Las posibilidades de la izquierda

PUNTO FINAL
Año IV. Nº 110
Martes 4 de agosto de 1970

Editorial

EN esta edición publicamos el texto completo del discurso que pronunció Fidel Castro el 26 de julio en La Habana, con motivo de un nuevo aniversario del asalto al Cuartel Moncada.

Algunos aspectos de ese discurso, donde el Primer Ministro cubano analiza las fallas y limitaciones que experimenta la construcción del socialismo en su país, han sido vastamente explotados por la prensa reaccionaria internacional. Se intenta utilizar el análisis de Fidel Castro para embestir contra la Revolución Cubana, blanco favorito de la propaganda imperialista. En Chile esa explotación ha sido especialmente intensa y virulenta, lo cual resulta lógico ya que las masas trabajadoras entran en una coyuntura político-electoral que pudiera generar una situación revolucionaria favorable.

La contrapropaganda manejada por el imperialismo, como lo demuestran documentos recientemente incautados a una agencia publicitaria que opera en Chile, trata de disuadir a los trabajadores chilenos —por la vía de la distorsión informativa— de su anhelo más profundo: cambiar fundamental y rápidamente las estructuras económico-sociales del país.

La Revolución Cubana es un proceso que interesa a todos los pueblos latinoamericanos, de los cuales es parte consubstancial. Una revolución socialista que ha logrado consolidarse en el "patio trasero" de una potencia imperialista, es una hazaña histórica cuyos éxitos y problemas comparten por igual los patriotas del continente y los revolucionarios del mundo. En este sentido, el discurso de Fidel Castro, a nuestro juicio, vuelve a destacar el valor ético revolucionario que se ha convertido en uno de los aportes más originales y dignos de admiración de la Revolución Cubana.

Pero más allá de esta enseñanza de moral revolucionaria, aplicada en forma reiterada por los dirigentes cubanos, están los problemas que toca Fidel Castro en su discurso. No debe olvidarse al examinar la situación cubana, la agresión externa fomentada por el imperialismo que ha tratado de aplastar a la primera revolución latino, americana.

Las prohibiciones comerciales que implantó el bloqueo patrocinado por Estados Unidos y que sólo ahora comienzan a relajarse por la presión interna de productores que desean comerciar con Cuba, no pudieron asfixiar a la Revolución. Pero constriñeron un desarrollo acelerado. La solidaridad de las naciones socialistas, que ha sido vasta y muchas veces generosa, no puede suplir todos los renglones de las necesidades cubanas, las cuales deben —cuando pueden cubrirse parcialmente— pagar el sobreprecio usurero de los proveedores del área capitalista. Esto y necesidades vitales de la defensa nacional, han reducido la capacidad de desarrollo potencial.

Sin embargo, tal como revoluciones socialistas anteriores, que también fueron víctimas de agresiones militares y bloqueo comercial y diplomático, Cuba ha logrado, en primer lugar, consolidar su revolución en las propias fauces del imperialismo.

Ha obtenido éxitos singulares en el campo de la educación, la seguridad social y la salud pública, mejorando las condiciones de vida del pueblo cubano. Ha comenzado a desarrollar su economía a un ritmo en todo caso mucho más veloz que cualquier país latinoamericano de su tamaño y recursos, tal como lo reconocen cifras de organismos internacionales. Todo esto ha llevado al pueblo cubano a respaldar con entusiasmo su Revolución, tornándola en un proceso irreversible.

En lo fundamental, la Revolución Cubana se ha acerado al punto en que un análisis crítico como el de Fidel Castro no constituye un riesgo para la estabilidad del sistema, sino que. al contrario, un estímulo colectivo para abordar las enormes tareas que plantea la Revolución. Esto demuestra que, de verdad, el pueblo cubano se ha liberado de sus explotadores. Está marchando por un camino difícil pero en el cual, a diferencia de lo que ocurre en el capitalismo, no hay privilegiados y las aspiraciones nacionales se convierten en metas de todo el pueblo. Esto lo hace más fuerte y capaz de superar los enormes problemas heredados de un sistema que, en el caso cubano, quedó en el pasado.

La utilización malintencionada del discurso de Fidel Castro, sólo puede lograr efectos desalentadores, en América latina, en quienes lo poseen todo o casi todo. Pero las mayorías, que carecen de todo, tienen al frente un ejemplo revolucionario vigente, hoy solitario y que por eso mismo se ha hecho más difícil para los cubanos, pero que en el futuro tendrá el apoyo solidario de nuevas revoluciones socialistas en el continente.

PF


Política nacional

LAS POSIBILIDADES DE LA IZQUIERDA

Aun mes de la elección presidencial cabe formular algunas reflexiones sobre el papel que en ella va a jugar la Izquierda.

Desde luego partimos de un hecho cierto, cual es que en este momento coexisten en nuestro país dos tipos de izquierda, una de ellas reformista y la otra revolucionaria. Es la primera de estas izquierdas, que por su larga trayectoria se suele llamar tradicional, la que conduce la participación de las masas trabajadoras en la elección.

La otra, la izquierda revolucionaria, en gran medida está ausente de las actividades propiamente electorales, pero no está al margen del proceso político en curso.

Ambas formas de la izquierda chilena se complementan si se quiere, en cuanto a ofrecer a nuestro pueblo caminos de alternativa. Deliberadamente no pretendemos, en este instante, volver a destacar las diferencias ideológicas y estratégicas que separan a ambas corrientes de la izquierda y que, en oportunidades, lleva inevitables confrontaciones. Esas diferencias existen y deben dilucidarse en el terreno de la lucha ideológica a la cual PF nunca ha sido renuente. Sin embargo, lo que nos interesa analizar en esta ocasión es el papel que la izquierda en su conjunto entra a jugar en una situación histórica determinada, como la que vive nuestro país.

En ese sentido queremos repetir que la izquierda reformista y la izquierda revolucionaria son dos alternativas distintas de acceso al poder, no obstante lo cual es la primera la que hoy tiene, en términos relativos, el peso hegemónico de la conducción y, por ende, de las posibilidades de éxito.

Por lo tanto es mayor la responsabilidad de la izquierda reformista y ello conduce a un enjuiciamiento que se hace desde el punto de vista de los intereses generales de la izquierda chilena, involucrando en ello, en primer término, el interés específico de la clase trabajadora.

Está en claro dentro del esquema electoral que la candidatura presidencial del senador Salvador Allende representa los intereses populares, insertos en un frente llamado Unidad Popular que comprende también a capas sociales que no pertenecen al proletariado.

Las candidaturas de Jorge Alessandri y de Radomiro Tomic, a su vez, representan, con distinto vigor en el matiz ideológico, la continuidad del sistema capitalista en Chile y la dependencia del país con respecto al imperialismo norteamericano. La candidatura de Alessandri se enmarca en las formas conservadoras más tradicionales del sistema. La de Tomic pretende lo mismo pero con un barniz reformista más acentuado quizás que la de su correligionario Frei en 1964, pero igualmente falsa en cuanto a propósitos de cambio. Ambas candidaturas son la expresión del continuismo y en ese sentido son antagónicas respecto a los auténticos intereses de los trabajadores. No obstante ello, se recubren de una retórica política, obligadas por necesidades publicitarias, para dar al electorado la impresión de cambio respecto al actual gobierno, casi agotado ya en su estilo.

De este modo, los intereses del pueblo, en el mejor sentido de la frase, están representados por la Unidad Popular.

Sin embargo, y desde aquí arrancan las diferencias de apreciación entre la izquierda tradicional y la izquierda revolucionaria, el peso del reformismo se ha vuelto incontrarrestable en la conducción y estilo de la campaña presidencial.

El sector socialdemócrata —que reconoce filas en varias colectividades políticas— se ha adueñado de la Unidad Popular y es su sello inconfundible el que asoma a cada paso. Esa tendencia —cuyos aspectos relevantes son el oportunismo y la "conciliación— impide que la candidatura presidencial del Dr. Allende tome un rumbo más definido. De esta manera, como ha ocurrido anteriormente, en particular en 1964, la candidatura de la izquierda tiende a diluirse políticamente. Sus características se confunden e importantes sectores populares encuentran difícil distinguir sus intereses clasistas en ella. Si a esto ge suma lo que algunos estudiosos han dado en llamar "falsa conciencia", o sea el anticomunismo infiltrado en la población mediante el manejo prolongado de los medios de comunicación de masas, se llega a temer que otra vez el verdadero interés de la mayoría nacional sea burlado. Si esto ocurre —y no es nuestro deseo— naturalmente habrá que buscar a los responsables en la izquierda tradicional que entregó a los elementos más reformistas y conciliadores la conducción estratégica de la campaña.

Pero encontrar culpables (de los cuales incluso habrá voluntarios dispuestos a presentarse en ese carácter para neutralizar crisis partidarias) no sería suficiente. Lo que está en juego no es la prosperidad o miseria política de tal o cual burócrata, sino la suerte y destino de grandes masas de chilenos. Desde ese ángulo es que debe analizarse la actual coyuntura política y trazar de antemano perspectivas que protejan los intereses de los trabajadores.

A nadie cabe duda que una derrota electoral en septiembre, puede significar una crisis muy profunda en la izquierda tradicional. Hay grietas que están a duras penas bajo control y que pueden convertirse mañana en rajaduras por las que broten con fuerza las decepciones largamente acumuladas. Un fenómeno de esa especie tampoco es favorable si ocurre de modo irracional, provocado únicamente por la frustración, y el caudal militante va a morir en las playas de la inactividad. Crisis de esa naturaleza se han conocido, incluso en Chile, sin que favorecieran para nada al proceso revolucionario.

Avizoramos, en cambio, la necesidad de marcar desde ahora una política de acercamiento y colaboración entre los sectores revolucionarios de la izquierda.

Porque mirado el problema desde otra perspectiva, en el caso de un triunfo electoral, los requerimientos para entenderse serán los mismos.

Ciertamente podría ocurrir —y así lo deseamos— que la mayoría del pueblo, superando la alienación que provoca la contrapropaganda reaccionaria, diera la victoria al candidato de la Unidad Popular, sin dejarse confundir por las maniobras de sus enemigos.

En ese caso, croemos, la burguesía y el imperialismo se sacarán los guantes blancos de la publicidad o de las negociaciones políticas para empuñar el sable golpista. En la escala de recursos que tienen a la mano, figura también el fraude electoral, el robo de la elección, lo que podría definirse como un "golpe seco", incruento. La estructura del sistema electoral ideado por la burguesía permite que un fraude tenga grandes posibilidades de consumarse. En 1958, por ejemplo, existe conciencia que al candidato del FRAP le fue robada la elección. Ese tipo de manipulaciones se ve favorecido por los hábitos políticos que la ideología burguesa dominante ha logrado crear en Chile. El sector reformista de la izquierda ha hecho lo suyo para que parte importante del pueblo considere que las elecciones presidenciales son un juego deportivo limpio en que gana el mejor. El gobierno y su aparato represivo son considerados, así, como árbitros imparciales de una competencia que se define en las urnas. La verdad es muy distinta, pero ya no es tiempo —ni está al alcance de los medios con que cuenta la izquierda revolucionaria— para alterar esa equivocada concepción. De modo que un fraude electoral en perjuicio del candidato de la Unidad Popular es perfectamente previsible.

Ahora bien, producido ese fraude —que es una forma "a la chilena" de dar un golpe— es casi seguro que los reformistas dentro de la Unidad Popular presionarán para que se reconozcan los resultados "oficiales" y mantener así la imagen pulcra de las instituciones en cuyo marco vegetan y profitan. En ese instante se habrá producido, también, una necesidad vital de entendimiento entre los sectores revolucionarios que están dentro y fuera de la Unidad Popular. La necesidad de defender el triunfo y de imponer su reconocimiento, no puede hacerse con simples declaraciones por más amenazadoras que ellas sean. Se requerirá, en primer lugar, movilizar a las masas trabajadoras para impedir que les arrebaten su decisión electoral. Pero tal movilización va a necesitar una dirección revolucionaria que cuente con un mínimo de recursos para hacer frente a la fase inicial de un enfrentamiento con los aparatos represivos encargados de imponer el fraude. En este terreno, aunque incipiente, la izquierda revolucionaria chilena tiene un potencial ofensivo que poner en juego junto al pueblo.

La defensa de un eventual triunfo está determinada, como se ve, por la capacidad de movilización de las masas, que deberán imponer los sectores revolucionarios que están dentro de la Unidad Popular, y por la participación activa de los instrumentos revolucionarios que han ido creándose en Chile a partir de los últimos años. En este sentido vuelve a verificarse la utilidad de una tarea que ha sido duramente atacada por los sectores reformistas de la izquierda tradicional.

En ambos casos —derrota o victoria electoral— la izquierda revolucionaria va a pasar dentro de poco a tomar la dirección del movimiento de masas en nuestro país. Esto es, si se quiere, una cuestión hasta biológica o, si se prefiere, dialéctica. La izquierda tradicional está gastando sus últimos cartuchos, lo cual no significa que sus estrategos pretendan abandonar el terreno a las nuevas fuerzas que vienen despuntando, abonadas por las enseñanzas del marxismo revolucionario. No será tan fácil como eso que cedan el campo a destacamentos de reemplazo. Pero una adecuada articulación, desde ya, entre los núcleos revolucionarios que todavía se mueven en el seno de los partidos de izquierda, y aquellos que están operando fuera del esquema de la izquierda tradicional, debe dar frutos positivos.

Podría, por ejemplo, darle a la coyuntura político-electoral el carácter de una coyuntura revolucionaria, claramente perceptible para las masas trabajadoras.

Y desde luego, si aquello no resulta viable, ya sea por el mayor peso del reformismo en caso de una derrota electoral o por la imposibilidad de movilizar adecuadamente una eficaz defensa de la victoria, estará planteada, de todos modos, la estructuración de una izquierda revolucionaria que abra una alternativa a los trabajadores. Estos comienzan a mirar con simpatía a la izquierda revolucionaria y a sus primeras acciones en Chile. Encuestas de organismos generalmente consultados para efectos electorales o por otros motivos de opinión pública, señalan que esa simpatía hacia las nuevas formas de lucha podría cuantificarse en un 17 por ciento. Si se piensa lo reciente que en el panorama chileno es la aparición de una izquierda revolucionaria responsable, con metas definidas y métodos claros, ese porcentaje viene a resultar estimulante para quienes se empeñan en movilizar a obreros, campesinos, pobladores y estudiantes por un camino revolucionario hacia la conquista del Poder.

Si bien es cierto que los procedimientos de la izquierda tradicional entran en este instante a una prueba suprema, la izquierda revolucionaria no puede contentarse con velar sus armas para el caso de que la historia le entregue el relevo en la conducción del pueblo. Le corresponde, más bien, actuar desde ahora con claridad para ganar ese derecho. En el juego electoral propiamente tal, la conducción la ha tomado el reformismo, desplazando a todos los que pudieron darle un carácter más definido y clasista. A estas alturas no se puede entrar en una lucha por dirigir la campaña o por darle un vuelco. Sería una lucha en vano e improductiva. Al contrario, quizás deban dárseles a los responsables todas las oportunidades para que terminen su tarea sin tropiezos o estorbos gratuitos, sin regalarles argumentos para que justifiquen un posible fracaso. Pero eso no significa inactividad o desinterés en un proceso que puede generar una situación favorable al proceso revolucionario. En la misma medida en que la izquierda tradicional entra en una zona de crisis, explotando al máximo sus métodos electoralistas, la izquierda revolucionaria comienza a asomarse a su destino, para afrontarlo debe redoblar su preparación y equipamiento y su conducción política debe ser todo lo rigurosa, pero flexible, como para hacerse cargo de las responsabilidades que se le pondrán al frente. De este modo, a la izquierda revolucionaria también le afecta la etapa política que comienza a vivirse. Se va a poner a prueba su capacidad de interpretar correctamente una serie de hechos fundamentales. Se va a probar su capacidad operativa real y sus condiciones para participar en la dirección de un movimiento de vastos alcances. Aun más: en el caso de que la izquierda tradicional acepte resignadamente una derrota real o fraudulenta, llegará para la izquierda revolucionaria el momento de decidir acciones que no sólo la conviertan en polo de atracción de los sectores más radicalizados de los partidos en crisis, sino además, y principalmente, en auténtica vanguardia armada del pueblo.

Para encarar este futuro próximo, creemos, deben superarse, en lo posible, las condiciones que hoy presentan a los revolucionarios chilenos repartidos en segmentos, dentro y fuera de los partidos. Debe abordarse sin dilaciones un proceso de coordinación que ya ha dado algunos resultados prácticos, fuera de la esfera de acción partidaria tradicional, de modo de presentar una alternativa revolucionaria coherente, nucleada y capaz por eso mismo de abordar con responsabilidad el prolongado sacrificio que se pedirá a nuestros trabajadores para conquistar el Poder.

PF


Crónica

EN DEFENSA DE LOS DERECHOS HUMANOS

EL 12 de agosto en el salón de actos de la Escuela de Ciencias Políticas y Administrativas de la Universidad de Chile, se efectuara una asamblea destinada a organizar oficialmente el Comité de Defensa de los Derechos Humanos y de Solidaridad con los presos políticos.

El Comité, sin embargo, ya está funcionando en forma provisoria. Una reunión preparatoria se efectuó en las oficinas de PF, y se designó una directiva que integran Clotario Blest, expresidente de la CUT, el abogado socialista Arturo Yussef, y Cecilia Izquierdo de Silva Luvecce. En el directorio también figuran Miguel León Prado, dirigente de la Juventud Radical Revolucionaria, el abogado Jorín Pilowsky, un representante de PF, otro del Movimiento "Iglesia Joven", etc.

A parejas con las tareas de organización de este Comité, un grupo de abogados defensores de presos políticos, encabezados por Héctor Behm, está terminando un documento que será posiblemente una de las más contundentes denuncias sobre violación de derechos humanos en nuestro país.

Los propósitos esenciales del Comité de Defensa de los Derechos Humanos son denunciar públicamente los atropellos que se cometen en nuestro país, tomando contacto a ese efecto con organismos similares que existen en el exterior. Otro aspecto de las tareas trazadas es solidarizar en forma efectiva con los presos políticos y sus familiares, trabajo que comprende asistencia jurídica y médica y ayuda material. Esta actividad se hará extensiva a los sindicatos y a los pobladores que son víctimas de la represión policial.

En un llamado que el Comité formuló, convocando a la asamblea del 12 de agosto, se indica que es necesaria "la colaboración de todas las organizaciones y personas democráticas y de avanzada, sin discriminación ideológica y religiosa. Estimamos que es de absoluta urgencia poner atajo a la ofensiva fascista que impunemente realiza su acción mimetizada tras etiquetas aparentemente inofensivas. Debemos responsablemente enfrentarnos a la violencia policial concretada en el Grupo Móvil y Escuadrón de la Muerte, que son los que han agudizado este clima de atropellos y de terror que el gobierno ha generado y amparado".

OTRO TESTIMONIO

René Rodríguez Guajardo, de 24 años, estudiante de ingeniería y vicepresidente del Comando Regional de San Miguel de la Unidad Popular, en el acto de constitución del Comité aportó su propia experiencia sobre abusos policiales. Este es su relato:

"El 8 de julio, a las 14 horas, fui interceptado por carabineros (en el paradero 10 de Gran Avenida) que me exigieron identificarme. En el momento en que lo hacía llegaron camionetas de Investigaciones y una micro del Grupo Móvil. Se produjo una disputa sobre mi detención y finalmente fui lanzado violentamente dentro del micro del Grupo Móvil, dentro del cual fui violentamente; golpeado y flagelado. De ahí fui conducido a la 12ª Comisaría de Carabineros de San Miguel, donde nuevamente fui golpeado violentamente. En ese recinto de Carabineros estuve detenido hasta las 23 horas".

"Al retirarme y atravesar la calle para tomar locomoción para dirigirme a mi hogar, nuevamente fui detenido, pero esta vez por la Policía Política, la cual me introdujo a la camioneta y me puso un capuchón. Me llevaron a un recinto que ignoro cuál pudo ser y también su ubicación, en el cual me pusieron tela adhesiva en los ojos y fui sometido a un violento interrogatorio sobre los siguientes temas:

1.— Estrategia campesina a desarrollar por el MAPU respecto a las milicias armadas.
2.—Estrategia estudiantil sobre las milicias armadas.
3.— Estructura orgánica del MAPU.
4—Contactos y acciones conjuntas del MAPU y MIR.

Este interrogatorio duró aproximadamente seis horas durante las cuales fui golpeado brutalmente en todo el cuerpo. Después que terminó el interrogatorio fui desnudado y me lanzaron agua fría para luego dejarme en una celda de baldosas durante otras seis horas. Antes de vestirme me frotaron con un líquido inodoro".

"Después de esto fui dejado en unos potreros ubicados en la Población "Jardín Lo Prado" alrededor de las 15,30 horas del día 9 de julio".


Televisión

ARTERA MANIOBRA CONTRA CANAL 9

MIENTRAS estudiaba ingeniería civil en la Universidad Católica, donde obtuvo su título, Edgardo Boenninger Kausel jamás pensó que algún día sería la primera autoridad de la Universidad de Chile, con el título de Rector, el mismo que habla ostentado en el siglo pasado un catedrático auténtico: Andrés Bello.

Boenninger, estimado por sus condiscípulos como un "alemán picado de la araña", estudió ingeniería civil, fue profesor en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica y terminó como economista. Con el apoyo de los democristianos y de los ultraderechistas derrotó en la segunda vuelta de la elección de Rector de la Universidad de Chile al catedrático y médico-investigador Alfredo Jadresic.

En la campaña como candidato a Rector, el "alemán" Boenninger anunció que una de sus medidas si triunfaba sería liquidar el Canal 9 de Televisión. En esa tarea está empeñado y él está seguro de que tarde o temprano lo logrará porque "consigue todo lo que se propone conquistar".

La plataforma de Boenninger en el Consejo Superior Provisional de la Universidad de Chile se ve ampliada por los desplazamientos de los oportunistas que saben que el "alemán" práctico reconoce los servicios que se le prestan, ayudado por el mayor presupuesto concedido a un Rector. La Universidad recibió, además de su presupuesto reajustado conforme a la devaluación del escudo, un suplemento de 140 mil escudos que permiten a Boenninger ser algo así como el Rey Midas en la casa de Bello.

El profesor Félix Schwartzman prestó su nombre a la cabeza de un seudoinforme que fue preparado por manos moras con el propósito de darle a "El Mercurio" municiones para su campaña contra el Canal 9 de televisión. El informe señaló que el Canal tendrá al 31 de diciembre de 1970 un déficit de trece millones 287 mil 369 escudos.

Como en el cuento del conejo que anunció a todos que el mundo se venía abajo, porque sobre su cabeza se había caído algo muy pesado que no atinó a analizar, muchos miembros del Consejo Superior Provisional se dedicaron a gritar que el Canal 9 se venía abajo y que no quedaba más que aceptar la fórmula ofrecida por el Rector de reducir la programación diaria a cuatro horas de transmisión. Nadie hasta ahora ha rebatido con seriedad que esa reducción lleva a la muerte del Canal. Por el contrario, en torno al "Canal 9 se ha levantado un movimiento de apoyo de sectores que están conscientes de que si ese medio de comunicación es liquidado perderán la única ventana que tienen para ver los hechos auténticos que se registran en el país.

El Canal 9 de la Universidad de Chile es indigesto para el equipo de gobierno freísta, para las fuerzas que apoyan la postulación del reaccionario Jorge Alessandri y para los defensores de los intereses del imperialismo yanqui.

El ministro del Interior, Patricio Rojas, desea que el Canal 9 desaparezca. El sabe que los Canales 13 y 4 de las Universidades Católica de Santiago y Valparaíso y el Canal 7 del gobierno y sus filiales, responden a las presiones de La Moneda. Pero en cambio el Canal 9, como órgano crítico, conforme al espíritu de la reforma de la Universidad de Chile, no acepta presiones.

Desde que la televisión universitaria asomó experimentalmente en los pocos receptores que había en Chile, ávidos empresarios se lanzaron a la conquista de canales de televisión.

Fue justamente el Canal 9 de la Universidad de Chile el primero que apareció en las pantallas. Nació en la Escuela de Ingeniería como producto de la inquietud de profesores y estudiantes. Hoy el Canal 9 es una realidad con equipos y técnicos propios que han logrado mantenerlo pese a la descuidada actuación de las autoridades universitarias, las que en once años de vida de ese medio de comunicación social han designado a doce personas como directores.

El esfuerzo de la Universidad de Chile, y de la Universidad Católica después, permitió crear el interés de la opinión pública por la televisión. Hoy no seria posible privarla de tan dinámico medio de comunicación y ante esa realidad el gobierno democristiano, hábil usuario de la publicidad, montó su Canal propio para el cual ha asegurado un odioso monopolio que ha llevado a los hombres que están en La Moneda a tomar medidas tan arbitrarias como cortar el suministro de energía eléctrica a la planta que tiene el Canal 9 en Valparaíso.

Existe una masa de televidentes en el país que aumenta el apetito de los voraces empresarios a la cabeza de los cuales marcha el inefable grupo Edwards. Esto último explica que la campaña contra el Canal 9 sea orientada desde el diario "El Mercurio" y de sus críos "La Segunda" y "Las Ultimas Noticias", en manos de periodistas hechos a la medida de las necesidades mercuriales.

También se explica la campaña de "El Mercurio" contra el Rector de la Universidad Católica de Santiago, Fernando Castillo Velasco, que en algunos momentos ha sido ampliada a toda esa Universidad.

El objetivo está claro. El grupo Edwards quiere una concesión de televisión para tener su Canal propio, el cual pasará, como ha ocurrido en toda América latina, a manos de los consorcios norteamericanos de televisión, Columbia B. S., American B. C, y National B. C.

En Chile esos consorcios han estado presentes y hubo un momento en que uno de ellos estuvo a punto de apoderarse del Canal 13 de la Universidad Católica de Santiago. Pero la reacción del sector progresista de esa casa de estudios determinó la eliminación del grupo yanqui, el cual se trasladó con su representante en Chile, el malabarista de los negocios, Osvaldo Barzelatto, quien abandonó la tradición perfumista de la familia para volcarse al mundo de los espectáculos.

Edgardo Boenninger, hombre de confianza del personero de las agencias financieras norteamericanas, Sergio Molina Silva, quien le convirtió en Decano de la Facultad de Economía y en Director de la Oficina del Presupuesto del gobierno, cargo que también le confirió categoría de Rey Midas, es el encargado de facilitar la tarea que se han propuesto los grupos privados chileno y extranjero: destruir la televisión universitaria.

El personal de Canal 9 ha resultado más duro para el "alemán" Boenninger que la mayoría del Consejo Superior Provisional universitario. En febrero del año en curso, el personal impidió que el Rector pasara a llevar la reforma, impuesta en la Universidad contra el deseo de Boenninger y designara como director con todos los poderes a Jaime Celedón, exmiembro del Partido Demócrata Cristiano, exmiembro del Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU), y actor del teatro Ictus.

Celedón, hermano de un ministro del gobierno democristiano, intentó montar un programa polémico, en la apariencia, destinado a dar tribuna a reaccionarios como Edmundo Eluchans, exdiputado del partido Conservador, ligado a Carlos Urenda, el personaje que influye sobre Agustín Edwards, cabeza de los negocios del grupo familiar al cual pertenece. Incluso quiso incorporar al programa al mercenario Marcos Chamúdez.

En el Consejo de la Universidad de Chile hubo repudio para esa fórmula pero en cambio no lo hubo para la doble posición que asumió Celedón, quien curiosamente mantuvo su calidad de moderador del programa "A esta hora se improvisa", una emisión de Canal 13 de TV en la cual predominan los derechistas, y de director de Canal 9, que se supone competidor del otro nombrado. No hubo escrúpulos éticos para Celedón, quien finalmente terminó por dejar el Canal 9 para quedarse como moderador del programa del Canal católico.

Jaime Celedón realizó en Canal 9 una maniobra que encajó dentro de la táctica de Boenninger: aumentó considerablemente su horario de transmisiones diarias, sin procurar el financiamiento adecuado, con lo que creó la imagen de la bancarrota. Sobre ella se afirmaría más tarde el llamado "Informe Schwartzman". Ambas operaciones, la de Celedón y la de Schwartzman, se realizaron con pasmosa frialdad y en forma metódica.

El personal de Canal 9 preparó el "Análisis crítico del informe financiero presentado por el Consejero Profesor Félix Schwartzman". Según el informe Schwartzman el desfinanciamiento y déficit del Canal 9 son originados por tres causas: a) inadecuado sistema de ventas, b) inadecuada imagen del Canal, c) descuido en el aspecto financiero. Frente a eso el contrainforme del personal dijo: "Preguntamos: El año pasado ¿existían ya estos tres factores o se crearon desde enero con la llegada del señor Jaime Celedón? ... ¿En qué ha cambiado nuestro sistema de ventas de 1966 a 1970? ¿En qué ha cambiado nuestra imagen? ¿En qué ha cambiado el tratamiento de los aspectos financieros?... Nos hacemos estas preguntas porque nos sorprende encontrar en las cifras, por ejemplo: Ventas junio 1969... Eº 1.334.070... Ventas junio 1970... Eº 394.459. Es decir agregando el diez por ciento de aumento, en cifras netas de junio de 1969 a junio de 1970, se ha bajado mensualmente las ventas en Eº 1.072.541, lo que representa una baja del orden del 339 por ciento (esta cifra es sin considerar que los aumentos de tarifas sólo fueron de un diez por ciento, que se supone que el ritmo de ventas normales debía ir en aumento y que el año pasado se transmitía un cincuenta por ciento menos de horas diarias que en la actualidad) ... ¿Por qué esta baja? No puede ser el sistema de ventas el culpable, ni la imagen, ni el descuido financiero, si aceptamos que estos factores no tendrían por qué haber empeorado o variado y son iguales al año anterior"

En 1969 el Canal estuvo dirigido por Raquel Parot, la cual pese a su buena gestión, fue sacada en diciembre del año por el propio Rector Boenninger, quien no vaciló en señalar que lo hacía porque ella es una persona de ideas avanzadas. Eso demostró el sentido revanchista del nuevo Rector y el rol que estaba llamado a desempeñar dentro de la Universidad. Es el verdugo de los sectores progresistas y con mayor razón revolucionarios en la Universidad de Chile. Eso explica que ni siquiera por el recuerdo de haber sido Decano de la Facultad de Economía defendió a los alumnos de ella cuando fueron golpeados por detectives y carabineros en un allanamiento que entrañó un abierto atropello a los derechos humanos y a la autonomía universitaria.

Aclarado que Boenninger está al servicio de los intereses económicos de la clase en la cual se ha incrustado, queda en pie la reacción frente a su posición. Esta ha sido generosa de parte de los trabajadores organizados y de vastos sectores de la Universidad. El movimiento del Canal 9, sacado de los límites estrechos de un movimiento economicista, planteado por unos pesos más o menos, se ha convertido en otra bandera de lucha de los que impulsan los cambios en la sociedad. Está probado que el problema del Canal 9 no es financiero. Sólo la mente de Boenninger, que sirve a los intereses derechistas, puede desconocer la importancia que tiene para la Universidad un medio de comunicación como el Canal 9.


Poesía

LA PUERTA EN LAS NARICES DE LA OEA

GONZALO Rojas, poeta, nacido en Lebu, actual director del Departamento de Difusión de la Universidad de Concepción, protagonizó un suceso desdeñado por la prensa. El 9 de julio el autor de "Contra la Muerte" recibió la siguiente carta:

ORGANIZATION OF AMERICAN STATE (OEA)
24 de junio, Washington D.C.

Distinguido señor Rojas:

Tengo el agrado de participarle a usted que los siguientes poemas suyos han sido seleccionados para figurar en la Antología de la nueva poesía latinoamericana (de 1950 al presente), cuyos originales cederemos en un futuro cercano a una editorial de los Estados Unidos o de América latina: "Por Vallejo", "Una vez el azar se llamó Jorge Cáceres", "Los compañeros", "Los letrados" y "Pintemos al pintor".

Dicha antología ha sido elaborada bajo los auspicios de la División de Filosofía y Letras del Departamento de Asuntos Culturales de la Secretaría General de la Organización de los Estados Americanos. La preparó Stefan Baciu, poeta y crítico rumano, ciudadano brasileño desde la época de la postguerra, quien enseña actualmente literatura latinoamericana en la Universidad de Hawai.

Figuran en la antología los poetas latinoamericanos verdaderamente representativos de las tendencias características de los años de 1950 hasta principios de 1969. Se incluyen no solamente poetas hispanoamericanos, en español, sino también brasileños, en portugués, y haitianos, en francés. Para hacer más rigurosa la selección, la antología comprende exclusivamente poemas ya publicados en libros, por otra parte, el recopilador ha hecho todo lo posible para producir una antología original, evitando repetir poemas ya incluidos en otras colecciones.

En una introducción panorámica, el profesor Baciu presenta un estudio de los principales autores y de las corrientes predominantes del período indicado, una nota bio bibliográfica precede a cada autor seleccionado y, al fin del volumen, hay una bibliografía de antologías poéticas.

De los 123 poetas comprendidos en la antología, 69 ya nos han dado permiso para utilizar poemas suyos. Aprovecho esta ocasión para solicitarle la debida autorización para reproducir sus poemas antes mencionados. Será para nosotros motivo de gran satisfacción publicarlos en nuestra antología.

Aguardando sus gratas noticias, aprovecho la oportunidad para saludarlo muy cordialmente,

ARMANDO CORREIA PACHECO,
División de Filosofía y Letras.

***

Leída esta misiva, el poeta Gonzalo Rojas, conocido como una persona no-militante que integra la masa de independientes de izquierda, se situó frente a su máquina para redactar lo que sigue:

Distinguido señor:

Sólo hoy llegó a mi poder su atta. de 24 de junio ppdo., fechada en Washington.

Tiene Ud. a bien comunicarme allí la inclusión de varios textos poéticos míos en la Antología de la Nueva Poesía Latinoamericana (de 1950 al presente).

Me anuncia Ud. también que esa Antología ha sido elaborada por un Departamento de Asuntos Culturales de la O.E.A. y me informa que se hace en ella un estudio sobre cada uno de los autores, tanto en la línea española como en la francesa.

Ante el enunciado suyo de que son muchos los poetas que ya han autorizado la inclusión de sus nombres y de sus trabajos en el citado libro, puedo decir lo que sigue:

1.— Agradezco su deferencia al informarme sobre esto, pero no acepto ser publicado bajo ese auspicio,

2.— Rechazo toda distinción por parte de un organismo que es para mí, efectivamente, un Ministerio de Colonias,

Saluda muy atentamente a Ud.

GONZALO ROJAS

***

Esta —aparentemente— pequeña anécdota, remueve los lodos de la penetración "cultural" imperialista en Chile, generalmente triunfante.

Si se desenterraran las escrituras extraviadas del Congreso Cultural de La Habana (enero 1968), podría sobrevenir una polémica. De no ocurrir tal hallazgo habría que volver a escribir —con letra activa— una estrategia a nivel continental para enfrentar la infiltración "cultural" imperialista, imperativo mínimo si se tiene en cuenta que los revolucionarios latinoamericanos —vgr. Brasil, Uruguay, Argentina, Guatemala— construyen una nueva cultura, claro que con su sangre, sin hacer negocios personales de índole "promocional".

JULIO HUASI


Literatura

GONZÁLEZ VERA

POR cierto, es doloroso ver que un hombre que sólo hace poco tiempo estuvo lleno de vigor, envejece y enferma y finalmente, muere, acabado. Y esto tanto si ese hombre fue un bandido o uno de los llamados decentes. El rasero es igual para todos. De otro modo el rasero no sería rasero y el hombre no sería hombre. El hombre, su compañera y sus hijos, pasarán bajo esa misma medida. Algunos filósofos extremistas dicen que el hombre y la mujer nacen para morir y que lo que realizan desde que nacen hasta que mueren, no es más que un entretenimiento que sirve de algo o uno que, en general, no sirve de nada.

Si el hombre o la mujer están llenos de gracia, de alguna gracia perdurable, y se entretuvieron en hacer algo que servía para ese momento y para después, el espectáculo de su envejecimiento, de su enfermedad y de su decadencia será doblemente doloroso; y no sólo se habrá perdido un ser lleno de gracia, sino también la posibilidad de que esa gracia siga manando. El rasero es igual para todos, pero no todas las criaturas humanas son iguales.

El escritor reúne en sí al hombre que vive y al que tiene la gracia. Casi siempre, el uno no tiene nada que ver con el otro. El que vive tendrá que casarse, arrendar o comprar casa, tener hijos y alguna manera de subsistir; abrirá cuenta en un banco y a veces en una tienda; viajará en autobús o en liebre y muchas veces maldecirá de los gobiernos, de las municipalidades, de la policía, de sus conciudadanos y en ocasiones hasta de sus familiares, que verán en él más al hombre que vive que al que escribe. El otro escribirá de algún modo: en la oficina, escondido de sus jefes; de noche, cuando la casa queda en silencio; en las vacaciones y hasta en los fines de semana, haciendo callar a su mujer y a sus hijos. Y nosotros gozaremos leyéndolo, nos deleitaremos con su gracia, pero, al mismo tiempo, puede ocurrir que él, como ser vivo, nos guste muy poco o no nos guste nada. Puede estar lleno de vanidad, como algunos poetas; de antipatías, como algunos novelistas; de obcecación, como algunos críticos y ensayistas. Pero la culpa de que en él haya esos dos seres, no es suya: ha recibido, al ser engendrado y en medio del misterioso juego de los genes, una gracia, de la que será esclavo; deberá desarrollarla y perfeccionarla, pues la recibe en embrión, como la nariz y como las orejas; tendrá que consagrarse a ella; si renuncia, diciendo que la poesía es una estupidez y una lata la novela, la gracia, desairada, puede matarlo; por lo menos, lo llenará dé frustración y el hombre frustrado es un hombre muerto; no vive, vegeta.

González Vera, como todos los escritores, tenía en sí esos dos seres; pero, tal como en algunos escasos escritores, entre el hombre que escribía y el que vivía no se notaba apenas diferencia. Digo apenas porque, sin duda, tuvo alguna, pero nadie pudo llegar hasta el fondo de su intimidad, ni siquiera sus familiares. El secreto o la razón de tal dualidad no diferenciada, está, me parece, en que su gracia era de una índole especial, como todas: la de él era más intelectual que emotiva. Quizá debido a eso, nunca pudo ser novelista, así como, nunca fue poeta. Su gracia no perdió nada por eso. Cada gracia es diversa de la otra, y fue aquella índole especial de la suya lo que permitió que apareciese, que fuese, el que vivía y el que escribía. La gracia manaba de él en forma continua, no intermitente, como en otros escritores.

Todo eso está perdido, aunque no lo esté lo que dejó; pero él era idéntico o mejor de lo que dejó y eso mejor y el hecho de que fuese nuestro amigo y compañero es lo que hace que su desaparición sea para nosotros una pérdida mucho más grande.

Nos conocimos cuando éramos aún muy jóvenes, adolescentes, y muchas veces compartimos la comida, los cigarrillos, los paseos, las privaciones y los trabajos, y en 1920, no teniendo yo dónde ir a vivir, abandonó él la casa da su madre y se fue conmigo, llevando su cama, a un conventillo de la calle Dardignac. En ese tiempo trabajábamos en la revista Numen, él como administrador de la revista y yo como obrero. Nos separaron las persecuciones de ese año. Tuvimos amigas y amigos comunes, casi todos desaparecidos. En una ocasión, en tanto yo vagabundeaba por Magallanes, él se llevó a mi madre a Valdivia, para que no estuviese sola.

No tengo en mi conciencia, escondido por ahí, ningún reproche que me hubiese gustado hacerle y que no le hice. Y esto ni como escritor ni como hombre. Al contrario, no tengo sino elogios para él, a quien los elogios no le decían nada y casi prefería las críticas, mucho más si eran desagradables; le hacían reír y las reproducía en sus libros. No quiero decir que fuese modesto; no podía serlo. El escritor debe tener, para dedicarse a escribir, una buena idea de si mismo; de otro modo, no escribirá. Por desgracia, esa buena idea de sí mismo la tienen también los malos escritores; pero el escritor de verdad la oculta: el malo, no; la hace pública. Y es gracias a esa buena idea que al escritor no le dicen nada los elogios. Al contrario, si son desmesurados, le dan risa, tanto como las críticas exageradas.

Pero esa oculta idea de la propia grandeza o de la propia capacidad, que sirve de base al escritor, se ve duramente combatida por algo que el escritor tiene junto con ella, algo desarrollado por sus años de trabajo, adquirido en lecturas apropiadas o recibido junto con la gracia: tiene espíritu crítico; el espíritu crítico contiene a aquella idea de grandeza, la controla, y el escritor debe corregir interminablemente, rehacer páginas enteras o simplemente cortarlas, abandonarlas. Y lo trágico es que el espíritu crítico dura más que la gracia. Un día la gracia comienza a debilitarse y el escritor deja de escribir. Pedro Prado, el autor de Alsino, me dijo un día de sus últimos años: "Yo ya ni leo". Al decaer la gracia, decae o desaparece aquella idea, que ya no tiene razón de ser. Sólo queda el espíritu crítico y a él debe enfrentarse el escritor en sus últimos años, los peores de su vida. Quizá muera apesadumbrado, pensando en que todo lo que deja pudo haber sido mejor, aunque también puede pensar que todo es muy bueno. Eso depende de la clase de escritor que sea.

¿Murió González Vera apesadumbrado o contento? No sabría decirlo con exactitud, pero presumo, gracias al conocimiento que de él tuve, que no pudo morir contento. Tenía un gran espíritu crítico. No en vano llegó a ser considerado como uno de los mejores prosistas de este siglo. Recordemos que las segundas ediciones de sus libros aparecían siempre corregidas y disminuidas. Lo que puedo decir con toda certeza es que murió asqueado del mundo en que le tocó vivir, especialmente del mundo burgués y capitalista, el mundo político y todo lo que esos mundos representan.

Todos saben, y él lo dice en sus libros, que durante su juventud fue anarquista. No dejó nunca de serlo, por más que pudiera llegar a creer que ya no lo era. Toda su conducta lo demuestra: jamás perteneció a ningún partido político, jamás estuvo de parte de ninguna dictadura, ni de ningún sistema dictatorial. En una visita que hizo a Cuba en 1953, con ocasión del primer centenario del nacimiento de José Martí, algunos escritoras serviles, de los que lamentablemente hay bastantes, organizaron una visita al coronel Batista, que recién había asaltado el poder. González Vera se negó a ir. En su negativa lo acompañó su amigo y compañero de viaje, Enrique Espinoza. Años antes, cuando dos amigos suyos se hallaban en el extranjero, perseguidos por la dictadura de otro coronel, Carlos Ibáñez, González Vera, con todo desparpajo, dedicó a esos amigos su mejor libro: Alhué. La dedicatoria decía: "Perdidos entre la muchedumbre extranjera viven dos chilenos: Horacio Hevia y Carlos Vicuña. A ellos dedico estas páginas".

Hay algo más. Mucha gente creyó y cree todavía que González Vera era un ser seráfico, un hombre que a pesar de toda su juventud pobre, durante la cual hizo de todo, desde pintar carruajes hasta lustrar zapatos, no protestaba de nada, no preconizaba la violencia ni la revolución, en suma, que era un partidario del "laisser faire". "Es tan espiritual", decían, lo dicen aún. Sí, lo era, era fino e inteligente, lleno de humor, pero sus páginas están llenas de pinchazos a los gobiernos y a sus servidores y defensores, todos pagados, y a la burguesía y sus paniaguados. Y en cuanto al "laisser faire", quiero contar que revisando hace poco las revistas políticas de 1920, entre ellas Numen y Verba Roja, periódico éste de los anarquistas, hallé dos artículos suyos que me llenaron de alegría. En el de Numen llama a la acción, a lo que en ese tiempo se llamaba la acción directa y hoy la vía armada; en el de Verba Roja, llama a la acción sindical. El primero tiene un párrafo que dice: "La palabra sirve para orientar, unir y especular; pero no es posible efectuar nada sin recurrir a la acción. La palabra explica y juzga la realidad. La acción la crea y la expresa. En nuestro siglo hay un superávit de ideas; la realización de una pequeñísima parte de ellas, bastaría para crear una realidad nueva; una realidad que mejoraría absolutamente la vida de todos..." Si recordamos que no creía en la vía electoral, queda en claro que pensaba en otra, más efectiva. El de Verba Roja se refería a la carestía de la vida y aseguraba que, primero, había especulación con los artículos alimenticios; segundo, que se exportaba lo mejor que Chile producía en ese rubro y que eso traía escasez y carestía. Terminaba: "Si en Chile hay ladrones que se dedican a monopolizar la producción, es por que nadie se preocupa de impedirlo. Todos nos dedicamos a clamar y a pedir. El único medio de abaratar los productos está en manos de los trabajadores marítimos. Si se abstienen de embarcarlos, bajarán de precio inmediatamente. Sé que esta acción es difícil; pero ensayándola puede resultar. Si este medio no sirve, no queda más que ponerse un tarugo en la boca y esperar".

Era fino, sí, tenía humor, era un gran amigo y compañero; también era un hombre. Trabajó y sufrió; no murió contento y siempre deseó que esta sociedad burguesa, con toda su inmunda conducta, fuese cambiada hasta más allá de sus raíces y del modo más rápido.

MANUEL ROJAS


Crónica

¿EL ASILO CONTRA LA OPRESIÓN?

EL miércoles 22 de julio, un grupo de diez revolucionarios bolivianos que fueron liberados al ser canjeados por dos técnicos alemanes en poder del ELN, llegaron a Arica a bordo de un DC-3 de la Fuerza Aérea de Bolivia. Del avión de la FAB fueron trasladados directamente al cuartel de Investigaciones. Esa primera noche, debieron dormir sobre el suelo, sin mantas, apiñados en una estrecha habitación de cuatro metros por cuatro. Lo que aun les esperaba no sería mucho mejor.

En Arica, PF conversó con los liberados. Bajo la mirada clara de Loyola Guzmán, única mujer del grupo, Gerardo Bermúdez, un argentino cuya "verdadera nacionalidad es combatiente del ELN", precisó: "No hemos salido todos los revolucionarios. Desconocemos las razones tácticas que tuvo el estado mayor de nuestra organización para confeccionar esta lista, pero importa decir que continúan presos compañeros como Julio Dagnino y Carlos De Miguel, en los cuales tenemos total confianza".

Entre los diez liberados hay quienes no son militantes activos del ELN. Es el caso de Benigno Coronado, preso por el delito de ser padre de "Benjamín", el primer guerrillero caído junto al Che en 1967. En el grupo figuran, además, tres estudiantes (Loyola Guzmán, de Filosofía; Juan Sánchez, de Medicina, y Roberto Moreira, de Derecho), un ingeniero (Oscar Busch) y un paleontólogo (Enrique Ortega).

"A mí me "fusilaron" tres veces" recuerda Ortega, haciendo un relato de las torturas físicas y sicológicas sufridas en manos del DIC (Departamento de Investigaciones Criminales). "Después de eso —agrega— la cárcel si no es una colonia de vacaciones, representa sin embargo un marcado alivio. Mi antiguo nombre es Enrique Ortega. Ahora me llamo simplemente Víctor". Su voz vacila apenas al relatar cómo fue detenido, en Cochabamba, herido. A pesar de sus indicaciones, Rita Valdivia (Maya) permaneció entonces a su lado, resultando muerta en el posterior tiroteo con la policía. Sobre ese dolor, Víctor debió cargar aun con la canallada de la versión oficial, que pretendía responsabilizarlo por la muerte de Maya.

Víctor es quien, ante sus compañeros, proporciona a la prensa otra versión sobre la muerte del periodista chileno Elmo Catalán ("Ricardo") y su compañera, la universitaria boliviana Jenny Koeller ("Victoria"). Entre los documentos difundidos por el Ejército de Liberación, simultáneamente a la acción de Teoponte, figura un comunicado en que se ratifica el relato original, en el sentido de que Ricardo y Victoria fueron ultimados por el traidor Aníbal Crespo, hasta entonces militante del propio ELN. "Ricardo era uno de los hombres más extraordinarios que he conocido —comenta Víctor— no hay nadie de los que lo trataron que no lo haya querido. El era uno de los más valiosos puntales del ELN. Aunque Crespo esté momentáneamente fuera del alcance del ELN, nuestra organización ha probado que su mano, tarde o temprano, llega para castigar a los traidores".

Los bolivianos rescatados por el ELN han tenido ahora oportunidad de comprender cuánto valen los floridos discursos sobre el "sacrosanto" derecho de asilo que se pronuncian periódicamente en los torneos "interamericanos" de oratoria. El comité que negoció en Bolivia el canje entre el ELN y el régimen de Ovando solicitó oportunamente asilo para ellos ante la embajada mexicana en La Paz, pero al no encontrarse presente el titular de la representación diplomática azteca, los prisioneros liberados debieron salir hacia Chile antes de que se cumpliera el plazo fijado por el Ejército de Liberación.

El cónsul chileno en La Paz los colocó entonces ante una alternativa de hierro: para alcanzar la libertad debieron firmar una declaración en que se comprometían a permanecer sólo quince días en Chile mientras solucionaban sus trámites de viaje hacia otro país. En Santiago, el sub-secretario del Interior, Juan Achurra, se apresuró a afirmar, contra toda norma de derecho internacional que "no habría asilo permanente para ninguno de ellos".

Detenidos de hecho, virtualmente incomunicados, los exprisioneros políticos recibieron el jueves 23 la visita del senador comunista Luis Valente Rossi. A partir de entonces, por indicación expresa del Ministerio del Interior, los asilados vieron prohibida toda visita o entrevista con quien fuera. El sábado 25 viajó a Arica el senador socialista Carlos Altamirano, presidente del Comité de Apoyo a la Lucha del Pueblo Boliviano; contaba con una aprobación verbal del Subsecretario del Interior para entrevistarse con los exprisioneros. Pudo hacerlo el mismo sábado y el domingo, logrando paliar parcialmente las precarias condiciones de alojamiento de los detenidos.

De esas reuniones surgió, empero, la comprobación de que cuatro, entre los diez bolivianos, habían presentado por escrito una solicitud de asilo permanente en Chile. El Ministerio del Interior, sin embargo, continuó negando enfáticamente toda disposición en tal sentido.

El 26 de julio, Cuba dio una nueva lección: su ofrecimiento de asilo llegó hasta los rescatados en manos de Baltazar Castro, que ese día se trasladó hasta Arica, en avión del Ministerio del interior.

La libertad, finalmente, estaba al alcance de la mano. Pero el gobierno de Chile difícilmente podrá eludir su responsabilidad histórica ante este nuevo manoseo del derecho de asilo. Tal como ocurrió con Antonio Arguedas, el gobierno democristiano entregó al manejo policial las condiciones de un derecho que era orgullo tradicional de nuestro país, revelando hasta qué grado La Moneda está bajo las presiones norteamericanas.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02