¡Defender el triunfo!

PUNTO FINAL
Año V. Nº 113
Martes 15 de septiembre de 1970

Editorial

¡ DEFENDER EL TRIUNFO !

EL proceso político ha entrado a una fase muy delicada. Los enemigos del socialismo —encabezados por el imperialismo norteamericano— intentan frustrar la victoria electoral de los trabajadores chilenos.

A pocas horas del triunfo de Allende, abanderado de la Unidad Popular, se descargó una campaña internacional manipulada desde Washington. Tiene características similares de otras que afectaron antes a Cuba, Brasil, Perú, República Dominicana, etc.

Las agencias noticiosas UPI, AP y publicaciones yanquis que sirven de voceros a los monopolios, abrieron el fuego. Esto se produjo aun antes que aflorara la reacción de la derecha interna, derrotada el 4 de septiembre.

Apenas comprobó que podía contar con respaldo del imperialismo, la derecha se lanzó a la acción en diversos frentes. El comando alessandrista, envalentonado por la prensa imperialista, se negó a admitir la derrota, utilizando falaces argumentos. A la vez sacó a la calle a los primeros grupos de manifestantes, desató una campaña de rumores en todas las ciudades y simultáneamente pasó a la etapa de crear pánico financiero, agudizar la fuga masiva de capitales y paralizar sectores industriales y agrícolas. A parejas con esas medidas, inició trotes conspirativos, buscando gorilas para que se encarguen del trabajo sucio.

Respecto del gobierno, convicto de masacres de obreros y pobladores y eficaz aliado durante seis años de la burguesía y del imperialismo, no es aventurado desconfiar de él en este momento. Más bien, todo hace presumir que facilitaría cualquier operación destinada a escamotear una victoria que pertenece a las clases trabajadoras.

Los obstáculos que se interponen entre los trabajadores y el poder, por lo tanto, son todavía enormes.

La burguesía y el imperialismo mantienen sus aparatos coercitivos intactos.

¿Qué cabe hacer?

Por una parte, creemos, reforzar el triunfo electoral que ha conseguido el pueblo. Esto debería traducirse en organizar a obreros, campesinos, pobladores y estudiantes —mediante la ampliación y fortalecimiento de los comités de Unidad Popular— para defender el triunfo.

Se necesita crear una conciencia popular de tal vigor que sea capaz de hacer frente a cualquier contingencia.

El ejemplo de Brasil en 1964, nos indica que no basta una movilización a nivel de las superestructuras políticas o sindicales. Hace falta una organización popular creadora, que nazca desde abajo, sin sectarismos, provista de conciencia revolucionaria y de elementos para una confrontación clasista que puede ser decisiva.

Las características del proceso chileno, que surge de una elección y que por lo tanto se ciñe a períodos legales determinados, hace que el tiempo juegue en favor del reagrupamiento de las fuerzas reaccionarias. Ellas fueron golpeadas en lo electoral por un error que ahora intentan rectificar. Por eso no hay que darles tregua. Si bien las circunstancias políticas aconsejan cautela, deben tomarse medidas que fortalezcan de verdad a los trabajadores en su capacidad de golpear al adversario.

El enemigo del pueblo trabajador es poderoso y goza todavía de buena salud. No lo perdamos de vista.

PF


Análisis

EL ENEMIGO DEL PUEBLO PREPARA UN CONTRAGOLPE

EL Presidente Electo, Dr. Salvador Allende, ha dicho que la victoria del 4 de septiembre no es el triunfo de un hombre, sino de un pueblo. La afirmación de Allende es correcta porque ha sido el pueblo chileno, en particular sus capas trabajadoras, el que ganó las elecciones. Al sector más concientizado de nuestro pueblo, que logró evadir las presionas alienantes de la propaganda reaccionaria, le corresponde en justicia este triunfo.

Mirado desde esta perspectiva y sobre la base de ampliar en forma urgente el soporte social que requiere un gobierno popular, se puede afirmar que en Chile se abre una perspectiva revolucionaria.

Corresponde por lo tanto al pueblo defender, en primer lugar, la victoria del 4 de septiembre; más adelante, desde el Poder, al que debe incorporarse de modo efectivo, corresponderá al pueblo convertir en realidad el programa por el cual votó.

Ese programa plantea como idea central iniciar la construcción del socialismo en Chile.

No escapa a ningún criterio político que las medidas para poner en marcha ese programa, si cuentan con suficiente respaldo popular, tendrán la virtud de acelerar el proceso a través del cual los trabajadores chilenos entrarán al socialismo.

De modo que, en torno a estas dos cuestiones, defender la victoria electoral e impulsar el programa de gobierno de la Unidad Popular, debe centrarse la actividad de los revolucionarios chilenos. En su primera fase, la defensa del triunfo de Allende, la tarea se plantea en dos planos simultáneos. El primero es de conducción política y tiende a aislar a quienes se niegan a admitir su derrota. Nadie podría disputar el manejo de esa situación —que involucra delicadas negociaciones— al propio Presidente Electo y al comando de la Unidad Popular. Son ellos, en definitiva, los que deben administrar la victoria electoral que legítimamente les pertenece.

No está de más señalar, sin embargo, que ciertas manifestaciones de sectarismo arrojan sombras peligrosas y excluyentes en el terreno político.

Pero la defensa del triunfo no se plantea solamente a nivel de las superestructuras políticas. Al contrario, la fortaleza de la Unidad Popular depende de la armazón organizativa que la sustente. Es en este plano —en el de los comités de defensa del triunfo popular— donde la izquierda revolucionaria debe estar presente. Si bien aquí también se han producido algunas manifestaciones de sectarismo, son muchas más las que han comenzado a operar en favor de una combativa unidad por la base.

Las fuerzas más significativas de la izquierda revolucionaria estuvieron de una u otra manera insertadas en el proceso político que precedió a la elección del 4 de septiembre. En muchas partes se integraron a los comités de la Unidad Popular o al menos evitaron el error de llamar a la abstención. La izquierda revolucionaria comprendió oportunamente que, aún cuando ella no compartiera el método ni tuviera fe en sus resultados, debía estar junto a los obreros, campesinos y pobladores que aún cifraban esperanzas, quizás las últimas, en la elección presidencial. En este sentido, salvo la equivalencia sectaria del reformismo en el campo revolucionario, representada por el pekinismo, que se pronuncio contra la candidatura de la Unidad Popular y llamó a boicotear la elección, las fuerzas más organizadas y lúcidas supieron caracterizar correctamente la coyuntura y ubicarse en una posición clasista.

Sin embargo, no dudamos que aun esos destacamentos proletarios que cayeron en un análisis erróneo están ahora firmemente alineados en la defensa de la victoria popular dispuestos a respaldar y empujar enseguida el cumplimiento del programa.

El desarrollo de los acontecimientos posteriores a la elección, demuestra que el reformismo —aunque predominante entre las masas— no se la podrá para enfrentar el reagrupamiento y la ofensiva de la reacción. De ninguna manera significa reforzar al reformismo plantearse hoy como tarea fundamental defender, la victoria de la Unidad Popular. A partir de este triunfo electoral, conseguido por los trabajadores en desigual lucha con la burguesía y el imperialismo, se abre la perspectiva de radicalizar el proceso y de convertir la elección en una auténtica coyuntura revolucionaria.

Pero aun cuando no existiera más remedio que apoyar a los sectores reformistas que dominan en la Unidad Popular, sin ninguna otra perspectiva, y no es el caso presente, a la izquierda revolucionaria no le cabría hoy otro papel. Desde luego porque, como ya hemos analizado otras veces, todavía no tiene el vigor de una alternativa válida. Además, porque marginarse del proceso que se ha abierto significa objetivamente restarle fuerzas a los trabajadores en un enfrentamiento con la reacción que se aprecia inevitable. En consecuencia, sería apoyar a los vacilantes, a los conciliadores y a los claudicantes, fortaleciendo al reformismo, sostener una actitud que entrañara la pasividad o la marginación de las tareas que ahora se plantea el pueblo.

La burguesía, recuperada de la sorpresa inicial, se ha lanzado a complotar para frustrar la victoria popular. Se empeña en sembrar el pánico financiero y económico, intenta aumentar la cesantía con pretextos artificiales, fomenta la fuga de capitales, especula con moneda extranjera, difunde rumores alarmistas, planifica atentados personales (incluso contra el Presidente Electo), etc. Quiere crear un clima caótico que sea el pretexto para un golpe "gorila". La situación actual no puede ser más delicada.

En lo político, la derecha ha dejado a un lado todo pudor. Quienes olvidan los puntos de referencia clasistas para analizar los fenómenos políticos, pudieron creer que Alessandri jugaría limpio. No resultó así. Reaccionando en defensa de la clase que representa, Alessandri se embarcó personalmente en una sucia maniobra. Consiste en la posibilidad de que el Congreso Pleno lo elija a él —con apoyo democristiano— bajo el compromiso de renunciar inmediatamente y provocar así una nueva elección. Esto daría oportunidad a la burguesía para corregir el error del 4 de septiembre, agrupándose en torno a un candidato que acumule el total de fuerzas partidarias del sistema capitalista.

Es difícil creer que en esa maniobra no esté implicado el actual presidente de la República, Eduardo Frei, que ya en 1964 supo actuar de manera tal que consiguió el apoyo de la derecha política y económica. Son bastante conocidos los esfuerzos de los áulicos de Frei para presentarlo como aspirante a un segundo período presidencial.

Por otra parte, en las maniobras especulativas para crear pánico financiero, ha sido ostensible la actitud pasiva del gobierno. En el caso del retiro masivo de fondos de las asociaciones de ahorro y préstamo, por ejemplo, bastaban simples medidas administrativas para ponerle atajo. En lo que respecta a las cuentas corrientes bancarias, ocurrió lo mismo. El gobierno del presidente Frei se lavó las manos, dejando operar tranquilamente esa campaña siniestra, destinada a crear un caos económico en el país. No cabe ninguna duda, por lo tanto, que el gobierno también está actuando guiado por los intereses de la clase dominante a la que representa.

No era posible esperar una cosa distinta. La burguesía y el imperialismo, este último enclavado de modo muy firme en el país, no se van a suicidar mansamente sólo porque la Unidad Popular haya ganado una elección. La batalla, en verdad, recién comienza y los recursos de la reacción son infinitos. Si los dirigentes de la Unidad Popular consiguen ganarle la mano en el juego político propiamente tal, en el que tiene un papel clave la conquista del partido Demócrata Cristiano, se podrán saltar limpiamente las vallas que conducen a la proclamación de Allende por el Congreso Nacional, el próximo 24 de octubre.

Sin embargo, eso sólo resonará una parte del problema. Desde luego, una vez que la derecha gaste todos sus cartuchos políticos, le quedarán todavía en la manga cartas ilegales para impedir que Allende se convierta en Presidente de la República. Y aún más, si la habilidad política del Presidente Electo y del comando de la Unidad Popular corona con éxito la etapa que culmina el 3 de noviembre, comenzará el período más difícil: el de tomar las medidas que consulta el programa del gobierno popular.

Ya en esa situación habrá, sin dudas, intentos reaccionarios para anular el programa de profundas reformas que permitirían iniciar la construcción del socialismo en Chile. La derecha amenazará, chantajeará, buscará contactos con los sectores reformistas más moderados dentro de la Unidad Popular, procurando frustrar desde adentro la realización del programa. Si no tiene éxito, se lanzará a la acción sediciosa y esto es lo más probable porque no existe indicio alguno que permita poner en tela de juicio el sincero propósito del Presidente Electo de llevar a la práctica el programa prometido.

Está claro —a PF le resulta evidente— que en la actual etapa o más adelante, la reacción interna, apoyada por el imperialismo, provocará un enfrentamiento. Si bien conviene retardar esa confrontación hasta tanto se fortalezcan las posiciones revolucionarias, no es sensato perder el tiempo. Debe pasarse de inmediato a una preparación ideológica y militar a nivel de los comités de Unidad Popular que permitan ahora defender el triunfo y mañana asegurar el cumplimiento del programa.

En los hechos se ha iniciado un período de lucha de clases que no tiene otro cauce lógico que subir de nivel. Si bien es cierto que nace de una elección, o sea, se gesta en el seno de la democracia burguesa y pretende desarrollarse por un largo período en el vientre materno, no podrá sino dar a luz en el futuro una coyuntura revolucionaria. Es un destino natural y aun quienes discrepamos del sistema usado para engendrar ese proceso, no podemos sino tomar nuestro puesto en la lucha que ha comenzado.

Hay que estar conscientes, no obstante, que lo peculiar de la situación estriba en que sería un error provocar un parto prematuro; se convertiría en un aborto y no en un alumbramiento revolucionario.

Por ejemplo, la debilidad de la ideología revolucionaria entre las masas es notable aunque su desarrollo se puede acelerar, como ha ocurrido en Cuba con efectos que producen asombro. Hay en este sentido una tarea concreta a impulsar por los comités de la Unidad Popular, cuyas múltiples iniciativas deben ser alentadas a objeto de que en verdad no sean simples organismos electorales, sino "intérpretes y combatientes de las reivindicaciones inmediatas de las masas y, sobre todo, (que) se preparen a ejercer el Poder Popular", tal como señala el programa. En el período actual de defensa del triunfo deberían, por ejemplo, asumir tareas que signifiquen frustrar los sabotajes y atentados que prepara la derecha.

Resultaría fatal que la posibilidad que se presenta de llegar al poder quedara librada al manejo de una superestructura política y sindical burocratizada. El error en que se cayó en Brasil hace seis años, donde el golpe "gorila" aventó el amago de defensa de burócratas sindicales y masas inermes, debe servir de lección.

Crear una conciencia revolucionaria y darles a los comités de Unidad Popular una estructura que permita contar con ellos para un eventual enfrentamiento, es una cuestión de alta prioridad y que requiere la colaboración activa de aquellos sectores que han logrado desarrollar algunas técnicas militares.

Por cierto una acción ideológica orientada hacia las fuerzas armadas y la policía debe ser encarada con el máximo de seriedad y en ese plano también pueden avizorarse líneas de relación a través de los comités de Unidad Popular. [1]

Lo que nos interesa poner de relieve, en todo caso, es que el enemigo del pueblo chileno no está derrotado, ni mucho menos. Quien crea que el 4 de septiembre se dijo la última palabra y que se puede cantar victoria, está desvariando.

El imperialismo norteamericano no va a soportar indiferente la nacionalización de sus intereses en Chile, ni el golpe a su prestigio que significa la apertura de relaciones diplomáticas y comerciales con Cuba, China Popular, Vietnam, República Popular de Corea y Alemania Democrática.

La campaña imperialista contra la Unidad Popular ya comenzó a través de su bien articulado aparato de propaganda internacional.

La burguesía, por su parte, ha reagrupado sus fuerzas. Sería iluso pensar que una simple mayoría electoral, por grande que fuere, bastará para liquidar a una clase que ha gobernado desde que existe la República.

Los partidarios de la vía pacífica sólo han demostrado —con apoyo de quienes discrepan— que una coalición da izquierda puede ganar una elección planteando como programa iniciar la construcción del socialismo.

Correcto. Tenían razón en el caso chileno. (Sin embargo, esa posibilidad nunca fue puesta en duda por la izquierda revolucionaria). Si lo que se busca es un laurel teórico, concedido.

Ahora bien, por la fuerza de los hechos, hoy se produce una convergencia de estrategias en la lucha por el poder. Sería bizantino —y sólo puede producir goce en espíritus sectarios—, dilucidar quiénes tenían la razón. Es una discusión estéril —que algunos tratan de llevar al seno de las masas con propósitos mezquinos—, por que la cuestión del poder sigue pendiente, y el enemigo se robustece.

La situación actual es amenazante para la izquierda. Ya hemos visto que la victoria electoral puede volverse una pompa de jabón. Si no se actúa con flexibilidad política, respaldada por una vasta organización popular capaz de encarar cualquier situación, la victoria no pasará de ser una ilusión.

Para el manejo político puede darse por buena la tesis de que en Chile existe una democracia burguesa perfecta, que abrirá de par en par sus puertas, versallescamente, a quienes pretenden iniciar la construcción del socialismo. Pero esa apreciación no puede llevarse al extremo suicida de hacerlo carne en la conciencia de los trabajadores. Estos deben estar conscientes que no es así y que el enemigo apelará a todo tipo de expedientes, sin ninguna clase de pudores éticos, para retener el poder financiero, político y militar que actualmente maneja.

En estas circunstancias, se hace necesario no abrir brechas en las filas del pueblo, donde las discrepancias ideológicas pueden encontrar vías apropiadas para resolverse en función de la realidad. Lo que se necesita es mostrar al enemigo un ejército compacto, capaz de hacer respetar la victoria electoral y, posteriormente, de imponer las medidas que adoptará el nuevo gobierno para iniciar la construcción del socialismo en Chile. De algún modo la unidad popular combativa ha venido produciéndose. Pero hay que impulsarla más a fondo, extenderla, estimular su ampliación y profundización. Toda actitud sectaria o de "purismo" ideológico resulta contraproducente para los intereses de los trabajadores en estos momentos.

Los obreros, campesinos, pobladores y estudiantes deben ser organizados en la perspectiva de un enfrentamiento de clases. Esa preparación debería contemplar la posibilidad de que la confrontación sea a corto o a largo plazo. Para ambas alternativas deben existir planes concretos.

La experiencia brasileña, repetimos, debe ser tomada en cuenta. La equivocada conducción del reformismo en ese país, dio como resultado una dictadura fascista que no pudo ser conjurada a tiempo, porque las masas carecían de organización revolucionaria. El reformismo tenía la ilusión de una fuerte organización de masas que en realidad no existía: los trabajadores estaban desarmados ideológica y militarmente. Con los comités de defensa del triunfo popular, en el caso chileno, no debe ocurrir lo mismo.

PF


LA ASAMBLEA GENERAL DE LA FEDERACIÓN DE ESTUDIANTES
DE CONCEPCIÓN, CONSIDERANDO:

1.— Que tal como señalamos en el IX Congreso de la FEC. la medición de fuerzas implicada en el acto electoral permitió mostrar el claro avance del movimiento popular chileno; su triunfo exige la preparación de las masas para los nuevos enfrentamientos que se avecinan, frente a la provocación de las fuerzas de la derecha, el gorilaje latinoamericano y el imperialismo yanqui.

2.— Frente a la situación creada por el triunfo popular, es evidente que la capacidad de convocatoria del pueblo se amplificó; pero al mismo tiempo ese triunfo ha polarizado las fuerzas sociales, y la derecha se lanza al desconocimiento de él, y a la organización de sus sectores más reaccionarios, pretendiendo mantener su poder a través de otros medios.

3.— Es por ello que la ampliación de la convocatoria popular debe ser extremada a través de la movilización y la organización de las masas populares en defensa de su triunfo; para eso no debe esperarse: la conducta de la derecha así lo exige, la intervención de la Voz de las Américas, la transmisión del discurso del gorila Levingstone, dictador de Argentina, son ejemplos de la movilización de la reacción.

4.— Pasada la elección, la derecha gira provocando nuevos enfrentamientos que ya no se darán en el terreno electoral; esos enfrentamientos que se avecinan deben contar con un pueblo alerta, dispuesto a combatir; un pueblo que no confía en los mecanismos clásicos de la democracia burguesa; un pueblo que no confía en la negociación política; un pueblo que ya tiene conciencia de la tramitación; un pueblo que desconfía del poder que hasta ayer lo reprimió.

5.— Frente a la movilización de la derecha, las masas populares deben organizarse y estar dispuestas a la respuesta pronta, frente a su provocación, cualquiera sea el campo en que la derecha precipite los enfrentamientos.

EN DEFENSA DEL TRIUNFO POPULAR LEGALMENTE ALCANZADO,
LA FEC ACUERDA:

Convertir la Universidad en un organismo de defensa del triunfo a través de la organización de los Comités de Defensa del Triunfo Popular y de los Comités de la UP existentes, por Escuelas e Institutos, con la participación de los distintos estamentos universitarios.

Estos comités deben atender la movilización de las bases universitarias convirtiendo los distintos institutos y escuelas en ámbitos de discusión, agitación y propaganda de los hechos derivados del triunfo popular el 4 de septiembre.

Deberán, además, arbitrar las medidas conducentes a convertirlos en verdaderos organismos de defensa, desarrollando las formas de preparación necesarias.

Cumplir con los principios de la Universidad Militante, colaborando en la organización y movilización de las masas.

Exigir del H. Consejo Superior y otros organismos de la Universidad su compromiso público en la defensa del triunfo legítimo de los trabajadores, personificado en el compañero Salvador Allende.

¡ESTUDIAR, LUCHAR Y VENCER!

FEDERACIÓN DE ESTUDIANTES DE LA UNIVERSIDAD DE CONCEPCIÓN


Política Nacional

SEDICIÓN: ÚNICA SALIDA DE LOS DERROTADOS

Alas dos de la tarde del miércoles 9 de septiembre cuando la sucursal "Cerrillos" del poderoso Banco Edwards cerró sus puertas, en la cuenta personal de Sergio Onofre Jarpa, presidente del Partido Nacional, permanecían intactos alrededor de 300 mil escudos depositados allí antes de las elecciones presidenciales del día 4. Sin embargo, aquel miércoles 9 marcaba ya el tercer día de una "corrida bancaria" con retiros de fondos que totalizaban más de seiscientos millones de escudos, extraídos tanto de los bancos comerciales como de las asociaciones de ahorro y préstamos.

Expertos consumados en cábalas financieras, los grandes magnates no retiraron sus depósitos en caja —o si lo hicieron— bastante les quedó siempre en ella, más los que cayeron redondos en el juego fueron los poseedores de pequeñas y medianas cantidades de dinero. (Algunos adinerados que viajaron al extranjero retiraron fondos y joyas de las cajas de seguridad incluso los días sábado 5 y domingo 6, para lo cual se les abrieron de manera extraordinaria e ilegal las puertas de los bancos).

El falso clima de terror —origen directo de la corrida— ante el advenimiento del primer gobierno auténticamente popular en la historia de Chile, fue provocado tanto por la multimillonaria campana publicitaria previa a los comicios, como por los rumores diseminados de modo planificado con posterioridad a ellos.

El primer día laborable luego de las elecciones —el lunes 7— se retiraron de los bancos 180 millones de escudos, cifra que el miércoles había crecido hasta cerca de 500 millones, mientras que una cuota de 100 millones de escudos restada a las arcas de las asociaciones de ahorro y préstamo amenazaba a esas entidades con la falencia.

La corrida bancaria conformaba el inicio de una acción planificada por los sectores de las altas finanzas y los partidos que constituyen su expresión política, dirigida a impedir la ascensión al poder del doctor Salvador Allende, una vez consumada la derrota de su abanderado, el empresario Jorge Alessandri. Antes, había fracasado el primer punto del plan, el desorden callejero que se intentó llevar a la práctica a la voz de orden de una declaración del excomando alessandrista que desconocía la victoria popular y planteaba la tesis conocida: El proceso electoral no ha finalizado. Aquel domingo 6 se buscó y atizó, pero sin éxito, una intervención militar que de un solo golpe eliminara el veredicto de las urnas.

Muerta aquella posibilidad se inició la operación "sabotaje económico" centrada en los bancos privados y la bolsa de comercio, símbolo y praxis del mar financiero en el que los derrotados navegan como peces en el agua. Se procuraba una crisis artificial que, agotados los encajes, obligaría al cierre de los bancos, detonante del pánico. En la bolsa, los financistas de la oligarquía fueron víctimas de su propio juego. Autosugestionados con un éxito electoral que no llegó, adquirieron antes de los comicios numerosas acciones con fines especulativos. La victoria de la Unidad Popular los dejó en la estacada.

Una reacción rápida y hábil del Presidente Electo y de su comando, así como una posición realista —a lo menos en lo verbal— del gobierno saliente, tendían al escribir esta nota, a paralizar la maniobra referida a los fondos depositados. Mas algo que no debe despreciarse es la capacidad de desplazamiento de este enemigo que ya a fines de la semana pasada, orientaba su quehacer saboteador hacia la suspensión del pago de obligaciones privadas, a la cancelación de las órdenes de adquisiciones y a la amenaza del cierre de fuentes productivas y de trabajo. Un discurso del doctor Allende en la noche del miércoles 9 debía contribuir a destruir la campaña de falacias, pero al mismo tiempo, en algunas esferas de gobierno se enarbolaba la peligrosa —y falsa— teoría de "que el pánico es inevitable".

Actuando en los frentes económico y político, la derecha procura —y procurará— desvirtuar el triunfo popular en las urnas y reponerse del mal cálculo con el único recurso a su mano: la sedición. Toda su acción está hoy dirigida hacia esa meta, bajo el lema proclamado por "El Diario Ilustrado" veinticuatro horas después de los comicios: El futuro de Chile es oscuro, tenebroso y lamentable. ¿Quién fue el hombre que durante la pasada campaña electoral sostuvo que si en Chile se entronizaran fuerzas extrañas —léase marxistas— la fuerza pública "salvaría" al país "aún a riesgo de perder nuestra apreciada libertad"? Tal frase acuñada por Jorge Alessandri vaticinaba ya que sus sostenedores recurrirían al trastorno institucional si ello era necesario.

En seguida, ya derrotado, ha sido este mismo Alessandri quien ha sugerido la más deshonesta propuesta conocida en la historia política del país: Elíjanme en el parlamento y renunciaré de inmediato, para que haya nuevas elecciones.

Detrás de estas maniobras, desesperadas sí, pero efectivas si no son combatidas a tiempo, se ubican los poderosos intereses del imperialismo norteamericano y de la oligarquía criolla. Sus actos son secundados por un también fuerte conglomerado de medios de expresión que ya el cinco de septiembre habían renovado la campaña del terror, demostrando de paso que una cosa es ganar las elecciones y otra acceder al Poder.

Si se debe admitir hoy la singularidad de Chile al ganar la izquierda unas elecciones que le abren la puerta de la Presidencia —suma del poder político— la excepcionalidad, de ninguna manera, rige para diseñar un idílico abandono de sus privilegios de parte de la clase dominante. Antes que eso, el pueblo chileno está recibiendo hoy una muy práctica lección política sobre la violencia reaccionaria, aplicada por el momento en la esfera económica.

Y estamos en los comienzos, porque la oligarquía, en amplia gama, lucha hoy en todos los frentes. A círculos de la Unidad Popular han llegado serios indicios sobre la preparación de atentados personales en contra del Presidente Electo y cuidadosas medidas de seguridad rodean hoy la actividad del doctor Allende. En Brasil se intentó primero asesinar a Joao Goulart. El 12 de septiembre de 1963, la guardia del presidente brasileño, logró detener a conspiradores y requisar las armas que en la hacienda del multimillonario Alberto Ferreira da Silva se habían concentrado para materializar el atentado. Fracasado el intento, se recurrió al golpe de estado.

En el plano inmediato, la sedición es la única salida para los derrotados de la derecha tradicional y para ello, allí está la colaboración de siempre, la Agencia Central de Inteligencia norteamericana (CIA), aquel organismo de espionaje al servicio directo de los monopolios estadounidenses que para algunos ingenuos es nada más que un motivo de propaganda de los revolucionarios. Los 200 mil funcionarios y colaboradores de la CIA en todo el mundo, provistos de los millones de dólares de su presupuesto, desarrollan activamente una labor que en América latina ha depuesto y repuesto presidentes, según convenga a Washington, y esto sin hablar de la confesa invasión mercenaria a Cuba. Se recuerda que en Brasil, al ser derribado Goulart, la intervención de la CIA fue tan descarada que un telegrama de felicitación dirigido por Johnson a los conspiradores, llegó 24 horas antes de consumado el golpe ...

Para Chile, en este aspecto, tampoco vale la excepcionalidad.

VARILARGUERO


Tribuna ideológica

MARX, REVOLUCIONARIO DE HOY

"LOS niños que nacen en este momento crítico de la Historia ... tienen ante sí el período más revolucionario de la Humanidad. Lo peor es ser ahora viejo, pues el viejo sólo puede prever, pero no ver" —escribía Marx apenas dos años antes de quedarse dormido para siempre en su sillón. Los tiempos que siguieron fueron de auge engañoso para sus ideas: un movimiento político confederó a grandes núcleos del proletariado europeo; sus intelectuales y activistas divulgaron el marxismo y exigieron a los militantes el apego a una versión determinada de la doctrina del maestro; en los congresos científicos, universidades y textos notables alrededor del 1900, los pensadores sociales debatieron con Marx o con su sombra; una fuerte organización sindical en Alemania era la base y el perfil interno del más grande partido socialdemócrata.

Pero la revolución proletaria no resultó del trabajo paciente de los políticos y sindicalistas de la 2ª Internacional, ni el marxismo de cátedra fue partero de una nueva cultura. Ellos eran realmente el complemento y el balance de la adultez burguesa, y su impotencia se desnudó en la tragedia de la guerra mundial, en que bailaron el papel de marionetas.

Los marxistas entonces fueron las espartaquistas, los revolucionarios de media docena de países, pero sobre todo los que hicieron un partido marxista para tomar el poder en un enorme país de mayoría campesina, de gobierno autocrático y terrorismo revolucionario, de huelgas obreras y nacionalismos feroces: los bolcheviques de Lenin, que hicieron comunista a la Revolución rusa.

Medio siglo después se celebró el centenario de El Capital, y aun el sesquicentenario del nacimiento de Marx. El marxismo es la ideología más importante del mundo de hoy, porque permite plantearse las soluciones más profundas a los problemas de la revolución contemporánea contra el imperialismo y de la profundización de la liberación nacional a través de la lucha por el comunismo; la mejor manera de rendir tributo de recordación intelectual a Marx es el estudio de sus grandes temas, los de la revolución por el comunismo, desde la perspectiva de la realidad y las ciencias sociales actuales, y con el mismo presupuesto de servicio a la revolución que animó su trabajo.

Sin embargo, muchas conmemoraciones y coloquios escamotean el sentido de la actividad de Marx, al reducir su vigencia a contrapunto de cualquier cosa ("marxismo y .. .", o entender el marxismo como "investigación científica pura", o a celebrar elegantes torneos de salón. Ya una vez, al pie de la insurrección de Octubre, Lenin denunció la maniobra del Marx respetable: "En semejante 'arreglo' del marxismo se dan la mano actualmente la burguesía y los oportunistas dentro del movimiento obrero".

A partir de lo anterior, es una necesidad política el estudio de Marx mismo y de la historia del marxismo, para hacer de su prestigio una fuerza más del cambio y no del sostenimiento de lo existente, pero esta sola razón para el estudio no advertiría lo principal: 1) hay en Marx mismo instrumentos de análisis y conocimientos capaces de ayudar a orientar la actitud teórica de hoy; 2) el estudio del marxismo y de sus condiciones históricas de desarrollo es un elemento importante para la comprensión de las dificultades, los logros y los proyectos en nuestra historia revolucionaria y en nuestro combate actual por el comunismo.

No cabe en el marco de este trabajo ni siquiera una exposición sucinta de los elementos citados. Pero apuntar algunas opiniones sobre uno de los temas que me parecen importantes puede añadir algo, como ilustración, sin pretensiones de definición.

El marxismo se incorpora realmente a la cultura cubana con su inserción en el movimiento revolucionario contra el imperialismo y las dictaduras burguesas nativas en la segunda y tercera décadas del siglo. Antes ha habido activistas obreros anarcosindicalistas y marxistas, socialistas e intentos de partidos —cosa natural en el marco de los trascendentales sucesos políticos y económicos entre 1868 y 1923— pero si no miramos con prejuicio convendremos en que las ideas marxistas no tienen todavía suelo social en el cual fructificar en este período.

Si en el siguiente esto fue posible es porque el nuevo movimiento tuvo que partir del camino de Martí, el antimperialismo, y ahora la liberación nacional se encontraba ante el bloque fundido ya de los imperialistas y el capitalismo neocolonial cubano: la dictadura de los trabajadores es la perspectiva de la liberación en el siglo XX. La cultura política necesitó al marxismo, para la elaboración teórica y para las consignas. El nuevo rostro nacional de la cultura se buscó a sí mismo a la vez en las raíces y en el destino de los hombres sin historia. En los combates y en las polémicas, en los programas y las poesías, el marxismo ingresó en nuestra cultura.

Es solamente con el triunfo de la guerra revolucionaria, iniciada y dirigida por Fidel Castro, que se abre para el marxismo, sin embargo, la posibilidad de ser asumido por las masas cubanas. El quebrantamiento del poder del Estado, vencido su ejército y náufragos sus desprestigiados mecanismos políticos, fue la condición para realizar la liberación nacional e iniciar las transformaciones socialistas, en un proceso único en que los autores, cada vez más numerosos, se cambiaban a sí mismos en la acción, en una ampliación del proceso de formación de la vanguardia en la guerra.

"Tanto para engendrar en masa esta conciencia comunista como para llevar adelante la cosa misma, es necesaria una transformación en masa de los hombres, que sólo podrá conseguirse mediante un movimiento práctico, mediante una revolución ...", había escrito Marx en La ideología alemana; y la historia de la revolución cubana ratifica otra vez su acierto. La conciencia comunista se extiende cada vez más en el pueblo y tiende a la permanencia y a la inclusión de más esferas de la conducta individual en su influencia, ante todo porque la revolución sigue planteando tareas inmensas, combatiendo grandes dificultades y despreciando el conformismo, esto es, porque la revolución continúa.

Con el ascenso del nivel político y cultural del pueblo aumentan las posibilidades de transformación comunista a través de la profundización de la conciencia en cuanto a las metas y sus escollos, y de la participación efectiva en la solución de los problemas. Aumenta también el papel de la formación intelectual de los trabajadores y, por tanto, la exigencia de masividad y calidad en los productos que satisfagan esa necesidad. Los que tenemos tarea en ello, debemos estudiar al hombre que escribió: "tenía que aprovechar todos los momentos en que era capaz de trabajar para terminar mi obra, a la que he sacrificado la salud, la alegría y la familia".

El hombre que nos legó un fin más alto para el combate, un razonamiento para el odio y la promesa de una nueva cultura.

FERNANDO MARTÍNEZ
La Habana


Análisis

NUESTROS VECINOS

LA victoria electoral de los trabajadores chilenos, obtenida en un feudo controlado por el imperialismo, plantea algunas cuestiones que deben ser miradas con objetividad.

El imperialismo yanqui no ha agotado, desde luego, las cartas que puede jugar en Chile. Van desde maniobras a nivel político y publicitario —para lo cual cuenta con bien aceitados mecanismos—, hasta el intento de un golpe de estado. Para esos efectos, la embajada norteamericana en Santiago cuenta con un equipo de funcionarios que sube de los trescientos, vinculados a muchos sectores nacionales. Además están los agentes de la CIA que se mueven en diversas esferas, bajo múltiples disfraces. La Fundación para el Desarrollo Internacional, por ejemplo, un organismo periférico de la CIA, cuenta con oficinas y numerosos funcionarios en Chile. Lo mismo ocurre con otras agencias y empresas norteamericanas que, en verdad, son dependencias del staff del crimen y la conspiración que Richard Helms dirige en Washington. Círculos policiales chilenos han revelado que en el último período se ha notado un activo movimiento de "turistas", "hombres de negocios" y "periodistas" norteamericanos.

Por otra parte, los conspiradores internos que tratan de frustrar la victoria popular del 4 de septiembre, no hacen misterio de que esperan ayuda extranjera para cumplir sus planes. Piensan que el imperialismo, escaldado por las ominosas huellas que dejó su intervención en Brasil, República Dominicana o en la frustrada agresión de Playa Girón, podría actuar en el caso chileno mediante el concurso de algunos "hombres de paja".

ARGENTINA

El más connotado es el general de brigada Roberto Marcelo Levingston, actual "presidente" de Argentina.

Levingston es el típico militar latinoamericano con cerebro made in USA. Por algo el pueblo argentino le llama "El Jeep" porque "es cuadrado, viene de Estados Unidos y lo manejan los militares". Como se sabe, Levingston es algo así como el presidente de una sociedad anónima. El gobierna su país como representante de los accionistas, en este caso los "gorilas", que, a su vez, son simples testaferros del imperialismo. Fue escogido para el cargo por sus irreprochables antecedentes al servicio de los Estados Unidos. En efecto, su especialización en los servicios de inteligencia comenzó en 1947, como alumno de la Escuela de Informaciones del Ejército.

Después de graduarse pasó a trabajar en el ministerio de Guerra. En 1955, cuando ya era miembro del estado mayor del ejército, fue enviado en comisión de servicios a la Secretaría de Informaciones del Estado. Retornó como teniente coronel al estado mayor y luego dictó clases en la Escuela Superior de Guerra. En calidad de oficial de inteligencia e informaciones fue destacado en el comando del Ejército de los Andes, y luego pasó al comando del III Cuerpo del Ejército. En septiembre de 1962, se convirtió en coronel y jefe del servicio de informaciones del ejército argentino. En enero de 1963, fue ascendido a segundo jefe ejecutivo de Inteligencia del Estado Mayor General. Al año siguiente participó en la I Conferencia de Inteligencia Militar celebrada en Lima. Dos años después fue enviado a EE.UU. para seguir cursos de especialización de "inteligencia militar interamericana" y ese mismo año ascendió a general de brigada. Luego de su especialización, donde recibió encomiásticas notas de la CIA y el Pentágono, Levingston fue jefe de personal y jefe de inteligencia del Estado Mayor Conjunto; en 1968 pasó a integrar el Estado Mayor General del ejército y en enero de 1969 se le designó agregado militar en EE.UU. y representante de Argentina en la Junta Interamericana de Defensa.

Los jefes militares argentinos, encabezados por el teniente general Alejandro-Agustín Lanusse, son la punta de lanza del Pentágono norteamericano. En efecto, ellos vienen sirviendo de portavoces en América latina de los planes elaborados por el Pentágono para integrar las fuerzas represivas a nivel interamericano. El "hombre fuerte" de Argentina, Lanusse, escogió bien a Levingston cuando hubo necesidad de reemplazar a Onganía. El sucesor es un experto en el trabajo de inteligencia y comunicaciones, rubro estimado vital en el proyecto de Sistema Militar Interamericano (SMI). Ya en la VIII Conferencia de Jefes de Ejércitos Americanos, celebrada en septiembre de 1968 en Río de Janeiro, Lanusse propuso la coordinación de los sistemas de inteligencia, comunicaciones y logística. La "comunidad informativa americana" propuesta por Lanusse fue aprobada, en definitiva, en abril de este año en la IV Conferencia de Comandantes de Comunicaciones de Ejércitos Americanos, efectuada en Buenos Aires. El general norteamericano, George E. Pickett, lo destacó como un gran paso adelante en la integración militar auspiciada por el Pentágono.

Sobre la base de esta estructura pronorteamericana en las fuerzas armadas argentinas, no es tan remota la esperanza que abrigan los conspiradores en Chile de algún tipo de ayuda procedente del país vecino. No obstante, el general Levingston y sus camaradas tampoco las tienen todas consigo. Dentro de Argentina hay manifestaciones crecientes de lucha revolucionaria que por su propia actividad —que mantiene en permanente alerta a los aparatos represivos—, podría frustrar otro tipo de operaciones extra-fronterizas de los "hombres de paja" que manejan el país.

Las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP) y otras organizaciones revolucionarias, que se plantean la lucha armada urbana y rural, y que ya han descargado fuertes golpes, mantienen bastante ocupado a Levingston como para que se lance en una aventura más allá de las fronteras argentinas. Las FAP, tal como otros destacamentos revolucionarios, afirman correctamente que "sería utópico plantearnos aisladamente la liberación de nuestra patria. Es decir, nuestra estrategia tendrá que ser continental, la liberación total sólo será producto de la derrota del imperialismo a nivel continental".

BOLIVIA

En Bolivia, entretanto, el imperialismo cuenta con el erosionado gobierno del general Alfredo Ovando Candia. Terminados sus coqueteos nacionalistas, el régimen de Ovando trata a duras penas de esconder su verdadera fisonomía. Su debilidad aumentó desde que el Ejército de Liberación Nacional (ELN), reabrió las operaciones guerrilleras.

Las guerrillas comandadas por Osvaldo ("Chato") Peredo Leigue, que se están extendiendo a otros frentes dentro de Bolivia, parecen ser suficientes como para mantener inmovilizado al ejército boliviano. No obstante, tal como en el caso de Levingston, mientras en Bolivia subsista un régimen proimperialista, donde los agentes de la CIA pueden operar tranquila y casi abiertamente, las amenazas contra un proceso hacia el socialismo en Chile, serán evidentes. Pero está bastante claro que el desarrollo de la lucha armada popular en esos países, no sólo constituye una promesa de liberación para los pueblos argentino y boliviano, sino que, a la vez, se convierte en estimable aliada de la lucha "pacífica" de los trabajadores chilenos.

PERÚ

En lo que se refiere a Perú, la situación cambia favorablemente. El gobierno militar que encabeza el general Juan Velasco Alvarado está transformando aceleradamente la fisonomía del país vecino, mediante medidas que hacen justicia a los obreros y campesinos de ese país. Aun cuando puedan hacerse diversas observaciones sobre las limitaciones que presenta el ensayo peruano, no hay duda que ofrece las características de un proceso movilizador de las masas trabajadoras. El gobierno de Velasco Alvarado, en ningún caso, podría calificarse dentro del es quema aplicable a un Levingston o a un Ovando.

Un gobierno popular en Chile sólo puede representar ventajas para el régimen peruano. En las diferencias o roces que na tenido con el imperialismo, por ejemplo, podrá contar ahora con una ayuda de considerable influencia política en el continente. Los sectores más chovinistas de Chile y del Perú, empeñados en mantener vivas las heridas que provocaron en el siglo pasado los conflictos fomentados por las grandes potencias, recibirán un golpe muy duro con las enormes perspectivas de colaboración y entendimiento que se abren entre un gobierno chileno, presidido por Allende, y el régimen peruano encabezado por Velasco Alvarado. En este sentido es posible preveer un acercamiento entre Santiago y Lima que será mutuamente provechoso.

Hasta ahora el gobierno peruano ha debido sortear con extrema cautela los numero sos escollos que le ha colocado el imperialismo. Un gobierno popular en Chile, en cambio, garantiza al Perú no sólo tranquilidad a sus espaldas, sino, además, el estímulo de la presencia en el continente de otro país que desarrollará una política exterior libre y soberana.

Sin embargo, la principal garantía de que el próximo gobierno del Presidente Allende podrá poner en práctica las medidas consultadas en su programa, nace de un factor interno. Se trata de la movilización y respaldo que le otorguen los trabajadores, organizados de tal modo que puedan garantizar la continuidad y profundización del proceso hacia el socialismo. Naciones mucho más pequeñas que Chile, como Cuba por ejemplo, a tiro de cañón de las costas del imperio, han demostrado que el imperialismo no es un enemigo invencible. En una situación más extrema, lo mismo prueba el heroico pueblo de Vietnam que se mide de igual a igual —en el plano militar— con el imperialismo. Tanto en Cuba como en Vietnam, la base de sustentación de esos procesos, bastante diferentes por cierto al que se intenta en Chile, son sus respectivos pueblos. Creemos que el pueblo chileno puede ser, asimismo, movilizado de tal modo que hoy haga respetar la victoria electoral y que mañana respalde la puesta en práctica del programa de la Unidad Popular, haciendo frente a todas las agresiones que. sin duda, está tramando el imperialismo.

F. C. M.


Planteamiento

TAREAS DE LOS COMITÉS DE LA UNIDAD POPULAR

EL triunfo de Allende no es sólo el triunfo de los allendistas, es el triunfo del pueblo de Chile, de los obreros, de los campesinos, de los pobladores, de los estudiantes, de todos aquellos que ganan su vida con su trabajo.

El triunfo de Allende es una derrota para el imperialismo y la oligarquía de nuestro país.

Un triunfo, una derrota. No el triunfo o la derrota ya que este triunfo no es el final de la lucha. La lucha electoral ha terminado. Nadie puede desconocer que la mayoría del pueblo estuvo con Allende, y que esta mayoría representa al sector más consciente del pueblo. Pero, una nueva lucha comienza hoy: la lucha por la conquista del poder. La lucha por que Allende apoyado por el pueblo pueda gobernar, pueda vencer las resistencias de todo orden que pondrán en práctica los enemigos del pueblo, pueda realizar consecuentemente el programa por el cual el pueblo votó.

El reciente proceso político chileno ha demostrado que, en condiciones muy determinadas (una derecha dividida, un elevado nivel de conciencia política en el pueblo, una coyuntura latinoamericana favorable, un debilitamiento relativo del imperialismo, etc.), es posible llegar al gobierno por la vía electoral.

Sin embargo, queda en pie el mayor desafío: la construcción del socialismo sin que haya derramamiento de sangre, sin que se produzcan enfrentamientos violentos con las fuerzas de derecha destinadas a desaparecer.

La calma que siguió al anuncio oficial del triunfo de Allende parecía pronosticar un final feliz a la gran aventura en que se embarcaron las fuerzas de la Unidad Popular. Sin embargo, en menos de cuarenta y ocho horas, en el hasta entonces diáfano horizonte empiezan a aparecer las primeras nubes. Las fuerzas que apoyan la candidatura de Alessandri no reconocen el triunfo de la izquierda y llaman a las fuerzas "democráticas" a aunar fuerzas contra el marxismo. Pensamos que son los primeros indicios de una lucha larga y prolongada, cuyo carácter pacífico o violento dependerá de la actitud que adopten las fuerzas de derecha. Y que esta actitud dependerá, a su vez, de la forma en que el pueblo se prepare para defender el triunfo y avanzar hacia el socialismo. Un pueblo armado ideológica, política y militarmente para defender sus intereses es la mejor garantía para un tránsito pacífico al socialismo.

Los comités de Unidad Popular que fueron el núcleo orgánico medular de la campaña electoral, deberán transformarse ahora, como lo plantean sus propios dirigentes, en núcleos de defensa del triunfo y en gérmenes del poder popular que todavía es necesario conquistar.

Fortalecer los Comités de Unidad Popular, crear nuevos comités allí donde antes no existían, llamar a participar en estos comités a todos los que hasta entonces estuvieron marginados, sea porque apoyaron a otro candidato, sea por indolencia, sea porque no hicieron un análisis político correcto del verdadero carácter del momento histórico que estaban viviendo, es la consigna política correcta del momento actual.

Pero junto a este llamado amplio a participar en los comités de U.P. es necesario redoblar la vigilancia para que quienes se integren a ellos, en esta nueva etapa, estén realmente dispuestos a trabajar por los nuevos objetivos que la coyuntura actual plantea.

Debemos estar conscientes de que la situación actual es el mejor caldo de cultivo para todo tipo de oportunismo. Sin embargo, esta no debe ser una razón válida para restringir la integración de nuevos elementos; pensamos que es en el trabajo práctico concreto y no en las declaraciones de adhesión verbal donde los nuevos integrantes deberán demostrar su deseo real por trabajar dentro de la Unidad Popular.

La tarea actual dominante es la de consolidar la defensa del triunfo, constituyendo los comités en núcleos germinales de poder popular. Para ello es necesario organizarse de tal modo que, en caso de un estado de emergencia, cada miembro del comité esté en su puesto de combate con el máximo de medios de defensa de que pueda disponer. Este es un nuevo desafío al ingenio de nuestro pueblo.

Sin embargo, las tareas de defensa no deben desligarse de las tareas de concientización política. Sólo un pueblo políticamente consciente de los objetivos que se propone alcanzar será capaz de jugarse por entero en la lucha por conseguirlos.

Junto a la tarea de consolidar la defensa, está también, por lo tanto, a la orden del día la tarea de elevar el nivel de conciencia política del pueblo.

Los comités de Unidad Popular deben prepararse para la defensa de la región geográfica en la que les corresponde actuar. Deben plantearse, por lo tanto, tareas de tipo militar. La directiva del comité, sin que lo sepan necesariamente todos sus miembros, debería hacer un ficha je de todos los instrumentos técnicos de que se dispone. Debería luego destacar un grupo dentro del comité, el más decidido y de mayor iniciativa, para las tareas directamente militares. El resto del comité debería desempeñar una tarea de vigilancia constante del sector en que le corresponde actuar.

Deberían organizarse canales de información para que se conozca, en el plazo más breve posible, cualquier anomalía que ocurra en el sector. En esta tarea de vigilancia, los jóvenes tienen un papel importante que desempeñar. Deberían buscarse formas de organización, en grupos más pequeños, que facilitaran el contacto en caso de estado de emergencia en que no se pueden realizar reuniones masivas." Debería realizarse un esfuerzo por integrar a estas tareas, aunque sólo fuese como instructores, a todos los elementos de las fuerzas armadas y carabineros que viven en el sector y que apoyan al gobierno popular. Esta preparación militar debe estar al servicio del orden popular, evitando caer en cualquier tipo de provocación. Lo que nunca ha entendido la burguesía es que la preparación militar del pueblo no es para hacer la guerra sino para evitar la guerra, que la necesidad de la preparación militar del pueblo nace de la actitud que ha tomado la burguesía a lo largo de la historia frente a todos los triunfos populares que han existido. El pueblo ya aprendió la lección; el fracaso de la Comuna de París porque el pueblo no estaba armado, porque no estaba preparada la defensa, no puede volver a repetirse.

Decíamos anteriormente que sólo un pueblo políticamente consciente de los objetivos que pretende alcanzar será capaz de jugarse por entero en la lucha por conseguirlos. Por ello la defensa del triunfo implica también importantes tareas de educación política. En este sentido pensamos que los comités de Unidad Popular tienen una doble tarea: 1º) elevar el nivel de conciencia política de sus propios miembros, 2º) hacer una adecuada propaganda política en el sector de modo de ir ganando nuevos adeptos para la causa del pueblo.

Pensamos que para cumplir esta tarea los comités deben tener el máximo de iniciativa, no esperar que todo llegue preparado desde arriba. Sería conveniente formar, dentro de cada comité, un grupo encargado específicamente de cumplir estas tareas de educación política. Quizás sería conveniente que este grupo realizara una pequeña encuesta dentro del comité para detectar cuál es el nivel de formación política en el que se encuentran sus miembros y planear, a partir de estos datos, cómo organizar cursos, charlas, lecturas dirigidas, etc., para sus miembros. En aquellos casos en que los comités de trabajadores, campesinos o pobladores no contaran con las personas suficientemente preparadas para dar esta formación política, podrían pedir colaboración a otros comités de Unidad Popular que cuenten con equipos mejor preparados. Volvemos a insistir en la importancia de la iniciativa creadora en la búsqueda de los mejores métodos de formación política. Las experiencias adquiridas en los diversos comités podrán ser intercambiadas enriqueciendo de esta manera una pedagogía política revolucionaria.

La tarea de propaganda política externa es de suma importancia. Son muchas las personas que no nos apoyan porque han sido engañadas por la propaganda de la derecha, por la propaganda del terror. Un sólo ejemplo basta: la derecha plantea que el régimen marxista va a destruir toda propiedad privada, que se le quitarán las casas, el sitio, el auto, etc. ¿Por qué no sacar una hojita a mimeógrafo que explique la diferencia entre la propiedad privada de los medios de producción y la propiedad privada de los medios de consumo? El equipo de educación política debería, ayudado por todos los miembros del comité, ir detectando cuáles son las informaciones incorrectas que tiene la gente del sector, que no son las mismas en todos los sectores, para ir atacándolas punto por punto.

Para realizar este trabajo, no basta con el equipo de educación política; éste debe estar apoyado por un equipo especializado en realizar la impresión de los materiales que se necesite difundir. Ojalá se lograra que cada comité de Unidad Popular contara al menos con un mimeógrafo, aunque sea de construcción muy rústica. Los mismos trabajadores pueden construirlos. Aquí nuevamente sería importante investigar los métodos más fáciles para cumplir con estas tareas. En caso de una situación de emergencia, el que cada comité pudiera contar con estos medios de difusión propia sería de gran utilidad.

Como se ve las tareas no faltan. El desafío a la iniciativa creadora del pueblo chileno está planteado. Y estamos seguros de que el pueblo sabrá responder. El pueblo unido jamás será vencido. VENCEREMOS.

VICTORIA


Política nacional

ELECCIÓN DE ALLENDE: CAMBIO EN EL ESQUEMA

TRIUNFADOR el Dr. Salvador Allende el 4 de septiembre, cambian las condiciones materiales para hacer la revolución socialista en Chile. Esta es la consecuencia más importante de la elección recién pasada.

El partido Comunista —que sostuvo enconada polémica con la izquierda revolucionaria, sosteniendo que el país no estaba preparado para iniciar un proceso revolucionario, afirmó que el método electoral era válido, en el caso chileno, para imponer un gobierno que evolucionara pacíficamente hacia el socialismo. Esta táctica supone que el factor subjetivo para la instauración del socialismo, vendrá en la forma de un "convencimiento" por las ventajas que aportan las nacionalizaciones y otras medidas populares. Estas, sin ser necesariamente profundas, prepararían el ánimo de la mayoría del pueblo al mostrarle un nuevo estilo de gobierno, acorde a las conveniencias nacionales.

Esta táctica del partido Comunista chileno, sostenida y profundizada a lo largo de casi toda su existencia, demostró ser justa en cuanto se dio un triunfo electoral concreto e irrefutable.

El éxito resulta más espectacular, si se examinan los comentarios de la prensa extranjera que coinciden en destacar que "por primera vez en la historia del mundo" un marxista ganó una elección realizada mediante voto universal y secreto.

La sorpresa es comprensible. Las elecciones no se hicieron en el sistema burgués para que las ganaran los candidatos de la clase obrera.

La izquierda revolucionaria, surgida después de la derrota electoral del FRAP en 1964, planteó la necesidad de nuevos métodos de lucha, del enfrentamiento directo de clase, de la aplicación de la vía armada como método básico, ante la "evidencia" de que la burguesía y el imperialismo no entregarían el poder pacíficamente. Y para esa lucha se prepara.

Piensa igualmente este sector que la agudización de la explotación de las masas (condiciones objetivas) justifica la iniciación del período armado con "acciones directas" ligadas a la lucha de masas, que desarrollen y profundicen el clima revolucionario (condiciones subjetivas) hasta llevarlo a su clímax.

El gobierno de la Unidad Popular cambia el esquema político, pero no automáticamente, sino en la medida que sea conducido con criterio revolucionario, si margina las actitudes empatistas y echa afuera cualquier temor injustificado que los electores de Allende evidenciaron no compartir.

Los documentos de la Unidad Popular y las declaraciones del Presidente Electo, antes y después del 4 de septiembre, dejan en claro que el nuevo gobierno no será socialista, sino una "transición" al socialismo.

En el programa de la UP se expresa: "terminar con el dominio de los imperialistas, de los monopolios, de la oligarquía terrateniente e iniciar la construcción del socialismo en Chile". Aun más, Allende fue categórico en señalar el 19 de septiembre, en su última proclamación, que el gobierno de la UP será "un Estado de derecho" con "sentido social distinto". En este "estado de derecho" se mantendrá el aparato político y militar heredado del Estado burgués, con algunas reformas de carácter técnico que lo harán más eficiente. "La Nación", el martes 8, expresó su satisfacción por la conferencia de prensa de Salvador Allende y señaló que ella devolvía la tranquilidad al país.

Ese editorial dijo: "La primera idea importante, formulada por el senador Allende, es que su programa incluye la prolongación y aun el fortalecimiento de la demo cracia política". Y agregó: "Afirmó que, una vez concluido su período constitucional, era el pueblo chileno el que tendría que decidir si la izquierda seguiría en el poder o debía ser reemplazada". Dentro del criterio de la Unidad Popular no se plantea, pues, la transformación de los aparatos políticos del Estado (conserva la naturaleza del Estado burgués), con lo cual las características de la sociedad chilena bajo el nuevo gobierno serán muy complejas si se introducen, a la vez, cambios radicales en las estructuras económicas.

Las declaraciones en tal sentido, sin duda que contribuyen a amortiguar el desasosiego de sectores reformistas de las capas burguesas, pero de ninguna manera acercan al gobierno popular al socialismo. Tal vez la única novedad que presenta la UP, según declaraciones de Alien de, es la incorporación del Comando Nacional, o sea el bloque pluriclasista de partidos como factor informal al aparato político del gobierno. Será el elemento de decisión más importante y en el cual basará su gestión el nuevo Presidente.

Evidentemente, puede ser el germen de una futura transformación de la estructura política del Estado, y aun funcionando como método de transición representa un esquema original en el camino que recorre nuestro pueblo en su búsqueda del socialismo. Esto si aquel Comando opera como receptáculo de las líneas políticas que están fijando los organismos de base, que al transmitírselas al Jefe del Estado lo conviertan en un "ejecutor" de la voluntad popular.

Una revisión esquemática de las bases comunes del socialismo (los sistemas en la URSS, Cuba o China), determina claramente las diferencias con el programa de la Unidad Popular. Estos elementos comunes [2] son: 1) La acción directiva nacional de un partido vanguardia de la clase obrera, que establece la alianza, considerada básica, con el campesinado u otros sectores en el momento de la toma del poder; 2) El cambio revolucionario de la naturaleza clasista del Estado burgués, reemplazándolo por otro aparato que no es sino "ejecutivo" de la política definida por la clase obrera y su vanguardia, en lo que se llama la DICTADURA DEL PROLETARIADO; 3) La expansión del sector económico público (nacionalizaciones) hasta el punto de dirigir y controlar la economía nacional, pues domina los bienes de producción, el comercio interior y exterior y el sistema bancario; y 4) Una reforma o revolución agraria que elimina las relaciones de producción capitalistas en el campo y las sustituye por relaciones de producción socialistas.

Coincidimos en que el triunfo de Salvador Allende en las urnas es el acontecimiento más importante en América latina después de la revolución cubana. Su valor es doble porque la campaña se hizo en base al programa de la UP, que fundamentalmente propone la creación de "un área estatal dominante, formada por las empresas que actualmente posee el Estado, más las empresas que se expropien".

La victoria del 4 de septiembre tiene una significación social, sin la cual había ganado uno de los dos candidatos del "sistema", Alessandri o Tomic.

El 8 de septiembre, "Puro Chile" publicó una información sobre las condiciones del PDC para apoyar a Allende en el Congreso Pleno y que demuestran la filiación demo-cristiana con el status. Las condiciones serían: 1) autoridades generadas democráticamente; 2) prescindencia política de las FF.AA.; 3) autonomía universitaria; y 4) libertad de prensa.

La oportunidad que se le presenta al pueblo chileno para tomar el poder, no obstante, no puede ser despilfarrada. Aun como periodo de "transición", el gobierno de la Unidad Popular fija obligaciones políticas que lo irán poniendo a prueba. Una de ellas es el cambio del lenguaje de los líderes de la alianza, muchos de los cuales, antes y después de la elección, no se distinguían de los demás políticos burgueses.

Es un hecho que el documento sobre estilo y conducción de la campaña, no fue respetado en su totalidad y los Comités de la UP no tuvieron el sentido que se les fijó, sino un simple objeto de acumular votos. Esto debilitó la "concientización revolucionaria" que se perseguía. Si hoy se persiste en hablar de "democracia" en los términos abstractos, de repudiar la violencia sin más, de apelar al "respeto irrestricto del orden constitucional", al "sentido profesional" de las FF.AA. al "patriotismo" de sectores del sistema, se aumentará la confusión del pueblo.

La transición no podrá estar basada solamente en el factor económico. Quiérase o no, el pueblo iniciará un amplio proceso político que debe servir para ideologizarlo al máximo.

El socialismo persigue una transformación ideológica profunda que permita el surgimiento de un "hombre nuevo". Tal proceso estará ligado, cuando no determinado, a la lucha de clases, que veremos agudizada en el próximo período. Los acontecimientos, en el nuevo esquema político que trae la elección de Allende, son imprevisibles. Aun en "transición", el gobierno popular debe dar las fórmulas de nuevas relaciones sociales, de una nueva conciencia social, de nuevos comportamientos y actitudes. El pueblo tendrá que ser el principal actor del proceso que se inicia, como la máxima garantía de que éste no se convierta en una frustración similar a la revolución mexicana, a los gobiernos de Acción Democrática en Venezuela o a la revolución del MNR en Bolivia.

No la única pero una de las que todos observamos en este primer momento, es desmistificar los conceptos políticos que recibe el pueblo desde su infancia. Aclarar por ejemplo que la "democracia representativa" fue inventada por la burguesía capitalista e imperialista para mantener el equilibrio social en un sistema de división de clases, y que es necesario reemplazarla por la "democracia popular", expresión de una sociedad sin clases. Sin temor decirle al pueblo que la justicia actual está hecha en beneficio de la clase poseedora del dinero y que las leyes, las FF.AA. y, en general, el orden actual, provienen de esa división de clases, basada en la "explotación de los más por los menos".

Toda iniciativa en tal sentido apresurará el tránsito al socialismo y será el factor que determinará el verdadero carácter del gobierno de la Unidad Popular. Allende en el gobierno altera las condiciones materiales en favor de la revolución socialista chilena. Para llevar al pueblo a la conquista definitiva del poder, se necesitan voluntad y coraje. Al compañero Presidente le sobran ambos, como para darles a todos y a cada uno de los chilenos.

AUGUSTO CARMONA A.


Notas:

1. Sobre tareas de los comités de UP, ver artículo especial en páginas 28 y 29.

2. Condensado de Charles Bettelheim: "La construcción del socialismo en China", p. 21.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02