓN CULTURAL

En ese mecanismo del "antes" y del "después" a que aludíamos al comienzo, se inscribe una posición que es ideológica en el sentido de que no tiene vinculación con la práctica concreta de la sociedad, o alguna de las clases presentes. La experiencia de algunos países socialistas sugiere la necesidad de reconocer "en todo proceso revolucionario de inspiración socialista... dos lineas vertebrales y paralelas que se interrelacionan y que deben desarrollarse de manera coordinada a fin de detener, a tiempo, cualquier desviación o regresión que pueda ser falta para el proceso, como sería el siguiente modelo de desequilibrio: avance hacia la socialización de los medios de producción, cambio en la infraestructura, pero conservadurismo en las manifestaciones superestructurales: el arte, los valores, la conciencia: el destino del hombre" (Hernán Lavín, "La revolución que hace falta", PF Nº 135). El punto de partida es correcto y absolutamente necesario tenerlo en cuenta. ¿Pero qué debe entenderse por modificación superestructura!? El compañero Lavín anota: "El arte, los valores, la conciencia", pero por lo menos este periodo en Chile requiere cierta mayor precisión, aunque se acepte que esos tres ítems son "el destino del hombre".

En primer lugar, preocupa que se llegue a considerar abstractamente el campo superestructural. Si bien "arte", "conciencia", "valores" parecen definirlo, también es cierto que se aventura responder a un asunto importante sólo con retórica. Es preciso intentar la concepción de una modificación superestructural que comienza siendo acción política.

Si por tal acción se entiende la manera como tiene el pueblo de hacer cultura: ya no tanto balbuceando un poema popular, o gritándolo en sus fiestas, sino más que eso: en su práctica política orgánica hacia la conquista del poder. En este sentido el mayor logro cultural del proletariado sería el asalto al poder. Y mientras se prepara en Chile ese instante, se trataría de advertir cómo la modificación superestructural puede pasar con mayor intensidad y con tanta mayor eficacia que en la búsqueda de un nuevo arte, en la práctica política concreta de las clases revolucionarias. Desde el 4 de septiembre hemos asistido a varios actos culturales de nuevo tipo: uno de ellos, claro que no el único, reside quizá en ese que reconoció como autores a un grupo de mapuches y campesinos pobres que por su fuerza y consistencia políticas impusieron en Lautaro, provincia de Cautín, la modificación de hecho del decreto de formación de los Consejos Comunales Campesinos.

En segundo término, precisando, como también quería Gramsci, el sentido diferencial entre "lucha por una nueva cultura" y "lucha por un nuevo arte". El revolucionario italiano decía que "un grupo social que entra en la vida histórica con actitud hegemónica, con una seguridad en si mismo que antes no tenía, tiene necesariamente que suscitar de sí personalidades que antes no habría hallado fuerza suficiente para expresarse cumplidamente en su sentido determinado". Y para ello concebía que había que plantearse una lucha por una nueva cultura, o sea "por una nueva vida moral, que por fuerza estará íntimamente vinculada con una nueva intuición de la vida, hasta que ésta llegue a ser un nuevo modo de sentir y de ver la realidad, y, por tanto, mundo íntimamente connatural con los "artistas posibles" y con las "obras de arte posibles".

Reconocer, entonces, que el ámbito superestructural a revolucionar pasa también —y tal vez principalmente— por la zona de la acción política, y que el objetivo es la lucha por una nueva cultura, quizá sea la manera de evitar la sacralización y los desalientos de los intelectuales de izquierda que quieren aportar al proceso y que se ven encerrados en una práctica que al mismo tiempo los jerarquiza y les hace sentirse en condiciones incluso de reclamar "la incorporación de los artistas e intelectuales a ciertos y determinados organismos de poder", y los condena a la esclerosante situación de ofrecer sólo su técnica y su profesión, cercenando de sí mismos su condición de hombres aptos para asumir las tareas que le plantea a cualquier militante un organismo político de la clase obrera.

PABLO ECHEVERRÍA.


Denuncia

¿CHILE LE DEBE PLATA AL IMPERIALISMO?

LA política financiera del imperialismo se ha endurecido últimamente. La "ayuda" de la AID a Chile ha sido suspendida y el Eximbank ha declarado la eventual suspensión de créditos. Además el gobierno estadounidense ha señalado la iniciación de una política de "mano dura" en organismos internacionales como el BID, BIRF, etc.

El propósito de este artículo es proporcionar algunos antecedentes sobre la significación de este "financiamiento" en el pasado y lo que representa hoy en forma de deuda externa de Chile. Finalmente veremos qué debería hacer con esa deuda el gobierno chileno.

Desde hace algún tiempo el gobierno popular tiene solicitudes de crédito pendientes en el Eximbank. Una de ellas es un crédito por 21 millones de dólares (9,9 millones en crédito directo del Eximbank y 11 millones por concepto de aval de este banco para créditos de otros bancos comerciales norteamericanos) para financiar la compra, en Estados Unidos, de tres aviones Boeing para LAN.

El 12 de agosto el presidente del Eximbank, Henry Kearns, reiteró lo que había dicho públicamente hace más de un mes: que ese banco no considerará créditos a Chile "hasta que este país aclare su política en relación con las inversiones extranjeras". El portavoz del Departamento de Estado, Robert McCloskey, informó el mismo día que Estados Unidos no extenderá nuevos préstamos a Chile "hasta que ese país no ofrezca seguridades valederas de que se compensará a las empresas del cobre que se han nacionalizado". Es decir, una repetición del chantaje sin disfraz ya tradicional de la "diplomacia del dólar", practicado recientemente en los casos de Perú, Bolivia y Guyana. Pero hay más. Hace poco la llamada "ayuda" a Chile de la Agencia para el Desarrollo Internacional, AID, fue suspendida con el argumento que la situación de la balanza de pagos chilena "no requería" préstamos. No obstante el juicio norteamericano sobre la balanza de pagos, se otorgó un crédito de 5 millones de dólares en junio de este año, pero en este caso se trataba de "ayuda militar" para las Fuerzas Armadas (para la compra de un avión militar y equipos de paracaidistas).

Las razones detrás del aplazamiento de los créditos del Eximbank y la suspensión de las actividades de la ALD, obviamente son políticas, no obstante las afirmaciones contrarias de algunos portavoces norteamericanos. Por ejemplo, el Eximbank dice "estar preocupado respecto a la capacidad e intención de Chile para amortizar los préstamos" ya otorgados. Por eso no considerará nuevos préstamos hasta que se dé una "suficiente seguridad de que las firmas que se han nacionalizado recibirán una suficiente compensación". Ahora bien, está claro que una "suficiente compensación" no hará otra cosa que aumentar la considerable deuda chilena con los Estados Unidos y, en consecuencia, debilitaría aún más la "capacidad de amortizar". Tal pago encerraría a Chile fatalmente en el círculo vicioso de préstamos-amortizaciones/intereses-nuevos préstamos del imperialismo.

LA DEUDA DEL ESTADO CON EL EXTRANJERO

Sin o con nuevas transacciones financieras con el imperialismo norteamericano, las obligaciones financieras del Estado chileno con el imperialismo ya son enormes. Parte de la herencia de los regímenes Alessandri-Frei consiste en una gravosa deuda del Estado con el extranjero, principalmente con Estados Unidos. Más de la mitad de esta deuda consiste en los préstamos acumulados de "ayuda" de los países capitalistas y sus organismos internacionales, y el resto principalmente en créditos de bancos comerciales privados.

La "ayuda" capitalista es uno de los mecanismos que tratan de solucionar las contradicciones inherentes al sistema capitalista mundial, preservando el sistema y la división internacional del trabajo. Es decir, para Chile, esa "ayuda" consolida un capitalismo dependiente. La "ayuda" ejerce esa función en dos niveles: 1) apropiación del excedente generado en el país dependiente por el país dominante que otorga "ayuda" (por las condiciones financieras de los préstamos de "ayuda" y por la "ayuda" atada a productos y servicios con sobreprecios); y 2) trata de fortalecer un sistema político y económico, con cambios de modalidades, que permita la explotación imperialista por medios tales como las inversiones directas, relaciones financieras y comerciales, etc. Sin embargo, la función esencial de la "ayuda" capitalista no es la de extraer el excedente en forma directa, sino de contribuir a mantener un sistema que lo posibilite.

El cuadro siguiente demuestra esta evolución de los flujos anuales multilaterales y bilaterales de "ayuda" hacia Chile, desde los países capitalistas industrializados. (En millones de dólares).

1960

18.4

 

1965

120.4

1961

121.3

 

1966

150.9

1962

138.4

 

1967

105.1

1963

146.5

 

1968

173.5

1964

133.9

 

1969

124.1

La "ayuda" pública otorgada a Chile durante el período 1960-1968, ha provenido principalmente de cuatro fuentes: los Estados Unidos —representando 90% de los flujos bilaterales y cerca de 80% de los flujos totales bilaterales y multilaterales—; Alemania Occidental, BID y BIRF. Como le ve en el cuadro de arriba, los desembolsos totales, 1960-1969, han sido irregulares, llegando a su punto máximo en el año 1968, bajando sustancialmente en 1969. En el año 1967 se registró el vale más bajo del período.

La "ayuda" norteamericana consistió principalmente en préstamos del Eximbank y la AID, como se ve en el cuadro siguiente:

‘AYUDA’ PÚBLICA BILATERAL AUTORIZADA POR EE.UU. 1962-1970 (Año Fiscales)(millones US$)

 

1962/64

1965

1966

1967

1968

1969

1970

Total. del cual (*)

399.0

141.6

103.6

285.0

100.5

73.9

28.8

AID

260.7

91.6

90.7

15.1

57.8

35.3

18.0

de lo cual en préstamos

249.4

88.9

87.7

12.5

54.3

32.5

15.0

EXIMBANK

50.8

8.5

-

262.8

14.2

19.6

3.3

“PL.480" -
excedentes agrícolas

59.6

29.6

8.6

5.0

26.5

17.0

5.1

* La diferencia entre el total y los subtotales corresponde a ítems menores, tales como Cuerpo de Paz, etc.

Esta deuda se cuadruplicó entre los años 1960 y 70, y llegó a fines del año pasado a más de 2 mil millones de dólares. El pago por amortizaciones e intereses del presente año representa más de 200 millones de dólares y el servicio total para los tres años 1971-1973, puede estimarse en casi 700 millones de dólares. Es decir, en tres años Chile pagará en intereses y amortizaciones un monto que supera el valor libros de la Gran Minería en su conjunto. (El peso real de esta deuda se entiende en toda su significación si se compara el costo del préstamo de un millón de dólares pagadero a veinte años plazo con un 6 por ciento de interés. Una vez amortizado y los intereses pagados, el prestatario ha devuelto más de 1.6 millones de dólares. El resultado para un préstamo de 10 millones de dólares en condiciones consideradas favorables ("soft loan") con 30 años de plazo, 10 años de período de gracia (durante el cual no se paga amortizaciones) con 2 por ciento de interés y con 3 por ciento en los 20 años siguientes, es similar: por 10 millones se pagan 16 millones de dólares).

De lo que debe el Estado chileno se puede estimar que, alrededor de dos tercios, se refiere a los Estados Unidos. Además, dos tercios de esta deuda corresponden a préstamos por "ayuda" y el 90 por ciento proviene de los Estados Unidos.

LOS ORÍGENES DE LA "AYUDA"

Vale la pena detenerse aquí para examinar brevemente los orígenes, no muy lejanos, de tal "ayuda". Esta se inició en Chile como en otros países andinos con un programa de "cooperación técnica". Un informe del Senado norteamericano lo explica: "Los programas de cooperación técnica del (gobierno estadounidense) en los países andinos se iniciaron durante la segunda guerra mundial. En las primeras fases de aquel conflicto fue cortado el acceso de los Estados Unidos a las fuentes, en el Lejano Oriente, de caucho, quinina, estaño y otros productos estratégicos. Estados Unidos consiguió la cooperación de los países andinos y otras naciones latinoamericanas para aumentar la provisión de estos bienes. Con tal objetivo, este país (los Estados Unidos) envió técnicos en agricultura, salud y educación, y capacitó especialistas latinoamericanos en estos campos". [2]

LOS PRESTAMOS DEL EXIMBANK

Ahora bien, parte importante de la actual deuda chilena por concepto de tal "ayuda" de Estados Unidos, consiste en obligaciones por préstamos del Eximbank en gran parte por conceptos del financiamiento de inversiones complementarias a las de Anaconda y Kennecott en la Gran Minería. Este banco es una institución gubernamental de larga tradición. Fue creado justo después de la Gran Depresión, en el año 1934, para prestar ayuda a los exportadores e importadores norteamericanos. "Somos un banco, cosa distinta a una agencia de asistencia y nuestro propósito es incrementar los atractivos de los productos y servicios norteamericanos" (Kearns, en una declaración del 19 de agosto de 1971). El Eximbank es uno de los instrumentos principales en la política externa de los Estados Unidos. Su presidente es miembro de la Comisión Nacional Consultiva de Problemas Monetarios y Financieros Internacionales, que coordina la política norteamericana de préstamos al exterior. Según el economista norteamericano R. F. Mikesell: "consideraciones políticas juegan un papel extremadamente importante en la decisión (del banco) sobre solicitudes de créditos", puesto que, además de promover las exportaciones norteamericanas, un objetivo de las operaciones es justamente promover el "interés nacional" de los Estados Unidos. Los créditos llevan condiciones comerciales y son cien por ciento atados a compras de productos norteamericanos, principalmente bienes de capital.

LA POLÍTICA DE LA AID

La otra parte de la deuda chilena por "ayuda" norteamericana, consiste principalmente en préstamos de la AID. Este organismo recientemente procedió a excluir a Chile de su programa de "asistencia" internacional, medida lógica si se consideran los objetivos generales básicos de la AID: garantizar la supervivencia del sistema capitalista y la dominación norteamericana en los países penetrados, en base del régimen de "libre empresa", y apoyar y promover el intercambio comercial y las inversiones privadas norteamericanas. Desde el año 60, los esfuerzos de la AID consistieron en medidas para impedir una radicalización política de sectores de la "clase media" urbana y rural. A esto se agregan, en 1961, con la Alianza para el Progreso, programas para "el mejoramiento social y material" de los trabajadores del campo, inspirados en la lección de la Revolución Cubana. La justificación política de un programa masivo de "ayuda" a Chile fue dada por portavoces oficiales: ".. .La importancia de Chile para los Estados Unidos es obvia, dado el liderazgo político de Chile en América latina. Si Chile se queda del lado nuestro de la frontera ideológica, ese país constituye una influencia correctiva en los asuntos hemisféricos. Un Chile comprometido con el comunismo o el extremismo daría resultados espectaculares y desastrosos". "Sin embargo, el trabajo de la AID no fue suficiente para calmar a una delegación de senadores norteamericanos que visitó Chile en 1965. El informe de los senadores dice, en un capítulo titulado "La revolución rural": "La predominante impresión que tuvimos en Chile era la necesidad de esfuerzos más enérgicos en las pequeñas ciudades y en el campo. Desde hace tiempo los comunistas han admitido la importancia de las áreas rurales". Como prueba de eso se llegó hasta citar textos del Che Guevara y Lin Piao.

La mayor parte de los préstamos de la AID ha consistido en "préstamos por programa", cuyo objetivo explícito es influir en la política económica del país "beneficiado". Según la AID la utilidad de tales préstamos consiste en lo siguiente: "AID exige como condición de un préstamo por programa el mejoramiento de la auto-ayuda ("self-help") en ciertos sectores claves de la economía del país". "A causa de su impacto inmediato sobre la economía en su totalidad, los préstamos por programa hacen posible que la AID pueda propugnar con éxito amplias reformas fiscales y monetarias, reformas de impuestos, liberalización de importaciones, aumento de las inversiones públicas para el desarrollo, o cualquiera medida necesaria en las circunstancias de un país específico". Y según R.F. Mikesell: "Puesto que los préstamos por programa financian necesidades de importación de toda la economía (y no solamente de un sector de la economía o un proyecto específico como es el caso de los préstamos por sectores o por proyectos, nota de nosotros), los países beneficiarios de la ayuda están más dispuestos a aceptar condiciones relativas a estas políticas globales que en el caso de un financiamiento externo de proyectos específicos". La amplia influencia norteamericana en materia de políticas económicas se puede ilustrar tomando como ejemplo las condiciones del préstamo por programa otorgado a Chile en el año 1968; según una fuente oficial norteamericana, estas condiciones incluyeron: "la tasa de inflación, endeudamiento del gobierno, el ahorro del sector público, la composición y nivel de la inversión pública, la política monetaria, la política de la tasa de cambio, fomento de exportaciones y factores relacionados".

Un punto de interés es el conocido préstamo por programa otorgado a Chile en abril de 1964. Tenía las características usuales de esos préstamos, pero su objetivo explícito fue de impedir que ganara Salvador Allende en las elecciones presidenciales de ese año. Un informe del Senado norteamericano anota que este préstamo por programa de 55 millones de dólares (que formaba parte de un "paquete de ayuda" norteamericana de 85 millones de dólares) "se otorgó... para impedir un deterioro económico que hubiera resultado en desempleo y descontento y, presumiblemente, en un giro político hacia la ultraizquierda (FRAP) ...". "Debemos esperar de todo corazón que la opinión chilena (léase del gobierno DC) —en el sentido que los ciudadanos hicieron su elección independientemente del hecho de la ayuda de los Estados Unidos, temporalmente disimuló las condiciones reales del país— es correcta. Si no, el mandato de Frei tiene un fundamento extremadamente débil" [3] . La amortización de este préstamo que se debe iniciar en 1974 es ahora formalmente de responsabilidad del gobierno de la UP. ¿Es correcto que lo pague el Gobierno Popular? La responsabilidad parece ser más bien del señor Frei y la gran burguesía.

Los préstamos de la AID en los últimos años han sido completamente atados a compras en los Estados Unidos. Una publicación del "US Department of Commerce" titulado "A market for US products in Chile" ("Un mercado, para los productos estadounidenses en Chile"), dedica un gran espacio a las agencias de "ayuda", llamándolas "Marketing AIDS" (instrumentos para "marketing") y afirma: "La gran ayuda de los Estados Unidos a Chile en apoyo de los esfuerzos de desarrollo de este país, ha jugado y continuará jugando un papel extremadamente importante para financiar las exportaciones norteamericanas a Chile". En declaraciones de la AID se subraya la estrecha vinculación entre la "ayuda" y la apertura de nuevos mercados para productos norteamericanos. La ayuda se utilizaría para introducir productos norteamericanos, estableciendo así la base para un comercio "normal" en el futuro de los mismos productos.

¿A QUIÉN BENEFICIÓ LA "AYUDA"?

La "asistencia" de la AID a Chile ha sido destinada a las siguientes áreas (en orden descendiente de magnitud): 1) transporte; 2) construcción de viviendas ("Community development" y "bienestar social"); 3) agricultura, inclusive proyectos para el "mejoramiento social y material" de los trabajadores rurales. No obstante, en opinión de la misma AID, la industria privada ha sido el primer beneficiario de casi la totalidad de esta "ayuda", financiando sus importaciones y apoyando sus intereses de clase. Eso es según la AID la manera por la cual "la ayuda externa exitosa ... amplía el área de la empresa libre competitiva, mientras que multiplica y difunde sus beneficios".

Ahora bien, la decisión del Eximbank de aplazar los créditos a Chile, lógicamente fue recibida con gritos por los verdaderos beneficiarios chilenos de la "ayuda" norteamericana. "El Mercurio" denominó la decisión como "error de trascendencia internacional" (16.8.71), y Sergio Onofre Jarpa firmó una declaración del Partido Nacional diciendo que la medida "no es aceptable".

¿Qué implicaría entonces una suspensión total de parte de Estados Unidos de su "ayuda" y sus créditos? Significaría, entre otras cosas, que se ha terminado la oferta norteamericana de préstamos amarrando a Chile a la vía del subdesarrollo capitalista y fomentando los intereses del imperialismo. Para no mencionar más que una implicación financiera, está claro que si no se conceden más préstamos de los Estados Unidos y si el gobierno no financia lo "perdido" en otras fuentes extranjeras, son justamente los pagos chilenos al extranjero por concepto de amortizaciones e intereses de préstamos ya tomados y utilidades del capital extranjero a ser remitidos al exterior los que peligran.

¿QUIÉN DEBE PAGAR?

Ahora bien: ¿conviene pagar la deuda del Estado chileno con el imperialismo norteamericano? La cuestión no es tanto si se debe pagar o no, sino cuánto se debe pagar, quién debe pagar y qué implicaría el no pagar.

Igual como en el caso de la indemnización a las compañías del cobre, sería justificado plantear un descuento de la deuda con el gobierno de los Estados Unidos. Los casos de tal descuento son innumerables; uno que se destaca es el préstamo que se debe por los esfuerzos que hizo el gobierno norteamericano por impedir la victoria de Salvador Allende en 1964.

La deuda con los Estados Unidos fue contraída por los representantes de la gran burguesía en beneficio suyo y del imperialismo norteamericano. De una manera u otra es aquel beneficiario directo de la "ayuda" el que la debe pagar. Una manera de exigir esto sería la introducción de impuestos altamente progresivos a las rentas y utilidades de esa clase. En caso contrario, pagar significaría que el pueblo chileno cancelaría lo que recibió su opresor, utilizando para el imperialismo norteamericano fondos que deberían ser destinados a una eventual construcción del socialismo en Chile.

En las circunstancias actuales, parece claro que cargar al pueblo chileno los compromisos de la burguesía con el imperialismo implicaría, particularmente si no se efectúan los descuentos indicados, un "costo social" demasiado alto para la revolución chilena.

SELMA LAGERLOFF


Entrevista

"HAY QUE POLITIZAR CINE, TEATRO Y TV"

CON tono pausado, casi monologando, el actor Nelson Villagra definió el papel que, a su juicio, le corresponde al teatro, cine y televisión en el proceso de cambios que está viviendo el país.

"Mientras estos medios —dijo— no sean críticos del sistema capitalista y burgués, están al servicio de los enemigos de la clase trabajadora".

El actor respondió con claridad a un cuestionario de PF. Sus apreciaciones representan un análisis de la realidad de nuestros medios fundamentales de comunicación.

Nelson Villagra (34 años, casado con la actriz Shenda Román, tres hijos) se inició en el teatro de aficionados de Chillán. Posteriormente vino a estudiar a Santiago a la Escuela de Teatro de la "U". Egresó siendo contratado por la Universidad de Concepción para el período 1958-1964. Actualmente se encuentra contratado por el Canal Nueve de Televisión para grabar cuentos chilenos.

"NO SOY ACTOR"

Sorprende una de las primeras declaraciones de Villagra a PF: "No soy actor —dice—. Aunque no lo crea, en el fondo de mi alma no soy actor; que sirvo para esta actividad es otra cosa".

Luego aclara: "Quiero considerarme retirado del teatro. Desde siempre he tenido deseos de hacer cine como director. Reitero, fui actor por accidente. Son esos juegos del destino y no pude cambiar de actividad por problemas económicos. Recientemente, me integré a los talleres de Chile Films. Ahora soy estudiante. Viejo estaré, pero seguiré ahí. Primero conociendo todo lo que se refiere a los documentales. Si tengo aptitud llegaré a dirigir un largometraje".

IZQUIERDISMO

Villagra se sorprende cuando le pregunto el origen de sus ideales revolucionarios.

"¿Por qué soy izquierdista? Es difícil responder. No sé, debe venir desde mi infancia. Mi madre era propietaria de un pequeño predio rural. Mi contacto con los campesinos.. tal vez fue la primera influencia. Mi primer acto revolucionario fue encontrarles la razón a ellos y no a mi madre. Siendo ella muy buena, pero con esa bondad tipo paternalista. Creo que mis primeras etapas de conciencia se iniciaron en esa época. Luego viene el período crítico de la infancia. En un momento dado se adquiere conciencia primaria. Uno observa que hay injusticia, reparto desigual. También es importante la influencia de los amigos mayores, generalmente hombres de izquierda, claro que esta etapa se produce en una edad más avanzada. Me viene a la mente que durante mi infancia visité mucho la casa de un compadre de Aniceto Rodríguez. El venía de un mundo nuevo para mí. Después de los 20 años ingresé al Partido Comunista. Podría agregar que influyeron, además, algunos libros, especialmente los de Baldomero Lillo y Oscar Castro. Las obras de estos autores forman parte de una educación política..."

PF: ¿Qué juicio le merecen el teatro, cine y TV actual de Chile?

N. V.: "Los tres medios continúan siendo ambiguos, ya que existiendo en ellos la intención de servir al proceso que se inicia siguen usando, fundamentalmente, el lenguaje de la burguesía.

Por un lado, los medios teatrales continúan buscando el éxito, reflejando de una u otra manera las corrientes estéticas europeas o norteamericanas. Los más responsables, los más conscientes aún están confundidos, pues están luchando por un "nuevo arte" (como si éste pudiera crearse artificialmente), y no por una nueva vida, es decir, una nueva cultura de la cual es probable que surja un nuevo arte. Así las cosas, el drama se elige y se hace al gusto del consumidor que sin duda es la burguesía. Se podrá argumentar que al espectáculo también asiste el obrero, el estudiante, pero en definitiva el lenguaje de expresión es de concepción burguesa.

En cine, el asunto no cambia, con el agravante que más del noventa por ciento de la producción es extranjera, cuyo material es definitivamente reaccionario. El cine es y ha sido el modo más expedito que ha tenido el imperialismo para la penetración cultural. De esto ya se desprende la importancia que tiene la producción nacional, que deberá estar al servicio del proceso nacional. El cine y la TV necesitan de una preocupación rigurosa por parte de los compañeros que trabajan en ellos. Mientras estos medios sigan difundiendo los materiales actuales, el enemigo seguirá desarrollándose".

PF: ¿Qué orientación, qué objetivos deben tener el teatro, cine y TV en el momento actual?

N. V.: Es evidente que hasta hoy se continúa difundiendo la ideología burguesa por los tres medios de comunicación. Lo que se entrega son valores de la clase dominante.

"Hay, pues, que romper con el lenguaje reaccionario, luchar contra él, desenmascararlo. No es tarea fácil ya que el Estado burgués defiende sus valores en forma implícita, ayudado por un orden establecido por él mismo. Así, quienes nos oponemos al Estado burgués, resultamos necesariamente explícitos. Sin embargo, el momento actual no se va a ganar con mensajes implícitos o explícitos. En lo inmediato, es la acción política, concreta, organizada, la definitoria.

"Pues bien. Los artistas estaremos dentro del ámbito burgués, mientras sigamos operando como especialistas en cultura o en arte. Aquello de "trabajadores del arte", no es sino formalidad. Nuestra jerarquía sigue incólume en la sociedad. Porque ¿qué es más considerado: ser un buen obrero o ser un buen artista? La respuesta es obvia. Vale decir, si bien el intelectual o artista es un trabajador, es indudable su jerarquía. ¿Qué importancia tiene todo esto? Que estamos ayudando a mantener una sociedad jerarquizada, una división de clases. Pertenecemos a las clases privilegiadas —usufructuamos de muchos de sus privilegios—, y mientras esto sea así, difícilmente serviremos a la lucha proletaria, difícilmente nos identificaremos y sentiremos los impulsos de los intereses de la clase proletaria, de los postergados. ¿Qué es todo esto? ¿Conflictiva visión pequeño-burguesa? No. Afán de objetividad. Si los artistas e intelectuales del cine, teatro y TV no tenemos claro que en la medida en que profundicemos nuestro compromiso con la revolución (organizada por los partidos o movimientos) iremos perdiendo nuestra jerarquía, del mismo modo que el proletariado en su lucha de liberación lleva su propia destrucción, en cuanto clase explotada, será imposible que sirvamos los intereses de la clase trabajadora. Sin tener esto claro, es imposible nuestra propia proletarizaron y nuestro quehacer estará dentro de los ámbitos de la concepción burguesa. Expresaremos al trabajador en cuanto individuo, pero no en cuanto clase. Concebiremos a la manera burguesa y para el gusto de los burgueses y esto, aunque los temas tratados se refieran a la clase trabajadora. Repito: servir los intereses del proletariado, destruir el orden burgués, criticando, denunciando sus engañosos valores, agitando y concientizando a las masas (organizadamente) encontraremos el camino de nuestra proletarización y por esto creo que hay que politizar los medios de comunicación, instrumentalizarlos para ayudar a la toma del poder por la clase trabajadora.

Desde este punto de vista, todo lo comunicado por estos medios (cine, teatro y TV) en tanto no sean críticos del sistema capitalista y burgués, del modo de vida, del modo de ver de la burguesía, en tanto no se pronuncien a la vez en favor de los intereses de los explotados, del modo de vida a que éstos aspiran, mientras no ayuden a la toma del poder por los trabajadores, objetivamente están al servicio de la burguesía, podrían ser enemigos de la clase trabajadora y, por lo tanto, los que trabajamos en estos medios estamos sometidos a las mismas circunstancias.

Por todo lo dicho, en lo táctico inmediato los grupos teatrales subvencionados por el Estado debieran transformarse en vanguardias de agitación, haciendo difusión de las ideas del proletariado y denunciando a la burguesía; debieran crear permanentemente grupos aficionados que, a la larga, serán la modalidad más concordante con una sociedad socialista: trabajadores, que, además, hacen teatro).

A todo esto, más de algún compañero artista dirá: pero ¿dónde están los objetivos artísticos? El asunto es este: el proletariado nos pide que denunciemos a la burguesía, sus valores morales hipócritas, su irracionalidad tanto en el tratamiento individual como colectivo, que le da a sus explotados. Pero somos cada uno de nosotros los que le daremos la solución artística. Seguramente tendremos que borrar muchos vicios esteticistas que tal vez sean el comienzo de una nueva estética.

En la TV y el cine el problema es el mismo. En lo que respecta a la TV me atrevo a sugerir que se pida al gobierno que la venta de televisores sea dirigida a sindicatos, obreros y campesinos, juntas de pobladores, etc., en el entendido que paralelamente la programación se ponga al servicio de estas fuerzas. De otro modo seria un error. Otra sugerencia a los compañeros dirigentes de la TV es que no debieran empeñarse en una competencia exitista; los trabajadores de este medio debemos oponernos decididamente. Hay toda una programación que, inocentemente, sirve para ganar sintonías, pero para la burguesía es miel sobre hojuelas.

En el cine (Chile Films está empezando muy bien) creo que sería conveniente pensar en que toda producción nacional que cumpla con los requisitos de lucha antes descritos, debiera tener copias en 35 y 16 mm. Además, luchar por obtener móviles de proyección y facilitar los medios o hacer de intermediario en la compra de proyectoras en 16 mm. que deberán comprar los sindicatos, etc.".

PF: Muchos actores sostienen, a pesar de la índole del régimen político, que el arte debe ser apoyado antes que ofrecer apoyo. ¿Qué opina Ud. al respecto?

N. V.: "Creo que debe darse un proceso en que masas, intelectuales y artistas definan una política cultural, discutirla con los dirigentes de gobierno y éstos entregar los instrumentos necesarios. La cantidad y calidad de los instrumentos estará determinada pollas prioridades que la realidad objetiva indique".

"En lo gremial inmediato, me parece que hay que lograr un organismo nacional de las artes, el cual, además de crear fuentes de trabajo permanente, podría planificar racionalmente el trabajo político-artístico.

PF: ¿Qué debe entenderse por una nueva cultura?

N. V.: "Debe entenderse el nuevo modo de. vida que implantará el proletariado y el nuevo arte será la expresión, la síntesis, de ese nuevo modo de vida, de esa nueva cultura".

ELIANA CEA


Notas:

1. Frente Brasileño de Informaciones. Comité de Denuncia de la Represión en Brasil, Santiago de Chile, boletín del 23/8/71.

2. "Tecnical Cooperation in the Andes Countries of South America". Report of Senador Mike Mansfield and Senator Bourke Hickenlooper, Senate Committee on Foreign Relations. Washington 1957.

3. "United States Foreign AID in Action — A Case Study", US Senate, 89th Congress. 2nd Session. Washington, pág. 105-115.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02