Estados Unidos amenaza Chile

PUNTO FINAL
Año V. Nº 124
Martes 16 de febrero de 1971

Editorial

UNA MANO FRATERNAL

EL imperialismo norteamericano ha comenzado a apretar la soga en torno al cuello del proceso revolucionario chileno. Sus amenazas y presiones —que desde luego los chilenos rechazamos— son ya evidentes. Las agencias oficiales u oficiosas del imperialismo se combinan y entrelazan en esa tarea de amedrentamiento. En el terreno publicitario, por ejemplo, la misión corre por cuenta de la SIP. La semana pasada el Presidente Allende se vio en la necesidad de enviar un categórico mensaje de rechazo a los comerciantes interamericanos de la prensa. En lo político y financiero, la actividad contraria al interés chileno proviene del Departamento de Estado. Lo usual en la política norteamericana, basada en lo internacional en la famosa ley del juez Lynch, es movilizar a sus diplomáticos en defensa de los monopolios que operan fuera de las fronteras de EE.UU.

Frente a estas amenazas imperialistas, desde Cuba ha llegado el aliento de la solidaridad activa y fraternal del primer país socialista de América. Con ocasión del congreso del Partido Socialista, celebrado en La Serena, viajó a Chile una delegación cubana encabezada por el capitán Emilio Aragonés. En su saludo al congreso socialista, el representante del PC cubano advirtió que las fuerzas antichilenas "promueven planes sediciosos, preparan atentados personales y adiestran mercenarios criollos e incluso contrarrevolucionarios cubanos, para golpear en sus puntos vitales al Gobierno de Salvador Allende". Junto con ello, el representante cubano señaló que, a pesar de las propias amenazas que afronta Cuba, ya que en Costa Rica y Nicaragua la CIA hace nuevos aprestos de invasión, "el pueblo cubano estará firme e incondicionalmente, como un solo combatiente, junto a nuestros hermanos chilenos en la lucha común por un futuro mejor".

Con razón, el capitán Aragonés ha dicho que esta hora que viven los pueblos latinoamericanos, "exige como un imperativo insoslayable la solidaridad más firme y consecuente".

Estas palabras de la Revolución cubana, que ha cumplido un decenio enfrentando al imperialismo y construyendo el socialismo, deben servirnos de aliciente. El internacionalismo proletario, que muchos países socialistas, como Cuba, aplican en forma consecuente y sin vacilaciones, es el mejor respaldo que tenemos los chilenos para llevar adelante nuestro proceso revolucionario. Los trabajadores chilenos saben que no están solos. La Revolución Cubana ha venido a recordárnoslo con palabras que no dejan lugar a dudas. Ello debe estimularnos a llevar adelante la construcción del socialismo, tal como plantea el programa de la Unidad Popular.

PF.


Denuncia

ESTADOS UNIDOS AMENAZA A CHILE

"WASHINGTON (AP).— Los factores financieros y diplomáticos que observaron una marcada cautela en los primeros meses de la gestión del Presidente Allende, aparentemente han entrado en movimiento al acercarse el momento de las decisiones en torno a la nacionalización de la industria del cobre. A la información original de que diplomáticos norteamericanos habrían avisado a funcionarios de Santiago que el plan pudiera dañar seriamente las relaciones entre los dos países, se agrega ahora la reacción bancaria" ("El Mercurio". 8-2-71).

EL embajador norteamericano en Chile, Edward J. Korry, que antes de iniciar su carrera diplomática, en África fue corresponsal de la UPI, sabe darse a entender entre líneas. Posee la técnica de las agencias informativas yanquis, basada en la sugerencia más que en la afirmación. De ese tono por lo tanto debe haber sido su conversación con dos ministros del Presidente Allende, el de Interior, José Tohá, y el de Relaciones Exteriores, Clodomiro Almeyda, a los que visitó separadamente. Simultáneamente con la visita del embajador, desde Washington y Nueva York comenzaron a funcionar las rotativas del "Wall Street Journal" y los teletipos de UPI y AP. No faltó tampoco el comedido senador Jacob Javits, miembro de la Comisión de Relaciones Exteriores, que en una reunión de la Asociación Norteamericana de Empresarios dijo que la nacionalización del cobre "podría aislar a Chile del sistema interamericano" ("El Mercurio", 2-2-71, cable AP).

Estados Unidos tiene en Chile una inversión de mil millones de dólares que le produce unos 500 millones anuales en remesas por utilidades, dividendos, royalties, amortizaciones, etc. (Ver PF Nº 114). Defender esa torta es la misión que el Departamento de Estado asigna al embajador Korry.

El 2 de febrero, el "Wall Street Journal", vocero de los grandes negocios imperialistas, dijo que la nacionalización del cobre chileno pondría en aprietos a una agencia del gobierno norteamericano, la Overseas Private Investment Corporation (OPIC). La OPIC asegura las inversiones yanquis en el exterior. Según la citada información, la OPIC que sólo tendría 85 millones de dólares afrontaría reclamaciones por 310 millones de la Anaconda, Kennecott y Cerro Corporation, las tres compañías cupreras que operan en Chile. Dicho de otro modo, el gobierno norteamericano se vería obligado a desembolsar de inmediato las indemnizaciones que Chile plantea pagar en 30 años. O sea, que la nacionalización afectaría no sólo a las compañías privadas norteamericanas, sino al propio gobierno yanqui. De manera que Chile, al rescatar su principal riqueza básica de exportación, estaría entrando de lleno en un enfrentamiento con Estados Unidos.

Esto explica las visitas del embajador Korry, los cables de UPI y AP, las publicaciones de los periódicos yanquis y la campaña internacional a través de los canales de la SIP. Se trata de una clara advertencia de que la política de "manos afuera" en el caso chileno, podría variar. En lenguaje vaquero, más comprensible, es ni más ni menos que una amenaza.

LA POLÍTICA YANQUI

El 30 de agosto de 1969, el gobernador de Nueva York, Nelson A. Rockefeller, uno de los mayores inversionistas privados en América latina, presentó al Presidente Nixon el informe de su accidentada gira por el continente. El informe Rockefeller registra que el nacionalismo está en ascenso en América latina y que encuentra en Estados Unidos "un blanco tentador y natural".

Comprueba que "las fuerzas del nacionalismo están creando presiones en aumento contra la inversión privada extranjera. El ímpetu por independizarse de los Estados Unidos está conduciendo a crecientes presiones en favor de la nacionalización de industrias de los Estados Unidos, control local, o participación con firmas de Estados Unidos".

El Informe Rockefeller es importante por cuanto a falta de otra definición, parece representar la política latinoamericana de Nixon.

Para Rockefeller es "acabadamente equivocada" la opinión de algunos círculos norteamericanos "de que el comunismo no es más un factor serio en el Hemisferio Occidental". "Por el momento —dice el Informe— hay un solo Castro entre las 26 naciones del hemisferio; bien puede haber más en el futuro. Y un Castro en el continente, apoyado militar y económicamente por el mundo comunista, presentaría la más seria amenaza para la seguridad del Hemisferio Occidental y crearía un problema extremadamente difícil para los Estados Unidos". Rockefeller, que es un millonario realista, sabe que Estados Unidos depende de los países latinoamericanos "para proveer un vasto mercado para nuestros productos manufacturados".

De modo "que nuestro interés nacional requiere el mantenimiento de nuestra especial relación" con América latina.

El lenguaje de este vademécum de la Casa Blanca, no puede ser más explícito. Para mantener esos vínculos, Rockefeller propuso diversas medidas, entre ellas crear un Consejo de Seguridad del Hemisferio Occidental, integrado por especialistas civiles, a diferencia de la Junta Interamericana de Defensa que opera en el plano exclusivamente militar. Ese Consejo de Seguridad tendría por objeto "lidiar con las fuerzas de la subversión" para lo cual Rockefeller propuso aumentar sustancialmente las "donaciones para asistencia en la capacitación de fuerzas de seguridad" que en 1970 fue de 21.4 millones de dólares. "Es esencial —añadió el Informe— que sean continuados y fortalecidos los programas de capacitación que traen personal militar y policial a los Estados Unidos y a centros de entrenamiento en Panamá". Incluso propuso cambiarle nombre al Programa de Asistencia Militar (PAM), sigla qua figura en la mayoría de los vehículos y armamento de los ejércitos latinoamericanos, por el de Programa de Seguridad del Hemisferio Occidental, estimulando la adquisición de barcos y aviones y otros equipos bélicos pesados.

La política internacional de Chile, que se aplica en correspondencia al proceso interno que apunta hacia el socialismo, no debe tampoco provocar ningún alborozo a Estados Unidos. La reciente reunión de la OEA en Washington, en que se trató vanamente de aplicar las recomendaciones policíacas de Rockefeller, fracasó entre otras cosas por la resistencia chilena a ese macabro plan intervencionista. Los portavoces latinoamericanos del imperialismo, los gobiernos militares de Argentina y Brasil, estimulan las campañas de prensa que se orientan desde Washington a mostrar a Chile como un peligro de "subversión". Lo mismo sucede en Venezuela o Costa Rica, de gobiernos definidamente proimperialistas, y en general en todas aquellas partes donde se anidan los intereses norteamericanos. En este sentido, la campaña antichilena es deformadora en escala creciente. Ejemplos históricos, como Guatemala de Arbenz, Brasil de Goulart o Santo Domingo de Bosch, obligan a meditar seriamente respecto al desarrollo lógico de esa campaña a la que ahora se suma la entrada en escena del Departamento de Estado.

Estamos en la etapa de las "advertencias" diplomáticas, vertidas entre sonrisas y frases ambiguas y respaldadas por una fuerte campaña publicitaria internacional. Es el primer escalón de la agresión imperialista. Después siguen la CIA y lo demás.

Estados Unidos se ha ocupado, simultáneamente, de apretar las tuercas de su maquinaria en Perú. Al parecer está recuperando terreno mediante la alimentación política de algunos militares derechistas que tratan de copar al gobierno de Velasco Alvarado. Se comienzan a observar síntomas de desgaste en el proceso nacionalista en ese país. Si las maniobras norteamericanas en Perú tienen éxito, la posición chilena obviamente se resentiría. Para el imperialismo es muy claro que un proceso como el peruano, desgraciadamente limitado, ajeno a la modificación de la estructura de clase del Estado, y por tanto distanciado de las masas, es susceptible de un manejo que no puede darse en el caso chileno. Aquí el programa de la Unidad Popular se plantea nada menos que iniciar la construcción del socialismo. Ese es el camino que ha escogido el pueblo chileno. Por lo tanto, el proceso en Chile es radicalmente distinto al del Perú, aun cuando en nuestra patria —tal como lo ha reiterado Allende en muchas oportunidades— se quieren hacer transformaciones socialistas en un marco específicamente nacional.

Para el imperialismo norteamericano, no obstante, el socialismo no tiene apellidos. Cualquiera sea la forma de socialismo, conduce en definitiva a golpear los intereses imperialistas. Para Rockefeller el socialismo es un "virus" contagioso. Por eso su informe está dirigido a ponerlo en cuarentena allí donde se denuncie su presencia. En Chile un error de cálculo —la reacción que suscitó el deliberado asesinato del general Rene Schneider— impidió a la CIA aplicar un tratamiento drástico oportuno. Pero eso no quiere decir que va a cejar en sus propósitos. El Departamento de Estado todavía —en el caso de la nacionalización del cobre— tiene resortes que apretar. Uno es acompañar sus presiones con una adecuada movilización de sus peones políticos. Los partidos Demócrata Cristiano y Nacional —que hacen mayoría en el Congreso— tienen en sus filas excelentes abogados de las compañías norteamericanas. La reforma constitucional necesaria para nacionalizar el cobre puede todavía salir del Parlamento en condiciones satisfactorias para el imperialismo, sería un golpe maestro de los "hombres de paja" de las compañías yanquis. Pero ni así Estados Unidos quedaría satisfecho. El problema no reside únicamente en el monto y plazos de pago de las indemnizaciones. Hay también un problema político: es el desafío que el proceso chileno significa para el liderazgo norteamericano.

Mientras nuestro proceso más se ahonde, gane a las masas trabajadoras y las movilice en defensa de sus conquistas y del gobierno popular, más lejana verá el imperialismo la posibilidad de recuperar el poder en Chile a través de alguno de sus partidos "pantallas", como el Demócrata Cristiano. De modo que, ciertamente, el proceso chileno es irreversiblemente antagónico respecto al imperialismo y sólo podrá ser mirado con pasividad por éste en la medida en que se debilite. En tanto se fortalezca, como afortunadamente está ocurriendo, será un enemigo del imperialismo y así será visto por aquél.

Las amenazas ya en curso, por lo tanto, deben servir para unir al pueblo chileno en su decisión revolucionaria. La serenidad acompañada de firmeza para profundizar las medidas en curso, y el estrechamiento de los vínculos con los países socialistas, junto con una adecuada política de acercamiento a los pueblos latinoamericanos, permitirán afrontar estas amenazas. Debemos hacer valer nuestro derecho de iniciar la construcción del socialismo en paz con los países del continente y sin aceptar ingerencia contraria de ninguna clase.

OBSERVADOR


Política

EL DOCUMENTO POLÍTICO DEL PARTIDO SOCIALISTA

La siguiente es la resolución política adoptada en el Congreso del Partido Socialista, efectuado en La Serena. En este torneo —que contó con la participación de numerosas delegaciones extranjeras—, se eligió un Comité Central de 45 miembros y 10 suplentes. Como secretario general del Partido, fue designado el senador Carlos Altamirano. Tanto en la Comisión Política como en el nuevo Comité Central del PS, quedó una alta representación de dirigentes obreros, campesinos y juveniles.

EL triunfo electoral y la posterior instalación en el gobierno, tras de infligir una grave derrota a la burguesía y al imperialismo, han entregado nuevas y favorables condiciones a la clase obrera y a las masas chilenas para una efectiva conquista del poder que hace posible iniciar la construcción del socialismo en el país. A su organización, grado de conciencia y experiencia combativa, los trabajadores suman ahora una correlación de fuerzas favorable y el control sobre una parte fundamental del aparato gubernamental.

Sin embargo, las clases poseedoras conservan prácticamente todos los elementos para seguir ejerciendo su dominio de clase. En estas condiciones, el Gobierno popular desenvuelve su acción entrabado por la institucionalidad burguesa y por la resistencia cada vez más activa desplegada en todos los planos por la reacción nacional y extranjera.

2.— Después del triunfo electoral, la Unidad Popular debió enfrentar distintas reacciones políticas de la burguesía, cada una de las cuales encerraba el mismo objetivo contrarrevolucionario: impedir el ascenso de los trabajadores al aparato estatal. Unos intentaron crear el pánico y el caos económico; otros, que jugaron al golpe de fuerza fascista vieron frustradas sus intenciones por el asesinato del General Schneider que provocó un repudio nacional; otros buscaron ganar tiempo, bloquear el cumplimiento del programa e inmovilizar al gobierno popular tras la exigencia de las llamadas "garantías democráticas".

En los momentos actuales la burguesía se agrupa alrededor de la Democracia Cristiana y secundariamente alrededor del Partido Nacional y de la Democracia Radical. La llamada "izquierda de la democracia cristiana", con su permanencia en ese partido y con su indecisión, está sirviendo de biombo a la derecha y a los sectores reaccionarios que participan en la gran conjura contra el gobierno del camarada Salvador Allende y contra los trabajadores. Sólo una política de transformaciones profundas y de aceleración creciente del proceso revolucionario obligará a una definición a los grupos de trabajadores democristianos.

3.— En el campo de la masa trabajadora, la victoria de la Unidad Popular ha permitido la superación de la influencia del reformismo burgués democristiano sobre una parte de ella. Además esta victoria, a pesar de la desmovilización del pueblo producida después del 4 de noviembre, ha servido de estímulo a nuevas capas populares que plantean abiertamente sus aspiraciones y contribuyen a ensanchar y fortalecer el movimiento de masas. El conjunto de las medidas tomadas e iniciadas por el gobierno refuerzan objetivamente la potencialidad revolucionaria de la situación y agudizan la polarización de las clases.

La contradicción entre las fuerzas crecientes de las masas y el poder de la burguesía, define a esta etapa como un período esencialmente transitorio. Nuestro objetivo, por lo tanto, debe ser el de afianzar el gobierno, dinamizar la acción de las masas, aplastar la resistencia de los enemigos y convertir el proceso actual en una marcha irreversible hacia el socialismo.

4.— Reconocemos autocríticamente que algunas de las acciones de los trabajadores han sobrepasado a las direcciones políticas de la Unidad Popular y están planteando, de hecho, la cuestión del poder. Reconocemos también con satisfacción que el compañero Presidente de la República ha estado en la vanguardia de las iniciativas por el cumplimiento del programa.

El Congreso General del Partido Socialista, junto con reconocer y respaldar plenamente la acción realizada desde la Presidencia por el camarada Salvador Allende, afirma que la vanguardia del proceso revolucionario chileno debe estar constituida por los partidos de la clase obrera como fuerza motriz de la lucha social. Es responsabilidad de estos partidos reencontrarse con la lucha de masas, ayudar a superar el carácter economicista que todavía predomina en muchos de sus sectores, y orientarla en un sentido político revolucionario.

5.— El Congreso General del Partido Socialista reconoce que la conformación política de la Unidad Popular refleja una composición pluri-clasista cuya naturaleza se expresa en el gobierno, donde confluyen tendencias obreras, pequeñoburguesas y burguesas.

Estas contradicciones de clase existentes en la Unidad Popular serán superadas por la dinámica revolucionaria de las masas trabajadoras encabezadas por sus partidos de clase. Contribuirá a la solución de estas contradicciones la aplicación consecuente del programa de la UP y la lucha ideológica que debe darse en su seno y entre las masas.

En este sentido, de acuerdo con las bases programáticas de la Unidad Popular que permiten mantener a cada partido sus propios perfiles políticos, el Partido Socialista reafirma su política de clase y la necesidad de la dirección de la clase obrera en la conducción de la lucha de liberación económica y social que libran las masas trabajadoras y demás sectores explotados y oprimidos contra la burguesía nacional y el imperialismo. Postula la independencia de clase de los trabajadores frente a la burguesía chilena, que, como clase sostenedora del orden vigente, constituye junto con el imperialismo una fuerza irreversiblemente contrarrevolucionaria. Las alianzas y compromisos permanentes con ella, han traído sólo derrotas y postergaciones en el campo de los explotados

Consustancial con esta política de Frente de Trabajadores y como una exigencia concreta de las tareas que enfrenta el movimiento popular, surge la necesidad del fortalecimiento de la unidad socialista-comunista, cuyas diferencias deben superarse en la acción y a través de la discusión ideológica. Igualmente, las relaciones de los partidos socialista y comunista con otros movimientos marxistas se deben definir en la acción, estableciendo las alianzas políticas que sean necesarias en función del proceso de la revolución chilena.

6.— La presencia obrera en el gobierno no puede significar dependencia del movimiento de masas respecto del aparato gubernamental. El Partido Socialista mantiene su criterio de que las organizaciones sindicales y populares deben desarrollar su propia personalidad. Más aún, los trabajadores organizados deben prepararse e irse incorporando al ejercicio real del poder, a través del manejo directo de las instituciones y organismos directos del Estado. El Partido Socialista luchará por revitalizar los comités de Unidad Popular y convertirlos en instrumentos del poder político de las masas trabajadoras en el nuevo Estado popular.

A los comités de Unidad Popular les corresponde integrarse activamente a las tareas que deben cumplir los organismos de clase y de masas como sindicatos, juntas de vecinos y otros, los cuales deben servir de vehículos naturales de expresión de las luchas reivindicativas y sociales que deben elevarse a un nivel crecientemente político. En este campo, la Central Única de Trabajadores debe ampliar, reforzar y agilizar su organización, a fin de ponerla a tono con las decisivas circunstancias que vive el movimiento social chileno.

7.— Las condiciones particulares en las cuales la Unidad Popular ha llegado al gobierno, que la obligan por ahora a participar con toda clase de limitaciones en un estado burgués, no deben constituir un pretexto para que el gobierno juegue un papel de árbitro en la lucha de clase. Por el contrario, en los conflictos que se susciten, el Gobierno debe colocarse resueltamente al lado de los trabajadores.

8.— Consecuente con estas premisas, el Partido Socialista luchará por convertirse en la vanguardia revolucionaria de esta etapa, desarrollando una política que tienda a crear aceleradamente condiciones para cambiar, durante el ejercicio de este gobierno, el carácter capitalista del sistema vigente para transformarlo en un régimen socialista. En consecuencia, el con tenido de la política del Partido se determinará en función de los propósitos esenciales del programa de la Unidad Popular que pretende terminar con los monopolios nacionales y extranjeros, con el poder de la oligarquía terrateniente e iniciar la construcción del socialismo mediante la acción unitaria y combativa de las masas trabajadoras, como protagonistas fundamentales.

Junto al propósito de atender a las necesidades más urgentes de las masas, especialmente de sus sectores más empobrecidos, y al mismo tiempo de ampliar la base social de sustentación del gobierno y fortalecer políticamente al movimiento de masas, el Partido Socialista concede especial prioridad a aquellas medidas programáticas que vayan minando el poder capitalista y conecten las tareas democrático-burguesas con las tareas socialistas en un mismo e ininterrumpido proceso.

En este sentido tienen especial urgencia las siguientes medidas:

a) Nacionalización de las empresas imperialistas, nacionalización de la banca y de los seguros, expropiación de los grandes monopolios y empresas de utilidad pública, y estatización del comercio exterior.

b) Reforma agraria drástica apoyada en la movilización de los campesinos.

c) Salarios mínimos y asignaciones familiares iguales para obreros, campesinos y empleados, escala móvil de sueldos y salarios, y absorción rápida de la cesantía.

d) Incorporación de los trabajadores al ejercicio pleno del poder, desarrollando la gestión obrera en las empresas nacionalizadas, el control obrero cuando sea necesario y construyendo desde la base una nueva estructura política que culmine en la Asamblea del Pueblo.

9.— Dentro de estas perspectivas necesitamos un Partido Socialista vigorizado por la aplicación estricta del centralismo democrático, desarrollándose en primer lugar entre la clase obrera, reconociendo la legitimidad y necesidad de la lucha ideológica, educando su militancia en ella y rechazando enfáticamente toda tendencia burocrática y caudillista.

Sólo cumpliendo estas premisas, el Partido Socialista podrá prepararse asimismo y a las masas para el decisivo enfrentamiento con la burguesía y el imperialismo. Reconocemos que este enfrentamiento forma parte del cuadro general de la lucha revolucionaria en América latina y en el mundo entero y nuestra línea de acción estará encuadrada dentro de estas perspectivas generales. Por lo mismo, el Partido Socialista irá a la extensión y consolidación de lazos concretos con todos los movimientos y organizaciones revolucionarias del mundo.


Polémica

ALESSANDRI LLORA MISERIA

Señorita Gladys Díaz.
PUNTO FINAL.
Presente.

ESTIMADA señorita:

Durante los seis años del Gobierno anterior y especialmente durante la última campaña presidencial, se ha usado de todos los recursos para tergiversar mi personalidad y hacerme aparecer como un genuino representante de los hombres de negocios, en circunstancias que, en conciencia, nadie puede ignorar que ese hecho es absolutamente falso.

Fui exclusivamente funcionario público y profesor hasta los 42 años de edad, fecha en la cual, debido a las malas prácticas políticas imperantes, se me alejó de esos cargos y, entonces, pasé a dirigir una empresa privada, en la que me ajusté permanentemente a la norma, para mí fundamental, de que no es legítimo ningún interés particular que contraríe el interés de la comunidad.

Era de esperar que terminada la campaña presidencial, no se insistiera en tratar de seguir desfigurando mis actuaciones. Sin embargo, con motivo del Proyecto de Nacionalización de los Bancos, pese a todas las aclaraciones que ha hecho la Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones, se la trata de presentar como manteniendo enormes créditos, lo cual es absolutamente inexacto, y por lo que a mí respecta, en forma directa o indirecta, se ha tratado de presentarme como vinculado a sociedades o personas que han sido objeto de debate, en relación con este problema.

Yo jamás en mi vida he tenido ningún negocio particular ni mucho menos especulativo, y nunca he solicitado un solo centavo en ninguna institución de crédito público o privado.

Se me ha querido vincular, a mí y a miembros de mi familia, con la Compañía "Minas y Fertilizantes", en la cual no hemos tenido jamás participación alguna, y en el último número de PUNTO FINAL, de fecha de hoy, en un artículo firmado por usted, al mencionar a don Patricio Grez Matte, usted agrega entre paréntesis "que frecuentemente actúa como "palo blanco" del excandidato presidencial Jorge Alessandri Rodríguez".

Esa afirmación no tiene ni el más remoto fundamento, porque nunca he tenido otra vinculación con el señor Grez Matte que la emanada del hecho de que ambos seamos Directores de la Compañía Manufacturera, de Papeles y Cartones, pues nunca hemos tenido ningún negocio de ninguna naturaleza.

Yo me permito enviarle esta carta para que en conciencia juzgue si es lícito que todavía se me siga calumniando, recurriendo a afirmaciones desprovistas hasta de la más remota justificación.

Al tomarme la libertad de escribirle, no es mi intención pedir que estas lineas sean publicadas. No tienen más objeto que hacerle ver la monstruosa injusticia que conmigo se ha cometido y se sigue cometiendo, probablemente por desconocimiento de la realidad, derivada de la infame campaña de que he sido víctima durante tantos años.

La saluda atentamente,

JORGE ALESSANDRI R.

RESPUESTA

Señor Jorge Alessandri.
Cía. Manufacturera de Papeles y Cartones.
Presente.

Respetado señor:

En respuesta a su carta, quiero dejar establecido que no he tenido ningún ánimo de tergiversar su personalidad, ni de cometer injusticia alguna con su persona, al señalarlo como uno de los tantos hombres de negocios del país, en el artículo aparecido bajo mi firma, en el número anterior de la revista PUNTO FINAL.

Para quienes estamos en la barricada de los explotados de este país, usted como persona, nos merece el amplio respeto que nos merece cualquier ser humano. Pero no podemos decir lo mismo de los intereses que usted representa, que se confunden con los intereses de la oligarquía financiera.

Así quedó demostrado durante su gobierno, en que se permitió el conocido "affaire" de los bonos-dólares y las utilidades extralegales para algunos, con el alza brusca del dólar, el 28 de diciembre de 1961. Para algunos que estaban en el secreto.

No es del caso seguir abundando sobre el tema, pero el país ha presenciado hace algunos meses una campaña presidencial en la que sus acompañantes y defensores fueron justamente lo más representativo de la banca, los negocios y el latifundio de nuestro país.

No es culpa nuestra, señor Alessandri, que en todas sus figuraciones políticas haya estado tan mal acompañado, desde el punto de vista de quienes viven de un sueldo y un salario, y luchan por la auténtica independencia económica y política de Chile.

Quiero reiterarle que al incluirlo entre los hombres de negocios, título que parece molestarle, no fue mi deseo inferirle una ofensa, sino más bien reconocer un hecho que tiene sentido para la mayoría de los chilenos.

Usted, señor Alessandri, al 31 de diciembre de 1969, era director en las siguientes empresas, según consta en la Superintendencia de Sociedades Anónimas: Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones; Sociedad Industrial Pizarreño, S. A.; Compañía de Desarrollo Comercial; Inmuebles y Bosques, S. A.; Rentas Varias Santiago; Maquinarias Codina Maco S.A.; Compañía Distribuidora Nacional S. A.; Compañía de Seguros La Universal, del Consorcio La Chilena Consolidada (en la que también tiene intereses la familia Edwards).

Si esto, señor Alessandri, no es ser un hombre de negocios y no significa tener poder de decisión en el mundo de las altas finanzas, francamente no tengo idea de lo que es ser un hombre de negocios en este país.

Le saluda atentamente,

GLADYS DÍAZ


Análisis

ACTA DE ACUSACIÓN CONTRA LA BURGUESÍA

DURANTE más de tres siglos, desde la Colonia, los latifundistas chilenos mantuvieron su predominio económico y político y cuando perdieron este plano relevante siguieron conservando su influencia ideológica hasta el presente, pues la primacía de otros grupos —capitalismo comercial, financiero e industrial, sucesivamente— no los desplazó del poder. Tal ha sido el comportamiento de las clases dueñas de la riqueza en Chile.

Esta proyección a través del tiempo, de un poder al que generalmente se le cree en retirada y obsoleto, es más que la supervivencia de una casta en particular; se trata del equilibrio histórico de la clase dominante —ya no como burguesía terrateniente o industrial, sino como "burguesía genérica"—, de su metamorfosis y capacidad de flotamiento en el devenir social chileno, que en los años 30 daba triunfos políticos a las capas medias en surgimiento. Hermanablemente, con la hermandad de la clase, el status generó una racionalidad de amplias virtudes, entre ellas la de evitar la devastación selvática entre los grupos "propietarios" y asegurar la simbiosis —las "alianzas sectoriales"— entre ellos, motorizada por una ideología común de dominación.

Develar la estrategia de acción de la clase dominante, constatar y explicitar la ideología de esa clase, es lo que hacen Armand Mattelart Carmen Castillo y Leonardo Castillo, en el libro recién editado: "LA IDEOLOGÍA DE LA DOMINACIÓN EN UNA SOCIEDAD DEPENDIENTE. La respuesta ideológica de la clase dominante chilena al reformismo". Publicado en la actual coyuntura política, se convierte en un material de lectura importante para la lucha contra el capitalismo, pero al mismo tiempo ese objetivo se ve limitado por el difícil lenguaje de algunas partes de la obra que debería estar al alcance de la comprensión de las mayorías.

LA SOCIEDAD AGRARIA-CAPITALISTA

Los autores dedican el segundo capítulo, uno de los más decidores, a seguir la pista de la oligarquía latifundista tradicional a lo largo de las diversas modalidades que asume el capitalismo en Chile. Se nos revela aquí una clase distinta a como estamos acostumbrados a concebirla. El sector que basó su predominio en la actividad agrícola es la "clase dominante madre" de la burguesía chilena, e interfiere hasta hoy en el oligopolio nacional gracias a las relaciones que trazan los sectores de dominio a medida que aparecen de acuerdo al desarrollo del capitalismo. No se trata de una oligarquía constreñida a la tierra; recibió incluso el aporte de los hombres de la minería y luego de la industria, que debieron usar las organizaciones agrícolas primero para tomar el control político del país. Estas "alianzas sectoriales" definen el carácter de la burguesía capitalista monopólica chilena, lo que unido a su dependencia del capital extranjero, permite que cuando se ataca el latifundio, se golpea la industria monopólica y cuando se nacionaliza ésta se afecta una de las bases de apoyo del régimen de propiedad de la tierra y al imperialismo norteamericano conjuntamente. La profusa actividad comercial y las empresas que genera la sociedad agraria, además de las relaciones de mano de obra, la definen como capitalista antes que feudal, según el estudio de "La ideología de la dominación ..."

El mismo capítulo refiere que la dominación del sector agrario se inicia con las mercedes y encomiendas en el siglo 16, bases de la propiedad latifundista, y se desenvuelve mediante un sistema de "apropiación-expropiación" o concentración de la tierra en pocas manos que impone la colonización, el que sigue "el trazado de una empresa capitalista de producción, crea rápidamente las categorías sociales de gran terrateniente, campesino propietario y campesino sin tierra, unidos por un complejo sistema de remuneraciones salariales, formas serviles de arraigo, inquilinaje y otras categorías de mano de obra de larga permanencia en el sistema agrícola chileno".

Las dos características fundamentales de la burguesía capitalista chilena: monopólica y dependiente, se manifiestan desde su origen agrario. "Muy pronto, la colonia en formación encuentra su "vocación" exportadora de productos agropecuarios que se obtienen en las graneles haciendas en crecimiento y son comercializadas en el exterior". Se origina una "economía pastoril de abastecimiento" de los grandes centros mineros como el eje Potosí-Lima, que deviene con el desarrollo agrícola chileno y la limitación del mercado interno, en "la formación de un monopolio de origen agro-exportador de rápida organización", basado en la venta de trigo al virreinato peruano. El total de exportaciones en 1789 fue de 5.533.773 pesos de la época, mientras que las importaciones eran de 4.686.423 pesos. "La permanencia de mercados externos para un producto mayoritario de origen agrario configura una estructura de poder no diversificada y donde el sector exportador ejerce la hegemonía". Pero esta misma situación que confiere poder al grupo de hacendados coloniales, determina su dependencia al mostrarse incapaces de superar las cuotas de exportación-importación impuestas por la metrópolis colonial.

La Independencia da lugar a una prolongada crisis ("reclutamiento forzoso de campesinos, endeudamiento exterior"), que se origina por "el cierre de los circuitos económicos externos tradicionales" hasta la fecha. Las formas de dominación colonial llegan a su apogeo precisamente después de la Independencia, según se afirma en la página 70. "La profunda crisis institucional se extiende hasta 1830, periodo jalonado por intentos de ordenamiento constitucional que no logran cabalmente sus objetivos. El equilibrio autocrático conseguido en 1830 y la juridicidad impositiva de 1833 confieren unidad de sentido al desarrollo nacional, pero restituyen también el carácter oligárquico a la estructura de poder basada en la propiedad irrestricta de la tierra". Los autores señalan tres "puntos esenciales" que definen el período posterior: una legislación elitista, donde el Código Civil era el "Código de los propietarios" y la Constitución del 33 establece el "sufragio censitario" o derecho a voto sólo para los propietarios; la creación de la Sociedad Nacional de Agricultura (1838), "la única organización patronal" por casi 50 años, y los centros de decisión política en manos exclusivas del sector agrario, que sigue dominando con alianzas sectoriales y la incorporación de los presidentes y directores de la SNA a cargos de representación pública.

La crisis favorece la penetración del capitalismo inglés, que jugará un gran papel en las casas comerciales británicas de Valparaíso, la formación de almacenes para los artículos exportables en ese puerto y, más tarde, la explotación del salitre. La expansión del sector exportador logra su culminación: entre 1844 y 1860 cuadruplicó sus ventas.

El surgimiento de la minería de la plata, el cobre y luego el carbón diversifica por primera vez la economía nacional, en la década de 1840, y configura lo que los autores denominan "la conciliación de los grupos dominantes". "La estructura de la clase dominante después de la apertura del horizonte minero y del desarrollo de las actividades comerciales de exportación-importación, resulta de la conjugación de algunos elementos que intentaremos precisar: en primer lugar, de las alianzas intersectoriales, luego, de la forma de dominio imperialista sobre la economía nacional y, finalmente, la correspondencia de incentivos de producción entre los diferentes sectores". Estos incentivos quedan en claro, cuando la clase dominante cambia el mercado externo por el interno: "Las provincias mineras ofrecen a la región agrícola todas las ventajas del comercio exterior e interior reunidas" (Boletín de la SNA). Nombres de mineros, como Ossa, Subercasseaux, Edwards, Matta, etc., se incorporan a la lista de hacendados.

En este proceso de relaciones de sectores dominantes descrito por "La ideología de la dominación..." se anota el paso por el capitalismo comercial y más tarde por el capitalismo financiero, cuando surge en 1860 el "sistema bancario", que revitaliza el predominio decadente de la oligarquía a través del crédito. El libro cita una investigación de 1956: "En la segunda mitad del siglo 19 el crédito, que hasta entonces había sido confiado a la buena voluntad de los prestamistas más o menos usureros, se organizó y amplificó. En adelante los terratenientes, deseosos de obtener créditos, pudieron escoger entre dos posibilidades: ya sea haciendo uso de su prestigio personal entre los bancos... con el fin de obtener anticipos sin garantía de prenda o bien hipotecando sus predios... Mas, es curioso constatar que los préstamos sobre hipotecas fueron prácticamente canalizados hacia los mismos beneficios; la Caja de Crédito Hipotecario, que fue fundada en 1856 y que muy pronto llegaría a ser uno de los más poderosos organismos de crédito de todo el continente sudamericano fue durante varias décadas, dócil instrumento en manos de los terratenientes".

Algunos ejemplos de interrelaciones entre el sector bancario y la SNA, señalados por el libro: BANCO NACIONAL HIPOTECARIO (1884): Recaredo Ossa (D), Raimundo Valdés (D); BANCO NACIONAL DE CHILE (1865): José Besa (S), Maximiliano Errázuriz (S), José R. Echeverría (S); BANCO CHILE G VALORES (1865): Carlos Infante (S), Luis Pereira (S), Melchor de Concha y Toro (S), Rafael Larraín (D); BANCO NACIONAL (1904): Guillermo Barros Jara (D), Ventura Blanco Viel (S), Máximo Valdés Fontecilla (D), Arturo Prat (S). (La letra D corresponde a director de la SNA y la S a socio).

La estructura del desarrollo capitalista, de la cual la investigación que reseñamos deduce la base material de la "ideología de la dominación", culmina en el área industrial-fabril-financiera moderna, hasta donde el libro rastrea los parámetros de los diversos grupos de dominio —agrícola, comercial, bancario, industrial extractivo y fabril, inversión extranjera— que abarcan todos los ámbitos de la actividad económica chilena. En un artículo próximo reseñaremos el paso hasta esta etapa, calificada de "sustitución de importaciones", y la respuesta ideológica de la "clase dominante genérica" a los esfuerzos reformistas (o ascenso político de las capas medias) específicamente ante la Reforma Agraria demócratacristiana.

AUGUSTO CARMONA A.


Crítica

IMAGINACIÓN Y VIOLENCIA

A la lucha del hombre con la naturaleza, que implicaba ya una irrupción de la violencia, se ha sumado ahora el combate del hombre con su universo en crisis valorativa, ideológica, humana. Un ámbito psíquico en constante desequilibrio, y junto a ello la asunción c\e la soledad. Esto último, que pudiera verse como una manifestación exclusivamente europea o ingénita al mundo del superdesarrollo (una proyección arquetípica que filosóficamente reconoce antecedentes en el pensamiento existencialista), afecta también a la narrativa latinoamericana que se escribe en nuestros días. El enfrentamiento actual se da desde el hombre y dentro del hombre. No es sólo un desafío del hombre consigo mismo y con sus semejantes; puede serlo también frente al medio natural. Pero lo que ocurre, en tal caso, es una tentativa de aproximación, aprehensión o exploración del medio geográfico a partir de la interioridad completa del personaje. Todo inmerso en el personaje, nada lejano a él.

En una palabra, podría decirse que la literatura latinoamericana, y en particular la narrativa, se va socializando, aun cuando ello no acontece de un modo vicario o cuasi-sucedáneo respecto al esquema de una filosofía política previa al descubrimiento en sí que es la creación artística. Los personajes de hoy son mucho más libres, son capaces de ir del Cielo al Infierno, o a la inversa, y por sus propios medios. O pueden, si lo quieren, permanecer en esa zona para nosotros ambigua e intermedia, pero real, entre las llamas y el Paraíso. El maniqueísmo tiende a desaparecer, así como la descripción instantánea y naturalista de la realidad.

Aquel supuesto choque con la naturaleza, a fines del siglo XIX y a principios del XX, se dio a través de lo que el novelista cubano Alejo Carpentier en su ensayo "Problemática de la actual novela latinoamericana" (incluido en su libro Tientos y Diferencias, Universidad Nacional Autónoma de México, 1964) denomina naturalismo "nativista-tipicista-vernacular", que no produjo sino una narrativa "regional y pintoresca que en muy pocos casos ha llegado a lo hondo —a lo realmente trascendental— de las cosas".

Aquella falsa visión servil de la realidad no fue capaz de dar verticalidad a la esencia latinoamericana, no superó las barreras epidérmicas de lo real. Se limitó a denotar, olvidó connotar, tomó al hombre como una pieza del macrocosmos social, pero, al estereotiparlo, no lo vio como un ser en perpetua creación y cambio, transformador, junto a sus semejantes, de la Historia.

Ese lamentable olvido de los naturalistas y vernaculares narradores americanos es el que quiere reparar, mediante una serie de ensayos que constituyen una ayuda-de-toma-de conciencia, el escritor y profesor Ariel Dorfman en su obra Imaginación y Violencia en América (Editorial Universitaria, Serie Cormorán, 1970). Dorfman maneja una hipótesis que se esfuerza luego por demostrar en el curso de las interpretaciones de algunos autores (Jorge Luis Borges, Miguel Ángel Asturias, Alejo Carpentier, Gabriel García Márquez, Juan Rulfo, José María Arguedas y Mario Vargas Llosa) y que al fin consigue: la de que la violencia es la cifra original que marca a casi la mayor parte de la novelística contemporánea del continente. Esta violencia aparece divinizada, convertida en Mito, como "un dios infernal y divino a la vez... Toda decisión conduce a la violencia inescapablemente. Está en uno y está en la realidad, invitándolo a participar...; ha invadido todos los corazones y todas las instituciones, se convierte en el ser mismo de las cosas, la secreta clave que ordena y explica todo. Como la mayoría de los personajes de la literatura contemporánea, éstos se sienten atrapados. Encarcelados en la violencia, sólo esa violencia, en cualquiera de las formas que los novelistas advierten, puede liberarlos".

¿Cómo se asume esta violencia? En el plano de la novelística, a través de una imaginación restallante. Impulsados a sobrevivir, los hombres de América no pueden sobreponerse a la civilización importada sino por medio de un vigor imaginativo capaz de reivindicar la barbarie. No quiere significar esto la insania de la política de puertas cerradas al mundo "civilizado" que impartió el coloniaje y la conquista a sangre y fuego, sino su asimilación, no ya en pleno, y sólo después de analizarlo y cribarlo adecuadamente, de acuerdo a los intereses de nuestros pueblos.

El tránsito de la Historia hacia su mitificación, el sentido recurrente y cíclico de la Historia, la muerte como cifra totalizante (acto imaginario) y desde la cual es posible establecer hacia el pasado y el futuro una red de abalorios que nos lleven a conocer no sólo el hielo de la Fundación (en el Macondo de García Márquez) sino además la función del Tiempo, fuera del cual reina la desaparición o, en el mejor de los casos, la desencarnadura. Y también ese cosmos rulfeano en el cual (Pedro Páramo) un hombre creía que podía dominarlo todo y vino a darse cuenta, al final, "que no controlaba nada esencial, que lo único que poseía eran fantasmas, muertos que lo conmemorarían". Por último, la epopéyica y profética visión de José María Arguedas, aquella maravillosa y casi arcádica libertad última de todos los pueblos oprimidos, o ese universo en duda, inseguro, corroyéndose, de Mario Vargas Llosa. Todo esto nutre la obra de Ariel Dorfman y aventura en ella una síntesis entre aquel viaje violento hacia Sabanas (recordando el ámbito simbólico del cubano Pablo Armando Fernández) a través de la revolución redentora, y esa realidad intra-individual siempre compleja, impredecible, pero fundamental en la tentativa de un mayor conocimiento del Ser y de la Historia de América Latina.

HERNÁN LAVIN CERDA


Reportaje

EL GRITO DE LA TIERRA

“A mi juicio, la actitud de lucha de los campesinos es positiva. El drama de todo esto es que hay un desajuste evidente entre las posibilidades administrativas y las justas aspiraciones de los campesinos. Yo creo que el Movimiento Campesino Revolucionario es uno de los tantos movimientos que reflejan esta inquietud. A mí me admira que las tomas de fundos no sean más, dada la situación real de pobreza en que viven en la zona. Nosotros hemos planteado que la motivación de muchos de estos conflictos está en el no cumplimiento de las leyes sociales. Los dueños de fundos son buenos para levantar la voz sobre el "estado de derecho", pero nunca dicen que se roban las asignaciones de los trabajadores. Yo les digo que el gobierno tendrá mano dura con los empresarios que no cumplan las leyes sociales, y como no son expropiables por tamaño quieren "tirarse al dulce". El Ministro de Agricultura, Jacques Chonchol, hizo la afirmación anterior al cumplir un mes en Cautín, provincia a la que se trasladó para aplicar el plan de emergencia que anunció el Presidente Allende para la zona.

Las declaraciones de Chonchol fueron formuladas teniendo como marco de referencia una enconada campaña de la Democracia Cristiana y la derecha en contra de su gestión. El senador DC, Renán Fuentealba, expresaba el 1º de febrero a "La Prensa": "No tengo una opinión muy clara sobre si el Ministro de Agricultura, Jacques Conchol, se encuentra en esta zona montando una operación política o impulsando la Reforma Agraria. Es claro que puede estar haciendo ambas cosas, pero es evidente que no existe correspondencia entre los hechos y actuaciones del Secretario y las reiteradas afirmaciones del Presidente Allende".

La Confederación de Empleadores Agrícolas, por su parte, intenta entrar en polémica con Chonchol y lo acusa directamente de aumentar, con su presencia, las tomas de fundos en Los Angeles. El círculo se cierra con "El Mercurio", que en su comentario político semanal señaló que la "desquiciadora" Reforma Agraria del Ministro Chonchol está llevando al país a una situación dramática, que tiene agobiados a los empresarios agrícolas.

La respuesta de Jacques Chonchol es clara:

—Aquí lo único que puede desquiciar al país es que NO SE HAGA la Reforma Agraria, y que esté en marcha esta nueva campaña dirigida con intención y alevosía a asustar a todo el mundo, precisamente para impedir la Reforma Agraria.

Detrás de las palabras de Chonchol está la experiencia recogida en conversaciones con cientos de campesinos y mapuches en diversos lugares de Cautín: diálogos directos, a veces duros, en los que el paternalismo no tiene cabida. El Ministro no olvida —por poner un ejemplo— su reunión con los integrantes del Consejo Comunal de Lautaro, un día antes de la reunión de CORA para anunciar las 24 primeras expropiaciones de Cautín. No fue casualidad que se eligiera a esa comuna para "acelerar" el proceso de Reforma Agraria. En Lautaro, el lema "Pan, Tierra y Socialismo" prendió fuertemente en el campesinado. Chonchol leyó ante esos campesinos la lista de expropiaciones, entre las que no figuraba ninguno de los fundos ocupados. La respuesta vino de inmediato:

—Nosotros conocemos el terreno al revés y al derecho, y queremos decidir nosotros mismos qué fundos se van a expropiar.

El Ministro de Agricultura reiteró que él estaba trabajando con la ley de Reforma Agraria que existe, y que exige determinadas causales para la expropiación. La consulta más generalizada fue qué sucedería con los terrenos recuperados en las corridas de cerco. Chonchol planteó que se modificará la Ley de Indígenas en forma urgente, y que por el momento cada caso lo verá individualmente una comisión.

—Y hasta cuándo, compañero, nos van a hablar de la ley. Aquí eso a nosotros nos ha servido nada más que para que nos roben, para que nos tengan muertos de hambre, sin escuelas para los niños, mientras los patrones se hacen más ricos y juntan más tierras —fue la réplica acalorada de un campesino que se puso de pie para dar más fuerza a su afirmación.

Cuando el Ministro presentó a Daniel Colompil, el nuevo Director de Asuntos Indígenas que integra las comisiones que trabajan en terreno, recibió esta acotación de parte de uno de los consejeros comunales:

—Hasta ahora, los funcionarios mapuches han sido los primeros responsables de los robos. De aquí en adelante el pueblo mapuche no va a aguantar más. Por eso tenemos que estar encima de ellos, nosotros los dirigentes. Estas cosas hay que arreglarlas con claridad, desde el primer momento.

La intervención fue recibida con aplausos por los campesinos, y buen ánimo de parte del equipo de gobierno. Un tanto amostazado, sin embargo, un funcionario que acompañaba al Ministro señaló:

—Me extraña esta desconfianza de ustedes, cuando nosotros hemos dejado la comodidad de Santiago y estamos perdiendo nuestras vacaciones por estar aquí.

Hubo unos segundos de silencio. Un hombre de manta y sombrero se paró en medio de la sala y le respondió:

—Bueno, eso es cosa de ustedes. Si quieren irse se van. Claro que la Reforma Agraria la vamos a hacer nosotros, de todas maneras.

No había animosidad en el tono. Era simplemente el reconocimiento de una realidad, de una fuerza que recorre Cautín y se está extendiendo por el campo chileno.

CON EL CHE

Los campesinos que discutieron con Chonchol en Lautaro fueron elegidos por sus compañeros de la comuna en el congreso que reunió a todos "los pobres de la tierra". Por la carretera que lleva a la ciudad marcharon el día del congreso miles de mapuches. Al frente, un retrato del Che con la leyenda "Movimiento Campesino Revolucionario". Y en la columna, mujeres con sus niños en brazos; milicianos, con los carteles de sus campamentos, y los gritos de guerra flotando en el polvo del camino.

"¿Qué queremos? ¡Tierra!" Los puños en alto, un segundo para tomar aire, y luego, más fuerte: "Luciano, Guevara, el campo se prepara. Allende, Allende, el campo te defiende".

Semanas después, otras gargantas para el mismo grito de la tierra, en Carahue. Hasta el pueblito llegaron los campesinos del Campamento "Arnoldo Ríos" (de Rucalán), encabezados por Ricardo Mora, quien fuera baleado en la retoma del fundo. "Si muero, voy a morir en la defensa de todos mis compañeros, en la lucha por pan, tierra y socialismo". También allí se constituyó el Consejo Comunal Campesino, organismo que el Vicepresidente de INDAP, Adrián Vásquez, definió como "la base de un nuevo poder, el poder campesino, que llevará a cabo la Reforma Agraria de la Unidad Popular".

Roberto Moreno, dirigente regional del Movimiento de Izquierda Revolucionaria —que tiene decisiva influencia en el Movimiento Campesino Revolucionario—, asigna a los consejos la tarea de sustituir el poder de la burguesía agraria. Explica: "No sólo se trata de organizar al campesino. La cuestión es movilizar, concientizar, ganar al campesinado para una actitud política revolucionaria. Aquí se dan dos posibilidades: que se conviertan en una burocracia, y pierdan por tanto la dirección real de la masa, o bien que tengan una dirección realmente ligada a la base, la cual se haría cargo de las tareas productivas".

Las conclusiones de la Asamblea Comunal de Lautaro dan alguna luz sobre esta concepción táctica. Allí se acordó que los Consejos deben ser los encargados de la explotación de las "tierras nuevas", en las que trabajarán todos los campesinos sin tierra de la comuna. Por otra parte, el Congreso y el Consejo Comunal deberán dirigir la lucha contra la burguesía agraria y la sedición en marcha, contribuyendo a la creación del hombre socialista. Al Consejo se integran las organizaciones de trabajadores, que en la zona no son muy numerosas porque la mayoría no está sindicalizada (son pequeños propietarios).

Los campesinos quieren también la modificación de la actual Ley de Reforma Agraria. "Rafael"

—integrante del Consejo y Presidente del MCR—, expresa:

—La ley que hay ahora no nos sirve. Hay que hacerla como es la opinión de los campesinos, porque así no es para nosotros.

El dirigente campesino agrega de inmediato que ellos saben las dificultades que existen y que están conscientes de que los latifundistas no descansan. El habla de una lucha a muerte:

—Defendemos nuestro interés, la tierra, contra los momios. Y hay que prepararse para la lucha, porque ésta es la única forma de triunfar. Con las leyes nunca hemos ganado. Nunca hemos tenido justicia ni autoridad. Siempre hemos sido rechazados. Por eso dijimos basta, por nosotros y por nuestros hijos.

Es mapuche. Habla con seguridad. Sonríe cuando se refiere a algunos compañeros que al principio dudaron en comprometerse en la lucha:

—¿No te vas a dar vuelta la chaqueta?, me decían. Y yo entonces les contestaba que porqué, si yo no soy candidato. Antes prefiero meterme una bala que abandonar la pelea. Yo sé también que los momios me tienen ganas ...

En el campamento suena un cuerno que anuncia la llegada de un extraño. El hombre se aleja, a investigar. Ahora habla una miliciana muy joven:

—¿Escucha bien como suena? Ese día, de amanecida sí que era lindo cuando tocaron los cachos y las cornetas para ir a la corrida de cerco. Se juntaron como 200 mapuches. Dalia gusto correr, con un palo en la mano, a pelearles la tierra nuestra a los que se hicieron ricos con ella. Yo no tenía miedo. El miedo ya se terminó aquí en Chile.

No conoce Santiago, pero quiere saber de la lucha de los sin casa. "¿Es como aquí? Nosotros tuvimos que arrancar de las balas del dueño..." En la marcha a Lautaro era la primera en gritar "Campesino, alerta, el momio está a la puerta". Nunca se ha cortado el pelo, y la trenza negra se mueve llevando el ritmo del paso firme. "Inchintain mapu, la tierra es de nosotros. Hueichayain, vamos a pelear. Lefcontuafin, tenemos que ir de un golpe. La con ain rume, no importa que nos muramos". Alarga el papel con las cuatro frases, al despedirse:

"Para los compañeros de PF", dice.

Poco después de nuestro regreso a Santiago, la Corporación de la Reforma Agraria (CORA), anunciaba la expropiación de 50 latifundios, 31 de ellos en la explosiva provincia de Cautín. Entre los fundos expropiados figura "Rucalán", donde el terrateniente Landeretche baleó a los campesinos (ver declaración de ellos en estas mismas páginas). La decisión de la CORA también afectó al fundo "Quepe" del diputado democristiano Jorge Lavandero Illanes, uno de los momios más recalcitrantes de Cautín. La resolución de expropiar esos 31 fundos inicia la declinación definitiva de los señores feudales de la provincia de Chile más azotada por la cesantía, el hambre, la miseria y el analfabetismo.

S. L.


CAMPESINOS ECHAN POR TIERRA LAS INTRIGAS DE UN MOMIO LATIFUNDISTA

LOS TRABAJADORES DE "RUCALAN" A LA OPINIÓN PUBLICA:

Los campesinos del Campamento "Arnoldo Ríos" del fundo "Rucalán", ante las declaraciones de Juan Landeretche y Manuel Valdés, informan:

1.— Que Landeretche no adquirió el fundo "con el sudor de su frente", como dijo, sino casándose con la hija de Manuel Maffei, quien tenía otros tres fundos uno de los cuales era el actual "Rucalán-Butalón".

2.— Nos tomamos el fundo porque estaba abandonado, sin explotar, mientras nosotros nos moríamos de hambre en media hectárea para toda una familia. La toma la hicimos de noche, con sólo unos palos y una escopeta sin cartuchos. No es extraño que el señor Landeretche con el susto haya confundido los palos con metralletas, pero sí es raro que demuestre tanto conocimiento de armas y sus marcas. En la pobreza que vivimos, no tenemos para comer. ¿De dónde vamos a sacar plata para comprar las armas que en su imaginación vio Landeretche?

3.— Llegamos al fundo y hablamos con Landeretche y sus hijos. Esto fue como a las 3 y media de la mañana. Les dijimos que podían salir en la mañana y llevarse lodo lo que quisieran. El se fue como a las siete, con todo lo que pudo, y quedó de sacar el resto después, lo que no hizo. En ningún momento entramos a la casa patronal ni causamos los destrozos de que nos acusa. De esto son testigos las autoridades que nos visitaron durante la toma del fundo. Cualquiera puede venir a ver la casa para comprobar que no ha sido ocupada desde el 20 de diciembre. Ahora desde que se hizo cargo el interventor Moritz Milies, estamos durmiendo en las bodegas, a pesar del frío y de la estrechez.

4.— Landeretche dice que su fundo estaba bien explotado. Aquí habían sólo 200 vacas del fundo "La Esperanza" que tiene en Puerto Saavedra, para su crianza. De ellas, lechaba apenas tres, lo que empezó a hacer en diciembre. La lechería de la que tanto habla eran apenas 6 tarros de 30 litros cada uno que todavía están botados en un galpón.

Todo lo sembrado eran 40 hectáreas de trigo y 25 de raps más 3 hectáreas de empastados. El resto del fundo de 737 hectáreas estaba muy bien sembrado de zarzamora, cicuta y malezas.

5.— Nosotros, como trabajadores, somos gente limpia. Ahora hemos tenido que estar sacando las inmundicias que había en los galpones, patios y dependencias del fundo. Nunca habíamos visto tanta mugre junta, y nos da vergüenza ajena decirlo.

6.— Los momios dicen que Landeretche no tenía problemas sociales con los trabajadores. La verdad es que de los tres obreros que tenia de planta, ahora el tractorista y el mayordomo se han quedado trabajando con nosotros. El tractorista porque después de 25 años en el fundo, vivía todavía en una pocilga, que no se puede llamar casa, junto a sus ocho hijos y su compañera. Tenía que trabajar 13 a 14 horas diarias y nunca le dio vacaciones. No le tenían la libreta de seguro al día y Landeretche jamás dio un peso por las asignaciones familiares. Le pagaba 300 escudos al mes. Landeretche le había dado una vaquilla como pago por el seguro, pero cuando se fue del fundo se la llevó. También se llevó un novillo de otro trabajador. Y después de la retoma a balazos que hizo con los otros momios de la zona, Landeretche despidió al tractorista.

7.— Dice este señor que no tiene problemas de limites con los vecinos. Se olvida de los compañeros mapuches de la reducción Huentemil, a los que les robó tierras, y a quienes se las vamos a devolver apenas se le expropie este fundo.

8.— Que sepa el momio Landeretche y todos sus amigos, que nosotros vamos a demostrarle cómo se trabaja la tierra, junto con el interventor Milies. Vamos a hacer producir el fundo, porque siempre hemos sido los trabajadores los que con el sudor de nuestra frente hemos trabajado para hacerlos ricos a ellos. Ahora esa explotación se acabó. Ya no queremos más injusticias, no queremos seguir sien, do tratados como bestias. Vamos a construir el socialismo, aunque todos se opongan. De nada servirán las amenazas de los ricos, sus insultos y calumnias. En eso estaremos con el gobierno mientras nos defienda y esté con los pobres.

PAN, TIERRA Y SOCIALISMO
Movimiento Campesino Revolucionario


PUNTILLAZOS

NAVARRETE, EL ACUSETE

ANTES de retirarse a sus cuarteles de invierno, el expresidente Frei —en definitiva un buen tata— quiso arreglarle la montura a muchos de sus favoritos. Entre ellos estaba el joven ingeniero comercial Jorge Navarrete. Como presidente de la FECH, Navarrete prestó invalorables servicios a la administración democristiana. Entre otros, se movió de manera hábil para desembarcar de la Universidad de Chile al rector socialista, Eugenio González Rojas. El rector González fue reemplazado por Edgardo Boenninger, otro hombre de paja de Frei, que todavía se mantiene en el cargo.

En el reparto de premios de consuelo, al término de la pasada administración, a Navarrete le tocó la gerencia del Canal de Televisión del Estado. Todavía se mantiene allí, sin darse por aludido de que la Democracia Cristiana dejó de ser gobierno. No es que él no se dé cuenta de las cosas. El muchacho no es tonto. Por el contrario, es bastante inteligente. Lo suficiente como para aferrarse al Canal 7 de TV e impedir a toda costa que las tendencias políticas que triunfaron el 4 de septiembre de 1970, se expresen en la televisión nacional.

Para disimular lo que está pasando en el Canal de TV estatal, Jorge Navarrete disparó hace poco una andanada. Utilizó para ello el canal del Estado y la prensa reaccionaria, comandada por "El Mercurio" y "La Prensa", que acogió jubilosa sus dislates. El blanco de los disparos de Navarrete fue la Unidad Popular. Según la peregrina teoría del gerente general democratacristiano del Canal de TV del Estado, el gobierno de la UP no tiene derecho a administrar la estación televisora nacional. Para que el Canal 7 sea una patena, ejemplo de democracia, debe estar en manos de la Democracia Cristiana, o sea, del partido político repudiado en las elecciones de septiembre del año pasado. Si la izquierda trata de meter baza, según la teoría del ingeniero Navarrete, se trataría de una "infiltración" política que debe ser denunciada, como lo hizo a la faz del país. Ni Einstein habría llegado a una deducción tan relativa como la de este genio democristiano.

Navarrete, con ese estilo tan Opus Dei que se gasta, intenta persuadir al país de que el Canal del Estado está bien como está, es decir, envenenando la mente del pueblo con películas yanquis y desinformando con programas tan momios como "A tres bandas", el show dominical del PN y la DC.

Como armazón leguleya de sus argumentos, Navarrete invoca la ley de televisión, verdadera carrera de vallas que el PDC colocó —en vísperas de irse— al actual gobierno. Esa ley, como se sabe, tiene un oscuro origen. Fue concebida por el PDC sobre el equivocado supuesto que continuaría en el poder. En su redacción tuvieron destacado papel el mismo Navarrete, el senador Juan Hamilton y otros próceres del sector freísta de la DC. Después del 4 de septiembre, sin embargo, el gobierno de Frei envió otro proyecto que fue tramitado a toda carrera. Eso dejó al actual Presidente de la República con las manos atadas respecto a la TV Nacional. En los hechos, sólo puede designar un representante entre siete. El designado fue, precisamente, el exrector Eugenio González, cuyo nombramiento todavía requiere el asentimiento del Senado, donde la Derecha democristiana y nacional tiene mayoría. Así y todo, la ley de televisión salió tan imperfecta que —promulgada el mismo día que el Congreso Pleno ratificaba a Allende, el anterior gobierno se vio obligado cuatro días más tarde a enviar modificaciones al Parlamento. Aun así, esa ley sigue siendo un paradigma de vacíos legales, hablando con elocuencia de la capacidad legislativa de Hamilton. Todos los días surgen problemas derivados de la imposibilidad de su aplicación en distintos rubros.

Pues bien, lo que ha hecho Jorge Navarrete es actuar de acusete tiracuetes. El fondo de su "denuncia" es acusar al personal del Canal 7 de haber perdido "objetividad", de mirar con alguna pizca de entusiasmo las tareas del gobierno. Y se trata, ni más ni menos, del mismo personal que había en el Canal 7 antes de la elección de Allende. Pero —al más puro estilo Opus Dei— él no se atreve a decir quiénes son los funcionarios del Canal que ahora sienten que es un deber informar de lo que hace el gobierno del país. O sea, se queda en el puro boquillazo.

Eso es feo, claro está. Pero más feo es el trasfondo de la maniobra de Navarrete. Porque, siendo como todavía es gerente general del Canal del Estado, busca desprestigiar a esa estación televisora, inferirle un daño económico. ¿En beneficio de quién? No hay duda que del Canal 13 de la Universidad Católica, donde el freísmo busca hacerse fuerte porque sabe que, en definitiva, su apernamiento en el Canal 7 resulta insostenible. Convertir a Canal 13 en un canal de alcance nacional es la meta del freísmo. Y para eso, como siempre, está listo el joven Navarrete, el "office-boy" de Frei.

INTOCABLE.


Cobre

EL CHANTAJE DE LOS SUPERVISORES

LA PACIENCIA y habilidad del gobierno de la Unidad Popular enfrentaron una dura prueba en la semana que terminó, al llegar a su etapa culminante la crisis planteada en la Gran Minería del Cobre por el personal de supervisores. Pese a las advertencias del Presidente Allende, la cuerda se estiró.

Antes de tomar una determinación drástica, los personeros del Ejecutivo observaron bien la mesa de las negociaciones. Quisieron evitar que, como en el juego del ping-pong, la pelota chocase en la red y se volviera contra ellos.

Los supervisores pedían reivindicaciones económicas.

Los partidos populares estuvieron siempre con los movimientos reivindicativos de los trabajadores: ¿Por qué ahora podrían estar en contra? Cuando la Democracia Cristiana no era gobierno aún, estuvo también con las acciones huelguísticas. Pero ya en La Moneda calificó los paros y huelgas como "políticos". Incluso hubo muertos como en El Salvador, donde cayeron acribillados seis hombres y dos mujeres.

Con los partidos de izquierda, en el caso de los supervisores, ¿estaba a punto de ocurrir algo similar?

Para salir de la quemante duda era necesario establecer con claridad hasta qué punto este gremio planteaba auténticas y legítimas reivindicaciones. Allí surgieron las sorpresas. Y estalló la crisis.

Durante las conversaciones que hasta la semana pasada se celebraron en el despacho del ministro de Minería, Orlando Cantuarias, quedó al descubierto una realidad paradojal. En los mismos instantes en que el Senado de la República despachaba en primer trámite la nacionalización del cobre, en los yacimientos se movilizaba una casta intocada y contraria a ese proceso. Un grupo minoritario de trabajadores, dispuesto a llegar hasta el sabotaje para defender privilegios que conquistaron al margen de la ley y la ética, estaba envuelto en el turbio juego de los intereses norteamericanos que hasta hoy manejan las compañías.

Son los supervisores.

Hasta el 31 de enero último, ganaron sueldos en dólares. Remuneraciones que fluctuaban entre los quinientos y los dos mil quinientos, con un promedio general de mil dólares mensuales.

Como lo reconocen sus propios dirigentes, al momento de recibir sus liquidaciones todos ellos reducían sus divisas a escudos. Pero no utilizaban el mecanismo legal del Banco Central, sino el lucrativo camino de la "bolsa negra", amparados bajo la sombra de las compañías y las autoridades del gobierno demócratacristiano.

A fines de 1969, sin embargo, varios supervisores de Chuquicamata fueron detenidos por este delito. El proceso se ventiló en el Juzgado de Calama. Y la asociación nacional que los agrupa decretó un paro "reivindicatorio" que sólo duró algunas horas.

En consecuencia, cuando el Gobierno Popular terminó con los sueldos en dólares, este personal perdió dos beneficios simultáneos: por un lado, un aumento periódico, puesto que el anterior ministro de Hacienda, Andrés Zaldívar, reajustaba la moneda norteamericana cada quince días. Por el otro, la regalía adicional de la bolsa negra.

Ese fue y es el problema de fondo de la "reivindicación" que plantean los técnicos de los yacimientos cupríferos.

Y en esa perspectiva el gobierno actuó.

NO SON TODOS LOS QUE ESTÁN...

Controlada por nacionales y demócratacristianos, la Asociación Nacional de Supervisores que preside Guillermo Toro, exigió un 140 por ciento de aumento en sus remuneraciones reducidas a escudos, pero aplicando la cotización de la bolsa negra. El Ministro de Minería, Orlando Cantuarias, y el Vicepresidente de la Corporación del Cobre, Max Nolff, ofrecieron un 57 por ciento sobre los sueldos reducidos al cambio oficial de Eº 14,33 por dólar.

Los funcionarios, luego de votar la huelga, aceptaron ese porcentaje. Pero presentaron otras exigencias como aumentos periódicos cada dos meses y bonos de indemnización por años de servicio a contar del primero de enero recién pasado.

Y allí se descorrió otro velo.

De los mil quinientos supervisores que figuran en las planillas de las compañías, incorporados al "rol oro" —pagados en dólares— menos de seiscientos son técnicos propiamente tales. Sólo el 35 por ciento trabaja efectivamente en las minas vigilando, controlando y fiscalizando las faenas extractivas. El resto del personal de "supervisión" está integrado por choferes, secretarias, mayordomos de clubes deportivos, oficinistas y otros empleados administrativos.

El "rol oro", más que una conquista gremial, fue un recurso de las empresas norteamericanas. Una jugosa red que les permitió atrapar a trabajadores chilenos que con el tiempo se convertirían en sus servidores incondicionales, consciente o inconscientemente. Fueron ellos los que hace seis años se aterrorizaron frente a la política de sociedades mixtas. Son los mismos que ahora ven un peligro en la nacionalización, porque hiere sus intereses individuales al eliminar a los generosos patrones del norte.

Es así como en el mineral El Teniente, desde comienzos del último año y hasta el 4 de septiembre habían abandonado sus labores cincuenta supervisores. Desde ese día y hasta el 31 de diciembre, luego del triunfo de la Unidad Popular, la cantidad se duplicó como consecuencia del pánico.

CUESTIÓN DE PRECIOS

Estos y otros antecedentes que conformaron la "plataforma de lucha" se traducen en dólares y escudos, justamente cuando la cotización del cobre en los mercados mundiales no es tan óptima como lo fue durante la pasada administración.

¿Cuánto significaría al Estado acceder a estas peticiones?

El propio Presidente Allende, hablando en Machalí durante la clausura del consultivo de los trabajadores del cobre, entregó parte de la respuesta: Si tan sólo se aceptara pagar la indemnización de un mes por año de servicio a todos los supervisores en este momento, el país debería desembolsar la suma de CINCUENTA MILLONES DE DOLARES.

Por mucho menos que esta cantidad, el gobierno anterior pudo haber adquirido el control del mineral El Teniente, cuyo valor de libros a fines de 1963 llegaba a SESENTA Y CINCO MILLONES SETECIENTOS MIL DOLARES (PF. Nº 123, Pág. 31).

La indemnización de un mes por año, por otra parte, aparece ya establecida en la ley. Pero no a contar de ahora, sino del primero de enero de 1973, para los técnicos de Chuquicamata y El Salvador, por cuanto en El Teniente ya existe este beneficio.

Los personeros gubernamentales se mostraron dispuestos a respetar los beneficios adquiridos en este terreno. Pero no aceptaron pasar a llevar las disposiciones vigentes porque eso favorecería el éxodo de técnicos estimulados con la indemnización, justamente cuando la nación los necesita ante la próxima estatización de los minerales.

El reajuste periódico (o escala móvil) también fue rechazado. En El Teniente ya existe y es un derecho adquirido, Pero extender esta situación de privilegio al resto de los supervisores significaría, para el Gobierno de la Unidad Popular, respaldar a una aristocracia que de hecho está presente en la industria del cobre y contra la cual el Presidente Allende se ha pronunciado en dos oportunidades durante el último mes.

EL CHANTAJE

Los precios del metal rojo en los mercados, los obstáculos al proyecto de nacionalización en el Senado, los intentos sediciosos que acarician sectores derechistas, la campaña internacional contra Chile y la acción de los latifundistas en los campos no pueden desvincularse de este conflicto. La eventual paralización de las minas de cobre por la huelga de los supervisores habría significado avivar todavía más las brasas.

Ellos así lo pensaron.

Y en una de las reuniones de su asociación, algunos dirigentes llegaron a insinuar la posibilidad de provocar un desenlace extrainstitucional. Entre otras acciones para respaldar su movimiento, se planearon medidas de sabotaje en los centros vitales de la maquinaria productiva.

Fue así como la actitud reivindicativa de un gremio se convirtió en extorsión. Un grupo de técnicos que nunca participó en las luchas de los obreros y empleados del cobre, que trató de romper sus pasados movimientos, que constituye una clase dentro de la escalera social montada por los norteamericanos, se levanta contra el país.

Pero están solos.

El gobierno se dispone a tomar el control de los yacimientos. Los dos mil supervisores que no están dentro del "rol oro" apoyan esta decisión. Los veinte mil trabajadores del cobre, al terminar su consultivo nacional de Machalí hacen otro tanto.

La posición de los supervisores se debilitó. Fue el fracaso del chantaje. También ellos, a pesar de todo, debieron escuchar las palabras del Presidente Allende en su llamado de Machalí:

"Obreros, empleados y técnicos del cobre: Yo apelo al sentido nacional de ustedes. Los llamo a cumplir con la patria. Les exijo en nombre de Chile el sacrificio que ustedes deben entregar.

Contra el privilegio, el esfuerzo de todos ... contra la granjería, el sentido moral... Es una nueva actitud frente a Chile y a la Historia. Tengo fe en ustedes, compañeros del cobre, que entenderán mi lenguaje porque es el lenguaje de un compañero Presidente".

ENRIQUE J. FERNÁNDEZ


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02