Izquierda Revolucionaria: Vanguardia de la lucha del Pueblo

DOCUMENTOS
Suplemento de la edición Nº 101 de PUNTO FINAL
Martes 31 de marzo de 1970
Santiago - Chile

IZQUIERDA REVOLUCIONARIA: VANGUARDIA DE LA LUCHA DEL PUEBLO

LA detención del dirigente del MIR Sergio Zorrilla Fuenzalida, tuvo espectacular repercusión en la prensa reaccionaria, en el gobierno democristiano y en sus instrumentos de represión policíaca. A partir del 15 de marzo esos sectores iniciaron una cadena de felicitaciones recíprocas que aún no termina. "El Mercurio" otorgó los repetidos honores de su primera plana y de su página editorial al suceso. Funcionarios de todos los pelajes y categorías, desde los ministros del Interior y Defensa Nacional hasta los jefes policiales de distinto rango, se disputaron el fácil privilegio de formular declaraciones. El ministro de la Corte de Apelaciones que enjuicia al MIR no ocultó su satisfacción de tener entre manos al dirigente de una organización que de antemano y públicamente ha condenado.

Sin embargo, junto con esa cadena de reacciones, se levantó otra más positiva. Desde luego, diversas organizaciones estudiantiles entregaron declaraciones de solidaridad con Zorrilla. La mayoría de esos documentos tuvieron escasa difusión (PF procura reproducir los que nos llegaron hasta el momento del cierre de esta edición).

Eso tiene una explicación parcial en el hecho de que Sergio Zorrilla fue un destacado dirigente estudiantil (en las últimas elecciones de la Federación de Estudiantes de Chile —FECH— fue designado vocal de ese organismo). Eso no lo explica todo. Además está el hecho innegable de que su posición ideológica de izquierda revolucionaria ha ido calando profundamente en la juventud chilena. La forma en que se efectuó la detención de Zorrilla dejó en claro que ese dirigente juvenil practica en forma consecuente lo que piensa.

Como se sabe, fue detenido después de agotar las balas de su pistola y luego de caer herido en una pierna y en un brazo. Sólo el agotamiento que provoca la hemorragia le impidió lanzar a sus perseguidores una granada que quedó abandonada a medio accionar. Un portadocumentos que llevaba apretado contra el pecho detuvo el curso de una bala policial que, de no ser así, se le habría alojado en el tórax. Seriamente herido fue llevado al cuartel policial de Avda. Zañartu, siniestra sede del Escuadrón de la Muerte. Los esbirros pretendían interrogarlo bajo golpes y torturas, pero el médico policial recomendó su inmediato traslado a un centro asistencial, desde donde se le llevó a la cárcel, todo esto en medio de un espectacular despliegue de policías armados hasta los dientes.

¿QUIEN ES ZORRILLA?

Sergio Zorrilla Fuenzalida —que copó los titulares de la prensa y los espacios de las radios— es en cierto modo un símbolo de una realidad política que empieza a asomar en Chile. Ha ocurrido un salto en la calidad de la actividad revolucionaria y, de hecho, irrumpen en escena dirigentes que tienen muy poco en común con los políticos tradicionales.

Zorrilla pertenece al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), cuya actual orientación nace en diciembre de 1967, cuando un grupo de jóvenes encabezados por Miguel Enríquez toman el control de esa organización. Enríquez —que entonces era estudiante de medicina de la Universidad de Concepción— pasó a ser secretario general del MIR. En la nueva dirección nacional del movimiento también figuró Sergio Zorrilla, estudiante de filosofía en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile.

Zorrilla —que actualmente tiene 24 años— pertenece a una familia de larga trayectoria en la izquierda. Sus padres (Rene Zorrilla, obrero gráfico jubilado, y Marta Fuenzalida) fueron militantes comunistas desde muy jóvenes pero hace algunos años abandonaron el partido. En su casa de Gambetta Norte 1078, en la comuna de San Miguel, Sergio Zorrilla aprendió la ideología del proletariado. Cuando empezó a estudiar humanidades en el Liceo Nº 6 de Hombres, ingresó a las Juventudes Comunistas y participó en la creación de la base "Tamarugal" (a la que en principio algunos de sus jóvenes militantes pensaron bautizar con el nombre del líder agrario del Perú, Hugo Blanco). Zorrilla fue designado secretario de finanzas de la Dirección de Estudiantes Secundarios Comunistas. De la base en que militaba casi ninguno sigue en el PC. Muchos como Zorrilla se incorporaron al MIR. Es el caso por ejemplo de Jorge Fuentes Alarcón, actual presidente de la Federación de Estudiantes de Concepción. Otros pasaron a distintas organizaciones (o "grupúsculos") revolucionarias.

En esa época, Zorrilla hacía activo trabajo electoral en la comuna de San Miguel. Toda la familia (los padres, los cuatro hijos y hasta la abuelita materna, la única que continúa en las filas del PC) salía a pegar propaganda y a rayar murallas.

La derrota electoral de 1964 sumió a Zorrilla y a sus compañeros de base en el Liceo. Nº 6 en la estupefacción. Ellos como la mayoría de los militantes de izquierda habían llegado a convencerse de que la victoria estaba al alcance de la mano. Fue en ese momento cuando la base "Tamarugal" comenzó una rápida maduración ideológica mediante la lectura a fondo de las obras de Lenin, en especial "El Estado y la Revolución", "El Renegado Kautsky", etc. Concluyeron en que debía fortalecerse una línea revolucionaria para ganar el apoyo de las masas y descubrieron el efecto corrosivo que las prácticas electoralistas tradicionales han provocado en la conciencia de los trabajadores.

El último año de humanidades, Zorrilla lo cursó en un liceo nocturno. Seguidamente se inscribió como alumno de la Universidad de Concepción pero la estrecha situación económica de su familia le impidió irse al sur. Ingresó entonces en 1965 al Instituto Pedagógico de Santiago para estudiar filosofía, que cursó hasta el 4º año. La inquietud del joven comunista fue ganada en el Pedagógico por la pequeña pero activa base del MIR. Sus padres le pidieron que no ingresara a ese movimiento. Pero un día él les comunicó que ya era militante y que pensaba entregar al MIR toda su contribución.

A partir de entonces la casa de Zorrilla fue lugar frecuente de reunión de los jóvenes miristas.

"Nosotros los hemos conocido a todos aquí, a Miguel, Luciano, Bautista, Edgardo, a todos", recuerda la madre de Zorrilla con una leve sonrisa de orgullo.

También en el Pedagógico, Zorrilla conoció a Erica Sempler, estudiante de física, con la que se casó hace un año y medio. Ambos tienen una hija de siete meses de edad, que lleva el nombre de la madre.

OTRO ESTILO EN LA POLÍTICA

"Aquí mismo yo les preparaba la comida cuando ellos tuvieron el congreso en la Sala Chile", agrega doña Marta Fuenzalida, la madre de Zorrilla. Se refiere al congreso del MLR en diciembre de 1967, que significó el control de la organización por el sector joven encabezado por Miguel Enríquez. Más tarde el sector derrotado se marginaría y el MLR pasó luego por otras etapas de clarificación. El grupo que ganó la dirección nacional en 1967, sin embargo, continuó unido. En junio de 1969, el MIR —que estaba acondicionando su estructura para dedicarse de lleno a la acción revolucionaria—, se vio sorpresivamente perseguido en todo el país Nota a pie . Un suceso acaecido en Concepción sirvió de pretexto para allanar la Universidad e iniciar una batida policial que obligó a los dirigentes miristas a pasar a la clandestinidad. El expresidente de la Federación de Estudiantes de Concepción, Luciano Cruz Aguayo, se convirtió de la noche a la mañana en la persona más buscada por la policía. La prensa reaccionaria —adivinando en la naciente organización revolucionaria un amenazante peligro— orquestó la indispensable campaña que justificara una cadena de acciones represivas que, desde entonces, golpea a la izquierda revolucionaria. Ministros de las Cortes de Apelaciones en Concepción y Santiago, fiscales militares, etc., tienen a su cargo procesos de toda índole contra el MIR, desde "injurias y calumnias" (en el desaparecido órgano mirista "El Rebelde"), hasta "asaltos a bancos" y, por supuesto, las inevitables violaciones de la Ley de Seguridad Interior del Estado. De paso la represión ha alcanzado también a militantes del Partido Socialista (toma del fundo "San Miguel" en Aconcagua, escuela guerrillera en Guayacán, etc.), y de otras organizaciones revolucionarias, como la Vanguardia Organizada del Pueblo (VOP). Los derechos humanos más elementales han sido pisoteados en esta escalada represiva, así como todos los privilegios que, para cautelarlos, están en el papel de las leyes chilenas. Las flagelaciones y las torturas se han convertido en algo habitual que no conmueve en absoluto a los Poderes Públicos que, en cambio, exigen a la policía más y más acción represiva.

Esta es la reacción brutal, pero lógica, del Estado burgués que, de pronto, se ve desafiado. La estructura institucional creada por la burguesía está adaptada en nuestro país para tolerar la actividad de una izquierda ceñida a las reglas del juego pacífico, pero en cuanto afloran —como ahora— grupos dispuestos a romper el esquema y a entrar a una disputa abierta y franca por el Poder, el sistema reacciona con una brutalidad sin reservas que sólo sorprende a los ingenuos. Los luchadores que sirven de vanguardia a los obreros y campesinos, y a otras capas revolucionarias de la población, pasan a ser delincuentes —o en el mejor de los casos "violentistas" según el pintoresco término acuñado por "El Mercurio"—. La violencia reaccionaria, ejercida a diario con variadas formas sutiles, pierde todo pudor y pasa a la ofensiva sin tapujos.

Un sector de la izquierda revolucionaria, el MIR, es en estos momentos la presa acosada. Pero está perfectamente claro que es al conjunto de las fuerzas revolucionarias, todavía débiles por largos años de equivocada conducción, las que recibirán el peso de la represión a medida que ésta crezca. Porque también está claro, y la detención de Sergio Zorrilla no hace sino confirmarlo, que los sectores que se han lanzado a la lucha o que se preparan a hacerlo no van a echar pie atrás. En el futuro será toda la izquierda —porque sin duda el proceso revolucionario comprometerá en definitiva a toda la izquierda —la que será atacada por la jauría de la represión y la propaganda reaccionaria.

La valiente actitud de Sergio Zorrilla Fuenzalida es una notificación que el sistema burgués ha recibido como una bofetada en el rostro.

Es difícil para la mentalidad conservadora que domina todavía en Chile comprender las razones que impulsan a luchar, arriesgando sus vidas, a jóvenes como Sergio Zorrilla. El sistema —el statu quo— le ofrecía un futuro de privilegio. Zorrilla pudo ser un pedagogo. Miguel Enríquez, de 25 años, casado, 1 hijo, es médico. Luciano Cruz, también de 25 años, casado, dos hijos, abandonó sus estudios en el sexto año de Medicina. Edgardo Enríquez, de 27 años, casado, 2 hijos, es ingeniero. Humberto Sotomayor, de 28 años, casado, 2 hijos, es médico. Andrés Pascal Allende, de 26 años, casado, 1 hijo, es sociólogo. Bautista Van Schouwen, de 26 años, casado, 1 hijo, es médico. Ellos junto con otros forman la plana mayor del MIR. En el esquema social imperante, perfectamente pudieron sumarse al sector de los profesionales chilenos que llevan una vida tranquila con situación económica de privilegio. Sus inquietudes políticas pudieron calmarlas militando en partidos de izquierda y quizás hasta hacer carrera en ellos, ganando posiciones en el escalafón que. a través del Parlamento o de la Administración Pública, conduce a las esferas de presión que permite el sistema. Sin embargo, prefirieron jugar su suerte al destino de la revolución en Chile, sirviendo como puntas de lanza a la contenida rebeldía de obreros, pobladores y campesinos. Con ello han implantado un nuevo estilo que se aleja de lo tradicional. Están echando las bases de una concepción moral sobre la que se edificará la revolución. Aquí como en todas partes, ella ha empezado por el ejemplo de unos cuantos osados, de los que se atrevieron a romper con el pasado. Tanto el MIR como otros sectores de la izquierda revolucionaria, algunos de los cuales preparan calladamente su participación, han inaugurado una nueva y definitiva etapa en la lucha por el poder que llevará a la victoria a los explotados de nuestro país.


Reportaje

El pensamiento de los revolucionarios chilenos

PUNTO FINAL entregó un cuestionario con cuatro preguntas a algunos sectores representativos de la izquierda revolucionaria chilena. Nuestro propósito es dar a conocer la forma en que ellos se plantean el accionar revolucionario en nuestro país. El cuestionario incluye una pregunta referida a la actual coyuntura electoral y otras que apuntan a la estrategia y táctica de los grupos revolucionarios.

En esta edición presentamos las respuestas de dos sectores de la izquierda revolucionaria. La primera corresponde a una organización cuya representación asume Rafael Ruiz Moscatelli. La segunda pertenece al sector conocido como "Ranquil-CCR" (Conciencia-Compromiso-Revolución).

RUIZ MOSCATELLI

1.—¿Cómo conciben Uds. el desarrollo del proceso revolucionario en Chile?

"La aplicación del reformismo dentro del marco institucional, expresión y representación de la burguesía, cercenó toda proposición que afectara directamente los intereses económicos de ésta.

La reforma debió abarcar desde el campo a la ciudad, agilizando la producción agraria e incentivando el desarrollo industrial. Ello implicaba, necesariamente, renovar el proceso productivo, eliminando la dependencia de nuestra solvencia económica de un solo producto, como es tradicional en los países sub-desarrollados, en Chile concretamente el cobre.

La desprestigiada "revolución en libertad" no actuó tan radicalmente, pero en las tibias transformaciones que impulsó alteró la situación social y política, entrando en contradicción con las antiguas estructuras y con los grupos dominantes que las mantenían, produciendo en forma inmediata la radicalización de éstas y la frustración de los sectores populares por la incapacidad de solucionar sus necesidades más urgentes.

De esta manera el reformismo probó su incapacidad de presentar una alternativa política para solucionar los problemas de los países subdesarrollados, pasando a ser un calmante de corto efecto que en su mismo desarrollo crea sus elementos destructores: campesinos y obreros por un lado, terratenientes burgueses y grandes industriales por el otro.

Esta situación como es natural desembocó en una crisis social y política que tendió a manifestarse por vías no institucionales en todos sus extremos. En los sectores tradicionalistas el desarrollo de las fuerzas productivas y el avance tecnológico impuso relaciones de producción contrarias a las normas jurídicas establecidas. Los latifundistas empezaron a crear organismos de defensa, agrupándose en sindicatos o confederaciones patronales para defender sus intereses, marginándose de la ley y enfrentándose a campesinos y gobierno, indistintamente.

Por eso la contradicción principal en este momento está en el sector agrario, pero no podemos dejar de considerar la radicalización de sectores obreros, sobre todo los obreros jóvenes que empiezan a ocupar su puesto en la lucha insurreccional. La tarea fundamental de la izquierda revolucionaria es su tarea de frente, y que en este momento es asumida con experiencia y madurez. Y lo más importante es que su accionar está respaldado por la consecuencia de los militantes revolucionarios. Existe plena coincidencia entre lo dicho y lo hecho.

Ya Chile dejó de ser una excepción, para entrar a las etapas más primarias del combate e ir definiendo así, en pequeñas batallas, la gran batalla por la revolución socialista en Chile.. Hace tres años un militante revolucionario compraba libros, hoy compra armas y libros. Hoy sabe cuál es el camino, organizar, organizar es la consigna, tecnificarse, poner la técnica al servicio de la revolución; infundir una ideología revolucionaria y elevar el nivel de combatividad; demostrar en la práctica que nuestro método es el correcto, formar la vanguardia del ejército revolucionario del pueblo, iniciar la guerra revolucionaria".

2.—La izquierda tradicional critica a la izquierda revolucionaria acusándola que menosprecia la lucha de masas. ¿Qué respuesta tienen Uds. a esta afirmación?

"Nosotros creemos que esa afirmación es falsa. No menospreciamos la lucha de masas; lo que menospreciamos es el economicismo como objetivo único de la lucha de masas. Esta tiene una única meta: la toma del poder por trabajadores y campesinos. El papel de los revolucionarios es activar la lucha de masas a partir de los intereses concretos de éstas, educándolas, transformándolas de obreros o campesinos en obreros revolucionarios y campesinos revolucionarios. Transformando su lucha inmediata, económica, en una lucha política por el poder. Esto implica entregarles una ideología revolucionaria que les permite rebasar en forma consciente los marcos de lucha impuestos por la burguesía, desbordados muchas veces en forma espontánea.

La izquierda revolucionaria ha asumido como tarea superar la espontaneidad de la lucha de masas, transformándola en una lucha consciente.

La burguesía y el imperialismo nos han demostrado, en innumerables experiencias históricas, que la toma del poder por campesinos y obreros pasa por una etapa de enfrentamiento armado, que es la expresión más alta de la lucha de masas.

La lucha armada tiene expresiones en sus distintas etapas. La primera se caracteriza por crear una organización revolucionaria formada por los elementos más conscientes de los obreros, campesinos y estudiantes, cuyo objetivo es crear una conciencia revolucionaria y difundir un método de lucha. La segunda etapa constituye la formación de pequeños grupos combatientes que formen la vanguardia armada del pueblo, elemento creador y gestador de la tercera etapa: el ejército revolucionario del pueblo.

Parafraseando al Comandante Ernesto Che Guevara no creemos que sean métodos contrapuestos lucha armada y lucha de masas. Por el contrario, creemos que la lucha armada es la más alta expresión de la lucha de masas.

La izquierda tradicional nos critica con el falaz argumento: "están aislados de la masa", "no tienen influencia en la masa". Lo hace con el único método que tiene al alcance para medir nuestra influencia y que es el que usan para medir su propia influencia: número de sindicatos en su poder, porcentaje de votos en la última elección, número de cotizaciones al partido, locales del partido, carnets repartidos en el último gran malón político del partido, número de parlamentarios, etc.

Nosotros les contestamos: ¡con ese método, compañeros, no alcanzan a medir la influencia nuestra en el lugar más cercano a ustedes: nuestra influencia en sus propios partidos!

Hemos abandonado la legalidad pues nuestro método de lucha es violento, es la lucha armada. Como consecuencia de esto, la burguesía nos delata y la policía nos persigue. Estos factores nos han obligado a encontrar formas de organización clandestina que nos permitan trabajar sin ser delatados por la burguesía o encontrados por la policía. Nuestro carnet es nuestra conciencia, nuestras cotizaciones son las expropiaciones a los ricos, nuestros locales son las casas de los compañeros revolucionarios, y más adelante lo serán las montañas. Nuestro refugio es el pueblo y no la inmunidad parlamentaria".

3.—En el actual estado del proceso revolucionario chileno ¿cuál debería ser la conducta de la izquierda revolucionaria respecto a las elecciones presidenciales?

Nosotros creemos que sea cuál sea el estado del proceso revolucionario chileno, no obliga a la izquierda revolucionaria a adoptar una conducta con respecto a las elecciones presidenciales, más allá de las definiciones ya tomadas cuando decidimos que el único camino posible para la obtención del poder por obreros y campesinos era la lucha armada.

Se acostumbra a decir que las diferencias entre la izquierda tradicional y la izquierda insurreccional son sólo cuestión de método, pues queriendo ambas obtener un mismo fin, la sociedad socialista, han elegido caminos distintos, reduciendo así las discrepancias a una cuestión formal.

Nosotros creemos que ese es un análisis errado, porque aunque considera los mismos sectores de manera global (izquierda tradicional=obreros, campesinos, clase media, sectores de la burguesía. Izquierda insurreccional=obreros, campesinos, sectores de la pequeña burguesía) propone métodos distintos. A pesar de englobar a los mismos sectores, no existe relación directa entre una y otra. No se puede negar eso sí la influencia que han tenido en el desarrollo de la izquierda insurreccional las sucesivas frustraciones de las campañas electorales.

Pero el desarrollo de la izquierda insurreccional no encuentra su medida, ni podría encontrarla, en el proceso electoral; por lo tanto esa relación establecida mañosamente que dice "a mayor simpatía por proceso electoral, menor simpatía por el proceso insurreccional y a menor simpatía por el proceso electoral, mayor simpatía por el proceso insurreccional", es una afirmación sin sentido. Lo importante para la izquierda revolucionaria no es que los campesinos y trabajadores no voten, lo importante es que estén dispuestos a combatir. El desarrollo del proceso insurreccional va a ir indicando cada vez en forma más clara cuál es el camino, pero no por eso podrá evitar que los obreros y campesinos vayan a votar.

El desarrollo del proceso insurreccional es irreversible por la existencia en Chile de una izquierda revolucionaria en proceso de maduración y consolidación. Cuando el fervor popular esté abocado al proceso electoral, los factores que condicionan el desarrollo insurreccional —agotamiento económico y político del sistema— no habrán desaparecido,

¿Acaso en Vietnam del Sur no hubo elecciones después de la ofensiva del Tet? ¿Ha significado esto el debilitamiento del Vietcong? Basta leer los cables para darse cuenta que no es así.

Nuestra sola existencia demuestra nuestro cuestionamiento a la vía electoral. Sin embargo si nuestro análisis fuese errado y triunfase la Unidad Popular, tenemos el deber de recoger el guante lanzado por el compañero Salvador Allende en una entrevista radial.

Si triunfa la Unidad Popular no abandonaremos nuestras armas por el lápiz, por el contrario, las empuñaremos más fuerte que nunca defendiendo los derechos del pueblo, su programa, contra las ya previsibles tentativas de la burguesía y el imperialismo de arrebatarle su derecho adquirido".

4.—¿Cuál es la opinión acerca del carácter continental que debe asumir la lucha contra el imperialismo y las oligarquías latinoamericanas y qué contribución concreta están dispuestos a dar en ese sentido?

"Empezaremos citando al Comandante Ernesto Che Guevara, expresión y vida de la continentalidad de la lucha insurreccional: la lucha será a muerte entre todas las fuerzas populares y las fuerzas de la represión".

El imperialismo posee una estrategia global para Latinoamérica que considera las formas de mantener la explotación económica: organismos internacionales que controlan el crédito, organismos internacionales de planificación económica, etc.; y de mantener su poder político: financiamiento de colectividades políticas, entrenamiento antisubversivo, asesoramiento de la policía y los militares.

Esta estrategia del imperialismo en combinación con la burguesía es la estrategia de los explotadores a la cual debe oponérsele la estrategia de los explotados de América latina, cuya primera responsabilidad es iniciar la lucha en su propio país contribuyendo de esta manera, la mejor manera, al proceso de liberación latinoamericano. La liberación de Chile, como la de cualquier país latinoamericano, pasa por la liberación latinoamericana. A nuestro enemigo común le opondremos el peor enemigo de la injusticia: el pueblo latinoamericano.

La contribución más concreta que podemos hacer es entregar el esfuerzo que sea necesario, o nuestras vidas, para desarrollar la lucha armada en Chile y si la necesidad lo indicase reforzaríamos otros frentes de lucha antimperialista donde nuestra presencia fuese requerida".

RANQUIL-CCR

El sector "Ranquil-CCR" contestó así el cuestionario de PF:

1.— ¿Cómo conciben ustedes el desarrollo del proceso revolucionario en Chile?

"Cada día se hace más evidente que la liberación del pueblo chileno pasa por la lucha armada.

Para mucha gente, lucha armada significa un lote de barbudos disparando solos arriba de un cerro. Nada de eso.

La lucha revolucionaria es cada una de las batallas que irán dando obreros, campesinos, estudiantes y sectores progresistas orientados por sus vanguardias políticas. Batallas que empiezan con huelgas, protestas, luchas económicas, de las cuales se genera una creciente conciencia y nuevas formas de organización y por lo tanto etapas ascendentes de lucha.

La lucha armada será la consecuencia de este ascenso de la lucha de masas, y requiere para triunfar de la incorporación, a distintos niveles, de la mayor parte de la población. Serán los obreros y campesinos la fuerza fundamental de combate y a la vez la "montaña y la selva" donde se ocultarán los que están peleando.

No cabe entrar a pronunciarse sobre si la lucha será fundamentalmente urbana, rural o una combinación de ambas, o cualquier otra posibilidad que exista. Los revolucionarios pelearán allí donde haya hombres, allí donde la masa sea su resguardo y su apoyo. De esta manera no hay fuerza imperialista capaz de impedir el triunfo de la revolución.

Esta caracterización de la lucha en Chile significa que ella será larga; no se crea conciencia de un día para otro; no se educa a las masas sino tras muchos pequeños combates. Poder enfrentar en forma exitosa y definitiva a un ejército imperialista bien preparado, técnicamente eficiente, requiere de un alto nivel de organización y político que sólo lo lograrán las organizaciones de masas a través de muchos combates que les sirvan de escuela y de experiencia".

2.— La izquierda tradicional critica a la izquierda revolucionaria acusándola que menosprecia la lucha de masas. ¿Qué respuesta tienen ustedes a ésta afirmación?

"El desprecio por la lucha de masas fue una de las características de la izquierda revolucionaria en los primeros años de su existencia. Provenientes de los partidos tradicionales y cansados de la orientación errada que en ellos tiene la lucha de masas, los militantes de izquierda revolucionaria reaccionaron pasándose al otro extremo.

Pero todo esto pertenece, a pesar del poco tiempo transcurrido, a la prehistoria de la revolución chilena. Hoy gran parte de la actividad de la nueva izquierda se centra en los trabajos junto a obreros y campesinos. Y lo importante es que ha surgido una nueva concepción de la lucha de masas, que empieza a tomar fuerza entre los trabajadores.

La forma tradicional de trabajo en los frentes obreros y campesinos por parte de los partidos Comunista y Socialista consiste en ganar y controlar una mayoría de dirigentes, a través de los que hacen llegar a la masa sus decisiones y políticas elaboradas. Los dirigentes soportan el peso del trabajo, toman los acuerdos, discuten y resuelven. La asamblea sindical es un simple medio informativo. Se crea así una "élite" que conoce los problemas del sindicato, sabe el teje y maneje de las relaciones con los patrones y otras instituciones, domina el trámite burocrático, y que gracias a estos antecedentes se eterniza en las directivas sindicales. Por su lado, la masa permanece totalmente inactiva, es marginada de las discusiones y de la toma de decisiones. Es decir, se le niega toda educación revolucionaria. De esa forma se garantiza el control del sindicato, apagando de pasada los brotes demasiado revolucionarios que pudieran surgir de los obreros.

La izquierda revolucionaria entiende algo muy distinto por trabajo de masas. El estudio y resolución de cualquier problema sindical es una herramienta de educación para los trabajadores; de allí se extraen enseñanzas y se sacan conclusiones. Pero además la discusión de los problemas sindicales debe ir acompañada por una entrega de responsabilidades a cada trabajador, que lo lleve a una mayor integración y obligue a tomar iniciativas, es decir, lo forme como futuro dirigente.

Un ejemplo muy concreto puede contribuir a aclarar la cuestión.

¿Cómo se enfrenta tradicionalmente un pliego de peticiones? Los dirigentes discuten y deciden qué reivindicaciones deben incluirse en el pliego; se lleva el paquete a una asamblea que casi sin discusión lo aprueba. Mas tarde los dirigentes lo presentarán y discutirán con los patrones, para repetir después la discusión en la Junta de Conciliación. Mientras, la actividad de la masa de trabajadores se reducirá a escuchar las cuentas entregadas de tiempo en tiempo. Finalmente, los dirigentes y patrones acordarán una fórmula transaccional, y asunto concluido. Los trabajadores habrán ganado algunos mejoramientos, pero desde el punto de vista de su educación, de su conciencia, cero. O quizá algún retroceso.

Un pliego para un sindicato bien orientado es muy diferente. Empieza con una discusión masiva de las necesidades de los trabajadores de cada sección, de cada grupo de trabajo. De aquí se podrá elaborar un conjunto de peticiones que verdaderamente representará los intereses de la masa. Y los obreros o campesinos estarán aprendiendo en la discusión.

La presentación del pliego es, además, el primer paso de una lucha que puede terminar en la huelga; el paso inmediato es la preparación de esas etapas siguientes; los trabajadores reciben tareas, forman comisiones, van elaborando su "plan de batalla". La huelga no será un recurso desesperado sino un golpe preparado que se da en las mejores condiciones. De esta manera los trabajadores asumen labores concretas, son parte activa de la lucha desde su gestación.

Un trabajo de masas así enfocado es la etapa inicial de una lucha de liberación nacional; de estas acciones primarias se irá gestando la conciencia y la educación para que los trabajadores se transformen en grupos de poder, en personas capaces de manejar su industria sin patrón, capaces de disputar el poder palmo a palmo a la burguesía donde le duele: en sus medios de producción".

3—En el actual estado del proceso revolucionario chileno, ¿cuál debería ser la conducta de la izquierda revolucionaria respecto a las elecciones presidenciales?

"Ya en la primera pregunta definimos nuestra posición sobre las vías de acceso al poder.

Y no es por un dogma que no creemos en el camino electoral.

A todo el mundo le gusta dar peleas paja ganarlas; a la burguesía con mayor razón, y en esto de las elecciones se ha preparado bien. Es la burguesía la autora de las leyes electorales; es la burguesía la que controla la propaganda y los medios de difusión. Hoy un candidato a la Presidencia se impone igual que la Coca-Cola o cualquier otro producto comercial. Se crea una imagen del candidato que "se venda" y luego el candidato "se promociona". Todavía no se componen jinglers para los candidatos a la Presidencia, pero no falta mucho.

Y además de dictar las reglas del juego, la burguesía tiene la fuerza de las armas por si pese a todo perdiera. Son demasiados enemigos al mismo tiempo para derrotarlos en su terreno.

Los servicios que preste a la revolución la pelea electoral dependen del enfoque que se dé a la campaña; tristes son las experiencias de 1964 y 1958, en las que se paralizó toda acción de obreros y campesinos, se frenaron las huelgas, tomas de terrenos y fundos, para "no hacer olitas", porque "hay que esperar el triunfo" para "no deteriorar la imagen del candidato". En suma, para no asustar a los votos amarillos. La campaña consistió en capturar votos de cualquier manera, pescando cualquier bacalao suelto, transigiendo en lo que fuera a costa de un votito.

Pero hay otra manera de entender la elección, y trataremos de ejemplificarla.

La Unidad Popular promete la nacionalización de 150 monopolios. Muy bien. Empecemos desde ahora a preparar a los empleados y obreros de esos 150 monopolios para que sean capaces de manejar las industrias una vez confiscadas. Porque alguien tendrá que hacerse cargo, y se supone que deben ser los trabajadores. Y porque se supone además que la nacionalización no se hace simplemente porque un Presidente firma un decreto; los que así piensen menosprecian a las fuerzas monopolistas.

Si somos capaces de tener en septiembre una gran masa de obreros con la educación, la conciencia y la decisión para controlar y manejar las grandes industrias, listos para hacerse cargo de Madeco, Yarur, Insa, etc., entonces sí habremos dado un paso hacia la revolución. Se gane o se pierda la elección, pues en los hechos le estaremos quitando a la burguesía parte de su poder.

Nos gustaría que este fuera el enfoque dado a la elección por la Unidad Popular; desgraciadamente ya decíamos que la experiencia de elecciones anteriores, así como lo poco que en esta campaña se ha visto, no permiten estar muy optimistas. Todo parece indicar que se repetirán los slogans gastados y se insistirá en los mismos métodos. Creemos que sólo la izquierda revolucionaria está dispuesta, en los lugares en que alcanza su influencia, a señalar este camino distinto".

4.— ¿Cuál es la opinión acerca del carácter continental que debe asumir la lucha contra el imperialismo y las oligarquías latinoamericanas y qué contribución concreta están dispuestos a dar en ese sentido?

"El carácter continental de la lucha ya es aceptado casi sin discrepancias por la izquierda (la verdadera izquierda, se entiende).

El enemigo de América latina está hoy más que definido; el imperialismo saquea por igual las riquezas de cada país americano. Las fronteras entre los países de Latinoamérica no son obstáculo para los yanquis, y menos deben serlo para los revolucionarios.

Contra este enemigo común están surgiendo grupos actuantes en todas las naciones del continente y sería cosa de locos pensar que luchen desperdigados.

¿Nuestra contribución? Sabemos que todas las fuerzas revolucionarias tienen un lugar en la lucha antimperialista; nosotros tenemos algo que aportar. Tenemos ideas y donde las hemos entregado (la Universidad por ejemplo), encuentran acogida. Y también tenemos hombres y estamos dispuestos a jugarnos. Decir más, es presuntuoso".


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02