La sedición

PUNTO FINAL
Año V. Nº 120
Martes 22 de diciembre 1970

Editorial

UN hecho positivo, cual es el replanteamiento sobre nuevas bases de las relaciones entre las fuerzas de izquierda capaces de impulsar un proceso revolucionario, se ha producido a raíz del lamentable incidente de Concepción en que perdió la vida un militante del MIR.

Al margen de otras consideraciones de importancia, que PF podrá desarrollar en el futuro, este proceso de entendimiento se construye a partir de la constatación de que es necesario liquidar en su cuna el sectarismo y las expresiones dogmáticas en un proceso tan rico en perspectivas como el que tiene lugar en Chile. Hay que señalar que este entendimiento se produce en el marco de nuevas amenazas conspirativas contra el gobierno de la Unidad Popular.

La reacción, políticamente organizada tanto en el Partido Nacional como en los sectores freístas del PDC, se ha ido reagrupando después del descalabro que sufrió con el repudio al asesinato del general René Schneider. Ante las primeras medidas profundas que va planteando el gobierno del Presidente Allende, esos sectores golpistas estrechamente vinculados a la CIA, adquieren mayor peligrosidad, aunando fuerzas y recursos para lanzarse en una nueva aventura sediciosa.

La perspectiva de un enfrentamiento se hace cada vez más clara, aun cuando los reaccionarios puedan diferirlo en la búsqueda de condiciones favorables a sus designios.

En estas circunstancias es cuando las fuerzas del pueblo, comenzando por sus vanguardias políticas, deben unificarse para llevar adelante el programa del gobierno de la Unidad Popular, profundizar las medidas ya iniciadas y proporcionar la estructura de poder popular necesaria para iniciar la construcción del socialismo. La tarea actual es anular y derrotar a los reaccionarios si éstos levantan cabeza, impulsando simultáneamente acciones de gobierno que aceleren el proceso de cambios auténticos. En esa perspectiva, la unidad de los sectores más consecuentes de la izquierda tradicional y de la izquierda revolucionaria, aparece como una necesidad histórica. Produce optimismo comprobar que este objetivo está siendo apreciado madura y responsablemente por las organizaciones interesadas en poner a andar Chile por el camino del socialismo. Los contactos en curso indican que, ciertamente, por sobre aspectos circunstanciales de crudeza injustificada que alcanzó la lucha ideológica, se alza la necesidad de combatir juntos. Este reencuentro que PF saluda, pronostica para los trabajadores chilenos la posibilidad cierta de derrotar a sus enemigos.

PF.


Entrevista

EL MIR HABLA SOBRE LAS RELACIONES CON EL PC

PUNTO FINAL entrevistó al Secretario General del MIR, Miguel Enríquez, sobre una serie de aspectos de la actualidad política nacional. El diálogo con el máximo dirigente del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, fue el siguiente:

La izquierda en Chile fue sacudida por la muerte del militante del MIR, Arnoldo Ríos, en Concepción. A partir de ese lamentable hecho ha surgido, al parecer, un nuevo tipo de relación entre el MIR y el PC que toda la izquierda observa con atención ;.Qué puede Ud. decirnos sobre ello?

—Para nosotros el lamentable incidente que llevó a la muerte a nuestro compañero Ríos debe insertarse en el marco de la situación política por la que atraviesa el país.

Por un lado, las clases dominantes, nacionales y extranjeras, representadas políticamente por el Partido Nacional, por el freísmo demócrata cristiano y la Democracia Radical, después de un repliegue táctico posterior al resultado electoral, se reagruparon, formularon políticas conjuntas y comenzaron a preparar la contraofensiva reaccionaria y sediciosa que, derrocando a la izquierda del gobierno, les permita recuperar las perdidas posiciones de poder.

Por otro lado el triunfo electoral de la izquierda y su posterior ascenso al gobierno, abrieron enormes posibilidades al proceso revolucionario y a la actividad de las masas, si bien la correlación de fuerzas aún no es del todo favorable y la izquierda estaba enfrentando el proceso dividida. Para nosotros, la nueva situación estaba y está definida por una impasse entre los trabajadores del campo y la ciudad, de una parte, y de la otra los dueños del poder y la riqueza, reagrupados y a la ofensiva estos últimos. Se caminaba y camina a un enfrentamiento de clases que definirá el problema de en qué manos queda el poder en definitiva.

La política que, a nuestro entender, la izquierda debía formular en todos los planos y frentes debía estar regida por el principio básico de ganar fuerza y golpear al enemigo fundamental. Para ello era y es condición básica la acción común de todas las fuerzas para enfrentar al enemigo, relegando a segundo plano las diferencias que separan a las distintas fuerzas de la izquierda.

La muerte de Ríos fue el resultado de una política errada en relación a todo lo anterior por parte de otras fuerzas de la izquierda. Pero, a la vez, es justamente a partir de su muerte que comienza a corregirse una política semejante.

¿De lo que Ud. nos dice se desprende que sólo el MIR apreciaba de esa forma la situación y por tanto la necesidad de la acción común de la izquierda como algo inmediato?

—No creo que sea así en forma absoluta, pero sí le puedo asegurar que previnimos que la situación política se daría de esta forma desde mayo de este año y que desde hace por lo menos tres meses veníamos haciendo llamados a distintas fuerzas dentro de la UP y a distintos niveles con el fin de lograr establecer algún tipo de entendimiento que permitiera golpear en conjunto al enemigo fundamental.

Sabíamos que el camino hacia un entendimiento de este tipo no era fácil, y por ello, frente a la proximidad de las elecciones estudiantiles, redoblamos nuestros esfuerzos, pues temíamos que éstas precipitaran situaciones que fueran difícilmente salvables más tarde. Antes y durante la campaña en la FECH, llamamos a la unidad de la izquierda para enfrentar a democratacristianos y momios. No fuimos escuchados y llegamos finalmente al retiro de la lista FER y al apoyo a la lista de la UP, lo que públicamente explicamos como consecuencia del mismo esquema de ideas antes expuesto. A pesar de ello, no se quiso llegar a idéntico acuerdo para enfrentar las elecciones estudiantiles en Concepción, donde las diferencias entre las distintas fuerzas de la izquierda tomaban un carácter más intenso. En conferencia de prensa en Concepción una semana antes de la muerte de Ríos, llamamos la atención sobre todo esto y sobre los riesgos que implicaba mantener dividida a la izquierda.

La respuesta predominante de las fuerzas de la UP, y especialmente del Partido Comunista, fue una política que rechazó todo entendimiento con nosotros, que levantó como legítimo "el combate contra la ultraizquierda", que predicó como virtud la división de la izquierda, que levantó en resumen el sectarismo como norma para regir las relaciones entre las fuerzas de la izquierda. Así fue al menos frente a la jefatura Provincial Revolucionaria de Pobladores, frente al dirigente de pobladores Víctor Toro, al comenzar la campaña en la FECH y en la FEC. etcétera.

Esta historia es larga y de triste recuerdo para la izquierda revolucionaria, pero creemos eme no es lo que debe ser puesto en primer plano, y más aún es cuestión que comienza a superarse después de la muerte de Ríos.

¿Qué significado le atribuye el MIR al nuevo tipo de relación que comienza a abrirse con el Partido Comunista?

—Para nosotros, y lo decimos claramente, es uno de los hechos más positivos que se han producido en la izquierda en el último período. Más aún, creemos que por encima de diferencias políticas que permanecen, y más allá de las distintas interpretaciones que ambas organizaciones tenemos acerca, por ejemplo, de la historia pasada de las relaciones entre el PC y el MIR, o acerca de los acontecimientos de Concepción, debe entenderse que lo fundamental es este nuevo tipo de entendimiento, pues él abre las posibilidades de integrar una poderosa acción conjunta que permita golpear al enemigo fundamental, desbaratar sus conspiraciones y asegurar el camino revolucionario y socialista del proceso, esto si se logra plasmar en acciones concretas a todo nivel, y fundamentalmente en el seno de las masas.

Consideramos también positivo que se establezca como principio que las diferencias entre las fuerzas de la izquierda sólo serán resueltas en el debate ideológico y en la ..práctica, y valoramos en su medida el análisis autocrítico que hizo el partido Comunista en relación a todo esto. Valoramos también como pasos que empujan en sentido positivo los acuerdos obtenidos en la FEC, las declaraciones del compañero Insunza y, en términos generales, la reciente exposición sobre todo esto del Partido Comunista.

Siempre en este sentido, ¿cómo se abordó la superación del incidente mismo?

—Desde la partida nosotros consideramos que el incidente sólo podía ser realmente superado resolviendo algunas expresiones concretas de la política que había llevado a esa situación, y así planteamos, en primer lugar, la necesidad de la unidad de la izquierda en la FEC. También creíamos que las fuerzas que habían levantado una política sectaria en la izquierda tenían que modificar su política y de alguna forma pedagógica para todos, reconocer su error. Por último que el o los militantes comunistas responsables directos de la muerte de Ríos, tenían que sufrir una sanción política ejemplarizadora. Dimos todos los pasos necesarios por nuestra parte para pavimentar el camino a estos acuerdos.

Gran parte de estos puntos conflictivos han sido ya superados: el problema de la Federación de Estudiantes fue resuelto satisfactoriamente; en relación a la corrección y autocrítica de una política sectaria, se han dado pasos positivos y se ha avanzado un primer trecho, que abre el camino hacia la erradicación definitiva del sectarismo en el seno de la izquierda. En lo que respecta a la actitud del Partido Comunista frente al o a los responsables de la muerte de Ríos, no ha existido acuerdo.

Para nosotros es motivo de preocupación la actitud que asuma el PC al respecto, y lo hemos planteado y lo plantearemos públicamente en la medida en que no sea resuelto en los hechos.

Una serie de interrogantes públicamente planteadas siguen rodeando los hechos de Concepción y sus antecedentes; quién introdujo la violencia a las Universidades, que pudo haber muerto cualquiera y no necesariamente un mirista ¿Cuál es la opinión del MIR sobre todo ello?

—Entendemos que estas cuestiones no son las fundamentales, más aún, no hemos sido nosotros los que recientemente hemos puesto estos aspectos a nivel de la discusión pública, pero si se trata de establecer los hechos como son, lo hacemos sin problema.

En cuanto a quién introdujo la violencia a las Universidades, comenzaremos por parafrasear a quienes opinan distinto a nosotros y que han sido los que han planteado la discusión acerca de estos aspectos: "no fuimos nosotros los que introdujimos en las lides estudiantiles las armas de fuego, los laques u otros elementos contundentes", sino otros.

Planteado el problema de que hubiera podido morir en el incidente alguien que no fuera mirista, lo vemos enormemente difícil. Los hechos objetivos definen el sentido del incidente: hay dos heridos y los dos son militantes del MIR, uno de ellos fallece con dos heridas a bala en el cuerpo, y los jóvenes comunistas resultan todos ilesos. Nuestros militantes se han formado en la concepción de no confundir jamás al enemigo fundamental, y están cabalmente convencidos de que las armas no se usan, sino en evidente defensa propia, más que para defenderse de las agresiones de los enemigos de clase, v no contra militantes de la izquierda.

Cuando decimos que no es política del Partido Comunista matar revolucionarios, lo afirmamos porque estamos convencidos de ello. Pero a la vez su anterior política, marcada por el sectarismo, colocaba a sus militantes en cualquier refriega con sectores de la izquierda al borde de provocar hechos tan lamentables como los de Concepción, desde el momento en que, por ejemplo, el diario "El Siglo", más allá de si los documentos oficiales del PC lo establecían así o no, llegaba a calificar a dirigentes revolucionarios de "provocadores pagados por la derecha", como fueron los calificativos adjudicados a nuestro compañero y dirigente Víctor Toro en "El Siglo" del 10 al 15 de octubre.

No creemos que el camino adecuado hacia adelante sea desenterrar paso a paso la difícil y a veces lamentable historia de las relaciones entre la izquierda revolucionaria y el Partido Comunista. Creemos que la discusión no debe centrarse en estos aspectos pasados, sino que deben ser destacados como fundamentales los pasos que ya se han avanzado para superar esta situación, toda vez que todos estamos ciertos que lo contrario no hará sino hacer más difícil el camino futuro y favorecer en definitiva a las clases dominantes que todos deseamos combatir.

Sobre esto último la prensa reaccionaria y algunos personeros democratacristianos y momios han lanzado una ofensiva tratando de asumir la defensa de Ríos, del MIR, denunciando al PC, etc. ¿Qué opina usted de estos "defensores"?

—Desde el primer momento establecimos claramente nuestra decisión de impedir por todos los medios que las fuerzas reaccionarias pudieran instrumentalizar la muerte de nuestro compañero y las diferencias entre la izquierda, al servicio de sus intereses. Como hace poco lo denunciáramos públicamente, el momiaje y el freísmo demócrata cristiano trabajan preparando una contraofensiva reaccionaria y sediciosa para derrocar del gobierno a la izquierda. Toda nuestra política, cada uno de nuestros pasos, está hoy orientada a combatir y aplastar estos intentos conspirativos antipopulares, mal podríamos permitir que estos sectores nos enarbola-ran como bandera. Hemos dicho recientemente que la campaña agitativa y publicitaria de los sediciosos, busca justamente aprovechar las diferencias y los roces entre el MIR y el PC, para crear una imagen más favorable a sus intentos golpistas; más aún, ese ha sido el papel también asignado a algunos de sus personeros.

Ocurre que justamente los órganos de prensa portavoces de la sedición son, entre otros, los diarios "La Prensa" y "La Tarde", y entre los personeros directamente implicados en la actual conspiración están justamente el diputado Jorge Lavandero, el diputado Mario Arnello, quienes han sido los encargados "de turno" de inflar artificialmente los roces en la izquierda. Les decimos claramente al diario "La Prensa", al diario "La Tarde", a los diputados Lavandero y Arnello, y a todo otro órgano de prensa o personero de la derecha que desee mejorar las condiciones objetivas y el clima para llevar a cabo un golpe reaccionario y antipopular, que no sólo no permitiremos que intenten instrumentalizar los problemas entre la izquierda en que estemos involucrados, sino que, además, estamos colocando todos nuestros esfuerzos, y lo seguiremos haciendo, en vigilar, denunciar, desbaratar y combatir si es necesario sus intentos sediciosos y reaccionarios.

Este acercamiento entre el MIR y el Partido Comunista ¿implica una variación en los lineamientos fundamentales de la política del MIR?

—No, de ningún modo. Han habido sectores que han pretendido hacer aparecer la actitud del MIR frente a la lucha contra la sedición y al significado que le atribuimos al gobierno de la Unidad Popular, como modificaciones recientes de nuestra política.

Al respecto basta citar un párrafo del documento "El MIR y las elecciones presidenciales" de abril-mayo de este año, publicado en esta misma revista, para evidenciar que no hay tal: "si el resultado electoral llevara a un triunfo de la Unidad Popular, lo que creemos enormemente difícil, partimos de la base que un golpe militar reaccionario tratará de impedir el acceso popular al poder. En ese caso, no vacilaremos en colocar nuestros nacientes aparatos armados, nuestros cuadros y todo cuanto tenemos, al servicio de la defensa de lo conquistado por los obreros y campesinos". Acerca de nuestra valoración del triunfo de la izquierda el 4 de septiembre, a mediados de ese mes y en la primera semana de octubre recién pasado dijimos: "sostenemos que el triunfo electoral de la izquierda constituye un inmenso avance en la lucha del pueblo por conquistar el poder y objetivamente favorece el desarrollo de un camino revolucionario en Chile, y por tanto, favorece también a la izquierda revolucionaria".

Estamos convencidos, también, de que nuestra política de impulsar la movilización de masas en el campo y la ciudad por métodos revolucionarios, que el desarrollo de acciones armadas en el pasado período, que nuestra lucha contra la conspiración sediciosa, que nuestra política de acción común con el resto de la izquierda y que nuestro combate contra el sectarismo como práctica en el seno de la izquierda, fueron todas políticas en lo fundamental correctas, que hoy los hechos objetivos, la realidad política del país y la nueva situación en la izquierda, confirman cabalmente y nos dan la razón.

Más aún, el MIR busca el entendimiento con otras fuerzas de la izquierda para mejorar en el terreno político, orgánico y de masas las condiciones en que se irá a un enfrentamiento con las clases dominantes que, con certeza, será violento. El MIR empujará la realización del programa de la Unidad Popular, pues sin ser este nuestro programa, sabemos que al golpear ciertos núcleos vitales del sistema capitalista, como se lo propone el programa de la UP, la fuerza de las cosas le impondrá al proceso el desencadenamiento de una dinámica propia que llevará el proceso a desarrollarse de acuerdo a nuestras concepciones programáticas. Es más, el entendimiento con el resto de la izquierda se plantea a través de un repliegue de las políticas sectarias en el seno de la izquierda y reservándose el derecho a seguir combatiendo cualquier manifestación de sectarismo que nuevamente surgiera entre las fuerzas de la izquierda.

Por último, estamos ciertos que subsistirán diferencias entre las fuerzas de la izquierda, pero creemos que hoy esas diferencias pueden y deben ser resueltas en la práctica y en la discusión ideológica, mientras se golpea en común al enemigo fundamental.

¿Cuál es la opinión del MIR acerca de la actitud que han adoptado otras fuerzas de la izquierda revolucionaria en relación con el entendimiento con las fuerzas del resto de la izquierda y en lo concreto con el reciente acercamiento entre el MIR y el PC?

—Algunos han creído que era necesario para llegar a algún tipo de entendimiento con el resto de la izquierda, plegar las banderas de la izquierda revolucionaria, auto-criticarse por sostener el camino de la lucha armada para la conquista efectiva del poder por los trabajadores, por levantar una concepción programática fundamentalmente socialista, por sostener que la lucha por la conquista del poder se daba a través de la estructuración de un frente de obreros, campesinos y capas medias empobrecidas, etc. Creemos que esa es una actitud errada y en muchos casos oportunista. Nosotros entendemos que tácticamente, cuando el enemigo se reagrupa y se dispone a agredir a la izquierda y al movimiento de masas, algunas diferencias se pueden relegar a segundo plano y someter a la resolución de la discusión ideológica y la práctica política, pero en caso alguno puede hacérselas desaparecer a base de malabarismos teóricos o autocríticas. Lo contrario es objetivamente desconocer que la izquierda revolucionaria tiene un papel importante que cumplir en el proceso, cuestión que los hechos anteriores y posteriores a la elección presidencial ya han demostrado. Más aún, la discusión acerca de los aspectos relacionados con las medidas políticas y económicas necesarias de tomar, con la política de concientización, organización y movilización de masas, con la política frente a las Fuerzas Armadas, con la política de participación activa de las masas en el proceso de transformaciones que se emprende y con la política antisediciosa propiamente tal, no sólo no debe ser evadida, sino que es imprescindible desarrollarla, en un terreno ideológico, fraternal y en confrontación permanente con la práctica política misma.

Otros han querido ver en el entendimiento entre el MIR y el PC una suerte de "conciliación" y en el hecho de no haber respondido "ojo por ojo, diente por diente" a la muerte de Ríos, nuestra "entrega al reformismo". Creemos que estos compañeros en realidad no hacen sino caer en las mismas manifestaciones de sectarismo que tanto critican y hemos criticado en otras fuerzas de la izquierda: no distinguir entre el enemigo fundamental y las otras fuerzas de la izquierda, no visualizar la reunificación y agresividad actual del enemigo.

¿Cuales son los aspectos sobre los cuales el MIR considera necesario abrir el centro de la discusión y la necesidad de la acción común de la izquierda?

—Lo expondremos sólo en general:

—En la resolución inmediata de algunas reivindicaciones populares y en la realización de rápidas y profundas transformaciones en la estructura política, económica y social del país, como única forma de ganarse a las masas, de asegurar la irreversibilidad del proceso y de golpear al enemigo.

—En la concientización de las masas acerca de los propósitos y los problemas que enfrenta la izquierda en el país, en la denuncia que permita claramente la visualización del enemigo, y de allí en la organización y movilización de las masas, única fuente real que entregará fuerza a la izquierda para romper las ataduras de todo tipo, asegurar el desarrollo revolucionario y socialista del proceso y mejorar las condiciones en que se dará el enfrentamiento definitivo con las clases dominantes.

—En el desarrollo de la lucha contra la sedición democratacristiana y momia, en los planos político, de masas, económico y conspirativo, entendiendo que los objetivos pueden y deben ser el desbaratamiento de la sedición en su fase conspirativa, si ello no es posible mejorar las condiciones en que se irá a un enfrentamiento que no se pudo evitar y por último preparar las condiciones políticas y orgánicas que permitan transformar lo que quiere ser un cuadrillazo en un proceso revolucionario de largo alcance, si los hechos y las fuerzas se ordenan de un modo tal que eventualmente no permitan vencer en el enfrentamiento mismo.

Para terminar ¿desea Ud. agregar algo?

—Sí. No podríamos terminar si no insistiéramos en un aspecto:

"Es importante establecer que si bien en la historia de las relaciones entre la izquierda revolucionaria y el Partido Comunista hemos enfatizado desde nuestro punto de vista fundamentalmente la cuota de responsabilidad de este último, entendiendo que no es esta una cuestión fundamental tampoco, no podemos dejar de valorar públicamente todos los pasos positivos que ha venido dando el Partido Comunista y que han facilitado el acuerdo, en el curso del difícil proceso que ha ido produciendo este entendimiento a partir de los hechos de Concepción, en que el cumplimiento de los acuerdos y la mutua limpieza y honestidad política hasta aquí demostrada, han definido la nueva relación en una forma que hará más fácil el camino hacia cualquier tipo de relación futura.

PF.


Acechanzas

¿EL IMPERIALISMO AGREDERÁ A CHILE?

EN un artículo anterior [1] señalamos que el control extranjero en el sector manufacturero llega al 30 por ciento. La magnitud de esta cifra, especialmente ' en renglones como caucho, productos industriales químicos, maquinarias y equipos, calzado, tabaco, alimentos, etc., permite pensar que puede ser en el sector industrial, donde se produzcan las más duras confrontaciones con el imperialismo norteamericano.

El imperialismo obtuvo 81 millones de dólares en 1968 en utilidades por su participación en el sector manufacturero chileno. Conviene examinar hasta qué grado es posible una respuesta del imperialismo a medidas que le perjudiquen.

EL CASO PERUANO

Se dice que la experiencia del Perú indica que la política del imperialismo es en la actualidad más flexible de lo que fue al comienzo de la década de 1960. Pero significa ignorar el hecho de que Perú logró superar sus problemas precisamente porque no rompió con el sistema de dominación imperialista, aunque reconocemos que, por lo menos, ha comenzado a negociar respecto del grado en que se ha de permitir la explotación del país. La nacionalización sin compensación de la International Petroleum Company (IPC), dio lugar en un comienzo a una paralización abrupta de las inversiones extranjeras. Originó las amenazas de suspensión de los créditos de que dependía la economía peruana y de un boicot a la exportación azucarera. Durante este período de conflicto con Estados Unidos, el régimen militar peruano intentó estabilizar la situación a corto plazo: introdujo una política de congelación de salarios, impuestos más elevados con un sistema más efectivo de recaudación, y una reducción de gastos en obras públicas y de infraestructura. No obstante, el resultado fue la disminución drástica de la inversión privada, el estancamiento económico y el aumento del desempleo. Los problemas de la balanza de pagos fueron paliados por la existencia de precios mundiales favorables para la exportación de minerales y pesquería, pero el gobierno peruano se vio obligado a reducir el monto de las importaciones (de 818 millones de dólares en 1967 a 601 millones en 1969), y para poder hacerlo tuvo que disminuir la importación de maquinarias.

Estas dificultades llevaron a los militares peruanos a dar garantías al capital extranjero y a lanzar una política que llevaría al incremento de esa inversión. Se insistió en que la IPC había sido nacionalizada sin compensación debido a que la compañía se negaba a pagar sus deudas con el Estado peruano. Se llegó a un compromiso con Estados Unidos sobre la base de una determinada cifra compensatoria que correspondía precisamente a la suma que la IPC debía al Estado. Como resultado de este desplazamiento, Perú pudo negociar su deuda externa y el capital extranjero comenzó nuevamente a fluir.

La tolerancia de que fue objeto el gobierno peruano coincidió, por lo tanto, con los intereses generales del capitalismo monopólico de Estados Unidos. En estas condiciones, Cuba sigue siendo el único precedente real de desafío a la hegemonía norteamericana en América latina.

Esto sugiere que el intento chileno de iniciar la construcción del socialismo, va a ser tomado muy en serio por Estados Unidos, tal como fue en el caso de Cuba. Hay consideraciones políticas que bien podrían hacer del caso chileno un desafío mucho más serio que el de Cuba para el sistema general de dominación norteamericana. Los efectos de una exitosa revolución chilena no podrían ser contenidos por un bloqueo como el que se impuso a Cuba, por ejemplo.

LA SITUACIÓN EN EE.UU.

Para comprender la coyuntura actual de Estados Unidos y sus implicaciones en América latina, necesitamos examinar ciertas características de la expansión desigual del capitalismo norteamericano a partir de la II Guerra Mundial. El análisis sugiere que los períodos de crisis interna han dado origen a una política agresiva con miras a la apertura de mercados exteriores para la exportación de capital y de bienes norteamericanos.

Las recesiones más graves en el sistema capitalista norteamericano ocurrieron en 1948-49, 1953-54 y 1958-59. Pese a que la primera fue seguida de una penetración de capital norteamericano en América latina, el proceso pasó desapercibido debido a que la guerra de Corea proporcionó medios alternativos para el empleo de la capacidad norteamericana de producción inutilizada, pero si examinamos la recesión de 1953-54, y sus secuelas, aparece con evidencia una agresiva promoción de los intereses del capital norteamericano en América latina. No fue una coincidencia que en 1954 se registrara la primera intervención seria de Estados Unidos en Vietnam y la manipulación de mercenarios en Guatemala para derrocar a Arbenz. Tampoco, en ese sentido, se puede considerar casual la caída de Perón, la liberalización de la legislación comercial argentina (1955), y una legislación brasileña notoriamente favorable al capital extranjero (1956). El mismo año la Misión Klein-Sacks recomendó idéntica política para Chile, lo que dio origen a una "estabilización" que paralizó el crecimiento de la industria nacional y dio curso a un violento ataque a los salarios, todo esto acompañado de un crecimiento de las inversiones norteamericanas. Estos cambios contribuyeron al incremento de las ganancias norteamericanas en el exterior de 2.800 millones de dólares en 1954, a 4.260 millones de dólares en 1957.

El mecanismo empleado para la solución de las contradicciones internas del capitalismo norteamericano, a través de la expansión en el exterior, fue puesto nuevamente en práctica a fines de la década del 50. Las ganancias internas volvieron a caer en 1957 y todavía más al año siguiente. En ese contexto se produjo la agresiva actitud yanqui respecto a la Revolución Cubana, política que culminó en 1961 con la invasión de Bahía Cochinos. Fue acompañada por el inicio de los programas de contrainsurgencia, la Alianza para el Progreso y la rápida expansión de la inversión en el extranjero, que subió de US$ 1.400 millones en 1960 a US$ 3.000 millones en 1965. Durante la década del 60, el capitalismo norteamericano experimentó el más largo boom de su historia, producto directo de sus ganancias en el exterior. Sin embargo, ahora es víctima una vez más de una recesión a la que se agrega el hecho de verse forzado al retiro gradual de Vietnam. Uno de los principales apologistas del imperialismo, la revista "Time", revela las contradicciones que surgen en el capitalismo norteamericano. En su edición del 2 de noviembre, afirma que la tasa de desempleo alcanza a un 5.5 por ciento como resultado de la depresión de la industria aeroespacial, de la caída de la construcción y de la crisis de la agricultura, la industria maderera y automotriz. En la edición siguiente, afirma que la industria está operando al 76 por ciento de su capacidad, "la tasa más baja por espacio de casi una década". La productividad, que llevaba una tasa de crecimiento del 3.3 por ciento, aumentó menos de 1 por ciento a partir de fines de 1967.

Los capitalistas norteamericanos empiezan a percibir que sus opciones están limitadas. La competencia con otras potencias imperialistas (Alemania y Japón, especialmente) se pone dura. La revista advierte que "algunas compañías están desplazando sus operaciones al extranjero en busca de mano de obra más barata". Se refiere a las automotriz, acero y productos químicos, las cuales han incrementado sus inversiones en Chile.

El capitalismo yanqui no ha de permanecer inactivo, por lo tanto, permitiendo sin más que el gobierno de la Unidad Popular desafíe su imperio. No existe duda alguna de que el gobierno norteamericano intentará ya sea un golpe de estado o una política de estrangulación económica. La consideración que se tenga con el capital norteamericano determinará la tolerancia que los Estados Unidos tengan a su vez con el gobierno chileno. Sin embargo, es muy posible que el conflicto no llegue a su punto crítico en un futuro inmediato. El pueblo norteamericano se muestra cada vez menos receptivo a las aventuras imperialistas, debido al costo en vidas que han significado. La competencia entre potencias imperialistas rivales, bien puede determinar una estrategia planeada cuidadosamente y no la confrontación inmediata. Pero resulta claro que el conflicto no puede ser postergado por tiempo indefinido.

La falta de una acción expedita y efectiva contra la dominación del capital extranjero implica un riesgo señalado por Pedro Vuskovic: "La prolongación del sistema supondría inevitablemente formas de gobierno cada vez más dictatoriales y represivas". Sin duda, la afirmación anterior tiene su respaldo en la suerte que han corrido Argentina y Brasil, en donde la profunda penetración del capital extranjero en el sector manufacturero significó la eliminación de muchas empresas nacionales, repercutió en la situación precaria que viven los empresarios medios y pequeños, fue seguida de un cerrado ataque en contra de los salarios, todo lo cual Chile ha venido sufriendo durante los últimos tres años. Hasta la fecha, lo que Chile ha logrado, en efecto, es impedir la imposición de un gobierno militar represivo, que Brasil soporta desde el 64 y Argentina desde el 66, sistemas que han demostrado ser el único medio eficaz de protección del sistema de explotación masiva de las compañías extranjeras en estos países.

Por eso el pueblo chileno debe organizarse, y sus vanguardias revolucionarias unirse, para hacer frente a la amenaza permanente del imperialismo.

OBSERVADOR


Análisis

EXPERIENCIA CHILENA DEL FRENTE POPULAR

TODA interpretación unilineal por ser incompleta carece de validez. Esto lo afirmamos porque la burguesía chilena, a través de sus publicistas, ha querido tejer la ficción de que el Frente Popular que llevó al poder a Pedro Aguirre Cerda fue exclusivamente organizado por los comunistas. Si bien es cierto que la arremetida fascista tuvo la particularidad de aglutinar frentes pluriclasistas de resistencia, que viabilizaron el ascenso del proletariado europeo a través de sus organizaciones más combativas, cumpliendo en este aspecto un papel muy destacado los comunistas, el Frente Popular chileno no se encuentra estrictamente determinado por esa táctica general. Más bien lo vemos como el resultado de una serie de condiciones sociales, económicas y políticas que venían madurando tanto en el nivel nacional como en el internacional. No podemos desconocer, eso si, que muchos aspectos formales de los frentes populares europeos de resistencia, se insertaran en el frente chileno, pero los procesos políticos, antes que nada, hay que juzgarlos por su contenido interno y, luego, por las formas particulares que ellos adquieren.

Vemos en la crisis económica mundial de 1923 y en su inserción en Chile —interrelacionada con los efectos de deterioro provocados ya antes de su advenimiento por la retracción de los principales rubros de exportación—, el detonante que va a liberar un conjunto de fuerzas sociales comprimidas por un status de preeminencia oligárquica. Su apariencia visible nos es representada por la trayectoria ascendente de los sectores medios y de la pequeña burguesía, pero su dinamismo interno se explica por la movilidad orgánica, sindical y política, del proletariado chileno. De tal modo que antes de que estas diversas fuerzas de nítida proyección antioligárquica puedan llegar a un nivel elevado de interrelación política, ya conformaban una plataforma social antagónica al status. Su misma incapacidad de fusión inicial favoreció el establecimiento de gobiernos de carácter militar y civilista, cuya poli, tica general, en términos simplificados, se caracterizó por un entreguismo sin concesiones y por la represión sin cuartel a las clases populares. Gobiernos como el de Ibáñez y el segundo período de Arturo Alessandri, carecen de toda capacidad para captar o asimilar a los sectores opositores, lo que va a facilitar en sumo grado el aglutina, miento pluriclasista del antioligarquismo. Vale la pena, por la actualidad que pueda tener, detenernos un tanto en la formación de bloques partidarios antioligárquicos que culminarán en la estructuración del Frente Popular.

Por parte de los partidos obreros las alianzas se hacen posibles en virtud de los enfrentamientos conjuntos que deben llevar a cabo contra los aparatos represivos del Estado y por las necesidades inmediatas comunes a la clase. Relacionadas con estos aspectos, las formas de la lucha político reivindicativa urgen la fundación de un organismo que cohesione a toda la clase obrera, que eliminara los fraccionalismos orgánicos y que desplazara a la FOCH (Federación Obrera de Chile), carente ya de la capacidad de movilización que los nuevos tiempos requerían. Así, en diciembre de 1936, se celebró una convención obrera en la que participaron delegados representantes de la Confederación Nacional de Sindicatos Legales, de la Federación Obrera de Chile y de la Confederación General de Trabajadores, que dieron origen a la CTCH (Confederación de Trabajadores de Chile). Esta fusión posibilitó el entendimiento del Partido Comunista y del Partido Socialista, como también de otras fracciones políticas obreras, sobre planos concretos más que ideológicos.

Los iniciales sondeos políticos para la unión frente populista son realizados por el Partido Socialista y el Partido Radical, intérprete este último de gran parte de la pequeña burguesía y de los sectores medios marginados por la oligarquía. A partir de 1936, de acuerdo a una resolución de su Congreso, el Partido Socialista hizo un llamado formal a radicales y comunistas a conformar un vasto bloque político de izquierda. Pocos días después, el Partido Radical, luego de haber acallado sus voces más derechistas, acepta la invitación y quedan de este modo sentadas las bases del Frente Popular el 26 de marzo de 1937. Su conformación iba a contener diversas gamas: radicales, comunistas, demócratas, radical-socialistas y la Confederación de Trabajadores de Chile.

Creemos visualizar dentro de estas combinaciones que el partido que juega un rol clave es el Socialista (decimos clave y no de mayor importancia, lo que puede ser materia de una discusión hasta cierto punto estéril). Tal apreciación se funda en que el Partido Socialista desde los tiempos de su misma generación puede enclavarse tanto en el proletariado como en la pequeña burguesía, lo que le permite a su vez hacer de enlace entre corrientes relativamente opuestas. En este sentido, el pluripartidismo del Frente Popular reflejaba de un modo indirecto su esencia interna: el pluriclasismo.

Ahora bien, desde el punto de vista de las evaluaciones sociales numéricas, es obvio que la clase mayoritaria dentro del Frente es el proletariado. Incluyendo en su interior, a los segmentos despropietarizados e inferiores de los sectores medios. Mas, no siempre las variables políticas tienden a reflejar estrechamente los condicionamientos sociales, pues por otra parte, y también desde el punto de vista numérico, el partido mayoritario es el Radical, el que unido a su mayor acercamiento con la institucionalidad vigente, llega a ser el más indicado, en un marco de legitimidad burguesa, para hegemonizar el bloque, llevar sus representantes al gobierno, dictar líneas programáticas de acción e incluso fijar las condiciones estratégicas y tácticas. El Frente Popular es, pues, un bloque político contradictorio y de ningún modo monolítico. La contradicción fundamental se observa entre su dirigencia política y su base social. Su consolidación se debió más que nada al imperativo de una necesidad inmediata: el desplazamiento del bloque político oligárquico enquistado en los aparatos de gobierno. De ahí se explica que después de algunos regateos que han llegado a ser rituales en el costumbrismo político chileno, donde los postulantes a la presidencia eran Marmaduque Grove y Pedro Aguirre Cerda, se decidiera levantar la candidatura del radical. Era evidente que la designación de uno o de otro iba a dictar las características de todo el Frente en su proyección futura. Este resultado ilustra también dos aspectos que se conjugan en la época dentro del proletariado chileno y que aparentemente son opuestos: su fortaleza y su debilidad. Fortaleza en cuanto su presencia que comporta una trayectoria agitacionista y combatiente es capaz de arrastrar a los sectores medios y a la pequeña burguesía a unirse en bloques políticos antioligárquicos. Debilidad en cuanto, superado este paso, deberá someterse a las condiciones que las representaciones políticas no proletarias fijen.

Es notorio que cada representación política al invertir sus capitales electorales en el bloque frentista, busca obtener determinadas ganancias. Esa posibilidad de obtener ganancias, justamente es la que factibiliza la unión. Pero eso no quiere decir que las ganancias fueran del mismo tipo para todos los partidos. Al Partido Radical, por ejemplo, le es abierta la oportunidad para pasar a convertirse en fuerza política hegemónica dentro de una extensa correlación de fuerzas y, sobre todo, en los aparatos del Estado. Es lógico inferir que esa oportunidad no la iba a alcanzar manteniéndose en una posición "centrista" y que mucho menos iba a ser posible uniéndose a un bloque oligárquico. Para explicar su vuelco a la izquierda hay que tener presente el deterioro económico-social de la pequeña burguesía y, sobre todo, el de los sectores medios, los cuales, desde hacía más de una veintena de años, venían presionando a la oligarquía obteniendo sólo una segregación progresiva. Las condiciones que la crisis impone a las clases dominantes las lleva incluso a aumentar sus métodos expoliadores y a sustentarse en base a implementos represivos. Esta expulsión de la pequeña burguesía y de los sectores medios al territorio social del proletariado, lejos de provocar su absorción política por una estrategia revolucionaria, derivó en una conducción política pequeñoburguesa del proletariado.

Por su parte, los partidos obreros también buscan obtener ventajas en el juego frentista. La primera de ellas es su posible acceso a los aparatos de poder. Llegando a este punto, la tarea fundamental será la de presionar al gobierno hacia medidas de carácter popular que tiendan a facilitar el acercamiento de las masas a los centros de decisiones, tanto de producción como políticos. Conjuntamente buscan proveerse de una legitimidad institucionalizada que posibilite la difusión de una política destinada a graduarse en términos cada vez más anticapitalistas. En estas condiciones buscarán también abrir perspectivas mejores para el desarrollo interno de cada uno de ellos. En fin, se buscará una radicalizarían mayor hacia la izquierda de la pequeña burguesía y de los sectores medios, y un desplazamiento definitivo de los sectores antiobreros en el poder político.

No viene al caso responder aquí si estas ganancias fueron o no conseguidas; esa será materia para un próximo capítulo . Pero interesa destacar el sentido eminentemente pragmático que orienta estas acciones políticas. En virtud de este pragmatismo se explica la inadecuación de las posturas ideológicas que son elevadas a un primer plano. En efecto, el Partido Socialista, pero con mucha mayor insistencia el Partido Comunista, consideran su participación en el Frente como un paso necesario impuesto por una presunta revolución democrático, burguesa. Hay al respecto, una captación falsa de la situación real, vale decir, lo que por un lado se realiza políticamente no encuentra su reflejo real en la "conciencia ideológica". Tratemos de demostrar:

Es evidente que para factibilizar una presunta revolución burguesa por parte de partidos proletarios, no es suficiente entrar en compromisos con las representaciones políticas de la burguesía. Es preciso, en primera instancia, distinguir teóricamente dos sectores sociales. Por un lado, una oligarquía terrateniente con tendencias "feudales", apropiada de los aparatos del Estado; por otro lado, una burguesía nacional ascendente que para viabilizar su pleno desarrollo requiere eliminar las trabas feudatarias que a ella se oponen. Está de más insistir aquí que esa relación no se dio ni se ha dado nunca sobre la estructura de capitalismo dependiente que ha caracterizado a Chile, puesto que, desde la formal independencia con respecto a España, se ha establecido una interpenetración mutua entre la burguesía comercial e industrial y los latifundistas. La revolución democrático, burguesa en Chile, y posiblemente en los demás países latinoamericanos, no pasa de ser una concepción enajenada de la realidad, cuyo cometido, consciente o inconsciente, es el de encubrir pactos y compromisos políticos entre clases estructuralmente antagónicas. Por lo demás, una prueba de que aun proclamándola los partidos obreros no la implementan, es la precariedad de los planes y proyectos agrarios introducidos dentro de la linea de acción del Frente Popular. Está claro que una acción "antifeudal" en donde el proletariado "empujará" a la burguesía, requiere de una concienzuda teorización relativa a las reformas de tenencia y explotación de la tierra. Pero nada de eso, fuera de aleonas ligeras consignas sobre la unión obrero-campesina y la reforma agraria, es posible encontrar. Incluso, las tareas agitacionistas en el agro no fueron llevadas con consecuencia, prueba evidente del pragmatismo político que guiaba a los partidos obreros.

Por su cuenta, el gobierno de Aguirre Cerda, como analizaremos más adelante, se va a caracterizar por una definida actitud anticampesina a la cual los partidos obreros no opusieron una resistencia digna de mención. En este sentido, esos partidos, creyendo que actúan de una manera, lo están haciendo de otra. Mientras en su "conciencia ideológica" ven el avance de la revolución burguesa, en la actividad práctica colaboran a elevar a primera instancia política y económica a miembros de la pequeñoburguesía y de los sectores medios. La realidad muestra sólo un relevo de fuerzas dentro del campo de la burguesía, pero no un desplazamiento de la clase terrateniente por la burguesía. Es una circunstancia histórica que se caracteriza por la existencia de contradicciones no antagónicas y de carácter interno en una clase (la burguesía) o entre sus diversos segmentos. Cierto es que en esta circunstancia los partidos obreros, y en especial el Partido Comunista, pueden desarrollar —en extensión más que en profundidad— su potencial político y la situación se presenta para ellos institucionalmente favorable, dentro de lo que puede serlo en el capitalismo. Pero la no visualización exacta de la realidad o la ideologización enajenada de la misma, explicable por una asimilación acrítica de una línea política general, determina que las ventajas que se obtienen en el plano coyuntural no puedan ser transformadas en ventajas revolucionarias a corto plazo.

Las expectativas políticas de las diversas clases y representaciones políticas, inciden en una reorientación del Estado en cuanto arbitro de la producción. Como en función de su control se movilizan los bloques de acción política, es pertinente señalar sus alternativas de funcionamiento:

1.— Una de ellas es el continuismo de ese absurdo laissez faire que mantienen las clases dominantes sobre un país en crisis (absurdo para la misma racionalidad capitalista), vale decir, una total indiferencia frente al deterioro económico y una actuación estatal directa en lo político, caracterizada por el levantamiento de los instrumentos de coerción y de represión sobre las clases emergentes y marginadas.

2.— Otra es el intervencionismo y/o dirigismo estatal sobre la economía.

Con el triunfo de la política frentepopulista, en 1938, la segunda tendencia llegó a abrirse paso.

Por eso será aquí conveniente desmenuzarla un poco:

El dilema fundamental, planteado, en términos económicos, es el de sustituir las importaciones. Pero este dilema no puede ser considerado en abstracto, como lo hacen las teorías desarrollistas, a guisa de receta técnica, sino que en el marco social específico donde se aplica. Esto quiere decir que en determinadas ocasiones, la sustitución de las importaciones puede ser propuesta como un paso necesario para el proceso de liberación nacional. Pero en otras ocasiones —e incluiremos en ellas las propiciadas por la eventualidad frentepopulista chilena—, no son sino medidas destinadas a fortalecer con el aporte de implementos tecnológicos modernos, a la clase económicamente dominante, derivando, cuando el desarrollo tecnológico se procesa en función de la "colaboración externa", en una dependencia aún mayor para el país.

Antes del advenimiento frentepopulista, gobiernos "fuertes" como los de Ibáñez y Alessandri, habían elaborado una política de contención para la crisis, sin promover un reordenamiento de los factores productivos de carácter interno. Una prueba de ello es que la acumulación interna, sin posibilidades de inversión en los rubros tradicionales, es drenada hacia una artificial política de construcciones y edificaciones públicas. La garantización del status se realizaba, pues, profundizando la superexplotación a través de la reducción de la hoja de salarios y del subempleo tecnológico y de mano de obra. Mas, una política de este tipo, traía como natural contrapartida un aumento de la presión social hacia las reformas y reivindicaciones que tendían potencialmente a proyectarse en un anticapitalismo cada vez más orgánico. La efervescencia revolucionaria que se verifica en Chile durante los años treinta, comprueba lo expuesto. Ahora bien, el Frente Popular representa una solución institucional para las contradicciones a todo nivel que había acentuado en el país la crisis cíclica.

En el proceso de industrialización que comenzó a adoptarse en Chile durante la postcrisis, la fundación de la CORFO juega un papel importante. Este hecho demuestra, además, cómo la sustitución de importaciones no se realizará tanto mediante operaciones estructurales como por ejemplo una racional distribución de los ingresos (que no puede ser factible únicamente por medio de una política arancelaria), o un desplazamiento de aquellos sectores productivos férreamente ligados a las exportaciones primarias, sino que en base al intervencionismo estatal, cumpliendo así el Estado un papel de agente económico en tanto pone en juego inversor sus propios ingresos, y planificador, en tanto regula y coordina las diferentes actividades eco. nómicas. La generación de obras de infraestructura en general, y el surgimiento de bases elaboradoras como la ENAP, permitió que no sólo el Estado, sino que los capitalistas privados descongelaran su rentabilidad en función de inversiones redituables a corto y largo plazo. La liquidación del ahorro estatal y privado, descongestiona considerablemente el bloqueo circunstancial provocado por la crisis y posibilita la irrigación de capitales hacia el desarrollo industrial y desde ahí hacia otros puntos derivados sustancialmente de la urbanización, que si bien no es determinada por la industrialización, al menos es acelerada por ella. La situación descrita tiene la particularidad, aparentemente extraña, de favorecer a los empresarios y al mismo tiempo de provocar un mayor empleo de recursos y de potencial humano. Ello se explica por cuanto el proceso de industrialización se encontraba sólo en sus inicios y las perspectivas impulsan al capital a su aceleración reproductiva, vale decir, este es un particular caso de desarrollo transitorio dentro de un subdesarrollo estructural.

Ahora bien, dentro de ese marco de interiorización económica inducida por el Estado, nos interesará destacar sus efectos sociopolíticos. Ello nos lleva a preguntarnos si las condiciones estructurales, básicamente las de dependencia, sufren alteración con la política económica frentepopulista. Veamos:

1.— En primer lugar debemos tener en cuenta que la crisis, al contraer la demanda y la oferta externa, factibiliza una disociación entre los grupos sociales ligados al sector exportador primario y al imperialismo. En tal sentido, una sustitución de importaciones, vista funcionalmente en relación a las condiciones expuestas, elimina esta disociación cambiaría, permitiendo que capitales detenidos puedan encontrar otros canales de movilización.

2.— Por otro lado, la crisis no es eterna, sino que periódica, y cuando vuelven a reestructurarse los elementos dislocados de la economía imperialista, la afluencia de capitales y de bienes tan sólo modificarán un tanto su punto de llegada en lugar de detenerse, pues lo contrario sería suponer que la llamada sustitución de importaciones, implementada para sobrellevar la contracción, pudiera haberse desarrollado hasta tal punto como para que se creara una base competitiva lo suficientemente fuerte para autonomizar un desarrollo capitalista interno. No se necesita mucha imaginación para inferir que la sustitución de importaciones se intenta concretar por la sencilla razón de que estas importaciones no afluyen temporalmente, y que llegado el momento en que vuelvan a incidir sobre la economía nacional, no sólo las líneas tradicionales volverán a proyectarse en sentido externo, sino que también las nuevas bases instaladas no podrán quedar ajenas a las condiciones impositivas derivadas de la dependencia externa.

3.— Estrictamente derivado de los puntos anteriores, hay que considerar que el ostensible aumento de la productividad interna, provocada por la industrialización, no se paraliza en modo alguno con mejores condiciones cambiarías. Por lo menos, una parte considerable del producto nacional debe intercambiarse por bienes y servicios externos y hay datos que demuestran cómo durante la postcrisis el producto bruto, es decir la suma de los bienes y servicios producidos en el país, es superior al ingreso bruto [2] . Como anota certeramente Aníbal Pinto: "...a despecho de que el volumen de bienes y servicios producidos en los dos últimos períodos anotados" (por Pinto en páginas precedentes a la cita) "es superior al obtenido antes de la crisis, el "ingreso bruto" por habitante resultó menor debido a que nuestras exportaciones disminuyeron su "poder de compra" de productos extranjeros. Producíamos más, pero con la parte de nuestros bienes que adquiríamos mercadería importada, pudimos comprar un menor volumen que en 1925-29". [3]

Si en el plano internacional las condiciones básicas de dependencia no son aminoradas por la industrialización interna, en el plano nacional podemos verificar que tampoco este proceso modifica, en lo sustancial, las relaciones sociales que prevalecían antes de la crisis. La sola constatación de la inalterabilidad en los vínculos de dependencia externa sería un argumento más que contundente para de. mostrar tal proposición. Pero como el presunto progresismo del frente-populismo chileno ha sido exagerado en función de intenciones políticas actuales y de neto corte reformista, nos vemos obligados a insistir en tal aspecto.

Decíamos que la sustitución de importaciones induce a un desplazamiento de capitales hacia la industria. Estos capitales provienen de dos sectores: 1) del estatal, y 2) del privado. La entrada de ingresos al sector estatal no se vio aminorada sustancialmente por la crisis. Desde antes de 1929, el Estado se encontraba en condiciones de acumular y de concentrar capitales provenientes de las rentas del salitre y del cobre. En 1895, año de máximo auge para la industria salitrera, las entradas derivadas del intercambio externo representaron el 95,1 por ciento del total. Aun en plena crisis, todavía el porcentaje alcanzaba una cifra nada de despreciable: 67 por ciento del total. El dilema para el Estado no era, pues, de recepción de ingresos, sino de inversión para los mismos. Por otra parte el área privada, en especial la agrícola, pudo mantener, o por lo menos no alterar bruscamente, su ritmo interno de acumulación merced al sub-empleo inducido o, lo que es lo mismo, al aumento progresivo de la tasa de plusvalía, relativa y absoluta, extraída de la fuerza de trabajo agrícola. Mediante los efectos multiplicadores que trae consigo la introducción de tecnología, capitales privados y públicos, la mayor de las veces combinándose, pueden reproducirse —en extensión y en profundidad— en obras de infraestructura y en las inversiones en grado creciente que implica la urbanización correlativa a la ocupación mayor, que incide, también correlativamente, en la demanda que se ejerce sobre los mercados.

De acuerdo a estas señas nos es posible inferir que la ampliación del radio de inversiones internas, no desplaza de los centros de decisiones económicas a la clase dominante, sino que tiende a "modernizarla" con la colaboración del Estado, en rubros que anteriormente le habían sido extraños. Debe tenerse en cuenta al respecto que empresas de índole estatal como por ejemplo la Compañía de Electricidad, cumplen el cometido funcional de provisionar energéticamente a empresas privadas, con lo cual tenemos que el principio de estatalización de la economía planteado en contra de la empresa privada se transforma en economía estatal al servicio de la empresa privada.

Por lo demás, un desplazamiento de fuerzas sociales en el poder requiere, como previa condición, de una alteración de ciertos moldes de producción, y el proceso de sustitución de las importaciones, no fue más que eso. Es decir, no se proyectó hacia una ampliación de la producción de bienes y servicios preexistentes ni a una diversificación de los mismos, sino a elaborar únicamente aquellos que los taponados conductos externos no dejaban penetrar. En este sentido, los grupos agroexportadores tienden a reforzarse por intermedio de funciones empresariales que antes de la crisis no habían asumido en intensidad ni de un modo programado. Para decirlo en breve, la interconexión de control y dominio en diferentes rubros que caracteriza a las clases dominantes en las modernas relaciones de dependencia, se hace más patente con la interiorización sustitutiva que fue implementada en los años que siguieron a la crisis cíclica. Y no es equivocarse afirmar que el funcionamiento del Estado, promovido durante los años del frentepopulismo, fue un agente principalísimo en la modernización de la oligarquía nacional y en la burguesificación plena de sectores desplazados por ella, resolviendo de este modo contradicciones internas de carácter no antagónico dentro del capitalismo nacional.

Como ya hemos insinuado, la inalterabilidad de las posiciones hegemónicas de la oligarquía chilena, encuentra su principal fundamento en la inalterabilidad de las relaciones sociales que inciden sobre la estructura agraria. Esa misma condición le había permitido sustentarse en posición económicamente dominante durante los periodos más turbulentos de la gran depresión, máxime si se tiene en cuenta que su operatividad exportadora no se vio afectada en lo sustancial, como ocurrió por ejemplo en los rubros extractivos. En 1928-29, las exportaciones agropecuarias contribuían con el 10 por ciento del valor de las ventas; en 1930-1939, a causa del descenso del aporte minero, subió su cuota al 16.18 por ciento para volver, después de 1940, a girar alrededor del 12 por ciento del total. En casos de contracción, los latifundistas procedían simplemente a abaratar los costos de elaboración de la manera más grosera: cesanteando mano de obra.

En este sentido, la política estatal del último gobierno de Arturo Alessandri colaboró eficazmente con este dictamen expoliador, motivando, a su vez, las insurgencias campesinas que caracterizan a ese gobierno, las cuales fueron ferozmente reprimidas. Por lo demás, el descenso en el monto de las importaciones les permitía a los empresarios agrícolas especular con su reducida oferta en los mercados nacionales, verificándose continuas alzas de precio en los productos alimenticios.

El gobierno de Aguirre Cerda no procedió a modificar el orden agrario, aun cuando ya estaba en el consenso teórico que el retraso en las relaciones de productividad agrícola es uno de los factores principales que impiden el crecimiento económico. Más todavía, la política gubernamental tendió a favorecer al sector terrateniente. Tanto fue así que se llegaron a dictar decretos que prohibían las huelgas campesinas antes de la terminación de las cosechas, que es lo mismo que prohibirlas para todos los periodos. La definida actitud antiagraria del Frente Popular se explica por varias razones. Pero creemos que las de mayor peso fueron las siguientes:

1.— Que el control de las decisiones prioritarias lo mantiene el sector agroexportador, pues no debe olvidarse que la sustitución de importaciones a través de la industria nacional no sólo se implementa en función de una coyuntura crítica temporal, sino que, además, se realiza en forma parcial en el sentido de que la cuota superior de ingresos, tanto estatales como privados, es aportado por las exportaciones agrícolas.

2.— En relación al punto anterior, debe inferirse que el monto mayor de capital acumulado reside en manos del sector terrateniente y que por lo tanto no se intentará menoscabar sus posiciones sino que, por el contrario, provocar por parte de él, transferencias de capitales hacia la empresa industrial. Este proceso no se efectúa mediante presiones, sino que a través de la creación de "estímulos" económicos.

3.— Debe señalarse también que las representaciones políticas que emergen de la oligarquía, por lo general actúan muy correlacionadas a los intereses económicos inmediatos del grupo, a diferencia de las representaciones políticas tan heterogéneas del frentepopulismo, lo que les permite consolidar sus posiciones económicas interviniendo en el poder político.

Una política de este tipo, en donde la introducción de rubros tecnológicos autoelaboradores era realizada sin alterar los vínculos externos de dependencia ni las relaciones internas de explotación social, pretendía obviamente armonizarse con mayores ingresos salariales para las clases trabajadoras. Como ambos aspectos no son conjugables, el aumento de los salarios iba a redundar en continuas alzas de precio en los bienes de consumo inmediato. El espíritu que llevó a aumentar progresivamente los salarios nominales fue otro: estimular la oferta de bienes y servicios y al mismo tiempo mejorar el ingreso real de la clase trabajadora. Tales objetivos fueron logrados sólo en los primeros años de la política sustitutiva, cuando el proceso alcanza su máxima aceleración.

Desde antes de la Guerra del Pacífico, las clases dominantes chilenas habían aprendido a manipular los factores monetarios, provocando en diversas ocasiones golpes inflacionarios que tendían a maximizar sus ganancias y a marginar, a través de la disminución de su capacidad de consumo, a las clases trabajadoras. Durante la crisis, la política de contención salarial promovida por el Estado, permitió una artificial estabilidad monetaria. Pero la política económica frentepopulista retornó la inflación a su gradual crecimiento. Ello determinará el surgimiento de periódicos conflictos sociales en función de las políticas de reajustes salariales, que sabrán manipular muy bien las clases dominantes por medio de continuas presiones al Estado y que inducirá a las organizaciones, sindicales y políticas, de la clase trabajadora, a practicar rutinarios regateos anuales imprimiendo con rasgos economicistas las acciones anticapitalistas. El ritmo acelerado que adquiere en sus comienzos la industrialización trae, como ya hemos señalado, posibilidades de relativo desarrollo dentro del marco del subdesarrollo. Así, con el auge de los mercados internos, un sector social particulariza, do en la pequeñoburguesía encuentra vías de reproducción y de desarrollo, y se verifica el ascenso de determinados grupos a posiciones de control de mercados.

El escritor norteamericano James Petras en su libro "Fuerzas Políticas y Sociales en el Subdesarrollo Chileno" ha captado esta situación en los siguientes términos: "En vez de presumir que los terratenientes y los hombres de negocio forman grupos separados, he tratado de investigar el grado de superposición e integración existente entre estas dos élites ).

Los datos revelan que prácticamente la mitad de los grandes hombres de negocio en Chile o bien son dueños de latifundios o se encuentran estrechamente relacionados con los propietarios de éstos. La vasta superposición de estos dos sectores debilita considerablemente la tesis del conflicto sectorial en el desarrollo chileno. El problema político que significa esto para los reformadores agrarios es que para reformar la agricultura deben también atacar las grandes empresas urbanas. [4]

Encontramos en los años frente-populistas el clímax del proceso que algunos sociólogos han caracterizado como "emergencia de los sectores medios", el que si bien no se puede considerar desarticulado del ascenso de la pequeña burguesía y del incremento de la misma en funciones compartidas con los segmentos más tradicionales y los sectores oligárquicos, es sobre todo una secuela correlativa al auge urbanístico [5] . El aumento o ampliación del radio de servicios, de la educación primaria, de las empresas tanto públicas como privadas, etc., proporciona empleo a una diversidad de grupos y posibilita, por el breve lapso que demanda la aceleración de los procesos de sustitución, una relativa movilidad social.

La emergencia de los sectores medios en Chile puede ser objeto de una discusión dirimida en términos políticos en el sentido de que si fueron capaces de alterar el status, posibilitando el desarrollo más orgánico de la lucha anticapitalista, o por el contrario, si fueron funcionales en relación al mismo, consolidando sus bases. Creemos que tal discusión sólo puede ser provechosa si tomamos en cuenta el carácter heterogéneo y el comportamiento disímil de tales sectores. En este sentido, no son los sectores medios, considerados como abstracción sociológica, el objetivo de un análisis político. Por el contrario, son las fuerzas sociales socialmente homogéneas que sobre ellos inciden políticamente, las que deben someterse al enfoque teórico, pues las primeras son las que diagraman proyectos de acción, coherentes y coordinados, para los segundos.

La emergencia de los sectores medios corresponde a un período de crisis económica caracterizada desde el punto de vista social por la marginalización progresiva de los mismos. Desde este punto de vista, cabe consignar que el proyecto espontáneo de estos sectores es su dcsproletarización, lo que equivale a buscar su aburguesamiento escalando posiciones en la economía, en la administración pública y privada e incluso en la "carrera política". De acuerdo con Cardoso y Faletto: "El retorno de la clase media urbana a la administración del Estado adquiere ahora otro signo; para asegurarse el poder es necesario crearse una base económica y el Estado puede ser la palanca de una economía industrial que administre la clase media, y también el medio de asociarse a la burguesía mercantil financiera, pero ahora ya no sólo como fuerza electoral, sino también como floreciente burguesía". [6]

Pero, paradojalmente, la desproletarización que "instintivamente" impulsan estas capas sociales, sólo puede concretarse izquierdizando sus aspiraciones. Entonces, se establece una relación dialéctica. Los partidos izquierdistas, que a través de caminos institucionalizados buscan preeminencias hegemónicas en los bastiones del poder político, deben proyectar su política de captación electoral hacia los sectores medios, los cuales, promovidos por estos partidos, pueden penetrar en los centros de poder económicos y políticos que antaño les estaban vedados. Los partidos izquierdistas, de este modo, amplían su consenso y legitimidad, así como encuentran caminos más viables para la divulgación ideológica. Mas, distinto es el comportamiento de los sectores medios cuando ya han alcanzado el control de determinados aparatos de poder; en esa situación, ya no pueden ser considerados grupos emergentes con potencialidad anticapitalista, sino que integrantes y defensores del status particularizamos, eso sí, que la relación de emergencia y estabilidad que cobró forma definitiva en Chile durante el treinta y ocho, no es de ningún modo general ni aplicable a todas las realidades. La factibilidad del aburguesamiento de los sectores medios sólo puede tener lugar cuando el sistema económico-político se encuentra provisto de una flexibilidad productiva e institucional en grado suficiente como para absorberlos.

Esa flexibilidad tuvo lugar en Chile a consecuencias de las perspectivas de integración que abría el proceso sustitutivo. Creemos, y acontecimientos posteriores así lo confirman, que en un caso contrario, es decir, cuando las incidencias criticas que caracterizan al capitalismo de dependencia no ofrecen reservas, los sectores medios pueden convertirse en fuerza de presión anticapitalista y colaborar de manera espontánea, pero no menos importante, al desmoronamiento del régimen.

Cierto es que sin una conducción anticapitalista suficientemente organizada, ante su eminente y temida proletarización, pueden convertirse en los más acerbos contrincantes de la viabilidad socialista, acusando actitudes y comportamientos de índole fascista. En Chile, esas dos alternativas se turnan frecuentemente, dándose también en forma dual, pues creemos advertir que los sectores medios chilenos, tal vez por su amplitud, han tenido un comportamiento desigual y que las fases de emergencia y estabilidad no se han procesado en forma vertical, sino que en sucesivas oleadas de flujo y de reflujo.

Las fuerzas sociales que convergen en el Partido Radical, corresponden al proceso de emergencia de los sectores medios y de la pequeñoburguesía que ya anotamos. Las posiciones hegemónicas alcanzadas por sus componentes tienden a ser conservadas a todo trance o lo que es lo mismo, a no compartirlas con sus iniciales aliados. Muchos de sus militantes —y no solamente la ocasional ala derechista del Partido— comprenden que una política de aceleración productiva tiende a desarrollar el ascenso y las aspiraciones de las masas con lo cual se incrementa el aval político, medido en términos cualitativos y cuantitativos de los partidos obreros. Frente a esa alternativa de desplazamiento, los radicales optarán por bloquear el ascenso popular y/o integrarse paulatinamente en los bloques oligárquicos. De este modo, el año 1941, apenas tres años después del triunfo, el Partido Radical acordaba asumir una política independiente. Como es natural inferir, esa independencia actuaría sólo en relación a las clases populares y a sus partidos.

Conjuntamente al quiebre que anotamos, entre los partidos obreros también se observan antagonismos que en determinadas ocasiones tórnanse irreconciliables. En este caso, las variables ideológicas juegan un papel más significativo que en el caso de la ruptura del Partido Radical con el bloque, aunque no de un modo determinante. En efecto, el Partido Socialista aún no puede liberarse del peso pequeño. burgués que la organización arrastra desde su misma generación, de tal manera que aunque en menos escala que en el Partido Radical, determinados sectores tienden a desplazarse hacia la derecha del bloque de izquierda. Estos sectores hacen valer su antagonismo especialmente frente a los comunistas, pero también en contra de los núcleos proletarios de su propio partido. Podemos así comprender por qué el año 1941, miembros del Partido Socialista proponían al Frente nada menos que la marginalización política de los comunistas, al igual que sus divisiones internas las cuales se ordenan en dos fracciones: una encabezada por Marmaduque Grove y la otra por César Godoy Urrutia; esta última dio origen al Partido Socialista de Trabajadores, que condenó acerbamente la participación colaboracionista del Partido Socialista en el Frente y que terminaría integrándose al Partido Comunista.

Todas estas contingencias políticas tienen indudablemente un acondicionamiento importante en el marco internacional, máxime si tenemos en cuenta que la Segunda Guerra Mundial con su estallido reordena ideológicamente una serie de posiciones políticas, aun en los países no comprometidos de un modo directo al conflicto. El Partido Comunista desarrolla en este sentido, una evaluación del capitalismo a nivel mundial, caracterizando al nazismo como una de sus formas, siguiendo una disciplina internacionalista en función de las estrategias trazadas en la Unión Soviética. En cambio, el Partido Radical y el Partido Socialista elaboran análisis más geopolíticos que clasistas, al abanderizarse sin reservas con las fuerzas aliadas. No viene al caso analizar aquí esas divergencias, que si bien son importantísimas darían lugar para un ensayo. Mas, de lo expuesto, podremos deducir fácilmente que las alianzas frentepopulistas eran tales sólo en la medida en que se requería llegar al gobierno. Pero dado este paso, contradicciones de todo tipo emergían por doquier, dando lugar a rápidas rupturas que invalidaban cualquiera acción común.

Nos parece importante señalar la actitud del Partido Comunista durante el auge frentepopulista, pues es durante este período cuando comienza a desarrollar su considerable fuerza numérica. La razón que explica tal crecimiento creemos encontrarla en la posición crítica que en líneas generales asume al no entrar en un plano de compromiso directo con el Frente. Tal posición le permite no verse arrastrado en las fluctuaciones antiobreras que ocasionalmente evidencia el bloque y al mismo tiempo coordinar sus acciones dentro de las organizaciones de trabajadores.

Visto de este modo, el Partido Comunista y el Partido Radical resultan numéricamente gananciosos con la política frentepopulista. El primero, por las razones mencionadas y el segundo porque su acceso a las fuentes de poder le garantiza un compromiso tácito y también explícito con los grupos oligárquicos, su propia oligarquización y un rol preeminente entre los sectores emergidos y estabilizados en el poder, en la burocracia administrativa y en la producción mediana y pequeña.

En relación con esta polarización política, el Partido Socialista es el gran damnificado. Su arranque acelerado hacia las masas y hacia la pequeña burguesía que había caracterizado su primera juventud, se detiene bruscamente, debido en parte a las contradicciones derivadas de la raíz social de sus propios componentes que se traducen en vacilaciones y en prácticas colaboracionistas que le restan agilidad y unidad de acción al Partido y deterioran la posibilidad de elaborar una política definida dentro y fuera del Frente Popular. Desde entonces, el fraccionalismo interno será la constante de esa organización, el cual expresa tendencias tanto colaboracionistas como decididamente revolucionarias.

Ahora bien, desde una perspectiva global, el advenimiento del Frente Popular introduce una serie de modificaciones en la composición sociopolítica del Estado nacional que condicionan su funcionamiento posterior.

En primer lugar, los sectores emergentes y los nuevos propietarios que han alcanzado hegemonía política, invalidan la absolutidad de dominio sobre los aparatos de poder que había mantenido ia oligarquía durante el siglo pasado. En todo caso, la emergencia de los sectores medios y de la pequeñoburguesía no se verifica en términos violentos. Desde mediados del siglo pasado, en sucesivos embates, habían ido limando los soportes oligárquicos y por otra parte, introduciendo a muchos de sus integran, tes en el poder político.

En el año 1920, ya habían atacado los bastiones de poder con inusitada fuerza. Lo que tiene de particular la situación treintaochista es que el triunfo electoral se paraleliza con la apertura de nuevos canales institucionales, y, sobre todo, económicos, por donde pudieron penetrar los nuevos grupos.

Relacionado con los planteamientos anteriores, cabe consignar que las condiciones económico-institucionales en lugar de provocar el desplazamiento del sector oligárquico por los grupos emergentes, facilita la fusión entre ambos. En esta situación se establece un Estado de compromiso. Los grupos en el poder pactarán y transarán en provecho mutuo y de las clases que representan. Por paradoja, entonces, la necesidad estructural de elevar al Estado a primera instancia económica, trae consigo su debilitamiento político, pues, sobre la base de los pactos y compromisos contraídos en y para el poder político, los grupos rezagados, ya sea los segmentos más inferiores de las clases en el poder, ya sea la clase obrera, podrán vincularse, a través de diversas mediaciones, con la institucionalidad vigente. Pero el ingreso mediatizado de las clases económicamente explotadas a la institucionalidad, conlleva como peligro natural su debilitamiento revolucionario. En este sentido, dentro de las organizaciones políticas obreras se librarán continuos combates entre los partidarios de la integración plena al status, a guisa de opositores "democráticos", los partidarios de actuar combinando la institucionalidad que el sistema permite con acciones extrainstitucionales, y por último, los partidarios de romper definitivamente con toda institucionalidad.

FERNANDO MIRES


Iniciativas

CUADERNOS DE EDUCACIÓN POPULAR

LOS Cuadernos de Educación Popular nacieron como una iniciativa conjunta de los comités de Unidad Popular del CESO, (Centro de Estudios Socioeconómicos, ligado a la Facultad de Economía de la Universidad de Chile) y de la revista "La Chiva", a los que posteriormente se agrega el Comité de Cultura Popular de la Universidad Católica.

Su historia es la siguiente:

La primera semana después del triunfo electoral del compañero Allende, el Comité de UP del CESO, discute acerca de las posibilidades que este comité tiene de colaborar en las nuevas tareas. Varios compañeros ya colaboraban en los equipos técnicos del gobierno. Los restantes deciden preparar un material de formación política dirigido a tratar de elevar el nivel de conciencia política de los trabajadores de la Novena Comuna, área en la que está situado este comité. Se piensa que la mejor manera de asegurar y defender el triunfo de Allende es elevar el nivel de conciencia política del pueblo. Un pueblo políticamente consciente de los objetivos que se propone alcanzar será capaz de jugarse por entero en la lucha por conseguirlos.

El primer material sale como "cartillas", una hoja a mimeógrafo escrita por los dos lados. Son llevadas a los comités de la Novena Comuna, y a varios otros comités de poblaciones y centros de trabajo. Tienen gran acogida. Es entonces cuando el comité de la Revista "La Chiva" se ofrece para sacarlos en forma de cuadernillos dibujados. La idea entusiasma a todos ya que se piensa que así se llegará a mucho más gente y en forma más amena.

Empiezan a salir así las tres primeras cartillas: Democracia ¿para quién?; Libertad ¿para quién? y Medios de producción y medios de consumo. Todas ellas destinadas a combatir la campaña del terror desatada por la Derecha dando, al mismo tiempo, algunos elementos de formación política en un lenguaje sencillo.

Es en este momento cuando la iniciativa es conocida por el Comando Nacional de la UP y por el propio compañero Presidente Allende. Ambos consideran muy positiva la iniciativa y deciden apoyarla.

En ese momento pasan a llamarse Cuadernos de Educación Popular.

El compañero Allende escribe acerca de estos Cuadernos lo siguiente:

"Por su directa expresión gráfica y la claridad de sus conceptos —que traducen fielmente la psicología de nuestro pueblo—, considero que constituyen una valiosa herramienta de trabajo y propaganda que pueden hacer suya los Comités de Unidad Popular a lo largo del país.

Adelante, compañeros, con las mil y una iniciativas surgidas del inagotable ingenio popular". (21 de octubre de 1970).

Estos Cuadernos de Educación Popular han sido utilizados con éxito en muchos Comités de Unidad Popular. Como salen periódicamente, cada quince días, los comités saben que pueden contar con un material fijo. Los miembros del comité lo compran, lo llevan a sus casas y se discute su contenido en la próxima reunión, aportando cada miembro del comité sus propias experiencias personales acerca del contenido de la cartilla. Se ha podido comprobar cómo se ha elevado el nivel de conciencia política en los comités que los han utilizado como material de formación.

Además de las tareas concretas que se proponen los comités: tratar de dinamizar la junta de vecinos, formar un centro de madres donde no existe, vigilar que el patrón no saque materiales de la fábrica, etc., sus miembros sienten que van aprendiendo nuevas cosas, que van entendiendo más el programa a través de la lectura y estudio de estos Cuadernos.

Su precio es actualmente de 1 escudo (precio de venta al público). Para los pedidos por mayor, provenientes de los partidos políticos, sindicatos o comités, se dejan a mitad de precio.

Están en venta en las librerías:

Carlos Marx, (Teatinos 416). PLA (Mac Iver 267). Universitaria (Alameda 1050).

Los pedidos por mayor deben hacerse a Monseñor Miller 10, teléfono/744104, de 10 a 13 horas.

Los comités que deseen tener el texto de la cartilla escrito, pueden pedir un ejemplar y reproducirlo en el CESO (Avda. España 620).


Unidad Popular

¿PARA QUÉ ORGANIZARSE?

EN una reunión de un comité de UP, Manuel, uno de sus dirigentes, lanza una pregunta: "¿Para qué organizarse?" Los demás lo miran asombrado. Manuel continúa: "Parece tan evidente la necesidad de organizarse y, sin embargo, he sabido que después del 4 de septiembre han ido desapareciendo, poco a poco, los comités de Unidad Popular, y esto se ha acelerado más después del 4 de noviembre.

Mario dice que era necesario que eso ocurriera, que para qué es necesario organizarse hoy cuando ya tenemos el poder. Antes del 4 de septiembre eran importantes los comités porque existían tareas electorales bien determinadas. Después del 4 eran importantes para defender el triunfo en el caso de que la derecha no quisiera reconocerlo. Pero, ahora ¿qué van a hacer los comités? El gobierno va a ir cumpliendo las medidas del programa, a nosotros no nos queda sino esperar con paciencia que el programa se cumpla.

Manuel lo interrumpe: "Compañero, yo creo que Ud. se equivoca, estamos en el gobierno pero no en el poder. Nadie ha tocado todavía los bancos, ni los grandes monopolios, ni el cobre. Y aunque el gobierno llegara a hacer estas expropiaciones, a los momios les quedarían el parlamento, los diarios y las radios que ellos controlan, dinero en el extranjero, el apoyo del capitalismo internacional, tanto de algunos países latinoamericanos como del capital imperialista mundial. En resumen, si ellos controlan todavía todas estas cosas, quiere decir que aún les queda mucho poder que podrían utilizar en cualquier momento para provocar un golpe reaccionario y volver a tomar bajo su control los sectores expropiados.

En ese momento interviene Alicia: "yo estoy de acuerdo con el compañero Manuel cuando afirma que estar en el gobierno no significa tener el poder. Sin embargo, creo que es importante señalar que si bien el pueblo no tiene todo el poder, ha conquistado el gobierno que es una parte del poder político. Y que gracias a este poder limitado ha podido realizar una serie de medidas en favor del pueblo. ¡Cuántas más no podrá realizar cuando tenga todo el poder! Yo creo que los momios van a hacer cualquier cosa para pararle el carro, por eso creo que es importante defender y afianzar lo ya ganado y continuar avanzando hasta lograr que todo el poder político, todo el aparato de Estado pase a manos del gobierno de la UP.

Manuel dice que la compañera Alicia tiene razón, que él no había pensado en lo importante que era tener aunque sólo sea esa limitada cantidad de poder político. Pero insiste, y todos están de acuerdo, que sólo cuando se destruya totalmente el poder político y económico de la burguesía, estos poderes podrán ser puestos realmente al servicio del pueblo.

Mario, que ha seguido atentamente la discusión, se ha dado cuenta cuan equivocado estaba al pensar que bastaba que Allende llegara al gobierno para que todos los problemas del pueblo se solucionaran. Pero, no le queda clara una cosa ¿cómo el gobierno de la Unidad Popular, que aún es débil, va a poder luchar contra el inmenso poder que todavía tienen los momios?

Alicia le dice: Lo que pasa compañero es que Ud. piensa que el compañero Allende está solo. Si él y los compañeros del gobierno estuvieran solos no habría ninguna esperanza de vencer a los momios, pero si el pueblo se organiza y trabaja unido a su gobierno la cosa cambia totalmente.

Pienso que un ejemplo puede dejar más clara la cosa: cuando las fuerzas de un hombre no bastan para arrastrar un bulto muy pesado, las fuerzas unidas y organizadas de varios hombres (unos tirando un cordel, otros empujando desde atrás, otros sacando los obstáculos del camino, etc.) pueden lograr trasladarlo.

Manuel dice que el gobierno no sólo necesita la participación organizada y combativa del pueblo para luchar contra sus enemigos del momento, sino que también necesita su presencia y su iniciativa creadora para dar cumplimiento a muchas medidas del Programa. Cuenta que a él le tocó oír al compañero Allende cuando visitó a los pobladores y les dijo, refiriéndose al medio litro de leche diaria para cada niño: "si el pueblo no se organiza, si el pueblo no ayuda, no podemos cumplir esta tarea". Alicia agrega: "y no sólo para cumplir las tareas del programa sino para sugerir nuevas ideas, para tratar de adecuar los planes generales a los problemas locales, etc.".

Manuel insiste en que sólo cuando se destruya el poder político y económico de la burguesía y el pueblo pase a participar en las decisiones a los niveles que les corresponda, sólo entonces se podrá hablar de que el pueblo tiene el poder. Mario pregunta: "bueno ¿cómo tenemos que organizamos? Se habla mucho de las organizaciones de masa. ¿En qué quedan entonces los Comités de UP?

Manuel dice que él quería aclarar justamente eso en la reunión de hoy y que trae un pequeño resumen que le preparó un dirigente de la UP. Todos están muy interesados en escucharlo. Manuel empieza a leer:

1.— El primer nivel en el que el pueblo debe estar organizado es el de las organizaciones de masa. (Sindicatos, juntas de vecinos, centros de madres, clubes juveniles, etcétera).

Se llaman organizaciones de masa porque ellas pretenden defender los intereses comunes de todas las personas que están en una situación similar (sindicato, población, etc.), sea cual sea su color político.

El sindicato que lucha por obtener mejores salarios para los obreros de su fábrica está luchando por intereses comunes a todos los obreros, sean éstos partidarios de la UP, indiferentes o contrarios a ella.

El comité vecinal que lucha por obtener un policlínico para la población está luchando por los intereses de todos los pobladores sin hacer distinciones.

La primera tarea que deben realizar los militantes de la UP es fortalecer las organizaciones de masa allí donde existen y crear organizaciones allí donde todavía no existen.

La segunda tarea es hacer que estos organismos trabajen en estrecha colaboración con el gobierno de la Unidad Popular. Que estudien los problemas de sus respectivos frentes de masa.

Que usen toda la iniciativa creadora para proponer soluciones. Que se organicen para colaborar en las tareas que surjan en cada frente.

La tercera tarea es esforzarse por lograr la dirección de estos organismos de masa, para facilitar la realización de la tarea anterior y dar una perspectiva política más general a cada una de las luchas concretas. Ganar la dirección no significa necesariamente copar todos los puestos directivos. Si los militantes de la UP son minoría en un frente de masa, pero demuestran un gran espíritu de servicio en función de los intereses comunes y una gran iniciativa creadora, sus proposiciones serán probablemente aceptadas por la mayoría.

2.— El segundo nivel son los comités de Unidad Popular

Estos comités no deben ser confundidos con las organizaciones de masa. Ellos agrupan, no a todas las personas de un frente de masa sino sólo a los militantes de la Unidad Popular, es decir, sólo a aquellas personas que apoyan el Programa y el Gobierno de la Unidad Popular y que están dispuestas a luchar por que el programa se realice. Forman parte de estos comités los militantes de los partidos y movimientos que forman el movimiento de la Unidad Popular, como los independientes que sin estar en un partido político determinado, están dispuestos a luchar por el Gobierno y el Programa de la Unidad Popular, y los militantes de los grupos que se autodenominan "izquierda revolucionaria" que han realizado una autocrítica acerca de sus errores pasados y están ahora dispuestos a jugarse por la realización del Programa.

Los comités de la Unidad Popular son organizaciones de carácter político. Deben defender y aplicar en forma creadora la línea de la Unidad Popular en los diferentes frentes de masa. Deben ser como el brazo derecho del gobierno a lo largo de todo el país. Y al mismo tiempo, deben ser los organismos de base que apoyen, exijan, controlen y critiquen fraternalmente los dirigentes de la UP en los niveles en que corresponda.

No deben suplantar las tareas de las organizaciones de masa (por ejemplo, organizar un policlínico; pavimentar una calle; pasar un pliego de peticiones, etc.). Sus miembros, por el contrario, deben estar integrados a las organizaciones de masa esforzándose por llevarles las orientaciones de la UP. Deben ser organismos motores del desarrollo del programa.

Como organizaciones de carácter político tienen tareas específicas. Deben preocuparse de elevar el nivel de conciencia política tanto de sus propios miembros como de aquellos que todavía no están en la Unidad Popular.

La preparación política de los miembros de la UP debería realizarse en dos sentidos: 1) formación política general (estos Cuadernos de Educación Popular, pretenden cumplir, en parte, esta tarea) y b) discusión de los documentos y discursos producidos por los personeros de la UP (discursos de Allende, informe de Zorrilla, informe de Chonchol, etc.).

La agitación y propaganda política hacia afuera podría hacerse mediante la edición de un pequeño diario local preparado por el comité. Este llevaría el pensamiento de la UP a toda la población o el sindicato y además podría sugerir y proponer tareas a las organizaciones de masa.

Por otra parte, los comités deberían preparar a sus militantes como cuadros organizadores, con iniciativa y capacidad creadora (Ver Cuaderno de Educación Popular: ¿Cómo organizar?).

Otras de las tareas específicas en estos comités son la vigilancia y preparación contra las maniobras y planes sediciosos de la reacción y el imperialismo.

Por último, los comités de la Unidad Popular deberán servir para fortalecer la unidad de los militantes de la UP. Militantes de diversos partidos deberán aprender a trabajar unidos, deberán aprender, a resolver en forma correcta las contradicciones que surjan en su seno, deberán acabar con el sectarismo que tanto ha perjudicado al movimiento popular.

ORGANIZARSE HOY ES PREPARARSE PARA EJERCER EL PODER MAÑANA.


Reportaje

EL PODER MAPUCHE

EL Ministro de Tierras y Colonización, Humberto Martones, señaló recientemente que se designará a un mapuche como jefe de la Dirección de Asuntos Indígenas. El anuncio lo hizo en un foro que se realizó con el auspicio del Departamento de Extensión de la Universidad de Chile, para analizar la presencia del mapuche en la sociedad chilena.

PF conversó con Lorenzo Aillapán, del Centro Mapuche, quien tomó parte en el foro, para conocer sus puntos de vista con respecto a los problemas de su gente. La discriminación, la explotación, el despojo de tierras y la indiferencia de los políticos fueron algunos de los puntos más quemantes que expuso el dirigente mapuche.

—¿El mapuche está en desventaja frente a los otros chilenos? —preguntamos.

Aillapán no vacila. Con lentitud, pronunciando con cuidado las eses, contesta:

—Creo que sí, de frentón. La sociedad chilena explota y domina al mapuche. Uno lo oye a cada rato. A mí a veces me confunden, por los rasgos; no se dan cuenta que yo soy un mapuche, y hablan. Dicen:

"Para mí que los mapuches desaparezcan. Dan mal ejemplo, son todos flojos redomados". Si hay una cola, o varios esperando hablar con alguien, y nos preguntan los nombres, siempre quedo yo para el último: no es casualidad, sucede siempre.

—¿Simpatiza usted con la Unidad Popular? ¿Y la gente del Centro Mapuche?

—Yo soy de izquierda, porque soy un trabajador. El centro no es político, pero la mayoría son UP también. No puede ser de otra manera. Venimos del campo, donde se come una vez al día. Vivimos de un sueldo, que no nos alcanza para mucho. La raza nuestra se está achicando, y sabemos quién es el culpable, sabemos quienes son los que nos han quitado las tierras y nos han acorralado en los reductos...

LOS APELLIDOS

Tan real es el problema de los apellidos, que cuando se promulgó la ley que permite cambiar los nombres, aparecieron cientos de solicitudes de mapuches que querían cambiar un Manquilef o un Huenchuleo por Díaz o Barrios. A la Dirección del Registro Civil concurren diariamente muchos mapuches para preguntar cómo lo pueden hacer. A los jueces de letras les corresponderá decidir sobre la petición. Hasta ahora, no hay un criterio al respecto. La letra de la ley autoriza el cambio si el apellido causa al que lo lleva "menoscabo moral" o es ridículo.

Se estima que en Santiago existen más de diez mil indígenas que han llegado desde las zonas rurales. Según cálculos de la Dirección de Asuntos Indígenas, el total de araucanos que habita en las reducciones alcanzaba a 323 mil personas.

El Centro Mapuche, en el que participa Lorenzo Aillapán, está elaborando un memorándum para llevárselo al Presidente Allende, presentándole los problemas del mapuche. Explica Aillapán:

—Le llevaremos la lista, con nombres y número de los expedientes que se han tramitado en perjuicio de los mapuches, en la Dirección de Asuntos Indígenas, con respecto a las tierras. El exdirector no sólo no era mapuche sino que desconocía nuestra realidad, y más aún, era un racista que prefería que nos fuéramos a otro país ...

Ellos plantean la necesidad de que haya un Hogar Mapuche para el que llega a Santiago, de modo que pueda convertirse en letrado, y evite el problema de la soledad. También estiman que debe velarse por el resguardo del idioma mapuche, para que no se pierda. Con entusiasmo, Aillapán explica:

—Queremos que se estudie la manera de escribir el mapuche, porque ahora no la hay.

—¿A qué atribuye el hecho de que no haya habido hasta ahora solución a los problemas del mapuche? —preguntamos.

—Nosotros no tenemos un grupo de presión, y la verdad es que los partidos políticos nunca han hecho nada por nosotros. Cuando hay elecciones, nos visitan. Eso es todo. No hay un solo artículo que nos favorezca en las leyes, porque están hechas con otro criterio. Pero las cosas tienen que cambiar, la generación de ahora tiene una mentalidad distinta. Cree también en Caupolicán y Galvarino, pero estos grandes héroes ya no nos sirven; tuvieron su tiempo. Ellos, es cierto, pelearon con las armas. Nosotros no tenemos las armas, no podemos, todavía, hacer ese papel. Habría que conseguirlas, primero. Yo confío que el gobierno de la Unidad Popular sea distinto, que realmente haga algo por el mapuche. Si la Unidad Popular también nos falla habrá que buscar otro camino.

Aillapán llegó a Santiago hace más de diez años. Ahora es contador de una firma. Cuando llegó, fue obrero y en las noches estudiaba en un liceo para terminar humanidades. Recuerda esos tiempos:

—Al principio me hacían cargar los sacos más pesados. "Para eso eres indio", decían. Después, las cosas mejoraron...

Vino de Tuca Traro, un reducto que queda en Lago Budi. Ahora está empeñado en la formación de un partido político:

—Creo en el "Poder Mapuche". Sería un partido nuestro, que responda a nuestras necesidades y desde el cuál daríamos la lucha por la tierra, por la lengua, por la vida... Ahora hay más madurez política, más conciencia entre los mapuches. Nos damos cuenta que el no mapuche nos ha tenido marginados y alejados. Ya sabemos lo que es la usurpación. Además, los mapuches han tenido contacto con estudiantes de izquierda, ya tienen ideas revolucionarias.

Le preguntamos si considera que los trabajadores chilenos tienen también problemas similares al de ellos, por el hecho de que son explotados:

—Sí, nosotros reconocemos que también hay marginados entre los no-mapuches. Pero los mapuches somos peores que ellos, como suela de zapato, la última cosa. Pero desde luego tenemos solidaridad con la clase trabajadora, y estaremos en la lucha al lado de los que son explotados como nosotros. Porque tenemos un enemigo común, el que nos despoja es el mismo...

En Tuca Traro, un veinte por ciento de la población emigró a la ciudad, como lo hizo Lorenzo Aillapán.

—Me siento tan campesino como urbano. Si el Estado me diera un colegio, como profesor, mil veces preferirla volver a mi tierra. Aquí es poco lo que se puede hacer. En el mismo terreno es otra cosa ...

EL MAPUCHE

En el número 5 de los Cuadernos de CEREN aparece un articulo del sociólogo Alejandro Saavedra sobre la cuestión mapuche. Con respecto a la definición del término, Saavedra opta por una de tipo operativo. "El mapuche, más que una calidad cultural de indio, tiene una calidad social de indio", asevera, siguiendo a Rodolfo Stavenhagen.

Para la ley, es mapuche el chileno de origen araucano o mapuche, como el que siendo de otro origen, está amparado por un titulo de merced". Es decir, lo toma en relación a la tierra.

De hecho, hay mapuches que son comuneros, hay otros que son excomuneros, hay trabajadores rurales y emigrados.

La comunidad existe en función del sistema externo. Al respecto afirma Lorenzo Aillapán:

—Hablar de una comunidad o de un "reducto" significa que nos metieron a un cajón, y ahí nos dejaron ...

Las relaciones del reducto con el exterior —afirma Saavedra— son de colonización y dominación.

La población mapuche se encuentra en las provincias de Bío-Bío, Malleco, Arauco, Cautín, Valdivia y Osorno. En la provincia de Cautín, de cada cien habitantes, veinticinco son mapuches.

En cuanto a la población rural, la cifra es mayor: 72% de indígenas. Sin embargo, ellos tienen sólo el 22% de la tierra.

Existen 2.961 reducciones que tienen título de merced. Hay 200 sin título. El tamaño promedio de una comunidad oscila entre las cien y las 500 hectáreas, y su población se acerca a las doscientas personas, a las que corresponde per cápita un promedio de 2,3 hectáreas.

LOS QUE SE VAN

El CIDA (Comité Interamericano de Desarrollo Agrícola), en su informe sobre la tenencia de la tierra en Chile, entrega algunos antecedentes sobre la emigración mapuche.

Tres cuartos de los emigrantes son analfabetos. Al llegar a la ciudad, las mujeres se emplean en servicios personales (empleada doméstica) y los hombres, de preferencia en las panaderías o como mozos en los bares.

Al llegar a la ciudad, el mapuche se incorpora al proletariado y muchas veces incluso pasa a formar parte de los marginados, compartiendo la misma falta de educación, de salud, de vivienda, etc.

Carlos Munizaga, director del Centro de Estudios Antropológicos de la Universidad de Chile, ha estudiado a fondo el problema del conflicto cultural del mapuche en la ciudad. En un Informe elaborado en conjunto con una asistente social, para ser elevado a la Dirección de Tierras, afirmaba en 1967:

"Muchas veces el indígena tiene una posición alta en la comunidad, y una libertad por el hecho de ser propietario. Existe además una tradición de valentía y de pueblo indómito que acentúa este carácter de prestigio. Al incorporarse a la ciudad en tareas subalternas, se les anula el prestigio local, lo que importa una rebaja cuyo efecto social y sicológico debe ser muy fuerte".

Mischa Titiev, autora de la monografía "Araucanian Culture in Transition", afirma a su vez:

"Uno de los más importantes atributos del cambio de la cultura araucana ha sido el desarrollo de un profundo sentimiento de vergüenza, en circunstancias que el mapuche destacaba por la arrogancia y la actitud de seguridad frente a los extraños".

El antropólogo Munizaga, en su estudio sobre el proceso de trasculturización sitúa el fenómeno en el contexto general de la migración desde el campo. Afirma también que la sociedad mapuche es una sociedad dominada, que vive una situación de dependencia. Esto supone dos reacciones: la desorganización, y la reorganización.

Para el indigenista Alejandro Lipschutz, no es lícito hablar de que la cultura mapuche se extingue. El escribía en un artículo titulado "La Ley de la Tribu en América Latina", que publicó la revista de la UTE:

"Se equivoca quien cree que desaparece la cultura tradicional araucana con la aparición de la minifalda y los zapatos... Con esto no desaparece la cultura tradicional espiritual y moral. Al contrario: con ellos, con la cultura internacional del libro, se amplia y se depura la cultura araucana. Se acelera el renacimiento de la cultura auténticamente indígena, porque con eso se facilita a los valores culturales araucanos, subir del subconsciente colectivo hacia la superficie de la consciencia cultural de cada uno de estos indígenas".

En el articulo, el antropólogo desarrolla la tesis de la integración nacional como un fenómeno que sólo puede darse previa derrota del neocolonialismo. Lipschutz recuerda:

—"Al estudiar los asuntos indígenas vuelvo a pensar en lo que sucedía en la Rusia zarista. La creación de las repúblicas federadas originó un patriotismo doble. Con la nueva libertad tribal, desapareció el "complejismo" tribal por el peligro que corría la minoría frente al todopoderoso ruso. Yo tengo una visión del tribalismo latinoamericano, de nuestra Unión de Repúblicas Federadas. Pero ello presupone romper con el neocolonialismo de los Estados Unidos. Sólo entonces habrá integración verdadera".

Para el investigador Munizaga, en la ciudad se establecen las nuevas categorías, producto de la situación de contacto: los "letrados", por la enseñanza, y los "evolúes", los que han evolucionado. Ellos actúan como intermediarios entre la sociedad tradicional y la moderna. Alteran la estructura social tradicional mutando las sociedades de origen.

El investigador les asigna a las élites araucanas el papel de motor consciente que impulsa desde dentro de la raza mapuche el proceso de cambio y desarrollo de la tribu araucana.

En el período de adaptación a la vida urbana, aparecen, según el investigador Munizaga, dos tipos de estructuras de transición: unas, que son transformación de algo que existía en la tribu, y otras que son una verdadera creación. Entre las primeras, él anota las concentraciones de familias indígenas en determinados barrios de Santiago. Agrega también que allí se ubicarían los clubes de fútbol indígenas de los barrios. Entre las segundas estarían las asociaciones político-culturales, y las estructuras informales de reunión.

La Quinta Normal es uno de los puntos de encuentro de los mapuches. Los domingos, el lugar es una verdadera "vuelta a casa" para muchos. Allí van a conversar, a buscar pareja, a sentarse en el pasto, simplemente, para respirar.

Además de la Quinta existen algunos bares cuya clientela es predominantemente indígena. Los mapuches se incorporaron al modo de beber del obrero urbano: los viernes, día de pago.

Un estudio de Lommitz, citado por Carlos Munizaga en "Panorama de las investigaciones actuales sobre los araucanos", publicación que será editada próximamente, señala:

"El alcohol cumple la función social de ayudar a superar la depresión cultural del migrante".

La confrontación de los valores del hombre urbano con los del mapuche produce también con frecuencia problemas de ajuste mental. El Departamento de Siquiatría y Salud Mental de la Universidad de Chile realiza actualmente investigaciones destinadas a concretar un enfoque antropológico del mapuche alienado, para un mejor análisis de su sicosis.

En el trabajo del profesor Munizaga se señala que la gran riqueza de elementos históricos que existen para el estudio de la cultura araucana, no ha sido utilizada hasta ahora para formular, aclarar y resolver problemas concretos de los indígenas araucanos. El catedrático expresó a PF:

—Al araucano delincuente se le juzga según las normas chilenas, sin tomar en cuenta para nada sus propios valores. A los enfermos mentales se les aplican diagnósticos que corresponden a otra cultura. Por otra parte, nadie puede negar que existe una tremenda discriminación contra el araucano, que se manifiesta en la situación social que éste se ve obligado a ocupar, en su ubicación de clase.

El antropólogo agrega que la Ley de Indígenas está llena de arbitrariedades en cuanto a la distribución de las tierras y su división. "Este es el mecanismo efectivo con el que la sociedad nacional destruye a la sociedad araucana", afirma el catedrático.

En Santiago, la presencia mapuche se hace notar en el gremio de los panaderos. Los seis grandes sindicatos panificadores tienen 2.100 obreros. De ellos, 1.350 son mapuches, es decir un 64,3%.

En el sur, la combatividad del mapuche hizo surgir en el último tiempo una nueva forma de lucha contra la dominación legal: las llamadas "corridas de cercos", que consisten en hacer que un reducto vaya regresando a sus limites primitivos, corriendo la cerca y expropiando de paso la maquinaria y animales del latifundista invasor.

Una delegación de estos reductos visitó recientemente Santiago, asistiendo en calidad de observadora al Congreso de los Pobladores Sin Casa de la Jefatura Provincial Revolucionaria.

S. L.


Política nacional

RESCOLDO GOLPISTA EN EL PDC

APENAS un pequeño párrafo a dos columnas dedicó el diario "La Prensa" de Santiago, sucesor de "El Diario Ilustrado", a la decisión del Pleno de la Corte de Apelaciones, de privar de su fuero parlamentario a Raúl Morales Adriasola, senador del grupúsculo derechista denominado "Democracia Radical".

El parlamentario aparece implicado en la conspiración que culminó con el asesinato del general del Ejército, Rene Schneider Chiereau. Varios de los sujetos que han sido detenidos en relación a ese crimen han revelado la participación de Morales en las gestiones sediciosas, en las cuales tuvo financiera actuación un agente de la CIA, José Olalquiaga, que vive en Venezuela, pero que opera en el continente.

El diario "La Prensa", de costosa impresión, es editado por el grupo de amigos personales y servidores del Expresidente democratacristiano Eduardo Frei. El Exvicepresidente de la República, Bernardo Leighton, contrario a toda manifestación extra legal, ha aclarado a cuantos se lo han preguntado que el matutino no representa el pensamiento de todos los democratacristianos.

La condición especial del diario "La Prensa" explica su desinterés por el desafuero del senador Raúl Morales Adriasola, quien fue protegido por el Expresidente Eduardo Frei cuando la Contraloría General de la República lo sorprendió internando ilegalmente un automóvil.

Frei figuró en el grupo de políticos que no se resignaron fácilmente a reconocer el triunfo de la Unidad Popular en la elección presidencial del 4 de septiembre. Su Ministro del Interior, el médico Patricio Rojas, funcionario rentado en dólares de la Organización de Estados Americanos (OEA). llamó por teléfono el día de la elección al candidato de la derecha tradicional. Jorge Alessandri, para informarle textualmente:

—¡Ganamos por cinco mil trescientos votos!

Jorge Alessandri se comunicó con el lugar secreto denominado "Casa de Irene", que funcionaba en un edificio contiguo a las Torres de Tajamar para informar a los dirigentes derechistas que allí se encontraban, entre los que estaban Julio Durán y Francisco Bulnes, ambos senadores, del llamado del Ministro Rojas. El candidato fue desengañado por un dirigente del Partido Nacional.

—Don Jorge, lo están engañando; Allende gana por cuarenta mil votos. El gobierno está recogiendo reacciones para determinar qué hará con el resultado definitivo.

Alessandri, dolorido, colgó el aparato, desconectó el receptor de radio que había sintonizado para captar informaciones electorales y comunicó a Gregorio Amunátegui, exsenador, y a los escasos parientes que le rodeaban, que se iba a su dormitorio a acostarse. Eran aproximadamente las 20 horas del día 4 de septiembre. El Ministro del Interior, Rojas, reconoció el triunfo de Allende a las 3 de la madrugada del lunes 5.

Francisco Bulnes y Julio Durán recomendaron calma a sus secuaces. Según ellos "aún hay esperanzas. El Ministro de Hacienda, Andrés Zaldívar, nos garantiza que Salvador Allende no llegará a La Moneda".

En la madrugada del domingo 13 de diciembre varios de los personajes citados en el anecdotario descrito, volvieron a desempeñar actividades importantes.

Andrés Zaldívar, el mismo que permitió el estallido de la protesta militar del 21 de octubre de 1969 ("Tacnazo") con su oposición intransigente a las peticiones económicas de los miembros de las Fuerzas Armadas, figuró como candidato a la presidencia del Partido Demócrata Cristiano, en representación del Expresidente Eduardo Frei.

Su opositor fue el senador Renán Fuentealba, quien comentó: "Es un peligro para la vida institucional de Chile. No puedo formar en una mesa con el chico Zaldívar".

Poco antes de la medianoche del sábado 12 de diciembre, en los momentos en que el Expresidente Frei participaba en un festejo familiar, fue llamado por teléfono por su afortunado yerno, Sergio Ortega, esposo de Carmen Frei, candidata a regidora en las próximas elecciones municipales de abril.

—¡Está fea la cosa para el chico!

Poco después hacía su entrada en el confortable edificio que el partido Demócrata Cristiano construyó en el anterior gobierno. Era fácil advertir su molestia. Saludó a contados correligionarios, evitó a los periodistas del PDC, que tenían acceso a las reuniones de la Junta, y con paso nervioso se dirigió al imponente salón principal donde se desarrollaba la reunión política.

No se jugó abiertamente en favor de su Exministro de Hacienda, al mismo que impulsó en la segunda semana de septiembre del año en curso a pronunciar por cadena nacional de emisoras y televisión un mensaje que él corrigió con su propia mano, destinado a alarmar económicamente a la ciudadanía, pero especialmente a las Fuerzas Armadas. No se jugó por Zaldívar pero le evitó una derrota. Seguro que sería vencido apeló en un discurso a la unidad y presionó por una mesa de transacción.

Días antes de la Junta Nacional del PDC, Frei anunció que no participaría en ella, que se "sumergiría por algún tiempo" y que pensaba realizar un largo viaje por el extranjero".

El eventual descalabro de Andrés Zaldívar lo obligó a renunciar a esa promesa. Consiguió su objetivo: "Atajar a Renán Fuentealba, a quien no puedo ver ni en pintura". También salvó al pequeño Exministro, pieza importante en el dramático período que se vivió entre el 4 de septiembre y el 3 de noviembre del año en curso.

Cada vez que los derechistas se desalentaban con las acciones de los senadores Bulnes y Durán, los que usaban a Raúl Morales como traficante en los contactos con los elementos de choque de la conspiración, esos parlamentarios mencionaban el respaldo que les brindaba el entonces Ministro de Hacienda.

Se sabía que en otros sectores operaban el Exdirector General de Carabineros, Vicente Huerta Celis, el mismo que obtuvo el envío a Chile de un agente de la CIA como inspector de los aportes policiales norteamericanos, y el médico Patricio Rojas, pero Zaldívar era la "figura clave".

A Zaldívar se le reservó la tarea de polemizar con su sucesor, el Ministro de Hacienda, Américo Zorrilla, así como a otras piezas de la conspiración se le encomendó la misión de crear fricciones en varios frentes al gobierno de la Unidad Popular (Luis Pareto, Jorge Lavandero).

El equipo de Frei tenía la esperanza de que en la Junta Nacional la victoria de Zaldívar determinara la renuncia al PDC del sector más leal a la línea de Radomiro Tomic: Luis Maira, diputado, Bosco Parra, exdiputado, Pedro Felipe Ramírez, diputado, Domingo Santa María, actual embajador en Estados Unidos, "Es preferible que se vayan ahora, porque son pocos.

Frei sabe que el PDC se enfrenta a una definición y que de ella saldrá una fractura. El Expresidente está seguro de que en las actuales condiciones sólo puede aspirar a convertirse en el caudillo civil de la Derecha, como figura de reemplazo del gastado Jorge Alessandri.

En el otro costado del PDC está Radomiro Tomic, que no vacila en manifestar a sus partidarios que "fue traicionado", lo que no lo inmovilizará. Por el momento considera inoportuno aflorar. Estuvo presente en la Junta Nacional porque deseaba respaldar a sus más leales partidarios y para defenderse si era atacado. Ocurrió así. El obscuro senador Tomás Pablo, que permanece como presidente del Senado, el mismo que alentó los rumores que favorecían a la conspiración contra la Unidad Popular con una supuesta información enviada desde Hungría, exasperó a Tomic insistiendo en que hubo un pacto secreto del candidato demócrata cristiano con el entonces candidato presidencial de la izquierda, Dr. Salvador Allende.

Tomic llamó "miserable" a Pablo y éste, confundido por el apelativo y por los efectos de una bien regada sobremesa, quiso retirarse de la Junta sosteniendo que debía "sentirse ofendido".

La Junta Nacional del PDC no alteró gravemente la estructura de esa colectividad. Pero tampoco suturó las heridas dejadas por la campaña electoral. Tomic se sabe traicionado por el Expresidente Frei y este último sólo se ocupa de su retorno a La Moneda. En el plano personal, el PDC oscila entre dos personalidades y en el plano socioeconómico es convulsionado por las contradicciones que surgen cuando se pierde el acceso directo al poder económico que pone al alcance el gobierno.

El comentarista de "Ercilla", Luis Hernández Parker, escribió en la edición 1.848: "Unido pero llagado salió el PDC de su Junta Nacional". El diario "La Prensa", montado sobre la fortuna que amasó el grupo que actuó en la pasada administración más próximo a La Moneda, escribió: "Los dos candidatos a la presidencia, Fuentealba y Zaldívar, ni siquiera tocaron puntos que manifestaran diferencias entre ellos sobre el modo de conducir al partido".

Renán Fuentealba dijo públicamente en el diario "Clarín" que es contrario a la formación de una directiva heterogénea. Pedía una mesa homogénea y consideraba que en ella no cabía Zaldívar. El juicio personal del senador Fuentealba, que se ha caracterizado por sus denuncias contra la acción de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos, es adverso a Zaldívar. De la Junta Nacional del PDC surgió una nueva directiva, que encabeza el senador Narciso Irureta, identificado como resuelto partidario de Tomic y de la nacionalización del cobre, y una declaración política que contiene los siguientes puntos: a) hay dos fuerzas en Chile, los partidos marxistas que integran la Unidad Popular y el PDC; b) reafirmamos la posición que asumió la anterior directiva respecto al resultado de la elección presidencial (reconocimiento del triunfo de Allende, con garantías constitucionales): O el pueblo nos ubicó en la oposición y mantendremos como línea el programa que presentamos en la última campaña presidencial; d) no disponemos de todas las informaciones para enjuiciar a esta altura al actual gobierno; e) el tercer Congreso del PDC se hará después de la elección de regidores; f) conservaremos la unidad partidaria; g) estimamos como muy importante la elección de regidores; h) reorganizaremos el PDC para modernizar su estructura interna.

La declaración política es cautelosa y desde ese punto de vista podría aceptarse que la directiva elegida es de transacción y que no está, en condiciones de determinar una orientación definitiva. Eso no impide que el sector ligado a los intereses económicos externos y a los internos privilegiados opere con Frei como "cerebro" y con elementos como Edmundo Pérez, Andrés Zaldívar, Lavandero y otros como instrumentos. Está por verse si ese equino golpista ha renunciado por el momento a una salida de corte fascista y si el sector legalista es capaz de destruirlo. Irureta está en este último.

CESAR


Testimonio

LOS COMUNISTAS Y EL MIR

Bajo este título el diario "El Siglo" publicó el 15 de diciembre una parte del discurso que el senador Luis Corvalán, Secretario General del Partido Comunista, pronunció en el Estadio Nataniel. Por considerarlo de interés, PF reproduce esa publicación. Los subtítulos corresponden a la versión del mencionado matutino:

EN relación con los sucesos de Concepción queremos decir algunas palabras.

Lamentamos sinceramente lo que ocurrió en la Universidad de Concepción. Lamentamos el fallecimiento del militante del MIR, compañero Arnoldo Ríos. Y pensamos que la gran lección que emana de esos hechos está, como lo expresó la Comisión Ejecutiva de las Juventudes Comunistas de Chile, en el deber de todos de superar odiosidades y en solventar las diferencias sólo en el terreno ideológico.

En el incidente cayó un militante del MIR. Pudo caer un joven comunista o cualquier otro estudiante con o sin Partido de los que se encontraban en el lugar. Nadie puede discutir que así pudo ser.

SOLO EN EL PLANO POLÍTICO E IDEOLÓGICO

No fuimos nosotros los que introdujimos, en las lides estudiantiles, las armas de fuego, los laques u otros elementos contundentes. Pero no hacemos cuestión de ello. Lo importante no es establecer responsabilidades acerca de quién empezó con estos procedimientos; lo que interesa es otra cosa. Por nuestra parte hemos llegado a la conclusión de que las diferencias ideológicas en el campo estudiantil y, más aún, en el seno de las filas del pueblo, no se deben llevar al terreno de la disputa armada y ni siquiera al pugilato. Creemos que sólo deben plantearse y expresarse en el plano de la discusión política e ideológica y de la confrontación con la práctica de las posiciones de cada cual.

Y es obvio que en lo que a todo esto respecta hemos hecho y hacemos nuestro propio análisis autocrítico.

Queremos destacar como positivo el hecho de que el MIR no se ha prestado para echarle agua al molino del enemigo. El MIR ha declarado textualmente: "Entendemos que la serie de acontecimientos que llevaron a la muerte del compañero Ríos no representa la línea política del Partido Comunista ni de la Unidad Popular".

RECHAZAMOS LOS ATAQUES

Así es, efectivamente. Y en consecuencia rechazamos con legítima indignación las pretensiones de la derecha, de elementos reaccionarios de la democracia cristiana y de otros grupos de la llamada ultraizquierda en el sentido de presentar a las Juventudes Comunistas y particularmente a la Brigada Ramona Parra en una forma que no se compadece con la realidad.

Las Brigadas Ramona Parra han cumplido y cumplen una magnífica labor revolucionaria. Nacieron al calor de la lucha presidencial. En los comienzos de esta lucha, ya proclamado el camarada Allende como candidato ,a la Presidencia de la República, cuando nadie daba un cinco por su candidatura, cuando no había plata para propaganda, cuando los .ánimos estaban en los suelos, surgieron las Brigadas Ramona Parra y cubrieron las calles de Santiago y de todo el país con el nombre del candidato y las consignas de la Unidad Popular. Se conquistaron el cariño del pueblo y del Partido entero. Dieron una gran muestra de heroísmo, de pujanza. Levantaron la moral de mucha gente. Sin exagerar se puede decir que la actividad de las Juventudes Comunistas y el trabajo de propaganda de las Brigadas Ramona Parra se transformaron en uno de los elementos decisivos que hicieron posible la victoria de Salvador Allende, la victoria de la Unidad Popular. ¡No vengan, pues, a atacarnos!

Formar en las Brigadas Ramona Parra es un orgullo revolucionario. Permítanme decir que yo también tengo el orgullo de viejo comunista y del padre porque dos de mis hijos forman parte de las Brigadas Ramona Parra.

NO FUE POR TEMOR A UNA CRITICA

Volviendo al asunto, queremos declarar que el acuerdo a que llegamos con él MIR para ir juntos a la elección en la universidad penquista no obedece en lo más mínimo, como han sostenido algunos voceros de la reacción, al propósito de buscar una simple superación de la situación allí producida. No. Si desde el punto de vista de nuestros principios y del interés de la causa popular hubiese sido necesario rechazar ese acuerdo, lo habríamos rechazado aunque el mundo se hubiese venido abajo. No es primera vez que los comunistas actuamos con esta firmeza. Ustedes saben que en asuntos de principios, como los acontecimientos checoslovacos de hace 2 años, nosotros asumimos una posición completamente distinta de la que asumían las demás fuerzas de izquierda.

No le temimos al ataque del enemigo porque sabíamos que esa posición internacionalista que asumimos en esa ocasión los comunistas, y que la asumiremos en cualquier otra ocasión semejante, era una posición de principios, era una posición justa. De manera, compañeros, que cuando hemos llegado a un acuerdo con el MIR no era por temor a una crítica por lo que sucedió en Concepción, sino porque realmente estimamos que se crea una nueva situación en nuestro país y de eso vamos a hablar.

EL MIR APOYA AL GOBIERNO POPULAR

Los sucesos acaecidos en la Universidad penquista ocurrieron cuando se produce un cambio que lleva al entendimiento entre comunistas y miristas.

¿En qué consiste este cambio?

Como es sabido, el MIR tenia una concepción completamente diferente de la concepción de los comunistas acerca de los caminos y la forma de lucha del proceso revolucionario en nuestro país. Los hechos han demostrado que nosotros teníamos razón. Y hay que reconocer que el MIR, poco antes de la elección, y sobre todo después de la elección, comprendió el rumbo que seguía y debía seguir la revolución chilena. El MIR está hoy, según vemos nosotros, por el apoyo al Gobierno popular. Y es claro, compañeros, esto es lo fundamental. Deben entenderse todas las fuerzas que apoyan al Gobierno de la Unidad Popular cualesquiera que hayan sido las desavenencias de ayer. Esa es nuestra posición.

Nosotros declaramos una vez más que juzgamos a cada cual por los hechos, por el comportamiento que se tiene respecto al Gobierno de la Unidad Popular. Y no hay otra manera de juzgar. De esa misma manera nos juzgan y nos juzgarán a nosotros el pueblo, los enemigos y los aliados. En consecuencia, no tenemos ningún inconveniente en declarar públicamente que creemos que se va a una suerte de entendimiento entre la Unidad Popular y el MIR, incluidos por cierto los comunistas, en vista de que el MIR cierra filas en torno al Gobierno que preside el compañero Salvador Allende G.

Pensamos, claro está, que las diferencias entre comunistas y miristas subsisten en muchos aspectos y que la lucha ideológica entre los mismos sigue vigente, pero en otro plano, en un plano fraternal.

UN DOCUMENTO

El MIR no es el único grupo de ultraizquierda. Hay otros. Entre otros está el grupo llamado "Movimiento Ranquil". Este acaba de publicar un documento en el cual dice lo siguiente: "el proceso político que está viviendo Chile en este momento es el resultado de un planteamiento definido desde hace largo tiempo por el Partido Comunista. A saber:

"En nuestro país es posible que el pueblo llegue al Gobierno a través de un proceso electoral, uno; y dos, la legitimidad que se logra cuando el pueblo llega al Gobierno mediante un proceso democrático es un arma muy importante para que luego desde el Gobierno se logre conquistar el poder popular".

Esto dice el Movimiento Ranquil. El documento de este grupo da amplio margen para una colaboración con él.

No ocurre lo mismo con otros grupos de esta llamada ultraizquierda. Hay no menos de 12 grupos de ultraizquierda, entre ellos el microgrupúsculo autodenominado Partido Comunista Revolucionario, que no conoce ningún trabajador de nuestro país, que no tiene ninguna significación a pesar de que los cuatro pelagatos que forman en él siguen ladrando contra los comunistas. De más está decir que con este microgrupúsculo no tenemos nada que hacer.

NO HABRÍA HABIDO UNIDAD POPULAR

Compañeros: eso es todo lo que tenía que decir sobre esta cuestión. Estoy seguro de que la Juventud y el Partido Comunista comprenderán que al abordar en esta forma este problema no hacemos otra cosa que seguir fieles a nuestra política desarrollándola y aplicándola, sin sectarismos, de acuerdo a las nuevas condiciones que va creando la lucha social.

Nuestra lucha con el MIR no era una lucha de tipo personal, no obedecía a ningún capricho, era una cuestión política, era una cuestión ideológica, era una cuestión de principios. Nosotros luchamos contra el MIR, la lucha contra la ultraizquierda formó parte de la lucha de la Unidad Popular. Estamos absolutamente convencidos, que si nosotros no hubiésemos sostenido esta lucha ideológica y política contra el sectarismo de izquierda, contra la ultraizquierda que no veía la posibilidad de la victoria popular, que estaba en contra de que los comunistas y socialistas ampliaran sus relaciones con otras fuerzas, que estaban en contra de que el FRAP pudiera llegar a un entendimiento con el Partido Radical; si nosotros no llevamos a cabo una lucha firme y sostenida, como la llevamos a cabo contra estos grupos de ultraizquierda, no habría habido Unidad Popular, no habría habido victoria el 4 de septiembre y no habría habido Gobierno de la Unidad Popular. ¡De eso estamos convencidos!

Pero las situaciones cambian. Y frente a éstos cambios en la situación, la táctica del Partido, siempre encuadrada en la esencia de su línea política, por cierto no puede ser la misma de ayer. Esto es lo nuevo que hay en relación con este problema que he estado tratando".

LUIS CORVALAN


LOS MOTIVOS DE KORRY

LA aspiración de Edward J. Korry, embajador de Estados Unidos en Chile, es convertirse en el pretexto para una agresión norteamericana contra el Gobierno Popular que encabeza el Dr. Salvador Allende.

No es un secreto que Korry erró el pronóstico sobre el resultado de la elección presidencial chilena y que realizó movimientos luego de su fracaso para alterarlo y que, con posterioridad a la ascensión al gobierno del Dr. Salvador Allende, se empeñó en una campaña de desprestigio de este último.

El periodista norteamericano Tad Szulc, escribió en Nueva York: "La línea dura (N. de la R.: contra el Gobierno del Dr. Allende), fue propuesta por algunos asistentes de Nixon en la Casa Blanca, y por el embajador de Estados Unidos en Chile, Edward Korry. Recientes telegramas enviados por Korry desde Santiago —que en el Departamento de Estado llaman "korry-gramas" dibujaron, se dice, un inflexible futuro marxista para Chile con Allende de Primer Mandatario".

Está claro que Korry desea que la Casa Blanca dé luz verde para una agresión contra Chile. Angustiado porque ella se demora el embajador procura irritar al Gobierno del Presidente Allende con el objeto que le declare "persona no grata".

Korry interpreta al ultraderechista Presidente de su país Richard Nixon, quien, en forma intempestiva hizo declaraciones en un diario de menor importancia de Estados Unidos sobre el nuevo Gobierno chileno, las que se convirtieron en una advertencia para el último de los citados.

Más tarde los asesores de Nixon le aconsejaron que le restara respaldo a sus propias declaraciones, manifestándole que fueron inconvenientes para la imagen del gobernante de un país que "forzosamente tendrá problemas con Chile" y porque además el Presidente norteamericano no puede "improvisar opiniones que comprometan la política exterior de la nación". La anécdota señala que Nixon al pasar por Chicago, en automóvil, junto a un amigo, resolvió bajarse ante el edificio de un diario local con el propósito de emitir una declaración sobre el resultado electoral chileno que acababa de conocer. El periodista norteamericano Tad Szulc, que en ningún momento puede ser calificado de progresista, escribió en Nueva York: "Según informantes autorizados, Nixon manifestó a sus consejeros que estaba hondamente preocupado por la elección de un Presidente marxista en Chile y por la presencia de tres ministros comunistas en el Gabinete. Sugirió —ha trascendido— que estaba dispuesto personalmente a favorecer una actitud dura hacia el régimen de Allende". El recuerdo que Richard Nixon tiene de América latina es ingrato y es normal en un político mediocre como él que los odios destierren a los objetivos más elevados, propios de un estadista.

En la época en que Nixon aspiraba a la Presidencia de su país recibió, durante una gira por el continente, el repudio de manifestantes nacionalistas latinoamericanos, por lo menos en tres países.

Uno de esos países fue Perú, cuyo gobierno actual le ha deparado sorpresas inconfortables al gobernante norteamericano. Ellas surgieron en el período de transición entre las administraciones de Johnson y Nixon y no fue posible impedirlas.

Nixon carece de asesores especializados en cuestiones latinoamericanas. Su más directo colaborador Henry A. Kissinger, declaró en una comida, en la cual estaba presente el Exministro de Relaciones de Chile Gabriel Valdés, que sus conocimientos políticos alcanzan hasta el límite que media entre el hemisferio norte y el sur y que en este último sólo entiende las cuestiones del sudeste asiático.

Por lo demás, si hubiera asesores capaces de entender los fenómenos latinoamericanos ellos tendrían que operar dentro de la linea del Gobierno reaccionario de Estados Unidos y bajo los efectos de la crisis económica que convulsiona a esa nación. Esta última está castigada por la inflación y la cesantía y el espectro de la recesión adquiere cada día una connotación más concreta.

¿Qué puede aportar, en medio de este cuadro, el reaccionario embajador Korry? Nada útil para Chile. Es aconsejable su reemplazo.

Opositor odioso del Exministro de Relaciones Gabriel Valdés, que le dejó en ridículo cuando echó a andar la Comisión Económica de Coordinación Latinoamericana (CECLA) sin su conocimiento, encarnizado adversario del Gobierno Popular de Chile sólo puede ser definido como un agente pernicioso para las relaciones entre Estados Unidos y Chile.

Korry piensa que si él no alcanza a convertirse en el pretexto que justifique una acción agresiva norteamericana contra Chile, puede aun crear otras condiciones para desatarla: enervar el afán nacionalizador del Gobierno Popular con los intereses políticos del Gobierno de Estados Unidos. Para esa labor cuenta con el aparataje instalado en el que participan ciudadanos nacidos en Chile, pero que sirven a los intereses extranjeros como Rafael Otero, Marcos Chamúdez, Raúl González Alfaro (en el frente publicitario), Guillermo Carey, padre e hijo, en el sector de los negocios (el último está mezclado en el homicidio del Comandante en Jefe del Ejército chileno), políticos y otros sujetos, varios de los cuales ya están ubicados, pero que por razones de seguridad no es aconsejable citar.

Las compañías norteamericanas que explotan el cobre de Chile, no consultaron a su gobierno en el momento de instalarse en territorio chileno, mal puede el embajador Korry pretender ahora transformar una decisión soberana del Gobierno Popular del Dr. Salvador Allende, como es la expropiación, en un asunto que comprometa las relaciones entre su país y el nuestro.

AUGUSTO OLIVARES B.


Notas:

1. PF Nº 119, "En Wall Street manejan el complot contra Chile".

2. Ver CEPAL, "La Política Económica de América Latina en la Post-Guerra".

3. Aníbal Pinto Santa Cruz: "Chile o un Caso de Desarrollo Frustrado". Santiago. 1962, pág. 109.

4. James Petras. "Negociadores Políticos en Chile", número especial de "Monthly Review", enero febrero de 1970. pág. 38.

5. Ver por ejemplo: John J. Johnson. "La Transformación Política de América Latina", Buenos Aires, 1961: Gino Germani. "Política y Sociedad en una Época de Transición". Buenos Aires, 1968; Jorge Graciarena. "Poder y Clases Sociales en América Latina". Buenos Aires. 1967.

6. Fernando Henrique Cardoso y Enzo Faletto, "Dependencia y Desarrollo en América Latina", México. 1970. pág. 94.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02