La CIA en Chile

PUNTO FINAL
Año V. Nº 114
Martes 29 de septiembre de 1970

Editorial

LA CIA EN CHILE

A estas alturas cabe poca duda de que la Agencia Central de inteligencia (CIA) está operando en Chile. Los rasgos de la actual situación política, derivada del triunfo electoral de la Unidad Popular, y que analizamos en otras páginas, así lo indican.

La CIA, llamada con exactitud el "gobierno invisible" de Estados Unidos por quienes han estudiado de cerca sus andanzas, teje un cerco en torno a Chile. Sus agentes internos, moviéndose en el campo financiero, político y publicitario, buscan crear el clima propicio para abortar una experiencia que, por las condiciones peculiares del momento, resulta vulnerable.

Desde el exterior, a través de oportunos editoriales periodísticos, plagados de sugerencias, o de interesadas declaraciones de personeros que no siempre muestran la cara, la CIA trata de completar el cerco que, al estrecharse, puede derivar en una maniobra política o en un acto de fuerza. Esto último, seguramente, dependerá de las posibilidades de éxito que ofrezca a la CIA la primera alternativa.

En ese sentido, quienes hoy intentan aprisionar al Presidente Electo en la malla de presuntas "garantías democráticas", que en el fondo no son sino fantasmagorías que ocultan otros propósitos, están objetivamente haciéndole el juego al imperialismo norteamericano.

La CIA pretende anular un programa de gobierno que plantea iniciar la construcción del socialismo en Chile. Si el muñequeo político no le resulta, apelará a los métodos que usó antes en Irán, Guatemala, Brasil, Cuba, República Dominicana, y en tantos otros casos bien conocidos.

Los trabajadores chilenos tienen que enfrentar ese de safio. Hay que consolidar la victoria electoral —que por ahora no es sino eso— con medidas de organización y toma de conciencia revolucionaria que permitan derrotar las maniobras de la CIA. Los trabajadores chilenos son capaces de derrotar a la CIA en cualquier terreno en que se plantee el enfrentamiento. Pero para eso deben desarrollarse potentes las fuerzas organizadas del pueblo. El poder —en una palabra— debe ser conquistado si se desea garantizar en Chile el tránsito pacífico al socialismo.

PF


Análisis

FREI DIRIGE CONSPIRACIÓN CONTRA EL PUEBLO

DIECINUEVE días después del triunfo electoral de Salvador Allende, el presidente Eduardo Frei lanzó una nueva ofensiva para impedir su ascenso a La Moneda. El mismo día en que los representantes del Partido Demócrata Cristiano se entrevistaban con el Presidente Electo, y casi a la misma hora en que se realizaba una sediciosa reunión de los fascistas en un campo deportivo, el ministro de Hacienda de Frei, el diminuto Andrés Zaldívar Larraín, leyó por cadena nacional de emisoras y televisión un mensaje de veintiuna páginas, dedicado a señalar que como consecuencia de la elección presidencial de un socialista se ha desatado una crisis económica en Chile.

Con antecedentes mañosamente manejados, el pequeño ministro de Hacienda, cumpliendo "con el encargo que me ha encomendado el Presidente de la República", impactó a Chile con un mensaje destinado a reimplantar el pánico creado por la minoría oligárquica con apoyo de agencias del imperialismo norteamericano.

Con la desaprensión que caracteriza a todos sus actos, el ministro de Hacienda Andrés Zaldívar Larraín, entroncado a familias de la más representativa oligarquía criolla, dijo que "la situación económica, tanto desde el punto de vista de la producción como financiero, era normal y favorable hasta el 4 de septiembre pasado". Las palabras de Zaldívar dejaron en claro la intención política de la maniobra preparada por Frei y el grupo oligárquico al cual presta servicios y está ligado. Se trataba de desorientar a la opinión haciéndola creer que la delicada situación económica es consecuencia de la decisión de la mayoría que eligió, por la vía de las urnas, al Dr. Salvador Allende como Presidente de la República.

Las maniobras de Frei para proteger los intereses económicos que representa, en los últimos meses le llevaron a permitir que se consumara el pronunciamiento militar de octubre de 1969, con lo que obligó a los ultraderechistas a anticipar la aparición en la escena electoral del conservador Jorge Alessandri, a perjudicar a lo largo de su campaña electoral a su correligionario, Radomiro Tomic, y a crear toda suerte de situaciones difíciles a los partidarios de Allende y a las organizaciones que lo postularon a la Presidencia de la República.

En octubre de 1969 estalló un pronunciamiento profesional de un grupo de miembros del ejército, el que contó con el apoyo indirecto de personeros de otras ramas de las Fuerzas Armadas. El acontecimiento pudo evitarlo el gobierno de Frei, el que se ha caracterizado por hacer intervenir a los sectores castrenses en la vida política del país, en la mayoría de los casos contra la voluntad de sus componentes. El Primer Mandatario no evitó el estallido del conflicto y puede decirse que sus ministros del Interior y de Defensa lo precipitaron con su estudiada indolencia. Exasperados por el vejatorio trato económico los sectores castrenses hicieron un pronunciamiento público, del cual hizo cabeza un general de brigada, Roberto Viaux, quien, con posterioridad, llevado por ambiciones personales de todo orden, se ha prestado para el juego de agentes sediciosos criollos y extranjeros.

En 1964 la oligarquía, la burguesía chilena y el imperialismo norteamericano, junto a los neocapitalistas alemanes, belgas, franceses y de otros países eligieron como su representante al senador demócrata cristiano Eduardo Frei, al que invistieron de la calidad de candidato único a la Presidencia de la República de Chile, para lo cual debieron someter a una humillante situación al senador radical Julio Durán, quien de abanderado del fuerte bloque de ultra-derecha (Partidos Radical, Liberal y Conservador) pasó a la categoría de postulante sin destino presidencial, condenado de antemano a ocupar un tercer lugar en la elección.

Frei quiso, desde la Presidencia de la República, dar idéntico destino a su correligionario, Radomiro Tomic, para proteger el triunfo del septuagenario Jorge Alessandri y preparar así su retorno al poder "en una fecha no muy lejana". Esta situación fue de hecho revelada por el desinhibido senador Durán, quien en un carísimo aviso insertado en la mayoría de los diarios del país le dijo a Tomic que su papel en la elección presidencial era el mismo que se le asignó a él en 1964. Pocas veces se ha visto un hecho más grotesco en 'la desprestigiada política de la social democracia chilena.

Tomic quiso jugar su propio rol y afirmado en el aparato del partido Demócrata Cristiano mantuvo una intensa campaña presidencial, la que si bien contó con oxígeno económico del gobierno y sus alrededores, hubo momentos en que se mostró agotada por las restricciones financieras que imponía el presidente Frei.

Frei es el auténtico director del conjunto de intereses económicos de la aterrada oligarquía, de la desorientada burguesía y de los bienes extranjeros invertidos en Chile. Ha demostrado ser un consecuente defensor del viejo orden, para lo cual ha tenido que incluso disputarse con vastos sectores de la Iglesia Católica, que le tuvieron como su niño mimado durante años, pero que en la actualidad, por efecto de la forzada o auténtica evolución del cristianismo, han terminado por separarse del reaccionario político.

Desde su atalaya de La Moneda, rodeado de un grupo que no desea que se recuerde en qué condiciones llegó al poder en 1964, Frei maniobró sobre el derrotado candidato Jorge Alessandri, para obtener de él una declaración politiquera que le dejaría, según el actual Presidente, a las puertas de un retorno rápido al poder. En la declaración, Alessandri señala que renunciará a la Presidencia si es elegido por el Congreso Pleno, para provocar una nueva elección, en la cual Frei se cree el predestinado.

La administración de Alessandri fue moralmente objetada por Frei y el partido Demócrata Cristiano a tal punto que se considera que uno de los factores que les permitió a ambos llegar a La Moneda fue la carta de presentación "honesta" de los freístas.

Furioso por la derrota, presionado por la minoría oligárquica y burguesa, Alessandri olvidó los agravios lanzados sobre él por Frei y los demócrata cristianos y terminó por facilitarles el medio para que ellos pudieran chantajear al Presidente Electo y al movimiento que le llevó al triunfo.

Los demócratacristianos se presentaron en la casa del Dr. Salvador Allende con un menú de condiciones, que fue debidamente adobado para el exterior como la póliza de "garantías libertarias" para todos los chilenos.

Sobre los marxistas que, como herederos del pensamiento de Carlos Marx y de la praxis leninista, tienen derecho a proclamarse humanistas, se descargó la voracidad demócratacristiana, transformada en una manifestación de "democratismo".

Después de haber sido repudiados por la mayoría de la ciudadanía electora que los relegó al tercer lugar en la elección presidencial, los demócratacristianos se invistieron de la calidad de vestales y de defensores de los derechos humanos. Bajo el falso ropaje escondieron los puñales, los de la auténtica conspiración, con la que se ha operado de modo incansable desde La Moneda.

Eduardo Frei anunció el 21 de mayo, con su voz engolada que bruñe con un tono enfático que le muestra como un hombre resuelto y recto, que gobernaría "hasta el último día" (3 de noviembre de 1970). Hizo anunciar a su ministro de Hacienda que su responsabilidad económica había terminado el 3 de septiembre. La frase precisa para acuñar la conspiración, que no ha estallado con violencia por la actitud reflexiva de los sectores castrenses y por el temor ante la reacción airada de las masas, que hasta ahora han seguido con forzada impaciencia el traqueteo de los gestores que buscan una póliza de garantía para las fortunas mal avenidas y un cepo con el cual se pueda inmovilizar a un gobierno que tiene el deber histórico de ser revolucionario.

El primer sorprendido con el resultado electoral fue Eduardo Frei. La máquina que había montado falló. Había previsto que el allendismo, situado en un segundo lugar, saldría a las calles para protestar por el resultado, según La Moneda, favorable para Alessandri: a esa altura él pediría el apoyo de las fuerzas de orden para evitar un enfrentamiento entre civiles. El triunfo de Allende liquidó el cuadro previsto y en su reemplazo surgió la imagen de una oligarquía y burguesía golpeadas y en estado de K.O. El propio vocero de los reaccionarios, "El Mercurio", se encargó de decir en un comentario político que se estaba bajo los efectos de un fuerte impacto.

En el aristocrático barrio alto de Santiago, el pánico alentado sobre menopáusicas, neuróticos e histéricos, sirvió de base para un primer asomo sedicioso. El domingo 6 los adolescentes de las familias económicas privilegiadas, salieron en los autos "de su apá" a promover escándalos callejeros. El gobierno de Frei se mostró vacilante pero al final tuvo que reaccionar ante la protesta de los vencedores. Hubo "retiros de licencias para conducir vehículos" y algunas bombas lacrimógenas sobre los encolerizados muchachos, que eran usados por sus padres para tomar el pulso al movimiento triunfante.

El martes 8 de septiembre partió la conspiración organizada. Retiro de fondos en los bancos comerciales, por parte de algunos hombres da negocios caracterizados, con amplia difusión de los medios de comunicación controlados por empresarios monopolistas como Jorge Yarur, quien instaló en su oficina del Banco de Crédito e Inversiones una sucursal para conspirar en la cual funciona el senador Durán.

Empresas distribuidoras como CODINA, sobre la cual ha tenido influencia Jorge Alessandri, cambiaron sorpresivamente las reglas del juego financiero, causando una caída en las ventas. Fueron acortados los plazos para los créditos a proveedores y consumidores, y no obstante que el Banco Central apareció lanzando una cantidad mayor de circulante, éste se vio pronto afectado por una aguda contracción. Se dijo que los ricos "estaban atesorando" ante la pasividad del ministro de Hacienda.

El Presidente Electo, consciente que Frei tiene en sus manos el poder, buscó y obtuvo un contacto directo con él. Formado en el régimen parlamentario, Salvador Allende confió en las palabras de Frei, pero pronto pudo advertirse que ellas tenían doble fondo. Las maniobras para presionar al movimiento triunfante son dirigidas desde el palacio presidencial. Desde él salían las frases que alimentaban la conspiración en marcha. El periodista Raúl González Alfaro, que es subvencionado por el partido Demócrata Cristiano, que ha trabajado en la actual administración como el vocero principal del régimen, desde la Radio Sociedad Nacional de Minería, controlada por Anaconda, empresa norteamericana que explota el cobre de Chile, repite las intrigas palaciegas. El propio presidente del PDC, senador Benjamín Prado, puesto en situación ridícula por González, protestó ante periodistas de su colectividad por la falta de lealtad. A Prado, González le comparó con el Presidente de Checoslovaquia, Eduardo Benes.

La conspiración económica que la Sociedad de Fomento Fabril con hipocresía llamó una "crisis de demanda", consciente que eso es falso, empezó a perder fuerza en la tercera semana de septiembre, lo que inquieto a Frei. El necesita que el movimiento sísmico no se detenga, porque así puede sacar ventajas sobre el movimiento triunfante en septiembre, si es que no consigue impedir su ascenso al poder.

La oligarquía y la burguesía chilena, con el encargo del imperialismo norteamericano, el que a través del diario "The New York Times" aconsejó una intervención militar en Chile, piensan que en último caso, si las maniobras fallan se podrá contar con una quinta columna integrada por socialdemócratas que anhelan frustrar desde el poder el ímpetu revolucionario que puede desarrollar el gobierno del Dr. Salvador Allende. La conspiración contra el pueblo está sólo en sus comienzos.

OBSERVADOR


Tribuna

PERMISO, ¿PUEDO OPINAR?

POR primera vez en la historia de Chile —y del mundo— un representante de la clase trabajadora llegará al gobierno mediante elecciones libres, con voto universal y secreto. Salvador Allende lo hizo en Chile junto a una coalición de partidos y movimientos de izquierda.

Este hecho precipitó una nueva situación política. Los chilenos que militan en ideas socialistas y revolucionarias deben practicar una profunda autocrítica y evaluar las nuevas condiciones para el enfrentamiento de los sectores populares revolucionarios con la burguesía y el imperialismo norteamericano.

Quienes profesamos la tesis de acción directa como único camino para la conquista del poder, somos auténticos en esas convicciones. La opinión pública conoció la decisión de un puñado de revolucionarios para jugarse la vida en la búsqueda de una alternativa. No se consiguió levantarla y ahora es tiempo de explicar muchos errores de análisis y apreciación.

EL ENEMIGO AGAZAPADO

Pido permiso para opinar. Lo hago con sencillez revolucionaria. En estos momentos las palabras tienden a convertirse en un arma poderosa que puede resultar demoledora. Los enemigos de los trabajadores esperan cualquier herramienta, cualquier medio, para usarlo impúdicamente contra la mayoría del pueblo. No es tiempo, pues, para fraseología ni para denuestos que dividan las filas de la izquierda; es tiempo de claridad y solidaridad; de trabajo y vigilancia.

La alegría natural del triunfo, tantos años esperado, no puede hacernos olvidar que un enemigo asecha. Que aunque no se vislumbra una acción a corto plazo, la CIA y los burgueses prominentes maniobran y tejen delgado para privar nuevamente de sus derechos al pueblo.

Ello no implica —como desearían algunos— que caigamos en el silencio. Esta actitud confunde y desconcierta aún más. Es necesario el diálogo y la franca exposición de ideas. Pero se necesita hacerlo con responsabilidad, aprendiendo de la gran moral socialista.

LA UNIDAD POPULAR

No hay duda que el triunfo pertenece a la Unidad Popular, a una tesis de acción política, al movimiento de masas organizado por los partidos de izquierda. EN NINGÚN CASO A NOSOTROS. Nosotros habíamos elegido otro camino y tácticamente cometimos errores.

Pero el triunfo también es nuestro.

Es nuestro porque si el triunfo de la Unidad Popular busca construir una nueva Patria mediante el socialismo, no podemos dejar de alegrarnos. Pese a la intransigencia que hemos demostrado respecto a nuestras convicciones básicas, se admitirá que nuestra meta es el socialismo y NO NOS INTERESA QUIEN O QUIENES SEAN LA VANGUARDIA QUE DIRIJA HACIA ESE SUPERIOR OBJETIVO.

Nos interesa, en cambio, no permanecer al margen de esa tarea ni renunciar al compromiso con nuestro pueblo. Hacia el socialismo caminamos todos y no podemos rehuir caminar juntos.

Hay discrepancias. Hubieron ataques y actitudes que abrieron brechas dolorosas entre quienes decían luchar por los mismos intereses. No se trata de decir que todo está superado. Por el contrario, aún subsisten adversidades que a veces parecen posiciones enfermizas de "anti", en ambos sentidos.

Interesa dialogar. Responder sin consignas ni exabruptos. Responder con seriedad y argumentos convincentes, que en última instancia son los únicos que ganarán prestigio y solidez ante el pueblo. Vale decir: Se necesita una nueva actitud, firme pero serena. Una actitud verdaderamente revolucionaria.

Un reciente informe del diputado Orlando Millas al pleno del CC del Partido Comunista, señaló: "El triunfo de la Unidad Popular se obtuvo por sobre la incredulidad que infundían los denominados ultraizquierdistas. Ha pasado la elección. Suponemos que en esos círculos estarán reconsiderando sus posiciones y es de esperar que hayan quienes saquen conclusiones con honestidad revolucionaria".

Es cierto. Nuestra incredulidad tenía y aún tiene razones. Ello no nos impidió apreciar la importancia del evento electoral y lo que representaba para los trabajadores. Por el contrario, la actitud de los grupos revolucionarios fue limpia y consecuente. No hubo ninguna de las anunciadas "provocaciones" y el día de la elección esos grupos y los sectores de masas que representan dieron prueba de gran madurez y disciplina revolucionaria.

En cambio se cometieron errores de ingenuidad, declaraciones desproporcionadas que fueron utilizadas por la Derecha. Pero ese no era el ánimo general, una prueba: "El Mercurio" consiguió entrevistas, los días previos a la elección, con militantes presos. El gobierno las autorizó pero los revolucionarios presos no aceptaron ser utilizados contra la Unidad Popular y así se lo manifestaron textualmente al diario reaccionario.

¿CUÁL CHAQUETA?

Todo esto no implica como un periodista de "El Siglo" señalaba "darse vuelta la chaqueta". ¿Cuál chaqueta? ¿La del socialismo por la del capitalismo? Porque en verdad nosotros vestimos la chaqueta del socialismo, si se prefiere esa imagen, y darla vuelta significaría usar la del capitalismo.

Esas son en propiedad nuestras básicas concepciones estratégicas y éstas no han sido derrotadas.

Es cierto que no supimos calibrar la importancia del movimiento de masas y no se descubrió con certeza cual era el camino que seguían esas masas. Sólo sabíamos que buscaban el socialismo y para ello se deseaba ofrecer una alternativa un camino QUE NO ESTÁ NEGADO EN NINGÚN ESQUEMA TEÓRICO REVOLUCIONARIO de los últimos 60 años.

Desgraciadamente el tono y fondo del artículo de "El Siglo" es despectivo. No busca el diálogo ni la discusión ideológica. Se habla de "infiltración", "divisionismo", "cuerda floja", etc., para referirse a los grupos revolucionarios. No ha cambiado mucho salvo cuando señala con visible paternalismo que "el reconocer la victoria como un gran triunfo revolucionario, y alegrarse profundamente por ello... no exige públicos golpes de pecho ni actos de contrición".

LENGUAJE DE REVOLUCIONARIOS

No entiendo ese lenguaje. Siempre que pienso en la revolución y los hombres que la impulsan, creo que tras cada uno de ellos hay una intención honesta y sincera. Puedo discrepar de lo que algunos piensan, pero no dudo de su buena fe. Espero demostrarles la verdad para contar con su colaboración. Después de todo, ellos dicen querer lo mismo y la discusión es sólo búsqueda de caminos mejores.

Sobre todo siento un gran respeto por los que discrepan. Respeto que es también hacia mí mismo. Si sus argumentos convencen y se prueban eficientes, la discrepancia está superada. Pero el proceso dialéctico es permanente y alterar su valor con frases hirientes y agresivas, destruirá posibilidades de éxito en el futuro.

La sola idea de los "golpes de pecho" me parece un anhelo de satisfacciones personales de carácter negativo en el concepto del hombre nuevo, socialista, íntegro, capacitado para la autocrítica.

Ahora, la otra posibilidad que plantea ese artículo ("mantener sus antiguas posiciones") me parece inconsistente. Es claro —como creo que sucede en todos los grupos revolucionarios— que las tareas han cambiado. La ilegalidad no se justificará, cobrará importancia en cambio el trabajo de educación política y orgánica entre las masas. La acción directa no tiene papel que cumplir en este momento, salvo servir de provocación útil para la derecha derrotada y golpista.

por otro lado, la batuta la lleva y debe llevarla la unidad Popular. Ellos triunfaron y tienen la responsabilidad de conducir el proceso político, sin presiones ni imposiciones de otros sectores políticos revolucionarios. Tampoco se pueden entregar recetas de acción. Lo único que nos corresponde es ponernos al servicio del proceso que se comienza a vivir, sin perder de vista los puntos fundamentales de una (estrategia para el socialismo, ni descuidar la necesidad de discusión interna y el imperativo de cohesión en los diversos grupos.

No serán los grupos que no participaron en la elaboración ni están interiorizados del juego político tradicional, quienes solucionen en mejor forma los problemas que enfrenta la Unidad Popular. Tampoco serán esos grupos los fiscalizadores de cada actitud que se adopte; será el pueblo, los trabajadores, quienes vigilen su triunfo y consoliden las tareas.

Ello no significa que esos grupos no tengan un papel que jugar, ni que la izquierda revolucionaria no tenga un peso en la opinión pública, ni una responsabilidad ante el país y los obreros, campesinos y estudiantes. La tiene y quienes lo nieguen estarán facilitando la escalada de la reacción y el imperialismo, que esperan una izquierda dividida y una coyuntura favorable para actuar.

La tarea es apoyar el programa de los trabajadores. Seguir luchando por la construcción del socialismo y por la independencia del país frente al imperialismo norteamericano. Colaborar con la "lealtad revolucionaria" que solicitaba y esperaba Salvador Allende en su campaña.

Es cierto que el programa de la UP no era el nuestro. Pero en gran parte sí lo era. El resto —lo menos— puede esperar. Será motivo de revisión crítica de nuestros planteamientos. Quienes vean en esta actitud una especie de "oportunismo" no tienen mucho más que decir sobre nada.

Si oportunismo es estar dispuesto a dar la vida por los objetivos sociales y económicos del pueblo, sin pedir ni esperar nada personal, salvo contribuir a la construcción de una sociedad justa y mejor, una sociedad socialista... no sé qué es el oportunismo y no tengo nada más que opinar.

Por ahora debe ser preocupación diaria de los militantes revolucionarios trabajar, educarse, luchar en los puestos de combate que tiene el pueblo contra sus opresores y explotadores. Enfrentar con respeto las posiciones nuevas, la existencia de un programa que apoyan los trabajadores, de un Presidente Electo que lo representa y a quien su campaña le mostró como un consecuente e intachable defensor de los intereses del pueblo, con una visión amplia y joven respecto a los grupos revolucionarios que conllevó un permanente respeto por nuestras posiciones.

En la misma forma se debe responder a esta actitud. Por ello, la izquierda revolucionaria debe jugarse entera en la defensa del triunfo y del programa de los trabajadores. Es por eso que no se deben descuidar los pasos y actitudes que asuma la izquierda revolucionaria.

El destino y papel de este sector político revolucionario estará definido por los pasos que dé, por la responsabilidad que demuestre, por la renuncia a los dogmas, por la reactualización de algunos esquemas utilizados, por la capacidad de comprender este nuevo y desafiante momento que vive Chile.

JORGE SILVA LUVECCE
Penitenciaría - Santiago


Unidad Popular

LIBERTAD ¿PARA QUIÉN?

He aquí algunos modelos de volantes que los Comités de Unidad Popular pueden lanzar en sus respectivos barrios, centros de trabajo, etc., a fin de combatir las mentiras de la reacción derechista.

LA Derecha está asustada con el gobierno de Allende, con la toma del poder por la Unidad Popular. La Derecha teme por sus industrias, por sus latifundios, por sus privilegios. La Derecha teme no poder seguir ejerciendo el poder. La Derecha teme por su dinero, porque no podrá continuar enriqueciéndose.

La Derecha habla entonces de libertad, la Derecha dice: el gobierno de Allende va a suprimir la libertad.

Entonces es cuando hay que preguntarse:
¿De qué libertad se trata?
¿Libertad para quién?

1) Son libres los que pueden satisfacer sus necesidades económicas.

En Chile sólo un grupo minoritario tiene asegurada la satisfacción de sus necesidades de alimentación, vestuario, habitación, educación, vivienda, diversiones, etc. Por el contrario, la clase trabajadora y la inmensa mayoría de los chilenos vive amenazada por la angustia de tener que mantenerse con recursos que no alcanzan ni para satisfacer sus necesidades más inmediatas.

Por lo tanto, en Chile sólo un grupo minoritario goza de libertad.

2) Son libres los que entienden y conocen la situación en que viven.

En Chile, la posibilidad de tener una educación completa sólo ha sido efectiva para unos pocos. Sólo unos pocos están informados de todo. Sólo unos pocos controlan la información que la inmensa mayoría recibe y está obligada a aceptar.

En Chile, la inmensa mayoría no puede ni siquiera pensar en llegar a la Universidad o elegir libremente su destino en materia de educación. No puede ni siquiera elegir el colegio en que desearía educar a sus hijos. No puede determinar ni lo que lee, ni lo que aprende, ni lo que escucha.

3) Son libres los que pueden participar en las decisiones que afectan su propia vida (forma de trabajo, educación, planeamiento de las poblaciones donde viven, lugares de recreación, movilización, etc.). Esta participación activa supone el control sobre los medios de producción fundamentales del país. Esta participación supone, además, la existencia de organizaciones que permitan una verdadera participación de toda la gente.

En Chile el control de la producción ha estado en manos de una minoría.

En Chile, los trabajadores de la industria, del comercio y del campo, es decir, la inmensa mayoría de los chilenos, sólo trabaja en condiciones que ha decidido la minoría. La minoría controla, por lo tanto, el destino de la mayoría. La libertad de la mayoría de los chilenos ha quedado reducida a trabajar para enriquecer a la minoría, y con ello, dar libertad de decisión sólo a esta minoría.

La minoría ha usado este control para vivir bien en desmedro de los demás. Por lo tanto, en Chile la mayoría no tiene libertad ni organización para decidir acerca del destino del país, que es su propio destino.

Entendemos ahora qué libertad y la libertad de quién es la que puede estar en peligro.

ESTA NO ES LA LIBERTAD DEL PUEBLO, ES LA LIBERTAD DE UN GRUPO DE PRIVILEGIADOS.

El gobierno de la Unidad Popular se propone crear las condiciones económicas y educacionales que. permitan asegurar la libertad de todo el pueblo. La Derecha no puede aceptar estos cambios, ya que implican que ella desaparezca como grupo económico, que ella entregue su control sobre los medios económicos que posee para que éstos pasen a manos de todos, que abandone los privilegios de los que sólo ella goza para que todo el pueblo disfrute de ellos.

Por eso, para mantenerse en la situación de poder usará, como siempre, de todo lo que pueda echar mano.

Hemos visto cómo ha usado los medios de comunicación de los que ella dispone (diarios, radioemisoras, empresas de propaganda) para desarrollar la campaña del terror. Enseguida ha utilizado su control sobre los medios financieros (Bancos, Bolsa de Comercio) para producir un caos económico que ha perjudicado a los pequeños comerciantes, pequeños empresarios y población en general, pero de la que ella no ha dejado de sacar provecho (por ejemplo, compra de acciones a bajo precio por los grandes accionistas).

Ahora se intensifican sus intentos para producir un clima que propicie un golpe militar. Aquí es donde la Derecha se saca definitivamente la careta y ya no podemos creer en su llamado a la libertad.

La Derecha está dispuesta a someter la LIBERTAD DE TODOS A UN RÉGIMEN MILITAR Y HASTA A UNA POTENCIA EXTRANJERA, con tal de mantener sus privilegios que no son tocados nunca en estas situaciones.

¡CONTRA LA FALSA LIBERTAD DE LA DERECHA, LA VERDADERA LIBERTAD DE TODOS!


PROPIEDAD DE LOS MEDIOS DE PRODUCCIÓN Y PROPIEDAD DE LOS MEDIOS DE CONSUMO

Para atemorizar a la población y volverla contra la Unidad Popular, la Derecha ha echado a correr una serie de falsos rumores.

Se dice, por ejemplo, que el gobierno del compañero Allende le quitará a la gente su sitio, su casa, su refrigerador, su televisor, su auto, etc. Muchos trabajadores, pequeños comerciantes, pobladores, dueñas de casa, se han dejado influir por estos rumores y temen quedarse sin casa, sin sitio, sin refrigerador.

ESTE RUMOR ES ABSOLUTAMENTE FALSO.

Para combatirlo debemos tener muy claro que es necesario distinguir entre lo que se llama "medios de consumo" y lo que se llama "medios de producción".

Los medios de consumo son todos aquellos bienes que las personas necesitan para vivir, todos aquellos bienes que se utilizan en la vida cotidiana: alimentos, ropa, casa, radio, televisor, refrigerador, sitio, bicicleta, auto, etc.

Los medios de producción son todos aquellos bienes que son necesarios para producir los objetos que las personas necesitan consumir. Por ejemplo, una industria textil para producir los géneros necesita tener por un lado: la lana, el hilo, etc., y por el otro: los telares automáticos y un local donde estén estas máquinas, electricidad para iluminar y para el funcionamiento de las máquinas, etc. (medios de trabajo).

En el sistema capitalista estos distintos elementos están reunidos en las industrias, en los fundos, en las minas, y sus dueños son los patrones, los capitalistas, los terratenientes.

Ellos son, por lo tanto, dueños de los medios de producción, es decir, ellos tienen la propiedad privada de los medios de producción. Ellos son sus dueños y pueden usar y disponer de ellos a su antojo. Si los obreros piden salarios más altos pueden decidir cerrar la industria. Si quieren vender un producto a un precio más alto no lo llevan al mercado, sino que lo van acumulando en grandes stocks, para que frente a la escasez la gente pague cualquier precio, como pasó con las cebollas en Santiago hace algún tiempo.

Los capitalistas y los terratenientes, por ser dueños de los medios de producción y a pesar de que no trabajan —ya que son los trabajadores los que gastan su energía en las industrias, minas y fundos— son amos y señores de hacer lo que les plazca con sus fábricas y sus fundos.

Ahora bien, si los medios de producción son necesarios para producir los objetos que el pueblo necesita, lo lógico es que estos medios estén en manos del pueblo.

Nunca se ha planteado que deba suprimirse la propiedad de los medios de consumo en la sociedad socialista. Por el contrario, lo que busca esta sociedad es justamente que todo el pueblo pueda llegar algún día a tener su sitio, su casa, su radio, su televisor, su refrigerador, etc.

Esto no se consigue de un día para otro. Para lograrlo es necesario transformar toda la economía. Entre otras cosas, ésta debe dedicarse a producir los artículos que el pueblo realmente necesita y no artículos de lujo que sólo los ricos pueden comprar.

El primer paso para transformar nuestra economía capitalista en economía socialista es suprimir la propiedad privada de los medios de producción que están relacionados con las riquezas básicas del país, que están en manos de capitales extranjeros y de monopolios nacionales.

Por eso el Programa de la Unidad Popular propone formar un área de propiedad estatal dentro de la economía formada por las empresas que actualmente posee el Estado más los siguientes sectores:

"1) La gran minería del cobre, salitre, yodo, hierro y carbón mineral, (no la pequeña minería).

2) sistema financiero del país, en especial la banca privada y seguros.

3) comercio exterior.

4) Las grandes empresas y monopolios de distribución.

5) Los monopolios industriales estratégicos.

6) En general, aquellas actividades que condicionan el desarrollo económico y social del país, tales como la producción y distribución de energía eléctrica; el transporte ferroviario, aéreo y marítimo; las comunicaciones; la producción, refinación y distribución del petróleo y sus derivados, incluido el gas licuado; la siderurgia, el cemento, la petroquímica y la química pesada, la celulosa, el papel. Todas estas expropiaciones se harán siempre con pleno resguardo del interés del pequeño accionista".

Por lo tanto, el gobierno de los trabajadores dirigido por el compañero Allende, no se propone suprimir la propiedad privada de los medios de consumo y tampoco pretende suprimir la propiedad privada de todos los medios de producción del país. Sólo pretende transformar en propiedad estatal el pequeño pero importante sector de empresas que figura en el programa.

¡CONTRA LA MENTIRA MOMIA, VIVA LA VERDAD DEL PUEBLO!


Inversiones

LO QUE DEFIENDE LA CIA EN CHILE

ALREDEDOR de mil millones de dólares (963 millones hasta el año 1968) es la inversión directa de Estados Unidos en Chile. Esto explica claramente por qué Estados Unidos se opone, desde ahora, a un gobierno popular como el de Allende, que plantea iniciar la construcción del socialismo en nuestro país.

Los intereses norteamericanos —que explotan la riqueza minera, la industria manufacturera, una parte del sector bancario, los seguros, fletes y la tecnología—, no van a renunciar pacificamente al buen negocio que les significa Chile.

Para el año 1969, se ha calculado en 479 millones de dólares el egreso de divisas, desde Chile, por concepto de utilidades, intereses y amortizaciones de inversiones. Esta cifra no incluye los egresos por servicios tecnológicos, fletes y seguros, que la elevan considerablemente.

Las inversiones norteamericanas están respaldadas en todo el mundo por el Departamento de Estado, en lo diplomático, por la CIA en la acción "política", y por el Pentágono en lo militar.

Cuando las inversiones norteamericanas se ven amenazadas, entra a actuar el Departamento de Estado. Aplica presiones que incluyen la suspensión de los diversos tipos de "ayuda" que administra Washington, y echa a rodar la máquina de la publicidad internacional, adversa al gobierno que produce problemas. Si el Departamento de Estado fracasa, entran a tallar los agentes de la CIA que organizan desde golpes de estado —como el que derrocó a Mossadegh en Irán o a Goulart en Brasil— hasta invasiones, como la que derribó al gobierno popular y democrático de Arbenz en Guatemala. Si los recursos de la CIA —donde el asesinato político es de frecuente aplicación— también fracasan, le toca el turno al Pentágono. Entonces es el bloqueo naval y aéreo —como el que ha sufrido Cuba—, o la invasión directa como en los casos del Líbano o República Dominicana. Estas operaciones las reviste el Pentágono de un carácter falsamente multinacional, amparándose en las banderas de la ONU o de la OEA, según sea el caso.

Aunque Chile, comparativamente, no es uno de los países más importantes en materia de inversiones norteamericanas, no deja de ser —sin embargo— un apetitoso bocado para el imperialismo. No existe indicio alguno que EE.UU. vaya a renunciar, sin objeciones, a seguir devorando ese manjar que es nuestro país.

Es por eso que los trabajadores chilenos deben colocar al imperialismo en la mira de su lucha. Porque la burguesía interna no está sola. Cuenta con su socio norteamericano para jugarse a fondo contra el gobierno popular. Mediante su respaldo tejerá mil intrigas y maniobras, sin menospreciar ningún método, aun los más tenebrosos, provocando una confrontación en la que vencerá el pueblo chileno.

Los investigadores Orlando Caputo y Roberto Pizarro, del Centro de Estudios Socio-Económicos (CESO) de la Universidad de Chile, son los autores del estudio titulado "Dependencia e Inversión Extranjera en Chile" (1970). Este trabajo de Caputo y Pizarro fue tomado por PF para presentar a sus lectores un panorama de la inversión norteamericana que, creemos, servirá para orientarse respecto a los móviles que tiene el imperialismo para conspirar contra el futuro gobierno de la Unidad Popular.

Refiriéndose a la crisis del sector externo, Caputo y Pizarro señalan que "si tomamos los egresos de divisas por concepto de renta del capital extranjero (utilidades y dividendos de la inversión directa o intereses de préstamos) observaremos que crecen de 58 millones de dólares, en 1950, a 201 millones, en 1967 ... Por otra parte, los egresos de divisas por concepto de amortización y depreciación del capital extranjero, se han incrementado de 25 millones de dólares en 1950, a 272 millones en 1963, alcanzando su punto álgido en 1965 con 284 millones, bajando posteriormente en los años 1966 y 1967 a 258 millones y 188 millones como consecuencia de la renegociación de la deuda externa".

A esto hay que sumar los egresos por servicios tecnológicos que en 1968 alcanzaron a 16,5 millones de dólares.

Para el año 1969, se calculaban estos egresos en casi un 48 por ciento del total de los ingresos en cuenta corriente. O sea, la mitad de lo que recibe nuestro país en divisas se evapora por los conceptos arriba mencionados.

Al considerar el período 1950-67, Caputo y Pizarro señalan que por concepto de inversión directa ingresaron a Chile 450 millones de dólares, mientras egresaron, por concepto de depreciación, alrededor de 193 millones de dólares. A la vez se remesaron utilidades y dividendos de la inversión por 1.056 millones de dólares, o sea cuatro veces el ingreso neto.

Agregan los investigadores del CESO: "Por otra parte, respecto de los préstamos de mediano y largo plazo, en dicho período, Chile ha recibido 1.718 millones de dólares. Entre tanto, debió cancelar en amortizaciones un monto cercano a los 900 millones de dólares".

Esta situación, añaden, repercute en la deuda externa que el 31 de diciembre de 1969 ascendía a 2.819 millones de dólares. El monto de la deuda supera con creces los préstamos de mediano y largo plazo ingresados al país en todo el período 1950-67.

El estudio de Caputo y Pizarro señala que "el valor en libros de la inversión directa norteamericana en Chile se incrementa en el período de 530 millones de dólares, en 1950, a 879 millones en 1967".

Una parte apreciable de la inversión extranjera proviene del propio sistema financiero nacional. La CORFO ha contribuido, por ejemplo, a tonificar la inversión extranjera. En la industria de partes y equipos de automóviles, de 29 empresas creadas en los años 1968-69, 15 recibieron préstamos de CORFO. En 10 de las empresas de las que no se posee información, existe importante participación de capital extranjero. "De tal manera —dicen Caputo y Pizarro— que el financiamiento de las empresas extranjeras con fondos nacionales es un fenómeno generalizado en el país, a tal extremo que se ha tenido que legislar en los últimos años respecto de las remesas de capitales para que éstas no incluyan aquellas utilidades provenientes de los préstamos otorgados por CORFO".

El avance de la inversión extranjera en Chile es notable. Por ejemplo en el sector bancario, M. Wionczek ha señalado que: "a fines del año 1962, tres bancos extranjeros tenían 3,4% de las reservas de la banca privada, 13,2% de los depósitos a la vista y 5,2% de los depósitos a plazo. Para fines de 1967, como consecuencia de la aparición del Bank of America y de la adquisición de una parte minoritaria del Banco Osorno y La Unión por Deutsche Sudamericanesche Bank, los porcentajes aumentaron respectivamente a 15.7, 28 y 20.0".

A partir de 1966, en pleno gobierno democristiano, se inicia el desplazamiento de las inversiones norteamericanas desde la minería al sector manufacturero.

El análisis de Caputo y Pizarro afirma que "la estrategia del capital extranjero en América latina tiene por objeto el control del sector industrial y, dentro de éste, de los sectores más dinámicos y de vanguardia tecnológica".

Un caso típico en Chile es la Petrodow (Dow Chemical) a la que se le han concedido todas las franquicias posibles: retorno libre de utilidades, revalorización del capital, liberación de aduana y estabilidad tributaria por 15 años.

Esta inversión en la industria petroquímica alcanza a 31,3 millones de dólares, de los cuales 4,3 millones son aporte del sector público. El aporte real de la Dow Chemical alcanza a 6.580.000 dólares, incrementados en 2 millones más por el aporte tecnológico. El resto del aporte ingresa por la vía del crédito otorgado por el Bank of América, Eximbank y la casa matriz.

LOS MONOPOLIOS

Las empresas norteamericanas con inversiones en el exterior buscan establecer controles monopólicos. A esta línea de acción no escapa Chile. "La industria automotriz —señalan Caputo y Pizarro— constituye uno de los más claros ejemplos del proceso de monopolización industrial sobre la base de la empresa extranjera. Tenemos que de 24 empresas que se constituyen en el período 1962-67, sólo 12 subsisten en 1969 y, de ellas, 7 son empresas extranjeras con un porcentaje de participación extranjera superior al 50 por ciento. De estas 12 empresas automotrices existentes, 4 funcionan como subsidiarias de grandes empresas multinacionales: Ford Motors, General Motors, Fiat y Citroen. De las restantes, la mayoría opera con licencia de empresas extranjeras dándose una clara tendencia, en el último tiempo, al reemplazo de los licenciados nacionales por subsidiarias de las casas matrices. De este modo dejaron de funcionar Indumotora, licenciado de la General Motors, y Chile Motors, licenciado de la Ford Motors, siendo armados los vehículos directamente por las firmas extranjeras".

"Esta situación es propia también de la industria de partes y piezas para automóviles. Entre 1968 y 1969, se crearon 29 empresas que en su mayoría funcionan con licencia extranjera y, en gran cantidad de casos, con participación extranjera directa. De 10 de estas empresas sobre las que se tiene información clara, el capital extranjero tiene participación en 8. De las 19 empresas restantes, a pesar de no existir suficiente información, se aprecia una participación extranjera importante en varias. Por otra parte, los proyectos de más envergadura desarrollados en este sector corresponden precisamente al capital extranjero (Rockwell, Fensa, Conjunto Mecánico Aconcagua)".

"También la participación extranjera en el control monopólico de la industria se observa en la petroquímica, electrónica, etc. Es decir, los sectores más dinámicos de la industria aparecen controlados por la empresa extranjera. Pero la acción monopólica extranjera se presenta también en sectores tradicionales de la industria como alimentos y textil, en los cuales existe una importante participación extranjera en el control de la industria nacional. El investigador Gabriel Gasic ha llegado a la conclusión que, en el total de las sociedades anónimas (86 sociedades) del sector textil en el año 1967, 14 controlan alrededor del 73 por ciento del capital y reservas del sector y, de éstas, 4 sociedades estrechamente vinculadas controlan en forma significativa el conjunto de las 14 y otras que están fuera de las consideradas. En las 4 sociedades, que conforman un núcleo de intereses comunes, el capital extranjero participa en 3 de ellas en forma no mayoritaria, pero significativa. Por otra parte, en el sector de productos alimenticios, señala que entre las empresas fabricantes de productos lácteos y sus derivados, el control del capital extranjero es más acentuado aún. Para el año 1967, de un total de 11 sociedades anónimas, 2 de ellas controlan más del 70% del capital social del sector y estas 2 empresas constituyen un solo núcleo controlado en un 100% por el mismo capital extranjero".

Un ejemplo destacado de industrias absorbidas por el imperialismo es la fábrica de neumáticos INSA, creada en 1941 por capitalistas chilenos con respaldo de la CORFO y asesoría técnica de la General Tire & Ruber Co. En 1969, la INSA mostraba los estragos de la desnacionalización que afecta a la industria chilena. Del total de acciones (25.000.000), el 55,49% está en manos de The General Tire & Ruber Co. (27,09), General Tire International Co., Bank Lienteastein Ltd., First National City Bank y Dundes Investment S. A.

DEPENDENCIA TECNOLÓGICA

Otro aspecto del dominio norteamericano sobre la economía chilena lo constituye la tecnología que nuestro país debe importar y pagar a un alto precio. La tecnología se considera aporte de capital y en el caso de la Petrodow así se conceptúan 2 millones de dólares. Al aporte tecnológico, en ese caso, le corresponde una parte de las utilidades. La Petrodow además puede remesar por concepto de royalties, por un período de 10 años, el 4,5% sobre las ventas de cloruro de polivinilo. El estudio que nos ha servido en esta crónica afirma que "la tecnología importada es lógica consecuencia de la inmersión de Chile en el sistema capitalista mundial y siendo nuestro país la parte subdesarrollada en dicha estructura, evidentemente ve distorsionada su economía por la acción de dicha tecnología".

"La tecnología extranjera —añade— se presenta en casi la mayoría de los productos que consumimos diariamente. Alrededor de 490 empresas chilenas, en el año 1968, pagan regalías a empresas extranjeras por uso de tecnología; 310 de aquellas empresas tienen contrato con una sola empresa extranjera; 82 tienen contratos con dos empresas extranjeras y 97 tienen contratos con tres o más empresas extranjeras".

Añaden Caputo y Pizarro que esta situación "tiene un carácter masivo, generalizándose en los últimos años. Desde luego, el número de empresas que participan es importante, más aún teniendo presente que la mayor parte de ellas son empresas relativamente grandes, según indica una apreciación general de esta información".

La dependencia tecnológica se traduce en que Chile pagó en 1968 un total de 16.507.919 dólares, como se ve en el cuadro que se inserta en estas páginas sobre el pago de royalties, comisiones y asistencia técnica. Esa cifra, advierten los autores, logra gran significación con las ganancias de las subsidiarias norteamericanas que actúan en la manufactura en Chile, las que en el año 1968 alcanzaron alrededor de 7 millones de dólares".

Con razón Caputo y Pizarro, entre otras conclusiones de su estudio, señalan que "el capital extranjero en vez de constituir factor vital en el proceso de desarrollo —como lo señalan los desarrollistas— representa una clara forma de intensificación de los lazos de dependencia con el centro imperialista, lo cual se traduce en definitiva en un proceso de desnacionalización y descapitalización creciente de la economía chilena".

C. C. M.


Militares

¿CUÁN HONDA ES LA HUELLA DEL IMPERIALISMO?

LOS comentarios internacionales que ha provocado el resultado de la elección presidencial mantienen un denominador común en lo que se refiere al análisis de la actitud y desempeño de las fuerzas armadas chilenas, no sólo en el transcurso de los comicios mismos sino que también en la previsión de lo que será su conducta en el futuro.

Quizás si ese mismo denominador común es el que ha llevado a tirios y troyanos a ubicar su papel, en el presente y en el futuro próximo, en un plano que las diferencia del resto de las fuerzas armadas latinoamericanas y que, si bien para unos deriva en una garantía del mantenimiento de las actuales estructuras, para otros es la aceptación de un paso al socialismo por vía electoral.

Esta doble opinión refleja en cierto modo una situación real. El ejército chileno no ha podido eludir el ser colocado en esa alternativa. Condicionado por las obligaciones que ligan a nuestro país con el pacto de Ayuda Militar (PAM), firmado con los Estados Unidos en 1952, desde esa fecha hasta ahora ha tenido que resignarse, para no ser desterrado del contexto latinoamericano castrense, tan sensible a los desniveles estratégicos y de armamento, en la línea habitual de entrega a la política delineada por el Departamento de Estado y el pentágono para América latina.

Ya en 1962 el Secretario de Defensa de los Estados Unidos, Robert Mac Namara, definía claramente esos objetivos. "Probablemente —decía Mac Namara al Comité Interior de Asignaciones del Senado— el más grande beneficio de nuestra asistencia militar viene del entrenamiento de oficiales seleccionados y especialistas claves, en nuestros colegios militares y centros de instrucción en Estados Unidos y en ultramar. Esos estudiantes son seleccionados por sus países para convertirse en instructores cuando regresan a casa. Llegan allí como líderes, como los hombres del "saber qué hacer", para enseñárselo a sus fuerzas. Debo recalcar lo que significa para nosotros el tener en posiciones de liderazgo a hombres que tienen el conocimiento de primera mano de la forma en que los norteamericanos piensan y actúan...".

En ese sentido, las fuerzas armadas chilenas no pudieron evadirse de los programas de instrucción norteamericanos para América latina, a pesar de una mayoritaria comprensión de que ellos tienen objetivos claramente políticos. Para muchos oficiales en el seno de nuestros institutos armados resultó claro que la elevación de la competencia profesional de las fuerzas militares va dirigida a que ellas puedan asumir el papel principal en cualquier situación de lucha de guerrillas, para reducir a un grado mínimo una eventual intervención en gran escala de las tropas yanquis, como ocurrió en la República Dominicana. En Chile no se ha olvidado que muchos de los jefes militares latinoamericanos que dirigieron los 9 golpes ocurridos en el continente entre 1962 y 1966 (para no hablar más que de ese período) fueron entrenados por los Estados Unidos.

Militares chilenos en gran número asistieron a cursos de instrucción en la Escuela Militar de las Américas, estacionada en Fort Gulick, en la zona del Canal. Fundada en 1949 como Escuela Militar caribeña en Panamá, recibió su nombre actual en 1963, cuando se le introdujeron programas en contra-insurgencia y acción cívica, todos entregados en cursos en español y que a la fecha han sido seguidos por unos 22 mil oficiales latinoamericanos.

Fort Gulick asegura que sus alumnos "han escalado posiciones claves, tales como ministro de Defensa y jefe de grupo en Bolivia, director del Colegio Militar en México, jefe de Inteligencia en Argentina, Subsecretario de Guerra en Chile". En los últimos tres años las promociones de nuestra Escuela Militar concurrieron allí y siguieron los cursos de sus dos departamentos de instrucción: el Departamento de Seguridad Interna (estrategia y operaciones) y el Departamento Técnico, que los proveyó de conocimientos en el uso del equipo militar. Todas actuaron en lo oue se llama "acción cívica", encuestaron en ciudades panameñas programas en ese sentido y entrevistaron a pobladores, acumulando resultados que fueron entregados posteriormente a la Guardia Nacional panameña para su posible implementación.

También actuaron en medio de riguroso entrenamiento físico y mental, en maniobras de terreno llevadas a cabo en las áreas de la Escuela Militar de Estados Unidos para la guerra en la jungla, en Fort Sherman, en la zona del Canal.

Tampoco se pudo eludir la instrucción dependiente de los cursos dictados en la Escuela Aérea de Albrook, en Panamá, donde los instructores hablan el español fluidamente y hasta el año pasado habían tenido una concurrencia estudiantil militar superior a los 10 mil alumnos. Allí los cursos fueron de mantenimiento de aeroplanos, electrónica, radio, instrumentos y reparaciones, mecánica, administración del personal y especialidades médicas.

Desde 1965 la Escuela Aérea comenzó a ofrecer un curso de operaciones especiales (léase contra-insurgencia), en un programa común con la Escuela de las Américas, el Comando Aéreo 605 y un escuadrón de la Fuerza Aérea Norteamericana, estacionado en la Base Howard, de la zona del Canal.

El Comando Aéreo 605 es una curiosa unidad estadounidense, compuesta por 520 oficiales y hombres de tropa, más 46 aviones (caza-bombarderos, transportes, reconocimiento, etc.). Su Principal misión es entrenar a los oficiales latinoamericanos en técnicas de "operaciones aéreas especiales", verbigracia, la versión aérea de la contra-insurgencia.

El entrenamiento incluye tácticas diurnas y nocturnas, navegación .a baja altura y operaciones en territorio extranjero. Su objetivo es la acción rápida y el apoyo de fuerzas terrestres. También comprende labores de abastecimiento, reconocimiento, apoyo aéreo y el adecuado manejo de los aviones de transporte, tanto sobre zonas planas como en lugares mas o menos inaccesibles. Aquí el entrenamiento se ha diversificado desde la instrucción a grupos móviles, que sirven de guías en operaciones aéreas especiales, como en la construcción de aeropuertos y pistas de aterrizaje en áreas remotas, que pueden ser usadas por cada gobierno para aniquilar zonas de guerrilla potencial.

LOS BOINAS VERDES

Pero sin duda, donde ésta alienación ha alcanzado mayor nivel ha sido en el envío de militares chilenos a la Octava Fuerza Especial, con sede en Fort Gulick. Ella es la que constituye los famosos "boinas verdes", unidad integrada por 1.109 oficiales no comisionados, que configuran por turnos unas dos docenas de grupos móviles de instrucción, de más de 30 hombres cada uno. Estos grupos móviles han viajado a través de Latinoamérica, complementando el trabajo de las misiones militares norteamericanas residentes y realizando instrucciones especializadas en operaciones contraguerrilleras.

La misión fundamental de las Fuerzas Especiales es la de advertir, entrenar y ayudar a las fuerzas militares o paramilitares latinoamericanas a conducir actividades antiguerrilleras y servir de base de apoyo a los objetivos de Estados Unidos en la guerra fría.

Un ejemplo de esta actividad se conoció a través de su acción en Bolivia, en el período en que actuó la guerrilla del Che Guevara. Cuando ésta fue detectada, en el mes de marzo de 1967, 24 horas más tarde llegó a Bolivia el teniente coronel Redmond "Rojo" Weber, a bordo de un avión militar que lo dejó directamente en Santa Cruz, cerca de la zona guerrillera. Con Weber fue un oficial, también de las fuerzas especiales del Octavo Grupo, el Mayor Ralph "Pappy" Shelton. Ambos comprobaron que Bolivia no tenía una fuerza entrenada antiguerrillera. Shelton fue el indicado para organizar una base de entrenamiento de emergencia.

El 29 de abril, 4 oficiales y 12 hombres de tropa embarcaron para Santa Cruz, desde la base aérea de Howard. "Boinas verdes" veteranos de la guerra de Vietnam, altamente seleccionados, 17 horas después de su llegada habían despejado un campo azucarero abandonado a 100 kilómetros de Santa Cruz donde instalaron su cuartel general. El 17 de septiembre, 600 reclutas bolivianos abandonaban el campamento y se ubicaban como vanguardia de la Octava División de Vallegrande en el sector de 16 kilómetros infiltrado por las guerrillas. Menos de un mes más tarde uno de los destacamentos de la fuerza antiguerrillera sorprendía en la Quebrada del Yuro al Che y sus compañeros, con los resultados que se conocen.

Como se ve a través de estos antecedentes, muy resumidos por cierto el Programa de Ayuda Militar constituye el instrumento más importante de la política castrense de Estados Unidos en América latina, y se ve complementado por las misiones militares, aéreas y navales que el país del norte mantiene junto con otros grupos de observación en nuestro continente.

Al definir su acción el General Robert W. Porter dijo al Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara norteamericana, cuando se discutía la ley de Ayuda Externa en 1967: "La fuerza militar ha probado ser la fuerza más cohesiva para asegurar el orden público y el apoyo de los gobiernos resueltos a mantener la seguridad interna. Actuando en conjunto con la policía y otras fuerzas de seguridad, los militares latinoamericanos han ayudado a controlar desórdenes y revueltas, a contener o eliminar terroristas y guerrillas, y se han opuesto a aquellos elementos tentados a recurrir a la violencia para derrocar gobiernos...".

En esa misma discusión también quedó en claro que el fortalecimiento de algunas fuerzas armadas había reforzado las instituciones más cercanamente ligadas con la estagnación y la dictadura.

¿Hasta dónde las fuerzas armadas chilenas han escapado totalmente a ese carácter represivo que en mayor o menor medida adquirieron por estos programas de instrucción los otros ejércitos latinoamericanos?

La pregunta, tal como decíamos al comienzo de esta crónica, tiene alternativas que no son proclives a una respuesta concreta. El imperialismo ha sabido jugar muy bien con los afanes profesionales de los militares y su huella puede haber quedado impresa en algunos cuadros, por más que ella no se haya expresado todavía en alguna manifestación clara.

Pertenece a la vigilancia misma del ejército el que el país no tenga que sufrir una revelación desagradable que destruya una impresión que, como definieron los observadores extranjeros llegados para la elección, quedó bien definido a través de un comportamiento ejemplar.

CLAUSEWITZ


Tribuna ideológica

EL CAPITALISMO DE ESTADO

HASTA y durante los comienzos del siglo XX, Estados Unidos actuó en la esfera internacional de acuerdo a los planes expansionistas que caracterizaban al imperialismo tradicional, esto es, ocupando y anexándose nuevos territorios.

Este tipo de expansión repercutió al mismo tiempo en el interior del país, dando lugar a que la acumulación y centralización de las riquezas alcanzara un ritmo vertiginoso. Por otra parte, la formación creciente de los centros monopólicos estadounidenses determinó que, conjuntamente con alcanzar posiciones de marcados privilegios en la competencia mundial del capitalismo, las contradicciones con respecto a los monopolios europeos se acentuaran considerablemente.

Entramos pues a aquella fase del capitalismo que, como advirtiera Lenin, se caracteriza por la repartición de un mundo ya repartido, repartición que encuentra sus más cercanos antecedentes en las fusiones del capital industrial con el capital financiero con lo que el capital comienza a penetrar en diversas regiones a través de simples operaciones económicas, sin necesidad de utilizar los aparatos armados. El imperialismo comienza a hacerse invisible [1] . La fusión industrial-financiera, ha sido posible en virtud del crecimiento desmesurado de los monopolios, particularmente en los Estados Unidos, donde, mediante procesos de rápida absorción, pudieron aglutinarse en un solo núcleo los diversos intereses expansivos de la burguesía norteamericana.

Cabe aquí hacer notar que el imperialismo considerado como fase superior del capitalismo, entraña una serie de combinaciones más o menos dinámicas de factores comerciales, industriales y financieros, pero bajo un control monolítico condicionado por la creciente concentración de las riquezas y la consecuente organización monopólica de la producción.

Pero el crecimiento capitalista no se desarrolla por un camino vertical, sino que se encuentra sujeto a fuertes contracciones, lo que le otorga las características de un crecimiento cíclico. De tal manera que por períodos el capitalismo se encuentra en fases de pleno impulso y otras veces a ritmo lento, e incluso en retroceso. Este modo de crecer del capitalismo fue advertido en su tiempo por Marx.

Las crisis del capitalismo son provocadas por lo que Marx denominaba en sentido figurado "el instinto de acumulación de los capitalistas". Llega un momento en que el monto global de las riquezas acumuladas es superior a sus posibilidades de inversión.

Alcanzado este punto, se genera una quiebra en masa de los productores, que afecta a la totalidad del sistema, el que sólo volverá a recuperarse cuando surja una adecuación entre la acumulación, en un nivel muy inferior al correspondiente a los años inmediatamente anteriores a la crisis, con las inversiones. Las crisis capitalistas no hacen sino expresar las contradicciones existentes entre el desarrollo de las fuerzas productivas con respecto a las relaciones sociales de producción.

Estas contradicciones implícitas al modo de producción capitalista, son las que provocan "situaciones coyunturaies" en el plano de la política, pues, debilitándose los sustratos reales del poder económico, tórnanse viables los proyectos de poder requeridos por las clases dominadas en el sistema. Es evidente, por ejemplo, la estrecha relación existente entre la crisis de 1929 y el ascenso en la organicidad y en la combatividad de la clase obrera en todo el mundo con la respuesta reaccionaria que ello trajo: la militarización intensiva de los aparatos estatales, las formas fascistas y nazistas de dominación capitalista, y la consecuente segunda guerra mundial.

Pero la concentración, acumulación y centralización del capital también facilita que los centros conductores del capitalismo puedan alcanzar una relativa autonomía. En este sentido, podemos decir que la posibilidad de planificar la economía capitalista es correlativa al grado de intensificación de las organizaciones monopólicas. De tal manera que, después de la crisis del 29, sin duda la más profunda de la historia del capitalismo, los inversionistas requirieron de guías teóricos que previeran y auscultaran sus gestiones. Es el instante en que fueron puestas en boga en Estados Unidos las teorías del economista inglés John Maynard Keynes.

Keynes en su "Teoría General de la Ocupación, el interés y el Dinero" plantea que los antecedentes de las crisis deben encontrarse en la propensión al ahorro y no a la inversión que, en determinados momentos, llega a predominar en algunas sociedades. Contrariamente a lo que se creía en la economía clásica, Keynes expresa que el ingreso nacional se encuentra determinado por el nivel de las inversiones y la propensión al consumo. A su vez, el nivel de las inversiones se encuentra determinado por el tipo de interés y la eficacia marginal del capital. A su vez, también, el tipo de interés puede determinarse por la cantidad de dinero, el cual depende de la política monetaria y de la preferencia de liquidez. De tal modo, Keynes llega a concluir que no es el incremento de la cantidad de dinero sino que el rendimiento decreciente de la actividad productiva el factor que condiciona el alza general de los precios en los momentos en que se incrementa la ocupación.

Keynes, desde una perspectiva procapitalista, descubría las grietas del sistema y, a la manera de un excelente médico, hacía un diagnóstico general de la enfermedad para recetar analgésicos [2] .

Pero cabe hacerse la siguiente pregunta: ¿Las teorías de Keynes han evitado las contradicciones del capitalismo? Veamos:

Según Keynes la variable fundamental del proceso económico reside en la planificación de las inversiones. Pero es evidente que esta planificación necesita hacerse de acuerdo al promedio común de las necesidades capitalistas, lo que requiere, obviamente, de un aparato regulador y centralizador: este es el Estado. En este sentido, podemos considerar que las teorías de Keynes también constituyen bien redactadas actas de defunción para la economía liberal [3] . Ahora bien, según Keynes, el Estado "inversionista" puede sinonimizarse con una suerte de organismo benefactor que al mismo tiempo que protege al capitalismo, vela por los intereses de toda la "sociedad". Mas a Keynes se le escapa que el factor de la ganancia, conductor esencial del capitalismo en todas sus fases de desarrollo, no persigue una racionalidad basado en el bienestar general. La ganancia "en sí" es la única racionalidad que prevalece. Si el Estado mediatizará y dirigirá la economía capitalista, es evidente que las inversiones realizables no van jamás a pasar por alto la posibilidad de incrementar las ganancias capitalistas, aunque sea a contracorriente del mismo bienestar común. De tal manera que la planificación estatalizada de las inversiones va a constituirse en un campo muy amplio, donde tendrían cabida los renglones productivos más sorprendentes, como por ejemplo inversiones desorbitadas en gastos y en empresas militares que, seguramente, nunca propuso ni imaginó el mismo Keynes. Al mismo tiempo, se infiere que en la misma medida en que aumentan las ganancias éstas requieren de expectativas siempre crecientes de inversión, llegándose a un momento en que la economía, si supera la barrera de las necesidades inmediatas, debe dedicar sus mayores impulsos a la producción de suntuarios y con ello se establece la sociedad de consumo, absolutamente irracional, ascendente y compulsiva. A su vez, el Estado regulará los ingresos sectoriales a fin de salvaguardar la estabilidad del sistema. Por otro lado, aplicada la noción keynesiana de la inversión estatalizada a una economía imperialista, como la norteamericana, es evidente que las inversiones "hacia afuera", conjuntamente con propender a solucionar los problemas de los capitalistas del país, impiden crecer y "subdesarrollan" a las economías inferiores. En lugar, pues, de una armonización de las contradicciones del capitalismo, lo que presenciamos es una ampliación universal de su radio de acción, siendo desplazadas las formas más violentas de estas contradicciones a los países subdesarrollados, condenados de este modo a sufrir una situación de crisis crónica.

En relación al problema que nos ocupa, vale decir, la relación entre la economía capitalista y los aparatos de poder, podemos verificar que las fronteras que limitan el mundo de la política con el de las relaciones económicas, prácticamente desaparecen cuando los monopolios asumen el total control de la economía imperialista. Entonces podemos hablar del capitalismo de Estado o estado de los monopolios.

De acuerdo pues a los puntos analizados, las características del Estado en la fase de los monopolios, serían las siguientes:

1.—Ha alcanzado su máximo desarrollo en virtud de la intensificación de las contradicciones inherentes al modo de producción capitalista.

2.— No sólo es un instrumento político de clase sino que, además, es un instrumento económico.

3.— Acentúa la acción de sus aparatos represivos hacia el interior de la nación de origen, pero sobre todo hacia el exterior a fin de proteger las inversiones privadas que, por su intermedio, son llevadas a cabo en casi todo el mundo.

FERNANDO MIRES


Pronunciamiento

EL MIR FRENTE A LA SITUACIÓN POLÍTICA

EL MIR a los obreros, campesinos, pobladores, estudiantes y soldados:

I.— Las agresiones de la derecha.

1. El ascenso de las movilizaciones de masas en los últimos años y la división temporal de la unidad política de las clases dominantes permitió que se produjera lo que nosotros creíamos muy difícil: la izquierda obtuvo una mayoría electoral.

2. La Derecha y el imperialismo, derrotados en el campo electoral, no se conforman, por defender su riqueza y privilegios intentan arrebatar el triunfo a la izquierda tratando de crear el caos económico y financiero, aumentando la cesantía, robando votos en los colegios escrutadores, planeando elegir el segundo en el Congreso e incluso preparando atentados personales contra el candidato triunfante, por defender sus cochinos intereses no dudarán en empujar a los sectores reaccionarios de las FF.AA. a dar un golpe militar o en impulsar una intervención extranjera.

II.— La D.C.: los derrotados quieren administrar el triunfo.

1. Los demócratas cristianos, asesinos de El Salvador y Puerto Montt, torturadores de revolucionarios, los que vendieron el cobre chileno a los norteamericanos, después de ser derrotados en las urnas pretenden con descaro aparecer de portaestandartes de la defensa de la "democracia" y buscan castrar el gobierno y el programa de la U.P., negociando sus votos en el Parlamento.

2. Más allá de las declaraciones, la U.P. está enfrentada a dos alternativas: puede asumir el gobierno sin contratiempos, gracias a una conciliación con la D.C. o, como estamos seguros que sus sectores revolucionarios empujarán, puede no conciliar, mantener su programa, no aliarse con la D.C, enfrentar la ofensiva reaccionaria y así asegurar el camino revolucionario y socialista del gobierno.

III.— Significado del triunfo electoral de la izquierda.

1. Sostenemos que la mayoría electoral de la U.P. significa un inmenso avance en la conciencia política de los trabajadores, que con certeza favorecerá el desarrollo de un camino revolucionario en Chile.

2. Sostenemos también que esta mayoría electoral ha formalizado un impasse entre los trabajadores, por un lado y los patrones de fundos y de fábricas por el otro. Esto sólo será resuelto por un enfrentamiento entre los pobres, del campo y la ciudad, con los dueños del poder y la riqueza. ESTE ENFRENTAMIENTO HOY ESTA POSTERGADO, PERO TARDE O TEMPRANO TENDRÁ QUE DARSE Y SEGURAMENTE SERÁ VIOLENTO. Los hoy poderosos no cederán sus riquezas y privilegios gratuitamente. La estrategia de la lucha armada, hoy más que nunca, está plenamente vigente.

3. Que la U.P. asuma el gobierno, no significa que inmediatamente se produzca la conquista del poder por los trabajadores o el socialismo en Chile. Se ha obtenido una MAYORÍA ELECTORAL DE LA IZQUIERDA, que expresa la aspiración de las mayorías de ser Gobierno. Se lucha para que la IZQUIERDA SEA GOBIERNO, o sea que los cargos públicos de Presidente, Ministros, etc., sean ocupados por la Izquierda, pero hasta aquí, desde el aparato represor del Estado capitalista hasta la explotación y miseria en las ciudades y campos de Chile, permanecen intactos. LA META ES LA CONQUISTA DEL PODER POR LOS TRABAJADORES, la que sólo existe cuando las empresas extranjeras y los bancos son de todo el pueblo en los hechos, cuando las fábricas, las minas y los fundos son en la realidad de los obreros y campesinos.

IV.— La posición del MIR.

1. El MIR no llama a engaño a nadie, ni se sube a carro electoral victorioso alguno. En mayo de este año nos propusimos públicamente no llamar a la abstención, pero no desarrollar actividad electoral propiamente tal y no dedicarnos a la búsqueda de votos por los clásicos métodos de la izquierda; así lo hicimos. Como lo afirmáramos entonces, desarrollamos una intensa actividad política en los sectores más empobrecidos del movimiento de masas y pusimos nuestro esfuerzo en empujar las movilizaciones de los trabajadores por sus reivindicaciones por métodos revolucionarios. En la medida de nuestras fuerzas, lo hicimos en las luchas obreras de Helvetia, el caucho, Polycrón, Sigdo Kopers, muebles Roma, entre los campesinos de Melipilla y Colchagua, entre los mapuches de Cautín, entre los obreros del carbón, los textiles de Tomé, entre los pobladores en las tomas de Santiago, concepción, Coronel, Chillán y Los Angeles, y entre los estudiantes secundarios y universitarios a lo largo de todo el país. Como lo dijimos en mayo y en agosto, desarrollamos nuestros nacientes aparatos armados y los pusimos al servicio de una eventual defensa de un triunfo electoral de la Izquierda. Así fue durante 1970, así fue el 4 de septiembre y así es actualmente.

2. Sostenemos que la mayoría electoral de la izquierda o un gobierno de la U.P. son un excelente punto de partida para la lucha directa por la conquista del poder por los trabajadores, que incorporando nuevos contingentes de masas y bajo nuevas formas de lucha, con seguridad terminará en un enfrentamiento entre los explotadores nacionales y extranjeros por un lado y los trabajadores por el otro.

3. Desde ya fijamos nuestra posición frente a un gobierno de la U.P. si éste asume sin mediar alianza con la D.C. y sin conciliar el programa. Si bien el programa de la U.P. no es idéntico al nuestro, se propone golpear núcleos vitales del sistema capitalista, como son las empresas extranjeras, la industria monopólica, el capital financiero y el latifundio. Mas, aunque en la U.P. existen partidos que representan distintos intereses, es un hecho que predominan las fuerzas de la izquierda.

Creemos que la ofensiva reaccionaria, que el posible cerco imperialista y las fuerzas dinámicas que se liberarán a nivel de masas, empujarán a una mayor radicalización de un gobierno U.P. Consecuentemente, el MIR se propone apoyar esas medidas, empujar la realización de ese programa, buscar su radicalización en los frentes de masas, y hoy, como tarea fundamental y urgente, colocar sus esfuerzos en la defensa del triunfo electoral, frente a las maquinaciones de la derecha y del imperialismo.

V.— Proponemos un qué hacer.

1. La tarea fundamental de este momento es detener a los monopolios y defender el triunfo electoral; frente a las maquinaciones de la derecha preparar a las masas política, orgánica y militarmente para el enfrentamiento que seguramente vendrá antes o después del 4 de noviembre. Debe desplazarse el centro de decisiones desde los pasillos del Congreso y La Moneda a los sindicatos obreros y campesinos, a los centros estudiantiles y los Comités de pobladores, única garantía de la defensa del triunfo y la realización posterior del programa.

2. Es necesario comprometer a la masa en la defensa del triunfo, proclamando inmediatamente medidas populares como salario vital mínimo de un millón de pesos, asignación familiar única igual a la más alta, congelación de precios del 19 de enero en adelante, etc.

Deben empujarse las luchas reivindicativas en todos los frentes, debe movilizarse a la masa, fundamentalmente a partir de sus organizaciones sindícales, y deben organizarse comités por frente para la defensa del triunfo, como formas de afirmarse en las capas más pobres de la sociedad.

3. Debe entregarse una estrategia general a las masas para la defensa del triunfo. Así, ante un desconocimiento declarado y represivo, los obreros deben ocupar sus fábricas, los campesinos sus fundos, los pobladores a hacer barricadas en las calles.

—¡A defender el triunfo!
— ¡A rechazar la alianza con la Democracia Cristiana!
—¡A luchar por la conquista del poder por los trabajadores!

SECRETARIADO NACIONAL
MOVIMIENTO DE IZQUIERDA REVOLUCIONARIA (MIR)


Tribuna

CONTRA EL SECTARISMO

COMPAÑERO director: Nos alegró leer el Informe presentado por Orlando Millas, a nombre de la Comisión Política, en el pleno del Partido Comunista. (El Siglo, 16 de septiembre).

Nos detendremos en las ideas que nos parecen más importantes para el momento presente:

1) El apoyo caluroso a las "iniciativas creadoras" que surgen en las fábricas, las minas, las universidades y escuelas, los campos, las poblaciones, los centros de salud y cultura "que indican el afán de hacer avanzar el país y crear un Chile nuevo".

2) La importancia que da a la "presencia viva de las masas" como "garantía de consecuencia en la labor de este gobierno y en el cumplimiento integral de su programa".

3) La insistencia en que no se debe tener "ninguna actitud sectaria" con quienes no apoyaron a la Unidad Popular. En que "la política de cada comité de Unidad Popular" debe ser "de mano tendida, ausente de todo sectarismo y prepotencia".

Para quienes dudamos ayer de la táctica seguida por la Unidad Popular, pero que estamos dispuestos hoy, habiendo reconocido nuestros errores, a apoyar en la medida de nuestras posibilidades las nuevas tareas del momento, las palabras del dirigente comunista nos parecen muy positivas.

¡Qué gran contraste existe entre estas palabras y las que vuelca Eduardo Labarca en su artículo: "Punto Final" aguza su ingenio político (El Siglo, 18 de septiembre)!

¡Qué sectarismo, qué odio reflejan sus palabras! Hemos llegado a pensar que quizá exista una animosidad personal entre periodistas, ya que el artículo no tiene ninguna justificación política.

Según Eduardo Labarca, Punto Final se dio vuelta la chaqueta, pero no es eso lo que le molesta ya que según él "no es el momento de refregarle a nadie un cambio de posición". Lo que le molesta es que, según él, "sus redactores se convierten de la noche a la mañana en consejeros gratuitos de la izquierda chilena". Según él, la Unidad Popular "no puede abrirle los brazos a quienes después de combatirla, ahora se presentan como sus fiscalizadores".

Nosotros que leímos con atención los artículos de PF citados por Labarca: El enemigo del pueblo prepara un contragolpe (pp. 2-5) y Tareas de los Comités de Unidad Popular (pp. 28-29), los interpretamos de muy distinta manera:

— como un reconocimiento de que la Unidad Popular tenía razón en cuanto al análisis de las perspectivas del proceso electoral.

— como un apoyo al Programa de la Unidad Popular ¿Acaso publicarlo como documento no indica eso?

— como un esfuerzo por ayudar a pensar, utilizando precisamente la "iniciativa creadora" de la que habla Orlando Millas para enfrentar las tareas en forma más eficaz.

Nos parece que si el señor Labarca hubiera tenido una actitud revolucionaria, en lugar de buscarle las cuatro patas al gato debería haberse pronunciado acerca de las ideas positivas, acerca de las sugerencias que estos artículos planteaban. Si, según su criterio, no eran políticamente correctas o estaban en contra de las líneas generales planteadas por el Comando de la unidad Popular, entonces se podría haber entrado en una discusión política que siempre es necesaria dentro de un frente tan amplio como es la Unidad Popular.

Pensamos que "Punto Final" no pretende tener una actitud "fiscalizadora", que, por el contrario, tiene muy claro que "corresponde al pueblo" defender tanto la "victoria del 4 de septiembre" como, más adelante, la realización integral del "programa por el cual votó" (p. 2). Pensamos que "Punto Final" pretende llamar a todas las fuerzas de izquierda a incorporarse al gran movimiento de Unidad Popular para colaborar, junto al pueblo en el cumplimiento de sus objetivos.

El pueblo votó por un programa, el pueblo luchará por que este programa se realice y en esta lucha contará con todo el apoyo de los sectores de la llamada "izquierda revolucionaria".

En esta lucha concreta estaremos todos unidos, los que estuvieron antes y los recién llegados. Y seguiremos unidos en la medida en que los que estuvieron antes sean consecuentes en la realización de las tareas que se han propuesto.

Pensamos, como dice el artículo de las tareas de los Comités, que es en el trabajo práctico concreto y no en declaraciones de adhesión verbal donde los nuevos integrantes deberán demostrar su deseo real por trabajar dentro de la Unidad Popular.

MARIO ALEGRÍA

Investigación

LA DEPENDENCIA DE LA BURGUESÍA CHILENA

LAS grandes empresas y monopolios de distribución pasarán a integrar el sector de actividades nacionalizadas, como primera medida del Gobierno Popular en la construcción de la nueva economía (Programa de la Unidad Popular).

¿Quiénes son y cómo son las empresas que, de acuerdo a esto, serán nacionalizadas? Un estudio realizado en el Centro de Investigaciones Socio-Económicas de la Universidad de Chile (CESO) por Víctor Brodersohn y Gabriel Gasic, contribuye a clarificar la imagen de la burguesía industrial chilena. La investigación "Consideraciones sobre el carácter dependiente de la burguesía industrial chilena", aparece en un momento en que resulta importante tener presentes las características de este sector, para prever incluso sus maniobras de respuesta frente a las medidas que aplicará el gobierno popular.

Uno de los hechos que resalta en la tesis de Brodersohn, es la creciente desnacionalización de la industria. En el periodo 1940-54, la inversión extranjera en capital fijo llega al 84,5%. Ello implica, además, una tremenda dependencia tecnológica, en cuanto a la provisión de bienes de capital. Esto se manifiesta también en el uso de royalties —Ucencias de marcas— aún en casos que no se justifican como aporte tecnológico, sino que se han adquirido como una manera de acrecentar el prestigio dentro de un mercado altamente competitivo, con el consiguiente egreso de divisas.

La participación del capital extranjero en las actividades de las empresas industriales —según la investigación citada— es creciente. Un cuadro estadístico de la composición del capital pagado del sector industrial, según tipos de accionistas en 1967 (Superintendencia de Sociedades Anónimas, Compañías de Seguros y Bolsas de Comercio), indica que todos los sectores industriales manifiestan algún grado de participación extranjera. En más de la mitad de los sectores industriales es decir en 12 de los 20 sectores identificados), la participación extranjera alcanza, al menos, a un 10% del capital pagado de cada sector. (*)

Esto significa, por ejemplo, que en la industria del tabaco 59,1% de las acciones corresponden a capitalistas extranjeros. En la construcción de maquinarias eléctricas, la cifra llega a 48,9%. Brodersohn califica como "evidente influencia" la que ejerce el capital extranjero en las siguientes industrias: caucho (44,2%); sustancias y productos químicos (31,5%); minerales no metálicos (25,6%); calzado (23,3%); bebidas (16,8%) y productos metálicos (16,5%).

Según la investigación señalada, las características de la inversión extranjera en Chile son: vinculación con empresas monopólicas; tendencia a ocultar la participación real presentándola como crédito externo; creciente participación en el sistema bancario local; y por último, considerable financiamiento local que logran las empresas en que hay predominio de capital extranjero.

El 86,4% de las empresas industriales controladas por capital foráneo son empresas monopólicas. El aporte de capital se da normalmente como bienes de maquinaria, y así puede aparecer disfrazado bajo la máscara del crédito externo "atado". Por otra parte, la participación de los recursos locales en el financiamiento de los proyectos de industrialización alcanza (cifras de CORFO), en promedio, alrededor de la tercera parte de los totales, en cada uno de ellos.

CONCENTRADOR Y EXCLUYENTE

Los investigadores del CESO citan al economista Pedro Vuskovic para referirse a las características del modelo de desarrollo industrial chileno, que es concentrador y excluyente. Es excluyente

Sobre inversión extranjera, ver páginas 16, 17, 18 y 19 de esta edición.

porque tiene un mercado interno restringido, debido a la desigual distribución del ingreso: la mitad de la población percibe el 15,6% del ingreso personal total, mientras un dos por ciento acapara el 13,7% del total. Esto da origen a la marginalidad de amplias masas, y a la concentración de la riqueza en un núcleo muy reducido. Al mismo tiempo, los sectores industriales que se dinamizan son los que satisfacen la demanda de la población de altos ingresos.

El programa de la UP alude en su política de desarrollo económico a este punto, señalando:

"Tendrá como objetivo resolver los problemas inmediatos de las grandes mayorías. Para esto se volcará la capacidad productiva del país de los artículos superfinos y caros, destinados a satisfacer a los sectores de altos ingresos, hacia la producción de artículos de consumo popular, baratos y de buena calidad".

El estudio de Brodersohn señala que las empresas tienen una capacidad más alta que la de la demanda que enfrentan, lo que encarece los precios y da lugar a la capacidad ociosa.

Para terminar con esas limitaciones de mercado —señala la investigación— sería necesario incorporar a las masas al consumo, lo que se logra sólo si se cambia el status. Se afirma allí: "incluso, y ésta es una de las diferencias más tajantes con respecto a los países que se desarrollaron en el siglo pasado, la profundización del mercado interno resulta más de la acción de mecanismos políticos (papel activo del Estado) que de los meros mecanismos económicos (acción de las empresas)... Es un problema político, que supone redefinición y redistribución del poder en la sociedad".

Según el investigador, el Estado, hasta ahora, ha encarado el problema de la profundización del mercado interno a partir de las presiones del sector asalariado, cuidándose de no traspasar ciertos límites. Caso típico: la reforma agraria, postula él: "Afirmamos que el proceso de industrialización chileno se da en los límites funcionales que permite el actual sistema de control del poder económico y político, sin promover trastrocamientos esenciales del mismo".

Los cambios que se pueden anotar en la orientación del Estado estarían íntimamente vinculados a las distintas influencias ejercidas por la burguesía chilena, que en las últimas décadas ha resultado ser creciente. A partir del Frente Popular, el Estado fue el instrumento crucial en el proceso de formación de capital y en el desarrollo de una economía industrial, posteriormente —según la investigación citada— esta acción del Estado se va minando, ya que el proceso se lleva a cabo sobre una trama de relaciones económicas que es controlada por ciertos núcleos, los que no ven afectado su poder económico. Esto es evidente en el papel de CORFO que. de promotora del desarrollo, pasa a desempeñar un rol de asistencia técnica y de financiamiento de las empresas privadas.

La marginalidad y la concentración del poder económico se suponen mutuamente: son aspectos complementarios de un mismo fenómeno estructural. La investigación cita al respecto los datos del censo industrial de 1957, donde se indica que el 49,8% de la población industrial labora en industrias manuales y caseras, contando apenas con un 14,3% del capital fijo del sector industrial. La contrapartida se encuentra en el sector monopólico y oligopólico. Una sola empresa produce el 42,3% de las bebidas. En tabaco, es mucho más notorio: el 92,3% de la producción lo tiene una industria. En papel, una empresa monopoliza el 86% del total, y en caucho, el porcentaje es de 78,3% para una empresa.

El fenómeno de la concentración se da, por otra parte, en desmedro de la clase trabajadora.

LOS PERDEDORES

Los investigadores d e 1 CESO señalan que el intenso proceso de capitalización se realiza incrementando la productividad, pero fundamentalmente en desmedro de la participación de los trabajadores en los beneficios generados por la creciente productividad.

En 1960, los sueldos y salarios acumulaban un 33,7% del valor agregado bruto de la industria manufacturera. Cuatro años más tarde, la cifra baja a un 30%, mientras las utilidades han subido en un 3,7%. Paralelamente, entre 1960 y 1965, la tasa de crecimiento anual del sector es del 6,5%.

El proceso conduce entonces a la formación de grupos económicos, de alianzas de empresarios que laboran en distintas actividades. Un ejemplo citado por el estudio mencionado: el capital de operaciones de una de las empresas forestales fue utilizado para financiar la instalación de un banco.

La investigación concluye que la industrialización significó la modernización de algunos sectores dominantes, como el mercantil-financiero, y su fusión en algunos casos con la gran burguesía industrial. Señala: "De este modo este último núcleo social se constituye como uno de los agentes defensores del statu quo (aunque paradojalmente ello implique limitar las posibilidades objetivas de su propia evolución), y en esa medida, presta nuevas y modernas bases a los grupos que. mantienen en la dependencia a la sociedad chilena".

LAZOS DE LA BURGUESÍA

El estudio afirma que la burguesía chilena no se constituyó como una burguesía nacional, sino que dependió de los sectores dominantes, sin enfrentarse a ellos en el proceso de la industrialización. Antes bien, se desarrolla de acuerdo a los moldes de la estructura de poder existente.

En el plano social, esto se manifiesta en el hecho de que los sectores dominantes impulsan el proceso de industrialización. En el económico, en la comprobación de que la burguesía monopólica no es sólo industrial sino también financiero-industrial, señalan los investigadores:

"Los lazos que unen a la burguesía industrial con sectores dominantes han resultado ser frutos de un doble proceso histórico-estructural. Por un lado, lo son de un proceso histórico de trasvasamiento de capital desde sectores dominantes (burguesía mercantil financiera) hacia la industria. Por otro lado, han sido el resultado particular de las condiciones estructurales de la economía chilena, que llevan a un acentuado grado de concentración del poder económico y, como consecuencia, al establecimiento de vinculaciones orgánicas y entrelazamientos entre los distintos sectores de la burguesía".

De acuerdo con esta afirmación, la burguesía industrial asume como propios los intereses de la burguesía genérica. En lugar de definirse como tal, tiende a hacerlo en términos de clase propietaria.

S. L.


Análisis

Y AHORA: A LUCHAR POR EL PODER

"Y cuando se habla de poder por vía electoral nuestra pregunta es siempre la misma: si un movimiento popular ocupa el gobierno de un país por amplia votación popular y resuelve, consecuentemente, iniciar las grandes transformaciones sociales que constituyen el programa por el cual triunfó, ¿no entraría en conflicto inmediatamente con las clases reaccionarias de ese país?, ¿no ha sido siempre el ejército el instrumento de opresión de esa clase? Si es así, es lógico razonar que ese ejército tomará partido por su clase y entrará en conflicto con el gobierno constituido. Puede ser derribado ese gobierno mediante un golpe de estado más o menos incruento y volver a empezar el juego de nunca acabar; puede a su vez el ejército opresor, ser derrotado mediante la acción popular armada en apoyo de su gobierno; lo que nos parece difícil es que las fuerzas armadas acepten de buen grado reformas sociales profundas y se resignen mansamente a su liquidación como casta".

Ernesto Che Guevara,
"Cuba: excepción histórica o vanguardia en la lucha anticolonialista", PF Nº 40.

HAY una manera simplista de analizar el proceso político chileno. Es la que señala que ha sido derrotada la tesis de la vía armada para llegar al socialismo. Esta manera de interpretar lo que ocurrió el 4 de septiembre, la recogen alborozados algunos reformistas que desde hace mucho tiempo están reñidos con la revolución. Ellos se han lanzado a recomendar la "receta" chilena en países como Uruguay, Brasil, Argentina, Bolivia, etc., invitando al suicidio a los movimientos revolucionarios latinoamericanos.

Esos interesados propagandistas incurren en graves errores.

Desde luego, conviene puntualizar que en Chile está pendiente la cuestión principal, la cuestión del poder. Aún no se ha conquistado el poder y mucho menos se ha iniciado la construcción del socialismo.

Ernesto Che Guevara, asesinado hace 3 años en Bolivia, describe el poder como "el instrumento indispensable para aplicar y desarrollar el programa revolucionario, pues si no se alcanza el poder todas las demás conquistas son inestables, insuficientes, incapaces de dar las soluciones que se necesitan, por más avanzadas que puedan parecer". (La cita corresponde al artículo mencionado en el epígrafe).

El propio Presidente Electo de Chile, Dr. Salvador Allende, se ha preocupado muchas veces en sus discursos —seguramente con el ánimo de hacer conciencia del problema— de distinguir entre ganar una elección y tomar el poder para iniciar la construcción del socialismo.

En estos momentos, detrás de los fuegos artificiales de política menuda, está en juego la cuestión esencial, la lucha por el poder.

Como toda pugna vital que se libra en el cuadro de un estado burgués, como el chileno, esa lucha es "pacífica" sólo en apariencia. En el fondo del debate —que por ahora se reduce al cabildeo político—, está planteada una lucha de clases. La confrontación puede emerger en cualquier instante; por ejemplo, si fructificara una maniobra para escamotear a los trabajadores la victoria del cuatro de septiembre.

El camino hacia el poder no está abierto y despejado en Chile, como pudieran suponer observadores desaprensivos.

Bastó que Allende superara electoralmente a los candidatos presidenciales que defendían el sistema, para que afloraran las primeras reacciones. El pánico financiero, el boicot en algunos sectores industriales y agrícolas, las maniobras para robar la elección en el Congreso, las amenazas de atentados físicos, los rumores golpistas, etc.. fueron algunas de las manifestaciones. Simultáneamente han entrado a operar los métodos de la CIA norteamericana, ya conocidos en otros países, la campaña de presión internacional, la movilización de sus agentes internos en el plano político y publicitario, etc.

Esas muestras de oposición reaccionaria al triunfo popular no tienen nada de "pacíficas". Constituyen parte de una guerra, sicológica si se quiere, pero de una guerra.

El conflicto es entre los trabajadores chilenos y los monopolios nacionales y extranjeros. Entre explotados y explotadores. En resumen: es una lucha de clases.

Esa lucha no se inicia el 4 de septiembre de 1970. Viene de mucho más atrás. Es, como se sabe, parte consubstancial del sistema capitalista, de una sociedad donde los dueños de los medios de producción ejercen su dictadura.

Hay quienes pretenden cerrar el paso del pueblo al poder. Y las maneras de cumplir ese objetivo son diversas; se adaptan a peculiaridades chilenas. Una es usar como elemento de chantaje la relación de fuerzas en el Congreso Pleno, que el 24 de octubre debe proclamar al nuevo Presidente de la República. Parece difícil que la burguesía y el imperialismo se atrevan a provocar a los trabajadores con una maniobra tan escandalosa. Otra manera es conceder graciosamente el gobierno a la Unidad Popular, pero dejarla sin el poder. Esta forma jesuítica de burlarse de la voluntad del pueblo se reviste con argumentos que entregan la tuición de la "democracia" a los agentes de la contrarrevolución. Ellos vendrían a ser los censores que calificarían el carácter constitucional y ético de las medidas que se tomen para construir el socialismo. Está claro, por lo tanto, que se trata de una maniobra para castrar el vigoroso proceso que podría arrancar de la aplicación del programa de la Unidad Popular.

El socialismo, ni siquiera en Chile, puede crecer en un invernadero burgués. No puede desarrollarse dentro de estructuras opresoras, donde el poder real continuará regido por una ideología hostil al proletariado, donde el aparato fundamental del estado responderá a intereses de un sistema antagónico.

No sería honesto ilusionar a los trabajadores con una rendición incondicional de la burguesía y del imperialismo. Eso no ha ocurrido ni hay perspectivas de que así suceda. Menos honesto, todavía, es salir a "vender" por América latina la pomada chilena para llegar al socialismo sin dolor, sin traumas sociales, sin duros enfrentamientos de clase.

El pueblo chileno —particularmente sus obreros, campesinos, pobladores y estudiantes— va a requerir de una conciencia y de una organización tan recia como para permitirle aplastar a sus enemigos. El riesgo es perder una oportunidad histórica que, si bien ha surgido de un modo específico, a través de una victoria electoral, en lo cual muchos no creíamos, no podrá escapar a las leyes generales de la lucha de clases. Será justamente la organización del pueblo, reforzada ideológicamente bajo la orientación de defender a toda costa el triunfo electoral para impulsar mañana el cumplimiento del programa de la Unidad Popular, la que podría garantizar un tránsito relativamente pacífico hacia el socialismo. Un pueblo armado en términos ideológicos y militares es probablemente la mejor garantía de un proceso revolucionario sin grandes choques.

La posibilidad de convertir la actual en una coyuntura revolucionaria, radica estrictamente en la conquista del poder. Este no significa sólo el esqueleto burocrático del país. El poder real consiste en la transformación de los explotados y humillados en protagonistas del nuevo proceso. El poder nace desde abajo e impone una verdadera democracia popular, extensiva a todos los planos, que se entrega a la tarea colectiva de construir el socialismo. Ningún ángulo o sector de la vida nacional puede quedar al margen del proceso porque allí se harán fuertes las tendencias contrarrevolucionarias.

La burguesía y el imperialismo norteamericano, sin duda, fueron sorprendidos con el triunfo electoral de Allende. El candidato de la Unidad Popular les ganó la partida limpiamente. El juego se disputó en la propia cancha de la burguesía, ajustándose a sus reglas y bajo la mirada de un arbitro enemigo. En este aspecto —que tiene gran importancia política— es donde el proceso chileno, tal como en su hora ocurrió con otros ejemplos, reviste caracteres particulares.

Pero la burguesía chilena se ha recuperado de su estupefacción y el imperialismo, en escala continental, habrá sabido tomar debida nota de su derrota política. En todo caso ambas fuerzas reaccionarias dan muestras de revitalización. Actúan ahora de modo de erizar de trampas y de minar el terreno que rodea al poder real, aún no conquistado en Chile.

El Presidente Electo ha dicho con razón que su gobierno no será marxista, debido al pluralismo ideológico de las fuerzas que integran la Unidad Popular. Pero el enemigo no puede dejar de advertir, como a su turno lo entienden los trabajadores; que el programa de la UP, justamente porque ataca centros claves de explotación, es capaz de engendrar un proceso revolucionario, o sea marxista. Esta perspectiva —debe decirse claramente— no la percibíamos hace unos meses y fue otro de los errores de análisis en que incurrimos sectores de izquierda. Pero los hechos ocurridos a partir del 4 de septiembre demuestran claramente —por la reacción del enemigo de clase— que esa posibilidad es real.

La resistencia en el plano financiero y económico de los derrotados en la elección, puede asumir contornos de una verdadera agresión contra el pueblo. Una circunstancia así, orientada a boicotear la producción o la distribución, tendrá que ser afrontada de modo de aplastar la sedición reaccionaria. Para ello habrá que poner en juego la fuerza temible del pueblo organizado, ejerciendo el poder desde la base.

Un gobierno como el de la Unidad Popular, que pondrá en escena a las masas explotadas, no puede ser sino el más democrático que haya conocido el país. Por eso, adaptarse a las "condiciones" de los falsos tutores de la democracia, es caer en una trampa política. Significa entregarle a una corriente ideológica derrotada, la llave de la jaula de las fieras para que las suelte cuando quiera sobre el proceso que se pondrá en marcha.

Al decir esto tenemos claro, por cierto, que las peculiaridades del caso chileno obligan a un determinado proceder en lo cual se incluyen las negociaciones políticas. Creemos, además, que hay un vasto campo de entendimiento legítimo con fuerzas sociales que también están entre los explotados y que, en consecuencia, deben participar activamente en la construcción del socialismo. Aunque esas fuerzas se han orientado en lo electoral por una ideología reformista, que convertida en gobierno fortaleció la concentración del poder monopólico y la penetración norteamericana en la economía, de hecho están siendo ganadas a posiciones clasistas correctas por los comités de la Unidad Popular.

PF en anterior análisis ha sostenido que no deben introducirse factores de perturbación que hagan abortar una perspectiva revolucionaria. Ciertamente hay que tener clara una cuestión de plazos. Un "madrugonazo" revolucionario podría descalabrar toda posibilidad razonable de llevar adelante este proceso. Asimismo, las fuerzas populares chilenas necesitan cubrir una etapa de organización, sobre nuevos métodos, que permita dejar atrás un largo período de desarme ideológico. Las propias reacciones que desaten las medidas que tome el próximo gobierno, actuarán como estimulantes en esa dirección. Pero esto no puede significar un compás de inactividad. Es bueno recordar que los propios economistas de la Unidad Popular señalaron que las principales medidas del programa deberían tomarse en un plazo muy corto para mantener bajo control la subsiguiente reacción derechista (Ver PF Nº 112).

En este panorama cuajado de posibilidades promisorias para nuestro pueblo, corresponde a la izquierda revolucionaria asumir un papel responsable y orientador. Debe pertrechar a los trabajadores con los instrumentos adecuados para encarar cada una de las asechanzas enemigas. No sólo puede, sino que debe, por derecho propio, trabajar en esa dirección, insertada en el pueblo trabajador al que pertenece. En una lucha de clases hay combatientes de uno y otro lado pero no existen espectadores imparciales.

La lucha por el poder recién está comenzando. Y como todo combate se ha iniciado en términos relativamente pacíficos, diplomáticos por así decirlo, lo cual no quiere decir que la construcción del socialismo en Chile vaya a ser tolerada con una sonrisa en los labios por quienes todavía retienen el poder real en lo económico, en lo político y en lo militar.

MANUEL CABIESES DONOSO


El MIR a los obreros, campesinos, pobladores, estudiantes y soldados:

1.— Hoy al mediodía la prensa informó de un asalto realizado contra una sucursal del Banco Panamericano. Estamos ciertos que la Derecha y el Gobierno democratacristiano intentarán adjudicarnos este hecho, para seguir golpeando nuestra organización. También algunos lo incluirán entre las maniobras con que quieren impedir el acceso al Gobierno de la Izquierda, y otros lo utilizarán como elemento de presión en las negociaciones a las que intentan arrastrar a la UP.

2.— El MIR declara que ha sido conducta de nuestra organización firmar y explicar al pueblo cada una de sus acciones. Esta operación no ha sido realizada por el MIR.

3.— Sostenemos que la tarea fundamental del momento es organizarse política y militarmente para la próxima lucha política del 24 de octubre. El pueblo con su movilización y combatividad debe señalarles categóricamente, desde hoy, a los diputados y senadores que no hay nada que negociar, que ya eligió Presidente, que las empresas extranjeras serán chilenas, que los bancos, fundos y fábricas serán de todo el pueblo y que Allende será Presidente por la razón y la fuerza.

SECRETARIADO NACIONAL
Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR)
21 de septiembre.


Notas:

1. En una carta el ministro hindú Nehru expresaba a su hija lo siguiente: "No pienses que el Imperio de los Estados Unidos queda circunscrito a las Filipinas. Aparentemente es la única colonia que poseen, pero aprovechando las experiencias y las dificultades de las otras potencias imperialistas, han perfeccionado los viejos métodos. Los Estados Unidos no se molestan en anexionarse a un país cualquiera, por el estilo como Inglaterra se anexó a la India; les interesan sólo las ganancias y por eso procuran colocar bajo su control las riquezas del país... De suerte que sin grandes complicaciones o choques con el nacionalismo activo, controlan el país y obtienen gran parte de sus riquezas. Este método ingenioso se llama Imperialismo económico. En el mapa no lo verás. Eso es el imperialismo que poseen los Estados Unidos".

2. "Los keynesianos arrancan al sistema económico de su contextura social y lo tratan como si fuera una máquina que debiera ser enviada al taller de reparaciones...". (Paul Sweezy. "Teoría del Desarrollo Capitalista", México, 1945, pág. 381)... "A pesar de contribuir grandemente al entendimiento de la mecánica de la economía capitalista, la "Nueva Economía" fue incapaz de elevarse hasta una comprensión teórica plena de la crisis general del capitalismo, y no pasó de ser el esfuerzo supremo, por parte del pensamiento económico burgués, para descubrir una manera de salvar el sistema capitalista pese a sus síntomas manifiestos de decadencia y desintegración" (Paul Baran, "La Economía Política del Crecimiento", México, 1967, pág. 24).

3. Pruebas de nuestra afirmación, son los siguientes conceptos de Keynes: "Creo en el Estado; abandono el laissez faire, no con entusiasmo, no porque desprecie esa vieja doctrina, sino porque, queramos o no, las condiciones para que tenga éxito han desaparecido". (Escrito en 1924 en la revista "Nation", citado por Enrique Silberstein, "Keynes", Buenos Aires, 1967, Pág. 5).


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02