Violencia reaccionaria

PUNTO FINAL
Año IV. Nº 104
Martes 12 de mayo de 1970

Editorial

VIOLENCIA REACCIONARIA

EL asesinato del ingeniero agrónomo Hernán Mery Fuenzalida, jefe zonal de la Corporación de Reforma Agraria en Linares, ha delatado la posición sediciosa de los terratenientes, alentada por la pasividad del gobierno democristiano.

El funcionario de la CORA fue ultimado por el latifundista Gabriel Benavente Palma, un señor feudal de la provincia de Linares, en presencia de doscientos hombres del temido Grupo Móvil, que no estaban al mando de un inexperto teniente o capitán, sino de todo un general del Cuerpo de Carabineros.

El gobierno democristiano, aparte de colaborar en alguna medida a la explotación puramente electoral que hizo el PDC de este asesinato, ha observado la actitud que le es característica: vacilación, titubeo, respeto a los poderosos. Incluso ha tratado de apagar la justa indignación que despertó este crimen. El ministro del Interior ha reñido públicamente con parlamentarios y dirigentes democristianos que denunciaron la beligerancia latifundista y la responsabilidad que en la muerte de Hernán Mery cabe al jefe de la fuerza policial que lo "protegía".

Creemos que no basta denunciar la escalada sediciosa de los terratenientes que dejó al descubierto la muerte del jefe zonal de la CORA. Un diputado derechista, Víctor Carmine, anunció que "habrá más muertos". Hay que creerle. Más aun si no es secreto que en provincias como Ñuble los latifundistas han internado de contrabando armas automáticas y explosivos. No se preparan, como es lógico, para enfrentar a la policía, con la que mantienen excelentes relaciones, sino para agredir a los campesinos y a los funcionarios que se atrevan a cumplir su deber. Quieren moderar aún más la reforma agraria del timorato gobierno democristiano, empleando para ello el terror.

La violencia reaccionaria a la que siempre se amenaza con un hipotético enfrentamiento con la violencia revolucionaria, está a la vista. El asesinato de Hernán Mery, el baleo del 1º de mayo a tres jóvenes socialistas, el secuestro y tortura de cinco jóvenes comunistas, son hechos que se suman a la violencia reaccionaria que desde hace tiempo vienen aplicando el Escuadrón de la Muerte y otros cuerpos represivos. Esta violencia reaccionaria —ha llegado el momento— debe estrellarse contra el muro de los revolucionarios, o sea, los obreros, campesinos, pobladores y estudiantes que vienen siendo sus víctimas gratuitas. Una serena pero enérgica y organizada violencia revolucionaria debe ser la respuesta a la criminal violencia reaccionaria.

P. F.


Política nacional

¿CUÁL SE RETIRA: ALESSANDRI O TOMIC?

EN vísperas de la elección de 1964 era corriente escuchar en círculos burgueses que para atajar el triunfo de Salvador Allende no quedaba otra alternativa que votar por Eduardo Frei.

Lo decían con indignación e incluso muchos para enfatizar su desagrado agregaban que irían a votar con corbata negra, remarcando su luto político. En esa época nació la sigla "FALAF" que identificaba a los "Freístas a la Fuerza". Pese a las protestas de oligarcas feudales, ligados a la propiedad de la tierra, los burgueses y pequeñoburgueses votaron por el candidato democristiano, a quien aceptaron como un "revolucionario en libertad".

A poco más de cien días de la elección presidencial de 1970, resurge en los centros oligárquicos la misma inquietud: hay que impedir el triunfo electoral del socialista Salvador Allende, apoyado por los comunistas, y ahora por radicales y otros elementos socialdemócratas.

En la actualidad hay tres fuerzas irreconciliables que disputan la Presidencia de la República, pero dos de ellas tienen vasos comunicantes y en la práctica representan los intereses que en 1964 eligieron a Frei.

No es aventurado vaticinar que dentro de poco muchos oligarcas empezarán a decir que se pondrán corbata negra el 4 de septiembre porque exista la posibilidad que tengan que sufragar nuevamente por un democristiano.

En agosto de 1969, el oportunista sociólogo Eduardo Hamuy hizo brincar de gusto a la oligarquía criolla al anunciar una encuesta que daba al candidato conservador Jorge Alessandri un 46 por ciento del electorado. En segundo lugar se hizo aparecer a Radomiro Tomic con e] 23 por ciento y a Salvador Allende, que aún no era candidato de la llamada Unidad Popular, se le asignó un 18 por ciento.

El comando alessandrista entregó en marzo del año en curso, el resultado de otra encuesta que realizó un aparato creado por él, en que se estableció que Alessandri tenía el 44,4 por ciento de la preferencia electoral, mientras que Tomic obtenía el segundo lugar con el 23,1 por ciento. Para Allende se dejaba el tercer lugar con el 18,5 por ciento.

El alessandrismo seguía eufórico. Pero en el mismo mes de marzo de 1970, el sociólogo Hamuy lanzó el resultado de una nueva encuesta en la que se hizo descender la preferencia electoral de Alessandri a 38,1 por ciento. A Tomic se le hizo subir a 30,1 por ciento y a Allende se le mantuvo en tercer lugar con 22,6 por ciento.

El Departamento Electoral de la candidatura de Alessandri atacó a Hamuy. El 10 de abril de 1970, categóricamente lo acusó de realizar "sus trabajos en favor de otra candidatura...". La acusación, que ventilaba el apoyo que ha brindado Hamuy al gobierno democristiano, reflejaba la reacción de los airados alessandristas.

Con posterioridad se hizo trascender una encuesta realizada por la policía política, en la cual se dio en el primer lugar a Salvador Allende con un 32,8 por ciento.

Para medir el flujo y reflujo electoral hay escasos elementos objetivos. Por lo general se consideran los resultados de las encuestas como los más objetivos. Los otros son elementos subjetivos y llevan a decir en la actualidad que "Alessandri está bajando", que "Tomic está entrando" y que "Allende está muy bien".

Existe otro elemento objetivo para orientar a los que desean medir constantemente la temperatura electoral. Se le llama la "voz de las cifras" y se trata de los votos que han obtenido las candidaturas en pugna en la última confrontación electoral.

La voz de las cifras en términos puros favorece a la candidatura de Allende. Alfonso Stephens elaboró con los datos electorales de la elección general de parlamentarios de 1969 un cuadro de la "voz de las cifras" según el cuan Allende tiene el 43,7 por ciento, Radomiro Tomic el 31,1 por ciento, y Jorge Alessandri apenas el 20,9 por ciento.

El informe de Stephens tiene importancia, porque se sostiene que hay una constante en los resultados electorales que permite determinar una "capacidad instalada" de la izquierda tradicional.

Según Stephens hay una excepción en el cuadro electoral: el resultado de 1952 en que triunfó el general retirado Carlos Ibáñez del Campo.

Cada candidatura usa los resultados de estudios o encuestas electorales si les son favorables y los desdeña y desprestigia si son adversos.

El alessandrismo, que representa a la oligarquía más tradicional, a la que se suma un sector de la burguesía, declara no estar preocupado de los resultados de las encuestas, porque sus dirigentes "tienen el convencimiento de que el candidato doblará a sus rivales en septiembre". Para eso, Alessandri debería repetir el fenómeno del ibañismo en el 52.

Es posible que no sean los resultados de las encuestas los que priven de sueño a los ejecutivos que manejan al candidato Alessandri. Pero lo concreto es que están inquietos por el futuro.

El fenómeno ibañista tendría que reproducirse de modo artificial, aunque no es imposible dado el control de los medios publicitarios y la debilidad de la conciencia electoral.

La ansiedad alessandrista nace del comportamiento frío de hombres de negocios chilenos y extranjeros que ya no piensan como lo hacían en noviembre y diciembre de 1969. Hoy estiman que el cuadro electoral con tres candidatos constituye un riesgo para los intereses económicos monopolistas que defiende el gobierno de Frei. Creen que el resultado de la encuesta policial es correcto y por tanto alarmante.

Alessandri representa a un poderoso clan financiero, pero no es el único. Bajo el gobierno democristiano se han formado otros, tanto o más poderosos que el suyo. Edmundo Pérez Zujovic, por ejemplo, es hoy un líder empresarial y en otro rincón del mundo de los negocios están el grupo 'llamado de "las pirañas" por la voracidad que muestra en su acción comercial.

En la administración Frei se han robustecido los grupos que viven en torno a las sociedades de ahorro y préstamo, modernas manifestaciones de la concentración de capital. Por lo demás, junto a los democristianos han crecido sectores económicos a las que en jerga de negocios identifican como los más "dinámicos"; éstos no se interesan tanto por el nombre del candidato presidencial que los represente como por su capacidad electoral.

Si el general Roberto Viaux Marambio no hubiese contado con las facilidades que creó el gobierno de Frei en octubre de 1969, las que le permitieron lanzar un pronunciamiento militar que derivó a la postre en mera manifestación reivindicativa, a esta altura Alessandri continuaría siendo una adorada esfinge, pero el casi octogenario expresidente debió anticipar su aparición electoral y el tiempo se ha encargado de castigar su precipitación.

Por ejemplo, para mostrarlo en televisión sus publicistas debieron estudiar un tipo especial de iluminación, recurrir a un maquillaje usado por actores de la TV norteamericana, usar las cámaras con planos que dejaran fuera de pantalla las temblorosas manos.

Los hombres de negocios son fríos. Un latifundista del sur solía decir cuando alguien trataba de embarcarle en algún negocio de dudosas ventajas: "Mi plata no quiere enredos".

El diario "El Mercurio", propiedad del clan financiero Edwards, ligado al clan financiero norteamericano Rockefeller, resolvió jugarse en favor del candidato ultraderechista; en parte para definirse en favor de uno de los dos postulantes que pueden ofrecerle garantías (Tomic y Alessandri) y también para chantajear al presidente Frei y al candidato democristiano.

En 1964 la fusión de fuerzas que apoyaban la postulación del senador radical Julio Durán y las que levantaban a Frei, se produjo bajo la imagen de una campaña de terror anticomunista organizada por publicistas norteamericanos. En la actual campaña no ha sido posible repetir la ofensiva, porque el candidato de la izquierda representa a un movimiento que recuerda al amplio Frente Popular de 1938, réplica del movimiento que en España luchaba contra los fascistas dirigidos por Francisco Franco y apoyados por Mussolini y Hitler. Además, el candidato democristiano, que cuenta con una potente maquinaria de propaganda, busca votos izquierdistas y por lo tanto no puede tolerar todavía una campaña de terror anticomunista. El grupo financiero Edwards alzó entonces una campaña en cierto modo similar a la de 1964, pero con distinta presentación.

Su campaña estuvo destinada a demostrar que en Chile impera la violencia izquierdista y que no tiene freno, porque el gobierno es incapaz de contenerla.

La campaña podía desembocar en dos alternativas favorables para el grupo financiero Edwards: frente a una masa conservadora alarmada por la campaña de violencia podía mostrarse la imagen mágica del autoritario Jorge Alessandri, único detente del "violentismo", expresión acuñada por "El Mercurio" que contó con el visto bueno del chocho académico de la lengua Pedro Lira Urquieta. La otra alternativa es el gobierno militar, capaz de atajar la "anarquía".

La última alternativa alteró al presidente Frei, quien tiene dos preocupaciones básicas; asegurar que los grupos económicos poderosos que le eligieron y que representa queden garantizados por su sucesor, y preparar su retorno a La Moneda para 1976.

Frei planteó que no puede dejar el poder como Fernando Belaúnde, el presidente del Perú, quien fue derrocado antes de la elección presidencial (octubre de 1968), porque eso deteriora su imagen de gobernante democrático y republicano. El "golpe" podría producirse, en cambio, después de la elección.

La pugna entre "El Mercurio" y La Moneda saltó a las páginas de "La Nación", vocero del gobierno. Los Edwards recordaron el apoyo brindado a Frei durante la campaña presidencial de 1964, y con prepotencia le asignaron primera importancia para señalar que la presencia de Frei en La Moneda era justamente consecuencia de esa ayuda. "La Nación" destacó la jactancia de los Edwards y cuando algunos redactores del diario gobiernista, como el asesor político presidencial Jorge Cash, se disponían a iniciar la ofensiva contra "El Mercurio", se produjo el arreglo Frei-Edwards que determinó que un artículo de Cash fuera sacado de las columnas del matutino oficialista y enviado al canasto.

Eso significó sólo un arreglo entre Frei y "El Mercurio", pero la pugna por la sucesión presidencial en el vasto sector formado por intereses norteamericanos, europeos (no debe olvidarse tampoco a los japoneses muy ligados a la minería), y chilenos continúa. Aún no se ha determinado si Alessandri debe retornar a la bucólica paz que le ofrecen sus hortalizas de Malloco para ceder el paso a Radomiro Tomic, o si este último tiene también que abandonar la escena para permitir la entrada de un candidato derechista de transacción.

La suerte de la Derecha no está echada. Los hombres de negocios no desean poner todos los huevos en un canasto. Los norteamericanos, el Vaticano, los ademanes occidentales, los capitalistas belgas, holandeses, japoneses y los empresarios chilenos, quieren saber con certeza el nombre del candidato que les asegurará el control del poder.

El Vaticano envió como observador a un asesor íntimo de Paulo VI, el reverendo Henry Riedmatten, y antes lo había hecho el gobierno norteamericano. El 20 de marzo de 1970, se entrevistaron en La Moneda el presidente Frei y el enviado norteamericano Charles Meyer.

Meyer confidenció que "no le ve la chance a Jorge Alessandri". Eso explica que los dirigentes de la candidatura Tomic hayan quedado satisfechos del paso del enviado yanqui por Santiago. La confidencia del Subsecretario de Estado norteamericano fue recogida por el diario "Clarín", órgano muy allegado a esferas de gobierno.

La Iglesia Católica, tan desconcertada como Meyer, ha renunciado por ahora a repetir la operación de 1964, cuando movilizó a todos sus efectivos, tanto ideológicos como económicos en favor de Frei bajo la dirección del sacerdote belga Roger Veckemans, el hombre de confianza de los negocios norteamericanos en Chile. Por otra parte, la oposición en el Congreso ha desmontado parte del poder económico de Caritas, instrumento de soborno usado hace 6 años.

Hay ciertos síntomas de la confusión en las filas derechistas. Por ejemplo el valor que alcanza el dólar "negro", a punto de quebrar la barrera de los veinte escudos.

Esto podría sugerir el temor derechista ante el eventual triunfo del socialista Salvador Allende. Pero por otro lado hay que considerar el poder propagandístico de la derecha, que puede desatar en cualquier momento una campaña de terror similar a la de 1964. La izquierda está poco preparada para encararla y menos destruirla.

Ciertas actitudes pasadas y recientes de gobierno parecieran indicar que Frei y su equipo ven con mejores ojos la candidatura de Alessandri que la de su "camarada" Tomic. Esto quizás se basa en el siguiente cálculo: la Derecha tradicional, hasta por razones biológicas, está gastando ahora sus últimos cartuchos electorales. Después de un gobierno de Alessandri, prosigue planteando esa táctica, volvería Frei que constitucionalmente no puede aspirar a la reelección hasta dentro de seis años.

Un hecho sintomático es que Frei ha logrado copar los puestos de mando de la candidatura Tomic. Gente de su exclusiva confianza está en la cabina de control y en un momento dado pueden dar un golpe de timón contra los propios deseos del candidato.

Una cosa es segura: que los intereses que dominan la política de este país mantendrán a Tomic hasta el final, siempre que tengan la seguridad que resta votos a Allende. En este momento así parece ser, ya que el electorado favorable a la Democracia Cristiana en una u otra forma se mueve por intereses muy parecidos al que sigue a la postulación de izquierda. Los sectores más conservadores de la DC, en cambio, ven reflejadas sus apetencias económicas, burocráticas o ideológicas en la candidatura Alessandri.

Las contradicciones que circunstancialmente dividen a la Derecha, son favorables para la candidatura de la izquierda. Pero ésta también posee contradicciones: la indefinición de un sector socialista que no se vuelca en la lucha por su candidato; las presiones que ejercen los reformistas que procuran desteñir la campaña; las pugnas intestinas en el partido Radical y en el MAPU, etc.

La izquierda tradicional aceptó como válida la táctica de la Unidad Popular y lo natural es que sus miembros, especialmente los cuadros dirigentes, la apoyen consecuentemente.

La responsabilidad de los tropiezos que tiene la candidatura izquierdista no puede ser atribuida a los sectores que mantienen una posición crítica frente a la vía electoral. Ellos, conscientes de que amplios sectores del pueblo han aceptado participar con mayor o menor interés en la campaña, prefieren no acentuar sus objeciones a la táctica sobre la cual descansa la postulación del Dr. Allende, o sea, la posibilidad del tránsito pacífico al socialismo.

Desde el punto de vista personal muchos sectores revolucionarios, que mantienen una firme actitud crítica respecto a la vía pacífica o electoral, guardan especial consideración por la figura de Allende, a quien le reconocen una línea consecuente dentro de la izquierda tradicional. Pero no abandonarán sus posiciones esenciales porque consideran que están frente a un momento histórico que exige definiciones.

Es posible que algunos de esos sectores renuentes a participar en la alternativa electoral, se lleguen a interesar en dar su apoyo a la postulación izquierdista, por respeto al pueblo con ella comprometida y con la esperanza de contribuir a precipitar alguna ruptura del sistema imperante. Pero se tropezarán con el sectarismo y con la tendencia a acentuar el carácter reformista de la postulación allendista, no obstante que hay condiciones para imprimir una línea de combate al movimiento. Esto último puede conseguirse con decisión de los sectores más radicalizados de la campaña, si es que éstos realmente intentan ganar el poder y plantear un gobierno popular y por supuesto revolucionario, que conquiste el poder para obreros y campesinos.

Se acumulan las estadísticas que hablan de la mortalidad infantil, aumento de la cesantía, alto grado de desnutrición, frustración de los jóvenes, explotación del imperialismo norteamericano y también abundan los informes políticos que hablan de la existencia de condiciones para impulsar un movimiento revolucionario. No obstante cuando llega el momento de tomar decisiones políticas se atienden las opiniones de los reformistas y burgueses "progresistas" que piden moderación y que solicitan que en lugar de revolución se hable de evolución.

El asesinato del ingeniero agrónomo Hernán Mery, de CORA, cuando intentaba tomar posesión del fundo "La Piedad", de Linares, indica que hay un sector derechista que ya tomó la decisión de recurrir a la violencia para defender sus privilegios. Frente a esa conducta el gobierno democristiano actuó con debilidad y por supuesto no usó la violencia que empleó contra Pedro Lenin Valenzuela que intentó desviar de su ruta a un avión LAN (febrero de 1970), el cual fue asesinado por la policía, ni la que ha usado contra los miembros del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, y contra todos los que han escogido el camino del Comandante Ernesto Che Guevara, cuya verdad ha quedado robustecida por la decisión agresiva del presidente de Estados Unidos de extender la guerra en el Sudeste asiático, por encima de los acuerdos buscados en las negociaciones de París y de la llamada "coexistencia pacífica".

La izquierda tradicional tiene la tarea de ganar una elección y defender el triunfo y para conseguir ambas cosas debe estar consciente de que al frente tiene un enemigo poderoso dispuesto a usar la violencia para conservar sus privilegios.

ROMULO Y REMO


Análisis

EL OCASO DE LOS BURGUESES "PROGRESISTAS"

"Gracias, compañeros, muchas gracias por la bienvenida que ustedes nos han tributado. Agradezco en primer término al compañero Luis Corvalán, Secretario General del Partido Comunista, a los dirigentes de ustedes y esta manifestación de aprecio y de cariño, y yo comprendo que es a mi Partido y al movimiento de unidad de los trabajadores de Chile".

CARLOS MONTERO SCHMIDT (comienzo de su discurso en representación del Partido Democrático Nacional ante el XII Congreso Nacional del Partido Comunista de Chile, marzo de 1962, "Hacia la Conquista de un Gobierno Popular", Imprenta Horizonte, pág. 387).

"...el presidente del Sindicato de Empleadores Agrícolas, Carlos Montero Schmidt. connotado dirigente alessandrista en la zona, fue dejado en libertad "por falta de méritos", a pesar de ser sindicado por los campesinos de Linares de haber dirigido las operaciones en el fundo "La Piedad" que culminó con el asesinato de Mery".

"El Siglo", 3 de mayo de 1970, pág. 5.

EL asesinato del jefe zonal de CORA en Linares, Hernán Mery Fuenzalida (militante democristiano, 31 años, casado, 3 hijos), es aleccionador por muchos motivos. En particular porque revela que los terratenientes, debido a características semifeudales que prevalecen en el campo chileno, forman la punta de lanza más agresiva de la derecha. En este caso fue un hacendado de la comuna de Longaví, Gabriel Benavente Palma, el que trató de impedir, mediante un asesinato, que la Corporación de la Reforma Agraria tomara posesión del fundo "La Piedad" (662,6 hectáreas de riego y 3,1 de secano). Benavente —que trata de ocultar su responsabilidad en el homicidio de Mery detrás de la triste figura de un obrero agrícola analfabeto a su servicio— , es un cacique latifundista de la zona central. El asesinato del funcionario de CORA lo ha prestigiado a los ojos de la derecha que busca en forma incesante "hombres fuertes" como líderes. En enero de 1968, el mismo Benavente intentó matar a un funcionario del Instituto de Desarrollo Agropecuario (INDAP). En septiembre del año pasado asaltó a mano armada las oficinas de CORA en Linares y luego participó en el movimiento de latifundistas que interrumpió la carretera Longitudinal Sur. Pero el asesinato del jefe zonal de CORA perfila con nitidez los rasgos que lo han hecho acreedor a una franca simpatía y adhesión de la derecha. Voceros políticos de la reacción han anunciado "más muertos" y ha trascendido que en otras provincias de la zona central, como Ñuble, los terratenientes se han equipado con armas automáticas (metralletas argentinas TAL 7.65, pistolas calibre 22 especial de la misma factura, explosivos, etc.).

Por lo tanto, el asesinato de Hernán Mery es una clara advertencia que para campesinos y obreros resultaría suicida ignorar.

Pero ese crimen no sólo debe servir a los trabajadores como señal de alarma para no retardar más la adopción de medidas obvias.

También debería llevar a la izquierda a una seria meditación sobre los burgueses "progresistas" que todavía se montan a horcajadas en el movimiento de las masas trabajadoras para influenciarlo y dirigirlo.

El caso de Carlos Montero Schmidt, jefe de los latifundistas de Linares y que aparece implicado en el suceso del fundo "La Piedad", es un buen ejemplo porque no tiene, de ningún modo, un carácter excepcional.

EX PRESIDENTE DEL FRAP

Montero Schmidt (54 años, ingeniero agrónomo) ha desarrollado durante muchos años actividades agrícolas en las provincias de Colchagua y Linares, explotando los fundos "Todos los Santos" y "San Esteban". Como muchos otros latifundistas, ha participado directamente en la política. Fue director del Servicio de Seguro Social y ministro del Interior en el gobierno de Ibáñez (1952-58). En esa época pertenecía al equipo dirigente del partido Agrario Laborista, especie de campamento burocrático del ibañismo formado por viejos tercios fascistas. Al terminar la administración Ibáñez, también desapareció el PAL. Pero el terrateniente Montero Schmidt reapareció en el partido Democrático Nacional (PADENA), colectividad política integrada por toda clase de retazos ideológicos y zurcidos por una inagotable apetencia burocrática. Se convirtió en dirigente del PADENA y en esa calidad pasó también a dirigir el FRAP, inclusive representándolo en misiones en países revolucionarios.

Considerado un burgués "progresista", Montero Schmidt tuvo acceso a todos los honores que puede dispensar una izquierda que trata de llegar al poder.

DISCURSO AVANZADO

En marzo de 1962, por ejemplo, fue invitado al XII congreso nacional del partido Comunista, y recibido con rítmicos aplausos, homenaje que el partido de la clase obrera dispensa a militantes destacados o a entrañables amigos.

Los delegados al congreso por cierto no se vieron defraudados. Montero Schmidt cumplió a cabalidad su papel de burgués "progresista". Veamos algunos párrafos de su discurso:

—"El examen de la situación política, económica y social del régimen de gerentes y del gobierno del señor Alessandri, concebido en el informe del compañero senador Corvalán, señala con acierto las contradicciones en que se debaten y la crisis del sistema liberal capitalista, incapaz de dar solución a los problemas nacionales y revela la justeza de la posición de las fuerzas populares que han planteado que el problema de esta hora no lo constituyen ni hombres ni fórmulas, sino la quiebra de las viejas y añosas estructuras del régimen, para dar paso a nuevas concepciones que permitan la identificación del pueblo y Estado con la incorporación de las mayorías nacionales a la conducción política del país".

—"La incorporación de las clases media y popular al FRAP, la adhesión de los hombres de trabajo que se esfuerzan en campos, minas e industrias por construir un mañana mejor, le dan al FRAP la categoría de ser intérprete de las aspiraciones legítimas de las mayorías nacionales, y destruyen la especie tan socorrida de acusarlo servidor de estériles extremismos".

—"Compañeros: 1964 representa para nosotros la primera etapa del camino: alcanzar el poder político. Comprendemos que la lucha será difícil y dura. Difícil porque las limitaciones y vicios del sistema electoral, procurarán la tergiversación de la voluntad popular. Y dura, muy dura, porque los sustentadores del actual régimen, los intereses creados a su sombra, comprenden muy bien que habrá sonado su hora y defenderán sus posiciones hasta lo último.

—"Debemos terminar con el latifundio. Terminar con el feudo político del gran terrateniente que produce a su vez la descentralización administrativa y equilibra el proceso económico social. Debemos por lo tanto estatizar los latifundios creando granjas modelo e integrar los minifundios en cooperativas con algunos objetivos bien precisos. Tener en manos del Estado una porción importante de las tierras cultivadas para realizar una sólida política agraria".

—"Para dirigir la política financiera y controlar el uso del dinero y del crédito, deberán ser nacionalizados los bancos particulares, integrándose en el Banco del Estado. Asimismo creemos indispensable la nacionalización del Banco Central de Chile, en cuyo Consejo hoy en día tienen representación no sólo los Bancos particulares sino también los extranjeros".

—"También se hace necesario terminar con los perjuicios que a la economía nacional causa la actividad de los monopolios. Un ejemplo es el caso de la Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones de Puente Alto, que como ustedes saben maneja el Presidente de la República ..."

—"La reforma educacional es algo urgente y que no admite espera. La alfabetización popular no con los métodos tradicionales sino que con un esfuerzo enorme, en una movilización de todo el país, cuyo ejemplo lo tenemos en la República de Cuba, que ya vimos de cerca los que hemos visitado este país".

—"Debe enfocarse el problema de la vivienda popular, impulsándose una reforma urbana que conduzca a hacer propietarios a los actuales arrendatarios y mediante un gran plan nacional de edificación estatal".

—"Reafirmamos nuestra actitud antimperialista, anticolonialista, que nos coloca frente a los intereses de las grandes potencias en posición de lucha y que nos lleva a afirmar que nuestro país debe buscar la defensa de su patrimonio en las relaciones y amistad con todos los pueblos del mundo y en la búsqueda de mercados estables y permanentes para su producción exportable y en particular para sus materias primas".

RETORNO A LA VERDAD

La elección presidencial de 1964 terminó con los resultados conocidos. Tanto el PADENA como Montero Schmidt emigraron, buscando aires tonificantes. Algunos padenistas —como el poderoso latifundista y parlamentario Jorge Lavandero— se hicieron democristianos poco antes o poco después de septiembre de 1964. Montero se hizo jefe del sector latifundista más agresivo. Para terratenientes como ellos habló el presidente Frei en su primer Mensaje al Congreso Nacional, el 21 de mayo de 1965: "En la Reforma Agraria que vamos a realizar no perseguiremos el despojo de la propiedad, sino su perfeccionamiento; no perseguimos el despojo de las personas, sino una redistribución del patrimonio nacional". Y subrayó: "No está amenazado ni el pequeño ni el mediano propietario, y aun, el gran propietario que realmente esté en un alto nivel de productividad y mantenga buenas condiciones de trabajo, no está amenazado". No se puede decir que Frei no haya cumplido ésta y otras promesas que formuló a la burguesía terrateniente, financiera e industrial. Hasta diciembre de 1969 se habían expropiado 1.118 predios con un total de 2.871.500,2 hectáreas (248.882,3 hectáreas de riego y 2.622.617,9 de secano). Esto significa poco más del diez por ciento de la superficie total agrícola, arable y regada, y aproximadamente el tres por ciento de las explotaciones grandes y medianas del país. La reforma agraria democristiana ha sido apenas un rasguño en la piel del latifundismo. Pero ni siquiera eso han soportado los otrora burgueses "progresistas" que apoyaban al FRAP.

Nos preguntamos si hoy en la Unidad Popular no están incrustados algunos ejemplares como Montero Schmidt y en homenaje a los cuales se moderan programas y se impone una tónica reformista a la campaña electoral. En términos latinoamericanos, las fuerzas revolucionarias aprendieron hace rato que es un espejismo el presunto apoyo de sectores de la burguesía para conquistar el poder. En Chile, donde el proceso revolucionario sufre sensible retardo, ya estaría bueno que se perdiera la ilusión.

MANUEL CABIESES DONOSO.


Justicia de clase

TINTERILLEO IDEOLÓGICO

LA controversia surgida en torno al carácter ideológico de la Justicia (artículo del profesor Eduardo Novoa, Rev. "Mensaje" Nº 187; foro en televisión de este profesor y el Decano de Ciencias Jurídicas; respuesta de la Corte Suprema y diversos artículos) plantea importantes motivos de reflexión y análisis. Cada cual, es claro, puede reflexionar como se le antoje. Con tal que reflexione: en un país miserable como el nuestro, aturdidos como estamos con los mazazos del subdesarrollo, toda malversación del pensamiento se constituye en una traición. Una complicidad criminal con las bestialidades del sistema.

EL TEMA CONTROVERTIDO Y LA CIENCIA SOCIAL

La afirmación medular del profesor Novoa es ésta: el poder judicial, "particularmente la Corte Suprema, es un incondicional defensor del status social, económico y político vigente y reprueba a quienes luchan por cambios sociales. Para pertenecer a él se exige adhesión a posiciones tradicionalistas y de conformismo social. Los miembros de la Corte Suprema tienen vínculos y relaciones con los sectores más conservadores de la sociedad chilena y, generalmente, proceden de ellos" (Rev. pág. 12). De ello resulta que la justicia considerada en su conjunto "actúa al servicio de las clases dominantes, interpretando y aplicando la ley con miras a favorecer los grupos sociales que disfrutan del régimen económico y social vigente, en desmedro de los trabajadores, que constituyen en el país las más amplias mayorías" (op. cit. pág. 1).

Junto con plantear así el asunto, el profesor Novoa incluye un muestreo estadístico de diversos fallos de los tribunales superiores, que confirman su aserto. A falta de otra salida, sus detractores apuntaron cañones sobre tales datos. De tal suerte, el asunto quedó transformado, en el mejor de los casos, en un puro forcejeo estadístico y, en el peor, en una desfachatada maniobra destinada a presentar al profesor Novoa en calidad de "atacante" de la Corte Suprema. Ambos aspectos han ido de la mano y quien abrió el fuego fue —¡cómo no!— el Decano de Ciencias Jurídicas. Tuvo incluso el descaro de acusar a Novoa públicamente de que sus "ataques" al poder judicial se originaban en el resentimiento, más concretamente: ¡en el hecho de haber perdido últimamente cuantiosos procesos ante la Corte Suprema!

Así las cosas, un debate que podía perfectamente haberse desarrollado entre gente seria, al nivel de conceptualización y verificación científica que el tema implica, gracias al Decano de Derecho se radicó en el plano del tiriterilleo ramplón, marcado de calumnias y chismografías. Posteriormente la propia Corte Suprema contribuyó a consolidar esta perspectiva, al adoptar un aire de circunspección dolida. Ni poniéndose de acuerdo, en suma, habrían proporcionado una muestra más elocuente del estilo, la racionalidad y los procedimientos que estructuran nuestro submundo jurídico.

Porque resulta que el funcionamiento de los tribunales, la naturaleza de su función, el modo cómo se articula su mecanismo en la estructura global de la sociedad, son asuntos que incumben a la ciencia. De modo que quién se interesa en el asunto, sumergido como está bajo la fraseología, la chismografía y la superficialidad afectada, tiene derecho a preguntar: ¿qué es, después de todo, lo que la ciencia social ha dicho sobre el punto? ¿cuál es la naturaleza y el mecanismo de la función jurisdiccional? Lo cual ciertamente significa preguntarse si lo afirmado por el profesor Novoa tiene a fin de cuentas confirmación en el plano de las proposiciones científicas: o lo que es lo mismo, si tiene o no fundamento teórico.

Pues bien, ubicado el asunto en esta perspectiva, pregunto: ¿existe algún cientista social serio que se atreva a suscribir lo que está implícito en la "defensa" de la Corte Suprema? Es decir: ¿que la función del Juez se limita a "aplicar la ley"; que su función es puramente cognoscitiva - declarativa, desprovista, por lo mismo, de toda connotación ideológica? porque se da el caso de que hoy día ni siquiera los teóricos de la burguesía son capaces de asumir la responsabilidad de tamaña superchería. Poseen naturalmente otros expedientes mistificatorios menos subdesarrollados. De tal suerte, en el plano de las ciencias sociales todos saben: que las normas de un sistema jurídico constituyen marcos abiertos a más de una interpretación; que el mecanismo de interpretación judicial a través del cual se formulan las normas decisorias, constituye un complejo proceso de inducciones y valoraciones; que estas últimas no operan solamente a nivel normativo sino que se refieren también a los hechos, de modo que nadie Se sobresalta cuando se afirma que en la elección de posibilidades que hacen los jueces podemos leer sin ninguna dificultad el mundo cultural, las estimativas y los valores del intérprete. O, lo que es lo mismo: podemos ver siempre su ideología.

Repito: las precedentes constituyen proposiciones incuestionables en cualquiera de los sectores tradicionales de la ciencia social contemporánea. Por lo menos desde hace un buen medio siglo, a nadie relativamente culto se le ocurriría sentirse un sedicioso si admite que los jueces no son autómatas y mucho menos ángeles platónicos que trabajan con puras construcciones geométricas en las alturas del limbo. Cualquiera sabe, igualmente, que las leyes no son textos científicos ni acertijos, sino que algo muy diferente: directivas, instrumentos de dirección y coacción social que se fundan en intereses muy terrenos, con sus correspondientes ideologías. Por lo mismo, basta no ser un ignorante para manejar nociones que la ciencia social ha incorporado ya a sus conquistas teóricas: que quienes deben aplicar las leyes —los tribunales— están fatalmente condenados, por la naturaleza específica de su función, a entenderlas en coordinación funcional con tales intereses y pautas ideológicas. Porque toda adhesión al sistema jurídico considerado en su conjunto implica en último análisis, la adhesión ideológica al sistema social que el derecho configura y mantiene: a nadie se le ocurriría el despropósito de que es posible en los hechos un régimen social que no cuente con la adhesión ideológica de los órganos encargados de la formulación normativa dentro del sistema. Por lo menos, tamaño fenómeno no lo hemos visto nunca en la historia.

Sólo en la atmósfera de incompetencia, decrepitud y pereza mental que configura la experiencia cotidiana y familiar de nuestro mundo "jurídico" parece posible ignorar la evidencia teórica a fin de atribuir a los tribunales una función que en el mejor de los casos mueve a risa.

EL NIVEL DE MISTIFICACIÓN IDEOLÓGICA

Sin embargo, la ignorancia teórica, con ser descomunal, no es aquí lo más significativo. Ello está sin duda en el conjunto: en el modo cómo la orfandad teórica y la ausencia de ideas queda encubierta bajo un espeso manto de recursos mistificatorios encaminados a encubrir y deformar el problema. Es decir, el modo específico cómo la ideología ha trabajado aquí a fin de distorsionar, deformar arbitrariamente los propósitos y coordinar a todos los niveles, la defensa del sistema. Todo esto, se me dirá, es inherente a la dialéctica ideología-ciencia, de modo que no se justifica tanta sorpresa. Concedido. ¿Se ha reparado, sin embargo, en la forma aberrante y brutal que la mistificación ideológica asume en manos de nuestra lumpen-burguesía? Y es este precisamente el punto: pienso que no se ha calado lo suficiente en el conjunto de factores que posibilitan el desparpajo descomunal de sus mistificaciones ni las razones que explican la impunidad casi total que sus manejos parecieran tener en un cuerpo social reblandecido y atontado.

Porque vea el lector: todo indica que ni la orfandad teórica escandalosa ni el hecho de que un Decano de la Universidad de Chile, a vista y paciencia del país, transforme un asunto serio en una vulgar chacota mal intencionada e injuriosa, pareciera afectar en algún sentido la sensibilidad de personas a quienes el asunto afecta directamente, Velasco no sólo es un abogado integrante de la Corte Suprema y miembro de la Orden: es además una autoridad universitaria. En algún sentido representa, pues, a un cuerpo académico, a determinados niveles de profesores y también de alumnos. Pues bien, que sepa, nadie en la Universidad ha levantado una voz pública de protesta ante este descarado atropello a la dignidad de la profesión y la vida académica. Y el asunto no encierra una simple cuestión formal: denota claramente que la estructura global del fenómeno de reblandecimiento acrítico indicado, incluye a las propias aulas universitarias. Nos muestra con toda claridad que es justamente a partir de ellas que se moldea el espíritu resignado y oportunista que configura el estilo moral de nuestra burguesía subdesarrollada. De ello sigue: a) que la controversia en cuestión no sólo ha tenido el mérito de mostrarnos en toda su extensión los niveles de nuestro subdesarrollo mental y moral sino que, al mismo tiempo, ha proyectado nueva luz sobre el modo y la técnica que ha de revestir en un medio como el nuestro la lucha ideológica, y b) pone igualmente en claro el valor y el significado que tiene la actitud del profesor Novoa, quien no ha vacilado en asumir los riesgos profesionales y las calumnias que en nuestro país lleva aparejada necesariamente la función docente, si ha de contribuir efectivamente a la formación científica y a la desmistificación ideológica.

Con ser una actitud "individual" y aparentemente "alejada de las masas", tiene el mérito dialéctico incuestionable de provocar el enfrentamiento. Y el enfrentamiento con la ideología del sistema —nosotros los marxistas debemos saberlo— no es simplemente una cuestión de ideas. Quienes abrazan la causa del proletariado y, con ella, la del futuro humano, asumen también la tarea de diferenciarse psicológica y moralmente de la burguesía que nos ha engendrado. ¿Y quién pondrá en duda que el único modo de hacerlo es dialéctico?: oposición intransigente y en los hechos a las formas degradantes que conforman su psicología arribista y cobarde.

ALFREDO NAZAR


Tribuna

PROPAGANDA POLÍTICA Y EDUCACIÓN REVOLUCIONARIA

LA participación en el escenario electoral de las colectividades políticas que se definen como revolucionarias, plantea varios supuestos políticos. Y sobre la base de ellos se debaten las discusiones más importantes de la izquierda chilena que está hoy enfrentada a una elección presidencial.

Los supuestos sobre los cuales descansa la decisión de participar en una contienda de este tipo son fundamentalmente los siguientes: creer en la efectividad de la propaganda y en que los argumentos e ideas que se manejan serán conocidos, captados y aceptados por los futuros votantes. Tener la expectativa, más o menos cierta, que las condiciones sociales económicas, culturales y políticas están sujetas a la manipulación de la propaganda y que junto a ellas se dan oportunidades para competir con las postulaciones adversarias. Ello significa, a su vez, que se cuenta con los elementos humanos y financieros para conducir la campaña en términos concretos.

La propaganda electoral se verifica en un marco social determinado, en el cual juegan un papel preponderante las inclinaciones preexistentes. Al propagandista se le plantea el problema de captar electorado en un plazo de tiempo relativamente breve. Y he aquí que el propagandista revolucionario encuentra que su campo de acción queda constreñido a un marco tan reducido que debe pensar en aplicar técnicas y recursos de convencimiento semejantes a las que aplican las fuerzas reaccionarias y reformistas.

Con ello se vive el peligro de que en cada uno de los mensajes presidenciales vaya una dinámica interna, que al ser procesado por el público llegue sin contenido ideológico y político. Y se queda el intento de la propaganda didáctica en un juego de imágenes, símbolos y motivaciones sin esqueleto donde sustentarse.

Son variados los problemas que deben resolverse, pero hay uno, de entre ellos, que es fundamental: la propaganda electoral presidencial debe estar dirigida hacia las masas y no a pequeños grupos dirigentes. Esto por cuanto las pautas que rigen otras elecciones cambian en cuanto a la aceptación que tienen los líderes de opinión y en cuanto al grado de "despersonalización de las campañas" y en los factores mismos que movilizan el interés general.

Esto significa que los partidos revolucionarios deben hacer uso de la radio, el cine, la televisión y la prensa. Y estos medios son controlados y pertenecen, en su inmensa mayoría, a los elementos reaccionarios y reformistas. Pero aun considerando que puede operarse con ellos, utilizar la infiltración y echar mano de recursos de organización y del capital humano, subsiste el obstáculo que impone el nivel actual de la competencia electoral.

EL PAPEL DE LA IRRACIONALIDAD

Sociólogos, psicólogos, publicistas, psiquiatras y especialistas en comunicación de masas de los Estados Unidos, han desarrollado, a partir de la década de los años 10, las técnicas de control social hasta grados realmente increíbles. La organización de sus campañas están preparadas de tal modo que llegan a cada sector que les interesa con los contenidos, frecuencia y oportunidad óptima. Estimulados por el dinero de los grandes monopolios, por el Departamento de Estado y por las Fuerzas Armadas, los intelectuales norteamericanos han logrado llevar con éxito, en el ámbito de las relaciones públicas, la publicidad, el periodismo y la propaganda, lo que ellos denominan las TÉCNICAS MOTIVACIONALES o TÉCNICAS DE LA PERSUASIÓN.

Estas consisten en aplicar los conocimientos de la psicología, psicología social, psiquiatría y sociología, especialmente, al campo económico y político. Se basan en la explotación de los aspectos inconscientes y subconscientes que poseen los grupos, personas y clases sociales.

Recurren a los aspectos más emotivos, sentimentales e irracionales de los individuos sociales, a la explotación de sus defectos, complejos, temores y mistificaciones para obtener una actitud de compra hacia determinado producto, una voluntad partidista o el mantenimiento de las "buenas relaciones" entre ejecutivos de empresa y los empleados y obreros.

Buscan motivar a los trabajadores, consumidores y ciudadanos para que se dejen llevar por el "embrujo maravilloso" de los productos, los candidatos y los valores culturales que los sostienen y refuerzan.

Todo el emplazamiento de la economía norteamericana actual no podría comprenderse eficazmente, si no tuviésemos en cuenta el papel que juegan la propaganda y la publicidad motivacional en ese país. Por razones que sobrepasan a este trabajo, no es posible señalar los argumentos incontestables que verifican que el predominio del capital sobre el trabajo se sustenta y fortalece con la provocación de impulsos irracionales.

Por otro lado, tenemos que parte creciente de la economía norteamericana se debe transformar en material obsoleto. Y para mantener el ritmo de producción y aumentar las ganancias de los grandes empresarios, la publicidad se encarga de abastecer las corrientes emotivas e irracionales de los consumidores y la propaganda de cubrir a los candidatos de bondades parecidas a la de los productos que se consumen.

Junto a ello va aparejado el prestigio social y el poder político. Pensemos sólo en el prestigio social que logran las personas, grupos y clases capitalistas que tienen capacidad de consumo superior al promedio de la sociedad. Quien no renueva su automóvil cada dos años, se convierte en un elemento despreciable, en un fracasado, y en definitiva en un ser de plano inferior, en un individuo inútil como la máquina pasada de moda.

Con esto queda en claro que en todos los niveles del sistema capitalista se refuerza el grado de irracionalidad, hasta el punto que la contradicción entre avance técnico y la no aplicación total de estos logros en la producción, se hace absolutamente necesaria. Del mismo modo en que no es posible en el capitalismo actual, por ejemplo, aplicar los avances técnicos en la fabricación de automóviles que utilicen energía eléctrica o solar, al ciudadano yanqui le resulta imprescindible dejar que otros piensen y resuelvan por él. Esto explica muchas cosas de la vida norteamericana, su agresivo y sangriento imperialismo en Vietnam y su prepotencia inconmensurable en Asia, África y América latina.

LAS TÉCNICAS MOTIVACIONALES EN CHILE

Estas técnicas motivacionales han sido importadas a Chile. Frei ya las utilizó eficazmente en la campaña presidencial pasada. Hoy las usan Alessandri por intermedio de Storand Publicidad, en forma más perfeccionada, y Tomic con su equipo especializado en Estados Unidos. Las elecciones son una bella oportunidad, un momento inigualable para hacer sentir a "todos" los electores que ellos son los que deciden la política y el futuro del país.

Esta ilusión histórica es estimulada en todos los tonos, hasta el grado de hacer creer, a parte importante de intelectuales marxistas, que las condiciones de superestructura en Chile son distintas a las que tiene la mayoría de países latinoamericanos.

[Nota Ed. Dig: la primera columna de la página 21 del PDF original es ilegible]

...tivas y todos los recursos corruptores del capital y el dinero. Y como marco de circulación social, está la deformación cultural, la desinformación, los ríos de información reaccionaria y los cientos de valores impulsados por el imperialismo que forman el aire que respiramos.

Por ello la presente contienda electoral, aunque se plantee renovadora, creativa, inteligente y combativamente por los partidos de la UNIDAD POPULAR, en el plazo que media entre la proclamación y la votación, sólo podrá fortalecerse con algunos cuadros militantes, pero sustancialmente no puede pensar, con seriedad, en cambiar el cuadro electoral chileno en forma de provecho político e ideológico. Su labor queda limitada por el tiempo que resta, por la historia que arrastran los partidos de izquierda y por las condiciones que no han podido modificar hasta la fecha.

Si los partidos de la UNIDAD POPULAR y esencialmente los marxistas quieren iniciar un proceso revolucionario a través de la propaganda, en los frentes de masas, deben ponderar las limitaciones en la elección presidencial del presente y organizar los instrumentos y recursos humanos en torno a una propaganda concientizadora y didáctica.

LA EDUCACIÓN COMBATIVA

El primer escollo que deberá sortear una propaganda de este carácter es entrar en contacto con las masas. Para ello necesitará de los medios de comunicación de masas: radio, cine, televisión y prensa. Pero estos medios están casi completamente cerrados y son las torres de lanzamiento ideológico de la clase capitalista. Frente a esto, deberán fortalecerse las organizaciones partidistas, introducir la infiltración a todo nivel. Pero junto a ello, el propagandista revolucionario no debe olvidar que los grandes conglomerados han sido marginados de los hábitos de razonar y manejar conceptos abstractos. El proceso educativo, en este caso, no tiene el carácter que sigue la enseñanza formal. Es preciso hacer participar a las masas en acciones determinadas que vayan demostrando las injusticias del sistema social vigente.

Esta propaganda no se conforma con ganar adeptos para una determinada acción, sino que a través de ella debe ir incorporando a los trabajadores en los niveles ideológico y político de la lucha de clases. Lenin distinguió estos dos aspectos: el de la agitación y el de la propaganda propiamente tal, entendida ésta última como factor de enseñanza política.

El contacto con las masas estará destinado, en primer lugar, a la desmistificación de los valores que sostienen a los reaccionarios y reformistas en el poder económico, político, junto con demostrar las atrocidades del sistema en práctica. Enseguida enseñará en que consiste el planteamiento revolucionario, el por qué de la lucha de clases y cómo se construye, se llega y se afianza una sociedad socialista.

Con esto se entiende por qué hay un enorme abismo de desventaja entre la propaganda revolucionaria auténtica y la propaganda que hacen los que participan y sostienen el sistema social vigente. Para estos últimos basta con estimular los valores preexistentes, incentivar los temores, echar a caminar la máquina del dinero y los molinos de informaciones, echar combustible a las creencias y agitar las banderas de la "nacionalidad" y encender hogueras de bendición a las "buenas tradiciones del pueblo chileno" y poner en marcha los motores motivacionales importados desde Estados Unidos.

Para el propagandista revolucionario hay un duro camino, pero es el único camino auténtico. A los partidos de la UNIDAD POPULAR les cabe una pesada alternativa, la que decidirá también, en último término, su destino político.

HÉCTOR VERA V.
Antofagasta


Tribuna ideológica

FUNDAMENTOS DE LA REPRESIÓN CAPITALISTA

DESPUÉS de analizar en sucesivos artículos los mecanismos represivos que en general decurren en el capitalismo, creemos que ha llegado el momento, y para una mejor comprensión de los problemas que estamos presentando, de analizar las relaciones específicas que existen entre el funcionamiento político y el funcionamiento económico del estado capitalista.

De acuerdo con la concepción burguesa más tradicional, el Estado capitalista es una entidad exclusivamente política. En este sentido, la política sería la esfera del Estado y al mismo tiempo el Estado devendría en la idealidad única de todas las ideas políticas, o sea que al mismo tiempo el Estado sería la esfera de la política. La política en tanto conjunto de ideas políticas alcanzaría su cumbre máxima y su promedio más exacto en el Estado. El Estado pues, se realizaría en virtud de los proyectos políticos que elucubran por separado los componentes de la "sociedad civil". El Estado entonces sería el proyecto político de todos y de ninguno a la vez, una entidad indivisible donde se armonizan las contradicciones "ideológicas" de la "sociedad civil".

Constituiría el proyecto superior, el mejor logrado de todos los que los hombres piensan, nunca totalizado como Idea, pero siempre acercándose a ella, el más perfecto posible y en consecuencia el único que puede ejercer mandato general.

Ahora bien, la teoría marxista ha tenido que combatir arduamente la concepción idealista del Estado, idealismo cuya tendencia política aliena al Estado de la producción capitalista a fin de reafirmar el autoritarismo totalitario de los gobernantes burgueses. Pero este afán comprensible de negar la conformación idealista del Estado capitalista ha conducido, la mayor parte de las veces, a desproblematizar el análisis del Estado al ser considerado este último un mero producto de las relaciones económicas. Ello sin duda permite trazar los lineamientos iniciales para analizar al Estado desde un punto de vista materialista invirtiendo la problemática burguesa, pero en ningún caso esta inversión resuelve "por sí sola" el problema del Estado.

En rasgos generales, la concepción burguesa tiende a considerar al Estado como desprovisto de determinaciones concretas y por lo tanto provisto de autonomía absoluta en su funcionamiento. Pero ya en los primeros trabajos de Marx sobre el Estado se demuestra en forma palmaria cómo la concepción idealista del Estado, por muy sutilmente que ella sea formulada, conduce a la negación del mismo idealismo, y en el caso específico que preocupaba a Marx, la concepción hegeliana conduce a la adhesión al más vulgar de los materialismos. Según la concepción idealista-hegeliana, el Estado (considerado como proyecto inacabado de la "sociedad civil") se personifica en la presencia de un príncipe de donde deduce Marx que según el idealista Hegel el Estado-Idea, termina por determinarse en el acto biológico que procreará al heredero. [1]

La noción burguesa contemporánea en cambio, prescinde de los lazos de sangre e identifica (o personifica) al Estado en la figura del "representante popular". El "representante popular" viene a ser en teoría la consumación personificada de la divergencia de proyectos e ideas que se incuban en la "sociedad civil". Desde luego que esta noción extrae "ex profeso" el concepto de clases sociales. Pero aún así no puede disfrazar completamente la manipulación clasista del Estado pues el "representante popular" al representar la (o las ideas) dominantes (o triunfantes) representa cuando más una parte de la contradicción ideológica, pero nunca la armonización ideológica. Es decir, la concepción del Estado burgués no permite visualizar más allá de la ambigua formulación relativa al "gobierno de las mayorías" e incluso, desde el mismo prisma de la racionalidad burguesa, deja abiertas las grietas por donde es posible cuestionar la generación real de las "ideas" de la mayoría o hasta qué punto ese Estado que ya no puede ser Idea armonizada sino que dominante sobre una contradicción, presiona "ideológicamente" a fin de sustentarse como Estado-Idea-dominante. La racionalidad política burguesa que en siglos anteriores (Hobbes, Rousseau, Longuet, etc.) demolió críticamente al Estado monárquico a fin de inaugurar un Estado de bases republicanas, es decir un Estado burgués "purificado", es perfectamente posible que hoy en día se vuelva en contra del mismo Estado capitalista.

No obstante, y del mismo modo como ocurría con la determinación mecánica y simplista del Estado por la base económica, el marxismo, sobre todo en los períodos de la regresión staliniana caracterizada por un acriticismo teórico casi absoluto, ha tendido a considerar al Estado como un conjunto de diapositivas que la clase económicamente dominante manipula. No se trata de plantear aquí que el Estado no es un instrumento de clase. En el hecho lo es, y hay una nutrida práctica histórico-social que así lo comprueba. Empero, la instrumentalización del Estado debe entenderse como formas de contacto —generalmente indirectas y veladas— de las clases económicamente dominantes con respecto al ámbito político. Plantear un contacto exclusivamente directo entre los sujetos de la economía con la política del Estado significa desconocer la existencia misma de las superestructuras sociales y en consecuencia plantear la absorción del ámbito ideológico por el ámbito económico y es elemental afirmar que una práctica revolucionaria no puede negarse a desconocer las ideologías pues aunque ellas son idealistas, son también reales [2] . ¡Es cierto que en algunas circunstancias históricas la hegemonía política se identifica sincrónicamente con la hegemonía económica, y trataremos de comprobar en un próximo artículo, cómo en la etapa del capitalismo monopolista los niveles de especificidad entre la superestructura política y la base económica son tan cercanos que incluso se confunden los unos con respecto a los otros. Pero también es cierto que en gran parte de los países capitalistas, la burguesía se las ha ingeniado para mantenerse relativamente separada de las funciones y cargos políticos, controlando los aparatos del Estado a través de delegados "populares". Quedarse pues en la mera percepción de la instrumentalización del Estado, sin conocer analíticamente al instrumento equivale a descartar toda crítica con respecto a las fuerzas político-ideológicas que están en juego.

Conviene pues, al afirmar que el Estado es un instrumento de clase, determinar específicamente las formas en que las clases dominantes de la economía manipulan los resortes políticos en las distintas realidades capitalistas. Conviene al mismo tiempo realizar una delimitación precisa entre los sectores que son políticamente dominantes y los sectores económicamente dominantes pues generalmente entre ellos es posible encontrar una coincidencia relativa pero de manera mucho más difícil, una coincidencia absoluta. [3]

Aunque, desde luego, mucho más inconsecuente para los marxistas que formular determinaciones económicas de las superestructuras políticas, resulta el quedarse en el simple análisis de las ideologías y de las fuerzas exclusivamente políticas. Este es un rasgo distintivo de las desviaciones derechistas de las izquierdas pues, aunque se analicen las pugnas con tal o cual corriente, la alianza con tal o cual partido o la evaluación puramente política de los gobernantes con el ropaje de la dialéctica materialista, sólo se está entrando de plano al participacionismo en el Estado burgués. [4]

Después de haber enunciado estos dos aspectos, estamos en condiciones de señalar los factores que hay que tener en cuenta en el Estado capitalista para intentar, desde el punto de vista del marxismo, su evaluación.

1.— En primer lugar es necesario conocer los niveles de mayor a menor aproximación que existen entre el Estado y la base material del sistema, vale decir, conocer lo que hay de autónomo y de determinado en el Estado capitalista.

2.— En segundo lugar es necesario conocer las contradicciones de todo tipo que se presentan entre las dos esferas (la económica y la política) y hasta qué punto existe una relación cambiante entre las contradicciones de una con respecto a la otra.

El primer punto requiere que se analicen el modo de producción capitalista y sus particularidades históricas específicas y paralelo a ello, que se analicen las manifestaciones superestructurales, de preferencia las "estatalizadas" para así poder determinar el "grado de correlación" existente entre la superestructura y la base. Este último siempre se encuentra presente, aunque a veces en forma muy difusa.

El segundo punto requiere que se analicen las formaciones sociales pues" las contradicciones que se presentan entre las relaciones sociales de producción con respecto al modo de producción se presentan en la escena política bajo la forma de lucha de clases. Y es dentro del Estado y fuera, pero en dirección del mismo, donde las clases sociales encuentran su campo de batalla.

El Estado capitalista, en este sentido, es un bastión del poder político manipulado directa o indirectamente, y parcial o totalmente, por la clase económicamente dominante a fin de regular y facilitar determinados objetivos económicos basados en la explotación del hombre por el hombre. Así, la práctica política dentro del capitalismo se presenta a la postre como un conjunto de intentos coherentes y metodizados de las clases para, de acuerdo a sus necesidades de clase, necesidades fundamentalmente materiales controlar la maquinaria del Estado con el objetivo de mantenerla, perfeccionarla y finalmente la que debe ser el fin de la práctica política revolucionaria del proletariado, utilizarla primero y destruirla después.

FERNANDO MIRES


Periodismo

EL DESARROLLO DE LA CONCIENCIA

EL periodista profesional, sostenía Upton Sinclair, en la primera década del siglo, puede ser definido como un hombre que está listo al momento para acomodar sus opiniones a la billetera del nuevo amo. Acida, dramática y contundente acusación que hoy, transcurrido medio siglo, sigue siendo válida en el todavía ancho mundo capitalista en el que está incluida, por cierto, América latina, con la sola excepción de Cuba.

Quizás como ningún otro trabajador es el periodista quien percibe más directamente la alienación del sistema capitalista y ello porque está siempre elaborando no el simple producto fabril, sino una mercadería ideológica que de ninguna manera puede compartir dado su status social. Explotado no solamente en su trabajo, sino además esclavo intelectual, vive diariamente en las columnas de la "gran prensa" el drama de forzar su conciencia cuando expresa no su opinión, sino la de los propietarios de cualquier medio informativo.

Pero en la misma medida en que el desarrollo del capitalismo va creando las condiciones de su muerte, el progreso de los medios de comunicación provoca los factores que necesariamente deben poner fin a la propiedad privada de una actividad humana cuyo producto es eminentemente social.

En este proceso se produce también el cambio en la conciencia de los trabajadores de la información. La muchas veces jugosa industria de la noticia no ha quedado marginada de la tendencia del capitalismo moderno hacia la concentración y hacia el capitalismo de Estado y ello no hace sino incrementar la contradicción señalada. La propiedad privada de los medios de comunicación es uno de los factores más aberrantes del sistema y en su eliminación lógicamente deben jugar un rol de primer orden quienes realmente producen la noticia que hoy es una necesidad del hombre contemporáneo.

En América latina esta lucha de los periodistas se está ligando cada vez más a las condiciones particulares de la batalla por una real independencia de los pueblos. Los periodistas conocen, no ya como el ingenuo lector, auditor o telespectador que recibe el producto hecho, el tremendo poderío de la información dirigida y muchos indicios señalan que ha llegado a la natural conclusión de que su propia libertad está condicionada a la liberación de todo el pueblo, de la nación a la que pertenece. Es lo que está sucediendo, por ejemplo, en el Perú y en Bolivia, países en que los periodistas abandonan un suicida apoliticismo predicado por sus expoliadores y hoy toman parte activa en la lucha político-social.

La expropiación en el Perú de periódicos burgueses y su entrega a los periodistas profesionales marcan una pauta que debe ser apoyada. La edición en Bolivia de un semanario también entregado a los trabajadores de la información es otro avance, aunque estamos conscientes de que ambas experiencias se realizan en contextos donde prevalece el pecado original del sistema capitalista.

La brecha abierta en la mentalidad del periodista latinoamericano al incorporarse a la lucha social se puede apreciar en Bolivia si tan sólo se conocen las tesis aprobadas en el IV Congreso Nacional de Trabajadores de Prensa, efectuado en Cochabamba desde el 17 al 21 de abril.

Estos principios, esta declaración de principios que, como es de imaginarse, ningún periódico insertó en Chile (porque tampoco fue transmitida por las agencias norteamericanas de desinformación), afirma:

"1) La Federación de Trabajadores de la Prensa de Bolivia, adopta como método de lucha política el nacionalismo revolucionario para alcanzar la meta de un socialismo a nivel latinoamericano que contemple las características propias de nuestro pueblo;

2) Los trabajadores de la prensa se declaran antimperialistas y anti colonialistas;

3) La FTPB hace causa común con las organizaciones laborales en la lucha por reivindicaciones sociales, políticas y económicas;

4) Enarbolar las banderas de la liberación nacional del pueblo boliviano y formar filas en la lucha contra el capital financiero y la imposición alienante del imperialismo norteamericano;

5) Los trabajadores de la prensa de Bolivia se identifican con las luchas de liberación nacional que libran los pueblos hermanos del continente y declaran su solidaridad con la batalla antimperialista que sostienen todos los pueblos sojuzgados del mundo".

En Chile, los periodistas comienzan también a caminar por este sendero de lucha del cual durante tantos años han estado excluidos con el beneplácito de los empresarios de la llamada "gran prensa", léase gran empresa. Al constituirse el 5 de mayo las mesas directivas del Colegio de Periodistas se ha formulado una declaración que plantea tesis que salen del terreno economicista interno para extenderse al apoyo de las grandes reivindicaciones nacionales, entre ellas, una importante, la propiedad social de los medios de comunicación de masas. Importante papel ha jugado el Comité de Periodistas Independientes de Izquierda en esta nueva actitud del máximo organismo profesional chileno. En ese Comité reconocen orientación la mayoría de los reporteros jóvenes de la prensa, radio y televisión de nuestro país.

U.


HACIA LA PROPIEDAD SOCIAL DE LA INFORMACIÓN

Los consejeros abajo firmantes, miembros de los Consejos Nacional y Regional Santiago del Colegio de Periodistas de Chile, acuerdan impulsar a través de estos organismos las siguientes bases programáticas que constituirán el centro de su acción durante el período 1970-72, y pasan a elegir las MESAS DIRECTIVAS de ambos Consejos:

1.— Estos Consejos proclaman que la principal aspiración de los periodistas es asumir. Junto con los demás trabajadores de las empresas periodísticas, la propiedad y dirección de los distintos medios de comunicación de masas.

Una información amplia, veraz y al servicio de las mayorías nacionales, que permita satisfacer las exigencias que plantea el pueblo a los periodistas, sólo es posible en el marco de la propiedad social de la prensa, radio, televisión y cine, o sea, poniendo término a las restricciones que imponen los grupos financieros que controlan actualmente la información en Chile.

Para cumplir este objetivo de interés nacional, se hace necesaria la organización unida de los trabajadores de la prensa, radio y televisión, a través de una constante movilización en la que debe estar presente el Colegio de Periodistas.

2.— Estos Consejos trabajarán en lo inmediato por el mejoramiento económico de los periodistas activos y jubilados, luchando por la elevación de los sueldos mínimos y de las pensiones de jubilación, el pago extra de los domingos y festivos, la jornada de seis horas y el cumplimiento de los aranceles y pago de imposiciones.

3.— Asimismo patrocinará un sistema que ponga a cubierto de la desvalorización monetaria el 8,33 por ciento de los sueldos que actualmente se depositan en la Caja de Previsión respectiva.

4.— Ambos Consejos mantendrán inalterable conducta de independencia tanto respecto al Gobierno como de las empresas, defendiendo sin vacilaciones todos los derechos de los periodistas, en especial, el de informar sin presiones ni amenazas.

5.— Los registros del Colegio serán depurados de todas aquellas personas que figuran en ellos pero que no tienen la calidad de periodistas activos o jubilados. Esta tarea se iniciará cuanto antes y, en todo caso, quedará terminada antes de finalizado el mandato de estos Consejos.

6.— El ejercicio ilegal de la profesión quedará sometido a la más estricta fiscalización por ambos Consejos, los que asimismo harán cumplir las leyes sociales respectivas formulando las denuncias a los Tribunales.

7.— Ambos Consejos patrocinarán modificaciones a la Ley Orgánica del Colegio para adaptarla a los auténticos intereses de los periodistas. En ese sentido lucharán por que se establezca el fuero para los Consejeros del Colegio, similar al que ampara a los dirigentes sindicales y por que se proteja a los periodistas que puedan discrepar de la línea editorial de la empresa para la que trabajan.

8.— Consecuentes con los puntos arriba señalados, ambos Consejos investigarán las limitaciones que experimenta la libertad de información en nuestro país. A este efecto elaborarán un "LIBRO BLANCO" sobre esta materia. Para ello pedirán la colaboración de todos los periodistas y de los estudiantes de las Escuelas de Periodismo. La investigación abarcará todas las formas de coerción que impiden al pueblo tener acceso a una información veraz, amplia y oportuna sobre los asuntos de interés público. Dentro de esta misma idea, se planteará a los demás Consejos Regionales del país la publicación de un órgano oficial del Colegio, en que se examinen libremente todos los problemas que encara la profesión y tengan acceso a ella todas las corrientes ideológicas.

9.— Ambos Consejos expresan su más decidido apoyo a los periodistas y trabajadores de la prensa de Perú y Bolivia, ante las últimas conquistas logradas por ésos sectores.

10.— Ambos Consejos apoyan la idea de afiliarse a la Organización Internacional de Periodistas (OIP).

Miembros del Consejo Nacional: Alfredo Olivares, Augusto Olivares, Juan Campbell, Enrique Aracena, Carlos Sepúlveda, José Emilio Mora.

Miembros del Consejo Regional Santiago: Antonio Cabello, Manuel Cabieses, Gustavo Pueller, Felidor Contreras, Carlos Jorquera Toledo, Ernesto Escudero.

Mayo, 5 de 1970.


Notas:

1. Escribe Marx en su Critica a la Teoría del Estado de Hegel: ..."El Estado asume en sus más elevadas funciones una realidad animal. La naturaleza se venga por el desprecio que le ha mostrado Hegel. Si la materia por si misma no ha de ser nada frente a la voluntad humana, la voluntad humana no conserva nada para sí fuera de la materia (...). En este sistema la naturaleza hace directamente reyes, hace directamente pares, etc., como hace directamente ojos y narices. (Carlos Marx, "Crítica a la Filosofía del Estado de Hegel", Buenos Aires. 1946).

2. ...; para Marx, todo dato social es, no materialidad, sino real; sin embargo, en el interior de esta realidad global descubre la primacía, de ahí su monismo de contradicción de lo real-material (base) sobre lo real-ideal (sobreestructuras). (Nikos Poulantzas, "Examen del Estado y del Derecho Actuales", artículo publicado en "Marx, el Derecho y el Estado", varios autores, Barcelona 1969, pág. 84).

3. Es pues siempre necesario al cuestionar al modo de producción capitalista y a una particular formación social, tener en cuenta —y aquí emplearemos el término preciso de Nikos Poulantzas— el bloque en el poder:
"El bloque en el poder constituya una unidad contradictoria de clases y fracciones políticamente dominantes bajo la égida de la fracción dominante". (N. Poulantzas, "Clases Sociales y Poder Político en el Estado Capitalista", México, 1969, pág. 300)

4. Nótese cómo todas aquellas categorías ya clásicas en las polémicas marxistas (revisionismo,sectarismo, dogmatismo, etc.), están en su mayor parte relacionadas con la actitud frente al Estado burgués.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02