Allende habla con Debray

PUNTO FINAL
Año V. Nº 126
Martes 16 de marzo de 1971

ALLENDE HABLA CON DEBRAY

Editorial

Esta edición

PUNTO FINAL publica en esta edición la entrevista que hizo al Presidente Salvador Allende el escritor francés Régis Debray, autor de ¿Revolución en la Revolución? y otros libros de gran divulgación internacional.

Los derechos latinoamericanos de Allende habla con Debray, fueron contratados por PF. Estimamos que la difusión de esta entrevista puede contribuir de manera positiva al conocimiento del proceso chileno. Diversos mecanismos de propaganda internacional del imperialismo norteamericano, comenzando por la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), están empeñados en una campaña malévola contra el gobierno de la Unidad Popular. La entrevista que Debray hizo a Allende y el prólogo en que el intelectual revolucionario analiza la situación chilena, lograrán sin duda que muchos lectores en el mundo comprendan mejor las circunstancias que vive Chile.

A partir de noviembre de 1970, nuestro país entró en un proceso de grandes transformaciones, dentro de marcos determinados por una realidad específica. Al frente de ese proceso,—que puede alcanzar proporciones revolucionarias y, por ende, traer justicia, progreso y libertad a Chile—, se encuentran diferentes partidos políticos que forman la Unidad Popular. Todos ellos reconocen en el Presidente Allende al conductor que ha podido unir a organizaciones políticas que son distintas en ideología y composición de clase. Es por eso que la figura del Presidente Allende adquiere un particular relieve. Importantes decisiones dependen de él en forma directa. Si bien es cierto que las masas trabajadoras del campo y la ciudad se han puesto en marcha rumbo a la conquista del Poder, el papel de Allende resulta determinante. De ahí que tanto las fuerzas reaccionarias internas, como el imperialismo norteamericano, cuyos intereses resulta necesario liquidar para que Chile pueda ser independiente, pongan especial empeño en destruir no sólo la imagen de Allende, sino que, además, conspiren para derrocar su Gobierno o para entrabarlo de tal modo que no lleve adelante el programa de la Unidad Popular.

Por todas estas razones, la entrevista efectuada por Debray justifica sobradamente que PF dedique este número especial a ese trabajo. Esperamos que en nuestros lectores del extranjero despierte los sentimientos de solidaridad y apoyo que tan necesarios resultan hoy para la profundización del proceso en Chile, cuyos trabajadores —de más está decirlo— se encuentran dispuestos a enfrentar todas las acechanzas de sus enemigos, que son los mismos enemigos de toda América latina.

PF.


PRÓLOGO

Mis agradecimientos a Claudio Jimeno y Augusto Olivares,
sin cuya colaboración esta entrevista no habría sido
posible, así como a los militantes y dirigentes
revolucionarios chilenos, que me ayudaron
a conocer la verdadera cara de este país.

R. D.

PRÓLOGO

I

A los aficionados a las epopeyas se les ruega ir a tomar sus vacaciones a otra parte: la "ilusión lírica" no tiene cabida en Chile. En un continente donde cualquier coronel hace tres discursos por día sobre la Revolución Nacional, los chilenos deben contentarse con un gobierno que se llama modestamente a sí mismo "popular". El lenguaje puntilloso de los discursos, de los artículos editoriales en los grandes diarios, de los foros televisados, de los debates parlamentarios y de las grandes polémicas en boga sólo da escalofríos a los licenciados en Derecho Constitucional. Ahí se discute principalmente si este proyecto de ley es legal, si aquel decreto es parte de las atribuciones del Ejecutivo, o si los trabajadores no hubieran, quizás, mal interpretado tal artículo de la Constitución al poner fuera de su fábrica a un patrón en quiebra. De arriba a abajo de la jerarquía administrativa, de un extremo a otro del país, una interminable discusión de leguleyos, códigos en mano, veredictos en primera instancia, apelaciones en base a contra-requisitorias y recursos de casación, ocupa el primer plano del escenario. La palabra clave de todos estos debates, complacientemente inflados por la burguesía y sus medios de comunicación a la altura de un drama nacional, no es Revolución o Justicia, o Liberación o Proletariado, sino Legalidad, palabra tabú, leitmotiv obsesivo, manzana de la discordia visible. Como la jurisprudencia sobre estos temas es limitada, como nadie sabe todavía con exactitud quién tiene el papel de arbitro o a quién pertenece la última palabra —al gobierno popular, a la Corte Suprema de Justicia, al Parlamento o quizá algún día a los mismos interesados— la confusión es grande y la atención va decayendo rápidamente. Se descubre entonces que todo ese espectáculo era una falsa imagen y que la realidad detrás de esa cortina no se asemeja ni a una sala de audiencia, ni a un tribunal, ni a un foro, sino a un campo cerrado donde se enfrentan crudamente, en todos los rincones del país, explotados y explotadores, campesinos y grandes latifundistas, trabajadores y trusts, patriotas e imperialistas.

Una partida sutil y peligrosa está jugándose en estos momentos en Chile, cuya dureza se disfraza cada vez peor bajo las apariencias de esa urbanidad cordial que pasa por ser el rasgo distintivo del chileno. Al menos hasta ahora, fuera de algunas zancadillas, se mantiene el "fair play" en esta "partida". Cada uno de los bandos observa las reglas fijadas de antemano (por uno de los dos adversarios y a su beneficio), de buen o mal grado, respetadas de un lado y otro: las reglas del libre juego de las "instituciones democráticas", en vigor en las repúblicas liberales. En el campo burgués, si bien está probado que no se juega limpio, por lo menos aún te juega el juego. Los golpes bajos son permitidos, pero no entran oficialmente en la cuenta; se cierran los ojos. ¿Hasta cuándo? "La democracia formal burguesa puede quizás durar tres meses más, decía hace poco un dirigente revolucionario, después vendrá el enfrentamiento". El pronóstico es discutible, el plazo puede alargarse. Lo que es seguro es que del odio cortés a las hostilidades abiertas, el camino es más corto de lo que se había pensado por ambos lados, y prevalece hoy día un extraño estado de tregua, frágil y tenso, que ahora no es exactamente la paz sin que sea todavía la guerra, y que se puede romper de un momento a otro. El curso de los acontecimientos se acelera a medida que los antagonismos de clase se agudizan, sin que se pueda prever la forma concreta y el momento del desenlace. Todo sucede como si uno se encontrara en presencia de un proceso contradictorio cuya solución y término no se hallaran en el marco de las condiciones en las cuales se ha desarrollado hasta ahora. La crisis de definición todavía no ha estallado. Ni siquiera se ha producido, en el nivel político más superficial, ningún "corte" revolucionario. Es imposible a primera vista reparar dónde se encuentra un "antes" y un "después": ni en el uniforme de los carabineros, ni en la mirada de los peatones, ni en la nomenclatura de las reparticiones públicas, ni en el flujo sabatino de vehículos a la playa, nada donde encontrar el índice de un nuevo mundo que estuviera naciendo. Y sin embargo, a partir de las condiciones anteriormente dadas, difíciles de manejar pero imposibles de eludir, se ha iniciado una gestación compleja que nadie está en condiciones de asegurar, en este momento preciso, que no terminará por dar a luz una sociedad efectivamente nueva, liberada de la explotación y de la dominación extranjera. Por sutil que haya sido el paso, Chile aparece ya en el camino de una experiencia histórica tal, que si no llegara a su término resulta difícil comprender cómo podría volver a su punto de partida. El país no está lejos de entrar en esa zona peligrosa donde el pueblo está condenado a ganar o a perderlo todo (al menos en un plazo dado), donde ninguna medida a medias, ningún pretexto falso le permitirá eludir la alternativa histórica: Revolución o Contrarrevolución.

Lo que está realmente en juego es, evidentemente de partida, el futuro de la nación y del pueblo chileno, la emancipación de sus trabajadores, su acceso a condiciones de vida humanas. Que el pueblo chileno se constituya en protagonista de su propia historia —es el fin y es también la condición requerida para alcanzar el fin, círculo aparentemente vicioso y del cual depende todo. Es necesario para él, desde hoy, comenzar a tomar su porvenir en sus manos si no quiere que los enemigos se lo roben mañana por la fuerza bruta o se lo escamoteen como de costumbre —por ejemplo en unos años más, con una voltereta electoral. El gobierno popular acaba de ser elegido y lo ha sido por seis años, según la Constitución, plazo aparentemente largo, pero en realidad todo indica que es mucho más corto y que el tiempo apura.

Pero lo que está en juego es, también, en este momento preciso, el porvenir de los países vecinos a causa de los lazos dialécticos que objetivamente, se quiera o no, amarran unas a otras a las naciones latinoamericanas; un nuevo escalón alcanzado en el vuelco progresivo de la correlación de fuerzas a nivel continental, y por lo mismo, un peldaño más que han franqueado los pueblos del mundo para poner en su tumba al imperialismo; es el fracaso, después de doce años del bloqueo por el cual el imperio yanqui quería asfixiar a Cuba y, más que todo, aislarla del continente latinoamericano; es una experiencia histórica nueva con un poder de incitación considerable ya que pone a prueba la construcción del socialismo en una sociedad que por sus condiciones muy particulares escapa de hecho al subdesarrollo político; es también —ventaja subalterna, pero no despreciable— un lugar de acogida para los revolucionarios exiliados o perseguidos. Aun si los chilenos no se dieren cuenta, lo que pasa —o lo que no pasará— en Chile interesa fundamentalmente a toda América latina. El desenlace de esta partida peligrosa marcará —para bien o para mal— una nueva etapa en la lucha de clases internacional, un hito en la Revolución Continental armada. De la suerte que correrá finalmente esta "revolución sin fusiles", como se la ha llamado provisoriamente y no sin algún optimismo, depende la suerte de muchos otros fusiles.

Este desenlace a su vez está supeditado, en gran parte, a la dirección política que se ha dado el movimiento popular. El depende de su imaginación y de su realismo, de su prudencia y de su audacia, de su patriotismo y de su internacionalismo, es decir, de la manera como ella combinará lo uno y lo otro para fundirlos en una práctica política justa. Esta dirección le corresponde a un Frente Unido de diversos partidos. Pero se reencuentra bajo una forma concentrada, como una mezcla sorprendente y muy eficaz de resolución y serenidad, de flexibilidad táctica y de decisión estratégica, en la persona del "Compañero Presidente", Salvador Allende. De ahí el interés propiamente político de la conversación sin protocolo que se leerá más adelante.

El viajero extranjero, que ha podido conservar en su memoria algunas briznas de materialismo histórico y al que un azar imprevisto dejó una bella mañana de verano en el Norte de Chile con una visa turística de quince días, se expone a más de un chasco si se obstina en querer apresar lo inapresable. Traducida directamente al lenguaje canónico —o sea en "marxista-leninista de base"— esta situación llega a ser inconcebible, molesta, inquietante quizás. Es como para perder la cabeza entre tantas perplejidades. Para comenzar por el principio: ¿desde cuándo la burguesía entrega el poder en bandeja de plata a su adversario de clase? ¿Desde cuándo una clase dominante acepta ser despedida en la puerta de la Historia, sin arriesgarlo todo para no perder su sitio? Desde el exterior y de lejos, es de esta manera que la Unidad Popular ha llegado al poder, respetando paso a paso el protocolo de los relevos presidenciales en la cúspide del sistema establecido. En la realidad este escándalo teórico se disipa rápidamente cuando se descubre en el lugar mismo que la pregunta no tenía sentido. Es decir, primeramente, que la burguesía de turno —el aparato gubernamental, la reacción militar, los grandes intereses monopólicos nacionales y extranjeros y sus representantes políticos— ha hecho todo lo posible y lo imposible para barrer del camino de la presidencia a Salvador Allende y a la Unidad Popular: historia odiosa y grotesca que será sin duda revelada algún día totalmente por quien corresponde, y de la cual el asesinato del Comandante en Jefe del Ejército no constituye más que un episodio. Y, en segundo lugar, que las fuerzas populares no han conquistado el poder sino algunas líneas de fortificación avanzadas hacia el poder. En este sentido el aprendiz de teórico mejor informado no tiene ya motivo para escandalizarse; sin poder tampoco volver a la tranquilidad, por otras razones que se dirán más adelante.

Sin embargo, queda el hecho de que las fuerzas populares tal cual existen en Chile han tenido acceso al gobierno dentro de la legalidad y sin hacer un disparo. Antes de preguntarse lo que ellas podrán hacer en esta situación en el futuro, nos podemos interrogar cómo en lo inmediato han podido llegar allí. Esta coyuntura muy particular —el período de las elecciones y la "transmisión del mando"— debe ser aprehendida en su nivel propio, al nivel de una lucha política muy precisa, susceptible de sufrir un análisis más detenido en el que se debería hablar más de fracciones de clases y de estratos intermedios que de dos campos antagónicos. Hay que ir, sin embargo, más allá de las luchas entre formaciones políticas concurrentes y de las rivalidades personales entre dirigentes para comprender cómo el juego de los reagrupamientos lógicos de clases y de las solidaridades de intereses fundamentales ha podido encontrarse falseado en el período electoral. Si frente al ascenso de las fuerzas populares conscientes la burguesía chilena no ha podido sellar a tiempo la unión sagrada, es porque ella no constituye una entidad abstracta, un bloque de intereses globalmente compatible y susceptible de reflejarse tal cual al nivel de la lucha por el poder político. En 1964, la clase dominante chilena se hizo representar en el poder por su fracción demócrata cristiana, y sólo por ella, contra el representante de las fuerzas socialistas conscientes. En 1970, contra el mismo representante, no logró rehacer su unidad ni ideológica ni política. ¿Qué es lo que ocurrió entre estas dos fechas?

Promovida al puesto de mando por la burguesía, la democracia cristiana en el poder preparó, muy a pesar suyo, durante seis años las condiciones de un proceso revolucionario, despejando el terreno, a través de su populismo verbal, para reales conquistas populares; subrayando y legitimando, por sus torcidas veleidades, la necesidad de adoptar medidas francamente radicales y elevando el nivel de las tolerancias ideológicas en las capas medias, que constituyen la parte esencial de su clientela. A pesar de que si en los hechos la Reforma Agraria se convirtió, después de un tibio comienzo de aplicación, en una simple transacción con la antigua burguesía agraria; a pesar de que si la "chilenización" de la riqueza fundamental del país, las minas de cobre, se transformó en la práctica en un pacto negociado según los intereses y a beneficio de los trusts norteamericanos, quedan los grandes slogans de agitación y propaganda que esgrimió a todos los niveles, con la petulancia del aprendiz de brujo, una dirección pequeño burguesa, modernista pero temerosa, moralizante pero demasiado astuta para ser honesta. Las contradicciones de esta sociedad capitalista independiente eran tan profundas, tan insolubles, que la fracción más ilustrada de esta burguesía se encontró forzada, para salvar los intereses fundamentales de la clase dominante, a aventurarlos en un juego arriesgado que terminó por perder. La democracia cristiana fue la primera víctima de su propio instrumento de dominación ideológica. En efecto, desde el interior de su proyecto reformista tendente a integrar las clases subalternas inorganizadas en el sistema de explotación reinante, con el fin de modernizar sus engranajes y de asegurar su mejor rentabilidad, se desarrolló en la base un movimiento de masas espontáneo de naturaleza revolucionaria, que desbordaba inevitablemente los diques del proyecto mismo. Por ejemplo, legalizando y fomentando en el campo los sindicatos de campesinos pobres y de obreros agrícolas (contrabalanceados, es cierto, por la formación paralela de gremios de grandes propietarios) o autorizando en los sectores urbanos formas embrionarias de organización comunal, ella aceleró el desarrollo de una conciencia de clase en los explotados, tanto trabajadores como desocupados, y elevó el nivel de sus aspiraciones sociales sin poder por lo tanto satisfacerlas. El cristianismo social edifica generosos planes de "promoción popular" pero el pueblo no tarda en sobrepasar a sus promotores e incluso pedirles cuentas, porque es evidentemente imposible cuestionar las formas autoritarias y verticales de la dominación burguesa sin cuestionar a la vez los fundamentos económicos de esta dominación, es decir, la explotación misma de la fuerza de trabajo, la propiedad privada de los medios de producción y finalmente todo el sistema de una economía de lucro. Es una utopía peligrosa el ofrecer a las masas alguna participación en el poder político sin aceptar que se toque a las bases de su propio poder económico. Así es como los predecesores del gobierno popular liberaron a sus propias espaldas un movimiento que amenazaba con hundirlos, por lo que muchos de ellos terminaron por asustarse. En los últimos años del gobierno pequeño burgués, el núcleo represivo que se esconde en todo proyecto reformista, el núcleo antipopular que entraña todo proyecto populista, estallaba ya a la luz del día. Incapaz de llevar a cabo, en la práctica social, la ejecución de las tareas que se propone a sí mismo en su programa político, el intento reformista se escinde tarde o temprano para abrir paso de un lado a los que aceptan asumir hasta el final el intento político sin retroceder ante sus consecuencias sociales, es decir, sin retroceder ante la lucha de clases, y de otro lado a aquellos que arrojan por la borda el programa político con el fin de salvar sus intereses de clase. Los primeros avanzan hacia las posiciones de clase del proletariado y los segundos se desenmascaran quitándole el velo de una vez por todas a su verdadera naturaleza de clase. Cuando el ser social de un grupo político comienza a entrar en contradicción con su conciencia social, cuando los intereses económicos empiezan a chocar con los intereses espirituales, se abre un período de crisis interna, y ésa es la que sacudió y quebró a la democracia cristiana en su ocaso, revelando así su naturaleza de conglomerado heterogéneo atravesado en el medio por la línea de demarcación de los campos. A su propia manera, más refinada y más mediatizada que en otras partes, pero también más clara debido a los privilegios de su desarrollo político, Chile hizo la experiencia de esta ley imperiosa, según la cual es imposible iniciar hoy en América latina una revolución democrático burguesa sin desencadenar a corto plazo un proceso de revolución socialista, imposible de eludir aun agitando las banderas de la primera.

En 1970, al aproximarse las elecciones que debían darle el gobierno a la izquierda socialista, una locomotora que había sido echada andar sobre los rieles de la institucionalidad burguesa, adquiría gran velocidad y corría el riesgo a corto plazo, de arrasar con todas las barreras establecidas. Frente a este fenómeno, la clase dominante y sus estados mayores políticos se dividen en dos: los partidarios de una vuelta rápida al sistema jerárquico y autoritario de dominación tradicional, enloquecidos por el proceso desencadenado seis años antes y decididos, cueste lo que cueste, a frenar a fondo —la derecha legítima, representada por Alessandri—; y aquellos que quieren seguir al mando de la máquina, sea para mantenerla bajo control e impedir que vaya demasiado lejos, sea simplemente, porque no le tienen miedo a la velocidad, la Democracia Cristiana, nieta ilegítima de la derecha ancestral (por la Falange y el Partido Conservador), vástago bastardo, con una bizca mirada hacia la izquierda, unificada en la persona de Radomiro Tomic, su candidato abiertamente "izquierdista", hasta las últimas consecuencias de la moral cristiana. Este último elige su enemigo principal en la derecha, transformándose así en un aliado objetivo y personal del candidato de la Unidad Popular, por encima, y aun en contra, de su propio aparato gubernamental. Aberración por la cual la burguesía aún no termina de mesarse los cabellos y que no está dispuesto a perdonar su representante oficioso, el ex-Presidente Frei, que se lamenta de ello públicamente. Aberración que deja de serlo, si se recuerda que una ideología (como la "comunitaria y personalista" que exhibe la D.C.) no es simplemente un ardid de propaganda, un instrumento de engaño, cínicamente manejado desde fuera y que se pudiera abandonar desde el momento que la herramienta no sirve más a su fin; si se recuerda que una forma organizada de conciencia social, por imaginaria que sea, engloba a sus adherentes como su mundo propio, espontáneamente vivido como un mundo real. Ocurre que el propagandista se convence a sí mismo de buena fe, porque los sostenedores de la ideología son también sus objetos y a veces sus víctimas.

La situación actual chilena no desmiente de ningún modo los principios de interpretación marxista: desmiente solamente a sus deformaciones dogmáticas. Quedan por aplicar en la acción cotidiana los principios universales del marxismo-leninismo a esta realidad concreta, tarea que es de la competencia exclusiva de las vanguardias chilenas. Queda también por reencontrar una racionalidad histórica en esta coyuntura singular, en la lucha política presente, tarea de análisis colectivo, en que cada cual, cualquiera que sea, puede adelantar hipótesis. Para dar cuenta del "momento actual", producto de un pasado complejo, es necesario volver la mirada hacia una historia de Chile desde su independencia, o al menos hacia un esquema de historia.

II

No debe sorprender si hoy como ayer Chile parte a explorar las posibilidades de la época, como franco tirador, con alguna ventaja sobre sus vecinos. Cualquier historiador de América latina sabe que es en este laboratorio de experimentación social que han aparecido, anticipándose a la evolución del Continente, la primera mutual obrera ("Sociedad de Artesanos", 1847, sin el menor asomo de una conciencia de clase, hay que reconocerlo); el primer ferrocarril (1851); la legislación civil más adelantada de su tiempo (Andrés Bello, 1855); la primera ley de sufragio universal que haya entrado en vigor (1884); la primera legislación social efectivamente aplicada (ley de reposo dominical, 1907, simultáneamente a la del Uruguay de Batlle); una de las mejores de enseñanza laica y obligatoria (1909); la primera República Socialista de América (1932, bautizada así por decreto ley, después del golpe de Estado de Marmaduque Grove) ; el primero, sí no el único gobierno de Frente Popular del Continente (1938), etc.. Sería difícil encontrar en otro país de esta parte del mundo una burguesía más precozmente constituida, segura de ella misma y expansionista, así como hallar un movimiento obrero tan sólidamente instalado, desde comienzos de siglo, en sus posiciones de clase. Todo pasa como si el liberalismo y el socialismo nacientes, como si las formas del desarrollo burgués y las formas del desarrollo proletario, las unas y las otras, las unas contra las otras, al mismo tiempo, hubieran escogido este país capitalista dependiente para intentar sus primeras apariciones latinoamericanas, para poner pie en el Continente.

No es pues un azar si la primera nación latinoamericana, después de Cuba, ante la cual se haya entreabierto una vía, la suya propia, al socialismo, sea precisamente ésta. Sin embargo sería simplista, en vista de lo que pasa aquí, concluir que la cadena imperialista se estuviera rompiendo (o pudiera romperse en un futuro próximo) por su eslabón más débil. La metáfora leninista hay que manejarla con prudencia, porque precisamente en virtud de la agilidad y de los cimientos antiguos que aprovechan en Chile las formas de dominación política burguesa, este país puede aparecer por el contrario como el más apto de los eslabones de la cadena continental para resistir las presiones más fuertes, como el eslabón más flexible y no como el más frágil, el más elástico y por lo mismo el más resistente. Y si la cadena de los regímenes de explotación acaba de sufrir en este punto del Continente y no en otra parte, un rudo golpe, es tal vez porque aquí se encontraba el eslabón más susceptible de doblarse sin romperse. Paradoja que el Departamento de Estado, por boca de estos "observadores bien informados" que ponen en escena en sus cables provenientes de Washington las agencias de propaganda yanquis (AP o UPI). ha traducido a su propio lenguaje, al día siguiente de la victoria allendista: "Después de todo, no tomemos "al marxista Allende" demasiado a lo trágico porque no es la primera vez que vemos ministros comunistas en el gobierno. Chile ha pasado por otras en 1938 y 1946, y a pesar de todo no ha abandonado el redil de las democracias". Pero el mismo Departamento de Estado envió también, después de la victoria popular en Chile, instrucciones a todas las misiones diplomáticas yanquis en América Latina a fin de que ellas endurezcan su actitud y no permitan la menor tolerancia hacia las tendencias liberales: Chile se ha convertido en el enemigo principal del momento. Para el imperialismo ésta es la hora de la firmeza, los gorilas deben sentirse con las espaldas cubiertas por el patrón. Y jamás había llegado a Santiago en tan poco tiempo tan gran número de turistas, asesores y consejeros provistos de pasaportes diplomáticos, periodistas y encuestadores de toda clase. En otros términos, el enemigo ha encontrado razones para tranquilizarse y razones para inquietarse. Estas son las mismas, pero en sentido contrario, que deben impulsar a los revolucionarios a mostrarse vigilantes y mantener la cabeza fría —la partida no se ha ganado todavía— pero mirando al porvenir con confianza —tampoco está perdida de antemano—: todo depende, estando dadas las condiciones objetivas, de la calidad de las opciones que se elijan. El enemigo, que no sabe bien a qué santo encomendarse ni sobre qué pie danzar, se mantiene en una expectativa hostil, pero todavía reservada. Los revolucionarios chilenos, la clase obrera consciente, base y vanguardia de la lucha antimperialista, pueden aprovecharse de esta demora, que es valiosa, para tomar y mantener la iniciativa.

Cualquiera que aceptara mirar a vuelo de pájaro el pasado chileno —génesis y formación del Chile contemporáneo—, cualquiera que se diera el lujo de mirar las cosas desde arriba (privilegio de los observadores de paso que se limitan, faltos de tiempo, a escrutar por una ventanilla de avión la carta histórica del país que sobrevuelan) vería destacarse con bastante nitidez sobre el fondo latinoamericano esta franja de tierra geográficamente loca pero, históricamente razonable porque allí las instituciones de la democracia formal y las formas avanzadas del movimiento obrero han tenido un desarrollo casi tan fuerte las unas como las otras. Allí, proletariado y burguesía han conseguido juntos un nivel de conciencia y organización más elevado que en otras partes. Es en la combinación de estos dos elementos, a la vez solidarios y antagonistas, que se podría buscar el rasgo distintivo, la originalidad de la historia chilena, algo así como la tonalidad general, la atmósfera, que le dan su color propio a esta larga y dura lucha de clases. Solamente el Uruguay ofrece, bajo una forma muy tenue, un cuadro casi similar, hoy medio borrado por la dinámica de la lucha revolucionaria y la descomposición del Estado liberal. Y para circunscribirse a un país limítrofe donde se ha tenido la oportunidad de residir durante algún tiempo, si hay en Bolivia un contraste acentuado entre los platillos de la balanza de clases, es aquel que opone, desde un punto de vista cualitativo, a un super proletariado una sub-burguesía que hace tan poco el peso, como se dice, que ella debe sin cesar restablecer el equilibrio por la fuerza represiva de las armas o bien ceder el lugar a este sucedáneo de burguesía moderna que constituye una burocracia militar, desgarrada entre vertiginosas veleidades reformistas y sus reflejos de miedo reaccionario frente al ascenso del poder obrero.

No es que la historia chilena se asemeje a este suave idilio democrático con el cual se la confunde a menudo. Es ciertamente, pero de una manera un poco subterránea, una de las más violentas, una de las más sanguinarias tal vez de América Latina, tanto por sus guerras civiles del siglo pasado que enfrentan a patriotas y realistas, a conservadores y liberales, a clericales y anticlericales, a nacionalistas y proimperialistas (reflejos a menudo deformados de intereses de clases divergentes en el seno de la clase dominante), como por la frecuencia desde el comienzo de este siglo de grandes campañas asesinas conducidas por el aparato represivo contra los campesinos y los obreros, que culminaron en feroces episodios. Queda por explicar entonces cómo la imagen de un Chile pacífico y liberal ha podido imponerse en el interior mismo del país y ser recibida como indiscutible por la mayoría, coerción burguesa traspuesta al nivel de mito persuasivo. Queda por explicar cómo la violencia esporádica y endémica de los enfrentamientos de clase jamás ha llegado a alterar seriamente la estabilidad de las instituciones representativas, o más todavía cómo Chile ha podido durante tan largo tiempo ahorrarse estas interminables dictaduras militares que fueron y siguen siendo en otras partes la regla, sin cesar, sin embargo, de seguir siendo un país sometido a una oligarquía voraz.

Más allá de sus alteraciones momentáneas —las ha tenido, pero breves—, la democracia liberal burguesa que ha marcado hasta hoy día con su sello todo el tejido social chileno, ha demostrado una excepcional capacidad de amortiguamiento, de recuperación y de conciliación. Ella ha proporcionado y continúa proporcionando la ideología dominante, el legalismo y la juridicidad, que permanecen en el ambiente; las estructuras políticas de encauzamiento, es decir, un cuadro institucional estable; y todo un sistema de representaciones vividas al nivel más prosaico, mitos de la Libertad y de la Ley con mayúscula difundidos hasta en los comportamientos de los explotados. No desaparecerán con un simple guiño, porque incluso si el Estado actual fuera derribado mañana, toda "la sociedad civil" está impregnada de ella. Chile en este sentido, pertenece a esas sociedades "occidentales" de las que hablaba Gramsci, en las cuales, detrás de la fortaleza principal del Estado, que puede siempre ser tomada por un golpe de mano afortunado, se escalona en profundidad toda una red de trincheras, de fortines y de bastiones cuya conquista no puede ser tan simple. Explicar este hecho objetivo por la tradición, el carácter nacional, las particularidades de la raza araucana o los manes de Diego Portales no contribuiría más que a replantear el problema: lo mismo que atribuir la acción del sueño a su virtud adormecedora o los sentimientos de inferioridad a un complejo de inferioridad. Escolásticas o místicas, estas tautologías nos ayudan muy poco. ¿Sería entonces que el predominio de la vida y de las reglas "democráticas" en Chile corresponden a un desarrollo económico privilegiado? Eso no es nada: todos los índices económicos actuales, todas las referencias estadísticas colocan a Chile entre los países más subdesarrollados fes decir entre los países capitalistas subordinados a las metrópolis imperialistas mundiales), delante de Guatemala y Paraguay pero detrás de Venezuela o México. El paso a fines del siglo pasado, de las grandes producciones mineras de salitre o de cobre bajo control extranjero, la incapacidad de incorporar en el cuadro de una economía nacional las adquisiciones de la revolución industrial limitadas a los enclaves exportadores de materias primas, el progresivo retardo tecnológico del aparato productivo bajo la férula de los monopolios extranjeros han determinado una relativa estagnación del sistema de producción capitalista cuyo desarrollo se encuentra disminuido a medio camino. Esta disociación entre una base económica, hoy relativamente retardada, en comparación con la de los grandes países vecinos, y una organización política avanzada constituye juntamente el nudo del problema, lo extraño de la cosa chilena. En realidad, para hallar la razón, nos es necesario mirar para atrás, a la formación histórica de la nación chilena. Todo un abanico de factores puede explicar la constitución y el mantenimiento de esta constante super estructural, con su autonomía relativa y su tenacidad.

Tratemos de encontrar los principales de ellos, del más simple al más complejo: los conflictos de influencia, notables a lo largo del siglo XIX entre los imperialismos británico y norteamericano, después el alemán al fin del siglo, se neutralizan de alguna manera el uno al otro; el alejamiento geográfico de los centros mundiales de poder; un crecimiento económico precoz que sigue inmediatamente a la proclamación de la independencia y que contrasta con la larga depresión por la cual debieron atravesar las jóvenes repúblicas latinoamericanas al día siguiente de las guerras de la independencia, reflejada en el caudillismo barroco, la anarquía generalizada y finalmente en la incapacidad de estas oligarquías agrarias para fundar algo así como un Estado Nacional. Chile, por el contrario, conoció un "transcrecimiento" relativamente armonioso y sin las sacudidas graves de una economía colonial mercantilista, principalmente agro-exportadora (trigo, cuero), en una economía principalmente extractiva (la riqueza fundamental pasó de las minas de plata al comienzo del último siglo a las minas de carbón, de fierro y de cobre, después a los yacimientos de salitre en el norte del país y finalmente, al otro día de la primera guerra mundial, a un retorno fortalecido de la explotación de las minas de cobre), base sobre la cual ha podido edificarse a su vez. desde los comienzos del siglo XX y aun autofinanciarse al principio, un aparato productivo de industrias livianas y de transformación. La elasticidad de esta estructura económica, el carácter progresivo de su ampliación han favorecido así, por amalgamas y absorciones sucesivas, los compromisos políticos entre las clases y las fracciones de las clases dominantes, mediante una lenta asimilación de los intereses respectivos de los grupos latifundistas, mineros, financieros e industriales. El pedigree económico, más que centenario del clan Edwards, símbolo y punta de lanza de la oligarquía chilena, ofrece un ejemplo típico de estas transferencias de capitales, de esta red de ramificaciones y de alianzas que se extienden desde la mina a los grandes latifundios, desde la tierra a la usura, desde la banca a la industria y de allí, finalmente, al control del poder político y de los medios de información (la familia Edwards es propietaria de "El Mercurio", el más grande y el más "prestigioso" de los diarios chilenos, institución nacional a opinión de la burguesía y enemiga mortal del gobierno popular). A pesar de las fricciones y de los choques, de las rupturas momentáneas de las alianzas, de las guerras civiles espasmódicas que opusieron a lo largo de todo el siglo XIX a Conservadores y Liberales especialmente sobre la cuestión religiosa; a pesar de la "revolución" oligárquica que llevó al Presidente Balmaceda al suicidio en 1891 y donde una burguesía industrial de formación reciente se vio obligada a abdicar frente a una oligarquía agraria y comercial con asientos más sólidos, las concesiones mutuas terminaron regularmente por hacerlo prevalecer sobre las disensiones internas. A partir de los años 1895, ellas tienden a pasar a segundo plano frente a la aparición de un movimiento obrero amenazante. Además es necesario aquí resaltar el carácter nacional del gran latifundio, base histórica de la pirámide oligárquica, que se parece poco a la estructura agraria de las repúblicas centroamericanas por ejemplo, o a la del México de antes de la revolución. No han habido jamás en Chile inversiones extranjeras masivas en el sector agrario (fuera de algunos enclaves contemporáneos y sin gran importancia, en Magallanes, en el Sur), y los gobiernos burgueses —incluido el de Frei— han manifestado siempre una singular resistencia a las ofertas norteamericanas de compras de tierras. Es solamente en el sector agro industrial (equipo técnico, redes de distribución comercial, etc.), de origen reciente, que se encuentra concentrada la penetración extranjera. Así es como a partir de esta infraestructura nacional agraria ha podido desarrollarse una alta burguesía de industriales y de banqueros que no desdeñan el mercado interior, dotada de una bastante fuerte autonomía nacional, al menos en su origen: los primeros bancos que surgieron en Chile por ejemplo, a partir de 1860, llevan todos nombres chilenos. El capitalismo moderno no ha aparecido en Chile como capitalismo extranjero, en los furgones del invasor o sobre los despojos de la independencia política: él ha sido progresivamente penetrado, alienado por el imperialismo británico y después por el norteamericano en una fase ulterior y relativamente tardía de su desarrollo. Si se agregan a estos diferentes factores la creación rápida de un potente instrumento militar —ejército y marina— técnicamente más avanzado que el de los países vecinos, la victoria sobre el Perú y Bolivia en la guerra del Pacífico (1879), las anexiones territoriales y la expansión económica que les siguieron, se comprenderá mejor por qué la clase dominante chilena pudo constituirse desde su período de formación como "clase nacional" susceptible de hacer pasar sus intereses particulares, por los intereses de la nación entera a los ojos de las clases subalternas, porqué ella pudo dar a sus formas de dominación política una legitimidad moral, una solidez, una arrogancia por largo tiempo indiscutida.

Se comprende también cómo, poco menos que única en su especie en esta época, la oligarquía chilena pudo constituir desde el siglo pasado un aparato de Estado centralizado, y desarrollar bajo todas sus formas la ideología jurídico-política adaptada para su buen funcionamiento. Las rentas del Fisco, derivadas del comercio exterior permitieron muy tempranamente mantener una burocracia de Estado, junto a una capa compleja y bastante bien organizada de funcionarios. Esta tradición de servicio del Estado y esta función pública de formación profesional no tuvieron otro símil en América latina, hasta una fecha reciente. El ejército mismo se encontró transformado en un cuerpo burocrático, sometido a la autoridad civil central así como a la ideología jurídico-política dominante, simple instrumento y no fuente de la dominación burguesa, su auxiliar y no su paliativo, impropio pues para sustituir de manera durable a la burguesía en el ejercicio del poder político por la simple razón de que no había necesidad del ejército para ello: en el conjunto, la burguesía se mostró capaz de mantener personalmente su propio rol, es decir, de cumplir su tarea histórica de recolector del excedente económico y de arquitecto del Estado Nacional. Durante largo tiempo ella no tuvo necesidad del sustituto militar. Esta estructura político-administrativa pre-existente debía por otra parte permitir y acelerar a partir de los años 1930, el nacimiento de los primeros órganos de un capitalismo de Estado y más tarde, con la ascensión al poder de la DC, el advenimiento de un proyecto de regulación tecnocrática. por arriba, de los conflictos sociales, proyecto que todavía hoy día deja "sentir su influencia".

Si un tal aparato de Estado ha podido constituirse, con su rutina, sus mecanismos de control interno (por ejemplo, la Contraloría General de la República creada en 1927), sus escuelas de aprendizaje, sus normas de moralidad comparativamente elevadas, es en gran parte porque la oligarquía no tenía muchas necesidades para vivir, porque la detención o el usufructo de este aparato político administrativo no representaba para ella un medio de subsistencia. Estando inscritas las relaciones jerárquicas en "la naturaleza de las cosas" (en última instancia en las relaciones de producción), realizándose como cuestión previa el enriquecimiento individual en las actividades económicas privadas, el éxito personal o familiar encontraba su coronamiento y su consagración naturales en una carrera política (Senador. Ministro. Presidente, Embajador o aun jefe de servicio para comenzar) pero no se obtenía por su intermedio. De ahí la respetabilidad y la seriedad de lo que se llama "la política" en Chile, actividad socialmente reconocida a la cual puede y aún debe entregarse sin venir a menos la mejor sociedad, regulada por ciertas reglas del saber vivir y del respeto mutuo: en suma, asociación de los "Club men" rivales, y no, como es tradición en la mayoría de las dictaduras burguesas del Continente, que no son todas de operetas, lucha a cuchillo limpio por la vida, maffia pública, estercolero u oficina de empleos para tarados con suerte. Otro rasgo sobresaliente del Chile oligárquico poco conforme al medio que lo rodea: los Ministros, los Presidentes, no se enriquecían sistemáticamente en el ejercicio de sus funciones. Digamos, y allí está lo excepcional, que la corrupción era la excepción y no la regla. De allí esta familiaridad de buena ley y esta distinción patricia que hacían, hasta ayer, que no se mataran entre "gente bien", incluso de bandos opuestos, a lo más, el exilio o algunas semanas de prisión para el opositor más irreconciliable. El último asesinato político antes del Comandante en Jefe del Ejército en 1970, remonta a 1837, al asesinato de Portales, el autor de la Constitución de 1833. Hasta la época de Alessandri, hace algunos años —hasta qué punto ha pasado el tiempo—, se podía uno topar en la calle con el Presidente de la República cuando se dirigía a pie de su departamento al Palacio de la Moneda. Anécdota banal pero sintomática de un equilibrio hoy día abolido.

Tal sería el primer elemento de un análisis histórico, el más fácil, para mostrar la cara más llamativa de la medalla: el carácter clásico, frente a las normas europeas (o aberrante si se prefiere frente a las normas tenidas por típicamente latinoamericanas) con que se ha revestido en Chile la hegemonía burguesa. La comparación con Inglaterra o Francia —y es un hecho que la economía política inglesa y el pensamiento político francés han jugado un rol en la formación de Chile — representa un rito, un cliché ideológico que, no disgusta a la oligarquía local y no parece chocar, en todo caso con su orgullo nacional. Por lo demás, si se quiere recordar que la Constitución de 1833 estuvo en vigor durante un siglo (y fue en nombre del respeto a la Constitución establecida que fue destituido el Presidente nacionalista Balmaceda a fines del siglo pasado y que la Constitución de 1923, que retomó fundamentalmente los preceptos de la primera, continúa regulando con minucia los detalles de la vida cotidiana del país, se verá enseguida que las democracias liberales europeas, Francia por ejemplo, con sus cambios de régimen y sus repúblicas arremolinadas toman frente a Chile, aires de república bananera. Y sin embargo este elemento sólo no puede explicar la idiosincrasia chilena. El no constituye más que un polo de una relación dialéctica, y es esta relación la que es original, en América Latina, no cada uno de sus términos tomados separadamente.

Este cuadro hegemónico estaba en Chile cuando a fines del siglo pasado apareció un movimiento vigoroso pero todavía caótico de protestas obreras, después de rebeliones de masa espontáneas, que se convertirá a partir de los años veinte en un movimiento obrero propiamente hablando, organizado sobre posiciones de clase independientes. La población urbana, que representa desde 1895 el 38 por ciento de la población total, sube a 43 por ciento en 1907, es decir, que antes mismo del fin del siglo pasado un proceso de industrialización ya en camino provoca el aflujo en los centros mineros, en los campamentos del salitre, en la periferia de las ciudades, de un número creciente de peones ("inquilinos"), obreros agrícolas y campesinos pobres. Bajo la influencia de una élite de artesanos y obreros calificados, a veces de origen extranjero, de inspiración anarquista o anarcosindicalista, esta nueva clase obrera, antiguamente agrupada en mutuales apolíticas, se organiza desde los comienzos de este siglo, en "Mancomunales" o sindicatos de resistencia combativa. La lucha del proletariado contra las condiciones de vida inhumana que le dan las compañías extranjeras, especialmente en los campos de trabajo de la "pampa salitrera", iniciada desde 1880, reviste formas brutales. Es una lucha por la supervivencia que enfrenta a una clase dominante implacable. El ejército interviene más de una vez y abre el fuego. Es interminable la lista de las huelgas sangrientas, de las "matanzas", masacres que jalonan tanto la lucha del proletariado chileno como del campesinado: desde la primera gran huelga de los obreros del puerto de Valparaíso en 1903 (30 muertos, 200 heridos); la "huelga de la carne" en Santiago en 1905 (200 muertos), la masacre de Santa María en Iquique, cuna del movimiento obrero (1907, más de dos mil víctimas segadas a la ametralladora en la plaza de la ciudad), la masacre de Punta Arenas en 1920, la de La Coruña (tres mil muertos en las minas del salitre, 1925), la masacre campesina de Ranquil en 1934 (60 muertos), hasta las hazañas recientes de la democracia cristiana en la mina El Salvador en 1966, pasando por los motines de Santiago en abril de 1957; otros tantos signos de una lucha de clases impulsiva, al estado salvaje, corren por bajo la historia de las luchas políticas propiamente dichas, pero sin concesiones y cuya crueldad cuadra mal con la imagen de un Chile de Epinal, bonachón y afectuoso. Las reglas del juego civilizado no se aplican a los explotados, a los marginales, a los sin-voz, porque éstos no escriben la historia oficial. Esta violencia esporádica no tendría sin embargo más que una significación política limitada si ella no apuntara a un acontecimiento propiamente político, de muy largo alcance y de naturaleza excepcional: la unión de la teoría marxista y del movimiento obrero nacional. Ella se ha cristalizado al día siguiente de la Revolución soviética, por la fundación de la Federación Obrera Chilena (FOCH), afiliada a la Internacional Sindical Roja (Congreso de Concepción, 1919) y por la transformación del Partido Obrero Socialista en Partido Comunista, bajo la influencia y la égida de Recabarren, ex-obrero tipógrafo y ex-anarquista, en 1921. Sin duda se han fundado, con más o menos retardo, partidos comunistas y organizaciones revolucionarias en casi todos los países de América Latina. Pero en Chile, es del interior mismo del movimiento obrero que ellas han surgido, es de la clase misma, de sus luchas económicas y sociales cotidianas que ellas han extraído su savia, es en estas profundidades que ellas hunden sus raíces. Si el producto de esta unión ha conocido altos y bajos, si sólo una minoría de obreros conscientes ha podido mantenerse en posiciones de clase sin debilidades, no es menos cierto que Chile es el único país del Continente (con Bolivia, pero bajo otras formas y más antiguamente) en el que los partidos llamados obreros por su ideología sean también partidos orgánicamente obreros por su extracción y base social. El único país en el cual la clase dominante, desde hace un medio siglo, haya tenido que responder al desafío de un movimiento de resistencia proletario, que no pudo reducir a la larga, si bien pudo momentáneamente aislarlo o dividirlo. Cualesquiera que hayan sido las escisiones, los reflujos, las rivalidades de este movimiento obrero en el curso de su historia, es un hecho que él jamás ha dejado de existir como identidad propia, nutriéndose de las luchas proletarias mismas, y no por delegación ideológica, a través de las vanguardias intelectuales o pequeño burguesas. Para dar una idea de su volumen político, digamos que en las elecciones parlamentarias de 1941, los dos partidos explícitamente marxistas, el Comunista y el Socialista, alcanzaron el 32 por ciento de los sufragios, un tercio del cuerpo electoral del que están excluidos los analfabetos. El Partido Comunista, sin embargo, fue puesto fuera de la ley durante períodos prolongados (1925-1935, 1948-1958), bajo Alessandri y luego con González Videla, y el sindicalismo independiente fue golpeado más de una vez pero incluso en las fases de clandestinidad y persecución, las organizaciones obreras lograron subsistir, mantenerse en pie y ganar terreno, a través por ejemplo del Partido Socialista que siguió legalizado o con ayuda de la pequeña burguesía liberal (cuyos partidos políticos se unieron a un movimiento de masas para derogar en el Parlamento, en 1958, la "ley maldita", llamada de Defensa de la Democracia, producto macarthista de importación que había prohibido la existencia del PC).

En resumen, la burguesía monopolista más reaccionaria, en los momentos de más tensión represiva, nacional o internacional, jamás llegó a romper" definitivamente el movimiento proletario. En cambio, este último tampoco ha logrado jamás "romper" ni tan siquiera poner en peligro seriamente, al menos hasta hoy, la dominación de clases, política y económica. El cuadro hegemónico se ha conservado bien, a pesar de la dureza de los enfrentamientos y la insistencia de la presión obrera. Es bien evidente que se han producido, con brusquedad a veces, cambios y alteraciones en las relaciones y las alianzas de clases en la medida de las modificaciones del equilibrio económico, pero en el espacio interior de este cuadro. Lo que se llama por ejemplo "la crisis de la oligarquía", después de 1920 con la llegada al poder de Arturo Alessandri, puede interpretarse como un repliegue estratégico de la oligarquía agraria a posiciones de retaguardia, defensivas y su relevo por una nueva ola, la burguesía comercial, financiera e industrial. Por lo mismo ésta última deberá, más tarde, superar los efectos depresivos de la crisis mundial de 1929 dejando un lugar al lado suyo, a las capas medias urbanas (sin control sobre los grandes medios de producción) y a su expresión política, el radicalismo, que pasan a jugar el primer rol en la nueva coalición. Estas crisis corresponden más a mutaciones que a rupturas, a desplazamientos del centro de gravedad en el seno del dispositivo de las fuerzas sociales dominantes que a trastornos del dispositivo mismo. Mejor dicho no solamente el juego institucional de la democracia liberal se ha mantenido intacto (fuera del período 1924-25 y en el llamado "de la anarquía", 1931-32, sin repercusiones durables) sino el movimiento obrero, a través y más allá de las tensiones y de las crisis se ha convertido con el tiempo en uno de los polos necesarios al mantenimiento, es decir al reequilibrio periódico del sistema de dominación. La burguesía chilena, una de las menos brutas del mundo, se defiende entreabriéndole las puertas, antes que cerrárselas, a su rival. Ella prefiere admitir la existencia de su adversario para controlar mejor sus movimientos, para atraerlo a su terreno, antes que empujarlo a sus últimas trincheras. Si se quiere explicar cómo la hostilidad de clase, al nivel de vida social, ha terminado por traducirse y temperarse, al nivel de la vida política, en esta coexistencia tensa, en el seno de un régimen de democracia burguesa; si se quiere evitar los anatemas subjetivistas lanzados contra las direcciones políticas tradicionales, es necesario tomar en cuenta, incluso allí, un cierto número de condiciones objetivas históricamente determinadas. Primeramente, la clase obrera productiva se ha encontrado desde el comienzo de su existencia desparramada o compartimentada en los centros mineros periféricos, lejos de la ciudad centro del poder político, en el Norte (Iquique, Antofagasta, Calama, etc.) o en el lejano Sur (Concepción, Lota, Magallanes), de manera que la coordinación entre las luchas reivindicativas, y además insurreccionales, repartidas entre centros tan alejados los unos de los otros, era prácticamente imposible. La fuerza de choque que hubiera podido constituir esta vanguardia proletaria estaba como dislocada desde la partida: el eco de estas marchas de protesta, de estas huelgas, de estas masacres llegaba a la capital atenuado por la distancia. Luego, el movimiento obrero, a pesar de los esfuerzos de Recabarren y de sus sucesores jamás llegó, salvo muy recientemente, a concluir una alianza orgánica con el proletariado agrícola y el campesinado pobre, ni a influirlos seriamente, salvo en la periferia de las concentraciones obreras. El campesinado, aislado en los fundos, personalmente dependiente del patrón, a menudo analfabeto, bajo dominio clerical, siguió siendo la clientela pasiva de la oligarquía latifundista hasta el último decenio y la clase dominante ha cuidado celosamente de poner a los campesinos fuera del alcance de las influencias urbanas nefastas: hasta 1937, la sindicalización campesina era ilegal y severamente reprimida y en 1965. no existían oficialmente todavía más que 20 sindicatos campesinos con un total de 2.000 adherentes en todo el conjunto del territorio. Por otra parle, el carácter minoritario de la clase obrera organizada (sindical y políticamente) en relación a la clase real —reforzada por una legislación prohibitiva del derecho sindical— favorecía, en período de reflujo, la captación electoral de una gran masa de marginales, con conciencia de clase todavía amorfa o embrionaria, por las direcciones burguesas (por el centrismo de Alessandri, en los años 20, o el populismo autoritario a la Perón del segundo Ibáñez, en los años 50). Por último, la ascensión de la clase obrera se efectúa en el mismo tiempo que la de las capas asalariadas medias, a partir de 1930, de tal manera que la alianza de clases implicada por la estrategia del Frente Popular, por lo demás inevitable, entremezcla y mitiga los intereses proletarios con los de la pequeña burguesía, a menudo en beneficio de la segunda. Tales son los principales factores de orden histórico, gracias a los cuales el cuadro hegemónico ha podido amortiguar el impacto y la fuerza de ruptura de un movimiento obrero tan poderoso. Muchos observadores se sorprenden, al llegar a Chile, provenientes de otros países latinoamericanos, del grado de politización de la clase obrera y de todo el pueblo en general. El hecho es real, pero no puede hacer olvidar que esa conciencia social históricamente se ha expresado y canalizado en las formas de la dominación política burguesa — y notablemente en sus mecanismos y sus funciones representativas.

Las luchas electorales, como los debates parlamentarios, las rivalidades de los partidos constituyen así el punto de encuentro de los dos polos antagonistas. El centro de gravedad de la lucha de clases es traspuesto y desplazado al nivel de la acción presidencial y parlamentaria, en el cuadro jurídico político existente, desactivando y sublimando la acción directa de las fuerzas obreras. Que las divergencias o conflictos se resuelvan o no, hay un acuerdo de hecho sobre el lugar del enfrentamiento: el terreno legal, delimitado por la Constitución y las costumbres, de la lucha política en la cumbre. Es en este lugar aséptico, ideal, alejado de las luchas cotidianas, que vienen a concentrarse, a depurarse y a refractarse los intereses de las clases antagonistas. La "política" es lo que pasa en la Presidencia, en el Senado, en la Intendencia, en los Concejos Municipales, son las discusiones y los procedimientos de las asambleas. Todo el mundo hace pues "política" en el momento de las elecciones presidenciales, parlamentarias y municipales (tasa de abstención débil) pero la política es asunto de los políticos todo el resto del tiempo. Los procedimientos parlamentarios hacen maravillas para avalar los golpes, amortiguar los choques. Se le ve incluso hoy en que a la oposición burguesa no le sobra toda su experiencia ancestral en el arte de la fagocitosis (lo que se podría llamar: la destrucción por asimilación del cuerpo extraño) para desviar el impacto de los proyectos de ley propuestos a la aprobación del Parlamento por el Gobierno Popular. La burguesía no dice no en principio a los proyectos de nacionalización de las compañías norteamericanas del cobre o de formación de los tribunales populares a escala local: la oposición de derecha acepta la discusión en comisión del proyecto de ley, su inspiración general, pero allí mediante observaciones de detalles y con indicaciones en las discusiones plenarias logra suavizar insensiblemente las aristas afiladas, pero sin llegar a exponer el flanco a un ataque frontal de las fuerzas populares. En general, lo habitual es que los choques, los conflictos de clase en el plano de las luchas cotidianas, sigan insolubles en tanto que la designación de una comisión parlamentaria no ha sido decidida. La salida del enfrentamiento se encuentra suspendida hasta la aplicación del reglamento o de la disposición correspondiente, el enfrentamiento mismo se convierte a la postre en discusión jurídica o en negociación de pasillo a propósito de un texto legislativo. La violencia represiva, si es necesario, hace correr la tinta antes que la sangre. Pasa primero por el papel impreso del Diario Oficial de donde ella salta a la vida de todos los días. "El Trujillo de nosotros casi siempre ha sido la ley", dice Pablo Neruda, y con razón. Sin duda esta dictadura legal ha podido ser mellada accidentalmente (por fractura, luego de la República Socialista de los cien días en 1932) o recortada sobre los bordes (por los costados, luego de una coalición popular victoriosa, en 1938 o en 46); sin duda ha podido ser infiltrada, en pleno régimen capitalista, por una legislación social avanzada, sancionando o instituyendo numerosas conquistas obreras: en 1925, por ejemplo, después de 3 años de discusión, el Senado terminó por aprobar un Código del Trabajo notable para la época, al igual que una serie de leyes sobre la jornada de 8 horas, los contratos, los accidentes del trabajo y el derecho sindical. Pero eso no es más que el "molido" del billete, la contrapartida de la alienación histórica que aseguran a la perfección las instituciones llamadas representativas de "soberanía popular".

Se comprende entonces porqué la "carrera" política, honorable para los representantes de la gran burguesía ha podido serlo también para los representantes de la clase obrera. No se trata allí de una degeneración histórica sino de un estado de hecho que marca al movimiento obrero desde sus orígenes. Casi todas las figuras dirigentes de los partidos obreros lo han sido también del Parlamento burgués. De allí ha nacido un estilo de acción, una forma de espíritu, un cierto tipo de elocuencia (en general, el líder es el tribuno) que tendrían de qué sorprender a un leninismo ortodoxo, que jamás ha testimoniado como se sabe, incluso sí juzga necesario utilizar todas las tribunas que pongan a disposición de los trabajadores las libertades burguesas, una ternura excesiva por lo que se llamaba antes "el cretinismo parlamentario". Tal es sin embargo el terreno, en todas las otras partes estéril, que ha sabido utilizar, que ha debido fertilizar hasta hoy, la inteligencia política de las fuerzas populares chilenas.

Enfocados de esta manera, ciertos acontecimientos, ciertas anécdotas sorprenden mucho menos. Es así como Luis Emilio Recabarren (1876-1925), primer animador del sindicalismo revolucionario y fundador del Partido Comunista, figura heroica si la hubo del movimiento popular, elegido dos veces diputado por Antofagasta e invalidado por un Congreso oligárquico por agitador y ateo, luchó obstinadamente para hacer cambiar a sus "muy honorables" colegas su decisión y forzar las puertas de la Cámara de Diputados. En 1920 volvió de Moscú donde había ido como delegado al Cuarto Congreso de la Internacional para reasumir su mandato parlamentario. En 1906, luego de su primera invalidación, denunció con fuerza el carácter de clase del Parlamento oligárquico pero no puso jamás en duda la legitimidad o la utilidad de la institución misma.

"No es que nosotros traigamos aquí esta división de clases para acentuarla en la Cámara, dijo entonces; es la Cámara la que marca esta división cuando al pobre, por el solo hecho' de ser pobre, se le señala la puerta. Puede ser que me equivoque; pero tengo el presentimiento que no se hará justicia a mi causa. Ojalá estuviera en un error, porque si la Cámara se inspirara en estricta justicia al fallar esta elección, tendería con ese solo hecho un puente salvador entre los que nosotros llamaremos los oprimidos y los que constituyen una clase aparte y que nosotros nos atreveremos a calificar de opresores... Yo no quiero ver confundirse en un abismo de sangre a los hermanos de una misma nación, pero si eso llegara a suceder no seríamos nosotros los culpables". Tomar la iniciativa en materia de acción directa no es una hipótesis plausible, ni aun legítima en Chile. "Por la Razón o la Fuerza" reza la divisa del escudo nacional; la fuerza, recurso desesperado, no puede más que suplir a las flaquezas de la razón. "Es el pueblo que me ha elegido el que tendrá que convencerse que aquí, pasando sobre la Constitución y las Leyes, se ha violado su voluntad claramente expresada". Cuando Recabarren reclamaba así la aplicación de la Ley se entregaba tal vez menos a una maniobra táctica —cazar al adversario en sus propias redes— que a expresar una fe nostálgica en el reino auténtico del derecho, su convicción íntima de tener a su favor el buen sentido y la justicia. Más tarde, el partido chileno en un período de repliegue y de sectarismo, continuará reivindicando como suyo a Recabarren pero tratará de superar su herencia ideológica. En 1933, el Buró Sudamericano de la Internacional le envió una carta pública sobre este particular, insistiendo en la necesidad de liberarse "del lastre ideológico de Recabarren, que forma un obstáculo muy serio ideológico, político y orgánico para la penetración por el PC del marxismo leninismo, para su transformación en verdadero partido de combate del proletariado." Y la carta añade: "sin disminuir los grandes méritos adquiridos por Recabarren en el movimiento obrero chileno, sin olvidar que su honestidad y sinceridad revolucionaria lo condujeron hasta las filas de la I.C. es preciso tener bien en cuenta que su ideología y política no fueron más lejos que las de la "democracia burguesa". Sus reivindicaciones democráticas, su fe en el sufragio universal, su patriotismo burgués, la fundación de nuestro partido como partido de tipo social reformista, por su estructura y su formación como una "federación" de organizaciones con fines puramente electorales, su desconocimiento e incomprensión absoluta de la revolución obrero-campesina como una etapa dictada por todo el desarrollo, su planteamiento abstracto de "revolución social" como un ideal remoto y, en fin, su colaboración con la burguesía explicada como una política "real", todo este bagaje ideológico legado por Recabarren le ha pesado mucho al PC chileno en su desarrollo...". Cualquiera que sea la justeza teórica de la crítica, es evidente que las consignas de "bolchevización de los PC" lanzadas en el curso del "tercer período de la I.C." no tuvieron en Chile ningún éxito, conduciendo al partido a un aislamiento prolongado y estéril y del cual no podrá salir sino hasta el vuelco de las alianzas y de la línea que representó el Frente Popular.

Esta breve mirada atrás era tal vez necesaria para poder introducirse en el momento actual chileno. En efecto, de este desarrollo combinado, único en América latina, de las formas políticas de la democracia burguesa y de un amplio movimiento social proletario y mantenido a pesar de todo hasta ahora, el gobierno popular nacido el 4 de noviembre de 1970 es la expresión y el producto histórico. Mejor todavía: de esta combinación inscrita en la dialéctica misma de la historia chilena, el compañero Presidente, Salvador Allende, es él mismo el ejemplo viviente y como su encarnación: ''doctor" y "compañero"; masón y marxista; expresidente del Senado de la República y militante socialista sin tacha; de formación burguesa y de convicción revolucionaria; enraizado en la realidad provincial de su país (más todavía que en la capital) e internacionalista consecuente; él es efectivamente como le gusta decirlo, "criollo", chileno hasta la médula. Y si no fuera este condensado de historia chilena, con todos sus contrastes a veces desconcertantes, él no habría estado ciertamente en condiciones de reunir en torno a su nombre la primera mayoría en las elecciones presidenciales y de jugar este rol determinante que es el suyo en la hora presente. No es por un azar que Salvador Allende haya sido llamado por sus compatriotas como Jefe de Estado y de un gobierno legalmente constituido para lanzar un puente entre la sociedad del pasado y la sociedad del futuro, por encima, y en alguna medida con la ayuda de las contradicciones de la sociedad presente.

III

El 4 de septiembre de 1970 por la tarde, sin poder aún creerlo, la clase dominante y el imperialismo descubren que acaban de sufrir un revés capital. De hecho, el resultado electoral no es sino otro episodio de un fenómeno mucho más vasto: la crisis general del sistema capitalista dependiente y de su expresión, el sistema de dominación política. La incapacidad creciente de los grupos dominantes para mantener la fachada de legitimidad, para formalizar los tradicionales compromisos de interés, la acumulación en los centros urbanos de una fuerza de trabajo, sin trabajo y sin calificación, que la producción industrial no puede absorber; la desnacionalización progresiva de la economía y del Estado mismo, la inflación continua, la cesantía, la escasez de vivienda generalizada, la acción directa de los campesinos pobres en los campos, el impulso revolucionario de la juventud universitaria, el impacto de las luchas de liberación en los países vecinos, el rechazo de las masas, puestas en movimiento por los programas de "promoción popular", a dejarse manipular por los promotores gubernamentales; desembocan en un reenjuiciamiento a todos los niveles del cuadro hegemónico liberal, cuyas grietas hacen aparecer cada vez más y más su armazón autoritaria y vertical. El status-quo está ya sin aliento y, a pesar de la formidable campaña sicológica de, la derecha, con recursos financieros inauditos y la casi totalidad de los grandes medios de comunicación a su disposición, los dos tercios del electorado expresan la necesidad de reemplazarla, de entrar en una vía revolucionaria "personalista y comunitaria" para los demócratacristianos, "popular y socialista" para la izquierda. El candidato demócrata-cristiano señala en su programa, y no cesa de repetirlo en su campaña, "el agotamiento del viejo sistema institucional y de la economía capitalista y neocapitalista, incapaz de producir riquezas, ofrecer trabajo y asegurar la independencia de la nación. El mantenimiento del orden establecido es imposible. El cambio institucional no sólo es inevitable, sino deseable". Por programáticas o demagógicas que ellas sean, estas afirmaciones no reflejan más que un nivel de conciencia mayoritario en el país. Por su parte, la UP y su candidato conducen la campaña electoral sin estridencias abusivas, pero tampoco sin plegar su bandera para metérsela en el bolsillo, distinguiéndose así netamente de la campaña de 1964, conducida a la defensiva, de una manera bastante electoralista, mediante una cierta baja de combatividad revolucionaria de las masas populares. En 1970, la campaña y la victoria electoral tuvieron como marco en el campo tomas de fundos y la invasión de las tierras desocupadas por los sindicatos campesinos y en la periferia de las grandes ciudades la ocupación por la fuerza de terrenos sin construir, la constitución de grupos de autodefensa o de organizaciones comunitarias autónomas en las poblaciones callampas, las expropiaciones de bancos por algunos comandos revolucionarios que pasan progresivamente a la acción directa, el auge de las huelgas y luchas reivindicativas, una represión policial generalizada que no se detiene ante la tortura o ante el empleo de armas de fuego. Para muchos era la elección de la última chance. Una victoria electoral de la derecha autoritaria, por muy mal obtenida que hubiera sido, no habría hecho más que exacerbar las contradicciones hasta el punto de ruptura y liberar un proceso irreversible de lucha revolucionaria armada, desde ese momento convertido en proceso ineluctable. Es entonces que interviene uno de esos accidentes aparentemente irracionales de la Historia y, que le sirven de ingredientes: la clase dominante se da el lujo costoso, como se ha dicho ya, de exhibir a la luz del día sus contradicciones y sus dramas ideológicos dejando subsistir, al lado del representante del Orden, la Ley y la Paz en el hogar, a un vocero convencido de la vía no-capitalista de desarrollo y de la sociedad comunitaria, nutrido en encíclicas de Juan XXIII, en Maritain y en Emmanuel Mounier, al día en el resto del pensamiento contemporáneo.

Con esta brecha abierta, la fortaleza dejaba de ser inexpugnable, una incursión al interior de los muros era ahora posible. Si París bien valía una misa, una campaña electoral no era precio excesivo para elevarse a las alturas dominantes del poder del Estado y poner pie sobre algunas posiciones estratégicas a partir de las cuales continuar el combate en las mejores condiciones. El fracaso relativo de la zafra cubana —esa de los 10 millones— había aportado un arma terrible a la propaganda contraria. Poco antes del desenlace. Fidel Castro comprometido muy a su pesar en la batalla en curso, puso las cosas en su lugar en una importante entrevista televisada y pasando a la contraofensiva, manifestó su opinión de que en esas circunstancias particulares la participación en la campaña electoral era necesaria y la victoria plausible. Lo que no constituía sino una lectura realista de la coyuntura chilena.

En los cincuenta días "más largos" que siguieron al 4 de septiembre, la contrarrevolución nacional y extranjera, como lo explica más adelante el Presidente Allende, juega en todos los tableros y a todos los niveles; sabotaje económico, pánico financiero organizado, terrorismo, asesinato individual, maniobras y negociación política, asesinato selectivo y preparación del golpe de Estado. El lapso es breve; no se cambian decenios de historia en dos meses, no se improvisan de un día para otro golpistas o terroristas. La gran burguesía y una buena parte del mando militar, tomadas de sorpresa, enloquecen, a pesar de la ayuda de la CIA, y ocurre el terrible paso en falso de la ejecución del Comandante en Jefe del Ejército, el General Schneider. Finalmente, la fuerza de las buenas costumbres y el peso de la juridicidad normal se revelan más fuertes que las voluntades y los intereses de la burguesía monopolista. De buen o mal grado, el gobierno de entonces juega oficialmente el juego "democrático" en el cual se encuentra, por así decirlo, prisionero. ¿Acaso no han escogido de los dos males el menor? ¿No estaban conscientes de que una táctica de rechazo habría desencadenado una guerra civil y provocaría, esta vez con seguridad y cualquiera que fuera el desenlace, el estallido del cuadro institucional y de los mecanismos estatales de conciliación? ¿No era acaso porque el partido en el poder, con su candidato todavía en la palestra que personalmente había llamado a la revolución antimperialista y anticapitalista, no podía sin renegar —o sin desenmascararse— jugar a fondo y claramente la carta de la contrarrevolución? Como quiera que sea, el paseo al borde del precipicio termina provisoriamente bien, puesto que el 24 de octubre de 1070 mediante la firma por la Unidad Popular de un "Estatuto de Garantías Democráticas" el Congreso en sesión plenaria confirma la decisión de las urnas y el Presidente Allende puede entrar en funciones el 4 de noviembre de 1970.

Criticada por ciertos enmaradas como inútil y peligrosa (MIR, Juventud del Partido Socialista), aprobada por la casi totalidad de la UP como inevitable y sin incidencia mayor sobre la proyectada movilización política de las masas, la firma de este Estatuto de Garantías, incorporado a la Constitución en vista a asegurar la permanencia de los principios de organización de la democracia liberal —permanencia que no pone de partida en tela de juicio la UP en la presente etapa— representa con toda evidencia un compromiso táctico. Es gracias a ese documento que la izquierda cristiana, entonces representada por Radomiro Tomic, pudo neutralizar a la derecha del partido en el poder y desbaratar así las maniobras de un aparato gubernamental más que reticente, forzado a pronunciarse entonces por una alianza de hecho con la Izquierda Popular. Pero, se dirá, y no solamente a propósito de este compromiso, porque hubo y habrá otros de la misma especie, ¿quién finalmente neutralizó a quién? ¿quién amarró las manos a quién? Cuando se utiliza el sistema jurídico del Estado burgués ¿no se está en los hechos siendo simultáneamente utilizado por él? Esto no es aún más que una pregunta y se verá con qué decidido optimismo responde a ella el compañero Allende en esta entrevista, dedicada explícitamente a la publicación. Es también sin duda, una apreciación pero ella no quiere ser una crítica irresponsable: el militante que escribe estas lineas en calidad de observador extranjero recuerda haber leído algún capítulo de la Enfermedad infantil del comunismo a propósito de los compromisos y no comparte la opinión de aquellos que los tienen en general por inadmisibles, independientemente de la correlación de fuerzas y de las condiciones particulares que prevalecen en. un momento dado; y tampoco es de la idea de aquellos que juzgan, cualquiera que sean las circunstancias y el país, indigno de un revolucionario de participar en las elecciones, y más aún sospechoso el ganarlas.

Tal es la ambigüedad chilena, inevitable en la etapa actual, quizás transitoria. Se encuentra aquí cristalizado y puesto de relieve en una coyuntura crucial, el condicionamiento recíproco de los términos de la contradicción en la cual desemboca la larga coexistencia de las instituciones democrático-burguesas y del movimiento popular en ascenso. Cada uno de los términos en presencia, acuñado uno en el otro, juega a la vez como limitación y castigo el uno del otro. El Estado burgués se ha encontrado preso en la trampa de su discurso ideológico: Soberanía popular —expresada en los sufragios libremente emitidos en secreto por todos los ciudadanos que sepan leer y escribir— culto de la majestad de la ley, respeto del Orden Constitucional establecido hasta por los militares más reaccionarios, garantías individuales, división de los poderes: conjunto de armas que se le escapa de las manos y viene como un boomerang a golpear a la clase dominante. Se puede ver algo más que una conducta individual de hipocresía en el hecho, por ejemplo, que las cabezas del complot antipopular hayan sido igualmente las responsables del mantenimiento del Orden y de la Ley, inclusive los responsables directos de la investigación sobre el complot, tal como el General Valenzuela, Jefe de la Guarnición de Santiago y encargado de hacer respetar el estado de sitio proclamado en Santiago a la mañana siguiente del asesinato del Comandante en Jefe del Ejército, quien estaba directamente implicado, así como tres jefes de alto rango.

En este increíble embrollo donde el ladrón jugaba al gendarme e incluso actuaba como tal, donde el terrorista clamaba por el orden y la tranquilidad pública y el golpista por el respeto a la autoridad civil, se puede leer el homenaje rendido por el vicio a la virtud, por el instinto de clase burgués a la ideología burguesa, por el impulso inconsciente de una clase acorralada a las censuras incorporadas a la larga al "yo colectivo" de la clase. Un doble juego, el del jugador atrapado en las reglas de su juego: aquellas que él mismo había dictado. Pero —con una carambola diferida y tal vez todavía desconocida— tropezando en su propia trampa, la Democracia Burguesa no cayó allí sola, arrastró consigo a su antagonista. No sólo porque puede reclamar al vencedor provisorio que le pague en la misma moneda, porque puede erguirse como el acreedor frente a su deudor, sino más sutilmente por un efecto de impregnación y de inhibición ideológica que afecta desde el interior al movimiento popular y a sus responsables políticos. Lo que se levanta entonces a través del camino, no es va la Democracia Burguesa en persona, en carne y hueso, sino algo peor: su espectro y su obsesión. Está fuera de dudas que los métodos empleados, la vía emprendida, han probado en Chile hasta el momento, su eficacia táctica, confirmando así el principio leninista de la necesidad de utilizar hasta el fin los instrumentos limitados puestos a disposición de las masas explotadas por las repúblicas democráticas burguesas. Queda por saber en qué medida el desarrollo ulterior de la lucha de clases, la libre expresión de la iniciativa de las masas, la ofensiva proletaria no se encuentran hipotecados en el origen, castrados en el nacimiento.

Lo que ha permitido la victoria electoral es también lo que está frenando su transformación en victoria a secas. ¿Lo que ha permitido el acceso al gobierno, acaso no será lo que prohíbe el acceso al poder? ¿Acaso las condiciones de génesis del proceso no son también las condiciones de su bloqueo? Tales son, brevemente condensadas, algunas de las preguntas de orden estratégico que se plantean ya numerosos militantes y dirigentes de los movimientos de la UP. A su manera, realista y circunspecta, el Presidente Allende se las plantea también y esta previsión es de buen augurio. De todas maneras, las adquisiciones conquistadas hasta ahora son considerables, los intereses inmediatos de las masas trabajadoras han podido en gran medida satisfacerse o consolidarse, las tareas del momento son de otro orden y sería insensato impugnar el valor de la actual marcha en adelante bajo el pretexto de que nadie puede, a fin de cuentas, todavía decir dónde ella terminará. Pero así como no hay buena táctica sin buena estrategia ni práctica revolucionaria sin teoría revolucionaria, se puede tener estos planteamientos por movilizadores. Llamados a la vigilancia que no tienen la oportunidad de ser escuchados —todo el mundo lo sabe— a menos que aquellos que los formulan no olviden a su vez que no hay buena estrategia revolucionaria sin buena táctica ni teoría sin práctica adaptada a las condiciones realmente existentes.

IV

Desde noviembre del 70 hasta hoy, febrero del 71, el gobierno popular no estuvo ausente. En el espacio de tres meses, mientras en numerosos puntos del territorio, obreros agrícolas y trabajadores tomaban libremente la iniciativa, él mismo pasaba a la ofensiva en diferentes frentes: económico, social y diplomático.

A la mañana siguiente del traspaso de poderes, la gran burguesía, por boca de "El Mercurio" resolvió resignarse a lo inevitable. Abandonando una parte para no perderlo todo, declaraba suscribirse a todas las "medidas de justicia social" y se dio maña durante un mes, mezclando la adulación con la amenaza, para separar a Allende de los partidos obreros porque "un Presidente de la República no puede ser sectario", es decir, porque un socialista en el poder tiene la obligación de olvidarse de su condición de socialista. Mal les fue.

El compañero Presidente se reveló como el más ''irrecuperable" de todos, inflexible en la ejecución del programa, inyectando al movimiento popular dinamismo y audacia, pivote de sus diversos componentes y motor del conjunto. A fin de año ofreció al país un regalo de Navidad inesperado: la estatización de los bancos por encima del Congreso, mediante la compra de sus acciones a los pequeños accionistas. Esta medida aparentemente anodina reviste una importancia capital para Chile puesto que ella golpea en su fuente, río arriba, la potencia económica de la burguesía monopolista, quitándole su poder de arbitraje en materia de créditos y de préstamos, privándola a largo plazo de su control sobre los medios de producción, de información y de propaganda política. Esto dignificó la ruptura del armisticio y el comienzo de las hostilidades abiertas: unificación acelerada de los partidos y movimientos de derecha, llamados públicos a la subversión, movilización y acosamiento al Ejecutivo de todos los poderes en manos de la burguesía (Legislativo, Judicial, capas medias de la administración, sin hablar evidentemente de las grandes cadenas de periódicos), absolución inmediata de los sediciosos políticos inculpados por los tribunales ordinarios pero absueltos por la Corte Suprema, resistencia armada de los latifundistas afectados por la reforma agraria o por la ocupación ilegal de sus tierras, atentados y proyectos de atentados, sin mencionar los preparativos de golpe de Estado planeados conjuntamente con el extranjero y que por definición se mantienen en la clandestinidad. La conspiración tampoco se encuentra ausente.

Este ritmo dado a la acción gubernamental (sorpresa y rapidez son por lo demás una necesidad política y técnica en materia de nacionalizaciones) casi tomó desprevenidas a las masas populares, que se encontraban peligrosamente a la zaga de su gobierno. Este avance, rápido al principio, no hubiera sido posible si el aparato de Estado que heredaban el Presidente Allende y la Unidad Popular no se hubiera mostrado más manejable que lo previsto. Es un corset, por supuesto, pero asombrosamente elástico y hasta cierto punto extensible. Había fisuras en la armazón jurídico-política existente, que daban al nuevo gobierno una latitud de interpretación de. los textos, un margen de libertad de acción que supo utilizar sin demora. En efecto, la corta República Socialista de 1932, había tenido tiempo de promulgar ciertas leyes en el campo económico y financiero que nunca fueron aplicadas porque los regímenes siguientes lisa y llanamente las habían olvidado, ignorado y puesto de lado. El gobierno las sacó de un olvido tan profundo que las mejores oficinas de abogados al servicio de los grandes intereses industriales demoraron varios días antes de comprender lo que pasaba, o sea, en virtud de qué disposición legal se podía expropiar los negocios y las fábricas existentes. Se trata en realidad de un antiguo decreto-ley de inspiración abiertamente socialista que autoriza, a través de un organismo del Estado, la intervención del poder central en todas las industrias productoras de artículos de primera necesidad que infringen normas de funcionamiento, libremente fijadas por la autoridad administrativa. El arsenal legislativo pudo de esta manera ser volteado, hasta cierto punto, contra los antiguos legisladores. Asimismo la presencia de un cierto número de organismos estatales o semiestatales tradicionales —herencia del capitalismo de Estado— previamente desempolvados y puestos en marcha, permitió un comienzo de control y de planificación económica. Por último es siempre posible reformar la Constitución, inclusive cambiar de Constitución respetándola, mediante un plebiscito propuesto por el Presidente al pueblo soberano, procedimiento excepcional que no ha sido utilizado desde hace cuarenta años.

Ningún problema fundamental se resuelve así, y el problema fundamental de una revolución, como se sabe, es aquel del poder. El Derecho Constitucional tiene sus límites. El plazo verdadero es sólo diferido. Por el momento, el aparato de Estado existente no responde evidentemente —o muy parcialmente— al control popular. De ahí la aparición de una nueva especie de doble poder en el seno y en los diferentes niveles de poder político.

Esa falta de control, es obvio, creaba una situación particularmente delicada en lo que atañe a los aparatos de seguridad político-militares. El compañero Allende y su equipo han tomado la iniciativa en cuanto a la seguridad personal del Ejecutivo, constituyendo desde el S de septiembre en la mañana su propio grupo de protección, público pero sin existencia oficial, compuesto de militantes revolucionarios experimentados, ajenos a la "izquierda tradicional", algunos de los cuales se encontraban aún en ese momento en la ilegalidad o con procesos legales pendientes por sus actividades militantes. Frente a los peligros evidentes a los cuales el Presidente electo se encontraba expuesto y a la carencia invitante de los organismos de seguridad gubernamentales, ésa era una necesidad imperiosa.

Los voceros de la derecha, con su consabido fariseísmo, alegando "las tradiciones chilenas de convivencia pacífica", fingen asombro e indignación, provocan, pero sin éxito, campañas de prensa. El descaro de los sectores reaccionarios, que con una mano preparan directa o indirectamente una serie de atentados contra la vida del Presidente y protestan con la otra contra las medidas de seguridad que éste último se ve obligado a adoptar, es demasiado burdo para pasar inadvertido. Vale la pena señalar que el MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria) ha puesto también a disposición del gobierno popular y del compañero Presidente —quien le ha rendido público homenaje— su propio aparato de inteligencia, notablemente eficiente puesto que contribuyó a prever, descubrir y al mismo tiempo prevenir diversas operaciones subversivas de la reacción, conducidas con la ayuda del extranjero. Debe recordarse que si bien el plan de asesinato del Comandante en Jefe del Ejército no pudo ser detectado a tiempo, al menos los preparativos del golpe de Estado habían sido públicamente denunciados, en base a pruebas y evidencias, por el MIR en los días posteriores al 1 de septiembre.

Táctico sobresaliente, pragmático, intuitivo, Salvador Allende —y es esta una de las revelaciones más reconfortantes del momento actual— también ha demostrado que él no elude sus responsabilidades fundamentales. En caso de crisis grave al parecer no hay que contar con él para vacilaciones y compromisos. Sin arrogarse el papel de caudillo, como él mismo lo aclara en la entrevista, el hecho es que se ha ganado un importante capital de simpatías v adhesiones populares después de su llegada a la Presidencia. El pueblo chileno y sus vanguardias, en efecto, han podido asistir a la transformación —o a la transfiguración para aquellos que creen en la Gracia del Poder— de un candidato que no arrastraba la adhesión de todos, aun entre aquellos de sus propias lilas, en un "Compañero Presidente" abierto, infatigable, audaz, que no oculta su firme voluntad de no ceder una pizca en persecución de los objetivos que le ha fijado el mandato popular. Tiene agallas. En un país y más generalmente en un continente habituados a las promesas demagógicas de candidatos que hablan fuerte pero que al llegar al poder se desinflan a los tres meses, la experiencia inversa de un candidato respetado pero discutido, digamos, visto desde el exterior, con algunas apariencias de social-demócrata fuera de lo común, que, una vez llegado al sillón presidencial, desarrolla una vocación revolucionaria, suscita en muchos compatriotas —y no solamente entre ellos— un asombro que puede ir de la simpatía al entusiasmo. Pero, una cosa es el compañero Allende, sus intenciones, sus medios de acción propios y otra cosa es el aparato burocrático gubernamental, forzosamente más lento, más pesado y menos dispuesto a tomar o repercutir la iniciativa. Si bien no existe un signo visible de una quiebra de la UP, a pesar de todas las maniobras del adversario en ese sentido, es necesario recordar que pueden aparecer grietas, que los partidos obreros y marxistas no están solos y que las capas medias e inferiores de la administración no han sido reemplazadas en virtud de una ley volada al final del régimen anterior sobre la inamovilidad de los funcionarios. En suma, ¿cómo corresponde el aparato político-administrativo a los impulsos o a los estímulos del Presidente y de los dirigentes que lo rodean?, es una pregunta que queda abierta, que no estamos en condiciones de contestar, pero que los lectores de la conversación que sigue deben tener bien presente.

Asimismo, no se debe olvidar que el proceso de luchas populares en pleno desarrollo no está siempre canalizado ni aún controlado por el aparato gubernamental. La lucha contra la clase dominante, en el terreno, tiene su propia dinámica e inventa sus propias formas de acción, que no pasan necesariamente por las vías que la UP se ha trazado. Son a veces, las masas desorganizadas o recién organizadas las que toman por sí mismas la iniciativa, adelantándose o sobrepasando el control oficial. Así, en el campo, en las provincias de Valdivia, Cautín y las zonas vecinas, se desarrolla un Movimiento Campesino Revolucionario, que ha procedido a "tomas de fundos" en serie, sin consultar antes a los responsables designados de la reforma agraria a nivel provincial, o bien a nivel comunal, transformando a los "consejos campesinos" en órganos de poder local, designando sus representantes fuera de los sindicatos existentes y dotándose, mal que bien, de medios rudimentarios de autodefensa. En los suburbios, las ocupaciones espontáneas de fábricas por los obreros y la formación de consejos de gestión en el lugar mismo ya no serán mañana, quizás, hechos aislados. A la inversa, las fuerzas reaccionarias toman a su vez la iniciativa y desarrollan una dinámica ofensiva en el contraataque, que escapa igualmente al control gubernamental. El contraataque reaccionario no parece todavía haber encontrado una respuesta adecuada de parte del gobierno popular, desprovisto en verdad de medios de acción. Este desequilibrio es particularmente sensible en el terreno de la información de masas, en el cual el aparato de difusión en manos de la burguesía diariamente demuestra que ella está en posesión de la dinámica informativa. Numerosas noticias, medidas gubernamentales, ciertas decisiones importantes, como el trabajo voluntario de verano, la salida al campo de muchos estudiantes revolucionarios, nuevas formas de gestión democrática en algunos centros de producción, etc.. son sistemáticamente desfiguradas o pura y simplemente ignoradas. Mientras tanto, los partidos burgueses publican todos los días inmensos avisos en la gran prensa incitando a los chilenos a la resistencia, avisándoles que "no están solos", cubren los muros con letreros hostiles y provocadores a los cuales responden con su solo esfuerzo las brigadas "Ramona Parra" y "Elmo Catalán", es decir las vanguardias de la Juventud Comunista y de la Juventud Socialista, que no tienen más capital que su gran espíritu de sacrificio y su voluntad militante. Frente a la arrogancia creciente del enemigo de clase, las contradicciones secundarias van desapareciendo en el seno de las fuerzas revolucionarias, o pasando a segundo plano,. en beneficio de la lucha común contra el enemigo principal. Aún si las divergencias subsisten, esta nueva conciencia unitaria es el rasgo más positivo, más sobresaliente de la actual situación. La unidad de acción entre comunistas y socialistas es un hecho consumado: y las conversaciones que han tenido lugar recientemente entre las direcciones del Partido Comunista y el MIR, después de los graves incidentes de Concepción, inimaginables hace unos meses, dan prueba del camino recorrido en un lapso tan breve.

Si fuese necesario en fin caracterizar la relación de fuerzas que prevalece hoy en Chile, febrero 71, "equilibrio inestable" sería la expresión menos incorrecta. La aparente solidez, la aparente tranquilidad, casi despreocupada, que reinan en la superficie no pueden hacer olvidar la precariedad, la fragilidad del equilibrio actual. Para mejor preveer, y en último análisis, el poder sale de la boca del fusil, y el gobierno popular no dispone de su propio aparato armado, de sus propias instituciones de defensa a escala nacional. Dispone de organizaciones de masa pujantes, de la adhesión de los trabajadores y de la legitimidad constitucional, elemento digno de ser subrayado cuando se trata de Chile. Es probable que si la dinámica revolucionaria lo llevara a salir de la legalidad establecida, el golpe de Estado, encontrando por fin su pretexto y una apariencia de legitimidad, ya no demoraría mucho. Pero es también probable que si las fuerzas reaccionarias, sólidamente ayudadas desde el exterior, fueran a tomar la iniciativa de romper ellas mismas el statu-quo y a lanzarse, antes que nadie a una lucha armada, entonces el río revolucionario desbordaría su cauce y rompería por contragolpe, los diques que lo retienen hoy día. En tal caso, las condiciones estarían reunidas para el salto cualitativo, el proceso cambiaría de velocidad y quizás de naturaleza, echando las bases a largo plazo de un nuevo Estado: entonces Chile habrá verdaderamente "cambiado de base", así como se canta en una estrofa de la Internacional. Mientras tanto, cada uno de los campos observa al otro en un recodo del bosque, el arma en ristre, para ver quién cometerá la primera falta fatal, quién saldrá primero al descubierto.

Por ahora, el campo popular ofrece dos puntos débiles por donde podría presentar blanco a un ataque del adversario. Primero, un retraso acentuado de la conciencia de clase sobre el instinto de clase: es decir que la conciencia política de los trabajadores (o conciencia de los intereses a largo plazo estratégicos del proletariado y de sus aliados en la lucha por la hegemonía), no parece estar a la altura de su voluntad espontánea de defender sus intereses inmediatos. Nada sorprendente tiene este desfase puesto que por definición la conciencia política es propia de una vanguardia. Pero a la larga, en un período revolucionario la salvaguardia de los intereses inmediatos de todos los trabajadores, el mejoramiento sostenido de sus condiciones de vida dependen de su actitud a transformar una posición defensiva, parcelaria, estática, en una línea de ofensiva apuntando a la conquista y consolidación del poder político, como clase nacionalmente responsable. Y, segundo retraso, redoblamiento del primero al nivel superior, el retraso de las organizaciones de clase (en calidad y cantidad) sobre la conciencia de clase misma. El hecho es notable a nivel sindical: una cuarta parte de la clase obrera está sindicalizada y como es natural el sindicalismo quedará todavía un tiempo impregnado de la vieja mentalidad reivindicativa y del economicismo de los peores días pasados. Lo es también a nivel político de los partidos, particularmente del Partido Socialista cuyas cualidades de organización, de movilización de masas y de disciplina consecuente no aparecían al menos hasta ahora a la altura de la propia conciencia política de sus militantes ni de las responsabilidades objetivas de sus dirigentes en la conducción revolucionaria. Este último fenómeno se encuentra todavía acentuado por la absorción de los cuadros políticos disponibles en los aparatos administrativos o gubernamentales, a escala nacional o local, desguarneciendo así las formaciones propiamente políticas de dirección y de encuadramiento, dejándolas exangües e incapaces de cumplir sus tareas propias, como organizaciones de vanguardia.

Esta cascada de retrasos o de desfases desembocan finalmente sobre una cierta carencia de dirección política, susceptible de movilizar y estimular a todos los niveles el movimiento de masas. La función gubernamental no puede por sí misma confundirse con la función de vanguardia política.

Son ahí dos instancias que se deben distinguir en todo proceso revolucionario cualesquiera que sean, dos escalones de acción que se deben relacionar pero también separar, so pena de confundir las tareas de gestión administrativa con las tareas de dirección política, es decir so pena de caer en el burocratismo manipulador o en el oportunismo autoritario. No cabe duda que estos desequilibrios, estos hiatos, estos retrasos son característicos de cualquier dinámica revolucionaria: que constituyen su contrapartida y aún el más claro signo de su existencia misma, tanto más si una dinámica revolucionaria implica por lo general el exceso perpetuo de las tareas por sobre las posibilidades de ejecución, de las necesidades por sobre los recursos. Pero queda por colmar estos vacíos que no desaparecen por sí solos; queda por acompañar el proceso de las demandas históricas para no quedarse excesivamente atrás de la marcha de los acontecimientos.

No se trata ahí de capacidades individuales sino de capacidades de organización, es decir se trata en última instancia de tener o no una concepción justa de cómo llevar la lucha de clases en una fase democrática-nacional, responsabilidad ésta que incumbe a una dirección política nacional y sólo a ella.

Esta falla relativa de dirección política no deja de tener un efecto inmediatamente práctico y para todos evidente: el divorcio existente hoy en día entre la submovilización de las fuerzas revolucionarias de masas y la sobre-movilización virtual y efectiva de las fuerzas contrarrevolucionarias minoritarias. El instinto de conservación de una alta burguesía aliada al imperialismo y presa de pánico puede acumular a espaldas de todo el mundo y liberar de golpe a la luz del día una carga explosiva insospechada. Se conoce el destino que reservó la historia inmediatamente contemporánea a aquellos dirigentes y a aquellas fuerzas populares que se inclinaron a creer que lo esencial había sido ganado ya que los ministerios estaban de parte de ellos. La escalada no sólo verbal de la gran burguesía nacional e internacional contra el gobierno popular chileno es como para inquietar. Sería paradójico, sería también fatal, que el imperialismo y la burguesía monopolista llegaran a disponer en Chile de una vanguardia consciente mejor preparada, mejor equipada y más vigilante que las vanguardias revolucionarias existentes hoy día: y ya se sabe cómo a la historia de las revoluciones contemporáneas, particularmente en América latina, le gustan las paradojas.

Que nadie por tanto toque la alarma sin motivo. El proceso revolucionario chileno tiene todas las posibilidades para seguir la ruta que se ha trazado, y aquellos que lo dirigen están bien decididos a llevarlo a cabo. El interés y el deber de todos los militantes, de donde quiera que fueren, es comprender las singularidades de la vía seguida por los camaradas chilenos, seguirlos atentamente en su camino, ofrecerles una solidaridad lúcida y sin reserva. Esta vía excepcional —después de todo la historia progresa zigzagueando de excepción en excepción— no está todavía sino punteada. Es una evidencia, pero es mejor todavía recalcarlo explícitamente, que "la vía chilena" no va más allá de las fronteras de Chile: como se podrá ver Allende se encarga él mismo de trazar el límite. La Revolución Latinoamericana tiene como vía fundamental la lucha popular armada, a la cual cada nación, en su tiempo, dará las formas concretas que le sean propias. La revolución boliviana de mañana y la brasileña de pasado mañana sin duda nada tendrán que ver con el actual camino chileno, donde a primera vista el tráfico no parece peligroso; lo que por lo demás lo hace tanto más precario. En efecto las vanguardias chilenas, todos los dirigentes revolucionarios están conscientes del peligro que entraña el haber entrado en una etapa profundamente nueva pero aparentemente normal, sin viraje brusco, sin ruptura, sin adversidades, como prolongando la vieja rutina. El peligro entonces consiste en abordar y manejar una situación virtualmente revolucionaria, efectivamente crítica, con los esquemas ideológicos, los métodos de acción y por decirlo así los reflejos heredados de las etapas anteriores y ya superadas. Si así fuese, el gobierno popular correría el riesgo de no poder alcanzar ya el proceso que él mismo puso en marcha, «le perder su control y de ir derecho al derrumbe. "Hemos hecho una revolución más grande que nosotros mismos", decía Fidel un día en circunstancias distintas.

Tal es la desmesura permanente de toda empresa histórica, desde la más fútil a la más grave: los actores están sobrepasados por la dimensión y las repercusiones de su propia acción. Pero cuando la desmesura es demasiado grande, los actores son barridos de la escena por las tempestades que ellos mismos han sembrado a sus espaldas. Sería una lástima que las fuerzas que han conseguido en Chile una primera victoria apreciable hubieran desencadenado una dinámica de lucha de clases que se les escape de las manos, que sea más fuerte que ellas.

Una dinámica cuyo control y feliz término requieran de los responsables y del pueblo mismo más de lo que puedan dar, por el momento, en materia de organización, de dirección, de capacidad de defensa y de contraataque (en el sentido político-militar y no solamente técnico de la palabra). El Chile popular ha despertado un enemigo cruel, que no duerme ya sino con un solo ojo y que está listo a brincar, a romper sus trabas institucionales, a dejar a un lado inhibiciones morales y a hacer saltar sus propios frenos. Un enemigo peligroso porque el miedo lo hace a uno agresivo. ¿Podrá hacerle frente? y ¿podrá hacerlo a tiempo? La respuesta a estas preguntas no pone en juego a individuos, virtudes o cualidades personales; sino a la organización de respuestas colectivas adecuadas. En lo que respecta a Salvador Allende, se darán sin duda cuenta de ello leyendo esta entrevista, que él está dispuesto a ponerse a la altura de las consecuencias de sus propias decisiones.

En una palabra, por complejas que puedan ser las condiciones concretas en las cuales se plantea, la alternativa final es de lo más simple, si el régimen popular no aguanta contra viento y marea: o bien irá hundiéndose suavemente en las arenas movedizas del reformismo, o bien deberá desaparecer repentinamente por un golpe de fuerza. El compañero Allende, por su parte, no manifiesta ninguna disposición ni por empantanarse en las acciones a medias ni por ofrecer el cuello a los largos cuchillos del enemigo. Queda la primera solución: no aflojar. Es todavía una apuesta, se dirá. Nada nos impide esperar que será ganada.

(Traducción de Mario Díaz)


Documento

Entrevista Allende - Debray

DEBRAY: Compañero Presidente: ¿cambia un hombre cuando está en el poder?

ALLENDE: Mira, Régis, a mí me dijeron siempre "el compañero Allende". Hoy me dicen "el compañero Presidente", claro está que yo peso la responsabilidad que eso significa.

DEBRAY: ¿Cambia un militante socialista cuando es Jefe de Estado?

ALLENDE: No. Yo creo que el Jefe de Estado que es socialista sigue siendo tal, eso sí que su actuación tiene que estar de acuerdo con la realidad.

DEBRAY: ¡Es una gran novedad que un socialista estando en el poder se sienta socialista y "haga socialismo"! No hay tantos ejemplos de eso, compañero.

ALLENDE: Yo lo sé también, por desgracia. Tampoco hay muchos partidos socialistas que sean marxistas, propiamente tal.

DEBRAY: Y volviendo un poco más atrás. Usted es uno de los fundadores del Partido Socialista.

ALLENDE: Si, exacto.

DEBRAY: Por el 32...

ALLENDE: 1933, precisamente.

DEBRAY: ¿Cuáles han sido los elementos de su formación personal, política, cómo usted llegó a adherir al Partido Socialista?

ALLENDE: Yo no adherí al Partido Socialista, Régis: yo soy fundador del Partido Socialista, uno de los fundadores.

DEBRAY: Mi pregunta sería: ¿por qué socialista y no comunista?

ALLENDE: Bueno, efectivamente, cuando fundamos el Partido Socialista existía el Partido Comunista [1] pero nosotros analizamos la realidad chilena y creímos que había cabida para un Partido que teniendo pensamiento filosófico doctrinario similar, un método como el marxismo para interpretar la historia, era un Partido que no tenía vinculaciones de tipo internacional, lo cual no significaba que nosotros desconociéramos el internacionalismo proletario.

DEBRAY: Había cierto sectarismo, tengo entendido en esa época...

ALLENDE: Tú lo sabes perfectamente bien; el Partido Comunista aparecía como un Partido más hermético, más cerrado, nosotros creíamos que era conveniente un Partido que sobre la base, reitero, del mismo pensamiento, tuviera una concepción más amplia, de una independencia absoluta, con otra táctica que enfocara esencialmente los problemas, digamos, chileno, un criterio, ¿no?, al margen de una posición vinculada internacionalmente.

DEBRAY: Bien, tengo entendido que la primera República socialista de América latina duró 12 días.

ALLENDE: Nada más...

DEBRAY: y fue en Chile...

ALLENDE: en el año 32...

DEBRAY: ¿Usted participó en eso o influyó sobre la fundación del Partido este golpe de Marmaduke Grove?. [2]

ALLENDE: ¿Influyó?... No. Influyó extraordinariamente.

DEBRAY: ¿Tuvo problemas Ud. después?

ALLENDE: En esa época, antes del año 32, estuve expulsado de la Universidad. Fue en la época que se llamó la Dictadura de Ibáñez, [3] que sin duda no fue la típica dictadura de los países latinoamericanos; en realidad podríamos decir que fue una dictadura blanda, el final de un gobierno, de una situación económica caótica, y por lo tanto, la expresión universitaria como ocurre generalmente tuvo que enfrentar la dictadura: yo participé, y por ese motivo fui expulsado de la Universidad y estuve preso.

DEBRAY: ¿Le metieron algunos procesos?

ALLENDE: Sí, tuve cinco procesos, fui sometido a cortes marciales. Cuando vino la calda de la República Socialista de Marmaduke Grove estaba haciendo mi Internado de medicina en Valparaíso. Entonces pronuncié un discurso como dirigente universitario en la Escuela de Derecho, como consecuencia del cual se me detuvo. Además fueron detenidos otros familiares míos, entre los cuales mi cuñado, hermano de Marmaduke Grove, y un hermano mío que casi no participaba en política. Como ves, con Grove teníamos estrechos vínculos familiares. Ahí nos juzgó una corte marcial que nos puso en libertad. Nuevamente nos tomaron presos y nos sometieron a una segunda corte marcial, vino toda la etapa del proceso propiamente tal. Mi padre estaba enfermo, se le había amputado una pierna y tenía síntomas de gangrena en la otra. Estaba prácticamente en sus últimos momentos. De ahí que estando detenidos, se nos permitió a mi hermano y a mí, ir a ver a nuestro padre. Allí como médico me di cuenta del estado de gravedad suma en que se encontraba. Pude conversar unos pocos minutos con él y alcanzó a decirnos que sólo nos legaba una formación limpia y honesta y ningún bien material. Al día siguiente falleció; en sus funerales hablé para decir que me consagraría a la lucha social, promesa que creo haber cumplido.

DEBRAY: Y algo más me interesa saber. Yo sé que usted no es un hombre de teoría, pero se nota en su actuación, en sus discursos, una básica solidez conceptual, digamos. Entonces, yo me pregunto: ¿cómo usted se acercó al marxismo-leninismo?

ALLENDE: Bueno, la verdad es que en la época de estudiante, te estoy hablando del año 26 y 27, cuando recién ingresé a medicina, los estudiantes de medicina éramos los más avanzados.

DEBRAY: ¿No eran los filósofos o los "humanistas" de la Facultad de Letras?

ALLENDE: No, éramos los estudiantes de medicina por tradición; nosotros vivíamos en esa época en un barrio que era muy modesto, convivíamos prácticamente con el pueblo, éramos la mayoría estudiantes de provincia, y en las noches nos reuníamos los que vivíamos en la misma pensión y en voz alta leíamos "El Capital", a Lenin, y también a Trotsky.

DEBRAY: Se dice que esto lo diferenciaba de los camaradas del PC, que no leían a Trotsky, supongo.

ALLENDE: Bueno, yo creo que algunos te dirán que el PC no lo leería, pero, nosotros no teníamos fronteras. Yo sé perfectamente bien que no hay acción revolucionaria sin teoría revolucionaria, pero esencialmente yo soy un hombre que ha actuado. Desde estudiante estoy en la primera barricada y eso me ha enseñado mucho.

DEBRAY: Sí, la Universidad de la vida, dicen; pero hay otra también, es, digamos, la de los libros; y una pregunta concreta: ¿Ud. leyó "El Estado y la Revolución" de Lenin?

ALLENDE: Sí, claro.

DEBRAY: Bueno, porque a lo mejor después vamos a hablar un poco de eso.

ALLENDE: Cité en muchos de mis discursos en el Parlamento párrafos de esa obra, los que motivaron críticas de los voceros de la prensa reaccionaria. Durante la última campaña presidencial uno de esos voceros, el diario "El Mercurio", reprodujo párrafos de un discurso mío y párrafos de la obra de Lenin mencionada para señalar, por cierto, que lo que yo pretendía era "suprimir el Estado burgués". Pienso que obras fundamentales como "El Estado y la Revolución" encierran ideas matrices pero no pueden ser usadas como el Catecismo Romano.

DEBRAY: Siempre he oído hablar de usted como habiendo tenido relaciones con la Masonería y usted es marxista; usted sabe que se presentó una discusión que en un momento fue importante dentro del movimiento obrero internacional. En los años 20, por ejemplo, en Francia expulsaron a los masones del Partido Comunista, que se estaba fundando; ¿ve usted una contradicción entre su supuesta relación con la masonería y su posición marxista, su posición de clase?

ALLENDE: En primer lugar quiero recordarte, Régis, que el primer Secretario General del Partido Comunista francés fue masón.

DEBRAY: Cierto, cierto...

ALLENDE: Y que se estableció la incompatibilidad a partir de la Tercera Internacional.

Ahora, desde el punto de vista personal, yo tengo una tradición masónica. Mi abuelo, el Dr. Allende Padín, fue Serenísimo Gran Maestre de la Orden Masónica en el siglo pasado, cuando ser masón significaba luchar. Las Logias Masónicas, las Logias Lautarinas, [4] fueron el pilar de la independencia y de la lucha contra España.

DEBRAY: Bolívar, Sucre, eran masones.

ALLENDE: Exacto. Entonces, tú comprendes perfectamente bien que por esa tradición familiar y, además, porque la masonería luchó por principios fundamentales como Libertad, Igualdad y Fraternidad, uno puede tener esas conexiones. Ahora bien, yo he sostenido dentro de la Masonería que no puede haber igualdad en el régimen capitalista, ni siquiera de oportunidades, por cierto; que no puede existir fraternidad cuando hay explotación de clase, y que la auténtica libertad es concreta y no abstracta. Así es que yo le doy a los principios masónicos el contenido real que deben tener. Ahora, yo sé perfectamente bien que hay países en que la Masonería no podría ser considerada de acuerdo con esos principios.

DEBRAY: Usted, compañero Presidente, proviene de una familia bastante acomodada, digamos de una familia burguesa...

ALLENDE: Conforme a una definición ortodoxa, mi origen es burgués, pero agrego que mi familia no estuvo ligada al sector económicamente poderoso de la burguesía, ya que mis padres ejercieron profesiones denominadas liberales y los antepasados de mi madre hicieron otro tanto.

DEBRAY: Y políticamente, ¿dónde se ubicaron?

ALLENDE: En Chile la lucha contra el conservatismo fue violentísima en el siglo pasado y se presentó como una lucha de carácter religioso. Los conservadores se oponían a las iniciativas de avanzada, como el establecimiento de la educación laica. Todos mis tíos y mi padre fueron militantes del Partido Radical [5] cuando ser radical implicaba, indiscutiblemente, tener una visión avanzada. Mi abuelo fundó la primera escuela laica de Chile y por su posición le llamaron “el Rojo Allende”...

DEBRAY: Así que desde entonces...

ALLENDE: Desde entonces la familia no ha desteñido.

DEBRAY: Una tradición familiar pudo influir en su formación y ¿recuerda algún otro tipo de influencia?

ALLENDE: Cuando era muchacho, en la época en que andaba entre los 14 y 15 años, me acercaba al taller de un artesano zapatero anarquista, llamado Juan Demarchi, para oírle su conversación y para cambiar impresiones con él. Eso ocurría en Valparaíso en el período en que era estudiante del liceo. Cuando terminaba mis clases iba a conversar con ese anarquista que influyó mucho en mi vida de muchacho. El tenía 60, o tal vez 63 años, y aceptaba conversar conmigo. Me enseñó a jugar ajedrez, me hablaba de cosas de la vida, me prestaba libros...

DEBRAY: ¿Cuáles libros?

ALLENDE: Todos aquellos, digamos, esencialmente teóricos, como de Bakunin, por ejemplo, y sobre todo, los comentarios de él eran importantes por que yo no tenía una vocación de lecturas profundas y él me simplificaba con esa sencillez y esa claridad que tienen los obreros que han asimilado las cosas.

DEBRAY: Claro. Y después usted entró en la carrera política; ¿fue diputado?

ALLENDE: Si, pero primero inicié la carrera de Medicina. Allí fui dirigente universitario y después para poder entrar a trabajar en los hospitales de Valparaíso tuve que presentarme a cuatro concursos y a pesar que era el único oponente no me nombraban por lo que había sido como estudiante. Entré a trabajar como ayudante de anatomía patológica, es decir, mi primer trabajo fue muy duro, muy pesado, tenía que hacer autopsias. Siempre en Valparaíso, a pesar de mi trabajo, hice militancia partidaria y prácticamente yo fui el fundador del Partido en Valparaíso y recorrí los cerros, y los barrios e iba al campo...

DEBRAY: De ahí que cuando usted vuelve a Valparaíso se siente en su casa por allá...

ALLENDE: Mira, lo he dicho siempre, que mi carrera política nace en Valparaíso, soy porteño y soy el primer Presidente porteño.

DEBRAY: Después de haber sido elegido Diputado por Valparaíso, tengo entendido que fue, muy joven, Ministro en el Frente Popular. [6]

ALLENDE: Evidente. A los 30 años fui Ministro de Pedro Aguirre Cerda. Mira, ahí tienes, don Pedro en esta foto; este hombre tenía una gran calidad humana, muy bondadoso y, es cosa bastante interesante, se fue radicalizando en el contacto con el pueblo. Al comienzo era el prototipo del político burgués-radical y se fue cada vez, frente a la lealtad del pueblo y al cariño del pueblo, transformando en un hombre de convicciones más profundas y mucho más cercano a las reivindicaciones populares, pero nunca dejó de ser y nunca quiso ser otra cosa que un radical. Era la época, entonces, si bien es cierto que estábamos los mismos Partidos que hoy día, la hegemonía la tenía el Partido Radical, que era el Partido de la burguesía y ésa es la diferencia que existe hoy día entre la Unidad Popular y el Frente Popular: en la Unidad Popular no hay ningún Partido hegemónico, pero sí hay una clase hegemónica, la clase obrera, y hay un Presidente socialista marxista.

DEBRAY: Después usted siguió en el Congreso y fue hasta Presidente del Senado en estos últimos años. ¿Cómo un hombre de la pequeña burguesía —con todas esas amarras parlamentarias, masónicas, ideológicas y sociales— puede permanecer consecuentemente con una linea de acción revolucionaria? Después de haber atravesado por tantas latitudes burguesas y de las más representativas del sistema, ¿cómo es posible que haya logrado convertirse en un líder de masas, en el máximo responsable de un proceso que apunta a la revolución?

ALLENDE: Muchas veces he pensado en esa cuestión. Primero hay un compromiso intelectual que surge en la juventud y, más tarde, surge el compromiso real con el pueblo. Soy hombre de Partido y siempre he trabajado con las masas. Me siento un político criollo que está caminando muy apegado al pueblo. Pienso, Régis, que una gran mayoría de los dirigentes revolucionarios han salido de la pequeña y mediana burguesía. Algunos de ellos, sin sufrir en su propia persona la explotación, la han comprendido, la han sentido y se han colocado al lado de los explotados contra los explotadores. Siempre llevé a las instituciones que has enumerado mi posición política y ésta siempre representó las ansias de justicia social del pueblo, exactamente como estoy representándolo ahora.

DEBRAY: Bueno, pasemos a otra cosa. Usted, compañero Presidente, tiene 62 años.

ALLENDE: Y bien vividos.

DEBRAY: Usted pertenece a una generación, digamos, a la generación de los Betancourt, Haya de la Torre, Arévalo y tutti quanti [7] . Esta generación hoy en día está liquidada políticamente. Ellos están en la prehistoria de Latinoamérica y usted está en medio de su historia contemporánea, proyectándose hacia el porvenir. ¿Por qué ellos quedaron rezagados en el camino y por qué siguió adelante usted?

ALLENDE: Mira, en primer lugar es bastante duro, pero lo que has dicho es justo. La verdad es la siguiente: El Partido Socialista, a los dos años o tres de vida convocó aquí en Chile a un Congreso de los Partidos populares de América latina. En aquella oportunidad hubo representantes del APRA, de otros movimientos de tipo populista, pero ya se notó una diferencia, porque el Partido Socialista era un partido marxista, y éramos categóricamente antimperialistas; el APRA también en aquella época se planteaba como un partido antimperialista. La verdad es triste. ¿Qué ocurrió? Que cuando llegaron, por ejemplo, al poder en el caso de Venezuela, los partidos populares, especialmente Acción Democrática, no se luchó por transformar el régimen y el sistema, y al contrario, se entendieron con el imperialismo. El APRA, por ejemplo, no ha llegado al poder, pero en esencia para pretender abrirse un camino, morigeró, disminuyó, cambió su actitud frente al imperialismo. Y de allí por qué, rebasados por la historia, hoy día esos partidos no representan ni interpretan las ansias de los pueblos latinoamericanos.

DEBRAY: Usted conoció personalmente a muchos de estos dirigentes.

ALLENDE: Sí, a todos. Por ejemplo, Betancourt vivió en Chile; yo era Ministro de Salud Pública de don Pedro Aguirre Cerda cuando llegó exilado aquí. Fuimos bastante amigos.

DEBRAY: Y lo apoyó usted acá.

ALLENDE: Fuimos amigos, él vivía frente a mi casa y entonces conversábamos diariamente. Debo advertirte que es un hombre de una gran agilidad mental, un gran periodista, magnífico orador; participó en muchas concentraciones del Partido Socialista.

DEBRAY: Hace tiempo atrás había aquí una foto de Betancourt, creo.

ALLENDE: Sí, y en realidad, no está hace bastantes años, cuando el Partido Socialista rompió con Acción Democrática.

DEBRAY: ¿Cuándo?

ALLENDE: Hará por lo menos, 12 ó 15 años.

DEBRAY: ¿Cuándo a usted se le hizo patente el problema del imperialismo? Digamos, ¿cuándo usted empezó a descubrir su vocación antimperialista? Nunca la han descubierto los otros, o si la han descubierto la han abandonado. ¿Cuándo usted, digamos, se enroló en las filas antimperialistas?

ALLENDE: Yo creo que los que han leído a Lenin y especialmente su obra "El Imperialismo, fase superior del Capitalismo", ya tienen los conceptos teóricos. Esta cuestión del Imperialismo tiene una connotación principal en los países subdesarrollados y, especialmente, en los de América latina. Los socialistas advertimos que nuestro enemigo número uno es el imperialismo y por eso concedimos, y aún lo hacemos en la actualidad, primera prioridad a la liberación nacional. La penetración y dominación del capital foráneo se ha acentuado en los últimos años hasta hacer casi invisible la burguesía llamada nacional. El Partido Socialista tiene una tradición antimperialista que se liga en la historia al proceso conocido en nuestro país como "Revolución Socialista" y que comienza el 4 de junio de 1932. [8] Aunque de corta duración, el proceso dejó huellas importantes en el pensamiento de avanzada. En el "Programa de Acción Económica Inmediata" de los revolucionarios de 1932, que aquí tengo a mano, se escribió: "Nuestra clase privilegiada ha vivido embriagada con los lujos y la molicie que le proporcionaba el capital extranjero a cambio de nuestras riquezas naturales y de la miseria del pueblo".

DEBRAY: Pero este antimperialismo, ¿era el punto central del Frente Popular que emergió en Chile en 1936 y que llegó al gobierno en 1938?

ALLENDE: Mira, nosotros tuvimos conciencia que el Frente Popular indiscutiblemente representó un gran avance, porque fue la incorporación de la pequeña burguesía al ejercicio del poder, porque organizó la clase obrera en una Confederación de Trabajadores, pero al mismo tiempo comprendimos perfectamente bien que la dependencia económica implicaba el sometimiento político. Y si bien es cierto que el Frente Popular era un paso hacia adelante, no implicaba ni podía implicar la liberación política y la plena soberanía que estaba supeditada a la dependencia económica. Nosotros conscientemente actuábamos en el Frente Popular como una etapa, pero indiscutiblemente cada vez veíamos que los problemas de fondo no podían solucionarse. ¿Y por qué no podían solucionarse? Porque nuestras riquezas esenciales estaban en manos del capital extranjero. De ahí entonces que esa experiencia vivida fortificó nuestra convicción de que la hiena esencial en los países capitalistas dependientes o "en vías de desarrollo" es la lucha antimperialista. Este es el fondo, la base de los otros cambios estructurales.

DEBRAY: La tónica era más antifascista en el tiempo de Pedro Aguirre Cerda.

ALLENDE: Porque acuérdate tú también en la época en que estábamos viviendo: la guerra de España, la Segunda Guerra Mundial... Lógicamente frente a la alternativa de democracia burguesa o fascismo, estábamos con la democracia burguesa, al igual que todos los otros movimientos obreros del mundo.

DEBRAY: ¿Ya raíz de qué se produjo su rompimiento con toda esta gente a la que estamos aludiendo, qué influyó? ¿por qué rompió con los líderes latinoamericanos de su generación?

ALLENDE: Porque nosotros comprendimos que estos líderes a pesar de haber tenido, como en el caso de Venezuela, el gobierno, no tuvieron el poder y no tuvieron el poder porque dejaron que persistiera el capital foráneo controlando sus riquezas esenciales. O sea, no buscaron la independencia económica del país.

DEBRAY: ¿Acaso la Revolución cubana no jugó un papel en su ruptura con lo que podríamos llamar, la social democracia latinoamericana?

ALLENDE: Nosotros rompimos antes con el APRA y con el Partido de Betancourt. Con posterioridad, indiscutiblemente, la Revolución cubana ha influido en forma extraordinaria porque hemos visto con más claridad todavía lo que es el imperialismo y de qué manera no hay fronteras que lo detengan cuando trata de defender sus intereses. Pero nosotros también tenemos el recuerdo de más de 50 desembarcos, en América latina, de los marinos. Y tú has de recordar, por ejemplo, que Sandino [9] es una figura incorporada a la lucha social del continente.

DEBRAY: ¿Hasta en la mentalidad chilena, está en la conciencia histórica chilena?

ALLENDE: Siempre, siempre estuvo presente. Nosotros los Partidos populares, siempre hemos recordado a Sandino. No te olvides, también, que el propio Bolívar tiene una frase que dice: "Estados Unidos quiere sumergir a América en la miseria en nombre de la Libertad".

DEBRAY: Eso explica, entonces, porqué ya desde mucho tiempo atrás el Partido Socialista chileno nada tiene que ver con la social democracia europea.

ALLENDE: Evidente. Nada tiene que ver, ni tampoco con algunos partidos que se dicen socialistas en Europa.

DEBRAY: Creo, compañero Presidente, que Ud. fue uno de los primeros políticos que llegaron a Cuba después del triunfo.

ALLENDE: Es cierto.

DEBRAY: ¿Cuál fue su primer contacto con la Revolución cubana?

ALLENDE: Yo estaba en Venezuela para la ascensión al mando de Betancourt y se me ocurrió, porque tenía unos dólares de más, ir a ver Cuba. Ya Fidel Castro habla entrado en La Habana. Debe haber entrado Fidel el 6 de enero, según me acuerdo, o el 5 de enero. Pues bien, yo llegué a Cuba el 20 de enero y llegué en un momento muy curioso. Estaba en el hotel y esa tarde hubo un desfile que para mí no sólo fue impactante, sino sencillamente fue una cosa increíble. Ese desfile estaba encabezado por 200 policías de Miami e iba en auto abierto el Alcalde de Miami y, me parece, el Alcalde de La Habana. Entonces, yo al día siguiente pensé tomar el avión y regresar a Chile, cuando me encontré con Carlos Rafael Rodríguez [10] , a quien había conocido en Chile y me dijo: ¿qué estás haciendo acá? Le dije: "Vine a ver esta revolución, pero como no hay tal revolución, me voy". ¿Qué revolución va a ser ésta cuando están los policías de Miami? Entonces me dijo: "Cometes un error, Salvador, quédate aquí, conversa con los dirigentes". Le dije: "No, no, me voy". Pero me insistió tanto, y además yo conocía a Carlos Rafael, que le dije: "Conforme, pero ponme en contacto con los dirigentes". Efectivamente, esa tarde yo recibí un llamado de Aleyda, a quien no conocía, no sabía quién era. Era la secretaria del Che, no estaba casada con el Che todavía, y me dijo: "El Comandante Guevara le va a mandar su automóvil y lo espera en el Cuartel de la Cabana". Ahí llegué yo y ahí estaba el Che. Estaba tendido en un catre de campaña, en una pieza enorme, donde me recuerdo habla un catre de bronce, pero el Che estaba tendido en el catre de campaña. Solamente con los pantalones y con el dorso descubierto, y en ese momento tenía un fuerte ataque de asma. Estaba con el inhalador y yo esperé que se le pasara, me senté en la cama, en la otra, entonces le dije: "Comandante", pero me dijo: "Mire, Allende, yo sé perfectamente bien quién es Ud. Yo le oí en la campaña presidencial del 52 dos discursos: uno muy bueno y uno muy malo. Así es que conversemos con confianza, porque yo tengo una opinión muy clara de quién es Ud." Después me di cuenta de la calidad intelectual, el sentido humano, la visión continental que tenía el Che y la concepción realista de la lucha de los pueblos, y él me conectó con Raúl Castro y después, inmediatamente, fui a ver a Fidel. Recuerdo como si fuera hoy día: estaba en un Consejo de Gabinete. Me hizo entrar y yo presencié parte de la reunión. Hubo una cena y después salimos a conversar con Fidel a un salón. Había guajiros jugando ajedrez y cartas, tendidos en el suelo, con metralletas, y de todo. Ahí, en un pequeño rincón libre, nos quedamos largo rato. Ahí me di cuenta de lo que era, ahí tuve la concepción de lo que era Fidel.

DEBRAY: Sintetizando un poco sobre este aspecto, Chile tiene un camino al socialismo, pero Ud. ha seguido de cerca la Revolución cubana en estos 12 años. Por supuesto no hay modelo, no hay cosas que imitar mecánicamente, pero ¿qué lección personal le dio la Revolución cubana a Ud.?

ALLENDE: Una lección extraordinaria. Primero, un pueblo unido, un pueblo consciente de su tarea histórica, es un pueblo invencible. Además, cuando tiene líderes consecuentes, cuando tiene hombres capaces de interpretar el pueblo, sentirse el pueblo hecho gobierno, y es el caso de Fidel, y es el caso del Che.

DEBRAY: Hablaba Ud. de Fidel. ¿De dónde nació esa amistad entre ustedes dos?

ALLENDE: En realidad, desde el primer momento me impresionó esa inteligencia desbordante, esa cosa increíble y arrolladora, —porque es como una especie de catarata humana—, y su franqueza. Y nuestra amistad ha sido una amistad a veces con...

DEBRAY: ¿Con discusiones?

ALLENDE: Profundas y fuertes.

DEBRAY: Pero con franqueza siempre.

ALLENDE: Siempre.

DEBRAY: ¿Cómo reaccionó Fidel cuando se enteró del triunfo de la Unidad Popular en Chile?

ALLENDE: Me envió una portada del diario "Granma", el vocero oficial de la Revolución cubana, en el que se publicó la noticia de nuestra victoria electoral a lo ancho de la página. El estuvo en la redacción del diario esperando las informaciones de Chile y en esa portada en la cual se destacaba con un titular que el triunfo nuestro era sobre el imperialismo, estampó un saludo y su firma, y luego hizo firmar a todos los que estaban junto a él. Guardo esa portada como recuerdo. Además, me llamó en la madrugada siguiente al día de la elección para saludarnos.

DEBRAY: Ud. compañero Presidente, me habló del Che. ¿Cuál fue su relación personal con él?

ALLENDE: Ya te dije, la primera vez que llegué a Cuba me conecté con el Che y desde ese instante tuve por él afecto, respeto, y creo, podría decirte que fui amigo del Che. Tengo aquí un retrato de él que tiene una dedicatoria, dice: "A Carmen Paz, Beatriz y María Isabel, con el cariño fraterno de la Revolución Cubana y el mío propio". Esto te demuestra que conocía a mis hijas, que sabía que familiarmente le teníamos afecto, cariño, pero más que eso, te quiero mostrar algo que tiene un valor inestimable para mí. Algo excepcional, que guardo como un tesoro: "La Guerra de Guerrillas". Este ejemplar estaba encima del escritorio del Che, debe haber sido el segundo o tercer ejemplar, porque —me imagino— el primero se lo dio a Fidel. Y aquí tienes una dedicatoria que dice: "A Salvador Allende que por otros medios trata de obtener lo mismo. Afectuosamente, Che". Tú te acuerdas, después, que en el año 1961 se realizó en Uruguay en el balneario de Punta del Este, una conferencia económica en la cual el Presidente de Estados Unidos, John Kennedy, lanzó su programa "Alianza para el Progreso". En esa reunión estuvo el Che y en ella pronunció su célebre y profética crítica a este programa demagógico. Paralelamente las organizaciones antiimperialistas uruguayas me invitaron a participar en una reunión que se efectuó en Montevideo destinada a responder a la que se realizaba en Punta del Este. Otro de los invitados fue el Che y por este motivo nos volvimos a juntar, esa vez en Uruguay. Yo ofrecí dos charlas y el Che una, con la que se clausuraron las jornadas antimperialistas, que tuvieron como escenario el Salón de Honor de la Universidad de Montevideo. Al salir, luego de la charla del Che, éste me dijo: "Salvador, salgamos separados para no dar un sólo blanco en caso de atentado". Abandonamos separados el lugar. Después nos enteramos que se produjo un atentado y que un desconocido agente reaccionario disparó sobre la masa que esperaba la salida de los líderes políticos, asesinando a un profesor uruguayo. Esa noche el Che me invitó al hotel en que estaba hospedado para conversar durante la comida. En esa ocasión me presentó a su madre, la quería mucho. En medio de la conversación me contó un secreto del momento: al día siguiente viajaría a Buenos Aires, en forma reservada, invitado por el Presidente argentino de la época, el civil Arturo Frondizi. El viaje se realizó y la consecuencia del encuentro privado pero evidentemente político, fue el derrocamiento de Frondizi. Poco después el Presidente de Brasil, Janio Quadros, sería derribado por condecorar al Che a su paso por Brasil. La noticia de su asesinato me causó un pesar profundo. Compartí el dolor de miles y miles de mis compatriotas. En verdad, debo decirte Régis, que he conocido muchos hombres en las mas altas responsabilidades, pero dos personas me han impresionado por algo que no he encontrado en otras, su mirada: el Che Guevara y Chou En Lai. En ambas había una fuerza interior, en ambas había firmeza, en ambas había ironía. Cuando conversaba con el Comandante Guevara y lo miraba, sabía la respuesta antes que él la dijera con palabras. En sus ojos vi muchas veces ternura y soledad. Lo que siempre me golpeó fue esa respuesta que sin ser dicha yo vela en sus ojos.

DEBRAY: Después del asesinato del Che, cuando la Dictadura Militar en Bolivia, ¿tuvo oportunidad de manifestar en diversos planos su solidaridad con la lucha revolucionaria del país hermano?

ALLENDE: Yo era Presidente del Senado, tu sabes, cuando llegaron aquí los guerrilleros que acompañaban al Che. Entonces yo estuve con ellos en Iquique y después volé a Pascua y Tahití con ellos. Ahí me firmaron Pombo, Benigno y Urbano en este libro, "La Guerra de Guerrillas", que yo llevaba y ellos pusieron lo siguiente: "Compañero, en el libro que le obsequió el Che, queremos que queden estas palabras como homenaje a él, de los que fuimos sus compañeros de la guerrilla boliviana".

DEBRAY: Y ha sido valiente de parte suya, porque tengo entendido que la derecha aprovechó mucho el gesto de solidaridad suyo para montar algunas provocaciones y gritar por todos lados: "¿qué pasa con Allende? ¿Está en contra del camino democrático?" Ahí Ud. tuvo que no solamente defenderse, sino atacar a toda la burguesía que le cayó encima.

ALLENDE: Fuertemente, y yo creo que durante los 10 días que estuve fuera de Chile, sobre todo usaron la ironía, el sarcasmo, la burla, la befa en contra mía. De ahí entonces, de atacado me transformé en atacante. Y sin modestia, barrí con mis detractores y desde ese instante se acabaron los ataques. El propósito era, además, censurarme y echarme de la Presidencia del Senado. No se atrevieron a intentarlo. [11]

DEBRAY: Cuando la transmisión del mando, en el Estadio Nacional, donde Ud. pronunció su primer discurso político como Presidente, estaba el retrato del Comandante Guevara. Ud. lo mencionó como ejemplo para la juventud chilena. Una pregunta: ¿por qué Ud. con posiciones políticamente distintas de las del Che sigue asumiendo la bandera del Che Guevara, de la Revolución Cubana, del internacionalismo latinoamericano?

ALLENDE: Porque yo creo, indiscutiblemente, que en la vida de Latinoamérica pocas veces, o quizás nunca, ha habido un hombre que haya demostrado más consecuencia con sus ideas, más generosidad, más desprendimiento. El Che lo tenía todo, renunció a todo por hacer posible la lucha continental. Ahora la respuesta de porqué, está en la propia dedicatoria del libro del Che: "Para Allende, que por otros caminos trata de obtener lo mismo". Había diferencias indiscutiblemente, pero formales. En el fondo, las posiciones eran similares, iguales.

DEBRAY: Diferencias de tácticas...

ALLENDE: Exacto. Cada dirigente debe proceder al análisis concreto de una situación concreta, esa es la esencia del marxismo. Por eso cada país frente a su realidad traza su propia táctica.

DEBRAY: Después de la llegada de los guerrilleros latinoamericanos acá, cuando lograron romper el cerco militar boliviano en febrero de 1968, creo que Ud. estuvo en Canadá en una Conferencia de solidaridad con Vietnam y después hizo un viaje por el Asia revolucionaria.

ALLENDE: Fui invitado a Corea y a Vietnam.

DEBRAY: ¿Influyó este viaje sobre su pensamiento político ?

ALLENDE: Desde luego. No modificó mi pensamiento político sino que lo robusteció. Corea me impactó fuertemente por el nivel alcanzado en su desarrollo económico, sabiendo lo que ha significado la lucha de Corea y comprendiendo que el primer armisticio firmado por el ejército americano fue con los coreanos, y sabiendo lo que existe hoy todavía en Sud Corea. Después en Vietnam, y ahí sí que se reafirmó mi convicción, la que yo habla sentido y palpado en Cuba: un pueblo unido, un pueblo con conciencia política, un pueblo cuyos dirigentes tienen la fortaleza moral, el prestigio y el ascendiente de Ho Chi Min, es un pueblo invencible. Me impresionaron el coraje y la vitalidad de todo este pueblo. De los contactos que pude tener con los compañeros de Vietnam del Sur, saqué una lección de claridad y de amplitud política. Los 10 puntos del programa del Frente Nacional de Liberación, son un ejemplo de esta amplitud. La concepción que tienen del Frente Revolucionario, como frente de la Patria, me interesó mucho.

DEBRAY: A propósito, y antes de hablar en términos propiamente políticos, creo que Ud. vio a Ho Chi Min muy poco antes de su muerte.

ALLENDE: Yo creo haber sido, fíjate, uno de los últimos latinoamericanos, o mejor dicho uno de los últimos políticos que tuvo la oportunidad de estar con Ho Chi Min y ha sido para mí lo más interesante de mi vida.

DEBRAY: ¿Cómo era, qué impresión le dio?

ALLENDE: En primer lugar, era un hombre más alto que el término medio de los vietnamitas, un anciano de una dignidad, de una mirada transparente, diáfana, de una modestia increíble y sin embargo ese era Ho Chi Min, un hombre cuya historia conocía, que sabía lo que había hecho; que había luchado en el Partido Comunista Francés, que era fundador del Partido Comunista de Indochina, que había sido conductor de su pueblo, que hablaba con una sencillez... Fíjate que durante el tiempo que estuvimos juntos, esencialmente habló de los niños —yo sabía que le decían el "tío Ho"— con un cariño, con una cosa que indiscutiblemente obedecía a lo que el pueblo sentía, había aprendido y comprendía. Para mí, nada me ha impactado más que la actitud de Ho Chi Min con nosotros, cuando nos dijo, por ejemplo: "Gracias, compañero, gracias por haber venido de tan lejos, ustedes que se han sacrificado por traernos su apoyo moral". Oír esta frase de parte de Ho Chi Min, de un hombre que había dado su vida entera a una lucha; al conductor victorioso, al que había derrotado a los japoneses y a los franceses y que estaba derrotando a los americanos...

DEBRAY: ¿Muy simple Ho Chi Min en su trato?

ALLENDE: Se comportaba con una sencillez casi increíble. En su trato con nosotros fue particularmente afectuoso, lo que resaltó cuando nos expresó en español: "Compañeros, gracias". Siempre en español agregó: "¡Qué lejos está su país!". Sorprendido le pregunté dónde había aprendido el español y contó que había hecho viajes por las costas de América latina, las que tocaba como ayudante de cocina en barcos mercantes. Ese hombre, que como exilado, se habla ganado la vida como un simple pinche de cocina, estaba frente a nosotros con esa modestia a pesar de la enorme gravitación que tenía en el mundo. Conocía bien la realidad de nuestros pueblos.

DEBRAY: Ud. está por anunciar muy pronto el restablecimiento de relaciones con la República Popular China.

ALLENDE: Hoy, a las 12.00 horas en París, en Pekín y en Santiago se dará a conocer un comunicado en que se establecen relaciones con la República Popular.

DEBRAY: Es un paso trascendental en Latinoamérica. Chile es el primer país del continente ...

ALLENDE: Después de Cuba, claro...

DEBRAY: ¿Qué significación tiene para Ud., para el Gobierno de la Unidad Popular, la reanudación de relaciones diplomáticas con la República Popular China?

ALLENDE: Tiene gran significación, primero, porque Chile ejercita el derecho como nación soberana de tener relaciones con todos los países del mundo; enseguida, indiscutiblemente, desde el punto de vista de lo que representan sus relaciones con un país como China, en lo cultural, en lo político y en lo comercial, representa un horizonte amplísimo para nosotros. De ahí que este paso habla sido establecido en el programa de la Unidad Popular, porque debo decirte, Régis, que tanto las relaciones con Cuba, las relaciones con China y, hay aquí una delegación comercial de Corea y la habrá de Vietnam, el restablecimiento de relaciones con la República Democrática Alemana, son cosas que el pueblo ha conquistado, son cosas que el pueblo ha hecho posibles por su conciencia política. No es un regalo de nosotros los dirigentes, no, hace muchos años que se está luchando, hace muchos años que la gente lo está exigiendo, lo que prueba que hay un nivel político y que hay una conciencia.

DEBRAY: ¿Ud. siguió el curso de los acontecimientos en China últimamente? Me refiero a todo el proceso de la Revolución Cultural...

ALLENDE: SI...

DEBRAY: ¿Qué significación le ve a este proceso?

ALLENDE: Sería quizás una pedantería de mi parte que intente hablar mucho sobre la Revolución Cultural china. Desde Chile es difícil atisbar procesos lejanos. Las informaciones sobre ese fenómeno cuya magnitud no subestimo, han llegado a Chile deformadas y tergiversadas. Por eso no tengo la pretenden de llegar a la profundidad de este proceso. Entiendo que Mao Tse Tung como re-revolucionario se ha preocupado de destruir los elementos paralizantes y neutralizantes de la revolución. Esos elementos hay que prevenirlos para evitarlos. Ahí a mi entender está la significación de la Revolución Cultural.

DEBRAY: En última instancia son las masas las que deciden y el Partido no puede actuar por encima de ellas. Eso pudiera ser una significación de valor universal. Si me lo permite, compañero Presidente, quisiera hacerle una última pregunta de orden personal antes de hablar de la situación actual chilena en sí misma. Usted fue varias veces candidato a la Presidencia de la República, pero sabemos bien que la Presidencia de la República no representa para Ud. un fin, sino un medio, digamos, un frente de lucha más que puede utilizar un revolucionario. ¿Cómo resulta en la práctica esta función de Presidente? ¿No tiene algo paralizante, protocolar, agotándose en su propia formalidad? ¿No siente el peligro de que. la institución lo vaya dominando poco a poco?

ALLENDE: Evidentemente el peligro existe, pero como tenemos conciencia de él, tratamos de eliminarlo. Además, el contacto con el pueblo, con las masas, la presencia de ellas, por ejemplo, del campesinado, de los mineros del carbón, del diálogo con los dirigentes sindicales o con los pobladores, el vivir sus inquietudes, el oír sus criticas a lo que estamos haciendo, pone un empuje mayor a la obra revolucionaria en que estamos empeñados. Si acaso me sometiera a la vida tradicional de un Presidente, si acaso no tuviera conciencia muy clara de que no se trata de llegar a la presidencia para mantener lo existente sino para transformarlo en forma revolucionaria, es posible que me sintiera amargado por las trabas formales en que se mueve un Presidente tradicional. En cada uno de los aspectos protocolares, uno puede ir mostrando un criterio distinto desde lo más simple hasta lo más significativo. Aquí ya nadie usa frac para las ceremonias oficiales, tampoco utilizamos más las carrozas de Palacio. Hemos roto el concepto tradicional del protocolo. ¿Por qué? Porque cuando conversamos con la gente le planteamos nuestros puntos de vista, señalamos lo que somos, dónde vamos. No son conversaciones sin contenido. Se trata de utilizar los canales diplomáticos para hacer conciencia de cuál es la realidad a la cual estamos enfrentados.

DEBRAY: Hablemos ahora de la situación actual en Chile. Con Frei se acabó el reformismo, fracasó el reformismo. Con Ud. en el gobierno el pueblo chileno ha escogido la vía

de la revolución, pero, ¿qué es revolución? Es sustitución del poder de una clase por otra. Revolución es destrucción del aparato del estado burgués y su reemplazo por otro, y acá no ha pasado nada de eso. Entonces, ¿en dónde estamos?

ALLENDE: Perdón, compañero, vamos por partes. Efectivamente, el pueblo chileno escogió el camino de la Revolución y no hemos olvidado un principio fundamental del marxismo: la lucha de clases. Nosotros dijimos en la campaña electoral que nuestra lucha era para cambiar el régimen; el sistema. Que Íbamos nosotros a conquistar el gobierno para conquistar el poder: hacer las transformaciones revolucionarias que Chile necesita, romper la dependencia económica, política y cultural, sindical, y ¿qué? ¿no ha pasado nada? ¿en qué país estás tú? Pero, espera, mira Régis. Nosotros en estos pocos meses que llevamos en el gobierno...

DEBRAY: Han hecho muchas cosas.

ALLENDE: Sí, hemos hecho bastantes cosas. Hemos podido hacerlas porque detrás de ellas está la tradición de la clase trabajadora chilena que empezó a luchar a fines del siglo pasado y que despuntó en este siglo como una fuerza pujante. En 1909 se fundó en Chile la Federación Obrera. Nació como una organización mutualista, pero en 1919 con un programa nuevo, se propone abolir el régimen capitalista. Debes considerar la tradición de lucha de la clase obrera chilena. En pasajes de su desarrollo se han producido coincidencias con fuerzas de la pequeña burguesía. También debes recordarte que en Chile hay partidos de masas que representan genuinamente la ideología de la clase obrera. En la actualidad el pueblo está en el gobierno y desde él lucha por ganar el poder con un programa que es el de la Unidad Popular, y con una vanguardia formada por dos Partidos marxistas, Socialista y Comunista, y por otros dos partidos de extracción popular burguesa: Radical y Social Demócrata y dos movimientos de similar extracción: movimiento cristiano (MAPU) y la Acción Popular Independiente (API). [12] Además, el gobierno cuenta con el apoyo de la clase trabajadora organizada en la Central Única de Trabajadores. [13]

Este es un gobierno de clase porque la ideología predominante en él es la de la clase trabajadora. En el gobierno no están representados los intereses de la clase explotadora y, en cambio en el gabinete hay asalariados, entre ellos, cuatro obreros. Es con este gobierno que la mayoría del pueblo reemplazará a la minoría que lo gobernó hasta este momento. En cuanto al estado burgués dentro del momento actual buscamos superarlo. ¡Sobrepasarlo!

DEBRAY: Pero aquí sigue intacta la democracia burguesa. Ud., digamos, tiene el Poder Ejecutivo.

ALLENDE: Sí.

DEBRAY: Pero no el Legislativo, el Judicial, ni tampoco el aparato represivo. La legalidad, las instituciones esas no las hizo el proletariado; la Constitución la hizo la burguesía para sus propios fines.

ALLENDE: Evidente, tienes razón, pero escúchame un poquito, ya vamos a llegar allá. ¿Qué dijimos en la campaña electoral? Dijimos que si era difícil ganar la elección y no imposible, la etapa entre la victoria y la toma del gobierno iba a ser muy difícil y más difícil todavía, era construir, porque nosotros estábamos haciendo un camino nuevo, un camino de Chile para Chile, de los chilenos para nuestro país. Y hemos dicho que aprovecharemos aquellos aspectos de la Constitución actual para abrir paso a la nueva Constitución, la Constitución del pueblo. ¿Por qué? Porque en Chile podemos hacerlo. Nosotros presentamos un proyecto y resulta que el Congreso lo rechaza; nosotros vamos al plebiscito. Te pongo un ejemplo: nosotros planteamos el problema de que no haya más un Congreso bicameral [14] y lo rechaza el Congreso, vamos a un Referéndum y lo ganamos, bueno, se acabaron las dos Cámaras y tenemos que ir a la Cámara única como lo hemos planteado, ¿y a quién va a elegir el pueblo en esa Cámara? Supongo que a sus representantes. Si nosotros realizamos lo que hemos dicho y continuamos lo que estamos haciendo...

DEBRAY: Y hay que reconocer algo, compañero. ¡Ud. después de las elecciones ha ganado muchos votos! quiero decir partidarios y aliados en el seno del pueblo.

ALLENDE: Yo creo que sí.

DEBRAY: Muchos me lo han asegurado: la Unidad Popular va ensanchando su base de apoyo social. Es un aspecto interesante que en lugar del desgaste tradicional de un "gobierno de izquierda" en el poder, se produzca su fortalecimiento. ¿Ve posible Ud. una mayoría francamente popular y revolucionaria en un momento dado?

ALLENDE: Mira. Nosotros llevamos pocos días por así decirlo para tener un desgaste, pero hay una cosa cierta, sí, y es que la reacción, la derecha y aún mucha gente, fíjate tú, mucha gente de izquierda, no creía que Íbamos a ganar, primero, y enseguida, a realizar lo que habíamos dicho. Y enseguida hemos golpeado duro a la reacción, insistentemente. Reciben un golpe y no se reponen y les damos otro. Por ejemplo, la Reforma Constitucional para nacionalizar el cobre; ¡imagínate el entendimiento CUT-Gobierno; imagínate tú la creación del Consejo Nacional Campesino; la expropiación en Concepción de una empresa textil importante, la nacionalización del acero, la nacionalización del carbón, el proyecto de nacionalización de los Bancos! Bueno, Régis, ¿estamos o no estamos buscando el camino que conduce al socialismo? Entonces no es de extrañarse que el pueblo esté presente, nos apoye. Mira, yo te invito esta tarde. Voy a ir a Valparaíso.

DEBRAY: Acepto con mucho interés.

ALLENDE: Hay una concentración pública y ahí vas a ver cómo responde el pueblo.

DEBRAY: Sé que Ud. tiene un contacto privilegiado con las masas...

ALLENDE: El pueblo capta la importancia de las medidas que hemos tomado. Además de las medidas de fondo de tipo económico-social, teníamos un programa inmediato tendente a mejorar las condiciones de existencia de los trabajadores. Somos el primer gobierno que cumple sus promesas electorales. Por ejemplo, el problema número uno de nuestra infancia, es la desnutrición. Propusimos entregarle a cada niño chileno medio litro de leche en forma gratuita y así lo estamos haciendo. Hemos eliminado los diversos tipo de pan y hemos impuesto el corte único para evitar la especulación con los precios. El pan es un alimento básico del pueblo. Chile, como país azotado por una inflación elevada —en 1969 figuró entre los 10 países que en el mundo alcanzaron tasas más elevadas de inflación— tiene que proporcionar un reajuste, por lo menos anual, de las remuneraciones de los que viven de un sueldo o un salario. El Gobierno de la Unidad Popular que recibió la herencia de una inflación de un 35%, tiene que reajustar las remuneraciones por Ley en 1971. Esta vez el Proyecto que hemos presentado al Congreso no es tradicional; se procura convertir esa Ley en un elemento que ayude al desarrollo económico. No sólo se persigue devolver el poder adquisitivo perdido por los trabajadores, se busca estimular la demanda para acelerar el desarrollo económico interno, que fue detenido por el gobierno burgués de la Democracia Cristiana. No tengas temor, no vamos a olvidarnos que hemos dicho que vamos camino al socialismo.

DEBRAY: No. Me doy cuenta que Chile tiene condiciones muy específicas y que era necesario transitar por ese camino. Lo importante es que se esté caminando de verdad y en dos meses se ha avanzado mucho. Pero vuelvo a mi pregunta, compañero ALLENDE: los trabajadores detrás de Ud. han conquistado el Gobierno, y si le pregunto cuándo y cómo van a conquistar el poder, ¿qué me contesta Ud.?

ALLENDE: Contesto que lo vamos a conquistar cuando el cobre sea nuestro, cuando el hierro sea nuestro, cuando el salitre sea auténticamente nuestro, cuando hayamos hecho una profunda y rápida Reforma Agraria, cuando controlemos el comercio de importaciones y exportaciones por parte del Estado, cuando colectivicemos gran parte de nuestra producción, y digo gran parte porque honestamente le hemos planteado al país en el programa que habrá tres áreas: el área de la economía social, el área mixta y el área privada. Entonces, si esas cosas —hacer válida la soberanía, recuperar las riquezas básicas, atacar a los monopolios— no conducen al socialismo, yo no sé qué conduce al socialismo. Pero el poder indiscutiblemente lo tendremos cuando Chile sea un país económicamente independiente. De allí que nuestra línea esencial, vital, sea antimperialista como etapa inicial de los cambios estructurales. De allí que el proyecto de más trascendencia es el que permite nacionalizar el cobre, la riqueza fundamental de Chile, y, ¿qué piensas tú? ¿No es cierto que está bien?

DEBRAY: Está bien, sí. Sin duda que en este momento el énfasis principal de la acción, el frente de lucha principal, es lo que concierne a la infraestructura económica. Para entenderlo basta recordar que la fraseología seudosocialista, la demagogia populista, tiene una larga historia en este continente y que se distingue por no tocar precisamente a las bases económicas y financieras del sistema capitalista. Pero no se puede reducir el problema del socialismo al problema de la propiedad de los medios de producción. Ud., compañero Presidente, sabe mejor que yo que la nacionalización en sí, significa poco. Queda por ver si la nacionalización puede convertirse de un simple acto jurídico por parte del Estado en una verdadera socialización, o sea, en un control y una gestión efectiva y eficaz por parte del Estado, y eso no depende simplemente de la voluntad, sino del desarrollo general de las fuerzas productivas. Queda por ver la naturaleza de clase del Estado que nacionaliza los medios de producción. Queda por ver si las relaciones de poder y de autoridad entre los hombres en los mismos centros de producción cambian realmente aún después que sean teóricamente los trabajadores dueños de las fábricas, de la tierra, etc

Usted conoce el slogan de Lenin: "El Socialismo es la electrificación, más los soviets". Podríamos cambiar los términos que no corresponden a la realidad chilena, pero si hablamos ahora de la parte "soviets" y no solamente de la parte "electrificación", de la parte "hombres" y no solamente de la parte "cosas" ...?

ALLENDE: Es verdad que si el asunto se mira desde el punto de vista de la construcción de la sociedad socialista, una vez superados los decisivos y absorbentes problemas actuales de la constitución y afianzamiento del poder popular y la destrucción de las bases económicas del capitalismo monopolista, son otros los problemas que comienzan a pasar a primer plano. Como tú bien indicas aparecen los problemas del manejo y crecimiento de las fuerzas productivas socializadas y las nuevas relaciones entre los hombres en la producción y fuera de ella. En relación con lo primero, tú tienes que saber que una de las características del capitalismo chileno ha sido su marcado carácter monopólico, aunque estructurado sobre una base productiva bastante débil. En la industria, por ejemplo, un número inferior al 3% de las empresas maneja más de la mitad de todos los recursos industriales: capital, volumen de ventas, utilidades, etc. Más aún, la mayoría de estas empresas y las de los demás sectores están dominadas por un puñado de no más de medio centenar de grupos industriales, comerciales y financieros. Ahora bien, el Estado de Chile tiene una larga tradición de intervención en la actividad económica, de un contenido capitalista, por supuesto. Multiplicidad de empresas estatales, control de precios y abastecimientos, control total o parcial del comercio exterior, etc. Así, nos encontramos desde este punto de vista, en esa antesala del socialismo que son los monopolios y el capitalismo del Estado. Lo esencial es cambiar el contenido económico-social de su gestión. Para ello necesitamos expropiar los medios de producción que aún tienen carácter privado. La infraestructura de las fuerzas productivas y de su control está, en parte importante, preparada.

DEBRAY: Pero, ¿cómo se darán las nuevas relaciones sociales en este contexto?

ALLENDE: En cuanto a las relaciones entre los hombres, y las formas que serla posible y deseable que adoptasen, tú bien sabes que existe una amplia discusión en los países socialistas y diversos criterios han sido puestos o intentados en la práctica. Entendemos que el asunto no está cerrado, ni mucho menos, no se puede afirmar dogmáticamente "este es el camino"; deberemos hacer nuestra propia experiencia, la que surja de las contradicciones históricas y sociales en que se realice nuestra revolución socialista. Desde luego, existen ciertos elementos que emanan de las experiencias de los demás países, y que son más o menos comunes a muchos de ellos: creación de un nuevo sistema de valores en que se destaque el carácter social de la actividad humana, revalorización del trabajo como la práctica humana esencial; reducción al mínimo indispensable de los estímulos que impulsan la privacidad y el Individualismo. Mientras tanto, podemos adelantar que, en la práctica, la dirección de las empresas que se han expropiado o intervenido, están siendo dirigidas por Comités de Trabajadores de la fábrica encabezados por el administrador designado por el Estado. Sus objetivos ya no son la obtención de ganancias sino satisfacer las necesidades presentes y futuras del pueblo. A medida que se constituya el área de propiedad social las formas planificadas de obtención de estos objetivos irán reforzándose.

DEBRAY: Compañero Presidente, Ud. como marxista sabe muy bien que ninguna clase social abandona el poder de buen grado. Ya sabemos que el pueblo no está todavía en el poder, pero al menos está en el Gobierno y parecería para uno que mira de afuera las cosas, que el cambio de Gobierno se produjo con mucha gentileza y con mucho estilo. Por ejemplo, cayó en mis manos un artículo reciente del periódico "Le Monde", en el cual se puede leer, textual: "que por primera vez en la historia, el marxismo en Chile se instala cómodamente en el sillón de la democracia burguesa". ¿Han sido de verdad tan cómodas las cosas? ¿Han sido de verdad estos señores del gobierno anterior tan benevolentes con el gobierno de la Unidad Popular?

ALLENDE: Yo creo que hay una imagen un poco desfigurada respecto a la resistencia de los sectores reaccionarios a que nosotros negáramos al Gobierno. En la etapa electoral recurrieron a todos los medios. Ya el año 58, ya el año 64 la difamación, la mentira, la calumnia, un anticomunismo soez, vulgar, y el año 70 todavía peor... Bueno, ellos se equivocaron, no nosotros. Ellos fueron tan insolentes que creyeron que podían triunfar aún a tres candidatos. Ganamos, pero, Régis, debo decirte, yo le dije al pueblo, te lo acabo de decir hace un instante pero te lo voy a ampliar. Ganar es difícil pero no imposible. Ganamos dentro de sus reglas de juego. La táctica nuestra fue correcta, la de ellos equivocada. Pero yo le dije al pueblo: Entre el 3 de septiembre y el 4 de noviembre, Chile se va a sacudir más que una pelota de fútbol pateada por Pelé. Se lo dije así para que el pueblo entendiera. El diario "Le Monde" puede decir lo que quiera pero la realidad en Chile ha sido muy distinta de eso. Desde el 4 de septiembre, día en que fui elegido Presidente, hasta el 3 de noviembre de 1970, fecha en que tomé el mando, yo no fui un hombre que se preparaba para tomar el gobierno, fui prácticamente un Director de Investigaciones.

DEBRAY: ¿Durante ese período, esa función no estaba en manos de un personero del anterior Gobierno?

ALLENDE: Por supuesto que habla un Director General de Investigaciones, pero que no tenía interés en proteger la legalidad que daba a la Unidad Popular el gobierno. Yo le notifiqué oportunamente a ese funcionario que un poderoso industrial textil había preparado un autoatentado que consistía en hacer explotar una bomba en su hogar para justificar su salida con capitales de Chile. El jefe policial no tomó medidas y la bomba explotó. Fueron detenidos con posterioridad los autores del autoatentado ante las protestas y denuncias públicas nuestras, pero el Magistrado encargado de hacer el sumario los puso en libertad y los sujetos, miembros de un partido político ultra-reaccionario, huyeron de Chile; para que comprendas mejor este caso debo señalarte que la primera fase de la conspiración de los enemigos de Chile y de su clase trabajadora, fue la alarmista para provocar pánico en los sectores más débiles. El terror de éstos contribuía a asustar a otros y así podía ponerse en práctica otra fase de la conspiración, que por lo demás, fue organizada. Algunos de los que estaban en la organización del plan conspirativo retiraron espectacularmente fondos de los bancos, lo que impulsó a miles de angustiados ciudadanos a retirar los suyos de los centros de ahorro. Radio emisoras y órganos de prensa hablaban del "peligro marxista" y el Ministro de Hacienda del gobierno existente en lugar de llevar la paz a los que estaban verdaderamente alarmados por la campaña de rumores alarmistas, pronunció un discurso destinado a aumentar la falsa imagen caótica del país. En medio de ese clima se puso en práctica la segunda fase de la conspiración, la de los atentados explosivos contra los edificios y obras públicas, viviendas, oficinas, etc. Estuvo a punto de ser volado el aeropuerto internacional de la capital.

DEBRAY: ¿Esta situación se presentaba por primera vez en Chile?

ALLENDE: Lo que te he contado es sólo el comienzo. Se inventó una organización para atribuirle los atentados; por supuesto que fue presentada como una organización revolucionaria. Se trataba de culparnos de los atentados. Elementos de la conspiración reaccionaria asesinaron a un policía uniformado que estaba de guardia en un edificio público y dispararon sobre otro al que dejaron grave, que cuidaba la entrada de una Embajada extranjera. Dos veces atentaron contra mi vida, pero no consiguieron éxito porque se estrellaron con el celo de la guardia personal formada por compañeros revolucionarios.

DEBRAY: ¿Fue el Comandante en Jefe del Ejército el que cayó en su lugar?

ALLENDE: La víctima debía haber sido yo. Lamentable y dolorosamente asesinaron al Comandante en Jefe del Ejército, porque se opuso a participar en la conspiración reaccionaria. Los conspiradores esperaban que el crimen fuera imputado a la fuerza política que yo representaba y que las Fuerzas Armadas, especialmente el Ejército, reaccionarían políticamente, impidiendo que se consumara la decisión del pueblo de llevarnos al gobierno. El Ejército, por intermedio de sus servicios de informaciones tuvo de inmediato antecedentes que le permitieron descubrir de dónde habla surgido el grupo asesino.

DEBRAY: ¿Ud. sintió la guerra civil como una posibilidad? ¿La vio venir? ¿La temió? ¿La vio pasar de cerca?

ALLENDE: Sí, el asesinato del General René Schneider lo probó [15] . Si acaso los reaccionarios hubieran secuestrado al Comandante en Jefe del Ejército, indiscutiblemente que habríamos quedado al borde de la guerra civil. Ellos perseguían provocar a las Fuerzas Armadas para lanzarlas contra el Congreso. No debes olvidar que el atentado criminal se produjo 48 horas antes que el Parlamento se reuniera en Sesión Plenaria para pronunciarse constitucionalmente sobre los resultados de la elección presidencial. A esa altura, la Unidad Popular ya tenía los votos del Parlamento para ratificar la victoria obtenida en la elección del 4 de septiembre con lo que había quedado desterrada la maniobra anticonstitucional que se pretendió hacer con una carta enviada por el candidato presidencial conservador derrotado, Jorge Alessandri. [16] Desaparecida la posibilidad de una derrota de la Unidad Popular dentro de la legalidad, los conspiradores obraron fuera de la ley burguesa. ¿Qué iba a hacer el pueblo? Teníamos que defendernos.

DEBRAY: Así es que no concuerdan con la realidad las apariencias de un juego limpio y democrático por parte de la burguesía. ¿Había resistencia para entregarle la Presidencia?

ALLENDE: Es probable, si no en lo personal, pero por lo menos el régimen existente, y es lógico que así fuera; eso lo sabes tan bien como yo, Régis, en calidad de marxista.

DEBRAY: Se defendieron hasta el último los reaccionarios; agotaron todos los recursos ...

ALLENDE: Todos no, porque aún siguen actuando ...

DEBRAY: Sí, ya lo suponemos. De ahí hay una pregunta quizás, bueno... no sé si es interesante o no, es: Por qué Ud. tuvo que recurrir por primera vez como Presidente de Chile a una escolta política personal?

ALLENDE: Ahora recurrí, como tú lo dices, a un grupo de compañeros porque yo no podía confiar en la Policía Política de la burguesía. Yo sabía que el Director de Investigaciones no hacía nada por descubrir a los responsables del atentado. Más todavía, tenía la seguridad de que él conocía a alguno de ellos; entonces, tenía que buscar yo los medios que me garantizaran, no por mi vida, sino por lo que ella representaba. Entonces tengo aquí conmigo a estos compañeros jóvenes, cada uno con una probada trayectoria revolucionaria, todos militantes y voluntarios, para organizar y controlar la seguridad mía.

DEBRAY: No se sentía antes protegido por el Gobierno...

ALLENDE: No, ya te lo he dicho; los Jefes de Investigaciones estaban comprometidos.

DEBRAY: ¿Es cierto que hubo un atentado contra familiares suyos frente a su casa y que Ud. tuvo que salir apuntando con pistola en mano porque el gobierno habla "olvidado ponerle carabineros?

ALLENDE: Lo que te puedo decir, eso sí, es que yo tenía confianza en el comportamiento que asumirían las Fuerzas Armadas, Respecto al Cuerpo de Carabineros, debes tomar en cuenta que las instrucciones las imparte el gobierno por intermedio del Ministro del Interior. Además, cuando se produjo uno de los atentados contra mi hogar, había un sólo policía en la puerta y no tenía órdenes de disparar. El grupo atacante era numeroso, lo que me obligó a salir a la calle con una pistola para disparar y amedrentar a sus integrantes los que huyeron.

DEBRAY: ¿Cómo interpreta Ud. que para recorrer los primeros trechos de la llamada "vía pacífica", justamente Ud. tuvo que pedir ayuda personal a hombres y métodos que poco tienen que ver con esta línea?

ALLENDE: Eso en la forma, porque si nos separan diferencias tácticas, la finalidad es la misma. Tú sabes perfectamente que ahora en Uruguay los Tupamaros que nada tienen que ver con el Partido Socialista ni con el Partido Comunista, están respaldando la posibilidad de una unidad amplia en Uruguay. Tú sabes perfectamente bien que aquí casi hubo un enfrentamiento entre el MIR y el Partido Comunista, como consecuencia de las elecciones universitarias en Concepción, [17] y yo me movilicé y contribuí a que esto no ocurriera.

DEBRAY: Precisamente, siendo este el papel suyo, de unificador de las izquierdas, de catalizador de las fuerzas populares, hace pensar que alguna razón tendrán actualmente el enemigo interno y externo para intentar eliminarlo; si a Ud. le ocurre eso, ¿qué es lo que creé que pasará?

ALLENDE: Es una creencia espontánea de la clase burguesa pensar que es la personalidad la que hace la historia. Esta creencia la alienta la reacción y la convierte en táctica; de ahí que uno de los procedimientos preferidos sea el de recurrir a estos métodos, pero contra eso tenemos un pueblo consciente. Yo creo que el camino aparentemente más fácil para la reacción, sería éste, pero en realidad las consecuencias serían aún peores para ellos. No es que yo sea un dique de contención, pero indiscutiblemente si eso ocurriera, quedarla en evidencia que la reacción no acepta las reglas del juego que ella misma estableció. No pueden imputarme cargos: ¿las libertades? Existen todas: de reunión, de opinión, de prensa, etc. El proceso social no va a desaparecer porque desaparece un dirigente. Podrá demorarse, podrá prolongarse, pero a la postre no podrá detenerse. En el caso de Chile, si me asesinan, el pueblo seguirá su ruta, seguirá su camino con la diferencia quizás que las cosas serán mucho más duras, mucho más violentas, porque serán una lección objetiva muy clara para las masas de que esta gente no se detiene ante nada. Y yo tengo contabilizada esa posibilidad, no la ofrezco ni la facilito, pero tampoco vivo con la preocupación de que esto pueda ocurrir.

DEBRAY: Si ellos salen de la legalidad, ¿Ud. también saldrá de la legalidad? Si ellos dan golpes, ¿ustedes también darán golpes?

ALLENDE: ¿Si ellos nos dan un golpe ilegal? Nosotros daremos cien, con toda seguridad.

DEBRAY: Algo me ha sorprendido: es la relativa desmovilización popular. Concretamente, hubo una gran movilización popular cuando las elecciones, pero hoy día parece haber decrecido; entonces ¿cómo piensa transformar esta masa electoral en una masa revolucionaria?

ALLENDE: Mira, antes de contestarte quiero decirte que lo que tú dices es real, pero sólo en cierta medida. Las poleas de transmisión con el pueblo son los Partidos de masas de la Unidad Popular que tienen formación revolucionaria. Por otra parte, yo no he cortado mis vínculos directos con el pueblo. Incluso he dialogado con los pobladores, con los mineros, con los trabajadores de la tierra, en los mismos centros donde viven y trabajan. Contamos además con medios de comunicación, no todos están en manos del enemigo. No estamos tan desposeídos de medios.

DEBRAY: ¿No entrañará el riesgo de una generosidad casi paternalista en la conducción del proceso? Yo no quiero decir caudillismo, sino que Ud. deja caer decretos sobre un pueblo que los acepta, que los entiende por lo general, pero que no los ha pedido, concretamente, que no los ha buscado. Ud. dice "el pueblo es gobierno", "el pueblo entró en la Moneda". ¿Cómo piensa hacer realidad esa consigna?

ALLENDE: En primer lugar, tú tienes que ubicarte en Chile; tú sabes que la lucha de los Partidos revolucionarios es una lucha de decenios. No puedes ignorar que en Chile se produce un fenómeno, singular en el mundo, de la unidad de los Partidos Socialista y Comunista, ambos marxistas, en la acción; fenómeno que tiene más de quince años de existencia, lo que no ha quitado a cada uno de esos Partidos sus propias características. Tampoco puedes olvidar que hay un programa común de las 6 fuerzas políticas que forman la Unidad Popular, y que ese programa señala el camino del socialismo. El proceso chileno no es paternalista ni carismático. En lo personal, yo he dicho y lo reitero, que yo no soy un Mesías ni un caudillo. Bien sabemos que desde la base nace el poder popular. Concretamente, tú no puedes olvidar que las organizaciones de base de la Unidad Popular, son sus Comités encargados de vigilar el cumplimiento del programa.

DEBRAY: Pero tengo entendido que estos Comités nacidos al calor de la lucha pre-electoral han decaído bastante desde el triunfo.

ALLENDE: Sí, en eso te encuentro razón, pero han decaído porque han estado, por decirlo así, solicitados por toda una gama de responsabilidades que es bastante amplia; tenemos, por ejemplo, a los CUP [18] preocupados en la distribución del medio litro de leche; a los CUP preocupados en el campo agrario, en la tierra; en los problemas de los fundos, de la Reforma Agraria; fíjate tú, en este instante por ejemplo, tenemos más de 65 predios agrícolas tomados por la CORA (Corporación de la Reforma Agraria) y por lo tanto hemos tenido que hacer que vayan interventores, hemos tenido que destacar gente, y los CUP de esa zona, de esos fundos, están actuando; no te olvides que acabamos de expropiar el más grande latifundio que existía, posiblemente, en el mundo: 528.000 hectáreas. La participación, efectivamente —y yo concuerdo contigo— debería ser más activa, debería estar más organizada.

DEBRAY: En eso noto, quizás, una contradicción. Se nota arriba una gran dedicación, una gran voluntad revolucionaria y abajo se nota un empuje de masas desposeídas de los pobladores, de los sin casas, pero desorganizada, y a veces, caótica. ¿Cómo piensa establecer una relación organizada entre ese empuje de masas desde abajo y los responsables de la dirección nacional?

ALLENDE: Las correas de transmisión existen, son los Partidos, los gremios, las organizaciones de masas. Por lo demás, en todas las etapas iniciales de un proceso revolucionario se producen estos desajustes. Acuérdate de los cambios incontrolables cuando la Reforma Agraria en la Unión Soviética, acuérdate también de Cuba al principio...

DEBRAY: Precisamente, Ud. habla de Cuba; yo noto algo que todo el mundo nota cuando llega acá: en Chile hay una tradición, un gran nivel político, un capital político en el pueblo, que Cuba nunca lo tuvo en el 59, por razones que se explican fácilmente. ¿Cómo piensa aprovechar esta superioridad en cuanto a condiciones subjetivas se refiere?

ALLENDE: Si no lo aprovechamos sería un crimen político, y has de saber que ese capital es la gran reserva, es la base sobre la cual descansa la posibilidad de derrotar a nuestros enemigos internos y al imperialismo. Un pueblo concientizado, un pueblo organizado, un pueblo de este nivel político, puede alcanzar las metas que se fije.

DEBRAY: El pueblo es uno solo y la Unidad Popular son seis movimientos o Partidos. ¿Ud. ve posible más adelante su unidad en una sola fuerza política?

ALLENDE: Eso se verá en la marcha. La dinámica del proceso revolucionario irá creando las condiciones en un determinado momento para algo así como el Partido de la Revolución. Pero hablar en estos instantes de un Partido único de la Revolución es una utopía. En un tiempo más, si las condiciones van madurando, quizás sea necesario, pero vamos primero operando dentro de la realidad que tenemos. Esta realidad es dinámica. La unificación será más fuerte mientras más fuerte sea la resistencia de los enemigos. Y ellos seguirán resistiendo. Todavía están conspirando. Régis, te digo por ejemplo tenían una fecha: el 5 de febrero para actuar, nosotros lo sabemos, tenemos las medidas tomadas, eso sí que la respuesta no la van a olvidar.

DEBRAY: Además un Partido Único no puede instaurarse desde arriba por una medida burocrática, es necesario ante todo que las masas lo anhelen y tengan necesidad de él.

ALLENDE: Evidente, evidente. Mira, Julio César no era marxista, pero decía: "Apresúrate lentamente".

DEBRAY: Sí, para ir lejos hay que caminar a su paso. Estamos de acuerdo. Pero lo decía, porque extraña un poco esta dispersión entre los movimientos de la Unidad Popular. Por lo menos algunos se pueden agrupar, se pueden aunar, ¿no? ¿No piensa, por ejemplo, que la izquierda católica se pudiera agrupar más en torno al programa popular?

ALLENDE: Evidente. No faltan las organizaciones políticas, como por ejemplo el MAPU (Movimiento de Acción Popular Unitaria)— desprendido de la Democracia Cristiana— susceptibles de canalizar el pensamiento auténticamente cristiano, el pensamiento cristiano de izquierda. Tú lo has visto y es importante, la Iglesia Católica chilena tiene actitud hoy como no la tuvo ayer, como no la tiene la Iglesia en otras partes del mundo. Acuérdate de los Obispos en Medellín y de la actitud que observaron ahí los propios Obispos chilenos. Tú no estabas aquí para la transmisión del mando, pero te advierto una cosa, el Te Deum ecuménico ha sido de lo más significativo y de lo más profundo. Además, aquí hay un sector llamado de la Iglesia Joven, en plena actuación, en la cual militan sacerdotes que viven en las poblaciones y que acompañan a los pobladores en las tomas de terrenos. En este instante, acaba de publicarse en los diarios un llamado de los católicos en la provincia de Cautín [19] , denunciando a los terratenientes. Hay un gérmen revolucionario en esas capas católicas que uno no se imagina. Eso tenemos que organizarlo, eso tenemos que unificarlo.

DEBRAY: Actualmente y hasta hoy, se ha dado a la legalidad burguesa un uso revolucionario, ¿pero hasta cuándo se podrá actuar así? Hasta hoy se ha revertido la legalidad burguesa en contra de la misma burguesía. Esa ha sido la gran fuerza de la Unidad Popular, teniendo en cuenta que Chile como se dice, es un país que cuando hay problemas se llama al "abogado" mientras que en otros se llama al "Comandante", no haberle regalado la legalidad al adversario. Pero vendrá el momento en el cual el adversario de clase va a salir de su propia legalidad y eso ya está ocurriendo. Los latifundistas en Cautín están armados, provocando enfrentamientos violentos contra los trabajadores del agro. Existe un serio contrabando de armas desde el extranjero; existen serios planes subversivos en curso. ¿Cómo piensa responder a la sedición?

ALLENDE: Nosotros la vamos a contener, primero, con la fuerza de su propia Ley. Además, a la violencia reaccionaria vamos a contestar con la violencia revolucionaria, porque sabemos que ellos van a romper las reglas del juego. Por el momento, para quedarnos sobre el terreno de la legalidad, te voy a decir lo siguiente: ya lo he dicho, la realidad chilena permite cambiar la Constitución dentro de la Constitución, mediante plebiscitos. Hay además, un hecho bastante paradojal, difícil de entender. Las leyes que dicta el pueblo no son las que dicta la burguesía. Por ejemplo, la burguesía dictó leyes que a los ocupantes de tierras los sancionaban muy levemente, estimando que eran sólo faltas; en cambio a los que recuperaban sus tierras, la ley por la fuerza, los sancionaba profundamente. En otras palabras, la ley no castiga a los que ocupan tierras, la ley castiga a los que recuperan tierras. ¿Por qué? Porque los latifundistas ocupaban tierras de los indígenas, entonces el indígena que iba a recuperar su tierra caía bajo la violencia de la ley, mientras que los latifundistas iban apoderándose de ellas. Los legisladores burgueses no pensaron que la ley la aplicarla un día el pueblo ni, concretamente, que el pueblo iba a aplicarles su propia ley a ellos mismos. ¿Qué sucede actualmente? Que los que ocupan las tierras son los indígenas, los mapuches por ejemplo, y los que quieren recuperarlas por la violencia son los propios latifundistas expropiados. Entonces el Código de ellos los sanciona a ellos duramente. Por supuesto, hay limitaciones: ahí está el caso del fallo de la Corte Suprema.

DEBRAY: Pero los Tribunales son de ellos también.

ALLENDE: Claro, en parte. Y debo decirte que una parte de ellos, la más alta, la Corte Suprema, acaba de propinarle un golpe al pueblo y por lo tanto, a su gobierno. La Corte Suprema ha absuelto de toda investigación a un senador, [20] que a juicio de los representantes de la Justicia Militar que pesquisa el asesinato del Comandante en Jefe del Ejército, debe ser interrogado, porque hay fundadas sospechas de su comportamiento. La casi totalidad de los Ministros de la Corte de Apelaciones —17 de 18— acogieron el planteamiento de la Justicia Militar, pero la mayoría de los miembros de la Corte Suprema lo desechó. Este Tribunal, especialmente, ha sido acusado de ejercer sus tareas con un evidente comportamiento clasista. Esta vez han impedido que se investigue con más energía y profundidad un delito en el cual participaron conspiradores de la reacción. No se trata de sancionar sólo a los autores materiales del crimen del Comandante en Jefe del Ejército, hay que descubrir a los instigadores, al cerebro que lo planeó.

DEBRAY: ¿Van a tolerar que se destape íntegramente el caso Schneider?

ALLENDE: Nosotros estamos haciendo todo lo que está de nuestra parte para que así sea y creo que lo vamos a conseguir. Además, no te olvides, está de por medio la dignidad y el prestigio del Ejército de Chile. Se asesinó al General Schneider, porque se opuso a la conspiración política preparada por la reacción. No vamos a tolerar que se eche tierra sobre su muerte. El Comandante en Jefe representó la tradición de las Fuerzas Armadas de Chile. Su asesinato obliga a sancionar a los verdaderos culpables.

DEBRAY: ¿Y usted cree que los que ayer defendieron a los opresores, pueden hoy defender a los oprimidos, sin cambiar ellos mismos, sin ser sustituidos por otros? O sea, ¿el mismo Tribunal que ayer dictaba una ley en favor de los latifundistas, hoy la puede dictar en favor de los campesinos sin cambiar el Tribunal? Las mismas fuerzas represivas que ayer expulsaban de los fundos a los que los invadían, ¿pueden ahora estar del lado de los oprimidos?

ALLENDE: Hemos propuesto reformas en los Tribunales de Justicia y las haremos en las leyes. Usaremos la Reforma Constitucional para impulsar los cambios en el Poder Judicial y, ya te he dicho, que el rechazo total de un proyecto de reforma de la Carta Fundamental nos llevará al plebiscito, que ganaremos, porque le demostraremos al pueblo que las modificaciones están destinadas a hacerles justicia por primera vez. Respecto a las fuerzas encargadas de mantener el orden, tienen que estar de acuerdo en que ahora el orden lo imponemos nosotros. Nosotros lo dijimos durante la campaña electoral: las otras fuerzas políticas, reaccionarias, llevan el desorden social en sí mismas, porque están llamadas a mantener una situación que protege a una minoría, sobre los intereses aplastados de la mayoría. El nuestro es gobierno de la mayoría. No pienses esquemáticamente en el número de votos obtenidos por la candidatura de la Unidad Popular. Hoy la plataforma popular del gobierno es mayor y lo será más aún, porque despertará la conciencia del pueblo. Yo he hablado con los oficiales del Cuerpo de Carabineros y les he dicho que queremos una fuerza policial respetada por la ciudadanía, porque estará dedicada exclusivamente a protegerla de los delincuentes [21] . Les he dicho que no pueden los carabineros usar sus armas contra el pueblo. A poco de asumir el Gobierno llamé a retiro a un General de carabineros, porque asistió impasible al castigo que le dieron unos latifundistas y sus representantes a un funcionario encargado de aplicar la Reforma Agraria que le causó la muerte. El Jefe de Carabineros estaba en medio del incidente, con doscientos hombres de tropa y no hizo nada. Seguramente si se hubiera tratado de campesinos que agredían a los patrones, habría procedido violentamente. La anécdota que te cuento ocurrió antes que llegara al gobierno la Unidad Popular, pero el ascenso a General del policía que no actuó, se propuso durante mi Gobierno y fue entonces cuando yo pedí su retiro. Estimé que el Jefe no había cumplido y destaqué como un ejemplo típico su actitud y estoy seguro que el Cuerpo de Carabineros, todos sus miembros, han entendido. El país también lo ha entendido.

DEBRAY: Un compañero dirigente de su partido, el Partido Socialista, me dijo recién: "Si no hay traición, hay enfrentamiento". Entiendo que si no hay enfrentamiento, es que habrá traición. ¿Usted cree inevitable el enfrentamiento?

ALLENDE: Es que el enfrentamiento se produce todos los días, en todos lados, Régis, de modos muy distintos.

DEBRAY: Me refería a un enfrentamiento frontal, decisivo, digamos, una ruptura abierta del estado actual de coexistencia. Un levantamiento militar, por ejemplo...

ALLENDE: Eso dependerá de ellos. Si ellos lo provocan, se va a producir, pero en todo caso, nosotros esperaremos que ellos lo provoquen. Estamos vigilantes. Por lo demás, no somos mecanicistas. Los enfrentamientos se vienen sucediendo en la historia de Chile desde tiempo atrás. Tú debes conocer la larga lista de las masacres de obreros y campesinos bajo el dominio de la burguesía. ¿Qué se entiende por enfrentamiento? Los hay mientras hay contradicciones en la sociedad y éstas subsisten incluso en el período de la construcción del socialismo. Separemos los antagonismos; esos están determinados por la lucha de clases.

DEBRAY: Y se va a agudizar la lucha de clases en este momento.

ALLENDE: Evidente. Tú comprendes que una vez aplicada la reforma constitucional nuestra, se hieren intereses poderosos internos y foráneos. Esa gente afectada por la Reforma Agraria o por la nacionalización de los bancos, va a querer reaccionar. Antagonismo, ¿cómo no va a haber? Si nosotros partimos del hecho esencial de la lucha de clases. Sabemos que los grupos oligárquicos, los grupos plutocráticos, los grupos feudales, tratarán de defender sus privilegios a toda costa.

DEBRAY: Ud. habla de sectores "feudales", de "oligarquía". Aquí puede haber una duda, ¿será sólo una cuestión de terminología, quizás?, pero permítame aprovecharla para precisar algunos conceptos. Dejemos de lado la cuestión, muy discutida, de saber si pueden de verdad llamarse feudales o semi-feudales los latifundistas que producen para el mercado interno e internacional, o la cuestión de saber hasta qué punto no se encuentran totalmente estremezclados y asimilados los intereses propiamente capitalistas industriales, si estas dos ramas de una economía dependiente no forman finalmente una sola clase. Pero, compañero Presidente, tenía entendido que Chile no es Perú, y que la revolución socialista va más allá que el reformismo militar. ¿O es que se trata de liquidar los sectores retrasados e ineficientes de la burguesía para hacerlos saltar en un desarrollo capitalista moderno? ¿Liquidar las estructuras arcaicas de la explotación agraria para modernizar el país, para ofrecerles un mercado interno más amplio a los pujantes empresarios industriales del porvenir?

ALLENDE: El término "sectores feudales" lo utilizamos de manera corriente para referirnos a lo que con más propiedad deberíamos calificar como formas retrasadas del capitalismo "agrario chileno". Este retraso se refiere al hecho de que estas relaciones capitalistas aún presentan rasgos de antiguas prestaciones personales, cada vez menos importantes; una gran concentración de la propiedad de la tierra derivada en su mayor parte de la estructura de la propiedad del siglo pasado. Asimismo como es frecuente en estos casos, subsiste una proporción importante de pequeños campesinos de distinto tipo. Es claro, también, que existen relaciones fuertes entre una parte de estos terratenientes y parte de los grupos monopólicos urbanos. Aunque en términos muy generales pudiera decirse que forman una sola clase, debes reconocer que existen entre ellos diferencias en cuanto al papel que juegan en el funcionamiento del capitalismo dependiente chileno. Esto ha dado pie en muchas oportunidades a diferencias políticas importantes, como en el caso de la Reforma Agraria. Ahora, en cuanto a la explotación agraria, Régis, no me parece claro el fundamento de tu inquietud si se analiza el problema en el contexto de la totalidad de los cambios que plantea nuestro programa. Como tú sabes, desde hace mucho tiempo, la Reforma Agraria en sí y tomada aisladamente, se reconoce como una de las llamadas transformaciones democrático-burguesas. Es decir, correspondería a una transformación que es capaz de impulsar el propio capitalismo. Sin embargo, en el mundo moderno, cuando el conflicto fundamental ha pasado al campo de las transformaciones socialistas, se acepta que una Reforma Agraria profunda, que corresponde a los intereses de los obreros agrícolas y diferentes capas de campesinos medios y pequeños, no puede ser llevada a cabo sino por una alianza de todas las clases y capas oprimidas encabezadas por la clase obrera. En nuestro caso la Reforma Agraria no se realiza en un contexto de mantenimiento del capitalismo, sino de la destrucción de su núcleo fundamental: el capitalismo monopólico nacional y extranjero. No se trata por tanto de desarrollar el capitalismo en el campo, sino de hacer caminar las relaciones agrarias hacia el socialismo por los caminos más adecuados al carácter de nuestro proceso histórico y social. Se comprende que estas formas serán, en algunos casos, de las más avanzadas, tipo propiedad de todo el pueblo; en otros, diferentes modalidades cooperativas; y por último, también deberá considerarse la permanencia de sectores de pequeña propiedad privada.

DEBRAY: ¿Se puede decir, entonces, compañero Presidente, que Ud. está cumpliendo su programa político y que en consecuencia, el enfrentamiento es continuo?

ALLENDE: Permanente. Hasta si ellos lo buscan, si ellos lo provocan, habrá un enfrentamiento constante y nosotros, psicológicamente, estamos preparados para ello. No te quepa la menor duda.

DEBRAY: No me cabe la menor duda. Pero no se trata de que Ud. y los gobernantes estén preparados, sino que el pueblo esté también en condiciones de resistir, esté consciente de que acá, mañana mismo, se puede llegar a situaciones extremas.

ALLENDE: Se lo hemos dicho, se lo hemos repetido, el pueblo lo sabe. Además, ya te he dicho, la lucha nuestra es de hace muchos años, hay una gran conciencia, no es una sorpresa para el pueblo. Lo que hay que hacer es señalarle algunos ejemplos, como el caso del fallo de la Corte Suprema. Yo como Presidente y Jefe de un Poder del Estado, de acuerdo con la actual legalidad, tengo que respetar lo que otro poder del Estado resuelva, pero, indiscutiblemente, eso no me impide hacer el análisis de lo que significa, la repercusión política que tiene, sobre todo cuando es un fallo que a mi juicio limita las posibilidades de una amplia investigación de la muerte del General Schneider, o sea, de una conspiración de la derecha. Y esa es mi obligación, decírselo al pueblo, decirle que esté en una actitud más vigilante y lo voy a hacer.

DEBRAY: En el caso del asesinato del General Schneider, ¿son muchos los implicados?

ALLENDE: Es toda una confabulación. Es toda una madeja de gente que representaba, indiscutiblemente, y representa, los altos intereses económicos, los intereses políticos de la Derecha reaccionaria.

DEBRAY: ¿Una confabulación simplemente nacional?

ALLENDE: Nacional e internacional.

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(Esta entrevista se realizó en dos partes, la primera en Santiago y la segunda en Valparaíso donde el Gobierno Popular trasladó el día 6 de enero, su sede de verano, día en el cual el Presidente Allende realizó una concentración de masas frente a la Intendencia de Valparaíso).

DEBRAY: Compañero Presidente, algo me llamó la atención en su discurso de ayer en Valparaíso. Dirigiéndose a esta gran masa que había ahí, Ud. dijo: "No voy a referirme con espíritu crítico a la Corte Suprema. Allá ellos, acá nosotros". ¿Qué quiso decir Ud. que no le entendí muy bien la verdad?

ALLENDE: Bueno, en el Programa de la Unidad Popular se establece que nosotros queremos un Poder Judicial auténticamente independiente, y un Poder Judicial que sea generado en estructura superior por la Cámara Única. Además, los partidos, especialmente el Partido Socialista, han criticado las resoluciones de la Corte Suprema y prestigiosos abogados, entre ellos el Presidente del Consejo de Defensa Fiscal, Eduardo Novoa, [22] han señalado que la Corte Suprema prácticamente cada vez con mayor frecuencia, dictamina en un porcentaje, repito alto, a favor de los sectores poderosos. En el fondo, para entendernos bien, es necesario repetir que, lógicamente, se hace una justicia de clases.

DEBRAY: O sea, los trabajadores tal vez están en el poder, pero es indudable que en el poder judicial no.

ALLENDE: No están, evidentemente.

DEBRAY: ¿No le inquietan estos frenos?

ALLENDE: Sí, me inquietan profundamente. Pero como nosotros hemos dicho y yo me mantengo dentro de los cauces de esta modalidad que no es la nuestra, mientras exista esta independencia y tres poderes, yo he dicho con cierta ironía que no voy a criticar. Pero tú sabes perfectamente que en realidad lo critiqué y expliqué el significado político que contenía este fallo, señalando que a mi juicio el hecho de haber dejado sin desaforar al Senador, prácticamente dejaba sin poder investigar a los posibles grandes delincuentes y agregué que gastaría todas mis energías, todas mis fuerzas, desde el punto de vista jurídico y legal y administrativo, para encontrar a los verdaderos culpables.

ALLENDE: Otra cosa me ha llamado la atención, compañero Presidente, es esa frase que repite bastante: "Nosotros somos cauce, no somos dique". Pero tengo la impresión que a pesar de todo han sido un poco dique cuando se trata de contener a las tomas de terrenos, a los movimientos de pobladores, a los campamentos de los sin casas. Claro está, no el dique del señor Frei porque, hasta ayer, la Democracia Cristiana mandaba a los carabineros, al Grupo Móvil, hoy en día disuelto por el Gobierno Popular, a expulsar por la fuerza a los que invadían terrenos, a los sin casas, a los campesinos sin tierra, como lo prueban las matanzas del fundo "San Miguel" o la de Puerto Montt.22 Por supuesto, un Gobierno Popular no puede actuar así; sin embargo, no alienta estas medidas de hecho por parte de los desposeídos.

ALLENDE: El 4 de septiembre culminó una parte del proceso histórico en que está empeñado el pueblo y el 3 de noviembre dimos otro paso al tomar el gobierno, por eso constantemente le pedimos a los compañeros que entiendan que ellos son gobierno y que por lo tanto deben tener confianza en lo que estamos haciendo y en lo que vamos a hacer. El problema es claro, Régis. Yo no conozco ningún país que haya solucionado integralmente su problema de la vivienda, incluso Cuba. Por otra parte, estoy en desacuerdo con muchos aspectos de la reforma urbana, porque creo que no entregan la K solución, y eso se lo he dicho a Fidel. Nosotros queremos encarar el problema de la vivienda. Queremos dar techo pero no deseamos que se pretenda encontrar solución al problema de un modo anárquico. En la actualidad hay miles y miles de pobladores que no tienen agua potable en sus casas y las mujeres, especialmente ellas, deben ir hasta los lugares donde hay llaves de agua para llenar sus tarros. Si nosotros permitimos que siga extendiéndose la ciudad con viviendas improvisadas de un piso, no habrá cómo tender redes de agua potable, de alcantarillado, de energía eléctrica, de gas, de alumbrado, etc., hasta cada casa. Imagínate el costo que tendrían esas casas si se lograra dotarlas de todos los servicios. En algunas partes no podemos construir casas de un piso aisladas; tendremos que construir bloques porque es conveniente aprovechar la altura.

ALLENDE: Y ¿hay apego acá a las casas individuales?

ALLENDE: Hay apego a la "casa individualista".

ALLENDE: Quizá constituya eso, como patrón ideal de determinado modo de vida, un síntoma de cómo influye cierta ideología burguesa en las masas.

ALLENDE: Y hay que vencer eso. Eso no se puede vencer sino sobre la base del raciocinio; que la gente entienda, se dé cuenta. Tú comprendes perfectamente, es lo mismo que ha pasado en las tomas de tierra ¿no? Hay una ley, esa ley indiscutiblemente nos va a llevar a nosotros a expropiar las haciendas, todos los fundos que superen el mínimo establecido por la Ley, o sea, 80 hectáreas de regadío para la región central. Pero resulta que a nosotros lo que nos interesa es hacer la Reforma Agraria por zonas, para poder al mismo tiempo mantener la producción que Chile necesita de acuerdo con el clima, la región y el suelo. Si se hace en una forma anárquica, no hay posibilidad de planificar la producción. Éste es el problema, de ahí que la gente tiene que entender que somos cauce y no dique. Nunca podrá ser dique el pueblo si el pueblo es gobierno. Es peor aún que algunos trabajadores se tomen casas terminadas o por terminar que pertenecen a otros trabajadores. No podemos aceptar el enfrentamiento entre miembros de una misma clase. Eso es anarquía.

DEBRAY: Volviendo al tema del enfrentamiento de clase y si le puedo dar mi opinión personal, dudo un poco que la derecha sea tan tonta como para provocar una ruptura inmediata. ¿No le parece más temible la resistencia sorda de la burguesía, no le parece que esta última está librando una especie de guerra de posición y de desgaste sutil, tenaz, más que una guerra de movimiento?

ALLENDE: Hay que cuidarse de las dos cosas y las dos cosas están usando, Régis: guerra de posición y guerra de movimiento.

DEBRAY: La guerra de movimiento parece haberla perdido hasta el momento. Pero la guerra de posición sigue en todos los campos, no únicamente desde el campo de la lucha política. Existen muchos canales de infiltración o de envolvimiento capaces de frenar o de encauzar dentro de los moldes burgueses, un Gobierno Popular, un proceso revolucionario. Ud. sabe cuáles son: puede ser un cierto respeto exagerado a la legalidad, puede ser el oportunismo, la carrera para los puestos públicos, la burocratización, la despolitización de las masas abandonadas a la ideología dominante, o sea, la burguesía; puede ser muchas cosas. Y quizás el peligro mayor porque es menos visible, sea éste, un progresivo acaparamiento desde adentro por parte del adversario de clase. ¿Cómo ve el problema, compañero Presidente?

ALLENDE: Ya te diré, compañero Debray. Yo creo que ellos tienen dos posibilidades, una es la que has ampliado que podríamos llamar la guerra de posiciones. La de movimiento hasta ahora la han perdido pero ello no significa que hayan renunciado. Es un problema de correlación de fuerzas. Si ellos pudieran ya lo habrían hecho.

DEBRAY: ¿De ahí que recurran a otros caminos, a otros métodos?

ALLENDE: Al camino que tú has señalado.

DEBRAY: Que no se da solamente en Chile, como Ud. sabe, se puede dar hasta en ciertos países socialistas...

ALLENDE: Diré más avanzados. Contra eso no cabe más que un gran proceso de concientización; la permanente presencia de las masas, la participación directa en los problemas, la actitud vigilante, la conciencia de los militantes de los Partidos. Indiscutiblemente que ello es un factor que va a dinamizar el proceso y al mismo tiempo la resistencia misma solapada o directa junto con crear más vínculos en la Unidad, al mismo tiempo impide, ¿verdad?, porque estamos luchando, tenemos un adversario, tenemos el enemigo y si constatamos actitudes en determinadas formas, es lógico que actuemos, que procedamos, que intensifiquemos la acción. Tú has visto que nosotros estamos golpeando diariamente, nadie se imaginaba que nosotros íbamos a tener relaciones diplomáticas con China tan luego, ¿verdad? Tampoco creyeron que tendríamos relaciones comerciales con Vietnam y Corea y ya las tenemos.

DEBRAY: ¿Y quizás en este sentido el traslado del Gobierno a una capital de provincia, Valparaíso, tiene conexión con esta lucha contra el anquilosamiento burocrático?

ALLENDE: Evidente, porque resulta que en las provincias se siente más que en otra parte la lentitud, las faltas de operatividad, la falta de realizaciones; esto de los gobiernos anteriores. Nosotros tenemos que romperlo y por eso he dicho ayer que el Gobierno Popular tiene que cambiar de forma y de fondo. Aquí vamos a estudiar con la comunidad los problemas fundamentales y aquí vamos a encarar sus soluciones y aquí vamos a hacer partícipe al pueblo, vamos a discutir con la gente. Nosotros queremos que participen los obreros, que participen los campesinos, los intelectuales, los universitarios...

DEBRAY: En este sentido de participar Ud. dijo muchas veces que el poder nace de la base. ¿Y serán suficiente los partidos políticos que integran la Unidad Popular? ¿No piensa que los CUP tal como están podrían revitalizarse, podrían darse otro contenido para que la gente vaya adquiriendo mayor control sobre sus condiciones de vida, empezando por controlar los precios y la calidad de los artículos de consumo, elevándose poco a poco a plantearse tareas de defensa de la revolución?

ALLENDE: Tenemos que organizar los frentes de masas, tenemos que organizar los frentes de los sin casa, de los sin trabajo, tenemos que organizar a las compañeras para que controlen precios y calidad de los alimentos. Ayer, Régis, he dicho, por ejemplo, que el Comando Nacional Femenino ya tiene 20.000 compañeras que van a trabajar como voluntarias en el campo de la salud y van a entregar 160.000 horas mensuales de trabajo voluntario, es muy importante. Es la participación activa: van a estar ayudando en la distribución de la leche, en combatir los basurales, en dar instrucciones a las madres para evitar las diarreas infantiles y, en este caso, para ver, por ejemplo, el precio y la calidad del pan.

DEBRAY: ¿Llegaron a la congelación de los precios, en lo general?

ALLENDE: Hasta ahora ha sido absoluta.

DEBRAY: En un discurso suyo he leído estas frases: "No vamos a tener ahora ningún gran duque de la Administración Pública" y también dijo Ud. algo que no entendí muy bien: "No admitiremos aristocracia obrera". ¿A qué se refería? Quizás a algo que desde el extranjero sorprendió mucho: los mineros de Chuquicamata han votado por la derecha y eso es difícil de entender. La clase obrera votó por Allende pero en algunos sectores...

ALLENDE: Muy pocos. .

DEBRAY: Muy pocos... donde estaban las empresas imperialistas ha votado por Alessandri.

ALLENDE: No, solamente en Chuqui; no así en Salvador, no así en El Teniente. Más todavía, te puedo decir, en un centro de votación de El Salvador hay 300 inscritos, votaron 300 y saqué 300 votos, vale decir que el 100% de esos trabajadores votaron por el candidato de la Unidad Popular.

DEBRAY: Eso es lo lógico, lo anormal es lo de Chuquicamata [23] . ¿Cómo se explica?

ALLENDE: Mira, se explica así: tú sabes perfectamente bien que las organizaciones sindicales en el régimen democrático burgués nuestro establecen indiscutiblemente zonas de poder y de influencia. La vida de los trabajadores del cobre es dura, un alto porcentaje es víctima de enfermedades profesionales, como la silicosis pero compensan esa realidad con altos salarios que las empresas extranjeras que explotan el cobre de Chile están en condiciones de darles porque esa riqueza ofrece grandes utilidades a los inversionistas. Durante años se les ha dicho por parte de las empresas norteamericanas, que el día que ellas se vayan de Chile, su situación se desmejorará, sobre todo a los que ganan dólares. Nosotros tenemos escasos medios de comunicación para destruir el esquema mental impuesto por la clase dominante sobre una masa de la población que vive en gran medida aislada. Es conveniente que recuerdes que Chuquicamata es prácticamente una ciudadela aislada que es dominada por la empresa imperialista. Debemos luchar por darle conciencia a esos trabajadores; no basta que los trabajadores tengan organización sindical, es necesario que ella esté impregnada de la ideología revolucionaria. Los Partidos Comunista y Socialista han luchado por mantener la Central Unica de Trabajadores con una ideología revolucionaria. También luchamos porque el pueblo se organice. Es útil que sepas que sólo el 20% de la clase trabajadora está organizada en Chile y que por lo tanto la inmensa mayoría no lo está.

DEBRAY: ¿Y cómo se explica la falla?

ALLENDE: Se explica esa falla por muchas razones: Primera, porque los gobiernos no han facilitado el que se organicen los trabajadores, porque eran gobiernos de clase. Tú comprendes que un trabajador organizado, es un trabajador que tiene mucha más fuerza, que tiene conciencia y que va a luchar en mejores condiciones por sus derechos.

DEBRAY: Tampoco han dado personería jurídica a la CUT. ¿quizás?

ALLENDE: Tampoco se la dieron, nosotros se la tendremos que dar.

DEBRAY: ¿Ud. piensa "aumentar la base sindical, promover la sindicalización?

ALLENDE: Total. De todos los trabajadores. Inclusive los trabajadores del sector público, estarán agrupados. Tienen una organización, pero no está reconocida. Bueno, esto tiene matices distintos, porque por ejemplo, yo he leído que en Francia hasta la policía a veces ha amenazado con huelga. En Chile, por ejemplo, dentro de la concepción democrático burguesa, sería inadmisible para los chilenos. Nosotros vamos a organizar auténticamente a los servidores del Estado también, pero sobre la base de que ellos tienen que tener conciencia que éste es su gobierno y que no es necesario ir a la huelga para solucionar sus problemas. ¿Qué es lo que sucede? Que los obreros del cobre, por ejemplo, tienen y tenían conciencia que una huelga del cobre es una huelga que ningún gobierno puede tolerar que dure 60 ó 30 días porque es un golpe brutal para Chile, porque los ingresos del fisco disminuyen ostensiblemente. Entonces, lógicamente, tienen la gran palanca de que su huelga repercute en la economía nacional y todos los gobiernos tienen que solucionar este problema. ¿Y cómo lo solucionan? Bueno, dándole la satisfacción a un porcentaje muy grande de lo que piden. Entonces ¿de qué se trata? De que los obreros tengan conciencia, los obreros del cobre, que no porque están ahí en el cobre, ellos van a obtener una situación de excepción muy superior al resto de los trabajadores. Es que tienen que tener la misma posición de clase, tienen que darse cuenta que nosotros necesitamos su trabajo y su producción para Chile, y que la inmensa mayoría de ellos tienen salarios que les permiten vivir. Esa es la realidad, ahí está el fondo en que radica, ese es un problema de conciencia, de toma de conciencia de clase de la gente. Y en el cobre un porcentaje de los trabajadores pasa a empleados y un porcentaje de esos empleados, aún siendo chilenos, son pagados en dólares. Algunos de esos empleados pagados en dólares, no digamos que todos, vendían los dólares en la bolsa negra y por lo tanto cuando uno pregunta: ¿cuánto ganaba Ud.? no te dicen el equivalente en escudos sobre la base del cambio oficial, sino del cambio negro.

DEBRAY: En cuanto al papel de los trabajadores en los centros de producción, ud. ha indicado que en el área de la economía social el gobierno iba a dar participación en los Directorios de Empresas a los trabajadores.

ALLENDE: Empleados y técnicos, además.

DEBRAY: Eso para mí, siendo Ud. socialista y conociendo las antiguas aunque remotas relaciones del Partido Socialista con Yugoslavia, me hace pensar en autogestión.

ALLENDE: No, no. Nosotros hemos planteado como una necesidad la presencia de obreros, empleados y técnicos en un porcentaje en la dirección de las empresas, pero eso no implica que esas empresas vayan a tener independencia para producir. Nosotros somos y seremos partidarios de una economía centralizada, las empresas tendrán que desarrollar los planes de producción que fije el gobierno. Ahora, para que esto se cumpla, entonces discutiremos con los trabajadores. Pero no le vamos a entregar una empresa a los trabajadores para que ellos produzcan lo que quieran y para que ellos obtengan desde el punto de vista personal, porque tienen una empresa que es vital para el país, mayores ingresos que el resto. Estamos en contra de esa política.

DEBRAY: Entonces, apuntan hacia una planificación democrática en el sentido de planificación centralizada, pero con participación de los trabajadores en las decisiones.

ALLENDE: Evidente, evidente, y si no, no habría posibilidad del desarrollo que necesitamos; es por eso que le hemos dicho a los trabajadores, por ejemplo, cuando fui al carbón —lamento mucho no haberte invitado, me hubiera gustado sobremanera hacerlo para que hubieras visto esa zona y hubieras hablado con los trabajadores— bueno, ¿qué le dije a los trabajadores? Ahora están produciendo ustedes 3.800 toneladas de carbón al día, necesitamos producir 4.700 o sea, que hay que aumentar la productividad, ustedes tienen que trabajar más, producir más, sacrificarse más. Pero no se van a sacrificar para que se llene los bolsillos la empresa particular para la cual trabajan. Ahora van a trabajar para ustedes porque les vamos a mejorar sus condiciones, les vamos a dar viviendas de seres humanos, les vamos a hacer canchas deportivas, les vamos a dar leche a sus niños, les vamos a dar facilidades de educación y van trabajar para el país; el carbón nosotros lo necesitamos como fuente todavía energética, sobre todo frente a la disminución del petróleo. Esa es la importancia que tiene que los trabajadores conozcan los problemas nacionales y que se den cuenta que tanto el que está en el carbón como el que está en el cobre, como el que está en la tierra, está trabajando para Chile y no está trabajando en función únicamente de sus problemas personales o gremiales.

DEBRAY: Darles una conciencia de poder, finalmente.

ALLENDE: Evidente, y al mismo tiempo de lo que el poder representa para el país y para los planes de desarrollo económico nacionales.

DEBRAY: O sea, sin sentido economicista, sin regionalismos, sin egoísmos. En este aspecto de la relación de la clase obrera, como clase hegemónica o no, con el poder político, se puede ampliar un poco más. Ud. sabe perfectamente que una cosa es tener la dominación política y otra cosa es poder ejercer la dirección social, moral y cultural de una sociedad determinada. Hasta con un poder político obrero puede ser que la burguesía siga imponiendo su ideología, controlando a las normas culturales y a los comportamientos sociales. Sin hablar de la permanencia del aparato institucional que impide la expresión directa de la iniciativa de las masas, puede causar inquietud la permanencia de este dominio difuso que hasta lo puede conservar una clase dominante después de haber sido nacionalizadas bancas y empresas monopolistas. Claro que esos no son problemas del momento, pero lo que sí se plantea como un problema de actualidad es la cuestión de los medios de comunicación de masas. Estos no responden al poder popular sino al poder del dinero, hoy como ayer. Me imagino que hasta para Ud. como gobernante debe ser un rompecabezas.

ALLENDE: Sin discusión que lo es. Y tenemos conciencia de esto.

DEBRAY: ¿Y piensa resolverlo de alguna manera?

ALLENDE: Desde luego lo hemos dicho, no vamos a suprimir los medios de difusión que tiene la burguesía, pero vamos a cohesionar los nuestros, vamos a aumentar los nuestros, vamos a hacer indiscutiblemente que los que trabajan en esos medios, que los periodistas tengan conciencia de que ellos serán los primeros beneficiados con el cambio y que por lo tanto cuando trabajen también en esas empresas burguesas v vean que la política de ellos está en contra del Gobierno Popular, ellos sean dentro de esas empresas un factor de resistencia. Cuando el periodista se sienta amparado y sepa que va a encontrar trabajo en otra parte, ¿no es cierto? le podrá decir a una empresa: "Mire, yo no publico esta información" o "yo hago la información tal como es",. Por ejemplo, Régis, tú estuviste ayer en la concentración de Valparaíso, pues bien: es la primera vez en la historia de Chile, y tú sabes que yo he sido candidato muchos años, muchas veces, he sido candidato 18 años a la presidencia, pero es la primera vez que se publica en "El Mercurio" una fotografía auténtica en que se ve la masa que había en una concentración popular.

DEBRAY: ¿Primera vez?

ALLENDE: La primera vez. Si la concentración se hubiera efectuado antes de las elecciones habrían dicho: 3.000 personas, y en realidad dijeron 40.000 y fue así.

DEBRAY: Pero como candidato, ¿Ud. hizo concentraciones donde había todavía más gente?

ALLENDE: Sí, pero ¿qué decían? Se reunieron unos miles de personas, punto, 3.000 ó 5.000 partidarios de Allende lo proclamaron en Talca, Valparaíso, en Concepción. Hubo concentraciones de 100 mil o 300 mil personas pero jamás hicieron referencia a la magnitud de ellas.

DEBRAY: Pero además de las concentraciones que Ud. hace —yo le voy a hacer una crítica, por supuesto, porque yo soy su huésped aquí—. pero le voy a hacer una pregunta.

ALLENDE: Tienes derecho a hacer la crítica porque el diálogo es así.

DEBRAY: Le voy a hacer una pregunta: hay 3 canales de Televisión. ¿Ud. no puede dirigirse al pueblo en forma menos rígida y menos formal que cuando anuncia decretos? ¿Porqué no se dirige al pueblo más frecuentemente para explicar las medidas, discutirlas con los periodistas, con representantes del pueblo, frente a todo el mundo, en un tono de conversación como el que está teniendo conmigo en el momento actual?

ALLENDE: Por dos razones: primero, porque los gobiernos anteriores abusaron de lo que nosotros llamamos aquí las cadenas nacionales obligatorias de radio y televisión, que en un momento determinado llegó a cansar a la gente y las repudió. Segundo, porque yo no quiero que sea esto una acción personal del compañero Presidente. Entonces les he dicho a los Ministros, a los funcionarios responsables, que ellos participen en los foros o que ocupen los canales de Televisión para exponer los problemas atingentes a su Ministerio. Hay que tomar en cuenta, eso sí, que las televisiones que hay, sólo una es del Estado; además el Consejo Directivo limita bastante las posibilidades del gobierno y esa ha sido una maniobra de tipo político en contra nuestra; y los otros dos pertenecen a las universidades; así es que tenemos que tomar en cuenta y en consideración estos hechos. De todas maneras, yo creo que semanalmente participan uno o dos Ministros en foros, en espacios de televisión, y yo mismo sin trazarme un plan determinado, creo haber participado más o menos cada 10 días. Ahora he estimado conveniente hacerlo, por ejemplo, sobre todo en los casos de importancia.

DEBRAY: Una cuestión paralela a ésta. En los actos, los discursos, en la poca y discreta propaganda de la Unidad Popular, hay un tema que vuelve frecuentemente: "el hombre nuevo", "la nueva moral", etc. ¿No le parece utópico hablar de eso en una sociedad todavía tan medularmente burguesa, en la cual no han sido removidos todavía los antiguos moldes escolares?

ALLENDE: No. Nosotros comprendemos perfectamente bien que la gente educada, formada por esa sociedad, nada tiene que ver con lo que llamamos "el hombre nuevo". La ideología dominante en la actual sociedad es la burguesa pero es obvio que lo que llamamos "el hombre nuevo" surgirá y vivirá de la nueva sociedad. En la actualidad debemos realizar una labor pedagógica para ir despertando en la conciencia de la masa el interés por formar una nueva sociedad, y mostrando cuál será la imagen de sus componentes, "los hombres nuevos". Ahora, la vanguardia cuenta con revolucionarios que se esfuerzan por comportarse como tales y es evidente que ellos ponen las primeras piedras de la base donde tendrá que asentarse "el hombre nuevo". Por eso no considero utópico hablar de este último, lo sería si soñáramos en que este hombre va a vivir en la actual sociedad. El hombre nuevo va a surgir en la nueva sociedad.

DEBRAY: Cuyas bases económicas quedan todavía por construir...

ALLENDE: Y saldrán cuando "el hombre nuevo" sea producto de la nueva convivencia social, cuando haya sociedad sin clases, cuando haya sociedad socialista.

DEBRAY: O sea, ¿no son todavía problemas de actualidad, no es cierto? pero hablemos de los problemas de actualidad. Las nacionalizaciones han sido muy importantes, han golpeado el cobre, el carbón, y en fin, industrias claves, pero lo que no he entendido es la política de indemnización que piensa seguir el Gobierno Popular. Se ha dicho que es un costo muy alto para mantener la paz social y, hasta aquí quizás, la paz para Chile, el pago de estos montos de indemnización a las compañías extranjeras; ¿cómo Ud. concibe este problema? ¿no se irá a empobrecer el Estado en provecho de los monopolios?

ALLENDE: En primer lugar, no hay ninguna indemnización que esté comprometida en el caso del cobre. Estudiaremos la situación de cada una de las industrias, el capital inicial, las utilidades obtenidas, las sobreutilidades en relación con el mercado, las amortizaciones, etc. y nosotros podemos pagar desde cero hasta mil millones de dólares. Ese es problema nuestro, lo que no queremos nosotros y lo hemos dicho, honestamente, es que se diga que vamos a usurpar y apropiarnos de lo ajeno. Ahora, por ejemplo, en el caso de la opción que le hemos dado a los accionistas de los bancos, lo hemos hecho fundamentalmente para que los pequeños accionistas no se sientan lesionados. No podemos abrirnos todos los frentes, sería torpe e injusto; por último si gastamos algunos millones en eso, estamos ahorrando en lo que puede ser una resistencia, un enfrentamiento o una carrera armamentista a que nos veríamos obligados en estas circunstancias.

DEBRAY: A propósito, y hablando de armamentos: tengo entendido que no les sobran a los revolucionarios aquí, ni siquiera para defenderse. En una revista francesa de izquierda vi un titular sobre Chile: "la revolución sin fusiles". ¿Le parece realista la fórmula? Por supuesto todavía no han salido los fusiles en Chile, o muy poco, ¿pero es una revolución la que ocurre aquí?

ALLENDE: Yo creo que sí. Estamos en una etapa revolucionaria. ¿Cómo podemos definir una revolución? Desde el punto de vista sociológico, yo te lo pregunto.

DEBRAY: Quisiera aclarar una duda de inmediato. Para mí la cuestión de la violencia no es piedra de toque.

ALLENDE: Está bien. Es el paso del poder de una clase minoritaria a una clase mayoritaria.

DEBRAY: Eso es, al menos como definición mínima.

ALLENDE: Aquí la clase minoritaria ha sido desplazada por el pueblo y eso ha sido evidente porque si la clase minoritaria estuviera en el poder no habría nacionalización del cobre, no habría nacionalización de los bancos, no habría reforma agraria, Régis.

DEBRAY: Pero hasta el momento el gobierno, digamos, no se ha salido de los marcos reformistas. Ha actuado dentro de la Constitución que le había legado el gobierno burgués anterior, ha actuado dentro de los moldes institucionales establecidos; por eso se puede decir que hasta el momento hubo reformas. Ya, por 1905, creo, Lenin distinguía entre dos tipos de reformas, las que están destinadas a abrirle el camino a la revolución socialista, y las que están destinadas a frenarla, desviarla, y al final, impedirla.

ALLENDE: Yo creo que nosotros hemos utilizado aquellas que le abren el camino a la revolución. Ahora tenemos la pretensión y eso sí que lo voy a decir con modestia, de estar creando un camino distinto y demostrar que se puede hacer estas transformaciones profundas que son el camino de la revolución. Nosotros hemos dicho que vamos a crear un gobierno democrático, nacional, revolucionario y popular que abriera el camino al socialismo porque el socialismo no se impone por decreto. Todas las medidas que hemos tomado son medidas conducentes a la revolución.

DEBRAY: Pero mi pregunta tenía un poco de trasfondo histórico. Aquí ya hubo Frente Popular, aquí ya hubo gobiernos democráticos. Ud. fue Ministro de Pedro Aguirre Cerda. Después vino lo de González Videla [24] que terminó mal, cuando empezó la guerra fría; después vino el populismo de Ibáñez. Eso ha fracasado y no solamente aquí sino en todo el continente.

ALLENDE: ¿Qué ha fracasado?, perdóname, ¿qué ha fracasado?

DEBRAY: Ha fracasado una cierta política colaboracionista, conciliadora, basada en una simple combinación electoral entre partidos obreros y partidos, digamos, demo-burgueses. ¿Cómo Ud., compañero Presidente, puede asegurar que los fracasos de antes no se van a repetir en 1971 en Chile?

ALLENDE: En primer lugar, Régis, yo sostengo que el Frente Popular chileno no fracasó, por una razón muy sencilla: porque el Frente Popular chileno no se propuso la transformación revolucionaria de Chile. Pedro Aguirre Cerda levantó un programa que decía: "Pan, techo y abrigo", Es decir, un programa humanitario pero no un programa de contenido social ni mucho menos revolucionario. El que piensa que Pedro Aguirre Cerda era un revolucionario, tendría que decir, claro, fracasó, pero resulta que nosotros entramos conscientemente a colaborar para ser la izquierda del sistema, es decir, del sistema capitalista. En cambio, el programa lo dice, hoy luchamos por transformar y cambiar el sistema, es completamente distinto. En el Frente Popular, Régis, habla un Partido hegemónico, un Partido mayoritario, el Partido de la burguesía, el Partido Radical. Hoy día, en la Unidad Popular no hay ningún Partido hegemónico, pero están presentes dos Partidos de la clase obrera, Partidos revolucionarios, partidos marxistas. Por último, compañero, el Presidente de la República es un socialista. Entonces, las cosas son distintas y yo he llegado a este cargo para hacer la transformación económica y social de Chile, para abrirle camino al socialismo. La meta nuestra es el socialismo integral, científico, marxista.

DEBRAY: Además, el contexto internacional es distinto.

ALLENDE: Evidente. ¿Cuándo vamos a llegar? Yo he estado el año 53 en China. ¿Cuántos años llevaba China en revolución?

DEBRAY: Tres o cuatro años.

ALLENDE: Un poco más creo yo.

DEBRAY: ¿No entró Mao en Pekín en enero de 1949?

ALLENDE: Bueno, ¿qué había, por ejemplo, en Shangai? Existían empresas mixtas. Todavía está Hong Kong. Todavía en Shangai los ingleses tienen ventajas en las aduanas. Todo el mundo sabe que China, la República Popular, podría terminar en 24 horas con Taiwán, con Formosa. ¿Y por qué no lo hace? Porque sencillamente sería poner en peligro la paz del mundo y su propia revolución. ¿Por qué Fidel no toma Guantánamo? ¿Alguien va a pensar que Fidel no quisiera que los americanos no estuvieran ahí? ¿Por qué no lo toma?

DEBRAY: Pero que quede bien en claro que yo no soy partidario de este tipo de medidas, por supuesto. ¡No pretendo siempre jugar el papel de ultra izquierdista! Creo que Ud. tiene toda la razón en medir su paso, en escoger su ritmo. La cuestión principal sobre la cual se opera la discriminación, no es el uso de la violencia física, bajo tal o cual forma, la cuestión principal es: ¿cuál es la fuerza social motriz del proceso?, ¿cuál es la clase que asume la dirección del proceso?

ALLENDE: El proletariado; eso es, la clase obrera.

DEBRAY: Si es así y si sigue así y si se consolida así esta situación, luego entonces, garantías hay. Es hablar de las garantías constitucionales...

ALLENDE: Que tuvimos que dar, nos significaba alcanzar el gobierno sin desmedro de nuestro programa.

DEBRAY: ¿Era absolutamente necesario? ¿Era imprescindible negociar este Estatuto de garantías democráticas"?. [25]

ALLENDE: Sí, por eso lo hicimos. Sigo convencido que fue correcto producir ese Estatuto de Garantías, pero es conveniente aclarar que no es justo usar la palabra negociación, por cuanto nosotros no cedimos una línea de nuestro programa de gobierno. Ubícate en el período en que se produjo ese Estatuto y lo medirás como una necesidad táctica. Hemos hablado bastante del dramático período comprendido entre el 4 de septiembre y el 24 de octubre. Piensa en un Chile castigado por la llamada "Campaña del Terror", como se llamó al proceso de amedrentamiento sicológico del pueblo impuesto por sus enemigos. Esa campaña corría a parejas con el asombro del mundo que miraba a este pequeño país para decir: "Por primera vez un marxista gana el Gobierno en una elección". Un sector del Partido Demócrata Cristiano, con uno de sus líderes a la cabeza, Radomiro Tomic [26] llegó a la conclusión que si ese Partido no entregaba los votos de Senadores y Diputados para producir una mayoría que reconociera nuestro triunfo, Chile iría a la guerra civil. Ese sector propuso, entonces, que se reconociera la victoria de la Unidad Popular a cambio de un "Estatuto de Garantías". Por un lado dijeron que nosotros teñidos por la ideología de la clase revolucionaria, provocamos terror, pero al mismo tiempo agregaron que no podían ser responsables de la guerra civil. Así salió el "Estatuto". Léelo y compáralo con nuestro programa de gobierno para llegar a la conclusión que no cambiamos ni una coma del programa. En ese momento lo importante era tomar el gobierno.

DEBRAY: Hagamos una retrospectiva más. Siendo así y siendo el programa de la Unidad Popular conocido desde antes de las elecciones, su personalidad siendo conocida también, su trayectoria política en los últimos tiempos muy conocida, ¿cómo explica Ud. que la burguesía, bueno, que la derecha, o que el adversario, digamos así, se haya dividido en dos candidaturas? Yo sé que mi pregunta es un poco mala, porque finalmente el programa de Tomic tiene mucho parecido al programa suyo, pero, ¿cómo explica Ud. la desunión de la Derecha frente a una izquierda que ya se sabía a donde iba?

ALLENDE: Algo de eso conversamos ayer cuando estábamos en Santiago. Ya te dije que en esto intervinieron diversos factores, un factor que indiscutiblemente no se puede medir en la experiencia de otros países. El hecho es que la derecha chilena pensó primero que la Democracia Cristiana no podía ganar por los errores que había cometido, por su indefinición, porque no satisfizo ni al sector propiamente tradicional derechista ni menos al sector de izquierda. Entonces se basaron en un nombre —porque si no hubiera existido Jorge Alessandri, la derecha no hubiera levantado un candidato que pudieran magnificar; creyeron en el mito —y Alessandri fue también muy favorable para que esta creencia se hiciera general— la figura de Alessandri para ellos llenaba, rebalsaba todas las fronteras, era una luz indefinible, Alessandri ganaba por ser Alessandri. Tú comprendes una cosa: en este país, por ejemplo, la historia señala que los hombres, los nombres, pesan extraordinariamente. El padre de Alessandri llenó 50 años de la historia de Chile; Ibáñez llenó 40 años de la historia de nuestro país; entonces para Jorge Alessandri que había sido Presidente y actuó en política desde la época de su padre, también estaba presente en la historia de la nación 40 años o más. Y modestia aparte, yo que estoy aquí ahora recién, también he tomado parte en la historia de Chile desde hace 30 años.

DEBRAY: ¿No esperaban el éxito popular?

ALLENDE: ¡Ah, no! Jamás.

DEBRAY: ¡Quizás habría que inventar una nueva ley de la historia! —o una antiley— que sería la ley de las sorpresas: cuando sucede algo importante en la historia es siempre por sorpresa.

ALLENDE: Por sorpresa, no. Sobre las condiciones de fondo inciden circunstancias particulares y temporales.

DEBRAY: Y el factor sorpresa ha jugado acá, ha tenido un papel importante.

ALLENDE: Pero te advierto una cosa, es increíble que la derecha haya dejado que el factor coyuntural juegue, porque ellos tenían la experiencia del año 64. Ellos sabían que si hubieran ido tres candidatos, yo habría sido el Presidente el año 64 y la prueba está que retiraron su apoyo al entonces candidato de Derecha y apoyaron a Frei.

DEBRAY: ¿Cómo llama eso: ceguera?

ALLENDE: Soberbia. En el caso de la derecha, insolencia. Y, en general, insuficiente comprensión del proceso de contradicciones entre sectores sociales.

DEBRAY: Sí. Quizás también entra en juego una convulsión social generalizada en Latinoamérica una toma de conciencia antiimperialista, una toma de conciencia del agotamiento del sistema capitalista en los países dependientes que se hace sensible en muchos sectores de la misma burguesía. Creo que Tomic es un producto, digamos, de esta radicalización de la pequeña burguesía.

ALLENDE: Exacto, nadie puede discutir eso. En muchos aspectos el programa de Tomic tenía puntos amplísimos de contacto con nosotros y, para alguna gente, tenía algunos puntos más avanzados que nosotros.

DEBRAY: Compañero Presidente, permítame ahora ampliarle mi expectación. Ud. sabe que el leninismo nada tiene contra los compromisos siempre y cuando estos compromisos tácticos resulten útiles a la estrategia revolucionaria del proletariado, siempre y cuando sean imprescindibles y no comprometan el desarrollo ulterior de la lucha de clases. Los términos de conciliación dentro de los cuales se ha desarrollado el actual proceso corresponden, sin duda, a las condiciones objetivas y específicas de Chile. El problema ahora es saber si estos términos pueden o no propiciar la continuación del mismo proceso: o sea, ¿cómo se puede pasar sin ruptura de la legalidad burguesa a otro tipo de legalidad más democrática, más revolucionaria, más proletaria? Hay muchos ejemplos en la historia en que una clase social para evitar su derrocamiento prefiere sacrificar un dedo o dos para salvar la mano y el brazo. Uno puede preguntarse, entonces, si se va a encajonar al proletariado y sus aliados dentro de las instituciones burguesas, apaciguándolos con reformas por aquí, reformas por allá, o si se podrá, en un momento dado romper estos moldes para crear una democracia proletaria? ¿Es el proletariado el que va a imponerse a la burguesía, o es la burguesía quien va a ir poco a poco reabsorbiendo y amoldando al proletariado dentro de su mundo? Es sin duda esquemático, pero en el fondo mi pregunta sería: ¿quién se está sirviendo de quién? ¿quién le toma el pelo a quién? para decirlo brutalmente y de manera un poco provocadora quizás...

ALLENDE: ¡No creo que un compañero me provoque con una pregunta!

DEBRAY: Bueno, eso se dice de mí, que soy un provocador profesional, compañero Presidente.

ALLENDE: ¡Yo no me dejo provocar!

DEBRAY: La pregunta es importante.

ALLENDE: Y la respuesta es breve: el proletariado.

DEBRAY: Es una apuesta hasta el momento, porque como Ud. lo sabe y lo ha explicado, los Frentes Populares ya no se dan ni se pueden repetir.

ALLENDE: No, es que esto no es un Frente Popular, hay que entender ese problema.

DEBRAY: ¿Cómo llamarlo: Frente de Trabajadores? ¿Frente de la Patria?

ALLENDE: Frente de Trabajadores, Frente de la Patria, Unidad Popular, pero con una columna vertebral en que la clase obrera es indiscutiblemente el motor, porque aunque no hay la hegemonía de un Partido, los Partidos Socialista y Comunista son indiscutiblemente los Partidos que representan al 90% de los trabajadores, vale decir, obreros, campesinos, empleados, técnicos y profesionales. Bueno, entonces la pregunta es: ¿quién se va a servir de quién? Aún aceptando la forma de la pregunta: el proletariado. Y si no fuera así, yo no estaría aquí. Yo estoy trabajando para el socialismo y por el socialismo.

DEBRAY: Su respuesta me convence. Cuanto más que el proceso chileno actual se desarrolla en un contexto internacional definido y que la correlación de fuerzas a nivel mundial ha cambiado mucho desde los años del Frente Popular, de la preguerra. Hay que recalcar eso ya que son muchos los que dicen afuera: "Chile es la Inglaterra de América Latina", "esa gente es buena, son como nosotros, no son tropicales, no les gusta la violencia, etc.". Pero tengo entendido que el pro proceso chileno se ubica de plano a sí mismo dentro de la lucha antiimperialista mundial. ¿Es cierto o no?

ALLENDE: Sí.

DEBRAY: Usted, por ejemplo, ¿participó personalmente en la Conferencia Tricontinental en La Habana?

ALLENDE: Fui Presidente de la Delegación Chilena y fui yo quien propuso la OLAS. [27]

DEBRAY: ¿Y no reniega de sus posiciones, por supuesto, actualmente?

ALLENDE: No.

DEBRAY: ¿El Chile popular sigue estando dentro de la Tricontinental?

ALLENDE: Perdón. . .

DEBRAY: Quiero decir, no dentro de la organización tricontinental, sino, ya que hemos hablado de eso, dentro de la lucha antiimperialista que se libra en los tres continentes, sin perjuicio, por supuesto, de la lucha proletaria y anticapitalista que se desarrolla en las mismas metrópolis.

ALLENDE: Perdón, yo quiero ser bastante claro, sobre todo frente a un compañero como tú. A la Tricontinental fue un grupo o una Delegación que representaba a los Partidos Socialista y Comunista. Entonces, socialistas y comunistas participamos en la Tricontinental y yo planteé la creación de olas porque existía la afro-asiática y yo estimaba que faltaba en América Latina una organización regional que fuera el otro pie de un trípode: la asiática, la africana, la latinoamericana. Ahora, como yo planteé eso, siempre sostuve que la OLAS no podía ser el comando supranacional revolucionario.

DEBRAY: Por supuesto. Sería tener una visión idealista de un proceso muy complejo que no se maneja como un ejército, con un Estado Mayor moviendo fichas sobre un mapa.

ALLENDE: Exacto, yo siempre sostuve que la olas tenía que ser un organismo de información, de coordinación y de solidaridad. Y tanto es así que siendo Presidente del Senado dije rotunda y categóricamente que yo no era el Presidente de OLAS, pero sí que estaba en el Directorio de la OLAS y que no renunciaba a él aun si me censuraran por eso, y no se atrevieron a censurarme. Por ejemplo, la Democracia Cristiana no tenía autoridad para censurarme porque ellos tienen una organización internacional. Entonces, yo te puedo contestar: el gobierno chileno no está en la OLAS, ¿por qué?, porque en el gobierno chileno hay partidos como el Radical que no estuvo en la olas, el MAPU que no estuvo en la OLAS, pero los comunistas y los socialistas siguen en la OLAS, y como yo soy socialista diría: seguimos en la OLAS. Además, honestamente la OLAS aquí no ha tenido gran vida.

DEBRAY: No, la olas ha sido, digamos, una etapa. Pero lo que puede sorprender es que el gobierno chileno se mantenga dentro de la Organización de Estados Americanos, esa misma OEA que Fidel llamó hace poco un prostíbulo. Entonces, ustedes, entran en el prostíbulo. A lo mejor no se entiende muy bien por qué, cuando menos, que en el programa de la Unidad Popular, que no es un secreto para nadie, que se regaló a todo el mundo antes de las elecciones, decían que iban a denunciar a la actual OEA y que el Gobierno Popular tendería a la creación de un organismo realmente representativo de los países latinoamericanos. ¿ La contradicción es de apariencia o de fondo?

ALLENDE: Mira, Régis. Yo contribuí a redactar este programa, pero indiscutiblemente si tú miras el contexto de Latinoamérica y ves, no es cierto, la mayoría de los gobiernos —y no quiero meterme a opinar mucho porque soy Presidente de Chile— tú comprenderás que es muy difícil imaginarse que pueda crearse un organismo auténticamente representativo de los pueblos latinoamericanos, sin que por lo tanto estuviera presente Estados Unidos. Ahora bien, en esas circunstancias creo que renunciar a una tribuna es el más craso error. Además, el caso de Cuba es distinto porque a los cubanos los echaron de la OEA.

DEBRAY: Pero se niegan a volver ahí.

ALLENDE: Evidente. ¿Por qué? Porque Fidel Castro y Cuba han sufrido las consecuencias de la política imperialista. Cuba dejó la OEA cuando prosperó otra fase del plan para aislarla y quebrarla económicamente, la que se concretó en la resolución que no contó con el voto favorable de Chile, de expulsarla del seno de la OEA. El cerco económico hecho por Estados Unidos a Cuba se hizo sin acuerdo de la OEA, ha sido por determinación del Departamento de Estado americano, entonces, los términos con que juzgue Fidel a la OEA los entiendo. Ahora, nosotros sabemos perfectamente bien las limitaciones que tenemos, pero yo digo que para nosotros es necesario, es indispensable usar esa tribuna para plantear nuestros puntos de vista y para señalar que la OEA debe cambiar.

DEBRAY: Y de esta manera quizás podrán tener un papel positivo a medida que van cambiando las cosas, y las cosas cambian rápidamente en este continente. Ahora bien, en cuanto a sus relaciones con Estados Unidos, tienen razones para temer un empeoramiento?, ¿qué es lo que esperan?

ALLENDE: Si nos sometemos a la historia, es cierto que podemos temer muchas cosas. La experiencia de Latinoamérica al respecto es dramática y es sangrienta, pudiéramos hablar de la política del garrote o de la política del dólar, del desembarco de marinos, ya lo sabemos. Ahora bien, nosotros también pensamos que EE.UU. como pueblo y como nación está hoy día viviendo etapas muy diferentes a las de antes. Ellos tienen profundos problemas internos. No sólo el problema de los negros, tienen el problemas de sectores obreros, de estudiantes, de intelectuales, que no aceptan la política de agresión. Además, ellos se han concitado la repulsa mundial con su actitud en Vietnam, por lo tanto, les es más difícil proceder en América latina. Nosotros no tenemos ninguna actitud agresiva contra el pueblo norteamericano.

DEBRAY: Y la agresión vendrá de ellos, si es que tiene que venir.

ALLENDE: Por eso digo: de parte nuestra, ni siquiera es verbal. El señor Nixon es Presidente de Estados Unidos y yo soy Presidente de Chile. Yo no tendré un término despectivo contra el Sr. Nixon, mientras el Sr. Nixon respete al Presidente de Chile. Si ellos rompen con esto que es una obligación, si una vez más van a hacer tabla rasa de la autodeterminación, de la no intervención, se van a encontrar con una respuesta digna de un pueblo y de un continente.

DEBRAY: Lo saben, de tal modo que no creo que cometan disparates, pero hay otras formas de agresión: económicas, bloqueo...

ALLENDE: Yo creo que no lo van a hacer; primero, porque como te digo, nosotros hemos procedido dentro de las leyes chilenas, dentro de la Constitución, Por eso sostuve yo, Régis, que la victoria por los cauces electorales era la derrota para determinada política, porque a ellos sí que les amarraba las manos.

DEBRAY: Era quitarle toda legitimidad a cualquier intervención. Pero cuando se trata de intervenir, la verdad es que no se preocupan mucho de las leyes internacionales. Finalmente, ¿en qué reside para Ud. la lección del proceso chileno?, ¿cuál es la lección para Latinoamérica, en su concepto?

ALLENDE: La lección es que cada pueblo tiene su propia realidad y frente a esa realidad hay que actuar. No hay recetas. El caso nuestro, por ejemplo, abre perspectivas, abre caminos. Hemos llegado por los cauces electorales. Aparentemente se nos puede decir que somos reformistas, pero hemos tomado medidas que implican que queremos hacer la revolución, vale decir, transformar nuestra sociedad, vale decir, construir el socialismo.

DEBRAY: Ud. sabe cómo en el marco latinoamericano su imagen está siendo utilizada para contraponerla a la de Fidel y la del Che. ¿Qué piensa Ud. de los que dicen que lo que acaba de pasar en Chile desmiente la tesis de la guerra del pueblo, la validez de la lucha armada, digamos, en otras partes?

ALLENDE: Lo he dicho aún antes de nuestra victoria. La lucha revolucionaria puede ser el foco guerrillero, puede ser la lucha insurreccional urbana, puede ser la guerra del pueblo, la insurgencia como el cauce electoral, depende del contenido que se le dé. Entonces, frente a algunos países no hay otra posibilidad que la lucha armada: donde no hay Partidos, donde no hay sindicatos, donde hay dictadura, ¿quién va a creer en la posibilidad electoral? No hay ahí ninguna perspectiva electoral. Y esa gente, estos revolucionarios, tienen que llegar hasta el final.

DEBRAY: Personalmente he visto, he sentido su victoria como un aliento para seguir luchando, sea como sea.

ALLENDE: Evidente, lo has interpretado bien.

DEBRAY: Mi muy poca experiencia política y mi poco conocimiento de Latinoamérica me han permitido notar que hay muchos gobiernos por ahí que se dicen, revolucionarios. Pero hay unos que dicen más de lo que hacen y otros, muy pocos, que hacen más de lo que dicen. Uno tiene la impresión de encontrarse aquí en el segundo caso.

ALLENDE: Para nosotros vale mucho más hacer que decir.

DEBRAY: Entonces, a lo mejor no nos queda por decir mucho. Sin embargo, una última pregunta: ¿Cómo ve a partir de la experiencia chilena, a partir de la victoria popular en Chile, el porvenir de América Latina?

ALLENDE: Con victoria o sin victoria, siempre he dicho lo mismo: Latinoamérica es un volcán en erupción. Los pueblos no pueden continuar muriéndose a medio vivir. Tú sabes perfectamente bien que en este continente hay 120 millones de semianalfabetos y analfabetos; tú sabes que en América Latina faltan 19 millones de viviendas y que el 70% de la gente se alimenta mal, tú sabes que potencialmente nuestros pueblos son riquísimos y sin embargo, son pueblos con desocupación, con hambre, con incultura, con miseria moral y miseria fisiológica. Los pueblos de América Latina no tienen otra posibilidad que luchar —cada uno de acuerdo con su realidad— pero luchar. ¿Luchar para qué? Para conquistar su independencia económica y ser pueblos auténticamente libres en lo político también. Ahora, yo creo que ésa es la gran perspectiva y como Presidente yo puedo decirlo, sobre todo a la juventud, que en el camino de la lucha, en el camino de la rebeldía, en el camino de la consagración a estar junto a los trabajadores, está la gran perspectiva y la gran posibilidad. Este continente tiene que alcanzar su independencia política; nosotros tenemos que hacer la independencia económica. Algún día, América latina tendrá una voz de continente, una voz de pueblo unido, una voz que sea respetada y oída, porque será la voz del pueblo dueño de su propio destino. Esto es lo que yo pienso, Régis, y creo que tú, compañero nos puedes ayudar mucho diciendo lo que has visto y diciendo lo que queremos.

DEBRAY: Trataré de hacerlo. En todo caso no quiero molestarlo más, compañero. Muchas gracias.


Notas:

1. PARTIDO COMUNISTA: Fundado en enero de 1922 en una Convención del Partido Obrero Socialista al cual se le cambió de nombre y que a su vez había sido fundado en 1912 por Luis Emilio Recabarren. precursor de las luchas obreras chilenas. Adhiere a la II Internacional. En el Octavo Congreso del Partido, en enero de 1927, se establecieron sus bases doctrinarias diciendo: "El Partido irá acentuando el proceso de bolcheviquización. Los comunistas no acuden al Parlamento para consagrar el régimen capitalista, sino para destruirlo. La emancipación del Proletariado no se conseguirá por vías democráticas sino por la vía revolucionaria. Su liberación no está en el Parlamento, sino del "sovietismo". Prácticamente fue su última actuación, ya que luego asumió el poder Ibáñez y sus militantes fueron duramente reprimidos y perseguidos.

El Partido sufrió una división luego de la Cuarta internacional. Integró el Frente Popular que llevó al Gobierno de Pedro Aguirre Cerda, pero luego se marginó de él.

En el Gobierno de González Videla (1946-1952) integró el Gabinete pero luego fue declarado fuera de la Ley mediante un instrumento conocido como Ley de Defensa Permanente de la Democracia. "Ley Maldita". Sus dirigentes fueron deportados, encarcelados y perseguidos, lo que no impidió que el Partido continuara una activa vida política en la clandestinidad, llegando incluso a apoyar la primera postulación presidencial de Salvador Allende en 1952. Volvió a la legalidad sólo en 1958, cuando se derogó aquella Ley, integrando ese mismo año las fuerzas de izquierda reunidas en el Frente de Acción Popular que apoyó la segunda postulación presidencial de Salvador Allende. A partir de entonces el Partido Comunista ha manifestado un sistemático crecimiento electoral, llegando en las últimas elecciones parlamentarias a obtener alrededor de un 17% de la votación total. Su precandidato presidencial en las convenciones de la Unidad Popular fue el poeta Pablo Neruda. En el Gabinete del Presidente Allende, el Partido Comunista cuenta con tres Ministros —Hacienda, Obras Públicas y Trabajo— todos ellos obreros.

PARTIDO SOCIALISTA: Fundado el 19 de abril de 1933, aún cuando los antecedentes de su fundación deben encontrarse en una serie de movimientos socialistas pequeños que el año anterior habían apoyado el golpe de Grove y Matte. Desde su fundación señala su declaración de principios "su adhesión al marxismo como método de interpretación de la realidad y reconoce la lucha de clases como motor de la historia".

La fundación del Partido es el resultado de las condiciones objetivas de la realidad nacional, de la madurez alcanzada por la clase obrera, con una ya larga tradición de lucha, la insuficiencia de los partidos tradicionales que no expresaban los intereses de los trabajadores y también, de la crisis de dirección que experimentaba la clase obrera, ya que si bien el Partido Comunista chileno había penetrado la masa trabajadora, se encontraba al momento dividido en dos corrientes irreconciliables.

El nuevo Partido, además, mantenía con el Partido Comunista ciertas diferencias que un conocido teórico de sus filas ha sintetizado así: "...(los militantes) tampoco los representaba el Partido Comunista cuya ideología de contornos demasiado rígidos, cuya estrategia de líneas mundiales y cuya táctica de consignas esquemáticas no podían servir con eficiencia los impulsos reivindicativos de la clase trabajadora".

El Partido critica a la II y III Internacional y se mantiene al margen de ellas y enfoca su política internacional a un nivel continental más restringido. Así su declaración de principios dice: "La doctrina socialista es de carácter internacional y exige una acción solidaria y coordinada de los trabajadores del mundo. Para iniciar la realización de estos postulados, el Partido Socialista propugna la unidad económica y política de los pueblos del Continente para llegar a la Federación de Repúblicas Socialistas del Continente y a la creación de una economía antimperialista". Agrega en lo nacional que "durante el proceso de transformación total del sistema es necesaria una dictadura de trabajadores organizados".

En la última elección parlamentaria, el Partido Socialista reúne cerca del 15% de la votación total.

2. REPÚBLICA SOCIALISTA DE MARMADUKE GROVE: El entreguismo al imperialismo y la represión política de la dictadura de Ibáñez (1931-1932) más el Gobierno clasista de Montero, (1932) habían dejado una ola de descontento social canalizado en huelgas y otras acciones políticas por las embrionarias organizaciones obreras y partidos políticos de izquierda.

La labor política tenaz de una serie de grupos socialistas, mas el descontento de las masas y las injusticias cometidas por aquellos que detentaban el poder, dan el triunfo a un movimiento revolucionario encabezado por el Coronel Marmaduke Grove (Jefe Militar) y Eugenio Matte (dirigente civil). El 4 de junio de 1932, cae derrocado el Presidente Montero y se instaura un Gobierno socialista.

El nuevo Gobierno se embarcó en seguida en una serie de medidas concretas de beneficio de los desposeídos, contenidas en un programa conocido como de los "50 puntos" y bajo la consigna de "Pan, Techo y Abrigo". Miradas hoy día estas medidas acusan una extraordinaria ingenuidad o simplicidad (suspensión de lanzamientos de arrendatarios, devolución de los objetos empeñados en la Caja de Crédito Popular, concesión de créditos populares a pequeños comerciantes, etc.). Pero no hay duda que éstas provocaron la inmediata ira de la reacción derechista. Aún así hay en el nuevo Gobierno una clara consecuencia anti-imperialista; en su programa económico señala que "la administración del crédito, el ejercicio del comercio externo e interno, el control de los salarios y del mercado se han escapado de nuestras manos. Empresas extranjeras tienen en su poder todas la industria pesada de producción de materias primas y una gran parte de los servicios públicos. Nuestras clases privilegiadas han vivido embriagadas con los lujos y la molicie que le proporcionan el capitalismo extranjero a cambio de nuestras riquezas naturales y de la miseria del pueblo. Por eso en la advenediza burguesía de Chile, más que en ningún país que se diga libre, se ha evidenciado una mayor falta de respeto por todo lo que es nacional..."

El programa de los revolucionarios no planteaba la socialización de los medios de producción ni la confiscación de las grandes fortunas. Más aún, el Gobierno no se apoyó decisivamente en las masas para su ejecución y es así como después de 12 días, un golpe de Estado apoyado por la burguesía nacional y el imperialismo, lo derrocaron. No hay duda que a pesar de su corta duración, la Junta Revolucionaria constituyó una esperanza para la clase obrera y, además, juntó en su seno a cinco pequeños movimientos socialistas de cuya unificación nacería al año siguiente, el Partido Socialista.

3. CARLOS IBÁÑEZ DEL CAMPO: Nació en 1877, General de Ejército, personaje de la vida política chilena durante 30 años. Es candidato por primera vez a la Presidencia de la República en 1927 y obtiene el 98% de los sufragios. Se conoce su primer Gobierno (1927-1931) como "la Dictadura de Ibáñez".

A pesar de dedicar toda su vida a la política y de ser fundamentalmente un político, no militó nunca en Partido político alguno. Hizo política permanentemente personal y fundamentalmente conspirativa. participando en la elaboración de numerosos "golpes de Palacio". Se decía de él en los años 25 al 40 que la "única forma de estar seguro que Ibáñez no estaba conspirando, era cuando el Presidente era él".

A pesar que su primer Gobierno dejó el recuerdo triste de su autoritarismo y persecución política, el año 1951 fue postulado como Candidato Presidencial por un conglomerado de fuerzas independientes, un Partido creado especialmente para la ocasión (el Partido Agrario Laborista) y un sector del Partido Socialista (el Popular).

Su plataforma era de corte populista-demagógico y basada en la necesidad sentida por la opinión pública de saneamiento moral y limpieza en el manejo de la "cosa pública".

En una elección a 4 candidatos (incluyendo la primera postulación de Salvador Allende, apoyado por comunistas y un sector de los socialistas) obtuvo una mayoría abrumadora de votos, cercana al 50%.

Su política económica fue del más puro corte reaccionario incluyendo la traída a Chile de una misión norteamericana (la Klein-Sacks) lo que marcó la sujeción total de su política económica al Fondo Monetario Internacional. Esto originó la salida de su gobierno del Partido Socialista Popular. No consiguió detener la inflación, sino acelerarla y su política de saneamiento moral no se cumplió desde el gobierno, sucediéndose todo tipo de irregularidades.

En este gobierno estableció contactos con el régimen populista de Perón, sucediéndose una serie de comunicados de amistad y buena voluntad por parte de ambos gobiernos que culminaron con una publicitada visita y gira de Perón a Chile en 1953. Las intenciones políticas de esta alianza no están claras, pero se llegó a hablar de la creación de un eje de corte militar-populista entre Chile y Argentina con pretensiones de liderazgo y hegemonía en el Continente.

Al final de su Gobierno derogó la Ley de Defensa de la Democracia que había mantenido al Partido Comunista al margen de la ley por espacio de 10 años, lo que permitió a este Partido dar todo su apoyo a Salvador Allende en su segunda postulación presidencial en 1958.

Carlos Ibáñez murió en 1960.

4. Logias Lautarinas y Masónicas

Las logias lautarinas, así llamadas en homenaje al cacique araucano Lautaro, jefe de la lucha contra la conquista española en el siglo XVI en Chile, fueron creadas en Buenos Aires en 1812 por miembros de la francmasonería dentro de los cuales destacaba el general José de San Martín y Bernardo O'Higgins en Chile, ambos próceres de la lucha contra el coloniaje español. Se ha dicho que en tanto el ejército constituía el brazo armado de la liberación, la Logia Lautarina constituía su brazo político. Esto queda demostrado por el hecho que San Martín y O'Higgins manifestaban especial preocupación por la creación de las logias en la medida que el Ejército Libertador de los Andes avanzaba a nuevos territorios. Los objetivos fundamentales de la logia han sido definidos como el adoctrinamiento ciudadano y el estudio de las posibilidades políticas y sociales de la nación que se constituía. La relación entre las logias lautarinas y las logias masónicas ha sido descrita de la siguiente forma por un historiador: "La iniciación en los misterios de la francmasonería se exigió a todos los afiliados a la Logia Lautaro, de ahí nuestra afirmación de que si los fines de la logia eran evidentemente políticos, sus integrantes eran, con idéntica evidencia, masones". Así, la primera logia masónica en Chile, creada el 15 de marzo de 1827, tiene su raíz en la Logia Lautaro y su primer Venerable Maestro fue Manuel Blanco Encalada, que también había sido miembro de la Logia Lautaro. Las conexiones entre ambas logias se aprecian claramente en la utilización de rituales y símbolos que les son comunes, y funciones y actividades que también lo son. El siguiente párrafo extraído de los estatutos de la Logia Lautarina de Chile, escritos de puño y letra por Bernardo O'Higgins, prueban lo dicho: "... Siempre que alguno de los hermanos sea elegido para el Supremo Gobierno, no podrá deliberar cosa alguna de grave importancia sin haber consultado el parecer de la logia..." y agrega: "... será una de las primeras obligaciones de los hermanos en virtud del objeto de la institución, auxiliarse y protegerse en cualquier conflicto de la vida civil y sostenerse la opinión unos de otros" y además, "... todo hermano que revele el secreto de la existencia de la logia, ya sea por palabra o por señales, será reo de muerte, por los medios que se halle conveniente..."

5. Partido Radical

Nace de la separación de un grupo de militantes del Partido Liberal, bajo la dirección de Pedro León Gallo, en el año 1858. Los postulados básicos del Partido formalizados en la Convención de 1888 fueron: separación del Estado y la Iglesia; establecimiento de la enseñanza primaria gratuita, laica y obligatoria; mejoramiento de la situación legal de la mujer. En relación a la oligarquía dominante y a la burguesía ascendente, éstas constituían reformas avanzadas para la época. El Partido Radical frente a las masas tuvo una actitud reformadora que puede resumirse en la frase de uno de sus más brillantes militantes de la época, Enrique Mac Iver, para quien "los obreros no tienen cultura ni preparación suficiente para comprender los problemas del gobierno, menos para formar parte de ello".

Como entidad política, el Partido Radical aglutinó las esperanzas y representó los intereses de una naciente "clase media". Sus discrepancias más serias con la oligarquía emergieron de cuestiones religiosas y educacionales, en las cuales la actitud del Partido Radical fue más avanzada.

Durante este siglo el Partido ha entrado en el gobierno a través de varias combinaciones políticas y la Presidencia del país fue ocupada en forma sucesiva desde 1938 hasta 1952 por tres militantes de sus filas.

En 1969 el sector más progresista del Partido, apoyado por sus bases, gana el control de él y expulsa a la fracción más reaccionaria que había dirigido el Partido en la época de sus conexiones con la derecha. Cumpliendo los acuerdos de esta Convención, el Partido estimula la formación de la Unidad Popular y pasa a formar parte del Gobierno Popular con tres ministros.

6. PEDRO AGUIRRE CERDA Y EL FRENTE POPULAR: Después del VII Congreso en 1935 del Komintern, el Partido Comunista chileno se entregó de lleno a la agitación de la idea de la constitución del Frente Popular, idea que encontró eco en un gran sector del Partido Radical. El fundamento de esta línea está en la lucha contra el triunfo del fascismo y la defensa de la democracia. En las palabras de un historiador del socialismo chileno. Julio César Jobet: "El Frente Popular pasó a constituir una alianza de fuerzas obreras y democrático-burguesas con un programa que, contemplando los intereses de clases antagónicas, tendía a eliminar las asperezas en sus posiciones opuestas. Lo más destacado en él eran las defensas de las libertades democráticas y algunas reformas económico-sociales, en vista de las aflictivas condiciones de vida de las masas laboriosas".

En 1936 se organiza el Frente Popular, el cual de inmediato choca con la derecha criolla fuertemente cohesionada en torno a una de sus figuras típicas: Gustavo Ross Santa María.

En el año 1938 se realiza la Convención de Izquierdas que designa como candidato para la elección presidencial de ese año al profesor radical Pedro Aguirre Cerda, en representación del Frente Popular.

La campaña presidencial que dio el triunfo por 4 000 votos a Aguirre Cerda, fue de una extraordinaria combatividad por la resistencia opuesta por la derecha. Además del Partido Radical que era el Partido hegemónico de la combinación, apoyaban a Aguirre Cerda, el Partido Comunista, el Partido Socialista y el Partido Demócrata, mas grupos de Ibañistas. El programa de Gobierno era básicamente reformista contemplando una serie de medidas que pretendían dinamizar y agilizar la economía nacional seriamente comprometida al interés foráneo. La más importante sin duda es la creación de la Corporación de Fomento de la Producción cuya misión básica era la de industrializar rápidamente al país a través de la planificación económica y manejo del crédito industrial.

Cuando la concepción frente populista perdía importancia en el mundo, muere Aguirre Cerda el 23 de noviembre de 1941.

7. VÍCTOR RAÚL HAYA DE LA TORRE Y APRA: Aparece como dirigente estudiantil en 1918 participando en la jornada por las ocho horas de trabajo. El año 1923 es deportado a México. Ahí funda la Alianza Popular Revolucionarla Americana (APRA). Parte central del nuevo Partido en su nacimiento es la postulación de un profundo programa de Reforma Agraria, destrucción del latifundio y de la oligarquía. Plantea la existencia de un Estado fuerte de representación nacional. Constituyó el APRA la forma mas avanzada del pensamiento en el Perú, en la época. Sin embargo, al propugnar una alianza de clases en su lucha anti imperialista, Haya de la Torre representa la forma más clara de social reformista burgués.

Su arraigo en la masa le permite controlar el Parlamento y colocar a Bustamante en la Presidencia el año 1945. En 1948 el APRA se rebela contra Bustamante para tomar el control total del poder, pero los militares con Odría a la cabeza, después de violentas luchas se apoderan del poder iniciándose la dictadura que significó 8 años de represión sangrienta para el APRA. Haya de la Torre se asila en la Embajada de Colombia donde permanece la mayor parte de la dictadura odrilista. Este hecho marca la declinación del APRA que empieza una serie de alianzas con la burguesía e Incluso con sus antiguos enemigos, los militares.

JUAN JOSÉ ARÉVALO: Político guatemalteco exilado por la dictadura de Ubico (1931-1947) a la Argentina. A la caída de Ubico en 1945, fue llamado a encabezar un amplio movimiento reformista.

Ganado el Gobierno redacta la Constitución Política de 1946 la primera después de dos largos periodos de dictadura. Junto con escribir su famoso libro antiimperialista "Fábula del tiburón y las sardinas", ayuda a elevar la formación anti-imperialista de su pueblo. Reconoce y estimula la formación de sindicatos. Durante su Gobierno por primera vez en la historia de Guatemala se organizan una serie de partidos políticos, entre ellos, el Partido Guatemalteco del Trabajo en 1947.

Fue el primer Presidente elegido por votación que cumplió normalmente su mandato (46 al 52). Lo sucedió Jacobo Arbenz, también por voto popular, quien al radicalizar el proceso de reforma social es depuesto por un golpe militar e invasión apoyados y financiados por la CIA en junio de 1954.

RÓMULO BETANCOURT Y ACCIÓN DEMOCRÁTICA: Político venezolano. Se inició como dirigente estudiantil en 1928. Dos años después, exilado en Costa Rica, se incorporó a un grupo marxista-leninista, siendo expulsado del país por "comunista". Sus primeros análisis de Venezuela señalaban que la "Internacional imperialista" mantendría en su país gobiernos represivos para "poner al servicio de la explotación extranjera los medios de producción del país". En 1936. Betancourt de regreso en Venezuela organizó el Partido Democrático Nacional. Su legalización fue impedida por el Gobierno de López Contreras, acusándolo de "comunista". En 1937, volvió a ser deportado. Aprovechó el tiempo haciendo campaña internacional por la democratización de Venezuela, la independencia de Puerto Rico y en contra del militarismo y del Imperialismo. En esa época visitó Chile por primera vez, vinculándose a sectores socialistas que entonces participaban en el Frente Popular. El 13 de septiembre de 1941, nace Acción Democrática —partido anti-imperialista y agrarista— con Betancourt como líder, aprovechando las nuevas condiciones creadas por el Gobierno de Isaías Medina Angarita, quien en 1943 puso en vigencia una nueva ley petrolera, y más tarde un programa conservador de reforma agraria. Acción Democrática se colocó en la oposición a partir de 1944 y el 18 de octubre de 1945 participó en el golpe que derrocó a Medina. El movimiento lo encabezaron oficiales jóvenes, entre ellos Carlos Delgado Chalbaud y Marcos Pérez Jiménez. Se formó una Junta en la que participó Betancourt como Presidente. En diciembre de 1947 se celebraron elecciones que ganó el escritor Rómulo Gallegos, candidato de Acción Democrática. Fue derrocado 10 meses después de asumir. En el golpe participó activamente el coronel Adams de la misión norteamericana que instaló en el poder a Pérez Jiménez, Delgado Chalbaud (posteriormente asesinado) y Llovera Páez. Betancourt volvió al exilio. Pérez Jiménez, condecorado por Eisenhower en 1954, se hizo del poder con el beneplácito norteamericano, en el que se mantuvo hasta enero de 1958. Derrocado por un movimiento de masas, ese año se llamó a elecciones que ganó Betancourt con su partido. En la oposición sólo quedó el Partido Comunista segregado por el propio Betancourt. que recibió en cambio el apoyo de la burguesía y el estimulo del imperialismo. En agosto de 1959 la policía disolvió a balazos una manifestación de desempleados en Caracas. De ahí parte una escalada represiva contra sindicatos independientes y contra el PC. Más de 50 víctimas habían ocurrido hasta 1962, cuando nacen las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN). que dan inicio a la lucha armada en Venezuela. Las FALN y el organismo político Frente de Liberación Nacional, fueron en gran medida fruto de la participación del PC que había resuelto empuñar las armas contra el gobierno pro-imperialista y represivo de Betancourt. Su gobierno —elogiado por Kennedy— se recuerda como uno de los mas siniestros que han pasado por la historia de Venezuela. Sin embargo. Betancourt pudo cumplir su período presidencial y entregar el poder a su sucesor, Raúl Leoni, miembro también de Acción Democrática. Actualmente se prepara a presentar nuevamente su candidatura, aspirando a reemplazar al socialcristiano, Rafael Caldera.

8. República Socialista de Marmaduque Grove

9. AUGUSTO CESAR SANDINO: Organizó en 1925 la lucha armada contra la ocupación norteamericana de mi patria, Nicaragua. Con un destacamento guerrillero se hizo fuerte en Las Segovias, una zona hoscosa del país. La lucha de Sandino y sus hombres contra un enemigo desproporcionadamente superior, se hizo legendaria y conmovió a América latina. Estados Unidos envió en 1927 a Nicaragua una fuerza de desembarco en 16 navíos de guerra al mando del Brigadier general Logan Feland. condecorado por el Presidente Coolidge después del bombardeo aéreo de El Ocotal, donde suponía se escondía Sandino, y en el que perdieron la vida 300 nicaragüenses y 1 norteamericano. La lucha se prolongó hasta 1933, en que Estados Unidos retiró sus fuerzas. Sandino celebró la paz con el nuevo gobierno. Sin embargo, atrapado en una emboscada, cuando salla del Palacio Presidencial, fue asesinado por el Jefe de la Guardia Nacional. Anastasio Somoza. quien posteriormente reveló que la orden la dictó el propio embajador norteamericano. Arthur Bliss Lane. El nombre de Augusto César Sandino es frecuentemente invocado en América Latina como el primer combatiente anti imperialista que optó por la lucha armada.

10. CARLOS RAFAEL RODRÍGUEZ: Miembro del Secretariado del Partido Comunista Cubano. Ministro del Gobierno Revolucionario. Presidió en noviembre de 1970 la Delegación Cubana a la Transmisión del Mando presidencial en Chile. Chile y Cuba reanudaron relaciones diplomáticas en diciembre de 1970, rotas desde 1964 cuando Jorge Alessandri acató la orden emanada de la OEA en el acuerdo de Punta del Este tendente a aislar a Cuba de los países hermanos de América Latina.

11. SALVADOR ALLENDE Y LOS GUERRILLEROS (PASCUA, TAHITI): El 17 de lebrero de 1968 se conoció por un cable fechado en La Paz que un grupo de cinco guerrilleros (tres cubanos y dos bolivianos) últimos sobrevivientes de la guerrilla boliviana que comandara Ernesto Che Guevara habían atravesado la frontera chileno-boliviana. Los revolucionarlos habían alcanzado territorio chileno, después de recorrer 1.400 Kms. desde Oruro, sin alimentos, pobremente equipados e implacablemente perseguidos por el ejército y los rangers bolivianos con los cuales hicieron contacto en dos oportunidades antes de alcanzar su liberación. Junto con conocerse la noticia en Santiago, tanto la prensa como los parlamentarlos de Izquierda y el gobierno se movilizaron inmediatamente. Una serie de manifestaciones y concentraciones espontáneas de apoyo se sucedían en distintos lugares del país, alcanzando la de Iquique, lugar a cuyas autoridades se habían entregado los guerrilleros, a 3.000 manifestantes. Uno de los primeros parlamentarios en movilizarse a la zona norte fue el entonces Presidente del Senado, doctor Salvador Allende, para asegurar que las disposiciones relativas a la protección de perseguidos políticos se cumplieran y asegurar las máximas atenciones médicas y de otro orden para los revolucionarios. Mientras los revolucionarios eran sometidos a control médico y a entrevistas con la policía, parlamentarios de izquierda mantenían reuniones con representantes del Gobierno para su pronta traída a Santiago. Una vez hecho esto, el Gobierno dictó un decreto de expulsión de los revolucionarios de territorio chileno, enviándoles en un vuelo especial de la Línea Aérea Nacional a Isla de Pascua. De madrugada custodiados por efectivos de Investigaciones, los revolucionarios dejaron Santiago, sin que los representantes de la izquierda chilena fueran avisados del destino ni del momento de la partida.

Ante esto, Allende se entrevistó con el Ministro del Interior y exigió en su calidad de Presidente del Senado partir en el próximo avión de Itinerario a Pascua, nuevamente para garantizar y ser testigo del buen cumplimiento de las disposiciones en torno al viaje de los revolucionarios a Tahití y posteriormente a La Habana vía Europa. Además, de esto Allende fundamentó su viaje como representante de la izquierda chilena en un sentido de solidaridad ideológica y humana ante un grupo de combatientes que habían luchado junto al Comandante Guevara en sus últimos momentos al frente de la guerrilla de liberación de Bolivia. Allende compartió con los guerrilleros en Pascua y el viaje a Tahití hasta el momento que éstos volaron a Europa.

Al volver Allende a Santiago se encontró con la más enconada campaña de la prensa reaccionaria, que vio en el viaje de solidaridad del doctor Allende la oportunidad de eliminarlo de la vida política. Pero la oportunidad de contraatacar se le presentó a Allende al ser invitado a un foro de televisión con los directores de diarios que habían llevado la voz cantante en la campaña de infamias; allí Allende se transformó de acusado en acusador, explicando su posición y su consecuencia política de toda una vida. En esencia para un "militante de la revolución latinoamericana —dijo— es un deber legítimo y honroso prestar su solidaridad —humana e ideológica— con los compañeros militantes de la misma revolución", "eso es algo que todo revolucionario entiende y acepta, eso es algo que ningún lacayo y mercenario comprenderá nunca". Toda su intervención fue una crítica durísima a los medios de comunicación de masa, una acusación al periodismo mercenario, una acusación al sistema y grupos políticos que lo mantienen y dirigen. También constituyó una clara definición de lineas políticas y métodos revolucionarios y su posición frente al proceso político chileno. El siguiente párrafo en contestación al director del diario conservador chileno "El Mercurio", es más expresivo de esa intervención de ALLENDE:

"... Chile es hasta hoy un país que vive en la forma de la democracia burguesa; con todas sus fallas indiscutiblemente es uno de los países de América en el cual las luchas cívicas tienen un contenido todavía, pero que cada vez se va cerrando más la posibilidad de que los movimientos populares conquisten por las urnas el poder en Chile, y en eso gran culpa la tiene "El Mercurio" por su implacable, por su torpe, por su permanente desviación de la verdad y deformación de los hechos; por su implacable defensa de sus intereses, por negar el derecho a una vida distinta a la inmensa mayoría de los chilenos. El camino que vamos a seguir nosotros no lo va a imponer nadie, como nunca ha dispuesto al movimiento popular chileno ninguna tutoría, ningún Partido Socialista ni ningún país socialista Creemos sí, señor director, que lamentablemente cada vez que en el esquema del mundo la violencia se desata con más frecuencia lo hace el imperialismo, la cultura suya no le puede hacer olvidar lo que es Vietnam. Vietnam que no existe para "El Mercurio" aunque exista hasta para el Papa en su posición de hombre en el sentido humano. Las luchas se tendrán que dar en escala mundial y continental; yo espero y anhelo como chileno que escapemos a la violencia; sin embargo cuando uno ve la tentativa de crear el ejército interamericano de paz, cuando conoce lo que son las fronteras ideológicas, cuando sabe del derecho de los americanos a invadir Santo Domingo y lo que han hecho los americanos aún en Brasil, cuando sabemos lo que hacen en su propia patria, tiene que tener serias dudas de que vayan a respetar la voluntad del pueblo. Por lo tanto todavía estoy en la lucha popular, y le reitero que no vamos a la violencia, pero que la violencia revolucionaria es a veces la única respuesta a la violencia de ustedes, la violencia reaccionaria".

12. MAPU (Movimiento de Acción Popular Unitaria): Creado al abandonar el Partido Demócrata Cristiano el sector mas progresista de él y principalmente, la Juventud, después de un accidentado Congreso del P.D.C. en 1968. Uno de los movimientos no marxistas de la Unidad Popular, ha centrado sus esfuerzos y cuadros más preparados a la acción política en el agro.

Representan en la Unidad Popular la posición de los cristianos comprometidos con el proceso revolucionario. Postuló a Jacques Chonchol —actual Ministro de Agricultura— como su pre-candidato a las conversaciones de la mesa redonda de la Unidad Popular que designaron en enero de 1970 a Salvador Allende como abanderado de la izquierda unida.

Además del Ministro de Agricultura, se ha designado a una militante de este movimiento como Ministro de Protección de la Familia, ministerio actualmente en creación.

PARTIDO SOCIAL DEMÓCRATA: El Partido Social-demócrata se fundó en julio de 1966 con motivo de la ruptura con la Democracia Cristiana y con el Gobierno de Frei, del diputado Patricio Hurtado. Este fusiona el Movimiento de Rebeldía Nacional (MORENA) con el grupo del Partido Democrático Nacional que dirige el senador Luis Fernando Luengo.

El Partido Social-demócrata se define como un movimiento nacional comprometido con el proceso de liberación de los pueblos de América Latina y solidario con la Revolución Cubana.

Al decir de su dirigente, Patricio Hurtado, su nombre no tiene relación alguna con la Social Democracia Internacional ni menos con los conceptos social demócratas tradicionales.

API (Acción Popular Independiente): El más pequeño y de más corta historia de las fuerzas políticas que integran la Unidad Popular. Su líder, Rafael Tarud, es senador de la República y el actual Presidente del Comando Nacional de la UP.

El actual Ministro de Justicia es militante de este movimiento.

13. CENTRAL ÚNICA DE TRABAJADORES (CUT); Agrupa a las Confederaciones, Federaciones, Agrupaciones y Centrales Gremiales que voluntariamente acepten su declaración de principios y estatutos.

Fue creada el 12 de febrero de 1953 luego de un largo período de divisiones en el movimiento obrero chileno que se arrastraban desde la ruptura en 1946 de la Confederación de Trabajadores de Chile.

Así en sus inicios la CUT retoma la mejor tradición revolucionaria de la antigua Federación Obrera de Chile (FOCH) fundada por el precursor de las luchas obreras del país, Luis Emilio Recabarren. En su primera declaración de principios establece el socialismo como meta a través de la lucha militante de los trabajadores chilenos contra el Estado opresor. Precisamente por su postura militante sus dirigentes son severamente reprimidos en particular su Presidente por mucho tiempo (1953-1961). Clotario Blest quien es perseguido, encarcelado y relegado en varias oportunidades. Pero en su primer Congreso en 1957 se empieza a cuestionar esta primera declaración de principios la cual finalmente se cambia en diciembre de 1959 por una de carácter más tibio que plantea fundamentalmente reivindicaciones de tipo económico y social sin llegar a cuestionar las bases políticas del sistema.

El cambio se debió básicamente a la presión de sectores centristas allegados a la Democracia Cristiana y al Partido Radical de la época. Desde ahí para delante se han sucedido tres congresos nacionales (62, 65 y 68) modificando su línea de acción política siendo ahora una de las organizaciones que sólidamente apoyan al Gobierno Popular. La estructura orgánica de la CUT es la siguiente: está dirigida por un Consejo Directivo Nacional compuesto por 35 miembros elegidos en votación universal y secreta; en este Consejo se contemplan los cargos de Presidente, 2 Vicepresidentes, Secretario General, Tesorero, etc. El Consejo dura en funciones tres años renovándose con cada Congreso. Bajo el Consejo Directivo Nacional están los Consejos Provinciales, Departamentales, Comunales, locales y sindicatos, siendo estos últimos la base de la organización. Fuera de esto a nivel paralelo está el Consejo Nacional de Federaciones que está formado por el Consejo Directivo más los delegados de Federaciones, que son alrededor de 40. Los partidos populares han sido los que han tenido hegemonía de la organización desde su fundación: así, actualmente, su Presidente es el diputado comunista Luis Figueroa y su Secretario General el miembro del Comité Central del Partido Socialista Hernán del Canto.

A pesar de ser la CUT el órgano más representativo de la clase trabajadora chilena, la Constitución no le reconoce personería jurídica; es por tanto sólo una organización de hecho. Esto le impide celebrar contratos colectivos, comprar o vender bienes, o celebrar cualquier otro acto de tipo jurídico. Esta situación se arrastra desde la promulgación en 1925. del Código del Trabajo que explícitamente prohíbe la formación de Confederación de Sindicatos sólo reconociendo la existencia de sindicatos individuales a nivel de Fábrica o Empresa. A pesar de esto, la situación de hecho de la existencia de la CUT y su influencia sobre la clase trabajadora hace que muchas leyes del trabajo dictadas posteriormente mencionen en sus textos a la organización. Al asumir el Gobierno Popular envió al Congreso un Proyecto de Ley en el cual se establecía la Personalidad Jurídica de la CUT por primera vez desde su creación. La Derecha aliada con la Democracia Cristiana aprovecharon una mayoría parlamentaria ocasional para rechazar el proyecto.

No existe aparentemente fundamento jurídico sólido para este rechazo y la fundamentación oficial dada es que la CUT en la cual está afiliado sólo cerca del 20% de los trabajadores chilenos, no podría cobrar cotización de todos los trabajadores del país. En realidad la razón es una de tipo político: con la personalidad jurídica más el financiamiento autónomo que de ella se deriva, la CUT se transformaría en una de las organizaciones más poderosas del país; la derecha obviamente no puede aceptar esto.

14. CONGRESO BICAMERAL: El Congreso bicameral de Chile, creado por la Constitución de 1822 fue consolidado por la Constitución de 1833. Se atribuye eu origen al Parlamento romano con un Senado (Senex) con carácter moderador y sabiduría geróntica y a la Cámara una función fiscalizadora de la acción del ejecutivo. La Constitución actual (1925) quitó al Senado el carácter político que había tenido hasta entonces transformándolo en un Alto Tribunal y cuerpo consultivo. El Senado no tiene facultades fiscalizadoras, sólo es un colegislador y Juez en casos determinados.

Tanto los senadores como los diputados son elegidos por votación directa. La única diferencia en los requisitos para poder postular a estos cargos de representación está fijada por la edad; en tanto para ser diputado se necesita ser mayor de 21 años, para postular a Senador se requiere ser mayor de 35 años. La Cámara de Diputados está compuesta por 150 miembros que se renuevan totalmente cada cuatro años; el Senado, está compuesto por 50 miembros que duran ocho años en sus cargos renovándose parcialmente cada cuatro años.

15. ASESINATO DE RENE SCHNEIDER: A las 8.15 horas del día 22 de octubre de 1970, cuando se dirigía a su oficina del Ministerio de Defensa, el automóvil del Comandante en Jefe del Ejército, René Schneider, fue interceptado por ocho vehículos, de los cuales descendieron varias personas armadas, procediendo a quebrar vidrios del auto del General y ante un asomo de resistencia por su parte, dispararon sus armas alojando tres balas en la garganta, el tórax y el antebrazo derecho del oficial. Los hechores se dieron a la fuga mientras el General era conducido por su chofer al Hospital Militar donde después de 3 días de agonía, murió en la mañana del 25 de octubre.

Las investigaciones que siguieron al hecho demostraron la existencia de un amplísimo plan sedicioso del cual el secuestro frustrado del General era sólo una acción inicial tendente a impedir que dos días después, el Congreso Pleno ratificara el triunfo electoral alcanzado por el Dr. Allende.

Los primeros detenidos corresponden a jóvenes miembros de acaudaladas familias con conexiones políticas en los partidos de derecha. Aparte de esto, una serie de organizaciones de ultraderecha ("Legión Alessandrista". "No entreguemos a Chile", "Ofensiva Nacionalista", "Frente Republicano Independiente") completaban el plan a través de acciones terroristas en distintos lugares de Santiago.

La muerte del General Schneider conmocionó al país dado que un asesinato con fines políticos no había ocurrido desde el siglo pasado, (asesinato de Diego Portales en 1837). Según lo expresado por el propio Presidente Allende, de haber prosperado el plan original de secuestro del General, el país podría haber sido conducido a una guerra civil.

En el momento actual, la extensión del proceso hace que 32 personas estén detenidas o declaradas reos por este hecho, incluyendo a generales, un almirante, latifundistas y personeros políticos.

16. JORGE ALESSANDRI RODRÍGUEZ: Ingeniero Civil, ex diputado, ex senador, ex Ministro de Hacienda y ex Presidente de la República (1958-1964). Es hijo de un dos veces mandatario de la República, ha sido también presidente de la Confederación de la Producción y el Comercio, organismo dirigente de la burguesía Industrial y financiera. Prominente hombre de negocios, miembro y presidente de directorios de varias sociedades anónimas y aún cuando nunca ha militado en partido político alguno, es el representante mas típico de la derecha económica y política chilena.

Se recuerda su sexenio como uno de los gobiernos más reaccionarios en los últimos 30 años a pesar de lo cual la derecha política lo levantó para las últimas elecciones presidenciales como el símbolo de renovación nacional e Independiente, a los 74 años de edad.

17. MIR-PC. (Incidente en Concepción): Se refiere al incidente por el cual Óscar Arnoldo Ríos, estudiante de 23 años de la Universidad de Concepción, militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria fue muerto a tiros en un enfrentamiento con militantes de las Juventudes Comunistas, el 2 de diciembre de 1970. El enfrentamiento se produjo al momento que las conversaciones para llevar una lista unitaria de izquierda a la elección de Presidente y ejecutivo de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Concepción se encontraban estancadas.

La muerte del estudiante, punto culminante de una larga etapa de discrepancias ideológicas que habían conducido a posiciones sectarias, fue factor fundamental en la revisión y autocrítica de dichas posiciones y en la percepción de la necesidad de un diálogo franco como única forma de entendimiento para enfrentar al enemigo fundamental: la burguesía nacional y el imperialismo.

El primer resultado de este acercamiento fue la creación de la lista única de izquierda encabezada por un militante del MIR y apoyado por los comunistas. El Presidente Allende, que al momento de los incidentes se encontraba a bordo de un buque de la Armada chilena en viaje a Valparaíso, tuvo una participación decisiva en fomentar, estimular y apurar este diálogo, impidiendo así el aprovechamiento político por parte de la Derecha y la Democracia Cristiana de una lucha fraticida entre las fuerzas populares y revolucionarias chilenas. El diálogo MIR-PC continúa en estos momentos al más alto nivel de sus directivas políticas y es considerado por los observadores chilenos como el hecho político fundamental en la unión de las fuerzas de izquierda.

18. CUP (Comité de Unidad Popular): Organismo de base oreado por el programa de la Unidad Popular para canalizar y promover la participación popular en la campaña electoral.

Estos Comités se crearon con números variables de miembros, "en fábricas, en poblaciones, oficinas, escuelas, etc.", y de acuerdo al programa su función es la de "prepararse para ejercer el poder popular. .. (al mismo tiempo que constituyen) un método permanente y dinámico de desarrollo del programa, una escuela activa para las masas y una forma concreta de profundizar el contenido político de la Unidad Popular en todos los niveles".

El punto culminante del trabajo de los CUP se dio en los momentos anteriores e inmediatamente posteriores a la elección. Recientemente el Gobierno Popular ha hecho un llamado para que estos Comités se mantengan vigilantes y alertas frente a cualquier provocación sediciosa de la reacción.

19. CAUTÍN: Provincia agraria del Sur de Chile que tiene la única concentración indígena importante del país con 190.000 mapuches que representan un 73% de su población total. Sin embargo, tienen la posesión de sólo el 25% de la tierra cultivable.

La situación del mapuche con respecto a la tierra queda sintetizada en el hecho que a cada indígena corresponde aproximadamente una hectárea y media y que ésta puede ser sólo cultivada en un 60%.

A pesar que la provincia en su conjunto entrega el 24% de la producción lechera nacional, el 18% de la carne y el 25% del trigo, muestra uno de los indicadores más altos de subdesarrollo del país. Así existe un 37% de analfabetismo entre loe mapuches, veinte mil cesantes y la tasa de mortalidad infantil más alta del país y un notable déficit de atención médica.

Es en esta región donde en los últimos seis meses se han producido 56 tomas de fundos o "corridas de cerco" por parte de los campesinos indígenas llegando incluso a enfrentamientos armados con los latifundistas que después del triunfo de Salvador Allende se han organizado en "guardias blancas" fuertemente armadas. Por su parte los indígenas, bajo el mandato del Movimiento Campesino Revolucionarlo (MCR) han logrado también un alto grado de organización política. Así, en la Comuna de Lautaro los campamentos tratan de convertir esa zona en una sola comunidad productora de trigo organizada sobre bases socialistas. De hecho en tres campamentos de la comuna están llevando a la práctica formas socialistas de vida y trabajo que representan un gran vuelco ideológico del mapuche.

La reacción derechista ha efectuado ataques armados contra los indígenas que han tratado de recuperar las tierras que les fueron usurpadas. Los campesinos han mostrado organización y firmeza ante estas provocaciones y es por esto que la lucha política como expresión de la lucha de clases es en Cautín más visible y violenta que en ninguna otra parte en el Chile actual. Es en este contexto que el Gobierno ha intervenido enviando a la zona su Ministro de Agricultura para acelerar programas integrales de reforma agraria y desarrollo social.

20. DESAFUERO DE RAÚL MORALES: A raíz de uno de los dos procesos que instruye, el Fiscal Militar Fernando Lyon, pidió el 21 de noviembre de 1970 el desafuero del senador del partido de derecha Democracia Radical, Raúl Morales Adriasola, para interrogarlo por aparecer implicado en las declaraciones de los detenidos y reos por los procesos de Infracción a la Ley de Seguridad Interior del Estado y asesinato del Comandante en Jefe del Ejército, General René Schneider. A raíz de estas declaraciones, el senador derechista aparecía como coordinador de un vasto plan sedicioso que incluía la internación desde la Argentina de 500 ametralladoras para crear el caos y, eventualmente, derrocar el Gobierno Popular.

La petición de desafuero fue aprobada en primera instancia por la Corte de Apelaciones. Pese a esto, en un fallo que causó sorpresa nacional, la Corte Suprema revocó el fallo de la Corte de Apelaciones, confirmando así el carácter político de sus decisiones e impidiendo al mismo tiempo el curso normal de la investigación, ya que el Fiscal Militar quedó imposibilitado de llamar a declarar al senador.

21. CUERPO DE CARABINEROS: Es una policía uniformada y militarizada, dependiente del Ministerio del Interior cuyas funciones fundamentales y exclusivas son la mantención del orden y la seguridad interior así como la vigilancia y observación de las leyes.

Su formación es el resultado de la unificación y estatización de distintas policías y milicias locales y provinciales, en 1927, bajo el primer gobierno del General Ibáñez.

Constituyen ahora un cuerpo profesional, dotado de armamento pesado y moderno, medios y sistemas de comunicación y transporte, y una eficiente organización burocrática, cercana a los 30.000 hombres repartidos en todo el territorio nacional y organizados en base a unidades especializadas. El Director General de Carabineros es cargo de la exclusiva confianza del Presidente de la República.

GRUPO MÓVIL DE CARABINEROS: Esta unidad especializada en la represión de movimientos obreros, de estudiantes y de campesinos, fue creada en 1960; equipado en forma moderna y sus efectivos entrenados en forma especial; se constituyó en 10 años en el más eficiente instrumento de represión de los Gobierno de Alessandri y Frei, respectivamente.

Llegó a contar con aproximadamente 2.000 efectivos.

Una de las primeras medidas del Gobierno Popular del Presidente Allende la constituyó la disolución y abolición de este cuerpo represivo en noviembre de 1970.

22. CONSEJO DE DEFENSA DEL ESTADO: Organismo público encargado de asesorar jurídicamente al Poder Ejecutivo y de atender la defensa judicial de los intereses fiscales en todos los juicios de cualquier naturaleza que se sigan ante los Tribunales y en que estén comprometidos el Estado y el Fisco. Está compuesto por 12 abogados miembros, todos profesionales de alto nivel. Sus informes para cualquier problema jurídico cuando es consultado constituyen palabra final de lo que es legal o improcedente. Actualmente lo dirige Eduardo Novoa, prestigioso abogado independiente de izquierda, que ha pertenecido al Consejo por aproximadamente 30 años.

23. CHUQUICAMATA: La mina de cobre de tajo abierto más grande del mundo, propiedad absoluta hasta 1989 de la compañía norteamericana Anaconda Copper Company, representada en Chile por su filial la Chile Exploration Company; a partir de entonces la Compañía suscribe convenios por los cuales el Estado de Chile compra durante el Gobierno de Frei el 51% de las acciones entrando a formar sociedades mixtas con las compañías norteamericanas. La firma de estos convenios, resistidos por la izquierda chilena, se hace a través de los llamados "contratos leyes" los cuales para su caducación o anulación requieren la aceptación de ambas partes. Es por esta razón de tipo jurídico que al asumir el Gobierno de la Unidad Popular se propone una reforma constitucional para nacionalizar el cobre como único mecanismo jurídico que permita la nacionalización sin tener que entrar en tratos comerciales con las compañías americanas. Además de la fundamentación jurídica en el proyecto se establece una fundamentación política para el uso de una reforma constitucional y no de una simple ley. Esto es, que una Constitución fue redactada para la declaración de la independencia política del país del coloniaje español, de la misma forma una Reforma Constitucional marcará la Independencia económica del país con respecto al capital externo.

La producción total de Chuquicamata para el año 1970 fue de 262.998 toneladas métricas de cobre fino; esto representa cerca de la mitad del total de la producción de cobre fino de la Gran Minería en Chile.

24. GABRIEL GONZÁLEZ VIDELA: Político Radical, Presidente de la República de 1948 a 1952. Fue elegido con el apoyo y los votos del Partido Comunista y los de su propio partido. El Partido Comunista compartió labores de gobierno por espacio de un año. Presionado por el imperialismo y las burguesías nacionales, basado en la existencia de supuestas conjuras internacionales, rompe con el Partido Comunista y promulga la Ley de Defensa de la Democracia y se dedica a la mas encarnizada represión de sus militantes. La Ley de Defensa de la Democracia concebida para reprimir y poner fuera de la Ley al Partido Comunista, es conocida por la clase trabajadora chilena como la Ley Maldita y quizás sí el único acto por el cual pasará a la historia un gobernante frívolo y banal.

Endeudó al país y lo entregó a los intereses foráneos, traicionó al partido que lo llevó al poder y se dedicó al halago fácil de la burguesía. Retirado de la política activa aprovechó sus conexiones para dedicarse a los negocios bancarios.

25. ESTATUTO DE GARANTÍAS CONSTITUCIONALES: Luego del triunfo electoral del 4 de septiembre, dado que el candidato popular Salvador Allende, no había obtenido la mayoría absoluta de la votación, según la Constitución Política del Estado, el Congreso Pleno (todos los miembros de la Cámara de Diputados y el Senado) debía elegir entre él y el candidato de la reacción Jorge Alessandri que había terminado segundo en la elección. Dado que el abanderado de la Democracia Cristiana sólo había obtenido el tercer lugar, serían sus parlamentarios los que decidirían la elección cincuenta días después. Dentro del Partido Demócrata Cristiano desde un principio las bases y especialmente la juventud rechazaron la posibilidad de apoyar al candidato de la derecha, pero la directiva del partido condicionó su apoyo a la Unidad Popular a la aprobación de un Estatuto de Garantías Constitucionales antes de la sesión del Congreso Pleno, ya que si bien la Democracia Cristiana no desconfiaba "de la trayectoria democrática de Salvador Allende, no todos los que lo apoyaban le merecían la misma confianza". El Estatuto de Garantías es un conjunto de disposiciones legales que enmiendan la Constitución Política del Estado. Salvador Allende y la Unidad Popular aceptaron el procedimiento y se forma una comisión mixta Democracia Cristiana-Unidad Popular para el estudio y la redacción de las nueve enmiendas constitucionales que constituyen el Estatuto de Garantías y que según los demócratacristianos asegurarían la permanencia de un régimen democrático en Chile. Brevemente, estas enmiendas consisten en: Garantía de existencia de los partidos políticos; Resguardo de la libertad de prensa; del Derecho de Reunión; Libertad de enseñanza; inviolabilidad de la correspondencia; Libertad de trabajo; libertad de movimiento; asegurar la participación social en grupos de la comunidad; Profesionalización de las Fuerzas Armadas y Carabineros.

Sólo una de las disposiciones contenidas en el Estatuto fue rechazada de plano por Salvador Allende y la UP. Se refería a la disposición según la cual las Fuerzas Armadas chilenas se constituían en el arbitro para asegurar el cumplimiento de este Estatuto. Esto se aceptó y el Estatuto fue enviado como Proyecto al Congreso, aprobándose en el primer trámite constitucional antes de la Sesión del Congreso Pleno que proclamó a Salvador Allende Presidente de la República por 153 votos contra 36.

26. RADOMIRO TOMIC R.: Abogado, profesor universitario, nació en 1914. Fundador junto con Frei y otros de la Falange Nacional cuando un grupo de jóvenes universitarios se separó del Partido Conservador en 1938. Posteriormente, en 1956 después de una Convención, la Falange se convirtió en el actual Partido Demócrata Cristiano. Inició su carrera pública como periodista en el Norte Grande, luego fue el primer diputado de la Falange en 1941, reelegido en 1945; senador 2 veces: de 1950 a 1958 y de 1961 hasta el 19 de enero de 1965 cuando se retiró del Senado para asumir el cargo de Embajador en Estados Unidos en el gobierno de Frei, de donde regresó en 1968. En agosto de 1969 fue proclamado candidato a la Presidencia de la República por su partido.

A pesar de haber declarado que sin Unidad Popular no existiría candidatura Tomic, revocó su decisión original y terminó por aceptar la candidatura como abanderado sólo del Partido Demócrata Cristiano.

En base a un programa de reformas sociales más avanzado y audaz que el que llevó a Frei a la Presidencia el 64, y a una campaña electoral intensa, obtuvo 800.000 votos en la elección, lo que le dio el tercer lugar. Actualmente representa y se le supone líder de la corriente más progresista dentro de su partido, conocida como la izquierda cristiana Algunos de los postulados básicos de esta corriente son coincidentes con el programa de gobierno de la Unidad Popular, y son precisamente aquellos que lo alejan de la corriente derechista del partido encabezada por Frei.

27. Organización Latinoamericana de Solidaridad

La idea de su creación nace de un acuerdo de la Tricontinental, en La Habana, en enero de 1966. Llama a su primera Conferencia a fines de julio de 1967, acudiendo delegados de 27 países. Sus fundamentos políticos se basan en la concepción continental de la lucha armada contra el imperialismo norteamericano.

Las funciones básicas de la Organización son la solidaridad, coordinación y apoyo a las luchas de liberación nacional en el Continente. En el documento de la sesión de clausura de la primera Conferencia se hace una crítica frontal a las posiciones reformistas de algunos partidos de izquierda latinoamericanos. Señala ese documento "que la lucha revolucionaria armada constituye la línea fundamental de la Revolución en América Latina".

Tanto el Partido Comunista como el Partido Socialista de Chile estuvieron representados en la conferencia de ocas, el primero por los senadores Volodia Teitelboim y Jorge Montes, y el segundo por el senador Carlos Altamirano y el dirigente Clodomiro Almeyda, actual ministro de Relaciones Exteriores. A su regreso a Chile, y después de enfrentar una dura campaña publicitaria de la derecha y del Partido Demócrata Cristiano, formaron la filial chilena de OLAS que pasó a presidir el senador Aniceto Rodríguez, entonces secretario general del Partido Socialista. El comité chileno de olas, tal como ocurrió en otros países, no desarrolló mayor actividad.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02