Hambre: arma de sedición derechista

PUNTO FINAL
Año V. Nº 127
Martes 30 de marzo de 1971

Editorial

LAS elecciones municipales del próximo 4 de abril —y la complementaria de un senador por las provincias australes— colocan en primer plano la necesidad de fortalecer el proceso que se ha iniciado en Chile.

La Unidad popular necesita robustecer la legitimidad de sus acciones de gobierno. Para ello requiere una alta votación que, además de superar la cifra del 4 de septiembre de 1970, deje en claro que una parte considerable de la población respalda las medidas del gobierno del presidente Allende. Junto con esto aparece también muy clara la necesidad de que dentro del esquema de la Unidad Popular se vean fortalecidas las posiciones de los partidos que representan a la clase trabajadora. Nos referimos a los partidos Socialista y Comunista, que manejan la ideología revolucionaria. En la medida en que esos partidos reciban un respaldo de magnitud, será posible esperar el acentuamiento de una línea que ahonde en la construcción del socialismo, tarea común de la Unidad Popular.

Para los trabajadores en general, y para los sectores revolucionarios en particular, resulta evidente que fortaleciendo una línea de clase dentro de la agrupación de partidos y movimientos de la Unidad Popular, se contribuye a consolidar del modo más eficaz al gobierno del Presidente Allende.

Los sectores revolucionarios que no están orgánicamente representados en la Unidad Popular y que no participan con candidatos propios en la elección del 4 de abril, deberían lógicamente apoyar a los candidatos de los partidos obreros que en su trayectoria hayan demostrado una mayor consecuencia, apego a una política de clase, fraternidad revolucionaria y decisión combativa.

Pero eso no es todo. Creer que la tarea consiste solamente en votar por los partidos que representan a la clase trabajadora, sería un espejismo. También se necesita la movilización revolucionaria y organizada para hacer frente a los enemigos internos y externos. Cada paso adelante de la clase trabajadora, redobla las actividades de sus enemigos.

Por eso, no es sólo hora de votar. Sería demasiado sencillo. Junto con respaldar al gobierno de la Unidad Popular, mediante la votación, hay que intensificar la lucha de clases, observar cada gesto de los enemigos, prepararse para golpearlos y preservar así el derecho de los trabajadores chilenos a construir el socialismo.

PF


Denuncia

HAMBRE: ARMA DE LA SEDICIÓN DERECHISTA

PASADOS los "primeros cien días" del gobierno de Salvador Allende y frente a la evidencia de la consolidación política del régimen popular, la alianza opositora de hecho que forman la Democracia Cristiana y el Partido Nacional hace toda clase de esfuerzos para atacar a la Unidad Popular por su flanco económico. La cesantía y el supuesto "caos" en la agricultura se utilizan como principales armas en la nueva camparla del terror que se está lanzando para influir en los resultados de las próximas elecciones municipales. La prensa de izquierda ha denunciado la forma en que la Democracia Cristiana acicatea a los cesantes para crear conflictos al gobierno.

En cuanto a la agricultura, la táctica consiste en hacer creer a los chilenos que dentro de muy pocos meses no habrá alimentos y que el gobierno tendrá que racionar la carne, los huevos, la leche, el pan. Incluso elementos supuestamente bien informados y objetivos como los técnicos y economistas identificados con el reformismo democratacristiano suelen afirmar con toda seriedad que "la quiebra en la producción agropecuaria es inevitable". Como ocurre también con la industria, estos sectores parecen pretender que en Chile todo el sistema funcionaba con creciente eficiencia hasta el triunfo de la Unidad Popular y que ahora los técnicos económicos del gobierno de Allende están destruyendo con errores y precipitaciones un mecanismo de producción poco menos que ideal.

Basta examinar algunas cifras de los organismos especializados para llegar a dos conclusiones bien claras:

1º—El sistema agrario chileno y la derivada producción de alimentos estuvieron hasta ahora identificados con el latifundio. Este régimen de propiedad no sólo era social-mente injusto e inaceptable. Era también de una ineficacia en cuanto a su capacidad para alimentar a la totalidad de la población chilena, que llevó a un constante aumento de las importaciones para suplir déficits de producción en rubros vitales, como carne, leche, maíz y trigo.

2º—El gobierno de la Unidad Popular se está limitando a aplicar rápidamente una ley de Reforma Agraria ajena, elaborada por la Democracia Cristiana. En este proceso se enfrenta con el boycot de los latifundistas. Este boycot puede llegar a traducirse en una disminución de la producción de algunos rubros, principalmente carne y algunos "cultivos de invierno", como maíz y trigo, pero el gobierno dispone de reservas en divisas como para hacer frente con importaciones a dichas bajas intencionales y, lo que es más importante, la realización a fondo de la Reforma Agraria le permitirá planificar con eficiencia y defender algunos cultivos vitales también, como el de las papas, por ejemplo. Los negros augurios de hambre "a la cubana" (y todos sabemos que incluso los peores críticos de la revolución reconocen que la verdadera "hambre" se acabó en Cuba en 1959) para la población chilena no responden a ningún dato, ninguna cifra concreta.

Precisamente en torno a estos dos aspectos, PUNTO FINAL discutió con técnicos de la Unidad Popular del Ministerio de Agricultura. En cuanto al primero, esos técnicos, algunos de los cuales trabajaron varios años en Cuba, comentaban con ironía que, a partir del 4 de septiembre de 1970 parecen haberse olvidado las lacras que tradicionalmente frenaron ei desarrollo a g r opecuario de Chile. Los mismos que ahora exigen amadamente eficiencia absoluta a la Unidad Popular en el manejo de los campos, olvidan mañosamente el cuadro agrícola recibido por este gobierno de sólo cuatro meses de vida. Ya no quieren comentar las afirmaciones de cualquier observador extranjero que pasaba por Chile y se iba invariablemente escandalizado por lo visto en esos "fundos" tan defendidos ahora. Baste un ejemplo reciente: el testimonio del periodista norteamericano John Gerassi, excorresponsal de las revistas Time, Newsweek y del diario The New York Times. Dice: [1]

"En las provincias centrales de Colchagua y O'Higgins, las más ricas de Chile, conocidas como el riñón de la oligarquía (en español en el original), los campesinos sufren un trato brutal de parte de la policía, son condenados por autodefenderse, por jueces que son también grandes latifundistas, se les prohíbe asistir a concentraciones políticas y se les obliga a trabajar ilegalmente seis o incluso siete días a la semana, a razón de jornadas de 17 horas y a cambio de un salario de 70 centavos de dólar diarios pagados en forma de raciones y vales que sólo pueden hacer efectivos (a un ochenta por ciento de su valor) en las tiendas del fundo.

"En una gira de 800 millas (alrededor de 1.300 kms.) por estas provincias chilenas, hablé con no menos de 300 campesinos: ninguno había podido ver jamás a un médico durante las horas de trabajo sin ser despedido; ninguno había recibido el mínimo legal en dinero; ninguno había podido utilizar el teléfono del fundo ni siquiera para llamar al médico cuando su mujer estaba a punto de dar a luz; ninguno había logrado que su familia viviera con él en la choza de barro y sin ventanas que le proporcionaba el fundo, a menos que cada miembro de más de seis años en esa familia aportara cuatro horas de trabajo diarias y gratuitas al fundo. (Y, por cierto, ninguno había visto jamás a un corresponsal norteamericano)".

Si viniera ahora a Chile, Gerassi podría preguntarse cómo es posible que esos mismos campesinos secularmente explotados no se hayan "tomado" todos los fundos de este país violentamente, ahora que se sienten justamente respaldados por un Gobierno Popular y sin duda le llamaría la atención la disciplina con que están viviendo el proceso de aceleración de la reforma agraria.

El propio Allende y los responsables del sector agrícola del gobierno han explicado a los campesinos, en especial en la explosiva zona de Cautín, que las "tomas" tornan más difícil el ya complejo mecanismo de aplicación de la Reforma Agraria. Esa complejidad es precisamente la que hace que el ritmo de las expropiaciones sea más lento que el deseable, se trata fundamentalmente de evitar que el latifundista notificado de expropiación saque su predio antes de entregarlo a la Corporación de la Reforma Agraria, como ha venido ocurriendo. Para ello, un buen sistema consiste, según los técnicos, en el nombramiento de interventores, previo a la expropiación. El interventor se hace cargo de la administración del fundo, regulariza los pagos e imposiciones de los campesinos y los organiza para que ellos mismos vigilen las siembras, cuiden los cultivos, cosechen o siembren, según la época y, sobre todo, impidan al patrón practicar el boycot mediante la quema de sementeras o bosques o la matanza de animales. El gobierno ha intervenido 160 fundos, desde Atacama a Chiloé. Las causales han sido: despido arbitrario de personal; liquidación de medierías; no cumplimiento de 'leyes sociales; boycot de la producción; reducción de la superficie cultivada; liquidación de las lecherías o la masa ganadera; paralización de barbechos (proceso de preparación del terreno, anterior a la siembra); e incumplimiento de los laudos arbitrales.

Estas intervenciones han demostrado enorme eficiencia: utilizando a sólo 200 funcionarios, pero teniendo como base la directa participación de los campesinos en la vigilancia y en la producción, se ha impedido la acción destructora en que están empeñados la mayoría de los latifundistas.

Pero, naturalmente, en definitiva lo que interesa es la expropiación, que pone en manos de los organismos especializados los predios y hace posible la planificación de toda la actividad agrícola. La mayor preocupación de los técnicos de la Unidad Popular actualmente consiste en que el lento mecanismo legal que implica la expropiación (la CORA toma posesión del fundo dos o tres meses después de notificada la expropiación, lo que permite al latifundista "desnudar" o destruir los campos) pone en peligro una posterior administración eficiente de los fundos.

Desde el 4 de noviembre del año pasado hasta el 17 de febrero se expropiaron 115 fundos, con una superficie total de 138.369,08 hectáreas. Esto en tres meses. Es bueno, para comparar y responder a los expertos agrarios democratacristianos que ahora se quejan de la "falta de claridad y decisión" del gobierno, señalar que la Democracia Cristiana, en su "mejor año" en cuanto a expropiaciones, que fue el de 1969, expropió sólo 314 fundos, con una superficie de 861.000 hectáreas. En un documento que publicamos aparte, en esta misma edición, se advierte a través de cifras muy concretas, que éste de las expropiaciones fue sólo un aspecto del gran fracaso de la D.C. en cuanto a acción agraria. Los técnicos de la Unidad Popular coinciden en que es fundamental ir a la intervención y expropiación de todos los predios de más de 80 hectáreas en el menor plazo posible.

Sólo así se podrá evitar, o por lo menos paliar, el boycot en que están empeñados los latifundistas. Hay índices bastante claros de cómo abandonan sus campos al acercarse la expropiación, o en el plazo que va desde la notificación de expropiación hasta la entrega del fundo a la CORA. Uno de ellos es la disminución en las compras de abonos sintéticos o naturales, que suelen hacerse en esta época del año. La comparación de las cifras de 1971 con las de 1970 según los datos del Banco del Estado, demuestra que la mayoría de los agricultores están abandonando las faenas anteriores a la siembra, como represalia ante la decidida acción del Gobierno.

Hay que tener muy presentes esos enormes porcentajes de menores compras de abonos para el período agrícola que se inicia. Normalmente, los agricultores comenzaban por esta época a preparar sus suelos para las siembras correspondientes a los llamados "cultivos de invierno", entre los que hay algunos fundamentales como el maíz, el trigo y algunas leguminosas. Si esa preparación no se hace, las siembras tendrán luego un rendimiento muy inferior; es decir, habrá déficits importantes en productos básicos. Los enemigos o críticos del gobierno los imputarán automáticamente al "caos creado en el campo" o a "ineficiencia en el manejo de los predios". Para éstos, al abandonar sus tierras, el agricultor no hace más que adoptar la actitud natural de cualquier hombre de negocios, que al ver perdida su propiedad rehúsa seguir invirtiendo en ella. Sin embargo, ese criterio egoísta y utilitario no puede aceptarlo un gobierno como el de la Unidad Popular, que tiene como una de sus principales obligaciones alimentar adecuadamente a toda la población. Para este gobierno, el abandono deliberado o la destrucción de los suelos ante la inminente expropiación sólo puede tener un nombre: boycot.

Los índices de sabotaje y afán de lucro hasta el último momento por parte de los latifundistas también están siendo detectados en la producción de carne. Este, el sector pecuario, es según los técnicos de izquierda el ejemplo más dramático y vergonzoso de fracaso e ineficiencia del agro latifundista chileno. Comparan a Chile con Polonia, de donde hemos importado carne y mantequilla: Polonia, con 4 millones de hectáreas de praderas mantiene una población de 12 millones de cabezas de ganado bovino. Chile, con 12 millones de hectáreas de praderas (naturales, artificiales y de secano), cuenta sólo con 3 millones de cabezas. En el documento antes aludido se demuestra que aquí el fracaso democratacristiano fue sencillamente estrepitoso, porque habiéndose propuesto un aumento (período 1964-1970) de 7.6%, sólo consiguió uno de 2.4% y esto en el conjunto, porque "la producción de bovinos tuvo una tasa negativa".

Por eso se explica que Chile siga importando grandes cantidades de carne. En 1969 se importó por valor de 26 "millones 500 mil dólares, de los cuales 6 millones 600 mil dólares correspondieron a carne de vacuno. Esta es la situación de la que tiene que partir el Gobierno Popular en un rubro tan vital como es el de la carne. Con el agravante de que aquí el sabotaje latifundista ha consistido lisa y llanamente en "comerse las vacas". Con el mismo criterio utilitario ya citado, sin pensar para nada en los intereses nacionales ni el tiempo y la inversión que se requieren para sólo mantener la masa ganadera, los ganaderos de la zona central y sur han estado vendiendo para los mataderos vacas fértiles. Por eso durante este año de 1971 probablemente no se notará falta de carne. El problema se planteará para el próximo y los siguientes. Porque, en este caso, a diferencia de lo que ocurre con el maíz y el trigo, por ejemplo (que son abundantes e incluso resultan más baratos y de mejor calidad importados), las dificultades de la importación son enormes. No hay capacidad frigorífica como para hacer adquisiciones masivas de carne congelada en el exterior y la única importación racional en términos económicos es la de vaquillas a las que luego debe aclimatarse y fertilizarse para recién al cabo de 56 meses recibir los "frutos". Los técnicos de izquierda temen que ya en 1972 "faltará masa ganadera" y que será necesario un largo período para reponer incluso el magro contingente pecuario heredado del "eficiente" sistema agrario derechista y democratacristiano. Pero existe el propósito de importar vaquillas para no perder las muy adecuadas praderas chilenas, hasta ahora subutilizadas, y proporcionar trabajo a os campesinos en el área ganadera. Precisamente en los inmensos latifundios expropiados en el sur se preparará desde ahora el aparato "receptor" del nuevo contingente ganadero.

En el fondo, conociendo la mentalidad mercantilista de los dueños del latifundio chileno, este sabotaje era de esperar. El Gobierno Popular tendrá que tomarlo como la negra e irremediable herencia que debe soportar todo cambio revolucionario. Sin embargo, hay optimismo sobre las posibilidades de defender y aun mejorar algunos rubros de mucha incidencia "económica" proporcionan divisas que permitirán importar los productos alimenticios deficitarios, como los fréjoles y el vino y otros vitales para la dieta chilena como los porotos y las papas. En general, se espera poder planificar mejor, más en detalle, en forma ajustada e imperativa y, lo más importante, con participación de la base campesina:

—Nosotros tenemos que orientarlos y educarlos, pero son los campesinos los que conocen a fondo los problemas de la agricultura, dicen los técnicos agrarios de la U.P.

En esta área también parece, pues, indispensable realizar una profunda y rápida movilización popular, confiando tareas concretas y de responsabilidad a los campesinos de los predios que se vayan expropiando, organizándolos no sólo en las grandes federaciones nacionales ya existentes, sino en grupos a nivel comunal con autonomía y agilidad suficientes para vigilar, proteger y hacer producir más a los campos chilenos.

JOSÉ CAYUELA


Análisis

LA MOVILIZACIÓN CAMPESINA EN CAUTÍN

DE la situación en Cautín ya se dieron los datos estadísticos (los aportó el Regional del MIR, (PF 121), y se entregó una crónica y algunas informaciones complementarias (Rivera Bravo, en el Suplemento del PF 122); pero aparentemente muy amplios sectores de vanguardia no han llegado a comprender todavía —al final de cuentas— de qué se trata en Cautín.

En el resumen de la intervención del compañero Vuskovic en la Asamblea Nacional de la UP (PF 122) se dice claramente: "Sin una movilización activa y combativa de las masas este proceso corre el peligro de detenerse a mitad de camino" A esta importantísima frase debemos agregarle, para que, se comprenda en toda su importancia, lo siguiente: "y una vez detenido, degenerará, se pudrirá por dentro, y quedará expuesto a la voluntad de la reacción, la cual hará de él lo que desee: o bien lo arrojará de la escena quedando descartado como otro intento fallido más, o bien lo utilizará en su provecho y en contra de los intereses populares, para la vergüenza histórica de quienes tuvieron en sus manos la responsabilidad de orientarlo e impulsarlo".

Es decir, más claro y resumido todavía: las movilizaciones populares combativas son el "sin el cual no" habrá avance hoy ni mañana socialismo. Por ello resulta significativo que en la nota-resumen mencionada, al hacer el recuento de las experiencias de movilizaciones que se han dado, no haya ninguna referencia a lo que sin ninguna duda han sido las más importantes movilizaciones de masas desde que se instaló el gobierno: las movilizaciones campesinas en general y las de la provincia de Cautín en especial.

La contradicción fundamental que determina el sentido de la práctica política de la UP en la actual etapa está dada por la doble responsabilidad asumida: de un lado, como gobierno de un Estado burgués que es, tiene la responsabilidad de mantener el orden; de otro lado como vanguardia organizada del pueblo que pretende ser, tiene la responsabilidad de orientar e impulsar las movilizaciones populares. Esta contradicción no es invento de alguna mente imaginativa, es una realidad indiscutible. A su existencia tiene que atenerse, con realismo, la dirección de la UP. Es decir, claramente de una vez, las movilizaciones populares combativas, siendo indispensables es obvio, atentan contra el orden burgués. El manejo hábil de estos dos términos de la contradicción fundamental señalada, sin perder de vista ni por un instante que el aspecto principal de la contradicción, es decir el que debe prevalecer, son las movilizaciones populares combativas, es la gran responsabilidad política de la dirección de la UP.

Está perfectamente claro que la UP ha venido manejando mal este problema; y que así como demostró notable capacidad política para obtener el triunfo electoral, está demostrando claras limitaciones para orientar e impulsar las movilizaciones que son ahora indispensables.

El MIR, de su parte, no tiene ninguna responsabilidad por el mantenimiento del orden burgués; la contradicción mencionada no lo alcanza, eso es, también, obvio. Aparentemente su única responsabilidad serla el orientar e impulsar las movilizaciones populares combativas. Sin embargo, puesto que la conciencia de las masas está hoy día más avanzada que la dirección de la UP —entrampada en una contradicción que está manejando mal —el MIR, que si está en una correcta posición de vanguardia, o sea, en la onda con esta nueva subjetividad de masas, tiene que estar además atendiendo el problema de sus relaciones con la UP, para no distanciarse de ésta; y de ser vanguardia pasar a ser traba del proceso.

Allí queda planteada, de manera resumida y en el plano teórico, la trama que explica, a la luz de los hechos, lo que pasa en Cautín.

La primera etapa de movilizaciones campesinas, desde la instalación del gobierno, se dio a través de ocupaciones de tierras, que alcanzaron proporciones muy importantes en Cautín, que ya han sido analizadas, que mostraron la naturaleza del problema y que obligaron al gobierno a desplazarse a la provincia con lo mejor de sus efectivos administrativos y burocráticos, para, en una acción relámpago, aplicar la ley y ponerse a tono con la combatividad de esas masas.

Esta primera etapa ya se cumplió para Cautín, pero es válida para todo el territorio de la república. Mientras tanto se ha comenzado a dar en Cautín la etapa siguiente: de movilización campesina en torno de su organización.

Como es sabido hace algunas semanas se constituyó por iniciativa de la UP, el Consejo Nacional Campesino. El decreto que le dio origen contemplaba también la existencia de organizaciones campesinas a nivel comunal, expresiones del nivel de base del mismo Consejo Campesino Nacional. Como es sabido a la constitución del Consejo Nacional acudieron, llamados por el Ministro de Agricultura, dos representantes de cada una de las cinco organizaciones campesinas de alcance nacional: Ranquil, Triunfo, Libertad, Cooperativas y Asentamientos. Acto seguido se planeaba seguir constituyendo "de arriba a abajo" los consejos provinciales y luego los comunales. Como expresión de ellos, en un acto frío y administrativo, una tarde cualquiera, en un recinto municipal semivacío, se constituyó en Temuco —como se venia haciendo en otras provincias— el Consejo Provincial Campesino. Resultó elegido su presidente el dirigente campesino democristiano de la Federación "Eduardo Frei" de Cautín. Pero simultáneamente comenzaban, desde la base, a emerger, con carácter de subversivas, las organizaciones comunales. Expresión de esta línea, que se encuentra firmemente encadenada a las movilizaciones por la toma de la tierra, fueron las concentraciones, congresos y organizaciones de los Consejos Comunales Campesinos de Lautaro y de Cuneo (dos comunas de la provincia de Cautín).

En Cautín, hasta hace poco, todo era de la reacción, es decir que no sólo tenían el monopolio de los medios de producción y el control de las instituciones del Estado, sino que además tenían en su poder la conciencia de las masas, lo que quedó debidamente registrado en los resultados electorales donde la candidatura de Allende obtuvo el último lugar. El control de las instituciones del Estado lo comenzó a perder la reacción a partir de la instalación del gobierno de la UP; el monopolio de los medios de producción lo vienen perdiendo por efecto de las movilizaciones campesinas por la recuperación de las tierras usurpadas y por la toma de fundos; y la conciencia de las masas ha comenzado a ser ganada para la revolución por efecto del trabajo político organizado, principalmente del MIR y del MCR que ellos han impulsado, por el trabajo de importantes sectores del PS y también por el trabajo del PCR.

En Lautaro, el sábado 16 de enero, el MCR entró al pueblo con sus fuerzas comunales desplegadas, una columna de campesinos pobres en líneas de cuatro en fondo, organizada por comités de base según la zona de procedencia, cargando sus respectivos cartelones de identificación y sus consignas precedidos por una gran imagen del Che Guevara y flanqueados por tres destacamentos milicianos armados con simbólicos bastones de madera, los que, cuando adoptaban el paso regular eran llevados como si fueran fusiles. Los milicianos provenían de los campamentos de los fundos tomados por el MCR. Las personas que formaban esta gigantesca columna de casi un kilómetro de largo y que estaba integrada por lo menos por 1.300 campesinos, provenían de las bases del MCR en toda la comuna. Su entrada a la ciudad provocó, al pasar delante del cuartel del ejército y el de carabineros, la sorpresa y la curiosidad de los mandos y la tropa, los que se agolparon en las puertas y ventanas de los locales; algunos miraban con alegría y fueron varios los que saludaron el paso de las masas.

La columna tomó la plaza y participó activamente voceando sus consignas y aplaudiendo a sus oradores: un dirigente del MCR y un dirigente campesino socialista, Francisco Campos, quien más tarde fuera electo presidente del Consejo Comunal Campesino de Lautaro. Hablaron también, entonces y a la clausura del Congreso: el Gobernador comunista de Lautaro y el vicepresidente de INDAP, Adrián Vásquez, y sus intervenciones estuvieron a tono, con las principales consignas de la masa del MCR: "Pan, Tierra y Socialismo", "Tierra o Muerte, venceremos", "Momio escucha, el campo está en la lucha", "Campesino alerta, el momio está en la puerta".

Esa misma masa gigantesca se desplazó luego a las instalaciones del liceo y sostuvo, dividida en 14 grupos de 80 a 100 campesinos cada uno, las deliberaciones del Congreso que aprobó finalmente un documento con las conclusiones y que eligió una dirección de 15 miembros. (Ver PF Nº 125).

La concentración de Lautaro es efectivamente ejemplo de un estilo de organización que puede ser alcanzado sólo cuando ha sido precedido por un importante y sistemático trabajo de base y por indispensables jornadas de lucha práctica; en este caso, las ocupaciones de fundos. Todo ello es fruto del trabajo de un puñado de militantes revolucionarios que, siguiendo una orientación política correcta, sembraron semilla de buena calidad sobre campo abonado, lo cultivaron con esmero, y están cosechando en el momento oportuno.

La concentración en Cunco reunió, al día siguiente, tanto o mayor número de campesinos, igualmente pobres y explotados, que viven el mismo drama, pero que, a diferencia de Lautaro, no habían tenido sino un brevísimo período de relación con la ideología revolucionaria y que no habían sido objeto de organización política ni habían estado sometidos a una orientación combativa. Se trataba fundamentalmente de las masas que despiertan a los llamados de la lucha que les viene haciendo esta vanguardia MIR-PS y también PCR en el sur. Y por ello fue posible que la concentración se produjera. Pero fue también posible que ésta adquiriese una connotación populista y no revolucionaria, ante la presencia de las autoridades del Ministerio de Agricultura, en quienes los campesinos —oprimidos por siglos— no llegaron a distinguir sino, al fin y al cabo, eso: autoridades, y no la vanguardia revolucionaria que es indispensable para orientar e impulsar las movilizaciones. Sin embargo, más adelante, la masa alcanzó a ver con claridad suficiente como para repudiar al dirigente democristiano del Consejo Provincial, elegido, en Temuco dos días antes, quien, cumpliendo sin duda órdenes de la reacción, había acudido para tratar de impedir la constitución del Consejo Comunal de Cunco. El campesinado de Cuneo se dio también su dirección y en manos de ésta y de los compañeros que impulsan la linea de movilizaciones populares combativas, quedó la responsabilidad de llevar a la organización de base hasta el nivel de reducciones.

Luego vendrán, una tras otra, todas las comunas de Cautín. Y será el campesinado, puesto de pie, masivamente movilizado, al calor de sus gritos y al trepidar de sus marchas, el que irá organizando los Consejos Comunales, los que —de esta manera— pasarán a ser órganos del nuevo Poder Popular y estarán de esta manera en condiciones de orientar el proceso de la Reforma Agraria, aliviar las tareas del aparato administrativo del Estado y sustituirlo en la toma de las decisiones fundamentales.

Y será esta masa organizada la garantía mayor de que el programa de la UP se cumpla y de que la gran burguesía y el imperialismo sean definitivamente derrotados. En Cautín, en estos meses de verano, se está dando una gran batalla, la batalla más importante de la hora, y la están dando las masas bajo la orientación de una línea justa; una línea que no está ni dentro ni fuera de la UP, sino que pasa entrecortándola. Alrededor de esta línea de movilizaciones combativas de masas se debe agrupar toda la UP, puesto que se trata del "sin el cual no"; y traerla del campo a la ciudad y llevarla a las masas obreras de los 150 grandes monopolios industriales que deberán ser expropiados, para comenzar allí el trabajo de agitación y propaganda indispensables.

CHASQUI


Periodismo

LA SORDA VOZ DE LA IZQUIERDA

DESPUÉS de cuatro meses de Gobierno de la Unidad Popular, los medios de comunicación colectiva y la publicidad estatal aparecen como aparatos estancados. Mientras la prensa de oposición lanza una ofensiva sin cuartel ni contemplaciones, el periodismo comprometido con la revolución socialista se mantiene a la defensiva, en una posición desconcertante.

La falta de una política de comunicación colectiva, la mantención de algunos esquemas burocráticos dentro del aparato informativo y la inexperiencia de algunos personeros oficiales hacen que en estos momentos el público receptor (lectores, auditores o tele-espectadores) enfrenten dos amenazas concretas: un periodismo oficialista, al estilo tradicional, o la desinformación, que en buenas cuentas viene a ser lo mismo.

LIBERTAD DE PRENSA

"Tengo absoluta fe que cuando nosotros venzamos —porque vamos a vencer contra la mentira y el engaño— podremos mirarnos cara a cara y limpiamente para decir que el derecho de ustedes SERÁ RESPETADO DENTRO DE LA LEY y en la propia voluntad de las mayorías nacionales".

Así se expresaba el candidato a la Presidencia, Salvador Allende, durante la reunión que tuvo con más de cuatrocientos periodistas simpatizantes de su postulación el martes 4 de agosto de 1970.

No obstante, por estos días, el propio doctor Allende ha debido responder públicamente en más de una ocasión los ataques provenientes del exterior poniendo en duda esta garantía. El Ministerio del Interior y la Intendencia de Santiago tuvieron que entablar acciones judiciales contra publicaciones en las cuales se lanzaron contra el Presidente de la República y autoridades militares, injurias de una violencia sin precedentes.

El derecho de libre expresión existe. Pero el enfrentamiento limpio no. Al menos por parte de los medios que controlan los sostenedores del viejo sistema a través de clanes económicos u organizaciones políticas como la Democracia Radical (revista SEPA), la Democracia Cristiana y el Partido Nacional (diario "La Prensa'') y los grupos sediciosos infiltrados en esos partidos.

A estas andanadas se suman otros antecedentes. El Partido Nacional asumió el control de la Radio Sociedad Nacional de Agricultura. Radio Balmaceda anunció con bombos y platillos una crisis de Gabinete, haciéndose acreedora a una advertencia por parte del Ministerio del Interior, como ya sucedió con otra emisora. Y en estos días se espera la salida de un nuevo diario derechista.

¿Con qué medios cuenta el gobierno?

Una de las características de la Democracia Cristiana durante la pasada administración fue su despliegue publicitario. Desde el bombo de Germán Bécker hasta las cadenas radiales con el animador Oficial Claudio Orrego, que ahora se hace pasar por periodista en un programa de televisión y en el hijo putativo de "El Diario Ilustrado".

El gobierno de la Unidad Popular, sin embargo, no contará con esas regalías. Durante la discusión en el Parlamento de la actual Ley de Presupuesto, los representantes de la oposición derechista lograron imponer una disposición contenida en el articulo ciento diez. Ella prohíbe a los organismos del Estado realizar gastos de publicidad, relaciones públicas o avisos en radios, diarios o televisión.

Así las cosas, con una campaña internacional que se acrecienta, con acciones cada vez más provocativas de los latifundistas, con una oposición que no se detiene en miramientos ni escrúpulos, el gobierno sólo puede apelar al trabajo individual de algunos periodistas.

Existe una política económica. Hay una acción de reforma agraria. Hay planes de obras públicas, de vivienda, de salubridad.

¿Y en materia de comunicación de masas?

PRENSA Y EMPRESA LIBRE

Las empresas periodísticas siguen operando, pues dentro del marco de la libertad de expresión. Para ellas sin embargo este principio aparece confundido en la red de sus intereses con otros conceptos, tales como la libre competencia, la propiedad privada, la oferta y la demanda. En suma, con las ideas del liberalismo económico aplicadas a la ciencia de la comunicación.

Hablando en términos de hipótesis, los medios de comunicación —desde el libro hasta el cine, pasando por al prensa, la radio y la televisión— deben tener una función pública, destinada a satisfacer las necesidades culturales de la sociedad. Estar informado es para el hombre de hoy, especialmente en Chile, una necesidad cultural.

Pero dentro de las empresas que controlan los medios, es el FIN DE LUCRO lo que predomina por sobre esa intención hipotética. Es la noticia considerada como un producto, aunque se trate del asesinato del Comandante en Jefe del Ejército. Es el mensaje, situado al nivel de una mercadería, aunque en ello esté en juego la suerte del país.

Esta finalidad lucrativa es la principal característica de la llamada "prensa libre". Pero junto a ella aparece un segundo rasgo que es la concentración económica. De los diez grupos económicos que dominan la vida de nuestro país, siete son propietarios de la mayoría de los medios de comunicación colectiva, con excepción de la televisión universitaria y estatal.

Es aquí donde entra en escena ese controvertido trabajador que egresa con un titulo universitario de las Escuelas de Periodismo.

El año escolar que en nuestro país comenzó este mes ha sido definido por la UNESCO como "el año de la Educación Permanente". Para este organismo de Naciones Unidas, el proceso educativo debe sufrir un vuelco insospechado para convertirse en una acción permanente que alcance a todos los sectores, sin distinción de edades, ni sexo, ni condición social.

Los expertos de UNESCO cuando elaboraron este plan no dudaron un instante que sería una utopía si no contaban con los medios de comunicación en su aplicación futura.

De este modo, la misión del periodista se hace cada vez más compleja. En términos casi abstractos, es un profesional al servicio de la educación: su tarea es informar, interpretar y orientar.

Pero en el terreno de la realidad chilena, frente al cuadro empresarial, es un empleado, un trabajador. Y en ese plano, la sala de redacción de un periódico cualquiera es el escenario cotidiano de una lucha de clases interna que adquiere formas diversas.

Si en esa oficina de redacción abriésemos una ventana a la calle y pusiéramos frente a ella al empresario y al periodista, ¿será acaso idéntica su visión exterior?

El empresario es, por sobre todo, un personaje que aparece envuelto en círculos económicos, políticos y sociales determinados. El reportero es un trabajador totalmente ajeno a esos intereses.

Esos intereses y convicciones distintas dan forma al enfrentamiento diario. Es el establecimiento de la censura interna, la crónica arrojada al canasto de los papeles o el clima tenso que se advierte todas las tardes o todas las noches en la oficina del jefe de crónica durante los periodos críticos.

OBJETIVIDAD

Dentro de este cuadro, se hace cada vez más difícil la misión elemental del periodista: decir la verdad. Es aquí donde la conciencia individual del trabajador de los medios de comunicación se enfrenta con otro viejo problema: la objetividad.

Es una antigua polémica nacida en los Estados Unidos y en Inglaterra, y donde a menudo se confunde este concepto con la libertad de expresión o la imparcialidad.

Eliel Ballester hace un breve planteamiento técnico y dice que "objetividad" equivale a la presentación impersonal de las noticias. Es el vínculo con el objeto o la materia.

Ya Lenin definió la materia como "todo aquello que nos transmiten nuestros sentidos a través de nuestras sensaciones". La materia tiene por lo tanto vida propia, más allá de nuestra capacidad perceptora.

¿Ocurre lo mismo con ese objeto llamado noticia?

Desde un punto de vista práctico, una noticia no existe por sí sola. "Noticia —según un ensayista español— es aquello que los periodistas estiman, ha de interesar al lector". Luego, noticia es aquello que interesa al periodista.

¿Y qué pasó con la objetividad?

¿Dónde quedó la "presentación impersonal"?

La objetividad así concebida no existe.

Ningún reportero o jefe de sección de un periódico es ajeno a las influencias del medio. Influencias que van desde un simple estado emocional hasta la identificación con la ideología de una corriente filosófica, política, artística o literaria.

Algunos diarios "serios" postulan actitudes imparciales. Sin embargo, imparcialidad no es sinónimo de objetividad y viceversa. Objetividad es, desde el ángulo de la ética, la teoría o la práctica, VERACIDAD.

En aquella reunión del martes 4 de agosto de 1970, con los trabajadores de la prensa, el candidato Salvador Allende hizo un llamado que está vigente al cumplirse cuatro meses de su llegada al gobierno:

"En estas horas que faltan —dijo—, en estos angustiosos minutos que quedan, ustedes pueden contribuir y mucho a romper la barrera del miedo, del terror y del pánico. Ustedes pueden atajar con las manos de la verdad los caudales de veneno corruptor que alcanzan a algunos y que manchan también a otros.

"Son ustedes los que pueden con su propia voluntad saber que no están luchando por un hombre, sino por un pueblo, por un país y por la historia.

"Compañeros: La verdad es que pocas veces he sentido más íntimamente la responsabilidad de ser también el vocero de ustedes, porque sé que ustedes mañana, en la plenitud del ejercicio dignificado de su profesión serán voceros auténticos de la nueva patria, de la nueva moral, de la nueva sociedad. En suma, de la nueva convivencia que juntos vamos a edificar".

Los periodistas de izquierda han tomado conciencia de su misión. Los días 9, 10 y 11 de abril se va a realizar en Santiago una Asamblea Nacional para estructurar un organismo de dirección política de los periodistas que están por el socialismo. En la convocatoria de esa Asamblea se sostiene: "La verdadera libertad de prensa se alcanzará en Chile cuando los medios de comunicación, de masas formen parte del área de propiedad social, es decir de todos los chilenos. La prensa debe ser instrumento al servicio de la liberación y la cultura de nuestro pueblo y no un negocio privado, ariete ideológico de una minoría nacional y extranjera, como ocurre actualmente".

E.F.


Análisis

LA EXPERIENCIA DEL IBAÑISMO

LAS fuerzas que representaba Carlos Ibáñez no poseían una sustancia social diferente a la de Aguirre Cerda (y que en gran medida sirvió de apoyo a los demás gobiernos radicales). En general: pequeña burguesía, sectores medios y proletariado. El mismo populismo surge con nuevas formas y como todo populismo no tenia objetividad racional. Pero hay una aspiración que adquiere mayor nitidez: afán de participación de las masas en los centros de decisiones político-económicos.

El populismo del 38 pudo tener factibilidad en virtud de condiciones estructurales determinadas. En especial las perspectivas de sustitución de importaciones que abrió la crisis del 29 para el capital interno. Con la llegada de "las fuerzas emergentes" treinta-ochistas al poder, se adecuaría una conducción estatal para la política del capital nacional. Al término de los gobiernos radicales, esa tarea de la burguesía ya estaba finiquitada. Se hablan estructurado nuevas relaciones capitalistas de producción. Se había solidificado un sector dominante que fusionó a la oligarquía capitalista tradicional con la nueva burguesía empresarial. Sobre todo se hablan manifestado con mayor ímpetu las relaciones de dependencia, tanto del enclave cuprífero como las de asociación con la burguesía agrario-industrial-financiera.

En síntesis: el populismo treintaochista aseguraba un margen de fortalecimiento del capitalismo "hacia dentro". En cambio, el populismo ibañista solamente podía alentar un desarrollo capitalista "desde fuera", lo cual negaba los propios intereses populares de su base de apoyo electoral.

Otra alternativa del ibañismo habría sido la de constituirse en una fuerza anticapitalista.

Muchos sectores del Partido Socialista Popular creyeron en esa posibilidad y se arriesgaron a integrarse al gobierno de Ibáñez. Pero resultó evidente que no bastaba la integración del PSP, y menos en las condiciones precarias en que lo hacía, para dirigir la fuerza ibañista en un sentido revolucionario.

Aparte del programa —extraordinariamente ambiguo— que esgrimía Ibáñez, las medidas de un gobierno iban a depender de la estructura económica del país, de las condiciones que se heredaban de los gobiernos radicales.

Durante los últimos años del gobierno de González Videla, el "establecimiento" pudo mantenerse en virtud de los excedentes que reportaba el cobre que tenía una demanda creciente por el conflicto bélico en Corea. Pero en 1953 las exportaciones de cobre sufrieron una baja, eliminándose la relativa capacidad de negociación del Estado.

Afirma Mario Vera: "En 1953 se pone fin a la guerra de Corea, la tensión internacional afloja notoriamente por lo que se acumula un stock de cobre chileno de 120.000 toneladas (70.000 en exceso de 1951). En ese mismo año el gobierno de Estados Unidos deja de intervenir en el comercio del cobre". [2]

La descapitalización progresiva originada en la pérdida de divisas no puede, en este caso, superarse mediante una política sustitutiva, finiquitada dentro de los marcos que implica su realiza ción en un país dependiente. El gobierno de Ibáñez, sin embargo, eligió el aumento de la dependencia a través de las importaciones.

Esa elección no fue autónoma sino impuesta por las necesidades exportadoras que manifestaba el imperialismo, y por las presiones que la burguesía empresarial y los latifundistas realizaron sobre el Estado.

Según un trabajo del CEDEM: "Habiendo pasado a un plano secundario en el interés del gobierno la política industrial concebida como en los años anteriores, se abandonó en gran medida el poderoso instrumento que CORFO representaba. Este organismo desvió gran parte de su actividad a prestar servicios al sector privado como un banco de fomento y a la administración de sus filiales, de las cuales, las más importantes, tenían un grado de autonomía respecto a CORFO bastante considerable". [3]

Si el Estado durante el auge frentepopulista había tomado bajo su cautela el desarrollo económico, durante el ibañismo los grandes capitalistas tomaron bajo su cautela al Estado.

Una política económica de este tipo, que contempla la retracción industrial con la consecuente paralización de actividades, solamente es viable si se incrementan en forma considerable las tasas de plusvalía. De tal modo, los sectores trabajadores caen en una violenta pauperización.

Habría sido, demasiado pedir a Ibáñez que comprendiera las causas de la crisis, cuando mucho podía conocer sus efectos. El más visible era la inflación, a la cual consideraba como enemigo político, pues poco a poco deterioraba su prestigio ante las masas. Desde 1953, año en que se observa la retracción en los centros cupríferos, se produce un aumento acelerado de los precios. Entre 1954-55 más que se duplican y en enero de 1956 alcanzan una tasa anual de 84-88 por ciento.

Ibáñez llama en su auxilio (o mejor dicho acepta el auxilio) de especialistas norteamericanos que pondrían fin al mal con ritos tecnocráticos. Llega al país amparada por el FMI la famosa misión Klein-Saks.

La misión Klein-Saks no realizó en Chile una política estabilizadora. Las medidas que tendió a aplicar eran justamente las que requería el imperialismo para penetrar con mayor facilidad en el país. En vez de una política de estabilización monetaria, se llevó a la práctica un reacondicionamiento estructural tendiente a barrer con los restos proteccionistas del frentepopulismo. Este reacondicionamiento era requerido a su vez por empresarios nacionales, dada su incapacidad de desarrollo.

El marco económico previo a la política "estabilizadora", puede caracterizarse de la siguiente manera: la economía chilena que durante el gobierno de González Videla había acentuado su carácter dependiente, experimentó un deterioro que afectó tanto a su sistema importador como al exportador. En 1953 disminuyó en un 27 por ciento la capacidad para importar y en más de un 21 por ciento las exportaciones.

Ello afectó al sector industrial que entró en un rápido proceso de contracción, redundando en el incremento de la cesantía y en un alza desbocada de precios.

Esta situación provocó el desfinanciamiento progresivo del área estatal, lo que a su vez también colaboró en acentuar el proceso inflacionario: "Al decaer las exportaciones se tenía que producir una contracción de la masa de operaciones cambiarlas, especialmente en las que dejaban mayores márgenes de diferencia, lo que provocó la reducción de los ingresos fiscales, induciendo a un financiamiento inflacionario por medio del Banco Central". [4]

La política estabilizadora se basaba en un equilibrio en el sistema de precios, no mediante un aumento de la oferta sino por una contracción inducida de la demanda. Esto no significaba otra cosa que incrementar a sus límites máximos los montos de plusvalía absoluta; es decir, una agresión económica frontal a la clase obrera. La simple constatación de que las organizaciones obreras no reaccionaron de inmediato ante tales disposiciones, demuestra "per se" la debilidad política y orgánica que experimentaban en todos sus niveles. La agresión alcanzó tal descaro que se proclamó sin tapujos que la base de la política antinflacionaria residía en la supresión del reajuste automático de remuneraciones de los sectores público y privado, y en la aplicación de aumentos anuales de sueldos y salarios a ritmo inferior al alza del costo de la vida del año precedente.

Los resultados de esta política pueden verse en el notable descenso de los ingresos que a partir de la mitad de los años 50 experimentó el "chileno medio". En 1954, el ingreso nacional y el sueldo vital eran de 123.6 y de 104.2 respectivamente. En 1955, de 120.0 y 93.7. En 1956, de 116.5 y 82.8. En 1957, de 121.1 y 83.7: y en 1958, de 119.3 y 79.8.

Para una mejor idea del carácter expoliador de la estabilización ibañista, no hay más que comparar los ingresos por sector. Entre los años 1953 y 1959, la participación de los obreros en la recepción de los ingresos bajó del 30 al 25 por ciento; la del sector medio del 26.4 al 25.2 por ciento. La parte patronal había crecido del 43.6 al 49.3 por ciento. En cuanto al ingreso absoluto, el de los primeros bajó un 1,5 por ciento; el de los empleados se elevó 1,6 por ciento; y el del tercer grupo se incrementó en un 27,7 por ciento [5] . Hay que agregar a estos datos comparativos que si descompusiéramos los porcentajes correspondientes al proletariado, tendríamos que la mayor parte de las reducciones se dejó sentir sobre los de organización más débil que, conjuntamente con el campesinado, llegaron a una situación límite de superexplotación.

Por si fuera poco, debemos sumar el continuo incremento de los impuestos, en especial los indirectos que afectan sobre todo al proletariado. "Una apreciación global del problema deja en claro que han sido los impuestos directos los más remisos a elevar su contribución. Si se compara por ejemplo el aumento real de los ingresos tributarios entre 1945-49 y 1955-59, se verifica que él fue de un 43 por ciento en tanto que el de las cargas directas llegó a menos del 18 por ciento. Los impuestos sobre la propiedad y sobre las personas se revelan como los más rígidos del conjunto".

"En cambio, los impuestos indirectos, entre los mismos plazos se acrecentaron en un 70 por ciento". [6]

Después de apretar el cinturón a los trabajadores, los técnicos de la Klein-Saks recomendaron disminuir los gastos "públicos. En buenas cuentas significaba ampliar la medida anterior al rebajar los salarios reales de los trabajadores del Estado. Entre 1955-58, el sueldo medio de los funcionarios fiscales se redujo en términos reales en un 40 por ciento. Esto representó una disminución del poder de compra de esa parte de la población. De la misma manera, las inversiones fiscales decayeron provocando efectos depresivos sobre las industrias que las abastecen. [7]

Las teorías de la Klein-Saks de contraer la demanda, aconsejaban disminuir los empréstitos a determinadas empresas industriales, en especial las productoras de bienes de consumo inmediato que, con sus actividades a plena marcha, proporcionaban empleo y capacidad de consumo a sus trabajadores.

El remedio resultó peor que la enfermedad. Al intentar solucionar el problema de la inflación por el lado de la demanda no se hacía más que encerrar la economía en un círculo vicioso.

Justamente una de las raíces era la regresión del desarrollo industrial. Contrayendo el mercado interno sólo se perpetuaba esta regresión. Es por eso que la intención de los técnicos estabilizadores no fue la de estabilizar el "costo de la vida" sino provocar la destrucción definitiva de un modelo de desarrollo capitalista sustentado por el Estado, puesto en marcha en 1938. Ese modelo no conjugaba por sus trabas proteccionistas con las intenciones del capital foráneo. Diversas medidas económicas del gobierno Ibáñez refuerzan nuestro argumento.

Señalemos las siguientes:

1.—Aceptó las presiones para introducir demanda externa sobre (o en lugar) de la destruida demanda interna ("ejemplo: surgimiento de los puertos libres, eliminación de los diversos tipos de cambio estableciéndose un cambio único y fluctuante. liberalización de importaciones, etc.).

2.—Reducción de la participación del gobierno en la negociación de salarios; y

3.—Abandono de determinadas empresas manejadas por CORFO que pasaron a ser controladas y/o subsidiadas por particulares, nacionales y norteamericanos.

En síntesis, durante el gobierno Ibáñez fueron reajustados determinados elementos estructurales para condicionarlos a un nuevo tipo de dependencia del imperialismo norteamericano. Donde se reflejó este proceso de manera muy clara, fue en el enclavo cuprífero.

En 1955 se dictó la ley Nº 10.255, llamada del Nuevo Trato. Aumentaba el radio de inversiones de Estados Unidos, alterando el régimen tributario y modificando el sistema cambiario en favor de las grandes compañías.

LA CRISIS DE LA IZQUIERDA

Llama la atención la incapacidad de la clase obrera para responder a la brutal agresión económica del gobierno de Ibáñez. Los estudiosos coinciden en que, justamente, fue la pasividad de la clase obrera la que permitió llevar a la práctica los planes "estabilizadores". Aníbal Pinto, por ejemplo, baraja la hipótesis relativa a que tal situación se debe a las diferencias de ingresos que se observa en el interior del proletariado. Escribe: "En lo que respecta a los grupos más organizados que se desempeñan en el llamado "sector moderno" de la economía, ellos difícilmente son alcanzados por las disposiciones antinflacionarias. Su mayor "capacidad de negociación" les permite defenderse, al igual que ella los convertirá en los mayores beneficiados en el caso de una política de signo contrario, como parece haber, ocurrido en las coyunturas más progresistas. La masa desorganizada que trabaja en las demás actividades o tiene empleos precarios u ocasionales, se encuentra en una situación muy diferente, por no decir opuesta. Son los más perjudicados en un caso; y los que menos pueden aprovechar en el otro, ya que son limitadas sus posibilidades de reaccionar en una o en otra situación, dada la debilidad estructural de su posición en el mercado de trabajo". [8]

Concordamos con esa argumentación aunque es sólo una parte del problema. En el campo del proletariado sólo priman contradicciones derivadas de los desniveles de ingreso cuando no hay una vanguardia política que las amortigüe, relegándolas a segundo plano. Que las contradicciones materiales en el campo del proletariado se tornaron fundamentales, no fue sino el efecto de un problema mucho mayor que permite constatar una crisis de la izquierda. Por mucho que se verifiquen divergencias salariales dentro del proletariado, no son nunca tan grandes como para determinar su compartimentación política como ocurre en países capitalistas desarrollados, donde frecuentemente se disgregan "aristocracias obreras" receptoras indirectas de plusvalía.

Para comprender la crisis de la izquierda que se observó en Chile durante los años 50. deben tenerse en cuenta aspectos como los siguientes: 1) El pactismo político con gobiernos antiobreros, especialmente con los de Ríos, Duhalde y González Videla. con sus consecuentes efectos desmovilizadores; 2) La represión de González Videla que clandestinizó organizaciones sindicales y políticas, entre éstas al Partido Comunista; 3) El carácter populista del ibañismo que embarcó en el gobierno a sectores del proletariado.

Nos hemos referido a los dos primeros aspectos; sobre el tercero, hay algo más que decir: [9]

El PSP apoyó a Ibáñez y durante el primer año de su gobierno ocupó tres carteras ministeriales. Mucho se ha hablado sobre esta actitud del PSP. Incluso militantes socialistas han hecho severas autocríticas. Dice Alejandro Chelén Rojas: "Quizás el mayor error del socialismo —rehabilitado de sus antiguos fracasos— fue su ingreso a funciones ministeriales, comprometiendo con su actitud un lustro de abnegado y duro batallar por haber apoyado la candidatura de Ibáñez, debió, en todo caso, por las experiencias en etapas similares, cooperar desde fuera, impulsándolo en lo que tenía de contenido antioligárquico y anticapitalista, pero distanciado de la dirección burguesa impuesta por el Presidente. Antes de un año, el socialismo abandona el gobierno, convencido en definitiva que combinaciones híbridas —proletariado y burguesía— conducían al desastre; el entendimiento entre fuerzas políticas ideológicamente antagónicas, además de un fraude, era una traición a los explotados". [10]

Cualquiera sea la interpretación, vemos en el apoyo a Ibáñez no una ruptura sino una prolongación de la actitud esgrimida por el PS y por la izquierda en general frente a los gobiernos radicales. Por supuesto, ello no justifica el colaboracionismo socialista. Por el contrario, llama la atención que después de una serie de experiencias desastrosas para la izquierda, se insistiera en el mismo camino.

¿Acaso el PSP pretendía transformar en revolucionario el ambiguo carácter del ibañismo, cambiarlo por dentro, desplazar las tendencias pequeño-burguesas por tendencias proletarias? Puede parecer sorprendente, pero ése fue el argumento teórico con que se trató de justificar la colaboración. Extraño caso de supervaloración partidaria. A la confusión generalizada el PSP aportó su propia cuota y con ello desperdició una oportunidad de enclavar en la masa y de reestructurarse en cuanto partido revolucionario.

Llama también la atención que los dirigentes del PSP no avistaran el panorama socioeconómico; que no comprendieran que, dado los límites con que había topado el desarrollo industrial, el populismo tenía escaso margen de expansión.

Recordemos que el PC había pagado con carcelazos y relegaciones su colaboración con gobiernos burgueses. El PSP estuvo a punto de entrar en un camino antiobrero. Nadie ni nada lo obligó a ello. Sólo el oportunismo, hay que decirlo, que es una nítida manifestación del politiquerismo pequeño burgués. El PC con su revolución democráticoburguesa de fantasía había sido disciplinado en sus equivocaciones. Su línea política era su gran equivocación. El PSP, en cambio, hizo de las grandes equivocaciones su línea política, y las asumió zigzagueante, con una suerte de conciencia culpable y de inseguridad en, su accionar.

A fines de 1953, los socialistas populares se encontraban en la estacada. Ibáñez —nunca había estado en la izquierda— caminaba cada día más rápido hacia la derecha. El PSP comprendió —al fin— que de persistir en el gobierno, terminaría por condenarse históricamente, dejando de ser un partido marxista. Abandonó sus "loables" propósitos de adoctrinar al general Ibáñez y volvió a la oposición de donde, de haber sido consecuente con sus principios, nunca debió salir.

Sin embargo, en medio de esa desorganización, tuvo lugar un acontecimiento importante: la fundación de la CUT (Central Única de Trabajadores) el 2 de febrero de 1953. que reemplazó a la CTCH (Confederación de Trabajadores de Chile). La misma precariedad de la CTCH proporcionó una base feble de iniciación al nuevo organismo. Zanjada en dos por la política antiobrera de González Videla, la CTCH constituía un mero centro burocrático donde se expresaban en nivel económico todas las concesiones que en el nivel político practicaban los partidos obreros. Después de la exoneración de los comunistas, las dos CTCH habían dejado de existir prácticamente. Ello se veía acentuado por las pugnas comunistas-socialistas que no habían dejado de practicarse pese a la represión contra el PC. Esta pugna había penetrado en el interior de las fracciones socialistas donde determinados grupos se tildaban de pro y de anticomunistas, haciendo de estos calificativos una definición para su accionar. Por otro lado, la participación de los socialistas en el gobierno de Ibáñez, si bien es cierto abrió condiciones institucionales para la fundación de la CUT. impidió que sus mejores cuadros, gastados en actividades oficialistas y electorales, pudieran gravitar en los procesos que se gestaban a nivel sindical.

Los antecedentes genéricos de la CUT se encuentran en la misma ruptura de la CTCH durante González Videla. La necesidad de echar las bases para una nueva organización fue advertida por los propios trabajadores, que se encontraban librados a su suerte. En febrero de 1953 se celebró el Congreso de Unidad con participación de más de novecientos organismos de base, representados por un número superior a 2.300 delegados. Ellos constituyeron la Central Unica de Trabajadores, presidida por Clotario Blest, independiente.

Los grupos políticos antiobreros advirtieron que con la CUT se gestaba un aparato de potencialidad combativa. Representaba un centro de unidad que superaba los divisionismos que favorecían al sistema. Uno de esos personajes de opereta que con el ibañismo adquirió figuración, María de la Cruz, se prestó al juego divisionista e intentó fundar la Unión de Asalariados, paralela a la CUT. La iniciativa fracasó. Pero al juego divisionista interno se agregó aquel implementado desde el exterior, a través de agencias imperialistas como el CISL y la ORIT (Confederación Internacional de Sindicatos Libres y Organización Regional Interamericana de Trabajadores, respectivamente). Tales agencias pretendieron aprovecharse de las querellas socialistas-comunistas para cumplir el juego internacional que barajaba Estados Unidos: aislar a los comunistas y desvirtuar el movimiento obrero mediante sindicatos mercenarios. Tal política había surtido efectos en otros países. Pero el antimperialismo de la clase trabajadora chilena fue más fuerte que las discrepancias políticas internas, y la CUT nació sin compromisos antiobreros.

La CUT aprobó un programa de carácter revolucionario y su accionar pasó a gravitar convirtiéndose en aglutinante del proletariado. Su práctica se caracterizó por un fuerte impulso inicial para culminar en un reflujo defensivo durante los últimos días del ibañismo. En mayo de 1954 y en julio de 1955, la CUT realizó dos exitosos paros generales. La combatividad obrera renació y se expresó en la conducción revolucionaria de Clotario Blest. Pero en 1956 la combatividad amainó y su corolario fue el fracasado paro general del 9 de enero de 1956. Nuevas querellas internas habían hecho presa de la organización sindical, resurgiendo los aprontes divisionistas.

La CUT contenía una serie de contradicciones. Por situaciones heredadas del gobierno de González Videla, el peso de los partidos obreros en la conducción del movimiento no era determinante y, cuando se dejaba sentir, era débil dada la escasa preparación revolucionaria de ellos. En tal sentido la CUT misma y "en sí", tuvo que convertirse en un centro de decisión política. Pero la CUT era una organización sindical y no es un partido revolucionario. Pese a todo, tuvo que conducirse políticamente porque no había partido revolucionario que la condujera. El movimiento obrero quedó librado en gran parte a su propia suerte. La concepción leninista de la lucha de clases, en donde se conjugan las reivindicaciones de las masas con los trazados revolucionarias de un partido, se contrajo en Chile en una especie de "sorelianismo" forzado, donde lo sindical hacía las veces de lo político. Hubo en el accionar políticamente espontáneo de la CUT, una potencialidad que permite creer que de haber existido una vanguardia, un partido revolucionario que interpretara y canalizara esta efervescencia, las condiciones se habrían transformado en coyunturas revolucionarias.

Cuando a fines del gobierno de Ibáñez, aun antes de volver a la legalidad, el PC logró hegemonizar los principales centros de decisiones de la CUT, el movimiento obrero no pudo salir de la estacada. Pese a su experiencia dolorosa, el PC no la había valorado en un sentido realmente crítico. De acuerdo a sus planteamientos, la revolución democráticoburguesa seguía estando a la orden del día, expresándose en alianzas con fracciones políticas de la burguesía, entregando a ellas el poder de las decisiones fundamentales. Circulo vicioso y cerrado donde el espontaneísmo y el reformismo se daban la mano. Espontaneísmo porque había reformismo, reformismo porque había espontaneísmo. Así se explica el raquítico paro general que realizó la CUT en enero de 1956. Así se explica que un 2 de abril de 1957, provocado por el alza en las tarifas de la locomoción, el proletariado desbordara las calles de Santiago, enfrentando desarmado al aparato represivo del Estado, dejando tras sí una cantidad todavía desconocida de muertos. Desde luego, el culpable directo fue el aparato represivo del Estado. Es si se quiere, y en última instancia, el propio orden capitalista. Pero ¿quién era el culpable estratégico de esa situación? Puede decirse: la vanguardia del movimiento obrero. Puede contestarse: no había vanguardia, por eso no había estrategia y por eso mismo tampoco hay culpables. ¿Y entonces? ¿No tienen acaso su cuota de responsabilidad aquellos partidos que debieron ser vanguardia y fracasaron?

No hurgaremos las causas del fracaso. Habría que comenzar a relatar de nuevo la peripecia política comenzada en 1938: Una política seria, responsable, cautelosa, pero en esencia reformista y no revolucionaria, colaboracionista y no clasista. Se prueba una vez más —ya tantas veces se ha probado en la historia— que para la izquierda no hay peor aventurerismo que la conciliación do clases.

No obstante, ya al final del gobierno ibañista tiene lugar la formación de un bloque político de izquierda con características nuevas: es el FRAP (Frente de Acción Popular). Lo que va a tener de particular este bloque es la ruptura de compromisos políticos con los partidos políticos de la burguesía.

Las desastrosas experiencias del pasado y los negativos resultados de su participación en el gobierno, llevan al PSP, en el congreso de octubre de 1955, a replantear la tesis del Frente de Trabajadores, postulada después del colaboracionismo con Aguirre Cerda y Duhalde. Por su cuenta el PC mantiene una posición divergente al propiciar un Frente de Liberación Nacional, con socialistas democráticos, radicales, socialcristianos, falangistas, etc., expresión política de su soñada revolución democráticoburguesa que tanto daño había hecho a la clase obrera y al propio PC. Mas, en esta nueva alternativa debía elegir entre resucitar al Frente Popular o romper de nuevo con los socialistas. Esa última alternativa, comprende el PC, habría determinado su aislamiento, porque la primera alternativa sólo era posible con la anuencia socialista. Negándose éste, el PC se encuentra obligado a abandonar por el momento sus aspiraciones democráticoburguesas.

Con todo, muchos planteamientos democráticoburgueses persisten en el FRAP, y son emitidos por boca de comunistas y socialistas, independientemente de la composición social y del carácter político que distingue al bloque. Por otro lado, la correlación política tampoco era favorable para la formación de un bloque populista, semejante a los que habían existido. Si la izquierda no aceptaba ir detrás de un partido burgués, tampoco los partidos burgueses aceptaban ir detrás de la izquierda. Lo que se planteaba es un asunto relativo a la hegemonía del poder. La descomposición del populismo ibañista había decantado las fuerzas políticas, permitiendo que diversas fracciones de la burguesía, e incluso la izquierda en su conjunto, consideraran sus posibilidades de alcanzar el gobierno. Ninguna aceptó ser la retaguardia de la otra y de este modo el democratismo burgués con que algunos buscaban revestir al Frente, encontró obstáculos en los propios demócratas burgueses.

Los primeros lazos orgánicos del FRAP son tejidos a fines de 1955. En 1956 se firma el Acta de Constitución del Frente que es integrado por socialistas populares, comunistas, democráticos del pueblo, socialistas de Chile y diversos grupos pequeños. Pese a la baja que experimentaron los partidos del FRAP en las elecciones parlamentarias de 1957, el proceso unitario gestado con tan buenos auspicios, no se deterioró. A esta consolidación colaboró de manera indirecta el propio ibañismo al decidirse por la represión, como lo comprueban los luctuosos acontecimientos del 2 de abril del 57. La unidad no sólo se gestó entre las combinaciones partidarias sino que también dentro de ellas mismas. En julio de 1957 los dos partidos socialistas deciden reunificarse. Los comunistas, por otra parte, ya no adoptan las posiciones rígidas que habían caracterizado su pasado. Hay en el PC una suerte de confusión derivada del descrédito del stalinismo. Se advierte que no sólo es la posición individual de Stalin la que se impugna, sino que hay detrás una concepción política arraigada, incluso dentro de la misma vida militante y que se advierte hasta en los propios impugnadores. Tal vez no haya nada más típicamente stalinista que la forma acrítica en que fue negado el período de Stalin. No se reconocen a ciencia cierta cuáles son los aspectos que se rechazan y por cuáles deben ser reemplazados. Esta confusión, más el poco margen de elección que le otorga su ilegalidad, posibilitan que los términos en que comienzan a analizarse las situaciones políticas sean definidas en el PC por líneas más generales: antimperialismo y anticapitalismo, que aunque planteadas con atavismos democráticoburgueses, sin las mediaciones, pactos y sutilezas que entraña una política de colaboración de clases, tienen un efecto más interpretativo y esclarecedor sobre las masas. Además, en esos lineamientos tan generales no hay discordancias con los socialistas y la unidad es por lo tanto mucho más factible.

En ese marco político, con mucho de improvisación pero con vehemencia y voluntad, el FRAP alcanzó cohesión interna. En 1958. en una elección fraudulenta, con la colaboración de un ex cura pagado para que quitara votos a Allende, pasando por todos los inconvenientes que conlleva una práctica controlada por la burguesía, el FRAP casi recién nacido estuvo a punto de alcanzar el gobierno, quedando a poco más de 30.000 votos del candidato de la oligarquía, Jorge Alessandri.

La crisis del izquierdismo que no es sino resultado de la colaboración de clases practicada desde Aguirre Cerda, había conducido a una virtual separación de los partidos obreros con respecto a las masas, quedando éstas libradas al más peligroso de los espontaneísmos. Una necesidad imperiosa, casi de supervivencia, llevó a estos partidos a unirse en contra de los enemigos comunes, y esta fusión, originalmente defensiva, resultó a la postre mucho más ofensiva que todas las estrategias policlasistas que por más de veinte años habían practicado. Pero veinte años no es poco tiempo. Las divergencias habían sido dejadas a un lado, pero las contradicciones de la izquierda, sociales e ideológicas, subsistían.

LA SOLEDAD DEL GENERAL

Ibáñez poseía un apoyo popular en estado inorgánico. Fue esto mismo lo que permitió que grupos políticos constituidos en partidos, e incluso el PSP, pudiesen crecer bajo la sombra del ex dictador.

Dentro de los grupúsculos pequeñoburgueses, el Partido Agrario Laborista alcanzó mayor envergadura, aunque su nombre verdadero debió ser el de partido ibañista, porque en verdad su único programa de acción consistía en ese apellido.

Ibañismo y racionalidad política no podían conciliarse. Ibáñez era su propio grupo político. El ibañismo era Ibáñez e Ibáñez no era nada, por lo menos como expresión política. Sin saberlo, las masas seguían a un fantasma. Votaban por un poder hueco, vacío. Así se explica que, independientemente del poder político, las fuerzas productivas continuaran su línea de desarrollo, esto es. continuaran el mismo proceso de superexplotación intensiva de la fuer ja de trabajo. Las masas desorientadas habían levantado a Ibáñez e Ibáñez, tanto o más desorientado que las masas, delegó su poder en los "técnicos" y "especialistas" (misión Klein Sacks) para desentenderse de lo que pasaba. La esterilidad del poder político también significa su supresión.

La acentuación de la crisis económica y sus efectos inmediatos sobre el ingreso de la clase trabajadora hicieron que ésta cayera pronto en el desencanto. Ibáñez perdió cotización en la bolsa electoral. En las elecciones parlamentarias de 1957 el ibañismo quebró y el desastre cobró expresión en el Partido Agrario Laborista, que por poco desaparece.

Ibáñez había prometido el oro y el moro. Pero no tenía más aval que un apellido y un grado de general con su respectivo expediente de jubilación. Todo hacía suponer que cualesquiera fuesen las intenciones de los sufragantes, Ibáñez resolvería sus desesperanzas con lo que la corrupción de González Videla hacía aparecer como su antípoda: la fuerza y la autoridad. Muchos sectores podían pasar por alto que no se cumplieran sus expectativas. Pero no perdonaron al ibañismo su carencia de fuerza. Tenían razón después de todo para sentirse afectados. A través de "un acto cívico ejemplar" la "ciudadanía" que votó por Ibáñez, lo había hecho por una dictadura. Y no sólo no hubo dictadura en el gobierno (en el formal sentido republicano burgués del término) sino que tampoco hubo gobierno efectivo, esto es, poder.

El primer síntoma de antibañismo fue detectado en el más fiel seguidor de Ibáñez: el ejército. Su fidelidad llegó hasta tal punto que para retornar al ibañismo a su pureza originaria, algunos oficiales estaban dispuestos a barrer con Ibáñez. La herejía se llamó "Línea Recta".

Los antecedentes de la "Linea Recta" se encuentran en un movimiento fundado antes de la elección de Ibáñez con un nombre pintoresco: PUMA (Por un Mañana Auspicioso). Buscaba apoyar con las armas la candidatura de Ibáñez en caso de que la "reacción" desconociese el triunfo electoral. En 1954, cuando los síntomas de ineficacia del gobierno frente a los grupos dominantes eran más que tangibles, el PUMA se reconstituyó en la "Línea Recta" que, como el nombre lo indica, buscaba proseguir rectamente el supuesto programa del ibañismo. El pretexto para su constitución derivó de la eliminación del coronel Abdón Parra del Gabinete y de las presuntas actitudes del comando representado por la Junta de Calificaciones que eliminaba a los oficiales más adictos al régimen. Ibáñez, incluso, trabó contacto con la "Línea Recta". Más, seguramente por su escasa fuerza y representatividad, optó por desoír sus peticiones y algunos oficiales fueron condenados por la Corte Marcial en 1956, acusados de conspiración, falta a la disciplina y violación del principio jerárquico [11] . Ibáñez, desde luego, no tenía la menor intención de unirse con amigos débiles ni de provocar un golpe de Estado contra él mismo. Pero también es cierto que ése fue el primer síntoma de la acción de un antibañismo que más tarde se iba a generalizar.

Por otro lado el movimiento sindical se revitalizaba con la fundación de la CUT, y los socialistas pasaban a la oposición decidida. El control casi directo del poder por la derecha provocó la organización de la izquierda. Pero como ésta era todavía débil, provocó también su reacción espontánea. Los sucesos sangrientos del 2 de abril fueron decisivos para la separación de las fuerzas en conflicto. Así, mientras obreros ex ibañistas combatían en las calles, los grupos político-económicos antibañistas, aplaudían frenéticamente la masacre, ibáñez, como si hubiera querido desmentir su debilidad, hacía demostraciones de fuerza, pero en contra de los grupos que antaño lo apoyaron, con lo que volvía más grotesca y visible su inoperancia.

La formación del FRAP y su carácter anticapitalista hizo comprender a la derecha que su predominio a través del "vacío de poder" comenzaba a flaquear. Para llenar el vacío levantó a uno de los suyos: Jorge Alessandri. Para afrontar la contingencia, la derecha debió pasar a una oposición formal, pues era sumamente peligroso especular con los bonos ibañistas.

Ibáñez, que nunca habla estado muy acompañado, quedó más solitario que nunca, como un emparedado entre diversos bloques políticos que se disputaban el control del sector gubernamental del Estado. Entonces el general comenzó a girar sin órbita. Buscó aliados donde fuera y, a última hora, fiel a su absoluta falta de principios, hasta miró al lado izquierdo, retornó a la legalidad al PC y otorgó paternales facilidades a la candidatura del FRAP.

FERNANDO MIRES


Tribuna ideológica

FORMAS DE LA LUCHA DE CLASES

CADA uno de estos tipos de lucha que se desarrolla en un frente o nivel determinado puede tomar distintas formas: legal o ilegal, pacifica o violenta.

Por ejemplo:

En el frente económico: huelgas, marchas del hambre, disminución del ritmo de trabajo, tomas de fábricas, etc.

En el frente ideológico: publicaciones, emisiones de radio y televisión de orientación revolucionaria; utilización revolucionaria de las concentraciones políticas y campañas electorales, etc.

En el frente político: lucha electoral, insurrección armada, guerra popular (con sus distintas formas; guerra de guerrillas, guerra de posiciones y guerra de movimientos), etcétera.

Veamos ahora cuales son, según Lenin, las exigencias fundamentales que todo marxista debe presentar al examinar la cuestión de las formas de lucha:

"En primer lugar, el marxismo se distingue de todas las formas primitivas del socialismo en que no liga el movimiento a una sola forma determinada de lucha. El marxismo admite las formas de lucha más diversas; además no las "inventa", sino que generaliza, organiza y da un carácter consciente a las formas de lucha de las clases revolucionarias que surgen por sí mismas en el curso del movimiento. Enemigos absolutos de toda fórmula abstracta, de toda receta doctrinaria, el marxismo exige que se preste mucha atención a la lucha de masas que se está desarrollando, la cual, a medida que el movimiento se extiende, a medida que crece la conciencia de las masas, a medida que las crisis económicas y políticas se acentúan, engendra procedimientos siempre nuevos y siempre más diversos de defensa y ataque. Por esto, el marxismo no rechaza de plano ninguna forma de lucha. El marxismo no se limita, en ningún caso, a las formas practicables y existentes sólo en un momento dado, sino que admite la aparición inevitable de formas de lucha nuevas, desconocidas de los militantes de un período dado, al cambiar la coyuntura social. El marxismo, en este sentido. aprende, por así decirlo, de la práctica de las masas, y no pretende enseñar a éstas las formas de lucha inventadas por "sistematizadores" de gabinete. Sabemos —decía, por ejemplo, Kautsky, al examinar las formas de la revolución social— que la próxima crisis nos aportará formas nuevas de lucha que no podemos prever ahora.

En segundo lugar, el marxismo exige que la cuestión de las formas de lucha sea considerada desde un punto de vista absolutamente histórico. Plantear esta cuestión fuera de la situación histórica concreta significa no comprender ni el abecé del materialismo dialéctico. En los diversos momentos de la evolución económica, según las diferentes condiciones políticas, la cultura nacional, las costumbres, etc., aparecen en primer plano distintas formas de lucha, que se hacen preponderantes, y en relación con esto se modifican, a su vez, las formas secundarias, accesorias. Querer responder sí o no a propósito de un determinado procedimiento de lucha, sin examinar en detalle la situación concreta del movimiento dado, en el estado dado de su desenvolvimiento, significa abandonar completamente el terreno del marxismo.

Estos son los principios teóricos fundamentales que deben guiarnos. [12]

ESTRATEGIA Y TÁCTICA EN LA LUCHA DE CLASES

Pero un partido marxista-leninista no debe limitarse a seguir las formas de lucha que aparecen espontáneamente en las masas trabajadoras. Debe elevar estas formas de lucha hasta que se transformen en los medios más adecuados para la realización de sus intereses de clases.

Ahora bien, no siempre los intereses de clase pueden realizarse de manera inmediata. A veces es necesario pasar por una primera etapa en que sólo se prepara el terreno para realizar estos intereses de clases. En una primera etapa, por ejemplo, el proletariado podría unirse al campesinado y a ciertos sectores populares para realizar tareas democrático-burguesas. Luego, en una segunda etapa, después de haber demostrado su capacidad como fuerza dirigente su tarea democrático-burguesa, el partido del proletariado apoyado en las masas populares, podría empezar a realizar las tareas de la supresión definitiva de la explotación social. Este ha sido, por ejemplo, el caso de la revolución china y de la revolución cubana.

Por lo tanto, suponiendo la necesidad de una primera etapa de lucha, etapa que probablemente no sería necesaria en los países de desarrollo capitalista avanzado, todo partido revolucionario debería fijarse un programa mínimo, [13] en el que figurarían las metas de la primera etapa y un programa máximo que realizaría finalmente la supresión de toda explotación.

Ahora bien, fijado el programa mínimo propio de la primera etapa de desarrollo de la lucha de clases, se hace necesario el establecimiento de una estrategia general de lucha para conseguir estos objetivos.

Pero no basta establecer una estrategia general para cumplir estos fines estratégicos, es necesario poder movilizar a las masas, ya que sin participación de las masas no hay revolución. Y para movilizar a las masas es necesario partir de sus intereses espontáneos inmediatos. No se puede proponer a las masas fórmulas abstractas, es necesario proponerles fórmulas concretas de acción de acuerdo a la coyuntura política de cada momento.

Estas fórmulas concretas de acción constituyen las diferentes tácticas de un partido. Las consignas políticas no son sino frases cortas, que tienen la función de idea-fuerza, en que el partido sintetiza estas fórmulas concretas de acción.

Sólo un partido que tiene contacto con las masas, que conoce sus intereses inmediatos y que sabe donde debe conducirlas, puede establecer las consignas tácticas adecuadas a cada momento histórico. La justeza de las posiciones tácticas de un partido revolucionario hace que las masas lleguen a reconocerlo como su vanguardia.

Los partidos que no tienen contacto con las masas tienden a lanzar consignas abstractas que pueden ser correctas desde el punto de vista estratégico, pero que carecen de significación para las masas, ya que no aparecen ligadas de manera alguna con sus intereses espontáneos inmediatos.

Es, por lo tanto, en la lucha y no en las declaraciones donde se reconoce la verdadera vanguardia revolucionaria.

LA REVOLUCIÓN SOCIAL: EL ASPECTO CUMBRE DE LA LUCHA DE CLASES

A medida que se desarrollan las contradicciones de la sociedad [14] la lucha de clases adquiere un carácter más agudo, hasta que llega un momento en que las clases oprimidas logran apoderarse del poder político y empiezan a destruir las antiguas relaciones de producción.

Este proceso consciente y violento de destrucción de las antiguas relaciones de producción y, por lo tanto, de las clases sociales que son sus portadores, es lo que el marxismo denomina revolución social. [15]

Ahora bien, toda revolución social es el resultado de un conjunto de factores objetivos y subjetivos.

Los factores objetivos son los cambios objetivos operados en la coyuntura nacional e internacional. Son la base material de la revolución.

El conjunto de factores objetivos necesarios para el desencadenamiento de una revolución constituyen lo que Lenin denominó: SITUACIÓN REVOLUCIONARIA

Veamos lo que dice al respecto a este punto en su artículo: El fracaso de la II Internacional, escrito dos años antes de la Revolución de Octubre.

Para un marxista no cabe duda de que la revolución es imposible sin una situación revolucionaria, pero toda situación revolucionaria no conduce a una revolución. ¿Cuáles son de una manera general, los índices de una situación revolucionaria? Estamos seguros de no equivocarnos si indicamos estos tres principales índices: 1) Imposibilidad para las clases dominantes de mantener sin cambios las formas de su dominación; crisis en "los de arriba", crisis de la política de la clase dominante que produce una brecha por la que se abre paso el descontento y la indignación de las clases oprimidas. Para que la revolución avance no suele bastar que "los de abajo lo quieran", sino que hace falta, además, que "los de arriba no puedan" seguir viviendo como hasta aquí; 2) Agudización por encima de lo corriente de la pobreza y de la miseria de las clases oprimidas; 3) Considerable elevación, a consecuencia de las clases indicadas, de la actividad de las masas, que en los periodos "pacíficos" se dejan despojar calladamente, pero que en los períodos turbulentos se ven empujadas tanto por toda la situación de crisis como por "los mismos de arriba" a una actuación histórica independiente".

Sin estos cambios objetivos, independientes de la voluntad, no sólo de tales o cuales grupos o partidos, sino también de tales o cuales clases, la revolución es, en regla general, imposible. Es el conjunto de estos cambios objetivos lo que constituye una situación revolucionaria. [16]

Esta situación revolucionaria es definida por Louis Althusser como "una acumulación y exasperación de contradicciones históricas" que fusionan en una unidad de ruptura. [17]

Pero la historia ha conocido numerosos casos de situaciones revolucionarias que no lograron transformarse en revoluciones victoriosas; por ejemplo, en la década del 60 del siglo pasado en Alemania, en 1905 en Rusia, en el primer año de la primera guerra imperialista mundial, en varios países de Europa, etc.

Esto nos indica que las condiciones objetivas no bastan. Para pasar de una situación revolucionaria a una revolución victoriosa es necesario que a las condiciones objetivas se agreguen las condiciones subjetivas.

"...La revolución no surge de toda situación revolucionaria, sino solamente del caso donde a todos los cambios objetivos ya enumerados, se agrega un cambio subjetivo, el siguiente: la capacidad de la clase revolucionaria para realizar acciones revolucionarias de masas lo suficientemente vigorosas como para romper completamente (o parcialmente) el antiguo gobierno, que no "caerá" jamás, aun en la época de crisis, si no se le "hace caer". [18]

Ahora bien, es importante señalar que estas condiciones objetivas y subjetivas que eran para Lenin las condiciones necesarias para que la insurrección general triunfara, no pueden ser usadas, por lo tanto, como criterio para determinar el momento en que debe comenzar una guerra popular prolongada que tiene como uno de sus objetivos justamente crear las condiciones de la revolución social.

NEVA


Periodismo

LA IZQUIERDA DEBE PASAR A LA OFENSIVA IDEOLÓGICA

LA necesidad de que los periodistas de izquierda participen activamente en el proceso social y político que se ha iniciado en Chile, es el motivo de fondo de la Primera Asamblea Nacional de Periodistas de Izquierda que se efectuará en el Teatro La Reforma los días 9, 10 y 11 de abril. La convocatoria de esta Asamblea señala que "hace 159 años, Camilo Henríquez salió a las calles de Santiago a vocear "La Aurora" de Chile, la primera expresión periodística de la lucha independentista de nuestra Patria. Desde fines del siglo pasado y durante los comienzos de éste, Luis Emilio Recabarren ligó el periodismo a la lucha de los trabajadores. Hoy, nosotros los periodistas de izquierda, tenemos un lugar de vanguardia cuando ha llegado la hora de conquistar nuestra segunda independencia" .

La asamblea se plantea en términos bastante claros: "Estamos en una trinchera —agrega la convocatoria. Nuestra obligación, ahora, es participar organizada y eficazmente en la lucha contra la sedición y los reaccionarios, y para construir una nueva sociedad justa y libre. Para conseguir ese objetivo es imprescindible que nuestro pueblo esté oportuna y verazmente informado, por eso creemos que debemos luchar por una auténtica libertad de prensa, que sólo será posible en la medida que exista una real independencia económica. Sostenemos que la verdadera libertad de prensa se alcanzará en Chile cuando los medios de comunicación de masas formen parte del área de propiedad social, es decir de todos los chilenos. La prensa, radio, televisión y cine deben ser instrumentos al servicio de la liberación y la cultura de nuestro pueblo y no un negocio privado, ariete ideológico de una minoría nacional y extranjera, como ocurre actualmente".

La Asamblea Nacional culminará con la elección de un Comité Coordinador Nacional de Periodistas de Izquierda. El reglamento de la reunión afirma el carácter unitario de ésta. Los acuerdos básicos debelan ser adoptados por unanimidad y si se plantean criterios diferentes, la directiva resolverá teniendo en cuenta el consenso. En la comisión organizadora —que preside Manuel Cabieses Donoso, director de PF—, participan periodistas de todas las corrientes ideológicas de izquierda. Están representados los periodistas de los Partidos Comunista, Socialista, Radical, MAPU y del MIR, así también la importante corriente en el seno del periodismo de los independientes de izquierda.

La movilización de los periodistas de izquierda se produce como una réplica a la fuerte ofensiva ideológica de la burguesía, que intenta debilitar las bases políticas del gobierno de la Unidad Popular.

El profesor Armand Mattelart (ver PF Nº 100), un estudioso de los problemas de la comunicación de masas, quien también ha sido invitado a participar en la Asamblea Nacional de los periodistas de izquierda, acaba de terminar una investigación sobre esa ofensiva ideológica.

El estudio de Mattelart está centrado en las informaciones publicadas por "El Mercurio"., el de mayor importancia en el país, entre el 1º de enero y el 28 de febrero de este año. Sobre un total de 1.034 noticias referidas a la acción del gobierno, 839 —o sea un 81%— "entraban de lleno en el plano de ataque sistemático al gobierno y su programa. Entre el 1º y el 15 de febrero, dicha proporción —agrega Mattelart— alcanza su nivel máximo, ya que en dicho período sube a un 87% . La fase menos alimentada —siempre en términos relativos— fue aquella que transcurrió entre el 1º y el 15 de enero, con un 72% de noticias dirigidas negativamente. Los 19% de noticias restantes pertenecen a un registro más neutral, puesto que la mayor parte de las veces informan sin pronunciarse, sobre medidas o acciones gubernativas. Ahora bien, tampoco puede argüirse que son positivas. Son neutrales en un momento determinado pero bien pueden ubicarse en la cadena general de la ofensiva y resurgir, como eslabón, a mediano o largo plazo, y como elemento fundamental para un entendimiento de otras noticias que más directamente se vinculan con la estrategia de defensa de la burguesía. Basta para convencerse citar el conjunto de noticias que aparentan ser neutrales, noticias que informan cómo ciertas medidas populares son tomadas por el gobierno debido a una presión de la derecha, y que desde luego reciben un tratamiento favorable".

El poder de la propaganda de la burguesía es enorme y en Chile se ha venido fortaleciendo en los últimos meses con la aparición de nuevos órganos de difusión, como los diarios "La Prensa" y "La Tarde" del partido Demócrata Cristiano. "Tribuna", diario del partido Nacional, los semanarios "Sepa" e "Impacto" de los sectores golpistas, etcétera.

A parejas con ello la burguesía ha consolidado su dominio en otros medios de difusión, incluyendo radios y estratégicos espacios de televisión, inclusive el Canal de TV del Estado.

La propaganda se convierte así en el arma principal de la lucha ideológica que es el reflejo de la lucha de clases. Mattelart piensa que la noticia es sólo una "materia prima" para el órgano de información de la burguesía. A partir de esa materia prima "trata de crear representaciones colectivas, imágenes, estereotipos. El hecho noticioso es a la vez hecho e imagen. En el apropiarse de este hecho para defender sus intereses de clase, reside la mistificación de la clase dominante; toma como punto de apoyo la noticia para legitimar su racionalidad particularista. El hecho sirve de pretexto para entregar al público lector la cadena mítica de la ideología burguesa. (Recalcamos, además, que en este período de agudización de la lucha de clases, la clase dominante está obligada a recurrir no sólo a la mistificación, vale decir a la interpretación de los hechos en función de sus preocupaciones e intereses, sino a recurrir cada vez más a la mentira, vale decir a la invención o la tergiversación de los hechos susceptibles de contribuir a legitimar su estrategia)".

"En la necesidad de generar la superestructura de representaciones colectivas —añade Mattelart—, reside la función principal del medio de comunicación de masas en la etapa actual. Tiene como misión gestar representaciones colectivas sobre la ilegalidad de las acciones y medidas del gobierno popular... A un adversario que utiliza las armas de la democracia formal para construir una sociedad socialista, corresponde un antagonista que recurre al marco de la democracia formal para derribar a este adversario. En este sentido, se puede decir que en dicha prensa no hay llamado a la sedición que no sea democrático. El medio de comunicación de masas está encargado de crear el conjunto de las representaciones colectivas que apuntan a hacer admitir que la intervención de la burguesía es democrática, de que la garante de las libertades es ella, que su orden es el orden, que el orden del gobierno popular es aquél del escándalo y del caos. La única manera de legitimar la intervención emancipadora de la burguesía es generando la imagen global del rebasamiento de la autoridad gubernamental. Mediante esta operación, al hacer avanzar las conciencias más allá de la base —su plan conspirativo, complot del cobre, sabotaje económico— facilita el surgimiento de los campeones de la libertad y les legitima, encauzando su golpe que toma un cariz democrático a través de un consenso de la opinión pública sobre la ilegalidad del régimen actual. El mito histórico de la democracia chilena no puede mentir".

En su estudio sobre el material informativo de "El Mercurio" (no fue considerada la página editorial sobre la cual Mattelart prepara otro trabajo) quedan en claro dos grandes líneas en el tratamiento de los hechos noticiosos: a) Aquellos que configuran la estrategia de la burguesía para enfrentar al gobierno popular; y b) Aquellos que apuntan a la creación de un ambiente favorable a los planes de la reacción.

Analizando las noticias de "El Mercurio" en función de la primera línea, o sea de la estrategia publicitaria de la burguesía, Mattelart encontró que ese periódico da importancia capital al fomento de las contradicciones. El 29% de las noticias aparecidas en la primera quincena de enero —señala— apuntan a dicha meta, alcanzando su máximo en la segunda quincena de enero.

En la primera quincena de febrero alcanzó a 29,8%. El fomento de las contradicciones al nivel de los poderes públicos, fundamentalmente oposición entre el poder ejecutivo y el poder legislativo, constituyó el tema más importante en el curso del mes de febrero. El fomento de las contradicciones dentro de los estratos medios y entre Chile y el exterior constituyó un frente de argumentación constante.

En cuanto a la segunda línea de la propaganda burguesa, o sea la creación de un ambiente favorable a sus planes antipopulares, Mattelart dice que "atomizadas en el curso del mes de febrero, las imágenes que se desprenden de las noticias tienden a partir de fines de enero a confluir hacia una línea unitaria. En esta fecha aparece la imagen de la crisis. Tanto las imágenes de represión de la libertad, de indefensión de la propiedad privada y de las personas, de desastre económico, de presencia de fuerzas populares descontroladas, de ilegalidad, vienen a nutrir unilinealmente una imagen de crisis que solapadamente justifica la defensa armada de los latifundistas y empresarios, ya que el gobierno es incapaz de garantizar la observación del marco legal. (16.3% de las noticias de la primera quincena de febrero conciernen a esta situación de crisis y 13.8% en la segunda quincena de febrero). Estrechamente vinculadas se encuentran noticias que difunden una imagen de totalitarismo y autoritarismo de las medidas de gobierno, con la promoción de las imágenes antisocialistas y antirrevolución. Las segundas sobre países socialistas o movimientos políticos de izquierda de otros países sirven de sustentación a las primeras".

J. C M


Correo

ALLENDE PRECISA LOS CONCEPTOS

Señor
D. MANUEL CABIESES DONOSO
Director de Punto Final
PRESENTE.

Estimado Compañero:

Ha llegado a mi poder el ejemplar de Punto Final titulado "Allende habla con Debray". que acaba de ser puesto en circulación en Chile.

Yo no revisé las pruebas de imprenta de la conversación que sostuve con Debray y cuando ahora recorro la versión hecha pública, me encuentro con dos ligeros errores de impresión que quisiera precisar.

En primer lugar, yo nunca dije: "La dinámica del proceso revolucionario irá creando las condiciones en un determinado momento para algo así como el Partido de la revolución (p. 45). sino algo muy distinto: "La dinámica del proceso revolucionario podría crear las condiciones que en un determinado momento dieran lugar a algo como el Partido de la Revolución ". Lo que yo planteo es una simple posibilidad —entre varias— que la evolución de los acontecimientos puede originar—. Sólo así se entiende la línea lógica que informa el resto de mi respuesta: "Pero hablar en estos instantes de un Partido único de la Revolución es una utopía ...

En segundo lugar, cuando yo me refiero al Partido Radical no lo defino como Partido de la burguesía p. 57, 38 y otras), sino como "partido popular, de la mediana y pequeña burguesía''. Es un matiz de la mayor trascendencia teórica y práctica. Sin esta distinción, nadie puede entender el sentido de nuestra evolución política en los últimos ochenta años ni la razón de ser del Frente Popular en 1938 ni hoy, la de que la Unidad Popular está en condiciones de proceder a las transformaciones estructurales que permitan la construcción de una sociedad socialista en nuestro país.

Aprovecho la oportunidad para saludarle atentamente.

SALVADOR ALLENDE GOSSENS.


Notas:

1. John Gerassi: "The Great Fear in Latin America, Collier Books, Nueva York. 1966, págs, 36-37.

2. Mario Vera Valenzuela, Anaconda y Kennecott se han llevado un Chile entero. PEL, Nº 323, La Habana 1970, pag. 45.

3. CEDEM. Intervención del Estado en la Economía Chilena, Mimeografiado.

4. Enrique Sierra, "Tres Ensayos de Estabilización en Chile", Santiago 1970, pág. 153.

5. Datos de Helio Varela, citados por Aníbal Pinto en "Chile, una Economía Difícil", México 1964, pág. 44.

6. Aníbal Pinto, op. cit. pag. 28.

7. CEDEM, op. cit.

8. Aníbal Pinto, Desarrollo Económico y Relaciones Sociales en Chile, varios autores, Santiago de Chile, 1970, págs. 38-39.

9. Este trabajo es parte de un ensayo en preparación. En el Nº 120 de PF se publicó una parte relativa al Frente Popular.

10. Alejandro Chelén Rojas, Trayectoria del Socialismo, Buenos Aires 1966, pág. 142.

11. Alain Joxe, Las Fuerzas Armadas en el sistema Político Chileno, Santiago. 1970.

12. Lenin. La guerra de guerrillas, t. 9, Obras Completas.

13. Programa mínimo que es el mejor programa para esa etapa y, por lo tanto, el único programa verdaderamente revolucionario, ya que es el único que permite hacer avanzar el proceso. Muchos programas más revolucionarios en el papel pueden llegar a ser un freno para la revolución si pretenden ser aplicados de inmediato. Para aclarar lo que queremos decir vamos a poner un ejemplo: si un ejército patriótico todavía no suficientemente fuerte pretende liberar al país de un ejército enemigo muy poderoso que lo ha invadido debe concentrar todas sus fuerzas para vencerlo. Sería incorrecto pretender liberar a todo el país simultáneamente dispersando sus escasas fuerzas. Para poder liberar reármente a todo el territorio y no caer derrotado en el primer combate, el ejército debe liberar primero ciertas zonas estratégicas; aquellas que permitan debilitar más rápidamente al enemigo, dejando todavía momentáneamente en sus manos otras zonas.

El ideal sería liberar todas las zonas al mismo tiempo, pero cuando el ideal no responde a la realidad de las fuerzas con las que se cuenta, tratar de lograrlo cueste lo que cueste se transforma, al fin de cuentas, en 1a principal traba para conseguirlo. Sólo avanzando por etapas se logrará cumplir el objetivo final: liberar todas las zonas en manos del enemigo. Ahora bien, este no implica afirmar que es necesario desmovilizar las zonas no estratégicas para que ellas esperen con los brazos cruzados la liberación final. Por el contrario, estas zonas deben estar movilizadas pero sus acciones deben estar coordinadas y subordinadas al objetivo principal.

14. Ver Cap. X.

15. Ella no tiene nada que ver con un simple proceso de liberación político (Independencia de los países latinoamericanos) ni con un simple cambio de gobierno a través de un golpe militar.

16. Lenin. Obras Completas, t. 21, pp. 181-190. ed Fr.

17. La revolución teórica de Marx, pp. 77. ss

18. Lenin. El fracaso de la II Internacional.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02