La mujer chilena en la transición al socialismo

DOCUMENTOS
Suplemento de la edición Nº 133 de PUNTO FINAL
Martes 22 de junio de 1971
Santiago - Chile.

LA MUJER CHILENA EN LA TRANSICIÓN AL SOCIALISMO

Por VANIA BAMBIRRA

"Si no se incorpora a las mujeres a las funciones públicas, a la milicia y a la vida política, si no se arranca a las mujeres del ambiente embrutecedor del bogar y la cocina, será imposible asegurar la verdadera libertad, será imposible Incluso construir la democracia, sin hablar ya del socialismo".

Lenin, "Cartas desde lejos", Obras Completas - Tomo XXIV - Editorial Cartago.

SE ha realizado en la última semana del mes de mayo una Asamblea de las Mujeres Comunistas de Chile.

El diario "El Siglo", órgano oficial del Partido Comunista, ha otorgado a este evento una gran importancia y entre otras referencias ha dedicado a él su editorial del 3 de junio.

En éste se destaca el discurso de Mireya Baltra, resumiendo los planteamientos centrales que fueron analizados por esta asamblea:

"Iniciamos un proceso revolucionario serlo, que va a transformar las estructuras capitalistas. Estamos cumpliendo el programa prometido al pueblo".

"Es una batalla de vida o muerte contra el Imperialismo, las oligarquías criollas y el latifundio. Es la lucha encarnizada contra las posiciones de la ultraderecha, que coloca obstáculos al Gobierno Popular".

"Es un combate permanente contra todas las posiciones erróneas de la ultraizquierda, que dificultan el cumplimiento normal del Programa".

"Las mujeres comunistas —agregó más adelante— estamos dispuestas a Jugarnos enteras por el éxito de la revolución".

"El Siglo" agrega:

"Y en esta línea de conducta, las mujeres comunistas se esfuerzan por atraer a. la mayoría de las mujeres de nuestro país a una efectiva participación de las tareas concretas de la revolución chilena. Advierten ellas que cada mujer puede cumplir una tarea revolucionaria".

"Para poner un ejemplo de esto, las mujeres comunistas recordaron cómo las trabajadoras —especialmente las obreras— están colaborando hombro a hombro con sus compañeros, en la Importante misión de lograr la victoria en lo que se ha llamado con Justicia la Batalla de la Producción".

Se destaca en la editorial la importancia que tuvo "el estudio de la actuación de los Centros de Madres" y se vuelve de nuevo a citar el discurso de Mireya Baltra en donde se destaca:

"Debe ser un organismo vivo, comprometido en los Intereses de la clase obrera y del pueblo; que ningún problema le sea ajeno; debe estar presente en las transformaciones estructurales que se están operando, en la solución coordinada con los organismos Intermedios del gobierno... El Centro de Madres está llamado a ejercer una actitud vigilante en el control y fiscalización de los precios para librar Junto al Gobierno la lucha contra la Inflación, la especulación y el acaparamiento".

Como se desprende de allí (tanto como del informe político rendido por María Salgado en la inauguración de la Tercera Asamblea Femenina publicada por "El Siglo" el 16/5), se trata de reafirmar la incorporación de las mujeres en la categoría pueblo, o sea, que a éstas les cabe una responsabilidad compartida con los hombres de llevar adelante el proceso revolucionario.

Desde este punto de vista nos parecen básicamente correctas las posiciones que salen de la Asamblea de las Mujeres Comunistas.

Sin embargo, este análisis general refleja los problemas que, a juicio de los comunistas, son los cruciales en el actual momento histórico y que tienen que ser enfrentados por todo el pueblo. Pero, no han sido suficientemente destacados, por lo menos en la prensa comunista, los problemas específicos de las mujeres en cuanto categoría social específica. O sea, las conclusiones, por su carácter de necesidades generales de todo el pueblo, podrían haber salido de una asamblea de pobladores, de sindicatos, etc.

Este hecho nos plantea un problema:

¿No tendrán las mujeres chilenas, en la etapa actual del proceso de cambios sociales, otros problemas específicos y relevantes, además de los que han sido planteados por esta Asamblea, que merezcan ser tratados por sus sectores de vanguardia?

Si no es así, ¿cuál es el sentido de hacer una asamblea dedicada a las mujeres en especial? En otras palabras, realizar una reunión de este tipo ¿no refleja que, de hecho, las mujeres representan en cuanto tales un sector social especial?

Si la respuesta es afirmativa, ¿por qué no sólo la Asamblea de Mujeres Comunistas sino en general la izquierda chilena, ha tratado tan poco o prácticamente no ha tratado de enfrentar, por lo menos al nivel preliminar y exploratorio, los problemas específicos que la mujer tendrá que enfrentar y resolver en la nueva sociedad que se pretende construir?

¿Se deberá a que estos problemas son secundarios?

Antes de contestar a estas preguntas es necesario intentar definir cuáles son estos problemas.

LA LUCHA POR LA LIBERACIÓN DE LA MUJER
Y LA BASE OBJETIVA DE SU EXPLOTACIÓN

La lucha de las mujeres por la conquista de los derechos civiles tiene un origen antiguo. En el siglo XIX empieza a desarrollarse especialmente en Estados Unidos (donde desde sus orígenes estuvo vinculada a la lucha de los negros) y en Inglaterra. En las dos primeras décadas del siglo XX se intensifica en estos países y se extiende a otros países europeos, principalmente estimulada por la II Internacional.

Sin embargo, si bien toda esta primera fase de las luchas de las mujeres adquirió muchas veces aspectos de enfrentamientos masivos y violentos, sus reivindicaciones concretas eran limitadas (durante un largo período se centraron en la conquista del derecho a voto que sólo se logra, en un número expresivo de países, a partir de los años 20) y no ponían en primer plano la situación opresiva de la mujer, cuyo origen está ligado al nacimiento de las sociedades de clase y cuyo desarrollo ha sufrido variaciones de forma, sin que haya sido alterado su carácter esencial bajo el capitalismo.

Es sólo a partir de los años 60 que la lucha de la mujer adquiere, por primera vez, en los países capitalistas desarrollados (especialmente en Estados Unidos, Canadá, y también en varios países europeos) un contenido nuevo que se expresa en el hecho de que no se trata sólo de reivindicar mayores conquistas sociales, sino que se orienta al cuestionamiento mismo de las bases económico-sociales de la dominación en que se asienta la situación de explotación de la mujer, o sea, el cuestionamiento del sistema de dominación capitalista. En este sentido, aunque levantando sus intereses específicos, la lucha de las mujeres, que adquiere un carácter amplio de lucha de liberación, tiende a converger y a unificarse con la de todos los sectores y clases oprimidas, como la de los negros norteamericanos.

Margaret Benston [1] ha sistematizado un excelente análisis marxista sobre las bases económicas en las cuales se asienta la explotación de la mujer en la sociedad capitalista. Creemos que debido a su relevancia vale la pena citar ampliamente sus aspectos fundamentales.

La autora empieza planteando que "el status de la mujer es claramente inferior al del hombre" tanto entre las mujeres de la clase obrera como entre las de clase media, etc.

"Al argumentar que las causas del status secundarlo de la mujer son efectivamente económicas, se puede demostrar que las mujeres como grupo tienen en verdad una relación definida con los medios de producción y que ésta es diferente a la de los hombres" (...) "Cada vez que se prepare una sopa o se pegue un botón en una prenda de vestir, constituye producción, pero no es producción para el mercado". (...) "La mayor parte del trabajo casero en la sociedad capitalista (y en las sociedades socialistas existentes, en lo que a esto se refiere) se mantiene en estado pre mercantil. Este es el trabajo reservado para las mujeres y es en este hecho donde podemos encontrar la base para una definición de la mujer".

"En mera cantidad, el trabajo casero, incluyendo el cuidado de los niños, constituye una parte Inmensa de la producción socialmente necesaria. Sin embargo, en una sociedad basada en la producción de mercancías [2] , generalmente no se le considera como "trabajo verdadero", puesto que se encuentra al margen del comercio y del mercado. Es precapitalista en un sentido muy real. Esta designación del trabajo casero como función de una categoría especial, "mujeres", significa que este grupo guarda una relación diferente con la producción que el grupo "hombres". Intentaremos definir entonces a las mujeres como un grupo de personas responsables de la producción de simples valores de uso en aquellas actividades asociadas con el hogar y la familia".

"Puesto que los hombres no tienen ninguna responsabilidad con tal producción, es aquí donde radica la diferencia entre los dos grupos. Nótese que las mujeres no están excluidas de la producción de mercancías. Participan en la labor asalariada, pero como grupo no tienen responsabilidad estructural en esa área y su participación por lo general es considerada transitoria". (...)

"La base material del status Inferior do las mujeres debe ser encontrada Justamente en esta definición de ellas. En una sociedad en la que el dinero determina el valor, las mujeres constituyen un grupo que trabaja al margen de la economía del dinero. Su trabajo no vale dinero, por lo tanto carece de valor, y ni siquiera constituye verdadero trabajo. Las mujeres que efectúan este trabajo carente de valor, difícilmente pueden esperar valer tanto como los hombres, que trabajan por dinero. En términos estructurales lo más próximo a la condición de las mujeres es la de otros que están o estuvieron al margen de la producción de mercancías, vale decir, sirvientes y campesinos", (subrayados nuestros).

Margaret Benston procura también analizar por qué la moderna sociedad industrial capitalista no ha sido capaz de liberar a la mujer de sus tareas del hogar y plantea que esto se debe a que "hasta la fecha ninguna sociedad cuenta con la labor doméstica industrializada". Y cita el planteamiento de Engels que señala que "la primera premisa para la emancipación de la mujer es la reintroducción de todo el sexo femenino en la industria pública... y esto se hace posible no sólo como resultado de una industria moderna a gran escala, que no sólo permite la participación de gran número de mujeres en la producción, sino realmente la reclama y, más aún, se esfuerza por convertir el trabajo doméstico particular en una industria pública".

La misma autora advierte:

"El temor a que la introducción de la labor doméstica en la economía pública dé por resultado un tipo de vida de cuartel militar, viene a ser más realista bajo el capitalismo. Con una producción socializada, la eliminación del motivo de lucro y de su labor subalterna alienada, no hay razón para que, en una sociedad Industrializada, la Industrialización de la labor doméstica no habría de traducirse en mejor producción, vale decir mejor comida, ambiente más confortable, un más inteligente y cariñoso cuidado de los niños, etc.. que en el actual núcleo familiar".

De hecho, la familia es una institución harto funcional para el sistema capitalista y sobre esto Margaret Benston señala:

"La producción efectuada en casa es pagada por medio de las entradas del marido-padre". (...). "La mujer, a la que se le niega un lugar activo en el mercado, tiene poco control sobre las condiciones que gobiernan su vida. Su dependencia económica se refleja en dependencia emocional, pasividad y otros rasgos "típicos" de la personalidad femenina. Ella es conservadora, temerosa, resignada al statu quo".

Más aún:

"Las mujeres funcionan como un masivo ejército laboral de reserva. Cuando el trabajo es escaso (los comienzos de la Industrialización, las dos guerras mundiales, etc), las mujeres forman una parte importante de la fuerza laboral. Cuando hay menos demanda de trabajo (como ahora bajo el neocapitalismo) las mujeres se convierten en fuerza laboral sobrante, pero por lo cual son responsables económicamente sus maridos y no la sociedad. El "culto del hogar" que reaparece en épocas de superávit laboral es usado para alejar a las mujeres de la economía del mercado". Además, la "Igualdad de acceso a trabajos fuera de casa, siendo una de las condiciones previas para la liberación de la mujer, no bastará por si misma para otorgarle Igualdad; mientras el trabajo doméstico continúe siendo materia de producción particular y de responsabilidad de la mujer, ésta simplemente llevará una doble carga de trabajo".

Todos estos análisis demuestran que, o la mujer es super-explotada cuando trabaja también fuera del hogar o, entonces, cuando esto no se verifica, "la mantención de su familia es una carga oculta del asalariado, su sueldo compra la fuerza laboral de dos personas", y que esta "labor no pagada en el hogar es necesaria para que todo el sistema funcione".

La conclusión única que se desprende de este análisis es la de que "la sociedad debe comenzar a tomar responsabilidades respecto a los hijos; la dependencia económica de la mujer y de los hijos del esposo-padre debe terminar. El otro trabajo que se da en la casa también debe ser cambiado —casinos comunales y lavanderías—, por ejemplo. Cuando semejante trabajo sea trasladado al sector público desaparecerá la base material para la discriminación de la mujer".

Claro es que este análisis se hace tomando en consideración la realidad social de la mujer en los países capitalistas desarrollados. Sin embargo, es adecuada también para la realidad de los países dependientes en la medida en que también aquí como allá las mujeres son productoras de valores de uso. Entre las mujeres de clase media y alta esta situación en general es en buena medida aliviada o suprimida a través de la explotación del trabajo de las empleadas domésticas, que es posible debido a la existencia de una gran oferta de mano de obra. De cualquier forma, esta transferencia de la explotación de la mujer hacia las clases más desposeídas, que es muy usual en los países dependientes, sólo puede ser eliminada a través de la eliminación estructural de las condiciones generales de la dominación de la mujer, o sea, a través de la construcción de una nueva sociedad, lo que supone la destrucción del sistema capitalista.

Pero es necesario también señalar que la lucha por la liberación de la mujer en los países capitalistas dependientes, aunque su contenido económico esencial sea el mismo que en los países capitalistas desarrollados, debe adoptar una forma política distinta. Porque el carácter de movimiento de liberación de las mujeres que esta lucha ha adoptado, con gran expresión especialmente en Estados Unidos, Canadá, etc., se explica y se justifica como forma transitoria, fundamentalmente por el hecho de que como la lucha revolucionaria de la clase obrera ha pasado (y aún no ha superado esta situación) por un gran período de contención, cuyas causas no cabe analizar aquí, tienden a proliferar formas de lucha por sectores sociales, que cuestionan el sistema en su conjunto, pero partiendo de un cuestionamiento que afecta a sus intereses en cuanto sectores en especial. Es el caso no sólo del movimiento de liberación de las mujeres, sino especialmente del movimiento negro.

Ahora bien, en los países capitalistas dependientes y en Chile en particular, en donde la lucha de clases no ha sido congelada, sino que, muy por el contrario, adquiere un carácter cada vez más definido y radical, no tiene sentido, a nuestro juicio, plantear movimientos de sectores sociales específicos aislados del contexto general de la lucha de las clases oprimidas. O sea, éstos tienen que estar sometidos a la dirección de la clase obrera a través de la conducción de sus partidos y organizaciones revolucionarias. Desde este punto de vista, en principio son correctos los planteamientos de la Asamblea de las Mujeres Comunistas, en la medida en que sean correctas las orientaciones generales de su partido, lo que no cabe discutir aquí.

Sin embargo, esto no excluye que no se incorporen en forma clara, definida y concreta, los problemas cruciales que enfrentan las mujeres chilenas, en especial las obreras, campesinas y también las pequeño-burguesas, en cuanto categoría social especifica, o sea, "mujeres". Es obvio que la resolución de ellos implica el desarrollo de la lucha de clases en general, pero estos deben ser planteados y destacados en cuanto tales, incluso para impulsar la dinámica de esta misma lucha. Esto porque en la medida en que las mujeres tomen conciencia de la situación de explotación a que están sometidas como tales, en la medida en que les muestre en dónde reside la raíz de esta explotación, como en general ocurre con todos los explotados, su potencial revolucionario se transformará mucho más rápidamente y con más vigor, en fuerza revolucionaria. En otras palabras, las mujeres obreras tienen más motivos aún que los obreros para ser revolucionarias. Y no hay ningún motivo que justifique, en nombre de la revolución, no plantear para ellas, con toda claridad, no sólo sus problemas de clase, sino además sus problemas en cuanto mujeres.

LA CONDICIÓN DE OBJETO Y LOS "TIPOS DE MUJERES"

Teniendo en consideración que en Chile no se está construyendo el socialismo, sino que lo que se pretende es crear las bases para su construcción, ¿cuáles son los problemas específicos de la mujer chilena que deben ser planteados, analizados y encaminados a su resolución dentro de la viabilidad y de las condiciones del proceso de cambios en el país?

Es necesario hacer previamente algunas consideraciones, cuyo carácter no les impide tener alguna utilidad en el sentido de levantar hipótesis para un posterior estudio más profundo de toda una temática que, sin duda, es muy relevante y que en general no ha sido tomada como objeto de reflexión seria por parte de la izquierda revolucionaria.

Sin duda nos parece claro que la mujer chilena y en especial la clase media —lo que tiene relevancia, pues esta clase es muy significativa en Chile—, tiene una situación relativamente privilegiada en comparación con la que tienen las mujeres en los demás países latinoamericanos. Privilegiada porque, si bien las normas jurídico-institucionales que a ella se refieren, en general, aquí como en los demás países del continente, reservan a la mujer una posición de objeto en la sociedad cuyos sujetos son los hombres, sin embargo le reconocen un mínimo de conquistas sociales que, sin duda, nos parecen las más avanzadas que existen en el continente, con la única excepción de Cuba.

Estas conquistas tienen relación con la existencia de un sistema más amplio, siempre en términos comparativos con otros países del continente, de instituciones sociales que les posibilitan mejores condiciones para ejercer profesiones y lograr con esto una relativa independencia económica y política en el núcleo familiar. En este sentido, ella participa en forma propia en las decisiones de este núcleo y puede además participar con presencia propia en núcleos sociales más amplios, que van desde los formados en los centros de trabajo, pasando por los gremiales, hasta los políticos-partidarios.

Una condición importante para que esto se cumpliera es la existencia de condiciones que, si bien no atienden las demandas de toda la población, se dan en forma expresiva en Chile, tales como la existencia de Centros de Madres, guarderías, etc., que permiten reducir la carga doméstica. Como se ha planteado anteriormente, esta es una condición imprescindible para la liberación de la mujer, y el énfasis que sobre esto hacen las mujeres del Partido Comunista es, sin duda, muy importante.

Claro es que estas conquistas de la mujer chilena están directamente relacionadas con la necesidad del empleo de la mano de obra femenina, por un lado, y por otro, con la existencia de una vasta maquinaria burocrático-estatal que ha incorporado el trabajo de la mujer. Esta ha sido la forma como el capitalismo del Estado chileno ha tratado de equilibrar el presupuesto de la familia de clase media, en la que el sueldo femenino compensa la estrechez del sueldo masculino, conteniendo de esta forma las presiones de aumento del poder adquisitivo de estos sectores.

Se puede también correr el riesgo de decir que la mujer chilena marca mucho más su presencia en cuanto tal, que las mujeres de los demás países del continente. Por ejemplo, la "femineidad", la coquetería, etc., que cuanto más desarrolladas, más profundo síntoma son de la subordinada condición de objeto a que la mujer está sometida socialmente; en la chilena, si bien existen de manera indiscutible, no asumen una forma tan predominante como es común en los demás países. Otro ejemplo se puede buscar en las relaciones hombre-mujer, en donde la chilena tiende a afirmarse en forma mucho menos "servil" que en los demás países, vale decir que el papel que desempeña tiende más a acentuar la igualdad entre los dos sexos, en la medida en que ella toma también iniciativa que se expresan desde la relación inicial del "pololeo". Como madre, sus criterios también tienden a predominar, lo que incluso lleva al observador a considerar que acá llega casi a existir un cierto matriarcado...

Sin embargo, una observación que nos parece relevante: si bien en la vida política se encuentra la presencia femenina y llega a manifestarse al nivel de la política nacional, en gran parte de los casos se trata de las hijas, de las sobrinas o de las parientes de... un político importante. O sea, también en este nivel la presencia de la mujer aparece muchas veces como complementaria del hombre, sostenida por el prestigio de un hombre que puede ser el padre, el tío o el hermano, etc.

En los cargos políticos de mayor responsabilidad difícilmente se encontrará una mujer, sea en la dirección de los partidos, sea en las altas funciones de dirección gubernamental.

Lo más interesante es observar que, si bien en la política nacional la mujer, de una forma o de otra, marca su presencia, entre la juventud ésta es absolutamente irrelevante. En el movimiento estudiantil, por ejemplo, desde las asambleas de las escuelas, pasando per las tareas directivas a nivel de centros de alumnos, hasta llegar a las federaciones, su presencia es prácticamente sólo un adorno.

Además, no se destacan tampoco las mujeres entre los profesionales más conceptuados (¿dónde están la economista, la filósofa, la socióloga, la ingeniera, la arquitecta, la matemática, la física, la agrónoma, etc., que realmente haya aportado el avance de estas ciencias y técnicas en Chile? Hay uno que otro caso, pero "la excepción confirma la regla"); tampoco entre los líderes políticos en el movimiento obrero, para no mencionar en el campesinado. En el arte y la literatura ha sido en donde más se ha destacado y uno piensa en una Gabriela Mistral, en Violeta Parra, pero aun en este plano no son tantos los casos si se considera que son actividades, en general, permeables socialmente a la participación femenina; toda vez que se considera a la mujer como un ser sensible y, como tal, apropiada para el arte.

La poca participación de la mujer en todos estos planos que hemos venido mencionando no es específica de la situación chilena, sino en general de la condición de "objeto" que la mujer ha tenido y a la cual está sometida en la sociedad actual.

Como hoy día está definitivamente desechada la hipótesis de su inferioridad para "ciertos tipos de tarea" o sea, para las tareas sociales más relevantes, es obvio que su ausencia refleja una situación objetiva de discriminación y de sometimiento social. Claro es que toda discriminación se ejerce en base a un mínimo de condiciones objetivas, vale decir que, si la mujer no ejerce determinadas funciones es, en buena medida, porque no está capacitada para ellas. Pero esto se verifica no porque ésta no sea capaz, sino por el hecho de que no ha sido socialmente capacitada. Esto es obvio: las mujeres en general son menos inteligentes, menos creadoras, en una palabra menos aptas. Y la discriminación encuentra allí su base de racionalización. Pero si es así, es porque en nuestras sociedades la mujer es formada como un ser muy limitado, para ser coqueta, para ser superficial; su función no es ejercitar y desarrollar su inteligencia, sino ser agradable, atrayente, sumisa al hombre, útil dentro de ciertos límites, en una palabra "femenina" o sea, objeto.

Su condición de objeto permea todos los niveles sociales y, aunque de forma jerarquizada —con más o menos acento en su condición de objeto—, ésta está presente en todos los "tipos" de mujer, que cubren una extensa variedad de matices, que van desde la prostituta, la semi-prostituta, la dueña de casa, hasta la mujer "independiente".

La prostituta es fundamentalmente la mujer de origen obrero o campesino, o de clase media baja, que por necesidad de supervivencia tiene que venderse; la semi-prostituta, que es fundamentalmente la mujer de clase media baja, en muchos casos también de origen de familia obrera, que tiene una profesión, pero que tiene que complementar sus ingresos, o tiene que mantener su puesto y, esto implica, muchas veces, tener que aceptar fatalmente relaciones sexuales con el jefe o el patrón.

La existencia de estos tipos de función femenina o sea, la prostituta o semi-prostituta, responde a dos tipos distintos de necesidades:

1.— De parte de la mujer que se prostituye, aunque puedan existir casos rarísimos de "amor a la profesión", o casos patológicos, como las ninfomaníacas, indiscutiblemente la gran mayoría busca condiciones mínimas de supervivencia, que no pueden ser obtenidas de otra forma, o una forma de remuneración mayor para suplir no propiamente necesidades vitales, sino para tener acceso a un mayor consumo, o sea un nivel de vida más alto para satisfacer necesidades extras creadas por la propaganda del sistema. En ambos casos, la necesidad económica es la explicación fundamental.

2.— De la parte masculina, este tipo de relaciones se dan para satisfacer las necesidades sexuales que en general no pueden ser resueltas a través del matrimonio por sí solo. Esto porque, en la medida en que la mujer es objeto, o sea, despersoníficada, pasiva, poco inteligente, sus atractivos para el hombre son efímeros. Además, toda una serie de prejuicios que tienen que ver con los valores familiares impiden muchas veces que las relaciones entre las parejas puedan ser las más completas y satisfactorias. (Esto incluso explica por qué la concurrencia a prostíbulos, por parte de jóvenes, tiende a decrecer en la medida en que, en determinados ambientes culturales, se logra romper en cierta forma algunas pautas de conducta tradicionales y desarrollar entre la juventud relaciones más completas y por tanto más satisfactorias). La mujer tiende a adaptarse más fácilmente, vale decir, está más condicionada por las presiones sociales que se ejercen sobre ella a aceptar su condición de esposa fiel, a desarrollar una actitud conformista. El hombre busca complementar su insatisfacción a través de relaciones semi-clandestinas, extra-matrimoniales. Además, en una sociedad "machista" es factor de prestigio social tener "aventuras", amantes, etc. Hay aun otros factores como, por ejemplo, lo que es muy relevante, la utilización que la publicidad comercial del sistema hace de la figura femenina, lo que ha otorgado a nuestra época el título de "la civilización de la mujer". También desde este punto de vista, la subyugación de la mujer es funcional al sistema capitalista. Los llamados sexuales se mezclan y se confunden con los de consumo y son deformados y utilizados por éstos. El efecto es grande sobre los hombres, pero también actúa de forma disgregadora sobre las mujeres. O sea, en la medida en que la figura femenina impregna todos los ambientes y es siempre la dominante, tiende a desarrollar entre las propias mujeres la super-valorización de la mujer, lo que tiende a estimular el lesbianismo encubierto, que es contenido por barreras morales muy fuertes, pero que de cualquier forma tiene sus efectos deformadores. Este fenómeno incluso se encuentra en franco desarrollo en varios de los países capitalistas desarrollados y en general el hecho incontrovertido de que "la mujer en general se arregla para las mujeres" es un síntoma expresivo de esto.

La dueña de casa es la mujer cuyo servicio doméstico no acarrea ninguna remuneración.

Cuando trabaja fuera de casa desempeña la doble función de empleada doméstica y de complementación del presupuesto familiar. Su punto de referencia emocional es, por regla general, el marido (y/o los hijos) y sus posibilidades de realización humana en el sentido social más amplio son siempre limitadas por las "tareas del hogar" Esto es indudablemente una forma harto frustradora de existencia, aunque exista toda una serie de mecanismos de racionalización social para enaltecer la función de dueña de casa. Pero, de hecho, como lo planteaba Lenin, "(...) los pequeños quehaceres domésticos, que la convierten en cocinera y en niñera, que malgastan su actividad en un trabajo absurdamente improductivo, mezquino, enervante, embrutecedor y fastidioso, la mujer continúa siendo una esclava doméstica". (...) "Estos (quehaceres) son, en la mayoría de los casos, los más improductivos, más bárbaros y más penosos de cuantos realiza la mujer. Este trabajo es extraordinariamente mezquino, no contiene nada que contribuya de algún modo al progreso de la mujer".

Después de todo lo expuesto anteriormente, creemos innecesario hacer mayores consideraciones sobre la condición de dueña de casa.

Finalmente, la mujer "independiente" es la que con familia o sin familia no está subyugada a la condición de dueña de casa; tiene independencia económica y es capaz de decidir por sí misma sobre su actuación en los diversos niveles sociales en los cuales participa. Pero, de cualquier forma, no logra rehuir su situación de objeto, por cuanto su independencia es relativa en la medida en que no pueda dejar de ser considerada como el ser débil, cuya posibilidad de afirmación en cualquier sector en que esté en una sociedad fundamentalmente "machista", es limitada por ser del "sexo débil". La mujer tiene que luchar mucho más para poder afirmarse, aun en los casos de igualdad de condiciones técnicas o profesionales con el "sexo fuerte". La igualdad, cuando se logra, es siempre relativa, está en general sujeta a restricciones, claras o encubiertas, y siempre tiene que enfrentar mayores limitaciones, que son o de orden social o moral mucho más rígidas que en relación al hombre. La competencia con éste se da siempre en un terreno desventajoso para la mujer y esto no se verifica sólo en aquellas funciones, o que son específicamente consideradas más como femeninas, que en general son también las más mal remuneradas, como por ejemplo las de profesoras, o en aquellas funciones en que logra afirmarse no propiamente por su capacidad técnica, sino sobre todo por su condición de objeto, en la cual se espera que la mujer sea además agradable y amiga del jefe o del patrón. La mujer "independiente" cuando tiene hijos, sólo puede serlo a través de la explotación de otra mujer, o sea, de la empleada doméstica. La opresión de otra, paga el precio de la conquista de esta "libertad".

¿EN QUE CONSISTE EL CREAR LAS BASES PARA EL "HOMBRE NUEVO"?

Che Guevara, a través de toda la autoridad moral, de la mística y de la fuerza de ejemplo que su figura contenía, ha puesto en el orden del día la tarea de creación del hombre nuevo. Y ésta pasó a ser una de las consignas más utilizadas por la izquierda en el continente. El contenido general de esta tarea es implícitamente claro, en el sentido que supone la liberación del hombre —en el sentido de ser humano— de sus limitaciones más agudas, materiales y morales, que están dadas por el carácter de dominación y opresión del capitalismo. Significa, por lo tanto, construir un hombre nuevo en una sociedad nueva, en base a valores revolucionarios, socialistas y proletarios, a través de la liquidación de las trabas sociales e individuales para la construcción de relaciones comunitarias, de la realización del individuo a través de la comunidad en un sentido amplio.

Esta sería una estrategia general de desarrollo humano, resultado de toda una serie de cambios profundos en las relaciones económicas y sociales existentes, a partir de las cuales iría emergiendo una nueva concepción del mundo, de la sociedad, de los individuos.

Pero, como producto del desarrollo de la lucha de clases, su materialización en un período histórico largo, proyectado hacia el futuro, implica el cumplimiento de pasos o tareas intermedias, si se quiere tácticas, que tienen que ser planteadas y definidas por las vanguardias revolucionarias. Esto quiere decir que este planteamiento tendría progresivamente que ir pasando del nivel general en que hasta hoy ha sido formulado y adquiriendo cada vez mayores niveles de concreción. Esto supone una explicitación mucho más amplia de las conquistas al nivel superestructural que se quieren lograr, y esto significa que la actuación sobre la dinámica de la superestructura tiene que ser mucho más planeada y debe buscar atingir no sólo el aspecto de los cambios al nivel político propiamente tal, sino al nivel cultural en el sentido más amplio. O sea, no basta que la formación de la conciencia revolucionaria esté centrada en la detectación de las clases dominantes, de sus manifestaciones de control y de poder económico y político, en la denuncia de la utilización que éstas hacen de los aparatos jurídico-institucionales, y de sus ideologías, en el sentido general. O sea, aunque sea fundamental esto, no es todo, y nos parece incluso insuficiente ya para captar hoy día la adhesión de amplios sectores sociales, como los juveniles y en especial los femeninos.

Es necesario también mostrar que estos mecanismos de dominación encuentran formas de organización y de expresión que permean la vida social en todos los niveles, que van desde los valores y, la forma de organización familiar hasta las formas culturales más amplias, como por ejemplo a través del arte (las canciones, el cine, etc.). Esto porque, como la crisis del capitalismo es tan aguda y profunda, ésta tiende cada vez más a manifestarse en los aspectos del sistema que habían sido más resguardados: se manifiesta en el interior de las iglesias, de la enseñanza, de las relaciones en los grupos tradicionales, hasta las relaciones entre las personas. Claro es que esta crisis es mucho más profunda en los países capitalistas desarrollados pero, debido a la existencia de una situación de dependencia que nos une estrechamente a ellos, sus efectos se transfieren a los países periféricos y encuentran acá un fértil terreno para desarrollarse en la medida en que también existe una crisis profunda del capitalismo dependiente.

El hippismo, por ejemplo, en cuanto forma de cuestionamiento de los valores culturales y sociales, ha sido un producto originario de los países capitalistas desarrollados; sin embargo, ha sido transferido hacia los países dependientes, asimilado por vastos sectores juveniles, reelaborado e incorporado y ha pasado a ser, sin duda, aunque su carácter específico pueda ser temporal, una de las formas de cuestionamiento de valores viejos y un intento —si bien frustrado en buena medida— de construcción de toda una serie de nuevos valores. Sin duda el capitalismo es un sistema con una gama amplísima de recursos de sobrevivencia y mantención de sus intereses. Frente a fenómenos parciales y limitados de este tipo, trata de incorporarlos, a justar los, y hacerlos funcionales. Es así que se desarrolla toda la industrialización del hippismo; por ejemplo, a través de la moda, que ha expresado una cierta renovación y flexibilidad de las pautas de consumo.

Todas estas consideraciones son para plantear que es tarea de las vanguardias chilenas desarrollar mucho más un programa de cambios culturales de manera intensa y dinámica. La izquierda no puede dejar que la burguesía manipule y utilice en provecho propio las formas, muchas veces espontáneas, que surgen del cuestionamiento de las instituciones. De hecho esto ocurre en la medida en que el movimiento revolucionario no entiende y no está capacitado para ofrecer una alternativa programática superior a estas manifestaciones de descontento. En este sentido, la tendencia es caer en el esquematismo y en la simplificación de los problemas que en particular afectan a la juventud, por ejemplo. Volviendo de nuevo al problema del hippismo, muchas veces la actitud de la izquierda es la misma que la de la burguesía: se aprovecha de él en la medida en que lo incorpora como moda, como renovación de pautas de conducta, y a la vez lo rechaza tratando como un problema de patología social el que resulta ser al final un problema policial. Entremedio hay toda una serie de lucubraciones "profundas" sobre la responsabilidad de los padres, de las escuelas, etc. Vastos sectores de la izquierda tienden a encontrar la respuesta fácil de que la solución para que esto termine es que se reclute a los jóvenes para la militancia política... Otros sectores están sencillamente preocupados de problemas más trascendentales...

Y así, se combate la marihuana a la vez que se promueve el alcohol, de la misma forma .que muchos combaten la prostitución en el día, practicándola en la noche; como se combate la inmoralidad hippi en nombre de la preservación de los valores morales de la juventud, pero a la vez se promueve, a través de los periódicos, como ideal para la misma juventud, la "choreza" de las vedettes del BIM BAM BUM, o sea, se difunde sistemáticamente, en especial en la prensa de izquierda e izquierdizante los valores de la mujer-objeto.

De hecho, no se nota preocupación, para no decir esfuerzo, por parte de las organizaciones de izquierda, a través de las formas de comunicación que utilizan, por tratar de elevar por lo menos el nivel de conciencia del pueblo y de sus propios militantes, sobre la necesidad de superación de toda una serie de problemas sociales, que si bien no se puede visualizar sino en un largo plazo, de cualquier forma el tratamiento que a ellos se les dispensa tiende a postergar para un futuro aún más lejano, su resolución por el proceso revolucionario.

Sabemos que en definitiva la creación de un hombre nuevo tendrá que ser producto de una profunda revolución en la superestructura. Sabemos que mientras esto no ocurra se verifica una gran paradoja en el proceso de cambios, porque la transformación en el nivel de las relaciones de producción son previas y no se hacen acompañar, en el mismo ritmo, de transformaciones igualmente relevantes de las relaciones sociales generales. Y siempre es inevitable que, en cualquier proceso revolucionario, coexistan transformaciones profundas en el nivel económico con características sumamente viejas y reaccionarias en las formas más preliminares de convivencia social, como por ejemplo la mantención por un cierto período de la condición de objeto de la mujer.

En Chile, en donde no ha habido una verdadera revolución social, sino un proceso de cambios partiendo de la legalidad burguesa, la tendencia a la perduración de instituciones y valores de corte reaccionario es muy fuerte y sólo puede ser contrarrestada en la medida en que realmente éstos pasen a ser objeto de la preocupación y centro de actuación de los sectores más revolucionarios.

En este sentido consideramos de gran importancia abrir la discusión, sobre todo este problema, y es con la intención de colaborar a ello que escribimos este artículo.

VANIA BAMBIRRA.


Notas:

1. "Economía Política para la Liberación de la Mujer", Monthly Review, selecciones en castellano, Nº 67, 1969. Santiago-Chile.

2. En la traducción al castellano se decía "producción de artículos de consumo" y a veces "de artículos de uso". Es obvio que se trata de una equivocación en la traducción, pues seguramente la autora se refiere a la producción de mercancías.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02