Nuevo viaje de ulises

NUEVO VIAJE DE ULISES

Volodia Teitelboim

Araucaria de Chile. N 32, 1985.

Este libro es (1), sobre todo, un trabajo de la memoria, con sus descargas eléctricas y sus lentas reminiscencias. Ya viejo, he ido a sacar agua de ese pozo inagotable. La obra está compuesta por una colección de imágenes. Es un flash back, un escenario de teatro o de cine, realista y alegórico, con voluntaria simplicidad de composición. 191 ó 192 capitulillos, dibujos leves, retratos, confidencias, historias, historietas. sucesos, anécdotas, fábulas, fantasías, todas verdades. Pero también selección de situaciones, percepciones de la vida cotidiana que trasciende. Ordenada narración desde el nacimiento, mediando matrimonios y muertes culminando. Resultó finalmente parecido a la técnica del fotomontaje, con leitmotivs: pasión literaria, amores. política, más elementos colaterales, enigmas por resolver. ¿Tal vez insolubles? No todos. Algunos sí, quizás. Otros se callaron porque aún había que guardar un secreto. En este caso no era la censura del dictador. Era la autocensura por consideración a Matilde, a cierto sentido de la discreción. Decimos cierto sentido porque la literatura. desde luego la biografía, debe ser indiscreta, intrusa, revelar lo inconfesado terminando con el sigilo.

Se levanta la cortina que oculta su lecho. Se levanta el telón de su existencia. El que mira y describe el espectáculo es un antiguo conocido. Advertencia al público: no estamos para endiosarlo. Presentaremos aquí, como diría un charlatán de feria: la vida de un gran pecador, de un gran vividor, de un político apasionado, de un amigo íntimo y de un gran poeta; Alzando la voz, en una palabra: Neruda.

En Oriente un Neruda atormentado y solitario con sensación de destierro -entre los 23 y los 26 años- andaba loco en busca de un editor. Soñaba con ver su primera Residencia en la Tierra publicada en España, la casa matriz del idioma. Hizo muchas gestiones, sobre todo a través de Rafael Alberti. Fracasó. Volvió los ojos a Buenos Aires. Se escribía con un joven cuentista argentino, Héctor Eandi. Dicha correspondencia fue recogida por Margarita Aguirre y publicada en esta ciudad en 1980. Es un intercambio epistolar de los más significativos en la historia de los carteos literarios latinoamericanos. Sobre todo por parte de Neruda encierra recados dramáticos. Sufría el silencio, no tener a nadie alrededor con el cual hablar en castellano. Pero sobre todo le dolía el silencio del mundo, la ninguna respuesta a su necesidad vital de publicar. Aquel libro no apareció entonces en España ni en Argentina. Fue publicado pocos años más tarde en 100 ejemplares por su editor de Chile, el mismo de Crepusculario y Veinte Poemas..., don Carlos George Nascimento, un portugués de la Isla de Corvo, en su juventud cazador de ballenas, que emigró a Chile y cambió Corvo y las ballenas por los libros. Se convirtió en el más importante editor de autores chilenos y fue el que lanzó las primeras obras de Neruda.

Sin embargo, el poeta necesitaba un radio de difusión más vasto. Se lo posibilitó Gonzalo Losada padre, de quien se hizo muy amigo y con el cual me encontré muchas veces en las casas del poeta en Santiago, Valparaíso o Isla Negra. Como un colegial ha contado los libros de Neruda que figuran en sus catálogos. Son cerca de una treintena, sin incluir sus "Obras Completas", donde de nuevo metió su suave, carnosa, curiosa e inquisitiva mano nuestra y vuestra Margarita Aguirre.

Bueno, ¿por qué digo esto? Porque resulta hasta cierto punto natural que el libro Neruda -cuya publicación argentina ahora nos congrega-, haya sido generosamente acogido por el sello Losada. Está, -digamos- como en su casa. Se refiere a un miembro destacado de la familia de los autores losadianos. para usar un adjetivo de Neruda.

Este acto es para mí hermoso. Con alegría he viajado desde lejos para asistir a él. Y "dar las gracias a todos los presentes", como dicen los poetas populares de mi patria. Desde luego a los editores.

A Chile vi llegar a un poeta muchachito, que de inmediato impresionó a Neruda y fue su amigo y colega hasta el fin de sus días y más allá de ellos. Elvio Romero había ya dejado estupefacta a Gabriela Mistral. Ella dijo sobre su Destierro y Amanecer: "Pocas veces he sentido la tierra como acostada sobre un libro". Elvio Romero es un poeta personal y esencial de ese Paraguay de dulzura y desventura, de esta América mágica y trágica. Esta noche he constituido para mi un honor que introduzca al Neruda con esa irradiación de poeta que habla del poeta y del amigo, nacida de un sentimiento y una reflexión entretejido durante largos años. amorosamente.

Manuel Vázquez Montalbán, un escritor y periodista que escribe todos los días con su nombre en los diarios y que cada año ve su última obra publicada la primera fila de las encuestas, viaja en el puente aéreo desde Barcelona a un Madrid "colapsado por la lluvia" para presentar la edición española de este libro. A su juicio Confieso que he vivido representa la conciencia interna del poeta. Y este Neruda su conciencia externa. ¿Comparación peyorativa? No lo creo. Cada cual en lo suyo.

José Donoso, en un artículo publicado en la Sección Ensayo, en El País, de Madrid, del 14 de julio pasado, me objeta que suponga pensamientos, sensaciones de Neruda. ¿Para qué? Eso está insuperablemente dicho por la primera persona singular en Confieso que he vivido. ¿Qué sentido tendría colocarse artificialmente en un lugar imposible suplantando la conciencia última del poeta? Esta biografía de Neruda se compuso dando totalmente la espalda a su autobiografía. Es deliberadamente un libro escrito desde afuera: pero donde cada hecho y decir está sustanciado. Lo sigo casi paso a paso. Y no lo veo solo. Está en medio del choque perpetuo, del flujo y del reflujo de situaciones, opiniones, conflictos. En el mismo diario otros comentaristas sostienen que el autor sabe que "de hombres como Neruda alcanza con relatar los hechos". Este libro no quiso ser un viaje por dentro de las cuatro paredes de su cuarto. Se filman las secuencias de la vida nerudiana dentro del contorno "de este tiempo turbulento", como lo registra la presentación de Losada.

Nilda Sosa. en Clarín, advierte el cronista, aunque no escapa a su ojo que el autor de la biografía fisgonea en todo lo referente a Neruda "como un duende invisible que cuenta, intuye y percibe" la historia del poeta.

Neruda fue hombre trotamundos. Dejó libros de viajes. No compartía el subjetivismo extremo de ese escritor francés. (Georges Perres) quien estima que "el mayor viaje mental nos cambia, nos influye, nos sorprende veinte o mil veces más que cien vueltas al mundo".

Alguien dijo hace tiempo que "no hay viaje sino viajeros". porque al fin y al cabo el viaje "es un ejercicio espiritual". Neruda creía en los viajeros que viajaban, no en los viajeros inmóviles, pese a Emir Rodríguez Monegal. Se incorporaba el mundo viéndolo, caminándolo, palpándolo, conversándolo con su gente, comiéndolo, bebiéndolo, amándolo. Practicaba los viajes por contacto directo.

Viajar no es desplazarse, transportarse en avión de aeropuerto en aeropuerto. Hoy día el viaje es sobre todo un artículo de la sociedad de consumo, con su personaje masivo, "el turista". Debería significar algo más que romper la rutina, renovar la mirada. El poeta fue el antiturista.

Versos para todos

En sendos actos de lanzamiento efectuados en noviembre del año pasado, en los Institutos de Cooperación Iberoamericana de Madrid y Barcelona, tuve la impudicia de revelar ciertos secretos de alcoba o de cocina literaria. En síntesis, aunque ningún año me pierdo el pretexto de los aniversarios, y el 12 de julio salgo religiosamente con mi articulito invocando variaciones al nacimiento del poeta, y cada 23 de septiembre derramo públicamente y por escrito algunos lagrimones rememorando el día, por tantos títulos infausto, de su muerte, y a pesar que dichos textos puntuales componen en suma gruesos tomótes, nunca pensé en atreverme a afrontar una biografía del poeta. Pero a Carlos Orellana, Secretario de Redacción de la Revista Araucaria y editor de Michay, en Madrid, se le puso entre ceja y ceja que ese Neruda tenía que aparecer y que debía escribirlo yo. Como tengo el mal no, en un momento cedí a la tentación. Segunda imposición contranutura: la obra debería entregarse en un plazo imposible, dentro de cuatro o cinco meses. Esto me tranquilizó. Sencillamente no la escribiría. Si me dieran un par de años todavía lo pensaría. ¡Pero en tan poco tiempo! Sin embargo, la almohada insistió por las noches y volvió a porfiar al amanecer. ¿Cómo hacerlo? Para entregarlo en plazo tan mínimo debía seguir un método asaz heterodoxo, que algunos juzgarán prohibido, como golpear en un match de box bajo el cinturón o cometer un sacrilegio o gritar blasfemias en la Iglesia de Nuestra Señora de la Poesía... Tenía que romper las leyes establecidas. El articulo Nº 1 prescribe que los libros se escriben, a mano o a máquina: pero se escriben. Pues bien, éste se dictó. (Para justificarme y darme fuerzas, recordé que Neruda me contó que había dictado buena parte de sus Memorias. Es verdad que toda su poesía la escribió con su manita, casi dibujando su letra alta. caligráfica, con una diafanidad de dibujo de caracteres chinos. Pero en la prosa era más irreverente. A menudo dictaba a un poeta del siglo XX llamado Homero, que no era ciego y no escribió ningún libro llamado La Ilíada, y se desempeñaba como su secretario.)

Para afirmar el trabajo dispuse de toda su obra, de algunas cartas de las muchas que recibí de Neruda a lo largo de más de treinta años. de unos pocos recortes rescatados al destierro, a la pérdida, allanamiento y dispersión de mi biblioteca en Santiago en una casa asaltada varias veces por los exquisitos enviados de Pinochet. Pero sobre todo este libro ha nacido del mundo del recuerdo, con sus depósitos claros y obscuros, su territorio discontinuo, sus lagunas, sus mares negros y sus mares muertos. De este modo de ser concebido, gestado y parido, surge más de un error, prescindible, que algún día, con suerte, con una futura edición, podrían ser salvados.

Ahora pasemos de la cocina al salón. O más bien salgamos a la calle. Porque le gustaba la calle. Vivió tres cuartos del espacio del siglo XX al máximo de su posibilidad. Y lo escribió, descubrió y poetizó en toda su intensidad, como la gran aventura en que le tocó actuar. Se sintió unido a la calle populosa, a la humanidad. Quiso la renovación de la sociedad y palpó la desintegración de proyectos y sueños. Residencia habla de la ambigüedad y esa angustia de existir. Vivió y murió en el corazón del remolino. Pero sabía, como Allende lo dijo en su discurso antes de morir, que lo que había hecho el político y escrito el poeta, el país que soñaron y por el cual se esforzaron, no sería borrado como las estelas del barco por el agua, y que incluso la filuda espada que los mataba un día se evaporaría en el aire, porque, aunque no lo parezca, más sólido que la espada es el hombre, finalmente considerado. Porque Allende, Neruda, vale decir, el Chile que ellos concibieron como un país libre, con respeto por el hombre, volverá. Volverán el Presidente con su imagen noble e indeleble; volverá el poeta, con toda su obra, con su mitología de Chile, sin dioses, pero llena de veneración por la naturaleza, el hombre, el amor, la libertad, los valores del espíritu.

Neruda tiene versos para todas las necesidades de la gente. Para nacimientos, bodas y exequias, para la pena y el regocijo. Si se trata de una declaración de amor o de un epitafio, vayan donde Neruda y se los dará. Allí donde el régimen instaló un cementerio oculto de desaparecidos, Lonquén, una antigua mina de cal abandonada, un deudo grabó a punzón estos versos del poeta:

"Mil noches caerán con sus alas oscuras,

sin destruir el día que esperan estos muertos.

El día que esperamos a lo largo del mundo

tantos hombres, el día final del sufrimiento.

Un día de justicia conquistada en la lucha,

y vosotros, hermanos caídos, en silencio,

estaréis con nosotros en ese vasto día

de la lucha final, en ese día inmenso."

Y el 23 de septiembre ese pueblo acudirá puntualmente, como siempre en esa fecha, con un clavel en la mano y un canto nerudiano en los labios, en romería al nicho del muro de los fusilados, en el Patio México, del Cementerio General de Santiago, para honrar a su poeta en el aniversario de su partida. Lo hará sin llanto, con ganas irreprimibles de ser por fin libre, invocando el "Cuándo de Chile", como un modo de acercar el día de la Justicia y del Hombre al otro lado de los Andes.

Frente al crimen instituido en razón de Estado, ¿cómo no reconocer ese derecho, establecido en la legislación del mundo entero, a la legitima defensa, que hubiera librado de la muerte a miles de desaparecidos?

Nunca creyó Neruda en el contrasentido de una democracia sin pueblo. No quiso que éste fuera coro griego, sino protagonista lúcido de la historia.

En Chile el pueblo es nerudiano cuando reclama en la calle, en diversas formas, como puede, la libertad, la democracia que cantó nuestro poeta, como la cantó su maestro de barba nívea y caudalosa, Walt Whitman. un bardo norteamericano tan distinto de su compatriota, el Subsecretario Langhorne Motley, quien sostuvo que "Occidente debe gratitud a Pinochet por lo que hizo el 11 de septiembre de 1973".

Neruda nunca aceptó que se considerara al pueblo articulo prescindible. Otros, en la práctica de estos doce años, lo consideran materia vil, asesinable, degollable, desaparecible y exiliable.

De los arrepentidos no será el Reino de los Cielos

Neruda es un libro escrito por un emigrado, con un dejo de nostalgia. La biografía del poeta que sostenía "Mi vida es la vida de todos", aparte del retrato de un hombre, no podrá dejar de ser el retrato de su época. Es ésta del Cono Sur. de su siglo XX. con todos sus sueños y sus catástrofes, con sus mitos, con todas sus dictaduras atroces y sus veranitos de San Juan o de San Martín; con su paz incierta, efímera y sus guerras internas; con sus pueblos y sus oligarquías, sus ejércitos sepultureros de hombres, de libertades.

¿Por qué me dejé arrastrar por la solicitación sorpresiva de escribir esta biografía? Tal vez porque Neruda es una vida representativa de nuestra América en muchísimos aspectos. Neruda habló de las vidas del poeta. Y también de algún modo -ustedes, nosotros- hemos vivido esos dramas y problemas. Como era todo un personaje. que vivía la vida de los demás, los demás están en su poesía. Reía y combatía. No tenia la certidumbre férrea del dogmático: pero nadie más lejano de la blandura gelatinosa del escéptico. Nunca fue un asceta ni un arrepentido. Porque de los arrepentidos no será el Reino de los Cielos.

Quizás nos impulsó a embarcarnos en esta aventura también el hecho de que Neruda vivió varios años de su vida en el ostracismo. Como somos exiliados de largo tiempo esa experiencia que vivió el poeta nos interesa directamente. ¿Cómo la sintió y afrontó? Le dolió intensamente, pero también la gozó. No es una situación para la cual, a su juicio, no exista respuesta. Sintió en su piel y en sus vísceras carnales y en el espíritu que el desterrado debe vivir de otra manera. Su país le hacía falta; pero escribía y se divertía. No suspendía la vida. Odiaba las postergaciones. Aunque uno le grite "Espera", el tiempo sigue su carrera de postas, porque cada corredor sólo cubre cierta distancia. Tiene su hora. Este epicúreo, con enorme sentido de la responsabilidad, fue un hombre muy de tierra a tierra. Chile era su casa. ¿Cómo es aquello de quedarse sin casa, erradicado de su "habitat". de sus montañas, de su lengua, de su cultura y de sus relaciones humanas? Llorar puede ser dramático, hasta literario, pero no resuelve nada.

Suelen en París irse de una esquina a otra. Para decirlo con un galicismo, hacen "el elogio del despaisamiento". Neruda nunca se "despaisó". A la alegría de la travesía sucedía muy pronto el sueño, la necesidad, el sentimiento de felicidad, la dulce voluptuosidad del retorno.

Alguna vez en su vida se lo prohibieron. Se molestó mucho. Sufrió bastante. Y lo dijo.

Hoy en algunos países occidentales europeos no pocos intelectuales viven "el tiempo del arrepentimiento". Abjuran de su pasado descontentadizo. Se reconcilian con el status dominante. Estiman utopía irrealizable la aspiración de cambiar la sociedad, el desorden y la angustia reinantes, de captar racionalmente la realidad y dar forma comunicable a su visión y reflexión. Vuelven al redil de lo establecido como hijos pródigos. Se reintegran al repertorio del desencanto, a la concepción del pensamiento débil o trágico, se da paso a la moda de las apostasías políticas. Se desprecia la razón. Algunos adoran la fuerza. Esto último lo hacen o lo han hecho doctrina oficial las dictaduras del Cono Sur. Figura como noción académica en su programa. Se desprecia a los que trabajan con respeto por los hechos y los derechos del hombre.

Neruda representa la imagen inversa. Era un poeta de la Tierra lluviosa o soleada de la realidad. "Hablo de cosas que existen." También existían para él, desde luego, las cosas del alma. Fue un poeta de la realidad total, reencontrada y recreada cada día con el hondo y entusiasta fervor de un enamorado. Nunca se arrepintió de sus definiciones civiles rotundas. E hizo de su poesía y de su vida una expresión de profunda reverencia por la realidad en la cual estaba sumergido, como el niño en la placenta maternal. No ocultó nunca su amor por la mujer, su amor por el hombre, con mayúsculas o con minúscula. No aceptaba que ésta que vivía fuera "la era del vacío". Creó una globalidad fantástica pero nutrida por la realidad. Fue un individuo particular pero no profesó la teoría narcisista del intelectual separado de la masa amorfa, del individualista que, desconociendo todo sentido de la historia, niega los valores del pasado y renuncia al futuro, viviendo solo un presente hedonista y desolado a la vez. Veía el mundo lleno de invitaciones y de puertas abiertas. Neruda no se dejó embriagar por los vapores deletéreos que exhala una sociedad que propone la cancelación de los grandes ideales.

Neruda era hombre de grandes ideales. Lo fue toda la vida. Permaneció fiel a ellos siempre.

Neruda fue un intelectual latinoamericano en esto de ser ardientemente solicitado por la participación social, por su entrega a fondo al sentido de responsabilidad frente a su pueblo y a su tiempo. Proporcionalmente en Occidente es menor el número de intelectuales que asumen hoy una noción de compromiso.

En ciertos círculos culturales se vive casi un culto al naufragio de la esperanza y se instituyen como principios dominantes la angustia, el pesimismo, el rechazo del compromiso, el indiferentismo social. Otros proclaman dejarse llevar por la vorágine y renunciar a todos los valores. Neruda no fue un nihilista ni tampoco un predicador de la apatía ciudadana: no ponderó los amargos placeres de la desilusión. Declaró a porfía su amor por la vida. Claro, no se trata de un amor a ojos cerrados. Ella es una mujer bonita-fea-bondadosa-perversa.

Como naturalista era un ecologista, pero no sólo eso. Tuvo algo de anarquista en su mocedad: luego fue un hombre que luchó por el socialismo. Creía que éste debía llevar no la supresión, sino el florecimiento de la personalidad humana. Hombre de este siglo, visualizó el año dos mil. En un sentido fue antiguo y a la vez postmoderno. No quiere la bomba. No quiere Hiroshimas. Quiere que sigamos viviendo, Que siempre haya hombre, poesía.

No, nunca concibió el exilio como impotencia ni pasividad, sino como tarea responsable. La vida sigue en nuevas condiciones, con un límite en su caso: volver en cuanto pueda. No lo aceptó como desarraigo ni con atan de quedarse. Además tiene una virtud: permite adentrarse en nuevas culturas. Lo fascinaba meter la nariz en todo, descubrir a los demás.

La palabra no será un truco

Neruda, poeta de muchos argumentos, puede ser mirado desde cien distintos observatorios y a través de diversos ángulos. Varios de ellos se intentan en el libro que lleva su apellido. Pero aquí y ahora queremos hablar tanto de Pablo como de Ulises, que retorna a su patria en un largo y azaroso viaje.

El viaje de Odiseo está hoy de moda. Representa la leyenda o la realidad del eterno regreso a nuestra ciudad perdida, al país que se nos prohíbe.

Neruda lo expresó muchas veces en su poesía. Su "Cuándo de Chile" es el poema de la nostalgia. "Ay cuándo, cuándo!..."

Itaca es una leyenda basada en la realidad. "Mi casa está en el peñón marino de Itaca, bajo el monte de Neión. No veré en la tierra un lugar más querido..." Así Odiseo, en el poema homérico, revela su identidad y patria al Rey Akinoos en la última etapa de su viaje de diez años, volviendo de la guerra de Troya.

Hoy día un ferry va de Patras a Keliim, en la costa occidental del Peloponeso hacia la Isla Cefalonia y de allí a Itaca.

Hace tres mil años, según la leyenda, por allí pasó Odiseo en su viaje de regreso.

En el Mar Jónico de repente surgen una isla gris, rocosa y desolada. Parece un mamut dormido, envuelto a menudo por la niebla. Allí. sin embargo, en pequeños valles ocultos, estallan hoy los frutos de higueras, naranjos, limoneros y olivares. Allí la historia parece haber callado. Pero llega mucha gente en el ferry. Y a las 5,30 de la tarde parten de nuevo a través de Vathy, el puerto de Itaca. ¿Por qué vienen a esta isla escasamente poblada donde pastan las cabras? Vienen a ver. cuando las aguas están calmas lo que resta de los muros y cimientos de una ciudad sumergida. Era la Bahía Polis. De allí salían los barcos para Italia. "Cientos de barcos", dice Homero.

¿Estos hombres vienen sólo por esas ruinas o para beber en esa aldea de juguete el vino color mar oscuro? Al turista le han dicho: "Aquí nació el primer héroe de la civilización occidental que triunfó más por la inteligencia que por la fuerza bruta". Algo de él flota en el aire. Se siente respirar el mito.

Neruda vuelve. Quiero que de algún modo retorne a bordo de este libro. Hacen ambos el viaje de Ulises. Prohibido desde su nacimiento, ahora una revista, Apsi, se ha atrevido a publicar en cuatro números sucesivos algunos capitulillos de Neruda. Es un intento de abrir la puerta de Itaca.

Lo intenté también como un modo de volver en espíritu antes de volver en cuerpo.

"No le faltaba astucia para jugar con la palabra", decía Homero de Ulises. Si el poeta ciego hubiese conocido a su colega chileno, seguramente, tal vez lo diría respecto de Neruda. Nadie mejor que los poetas para jugar seriamente con la palabra. El viejo educador Fenice enseña a su discípulo Aquiles dos artes decisivas: ser orador de discursos y operador de acciones. Más tarde los griegos descubrieron en este verso la más antigua definición de los ideales de la cultura helénica. Hacer la vida y decirla, como una forma de hacerla. Dominar la palabra consagra la soberanía de pensamiento. El poeta es también en Neruda el hombre de acción. En él las palabras y las cosas se relacionan y complementan. Son hechos propios de un intelectual integrador. A veces la poesía nos aproxima a las cosas. A veces nos aleja de ellas y oscurece su sentido. Píndaro no admiraba a Ulises. Desconfiaba de él, porque, a su juicio, era el engañador, un simulador, un astuto embaucador con la palabra y con las imágenes. Un inventor de fraudes, como la gran trampa del Caballo de Troya. Era el que abusaba de la metáfora para lograr un triunfo político o militar. Como todos los poetas afortunados, Ulises se vale de la metáfora para conseguir sus fines. Esto le permite un galardón máximo: entre sus compañeros es uno de los pocos que vuelve.

Neruda retorna del exilio. Cuando viene el derrumbe de su Chile con Pinochet, no quiere un nuevo exilio. Le dicen que su casa "La Chascona" ha sido saqueada e inundada. Le ruegan que viaje a México. Cede sólo cuando le agregan una mentira piadosa. "Allí se mejorará y volverá." Porque son las dos cosas que más quiere en la vida. Piensa en regresar ya antes de partir. Como en una nueva variación a la saga trágica de los héroes, no volverá porque no partirá. Es decir, se lo impedirá la gran partida. Si partir es morir un poco. morir es partir del todo. Tanto se parte que ya no cabe la partida a México ni a ninguna parte.

Para Neruda como para su remoto antecesor Ulises, el retorno es. en cierto largo momento, el sentido de la vida. Prevalecer sobre el destino funesto consiste en volver a la patria y a casa. Pero Ulises no sólo inventó el Caballo de Troya. Construyó también con la madera de un olivo sagrado su tálamo nupcial. Resalta Así la capital magnificación del amor. Neruda dice a Matilde, dedicándole sus "Cien Sonetos de Amor", que los ha construido de madera, con catorce tablas, como una cama matrimonial, capaz de navegar entre el cielo y la tierra. Construyó ese tálamo para sus esponsales con su patria. Nadie la galanteó tanto, tan fina, tan fieramente, tan apasionadamente como él. Y dos semanas antes de su muerte todo lo vio derrumbarse como un gran castillo de madera, de esos que poblaban el sur diluvial de su infancia.

Porque este poeta adorador de tálamos y caballos fue gran constructor de mitos, formulador de parábolas. Hizo de Chile una leyenda nerudiana. Sostuvo el mito que ese país. largo y delgado, era también la elaboración insistente de una sociedad libre y acogedora. Se dedicó a cincelar el rostro benévolo de una estatua que fue molida a cañonazos el 11 de septiembre de 1973. Le cobrarían la bella mentira. el magnífico y generoso artificio en las dos últimas semanas de su existencia. Se la cobraron con la moneda más dura, haciéndole perder vida y patria.

Neruda es un pseudónimo literario que con el tiempo pasa a ser también jurídicamente su nombre. Más tarde viene el momento de ocultar ese pseudónimo convertido en nombre legal con una nueva falsa identidad, el Capitán o Antonio Ruiz. Si alguna vez dijo "Yo soy todos", imita por el revés a su maestro Ulises -maestro porque Neruda protagoniza también la Odisea- que, cuando le llega la hora de esconder su identidad, decide llamarse Ninguno. La invocación del hombre que siendo Ninguno es Todos, o. al menos, el mundo incontable de los anónimos, los perseguidos, de los seres clandestinos. de los hombres sin nombre. El poeta las nombrará, porque e! poeta es el Nombrador.

Nombrará a los pastores perdidos en Macchu Picchu, a los pirquineros de Punitaqui -aunque él mismo oculte su nombre-. La palabra no será un truco. Será una manera de individualizarse ante el mundo. Ese poeta sabe manejar su arma. Y apunta hacia el blanco que lo rodea. El mito homérico concierne a un hombre, un país. una tierra, una vida asediada y el permanente designio del retorno. Dentro de otras dimensiones, seguramente menores, el mito nerudiano tiene un valor correspondiente tres mil años más tarde.

Hay quienes afirman que Odiseo nunca consiguió llegar a Itaca, que se quedó en el camino, que murió en el exilio. Puede ser el caso de algunos desterrados.

A veces, tarde por la noche, con amigos, algunos de ellos se entregan al placer, menos morboso que melancólico, de imaginar más que nuestras respectivas muertes, los cementerios extranjeros en que dormiremos. Es un tema de discusión nocturna. Me asombra que nadie se aterre. Tampoco yo estoy asustado. No -dice el aludido rechazando una honorífica destinación o sugerencia de tumba-. Ese cementerio es para grandes personajes. No -arguye otro-. Está muy lejos. ¿Qué quiere decir muy lejos? ¿Lejos de la ciudad o lejos de allá? Hemos llegado a hablar con naturalidad sobre ese escabroso tema de trasnoche. Es algo así como una imagen de la existencia: estamos siempre viajando hacia un objetivo, tratando de abrirnos paso. enfrentando la crueldad de los Ciclopes. Otros llegan a la caleta natal sin que signifique volver del todo. Vuelven, no se acostumbran. Quieren salir de nuevo. La vida se les ha transformado en un viaje. Son personajes de la eterna odisea. Unos no arriban nunca a puerto, pero han hecho el viaje. ¿Pues acaso el viaje no es el símbolo de la vida?

Antes de volver a Penélope, el poeta, que dentro de la vasta experiencia humana incluyó la infidelidad perdonable del camino - Circe, Calipso. Nausicaa-, quiso expresar el símbolo de la conciencia colectiva de la vida que continúa.

Hay otros retornos famosos e historiados, como el de Jenofonte. contando en uno de los siete libros de Anabaxis. También un regreso en lentísimo, arriesgado.

El mundo del retorno es como un viaje por el Laberinto. Para volver Teseo debe matar al Minotauro de Knossos.

Penélope es su patria, ante la cual Odiseo llega con el traje andrajoso del viejo mendigo. De nuevo el poeta recurre al truco metafórico. Tiene entonces que proceder a limpiar por la fuerza el hogar de aquéllos que contaban con su muerte, se creían los amos de su casa y de su mujer, o sea, de su patria. Ya no está a bordo de la nave. Pero aún no ha terminado su interminable retorno. La aventura prosigue, el largo recorrido no finaliza sino cuando la patria reconozca al esposo bajo la apariencia del pordiosero.

Así el exilio del poeta Neruda. Como lo dice en su poema "Itaca", tan citado, de su colega griego (Constantinos Kavafis, así como el exilio de los argentinos, de los uruguayos fue largo, así el exilio actual de los chilenos es aún más prolongado. No lo lloramos. Sin quererlo nos ha dado un camino extendido, lleno de curvas, "fértil en aventuras y experiencias". En verdad dura más de cuatro mil mañanas, cuatro mil atardeceres de verano, cuatro mil mediodías de otoño, cuatro mil noches de invierno, pero también -no lo olvidamos- hemos tenido más de cuatro mil amaneceres de primavera. Tampoco olvidamos los muertos, desde luego, a los degollados, a los desaparecidos, a los torturados. No olvidamos ni sus cuerpos ni sus almas, ni su sonrisa. porque a muchos de ellos los conocimos alegres. Ni su obra. porque eran mujeres y hombres constructivos y decentes. Ellos no salieron de su tierra y allí murieron. Tantos asesinados. Forman parte de un pensamiento constante. Y de un sentido del honor, ajeno a la ley caballeresca. Forman parte del viaje difícil hacia el futuro. El viaje hay que afrontarlo, sea sin moverse de la patria, sea lejos de ella. La patria, la historia es también un viaje y un camino, una nave que nunca llega al puerto final. Nos dicen que a nuestra patria la dictadura la ha empobrecido. Pero esto no es lo más importante. El sabio Kavafis nos lo decía: "Y si la encuentras pobre, no por esto Itaca te habrá desilusionado...". Tenemos que volvernos más sabios, más ricos, con toda la experiencia atesorada al hombro. "Ya tú habrás entendido lo que Itaca quiere significar." ¿Lo hemos comprendido? Vamos a verlo. El tiempo lo dirá. La historia futura dará la respuesta. De nosotros depende que ella nos diga: Sí. Este libro Neruda quiere contribuir a este sí. A abrir la puerta de esa casa que está al otro lado del monte.

1. Neruda, obra publicada por Ediciones Michay en Madrid (Col. Libros del Meridión). y de la cual se hizo una edición sudamericana (Editorial Losada). El texto presente corresponde a las palabras del autor con motivo de la aparición de esta última en Buenos Aires. Volodia Teitelboim es director de Araucaria.


Editado electrónicamente por C.D. Blest el 30may03