Por una revolución socialista

DOCUMENTOS
Suplemento de la edición Nº 119 de PUNTO FINAL
Martes 8 de diciembre de 1970
Santiago – Chile

POR UNA REVOLUCIÓN SOCIALISTA

Damos a conocer en estas páginas un documento elaborado para su publicación en PUNTO FINAL, por el Movimiento Revolucionarlo "Manuel Rodríguez" (MR-2). El primer documento público de esta organización de la izquierda revolucionaria, responsables de las acciones expropiatorias de Portofino y la Armería Italiana, fue reproducido en PF Nº 116. Asimismo, en PF Nº 117 se publicó un trabajo de esta organización sobre los Comités de Unidad Popular. Estas referencias servirán al lector para completar su información sobre las posiciones que sustenta el Movimiento Revolucionario "Manuel Rodríguez". PF, tanto en éste como en otros casos similares, ha facilitado sus páginas para la expresión y el diálogo de sectores de la izquierda revolucionaria, aunque la posición de la revista no coincida necesariamente con las afirmaciones que formulen esos organismos de manera responsable.

I. REAFIRMACIÓN DE NUESTROS POSTULADOS ESTRATÉGICOS

EL triunfo electoral de la Unidad Popular ha generado una gran controversia al interior de la izquierda revolucionaria, como, asimismo, ha significado una aparente confirmación de las concepciones estratégicas y de los métodos de lucha de la izquierda tradicional.

El desconcierto que este triunfo despertó en sectores de la izquierda revolucionaria, es la consecuencia de haber convertido en valor estratégico un método de lucha. Desde el nacimiento de la izquierda revolucionaria, centramos la discusión en el método para la toma del poder político por los trabajadores; así, la lucha armada surge como el único elemento de diferenciación entre la izquierda revolucionaria y la tradicional. Este método, en el desarrollo de la lucha de clases, convertido en cuestión de principios, trasladó a un segundo plano la discusión ideológica sobre los aspectos estratégicos. Esto no debe llevarnos a despreciar la discusión sobre formas de lucha, sino que se trata de calificar la importancia de la lucha armada dentro del proceso de desarrollo de la lucha de clases, entendiendo la importancia definitiva que asume con la agudización del enfrentamiento de clases.

Por ello, creemos necesario precisar nuestras concepciones estratégicas, ratificando la validez de nuestros objetivos dentro del contexto político actual y apuntando así la discusión a las cuestiones más fundamentales. De tal manera pensamos que el carácter socialista de la revolución, la necesidad de la dictadura del proletariado, la destrucción del aparato burocrático-militar del Estado burgués, son elementos que tienen plena vigencia hoy día y que caracterizan nuestra concepción estratégica, diferenciándola de la estrategia de la izquierda tradicional.

De nuestras definiciones estratégicas se desprende la necesidad de destacar el hecho de que no basta reconocer el carácter antagónico de las clases para definir una concepción política revolucionaria, sino que es necesario definir los limites políticos de coexistencia de dichas clases el carácter revolucionario de unas y el carácter reaccionario de otras; como también es necesario reconocer la dictadura del proletariado como la única forma que asegura la dominación proletaria, permitiendo el establecimiento del socialismo. Sólo la fuerza de la dominación proletaria podrá asegurar la construcción del socialismo. Son estos los aspectos vitales que nos diferencian de los reformistas y en torno de ellos debe darse la discusión ideológica.

El carácter socialista de la revolución no brota de nuestra imaginación, sino del propio carácter que adopta la estructura económica y de clases de nuestro país. Por ello creemos necesario hacer un breve análisis del desarrollo de ésta y de las clases que la componen para fundamentar nuestros objetivos estratégicos.

LA BURGUESÍA: SÍNTESIS HISTÓRICA DE SU DESARROLLO

El carácter que asume el enfrentamiento de clases, su clarificación, responde al fracaso de la burguesía en sus pretensiones nacionalistas. Este fracaso lo encontramos en la nueva forma que asume la dependencia en Chile, particularmente a fines de la década del 50.

La vinculación de la economía chilena al mercado capitalista mundial, bajo la forma de exportación de materias primas (cobre, salitre) significó, a consecuencia de la crisis de dicho mercado (Primera Guerra y crisis de 1930), la limitación de las posibilidades de exportar y, por lo tanto, de satisfacer la demanda interna mediante importaciones.

Esta situación de crisis en el sector externo constituye el principal factor que impulsó la industrialización por medio de la sustitución de importaciones: Este desarrollo es llevado adelante por la burguesía industrial, la que comienza a adquirir un claro predominio político al interior de la clase dominante. La creación de CORFO, las políticas crediticias y proteccionistas tendientes a favorecer el sector industrial, expresan la consolidación de este sector de la burguesía (con el gobierno del Frente Popular en adelante).

En este proceso la burguesía industrial necesitaba el apoyo de las clases populares por dos razones fundamentales: en primer lugar, requería ampliar su base de sustentación social para desplazar a los grupos más tradicionales de la burguesía exportadora, y, en segundo lugar, necesitaba ampliar el mercado interno para generar una demanda que absorbiese la producción manufacturera. Así, se fomenta una política de corte nacionalista y populista que intenta levantar una nueva fórmula de poder, que en lo político significa el apoyo de los sectores medios y proletarios, y que en lo económico pretende generar un desarrollo capitalista autónomo.

Sin embargo, la etapa independentista de la burguesía dura muy poco. La Segunda Guerra mundial, al acelerar el proceso de innovación tecnológica en la economía dominante, deja al imperialismo norteamericano en una posición privilegiada que lo convierte en el centro hegemónico del capitalismo mundial. Este desarrollo tecnológico acelerado se hace especialmente dinámico en la producción de maquinaria pesada, agotándose las posibilidades de inversión al interior de EE.UU. y exportando maquinarias y equipos hacia nuestros países. Esta importación de maquinarias y equipos desde EE.UU. se constituye en un elemento de presión para la burguesía chilena que se ve imposibilitada de desarrollar la producción de bienes de capital.

La burguesía chilena, incapaz de dar un salto cualitativo en el proceso de industrialización (creación de la industria pesada), e incapaz de generar una tecnología nacional, claudica en cuanto a sus pretensiones autónomas y se integra al capital extranjero como una manera para mantener su existencia como clase. La penetración de la tecnología extranjera, que da una alta productividad al trabajo, permite a la burguesía intensificar la explotación de éste, aumentando sus márgenes de ganancia. El comienzo de este proceso es el fin de los intentos nacionalistas, por cuanto la industria empieza a ser controlada en forma creciente por el capital extranjero.

De tal manera, a fines de la década del cincuenta, la penetración del capital extranjero comienza a asumir una importancia decisiva en cuanto al control de los sectores más dinámicos de la industria chilena. Así tenemos que en 1968, de las 160 sociedades anónimas más importantes, más de la mitad tiene participación extranjera. Lo que importa señálales que la participación extranjera se presenta en las empresas claves dentro de cada rama industrial, lo cual marca el proceso de industrialización en términos de un dominio decisivo del capital extranjero. Este capital ha profundizado su acción precisamente en aquellos sectores más estratégicos y en aquellos que crecen más rápidamente; por ello lo tenemos en forma dominante en la química, material de transporte, maquinaria eléctrica y productos metálicos. El proceso de penetración extranjera va paralelo al de la monopolización por cuanto el 87% de las empresas controladas por ese capital son monopólicas en su rubro.

El control extranjero sobre la industria chilena genera profundos efectos para la economía nacional, entre los cuales los más importantes son: distorsión de la estructura productiva, descapitalización, desnacionalización y monopolización de la economía.

Todo este proceso de penetración del capital extranjero, fundamentalmente norteamericano, y el control de la industria chilena por las corporaciones multinacionales, marca a la burguesía chilena definiéndola en su nuevo carácter de burguesía dominante-dominada, es decir una burguesía cuyos intereses y existencia como clase dominante dependen directamente del imperialismo yanqui. Este proceso se refuerza a partir de la creación de la Alianza para el Progreso (1961), al promoverse una política de corte reformista en los países de América latina. Esta política tiene como objetivo fundamental posibilitar un funcionamiento óptimo de las corporaciones multinacionales, para lo cual se desarrolla una política de préstamos destinada a crear importantes obras de infraestructura, reforma agraria, ampliación de mercados, etc.

FRACASO DEL REFORMISMO

El estímulo a las políticas reformistas, impulsadas por el gobierno norteamericano, es plenamente recogido en nuestro país por el gobierno de Frei. Se constituye así un gobierno que pretende dar mayor participación política a las masas, ampliando mercados internos, incorporando nuevos sectores sociales a la producción y el consumo, obteniendo con estas medidas un apoyo popular considerable, estableciendo la burguesía una política de conciliación de clase.

Sin embargo el reformismo fracasa rotundamente porque:

1) La naturaleza de la tecnología y el carácter monopólico de la industrialización no posibilitaron una redistribución de la renta que favoreciera realmente a las masas. La tecnología, intensa en capital, en las condiciones de la economía chilena —dependiente y deformada—, limitó aún más generar empleos suficientes (sólo en el Gran Santiago se tienen 232.000 desocupados), creciendo en forma importante las "poblaciones marginales". Este proceso de marginalización es el resultado de una industrialización de tipo dependiente que se introduce en una economía que mantiene una agricultura altamente tradicional.

2) El Estado, entretanto, aumenta el gasto público en obras de infraestructura, educación y vivienda, rechazando las aspiraciones de mejoramiento de remuneraciones de los trabajadores. Este aumento del gasto público se realiza a costa de los ingresos de los propios trabajadores (impuesto a bienes de consumo, aumento en tasas de tributación) y del mayor endeudamiento con el imperialismo. De tal manera, sin gravar a los monopolios y al capital imperialista, construye hermosos edificios de lujo, bonitas carreteras, que además de ser obras insuficientes para absorber el desempleo, intensifican la diferencia de clases, generando crecientes aspiraciones en las masas populares.

3) La burguesía, incapaz de llevar la Reforma Agraria hasta sus últimas consecuencias, genera aspiraciones en las masas campesinas que intensifican las huelgas reivindicativas y la lucha por la tierra. En definitiva, los planes del gobierno de Frei en este sentido se cumplen en una mínima parte.

El fracaso del reformismo constituye el fracaso del capitalismo dependiente, la imposibilidad de superar las contradicciones dentro de este sistema. Así, la burguesía y el imperialismo se comprometen cada vez con mayor fuerza, intensificando sus medidas represivas ante la imposibilidad de dar solución a las aspiraciones de las masas. Entretanto, se radicalizan los sectores populares al verse marginados de los beneficios que la producción, altamente tecnificada, trae consigo y cuyo carácter monopólico oprime cada vez más a la masa asalariada.

LA BURGUESÍA DEPENDIENTE NO PUEDE SATISFACER LOS INTERESES DE LOS TRABAJADORES:
¡NI AHORA!, ¡NI ANTES!, ¡NI NUNCA!

El reformismo, expresión de la nueva estrategia del imperialismo, intensificó los intereses de clase antagónicos que caracterizan a una sociedad de clases, poniendo al desnudo los intereses de la burguesía dependiente, su carácter entreguista, por lo cual no puede, ni ha podido nunca representar los intereses de los trabajadores.

El compromiso burgués-imperialista, el carácter agudamente dependiente de la economía chilena (por el control extranjero de la industria), define el carácter de la lucha de los trabajadores en términos socialistas. La lucha de los trabajadores en Chile, debe ser la lucha por el socialismo.

El socialismo es la sociedad de los trabajadores. Es el Estado de los trabajadores. En el socialismo, el poder político lo tiene la clase trabajadora. Ella organiza y distribuye la producción en función de sus propios intereses, que son los intereses del pueblo chileno, los intereses de la mayoría.

La burguesía, por su entrega al imperialismo, es incapaz de plantear tareas democráticas y nacionales. Las tareas que se imponen, hoy día, deben impulsarlas los trabajadores y son las tareas socialistas.

NUESTRA LUCHA, ES LA LUCHA POR EL SOCIALISMO

Por eso, nuestra lucha es la lucha por el socialismo. Esta lucha es un enfrentamiento entre explotados y explotadores. Los explotadores (imperialismo-burguesía) mantienen su situación privilegiada sustentándola en la fuerza de la ley que ellos han creado, en la fuerza de sus aparatos armados, fortaleciéndolos cada día más ante el crecimiento de la clase obrera urbano-rural. El crecimiento de la clase obrera es producto de la modernización de la economía capitalista, que se expresa en una industrialización dinamizada por el capital imperialista.

La radicalización de los sectores populares, es producto del carácter excluyente del desarrollo capitalista-dependiente (cesantía campo-ciudad) debido a una producción altamente monopólica, concentrando ingresos en un pequeño número de personas (el 1% de los chilenos disfruta de un 10% del ingreso del país; el 5% más rico recibe el 27% del ingreso) .

Estas características del capitalismo chileno hacen irreconciliables los intereses de los trabajadores con los de la burguesía y el imperialismo, generándose un proceso de empobrecimiento cada vez mayor de los trabajadores, como condición necesaria para el desarrollo del capitalismo dependiente.

El empobrecimiento de la clase trabajadora, hace que esta haya elevado su nivel de lucha por demandas económicas, que no pueden ser satisfechas por la burguesía, agregando a esto los altos niveles de cesantía que genera el sistema. Los sectores populares han rebasado los marcos de la institucionalidad (leyes), utilizando métodos de lucha más elevados y más violentos, al no obtener la solución de sus problemas por vías legales, acentuando de esta manera el carácter represivo del Estado burgués que no puede dar solución a estos problemas sin atentar contra los intereses que él defiende. Subir los sueldos, construir más hospitales, bajar los precios, etc., es para la burguesía perder de sus ganancias más de lo que está dispuesta a perder. Esto demuestra el verdadero carácter de la burguesía, que utiliza la fuerza como última posibilidad para defender sus intereses cuando son amenazados por las demandas justas de los trabajadores. Si ésta es la reacción de la burguesía ante estas demandas inmediatas. ¿Cuál será la reacción de la burguesía cuando los trabajadores intenten adueñarse de la tierra y de las fábricas?

La respuesta es clara y categórica.

La burguesía y el imperialismo defenderán a muerte sus intereses, que son los que les dan existencia como clase. Cuando los trabajadores sean los dueños de la tierra y de las fábricas, no necesitarán a la burguesía, ni al imperialismo (al contrario), de lo que podemos deducir que la burguesía NO FIRMARÁ VOLUNTARIAMENTE SU ACTA DE DEFUNCIÓN.

La burguesía y el imperialismo tienen sus organismos de defensa (sus aparatos represivos) y usarán la fuerza armada para definir cualquier situación que atente en contra de sus privilegios, por eso es válido nuestro planteamiento que dice lo siguiente:

LA SOLUCIÓN A LOS PROBLEMAS DE CHILE, ES SUSTITUIR EL SISTEMA CAPITALISTA DEPENDIENTE POR UN SISTEMA SOCIALISTA. PERO, EL ESTABLECIMIENTO DE ESTE SISTEMA, POR SU CARÁCTER ANTAGÓNICO CON EL CAPITALISMO, SE OBTENDRÁ DESPUÉS DE UN AGUDO ENFRENTAMIENTO DE CLASES, ENFRENTAMIENTO QUE TIENE POR OBJETIVO DESTRUIR A LA CLASE DOMINANTE (LA BURGUESÍA) Y A LOS INSTRUMENTOS CON LOS CUALES ESTA DOMINA (ESTADO, FF.AA.). ESTE ENFRENTAMIENTO EN DEFINITIVA SERÁ UN ENFRENTAMIENTO ARMADO, POR LO CUAL NOS PREPARAMOS PARA LUCHAR CON EL PUEBLO, NOS PREPARAMOS PARA ORGANIZAR AL PUEBLO EN ESTA FORMA DE LUCHA.

II. EL CARÁCTER DE LA SITUACIÓN ACTUAL

El triunfo de la UP se hizo posible por un conjunto de factores entre los cuales debemos destacar: 1) El ascenso del movimiento de masas en Chile, resultado del fracaso del reformismo democristiano y el grado profundo que adquiere la crisis:

2) La organización de un movimiento popular disciplinado y orientado a la lucha electoral;

3) El debilitamiento y desprestigio del imperialismo a nivel mundial, que ha generado una clara conciencia antimperialista, profundamente desarrollada por la izquierda tradicional;

4) El papel de la izquierda revolucionaria en la radicalización de sectores populares y en el desenmascaramiento de la burguesía como clase explotadora;

5) El error táctico de la burguesía de no retirar un candidato, produciendo indecisión en los sectores no comprometidos.

Este triunfo ha generado una nueva situación política, una situación de equilibrio político, por cuanto ni la burguesía está destruida, ni el proletariado urbano-rural tiene el poder político en sus manos, no obstante existe un gobierno popular. Esta situación se resolverá a favor del proletariado en la medida que el programa se aplique y el proceso vaya hacia el socialismo o, a favor de la burguesía, en la medida que ésta logre neutralizar a la UP, dándose tiempo para buscar una situación de inestabilidad económica y política que justifique el derrocamiento del gobierno.

ESTRATEGIA Y TÁCTICA DEL IMPERIALISMO
Y LA BURGUESÍA EN EL MOMENTO ACTUAL

El evidente ascenso de la lucha de clases y el fracaso del reformismo alentó a las fuerzas del imperialismo y la burguesía en la defensa de sus intereses, en nuestro país, fortaleciéndose las corrientes reaccionarias que aglutinan sectores de la pequeña burguesía, iniciando la campaña de terrorismo y sabotaje que culminó con el asesinato de Schneider. La actitud de estos sectores apareció en un principio como una discrepancia con las expresiones políticas tradicionales de la burguesía (PN y PDC) que iniciaron toda una ofensiva institucional (garantías constitucionales, votación en el Congreso, etc.). Hoy día, no obstante permiten concluir que corresponden a actitudes distintas pero con un solo fin: salvaguardar sus intereses de clase. Las actividades de la derecha y ultraderecha no son excluyentes y discordinadas. Mientras la ultraderecha actúa, logra afirmar a sectores de la pequeña burguesía, creando una situación de inestabilidad política (pánico) que permite a la Democracia Cristiana lograr la aceptación de las garantías constitucionales por parte de la UP para obtener su apoyo en el Congreso, consolidando el triunfo electoral. EL OBJETIVO ESTA LOGRADO, FALLO EL GOLPE PERO LA UP TIENE LIMITADO SU MARGEN DE MANIOBRA INSTITUCIONAL.

El que la burguesía haya perdido el gobierno no significa que perdió también el poder político y económico, los que aún mantiene intactos. Por el contrario, en nuestro país se está generando el reagrupamiento de fuerzas burguesas necesario para que, sin que el imperialismo muestre abiertamente su intervención en el proceso, se dieran los pasos tácticos necesarios para avalar su estrategia: OBSTACULIZAR Y NEUTRALIZAR EL CUMPLIMIENTO DEL PROGRAMA DE LA UP PARA PRODUCIR UNA CRISIS ECONÓMICO-SOCIAL QUE LE PERMITA DEBILITAR POLÍTICAMENTE A LA UP Y RECOBRAR EL GOBIERNO EN MEJORES CONDICIONES.

La burguesía ya ha obtenido triunfos políticos importantes en su intención de neutralizar el programa de la UP. Así tenemos que las garantías exigidas le permiten el mantenimiento de la estructura de poder a través de la cual ha gobernado por años.

Los puntos más importantes que garantizan la permanencia de la estructura de poder burguesa son: 1) Limitación de la participación directa y desde la base del proletariado en el poder, al reconocer como únicas estructuras de poder el aparato burocrático del Estado burgués, negando así la posibilidad de generación de poder popular desde los Comités de Unidad Popular (CUP), Asamblea del Pueblo, etc.

2) Imposición de nuevas normas para el uso de los medios de comunicación, logrando la burguesía, de esta manera, canales de expresión que nunca antes concedió al pueblo.

3) Mantención al margen del proceso social a las Fuerzas Armadas, impidiendo las reformas que permitan al gobierno de la UP integrarlas al proceso productivo, y dejándolas claramente como árbitros del proceso político, como garantes de la "libertad" y "democracia".

A pesar del carácter represivo que tienen en un país capitalista, las FF.AA. al igual que todas las instituciones del sistema, están insertas en el marco social que las rodea y es sensible a los movimientos sociales que en él se generan, por lo que es importante tener presente que existen en su seno sectores conscientes de las injusticias que genera el sistema y del papel constructivo que pueden jugar al lado de los trabajadores en su lucha por alcanzar el poder.

4) En el Congreso las fuerzas reaccionarias son lo suficientemente poderosas como para continuar neutralizando y dificultando la aplicación del programa (esta vez en la medida que su aplicación signifique un aumento de las fuerzas de la UP). El poder de la burguesía en el Congreso está básicamente en el PN y en el PDC, que si bien representan a distintos sectores, están defendiendo los mismos intereses. [1]

Este es el marco estructural que permite a la burguesía continuar una escalada política que vaya creando dificultades económicas y sociales para generar una situación de crisis que "justifique y legalice" el derrocamiento del gobierno sin perder apoyo popular (al respecto, las elecciones FECH y las tomas de viviendas constituyen ejemplos muy representativos).

EL PROGRAMA DE LA UP Y SU CONSTITUCIÓN DE CLASE

El programa de la UP representa los intereses inmediatos de los trabajadores en esta etapa, además de asestar duros golpes al imperialismo y la burguesía. Por eso, nosotros apoyamos este programa popular, que, sin plantear nuestros objetivos, fortalecerá a la clase obrera urbana y rural, debilitando económica y políticamente al imperialismo y a la burguesía.

La aplicación de este programa tiene una significación política que rebasa sus propios marcos, por lo siguiente:

La nacionalización del cobre, hierro, etc., necesita que las masas desarrollen una conciencia antimperialista.

La expropiación e intervención de algunas industrias, necesitan la preparación de los obreros para asumir el control y la administración de ellas, lo cual clarifica los intereses de clase de los obreros de esas industrias, despertando la misma inquietud en los obreros de otras.

La profundización de la Reforma Agraria significa mayor organización política del campesinado. En resumen, el carácter antimperialista y antioligárquico del programa, clarificará los intereses de clase de vastos sectores de obreros y campesinos, desenmascarando y señalando a sus enemigos.

El programa de la UP ha significado un evidente adelanto en las posiciones del proletariado con respecto a las posiciones de la burguesía, pero la coexistencia de fuerzas reformistas y revolucionarias en el seno de la UP no permite en este momento saber si en las coyunturas difíciles (aplicación de las medidas anti-capitalistas) primará la ideología del proletariado, arrastrando con su fuerza a la pequeña burguesía, o primará esta última que basa toda su fuerza en la conciliación y no en la fuerza de las masas.

No obstante que apoyaremos e impulsaremos todas las medidas antimperialistas y anticapitalistas del programa, levantaremos ahora más que nunca nuestras posiciones socialistas, fortaleciéndolas en el seno de la clase obrera.

Convertir el pluriclasismo de la UP en una virtud en vez de considerarlo una debilidad temporal del proletariado, es un error que refuerza las posiciones de la pequeña burguesía en el seno de la UP.

Nuestra posición, así como la de todos los revolucionarios, es combatir ideológicamente las posiciones de la pequeña burguesía que existen dentro de la UP, posiciones que fomentan el quietismo y la pasividad en el proletariado, al mismo tiempo que reforzar las posiciones de los sectores revolucionarios de la UP.

El enemigo fundamental del proletariado es el imperialismo y la gran burguesía. Para enfrentarlos con éxito el proletariado no debe ceder a los planteamientos ideológicos de la pequeña burguesía (PR, API, PSD). Debe definir sus propios intereses y bajo postulados claramente establecidos arrastrar incondicionalmente a la pequeña burguesía al enfrentamiento con los enemigos fundamentales.

El proletariado urbano-rural es la única fuerza capaz de garantizar y superar con éxito los sucesivos enfrentamientos con la burguesía y el imperialismo y lograr el socialismo en Chile.

EL PROLETARIADO ES LA ÚNICA FUERZA CAPAZ
DE DEFINIR EL PROCESO HACIA EL SOCIALISMO

Hasta ahora, la UP ha sido hábil para conducir el proceso e ir obteniendo lo que sucesivamente se ha planteado; así logró el reconocimiento de su triunfo por parte del PDC en el Congreso Pleno y la posterior asunción a la Presidencia del compañero Allende. Todo esto se ha obtenido fundamentalmente en base a conversaciones a alto nivel y a hábiles jugadas políticas. Sin embargo, aunque parte de los procesos históricos pasan por las decisiones y actuaciones de los representantes de las fuerzas populares, en el momento oportuno, continuar esta política de decisiones por arriba y buscar solución a los problemas en base a negociaciones de mesa redonda, olvidando dónde reside la fuerza de la UP que posibilitó su triunfo, debilita las fuerzas del proletariado y, de hecho, facilita el camino a la burguesía.

La UP actualmente cuenta con un indiscutible apoyo de masas, y en ello reside su fuerza, apoyo que en muchos casos rebasa los partidos políticos. Sin embargo, esta situación no puede llevarnos a un optimismo excesivo y a conclusiones erradas sobre la capacidad, conciencia y organización de la masa para enfrentar a la burguesía y al imperialismo.

La fuerza de la UP está en el pueblo, pero si se mantiene el tradicional control desde arriba, impidiendo que la masa cree sus propias formas de organización y de poder, no se hace otra cosa que facilitar la tarea de la burguesía de neutralizar el programa y derrocar el gobierno.

El apoyo de las masas, cuando éstas se encuentran acostumbradas por las formas de dirección vertical a una actitud pasiva, no es una fuerza que permita enfrentar con éxito a los intentos de la burguesía: Indonesia en Asia, el gobierno de Jacobo Arbenz en Guatemala y, en otro nivel, el golpe de estado en Brasil contra Joao Gulart, son algunas de las experiencias en que las masas, si bien apoyaban a los respectivos gobiernos, por su desorganización y apoyo pasivo fueron fuerzas incapaces de impedir la ofensiva derechista.

La única fuerza capaz de definir el proceso hacia la lucha por el socialismo es el proletariado. Será entonces, la organización y la participación en el poder que tome el pueblo lo que definirá el resultado de la situación actual, y la posibilidad de que el proceso se oriente realmente hacia el socialismo, o que por el contrario, la burguesía pueda recobrar el gobierno.

ALTERNATIVAS DE LA SITUACIÓN ACTUAL

La estrategia de la burguesía está clara: neutralizar el programa y recobrar el gobierno. Sin embargo, esta estrategia le será favorable exclusivamente en la medida que la UP vaya cediendo y desmovilizando al proletariado y con ello pierda la fuerza que le permite gobernar.

Por su parte, la UP ha heredado una situación conflictiva que, como se ha visto, es imposible que se solucione dentro de la estructura económica y política actual (lo que quedó demostrado por el fracaso del reformismo de derecha). Por lo tanto, la única alternativa de la UP es romper los marcos del sistema y orientarse hacia el socialismo, para lo cual es necesaria la participación activa y organizada del proletariado, interviniendo en el gobierno primero y dirigiendo el proceso, después, en base a sus propios órganos de poder, defendiendo de esta manera el proceso hacia el socialismo. Es pues el proletariado consciente y organizado, y la fuerza que nace de su organización, lo que en última instancia decidirá la situación actual.

Al mismo tiempo, el fracaso del reformismo como política de conciliación de clase, ha demostrado la incapacidad de la burguesía de resolver los problemas económicos y sociales dentro del sistema, por lo que, en caso de recobrar el gobierno, la crisis, además de mantenerse, se incrementaría al no poder dar solución a las aspiraciones del proletariado, lo cual los obligarla a reprimir las luchas reivindicativas llegando a un régimen de fuerza que por la radicalización que en el seno del pueblo han logrado las posiciones de izquierda, obligaría a la burguesía a orientarse hacia el fascismo.

Las alternativas de desarrollo de la situación actual se dan dentro de estos marcos: la orientación hacia el socialismo del gobierno de la UP, único camino que puede posibilitar la solución de los problemas económicos y políticos y con ello contar con el apoyo del proletariado para derrotar a la burguesía; o la instauración de un gobierno de fuerza que se orienta hacia el fascismo en el caso que por la pasividad de la UP la burguesía pueda recobrar el gobierno.

III. EL QUÉ HACER

La nueva situación política nos abre nuevas puertas (especialmente los CUP) y nos permite prepararnos con mayor tranquilidad y capacidad de movimiento para períodos posteriores. Sin embargo, este es el problema más crítico para los sectores de la izquierda revolucionaria (IR), pues lograr una práctica correcta, hoy, requiere más firmeza ideológica, más capacidad política, para delimitar cuáles son los objetivos por los cuales deben luchar los trabajadores. La IR, hoy, más que nunca, necesita reafirmar sus posiciones socialistas en el interior del proletariado; es por esto que debemos adecuar nuestro quehacer a esta nueva situación política donde la burguesía ya no actúa de frente, a través del gobierno, sino solapada, tras el poder económico, las leyes y los aparatos creados para su defensa en contra de obreros y campesinos.

TRABAJO DE MASAS

Nuestro trabajo en frentes de masa es hoy más importante que nunca. La necesidad de organizar, educar y preparar a las masas en la defensa del triunfo, pone en la orden del día la cuestión del poder político, que es la palanca que nos permite avanzar hacia el socialismo y por lo tanto impedir cualquier intento de la Derecha para mantener su poder, ya sea a través de actividades sediciosas, golpe, terrorismo, etc.) o tratando de ganar posiciones en los sectores de la pequeña burguesía que participan en la UP, para impedir el cumplimiento del programa.

La situación de los sectores organizados del pueblo, especialmente los CUP, es de inquietud por conocer qué es el socialismo, cómo se logra, qué deberes implica, etc. A nosotros nos cabe DAR RESPUESTA A ESTAS INQUIETUDES, ENTREGANDO CLARA Y ORGANIZADAMENTE ESTOS CONOCIMIENTOS; nuestra labor fundamental es entregar la formación ideológica necesaria para luchar por el poder. Reactivando los aspectos de organización y poder local y regional con sus propias instituciones, que vayan desplazando organismos burocráticos estatales o sectores sociales inútiles, es decir, el poder y su manejo no se improvisa, sino será producto de nuestro trabajo, del trabajo de los revolucionarios para impulsar, desde ya, algunos gérmenes de poder socialista, que serán ejemplos para el conjunto de la clase obrera y de las grandes masas chilenas.

Desarrollaremos en la masa la necesidad de su preparación técnico-militar para oponerse RESPONSABLEMENTE a cualquier intento de la derecha y el imperialismo por fortalecer sus posiciones, creando la vanguardia obrero-campesina que tome la iniciativa en las tareas de enfrentamiento directo a esos intentos, asegurando un resultado definitivo a favor de la clase trabajadora.

LA MOVILIZACIÓN DE MASAS

Ningún gobierno popular debe detener la movilización de masas, por el contrario, debe reafirmar su poder en la fuerza de las clases populares, únicos sectores interesados en la defensa del gobierno y su programa. Lo que cambia en cada período histórico es el objetivo inmediato, reivindicativo, que persigue la movilización, la lucha de las masas.

En un gobierno burgués se trata de desenmascarar el carácter explotador de la burguesía, de exigir mejor situación para la clase trabajadora, en definitiva, de derrocar al gobierno y cambiar el sistema capitalista estableciendo uno nuevo, socialista. En el gobierno de la UP los movimientos de masas son el pilar, la base social que impulsará las medidas propuestas por el programa, es decir, no se trata de descartar la movilización de masas, sino al contrario apoyarse en ellas para dar mayor fuerza y vigor a los cambios fundamentales. En definitiva, gobierno de la UP y movimiento de masas tienen que significar lo mismo, de otro modo se transformarla en gobierno contra el pueblo, se pasarla al lado de la burguesía y ya no ayudarla a la construcción socialista.

Pero aquí es importante discriminar en términos de las movilizaciones de masa, es decir, ver cada movilización en concreto y señalar con claridad el interés de clase que está defendiendo tal o cual movilización. Los reaccionarios también levantarán reivindicaciones populares pero con el interés de crear situaciones conflictivas al gobierno de la UP, apoyándose en sectores de la pequeña burguesía, lumpen e incluso en sectores obreros.

Es la clase obrera la vanguardia de la lucha por el socialismo, su constante movilización es la fuerza que podrá sobrepasar todas las trabas legales de la institucionalidad burguesa que hoy subsisten en Chile. No podemos esperar larguísimas sesiones del Senado o de los Tribunales para entregar sitios, realizar control obrero en las fábricas, etc. La solución es la acción directa y rápida de obreros, campesinos y pobladores. El hambre, el frío, la miseria, no pueden esperar más. La burguesía y sus aliados deben ser derrotados sin contemplaciones.

Todas estas formas de lucha, formas de conducción y acción obrera y campesina deben estar en las perspectivas a corto plazo de los revolucionarios. Es lo único que garantiza el cumplimiento del programa y su carácter irreversible. Creemos que la UP misma y sus partidos tendrán que adoptar esta política, pues es la burguesía la que pondrá miles de trabas para iniciar los cambios.

Esta práctica fundamental y exclusivamente antimperialista y anticapitalista, creemos, nos acercará a los sectores revolucionarios de la UP; sin embargo, también tenemos claro que aquellos que no pretendan la transformación revolucionaria del sistema capitalista serán nuestros más violentos y exacerbados críticos. En todo caso, es y será nuestra práctica la que nos avalará como revolucionarios, los postulados socialistas los que avalan nuestra independencia política y es nuestra trayectoria política la que nos hace exigir y conceder una amplia discusión con todas las organizaciones y partidos políticos, en el seno de las masas.

Nosotros no pedimos ni mendigamos un lugar en la lucha por el socialismo, nosotros estamos en esta lucha y ya nos hemos ganado un lugar. Nosotros no pedimos respeto, como lo hace la burguesía a través de esa lucha de sus "garantías constitucionales", nosotros somos respetados por los trabajadores por nuestra consecuencia e identificación con las luchas obreras.

Creemos que ha llegado el momento de romper con los sectarismos y las definiciones clisés de las organizaciones. Estamos por la discusión clara y con seriedad en las masas. Son éstas quienes, en último término, dirán cuáles son las políticas correctas.

POLÍTICA CUP

Ya decíamos que hay que trabajar en los frentes, que hay que movilizar a las masas, que daremos una lucha ideológica. Es necesario aclarar dónde y cómo. Para nosotros, otro de los aspectos positivos creados por la campaña electoral son los CUP. Es precisamente esta modalidad orgánica la que permite la organización de grandes sectores de la población y creemos que aquí se debe centrar con mayor fuerza nuestra actividad, para impulsar la democratización y participación real del pueblo en la lucha por el socialismo, como lo dice el mismo programa de la UP.

Pese a todo, si no son los partidos integrantes de la UP los que fortalezcan esta política, seremos los revolucionarios quienes cooperaremos en la realización del programa, especialmente en este aspecto.

¿Por qué los CUP? No es claro para muchos el porqué los CUP y no otros organismos para la participación masiva en el proceso social presente. Sin embargo, la experiencia y el desarrollo de los CUP muestra que son potencialmente formas correctas y positivas para que las posiciones políticas partidistas se confronten en el interior de las masas, a través de caminos concretos que planteen las organizaciones. Sólo el miedo a la exposición y a la lucha ideológica, hace remitirse a trabajos exclusivamente partidarios o a organismos paralelos que no conducen al objetivo fundamental: dar una expresión orgánica a los intereses políticos de los más amplios sectores populares en sus lugares de trabajo y vivienda, debilitando el poder del aparato burocrático militar del Estado burgués, asumiendo las funciones de éste, CREANDO EN LA BASE LA UNIDAD DE LA CLASE TRABAJADORA, CLARIFICANDO SUS INTERESES INMEDIATOS Y FUTUROS.

Lo fundamental del trabajo en los CUP está ya señalado en PF Nº 117, pág. 28. Sin embargo, recalcaremos los aspectos más fundamentales:

a) Debe darse mayor fuerza a los CUP de obreros y campesinos, pues son éstos la vanguardia de la revolución chilena y por lo tanto de su organización y capacidad de lucha depende en definitiva el triunfo de ella. Los pobladores y estudiantes son aliados importantes por lo que también cobran importancia en nuestro trabajo.

b) Los CUP son organismos políticos, por lo tanto agrupan comisiones y funciones específicas en su seno que sobrepasan los marcos del sindicato o las juntas de vecinos, es decir, en una fábrica el sindicato, como actualmente funciona, cumple las funciones gremiales como una comisión más dentro del CUP, pero además en el CUP hay comisión de educación política, de recreación, de educación técnica, etc. No significa en ningún caso acabar con la CUT, ni formar organizaciones paralelas. La labor de los CUP, con respecto al sindicato, es orientarlo y tratar de influir sobre él como lo hacen las organizaciones políticas separadamente. En este caso, en este momento, CUP y sindicato se confunden, pero las tareas, las formas de trabajo, el grado de conciencia política, los hace diametralmente distintos a los sindicatos actuales con sus características burocráticas, pasivas y exclusivamente economicistas. Por lo tanto, los CUP de vanguardia del proletariado (los CUP obreros) deben transformar a esta clase en vanguardia de la revolución chilena.

c) En cada frente, el papel de los CUP debe ser similar al ya señalado, de tal modo que exista un embrión de poder dual con respecto a la superestructura burguesa, hasta liquidarla definitivamente. El control de la sociedad y sus instituciones pasa a poder de los trabajadores. La construcción de una DEMOCRACIA POPULAR pasa por la expresión democrática del pueblo y sus organismos. Los CUP llenan ese papel, en la medida que se transformen en poder local y puedan elegir a sus representantes locales, regionales y nacionales. Esta concepción de los CUP hace temblar a los reaccionarios, pues es el germen de la organización revolucionaria de las masas y la herramienta fundamental para la destrucción del sistema capitalista. Véase a Chamúdez (PEC Nº 37, pág. 3), cómo compara los CUP con los "escuadrones de acción" comunistas que en Checoslovaquia lograron derrocar el sistema burgués en 1948. Chamúdez ha dado en el clavo. Nosotros también queremos derrocar el sistema capitalista en Chile y usaremos los CUP como una de las formas de organización política principal de este período. Al afirmar esto no negamos nuestro trabajo en otras formas de organización popular, adecuando nuestra participación a las características de cada frente concreto, pero reafirmando a cada instante nuestra política revolucionaria en los CUP. Cuanto menos les guste, cuanto más nos critiquen los agentes del imperialismo y la burguesía, cuánto mejor. Quiere decir que vamos por un excelente camino.

d) Los CUP deben ser organismos democráticos cuyo único compromiso de ingreso debe ser la aceptación del programa de la UP, independientemente del partido u organización a que pertenezcan. Las diferencias estratégicas irán decantándose en la práctica misma de los CUP.

La elección democrática de los dirigentes es otra condición imprescindible para el fortalecimiento de los CUP. No estamos contra los partidos, sino creemos que éstos deben presentar sus líneas políticas a las masas y que ellas las determinen sus representantes. De este modo abrimos paso a independientes y sectores que, por diversos motivos, no se sienten interpretados por los partidos u organizaciones. La discusión política se enriquece; hasta el más modesto tomará conciencia de su poder de decisión.

OTRAS TAREAS

Con esta política central, la implementación se hace necesaria en los siguientes términos:

1) LA PROPAGANDA REVOLUCIONARIA. Todos los revolucionarios deben buscar y crear las más diversas formas de educación política, de tal modo que la conciencia de las masas progrese cualitativamente. Mimeógrafos, hojas, películas, etc., son nuestras herramientas inmediatas. La existencia de una prensa revolucionaria es imprescindible. Las masas han llegado a exigir esta educación política, buscan caminos nuevos. Nosotros la entregaremos de acuerdo a nuestras posibilidades. Sin embargo, estas tareas deben ser encaradas con mucha seriedad y responsabilidad por todos los revolucionarios. Es lo único que nos permite suponer que las masas se opondrán a los intentos sediciosos de la burguesía. La conciencia para dar un voto debemos transformarla en conciencia para cualquier tipo de enfrentamiento con la burguesía y el imperialismo.

2) LAS TAREAS DE INFRAESTRUCTURA. La consolidación del gobierno no es la consolidación del Poder. La burguesía aún no ha sido tocada y cuando sus intereses se hieran profundamente no entregará pacíficamente el poder y sus privilegios. Las masas y sus organizaciones representativas deberán buscar seriamente la forma de enfrentar estas eventualidades. Los obreros armados son garantía de poder obrero. Las armas, el aprendizaje técnico militar, las formas clandestinas, etc., siguen vigentes. La burguesía y el imperialismo no nos pillarán de sorpresa. Obreros, campesinos y pobladores empiezan a comprender que la preparación militar y todo lo que ella implica no está de más, sino que es necesaria para defender al gobierno popular y su programa, es decir, los intereses de ellos mismos. UN PUEBLO ARMADO Y CON CONCIENCIA NO PUEDE SER DERROTADO; hace retroceder hasta a los más recalcitrantes reaccionarios y fascistas del mundo. Vietnam es un ejemplo que enseña.

3) LAS TAREAS DE VIGILANCIA. Los intentos sediciosos de la burguesía no terminaron con el asesinato del general Schneider. La burguesía golpeará una y otra vez en forma violenta para derribar el gobierno popular.

Para detenerla no bastan los elementos con que cuenta el gobierno o los aparatos de los partidos, es tarea de cada uno, en su sector o centro de trabajo, detectar y observar los movimientos sediciosos de la derecha y descubrirlos. En las tareas de vigilancia a los CUP les cabe un importante papel, deben ser, conjuntamente con sus otras tareas, órganos de vigilancia que detecten intentos de sedición y los contrarresten. Las tareas de vigilancia son las tareas de todo el pueblo.

MOVIMIENTO REVOLUCIONARIO
"MANUEL RODRÍGUEZ" MR-2


Notas:

1. A pesar de existir sectores obreros y campesinos en la DC que están decididamente a favor de la aplicación del programa, en la práctica el PDC está convertido en la alternativa de la Derecha para obstaculizar la acción del actual gobierno.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02