La Prensa de Izquierda y el Poder Popular

DOCUMENTOS
Suplemento de la edición Nº 128 de PUNTO FINAL
Martes 13 de abril de 1971
Santiago - Chile

LA PRENSA DE IZQUIERDA Y EL PODER POPULAR

Por ARMAND MATTELART

Texto de una charla pronunciada en la Primera Asamblea Nacional de Periodistas de Izquierda [9 de Nov. de 1971].

QUISIERA antes de empezar estas reflexiones agradecer la invitación a participar a esta Asamblea Nacional de Periodistas de Izquierda, y, consciente de su importancia respecto del objetivo que conjuntamente perseguimos de integrar los medios de información y de comunicación masiva en el proceso revolucionario, aplaudo la iniciativa y formulo los mayores deseos para que pueda desembocar en una toma de conciencia tenaz del problema global y en una resolución organizativa, la más eficaz posible.

Más que nunca conviene recordar las palabras de Lenin sobre la importancia de la lucha teórica: "Sin teoría revolucionaria no puede haber tampoco movimiento revolucionario". Eso cobra particular relevancia dado que el dominio del medio de comunicación de masas es quizás el dominio donde menos han ahondado los estudiosos marxistas. Si bien existen algunos estudios sobre la denuncia de los contenidos de los medios de comunicación manipulados por la burguesía, en cambio se comprueba el vacío más absoluto cuando se trata de indagar y configurar los requisitos de la transformación revolucionaria de los medios de comunicación de masas. No cabe en este proceso recurrir a la intuición, no cabe tampoco recurrir a recetas so pena de caer en el pragmatismo o en el idealismo.

I. Para ser consecuente con esta declaración inicial, tratemos en un primer paso de esbozar a grandes rasgos un diagnóstico de la ofensiva ideológica; en otros términos, tratemos de precisar las condiciones reales de la resistencia obsesiva que opone la burguesía criolla a las fuerzas de cambio, a través de sus órganos de información.

No hace falta una indagación detenida para darse cuenta de la abrumadora mayoría de las noticias que implícitamente o explícitamente apuntan a conformar la ofensiva ideológica de la burguesía criolla y del imperialismo. En el órgano principal de la oposición, sobre un total de 1.034 noticias referidas a la acción del gobierno popular y aparecidas entre el 1º de enero y el 28 de febrero, 839 —o sea un 81%— entraban de lleno en el plan de ataque sistemático al Gobierno y su programa. Entre el 1º y 15 de febrero, dicha proporción alcanza su nivel máximo ya que en dicho período sube a un 87%. Los 19% de noticias restantes pertenecen a un registro más neutral, puesto que la mayor parte de las veces informan, sin pronunciarse, sobre medidas o acciones gubernativas. Ahora bien, tampoco puede argüirse que son positivas. Son neutrales en un momento determinado pero bien pueden ubicarse en la cadena general de la ofensiva y resurgir como eslabón a mediano o largo plazo y como elemento fundamental para un entendimiento de otras noticias que más directamente se vinculan con la estrategia de defensa de la burguesía. Basta para convencerse citar el conjunto de noticias que aparentan ser neutrales, noticias que informan cómo ciertas medidas populares son tomadas por el Gobierno debido a una presión de la derecha, y que desde luego reciben un tratamiento favorable. Por último, toda noticia de hecho es connotada.

Interroguemos ahora sobre la dirección en que va este flujo noticioso, y tratemos de caracterizar el papel del medio de comunicación de masas en la etapa actual de la lucha de clases. Los órganos de información de la derecha que no constituyen sino el poder tecnológico de adoctrinamiento y manipulación de la burguesía, dan cuenta por una parte de la praxis de la lucha de la burguesía y de su aliado imperialista en contra de su adversario de clase, fuera gobierno popular, partidos políticos de izquierda o clase trabajadora. Hacia éstos confluye un conjunto de noticias que informan sobre manifestaciones empíricas de la estrategia de la reacción frente al enemigo. Estas noticias son los índices que revelan los frentes donde trabajan la burguesía criolla y sus aliados. Por otra parte, estos mismos órganos de información no sólo reproducen o publican los hechos de la praxis de la resistencia de una clase a los cambios, sino que sirven de catalizador para legitimar la acción de la oposición de la clase dominante frente al enemigo de clase. ¿En qué consiste este rol de catalizador? ¿Cómo lo cumple el diario? Para dichos medios de información, la noticia o el hecho noticioso no es sino una materia prima a partir de la cual trata de crear en su público lector representaciones colectivas, imágenes, estereotipos. El hecho noticioso es a la vez hecho e imagen. En otros términos el hecho noticioso sirve de pretexto para defender los intereses de la burguesía. En ello reside la mistificación de la clase dominante. Integra todas las noticias en el caudal de la defensa de sus intereses. Toda noticia está utilizada como arma en la lucha de clase, desde la que informa sobre el festival de la canción hasta la que anuncia la elección de la capital como lugar de reunión internacional. Toda noticia sirve de punto de apoyo para legitimar su racionalidad de clase dominante.

Al llevar la noticia más allá del hecho mismo, el medio de comunicación extremiza las representaciones que la población se hace acerca del proceso de cambio. En el hecho de empujar las representaciones negativas al exceso, al ponerlas al vivo rojo, estriba el carácter de agente de la conspiración que cobra el medio de comunicación de la clase dominante. Las representaciones colectivas que genera y fortifica apuntan a nutrir la imagen de ilegalidad de las acciones y medidas del Gobierno popular. Los observadores no advertidos se sorprenden de la distorsión que experimenta el hecho concreto al ser explotado por la prensa de derecha, y concluyen que es una campaña tan burda que no puede surtir un resultado positivo. Es menospreciar toda la estrategia específica de la prensa burguesa en el momento actual. A un adversario que utiliza las armas de la democracia formal para construir una sociedad socialista, corresponde un antagonista que recurre al marco de la democracia formal para derribar a este adversario. En este sentido, por insólito que pueda aparentarlo, se puede decir que en dicha prensa no hay llamado a la sedición que no sea democrático. El medio de comunicación de masas está encargado de crear el conjunto de las representaciones colectivas que apuntan a hacer admitir que la intervención de la burguesía es democrática, de que la garante de las libertades es ella, que su orden es el orden, que el orden del gobierno popular es aquel del escándalo y del caos. La única manera de legitimar la intervención emancipadora de la burguesía es generando la imagen global de rebasamiento de la autoridad gubernamental. Mediante esta operación, que hace avanzar las conciencias más allá de la base —su plan conspirativo (complot del cobre, sabotaje económico)— facilita el surgimiento de los campeones de la libertad y les legitima, encauzando su golpe que toma un cariz democrático a través de un consenso de la opinión pública sobre la ilegalidad del régimen actual. El mito histórico de la democracia chilena no puede mentir.

Ahora bien, si uno se propone rastrear la red de los temas que vertebra la ofensiva ideológica de la derecha en su propia prensa, comprueba que la estrategia para enfrentar al Gobierno popular se desarrolla en base a los rubros siguientes: 1) el obstruccionismo a medidas del gobierno, sea en el plano económico, en el plano legislativo o en el plano de partidos políticos; 2) fomento de las contradicciones en o con las fuerzas de cambio, entre Gobierno y otros poderes públicos, entre los diferentes partidos de la coalición, entre los estratos populares, entre los estratos medios, entre la Unidad Popular y la izquierda extra-parlamentaria, entre Chile y el exterior; 3) fortalecimiento y formación de alianzas al nivel de la clase dominante, al nivel de las organizaciones empresariales, como al nivel de las organizaciones políticas de derecha; 4) creación de una campaña internacional contra el Gobierno UP, campañas de prensa, desprestigio al nivel de los organismos internacionales, y utilizando personeros extranjeros. Por último en cuanto al terrorismo adelanta la posibilidad de su existencia introduciéndolo como un factor revulsivo permanente.

Por otra parte, en cuanto a la creación de un ambiente favorable a los planes de la reacción, las imágenes giran alrededor de los temas siguientes: la situación de ilegalidad, la supresión de la libertad, la ineficacia e inmoralidad, el desastre económico, la apropiación de la representación, la autoridad sobrepasada, la amenaza extranjera, el autoritarismo y el totalitarismo, la apología de otros regímenes políticos, la legitimación de la oposición frente al pueblo, la indefensión personal y de la propiedad privada, la intromisión comunista extranjera, la situación de crisis, la destrucción, por fin, de las imágenes del socialismo y de la revolución.

II. Después de haber empadronado los términos de la ofensiva ideológica, podemos preguntarnos a qué obstáculos se enfrenta la formulación de una respuesta correcta.

Los obstáculos a decir verdad son múltiples y de diversa índole. A superarlos nos llama precisamente esta reunión. En primer lugar los medios de comunicación de masas en general están lejos de ser controlados por las fuerzas de cambio. En segundo lugar, no se puede desafortunadamente celebrar una convergencia de los mensajes en los órganos que relevan de la Izquierda. Ahora bien, tal como lo precisáramos en una charla anterior, la necesidad de que los medios de comunicación de masas estén en manos de los trabajadores constituye desde luego un eje fundamental del proceso de transformación del medio de comunicación, pero no hay que atribuirle el carácter de panacea absoluta. De ningún modo puede dispensarnos de la tarea que nos parece principal, cual es la formulación de una estrategia en los propios medios de expresión y de divulgación de las fuerzas de cambio, tanto aquellos que controla el Gobierno Popular como aquellos que pertenecen a las diversas fuerzas de la coalición gubernamental. De este modo se puede postular que es en la medida en que las fuerzas de cambio lleguen a esbozar y aplicar una estrategia común en sus propios medios, y cada periodista frente a su quehacer periodístico, que ejercerán una fuerza de presión real para una transformación total del medio de comunicación. En este sentido, la expropiación absoluta de los medios de información debe concebirse como un punto de llegada de un proceso, y el desenlace victorioso del enfrentamiento con la burguesía.

Antes de definir algunos principios de esta estrategia, se precisa de mistificar ciertas actitudes y reflejos que presiden a la práctica del medio de comunicación de masas en la sociedad burguesa. La burguesía domina con sus mitos, con sus fetiches y la actividad periodística no ha escapado a dicho propósito. Incluso si la prensa de izquierda logra "meter goles" en contra de la institucionalidad burguesa, por las condiciones mismas de la sociedad capitalista en que está inserta, no ha logrado todavía desplazar la cancha donde se da el partido. Ahora bien, precisamente en la etapa en que estamos abocados, ya no se trata de anotar goles, es decir, denunciar las fuerzas de manipulación de las conciencias en manos del poder burgués, sino que se trata de suplantar este mismo poder ideológico, de ponerse en su lugar en todos los mandos de control. No se trata de contestar amoldándose sobre la racionalidad de la clase dominante, sino asumiendo y corporizando la racionalidad del proceso revolucionario. No sólo la burguesía nos impone su orden como si fuera el orden natural, no sólo domina a través de su concepto particularista de democracia, libertad, respeto de la personalidad, etc., sino a través de un conjunto de conceptos que encuentran un afinamiento cotidiano en nuestros gestos. Asimismo, nos impone el uso de instrumentos pretendidamente neutros, pero que de hecho forman la reserva de su dominación e integran el universo de sus signos. Tomemos tres ítems que nos parecen susceptibles de aclarar esta tesis, a saber el concepto de libertad de prensa, el concepto de noticia y la concepción que preside a la transmisión de la comunicación. Tratemos de analizar su carácter de fetiche, es decir, de percibir la manera en que se integran en un cuerpo racional de mecanismos que apuntan a ocultar las relaciones sociales de producción prevalecientes en la sociedad burguesa. Es porque recurrimos inconscientemente a conceptos cuajados por la burguesía que incurrimos en contradicciones, a pesar de tener una intención revolucionaria.

1) Todos sabemos, por el solo hecho de estar congregados aquí, que la libertad de prensa y expresión en la sociedad burguesa es tan sólo la libertad de la propiedad. Es funcional a los intereses de los propietarios de los medios de producción. La prensa liberal no puede emitir sino mensajes que apunten a la protección de sus intereses. Sabemos también que la burguesía misma es incapaz de poner este principio en práctica en toda su extensión y acepta tanto la censura oficial como la autocensura, cuando sus intereses están amenazados. Sabemos por fin que los defensores de la libertad de prensa no tienen patria, que su patria es la de su capital. Es así como la campaña de prensa internacional en contra del Gobierno Popular, en nombre de la libertad de prensa, se resume en ser un coro de las burguesías continentales y un modo de acreditar el agravio nacional al gobierno de la Unidad Popular mediante su consagración en la prensa de los países del hemisferio. Todos los mensajes difamatorios que alimenta la prensa extranjera y que a su vez la prensa de la reacción criolla abona a su cuenta, incrementando así su fuerza de persuasión, están de hecho emitidos por fuentes chilenas. Ahora bien, cuando nuestro enemigo de clase lanza sus acusaciones de que el Gobierno popular coarta la libertad de prensa, nos encontramos desprovistos de una argumentación ofensiva y asumimos el papel de acusados. El desmentido parece ser la única alternativa de respuesta y en función de supuestas razones de táctica, se nos olvida interrogarnos más cabalmente sobre cuál es nuestro concepto de libertad de prensa y de expresión. Si bien no conviene menospreciar las exigencias tácticas de una respuesta concebida en estos términos, no por eso debemos acorralarnos en el concepto de nuestro enemigo para definir nuestras actitudes estratégicas.

Por ejemplo, una "operación verdad" debe concebirse en términos dinámicos de parte de las fuerzas de cambio. Una respuesta que se contente con rectificar informaciones y diluir punto por punto los motivos de la acusación, equivaldría a reconocer que la dinámica del proceso está en manos de la burguesía, que nos hace bailar a su compás. La operación verdad debe constituir una oportunidad de concientizar las masas, de hacer prevalecer el hecho de que la verdad es en función de ellas. No se trata de desmenuzar mentira por mentira (sería un cuento de nunca acabar), sino de proyectar hacia las masas la verdad del proceso global. En efecto, aceptar refutar la mentira es encerrarse en la racionalidad de la burguesía, imponer nuestra verdad en apuntar a crear una nueva racionalidad.

2) Pasemos ahora al concepto de noticia, al cual se acostumbra recurrir. Remontemos al significado preciso de la dominación de la burguesía, preguntándonos a través de qué mecanismos la burguesía asegura su poder de clase dominante en el ámbito de la información. Ser clase dominante significa ser dueña de la fijación de las normas y de los valores que rigen la existencia de los seres y de las cosas. En otros términos significa tener y controlar la dinámica de la institucionalidad. El dominio de la información no escapa a esta regla. De hecho la burguesía tiene la dinámica de la información. A ella le compete dictaminar sobre las prioridades, el orden de importancia de los acontecimientos. Es ella que decide sobre las noticias que deben tener una circulación preferencial y formar la opinión pública. Es por ejemplo ella que estatuye sobre el hecho de que el asesinato de un futbolista ocupe sustancialmente la primera página durante tres días en desmedro del conflicto de Camboya. Sus prioridades no son sino la extrapolación de sus preocupaciones, obsesiones, y miedo de clase que defiende implícita o explícitamente, las bases de su sistema de aprovechamiento. Recalquemos sin embargo que este orden prioritario es fijado por el aliado imperialista a través del filtraje operado sobre los acontecimientos mundiales por las agencias de información. Esta anotación va evidentemente sobre todo para las noticias de orden internacional. Ahora bien, la mayor de las veces ocurre que las fuerzas periodísticas de cambio generan su propia dinámica en contestar a la dinámica de última instancia que posee la burguesía. Estamos tan supeditados a esta fijación de la jerarquía de las noticias que a ningún periodista se le va a ocurrir transgredir esta norma generalizada y sustituir el espacio noticioso dedicado a la toma de 40 fundos por aquella noticia más sustancial que anuncia la duplicación de producción de una empresa manejada por los trabajadores. Y si todavía se encuentran excepciones en materia de noticias calificadas por la burguesía de politizadas, no se repara tal agrietamiento de la dinámica dominante en el reino de las prioridades culturales, saber, críticas de cine, de ballet, teatro, etc.

El segundo mecanismo a través del cual la burguesía vigoriza cotidianamente su poder de dar la dinámica a las preocupaciones de opinión pública, lo constituye el concepto mismo de noticia, que terminó por integrar el instrumental básico de que se vale el periodismo ¿Cómo puede el lector percibir el caudal noticioso que le presentan a diario los órganos de información? La primera página de cualquier tabloide está diagramada de modo a reproducir una realidad fragmentada, heterogénea donde los acontecimientos o los hechos noticiosos tienen entre sí una mera relación de yuxtaposición. El último discurso de Nixon coexiste con las noticias que informan sobre el descubrimiento de una droga que retarda vejez, etc ... Esta misma diagramación promueve la sensación de un mundo sectorializado, incoherente, un mundo anecdótico por excelencia. En otros términos el dominio de información aparentaría ser el dominio de la anarquía reglamentado por reglas tipográficas. Este movimiento de atomización de la realidad a través de la noticia corresponde al movimiento de atomización de la sociedad que realiza el sistema económico basado sobre ley de la competencia. Ahora bien, una indagación no necesariamente minuciosa de la prensa burguesa permite comprobar que esta anarquía noticiosa no es sino un espejismo que en realidad todas las noticias vienen a encajarse según un orden y una funcionalidad que no son otros sino los de los intereses, preocupaciones, interpretaciones de la burguesía y por ende los de su propia legitimación perpetuada a diario. De hecho la anarquía noticiosa conforma el individuo al orden burgués. La noticia concebida en estos términos contribuye a difundir las normas contrarias a la solidaridad, a promover el aislamiento.

Una última anotación sobre la dinámica de la burguesía: la burguesía al poseer la dinámica de la noticia, tiene el privilegio de fijar cuáles son en definitiva los protagonistas principales de las noticias. Para su periodismo, ocurre lo mismo que cuando retrata historia del país: la historia es la historia de su clase, y su periodismo es también el periodismo de clase. Cuando las clases trabajadoras son el actor de la noticia, el diario liberal se apropia del hecho noticioso y lo usufructúa para legitimar su sistema. Es lógica que hace que todo lo que aparece en sociedad lo abona a la cuenta de su dominación. No es sino la ramificación del proceso de apropiación del producto de las fuerzas sociales. Es por eso que una noticia que relata una acción que atestigua la solidaridad y la movilización de las clases trabajadoras puede ser paradojalmente un instrumento en contra de estas clases. Ahora bien, de todas maneras la presencia aparentemente positiva de las clases trabajadoras como protagonistas de los procesos y fenómenos sociales es relativamente escasa. Cuando aparecen en las columnas de la prensa burguesa suelen ser en tanto individuos que la burguesía busca desolidarizar de las masas. Para dicha clase, los actores principales de los procesos sociales no pueden ser otros que los que ella ha prefijado. Ella, como clase que monopoliza su institucionalidad, y los representantes de las otras clases que encierra en su sistema. Este encerramiento en su sistema lo finiquita cuando eleva al rango de actores supremos de los procesos sociales a los políticos, delegados de poderes, en su democracia representativa. La prensa burguesa para evitar de hablar de las clases trabajadoras acepta la mediación del político cuyo estatuto ella misma ha predeterminado. La cuestión es saber si los protagonistas que aparecen en los medios de información de las fuerzas de cambio están supeditados a las mismas normas para ser seleccionados. Las clases trabajadoras ¿no cobran demasiada importancia como protagonistas de hechos de crónica roja para ciertos órganos de la izquierda, en desmedro de su actuación en la edificación de una vida nueva?

En un proceso que reivindica que la dinámica de la sociedad debe recaer en las clases trabajadoras, debemos preguntarnos si nosotros podemos aceptar de buenas a primeras este conjunto de conceptos que de hecho deja en nuestra propia prensa la dinámica a la burguesía.

3) El dominio más fetichizado de la actividad de la comunicación es quizás aquel que se refiere al modo de generación de los mensajes destinados al público. Se nos ha acostumbrado al esquema clásico emisor-receptor, unidireccional según el cual el receptor está reducido al papel de consumidor pasivo y agradecido al polo emisor de esta extensión de los beneficios culturales. Recibe los productos envasados por un conjunto de especialistas. Si remontamos esta cadena de especialistas, en el caso de una teleserie por ejemplo, nos encontramos con todos los eslabones del circuito de la dependencia cultural. Este esquema unilineal releva de una concepción autoritarista o paternalista, en una versión suavizada. Lo quiera o no el periodista integra un estrato que tiene la posibilidad o el privilegio de transmitir lo que él interpreta como el sentido de la realidad. En una palabra, de formar las conciencias de millones de individuos. Claro que este privilegio no se desenvuelve en la libertad absoluta. El periodista de izquierda suele estar coaccionado por los propietarios de la prensa y por las normas de la institucionalidad burguesa, cuando no lo es más prosaicamente por la abundancia y sobrecargo de trabajo. Lo quiera o no, al recibir el derecho de informar, el periodista recibe asimismo un estatuto de representante. Interroguémonos sobre la validez de esta representación. A través de su concepción de la comunicación masiva la burguesía confiere a este estatuto de representante el valor de representación de la opinión pública o de las masas. Según el mismo concepto, él está habilitado a informar y comunicarse con la masa. Como todas las representaciones que otorga la burguesía en su democracia representativa, el concepto de representante significa arrogarse un derecho no ratificado por las masas. De hecho, el periodista incluso de izquierda adentro de la sociedad burguesa actúa en un periodismo representativo sin que este concepto de representante haya sido homologado por los que le compite al periodista representar. Ahora bien, no se trata de ningún modo de que desaparezca el periodista, pero sí se trata de redefinir su rol frente a las masas, y redefinirlo teniendo en cuenta a ellas mismas. La interrogante por dilucidar es saber si el periodismo representativo es compatible con la idea del poder popular que a mediano o largo plazo debe cubrir también el área ideológica, vale decir, la generación de los mensajes.

III. Llegamos a precisar ahora algunas de las grandes líneas que en nuestro sentido deben preocupar cuando la prensa de izquierda trata de encontrar una estrategia en su enfrentamiento con el enemigo de clase.

Las líneas estratégicas son numerosas, pero lo que nos interesa aquí es hacer aflorar el principio que vertebre dicha estrategia, que le dé una coherencia ideológica. Las recetas no caben en nuestro planteamiento y sería negar la inspiración de nuestra propuesta general de creer que las soluciones pueden brotar de la imaginación o de la intuición de algunos peritos en la materia. El hecho vertebrador —susceptible de transformarse en principio— que trasunta en el diagnóstico realizado en el punto anterior, es que el proceso que estamos viviendo marca el advenimiento de otro protagonista capaz de conferir a la historia otra dinámica. Con el acceso al poder del gobierno popular se abre la posibilidad de que el poder burgués sea sustituido por el poder de las masas. No nos compite aquí analizar detalladamente las fases por las cuales debe pasar la construcción del poder popular, sería adelantar sobre la historia y presumir abstractamente la acción del enemigo de clase. Lo que nos interesa no obstante aquí es recalcar cuánto la problemática de la transformación de la prensa y de los medios de comunicación de masas y en general de la cultura está íntimamente ligada a la problemática de la generación del poder popular. Significa definir la meta final en estos términos: El poder ideológico a las masas. Si se nos permite jugar con las palabras, el medio de comunicación de masas debe convertirse en el medio de comunicación de las masas. Si bien se trata, como lo hemos precisado, de una meta final, que por consiguiente no se logra sino respetando etapas y peldaños, es necesario tenerla como punto de referencia en todo el proceso de transformación. De la misma manera que no existen, dadas las condicionantes de la lucha de clases con la burguesía criolla, soluciones unívocas en cuanto que se pueda decretar que tal o cual forma de tenencia de los medios de comunicación de masas es más o menos adecuada, de la misma manera se debe demostrar, una vez fijadas ciertas líneas estratégicas, una flexibilidad en el proceso de transformación del contenido de los medios de comunicación de masas.

Si estas líneas estratégicas no se generan en un laboratorio de especialistas y en la medida que la nueva práctica periodística se vincule con el proceso global de cambio, se anulará la posibilidad riesgosa de que se cristalicen las soluciones bajo forma de recetas. La atención permanente al proceso precave la estrategia en contra de esta petrificación. Sentado este principio, podemos desglosar lo que debería a nuestro sentido constituir líneas de preocupación.

1) Hay diversas maneras de revertir la dinámica de la noticia que manipula la burguesía. Así los periodistas junto con el gobierno pueden acordar cada semana los temas que preferentemente deberían circular en los órganos de información de las fuerzas de cambio. Significaría un progreso notable en la medida en que permite la planificación formal de los mensajes. Con este efecto puede constituirse una comisión que organice reuniones periódicas. Pero no podemos contentarnos con este tipo de soluciones. En efecto, no basta informar sobre planes del gobierno popular. Es necesario ver cómo el nuevo actor de la historia accede a través de estas transformaciones impulsadas por el gobierno popular, participa a través de su trabajo en la gestación de este nuevo período histórico. Y aquí volvamos sobre lo que decíamos acerca de los protagonistas de la noticia. La reversión de la dinámica de la información implica que las noticias saquen su dinámica de estos protagonistas. En este sentido, es preciso vincular las noticias con las iniciativas populares que van generándose en el camino, jornadas de trabajo voluntario efectuadas por obreros, gestión popular de una industria, una iniciativa cultural, etc... He aquí algunas expresiones que testimonian de la practica social del pueblo. Lo que escribía Lenin en "Las tareas inmediatas del poder soviético" debería ser meditado por nosotros. "La vieja opinión pública de la burguesía ejerce aun una considerable presión sobre nosotros. Si examinamos nuestros periódicos, podremos convencernos fácilmente de que dedicamos todavía un espacio excesivo a las cuestiones planteadas por la burguesía con el fin de desviar la atención de los trabajadores de las tareas prácticas concretas de la reorganización socialista. Debemos transformar la prensa —y la transformaremos— para que deje de ser un órgano de informaciones sensacionalistas, un simple aparato difusor de noticias políticas, un órgano de lucha contra la mentira burguesa, y se convierta en un instrumento de reeducación de las masas, en un instrumento que les dé a conocer cómo es preciso organizar el trabajo de manera nueva...". "La prensa debe ser un instrumento de la construcción del socialismo, difundiendo con todos los detalles los éxitos de las comunas modelos, analizando las causas de sus éxitos y los métodos de su administración ... Hay que entregarse a una labor sistemática para lograr que... se trabaje en la creación de una prensa que no se dedique a distraer y embaucar a las masas con anécdotas picantes y vaciedades políticas, sino que someta al juicio de las masas los problemas económicos cotidianos y les ayude a estudiarlos seriamente".

Desde luego la planificación de este tipo de noticias no se resuelve a través de reuniones periódicas entre periodistas; implica una confrontación de los periodistas con otros grupos sociales y por ende la creación de una infraestructura que permita que los periodistas tengan en su poder este conjunto de informaciones. Implica a su vez cuestionar todo el circuito de distribución y selección de las noticias tanto al nivel nacional como internacional. (A este último nivel significa también que los acontecimientos internacionales no sean sólo aquellos protagonizados por el enemigo imperialista sino aquellos de los dominados). Es sorprendente por ejemplo observar cuan poco recurre la prensa en manos de las fuerzas de cambio a los ejemplos de la lucha de los grupos oprimidos de otras naciones del Tercer Mundo. Es lo que explica que la prensa de derecha domine ampliamente el terreno cuando estallan noticias de acontecimientos seudoviolentos en el país. Atribuye a un disparo escuchado en un fundo del sur un espacio noticioso mucho más importante que el que reserva a las ráfagas de ametralladoras que barren con veinte estudiantes en un país del hemisferio. La prensa de izquierda en vez de subrayar los eventos que atestiguan la represión en un país que impulsa una campaña difamatoria en contra del gobierno popular, admite paradojalmente esta presentación desproporcionada de los hechos. En este sentido una prensa popular, una prensa revolucionaria es un órgano de identificación de las masas y un órgano de solidaridad entre grupos oprimidos.

Primera conclusión: una prensa popular y revolucionaria es la prensa que refleja la práctica social de los actores del proceso revolucionario .

2) Desde luego, detrás de la necesidad de hacer emerger en la prensa de las fuerzas de cambio del actor del proceso, trasunta la necesidad de cuestionar la noción de política que la burguesía nos ha infundido. Para ella, la política no transita fuera del ámbito parlamentario y de la óptica contingente y coyuntural. La política no rebasa los asuntos culinarios y domésticos del sistema de dominación. Ahora bien —como cada uno lo sabe—; "Sobre lo que se cocina en la cocina, no se decide en la cocina" (B. Brecht). Hace falta volver de nuevo a Lenin: "¿Cómo entender la política?, escribía; si se toma esta palabra en su acción antigua, se puede cometer un error de tamaño, un error grave. La política es la lucha entre las clases; la política, es el comportamiento del proletariado en lucha por su liberación, en contra de la burguesía mundial", para contrarrestar esta visión escueta y clasista. Es en la medida que ensanchamos nuestra noción de política, en que la demistificamos, que ensancharemos y descubriremos los dominios del frente ideológico de la burguesía. Es solamente en esta medida que se develará el carácter totalizante de esta lucha de clases vertida en el dominio ideológico. Íntimamente ligadas a la noción que de la política hace la burguesía, están todas las nociones de orden, de ciencia, de cultura, de moral, para nombrar solamente algunas. Es importante interrogarnos sobre el empleo que hacemos de estos conceptos que dan origen a actitudes y comportamientos cotidianos y que son una forma que tiene la burguesía de recuperar una intención genuinamente revolucionaria. De hecho hay que reconocer que en la lucha de clases ningún campo queda al nivel de espacio neutro. Todo diagnóstico "científico" sobre la realidad apunta implícitamente a dar una imagen de organización de las relaciones sociales. A medida que se va agudizando la lucha, ya no es posible realizar un consenso unánime sobre el estatuto de la ciencia, ya no se va a poder llamar inocentemente al perito en una materia para prestar una asesoría en una determinada rama del saber, sin previamente cuestionar su actitud social frente al saber. Es imposible responder a la lucha ideológica de la burguesía con el instrumento de esta clase.

3) Hemos visto que en la prensa burguesa la noticia cumple un papel atomizador, un papel de dilución de la solidaridad entre los individuos. En una prensa revolucionaria la noticia tiene como función organizar la solidaridad entre los grupos dominados y, en una palabra, de movilizar. La noticia como la concibe el diario burgués desmoviliza porque nos entrega una visión del mundo fragmentaria. La única imagen global de la sociedad que tiene el lector es aquella configurada por las referencias culturales que arman el sistema de dominación. Ahora bien, en la prensa de las fuerzas de cambio debe traslucir detrás de la noticia una imagen coherente del mundo. Una imagen del mundo que dinamiza la acción de los individuos, les moviliza hacia la transformación de la sociedad. ¿Cómo lograr que las noticias apunten a dar esta imagen coherente que cohesione a los grupos dominados? Estamos viviendo en una lucha cotidiana contra la burguesía. Un primer requisito para responder a esta lucha es conocer las coordenadas de la misma. No podemos luchar en contra de un enemigo de clase sin haber rastreado en qué consiste su ofensiva. Para encajar las noticias, tanto nacionales como internacionales, en función de una dinámica revolucionaria, nos parece fundamental que los que informan al público conozcan a fondo sobre qué temas juega la prensa burguesa. Evidentemente para llegar a este conocimiento se requiere la dedicación de algunas personas a un análisis sistemático de todas las fuentes escritas o radiales de la burguesía. En virtud de ello, nos parece importante que los periodistas de izquierda reivindiquen la creación de un centro donde podría realizarse, tal trabajo. Este centro entregaría a los periodistas de izquierda un análisis sistematizado de los diferentes ámbitos del frente ideológico abierto por la burguesía, y organizaría también con ellos la discusión sobre dicha ofensiva. Si proponemos este tipo de acción, no es porque creemos que debemos responder de manera defensiva a la burguesía, vale decir, esperar su ataque para responderle, sino porque es solamente un análisis de la praxis de la burguesía que nos entrega una prospectiva de su acción futura.

En segundo lugar, la prensa de las fuerzas de cambio movilizará al pueblo únicamente en la medida en que informe de manera sustancial sobre el proceso de transformación que está viviendo el país y de la movilización de grupos de trabajadores. Ello implica que los periodistas puedan contar, primero, con el legajo de informaciones necesarias para hacer conocer a fondo los antecedentes de las medidas de gobierno que gestan las bases de la nueva sociedad, y, por otra parte —rubro que ya se mencionó—, que conozcan las experiencias de participación popular. Para el primer punto, el centro de documentación que proponemos más arriba podría concentrar también esta función. Implica que paralelamente se organicen seminarios de formación e información donde se reunirían los periodistas con los compañeros que trabajan en el frente agrario, minero, etc. Los periodistas deben conocer a fondo, por ejemplo, la reforma agraria, sus éxitos, sus embates, etc.

Afuera de este problema de contenido, hay también —y no hay que desdeñar su importancia— el factor forma, es decir, la manera de presentar al público la información estructurada según el planteamiento anterior. Algunos seguramente argumentarán que concebida de este modo, la prensa popular va a correr evidentes riesgos de ser aburrida. Esta objeción vale la pena mencionarla. En efecto no hay que olvidar que la lucha de clases en el momento actual equivale también a una lucha de mercado. No por ello debemos aceptar de buenas a primeras el prejuicio de la burguesía acerca del propio modo de vivir de. los grupos no privilegiados, monótono y chato, donde no están presentes los rasgos extravagantes de su publicidad eufórica. Significarla postular que la burguesía tiene la clave de la estética.

3) Llegamos al último punto, cual es la necesidad de quebrar la relación autoritaria entre emisor y receptor a que nos acostumbra el medio de comunicación burguesa. Este problema está íntimamente vinculado con aquél del control del medio de comunicación de masas. ¿Cómo se caracteriza un medio de comunicación de masas revolucionario? Incluso si en una etapa del proceso la meta revolucionaria es alcanzar a que los trabajadores de la prensa tengan el control de la empresa periodística (y aquí surgen las diferentes formas de control que no analizamos en el curso de esta charla, pero que lo serán por otros compañeros), en nuestro sentido no puede constituir la meta exclusiva de la revolución en el medio de la comunicación de masas. Sin pronunciarnos sobre el ritmo que deben cobrar ambas metas, digamos que no podemos limitarnos a solucionar la transformación del medio tomando como referencia cualquier empresa de producción. Lo que caracteriza al medio de comunicación do masas, es su poder de formación de las conciencias. En una sociedad nueva que se aparta del sistema capitalista, el medio de comunicación de masas será popular, no en la medida que el grupo de trabajadores que la maneja posea el control de la empresa sino en la medida en que el pueblo sea emisor y no solamente receptor. Achacar de buenas a primeras de utópica esta proposición, equivaldría según una ecuación rigurosa, a achacar de utópico al propio socialismo. Significaría admitir que es imposible que la masa tenga el poder ideológico. De hecho, es difícil separar la problemática de transformación del medio de comunicación de masas de la problemática más general del poder popular. Entregar a las masas la posibilidad de generar sus mensajes significa entregarle el poder ideológico. Significa poner frente a la burguesía el único interlocutor valedero. Es asimismo la única manera de crear nuestro propio concepto de libertad de prensa y de expresión.

Si bien se realizaron ya diversas experiencias de cine-obrero, que permiten a las clases trabajadoras expresar su propia práctica social (por ejemplo el grupo Medvedkine en Francia que retoma ciertas experiencias del cineasta ruso de este apellido realizadas alrededor de 1930), desafortunadamente en materia de prensa no existen experiencias a gran escala dignas de mencionarse. No obstante numerosos escritos de Lenin, es posible sacar algunas referencias de una prensa realmente popular y cuando este mismo reivindica para los trabajadores la posibilidad de utilizar las imprentas y el papel que pertenece a la sociedad, sin distinción de rama de actividad, no esta lejos de este concepto de prensa popular. La definición del pueblo en tanto protagonista del poder ideológico implica sobre todo que las clases trabajadoras primero discutan las noticias y segundo elaboren sus propias noticias. La necesidad de que las clases trabajadoras elaboren sus noticias no es del todo nueva. Ya en Chile por muy limitadas que sean las experiencias de confección de periódicos de barrio con la ayuda de estudiantes de periodismo, constituyen una iniciativa que va en esta línea propuesta. Elaborar sus noticias significa para las clases trabajadoras tener la responsabilidad de la emisión y la confección de un órgano de comunicación al nivel y en la órbita donde gravita su práctica social: diarios de fábrica, de barrio, de centros de madres, etc.. Discutir las noticias que reciben y básicamente en nuestro sentido aprender a descifrar las fuentes ideológicas de la praxis de la burguesía, constituye la segunda meta. De manera ideal, el texto de concientización de movilización más neurálgico es el texto de los diarios de la clase dominante.

Desde luego, tales metas no pueden lograrse sin, primero, una cierta infraestructura y, segundo, sin un plan de formación y capacitación de lo que podríamos llamar monitores en este campo. Para el primer requisito podríamos hablar de la necesidad de la creación de las células de información, donde a la vez de elaborar órganos de información, se discutirían las noticias de la burguesía.

Estas células de información no serían sino la extensión de los órganos de participación de las masas, más especialmente su forma de participar y pesar en el poder ideológico. Su tarea de discusión de las noticias no se concibe sino como una extensión de su labor de formación de las masas. Estas células de información deben ser, por ello, vinculadas con las organizaciones de base que pueden diversificarse a lo largo de todo el país y de todos los sectores dominados. Su especificación es muy amplia y podría ser objeto de una discusión, abarca desde los sindicatos hasta los centros culturales, los comités de Unidad popular..., etc. para finiquitar la idea, vale decir, para que tanto las discusiones como dichas elaboraciones de noticias puedan llegar masivamente a otros grupos —y que los mineros conozcan por ejemplo la práctica social de los campesinos— sería importante retomar, adaptar la idea de Lenin acerca de los corresponsales obreros, cuya misión consistiría en servir de cauce a esta materia noticiosa nueva hacia medios masivos. Para respaldar dicha iniciativa resulta fundamental la capacitación de los que llamábamos monitores que bien pueden ser los corresponsales obreros, que tendrían a su cargo la supervisión y la dirección de estas células de información. Esta capacitación tampoco constituye una meta utópica, por ejemplo tenemos en nuestras manos el plan de la Universidad del Norte para formar periodistas obreros y campesinos. Aquí tanto las Universidades como las instituciones de difusión del gobierno popular tienen una importancia de primer orden y no hay que desestimar tampoco la importancia de los periodistas que junto con redefinir su quehacer periodístico tienen la responsabilidad de crear junto con estas células de información, un verdadero periodismo popular. En este sentido, dichas células de información r. velan ser un embrión de poder ideológico popular. Por supuesto, paralelamente a la implantación de dichas células, pueden buscarse formas de participación más clásicas de las organizaciones de trabajadores en la orientación de los contenidos globales de los medios masivos (comité editorial, comité de programación, etc...).

Detrás de todas las propuestas vertidas en esta charla, emerge un conjunto de conceptos que apuntan a configurar la nueva sociedad. Un concepto de hombre nuevo, vale decir, un hombre que deja de ser atomizado y tiene el acceso a una visión global de la sociedad donde vive. Un nuevo concepto de cultura que rechaza la noción que la burguesía ha forjado acerca de la cultura masiva que no es sino la extrapolación a las masas de sus valores clasistas, y que impone una nueva instancia, la de estar generada en la práctica social de los actores de la revolución.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02