El MIR y las elecciones presidenciales


DOCUMENTOS
Suplemento de la edición Nº 104 de PUNTO FINAL
Martes 12 de mayo de 1970.
Santiago - Chile.

El MIR y las elecciones presidenciales

El Secretariado Nacional del MIR nos ha hecho llegar un documento en que aborda las próximas elecciones presidenciales. Por considerarlo oportuno y de interés para nuestros lectores, lo reproducimos a continuación:

EN enero de 1969 dimos a conocer nuestros lineamientos políticos fundamentales frente a las elecciones parlamentarias de ese año en el documento "No a las elecciones, lucha armada único camino". Se hace necesario precisar nuestra posición frente a las elecciones presidenciales de 1970. Nuestra política frente a las elecciones sólo puede desprenderse de un análisis de la realidad económica, social y política del país. Lo que intentaremos hacer, resumidamente, en primer lugar.

I. EL DETERIORO ECONÓMICO

En el documento antes citado (ver PF Nº 74), sostuvimos que en 1967 se inició un período de deterioro económico cuya tendencia era el agravamiento. Hoy podemos afirmar que las características consideradas negativas en el plano económico para 1967 y 1963 fueron similares en 1969.

El crecimiento de lo que se produjo en Chile por habitante, que en 1967 fue más bajo que en los seis años anteriores, se mantuvo a niveles similares en 1968 y 1969 [1] . Los rubros económicos afectados negativamente en 1967, en relación a los seis años anteriores, a pesar de mostrar variaciones menores, lo fueron también durante 1968 y 1969 (producción minera, industrial y construcción; y agropecuaria en 1968 y 1969). [2]

Esta baja en el crecimiento de lo producido en los rubros económicos fundamentales, se da justamente en un período en que el país ha dispuesto de inmensos recursos por distintos conceptos en relación a períodos anteriores. En los últimos 5 años Chile ha dispuesto de 900.000.000 de dólares por créditos extranjeros [3] , siendo el país de América latina que más créditos ha recibido. También en los últimos 5 años ha recibido por concepto de exportaciones alrededor de 400 millones de dólares más por año que en períodos anteriores [4] , y ha dispuesto de casi el 100 por ciento más en ingresos por concepto de tributaciones internas. [5]

A pesar de ello el déficit de la balanza de pagos es de 400 millones de dólares anuales [6] y nos hemos visto obligados a perder divisas importando productos agropecuarios por 135 millones de dólares en 1969, mientras entre 1960 y 1964, en promedio, sólo importábamos 95 millones de dólares al año [7] . Las presiones inflacionarias han seguido su ritmo ascendente (en 1969 el alza real del costo de la vida superó el 40 por ciento y en el primer trimestre de 1970 ya ha subido oficialmente en un 16,2 por ciento, mientras en el mismo trimestre del año pasado sólo era de un 14 por ciento [8] . Los índices de desocupación, a pesar de sus fluctuaciones, se han mantenido elevados (5,5 por ciento en el país, 6 por ciento en Santiago y casi el doble en Concepción-Talcahuano. [9]

Si este deterioro de nuestra economía no se ha expresado con mayor fuerza ha sido porque el precio del cobre se ha mantenido elevado, llegando a 75 y 80 centavos de dólar por libra. [10]

En resumidas cuentas Chile se ha endeudado en más de 2.000 millones de dólares en diez años y aunque han entrado al país alrededor de dos mil millones de dólares extras por mayor precio del cobre en los últimos cinco años, nos hemos estancado en crecimiento económico, ha aumentado nuestra dependencia del capital extranjero, la inflación ha seguido empobreciendo a los chilenos y los niveles desocupacionales han persistido muy altos, no apreciándose síntomas de recuperación por parte alguna.

II. LAS MOVILIZACIONES DE MASAS

Como dijéramos el año pasado, estos niveles de deterioro económico, más la experiencia política y orgánica adquirida por obreros y campesinos, trajeron como consecuencia más relevante un proceso de ascenso en los niveles de lucha.

Después de un relativo repliegue en los años 65 y 66, el movimiento de masas retomó conciencia y se comenzó a movilizar activamente. Se abrió todo un período caracterizado por un ascenso en las movilizaciones populares; en lo cuantitativo por la magnitud de la masa integrada a los conflictos, y en lo cualitativo por los métodos no tradicionales utilizados en sus luchas. Muchas veces los trabajadores en el curso dé estas movilizaciones, para poder seguir adelante tuvieron que vencer los frenos impuestos por direcciones reformistas que trataron de desviarlas por el camino legalista, tradicional y burocrático.

En 1969 el movimiento obrero continuó sus movilizaciones en la forma de combativas y prolongadas huelgas (Madeco, Mademsa, Fensa, Insa, etc.), llegando a veces a la huelga con ocupación de fábricas (Metalpar, Famela, Somela, Arrigoni, etc.). Los pobladores retomaron la combatividad que los caracterizaba y se movilizaron en Arica, Puerto Montt, Concepción, Santiago (Barrancas, La Reina, Conchalí, La Granja, etc.), Seis mil campesinos en Coquimbo llevaron a cabo una de las huelgas más combativas de este sector, ocupando fundos y enfrentando a Carabineros. Los estudiantes secundarios estuvieron el año pasado a la vanguardia del sector estudiantil en Santiago y Concepción, en Valparaíso, Talcahuano y Copiapó. Los estudiantes universitarios mantuvieron una larga huelga en Concepción defendiendo la autonomía universitaria, la Universidad Técnica también participó en esta movilización.

En lo que va corrido de 1970 se puede apreciar la misma tendencia: varias huelgas obreras están en pleno desarrollo, (Chilectra, las salitreras, Helvetia, ENAP, Bata. IANSA, Huachipato, etc.), y ya se produjo una combativa huelga campesina en Nuble y otra en la provincia de Coquimbo; existen hoy más de 250 mil pobladores "sin casa" rodeando Santiago, muchos de ellos en campamentos ocupando terrenos, con la "26 de Enero" y su Congreso Provincial a la cabeza. Las movilizaciones antialessandristas en Lota, Coronel, Concepción, Tomé y Talcahuano, son también expresiones de la misma combatividad.

De algunos meses a esta parte se está llevando a cabo toda una ofensiva patronal, que cuenta con el decidido apoyo del gobierno. En este momento, cerca de 70 mil trabajadores están en huelga y persisten 32 conflictos sin resolver; muchos de ellos se prolongan por uno, dos o más meses, y algunas fábricas están ocupadas por los trabajadores. El gobierno ha decretado reanudación de faenas en algunas de ellas, e incluso en el caso de ENAP decretó innecesariamente la intervención militar de la empresa.

Los trabajadores del campo también están sufriendo los efectos de la ofensiva patronal. Hace poco los latifundistas acordaron no pagar los aportes patronales al Servicio de Seguro Social, no pagar el 2 por ciento de aporte patronal para el financiamiento de las organizaciones campesinas ni tampoco los impuestos por avalúo de propiedades. Los despidos arbitrarios afectan a numerosos trabajadores agrícolas, especialmente a los dirigentes sindicales. Las tres Confederaciones Campesinas, que agrupan a más de 100 mil campesinos, preparan un paro nacional de protesta para este mes. El asesinato del funcionario de CORA por los latifundistas en Linares es, por último, expresión de la misma agudización de la lucha de clases en el campo.

La creciente magnitud de la masa plegada a estas movilizaciones, tanto como los métodos de lucha empleados (toma de fábricas, de fundos, de terrenos y de escuelas, luchas en barricadas en los campos, combates callejeros de obreros y estudiantes, violencia en las contramanifestaciones, etc.), si bien no colocan a las masas en la preinsurgencia, indican eso sí un marcado y persistente ascenso en el movimiento de masas en los últimos tres años. Este es el fenómeno más relevante del panorama social y político actual, el que caracteriza el período y evidentemente será el que enmarcaré; el proceso electoral y le definirá su papel.

III. LAS RESPUESTAS DE LA CLASE DOMINANTE Y LAS FISURAS EN LA SUPERESTRUCTURA

Las clases dominantes no permanecen impasibles frente a este proceso de ascenso de la lucha de masas. El aparato represor de los dueños del poder y la riqueza se decide a frenar por la fuerza las movilizaciones de obreros, campesinos, pobladores y estudiantes. Construyen la política de "mano dura", surge la siniestra figura de Pérez Zujovic y aparecen las tristes hazañas del Grupo Móvil. Comienza una escalada represiva, se hacen frecuentes los apaleos callejeros, la prisión de dirigentes gremiales, los desalojos violentos de fábricas, terrenos, fundos y escuelas. El desalojo de la fábrica de SABA, la represión ejercida en el fundo "San Miguel" de Aconcagua y sobre los campesinos y estudiantes de Ñuble, el allanamiento de la Universidad de Concepción no son excepciones. No se detienen allí, se "escarmienta" a la masa con las masacres de El Salvador en 1966, de Santiago el 23 de noviembre de 1967, de Puerto Montt, de Copiapó y de San Miguel en Santiago, en 1969.

Se reprime decididamente a los sectores más radicalizados de la izquierda tradicional, encarcelando incluso a algunos de sus senadores y diputados y se aplica la Ley de Seguridad Interior del Estado a la prensa revolucionaria, a la Revista PUNTO FINAL y al periódico del MIR "El Rebelde"; se abre proceso a la izquierda revolucionaria (proceso al "terrorismo") donde se aprovecha tanto de perseguir como de golpear y encarcelar a militantes del MIR y de otras organizaciones. Luego cuando las organizaciones revolucionarias comienzan a desarrollar acciones armadas la tortura y las flagelaciones, la persecución política, la prisión a sus dirigentes se convierten en tareas rutinarias de los encargados de reprimir.

La intervención militar de ENAP, el cerco policial tendido a la "26 de Enero", las torturas y flagelaciones ejercidas sobre los pobladores de este Campamento y sobre miembros de las Juventudes Comunistas, la agresiva negación de presupuesto a las universidades de Concepción y Técnica, están evidenciando que el gobierno ha iniciado una escalada represiva.

Todo indica que durante el proceso electoral y apoyando la ofensiva patronal en desarrollo, el gobierno buscará endurecer su política, comenzando por reprimir a la izquierda revolucionaria; luego tenderá a agredir a toda la izquierda, e incluso a las organizaciones gremiales de los trabajadores, golpeando también a las universidades.

El progresivo enfrentamiento entre los que luchan por sus intereses y los que explotan el trabajo de los primeros, golpea también a las instituciones del sistema, a los templos del régimen capitalista, la superestructura se resiente. Primero fueron las universidades, luego la Iglesia con la aparición del movimiento "Iglesia Joven", que llegó a ocupar la Catedral con el Che Guevara y Camilo Torres como emblemas. Luego fue el Poder Judicial; los encargados de administrar la justicia a los poderosos rompieron la ley y fueron a la huelga. Más aún, una crisis moral descompone a los que gobiernan, se denuncian créditos millonarios a los parlamentarios del régimen, negociados de amigos y familiares del Presidente de la República, contrabando de empresas cercanas al gobierno y extorsión a empresas privadas para aumentar la caja electoral del partido de gobierno.

Finalmente el proceso sacude a los aparatos encargados de asegurar el actual estado de cosas: las Fuerzas Armadas. El ejército, la aviación, carabineros y la marina son conmovidos por los procesos políticos; entre los militares irrumpen las ideas y opiniones políticas. De general a recluta se polarizan las fuerzas en bandos distintos; aparecen golpistas financiados por la CIA, partidarios del autogolpe freísta y fuerzas nacionalistas confusas y de todo pelaje, donde se entremezclan los de derecha y los de izquierda. La baja oficialidad y sobre todo la suboficialidad opina y se moviliza por sus intereses, como también discute y "delibera" sobre problemas políticos y nacionales. La serie de acontecimientos que se sucedieron ("presión" militar en 1967, el "Tacnazo" y sus consecuencias, los intentos frustrados de la CIA y de los "nacionalistas" en 1969 y la opereta de Gamboa en 1970) dejaron un importante saldo político. Por un lado la sombra de un golpe militar reaccionario se hizo tangible como posible salida política para la derecha, y por el otro la efervescencia política de la baja oficialidad, suboficialidad y tropa se tornó en proceso irreversible. Consciente de ello la Comandancia en Jefe de las Fuerzas Armadas ha comenzado la represión interna, y así en los últimos días de abril dio de baja a dos oficiales y catorce suboficiales del ejército por sus ideas de izquierda.

Todo lo anterior es lo que sin todavía aproximarse a lo que constituye un "derrumbe" de la institucionalidad, configura un cuadro de serias fisuras en la superestructura capitalista, que permite afirmar que Chile vive la crisis institucional más grave desde la década de 1930.

IV. LOS PARTIDOS POLÍTICOS Y EL DESARROLLO DE LA IZQUIERDA

REVOLUCIONARIA

Los partidos políticos no han quedado tampoco al margen del proceso. Se ha producido entre ellos todo un reordenamiento de acuerdo a las condiciones que impone un proceso progresivo de enfrentamiento entre los muchos y los pocos.

Como es natural frente a un proceso de polarización social, las clases medias urbanas acomodadas, atemorizadas frente a las movilizaciones . de masas, corren a cobijarse bajo el alero supuestamente protector de los partidos y caudillos de derecha. Es así como se ha fortalecido la derecha alessandrista.

Sujetos a las mismas presiones sociales se han dividido los partidos políticos centristas y policlasistas. Así se han quebrado la democracia cristiana y el partido radical en sus tendencias de derecha e izquierda. Han crecido y se han conmovido a su vez las izquierdas tradicionales, los reformistas han recibido el refuerzo de los centristas que se inclinaron a la izquierda. En el partido socialista y en el MAPU por un lado se afirmaron sus tendencias más moderadas ante la perspectiva electoral, y por el otro sus juventudes y sectores más radicalizados asumieron lineamientos revolucionarios de lucha: sus sectores campesinos, pobladores y estudiantiles se lanzaron a empujar el proceso social que les rodea.

El Movimiento de Izquierda Revolucionaria se decantó y junto a otras organizaciones revolucionarias abandonó la institucionalidad, superó su etapa puramente agitativa y verbalista y rompió el equilibrio político al desafiar abiertamente los aparatos represivos. Comenzó a realizar acciones revolucionarias armadas, expropiando el dinero robado al trabajo ajeno por los bancos; desarrolló niveles organizativos clandestinos y comenzó a fortalecerse militarmente.

El MIR se desarrolla y fortalece como consecuencia del avance de las movilizaciones de masas. Así ganó, primero, niveles de simpatía popular y sus acciones alcanzaron progresivamente una mayor aceptación entre los trabajadores en la medida en que vinculó sus acciones a los intereses de éstos. Crece rápidamente entre estudiantes y pobladores y también desde hace algún tiempo, entre los mineros, campesinos, mapuches, obreros industriales.

Por medio de nuestras acciones comenzamos a ofrecer caminos revolucionarios, primero a los cuadros de la izquierda y luego a las masas. Hemos hecho todo lo posible por empujar movilizaciones en los frentes estudiantil, de pobladores y campesinos; también hemos tenido participación en muchas movilizaciones obreras. Todavía le queda a la izquierda revolucionaria un enorme trecho que recorrer. Recién está dando sus primeros pasos. Debe superar muchas debilidades ligándose cada vez más a los frentes de masas; pero es evidente que el desarrollo de la izquierda revolucionaria marca una nueva etapa en las luchas políticas y revolucionarias de Chile.

V. LA "CONQUISTA" DEL PODER POR LAS ELECCIONES

La serie de fenómenos sociales y políticos que antes resumidamente enunciamos pueden enmarcarse en lo que llamamos un proceso de agudización de la lucha de clases.

En el curso de este proceso se han ido estrechando los marcos de la institucionalidad, tanto para las clases dominantes como para los obreros y campesinos, ambos vislumbran y buscan posibles salidas que rompan con la legalidad. Los trabajadores, a partir de sus experiencias, han extraído enseñanzas, se ha producido entre ellos una izquierdización masiva en su pensamiento político, ya conocen sus derechos, identifican a sus enemigos, son en general antimperialistas y tienden a buscar el socialismo como meta final. Han madurado en relación a sus aspiraciones políticas, pues ahora buscan la conquista del poder como objetivo. Se han frustrado relativamente en los caminos legales a través de las luchas por sus reivindicaciones, superando muchas veces las direcciones reformistas y burocráticas del movimiento obrero. En ocasiones han perdido fe en las soluciones electorales como fórmula mítica que resuelva sus problemas, no desarrollándose este fenómeno por la vía del rechazo categórico sino por el uso repetido e infructuoso del camino electoral, lo que en general no les impedirá votar en septiembre.

Inmerso en este contexto es donde se desarrollará el proceso electoral y a partir de él se desprenderá el rol y la importancia que las elecciones presidenciales tomarán. De aquí también nosotros deducimos nuestra actitud frente a las elecciones. Pero antes de ello debemos estudiarlas como camino para la conquista del poder desde el punto de vista histórico y teórico.

Sabemos que toda la superestructura jurídica del sistema fue construida por las clases dominantes según sus necesidades. Las leyes, los códigos, los derechos establecidos, la ley electoral, sus tribunales, etc., todo fue levantado por los dueños de los fundos y las fábricas para defender sus riquezas y sus privilegios. Los procesos electorales no son sino un mecanismo de autoconservación de la clase dominante, un método más refinado y sutil que la bruta coerción. Se realiza cada cierto tiempo con el solo fin de dar a las masas la ilusión de que son ellas quienes eligen a sus gobernantes, cuando en realidad sólo se produce una renovación formal entre los encargados de asegurar la explotación y represión de los trabajadores.

Si por alguna circunstancia, extremadamente difícil, la burguesía viera peligrar sus posibilidades de mantenerse en el poder, no vacilaría en romper las normas impuestas por ella, y con violencia desatada combatiría a quien la amenace. Veinte siglos de historia enseñan con qué decisión y brutalidad las clases dominantes defienden sus intereses. La historia reciente muestra con qué sanguinaria fuerza se defienden de la conquista del poder por los pueblos: golpes militares, represiones sangrientas, guerra civil, intervenciones extranjeras directas, genocidios, etc., son sus métodos.

Los poseedores de la riqueza y del poder harán enormemente difícil un triunfo electoral popular. Montarán campañas de propaganda millonarias, levantarán el fantasma del "terror", utilizarán las creencias religiosas, controlarán la mayoría de los medios de comunicación de masas, utilizarán los recursos del aparato estatal, recibirán ayuda norteamericana, instrumentalizarán instituciones de caridad extranjeras y nacionales, etc. Por último, si ven que con dos candidaturas que representen sus intereses (Alessandri y Tomic, pueden ser derrotados, no dudarán en retirar uno de ellos o al menos volcarán la votación de uno sobre el otro.

Si aun así se llegara a evidenciar la posibilidad de un triunfo electoral popular, las clases dominantes chilenas y extranjeras se decidirán por el golpe militar de derecha, cualquiera sea su costo. El golpe militar en Chile desde hace tiempo ya no es un mito ni un fantasma irreal. No es un arma que la derecha y los yanquis rechacen. La CIA desde hace tiempo se organiza y prepara en el seno de las Fuerzas Armadas; eso es de público conocimiento y el año pasado, incluso, se produjo un intento frustrado de esos agentes.

VI. LAS ELECCIONES COMO EXPERIENCIA PARA LAS MASAS

Para analizar la experiencia que significa para las masas un proceso electoral, tendremos que partir de lo elemental: las elecciones son por definición un proceso que busca la derrota del enemigo, y desde allí la conquista del poder a través de la acumulación de una mayor cantidad de votos. Eso lleva natural y espontáneamente a que la organización para este tipo de lucha sea de tipo puramente electoral. La actividad consiste exclusivamente en la agitación y la propaganda, en el convencimiento de otros para hacerlos votar por el "candidato popular" y en movilizar detrás de la inscripción electoral al mayor número de personas. Con el fin de "ser más" desde el punto de vista numérico, se busca integrar a sectores medios vacilantes, mezclándolos con obreros y pobladores en el mismo plano político y orgánico, y las más de las veces en los niveles directivos. Todo se desarrolla dentro de un absoluto respeto a la ley burguesa y se enseña a los trabajadores a confiar en el acto electoral como mecanismo que les resolverá sus apremiantes problemas, llegando así a paralizar muchas veces sus movilizaciones.

Esa fue la experiencia de 1964. Se llamó a "burgueses progresistas", se buscó moderar toda expresión política, se luchó por obtener el apoyo de algunos sectores de la burguesía, se prohibió hablar de Cuba, no se planteó una reforma urbana y se organizó y preparó a las masas exclusivamente para lo electoral. El resultado fue desolador, los obreros y campesinos confusos al no ver representados sus intereses con nitidez en la "candidatura popular", sino a damas encopetadas y a caballeros "progresistas", no le dieron el triunfo. Más aun, los allendistas de entonces, casi un millón de personas, fueron entrenados sólo para festejar un triunfo electoral y así, cuando sobrevino la derrota, desconcertados y desarmados, retrocedieron. Se produjo un repliegue relativo por todo un período en las luchas de masas. La democracia cristiana logró luego consecutivos triunfos electorales y gremiales, que sólo dos años después, y por la fuerza de la crisis fueron frenados.

La conquista del poder por obreros y campesinos exige fórmulas orgánicas y políticas distintas a las anteriores. En primer lugar exige organización de clase, esto es que se organicen los explotados para combatir a quienes les roban el producto de su trabajo. Si sectores medios quieren plegarse a su movilización, lo deben hacer en otros niveles orgánicos y subordinados a los primeros. Exige conciencia política por objetivos nítidos, un programa definido que establezca cómo línea básica la defensa de los intereses de obreros y campesinos y explícitamente, como consecuencia, la decisión de destruir el capitalismo (no sólo algunos de sus sectores) y expulsar al imperialismo. Exige necesariamente una progresiva y creciente movilización de masas, a través de luchas directas y frontales por la defensa de sus intereses, sin detenerse por ilusiones de ningún tipo y utilizando métodos que enseñen a los trabajadores a romper los marcos legales que les imponen el dominio y la riqueza de unos pocos. Necesariamente debe haber una preparación para enfrentar los aparatos armados del sistema, la que no puede ser otra que la preparación premilitar y militar de sectores de trabajadores.

Estos niveles orgánicos y políticos no fluyen espontáneamente de un proceso electoral, al menos no lo han hecho en las dos últimas campañas presidenciales, pero en un período de agudización de lucha de clases como el que hoy atravesamos, más que nunca son modelos orgánicos y políticos posibles y necesarios de alcanzar.

Si quienes encabezan la campaña popular, o al menos participan en ella, cometieran el grave error de orientarla sólo en un sentido puramente electoral, si les enseñaran a obreros y campesinos a esperar todo del acto electoral y si no los preparan ideológica y orgánicamente para la conquista del poder, estarían creando falsas ilusiones, estarían desarmando a los trabajadores y estarían —por último— frenando el proceso de ascenso de la movilización social que debería, necesariamente, terminar en una verdadera conquista del poder.

VII. EL MIR Y LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES

Hace ya casi un año que nuestra Organización se desarrolla en la ilegalidad. Nuestros dirigentes y muchos militantes son perseguidos y si son detenidos se les tortura y encarcela. Varios de nuestros compañeros llevan meses en las celdas de la cárcel y la penitenciaría. Muchos más han sido torturados y flagelados, detenidos arbitrariamente e incomunicados, allanados sus domicilios, etc. No nos quejamos, nosotros elegimos este camino, pero la realidad objetiva es que de la legalidad sólo conocemos la persecución, la tortura y la cárcel.

Más aun, no creemos en la legalidad construida por los dueños de las fábricas y los fundos, no creemos en las leyes que aseguran la miseria de muchos y la riqueza de unos pocos, no aceptamos la justicia de las torturas y las masacres. Nuestra tarea no es participar de esa legalidad, sino combatirla. Sostenemos que las elecciones no son un camino para la conquista del poder. Desconfiamos que por esa vía vayan a ser gobierno los obreros y campesinos, y se comience la construcción del socialismo. Estamos ciertos de que si ese difícil triunfo electoral popular se alcanza, las clases dominantes no vacilarán en dar un golpe militar. Sostenemos que las enseñanzas que las masas han obtenido de su experiencia en las pasadas campañas presidenciales no han sido las que las arman y preparan para la conquista del poder.

Por todo ello el Movimiento de Izquierda Revolucionaria no desarrollará ninguna actividad electoral.

Como ya hemos dicho, el proceso electoral estará inmerso en un marcado ascenso de la movilización social, pero no creemos que las elecciones vayan a expresar este proceso en toda su magnitud y fuerza potencial.

Hoy las luchas reivindicativas están limitadas por una serie de factores. Por un lado la intransigencia patronal, la inescrupulosidad con que operan los aparatos judiciales, la amenaza de posibles decretos de reanudación de faenas, el acoso policial, etc., deben ser siempre enfrentados en el desarrollo de las luchas reivindicativas. Por otro lado la tramitación burocrática y la conciliación por la que la llevan las direcciones gremiales tradicionales, deben ser necesariamente superadas para obtener éxitos objetivos como resultado de estas movilizaciones. Como hemos afirmado muchas veces, hoy las huelgas son cada vez más largas, las reprimen más y los trabajadores consiguen menos. Lo poco que consiguen es rápidamente absorbido por la inflación que favorece a los empresarios. Esto es lo que ha provocado, en gran medida, la aparición de nuevos métodos de lucha que superando los tradicionales, buscan resolver en forma decidida la "impasse" trabajador-empresario.

Estos agudos fenómenos sociales son los que las elecciones presidenciales no podrán expresar, sino formal y parcialmente; lo harán a través de la virulencia de los discursos, de la magnitud de las concentraciones y también en él desarrollo de algunos enfrentamientos entre candidaturas en las calles o en los foros. Las más de las veces la campaña electoral de la izquierda tenderá a frenar o postergar los conflictos, llamando a los trabajadores a esperar que el "Gobierno Popular" los resuelva.

Justamente es a partir de ese mismo fenómeno social desde donde se abren enormes posibilidades para el desarrollo de formas de lucha extrainstitucionales (acción directa). De allí también surge la necesidad de estas formas de lucha que sin excluir otras, rompan el equilibrio empresario-trabajador y las múltiples limitaciones judiciales y policiales que rodean las movilizaciones tradicionales de los obreros. Se trata de ofrecer a la masa un camino que le permita salir del economicismo, del sindicalerismo y de la tramitación burocrática; esto en la medida que la acción revolucionaria se extienda como forma de lucha que se ofrece en general a los sectores ya movilizados y cuyo contenido va estrechamente vinculado a sus intereses concretos e inmediatos.

Es aquí donde centraremos nuestra actividad, y no en el proceso electoral, buscando crear una alternativa relativa a las elecciones, que si bien no impedirán que enormes contingentes de masas se vuelquen a las urnas, afirmará a los que en el curso de las luchas de los últimos años han madurado políticamente, radicalizará a otros e influenciará positivamente a quienes desarrollen su actividad en el seno de la Unidad Popular. Nuestra tarea fundamental, entonces, será ayudar a empujar el auge que la lucha social evidencia desde hace más de dos años; evitaremos en la medida de nuestras fuerzas que el proceso electoral frene estos fenómenos y [p]repararemos desde ya los modelos políticos, orgánicos y militares que ayudarán a mostrar el camino frente al desenlace de septiembre, cualquiera que sea.

Seguiremos por el camino que ya nos hemos trazado. Hace casi un año que comenzamos a avanzar por el atajo revolucionario de la acción armada. La receptividad que nuestras acciones han tenido entre obreros, campesinos y estudiantes ha sido mucho más positiva de la que esperábamos, especialmente después de vincular nuestras acciones a sus intereses de clase. Hemos buscado financiar los aparatos armados que puedan defender a los trabajadores en sus luchas; fortaleceremos nuestros lazos con obreros y campesinos, realizaremos acciones que los beneficien, trataremos de defenderlos de los abusos de sus patrones y de quienes los agreden. En la medida de nuestras fuerzas intentaremos impulsar movilizaciones de los trabajadores del campo y la ciudad por sus intereses, utilizando métodos revolucionarios de lucha.

La acción revolucionaria armada y la movilización combativa de masas será nuestra tarea. La defensa de los que nada tienen y la lucha contra los que les roban, será nuestro camino. Sólo a partir de allí, de esa etapa de acciones directas, podremos mañana junto con líos obreros y campesinos construir un ejército revolucionario, que combatiendo por la conquista del poder desarrolle una guerra revolucionaria en el campo y la ciudad.

VIII. FRENTE A TOMIC Y ALESSANDRI

Para nosotros ambos representan a los capitalistas de la ciudad y el campo, a los dueños del poder y la riqueza nacionales y extranjeros. Si bien podríamos distinguir entre quienes les respaldan a un sector burgués tradicional junto a Alessandri, y a uno más pujante y neoempresarial con Tomic, en última instancia ambos disputan la mejor representación de la burguesía financiera, industrial y agraria y de las compañías norteamericanas como línea política esencial. Las únicas diferencias que podemos observar entre las dos candidaturas son: la identidad de los trabajadores asesinados en nombre da la mantención del "orden", el período en que empobrecieron a los chilenos y la serie numérica de los dólares con los que aumentaron la dependencia de Chile del capital extranjero.

Alessandri, viejo momio asesino de la José María Caro y de la Plaza Bulnes, es el mismo que por seis años elevó la inflación en beneficio de los empresarios y endeudó al país en cientos de miles de millones de dólares. Él fue quien permitió la inmoralidad de los bonos dólares, rompió relaciones con el único país socialista de América latina y promulgó la Ley Mordaza. Hoy, oficiando de líder tradicional de derecha, busca canalizar los temores de las clases medias urbanas ante la agudización de la lucha de clases, prometiendo un "orden social y político", que sólo podrá intentar conseguir por medio de masacres, torturas y mayor represión.

Tomic, una versión derechista más cínica modernizada y circense, a través de una enorme demagogia busca obtener apoyo de los sectores sociales supuestamente más atrasados en el plano político y orgánico: las mujeres, los pobladores, los jóvenes y los campesinos. Representa los mismos intereses que Alessandri (o al menos se desespera por conseguir su representación). Este ambicioso "papagayo", como lo llamara Fidel Castro, es el candidato de los mismos que entregaron el cobre a empresas extranjeras y que empobrecieron a los chilenos en los últimos seis años. Tomic es responsable político tanto del endeudamiento externo y del despilfarro del erario nacional, como de las masacres de El Salvador, Santiago Puerto Montt, Copiapó y San Miguel. Su continuismo asegura que la persecución política y las torturas y flagelaciones llevadas a cabe en el gobierno de Frei, continuarán y aumentarán.

En suma, ambos representan a aquellos que día a día, en los fundos y fábricas, se enriquecen a costa del trabajo de los que empobrecen. Son los que han entregado Chile al capital extranjero y los que se han manchado con sangre obrera en los campos, minas y ciudades. Son los enemigos de obreros, campesinos y pobladores y por lo tanto, nuestros enemigos. No lo son sólo desde un punto de vista puramente coyuntural y electoral, sino enemigos de clase, aquellos sólo cuya destrucción como clase dominante asegura la emancipación de los trabajadores. Todos nuestros esfuerzos irán dirigidos a destruirlos como clase, a lesionar sus intereses, a arrebatarles lo que han robado al pueblo durante décadas.

Nuestra tarea será denunciar a quienes representan esos intereses, sus crímenes del pasado y del presente, cómo han hecho de Chile el traspatio colonial norteamericano y cómo sus representantes se han enriquecido a costa del empobrecimiento de la mayoría de los chilenos. Levantamos el derecho a la contramanifestación callejera, el derecho del pueblo a expresar virilmente su rechazo concreto a la presencia política de asesinos y ladrones. Ejerceremos el derecho de destruir su propaganda millonaria, destruir la provocación inicua que significa una propaganda que diariamente pega afiches y contrata avisos de valor superior a lo que todas las familias obreras gastan en comer diariamente. Golpearemos en sus secretarías, locales donde se planea y consuma el engaño y la estafa del pueblo, etc.

Más aun, allí donde surjan grupos armados de derecha: Fiducia, Guardias Blancas, Boinas Rojas o grupos Graco, que se propongan agredir a obreros, campesinos y pobladores que están en la Unidad Popular, que sepan que el MIR considerará su deber salirles al paso con sus nacientes aparatos armados, enfrentarlos y aplastarlos implacablemente.

IX. EL MIR Y LA UNIDAD POPULAR

Los que allí están buscan la conquista del poder por la vía electoral. Creemos que ese es un camino equivocado, por lo menos no es el nuestro. Pero el hecho de diferir en los métodos no los convierte en nuestros enemigos. Sólo hace evidente que marchamos por caminos distintos. Sólo la derecha y los que quieren seguir su juego, buscan provocar enfrentamientos entre la Unidad Popular y el MIR.

Partimos de la base que la derecha tratará de sacarle partido a nuestra posición de no desarrollar actividad electoral, tratando de crear un abismo entre nosotros y los trabajadores que siguen a la Unidad Popular. Debe saberse que todo lo que no haremos en actividad electoral lo haremos en atacar directamente a la derecha, en golpear y destruir los intereses de los que están detrás de Tomic y Alessandri.

En la Unidad Popular vemos distintos sectores. Por un lado está la gran mayoría de los obreros, campesinos, pobladores y empleados que buscan por ese camino el socialismo, y por el otro los cuadros y militantes de la izquierda tradicional que aún creen que conquistarán un gobierno de obreros y campesinos por esa vía. Creemos que están equivocados, diferimos de los métodos que utilizan y estamos seguros de que pronto recapacitarán de su error.

Creemos que lo importante en el caso de esos sectores, no es el hecho de votar o no, sino de comprender que un triunfo electoral popular no acarreará de inmediato un gobierno de obreros y campesinos y el socialismo. La tarea de ellos es educar políticamente a las masas en el seno de los comités de Unidad Popular; enseñarles sus derechos, mostrarles sus enemigos, entregarles formas de organización y de lucha. Evidentemente la mejor escuela para las masas, la que les enseña a confiar en sus propias fuerzas y las radicaliza, es la movilización combativa, es la lucha directa por sus intereses con métodos no tradicionales. No detener las movilizaciones reivindicativas en aras de un hipotético triunfo electoral, empujar e impulsar las movilizaciones sociales por todos los medios, ésa es la tarea. Es la única forma que a los obreros y campesinos, hoy o mañana, les permitirá madurar y luchar por el socialismo.

Será fundamental comprender que un triunfo electoral popular no entregará el poder a los trabajadores, sino que a lo más provocará una "impasse" entre las clases dominantes, nacionales y extranjeras y los trabajadores. Esta "impasse" sólo podrá ser resuelta por un enfrentamiento armado. Los enfrentamientos armados por el poder entre clases sociales, esto es, las revoluciones no se improvisan, y menos aún se pueden realizar con las masas adormecidas en la ilusión de un fácil triunfo electoral. Es necesario concientizar al pueblo, organizarlo y prepararlo política y militarmente desde ya para ese enfrentamiento; a las balas no se las detiene colocándole como escudo la "serenidad de la clase trabajadora"; la técnica militar no se adquiere de la noche a la mañana.

El MIR, lo reafirmamos, no realizará actividad electoral, pero donde sea necesario y le sea posible intentará ayudar en la medida de sus fuerzas a suplir esa necesidad y colocará al servicio de estos objetivos los conocimientos que ha adquirido.

En la Unidad Popular también se encuentran sectores reformistas de izquierda. De ellos nos separan mayores diferencias que van desde aspectos programáticos, como el carácter de la revolución, hasta cuestiones de orden táctico y estratégico. Ellos van por camino distinto al nuestro y nunca han visto con simpatía nuestro desarrollo. Pero por encima de todo, nada los convierte en nuestros enemigos. Más aun, si ellos no le hacen el juego a la derecha y no nos agreden, no nos injurian, nada ocurrirá más allá de las naturales tensiones que se originan entre organizaciones que tienen distinta táctica y estrategia y que se reservan el derecho a discrepar en cada frente de masas o en momento político adecuado. En caso contrario nos veremos obligados a defendernos, con la conciencia de que todo ello desgraciadamente será aprovechado por nuestros enemigos de clase.

Frente a la izquierda tradicional el MIR no olvida que muchos de sus cuadros no han vacilado en expresar su solidaridad con los compañeros torturados o presos; que incluso muchos nos han ayudado en el desarrollo de nuestras tareas. Otros, sin dejar de diferir de nuestro camino, no se han sumado al coro de los que nos persiguen y torturan y sosteniendo sus diferencias no han caído en la agresión verbal y política que azuzan el gobierno y la prensa de derecha.

Por último, en la Unidad Popular existen fuerzas con las que difícilmente podemos coincidir: los radicales. No creemos en alianzas con ellos, no podemos olvidar su pasado político, ni que muchos de sus miembros son representantes de sectores sociales altos. Sabemos que en el PR se ha producido un proceso de radicalización e izquierdización, que han expulsado a muchos reaccionarios de sus filas, pero sabemos también que todavía permanecen en el partido radical algunos de los colaboradores de González Videla y de Alessandri. Estos sectores, más otras fuerzas políticas de dudosa calidad política, han sido los que en la Unidad Popular han moderado aspectos del programa y que hoy frenan el desarrollo de una campaña combativa con llamados a la legalidad y la "no violencia".

Si bien el programa de la Unidad Popular representa postulados de izquierda en sus definiciones fundamentales, abunda en imprecisiones y ambigüedades. Llama a la formación de un "Estado Popular y Democrático" y no a un gobierno revolucionario de obreros y campesinos. Asegura la supervivencia de sectores de industria privada durante el futuro gobierno popular sin definir su magnitud y peso económico y se cuenta como fuerzas aliadas a empresarios "medianos", sector social que no se entra a definir. No se precisan los mecanismos de movilización, acceso y defensa del poder por las masas, sino en términos puramente formales y generales. Estas y otras limitaciones no alcanzan, en todo caso, a invalidar la tendencia esencialmente reformista de izquierda del programa.

Si el resultado electoral llevara a un triunfo de la Unidad Popular, lo que creemos enormemente difícil, partimos de la base que un golpe militar reaccionario tratará de impedir el acceso popular al poder. En ese caso no vacilaremos en colocar nuestros nacientes aparatos armados, nuestros cuadros y todo cuanto tenemos, al servicio de la defensa de lo conquistado por los obreros y campesinos.

Cualquiera que sea el desenlace electoral, estamos ciertos de que no se detendrá el avance de la revolución ni se hipotecará la necesidad de una estrategia revolucionaria, sino que al contrario, se abrirá un nuevo período que con renovado vigor nos llevará hacia la revolución socialista en Chile.

SECRETARIADO NACIONAL DEL MOVIMIENTO DE IZQUIERDA REVOLUCIONARIA. MIR.
Abril-mayo de 1970.


Hace algunos días se produjeron filtraciones de fragmentos de este documento a órganos de prensa. El origen de estas filtraciones está perfectamente localizado y se tomaron las medidas correspondientes. La negligencia de un militante fue aprovechada por su hermano periodista, quien logró copiar trozos del documento. El hecho no tuvo mayor gravedad por tratarse de un documento que Iba a ser dado a la publicidad. Esta es la primera publicación in extenso. (MIR).


Notas:
1. "La economía de América Latina en 1969", CEPAL (extractos), pág. 44.
Discurso Pedro Menéndez, Presidente SOFOFA, 22 de abril de 1970.
Cuentas nacionales —ODEPLAN— citadas en réplica a exposición sobre Hacienda Pública
-Senado-, Carlos Altamirano, "El Mercurio", 4 de diciembre de 1970.
2. (Idem 1). ("Merece destacarse que en 1969 la actividad de la Construcción presentó un Incremento significativo).
3. Senado, Carlos Altamirano, "El Mercurio", 4 de diciembre de 1969.
4. ídem 3).
5. ídem 1),
6. ídem 3).
7. ídem 3).
8. Dirección de Estadísticas y Censos, "El Mercurio", 4 di abril de 1970.
9. Instituto de Economía y Planificación. Universidad de Chile.
Informe: "Ocupación y Desocupación". (El correspondiente a marzo de 1968, indica en Santiago un 6,8 por ciento de desocupación).
10. "Precio del cobre en Londres", "El Mercurio", últimos meses.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02